إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los celos de Escarramán. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-celos-de-escarraman.
4.ª
Los celos de Escarramán =
Comedia burlesca en 3 jornadas_
Leg.º 29
4
2 9
La gran comedia de los Celos de Escarramán. Burlesca.
Personas
Escarramán
Gerigonz
Andrajo
Periorza
Garrote
Piltrafa
Macaqua
Salen alborotados Escarramán, Andrajo y Garrote.
Repórtate, dueño mío.
¿Qué quieres que me reporte?
Mira que estás en la calle
y tienes libre albedrío.
Advierte que desvarío
que Piltrafa me dé celos.
En comiendo los buñuelos
le aplacará el desvarío.
Pues de duda el amparo mío,
he prometido a Florillo.
No los veréis siendo ciegos,
que pueda haber desvelos,
que tenéis de mí miedo,
y el mi también tenéis.
¡Oh, cómo abrasa este fuego
de los celos malvados!
No pienso más declararlos,
vencerlos, que es necedad.
ofrezca de la verdad
y a mí escuece un araño
donde el valiente acudí.
Pienso que se está tocando,
y en pago la está arañando
la gata de Bonequi.
Ve volando, di que aquí
la espero, porque me dé
cuenta de un no sé qué
que he pensado esta mañana
aprisa, que por la ventana
toda la casa arrojaré.
Señor, ya voy, ten paciencia,
y ármate de advertir
que los celos por mentir
no son casos de conciencia;
mira que es universal demonio
el querer examinallos,
si los llegas a apretar;
es como el agua del mar,
que es buena para los callos.
Y haciendo de Almanzor,
veré, ya si doña llama
de que me aso a la llama
de un sirviente. ¡Oh, ardor!
¿No te vas?
Ya voy, señor,
no diré a mi señora
que la llamas.
Abrácale
Dame ahora
aquellos brazos.
No quiero.
Pues te haces majadero.
Vase
Dame ahora mi cantimplora.
Solo he quedado, ¿qué haré?
¿cómo qué haré? con soltar
del modo que he de matar
a mil infames reniegos.
Honra, no miráis que que-
joso un hombre de mi humor
nos deja. Me llamaron
que llamase a lo que quiero,
que no se dé su portero;
si de raso la quisiere,
dice que quiere la Piltrafa;
es mi hermana, ¡vive a Dios!,
que se le quite la baza.
Sale Piltrafa llorando
En ca de las marujas,
en ca la tía Macarrona,
adonde para el hampa,
pues no queda mujer mala
por la sala fronteriza,
en los espaldares cae su
ventanar, Maringata
vengo muy coronada.
Oyes en la mesma calle,
¿qué me quieres, Belcebú?
Sí, yo te quiero, mi diabla.
¿Qué es lo que me hablas en diabla?
¡Mírame atenta, oh diabla!
Dios ha, hermanita mía,
Dios ha que no ha semanas
que de Jesús, mi señor,
tengo juramento, juro a Dios.
A potillo, aquí de la buena,
y aquí de la gran Sultana,
que tengas tal desvergüenza
y atrevimientico, pícara,
para andarte a enamorar
sin acabarme tus manoseos;
si saco de las que verás,
vaya con el diablo viejo,
mas no he de estar contigo
que tú, sorda enamorada,
tienes juicio en el celebro, que
tienes en el cuerpo cara;
no la tienes, que ha de ser mala:
por donde fueras mirarás
con jerigonzas traídas;
mas que vacía de aspas,
un jeriponce en tu persona,
que no te entiende tu habla
con jerigonza, por vida
de Dios, con tu honra blanca;
que si te topo en la calle
que no he de dejarle palabra,
ven acá que se armarán;
¿no te he traído siempre a faldas?
Compañera por cuaresmas,
y abades por las pascuas,
los nabos a media noche
y al amanecer la vaca
para echar en los pucheros;
¿no te doy toda semana
dos maravedís de especias?
Que un prior no diera más.
No te llevo a la comedia,
no vas a ver a Juan Rana
y llevas por del haz y por el envés,
por de vista de los diablos.
Di zape y se para a espera,
un galán que está sin blanca,
y que para vender, amiga,
vendió antiyer unos trapos;
pues juro por mi fe, señora,
que a la hora del mi daño
que he de salir a matarle
con una quijada de asno,
dedo a dedo y puño a puño,
puto a puto y sarna a sarna,
lanza a lanza y después a cueros,
mano a mano y panza a panza.
(Muérdese, señala al que habla)
(Vase Escarramán)
Conmigo Geripondillo,
a mi terito, son de manios,
para mi humor es muy bueno
y más si es por las mañanas;
espera sargento en cueros
y espera moza callada;
que si a mi hermana pochurras,
yo pochurraré a su hermana.
A mí, que las vendo, niño,
tienes sangre en la cara,
tienes calla que para lío,
sus piñones han de ser francos.
Ojo a Dios, hijo de puta
que si hijo de puta es,
mi padre será una puta,
que para matar un puerco
ya solo me das finazos,
no son menester folías
donde hay tantos garabatos,
y he de vengar mis celos,
y verá este zarrapastro,
harrapado quién es,
Don Quijote de la Mancha;
quedárese aquí una follona
en cerro de Úbeda a la,
quien matando a mi enemigo
me vendré a despabilar a solas.
Ay, desdichada de mí,
que sin duda va a matalle,
yo procuraré avisalle
aunque de un maravedí.
No hay mujer más infelice,
válgame Dios, ¿qué haré?,
qué buena es para un romance
la historia de Juan Pérez,
qué haré, cuitada, qué haré,
que por Geriponcio muero,
por qué medio iré a buscalle.
De polvos, de lodoque,
yo no tengo el padre alcalde
por lío de mi ño manco,
que nos dio sin mesa y banco,
si se muriera de balde,
porque el tiempo es tan carero.
Juro a Dios, de veras hablo,
que está yéndosele al diablo,
cuesta a un hombre su dinero
a jaqueses, al calderón,
a matalauva, o a criada,
en bodas.
(Tómanla todos a una y entran)
Por dónde, señor,
hide los de cerrojos.
Entrad, no me repliquéis.
Pues, ¿por dónde?
Calla, puta franca,
sin ver ni por dónde.
Por cima no añade nada
entrar allá no podemos
mas por aquella ventana
puedes tú o arrojarnos
un pañuelo de palabras
No he de poder con el fardo
el mi escudero enojado
echad la soga del pozo
que un milagrón ha dado
Dinos en fin qué nos quieres.
Asirme de desengañada
que cuando vo a decirlo
se va afligiendo mi panza
Escarramán mi hermano
de la sin dicha Piltrafa
a Gerigonza lo quiere
pasar de calabazada
Chusma de monaguillos
arrojaos de las ventanas
que fía su bien a mujer
toda es una patarata
Señora no tengáis pena
ni se os dé media pitanza
que nosotros nos iremos
a acostar a nues, nos vamos
Ceno a solas y a dormir
que mi dueño es un ama
que en logar de la ración
nos da palillos de postres.
Vanse.
Al fin criados aleves
bien gasta el pan de mi casa
que nunca me habéis gustado
sino quedando yo a voces
fuéronse, solas quedamos
amor y honor qué decís
pundonor me dice, mentís
y amor rinde que callamos
paso a pasito vamos
honor por fama de una
que si el amor desatino
en este pleito preámbulo
lo pagarán su costumbre
los niños de la doctrina
enseñada me han dejado
gatos han ido a pasear
un sastre que me ha medido
ni aun catarro que me ha dado
no importa que a mí enfada
que sentada me estaré
hasta que sepa de fijo
la pendencia cruda y real
mi hermano tiene la maña
porque no me saldrá
Salen Jerigonzos y Escarramán con espadas desnudas.
Comamos entresijos
don Gerigonzos mi amo
que los buenos siempre comen
si no tienen vaca, nabos.
Mírese los gatos, ¿sabéis?
mi sarna y os la he untado;
desnudemos las espadas
porque estén como gusanos.
Vuestros celos son injustos,
vuestro rigor chavacano
y esos pasamanos falsos.
Desnudan las espadas.
Agora ha de quedar maniesto,
no lo andéis reparando.
Y agraviado, ni aun tantico,
que un tantico, ni un rasgo,
que un rasgo, ni un tilde,
que es un tilde, un enano,
que es un enano, ni un átomo,
que es un átomo, ni un minuto,
que es un minuto, ni un amago,
que es un amago, ni una brizna,
que es una brizna, un garbanzo,
que es un garbanzo, ni una abeja,
que es una abeja, ni un grano,
que es un grano, un arador,
que es arador, ni un comino,
que es la cosa más pequeña
que hay entre los alemanes;
que si hubiera tenido yo
en mi honra más harapos,
le hubiera hecho que tal
desde la pica alcance,
más que el mar tiene debidos.
Vayámanse de en derredor,
para sarna sanar habéis,
pues que así me habéis de sanar
con vuestra impiedad;
tirad una cuchillada a brazo.
Bajead más poco a poco.
Que por Dios que si me enfado
os hagamos añicos, que así
harto os he dicho, miraldos.
Que hablen las manos, que asina...
Tiren lodos.
Vuesa merced viene borracho,
que las manos nunca hablan.
¡Cuándo hablarán las manos!
Son muy poquito habladoras.
¡Ay, Dios, este neciazo,
mire que tira a matar,
y no te da en la calabaza!
Aquí, ¿qué he de hacer, señora?
Que te he de hacer espinaos.
Que te he de hacer pastelillos.
Que pies de puercos.
Que diablos.
Salen Carquies y Malanda.
Señor.
Señor.
¿Qué es aqueso?
Mi señora me ha mandado
que venga a ver la pendencia
con Carquies.
¡Pese a bofato!
Pues, no la dejé encerrada,
¿cómo la hablasteis, villanos?
Señor, porque entra la voz
por donde no puede un pájaro.
Que pasto para comedia,
juro a Dios que era apretado,
pero yo le aflojaba.
Toma, firme; grande andan las manos.
Luego, de vuestra hermanita
son los celos.
Sí, Zarmero.
Pues cuerpo de Dios con él,
sabón firme, que anda emberrinchado
por mi hermana jiferazo,
y no te fía en dos años;
tiempos de parlacorio,
por Dios que lo ha dejado.
Ande, se vuesa merced alto,
y en su vida terná cruzado.
¿Qué sabes, qué es barruntar?
Barruntar, untar con barro.
Pregunto, ¿qué es tener honra?
Tener dineros sobrados.
¿Cómo se vive a destajo?
Comiéndolo sin pagarlo.
Embainen.
Conténtame la bajeza.
Y agora, esta hidalguía, alto,
envainemos los tajantes,
desenvainemos los tarros,
y galán de un tantillo,
pasemos la riña en blanco.
No habló mejor Cicerón,
ni lo intentó Carlomagno,
pasando por Valdestillas
la suela de los zapatos.
Y vosotros...
Señor.
Por la de San Topacio,
por la de plata y luna,
que si habláis bueno, ni malo,
sino calláis por arriba,
que os hago hablar por abajo.
Temible, temerosamente,
de tus míseros criados,
que sin ti harán justo foro.
Lo dice mesmo su esclavo.
Pues por esa partía senda,
yo por este me iré lado.
Vanse, y sale Geringa.
Entiéndanme, maese Geripones,
a los tontos lo menguado.
¿Adónde estará mi hermano,
que desde ayer no le he visto?
¡Ay, válgame todo un Cristo!
Que el gusto resisto en vano,
que cada vez que no asome,
es mi mayor misplacer,
porque el no ver que la mi esferas,
cuantomás, si él no se fine.
¿Dónde estás que no pareces,
ay, mi Escarramán querido,
que he menester un vestido,
con un pan, con unas nueces?
¿Es posible, dueño amado,
que no te me dejes ver
en medio de mis dolores?
El mundo es un tiro al prado,
mas los hombres, dos traidores.
Sale Gorgón.
Bien escondéis vuestros bríos,
que verdugos y potros
los curarán a vosotros
que no sepan escarmentar
deste amor y borrachera,
va a parir una vinagrera
acabada de llenar.
Mi hermano don Gorrones
se enamoró de la chata;
a mí Escarramán me mata,
cuando por él me depones.
De suerte que dos hermanos
a dos hermanos queremos,
y pues sendas no tenemos
vayamos a darnos las manos.
Pues, hermano, ¿qué os ha tenido?
desmáyase
Escarramán ha venido.
Tóquenme un atambor.
En nombrando a Escarramán,
se le mudan los carrillos,
se le vuelven membrillos
y barbas cordobán.
Gran matón aquí encerrado,
si a Escarramán quieres ver,
nos tiene de ofender.
¡Ay, Dios!
Jesús, ¿desmayo?
¿qué es esto, hermana profana?
Oprimida de terciana
que no me pasa del sayo.
No me deis supositorio.
Sí me dio la nueva.
La mía, y mala la lleva.
Lameale chinelas por...
Yo tengo de averiguar
mis celos con una lanza,
mi Xerigonza.
Mi Macareo.
Y hemos de visitar,
porque el alma lo desea,
a Escarramán y a su hermana.
Ponerme quiero galana,
quítate de la jalea,
y vamos a visitarlos;
sino, que están sus juanetes
entre los lodos jinetes
de los venidos caballos.
Vamos, hacelles visita,
que yo sé que se da pisto
si a aquesta visita asisto.
yo veré si esto ha sido
Sale Escarramán con una llave grande.
Encerrada la dejé
a mi hermana, abrió dos ojos,
si ella come zarzamoros
gran mal has, por Dios y a fe;
quiero de aquí acechar,
veamos qué es lo que pasa.
Dentro Piltrafa.
Que por el humo de Baco
me vengan a mí a encerrar.
Por Jesucristo que miente,
que no la encerré por él.
Dentro.
Que por un moro de Argel
me haya negado el sustento.
Quiero abrir, que desvaría.
Dentro.
¿Quién anda en mi cerradura?
Yo, la Zarabanda dura.
Sale Piltrafa.
Bien venido, mi Pernía.
Diabla, hermana y mujer,
cuando estoy en pendencia,
¿entráis sin mi licencia
a un potrilla y su mujer?
Pues, ¿que vos os vais
y me dejáis encerrada,
sin dejar de comer nada,
no lo había de sentir?
¿Por qué de sentillo habías,
cuando de comer te dejo
cuatro bodoques de un viejo
con sesenta chirimías?
No me des filósofo, pon,
para poderlo pechar,
que el comer todo es tragar,
y hacer los celos son.
Llaman.
No hay que sospechar de mí,
que yo soy casta y honesta,
más que bodoque en ballesta
y flecha en turquí.
Pero, ¿quién llama a la puerta?
Con el revés del zancajo
tropezando viene Andrajo,
que tropezó en otra puerta.
Sale Andrajo muy alborotado.
Amos míos de mi alma,
en este instante se apean
doña Jeringa bribona
y don Jeringas bretón,
dijéronme que os dijese
que deis a los dos licencia,
o que se la tomarán;
¡qué estomagón el dello,
por dos gatos buenos mozos!
Porque él es como una dueña,
y ella como un ganapán
en los cuartos y en las velas.
Por extremos lo has pintado.
Andrajo, diles que vengan,
que han los dos de topar
los cuatro pies a la puerta.
Voy, mi amo, voy, que ya vienen.
Llego mas no, que ya llegan,
abro mas no, que está abierto,
entro mas no, que ya entran.
Sale Gergonio, y Xerenga.
Dadme a besar esos paños.
No agora que están muy puercos.
Dadme un brazo apretado.
No me arruguéis la pollera.
Gergonio a fe os despecho,
que no es falso que una urraca
que se llama Perigonio
gergonizar me quería;
tan rabiosa es mi facha,
un lechón y un alma en pena,
sin duda sois prevenido,
pues hay xeringos en ella.
Pues estáis muy engañada
que la ventura es la nuestra
pues a visitar venimos
dos bodegas excelentes.
Dan de favor aprendedos.
Xerenga venís muy bueno.
Bizarra moza estáis vos.
Mentís.
Dios me dé paciencia.
Oh qué hermosa está la Urraquilla
por Dios que parece entera
en lo largo del plumado;
morcilla del remeneo
que podría llevarse
en peso cuatro carneros.
Pero venir Gergonio
a visitarme a esta fiesta,
voto a Dios que es por mi hermano.
No es amor todo esto.
Mas antes que desmenuce
mis celos, y mis sospechas,
quiero averiguar muy bien
si la fingís vos locura.
En la cena veré
si Escarramán se encelara
que ha de morir voto a Dios
si a Xerenga da veneno.
Ya hemos cenado los dos.
¿Dónde amigos?
En una huerta
que está en el prado camino
de San Clemente de Meco.
En efeto ¿cava Meco?
Y no decís cava Meco.
¿Qué cenasteis?
Un panecillo
o, una maleta de lomo
de sangre cebolla y trapos
que es la morcilla de peso.
Sacan una mesa dos criados y un pícaro con una tortilla al hombro, y una bota.
A la plaza a la vianda
que quiera Dios me la den buena,
dadme de los corchos huecos.
Mas después será la cena
cenada otra vez por mí.
Siéntanse.
Que es chanzas y don Henrico,
que para reñir a centellas
no ha menester diligencias.
¿Qué es aquesto?
Pie de puerco.
¿No lo veis?
Aunque sea,
guárdenle para mañana,
pues que tiene faltriqueras.
Saca una bota de la pretina Zarquero.
¡Del Jesús!
Aquí la tienes.
¡Qué linda botija!
Bella.
Es de Venecia este vaso.
Que no, sino de vaqueta.
Para haber bota de vino
me traen bota de pretina.
Voto al Cristo, que al Jeringa
perigones le hace señas,
y que le tira zapatos
encima de los cabellos.
Olvidado que Escarramán
a Jeringa ha espiado,
y que al descuido le han dado
tres besos en la mollera.
Zarquero, con malaveta,
tomen todos los cajuelos;
yo lo huelo desde aquí,
que fío a Dios que han buenos fieros.
Ya no lo puedo sufrir,
¡válgate grande desvergüenza!,
arrojarme a mí los cueros
y comerse las ciruelas vos.
Levántase Escarramán, derriba la mesa.
Ya es ocioso el disimulo,
salgan a plaza mis quejas,
pues se comen los meollos
y me dejan los roedos.
Piltrafa, que llaman falso,
pluguiera a Dios no lo fueras,
que noto bien que los piltrafos
de todo punto lo sean,
como con don Gorgonio,
por debajo de la mesa
danzáis el pie a prisas,
todo de mudanzas viejas.
Jeringa, prima carnal
del aceite y jirapliega,
hermana de un boticario
y tía de una enfermera,
hedionda de pudrición,
que a cualquier parte que vayas
siempre te quedas detrás,
haciendo malas ausencias.
Como con Escarramán,
pícara, te regodeas;
pues yo haré que presto digan:
«¡Vaya la hora de enhorabuena!»
Bravamente se empelotan,
en diablos se forjean.
No hay amigo para amigo,
los canos se vuelven canas.
Yo os buscaré, Gerigonza,
y dar de mi coto apriesa.
Voto a Dio, Escarramán.
Fuego corrió en mi conciencia,
porque me han pasado de vino
más de tres litros y medio.
¡Ay, Jesús, qué hado tan triste!
¡Ay, endemoniada yedra!
¡Ay, maldito pie de puercos!
¡Ay, borrachos adoquines!
¿No os vais?
Dejad que me alumbre,
que está escura la escalera,
y no os mataré después.
Saquen hachas.
No las saquen.
Dénnos un cabo de vela.
Saquen un candil siquiera.
No saquen ni onza torcida.
No, pues venga una pajuela.
No ha de venir. Voto a Dios.
Pues, voto al Cristo, no venga.
Zar., que él le mete mano.
Tú, andrajo de copla, afuera.
Riñen.
Que se matan mis amantes.
Antes dejéis que la toquen.
Vamos a beber.
¿Adónde?
Al posar o a la bodega.
Al repostero me atengo.
Juro a Dios que nos topa.
Pues yo me voy a arrimalnos.
Con un pañuelo de seda dance.
Eres linterna a oscuras.
Eres lince reojos.
Eres zapata.
A la puerta del paño.
Eres borraje.
Eres tabaco.
Eres perra.
Hermano.
Hermano.
Apartad.
¿Oís, bobo?
Sí, badea.
Aquí acabó la amistad.
Fin de la jornada primera.
Y recádanse por su puerta con su hermana concertada.
Segunda Jornada de los celos de / Escarramán. Burlesca.
Sale Geringonza solo.
Malhaya quien tiene hermana
y no la da por un fleco,
habiéndola de hacer labor,
desde un enero a otro enero.
Malhaya quien vio los cueros
alistar echando remiendos,
y desde las pedorreras
hasta los tirabragueros
a Jeringa, ¡a Alá pluguiera!,
(¡moro no, que este es juramento
de moros y judío,
moro, ni cristiano viejo!),
¡a Dios pluguiera, Jeringa,
hermana mía, que a trechos
te hubieran salido ronchas
en el alma y en el cuerpo,
y no que por tus antojos
me obligues a un desconcierto,
y no de tripas, que por leve
pasarán los enfermos,
sino de honor, donde es fuerza
que quede en el campo muerto
don Geringonza tu hermano.
o el Gil escarramanero,
yo voy a desafiarle,
aunque temblando de miedo,
porque el alma de los presos
su hermana Piltrafa asentó.
Allí, ya yo me determino;
allí, ya yo me desmayo;
allí, ya yo me emborrico;
allí, ya yo me emperezo.
¡Ah de la casa encantada,
cuyos aleros que hoy
están llenos de pájaros,
por ser de edificios viejos!
¡Ah de la torre del orbe,
cuyos veletos a vuelcos
ya son nidos de cigüeñas,
ya son pocilga de cuervos!
¡Ah del muro de tan buena
que pareciera bodega,
si hubieran sido curiosos
en poner unos torreznos!
No hay un gigante, un enano,
una dueña, un escudero,
una criada, un lacayo,
o dos sierpes, que es lo mesmo.
Sale Andrajo.
¿Quién el amén se le dan,
queda a diestro y a siniestro
tan de gratis en la calle,
estando todos durmiendo?
Andrajo, dile a mi amo
que a desafiarle vengo,
y que hasta que haya quien me rapa,
no salgo de allá dentro,
y avisa que se detiene.
Juro a Dios que está hecho un cuero,
y que ha sido de lo furo,
pues que desde aquí lo huelo.
De lo furo o lo barato,
haz lo que te digo, necio.
Sale Escarramán, Piltrafa, y queda aparte.
Andrajo, ¿qué ruido es este?
Desde aquí escuché, hacia fuera,
que Perigones está fiero.
¡Escarramán y Piltrafa negra!
Perigones, ¿qué queréis?
¿Qué queréis, vuestros recovecos?
Pues ¿qué he de querer, tener?
Yo, un hado y mi remedio;
yo, a Escarramán, que en los ruidos,
que andáis con los ojos a ruaneses,
y que yo de propósito no quiero,
aunque mi hermana a palos venza bríos,
mas si pensáis por fiero da lisonjas,
esto dejando vos a los cocheros,
que ronden a Francisca, Catalina,
Pichón, Jordán, Machado, la Cotorra,
por me dejar a mí asombrado;
todo el desafío paró en vino,
y yo desafío hasta el redaño
el pícaro, el preste y Sapino.
si sucediese darme algún araño,
Escarramán, no se me da un comino,
que yo tengo en Madrid un cirujano
que pudre todo cuanto topa sano.
Atento os he escuchado, caballero,
y si hubiera de dar satisfaciones,
no pudieran caber en un mortero,
ni en cuarenta medidas de a tostones;
a vuestra hermana vi a diez de hebrero
haciéndole al vicario dos colchones;
yo la miré, miróme en los establos,
y aun dio una mirada de los diablos.
A fe que quedo de armas victorioso,
aunque de ello no me estaba a cuento,
desembaina la espada, ¡qué brioso!,
pues que no renta nueve por ciento.
desenvaina / sale Piloto
Un tercio de la espada está mohoso,
porque se le prestó al rico avariento,
pero con lo que queda de la espada
verán que para la riña en nada.
¡Ay, que se quieren matar!
¡Vayan, que se quieren herir!
¡Ay, que a empezarse quieren!
¡Desdichada, pobre mí!
Gregorio, Escarramán,
no permita el Dios Macón
que a barrigas tan hidalgas
les descubran el barniz;
una dama a quien lo pide,
ea, por amor de mí,
so, paso, no haya más,
meta paz el alguacil.
A tan eficaz palabra,
¿quién, señora, se ha de agraviar?
Ya lo entendí,
que va por ti, caballero.
No, hijos, vengan en sí.
Ya trae a todos dependencias,
pienso que podré salir,
porque me vuelvo lanza
en encontrando una lid;
diez lanzas que me darían
en viendo algunas señorías
en el primero portal
me topo por ahí con mil.
No la deje entrar allá dentro.
En todo me persiguen,
hay genízaros a su cuenta
por lo que toca por mí.
¿Qué deje aquí dependencia?
Quédese, quédese aquí,
y agradeced que os libro
que le den a un alarife
si no, topará por ahí.
Como no pasa por mí,
quédese la riña en pie.
Y te la asentaré a ti.
mas que se quede en las astillas
adiós, corros.
adiós, hollín.
Vanse
por aquí me arranco yo.
Y yo me escurro por aquí.
Sale Malandrina
Aunque solos me han dejado,
no me han dejado muy sola:
el miedo me ha dado alas,
y el pulso mal sazonado.
Las cuchilladas no son buenas
para cosa de esta vida,
cosa asada no es cocida,
ni nabos son berenjenas.
Donde parará mi danza,
mas dondequiera que sea,
mal haya quien no le dé
con un tiesto en la mollera.
Mi nombre he oído en su boca,
por lo sutil y andrajoso,
bravísimo y rencoroso,
como el genio de la loca.
Celos y agua ardiente
que al corazón me ha llegado,
ojo de túnica negra,
hecha para pendiente,
nadie ose darle mamar,
que parecen unos ojillos
de banasta de mimbres,
uno chico y otro grande.
alabo yo mi pico.
agora lo empiezo.
Mis camisas y dolores,
guarda, guarda, por favores.
Para quien?
Mete paz Zaragueta
Para las que quedan.
Miren que se matan,
suelta, mala puta, a Andrea, por Dios.
Zaragueta, no, sino endiablado,
perro, déjeme suelta,
procedida blasonera,
es perdida pupila,
y he de raparle el tocado,
o sin sol, o a la sombra.
Sale Zaragueta
Y sin sebo una morcilla.
Tantas cosas doy, señora.
Cogiome por la cerviz.
Tambien pienso que la quemo.
Desde cuando?
Desde agora.
Zaragueta, no te empaches
de verdad, que estoy aquí.
Ya lo he visto.
Y quien soy yo?
Una Andresilla.
Y tu, quien?
La infanta.
Andad, malas.
Yo lo consiento,
temores de bofetones.
Mejor seran mojicones.
¿A dónde?
Vase Escarramán.
Sin Dios y a tiento.
¡Ay, qué furias, qué braveza!
Jesucristo en paz los ponga.
Que por una mala puta
nos quebremos los cascos,
No, sino que
no valemos dos maravedís
y dos pollos con agraz.
Pues las manos de mi pecho,
Compadre.
¿Dónde?
En mi aldea.
Voyme.
¿Dónde?
Vase.
A Leganitos.
Los dos se han ido, mozos,
¡oh mala, ay, mi ventura!
que no quise una asadura
por tener pocos atinos;
si por hacerle el hueco
a Andrajo me oyó Zarqueco,
¿qué he de hacer? Apelo a jueces
de mi pleito, y diez mil veces.
Mi marido ser pretende
Zarqueco, y de su rencor
que se le vuelva favor
esta boda como duende.
Yo quiero ser su mujer,
aqueste es sano consejo,
que no importa que sea viejo
como compre de comer.
Sale Zarqueco.
¡Ah, ah, ah, f, f, foo!
¡Quién, san Dios, te ha traído!
Respóndeme a desatino.
¿Qué te hago, o te he ofendido?
¡Jesús, y qué atrevimiento!
Porque mi humor se apaga
Viste un asno coceando
y toda la cerda en rosca
cuando le pica la mosca
sin saber cómo ni cuándo.
Viste así una muchacha
cuando empinando el vino
que tirándose del racimo
da de nalgas en el suelo.
Pues tal es mi amor cruel
cuando su furia me pica
que corre a que se salpica
y da de nalgas con él.
mi amor, si no le ampara,
vendrá a ser por mi Piltrafa
galán, cochero y mozo.
Y Jorge ha de ser portento
más que me quiere a mí.
Mariana es la Señora,
he de ver en su aposento.
Si en darme a conocer te empeñas
y rigores me declaras.
Sobra a par de castañas.
Ladinos, que han de empezar
con este hombre de pie,
que, lícito por Jesucristo,
guerra ha de dar, herido,
dos castañas de miel,
son jerigonzas el requiebro,
este es duende a quien veo.
Que Piltrafa viene allí,
aquel no, a mí parece.
Piltrafa a lo que repica,
temo desde adonde puedo,
que nos ameta en el peto
lo que perdimos en el guindo.
Sale Piltrafa con luz.
Maldiciones a la luz,
déjame con esta luz.
El bulto no le adormís,
ni a Mariana os asombre.
Cerrar quiero el aposento
y quedarme metido a solas,
mientras que flor amapolas
crecen con albahaca e hinojo.
Ahora que estoy de espacio,
hablad, pensamientos míos,
los escuros o los claros,
de cocina o de palacio.
Matarla quiero, la aleve,
quitarla quiero la llave,
pues para ratos de la calle
cuán bueno es el rebozarse.
Jesús, la luz se me amata,
quiero volverla a encender,
mas cómo tengo de ver
si al aposento no llego.
La llave falta de aquí,
y me topan dos mil cocos,
las puertas son de dos llaves,
mas a quién mandaré yo,
a mí.
Quién eres, fantasma o sombra,
cómo y de qué modo entráis,
ha remetido el temblor,
en medio en mi corazón,
dime quién eres, por Dios,
y no te hagas importuno,
de qué te paras hincado,
de que son sombras los dos.
Solos estamos, señora
Piltrafa, ya va de melindres,
que celos han, sin duda,
mal te quiero de veras.
Los celos son como ellos,
déjalos, mi bien, que piquen,
que entre dos que bien se quieren,
no hay donde celos dieren.
Hombre del demonio, ¿quién tiene...?
¿No sabes que hay mala mujer,
como a tan...?
otros pégante...
Piltrafa, no hagas pucheros,
que te he de quitar yo el...
pelo muy enramado.
Pasa tú, y detente.
Dentro Escarramán.
Abre aquí, hermana, ¿qué es esto?
¿Oídos, sorda, cueva, preñada?
No puedo, hermano.
¿Por qué?
Porque estoy sin escarpines.
Pues salta, medio descalza,
¿no puedes descalza abrirme?
No, señor, que me heriré,
que hoy en el dedo se me...
perdió la uña ayer.
¡Válgame el señor san Quirce!
¡Ábreme, llamo!
Ve arrempujando,
si hay necesidad de abrirte.
¿No quieres? Pues a patadas,
y a coces y a puñaladas,
haré el paso de la puerta.
Caiga, si falta, con...
Da patadas Escarramán, cae la puerta dentro, sale Matamico y Andrajo con sus espadas desnudas y queda descolorado.
¿A quién tres hombres a su puerta?
Si no quieres que me hunda
la casa en el espinazo,
y os haga...
Esperad, hermano,
que os he de dar los fines
de esta tan formal enojada.
Dile, no falte un tilde.
¿No sabes que te fuiste
(más, y después veniste), y se
que llama a la puerta,
deseada para que sea abierta,
y que dando mil voces,
la de en balde, como un...
que a no ser bocado,
que ni se le... ni...
Eso sabes a...
Ahora sabremos si se lo digo.
Entré bien descuidada
con la vela que siempre fiada,
que eres tan gran lagaña
que tienes tuerto el un ojo, mas no me engaña.
Ponela en la mesa,
la historia es esta, aunque la traza apura,
mas tomé barra a mano;
no te libre de hombre ni de alano,
pero, ¿qué pongo duda?
Pues que me ha tocado ser fadada,
golpes oí dar más que un batán,
que en casa de un doctor mohatrado,
con el rostro mudado,
y lo demás abajo, en postrer grado.
¿Qué es ¡ay de mí triste!, a cómo temo?
Pero ya no podía defenderme
de quien por forzarme,
hecho una onza, estaba a matarme.
Mas, como no era boba,
tomé la luz, y a escudriñar la alcoba;
llamé a llamaradas,
y no pude abrir, disparatada;
a voces pido la puerta,
y pues me ha de quedar la boquita a tuerta
con el que aquí está,
déjemelo a mí, que me acuesta.
Hombre peripatético,
esos del mundo so los éticos,
como siendo gramático,
vos en el amor poco práctico.
¿No veis que ando débiles,
a rodar y por las puertas, portátiles?
Pues que vuestra merced ha dicho
que se ha de vengar de ti mi señor tocho.
Señor, he de quebralle el hocico;
lidiaremos bríos en la primera rencilla,
que son dos puercos de vuestra merced,
y haré que queden sus ojos de añiles.
Tien razón, que es mi hermana,
y te parió por barragana,
que no sé si es espárrago o espárraga.
Quita el bozo, enemigo,
que quiero saber con quién ligo.
¡Ah, rufián, a la vieja
que se prende, tiene la oreja!
¿No ves que me picarán,
y de punta me darán pinos?
Pues, reñir, Marimachos,
donde los romanos andan...
No puede escapar, señora,
a que se maten los dos.
Encomiéndalos a Dios.
Estoy ocupado agora.
¿Luego no dices rosario?
¿Qué rosario?
Más bueno estoy,
rezarle he ahora yo.
ni tienes alma
Calmaos.
Aquí se acabó la historia,
ya quieren desenvainar.
Yo te he de hacer pechugas.
Esa a ti una pepitoria.
Riñen.
Dejémonos de quimeras,
que estoy muriendo de miedo.
Hola, ola, tía, quedo,
parece que va de veras.
¿A qué me dicen zapatilla?
A que esa gata muy zaina.
Oyes, la apoda en zaina,
o por zarzaparrilla.
Jesucristo, qué de enredos
en la redoma se dio.
Juro a Dios que no faltó
para darme dos mil miedos.
Que se matan, que se hieren,
a puro comer buñuelos,
que de Escarramán los celos
hasta en el alma le duelen.
¡No hay socorro, no hay justicia!
Jesús, esta pendencia
que por quitar su paciencia,
da voces a la inmundicia,
y pues no te he descubierto,
no te puedo socorrer,
antes otra vez te he de ver,
dándote un perro muerto.
Toma de mí esta palabra
a los pies, que de la compa
queda por su mucho lomo.
Anda con el mulo a la villa,
que queréis vosotros miajas,
agora estoy más dudoso
que no tenga yo reposo
para bailar las folías.
Entre hermanas a Dios pluguiera
que nunca lo hubierais sido,
pues me tenéis encogido
como fruta de la vera,
entraréis, no me repliques.
Pues di tú y no me aflijas.
¿Quién te dará dos capas?
¿Quién te pagará festipiques?
Tras vuestros amos fregar,
hagamos todos lo mismo,
sin echar reflexiones,
ni leer Alcorán.
Ven, mi dulce Andrajo, vamos,
no nos den a ver la muerte.
Espérame aquesta noche.
Aun nos vamos al mojiganga.
Sale a la puerta Escarramán y detiene a Andrajo.
Andrajo, un momento espera.
¿Qué me quieres, amo mío?
Que me traigas un navío.
de plata de Talavera
visita a doña Sirena,
pues mi mucho amor confiesa
como negro de Mandinga,
dila que por ella muero
en el carnal de en Cuaresma,
y que tengo vara y media
arrugada del braguero.
Dile también que he de ser,
aunque le pese a mi esposa,
como ella me dé su cosa,
yo la tengo de querer.
En fin, hermano, Melisena
se recoge los faldos
y me pone en los zapatos
la baqueta de la pena.
Disimula, hable el bueno,
y en viendo la suciedad,
se ha de ir por un lado
la torre de Santa Cruz.
Vase.
Parto hacer lo que me mandas,
Parto criado obediente,
que bien llora y que bien siente
quien es zanapán de todos.
Enamorado y celoso,
celoso y enamorado,
potro soy desvencijado,
desvencijado y potro.
Con amor y con braguero,
con braguero y con amor,
sin remos y con modorro,
está mi alma liosa
como mi cuerpo en el morro.
Unas veces soy don Blas
y otras veces soy don Luis,
y en esta grave porfía,
el senado porque se asombre,
vengo a tener tantos nombres
que parezco letanía.
Sale Pernaza zapatera de viejo.
Caballero noble,
en quien puso Dios
en tu boca el sí
y en tu cara el no,
si tanto os preciáis
de fino amador
como Diomedes,
libros de terror.
Si como zapatero
sabéis llorar bien,
sabéis hacer
de la flauta el son
y desmembrar leones
de valiente furor,
que vengo trabajando
por cantar fa sol.
Echaré un paso
con algún doblón
porque los malos...
nunca tienen ya
qué encubierta dama
(que de pabellón
o lecho llaman)
que no os compadezca
si para lanzar
de mi vellocón
tenéis la voz buena
mala os la dé Dios
quitaos esa albarda
Jesús, Dios, quién sois
porque un disfraz
me da el corazón
que por mi dinero
me tenéis amor
eres mi jeringa
detápase
gana parece hoy
que vengo a buscarte
como de antes bien
a una pesadumbre
que os da de traición
salen Pedrosa tapada y Perigón
yo mal haya el alma
que no te he dado
mas, mi hermano, vienes
tápate, chato
lo que lance sea
tápase
por amor de Dios
Clavelico, mi albarda
dime, florilla
mas, ¿mi hermano es este?
¡Oh, válgame mi Dios!
qué flor de guapos
es profeta amor.
salen Malduca tapada y Androso
Dime la amiga
Dime la amiga
Dime, sí, hermana
no deis qué hacer
si me da enojos
cara está sin ventura
camuesa.
Sí.
¿Eres zurda?
No,
para su provecho,
no hay zurdas aquí.
¿De dónde vienes?
De amar el sol.
Solo por honor
lo haréis.
Recio,
mas mi amo se espía
Mi amo, por Dios,
a qué trae enojo,
no daré un asión
por las dos, capados.
Si os pesa, putos.
sale Ganchuelo en bragas
Siguiendo he venido
aquel mi dolor
de tripas que inventa
darme madrugón.
Hablar encubierto
a Andrajo viejo,
matanza he de hacer
si cojo a los dos.
A, señor don Pericungo.
A, señor Escarramán.
¿Sois de bronce o tafetán?
Ni sois de bronce ni brujo.
Al corazón me penetra.
En hito de enamorado
el cetro podéis llevar.
Ni llevo cetro ni cetro.
Hombre, muéstrate aquí hígado,
que ya aguardo, van atados,
molletes de pan picado,
nunca le he santiguado.
A mí me importa muy poco,
¿quién es la honra que habláis?
A mí me importa que os vais
luego a limpiarnos el moco,
porque conocer pretendo
la chula que va con vos.
Yo no he de jurar a Dios.
¿Por qué?
Porque a Dios ofende.
A Polianea.
La de mi bravo se deja.
A Pericungo.
De mi bravo mamporrero.
A Matasiete.
De mi bravo que bosquiero.
Si es jaldre o papahigo.
Qué haré fortuna, ay, ay, ay.
Y ay, ay qué haré fortuna.
Seamos todos a una.
Que esta pared se cae.
Pónense todos tres juntos, que tiran a una parte, y a los que hacen la fuerza de entonces, y caen ellos.
¿Qué pared?
¡Qué jerigonza!
Todos se han arrojado.
Pardiez, que nos han topado
lindamente perro muerto.
Y que bien bastan de las espaldas.
Traedme mi hermana que llore.
La mía y otra traidora.
¡Malhaya el bellaco memo,
ese Andrajo y la doncella!
Yo creo que se los ha llevado.
Yo no lo quiero tomar.
No hay lugar.
Pícaro, suelta la espada,
y vente ahora a mí.
Ya escampa,
pues he de dar papilla.
No ha de valer cobardía.
Mentís.
Juro a Dios que os trampeo.
Mi hermano está prisionero.
Escarramán, a la espada.
mas la mi alma ofendida
lo que vi contigo hablar.
Mentís.
Mentís, y no agravias;
y has de ver mi original,
no has de matarme, que se ve
que anda por acá el demonio.
A Inés voy, confesión presto,
llámenme a algún confesor.
Y en venganza, le di
yo a ti la herida mortal.
Yo me voy a retraer
al portal de algún fiscal;
porque si voy a la iglesia
y el muerto llevan a ella,
no faltará quien me diga,
robando la capa mía,
y a salvamento en la gloria,
murió don Escarramán.
Una herida como un huevo
tengo en este calcañar,
y la sangre que derramo
es agua de por San Juan.
¿Quién me tomará la sangre,
si yo la quiero dar?
¿Dónde están, truhanes míos,
que no se duele ninguno?
Cuando hacen de mí morcilla,
todos me desamparáis,
unos lo saben de diestro,
otros, falso o desleal.
A mi señor, armad todos,
llégate, Zarquillo, acá.
Mataduras son de asnos,
que albardas, y más somos.
Sale Jeringa con una bota.
Loca por aquestas calles
ando endiablada a buscar
a mi Escarramán querido.
Ay, Jeringuita, aquí estoy.
Ya aquí vengo a servir.
Agora me servirás:
que los jeringos se hicieron
para alguna enfermedad.
Vase.
Y con este bando yo aprieto
la herida, y a Dios quedad
todos, porque mi hermanillo
me espera en un muladar.
Espera, Jeringa, espera;
mas, ¿cuándo pudo esperar
el que tiene una jeringa
un cuarto de hora no más?
Ven, señor, que te desangras,
¿adónde está la herida?
Atrás.
Tomadme la sangre a prisa.
Tome vuestra barra, voy.
Yo he dado fin a mis celos.
Y fin con esto han de dar
a la segunda jornada
los celos de Escarramán.
Llévanse en hombros los dos con que se da fin a la segunda jornada.
TERcera Jornada de los celos de Escarramán, burlesca.
Salen Jerigonza, Pelirroja y Andrés.
Tú eres amante fiel,
noble, sino monicaco,
pues vos hacéis un Horacio
a mi hermano en el canelo.
Si me amaras en algo,
claro que me lo hicieras,
pero sois todo quimeras,
sin caballo ni talego.
Poco estimáis a las damas
con un hermoso amago,
que del A B C la O
no se come con engaños,
que le dan ya quemada,
por Dios que a lo viejo está,
no hay más que véngome acá
sin traer una ensalada,
no hay más que tengo mohína,
para dar a mi hermano
por pagar el cirujano
hilas para trementina.
Qué demonio, me avergüenzas,
haciéndome pantufladas,
que te calzaré a patadas.
Antes que te lo comieses,
si tu hermano es mi hocico,
que un aspa le tengo yo.
Mal haya quien te parió.
Lleve el diablo quien te hizo.
No me veas más la cara.
Ese es favor singular.
Una gata de pesar
me ha dado.
Y a mí una vara.
Ea, leones, no hagamos,
que yo sé que esta pendencia
la arman en su conciencia
un seis, un siete y un dos;
no riñáis, andan tan rufianes,
que en esta pendencia breve
ella tiene veinte y nueve,
y el galán cincuenta y dos.
En tu vida me has de ver.
En tu vida me has de hablar.
Rabiando estoy por matar.
Muriendo estoy por vencer.
Tened, no lidiéis, los dos,
señora, no se apasione.
Di que me traiga los botes.
Di que me vuelva mis piojos
y de ellos consienta despojos.
Tu boca es como fuelles.
A Dios, dame mis papeles.
Ya los vendí para especias,
mas porque no haya amagos,
los míos luego me da.
Tres papeles.
Sí.
Cuánto va
que me sirven de recados.
Ea, sean amigos,
pues sé que lo tenéis gana.
Si él jura el valenciano.
Si se quita los bigotes.
Abrazaos y ande el encuentro,
pues no venga a ser empate.
Abrácense.
Ay, Pilona, sois un ángel.
Ay, jerigonza con piojos.
Locos y ciegos de puro amor.
Perdona el rey de los bravos.
Mi borrica.
Mi jumento.
Dame siquiera un favor.
Toma aqueste tocador.
Dale un pavano.
Un sombrero le aplico,
que a los que los celos pican,
a quien le toma sin paz;
que me le trujo de París,
comprado de mi sudor.
Adiós, Zancajo, adiós,
ya en mi sombrero le pongo,
porque un tocador es hongo.
ni un enojo falso, pero
desde hoy estaré quieto,
pues tanto quiso ensalzarme
un rascador de mudarme;
darme quiero el parabién,
bendito sea Dios, amén,
que tengo en qué rascarme.
¡A mi alegre corazón,
a un rascador de pámpano
los vinos de San Romano
no daría su comezón!
Vaya al picante ligador,
quien me blandea y sin rebaja,
del cogote a la faja,
sin dar a rascarme treguas;
gemirán doce leguas
el rascador de estropajo.
Quedo, amantes rascadores,
vayan poquito a poquito,
no ensucien en el delito
de los que dicen amores;
y si entrambos a tambores
seguros quieren tener,
ténganme tanto placer
de asirnos los dos la mano.
No tengamos ya baraja,
si acaso los alcanza a ver
el hermano Escarramán
como nombre de ermitaño.
Bien nos dice este pícaro:
a Dios, Eva.
A Dios, Adán.
Por Dios, que va muy galán
este arpón a quien tiene amor.
Home, sepa, no me asir,
que quien
dicen que siempre se viene
a buen tiempo un rascador.
Danse y queda Gerónimo. Sale Escarramán, la soga como banda.
Ese tono sé que tienen en mí
después que convalecí
de la enfermedad pasada
que me puso en la estacada.
Sin dejar estropajo,
diéronme por mi trabajo
sin ver que los caramelos
son dulces como los higos;
pero ya somos amigos,
como rapazas, flojos los
pechos eran bastardos,
que mataban más que albardas.
Mi pensamiento afligido,
pues ya me he resuelto
de dar en una verdad.
Celos, ¿qué es esto que veo?
Hablando a solas.
Y habiendo olores,
¿o que Escarramán le huele?
que se pega como peste
o como sarna a lanfes.
Dándole a besar la mano.
Qué hay, don Mirón de basura,
vuestro lenguaje me obliga
a que os dé mi mano amiga.
Yo, al fin, mi Zarabanda,
¡cielos!, que esta es mi banda
que mi hermana trae prendida,
mas renuncio de la danza,
como se la dio a este mozo
sin estimarla en un cuarto,
pues voto a Dios que la parto
y que beba agua del pozo.
Apenas ya hablaros puedo,
que a la herida tengo miedo,
¡ay, hermana sin color!
no sé qué es de el tocador,
que se hiede desde lejos,
ha roscado, qué haremos.
si hasta el alma se pasó,
¡oh, qué bríos, qué estragos!
por Dios, que son bravos estragos
el ladrón que se le envió.
¿Qué estás diciendo entre dientes,
entre muelas, barbajanes?
Mira, boba, ese tocado
que fajado en la rosquilla
pueda guardar el sombrero
para plato de familia,
¿quién os le dio?
Maja, maja,
que pasa todos los días
vendiéndolos por mi casa
y sin vergüenza comprarlos,
los encaja a tres reales,
mas la banda pacífica,
¿quién os la dio, Escarramán?
Compréla en la Espartería.
¡Qué lizos sufro!
¿Qué estofa es?
Que es de honor.
Que es de lino.
Pero yo me haré verde.
Pues bajan mis bríos.
O he de reventar mis tripas.
A tu hermana le habla.
Quitados los celosíos,
si a mi hermana le veo.
Concedidos los padrinos,
pero por Dios que nos demos,
y no hagamos las paces,
que por ver en lo que para,
no te he de hablar en mi vida.
Mas callemos, que ahora
no le van temas, aliño,
que tiene hermana, alhaja
vistosa, siendo de precio;
para el que entre por donde
mala se hace a los visos.
¡Ahora bien, Escarramán!
Yo he de daros general albricias
de que ya tenéis salud
a una fiesta en una quinta.
De hidalgos, as valen quince,
y si el punto no le quitan,
valen veinte.
Contador,
podéis ser de entrambos juegos.
Ya sabéis, don Gerónimo,
la fiesta, yo y mi hermana,
con tres criados que tengo,
iremos a la Florida,
y llevaremos un pan
que no se halla en la villa,
y no querré que tengáis
tanto costo
a fiesta mía.
¡Ah! que vos llevéis un pan,
y lo demás demasía,
más vale que llevéis todo,
todo a costa de cariño.
Pues, ¿cuándo queréis que vamos?
Mañana, si hace buen día.
Pues, adiós, don Gerónimo.
Adiós, don Roldán, y miren
no me envíen a imaginar
que está altiva la ceronga.
Si este abre los cerrojos,
por abajo o por arriba,
voto a Dios que he de sacarle
los mocos por un postigo.
Vanse, y sale Zaragüelles.
¡Braguerito, braguerito,
el diablo te trajo la pretina!
Que por ti vivo baldado
del amor de una ánima.
¡Mala vía me dé Dios
porque ando afligido,
que en los tormentos de amor
hasta un andrajo se lastima!
Andrajo, de privado
de la privación misma,
o privación de la mermada.
Harto os he dicho, miradlo.
Sale Malafuca con una cuadrilla.
¡Ah, Zaragüelles! ¿Con quién hablas?
Tomad aquesta escudilla...
y para el invierno machos
abrigada la botica.
Para qué.
Para untarse,
mi señora, piden los vistos,
de comer un par de sesos
de lechón a la boba.
Si a mí se me sale el alma
de comer unas costillas,
por tu alivio, no por el macho.
No, no, que el macho se hincha,
mas por hacerte placer,
cuando vamos a la quinta
mañana con jerguillas
y de a blanco.
Tararira,
dame la faldilla, y voy
por el macho, muerto y vivo,
mas cumpliré mi palabra.
Ansí lo cumplan tus sinos.
Vase. Sale Andrés.
A Dios, enredo sin mono,
en chapines de mentira,
estufa con guardainfante,
vergatona de a pandilla.
Pandilla chapallaba,
que hace aquí salida
Maluco.
Estoy pensando
cómo se hacen los morcillos.
Y cuál hará, nos amarla,
pensar en mis barajas.
Dame sobre mi prenda,
y braza y media de caricias.
En la quinta te hablaré.
Has de andar conmigo en quintas,
porque te tiren de capote.
Mejor fuera en una esquina.
Sale Zaragueta.
Ea, paje, cuerpo de Cristo,
un aguijón tan largo
más que ha de hacer un palmo
si la taberna me brinda.
Traes recado, Zaragueta.
Si trujera una pretina
yo te diera su recado.
Que armaste mi perrilla.
Ármale la zancadilla y dale con ella dos o tres coces.
Ay, qué porrazo tan grande.
Cuál os ha dado buena pieza.
Que me ha abierto la cabeza,
sin tener ninguna llave.
Con qué ciencia, con qué arte
os pudierais curar,
adónde está, en qué lugar,
la herida para curarte.
Notables son mis excesos,
el amor no los disimula,
mas la herida es en el culo,
que se ha de curar con besos.
Reiráse Israel cirujano
de una herida tan trasera,
voyme.
Mala vida espero.
Yo no so judío, hermano.
Hiriéronme el ababol
y nadie por mí se enluta.
Dónde está el hijo de puta
que no se duele mi mal;
solíanse hacer caricias,
mis porrazos veniales,
y agora de los mortales
no tienes ningún pesar.
Sale Piltrofo.
Oyes, parece que lloras
y tas sin pagar porte,
porque en mitad de la corte
lo que es poco, nunca es mucho.
Qué es esto, qué gran mancilla.
Tenía trabajo, mi compadre,
y diome mal de madre,
y púsome una landilla.
Dónde te la puso, amigo.
Entre la buena pieza,
y quitóla en volandas
por ponerla en el ombligo.
Sale Escarramán.
Hermana tan descuidada,
no ves que es hora ya de ir
a la cuenta y han de reír
caldo, conejo, y sorda.
Vamos, hermano.
Qué es esto.
Zarquillo pataleando,
ni lloroso, mas que ando
oli dispensación, o incienso.
Ay alma necia,
que andáis con ruido báquico,
con una landilla ruin,
en la testa una sangría.
Deja, hermana la bermeja,
miren qué gran maravilla,
sino abrió una landilla
medio jeme de cabeza.
Bien si fuera algún araño,
cualquier cristiano se teme,
mas una herida de un jeme,
como vos andáis hogaño,
no hagáis tantos aspavientos;
levántate, baladrón.
No fieros, ni Escarramán,
que dos piques, y no afrentas.
Qué dice.
Levántase.
Que me levanto.
Y que me voy a curar.
Queréis muy presto sanar.
Sí.
Pues dase con un canto.
Harto buena es la receta
con una herida de un palmo.
Procura de poner ensalmo,
sanarás por la roseta.
Sale Malaueco.
Los corchetes están aquí
para que vais a la cuenta.
Hay papel, y pluma, y tinta.
No.
Pues qué se me da a mí.
Vamos, señor, que se enoja,
sin duda aguardando está.
Con la del martes me da,
mal haya quien no replica,
prevenid lo necesario,
y vámonos luego al punto,
que han de tocar mediodía
de la calle del Calvario.
Vase.
Voyme por una pollina.
Vase.
Yo me voy por un pavo pecho.
Vase.
Y yo a que me peguen un harao.
Vase.
Yo voy, pues he de almorzar mañana.
Sale Jerónima y Gerónimo.
Estos verdes países
que los gozan los Pedros y los Luises,
estos campos amenos,
malos de pasar cuando hace menos,
esta tejida alfombra,
que cuando no hace sol, está con sombra,
estas amenas fuentes
que, aunque se ríen, nunca muestran dientes,
han de ser instrumento
de toda mi alegría y mi contento;
pues en aquesta quinta
tengo asida en mis prisiones a Jacinta,
cordones ahujeros,
los soldados comerándoselos.
Qué celos, saber quiero.
No serán de faisán ni jilguero,
sino de los guisados,
con asadura tierna lampreados,
en viniendo que venga
contigo mientras hablo,
a su hermana Filósofa de Alexandria,
por quien ando de suerte
que bebo el vino y dejo el agua fuera,
mas ruego a Dios que asome.
¿Quién pensáis?
A soplos de Mahoma, don Malandrino,
mi señora ha llegado.
Salen Malandrino, Drapo marqués cadahalso de palo.
Y aun mi toque verde,
y mi señora con su verdugado.
Preso ha sido vos por alcahuete.
Tres criados al bulto,
muchos huéspedes son por tener huelga.
La mesa está puesta.
Comerán los circunstantes a bofetones.
Entran Escarramán, don Pillote, Cepillo, Zarauza.
Venía recia un poco.
Corderos asados, y dos.
He de hartarme a tasajos.
Gustar el caldo granhote,
como perros de duendes.
No me lució, a fe, el banquete.
Pues de él he de mi dote.
Todos estamos acá,
mi señor don Gerónimo.
Señora doña Jerónima.
Digan que acá estamos todos.
En hora buena hayáis venido,
como a la familiar prisión.
Vos seáis tan bien venidos,
como a las manos el pestillo.
Piltrafa, vengan también,
como a la cabeza el moño.
Vos, Xeringa bien perdida,
que sois llamada de todos,
como erais.
Lo que...
La verdad.
Vos, ¿si no erais?
Lo propio.
Y no lo dijera más Juan Cano.
Lo dijera, que ya es poco.
Vamos a ver el jardín.
Vamos, señor Perigones,
a ver para qué nos damos
miramientos de ruegos.
Vamos, mi doña Piltrafa,
a ver dos fuentes de pecho
que, por no poder correr,
les llaman quedos.
Vamos todos
a entretenernos jugando.
¿A qué jugáis?
A los bolos.
Estáis bien.
Únicamente.
Y dicen que era tonto.
Ea, vamos al jardín,
y en él se armen dobles lances.
Juguemos al escondite,
que dizque es juego de arbitrio.
¡Oh, señor don Mendo!
Vanse y quedan Zarza y Mala Cuca.
Señora Ana Mendoza.
¿Cuántos manotazos quiere
por un par de soliloquios?
Mala Cuca de mi vida,
yo no quiero más sobornos
que cumplas la palabra
que me diste.
Eso es muy poco,
éntrate en mi aposento,
que verás junto al pozo,
que a la noria hoy armé
contigo un par de repollos.
Pues, mi bien, yo te vendré
para beber, un bocado,
caldo en lugar de agua fría
y por gragea, mondongo.
Pues vete con Dios, ve.
Pues quédate con el propio.
¡Ay, qué talle de píldora!
¡Ay, qué cara de harapo!
Sale Andrajo.
Mala Cuca, faraón,
que, endurando el meollo,
no me cumples la palabra
ni yo cumplo mis antojos.
Ya hemos venido a la quinta,
dame un cuarto de rebozo
o permite al frailecico
que coma en tu refectorio.
Junto al pozo está, mi Andrajo,
un aposento famoso.
Aguárdame en el callejo,
que mi vida pende deso.
Vive Cristo, que has de ver
mi mucho amor y mi odio.
Vete, no nos vean juntos.
Ya yo me voy para todos.
Andrajo, cata mi parte.
Maltuerta, no entre otro.
Pues vámonos a un paso
de comedia y ya me pongo
en esta puerta.
Y yo en esta,
empecemos el coloquio.
¿Qué tanto me quieres, di?
Como al sábado y al sollo.
¿Adórasme?
Ni por pienso.
Loca me traes.
Tú, mi tollo.
¿Qué te pareces?
¡Por diablos!
Eres sucia.
Tú a los codos.
¿Qué merezco?
Seis corozas.
¿Qué pretendes?
Siete cohombros.
¿Qué decimos?
Piquimiqui.
Cagueta y caguiña.
Y bodrio.
Calla.
Callo.
Ríe.
Río.
Vete.
Y me.
Para todo.
Concluye antes de entrar.
Doscientos versos a sorbos.
Vanse. Salen Escarramán y Piltrafa.
Pues que quiso mi ventura
que hubiésemos de coro,
rápame, hermano Piltrafa,
la corona y barba dura.
Barba dura pide jaque,
yo le raparé después,
hermano, más que le duele.
El que quiere que se rape,
por sacarse de trabajo,
yo lo diré.
En lo llano.
Rapa el piojo del verano.
¿Dónde iba?
En el cuarto paso.
Al paso, hermano bellaco,
que le duele la mejilla,
escusado el rapalle.
¿Por qué?
Porque ya huele a cepo.
Válgame Dios, qué donaire.
De todo lo que yo me lavo,
porque sueños de bledo,
todos son cosa de aire.
Pillota, arrimadme en más,
que soy (aunque me veis roto)
hombre de sangre en el ojo,
que me viene muy de atrás.
Salen alborotados Perigones, Xeringa, sin vestir
Por este escuro rincón
y detrás de aquesta noria,
quiero que escuches mi historia,
o has de llevar coscorrón.
Tolondros de buena gana,
los que me dieron a gritos,
como los higos maduros,
no siendo más de mañana.
Mal haya quien nos escucha.
Tirar quiero, hermano.
A Escarramán queréis bien,
y os deslumbran sus mohatras.
Amén.
Pues si ves que ya anochece,
cómo te puedes quejar.
Blanca viene la mujer,
o su hermano se parece,
que ha de ser...
A las diez.
Tarde es para lograr en quejosa.
No importa si el año acierta
y anda subido el almirez.
Sale Malauca
Señor don Jaime, aparte.
¿Del Nene, y de la alba?
Como más fuere servido,
que eso no viene a importar;
venga en hora a mandarme
que en la sala del portal,
siendo en cuchillos de campo,
que a suerte tira a viñas,
anda vestido de hombre,
que le ha costado un real,
con ropa de paño flor,
embajadora carnal.
Mientes, me dices verdad.
¡Oh! A Dios, que no me burlo.
Pues vos, ¿cómo, impacientes?
¿Dónde va, hermano, su merced?
Idse
¿Dónde?
De aquí a un hora lo verás.
Malauca, ¿qué pliego es lo...
Hechas de aquí tres riales,
para deciros que vayáis
(si queredes tener lugar)
al desvanillo más alto,
que allí esperando os está
de Perigones corrido.
Cierto, moza de garbo.
Herodías es, y no miento,
que por más disimular
se ha vestido de mujer
y parece a Barrabás.
Vase.
La ocasión no ha de perderse,
voy al aposentador.
Al diablo, ¿cuántas me imitan?
Cuatro tenemos en sal:
Bazarqueso, y a Indiasillo,
a Piltrafa, y Escarramán;
pero si os parecen pocos
encerremos otro par.
Señor Geresponis, oíd.
¿Quién me llama?
Un alemán.
Digo, alemana, que sois
muy femenina la faz.
¿Qué quieres?
Doña Piltrafa
dice que, tieso y galán,
del portal vais a la sala
donde sin luz o vela
escondida un hombre aguarda.
La ocasión, ea, gozad,
no temáis, que cuando mucho
al infierno os llevará.
Yo voy. Tomad en albricias
ese mendrugo de pan.
¡Gran dádiva!...
Vase.
...No repara
un amante en lo que da.
Qué severos son abuelos.
Xeringa, haceros lugar,
porque Escarramán os aguarda
en aquel alto desván
adonde a unos palomos
dice que quiere subir.
Vale cara la alfalfa
aunque me sude la cara.
No faltarán zanahorias,
hierbabuena y piedra sal.
De mujer se ha disfrazado
para no dar qué notar,
y que tenga el pago de Dios
cómo el vestido le ha quedado,
que dije.
Que voy volando.
¡Ay, querido Escarramán!
Que de emperatriz me has
hecho causa de gran afán.
Por Dios, los has ensayados;
esta es la hora en que están
tiernos andan con las quejas,
y el señor Escarramán
requebrando a Pueripompa,
y Xeringa con Piltrafa
trayéndose mil amores,
y vueltos en hacer paz,
si algún pavo como vos muere.
en retorno nos quedan
vaya adelante la birla
porque los birlos de atrás
van en lugar de adelante
a la calle de Alcalá
fuego, fuego que se quema
el fuego de San Marcial
hay en Florencia la quinta
bien tildado el pijarral
y hay en Granada el carmen
y la puerta de Fuencarral
fuego, fuego que se quema
otra vez, más, hay, más
acuda don Geriponzio
todo dormido oficial
ningún varón que asista
vaya todo sacristán
den achaque de preste
encubra la vecindad
arcas cofres y vestidos
no parezca la mitad
fuego, fuego están dormidos
Salen Andrés y Zarqueco abrazados
Por aquesta parte sal,
mi maula de mi vida.
No, de la malamuger,
sino que aqueja esta borracha.
Es Zarqueco.
¡Ay, tal maldad!
Di, Zarqueco,
por la puta que me parió.
Si viera.
Fuego, fuego que se abrasa.
Sale Escarramán con Geriponzio a cuestas
¡Qué bien me asombra la lidia!
¡Jeringa de mi redoma!
Que no te he de ver quemar.
Triste, lleva al talle del lirio.
Geriponzio.
Escarramán.
¡Qué burla muy pesada!
No has dicho mejor verdad,
pues que me has traído a cuestas.
Por Dios, que pesa un quintal.
Salen Pimpollo con Jeringa en brazos
No desmayes, Jeringuilla.
Ven, amo Escarramán.
Jeringa.
Pimpollo.
Bueno.
Pues, ¿te ha dejado escapar
esta diabólica maraña?
¿Quién hizo tan gran maldad?
Celos, que me diste
tan firme y enamorada
al género masculino.
Todas a brazos amullar,
yo, con listas ofendida,
me han querido derribar.
Yo he de adorar a Pillata.
Yo a Jeruga he de guardar.
Hínquense de rodillas todos y Zarqueo.
Yo he de forzar a Zarqueo.
Piedad, verdugo, piedad.
No maten, que no son patos.
Tierno estoy como un faisán.
Tomando como un panillo.
Yo, piadoso como un Jas.
Amigota sin farol.
El alma tengo en un tris.
El cuerpo tengo en un trapo.
No os detenga cómo y por
agora deis piedad,
hasta metido en la tierra,
mi querido Escarramán.
¿Qué? ¿Una dama en bodegón?
Ya habíamos de embodar.
Yo no puedo ser de dos.
Si le quieres, deme días,
no será mucho mandilejo.
Guárdeme.
Pues, allá.
Dale la mano.
¿Con quién se casa Zarqueo?
Con la burra de Balaán.
Ve aquí, en un palmo de tierra,
sin embeleso o disfraz,
diez mil legiones de bobos.
Nos oímos en San Sebastián,
martes de carnestolendas.
Pues, auditorio, repasar
aqueste lienzo de cuentos,
de disparates millar,
o gavilla de dilates;
ampara, firmes, a esa
deidad que da ser aquí,
y si no supo agradar,
suplico, ¿qué culpa tienen
los celos de Escarramán?