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디지털 텍스트 La alameda de Valencia y confusión de un paseo

공개일: 2026년 6월 25일

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Manuel Vidal Salvador 할 것 같은
장르
Comedia
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El texto procede de la transcripción automática (HTR + LLM) del manuscrito conservado por la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid y accesible en Memoria de Madrid.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La alameda de Valencia y confusión de un paseo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-alameda-de-valencia-y-confusion-de-un-paseo.

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LA ALAMEDA DE VALENCIA Y CONFUSIÓN DE UN PASEO

Pag. 1

2 jornada de la comedia de la Alameda de Valencia y confusión de un paseo

Legajo 2 R.

Nº 23

Tea 1-4-5

Jornada primera

Pag. 2

Personas

Laurencio

Alexandro

Don Vicente

Diana: hermana de Alexandro

Tisbe: su criada

Violante

Leonor: criada

Limón: gracioso

Sancho: criado

Músicos: y acompañamiento

Salen Diana y Tisbe con mantos de embozo; don Laurencio y Limón siguiéndolas.

Laurencio

Qué donaire tan honesto.

Diana

Qué resolución tan firme.

Laurencio

Señora, ya que hoy la estrella

Pag. 3

Laurencio

favorable, me permites

de tu soberana planta

seguir el término libre;

pues la Alameda del Turia

hoy con tus rayos repite,

entre vulgos vegetables,

admiraciones sensibles;

pues la república bella

de azucenas y jazmines,

tesoro divina Flora,

humana Venus te admite.

Si es verdad que al verte el Turia

equívocamente dice

que de tu cristal el suyo

es desvanecido eclipse;

si sobre verdes espacios

los ruiseñores deciden

de tu oculto lucimiento

los imaginados timbres;

pues deidad, aves y flores

unidamente compiten,

Pag. 4

Laurencio

por merecerte piadosa,

bien que con medios humildes,

que me concedas te ruego,

te pido que no me prives

de tus apacibles rayos

las suavidades felices.

Sea ésta vez el hechizo,

paréntesis defectible,

que a la persuasión del alma

dulces afectos confirme;

merezca ver.

Diana

Caballero,

la nobleza es bien que mire,

no términos que la empañen,

sí acciones que la acrediten.

Sea esta vez el respeto

centro donde líneas tire

el compás proporcionado

de la atención que os asiste.

Laurencio

Mas cielos, no sé qué efecto

en mi corazón se imprime,

que si no es amor, parece

que tiene de amor origen.

Pag. 5

Tisbe

Señora, mira que es tarde

y tu hermano.

Diana

Vamos, Tisbe.

Laurencio

Señora, que así mis ruegos

desestimas. ¿Es posible

que aun rendido no le valen

los motivos de rendirse,

que mis amorosas ansias,

al paso que se repiten,

por acreditarse finas,

se acrediten infelices?

Diana

Oh contradicción dudosa,

que poderosos ardides

te persuaden constante,

te desvanecen vencible;

pero yo inclinarle, cielos,

cuando la razón persuade

que es delito en los peligros

conocerlos y admitirlos.

Yo he de vencerme.

Laurencio

Señora,

oye, escuchadme.

Pag. 6

Diana

No he de oírte,

que no es resistencia noble

la que al riesgo no resiste.

Laurencio

Pues que arriesgas con ser vista.

Diana

Mucho, pues cuando me mires,

o has de avivar tu fineza,

o hacer que tu amor se entibie;

sucediendo lo primero,

dos abismos temer quieren,

uno la pensión de amada,

otro el riesgo que me impide;

ya que no el agradecerte,

al menos el divertirte.

Eso segundo sucede,

dos penas la acción distingue,

una a ti de haberme visto

y otra a mí porque me viste;

y así, por cualquier cara

se me cayó.

Al sacar el lienzo cáesele a Diana una cara donde lleva su retrato; al caer se abre y Laurencio la toma.

Pag. 7

Laurencio

Tate, detuve

mi obligación; mas espera,

que si la dicha no traje,

un retrato.

Diana

¡Ay tal arrojo!

Detente.

Laurencio

Cómo es posible,

sin que imprima en la corriente

mis cuidados al perenne.

Diana se le quiere quitar y él se resiste.

Diana

Mira.

Laurencio

En vano forcejeas.

Diana

Advierte.

Laurencio

No hay que advertirme.

Diana

Que es atrevimiento.

Laurencio

Sólo

el atrevido es felice.

Tisbe

Mira que Alejandro.

Diana

¡Ay cielos!

Caballero.

Laurencio

No reprimen

tus persuasiones mi intento.

Pag. 8

Diana

Pues si no he de persuadirte,

yo me voy para que veas

que el quedarme consiste

más que en desprecio común

en respetos enfáticos.

Cuando esa copia veneras

sin mentirosos perfiles,

verás el original,

que aunque el alma no la asiste,

no fue porque parece,

parece porque no fue;

tú la aprehensión con ella puedes

hacer se singularice,

o falta con lo que encuentras,

única con lo que eliges.

Laurencio

Oye, atiende; mas en tanto

seguirla intento, pues sigue

de las huellas de Atalanta

el impulso imperceptible.

Sigámosla, Limón.

Limón

Bueno.

Pag. 9

Limón

El retrato, que te confieso,

yo soy, Limón; si las penas

con que puedes persuadirte,

que el hallarle ha de ser

lo mismo que ver pedirme.

Laurencio

Ya el numeroso concurso,

nube es viviente que ciñe,

de la tormenta

el no examinado iris.

Vase detrás entre la gente.

Limón

Limón acaso, viste

qué rumbo siguieron?

Laurencio

Cierto

que te confieso temblé

entre tantas gentes bobas

y entre tantos mantos simples,

que mil abriles componen;

sé que es entre los veriles.

¿Quieres que mi corta vista

alcance, advierta, examine

lo que tú no has alcanzado?

Pag. 10

Laurencio

Sin duda cuidadoso quise el retrato.

Mas cielos, si mi fe obligado

sólo esta copia me alivia,

¡ay perfección más honesta!,

¡ay más Dios carmesí!

Si comprendo lo que codicio,

si advierto lo comprehensible,

no, porque produce el cielo

que quiere que esta hermosura ofrezca,

se admire, sin que se alcance

la causa porque se admire;

pues siendo sus perfecciones

vivos violentos matices

que el original retratan,

que sus luces distinguen,

me niegan las propiedades

de la especie que tienen.

Todo esto es, Limón.

Limón

Señor,

no puedo contradecirte,

porque de tener vuesa

de las persuasiones de un chiste.

Pag. 11

Limón

don fantástico donaire,

que de un ayroso melindre,

sin ver lo que el llanto induce,

sabiendo que el llanto finge

muchas veces quien suspira,

cuando son tres veces quince,

temo es locura y es temor

en que tropiecen los simples.

Laurencio

Calla, necio, y no me hagas

que tus locuras castigue.

La perfección del retrato

puede engañarme?

Limón

Eso diré,

primero me santiguo;

¿esto dices? Que es posible,

ser espejo este retrato,

porque con estas actitudes

logra afectos de Diana,

la que tapada es un tigre,

y aun supuesto que la suyo

puede mentir, no te irrites;

pues no hay pincel tan diestro

Pag. 12

Limón

que propiamente olvide,

en los que pisa lo bajo,

es lo muerto los carmesíes,

y más cuando en estos ojos

hay líneas que sólo pueden

la imitación en el nombre,

mas no que el pincel la imite.

Laurencio

Otra vez tus verdades

me afligen.

Violante

¡Ay infelice!

Laurencio

Mas qué voz es ésta, cielos?

Salen Violante y Leonor, asustadas.

Leonor

La carroza inunda el río.

Vase.

Laurencio

Siempre la nobleza sigue

los extremos de piadosa.

Limón

Señor, oye, espera; dime

qué intentas. No escarmentamos,

supuesto que aunque fuerza al títere

se arrojare, hechos el agua.

Pag. 13

Limón

que juega cual esquife

con la corriente infortunada.

¡Vive Dios, que está terrible!

Con otra mujer ha dado,

dio en ella, y debo a Carlos.

Sale Laurencio desmojado, a socorrerle.

Laurencio

Discorde monstruo de plata,

que ocasionaste rústico

el desmayo lisonjero,

que a esta hermosura maltrata;

de hoy más tu margen ingrata,

reboque su timidez, pues

siendo interés de escarceos

el que tanta nieve enfría,

el mismo desmayo admira

lo esquivo de tu interés.

Vuelve del desmayo Violante.

Violante

¡Ay de mí!

Laurencio

El susto deja,

señora, pues ya os perdona

el peligro en que blasona

la fuerza de la queja.

Violante

El quedar ausente de salud.

Pag. 14

Violante

a vuestra acción piadosa

es alma de la elección,

y obligación de mi vida;

que gallardo saber, cielos,

que peligrosa cortés.

Leonor

Calificando intereses

de generosos desvelos,

expliciones penas

a una dama, y siendo alta

no es merced en mí

pues fue obligación.

Violante

Ahora,

confirmando este dictamen,

mi agradecer feliz

ve que va mi nombre en él.

Dale un diamante.

Laurencio

¿Quién? ¿De quién?

Violante

De doña Violante.

Laurencio

Por ser favor que venero

vuestro nombre soberano,

a recibirle me allano.

Vicente

De sus razones infiero

que venís sin darte prenda alguna.

Pag. 15

Vicente

La diferencia declara

que es caballero el que espera

en tan confusa fortuna.

Laurencio

La estimación que me causa

es hija de la nobleza;

pues favorecida es fuerza,

porque más tendrá achaque.

Sale Leonor.

Leonor

Asustada y cuidadosa

vengo a buscarte.

Violante

Leonor,

ese cuidado mi honor

te estima.

Leonor

De hacer honora.

Violante

A Dios.

Laurencio

Señoras, yo intento.

Violante

Yo, que infundida queda,

esperando en la Alameda,

quedarás.

Laurencio

Que es precepto, siento

el que me impones, y tal

le recibo.

Vicente

Yo la estimo.

Pag. 16

Laurencio

Angustia en que amante confieso

la luz de tu original.

Limón

Detente, lance importuno,

con ser un capricho raro;

estoy ayuno y lejano

en los modos del ayuno.

Apenas feliz llegamos

a Valencia, cuando se ven

más cabos entre la gente

que enredos entre esos ramos.

Dentro ruido de cuchilladas y dice Alejandro.

Alexandro

La muerte será castigo

de tu infame deshonra.

Vicente

La inocencia me defiende.

Laurencio

Sígueme, Limón, aprisa,

que quien nocturna los riesgos

es con luces en las desdichas.

Limón

Yo llego, mas, ay, Limón,

esta noche te confían.

Salen Alejandro y don Vicente riñendo.

Alexandro

Traidor, que así profanaste

mi honor.

Pag. 17

Vicente

Advierte que injurias

la fidelidad del alma

con tan infieles mentiras.

Alexandro

Tu muerte verá mi vengativo.

Vicente

Sabe defender mi vida.

Sale Laurencio y Limón y Laurencio se pone entre los dos.

Laurencio

Caballeros, cuya saña

aún el menor conocida,

por parte de vuestros nombres,

que por razón de las finas

tenéis, y entre las templadas,

que la noche determina,

anteponed el acuerdo

a cierta causa enemiga.

Alexandro

Caballero, siendo agravio

que empeña el honor, sería

dejar muerta la venganza,

sin que pueda la vida.

Laurencio

Caballeros, las razones

que sin pasiones se miran

quedan más justificadas

cuando nombre adquiridas.

Pag. 18

Laurencio

y pues uno de vosotros

dice que este ejercicio estrena

en fantástica apariencia,

y en una cifra fingida,

suspéndase la venganza,

que es temeraria osadía

imaginar el agravio,

y hacer la ofensa precisa,

que será discurso incierto;

pues cuando el honor peligra,

conviene continua templanza,

y en tormenta tan continua,

aunque el cuidado le ampare,

el crimen le precipita.

Y es cierto deber seguir

esta opinión, no por mía,

porque siendo forastero,

ninguna razón me inclina,

mas a ver que a otro sujeto

por ser más cierto y más digno

le admiráreis que al intento

que estas ofensas complican.

Pag. 19

Vicente

No hay fe que la examine,

si por mí no examina.

Vicente

Yo sin ultrajar de mi aliento

las cualidades precisas,

confío que palabra de noble

quiero dejar vencida

la imaginada sospecha

con evidencia cumplida,

que aun las dudas no la emiten

por parte de la malicia.

Alexandro

Esa palabra os admito.

Cesar aquí determina

mi cuidado, pues según

la ley de singularidad,

éste es mi amigo Laurencio,

cuya importante venida,

para obsequiar sus materias,

aun de mi asunto penda;

pero el senador, después,

sin esperar más noticias,

de término venía antes

no me conoció, y publica

mi honor desde esta noche

todo en silencio me arrima.

Pag. 20

Alexandro

Él me buscará, dondequiera;

aguardarle voy, apurando,

antes que me siga así,

honor mío, sus heridas.

Y si la venganza más acertada

es la sospecha más lícita,

tendré cuidado a seguir,

ser bien que conmigo siga

el que entre dudas me ruega,

y el que entre abismos me cuida.

Vicente

Caballeros, a Dios.

Laurencio

A Dios.

Vicente

La que me mandas, que os sirva?

Laurencio

Lo os estimo el agrado.

Vicente

No es sino obligación mía,

que un acaso aventurado

tanto obligó. Oh estrella impía,

si la escasa reconoces

porque el delito confirmas,

satisfacer a Alexandro

quiero, que es sospecha indigna

del retrato de Diana,

y de mi suerte fue mira.

Pag. 21

Vicente

Estas mis obligaciones,

y aquel saber cuánto.

Laurencio

Tú ves, no sin causa, el cielo,

en sus esferas lúcidas,

previene de los raros

la contingencia temida,

porque en tanto que tu suerte,

o se arriesga, o se averigua,

bueno brazo la estoque,

si propio impulso la incita;

quién son ignoró, que en fin,

si la acción de moralidad

no favorece curioso,

quién sólo al favor aspira;

pues siendo el tuyo piedad,

y lo curioso osadía,

piadosamente el que es noble

su curiosidad castiga,

pues beneficia, y no quiere

saber a quién beneficia.

Limón

Señor, si las aventuras

prosiguen, es bobería

hacer cuenta de limosna .

Pag. 22

Laurencio

Ya segunda vez decías?

Limón

No es delito, porque en fin,

según buena medicina,

relinquitur ab sumo,

y estando ayunas mis tripas,

quiere se empiece el deleite

por tan hembras oficinas;

pero yo sólo atiendo.

Laurencio

Si quieres, de taberna.

Limón

Aquí viene de tapada

la Inés y la Caridad;

bien fundadas y admitidas,

no ha de empezar por mi viejo?

Laurencio

Pues bien.

Limón

Tus noblezas

que buscan necesidades,

cuando hay otras más propincuas.

Laurencio

No las alcanza.

Limón

Ello es, que pensión

de un lacayo antiguo

alcanza la miseria,

sin que la razón le diga

extrema necesidad.

Pag. 23

Limón

Es la miseria, pues ellas

llegó al extremo y no hallamos

medio para la comida.

Laurencio

No cultives esos descuidos,

porque quien con ellos lidia

sólo lo animal aprecia

y lo racional olvida.

Limón

Señores, hay quien llame

modo de filosofía

querer acciones honestas

sin substancia nutritiva?

Laurencio

Vamos, y cuando la noche

pacíficamente admita

la quietud imaginaria

de sus negras oficinas,

inquiriremos la casa

de Alexandro; hay pesadilla,

que por un retrato mueras

y por ver su dueño vivas.

Limón

¡Ay hambre, ay penas, ay lacayo!

Que son una cosa misma,

cuando dejan el orden

de la obediencia y la morfía.

Pag. 24

Salen Diana y Tisbe.

Diana

Cielos, qué tan impaciente

antes he de experimentar

sin poderlos disimular

los rigores de mi accidente;

que así mi inocencia fiel

extraje una sin razón,

dejando por prisión

o por baibilonia cruel,

con engañosa cautela

me trajo a ver el jardín.

Déjome envidiada, en fin,

qué es lo que más me desvela?

Porque aunque mi pecho inocente

pueda estar asegurado,

tal vez le encuentra el cuidado

y le anuncia el accidente.

En fortuna tan violenta,

irme a Julia vigilante, pues

puso a su guardo, después

que halle esta llave maestra.

Tisbe

Ay pena!

Señora...

Pag. 25

Tisbe

Tus males que esta circunstancia

no es contento de apetitos,

pues fatiguemos cuidado.

Diana

No es tarde mi mayor pena

estar perseguida aquí.

Otra me tiene, ay de mí,

casi de mí misma ajena.

Aquel forastero, ay cielos,

que en la Alameda encontré,

medio cuidado, yo no sé

cómo borrar mis desvelos;

como desde esta alborada

de Violante, con embozo,

satisfaciendo al recelo

la fuerza de la posada,

sólo permitió el manto,

entrado de sus querellas,

desvanecerme mis huellas,

por las líneas del retrato.

Este dolor es más grave

de lo que parece, pues

mi pundonor a quien sabe.

Pag. 26

Diana

Ni es donde ya vivo, debes.

Tisbe

La Violante espérame, señora.

Diana

Dices muy bien;

abre, pues, la puerta, ven.

Hace Tisbe que abre una puerta.

Tisbe

Ya abierta, señora, está.

Sale Alejandro por una puerta haciendo rumor de abrirla.

Leonor

Alégrese a Diana llega,

en donde queda mi permiso

hasta que la pérdida misma

dese fundar su causa;

la primera noche ausente

que salimos de esta casa

de campo, por divertirme,

la estación de santos hasta

mis desvelos en el jardín

a don Vicente; ha de llamar

personas de honor que poco

tan interesan os pagas.

Pag. 27

Alexandro

que aun por parte del recelo

os deja esperanzada,

que Laurencio, fiado

por caballero tan raro,

suspender de mis aciertos

la prevenida amenaza;

que fue Laurencio no dude,

ni amistad que quien repara

en la voz, que oye, conoce

la especie del que le habla;

pues si no es alma la voz,

es operación del alma,

y la causa y el efecto

tienen una semejanza.

Disimulé por entonces,

sin querer que declarara

mi voz la temida ofensa,

que todas las circunstancias

del agravio se disculpan

solamente; el que tan calla.

Por otra parte conozco

que éste obsequió Diana.

Pag. 28

Alexandro

de las leyes más nuestras

tus condiciones más altas;

si el retrato, pues muestra

su virtud bien celebrada,

no la veneran por digno,

y mi traje no aclama,

pues que temiese, que puedo

dejarme tantas trazas.

Salen por la puerta que se hicieron Diana, Violante y Tisbe.

Violante

Al hablar a Diana, pero

la puerta hallé abierta.

Alexandro

Hermana?

Violante

Estos tres, Alexandro.

Alexandro

No me respondes, no hablas?

Violante

Que pueda decirte, agravia,

cuando Alejandró me llama,

y por Diana me tiene.

Alexandro

No temas, que desocupada

está ya, pues ha vencido

enteramente tan contrarias.

Pag. 29

Alexandro

En natural al desatiento,

su atención al agravado,

desengañado pretendo,

en tanto que se alcance

de la verdad infalible

la evidencia necesaria.

Perdona, hermana, que en fin

es punción honrada

desarraigar la sospecha

para no tener la infamia.

Tan heredable y como noble

estará asegurada,

de que infortunio diario

no puede culparte Diana,

que tu respeto lo afame,

nada menos. Extrañas

mis persuasiones, en fin,

la fuerza que este enfado

a nuestra Violante pase.

Vase por la puerta dentro haciendo rumor de cerrarla.

Violante

Extraña confusión,

sin duda, cuando

Pag. 30

Violante

junto por la puerta extraña

del jardín Diana y Tisbe

a la Alameda, en un cuarto,

entraron; aquí me valga

la presteza antes que llegue

Alexandro. Cuidadlas .

Vase por la puerta que entró y por otra sale don Vicente de noche.

Vicente

¡Oh Dios santo!

Confundir sombras, si es cierto

que vuestro horror acompaña

de tanto traidor insulto

las lastimosas desgracias.

¡Oh noche, cuya diadema

los mismos temores labran

de incierta si se presenta,

de confusa si se alcanza!

Errantes ojos del cielo,

que las negras cataratas

velar supisteis a hidropentas ,

con apacibles mudanzas;

tierna galán primoroso,

Pag. 31

Vicente

cuyas vírgenes gallardas,

canoras flores celebran,

si gloriosos cisnes cantan;

Alameda, cuyos olmos

corona el rayo de tantas,

ya troncos se humillen todos,

ya se ensoberbezcan plantas;

todos me asistid, en tanto

que mi inocencia culpada

borra el escrúpulo vil,

que una ceguedad le infama.

a la vera de la huerta,

saldrá Leonor; por si aguarda,

abrevio el paso.

Sale Diana y Tisbe por la puerta que entraron; Tisbe con la luz.

Tisbe

Señora.

Diana

Él no . Pero...

Tisbe

Hay mayor desgracia,

y más si ha entrado en el cuarto

y ha hallado la puerta falsa

abierta.

Pag. 32

Cierra otra vez.

Tisbe

Ya está como tú lo mandas.

Diana

¿Qué querrá? ¿Sola me buscará

mi hermano?

Tisbe

De eso te espantas,

cuando un hermano con celos

es perro con calabaza,

que corre hasta que la deja.

Diana

¿Qué he de hacer? Ay, fieras ansias.

Tisbe

Yo no encuentro otro remedio

si confesarle a la clara,

para no engendrar sospechas,

la verdad de lo que pasa.

Diana

Ay, más confusiones, cielos,

ay, estrellas más contrarias.

Si le niego la verdad,

su ceguedad indignada

sombras fingirá de riesgo

sobre el cielo de mi fama;

si confieso el hecho, entonces

su cólera arrebatada

nos ha de vengar con iras,

y con opresión más larga

Pag. 33

Diana

dejará que la violencia

nos prive de la esperanza.

No sé lo que elija, ay triste;

ningún discurso me ampara.

Tisbe

Ay, que el hermano es un loco,

y si ha sabido la trampa,

nos ha de enjaular, que en fin,

siendo loco, hallará salida.

Vanse y a una reja se asoma Leonor, y por otra parte sale Alexandro de noche.

Leonor

Si don Vicente quieres;

pero ya sé que en vano

mi advertencia. Llegas.

Alexandro

Cielos,

qué presto un hombre se engaña.

De dos mujeres que vi,

pasando la primer cuadra,

la una por Diana tuve;

oh imaginaciones vanas.

Leonor

Ce .

Alexandro

Según he percibido,

en esta reja me llaman.

Pag. 34

Leonor

Don Vicente, ce .

Alexandro

¿Qué escucho?

Leonor es esta vez; salga

a la opresión mi cuidado.

Don Vicente al paño y Alexandro va llegando a la reja.

Vicente

Ya aquí; mas si bien repara

la vista, un hombre en la reja

con Leonor, sin duda habla.

Alexandro

¿Leonor?

Vicente

La voz de Alexandro

es esta, aunque se recata;

escucharé lo que dicen.

Leonor

Señor, ya yo te esperaba,

por saber las controversias

que a Diana y a ti os pasan,

y que como Alexandro ignora

que tú pasabas la tapia

del jardín, en cuyo sitio

tiene su cuarto Diana,

para tratar más despacio

los medios y circunstancias

que podrán obligar

Pag. 35

Leonor

a Violante.

Alexandro

Cielos, bastan

mis pesares; mas ay, triste,

que consientan mis desgracias

que de un abismo de dudas

pase a otro de pasiones varias.

Leonor

Juzgo tomas inmediato

a su honor.

Alexandro

Ah, infiel criada,

que así tercera dispones

los peligros de una dama.

Vicente

Albricias, cuidado mío,

pues hoy Leonor te rescata,

pensando hablar con mi pena.

Oh, qué dichosa ignorancia.

Leonor

Pues tan tarde has venido,

que ya se corona el alba

en los reinos del oriente,

para otra noche aguarda.

Estoy a Dios, que sin duda

debe esperarme mi ama.

Vase.

Alexandro

A celosas inquietudes

Pag. 36

Alexandro

en cuya ardiente batalla

se precipita el juicio,

y la razón se arrebata.

Don Vicente ama a Violante,

y aunque ignoro si ella paga

su fineza, ya es peligro

la gloria de verse amada;

y aunque yo también la adoro,

quizás con más vivas ansias,

por lo mismo se me sigue

la mayor desconfianza:

que el que intenta ser querido

de una belleza se engaña,

haciendo por ejemplar su amor

de la fineza más alta,

porque la hermosura tiene

condiciones tan extrañas,

que el mismo amor que la obliga,

si se pondera, la agravia.

Oh, próceres infelices,

oh, influencias indignadas.

Vase.

Pag. 37

Sale don Vicente.

Vicente

Se fue Alexandro; Leonor

de tanto abismo me saca,

y aunque le ha dicho que ama

a Violante, no embaraza,

que amor que obligar intenta

ni se corre ni se ultraja.

Y en lance tan importuno

es fortuna declarada

dar a entender un cuidado,

por borrar otros que agravian;

y más que en esta propuesta

ningún honor se abalanza,

pues de que obligar intente

mi obligación a una dama,

ni mi intención se desluce,

ni su opinión se maltrata.

Pero allá en el otro extremo

Alexandro a dos culpaba:

primero a mí de traidor

y de aleve a su hermana.

Satisfecho está el recelo,

Pag. 38

Vicente

y la duda averiguada.

Vase.

Salen Diana, Alexandro y Tisbe.

Diana

Hermano, yo anoche, cuando

por ver a Violante...

Alexandro

Deja

las turbaciones, hermana,

pues ya murió mi sospecha

de tu virtud al ejemplo

y a vista de tu inocencia.

Tú, en fin, cortésmente airada,

tú, enojadamente atenta,

no me respondiste anoche

cuando te hablé en esa fiera,

donde quedas retirada;

efecto de tu prudencia,

que en los lances de la ira,

cuando los ojos vendan,

el no resistirles es

la más cuerda resistencia.

Diana

Albricias, cuidados míos,

pues su razón manifiesta

Pag. 39

Diana

que no conoció a Violante

ni encontró abierta la puerta.

Tisbe

Milagro ha sido, señora,

que se porte grosera

se haya vencido, sendero,

bastó a las impertinencias.

Sale Sancho.

Sancho

Don Laurencio de Toledo

pide, señor, tu licencia

para hablarte.

Alexandro

Al momento la voz,

mi aprehensión fue cierta.

Di que entre.

Diana

¿De que entre?

Alexandro

Diana, al punto te retira.

Diana

Lo que ordenas admito.

Tisbe

Un amigo mío de ciertas materias

viene a hablarme.

Diana

Alexandro,

es muy justa la advertencia;

yo he de ver ocultamente

desde esta puerta primera.

Pag. 40

Diana

Quién es este forastero,

Tisbe, con cuidado acecha.

Quédanse las dos al paño y salen Laurencio y Limón.

Alexandro

Sea don Laurencio amigo,

también venido a Valencia,

que te reconozca patria

la que te recibe apenas.

Laurencio

Presagio de mis fortunas

son tus brazos, cuya esfera

se mide por el cariño

que nuestra amistad profesa.

Diana

Y este es, Tisbe, el caballero

que tan galán me decreta.

Qué cortés, qué atento.

Alexandro

Amigo,

no por máxima esta casa

creer mi inutilidad

por líneas de la extrañeza.

Laurencio

Antes, pues me favoreces,

he de recibir en ella

Pag. 41

Laurencio

agasajos que me ilustren,

acciones que me defiendan.

Diana

Ya estoy loca; amor, fortuna,

amor, tus arpones templa.

La fortuna que veloces

entre tantas diligencias

se acuerdan de los que a solas

mis pobres tripas se acuerdan.

Alexandro

Y ¿cuándo llegaste?

Laurencio

Ayer;

porque, aunque por la estafeta

te escribí que mi viaje

no haría hasta que me dieras

noticia del pleito en que

tanto mi casa interesa;

pero viendo lo que importa

abreviar estas materias

y viéndome en Barcelona

libre de las dependencias

militares, en que funda

sus ascensos mi nobleza,

determiné venir antes,

y porque mi mala estrella,

Pag. 42

Laurencio

sabrás que, al venir, pasando

acaso por la Alameda,

vi, y oh, nunca hubiera visto,

entre la gran concurrencia,

una mujer. ¡Qué mal dije!

Pues mucho mejor dijera

que solo vi una deidad,

pues se miraban en ella

unidos los atributos

cuantos fingió la idea

de los idólatras, diosas.

Tal me pareció que era,

y esto, no obstante que el manto,

quizá Argos de su belleza,

discernir no permitía

aquellas graciosas prendas,

con que siempre a la hermosura

distingue Naturaleza.

De su talle enamorado

la seguí, y aunque ella cuerda,

temiendo quizá otros riesgos,

procuró con diligencia

desparecerse a mi vista,

no bastó a que desistiera

yo de mi intento su astucia,

hasta que advirtiendo ella

cuanto mayor era ya

mi empeño que su cautela,

volviéndose a mí me dijo:

que el que yo no la siguiera

Pag. 43

Laurencio

a su honor la convenía.

Fue para mí esta sentencia

triste, y favorable a un tiempo;

triste, pues en su obediencia

su muerte mi amor hallaba,

favorable, pues por ella

logré escuchar de sus ecos

las prodigiosas cadencias.

Repliqué; pero fue en vano,

y viéndola ya resuelta

en no dejarse seguir,

la supliqué que siquiera

dejarse ver permitiese,

para que con esto, al verla,

deslumbrasen a mis ojos

los suyos, por que pudieran,

quedando al verla sin vista,

ciegamente obedecerla.

A aquesto me respondió

tan gallarda, tan honesta,

con tan discretas palabras,

con expresiones tan nuevas,

que otro, que yo, cediera;

pero de sus voces mismas,

con el aliento, aumentaba

de mi fuego la materia.

Me culparás, Alexandro,

de que mi pasión rindiera

con tanto extremo, ignorando

si quizás era, o no era

Pag. 44

Laurencio

objeto digno de amor.

Y a esto no se obra respuesta,

sino que fuera imposible

que en aquel talle cupiera

imperfección, y más cuando

de su donaire a las prendas

se llegaba lo sutil,

lo ingeniosa y lo modesta,

que intentaba detener

de mi osadía las huellas;

y en fin no vi en ella cosa

que a mi parecer no fuera

gracia, con que más y más

se acreditase perfecta,

que siempre tiene lo hermoso

no sé qué industria alagueña,

que se niega y se conoce

por lo mismo que se niega.

Estando ambos porfiando,

ella a encubrirse resuelta,

yo a verla determinado

(bien que siempre con aquella

atención que a las mujeres

manda guardar la nobleza),

por acaso pues...

Diana

Ah, triste,

y más, si a mi hermano enseña

mi retrato.

Laurencio

Merecí...

Diana

Tisbe mía, yo estoy muerta.

Tisbe

Acechando desde aquí,

Pag. 45

Tisbe

veré si entiende mis señas.

Desde el paño hace Tisbe señas a Laurencio de que calle.

Laurencio

Qué misterio sería, cielos,

el que una mujer me advierta

que calle; mas por si acaso

en el retrato se arriesga

algún secreto, el diamante

mi suceso desempeña,

pues de dos informaciones

viene a ser la menos cierta

la del diamante, pues una

dice, y otra representa,

y entre un nombre y un retrato

hay notable diferencia,

pues el nombre incluye a muchas,

y a una sola el pincel muestra.

En aquesto me resuelvo.

Alexandro

Habla, pues, no te suspendas.

Tisbe

Si él es lerdo, aquí fue Troya.

Diana

El pecho se desalienta.

Laurencio

Diome, en fin, este diamante.

Dale el anillo a Alexandro y mientras le mira dice Limón.

Limón

Para él solo son las fiestas,

y para mí la fregona

no tuvo qué dar, siquiera

un troncho de la cocina.

Alexandro

Ábrase mi pecho un Etna.

Cielos, hay más confusiones.

Pag. 46

Alexandro

de Violante es, que me queda

para vivir, cuando el alma

en tanto abismo tropieza.

Laurencio

Y así, amigo, cuando acaso

(por fortuna o diligencia)

de esta deidad peregrina

alguna noticia tengas,

te suplico, con las ansias

que mi fino amor ostenta,

me alientes con el aviso.

Diana

Otra vez mi vida alienta,

pues enmendó su discurso

la comenzada propuesta.

Alexandro

Quién se vio en tal laberinto;

quién practicó tal estrella;

que me empeñe la amistad

cuando los celos me empeñan.

Si favorezco a un amigo,

falto al amor que me impera;

si acudo a mi amor, no acudo

de mi amistad a la deuda.

Venza un medio con que amor

y amistad iguales sean.

Callaré quién es la dama,

por cumplir con mi fineza,

no impidiendo que Laurencio

por otra parte lo sepa;

y así a la amistad no falto

por medio de esta cautela,

ni tampoco al amor, pues

cuando la obligación fuerza,

si vive en la voluntad,

Pag. 47

Alexandro

más que en el silencio muera.

Laurencio

Paréceme que Alexandro

con curiosidad expresa

alguna noticia oculta.

A Limón.

Limón

Sí, señor, a él sin duda

se le pone en la cabeza,

que la sortija mejor

a sus dedos le viniera.

Laurencio

Calla, ignorante.

Limón

Yo digo

lo que en su lugar me hiciera.

Alexandro

El nombre de aquella dama,

según el diamante enseña,

es Violante.

Laurencio

Ya lo he visto.

Diana

Qué suspensión.

Alexandro

Qué violencia,

que esto le pase a mi amor.

Diana

Cielos, que esto me suceda.

Tisbe, este es el caballero

de tan superiores prendas

como celebró Violante,

y quién duda (yo soy muerta)

que su razón, por mi parte,

fue principio de novela,

que introdujo mi cuidado

para hallar otra belleza.

Alexandro

Noticias de aquesta dama

no tengo, pero en Valencia

saberlo es fácil.

Diana

Mi hermano

también se suspende.

Pag. 48

Diana

influencias de los astros,

que por una causa mesma

mi hermano, y yo el más surgimos

de tan celosos tormentos.

Alexandro

Llega, Laurencio, a tu cuarto.

Laurencio

El obedecerte aprueba

mi obligación.

Limón

Yo estimara

mejor el que nos dijera

al refectorio.

Alexandro

Ay de mí,

qué tal pesar me suceda.

Diana

Qué tal dolor me encamine.

Laurencio

Qué tal aprehensión me venza.

Alexandro

Oh, ansia.

Diana

Oh, rigor.

Laurencio

Oh, duda.

Alexandro

No me atormentes severa.

Diana

No me maltrates injusto.

Laurencio

No me arrebates incierta.

Al paño.

Alexandro

Vamos a vivir desvelos.

Vase.

Diana

Vamos a morir sospechas.

Vase.

Laurencio

Vamos a sentir amor,

pues consientes que me pierda,

quedado entre mis desdichas,

desdichado entre mis quejas.

Vase.

Limón

Vamos, hambre, a padecer,

pues permites que padezca,

miserable entre servicios,

servicial entre miserias.

Vase.

Jornada segunda

Pag. 49

Salen Laurencio y Limón.

Limón

Las seis horas son, señor,

ya el paseo empieza, y creo

que aunque es hora de paseo

no se exime de calor.

Ya el ruido impertinente

de las carrozas despierta,

y desde la real puerta

se encaminan a la puente.

Ya oyó en el trecho que queda

desde la escala hasta el llano,

con señas de alguna mano,

o ya es Juan, a la Alameda.

Qué de lacayos y pajes,

qué de cocheros escuderos,

qué salvajes bien vestidos,

qué mal vestidos salvajes.

Qué compuestas que van todas

las que caminan sentadas,

Pag. 50

Limón

en lo bien que van tocadas,

sin duda provocan a bodas.

Las de a pie qué ayrosas van,

y qué vestidas al uso,

de lo gala hacen abuso,

según rozándolo van.

Qué tapadas; la comienza

mi musa su triste canto,

que haya de ser siempre el manto

tercero de la vergüenza.

Laurencio

Ay, cielos, si mi ventura

correspondiera al deseo,

si me diera el paseo

señas de aquella hermosura.

Mas ya que el original

no halla mi fineza propia,

sírvame esta muerta copia

de consuelo en tanto mal.

Saca el retrato.

Laurencio

Retrato cuya belleza

Pag. 51

Laurencio

si de perfecciones trato,

deja de ser retrato

y ya pasa a naturaleza.

No con tan muda extrañeza

me hables siempre en mi pasión;

si tus perfecciones son

imitación de una diosa,

no me consienta penosa

la luz de tu imitación.

Por ti a un tiempo muero y vivo,

por ti me alegro y me quejo,

en ti mis alientos dejo,

y en ti la vida recibo.

Es tormento tan esquivo

mi amor su esperanza advierte,

tú callas, y de esta suerte

me cobras y me desmayas;

si a darte vida te ensayas,

con qué es darme muerte.

El pincel que te dio ser,

con forma tan peregrina,

o imitó a mujer divina,

o no ha imitado a mujer.

Pag. 52

Laurencio

excepción vienes a ser

de la regla natural,

pues cuando lo artificial

las reglas propias observa,

solo en tu copia conserva

de divino original.

La estrella que permitió

te encontrase mi cuidado,

me dio el testigo copiado

en lo mismo que me dio.

De ti, oh copia, se valió,

y no de instrumento ajeno;

mi suerte infeliz condeno

a mi muerte satisfago,

pues donde busco el halago,

vengo a encontrar el veneno.

Limón

Señor.

Laurencio

¿Qué dices, Limón?

Limón

Perdidos dos mantos llegan,

Pag. 53

Limón

sí, como otras veces suelen;

no perdamos la ocasión.

Laurencio

Si ella fuera, cielo santo.

Limón

Y cómo, señor, que es ella.

Laurencio

Pues tú puedes conocerla.

Limón

Sí, señor.

Laurencio

¿En qué?

Limón

En el manto.

Salen Violante y Leonor con mantos de embozo.

Violante

Ay, fortuna semejante,

él es, si no me llego; ay, Dios.

Limón

Dos llegan, y somos dos:

uno loco, y otro amante.

Laurencio

Qué es ella, el modo me dice,

y mi turbación lo infiere;

señora, quien por vos muere

Pag. 54

Laurencio

no desdesea infelice

al veros, y al encontraros

la vida de amor espero,

y no dificultéis que me muero

con la gloria de adoraros.

Violante

Sin duda me conoció.

Laurencio

Aunque más os recatéis,

bella información haréis

a mi despierto sentido,

pues el prado que merece

vuestra soberana planta,

floreciendo se adelanta,

y por mereceros crece.

Vuestra copia merecí

por acaso, bien que vos,

rigurosamente, ay Dios,

os ocultasteis de mí.

Violante

Cielos, sin vida respiro,

de Diana es el retrato,

solo de mi muerte trato,

cuando el desengaño miro.

Pag. 55

Laurencio

Pues merezco tener

la información de ese cielo,

córrase esta vez el velo

de tan soberano ser,

y si es que veros no puedo,

dejad, señora, que os pida,

que no hay esperanza cierta

cuando tan loco me quedo.

Violante

Ay, hado tirano, ay, infiel,

que quiera mi desventura

que se venza una hermosura

por acciones de un pincel.

Hablan todos.

Leonor

Esto es el picaro muy necio.

Limón

Esto es la famula muy boba.

Leonor

Qué bigotes para escoba.

Limón

Qué cara para un desprecio.

Violante

Tomando el retrato que intento

Pag. 56

Violante

y averiguas mi sospecha,

suelta, ingrato.

Vanse las dos.

Laurencio

Satisfecha

vas, con llevarme la copia,

en que aseguró mi vida

la guirnalda bello homicida.

Que el alma me robas propia

fue la industria de mujer,

y el descuido de un rendido.

Suspenso sigo.

Limón

Perdido

voy por buscar y correr.

Sale Alexandro, Diana y Tisbe.

Alexandro

Diana, preciso ha sido

admitir a don Laurencio

en casa, mientras concluye

las dependencias de un pleito.

Es caballero muy noble,

y sobre ser caballero,

es amigo en cualquier lance,

Pag. 57

Alexandro

que no espero en este lance tiempo.

De antemano le tenía

hecho el mismo ofrecimiento,

y el siguiendo la amistad

se conforma con mis ruegos.

Él ignora que yo tengo

hermana alguna, y por esto

proseguiréis el retiro,

asististe en el breve tiempo

que terminan sus negocios.

Diana

Qué es esto, divinos cielos,

qué tal desdicha me alcance.

Tisbe

Buenas quedamos por cierto.

Diana

Pues como, Alexandro...

Alexandro

Hermana,

no te ofendas.

Diana

No me ofendo

de ver que delicencioso

te pasas hasta queriendo.

Pag. 58

Alexandro

Eso es mirar por ti mesma.

Diana

Mira, hermano, por ti mesmo,

que es arriesgar la constancia

el presuponer los riesgos.

Alexandro

Esto me toca.

Diana

No tal,

porque el paternal imperio

si aconseja como propio,

no violenta los consejos.

Alexandro

Esto ha de ser, no repliques.

Diana

No replico, que es superfluo

buscar medios al discurso,

que no ha de aprobar los medios.

Di, Alexandro, por ventura

conozco a este caballero

más que por tu información.

Mentó amor, pero no miento.

Aparte.

Diana

Sin prevenir el sentido

la excepción de mis afectos.

Por motivo nuevo acaso

Pag. 59

Diana

está en casa, pues que puedo

haber cooperado.

Alexandro

Nada,

que tienes razón confieso,

mas también por otra parte

te he de hacer este argumento:

de verte Laurencio, o no,

qué útil se me sigue nuevo,

o qué te importa.

Diana

A mí nada.

Miento otra vez, ay desvelos,

que me atormentáis y hacéis

lisonja de mi tormento.

Alexandro

Luego satisfecha estás,

pues halla averiguo, y creo,

que no importando el ser vistas,

el retiro es de el intento.

A Dios, ah infelices penas,

que me halle entre dos extremos

de celos, y de amistad.

Que Violante, ay triste, siendo

Pag. 60

Alexandro

la que alienta mi fortuna,

me consienta sin alientos.

Dejadme, tristes congojas,

pues a mí mismo me dejo.

Vase.

Diana

Posible es, fortuna ingrata,

posible es, divinos cielos,

que tanto pesar unido

pruebe mi infelice pecho;

que viviendo muera un alma,

y cuando vive muriendo,

solo sienta los halagos

del último sentimiento.

Dejad que muera, que en fin,

si tan finamente muero,

será lisonja del susto

la gravedad del empeño.

Celosamente mis ansias,

ansiosamente mis celos,

si aquellas me atemorizan,

me melancolizan estos.

Privada mi libertad,

Pag. 61

Diana

mi amor cercado de yerros;

aquella ayrada me culpa,

este me atormenta preso.

De Violante no confío,

menos de Alexandro espero,

de aquella opuesta a mi amor,

de este a mi cuidado opuesto.

Sonoramente de un monte

se despide un arroyuelo,

ya se entretenga llorando,

ya se divida corriendo

la deliciosa floresta.

Por conductos de lo bello,

si presuroso lo atrae,

le desestima a lo ajeno;

al reino florido corre,

y antes de escarchar el reino

entre céspedes con plata,

entre flores con espejos,

encuentra al diciembre esquivo,

y en tan nuevo deso encuentro,

Pag. 62

Diana

el que hilo empezó de plata

se trocó cinta de yelo.

En fin, a tanta inclemencia,

su movimiento sujeto,

o entre lágrimas se pierde,

o llora sus escarmientos.

Desde el monte del verano

salí al florido paseo,

si aun Narciso, si a un Adonis,

todo flor, todo respetos.

Pensé en fin lograr su vista

con menos impedimento,

pensé ser correspondida,

y a este paso, al mismo tiempo,

de el diciembre más airado

la contradicción encuentro.

Quién es mi hermano, que pone

muros a mis pensamientos;

viento es Violante, que mueve

desde su favor mis celos.

Pag. 63

Diana

Y así, entre tantos rigores,

qué puedo hacer; solo puedo

morir, pues pierdo la vida

cuando mi esperanza pierdo.

Tisbe

Señora, alivia tus males,

no sientas.

Diana

Y es fácil eso,

cuando tantas desventuras

me siguen.

Tisbe

Ya hay fundamento

para algún alivio.

Diana

¿Cómo?

Tisbe

Como de noche saliendo

a la reja grande, que es

de los jardines medio,

podrás hablarle.

Diana

Bien dices.

Confieso, Tisbe, tu ingenio

y el aviso.

Tisbe

Yo al lacayo

Pag. 64

Tisbe

podré desde el mismo puesto

avisar.

Diana

Tu industria aguardo.

Tisbe

Mi solicitud te ofrezco.

Vanse.

Sale Laurencio y Limón.

Laurencio

Muerto soy, Limón.

Limón

Señor,

no he de creer que estás muerto,

hasta que te vea libre

de tan vivos embelecos.

Laurencio

Que me tomase el retrato

una mujer (pierdo el seso)

sin saber quién es, y al punto

burlando mi pensamiento,

se ocultase de mi vista.

Limón

Mejor dio eras de un ciego,

pues quieres y no conoces

lo mismo que estás queriendo.

Laurencio

Si en el alma amor la imprime

ya la conozco, y es cierto

Pag. 65

Laurencio

pues la voluntad supone

primero el conocimiento.

Ay enemiga hermosura,

ay mal parecido objeto,

por qué venciéndome quieres

recatar el vencimiento.

Ya llega la noche, ya

entre el confuso silencio

de esta aura donde se admira

el entretenido empleo.

Sale don Vicente.

Vicente

Este si viento examino

es el mismo forastero,

que anoche supo impedir

lo ofendido de mi aliento.

Quiero ignorar esa evasión;

Dios os guarde, caballero.

Limón

Mas que esta noche empezamos

nuevo género de enredos.

Laurencio

Quién sois, pregunto.

Pag. 66

Vicente

Yo soy, el que anoche...

Laurencio

Ya me acuerdo

de lo que vais a decir,

proseguid pues.

Vicente

Suponiendo

que sabéis lo que pasó,

en parte de nuestro empeño,

sabed que ya mi palabra

cumplí, y disculpado quedo

esto os digo por si acaso

quiero proseguir el duelo

la otra parte, aunque yo juzgo

quedará del todo muerto,

pues la verdad misma ha sido

acción de mi desempeño.

Porque siempre la malicia,

por providencia del cielo,

aunque el veneno disfrace,

se reconoce veneno.

Laurencio

Siendo así, que la otra parte

satisfecha está, no creo

que el duelo tenga lugar.

Pag. 67

Laurencio

Pues de este no es ley ni esfuerzo,

siendo fingido el agravio,

dar alma a su fingimiento.

Esto es lo que siento, amigo.

Vicente

Y lo que más agradezco,

pues desvanecer la duda

es nobleza del ingenio.

Ved si me mandáis que os sirva.

Laurencio

Obedecer pretendo.

Vicente

Mi obligación es precisa.

A Dios.

Vase.

Laurencio

A Dios, vamos luego,

que ya esperará Alexandro.

Limón

También a mí un figonero,

que desde anoche a día somos

amigos de compro y vendo.

Vanse, y salen Diana y Tisbe con luz y recado de escribir.

Tisbe

Ya tienes luz y recado

de escribir.

Diana

Oh, si mi amor

dictase el medio mejor.

Pag. 68

Diana

para salir de un cuidado.

Cuida Tisbe de la puerta mientras escribo el papel. Hace que escribe.

Tisbe

Centinela seré fiel,

que a cualquier rumor despierta.

Desde hoy estafeta soy,

con que quedo asegurada,

que hoy empiezo a ser criada,

pues empiezo a avisar hoy.

Diana

Ay, celos, si el mal esquivo

mi advertencia remediara.

Si como propia me ampara

feliz yo que la escribo.

Dentro ruido como de tocar una puerta.

Diana

Tisbe, ¿quién es?

Tisbe

No te espante,

que en esta otra parte dieron,

y según los golpes fueron,

sin duda será Violante.

Diana

Pregunta y abre si es ella.

Pag. 69

Violante

Tisbe, yo soy.

Diana

Al instante

cierro el papel como amante,

pues el alma es quien le sella.

Dale el papel.

Diana

Oye, toma, pero advierte

que al criado has de entregarle

cuanto antes.

Tisbe

Saldré a acecharle

a la reja.

Hace que abre una puerta, y sale por ella Violante, y por la misma se va Tisbe.

Violante

Pena fuerte.

Amiga Diana, aquí

me importa propia.

Diana

¿Amiga?

Violante

No sé cómo te lo diga;

mas perdóname.

Diana

Di.

Violante

¿Este retrato conoces?

Diana

¡Marro! Soy yo.

Aparte.

Pag. 70

Diana

Ninguna voz se acomoda

al imperio de mi voz.

Cómo podré yo encubrirte

lo que el retrato señala,

que pesar al mío iguala.

Aparte.

Violante

Como tuya he de decirte

lo que en la materia siento.

Un caballero me dio

este retrato, aquí no

me embaraza el fingimiento.

Tuyo es, en fin, mas no arguyo

que él intentase ofender

a su original, por ser

de una dama, y en fin tuyo.

Supongo primeramente

que tú no se le habrás dado.

Ay, mas celoso cuidado.

Aparte.

Diana

Ay, rigor más inclemente.

Violante

Supongo que por acaso

él le halló y tú le perdiste.

Diana

Qué he de responderla, hay aire,

entre mil celos me abraso.

Violante

Lo que advierte procura

Pag. 71

Violante

mi amor, en causa tan propia,

es que guardes más tu copia,

si es que estimas tu hermosura.

Retratarse es hurtarse

una deidad, y es verdad,

pues no admite una deidad

medios para celebrarse.

Extremos de una belleza

jamás imitarse pueden,

pues siempre al pincel exceden

reglas de naturaleza.

Que el que en parte la imite

ya se le concede al arte,

mas no ha de mentir en parte

cuanto a la hermosura quite.

Dale el retrato.

Violante

Toma el retrato, y estima

la advertencia de mi amor.

Diana

Ay, más tirano rigor.

Dentro ruido de entrar, y sale Tisbe por la misma puerta que entró.

Pag. 72

Diana

Ay Dios, reprima

el cielo tan duros males.

Violante

A Dios.

Diana

Después sabrás que [ilegible]

yo...

Violante

Todo, todo lo sé.

Vase.

Diana

¿Quién vio desdichas iguales?

Cierra la puerta al momento,

Tisbe.

Tisbe

Ya lo hago, señora, y creo que queda

cierto, parezco priora,

o abadesa de un convento.

Diana

¿Qué es esto, fortuna aleve?

¿Qué es esto, acaso impío?

¿Lo ultrajado de Violante?

¿Mi esperanza sin alivio?

¿Mi amor burlado? Ay de mí.

Tisbe

No malogres tus suspiros.

Pag. 73

Tisbe

que son poéticos desperdicios

que son azares, y son

poéticos desperdicios.

Diana

Darte el papel.

Tisbe

Al instante.

Diana

La diligencia te riño.

Tisbe

¿Cómo, si te obedecí?

Diana

Porque después he sabido

la falsedad de Laurencio;

mas no importa, ven conmigo,

porque mis celos no piden

en el examen arbitrio.

Vase.

Salen Laurencio y Limón.

Laurencio

A imaginación confusa,

apetecido delirio,

humilde para alentarme,

para atormentarme altivo.

No consientas que un amante

desesperado y perdido

labre a su aliento sepulcro,

Pag. 74

Laurencio

una fabrique a sus bríos.

Y tú, deidad fementida,

que con licencias de niño

tiras flechas suas suavizadas

y haces venenosos tiros.

¿Por qué en tu templo no admites,

si no han de ser admitidos,

mis ruegos por oblaciones,

mis ansias por sacrificios?

Limón

Esta, señor, es la reja.

Laurencio

Y este el término en que fío

salir de tan graves ahogos,

pues desde el instante mismo

que hablando a Alejandro pude

reparar en los avisos

de una mujer, y después

que este papel he leído,

ni alcanzo lo que me pasa,

ni lo que leí ya distingo.

En él me avisan que venga

Pag. 75

Laurencio

a examinar un cariño;

si a examen de amor me llaman,

mi turbación certifico,

porque solo sé que adoro;

pero no sé lo que estimo.

A una reja Diana y Tisbe.

Tisbe

Ya llegaron.

Limón

El ceceo

lleva cierto melindrillo,

que me pareció de dama.

Laurencio

Ay, Limón, yo me revisto

de turbación, sin saber

por qué causa, o qué principio.

Diana

Ay Tisbe, qué poco aliento

cobro, aunque solicito.

Laurencio

Oculta, ignorada causa,

de quien el papel recibo,

sin sentido para el alma,

con alma para el sentido.

Pag. 76

Laurencio

si es que pueden mis cuidados

oficiosamente dignos,

compañera merecerte

género alguno de alivio,

si es que de tantos presagios

confusamente remisos,

puede pisar mi humildad

los umbrales del indicio.

No permitas que mis dudas,

naufragios de mi destino,

tormenta desecha corran

en piélago tan esquivo.

Di quién eres, no consientas,

que en tan vario laberinto

se pierda la confianza

sin luces del beneficio.

Diana

Caballero, bien diréis

que es atrevimiento mío

llamaros sin conoceros,

y no estaré, pues solo aspiro

Pag. 77

Diana

de un desvelo voluntario,

a un desengaño preciso.

Una dama, que es muy mía,

me habló esta tarde, y me dijo

la habíais dado un retrato.

Laurencio

¿Qué es esto, cielos divinos?

Diana

De cuya acción, con vos tiene

dos quejas; que mal me anima:

de descortés la primera,

la segunda de atrevido.

Porque dándola el retrato,

me concederéis vos mismo,

la enojasteis, pues querer

que un retrato muerto, y tibio,

que una perfección humilde,

que un bosquejo, un artificio,

y en fin que un borrón...

Laurencio

Señora,

perdonareis el estilo

de corregir, y esta vez,

permitidme el corregiros.

Pag. 78

Laurencio

No pasa mi obligación,

no permiten mis oídos,

de aquella copia con alma

el ultraje menos vivo.

No es borrón, no es solo sombra,

porque si bien lo examino,

la sombra es una apariencia,

y ella es divino prodigio,

y así no ultrajéis la copia.

Diana

Ved cómo he de concluiros,

pues si la estimáis tanto

¿por qué la disteis remiso?

Laurencio

Yo la di.

Diana

Pues ¿cómo pudo

llegar a mis manos?

Laurencio

Digo

que pensando ser el dueño

que busco, y solicito,

a una embozada el retrato

enseñé, y al punto mismo

Pag. 79

Laurencio

llevándome en él el alma

se ausentó, sin haber sido

tan feliz que la encontrasen

mis ansias, y mis suspiros.

Aparte.

Diana

Cielos, mi vida se cobre.

Ay Amor, ya otra vez vivo.

Volver el retrato intento,

pues de su razón colijo

que se le tomó Violante

con algún medio fingido,

pues decir por vida vuestra,

acaso sin haber visto

al original, le amáis.

Laurencio

Ese es mi mayor martirio,

pues amo sin esperanza

de lograrse mi cariño.

Diana

Pues caballero, el retrato

os daré, y os certifico

que me admiro de ese amor.

Aparte.

Laurencio

Yo de mi dicha me admiro.

¿Si esto es ilusión o encanto?

Pag. 80

Laurencio

feliz mi amor pronostico.

Limón

O estoy loco, o estas cosas

tienen por locas caminos.

Válgate Dios por retrato,

sin duda el pincel te hizo

para retratar embustes

sobre el lienzo del capricho.

Laurencio

Pues tanta fortuna alcanzo,

señora, solo os suplico

que os merezca saber quién

soy.

Diana

Ya lo habéis merecido.

Laurencio

Mayor confusión es esa.

Diana

Pues no quiero confundiros,

yo soy quien quiero que améis

lo que me habéis referido.

Laurencio

Ay más dudas? No lo entiendo.

Limón

Ni yo tampoco atino.

Dentro don Vicente.

Vicente

Esperadme, y a la margen

de estos apacibles mirtos

Pag. 81

Vicente

podréis cantar.

Diana

Don Vicente

es este, y siento ruido

dentro en mi casa, y así

yo voy luego a preveniros

el retrato; la criada

saldrá, porque yo imagino

que me pueden echar menos;

y aunque antes os propuse indigno

de dárosle, ahora ya

a la persuasión me rindo

de la verdad que evidente

proponéis.

Vase.

Laurencio

Lo determino

dar vuelta por esta esquina,

y dejar seguro el sitio;

hasta volver por la copia,

Limón, queda aquí divertido

esperando.

Vase.

Limón

Que me place,

póngome de veinte y cinco

Pag. 82

Limón

sale el sombrero a lo guapo,

la espada a lo de ya embisto,

la capa a lo temerón,

la planta a lo vizcaíno;

mas ya según oigo quieren

ser los músicos oídos.

Música

Oye, divina Violante,

a un zagal a quien ha visto

seguir el gallardo Turia

sus soberanos desvíos.

Sale Alejandro por la puerta de en medio.

Alejandro

Estas voces que percibo

como lisonjas mortales

de mis celosos oídos

me dicen que don Vicente

felizmente atrevido

se opone a mi amor.

Limón

Por Dios,

que llega un bulto.

Alejandro

Ya he visto

un hombre junto a la reja.

Pag. 83

Alejandro

reconocerle es preciso.

Va llegando a la reja Alejandro, y Limón se retira; Tisbe a la reja y da el retrato a Alejandro.

Tisbe

Este es Laurencio, tomad

el retrato.

Limón

Aquesto es lindo;

no ha estado malo el embuste.

Eh, sin más, ni más, vecino,

a tomar lo que me daban.

Alejandro

¿Quién se vio, cielos divinos,

a un mismo tiempo, entre dos

tan confusos laberintos?

En la reja de Violante

oigo dulces sostenidos;

en esta otra reja que es

de los jardines floridos

diviso un hombre, encuentro,

y aunque no haya comprendido

la voz de la que me dio

este papel, abrigo

un género de recelo

que es especie de martirio.

Vase llevando a Limón.

Pag. 84

Limón

Que ya llega, ay mis costillas.

Alejandro

Quién es saber quiero. Digo,

¿quién va allá?

Limón

Réquiem eternam.

Alejandro

¿No responde?

Limón

Es que el oficio

de difuntos empecé,

y tengo poco de vivo.

Alejandro

Que es Limón entiendo; pero

¿qué alboroto es el que oído?

Limón

Ahora descarga.

Sale don Vicente retirándose de don Laurencio.

Vicente

Ya en vano,

a tanto valor resisto.

Alejandro

Suspender tan fuerte enojo

intento.

Alejandro se pone al lado de don Vicente y Laurencio retira a los dos.

Laurencio

Nunca mi brío

desmaya, aunque los acasos

Pag. 85

Laurencio

multipliquen los peligros.

Vanse retirando de don Laurencio y queda solo Limón.

Limón

A buen hijo, seas quien fueres,

eso sí pléguete Cristo,

cien mil perdones te ganas

por haberme concedido

tan plenarias indulgencias;

mas ay copia, ay amo mío,

si he de recibir cien palos,

yo los doy por recibidos.

Sale Laurencio.

Laurencio

¿Limón?

Limón

En esta ocasión

Limón perdió la virtud.

Laurencio

¿Qué dices?

Limón

Que la salud

te ha de quitar el limón .

Laurencio

Habla, necio.

Limón

Bien se entiende.

Pag. 86

Limón

el juego para el desprecio,

perdóname que soy necio

y he perdido toda el habla.

Laurencio

¿Qué ibas a decir?

Limón

Señor,

si lo he de decir después

ya lo digo.

Laurencio

Acaba pues.

Limón

El retrato, en fin...

Laurencio

Traidor,

¿qué es del retrato?

Limón

San Dimas.

Laurencio

A mi mano has de morir.

Dale.

Limón

Qué arrojo está; no hay decir

que hoy se comiera cien limas.

Laurencio

Ea, acaba, ¿qué dijiste

del retrato?

Limón

Qué sé yo.

Un hombre se le llevó.

Laurencio

¿Cuándo?

Pag. 87

Limón

Después que te fuiste,

llegó el quedán , y al oír

en la reja un habla,

tomó sin réplica, y ya

estuve para reñir.

Plantéme muy cabizbajo,

eché dos tufos, y a fe

que no le embestí, porque

quise dar por el atajo.

Dije entre mí: es indecencia

reñir con conciencia tal,

pues es fuerza riña mal

quien tiene mala conciencia.

Pero en fin, a no haberte

dejado el puesto sin gente,

yo le embisto en continente

y le lleva Bercebú.

Laurencio

¿Conócesle?

Limón

Testimonio

de quién es, no puedo hacer,

mas dudo que pueda ser

Pag. 88

Limón

hombre, sino algún demonio.

Laurencio

Ay tormento más infiel,

ay ansia más importuna.

Limón

Y sin duda la fortuna

labra a mi cuello el cordel.

Laurencio

En ti he de vengarme.

Dale de puntapiés.

Limón

Ay Dios,

que parece mal, te advierto,

pegar un vivo, y un muerto.

Laurencio

¿Qué dices?

Limón

Que somos dos.

Laurencio

Que así mi esperanza muera.

Limón

Que así peligre un lacayo.

Laurencio

Abrase mi vida un rayo.

Limón

Válgame una dispenssera.

Vanse.

Salen Violante y Leonor.

Leonor

Señora, este forastero,

Pag. 89

Leonor

de Alejandro en casa habita.

Violante

Esa noticia acredita

las razones con que muero,

pues aunque está retirada

Diana, en amor tan fiel,

ni le faltará papel,

ni el medio de una criada.

Que en las amorosas lides,

que oprimen a una mujer,

no tanto anima el poder,

cuanto obligan los ardides;

y al ver la dificultad,

que el medio menor encierra,

tal vez el discurso yerra,

y acierta la voluntad.

Salen Diana y Tisbe ahora.

Diana

¿Violante?

Aparte.

Violante

Diana es esta.

Salirá a su vista. Crece.

Diana

Cuando mi amistad merece

tu amor, viendo la floresta

Pag. 90

Diana

del jardín, que el alba dora,

de mi cuarto paso al tuyo.

Aparte.

Violante

Ciertos mis celos arguyo.

El jardín por ti hoy mejora

las flores que te hacen salva,

pues en la distancia breve,

bebiendo tu aliento, bebe

los desperdicios del alba.

Diana

Lisonjearme convida

Violante; es fuerza que pierda

con la estimación de cuerda

las razones de entendida;

mas la lisonja te estimo,

aunque la respuesta ignoro.

Aparte.

Violante

Qué bien el veneno doro.

Diana

Qué mal la queja reprimo.

Salíos las dos, y avisad

si acaso a Alejandro oyereis.

Tisbe

Lleve el diablo si nos vieres,

hasta venir la hermandad.

Vanse las dos criadas.

Pag. 91

Diana

Violante, yo vengo a darte

satisfacción de lo que

anoche...

Violante

Yo sé. Créeme,

y dejemos eso aparte.

Diana

Eso es querer que yo apruebe

lo que no he de conceder.

Violante

Esto es, Diana, querer

que pues el amor te debe

una fineza, tan una

de la voluntad mayor,

logres mil siglos de amor,

sin variedad de fortuna.

Diana

¿Lo amante?

Violante

No se adelante

tu voz, con la turbación,

mas las turbaciones son

siempre propias de un amante.

Diana

Que así persuadirme intentes

engaño tan conocido.

Violante

No consientes que has querido,

pero que quieres consientes.

Pag. 92

Aparte.

Violante

También yo adoro; aquí intento

dar a entender, que tal vez

es la humildad altivez,

y es amor el fingimiento.

Y aunque estoy correspondida

del que me dio tu retrato,

solo de olvidarle trato,

porque un forastero olvida

con menos causa, pues hace

de sus ausencias violencia,

ya una mujer en ausencia,

mas miente, el que satisface.

Aparte.

Diana

Aunque la juzgo engañosa,

cualquier duda me suspende.

Aparte.

Violante

Así mi pasión pretende

hacer que muera celosa.

Sale Tisbe.

Tisbe

Señora, a tu hermano vi

en el corredor primero.

Diana

A Dios, Violante.

Pag. 93

Violante

Yo quiero

acompañarte hasta allí.

Vase.

Sale Alejandro.

Alejandro

Ay más continuos tormentos,

ay más confusos presagios.

Pensando sea de Violante

algún papel, vi el retrato

de Diana; y aunque ignoro

los especiales arcanos

de este, que celebrado objeto,

el ya celebrado acaso,

con todo inquieto el discurso

por medios imaginarios,

sin conocer la sospecha

se roza con el cuidado.

Cielos, si Diana fuese

el objeto soberano

que busca Laurencio; no,

no puede ser, pues reparo

que desde que está en Valencia,

no ha visto a mi hermana el prado,

ni pudo salir, pues yo

Pag. 94

Alejandro

tengo la llave del cuarto.

Que anoche no conociese

la voz de la reja, cuando

me avisaron. Mas Laurencio

llega. Atento, en este caso

haré una experiencia. Amigo.

Sale Laurencio.

Laurencio

Solo ese nombre, Alejandro,

se acomoda a mi fineza,

y aun por eso dijo un sabio

que las mayores fortunas

que experimenta el estado,

son poder oír el nombre

de amigo; pues si los varios

infortunios de la vida

infelizmente airados,

temen al más poderoso

sin amigos, el que en tantos

aspectos de la fortuna,

y asechanzas de los hados,

queda con algún amigo

no es infelice, pues halla

que un amigo hace dichoso

al que es, sin él, desdichado.

Alejandro

A cada instante más, Laurencio,

Pag. 95

Aquí le engaño.

Alejandro

vas mi amistad empeñando,

con obligación tan clara,

y con tan hidalgos lazos,

que un agasajo es principio

de otro mayor agasajo.

Y porque nada te oculte

mi amistad,

quiero que veas la copia

de una mujer, a quien amo,

por obligación precisa,

pues me corresponde tanto,

que obedece mis preceptos

por modo de venerarlos.

Enséñale el retrato de Diana.

Aparte.

Laurencio

Cielos, murió mi esperanza.

¿Para qué labras, Vulcano,

rayos, en tu infausta gruta,

si no me encuentran tus rayos?

Aparte.

Alejandro

Suspendiose al parecer.

¿Qué miras?

Sin mí estoy. Aparte.

Laurencio

He reparado

que esta copia

se parece.

Alejandro

¿A quién?

Laurencio

No acabo.

Pag. 96

Laurencio

de conocerla, mas pienso,

que algún tiempo, extraño caso,

la vi.

Alejandro

¿Cuándo?

Aparte.

Laurencio

De este susto

me cobre, por no dar paso

género de sospecha.

Amigo, ya el desengaño

tengo, y según examino,

es cierto me he equivocado.

Alejandro

Que me desengañes quiero;

di, ¿tengo buen gusto, o malo

en querer a esta hermosura?

Aparte.

Laurencio

Vive Dios que estoy turbado.

Quién se halló, cielos impíos,

en tal lance, pues al paso

que la pregunta me obliga

queda enmudecido el labio.

Si miento, y por entendido,

el blasón de amor infamo;

si este retrato no cobro,

y el mío también si callo

con tal desaire. Posibles

ninguno medio aguardo.

Pag. 97

Laurencio

entre mi dama, y mi amigo,

al duelo medio no alcanzo,

que ella de ingrato me culpa,

y él me acusará de falso;

mas el honor de la dama

es primero, a quien consagro

el respeto del silencio,

por no motivar su agravio.

Que no faltará ocasión

para volver a cobrarlo.

Esto ha de ser.

Alejandro

¿Qué respondes?

Laurencio

Responde, amigo Alejandro,

que aunque suspendas el pecho,

corre celoso naufragio,

merecen que te coronen

empleos tan soberanos;

no es enemiga fortuna

verte así favorecido

de un bellísimo milagro;

pues confieso que no he visto

en cuantos países varios

registro la atención otra

Pag. 98

Aparte.

Laurencio

copia en tan perfecto grado.

Disimulemos amor.

Alejandro

Lisonjeas mi cuidado.

Laurencio

Ay ignorada belleza,

que presto, en qué breve espacio,

para perderte, tan solo

mis suspiros te cobraron.

Aparte.

Alejandro

No dudaré que Laurencio

está en parte apasionado,

según vi su turbación;

mas no puede ser, que es claro

que no conoce a Diana,

y más cuando sin resguardo

logra el favor, que Violante

le dio, con lo cual alcanzo,

que el turbarse fue artificio,

mas no verdad de turbado.

Oh, qué ilusiones tan fuertes.

Laurencio

Oh, qué duros sobresaltos.

Alejandro

A Dios, Laurencio.

Laurencio

Tu vida

guarde el cielo.

Pag. 99

Alejandro

Ya animado

voy, con que apruebas mi dicha.

Vase.

Laurencio

Ay rigores más tiranos,

ay tormentos más crueles,

ay amor más desgraciado.

Poblaré el viento de quejas,

oirán mis ecos infaustos,

de este jardín floreciente

los verdes troncos y ramas.

Qué espero a nuevas desdichas,

qué aguardo a nuevos cuidados,

a buscar de mis alientos

el fatal último estrago.

Fin de la segunda jornada.

Jornada tercera

Pag. 100

Salen Laurencio y Limón.

Limón

Que Alejandro fue, señor,

el que me hurtó el retrato.

Laurencio

Sí, Limón, mas oye sin rato

si prodigio del amor.

Ya el lúcido régimen

de los honores castiga el crimen,

confusos desterrados negros bultos,

de la noche falaz ciertos insultos.

Ya el bullicioso Turia

la valla corona de su furia,

con las que ansiosas flores,

a su margen cristal, se ven mayores,

y entre uno, y otro puente

alma de plata era su corriente,

de cuanta pompa en la umbrosa estancia

halla la vida, y bebe la fragancia.

Ya la Alameda con dulzura cierta,

canora de la luz se oyó palestra.

Pag. 101

Laurencio

en cuya acorde singular batalla

la suspensión más libre se avasalla,

y en fin ya del jardín la estancia amena,

de una, y otra, asistida, Filomena,

era hechizo gustoso, por quien hizo

de dulce emulación florido hechizo.

Cuando a una y a otra parte

del jardín, el acento, con el arte

dos términos me inspira.

Uno el favor ingratamente mira,

otro, un desvelo amante me propone,

y en estas dudas la atención dispone,

que de los dos acentos

siga neutral entre ambos fundamentos,

con que ni al uno desee, ni a otro olvide,

y como nadie la intención me impide,

trepando mirtos, ramas dividiendo,

de un herido cristal oigo el estruendo,

que como tanto ardor su nieve pisa,

reduce a llanto su ultrajada risa.

Paso el cristal, y con ansioso paso,

los ojos de los céspedes repaso,

Pag. 102

Laurencio

por si miraban de mi errante estrella

la fugitiva huella,

mas viendo que ninguno,

descortés, impedido, o importuno

quiso la menor seña proponerme,

pasé amante a deberme

todo lo diligente; y en un punto

lo diligente con lo amante junto.

Flores, nevando azahares, floreciendo

ve, Limón, huyendo,

a la deidad que adoro, a la que sigo,

mas pues de tanta luz soy fiel testigo,

a breve de su sol verás reflejo

de la hermosura el más bello bosquejo,

que a cada estampa, que su planta mueve,

muere un clavel, en túmulo de nieve.

El jardín divagando

unas veces oyendo, otras mirando,

se oculta vergonzosa

ya entre las ramas ánima rosa,

ya entre mármoles ninfa se acredita,

ya la aljaba al amor, y flechas quita,

Pag. 103

Laurencio

entre celosas hojas

cómplices de mis míseras congojas

la deidad soberana se escondía,

bien como suele en mal dispuesto día,

correr el sol a sus dorados muros

de luz oscuro entre los dos coluros.

Prisiones de oro el pecho al viento ofrece,

con que mi incendio, y su hermosura crece;

el viento lo movía,

y a sus impulsos su ambición crecía,

y cualquiera flor, que feliz toca

las dos purpúreas líneas de su boca,

se rasga ufana, y tantas nacen vidas

cuantos rasgos numeran sus heridas.

Vilo, Limón, dudoso reparando

en lo mismo que estaba examinando,

que amor es ciego, y quien amante mira

finge certezas, y halla una mentira.

La del retrato veo,

júzgolo por lisonja del deseo,

mas después comparada su hermosura,

hallo sea relación de la pintura.

Pag. 104

Laurencio

Bien que al formar su copia, el pincel quiso,

o ser grosero, o parecer remiso

en este de amor dulce desvarío

oh influjo riguroso, oh astro impío.

Llego turbado a hablarla,

o por más merecerla, o venerarla,

que en tales ocasiones

bien pueden merecer las turbaciones;

y apenas de mi aliento

el primero la informa movimiento,

cuando burla mi amor, y huyendo deja

muerta la persuasión, viva la queja.

Presurosa se esconde,

llámola, y otra dama me responde

que con piedad atenta

el iris quiere ser de mi tormenta;

pero no lo consigue,

porque la pena que mi pecho sigue

no permite que encuentre mi desvelo

en ausencias de un sol, luces del cielo.

Esto es lo que me pasa.

Pag. 105

Laurencio

este el ardor, que el corazón abraza.

Mi amigo es Alejandro, y yo no puedo

oponerme a su amor, por lo cual quedo

celoso, enamorado, amigo, loco,

rindo la vida, y a la muerte invoco.

Mis suspiros, mis ansias, mis desvelos,

mis quejas, mis pesares, y mis celos,

sabiendo que Alejandro la enamora,

son tantos, que si ahora

a número quisiera reducirlos,

cierto fuera olvidarlos, no decirlos,

que no hay explicación para una pena,

que a tan sensibles males me condena.

Limón

Señor, confieso que estás

muy mal, con tu pretensión,

pues todos los lances son

como fueron los de atrás.

Tu amor no espere buen fin,

porque si más lo adelanto

o esta mujer es encanto,

Pag. 106

Limón

o hay encanto en el jardín.

Tu pleito obtuvo sentencia

favorable, que es fortuna,

y así no quieras que una

mujer te pierda en Valencia.

Volvamos a Barcelona,

que en los saraos, señor,

te olvidarás de ese amor.

Laurencio

Esa persuasión no abona

mi afición, pues haber llego,

que si de fuego me aparto

de la llama me desato,

mas conmigo llevo el fuego.

Qué importa mude lugar

quien no muda condición,

y lleva su corazón

sin que lo pueda dejar.

El que ausente olvida, siente

poco, olvidar el objeto;

luego no fue amor perfecto.

Pag. 107

Laurencio

pues pudo olvidar ausente,

que el que entre olvidos tropieza

su amor fundó en la inconstancia,

no apaga a amor la distancia,

sino solo la tibieza,

y así no me he de ausentar,

que si ausente he de morir,

más quiero verla y vivir

que no morir y olvidar.

Dentro voces.

Voces

Para, para.

Laurencio

Aquí llegó

una carroza.

Limón

Si vienen

Dianas, nuevos chistes temo.

Laurencio

Alejandro es.

Limón

¿Qué resuelves?

Laurencio

Vamos, ven, y ocultémonos.

Limón

Vamos.

Laurencio

Con una mujer parece

Pag. 108

Laurencio

que viene bajando. Escuchemos,

si es que el céfiro consiente

con sus descuidadas voces

algún sentido a mi suerte .

Retíranse en una parte y salen Diana y Alejandro.

Alejandro

El caso no admite duda.

Diana

Si tan injustamente

paras, Alejandro, a darme

motivos para ofenderme,

no el que me quiere me culpe,

sino el que más no me quiere.

En qué han de parar, fortuna,

tus acechanzas infieles.

A mi hermano dio el retrato

Tisbe, pensando que fuese

el dueño de mi albedrío.

Alejandro

Qué medio encontrar puedes,

si dices que no me diste

tu retrato, y me concedes

que pudo haberle tenido

por ajena mano.

Diana

Templemos

los cielos mis ansias graves.

Laurencio

A espacio, celos crueles.

Pag. 109

Diana

Este es el prodigio bello

que mis desventuras pierden,

y a Alejandro satisface.

Cielos, qué he de responderle.

Alejandro, no imagines

que mi obligación apruebe

medios, que tan desviados

a la nobleza oscurecen.

Si esta lámina, por causas

que no alcanzo, llegó a verse

escrúpulo de la vista,

que es un color aparente,

advierte que yo no puedo

estimar que los pinceles

ayudados del cuidado

de que alguna vez me viste

aposenten los colores,

y el tiempo reaprehenden

dando con el tiento al aire,

y sin mis sombras al temple

no el milagro me acrimines

del que esa lisonja leve

quiso hacerme, aun sin la costa

de que yo dejase verme.

Y si esto no te hace fuerza,

y si mi verdad no crees.

Pag. 110

Diana

bate el que mi amor.

Laurencio

Y baten

mis celos, mujer detente,

que a cada voz que pronuncias

me articulas muchas muertes.

Alejandro

Así es confusión, cielos.

Dentro voces.

Voces

En la Alameda se apeen.

Otras

Para, para, hacia esta parte.

Alejandro

Deja, Diana, que llegue

a ver si alguien nos escucha.

Violante es. Oh, si pudiese

decirla mi pensamiento.

Vase.

Laurencio

Pues el cielo me concede

la ocasión, he de lograrla

para morir de esta suerte.

Diana

¡Alejandro!

Sale ahora Laurencio.

Laurencio

Nunca han sido

los ecos menos crueles

cuando el elegido huye

y el que no es llamado viene.

Mal socorre a nuestras ansias

quien a nuestras voces teme.

Pag. 111

Laurencio

ofreciéndose por sombra

de la imagen de un ausente.

Diana

Pues como osado, atrevido

nuevo delito cometes

ofreciéndote a mi vista

con los engaños que ofreces?

Vete, o me iré.

Laurencio

Poco importa

que me vaya, o que me quede,

si un desengaño me basta

para morir muchas veces,

y si he de cumplir amante

lo que prometí presente,

en irme, o quedarme, no hallo

condición que me liberte.

Diana

Ha falso!

Laurencio

Ha ingrata!

Diana

Qué dices?

Laurencio

Nada, pues tú lo resuelves

y mucho, que yo lo cumplo.

Hace que se va.

Diana

Con efecto me obedeces?

Laurencio

Que en fin de tu luz me apartas.

Pag. 112

Diana

tantos desengaños pueden

dejar de sentirse?

Laurencio

No

a tu sol hermoso ofende

mi desgracia, y la penitencia

puede satisfacer .

Diana

No la tienes,

que la finges. Y el retrato

que has arriesgado dos veces,

y quiso Alejandro?

Laurencio

Calla

mis celos.

Diana

No los despiertes

en mí, que vivos caminan,

y en ti, que sin alma duermen.

Di, y el nombre de Violante

que sobre un diamante fuerte

imite a tu corazón?

Laurencio

Que poca firmeza tienen

las máximas que caminan

a disimular corteses.

Diana

Luego disimular?

Pag. 113

Laurencio

Sí.

Diana

Por qué no?

Laurencio

Por el que se quiere.

Diana

Menos te entiendo.

Laurencio

Pues digo que...

Dentro ruido de cuchilladas.

Dentro.

Violante

Alejandro, don Vicente,

tened, esperad.

Diana

Ay triste!

Nuevas desdichas suceden.

Laurencio

Yo con tu licencia voy

a remediar; pero cesen

vuestro enojo, ved que aquí

una dama

Salen riñendo Alejandro y don Vicente. Pónese en medio de ellos.

Sale Violante y también se pone de por medio.

Violante

nadie intente

proseguir con el enojo,

sin que mis rigores pruebe.

Alejandro

Ya te obedezco.

Don Vicente

Ya atiendo

de tu precepto a las leyes.

Alejandro

Sabré buscarle después.

Vase.

Don Vicente

Después procuraré verte.

Vase.

Pag. 114

Violante

Voy a escribir un papel

para que Leonor le entregue

a Limón, y de Laurencio

la última verdad espere

esta noche.

Vase.

Diana

Cuidadosa

seguiré a mi hermano siempre

hasta dejarle en su cuarto;

adiós, Laurencio: que tienes

que con suspensiones mudas

me afliges, y me suspendes.

No me respondes? No hablas?

Laurencio

Nada acierto a responderte

más que soy muy desdichado.

Diana

Pues para que te consueles

sabe que mi fe te paga

aun más de lo que te debe.

Laurencio

Mi amor no admite igualdades;

Diana

el mío a tu idea excede.

Laurencio

Quiera el cielo.

Diana

El cielo quiera.

Pag. 115

Laurencio

Que mi estrella.

Diana

Que mi suerte.

Laurencio

Proporcione sus influjos.

Diana

Venga a asegurar mis bienes.

Laurencio

Y Alejandro?

Diana

Con amor

cualquier distancia se vence.

Y Violante?

Laurencio

Ese descuido

por cuidado se debe.

Diana

Yo te espero aquesta noche.

Laurencio

En qué sitio?

Diana

En el que vieres

por el papel que habrá dado

Tisbe a Limón.

Laurencio

O quién fuese

alma del tiempo, y sus plumas

sombras a la tarde diesen.

Serás firme?

Diana

Ni las rocas

tan constantes se establecen.

Serás siempre el mismo?

Laurencio

Es corta

la única forma del Fénix.

Pag. 116

Diana

Adiós, que voy a esperarte.

Vase.

Laurencio

Adiós, mi bien, basta verte.

Vase.

Sale Limón.

Limón

Lacayos que mal pagados

y siempre bien asistidos

de suspiros repetidos

y de afectos lubricados ,

vaya, como yo voy

dando vueltas al destino,

de si vino o, si no vino

lo que pago, o lo que doy.

Vosotros cuya verdad

hasta hoy no ha tenido asiento

lejos del entendimiento

cerca de la voluntad.

Oíd los tristes reclamos

del que algún tiempo antiguo,

ejemplo de lo que amaba ,

la carrera de dos amos.

Aprended flores de mí

pudiera decir mejor

Pag. 117

Limón

entre tanta honrada flor

como en la Alameda vi.

Desde ayer sin Tisbe voy

comiendo muchos desmayos

con harta hambre; ved, lacayos,

lo que va de ayer a hoy.

Festejado en fin me vi

de su engañoso interés,

y ya me deja después

que ayer maravilla fui.

Ejemplo, a los hombres doy

que soles son del metal,

ayer fui luz muy real

y yo sombra mía no soy,

triste sirviente.

Pónese muy pensativo.

Sale Tisbe.

Tisbe

Allí está,

corrida vengo, y cobarde

no sé si llegará tarde

mi aviso.

Limón

Sí llegara.

Tisbe

Limón, aqueste papel

busca en tu mano su estrella.

Dale un papel.

Limón

Vaya en hora mala, ella.

Pag. 118

Limón

Y venga en buena hora, él,

si es memorial singular

con algunas pretensiones

con poquísimas razones,

respondo: que no ha lugar.

Tisbe

Limón, el seso has perdido?

Limón

Ojalá verdad fuera,

pues entonces no sintiera

achaques de arrepentido.

Tisbe

Qué dices?

Limón

Qué mal ensancho

mi corazón pendenciero;

yo soy Limón sin dinero

y tienes indiano a un Sancho.

Tisbe

Pícaro, pues tú te atreves

a mi honor?

Limón

Es cosa mucha;

mira si alguien nos escucha

para que a solas lo lleves.

Tisbe

Qué he de llevar!

Limón

Bofetadas.

Tisbe

Qué frescura.

Pag. 119

Limón

Es cosa fuerte.

Tisbe

Cómo ha de ser!

Limón

De esta suerte

con mis manos mal lavadas.

Dale una bofetada.

Tisbe

Ay, ay, vil, que te reprenden

de infame tus propias manos;

Limón

ya saben los cortesanos

que manos blancas no ofenden.

Tisbe

Venganza pido a los cielos.

Limón

Perdóname, Tisbe mía,

que es cierto que no creía

tener tan pesados celos.

Tisbe

Ya llega tarde.

Limón

Tus paces

solicito muchas veces;

perdona lo que padeces

por lo que otras veces haces.

Tisbe

Llegaste a quebrar de vicio,

mas yo sabré hacerme piedra.

Limón

Escollo armado de yedra

ya te conocí edificio.

Tisbe

Mira que des el papel

a tu amo, que estando ya

Limón

Luego al punto lo verá.

Pag. 120

Limón

Si es que lo dice con él

vas enfadada?

Tisbe

Ofendida.

Limón

Darote satisfacción.

Tisbe

Qué acerbísimo es el limón.

Vase.

Limón

Dulcísima es Tisbe herida.

Vase.

Salen Violante y Leonor.

Violante

Que en fin el papel le diste?

Leonor

Sí, señora. Aquí me valga

de criada la disculpa,

porque solo una criada

tiene en trocar los recados

el cuidado de su maña.

El papel de don Laurencio

le di a don Vicente; basta

que sea o galante, y luego

que en estas postas galanas

el pliego debo entregar

a quien el porte me paga.

Violante

Mas pasos siento, él sin duda

será.

Sale Laurencio.

Laurencio

La confusa estancia

Pag. 121

Laurencio

voy mirando; pero allí

las desautorizo ; si tan alta

fortuna a mi amor corona,

con razón podré admirarla,

pues merezco que tus rayos

me apadrinen y me valgan.

Violante

Felice mil veces yo que,

pues entre finezas tantas,

ningún desmayo me ausenta,

ningún susto me desmaya.

Que en fin con verdad me estimas!

Laurencio

Tan sin engaños el alma

te adora, que solo aprecia

la acción con que te idolatra.

Hablando los dos se retiran a una parte, y por otra salen don Vicente, Diana y Tisbe.

Don Vicente

Quien llega a oírte tan fina,

quien ya te practica humana,

ninguna esquivez recelo.

Pag. 122

Don Vicente

ningún recelo contraiga.

Diana

La dichosa, ay celos, veo

que mis enemigas ansias

cesaron, que en fin no finges?

Don Vicente

Mal puede fingir quien guarda

del objeto que venera

la cualidad soberana.

Violante

Sígueme, que pasos siento.

Laurencio

Tu luz sigo.

Vanse Violante, Leonor y don Laurencio.

Don Vicente

En nuevas llamas

mi amor queda acrisolado.

Sale Alejandro.

Alejandro

Cuando don Laurencio falta

de su cuarto, y oigo voces

en esta frondosa estancia,

sin duda corren mis celos

o tormentas, o borrascas.

Diana

Ven siguiendo, que parece

que entre esas espesas ramas

sentí rumor.

Pag. 123

Vanse Diana, don Vicente y Tisbe.

Alejandro

Ay penas más declaradas,

Violante y Laurencio son;

yo he de ver en lo que paran

mis presunciones, ay triste,

que corazones me sobresaltan.

Vase.

Vuelven a salir don Vicente, Diana y Tisbe con luz.

Diana

Ya en mi cuarto, pero cielo,

si es ilusión que me engaña

mármol soy.

Don Vicente

Qué es lo que miro!

Señora.

Diana

Vuestra arrogancia,

atrevidamente necia,

y neciamente arrojada

haré castigar, pues vos,

engañoso.

Don Vicente

Que me falta

para perder el juicio!

Ved que yo...

Ruido dentro de abrir una puerta.

Pag. 124

Diana

No habléis palabra,

pues ya Alejandro, ay de mí,

la puerta abre. Ay tal desgracia!

Idos.

Don Vicente

La salida ignoro.

Tisbe

Ven conmigo.

Diana

La luz mata.

Vase Tisbe la luz y lleva a don Vicente por la puerta que entraron, y por otra puerta sale Alejandro.

Alejandro

Cielos, qué tirano asombro,

qué confusión tan extraña!

Tres bultos vi, que giraron

hacia el cuarto de mi hermana,

y otros tres en el jardín

de Violante, quedan; salga

el alma de un laberinto.

Dentro ruido de cuchilladas.

Alejandro

Mas otro abismo me llama,

para cuyo examen, quiero

dejar la puerta cerrada.

Vase por la puerta que entró.

Pag. 125

Diana

Quien se halló en tales ahogos,

quien entre pensiones tantas?

Si volviese Tisbe, pero

ya este rumor me señala

que vuelve Tisbe.

Sale Tisbe por la puerta que guio a don Vicente.

Tisbe

Señora?

Diana

Cierra otra vez.

Tisbe

Y tu hermano.

Diana

Sintió

el ruido de las armas,

y salió al jardín apriesa,

mas dime, sabes la causa

de tales contradicciones?

Tisbe

Lo que mi advertencia alcanza

es que al salir don Vicente,

con presteza arrebatada

saca el acero resuelto.

Diana

Yo soy muerta, Tisbe, que haya

dado un engaño principio

a penas tan inhumanas.

Pag. 126

Diana

que Laurencio, ay de mí triste!

burle mis finezas, hasta

empeñarme en el peligro

de esta honorosa amenaza!

Mas no le culpe mi amor,

que de sus prendas gallardas

ningún desacierto juzgo;

sí que todo ha sido traza

de Violante, mas ay Tisbe,

Alejandro vuelve.

Ruido de abrir.

Tisbe

Calla

y no te asustes, señora.

Dice Alejandro dentro el primer verso, y después sale con la espada desnuda y un criado con luz.

Alejandro

Presto, Sancho, esa luz saca.

Diana

Qué es esto, Alejandro!

Alejandro

Ha infiel,

quién entró en tu cuarto? Habla.

Aparte.

Diana

Él nos vio entrar, ay de mí.

En lo que dices repara;

Pag. 127

Diana

y ve que yo

Alejandro

qué reparo,

si a pesar de la noche vi

que hacia esa puerta cerrada

de azahares y de mirtos

llegaron tres.

Aparte.

Tisbe

Ya esto pasa

de información.

Alejandro

Y aunque atenta

les siguió mi vigilancia,

no pude ver dónde entraron,

y es imposible que hallaran

otra puerta.

Diana

Hermano, advierte

que es ilusión temeraria,

y para más desengaño,

tú mismo te desengaña,

si está cerrada esa puerta.

Reconoce la puerta, y la halla cerrada.

Alejandro

Cielos, qué es lo que me pasa!

Cerrada la puerta encuentro,

Pag. 128

Alejandro

y más con la circunstancia

de que yo tengo la llave.

Diana

Aun a creer no te allanas

que fue engaño!

Alejandro

Solo creo

que estas pensiones, Diana,

solo un hermano pudiera

padecerlas, y dudarlas.

Diana

Alejandro, los recelos,

cuando padecen instancias

de mal fundados, no pueden

asegurarse, pues cargan

sobre su misma violencia

la operación voluntaria.

Noble soy, y sé también

la obligación que me llama;

sé que me recatas mucho,

y aunque tanto me recatas,

nunca podré persuadirme

que el sagrado de mi fama

te haya dado algún motivo

para licencias tan vanas.

Ya ves quien hay en mi cuarto

Pag. 129

Diana

ya has visto lo que en él hallas,

yo siempre he de obedecerte,

preceptos de mi prosapia,

no oponerme a los extremos

en que mi nobleza raya,

mas también es ley del cielo

que no siempre las hermanas

oprimidas han de estar

sin libertad; que no labran

al recato las paredes

sino los muros del alma,

y cualquier mujer que tiene

obligación que la manda,

por estar más oprimida,

no está más asegurada.

Alejandro

Digo, Diana, que estoy

convencido y quedo hoy más,

o no me conocerás

pues otro paso a ser hoy.

Tu razón me persuade,

tu fundamento me obliga,

y sin que te contradiga

nuevos discursos me añade.

Pag. 130

Aparte.

Alejandro

Tu libertad tenga efecto,

no me lastime tu vida,

yo te respeto rendido

y me rindo a tu respeto.

La libertad que te doy

es por más asegurar

la verdad, y averiguar

este cuidado en que estoy.

Ay Violante, y ay de mí,

que en el jardín encontrase

la oposición que noté,

la contradicción que hoy.

Vase.

Diana

Piadosos cielos, ya creo

vuestra piedad, pues después

de tan graves sustos, es

más premiado mi deseo.

Ay Laurencio, ay dueño amado,

si otros brazos solicitas,

por qué engaños facilitas

a costa de mi cuidado.

Vase.

Sale Laurencio y Limón con luz que ha de ponerla a una parte sobre un bufete.

Pag. 131

Laurencio

No extrañes ya mi locura,

Limón.

Limón

Por qué?

Laurencio

Porque siendo

más allá del fingimiento

el logro de mi ventura,

con Diana pensé hablar,

ya Violante enamorada.

Limón

Si el manjar se barajaba,

no conociste el manjar!

Laurencio

No es esta mi mayor pena.

Limón

Pues qué otra puedes sentir!

Laurencio

Sí, ay de mí, un hombre salir

del cuarto de esta sirena,

y acometiéndole fuerte

mi valor; al primer lance

presumo que le di alcance

con los pasos de la muerte.

Pues cayó entre una arboleda

rindiéndose a mi poder,

aunque no puedo saber,

si herido, o si muerto queda.

Pag. 132

Laurencio

Pues retirándome luego

a mi cuarto, por no dar

principio a mayor pesar,

quedé mudo, absorto y ciego.

Que es Alejandro averiguo

el que salió, pues Diana

le corresponde.

Limón

Su hermana?

Laurencio

Qué dices, necio!

Limón

Yo digo,

que siendo hermanos los dos

no me parecieron bien

tus voces.

Laurencio

Pues que de quien

hablo yo!

Limón

Válgame Dios

de Alejandro, y de Diana.

Laurencio

Pues qué, hermanos son, Limón?

Limón

Pues no? Así como lo son

la camuesa, y la manzana.

Pag. 133

Laurencio

Olvida esa necedad.

Limón

No tengo más que decirte,

pues no puedo persuadirte

la dicha paternidad.

Laurencio

Mas que verdad, cielos, fuera!

Mi sorprende de tu aliento

disimulo es fingimiento!

Limón

Señor, de la mensajera

Tisbe, lo sé.

Laurencio

Qué me dices?

Si esto, cielos, es así,

y muerte a Alejandro di,

hados fueron infelices

los que con tal eficacia

mi felicidad desmienten,

pues un gozo me consienten

por medio de una desgracia.

Al paño Alejandro dice.

Alejandro

No darme por entendido

de estos rigurosos lances

Pag. 134

Alejandro

será prudencia, pues juzgo

que la amistad se contrae,

por los actos más ilustres

al hábito más constante.

Don Laurencio, y don Vicente

fueron sin duda, los que antes

perturbaron del jardín

las mudas serenidades.

Laurencio, sin que le culpe

mi amistad, ama a Violante

y sin salir de mi casa

logra favores tan grandes.

Don Vicente, a quien Leonor

la puerta del jardín abre,

nuevo género de celos

a mis cuidados añade,

con que viéndose mi amor

entre oposiciones tales,

teme el riesgo de perderse,

antes de verificarse.

Laurencio!

Sale ahora.

Laurencio

Alejandro, amigo!

Pag. 135

Aparte.

Alejandro

otras sospechas me caben

pues otro fue, según veo,

el que vi salir cobarde

del cuarto en que está Diana,

y el que entre angustias mortales

queda en el jardín, haré los

que respetosos pesares.

Yo estimo hallarte gustoso

en tu cuarto.

Aparte.

Laurencio

No lo extrañes

porque mi gusto consiste

en el modo de agradarte.

No darse por entendido

de lo que pasó, es mostrarme

que todo lo alcanza, pues

quien entre dudas tan grandes

algo ignora, lo pregunta

por no dudar ignorante.

Aparte.

Alejandro

Yo no sé qué medio elija

útil, para tantos males.

Adiós, Laurencio, que ya

es hora de retirarme.

Pag. 136

Alejandro

y solo he venido a verte.

Vase.

Laurencio

El cielo, amigo, te guarde.

Déjame, Limón, un rato

porque ya el sueño combate

de mis cansadas potencias

al discurso vigilante.

Limón

Replico que en efecto

un lacayo siempre trae

por los precisos ayunos

las vigilias casuales.

Vase.

Laurencio

Ahora llego a entender,

según me informan los lances,

que Diana, y Alejandro

son hermanos, y es bien fácil

de inferir, después que sé

que el cuarto que habita, es parte

de esta casa, si bien tiene

puerta al jardín de Violante,

y en fin ya distingo ahora

los motivos especiales

de las señas, que me dio Tisbe

Pag. 137

Laurencio

cuando quise adelantarme

a enseñar la copia, en que

quedó convencido el arte:

que le dé de su dama, dijo

Alejandro, aquella imagen

que su engaño mereció,

con lo cual me persuade

que no merece mi amor

en el recíproco enlace

por celestial resistencia

lograr la mano de un ángel;

pero mi mayor tormento

ay de mí! El dolor me mate!

es haber visto salir

de su cuarto, ha duro examen!

aquel hombre, cuando veo

que no es Alejandro, basten

tantas inclemencias, cielos,

cuantas me confunden graves.

Quédase dormido en una silla con un lienzo cubierto sobre el rostro, y sale don Vicente al paño.

Pag. 138

Don Vicente

Cerradas todas las puertas

del jardín hallo, sin darme

lugar, para su salida,

fuerza alguna, industria, o arte:

yo entré ultrajado, y ciego

con la opresión del ultraje,

llego a este cuarto, que sé

que es de Alejandro, vengo a un

intento, pues sé sin duda

que he de hallarle solo.

Diana al paño.

Diana

Amante,

y celosa vengo a ver

si las penas que me causen

se acobardan desmentidas

o se desmienten cobardes:

los celos, y amor me obligan,

a que sin violencia asalte

de mi propio encogimiento

la siempre cerrada cárcel.

Don Vicente

Pero ya el corto reflejo

Diana

Pero ya el desmayo pague

Pag. 139

Don Vicente

De aquel ardor casi muerto:::

Diana

De aquella luz muerta casi:::

Don Vicente

A mi enemigo descubro:::

Diana

Veo a mi Adonis amante:::

Don Vicente

Acabe una vez mi enojo:::

Diana

Mi pena una vez se acabe:::

Don Vicente

Despertadle primero,

pues fuera venganza infame

satisfacer con ventaja.

Diana

Mi voz ha de despertarle.

Don Vicente

Dando pues sobre el bufete

con esta espada brillante

despertara.

Va don Vicente hacia el bufete con la espada desnuda, y sale por el otro lado Diana que le detiene.

Diana

Aguarda, fiera,

detente, engañoso áspid.

Don Vicente

Ay, más impensado acaso!

Déjame.

Diana

No he de dejarte.

Pag. 140

Don Vicente

Así he de lograr mi intento

para que no pueda nadie

conocerme.

Diana

Advierte, mira,

que oímos voces:::

Despierta.

Laurencio

Fuerte trance!

Voces oí y la pavesa

a mi duda satisface,

pues la luz mataron.

Don Vicente

Deja:::

Llega a desasirse don Vicente de Diana, levántase Laurencio, y don Vicente se retira con la espada desnuda.

Aparte.

Diana

Tu intento ha de ser en balde.

Id, cuidados, aprisa

sacad luces. Aunque extrañe

mi hermano el hallarme aquí

mas quiero en tan fuerte lance

dar a entender mi pasión;

que no que muera mi amante.

Don Vicente

El despertar me el cielo.

Pag. 141

Laurencio

Sin duda viene a buscarme.

Diana

Yo soy muerta, a dos cielos.

Sale Alejandro con la espada desnuda.

Alejandro

Confuso aquí qué miraré,

la voz de Diana.

Sale Violante por otra puerta.

Violante

Oyendo

tanto ruido, voces tales,

llego al cuarto de un ingrato.

Salen criados con luces.

Laurencio

Un Etna en mi pecho arde.

Diana

Mármol quedo.

Violante

Yelo soy.

Don Vicente

De yelo me cubre un Alpe.

Alejandro

Cielos, aquí, don Vicente,

aquí Diana, y Violante,

los dos con semblante airado,

las dos con muerto semblante!

Don Vicente

Aquí Laurencio? Qué es esto?

Aquí mi adorada Diana ?

Pag. 142

Don Vicente

todos contra mi rigores,

todas contra mi desaires!

Alejandro

Decid cómo profanáis,

locos, ciegos, y arrogantes,

del sagrado de esta casa

las nobles seguridades?

Hablad presto, o este acero:::

Laurencio

Tente, Alejandro.

Alejandro

No pases

a impedir mi indignación.

Laurencio

Yo.

Alejandro

Habla.

Aparte.

Laurencio

No sé qué hable

en tal ocasión. Ay triste!

No puedo determinarme

sobre cuál de los dos sea

el que atrozmente cobarde

quiso que mi sueño fuera

tercero de sus crueldades.

Alejandro

Ha, acaba.

Don Vicente

Prosigue.

Alejandro

Di

lo que intentas.

Pag. 143

Diana

Qué mal hace

en no declararse, pues

es fuerza que se declare!

Laurencio

O vosotros, que asistidos

de dos aceros marciales

me amenazáis con el ceño

de esquivas fatalidades:

vosotras, cuyas voces

tiernamente favorables

defendiendo mi inocencia

os certifican deidades:

decid unos, decid otras,

qué fin, qué motivo os hace

dar, a la imaginación

sus pensiones tan neutrales?

Aparte.

Don Vicente

Sabiendo que en este caso

he de ser el más culpable,

en confesar la verdad

será fuerza adelantarme,

pues esta violencia es que tuve

por Alejandro. Escuchadme:

dos años hace que adoro

a Violante sin que en ellos

Pag. 144

Don Vicente

la merezca mi cuidado

un favor de cumplimiento.

Todas las noches oyó

la Alameda mis lamentos

dando al aire los suspiros

que me sepultaba el mesmo.

Merecí, en fin, la asistencia

de Leonor, y en aquel tiempo

pude entrar en el jardín

de Violante, con intento

de poner mi adoración

más próxima a sus desprecios;

de entrar, pues, en el jardín

nació el abismo primero,

a que Leonor satisfice,

cuando conmigo entendiendo

que hablaba, a Alejandro habló,

y por último, nacieron

los de esta noche, pues cuando

pensé encontrar el objeto

del alma, encontré a Diana,

y el equívoco siguiendo,

Pag. 145

Don Vicente

entré en su cuarto, y apenas

me ve Diana, y lo veo,

cuando turbada, me dice

me salgo, yo la obedezco,

y apenas dejo la puerta,

cuando con un hombre encuentro,

que furioso me acomete,

yo arrestado, me defiendo,

reñimos un largo rato,

en que tropecé cayendo,

con las sombras de la noche:

dejar el jardín intento,

hallo las puertas cerradas

y en tan intratables medios

confuso y desesperado

me llegué a esta pieza, y oyendo

a Alejandro, que según

examiné, es don Laurencio,

y tocado del furor, quise

satisfacerme resuelto,

intenté, pues, despertarle.

Pag. 146

Don Vicente

y entonces dispuso el cielo

el que viniese Diana.

Aparte.

Laurencio

Con esta voz cobro aliento.

Don Vicente

La ejecución suspendiera:

mis iras, en fin, confieso

de que en parte disculparme

pueden mi amor, y mis celos,

pero si Violante elige

esposo, desde aquí cedo,

a cuantas resoluciones

pudiere empeñarme el duelo.

Laurencio

Yo también, dejando aparte

los mal fundados pretextos

que por parte de Alejandro

a mis dudas concurrieron,

si merece la mano

de Diana, hermoso dueño

de mis sentidos, y a quien

desde aquel instante mesmo

que vi su copia, rendí,

alma, potencias, afecto,

Pag. 147

Laurencio

publicaré mi fortuna,

dándome por satisfecho.

Alejandro

Luego tú a Diana adoras?

Laurencio

Es la vida, por quien muero.

Aparte.

Alejandro

Feliz soy pues a mi amor

no se opone don Laurencio.

Aparte.

Violante

Y a mi amor es imposible

y por evitar empeños

elijo esposo. Alejandro,

mi mano es esta.

Alejandro

Trofeo

seré, de cuantas fortunas

pudo ver el niño ciego.

Da tú, Diana, la mano

a Laurencio.

Diana

Ese precepto

más por imperio del alma

que por tuyo le obedezco:

no hay amor que al mío iguale.

Aparte.

Laurencio

Turbado quedo, y confieso

que aunque premiado me miro

Pag. 148

Laurencio

No ha cierto a creer el premio.

Sacrificio de mi vida

vuelvo hacerte, y pues merezco

tus brazos, violentas aras

serán siempre, porque en ellos

los más dulces holocaustos

logre el más casto himeneo.

Danse las manos.

Limón

Tisbe en dos bodas bien cabe,

que se casen los terceros.

Tisbe

Soy más firme que una suegra.

Limón

Yo más galán que un camello.

Tisbe

Aquesta es mi mano entera.

Limón

Esta es de alabache, y medio.

Don Vicente

Cesando la oposición

reconozco mi sosiego

que es quietud del albedrío

lo imposible del deseo.

Todos

Y aquí tiene fin dichoso

nobilísimos ingenios,

La Alameda de Valencia

y confusión de un paseo.