إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El desagravio en un duelo por la más noble belleza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-desagravio-en-un-duelo-por-la-mas-noble-belleza.
Comedia Nueva.
Intitulada.
El Desagravio en un Duelo,
Por la más noble belleza.
Personas.
El Rey de Polonia... Margarita, dama 1ª.
El Duque Federico... Rosaura, dama 2ª.
El Marqués Enrique... Flora, criada.
Alberto, barba... Gileta, pastora.
Espárrago, gracioso... Bato, pastor.
Un capitán, y la guardia... Un alcaide.
Soldados... Música, y acompañamiento.
1ª Jornada
Salen Rosaura, y Flora.
¿Qué causa puede moverte,
a tan profunda tristeza?
cuando tienes hermosura
con dicha, como desea!
cuando te aclama Polonia,
con aplausos, por su reina.
cuando será el rey tu esposo,
que idolatra tu belleza,
al aire, esparces, suspiros,
y al viento, repites quejas.
¡Ay Flora, no me atormentes,
con acordarme grandezas,
ni dichas, que para mí,
se han de convertir en penas.
¡Ay! Enrique, hoy te perdí,
mal haya el hado, que intenta
violentar los albedríos
al canje de conveniencias,
pues si ha de faltarme el gusto,
en el fausto, y la grandeza
aunque las dichas me sobren
de qué han de servirme ellas;
déjame sola por Dios,
que así descansa mi pena,
pues siempre, fue para un triste
la soledad, conveniencia.
Perdóname aquesta vez
que en ello no te obedezca;
desde aquel Gabinete
que caen al jardín sus rejas,
puedes esparcir la vista,
y divertir tu tristeza,
pues ya a Lelia, de tu parte
dije, que desde él la letra
cante, que tanto te gusta.
¡nada hallo, que me divierta!
Sale el Duque Federico.
aparte
La ambición de una Corona,
qué de sobresaltos cuesta,
si a fuerza ha de conquistarse
del desvelo, y la cautela.
mas cueste lo que costare,
que aunque la vida se arriesgue
a verme Rey de Polonia
mi noble ambición anhela.
Rosaura, ¿cómo tan triste
hoy eclipsas tu belleza,
cuando no ignoras, que el Rey
idolatra tu belleza?
hoy me ha pedido tu mano,
y viendo lo que interesa
nuestra casa, el sí le he dado,
haz por desechar la pena
pues que consigues la gloria
de ser de Polonia reina.
No es melancolía, hermano,
la que suspende mi idea,
porque también suele un gozo
molestar, como una pena;
y esto de tomar estado,
por acertado que sea,
también hace novedad,
y más, en quien no desea
tomarle con otro fin,
que cumplir con la obediencia
que te debo, a ser mi hermano,
sin deslustrar mi modestia.
Aparte.
Poco una corona estimas,
a que mi ambición anhela.
Trata pues de prevenirte,
porque es forzoso que sea.
Sale Espárrago.
Señor, acá todo el rey
se entra sin pedir licencia,
que en la voluntad los reyes
hallan las puertas abiertas.
Yo me retiro.
Rosaura,
es precisa tu asistencia,
pues con licencias de esposo
te viene a ver.
Aparte.
¡Habrá pena
que iguale a la mía!
Dile,
porque importa no me vea
hasta Palacio, que ahora
me ausenté de tu presencia,
y háblale del rey con agrado,
que oculto en aquesta pieza
escucho; apurar intento
si es amor, o si es cautela,
para tenerme obligado,
la repetida promesa
de dar la mano a Rosaura;
recelando, que mi diestra
puede darme aqueste reino,
y no sin causa recela,
pues le he de lograr, si acaso
no me es la fortuna adversa.
Ven, Espárrago.
Ya voy,
que quebrantar no quisiera
el onzeno mandamiento.
¿Qué su precepto ordena?
El no estorbar, pero Flora
en el onzeno no pecas,
pues en vez de estorbar, hace
bien, su oficio de tercera.
Mientes pícaro.
No agravian
a nadie, las alcahuetas.
Entra, acaba.
Ya te sigo.
Vanse.
Sin mí he quedado.
El Rey entra.
Éntranse los dos, quedán- dose Federico al paño; sa- le el Rey.
Sale.
Hermosísima Rosaura,
por quien de mayo granjea
la fragancia de sus flores,
al contacto de tu huella;
no extrañes, que me haya entrado
en tu casa, sin licencia,
supuesto, que me disculpa
el venir oculto a ella,
a buscar a Federico,
donde sin recelo pueda
de que ninguno nos oiga
hablar en una materia,
que importa a la paz del reino,
y también que no se sepa
hasta estar ejecutado,
pues no sin docta advertencia
dicen, son de los palacios
las paredes de vidrieras,
pues por ellas se traslucen
cuantas máximas se intentan,
y aun antes, que se ejecuten,
el pueblo suele saberlas.
Vuestra Alteza gran Señor,
haciendo de esta casa esfera
con su esplendor soberano
emanando su grandeza,
favorece a sus vasallos,
con excesivas finezas.
Federico, en este instante
se ausentó de mi presencia
e ignorando esta fortuna,
diréselo cuando vuelva,
porque honra tan superior,
el Señor os agradezca,
que mi turbación, no halla
a Enrique, a quien como esposo
miro ya, una cautela
que discurrí, en tanto empeño
me valdré, para que entienda
el Rey, sin que pueda oírlo
mi hermano, que soy ajena
y que no puedo ser suya.
Aparte.
¿Quién creyera, Cielos, que esta
pasión noble, que a Rosaura
mi labio la manifiesta
no es cierta, pues solo industria
es, que finge mi cautela?
pues persuadiendo, al aleve
Federico, con promesas
me casaré con su hermana;
temo, que su soberbia
ambición, no intente alguna
traición, cuando conferencias
tiene con mis enemigos,
según me han dado secretas
noticias, y luego que
el ejército me venga,
que el Emperador mi tío
me envía, sabré si es cierta
la composición, que tiene
con los Aliados hecha,
A ella.
y en vez de darte la mano
a tu Hermana, su cabeza
pondré a mis pies, pues amante
en mi afecto, en vano fuera
pues sujeto mi albedrío,
a aquella Deidad, a aquella,
que en las fantasmas del sueño
la ilusión me representa;
y en vano, puede borrarla
de la memoria, la idea,
ya ninguna beldad, puede
ser dueña, de mis potencias.
Aquesta suspensión mía..
de tu diversión honesta
nace, Rosaura, y así,
rompa tu silencio, el tema
que de ella tu labio, logre
mi amor, la correspondencia
de que sepa, si mis cultos
los admite tu belleza,
para que mis esperanzas,
antes de nacer, no mueran.
Cantan dentro.
Mejor es callar,
ceguezuelo Dios,
que en saber fingir
desdices de amor.
Calla, villano, aleve, traidor,
pues disimulada
a cualquier agrado
mas que fineza, tirana traición.
Mejor es callar,
ceguezuelo Dios.
¿Qué es aquesto?
Una criada
al aire, este acento dio.
Aparte.
Parece que se careó.......
con mi intento, cautelada.
Y por mi señor parece
que su acento organizado
os ha respondido; pues
cuando hizo de mi recato
no fuera en mí, este silencio,
no debierais extrañarlo;
y más, cuando no ha un instante
que Federico mi hermano,
parte medio, de un favor
que intentáis, hacer a entrambos,
y tan superior, que viendo
el espacio dilatado
que hay, de la esfera de un Rey
a la esfera de un vasallo;
no hallando merecimientos
en mí dignos, a tan alto honor.
En la confusión,
de no creerlo, ni dudarlo
neutral, vuestro amante afecto,
ni le desprecio, ni pago;
advertida, del sonoro
sutil concepto, que acaso
a articular la voz vuelvo
otra vez, al viento vago.
Mejor es callar,
ceguezuelo Dios,
que en saber fingir,
desdice el amor.
Calla villano, aleve, traidor,
pues disimulado,
es cualquier agrado,
mas que fineza, tirana traición;
Mejor es callar, ceguezuelo Dios.
Discreta le ha respondido;
¡Quién creyera tal desengaño!
Lo que no correspondido,
en no verse despreciado
mi amoroso afecto, queda
desvanecido, pues gratos
favores de una deidad,
los consigue el holocausto,
la fineza, el culto, el ruego,
con rendimientos postrados.
Deja caer un guante; y el Rey le levanta.
Empeñándose va más
el Rey, y para estorbarlo,
y poder desengañarle
de la industria, ahora me valgo
que antes discurrí.
Dala el Rey el guante, y ella se queda con él en la mano, sin ponérsele.
Este guante,
ha medido en breve espacio,
la distancia, que hay del suelo,
a la esfera de tu mano.
Y aunque mi afecto debiera,
por aquel feliz contacto
que de tu mano logró
por favor, ahora, estimarlo;
el guante te restituyo,
pues aquel que da el acaso
no es favor, cuando es descuido
de su dueño, le ha feriado.
La urbanidad agradezco.
Pero advertid, que es cuidado.
El que os parece descuido.
A fin solo de avisaros.
Para estrechar la distancia.
Por poder más cerca hablaros.
Sin riesgo de mi decoro.
Porque me escucha mi hermano
que la mano de este guante
tiene dueño; y tan hidalgo
y tan leal vasallo creo
que en sangre, valor y garbo,
ninguno le hace ventaja.
Señor, y este desengaño
no me le debéis culpar
ni sentirle como agravio
pues no es buena para esposa
de un monarca soberano
como vos, mujer que a otro,
aunque sea honesto y casto
le hizo el más leve favor;
y puesto que os desengaño
ved vos contra prudencia
cómo podréis los tratados
con mi hermano suspender
sin nota de mi recato.
Con la ocasión de tomar
el guante se acercó tanto
al Rey, que no oigo qué le habla.
Ya es evidente mi daño
pues excusa que se oiga
lo que le dice.
aparte
A mi cargo queda observar
tus preceptos.
Rosaura divina, cuando
son tan de mi agrado, nunca
apartaré de mi lado
a tu hermano Federico.
Y él siempre de aqueste vasto
reino ilustre de Polonia
tendrá el gobierno mandando
en él siendo su ocio; aquesto
por saber me está escuchando
para mis designios. Importa
por conservarle; y en cuanto
si dilatare la dicha
de lograr tu blanca mano
no está en mí; pues en un Rey
aún más que monarca, esclavo
de sus vasallos, supuesto
que aun para tomar estado
aunque sea elección suya
la han de aprobar sus vasallos.
A no ser mi amor fingido
bueno hubiera yo quedado.
Quién será a quien corresponde.
Pero ahora esto no es del caso.
Cuerdamente ha respondido
el Rey pues dilatando
los tratados de las bodas
dará providencia sabio.
Como quedará él bien puesto
y mi honor asegurado.
que no erra aquí Vuestra Alteza.
con la decencia y reparo
de quién es.
Ya te he entendido.
Rosaura, dile a tu hermano,
Federico, que al instante
me vaya a ver a palacio,
y el cielo te guarde.
Él sea
quien siglos muy dilatados
vuestra vida la prospere
para honor de sus vasallos.
Para emplearla en su amparo
la estimaré más, y juro.
Éntrase.
El Rey se ausentó, a que sepa
quise su inconstancia salir.
Sale Enrique, y al verle Federico se vuelve a retirar.
Salgo a hablarla; mas ¿qué veo?
Enrique aquí se ha quedado,
que sin duda con el Rey
vino; y será reparo
salir tan presto.
Aparte.
Aquí vos,
Enrique; si es que ha escuchado,
lo que hablé al Rey.
Aparte.
Vuestra Alteza,
como a uno de sus vasallos,
no escasee la fortuna
de darme a besar su mano,
porque logre mi atención
decir (de cólera rabio)
consigue vanaglorioso
ser quien primero, allegado
aunque no digno, a rendiros
este rendimiento hidalgo,
y os repito el parabién,
muy gozoso deseando
le logréis en dulce unión,
y el fiel cariñoso lazo.
Aparte.
Éntrase.
Basta, Enrique,
que os pasáis de cortesano
a lisonjero; que mal,
ostento despego tanto,
porque mi hermano me escucha
habrá tormento más raro,
nunca dudar. Y os digo
lo que estimáis a mi hermano,
de su parte yo agradezco
la atención; augurando,
que seréis siempre atendido
como merecéis, y en tanto,
advertid, que el Rey se fue,
y que aún no me he coronado.
¿Que esto escuche y tenga vida?
mas es mujer, no me espanto,
que a la ambición de ser reina
haya su afecto trocado.
Sale Fed.
Ahora es bien que salga, ¿Enrique?
Vos aquesta esfera honrando,
mas por tan vuestro lo creéis,
ahora a saber acabo
que Su Alteza, Dios le guarde,
a honrarme en mi casa ha estado.
(Aparte)
Es verdad; yo con él vine,
pues ando con el cuidado
de aquel continuo accidente,
o éxtasis tan extraño,
que arrebata su discurso,
de una idea motivado,
o ilusión vana, que en sueños
dice que ve; sin que hayamos
quiera de ella más noticias.
Y no me quise ir sin veros,
como el más interesado,
en daros el parabién
del digno, feliz estado.
(Cielos de ira, estoy ciego),
que logre por muchos años
Rosaura en casto himeneo,
siendo ya reina de entrambos.
Lo agradezco en mí, Enrique;
el tiempo lo irá explicando,
que no es malo para amigo
quien logra aun rigor hermano.
(Aparte)
(A Fed.)
Qué mal disimular sabe
su ambición este tirano.
Pues ahora dadme licencia.
Si mandáis algo,
pues es fuerza salga ahora,
y en detenerme le falto.
Yo solamente serviros,
también yo voy a palacio.
(Aparte)
Allá nos veremos.
(Cielos,
para cuándo son los rayos,
acabad con esta vida,
mas pedíroslo es en vano,
pues no encuentra con la muerte,
nunca aquel que es desdichado).
Vase.
(Aparte)
Yo con esto ambiciono más;
ya a la cumbre vas llegando,
dichos, pues a mi hermana,
ver reina tan presto aguardo.
Pues siéndolo ella podré,
con más imperio ir logrando,
a mi devoción la plebe,
y la nobleza con cargos,
honras, mercedes, y puestos.
y teniendo los soldados,
castillos, y fortalezas.
del Reino tan a mi cargo.
con la gente, que ya tiene.
Con fe dejada a Ricardo.
y espero me envíe muy presto.
quién podrá estorbar osado,
si de General empuño,
el bastón, que se me ha dado.
en cetro no le transforme,
y me vea coronado.
este Reino de Polonia.
por su dueño, Soberano.
Fortuna, puesto que anhelas
a ensalzar a los osados.
buen triunfo esperas en mí.
pues aspiro al solio sacro.
fiado, en ti, porque tú haces
dichosos los desdichados.
Vase.
Salen Bato y Gileta labradores rústicos.
Bato, ¿qué tu intento traza?
no es a andar, esto es correr.
Siempre mi propia mujer.
no ha de ser mi eterna amada.
dejarte atrás mi fe intenta
por librarme de ti hoy.
¿Y si con la fiera doy,
que estos montes amedrenta?
Nada Gileta se pierda.
la fiera contigo dé,
pues siempre oí de argüir
un lobo a otro no se muerde.
y fiera por fiera, no
has de parar, por tan bella,
yo la he visto, y tiene ella,
aún mejor cara que yo.
que es mujer por cierto entablo.
aunque de pieles está,
vestida, porque mujer ya,
no es la misma piel del Diablo.
¿Y qué hombre, pues ese ultraje
haces a cualquier mujer,
(Como tú) no viene a ser,
un grandísimo salvaje?
De haberlo sido me corro.
pues contigo me casé.
aún más lo fui yo a la fe,
pues me casé con un zorro.
Y aparta no me desquito
que a caza ha salido el Rey.
y voy a verle.
¿Y es ley
dejarme en este conflicto?
si la fiera sale.
dentro voces
Ataja.
seguidle por la vereda.
dentro Otros.
el oso por la ribera.
veloz, desde el monte baja.
Dentro unos.
Dentro otros.
Sale Margarita vestida de pieles, y el cabello suelto.
Qué voces tan desusadas
de la quietud de estos riscos
son estas, pues de la estancia
oscura en que mi adoptivo
padre me tiene encerrada,
siendo para mí prisión
desde mi primera infancia,
de aqueste estruendo movida
a inquirir salgo la causa.
Allí unos pastores veo,
sabrélo de ellos; honrada
gente.
Con la fiera dimos.
Bato, huyamos.
Las espaldas
no volváis, no os haré daño.
¿Quién fía a usted?
Mi palabra.
No la cumplen los señores,
¿qué hará una fiera inhumana?
Malicioso es el villano.
Acercaos más.
No es urbana
atención las cercanías
cuando a un superior se habla.
Yo me acercaré.
Oíte allá.
Señora fiera o salvaja,
si usted, a uno de los dos
se ha de comer por blanda,
mi mujer está manida
y es buena para mechada,
que es como se comen ya las pollas.
Usted tal no haga,
cuando a él por jabalí
comer pueda, y de la carga
aliviarme de mi marido,
que a caza de zorras anda,
que las coge por la cola
y las desuella en la cama.
A ninguno le haré daño,
como me digáis la causa
del estruendo de esas voces
que empiezan.
Ataja,
que el oso al río se arroja.
De la traílla desata
los sabuesos.
Estas eran.
Es que el rey salió a caza
de fieras como usted.
¿Quién?
El rey que en Polonia manda.
Válgame el cielo, qué nuevo
sobresalto el pecho extraña
al oír del rey el nombre,
que no ofende sino halaga,
tanto que a verle me obliga.
No sé qué secreta causa,
cómo lo podré lograr.
¡Cielos! Es bien me valga.
Ven acá, llégate a mí.
Eso es huir de las brasas,
y dar en la lumbre; usted
diga desde ahí qué me manda.
Tú como pastor sabrás
las sendas más desusadas
de estas montañas.
Es cierto.
Pues sin que sea notada
de nadie, me has de guiar
a ver al Rey en la caza.
Yo lo haré.
Dime ¿es galán?
Y de presencia gallarda,
y prendas muy excelentes
y por las tiene empeñadas,
no echándonos pechos.
Cielos, ya dije que no sin causa,
sobre natural en mí,
aquesta pasión me arrastra;
a buscar verle tú me ve guiando.
Es que falta primero.
¿Qué?
El atisbar
desde esa peña elevada
la parte donde cazando
el Rey con su gente anda.
Ve a verlo.
Ven tú Gileta.
Que vayas tú a verlo basta.
Importa al caso, pues ella
tiene la vista más larga
y yo cuando no he bebido,
tengo siempre cataratas
en los ojos.
Id los dos.
¿Qué intentará este panarra?
Anda presto.
Ya te entiendo.
Entranse.
Si será pasión del alma,
aqueste honesto deseo
de verle: o amor que llaman.
Como he oído a mi padre
más lejos de mí se apartan
los villanos o pastores.
Dentro Gil.
En vano son las llamadas.
Dentro Bat.
Mámola señora fiera.
¿Habrá más aleve infamia?
¡Viven los cielos villanos!
Que habéis de probar mi saña,
aunque os valgáis de la fuga.
Salen huyendo Bat. y Gileta, y Marg. siguiéndolos; por la puerta de en medio sale el Rey al encuentro, y Alberto.
Gileta que nos alcanza,
huye.
Ya corro.
Aunque el viento
os preste sus mismas alas
no os libraréis.
¿Qué es aquesto?
Que tu natural no se halla,
sin maltratar cuanto encuentras,
¿qué motivo di, o qué causa
te han dado esos dos pastores?
que por hacer de la gala
derribaría, y de sus fuerzas
no perdonó tu ira rara
ni la humildad del pastor
ni de los brutos la saña.
Es posible, Margarita,
que enmienda, amor, no hallan tantas
gratas por razones mías.
Solo esto me faltaba
para apurar mi paciencia.
Si la providencia sabia
del destino, de mi estrella,
que en todo me están contraria,
medio aqueste, natural
alivio de esta arrogancia
que no puedo reprimir,
cómo quieres violentarlas
con tus persuasiones, cuando
mi presunción noble es tanta,
que aun verme reina absoluta
de este reino en campaña
lo tengo por triunfo corto,
pues a mi valor vasallas
se miran fieras y brutos
siendo trofeos a mis plantas.
Y aguisado a mí me parece,
estrecha toda esa vasta
monarquía de la tierra
para poder dominarla.
Quieres sujetar mis bríos,
no me basta, no me basta
tenerme oprimida en esa
funesta, lóbrega estancia.
Muda roca, perdonad.
Respira aquesta mañana
al ver que agobian sus hombros
el peso de penas tantas.
Pues, Inés, ¿que mis iras
se venguen de la pesada
burla que aquestos pastores
a mí me han hecho?
Di, ¿en qué te agravian?
(aparte)
Después que solos castigue,
a brutos que me dieron causa
bastante; ocultar importa
lo que mi anhelo intentaba
para lograrlo después.
¡Ay, Margarita, basta!
Porque si tú mis preceptos
por justa no los violaras,
no encontraras los pastores
contigo; ni se burlaran
de ti; pues viéndote en ese
bruto traje, es fuerza que hayan
de temerte, como a fiera,
y tratarte como a extraña.
¡Ay, hija del alma mía!
Cuántas veces, dime cuántas
te he prevenido, que de este
áspero coto no salgas,
cuyas intrincadas peñas
tu vida y mi vida guardan,
la tuya de una traición
y la mía de la saña
de no menor crueldad.
pues siempre (ay de mí) que hallara
fueros del traidor, fingida
y mi infeliz vida acaba.
Y así, puesto que mis ruegos
a persuadirte no bastan,
muévate este llanto mío
que del pecho se desangra.
Esos ocultos enigmas,
o secretos que recatas,
a mi inteligencia sirven
de impacientar más ansias.
Si dices que me encontraste
en esta ruda montaña,
expósita de los hados,
en mi primer tierna infancia,
y que mis lentos gemidos
imanes fueron con alma
que pudieron atraer
tu afecto a que me buscaras
y hallaste (raro prodigio)
que una fiera me arrullaba,
dándome piadosa el pecho,
quizás con secreta causa
porque encontrase en los brutos
lo que en los hombres no hallaba;
y tomándome en los brazos
sin que hiciese repugnancia
la que reina de las fieras
nace, y vive coronada,
la leona, me llevaste
piadosamente a tu estancia,
adonde siempre acudía
ella cariñosa y grata
a nutrirme el alimento
porque de él privada estaba.
Si no sabes más de mí
y si solo mi crianza
a tus piedades les debo
para qué, dime, me guardas
con tan arcanos misterios
qué traición, o qué asechanza
es la que puede esperar
una mujer arrojada
a la inclemencia del cielo;
y así, si no me declaras
por fin, si soy, o no soy
algo más de lo que callas
vive el Señor, vive
aquesta antorcha que es alma
del día; y el corazón
de esta esfera soberana
que desesperada
me he de arrojar de esta alta
cumbre, donde hecha pedazos
baje a ser ejemplo.
Calla,
estás loca, de esta suerte
la noble piedad me pagas
de haberte, ya que no el ser
dado, vida y enseñanza
que es mucho sí, no te he dado?
y mil veces palabras
que el tiempo abrirá camino
que es quien todo lo declara
para que sepas quién eres
que aunque cautiva, es tanta
no pruebe tu fantasía.
(Aparte.)
en la perspectiva varia
que pinta la idea atenta,
darte nobleza más alta;
no te baste saber
para que de ello avisada
no faltes a tu decoro,
a tu honesto honor, y fama
lo más que mi prudencia
a tu noticia recata,
sabrás de mí cuando el cielo
con su providencia grata
por una inocencia vuelva
y castigue una tirana
vil, traición; lo que ahora importa
es que al instante te vayas
a nuestro albergue; porque
el Rey de Polonia, a caza
de estas asperezas vino
y en su turbamulta, librada
nuestra desdicha está; pues
uno que al Rey acompaña
es el traidor que ha causado
Margarita tu desgracia.
(Mucho me declaro, aleve
Federico.)
Si mis ansias
valen contigo algo, dime
quién es para que arrestada
le dé la muerte.
(Aparte.)
(Aparte.)
(Aparte.)
A saberlo
también lo hiciera mi saña,
solo sé que sirve al Rey.
Tal es su valor que creo
que airada lo ejecutará
a darle pena.
Retírate a nuestra estancia
para evitar tu peligro
y ten segura esperanza
que el tiempo se va acercando
a que felice te hagas.
(Un acaso, y no lo dudo
le doy crédito a la Magia
de Gervasio, pues de él sé
la tragedia desgraciada
de Margarita, y el modo
con que logre ser amada
del Rey; pero no es del caso
que esto a la memoria traiga
ahora) no te vas.
Ya
te obedezco; aunque arriesgada
quedo, a que después me culpe
mi resolución bizarra,
¿yo he de ver al Rey pues siempre
la privación da más causa
a cualquier deseo?
(Dentro.)
¡Montero!
Mirad que el Rey se adelanta
tras la fiera.
Aquestas voces
ya se escuchan muy cercanas.
Vete al punto.
(Vase.)
Ya me voy.
Y no haber confidancia,
si el Rey se acerca a este sitio
porque es bien tener cerrada
mi cueva con el peñasco
que es de su boca mordaza.
Entra Espárrago.
¡Ah, señor Marqués Enrique!
Salirme es fuerza.
Entrase.
Sale Enrique y después Espárrago.
¿Quién me llama?
Yo.
Pues, Espárrago, ¿tú
también has venido a casa?
Soy gracioso, pero fío
y así en aquestas jornadas
que con el Rey sale mi amo
el Bureo a mí me encarga
que traiga la fiambrera,
y a eso vengo.
Siempre gastas buen humor.
Es que me azoto siempre
por Semana Santa.
Pues, ¿qué tiene que ver eso
con el buen humor?
Se saca
la sangre, y con una purga
no hay mal humor por la Pascua;
pero dejando las burlas,
a cazar vengo una ganga.
¿Qué dieras por un papel?
¿De quién, dime?
De Rosaura.
De un imposible no hay precio.
Pues buen bolsillo me aguarda,
este papel es suyo.
Dale una cadena.
Desta cadena se paga.
Dámele.
Nunca mejor
ha encajado, a un toma y daca.
Leerle quiero.
Déjalo ahora,
que Federico a esta estancia
llega, y oler por hermano
huele el papel a su hermana.
¿Por cuánto hallara mi muerte
quien un bien me dilatara?
Como que al Rey voy siguiendo,
ausentarme intento para
saber con qué disculpa
a su falsedad esta ingrata.
Vase por una puerta y sale Federico.
Fuese.
Espárrago, ¿qué hacías
ahí con el Marqués?
Ya escampa,
y lloverán más preguntas
que en el mes de mayo agua.
Aparte.
¡Qué de sobresaltos cuesta
a quien conjurarse traza!
No me respondes, ¿qué hacías?
Yo no hacía con él nada,
que él a mí me deshacía,
a preguntas bien cansadas.
¿Qué te preguntaba?
Si
las raciones me pagaban.
¿Qué le debe al Marqués, en eso?
Mucho, y no mucho pues andan
sabiendo los más señores
y otros que lo son no pagan
a sus criados; y así
ejemplar en ellos hallan
por vanidad hacen lo mismo
y no les dan una blanca.
Ya a eslabonar disparates
empiezas.
Ap.
La frase es mala
si habrá olido la cadena
pues en eslabones habla.
Vete, que oír tus locuras
no quiero.
A buena gana
voy a ver si la cadena
que me echó Enrique es pesada.
Entrase.
Saca una carta.
Lee.
Ya distante algo el Rey
vuelvo a leer aquesta carta
que ahora de Ricardo tuve
con quien tengo hecha alianza
para la conjuración
y a su palabra no falta
con la gente que me ofrece
presto veré coronadas
mis sienes con el laurel
de Polonia; ya alistadas
dice aquí; tiene en las tropas
de caballos, y corazas
hasta cinco mil soldados
y de infantería pasa
de otros cinco mil.
Sale Mar.
Por esta
oculta senda se ataja
la distancia más; adonde
se oye el ruido de la caza
mas con un hombre ¡ay de mí!
he encontrado, y en la traza
parece que es caballero.
Encuentra Margarita con Federico.
Qué admiración tan extraña
es la que estoy viendo.
Huir
dél importa.
No te vayas
ignorado asombro, espera
pues en ti el discurso apura
que desmiente tu hermosura
todas las señas de fiera.
¿Quién eres? que en crueldad
al ser de humana prefieres
y aun dudo en ti; si eres
fiera, mujer, o deidad.
Soy porque no os cause enojos
si no me dejáis pasar
mujer, que os sabrá abrasar
con los rayos de mis ojos.
Ya sus luces han obrado
el rigor que no resisto
pues solo en haberos visto
a sus ojos he cegado.
Apartaos.
Si al arrebol
primero del amanecer
se me ausenta el rosicler
qué importa haber visto al sol.
Pues qué intentáis?
Que este fuego
amoroso, que me abrasa,
temple en tu mano.
(Aparte)
Vete.
Qué simpatía tan rara
me causa este hombre;
que el odio
se ha engendrado allá en el alma
con oculta fuerza.
Deja que la nieve congelada
de tu mano toque.
Vive el cielo, si se propasa
otra atención, a cortes
grosera, que la infamia
castigue.
tómale la mano y ella se la aprieta a modo que él hace como para asirla
Logre yo ahora
el favor, que la amenaza
no temo: mas, ya tu mano
he conseguido.
tómale la mano
Toma
que no la da por favor
quien la da para venganza.
Qué es lo que haces, vive Dios,
que no vi fuerza tan rara.
Ahora templad en la nieve
el ardor que os abrasaba.
Suelta que me haces pedazos
la mano.
Antes de soltarla,
la espada os he de quitar.
A mí?
Quítale la espada y él por defenderla teniéndola en la mano izquierda la deja caer al suelo.
A vos; pues quien tan flacas
fuerzas tiene, que se queja
que una mano le maltrata,
una mujer; ni aun de adorno
le puede servir la espada.
Vuélvemela, o vive Dios,
que te mate.
La amenaza
es muy buena, para quien
no tiene fuerzas, ni armas.
Idos, y sea muy presto,
que vuestra vista me enfada.
Que he de irme sin que primero
mi acero cobre?
Extremada
bobería; de qué suerte?
Quiérese acercar aquí a quitarle la espada y ella se la pone a los pechos.
De esta.
De una cuchillada
va que os parto la cabeza.
(Aparte)
Gente bárbara e inhumana,
fiera; mi fuga es precisa
pues ni a una mujer agravia
ni es decoro ver a una loca
un hombre que está sin armas.
Yo llamaré a los monteros
y haré que domen tu saña.
Serán pocos, a fe mía,
para huir.
Vase Fed. por una puerta y al ir sale al encuentro Albo.
El viento alas
me prestará.
No es muy fácil
que te libres de mí.
Sale Albo.
Aguarda
dónde vas?
Dejad a ese cobarde
Quién te ha dado aquesa espada?
Se la quité a ese atrevido.
Tenía ocasión?
La que basta.
Como ha un instante, señor,
me dijiste que miraras
por mi decoro, y mi honra,
quiso ese hombre deslustrarla
tomándome infiel la mano,
y yo le quité las armas
para ofender mi honor
y castigar su arrogancia.
Si tú, airada, Cielos, como
tomarlas, te retiraras,
evitabas el peligro,
y a mí un pesar me estorbabas.
Lo que un acaso dispuso
en sí la disculpa halla.
dentro el Rey.
En vano, indómito bruto,
solicita tu arrogancia
precipitarme.
dentro voces.
Acudid
a evitar tan cruel desgracia,
que al Rey se le ha desbocado
el caballo.
Aquesa espada
me da, que librar al Rey
intento.
Todo mis armas,
para que o yo, lo que yo
puedo hacer, airoso haga,
y así perdona que a mí
a ejecutarlo me llama
más noble lealtad;
(Entrase)
Espera.
Pero detenerla es vana
diligencia: pues dejando
atrás el viento, aun no estampa
su huella la arena; pero
ya con el bruto se iguala
y de un revés ambos brazos,
le cercena con la espada,
y ya de pie, en los suyos
al Rey animosa saca,
con que aplaudida de todos
se acerca aquí.
(Retírase)
Sale Enrique.
Qué lograra
otro antes que yo librar
al Rey; pero aquí una carta
está: al Duque Federico dice;
por ser cosa extraña
en este sitio la guardo.
Ocultarme es fuerza hasta
ver en qué para.
Señor,
ya vuestra Alteza se halla
libre de riesgo.
(Aparte)
(A ella)
Qué miro?
Ilusiones, y luz vana
que aun con hallarme despierto
me finge mi idea extraña.
No es aquesta la beldad,
que veo representada
en el sueño?
Galan es...
Con la Majestad retrata.
Y pues ya del impensado
peligro que amenazaba
vuestra vida, estáis seguro,
quedad en paz.
(Entrase)
Tente aguarda.
Tras ella iré por supuesto
a sus ojos ocultarla
(Vase)
No puedo porque de un padre
la obediencia fiel me llama.
Ya te seguiré.
Sale Fed.
Monteros,
aquesta fiera buscadla.
¿Qué es esto, Duque?
Señor,
buscar una fiera extraña,
que con señas de mujer
es más que fiera; pues cauta
me despojó del acero.
¿Y he de castigar su saña?
Dejadla; porque si a vos
os ha llevado la espada,
a mí me ha robado la vida
llevando robada el alma,
y así busquémosla todos
sin que reserve la maraña,
selva, risco, monte, peña,
cóncavo, quiebra, o estancia
que no registre.
Ya todos,
vamos, señor, a buscarla.
(Éntrase)
¿Qué mujer es esta, a quien
el pecho se sobresalta?
Dadme un caballo, que yo
seré el primero que hallarla
intente; para apurar
si puede darse en la farsa
de fábulas amorosas
novela tan nunca usada,
que el amor haga sepulturas
las dichas que son soñadas.
Éntranse todos, y se da fin a la primera Jornada.
Jornada Segunda.
Salen Álvaro y Margarita
Tres veces bordó de aljófar
la aurora de estas montañas
la esmeralda que producen
y tres veces, ni aun la cara
descubrimos, escondidos
en esa lóbrega estancia
o cueva, que nos alberga
recelando, que te hallara
la gente, a quien mandó el Rey
te buscase (no sin causa
Margarita que la ignoras
y de mí luego sabrásla),
y pues ya a los Monteros
sin duda desconfiada
la diligencia de hallarte
volvió al desvelo la espalda
no escuchándose más ruido
de acento, ni voz humana
que el de la acorde armonía
que al despestañear del alba
el gorjeo de las aves
y ruido del agua causan
ya que a respirar salimos
a esta verde amena estancia
del susto de ser hallados
pues nada nos sobresalta
antes viendo que hay en ti
resolución tan hidalga
entendimiento tan noble
y valentía tan rara
para defender tu honor
como lo afirma la extraña
osadía de quitarle
aun asiendo la espada
que intentó ofenderte aleve
y que con ella arrestada
diste al Rey la vida; acaso
de mi fortuna afianza
mi resolución también
es, que de este monte salgas
y que salga de mi pecho
el secreto, que ocultaba
a tus noticias; pues ya
(como te di la palabra)
llegó el tiempo, Margarita,
según conjeturas claras
de que mude de semblante
tu suerte hasta aquí contraria.
Sola fineza te estimo
Señor; pues tu amor se apiada
de mí; que ya era rigor
aún más que piedad: hidalga
por ofender fiel mi vida
del rigor que la amenaza
que la libertad, no goce
que logran en esa varia
nación del aire, y la tierra
el ave, que aquesa baja
esfera, el aire cruza
siendo exhalación con alas
el pez, que bajel viviente
toca el golfo de las aguas
el feroz bruto, y la fiera
que fatigan la montaña
que aunque ya otro lo ha dicho
exagerando su extraña
prisión; no es culpa que yo
de su concepto me valga
y que en la opresión que siento
también el discurso añada
que el pez, el ave, y la fiera
con menos instintos, y alma
gocen de más libertad
que gocé desde mi infancia
obediente a tus preceptos
y sujeta a tu crianza.
Si hasta aquí no ha sido culpa
en mí, prudencia fue sabia
no acordarte lo que eras
cuando abatida te hallas
al pobre estado, que aun una
plebeya la despreciara.
Aun más que culpada está
tu cordura acreditada
hasta aquí; pero Señor
ya que cercana esperanza
me pones, de mejorar
de fortuna, cuánto tardas,
en declararme quién soy,
si todo tu favor me atrasas.
Pues escucha tu tragedia
y mía, que eslabonadas
es preciso una con otra
pues corren igual borrasca
en el mar de la fortuna
mi historia, y la tuya extraña.
Ya del hilo de tus voces
pendiente está, toda el alma.
Estanislao Rey invicto
de Polonia, cuya sacra
corona le cambió el cielo
a la diadema sagrada
por columna de la Iglesia
defensor de su fe santa
fue mi dueño, a quien serví
desde mi primera infancia
y de la de su florida
real primavera temprana,
ambos nos criamos juntos,
pues por ser yo en su casa
admitido, si en nobleza
real la mía no igualaba,
a la mejor de Polonia
hacía muchas ventajas.
Creció en los dos, con la edad,
aquella amistad hidalga
que en las niñeces engendra
el trato; con que fue tanta
la pasión con que me amó,
que apenas por su monarca
le eligió Polonia, cuando
de mis hombros fió la carga
del gobierno de este reino,
cargo a que anhela engañada
la ambición de muchos, pues
nunca hay segura privanza
que a la cautela o engaño
de la envidia, o queja ingrata,
de la cumbre del mandar
por más que aplique la espalda
al peso, con lo bien quisto
tarde o temprano no caiga;
y si no, dígalo yo,
pues que logrando la gracia
del Rey, pudo Federico
(que es quien en Polonia hoy manda)
siendo el más cercano deudo
del Rey, con lisonjas vanas,
con divertimientos, juegos,
fiestas, músicas, y damas,
ganarle la voluntad;
y para mejor lograrla,
viendo que sombra le hacía
mi persona en la privanza,
faltando a la fe de noble
y a la ley de Dios sagrada,
introduciendo testigos
falsos, y supuestas cartas,
a creer al Rey le dio
el que yo aleve intentaba
el sublevar de Varsovia
todo el reino, y con las armas,
y soldados bien pagados
que a mi devoción estaban,
ceñirme el sacro laurel
del Rey, con la confianza
que si exento era el rayo
del de Suiza lo estaba,
pues en la Prusia Real
tenía gente alistada.
Persuadiose el Rey a creerlo,
su astucia; y prenderme manda;
súpelo antes don Gervasio,
que dado a la docta magia
natural, y Astrología
a saber su ciencia alcanza
antes que el tiempo lo diga
lo que en decirlo retarda,
con que dándome un anillo
de propiedad tan extraña,
que todas las veces que
puesto en el dedo se traiga
en otro rostro transforma,
o la vista ajena engaña,
para no ser conocido
de ninguno se recata,
con el cual yendo a prenderme
el Capitán de la Guardia
pudo librarme, y dejar
sus diligencias burladas;
con que recogiendo, cuanto
pude en joyas, oro, y plata,
huyendo de los rigores
del Rey, busqué estas montañas
para habitar; que aunque
con el anillo lograba
desconocido vivir
en Polonia, no excusaba
ver siempre a mis enemigos
sin tomar noble venganza
y así habitar entre fieras
quise más; que entre inhumanas
ingratitudes de hombres,
que son fieras más ingratas.
Visitado de Gervasio
soy tal vez, que no se cansa
en repetir las finezas
el que es amigo del alma.
Esta es mi historia; la tuya
procuraré epilogarla
por no hacerla narrar
a tu discurso muy larga,
pues repetir que a los tiernos
gemidos que articulabas
te hallé expósita tan solo
a la piedad soberana
del cielo, que una leona
el nutrimento te daba,
que ella misma me entregó
tu persona; o ya apiadada
de ti, o que fuese del cielo
fiel disposición arcana
y que te críe en mi cueva
desde tu primera infancia
hasta cinco lustros que
a tu belleza gallarda
el sol la numera a luces
y a flores esta campaña
eso no ignoras; escucha
lo que de saber te falta.
Estanislao, con Matilde
hija del de Dinamarca
se desposó; y a los dos
abriles que coronaba
con sus flores himeneo,
la unión que el amor enlaza,
publicó el Rey a los Grandes
de su corte que se hallaba
de su dignísima esposa
fecundo el hermoso nácar;
y a las nueve lunas que
la costumbre llama faltas,
dio la Reina en una perla
al reino una hermosa infanta;
mas de su natal apenas
el labio la primer aura,
cuando cortó de Matilde
el vital hilo, la parca.
Llanto y regocijo a un tiempo
en todos se equivocaban,
pero Federico aleve,
que a la corona anhelaba
de Polonia; y que era estorbo
que con sucesión se hallara
Estanislao; en el triste
conflicto de tal desgracia
divulgando que había muerto
la Infanta también; su maña
introdujo en su lugar
una Niña muerta; a causa
de que supliese a la viva
dando a la infeliz Infanta
a un noble criado suyo
diciendo que la matara
mas él de noble, o piadoso
para no manchar su espada
con sangre Real inocente
la trujo a aquestas montañas
a ser destino del hado
y de las fieras viandas
esta eres tú Margarita
Pues esto que escucho
Aguarda
que es fuerza que me preguntes
y todos reparo hagan
de quién tuve estas noticias
cuando de decir acaba
mi voz, que de nadie he sido
tratado en mi ausencia larga
sino de Gervasio; y ese
tan secretas tan arcanas
noticias; darme no pudo
pues que a todos satisfaga
es bien; el suceso fue
que muerto a la pena infausta
Estanislao, de perder
hija, y mujer que adoraba
el traidor de Federico
concitando con su cauta
ambición, nobleza, y Plebe
de Polonia con las Armas
coronarse en ella quiso
mas se opuso a su arrogancia
ser este Reino electivo
que le da el mérito y fama
al Príncipe mas Guerrero
con que en la Dieta formada
se hizo la elección en Carlos
Príncipe de Dinamarca
y hermano de la difunta
Matilde (que Gloria haya)
y sobrino del Augusto
Emperador de Alemania
con que viendo Federico
ya su Soberbia frustrada
y que podía saberse
que él, con alevosa infamia
en su inteligencia fue
quien dio la muerte a la Infanta
al criado (porque nunca
el secreto revelara)
le trujo engañado a esta
desierta áspera Campaña
adonde alevosamente
con un puñal abrió tantas
bocas en su pecho, que
por donde salir el alma
estuvo dudosa, dando
lugar a que no formara
la respiración postrera
aquel, con las tristes ansias
de la muerte con sus voces
aun los riscos lastimaba
confesión pidiendo daba
ecos, que el viento causaba
en el cóncavo del monte;
me condujo lastimada
la compasión; pero apenas
me vio; cuando haciendo pausa
a sus gemidos, me dio
noticias, aunque abreviadas
del caso que he referido
rogándome con postradas
ansias; pues sin confesión
moría; que confesara
por él, la culpa de haber
entregado a la inhumana
crueldad, de indómitas fieras
la inocente hermosa infanta
pero que si acaso el cielo
con su providencia grata
para ostentar su piedad;
la vida la conservaba
que para ser conocida
un lunar tenía en la palma
de la mano izquierda en forma
de una estrella figurada
y apenas pronunció esto
cuando balbuciente el habla
rindiendo el último aliento
dio a su criador el alma
parte de ello di al extraño
y consultando con sabia
ciencia de ese encuadernado
volumen de estrellas tantas
astros, signos, y planetas
las influencias más altas
cuyos puros caracteres
a lo que amenazan no faltan
hallo que para ser reina
de Polonia, resguardaba
el cielo; y porque a cumplirse
el vaticinio llegara
con la magia natural
de la que está reprobada
(que nunca apurarlo quise)
en las confusas fantasmas
del sueño, hace que tu imagen
vea el rey representada
a cuyo ídolo, rinda
cultos su pasión postrada
hasta que un acaso sea
impensado, quien dé causa
de que te vea despierto,
ya se cumplió, pues bizarra
al rey le diste la vida
y te busca con tal ansia
y pues llegó el tiempo ya
de que tu suerte dorada
de infeliz, infeliz veas
de que Polonia tu patria
a su infanta reconozca
y de que culto a tus aras
te consagren sus vasallos
y te veas coronada
reina, y en la unión dichosa
del que deudo y rey te ama
ya es tiempo ya Margarita
que de aquestos riscos salgas
Tan confusa me han dejado
las noticias que propasas
a mi admiración, que creo
que es fábula inventada
¡Oh, discurso! ¿De qué es
nuevo lo que por mí pasa,
mas ya que crédito ha de
dar a mi verdad lo que halla
por imposible mi juicio?
¿Cómo introducirme tratas
en la corte en este bruto
traje en que estoy?
Reservadas
tengo joyas y dinero
y vestido a la usanza
polaca. Uno dellos tú
te pondrás, pues disfrazada
de joven, quiero que entres
mientras parto yo a Alemaña
a que el emperador sepa
que vives, pondréte casa
y criados que te asistan,
dejándote encomendada
para cualquier grave empeño
al capitán de la guardia
del rey, que es pariente mío.
Aparte.
Mas ¿qué desear mis ansias
no tienen, pues ver al rey
podré ansí, que si inclinada
hasta aquí estuve a sus prendas,
ya con la noble esperanza
de ser su esposa, el amor
habilita más la llama
de mi pecho?
Dale un anillo.
Para que
estés menos arriesgada
con aquellos que te vieron
librar al rey en la caza,
toma este anillo, que siempre
que puesto en el dedo traigas
te ha de transformar en otro
semblante y traje.
¿A qué aguardas
que a ejecutarlo no vamos,
padre?
Sigo en tu crianza
lo fiel hasta aquí; ya sabes
que mi lealtad te aclara
por infanta de Polonia.
Retírate al bosque; en la falda
de aqueste monte me espera,
que con las joyas y alhajas
presto vendré.
A tus preceptos
siempre estaré resignada.
Entrase.
Ya vuelvo.
¿Ya que este anillo
propiedad tendrá tan rara
que transforme en otro ser?
Gente viene a aquesta estancia,
y quitándome las pieles,
ya en otro traje mudada
la experiencia intento hacer.
Quítase las pieles, pónese el anillo, y salen, como huyendo, Bato y Gileta.
Bato, huye, que nos alcanza
la justicia.
Por difícil
tengo escapar de sus garras,
porque es gente de la pluma
y es fuerza vuele con alas.
Pues que los pies no nos valen,
aquestas peñas nos valgan
por amparo.
Aquestos son
los villanos que burlada
me dejaron.
Con un hombre dimos.
Aparte.
¿Cómo no me extrañan?
más efecto es del anillo,
ya quedo desengañada.
¿A quién huís, buena gente?
A cuatro o cinco varas
a quien teniendo cruz huye
aun la gente bautizada.
A la justicia que viene
a prendernos.
¿Por qué causa?
Yo lo diré, mi mujer
medidora fue (a Dios gracias)
del vino que en el concejo
mojó lo mucho y la fama
perdió por los que beben
el licor que dan las parras.
Señor, él tiene la culpa,
porque no viesen la falta,
agua bautizaba de noche
lo que él de día colaba
y por esto a la vergüenza
me quieren poner.
No es malo.
Si tu mujer no la tienes,
no es fácil.
¡Ay desdichada!
Al mundo me he de ir.
Y yo
no he de volver en mi alma
ni vida a el lugar.
¿Qué queréis?
Servir de gana.
¿A qué he de servir yo?
De escudero.
¿Con polainas?
Con cortesano vestido.
¿Yo también de cortesana?
Sí, como señora me veo
familia recibo.
Falta
saber a qué lugar vamos.
A Polonia.
Andar a gallopadas.
A lo polaco me visto.
¿Yo también a la polaca?
Dentro
¡Margarita!
Alberto es este
que ya me busca.
¿A quién llaman?
que el nombre de mi mujer
es Gileta la Parrada.
Venid conmigo.
Vamos.
La fortuna no ingrata
seas siempre, con quien da
sacrificios en tus aras.
Entranse y salen Rosaura, Flora y Espárrago.
¿Le diste el abanico y papel?
Digo que ya le di
y por más señas que ama
porque le di medio él.
¿Y qué te respondió?
No me pudo responder
pues al quererle leer
tu hermano se apareció.
¿Te le vio dar?
No es nada,
si acaso él vivo lo hubiera
no era fuerza que supiera.
la cabeza entapujada,
no lo ha visto, ni lo dio.
Mostró al admitir el papel
el rostro afable con él.
¿No está dicho? pues medró;
sin gastar prosa; que es necio
modo al dar; pues en razón
la mucha conversación
es causa a menosprecio.
¿Y qué te dio?
Una cadena.
Creo que me la darás.
No lo creas, que parecerás
con cadena, ánima en pena.
Eso es hacerme por vicio
e infamia vil; en ti fuera,
pues me toca por tercera
los derechos del oficio.
Si aqueso, Laura, es costumbre,
que la haga doblones,
y entonces los eslabones
para entrambos darán lumbre.
Ya en obedecerme tardo,
a Enrique mi fe previene.
Étele por donde viene
a valiente Mandricardo.
Idos los dos.
Ya lo hacemos.
¿Oyes cuánto pesará
la cadena?
Fuera allá, al repartir lo veremos.
(Éntranse los dos, y sale Enrique.)
Dueño adorado, a preceptos
de tu divina belleza
vengo, mas suplico, señora,
logre otra mi advertencia
con que os trate; porque como
las voces estaban hechas
a hablaros en otro idioma,
aquel que obra grandezas,
a vos ya como vasallo;
extrañaréis la presencia.
Vos habéis respondido
a corazón tan apriesa,
que creí, que yerros nobles
de amor, nunca culpas eran;
ya proseguid, Enrique, vos;
que el alma que siempre adora,
y no ha mudado hasta aquí
a patria que es extranjera,
aquese nativo idioma
fuerza es que mejor le entienda.
Pues para que pueda hablar
como antes; ¿me dais licencia,
del corazón salga al labio
este veneno que engendran
las víboras de los celos,
que como os diga mis quejas,
aunque muera infelice,
con este consuelo muera?
¿Cómo, di, tirana aleve,
enemiga cruel, intentas
el venderme los agravios
que te escuché por finezas?
¿Puedes negarme que al Rey
con voces más que halagüeñas
su amoroso afecto alabe
en el tuyo recompensa?
¿Quién te enseñó a ser mudable
con tanta naturaleza,
mas sin duda lo aprendiste,
tu alta inconstancia misma,
pues los atentos cariños,
los halagos, las ternezas
y los honestos favores
que a mí me hiciste, pudieran
moverte a no ser mudable,
por no quedar vuestra excelencia expuesta
a que tu mismo decoro
te lo acuerde como afrenta,
que aun en una mujer baja
errores culpables fueran.
Mas, ¡indigna!, qué fingidos
fueron a tu vil cautela
los favores que me hacías,
que yo estimé por finezas,
y como los afectabas
y de voluntad no eran,
de tu memoria borrarse
pudieron con ligereza,
ensayándolos en mí
para quien los representas
verdaderos, no fingidos,
siendo en ti quien los alienta
una ambición de ceñir
en tus sienes la diadema
augusta de aqueste reino.
Mas culpable no te viera,
a no creerte constante,
contemplando tu nobleza;
pues forjada una corona
a cualquiera le deleita.
Mas pues he visto tu engaño,
tu falsedad, tu cautela,
tu inconstancia, tus rigores,
y evidentes mis ofensas,
quédate, falsa enemiga,
cautelosa, infiel sirena,
para vuestra excelencia, que esta es
para mí la vez postrera
que mi justo sentimiento
vuelva a articular sus quejas.
hace que se va y ella le detiene
Aguarda, Enrique, señor,
mi dueño, mi bien, espera,
oye.
Cauto cocodrilo,
en vano con las cautelas
y de tu halago engañarme
tu sagacidad intenta.
Pues demora, si a mi llanto
que el veloz bajel detenga
de tu ingratitud.
Aparta.
No es fácil.
Ya que por fuerza,
más que de grado, consigas
que a escucharte me revuelva,
¿qué me puedes proponer
que de tu falsedad no sea?
Negarte que al rey hable
sin la común aspereza
que usa el desdén en las que
los sacrificios desprecian
que consagra el rendimiento,
por no obligarse a la deuda,
fuera querer tu pasión
hacerla dos veces ciega
en la misma tolerancia
de disimular la ofensa;
verdad es que le hablé afable,
pero si posible fuera
cómo escuchaste las voces,
las del corazón oyeras,
vieras que las pronunciaba,
no el afecto, la violencia.
pues cuando yo hable al rey
mi hermano que me violenta
a que yo con él me case
lo oía con la advertencia
de ponerme por precepto
se pagase la fineza
de elegirme por su esposa
y coronarme por reina
de Polonia (y como sabes)
que ha anhelado su soberbia
ambición, siempre a empuñar
el augusto cetro de esta
Monarquía, y se frustraron
todas sus inteligencias
con la elección que hizo en Carlos
con justa razón la Dieta
ya que no pudo a la cumbre
de la majestad excelsa
ascender por sí pretende
que yo por él ascienda
cuya intención aunque el velo
corrido a mi juicio tenga
conociendo su ambición
es preciso que la tema
pues violenta mi albedrío
a que me case por fuerza
y primero faltará
aquesa diáfana esfera
que es sacro dosel del orbe,
el sol, la luna y estrellas
que deje de ser tu esposa
para que de otro lo sea.
Ea, señor, ea, Enrique,
a qué aguardan tus finezas
tu amante resolución
siendo la mía, qué espera?
tuya soy, tuya he de ser
a cualquier peligro expuesta.
Vamos, haya donde huirnos
huyendo de la violencia
que me intenta hacer mi hermano
para que a otro esté sujeta;
no temas del rey las iras
que yo sé de su prudencia
que nunca lo tenga a mal,
pues sabe que soy ajena
y que no puedo ser suya;
y así dispón, manda, ordena
de mí lo que fuere más
de tu agrado y conveniencia
que mujeres como yo
de mi calidad y prendas
si una vez a amar llegaron
aman con firme fineza.
Aparte.
Qué haré pues en aceptar
lo que mi amor más desea
y el ruego me ruega si es
faltar a mi fama misma
pues siendo traidor su hermano
como fiel lo manifiesta
la carta que encontré, siendo
preciso dar al rey cuenta
de su infiel alevosía?
Y he de faltar mi nobleza
a la lealtad con el rey
y he de deslustrar a aquella
misma que ha de ser mi esposa
pues una vez que se sepa
que es traidor su propio hermano
la infamia la alcanza a ella
y quien es de aleve sangre
por la mujer nunca es buena
y aun antes con mi lealtad
que mi amante pasión ciega
pero ya he encontrado modo
cómo quedar bien con ella.
¿Qué suspensión es la tuya,
Enrique?
Aparte.
Rosaura bella,
yo te agradezco el favor,
pero pagar tu fineza
casi es imposible cuando
te idolatro de manera
que a faltarme tu hermosura
como ya perderla es fuerza
a influencias de mi hado,
¿cómo vivo (¡ay de mí!) a quien la
que vives en mi pecho
fuerza es que la vida pierda.
El Rey, ya sabes, a instancias
de tu hermano que gobierna
con despótico dominio
esta monarquía excelsa,
fue tu declarado amante,
y cuando con su prudencia
(como antes me propusiste)
generoso consintiera
que me casara contigo,
por mi desgracia (es fuerza,
pues también tiene el amor
leyes de duelo que intentan
los celos, pues tal vez suele
suceder que aquella misma
dama que se despreció,
en llegando a verla ajena
en otros brazos sentir
que otro su beldad posea;
y por sí, mira con odio
al que se casó con ella,
y especie es, en un vasallo,
de deslealtad manifiesta,
amar a la que su Rey
aun para su dama aprecia,
qué será a la que por propia
mujer eligió, y por Reina;
a más que ingratitud
aun para contigo fuera
el quitarte una corona
por paga de una fineza.
Yo reconozco tu afecto,
yo le estimo, pero era
en aceptar tus favores,
tus halagos, tus ternezas,
si con el Rey mal vasallo
contigo primero muera
a la pena de perderte,
y ingrato, y así en materias
en que mi lealtad peligra
y mi decoro se arriesga
tus conveniencias no estorbo
por conseguir tu belleza.
Primero (¡ay de mí!)
¿qué es esto?
que siendo en mi honor ya fuerza
perderla, aun fingir no puedo
la razón para perderla.
Primero vuelvo a decir,
pues es tan mortal mi pena
que aun al articular las voces
el desaliento no acierta,
me diera muerte a mí mismo
que faltar a mi nobleza,
a la lealtad a mi Rey,
ni contigo ingrato fuera
pues era serlo, quitarte
la majestad de ser Reina.
Enrique, ¿qué es lo que dices?
¿solo por el Rey me dejas?
Él lo mereció (¡ay amor...)
¿Qué pesares me cuestas?
¿Mi fineza no te obliga?
No admitirla en mí es fineza.
¿Mi favor desprecias?
¿Quién
que le estima no le desprecia?
¿Que sea de otro permites?
Es destino, o mi estrella.
¿Que soy infeliz,
mi amor,
en tu muda influencia?
pues te haré dichoso.
¿Cuándo
te encuentra mi afecto a pena?
¿Te resuelves a dejarme?
Alejarte Rosaura es fuerza.
Traidor, infame, villano,
sin honra, fe, ni nobleza,
¡viva yo misma!
Salen Federico por medio de los paños y después Flora, y Esparazo.
¿Qué es esto?
¿Voces aquí?
Yo estoy muerta.
Grave empeño.
¿Aquí mi amor?
Cayóse la casa a cuestas.
¿Quién ha movido, Rosaura,
a que con los descompuestos
que alienta el pecho el enojo
prorrumpas con ira ciega,
traidor, infame, villano,
sin honra, fe, ni nobleza,
¡viva yo!
Aparte.
¿Qué le diré?
Mas válgame una cautela,
y el temor del pecho embargue
al desmentir las sospechas.
El Conde Enrique a buscarte
venía, a tiempo que a esta
estancia, que es de tu cuarto
la antecámara primera,
pasaba, acaso yo al mío;
y como excusarme atenta
(en fe, de la familiar
fiel amistad que profesa
con esta casa) no pudo
al cumplimiento que ostenta
la urbanidad cortesana,
detenerme fue fuerza
a hablarle, con que de una
en otra inútil materia
se pasó a la del gobierno,
viendo con cuánta imprudencia
nobleza, y plebe murmuran
que tienes inteligencias
con los mal contentos, que
las sediciones fomentan
en la Basovia, y la Prusia,
leal, con ambición soberbia
de que os ciñes corona,
la esquiva rama que alienta
siendo del Rey, y no lo es
nunca de la envidia ciega;
a que Enrique (como dice)
con la espada que es la lengua
del que es noble, ha mantenido
que cualquiera que lo piensa
infame, miente, a cuyo
llevada, noble, de aquella
pasión que engendra la sangre
y la razón alimenta,
encendido el cruel coraje,
prorrumpí diciendo que era
traidor, infame, villano,
sin honra, fe, ni nobleza
quien lo decía; añadiendo
¡viva yo misma! En esta
ocasión llegaste, y pues
troncaste a mi ira ciega...
el periodo, a unirse vuelva,
diciendo que si supiera
quien era el aleve que
lo pronuncia, que le hiciera
aun más pedazos que tiene
el profundo mar arenas,
átomos contiene el arte
y numera el cielo estrellas,
y que vive el mismo.
Basta,
Rosaura.
Esto dar culebra
es por anguila.
Aparte.
Muy bien
lo ha enmendado su agudeza.
Aparte.
Qué es lo que he escuchado? Ya
pública se hizo mi ira
y anticipar debo al riesgo
la resolución postrera.
Yo, Conde Enrique, os estimo
que brío y acero defienda
la lealtad con que al Rey sirvo,
pues en mí las confidencias
con los mal contentos son
máximas con que desea
mi fiel desvelo atraerlos
a la debida obediencia
a su Rey y Señor.
Nada
estimarme habéis, que esta
es obligación en mí;
pensión es del que gobierna
que las máximas en él
por deslealtad las crea
el pueblo.
Rosaura, tú
te retira, porque pueda
saber qué el Conde manda.
Aparte.
Éntrase.
Es muy justa mi obediencia.
Tirano amante, el cielo
que me vengue de su inclemencia.
Señora Flora.
Qué dices?
Éntrase.
Que a mentir de su ama aprenda,
mas si las señoras mienten,
qué harán las que son sirvientas.
Sepa en qué serviros puedo.
Aparte.
Ya
que pueda pedirle, yo
sé que de la fortaleza
real de la Parma ha vacado
el gobierno ya, y quisiera
pedirle al Rey le emplease
en un deudo mío.
Aparte.
A esa pretensión llegasteis tarde,
pues el Rey la merced hecha
tiene ya, y en confianza
mía, porque a mi obediencia
esté lo que puedo hacer
es que otro cargo pretenda
que yo facilitaré
que el Rey en él le provea.
Yo os lo estimo, el cielo os guarde.
Del Duque vida mantenga.
Pero esperad.
Qué mandáis,
Duque?
Haceros la advertencia
que me preguntó por vos
el Rey, y sin duda intenta
hablaros.
Aparte.
Al punto iré
a ponerme a su obediencia.
A no advertírmelo él,
hablaré al Rey, porque sepa
su traición. Cómo la oculta!
que halle fácil lo comprueba
Entrase.
Cielos ya he quedado solo
(y como dije) ya esfuerza
anticipar al peligro
la resolución postrera
la carta que perdí puede
ser hallada, y descubierta
la alianza esta que tengo
con los mal contentos echa
El Rey con sus embelesos
o fantásticas ideas
el casamiento dilata
con Rosaura, y aunque sea
tibieza en él; mas parece
industria de su cautela
y lo más que temer debo
es que el vulgo, y la nobleza
de Polonia ya divulgan
mis confidencias secretas
y si se apura no está
bien segura mi cabeza
de los filos de un cuchillo
y de una infame tragedia
pues si mi vida amenazan
una y otra contingencia
muera el Rey primero antes
que yo a sus rigores muera
pues para poder lograrlo
las tropas que a mi obediencia
están, las tengo acampadas
ya de la Corte tan cerca
que a cualquiera movimiento
mío las tendré en defensa
de mi misma osadía
muera el Rey, que una vez puesta
en mis sienes la Corona
dudosa es la diferencia
de quién es leal o traidor
y siempre es leal el que Reina
Vase y salen Margarita en el traje de pobre y Bato de villano vestido.
Cierto es que estoy aturdido
Pues de qué es tu turbación?
De ver este caserón
tan rico a que me has traído
Este es el Palacio Real
del Rey.
Mi juicio no atina
a saber, si la cocina
tan grande es como el portal.
Ap.
Si se admira en la rudeza
suya aquéste, en lo que vio
qué hará (Cielos) quien vivió
en la rústica corteza
de una Cueva; pues aunque
por las noticias podía
aplacar mi fantasía
mucho más es lo que ve
Este Palacio mi Oriente
fue en mi natal, quién pensara
que de su esfera pasara
a estado tan indecente?
que por fiera me creyó
quien su traje me veía
y a la nobleza mía
un traidor me transformó;
pero si a saber alcanza
mi noble osado valor
quien fue el aleve traidor
he de tomar cruel venganza.
Diome Alverito por ley
que a Palacio no viniera,
mas mi amor que le venera
me conduce a ver al Rey.
ve entrando.
Aqueso no intento
que temo aquellos soldados
que parecen tan armados
sayones del prendimiento.
La guarda es del Rey.
Ahora
aun les temo más que antes,
pues dicen que es gente aquesta
que si están persuadidos
no se dan de balde palos
y estos dan palos de balde
y si no mira qué ruido
con las alabardas hacen.
Dentro dan golpes como que mueven la Guardia
Aunque el motivo lo dudo
pasa el discurso a enseñarme
que es señal de movimiento
en la Guardia, de aquesta parte
te retira.
Yo me voy.
Vete, pues, que antes me haces
estorbo aquí.
A la posada
me voy, señor, a aguardarte.
Vete.
Dentro, voz: La Guardia se mude al cuarto que cae al parque.
Ya entrar al cuarto del Rey
puedo, sin que estorbo halle
en la entrada. Amor, pues eres
tan ciego, no seas cobarde.
Entrase Margarita al patio, y después sale el Rey por en medio de los Patios, y Enrique por la puerta contraria por donde entró Margarita.
Marche la Guardia.
¿Qué es esto
de la Guardia?
A besarte
entraba la mano, a tiempo
que oí que llamabas.
Sabed,
Enrique, quién ha mandado
mudar la guarda.
Informarme
pude por ser novedad
que la orden dio en este instante
Federico, con intento
que vuestra Alteza pasase
a habitar el cuarto que
tiene las vistas al Parque,
para que en la variedad
de árboles, flores y aves,
halle algún divertimiento
la melancolía grave
que reina en vuestra persona.
(Aparte.)
¿Qué escucho? ¿Sin darme parte
manda aún el Duque en mi casa?
Acción suya engendra un áspid
en mi pecho, recelando
que alguna traición infame
intenta en ella. Mas fuerza
es disimular. En balde
solicita Federico
que alivio mi pena halle,
pues siendo pasión de alma
la que logra atormentarme,
se aumenta más cada día
sin que los remedios basten;
y más desde que vi a aquella
hermosa mujer, (en traje
de fiera, a quien le debí
la vida, ¡ay de mí!), pues si antes
en sombras la veía en el sueño,
en la memoria su imagen,
aun despierto la estoy viendo
sin olvidarla un instante;
cuyo delirio amoroso
tan fatigado me trae
que no descanso en el lecho
y el sueño falta me hace.
Sentarme quiero, por si
hallo alivio en mis afanes.
Sentaos vos, Conde.
Señor,
vuestra Alteza no me mande
lo que no es justo.
Sentaos, que yo os lo mando.
Excusarse
mi obediencia ya no puede.
Yo, Enrique, una queja grande
que se pasa casi a ser
deslealtad, en vuestra sangre
tengo de vos.
(Aparte.)
¿Qué es lo que oigo?
Sin duda supo que amante
soy de Rosaura, y mejor
ha de ser anticiparme
a dar la disculpa yo,
que el Rey se pase a culparme.
Señor, si decentes cultos
que no ofendan las deidades
mi veneración rindió
a quien por sus prendas grandes
mereció que al solio regio
dando os la mano llegase,
no fue delito en mí, pues
si yo la serví fue antes.
que hicieseis vos elección
de su belleza admirable,
pero al punto que lo supe,
con rendido vasallaje,
la adoré como a mi reina
y esposa vuestra.
¿Qué amante
suyo es el conde, Rosaura?
No me dolió, no nace
mi queja de eso, y porque
mi verdad os desengañe,
yo haré que Rosaura sea
vuestra esposa.
Ya no es fácil.
¿Por qué razón?
Porque fuera
contra mi fama, que manche
la que hermana es de un aleve
la fiel lealtad, a mi sangre.
¿Luego es traidor Federico?
Esta carta lo declare.
De eso nacía mi queja,
de que no me revelasteis
su conjuración.
Dale la carta.
A eso
a hablaros venía.
Dadme la carta.
En ella veréis
sus injustas deslealtades.
Lee para sí.
Con qué pesar la leo. ¡Cielos!
¿Puede haber traición más grande,
que al que hice tantas honras,
di rentas y cargos tales,
que conmigo le iguale,
se conjure infiel e infame
contra mí? Mas entretanto
que las tropas auxiliares
lleguen, que el emperador
mi tío me envía, darme
por ofendido no intento,
pues entonces castigarle
a mi salvo podré, conde;
el secreto es importante
hasta la ocasión.
Señor,
bien discurro, que arriesgarse
puede el reino si le prendes
ahora, pues sus parciales
se hallan dueños de las armas.
Bien decís, ahora dejadme
solo aquí.
Ya os obedezco.
Entrase.
Cielos, que esto por mí pase,
pero aunque el pesar pudiera
que he recibido, estorbarme
(como es natural en todos)
que al descanso me entregase,
la falta propia del sueño,
que es pensión en los mortales,
hace que a él me rinda; ya
venció en mí el humano el
Quedase dormido y sale Margarita.
Hasta aquí he conseguido
entrar, sin que sea a nadie
vista, si encontrar al Rey
pudiera; pero ¿aquí yace
recostado en una silla?
Su sosiego me persuade
que está durmiendo: más cerca
llegarme quiero: ¡qué afable
semblante, qué Majestad
ostenta! mas son deidades
los Reyes, con que no puede
lo soberano faltarles
a no ser en mí recato
casi indecente, besarle
la mano quisiera, pero
si de respeto fiel nace
este noble afecto en mí,
no de amante pasión fácil
no es culpa; mas al llegar
ruido siento, retirarme
ya es preciso.
Retírase a los paños Margarita y sale Federico.
Saca la pistola y levanta el arma para que dispararla Margarita le quita la pistola y forcejean por defenderla, y dispara, y despierta el Rey y huye.....
Pues logré
que la guarda se mudase
de este cuarto, porque estorbo
no fuese a que mis parciales
puedan socorrerme, en caso
que de ellos necesitare,
muera el Rey, pero durmiendo
aquí está, no te acobardes, valor,
que un Rey no le importa
al veneno penetrante
de esta sierpe de metal,
muera el Rey.
¿Qué es lo que haces
traidor? La pistola yo sabré quitarte.
No es fácil.
Ve si lo es; mas disparóse.
¿Qué es aquesto?
Que este infame
traidor matarte quería,
como lo comprueba hallarle
en su mano esa pistola
la cual pudo dispararse
al querer se la quitar.
Miente ese aleve cobarde,
que yo fui quien estorbé
el que el traidor te matase
quitándole de la mano
esta arma vil.
En fallarse
cuál es traidor, o es leal
el juicio se halla variable
en Federico hallo tantos
indicios de deslealtades
pero en este joven miro
el vil instrumento infame
con que intentó darme muerte
y de hacer no puedo examen
de la causa del delito.
si es asesino de parte
principal de la traición
y en tanto que se aclare
como hacer mandar debo
con rigor aprisionarle
al Capitán de la Guarda
llamad, luego
Sale el Capitán de la Guarda Enrique, y Espárrago
Ya a tus reales
pies estoy señor qué mandas
Que a ese traidor infame
despojéis de ese instrumento
con que pretendió matarme
Qué miro aqueste es el joven
que me pidió que amparase
Alberto mi deudo, mal
podré ampararle en tal trance
Qué traidorcitos tenemos
Federico aquí y matarle
otro al Rey, gran mal recelo
Vos Federico quitadle
la Espada
Saca la Espada
De aquesta suerte
la dan hombres de mi sangre
pues solo al Rey se la rinden
Dádmela a mí
A vuestros reales
pies la postro
Ahora alzada
Qué miro esto no es dudable
Señor esta Espada es mía
la cual me quitó el gigante
la que en el disfraz de fiera
os dio la vida
Notable
confusión
Quién esta Espada
te dio?
Quién sabrá matarte
por traidor; pues ya sabes
que mi inteligencia sabe
que eres Federico falso
de otra tal traición vengarme
que me toca, y al Rey toca
pues la mano ensangrentaste
en quien su real sangre era
lo cual no ignoras cobarde
y lo haré público.
Qué digo
Quién pudo esto revelarle
en grande peligro estoy
Luego a una torre llevadle
La prisión a mí me toca
Pues el anillo me vale
para no ser conocida
con él espero librarme
Vamos de aquí
Ya voy
venga
que agarrado he de llevarle
Vanse.
de confusiones voy lleno
Vase.
mil temores me combaten
Vase.
ay Rosaura que te pierdo
porque se infama tu sangre
fin de la segunda jornada
Tercera jornada
Salen Margarita y Bato.
Ya no tengo tolerancia
algún diablo me forzó
a que te sirviese yo
puro por concomitancia
por tu criado habrá ley
que a questo mande en rigor,
acaso fui yo traidor
o quise matar al rey
para que me echen la garra
la justicia, y recto el juez
me obligue por una vez
a ser racimo sin parra
ahorcado yo, en qué he pecado
digan los que me ven
si acaso me miran bien
si tengo cara de ahorcado.
Apenas en llanto me exhalo
ay mi Jileta qué hará
sin su Bato, y qué dirá
al verme en la ene de palo.
Presto saldrás es constante
de la prisión
Creerlo puedo
mas será a pesar del credo
y con los cristos delante
di, señor, quién te metió
en querer matar al rey?
Qué es matarle, cómo había
de intentarlo
En fe de ser su vasallo
el más leal, el más fiel,
no solamente le ama
mas le adora con tal fe
que por conservar su vida
la suya arriesgará, pues
es deuda en cualquiera noble
el perderla por su rey.
¡Ay de mí! ¡Qué mi pasión
aun recatarla no sé;
pues del corazón al labio
se suele asomar tal vez
lo que intenté motivado
de mi amante afecto fue
con osada bizarría
ofender al rey, al ver
que el aleve Federico
matarle intentaba cruel.
Aquesto propio te he dicho
otras veces, y que él,
por ocultar su traición
engañosamente infiel,
me atribuyó a mí el delito
que él osaba cometer.
Pero juramento hago
a cuantos astros se ven,
que son lucientes antorchas
de ese diáfano dosel,
de tomar presto venganza
de su traición, y poner
sobre su aleve cerviz
mi noble planta, hasta que
públicamente confiese
que el traidor solo fue él
y que antes de esto a su patria
tirano ha sido también
con tan execrable culpa.
Como se sabrá después.
No fuera mala la ronca
a no estar preso, ¿no ves
que aunque te sobren las manos
no tienes libres los pies?
Presto
espero que los tendré.
¿En qué lo fundas?
Salvar...
la objeción del no en haber
declarádome en la industria
que discurrí, enmendaré
con otro nuevo pretexto
su duda.
Aclárate.
Ya lo hago, neutral es cierto
que el rey se halla en quién fue,
si Federico el traidor,
o yo lo fui, y de esto es
consecuencia indubitable
ver que prisionero esté
en el cuarto del alcaide,
donde no es la cárcel cruel,
pues ni la cadena arrastro
ni el grillo me oprime el pie;
antes regalados somos,
sin que nos falte al comer
ni el ave que el aire gira
ni la más sabrosa res.
Eso es lo que temo más.
¿Por qué lo temes?
Porque
engordar para matar
en nosotros viene a ser.
No lo creas, y pues ya
satisfecho quedas, ten
cuenta no entre aquí el alcaide
sin avisarme.
Lo haré
como lo mandas, por Cristo,
que me está oliendo a mujer
en sus astucias.
Éntrase.
Ahora
puesto que a solas quedé
para poderme librar,
y a un tiempo satisfacer
mi ofensa y tomar venganza,
de la industria me valdré
que tengo ya prevenida.
Con el seguro de que
este anillo me transforma
en otro rostro, otro ser
del mío, con que apartado
del dedo, engañar podré
el cuidado a las guardas
vistiéndome de mujer;
pues por acaso, o descuido,
un cofre abierto encontré
de mujeriles vestidos,
que sin duda alguna es
de la mujer del alcaide,
y la precisión de haber
traídome aquí no ha dado
ocasión de entrar por él.
Mas si alguno aquí se hallara
la objeción podía poner,
cómo acomodarse a un traje
aquel, quien nunca usó de él;
mas respondido ya está,
que si en una mujer es
natural traje, no hay duda
que se le sabrá poner.
Quiero ver antes si Bato
obra lo que le mandé.
Va a abrir los paños al tiempo que sale el Rey por la puerta contraria, donde se retira Margarita.
Por una secreta puerta
que se comunica, en fe
de alindar con mi palacio
este fuerte, he entrado en él
a ver este infeliz joven.
A la mía oculta entraré
a conseguir mi designio.
Como parte, rey y juez
he de examinar si culpa
en él hallo; pues no sé
qué sobrenatural causa,
o qué antipatía es,
la que me obliga a desear
que no sea culpado en el
crimen de traidor; y a esto
se añade si vengo a ser
aquí juez y parte al tiempo,
que obre solo como juez,
¿no con la pasión de parte?
Pues intentar a su rey
dar muerte alevosamente
un hombre, es preciso que
o le obligue la ambición
a aspirar al real laurel,
a la majestad, a hallarse
sobornado, infiel a quien
ceñirse el laurel intenta.
Y no de estos cargos es
los que encuentro en este joven
infeliz; mas no hallo en él
méritos para que aspire
a ceñir su alta sien
de la sacra rama esquiva
con que se corona un rey.
Motivado del soborno
pudo emprenderlo; mas ver
el que intentó matarme
y ser Federico quien
me defendió de su saña,
comprobar...
cuando Federico es
testigo tan sospechoso,
como ser traidor, infiel,
pues con rama conjurada
tiene la barbaria y quien
intenta tiranizarme
rebelde el sacro laurel
que con legítima causa
a mí no le heredé,
que mi muerte solicite
probable se pasa a hacer
y lo que más me confunde
en este caso es ver que el
acero que le quitó
aquella hermosa mujer
a Federico, sea el mismo
que trae este joven, quien
vio eslabonarse tan raras
confusiones.
Sale Margarita, vestida de mujer.
Ya logré
vestirme; pero, ¿qué miro?
¿Qué es lo que ves?
Aquí el rey,
¿qué haré?
Ya está de aseo.
Ilusión no puede ser,
mujer, ángel o deidad,
cuya apariencia me asombra,
mas, para ser aquí sombra,
tienes mucho de verdad.
¿Cómo aquí, en extraña beldad
pudo, sin ser ilusión,
pues cuando mi fiel pasión
solo te logra aparente,
en la memoria presente,
te encuentra, en esta prisión?
¿Quién eres? Enigma, di,
pues los disfraces trocando
en el de dama estás cuando
en el de fiera te vi,
sepa mi afecto decir
llegándote a idolatrar
si al pasarte a declarar
mi noble pasión rendida
al verte correspondida
te sabrás también mudar.
Mas si pagas mi fineza,
como te hizo el cielo hermosa
cárcel de jazmín y rosa
si te dio también nobleza,
no dudes que a la grandeza
de ser reina llegarás;
pero si reinando estás
con imperio en mi albedrío
siendo aqueste reino mío
dueño de él también serás.
Aparte.
Cielos, ¿qué haré? pues si amante
mi casto amor corresponde
a sus rendidas finezas
y digo quien soy, se expone
aquí a dos inconvenientes
mi pundonor, y fe noble;
el primero es, si declaro
al rey quién soy, mis rencores
quedan sin tomar venganza
del fiero agravio y enorme
que Federico me ha hecho
saliendo de aquesta torre
con la industria que dispuse,
y en mi condición indócil
dejar de satisfacerse
imposible es, y en quien note
que el que ofendida mujer
dijo, de un aleve hombre,
vengativa mujer dijo,
en mí se confirma porque
ofensas que al honor llegan
no es bien que el valor perdone.
entre los discursos de una
visita, participóme
cómo preso estaba en ella
un atrevido infiel joven
que daros muerte intentó.
La atrocidad obligóme
a ver hombre tan osado
que a un rey, que en los corazones
de sus vasallos más reina
por amado, que en su corte;
y al pasar a ejecutarlo
a esa cuadra que es adonde
está, me hallo, vuestra alteza,
y que en otras mutaciones
ya de fiera, ya de dama
me ha visto, que se equivoquen
es fácil los ojos, y a esto,
ya que si aquese azul móvil
o cielo como me hizo
(por lisonja es bien lo tome)
cartel de jazmín y rosa,
me hubiera formado noble
para poder responderos,
pide muchas digresiones
el caso, en cuyo intermedio
mi recato riesgo corre;
y así, permitid que vaya
a observar si alguien nos oye.
Id, pues, aunque aquí me prive
de ver vuestros puros soles,
por el deseo de oíros
supliré las dilaciones.
Aparte.
Harto siento de su vista
ausentarme, y ¡qué malogro!
porque le importa a mi fama
que en mí emplee sus favores.
Entrase.
Su discreción corresponde
con su hermosura, y juntarse
en ella dos perfecciones
milagro del cielo fue.
Para que deidad la adoren,
que venga a buscar yo intento,
para cuyo justo informe
aun más la piedad me trae,
que no mis propios rigores,
y cuando aqueste cuidado
pudiera de mis pasiones
olvidar la causa, hallo
la causa que las mejore,
porque si en las somnolientas
tristes confusas mansiones
del sueño, consigo ver
en mentidas ilusiones
la hermosura por quien vivo,
para que muera de amores
verdadera aquí la encuentro,
añadiendo a sus primores
la perfección de discreta,
que es otro divino dote.
Casi imposible parece
tal acaso, y en mí corre
riesgo de ser ilusión,
que la idea me propone,
o es milagro del amor.
Mas ya vuelve.
Sale Margarita vestida de hombre.
Aparte.
Transforméme
habiendo mudado traje,
el anillo en ser de hombre.
¿Quién está aquí?
Mas ¿qué veo?
¿No es ella?
¿Has conocídome?
Alentar quiero el engaño.
Éste es el infeliz joven
que busco.
Gran Señor,
aunque no me supone
la malicia de un aleve
a la culpa más enorme,
por ser inculpable en ella,
permitidme que me postre
a vuestras plantas reales;
y pues las leyes disponen
que el que ve la cara al rey
aunque delincuente logre
el perdón, no el perdón pido
que vuestra alteza me otorgue,
sino que a campal batalla
se remita el juicio donde
sean jueces los aceros,
y vea vuestra real corte
quién es traidor, o leal,
Federico, o yo.
Aparte.
¿Qué oye
mi atención? Sin duda hay
noble sangre en este hombre,
o no es culpado; mas esto
no es bien que lo más me estorbe.
¿Dónde vi una hermosa Dama
ésta, que entró aquí?
¿Que ignore
dónde es fuerza? Dama, aquí,
cuando son las opresiones
a mi prisión tan severas
que solo un criado, (hombre
sencillo) me
a la guardia los rigores
olvidado entrar nadie a verme.
¿Cómo a la verdad te opones,
si yo estuve ahora con ella,
la hablé y me habló?
Que me asombre
es preciso; aquí no ha entrado
mujer ni salido, y donde
se pueda ocultar no es fácil,
pues mi prisión se compone
de tres piezas solo.
Yo
lo veré.
Éntrase el Rey por donde salió Margarita.
En qué confusiones
le pone mi engaño.
Sale Batín.
El rey
en la prisión, acabóse;
él por falta de escribanos
la sentencia de garrote
a notificarnos viene.
Sale el Rey.
A nadie hallo; ¿qué ilusiones,
cielos, son estas? Alguna
violencia fuera del orden
natural obra esto en mí,
y de vanas impresiones
forma en la idea el objeto
a quien rindo adoraciones;
mas doy que aparente pueda
la magia con pacto torpe
dar cuerpo a un objeto, y forma;
mas, ¿cómo le alienta voces,
si me habló, y la hablé?, el juicio
temo perder al desorden
de confusiones tan raras.
Que sea fuerza que obre
este con quien amo.
Pero
nada al examen perdone
mi juicio, en sí fue ilusión
o verdad, la que ahora entonces
a la guardia...
Sale el Alcaide.
¿Quién llama?
Vos aquí, señor, que logre
Dios, pues me permitió...
Alzad, y sin que os estorbe
el temor de mi castigo,
¿no entró adentro hoy
aquí una dama?
¿Aquí dama?
Ni mujer; no soy tan dócil
que nadie me persuadiera
a dar esas permisiones.
Yo la hablé.
Sino entró en sombra
no puede ser.
Aparte Vargas.
¿Qué oyen
mis recelos?, que venía
a visitar, declárome,
a su esposa.
Señor,
Vuestra Alteza me perdone,
que eso es suponer que hubo
mujer.
¿Aun lo duda?
Como
tengo mi lealtad, digo
que lo dudo.
Aparte.
¡A rigores!
A mi delirio, que haya
de ceder a las razones
de un vasallo porque en mí
la demencia no se note,
estas vanas apariencias
que la idea me propone.
Disimular es preciso
cuando descrédito corre
mi Majestad. Irme quiero
aunque examinar no logre
ahora de este joven...
Antes
que oculte sus esplendores
la piedad de Vuestra Alteza,
le suplico que me otorgue
campo en que el valor declare
en la culpa más enorme
quién es traidor, o leal.
Tribunales hay adonde
se sentencian los delitos
de aquellos que son traidores.
Yo, señor, que no lo soy,
ponen su criado a torpe
sin comerlo ni beberlo
porque a la sombra me ponen
para ponerme después
al sol, y ya quemé a quien
confiesa mi mujer
sea porque ella no ignore
que los bienes gananciales,
señor, son de ambos consortes.
Aparte.
Libre a ese criado.
Que esto
lo hago porque no estorbe
el que pueda examinar
a solas si aqueste hombre
fue el traidor, o fue el leal,
lo cual remito a esta noche;
pues no sé (como ya dije)
qué pasión fuera del orden
natural me obliga a que
esta piedad con él obre.
Entrase el Rey.
Baile y brinque, que creyó
que bailara de cogote.
Aparte.
Pues la experiencia me enseña
que a todos me desconoce
la fuerza de aqueste anillo,
yo saldré de aquesta torre
con la industria que tracé,
aunque el negro me lo estorbe.
Venid, que ya la vianda
os espera.
Vuestra orden
fuerza es siga, pero quien
sin gusto está entre prisiones,
que es la sal de la comida,
todo le sabe a rigores.
Entranse, y salen Rosaura y Flora.
Ya estoy determinada
de hablar al Rey.
No sé si es acertada
esa resolución.
¿Por qué, Flora?
Tu discurso no ignora
el que el Rey fue tu amante
y que aunque era constante
y cuerdo en su grandeza
trocó en olvido lo que fue fineza
habiéndote aclarado con empeño
que tu mano tenía propio dueño,
qué sabes si le dura
aquel afecto que olvidar procura,
y finos tus desvelos
para con otro, avivas más sus celos,
y el más cuerdo o prudente
ver a su dama en otro cobrarse afrente?
Como a propia mujer, no como amante,
me mira y por el Rey y por mi fama
es preciso que vuelva
cuando a hablarle ofendida me resuelva
a Enrique; pues ingrato
faltando a la palabra y fiel contrato
que mi esposo sería,
pudo lograr la entereza mía
no desdenes, desaires ni rigores,
sino honestos y lícitos favores,
los cuales no pagados
son ofensas y agravios declarados
en mujeres que nacen principales.
En sentir los desprecios casi iguales
son amas y criadas,
y en la gente vulgar son bofetadas,
pero Espárrago viene
que es con quien con fialdades enteras.
¿Qué hay, Espárrago?
Que no hay, que está acabado el mundo,
ya que todo se ha acabado,
pues de dar los señores ya se han olvidado,
pero encuentro muchísimos que piden;
una vuelta dio el orbe, y es trabajo
que se haya vuelto lo de arriba abajo,
y aquesto lo previno
un gran matemático ladino,
mandándole enterrasen en muriendo
boca abajo, diciendo
que el mundo era una bola con que había
una vuelta de dar por sí algún día,
y aquellos que se vían enterrados
boca arriba, se hallarían burlados
viéndose boca abajo en pena esquiva,
y él quedaría entonces boca arriba.
¡Ay, mentira más rara!
Cosa es cierta,
tú eso lo verás después de muerta.
Dime, ¿has visto a Enrique?
¿A quién?
¿A Enrique?
No sé cómo explique
la vuelta de ese hombre, o es poeta
o se ensaya señora de veleta,
pues no gustando ya de mis donaires
se vuelve fácilmente a todos aires;
antes a mediodía
me señalaba el viento que corría
y era su convidado,
y le comía a veces medio lado,
mas ahora es diferente,
que el viento le ha mudado hacia el poniente
y tanto la mesura ingrata borda
que hace al mirarme ya la vista gorda.
Otro desprecio más.
Y conocido;
pues quien quiere a Beltrán ya está entendida.
Acercándonos vamos
al retrete del Rey.
Ya en él estamos,
y parece que suena un instrumento
suavizando las cláusulas al viento.
Canta la música
Dentro María la Rosa que Rosaura era
al prado hermosa lisonja
del Céfiro a los olvidos
ha marchitado su pompa
y Aura, y Rosa
si una nácar se pierda
llora otra aljófar
Sale el Rey, des- / pués los músicos / cantando.
No cantéis más.
Aparte el Rey solo / habla aquí.
Que la lisonja
creyendo que ame a Rosaura
me la traiga a la memoria
formando de Rosa, y aura
el concepto.
Aquesta trova
parece se hizo por ti.
No me pesa, pues blasona
que de Céfiro el olvido
pudo marchitar la rosa
de mi esperanza, y pues habla
con el Rey que lo ocasiona
en su olvido, nada pierda
mi vanidad, solo llora
verme olvidada de Enrique,
¡ay, ingrato!
Al pie con bola
está, al cabo, ¿hablar quieres
al Rey?
Sí haré.
Aparte.
¿Como sombra
aparente, pudo ver?
Sino real visible forma
la que elevó mis sentidos,
que borrar de la memoria,
no pueda aquesta aprehensión
que me aflige a todas horas,
tanto que anoche no pude
molestado de congojas
ir a hablar al delincuente
infelice joven, contra
quien Federico fulmina
en la traición alevosa,
tantos vehementes indicios
que para el castigo sobran.
Y sin su descargo temo
que atropellen su persona.
Qué elevado está, acercarme
quiero más.
Llega, señora.
Pero, ¿qué miro? Rosaura
aquí vos.
Hablar me importa
a solas a Vuestra Alteza.
¡Hola, despejad!
Aparte.
Mas ¡ay!
tiene un Rey que el mar oculta
Hablad, ya estamos a solas.
Parecer a Vuestra Alteza
si afición, elección propia,
o razón de Estado fuese
por no elegir mala esposa
extranjera de otros Reinos;
pues a veces ocasionan
aun más que amigables paces
entre los Reyes discordias,
que los ojos puso en mí
queriendo hacerme dichosa
elevando un vasallo
a la majestad heroica
no acordárselo es inútil;
pues cualquier llama amorosa
llega a apagarse a la
ceniza en la memoria
a que su fineza amante
la recompensa con otras
llegándose a aclarar
conmigo que más importa
un desengaño, que obligó
que una fineza engañosa
diciéndole que mi mano
el que no era mía propia
pues tenía dueño a otro
de mujer ciega loca
de otro amante lo atribuyera
la ignorancia maliciosa
mas no fue sino lealtad,
pero lealtad tan heroica
que viendo que es un monarca
sol, cuya luciente antorcha
alumbra su monarquía
y que en cualquier niebla impura
que eclipsa su resplandor
todos reparan por nota
no quise que oscureciese
su real esplendor la sombra
de mujer propia que dotes
antes admiró en su esposa
y tras los decentes cultos
con que a las deidades postran
a tan noble desengaño
asistió vuestra persona,
el ya comenzado empeño
retirando a mí todas
las atenciones llamando
sin dejarse ver a solas
quién creyera que la fineza
de un firme tan a costa
de abandonar por el conde
Enrique, que es el que logra
decentes favores míos
el blasón de una corona
con desvíos me la pague
y disculpas engañosas
faltándome a la palabra
de que a una coyunda propia
Himeneo juntaría
dos almas a una unión sola
y su disculpa es que antes
que su pasión amorosa
está lealtad, a su rey
y el corazón a su persona,
pues a la que una vez
él la eligió por esposa
fuera especie de traición
y es lealtad alevosa
aunque por razón de estado
de elección justa de otra
causase; que un vasallo
la elija por mujer propia
y esto que parece justo
mirado a luces dudosas
es señor contra mi fama
mi honor, mi crédito y honra,
pues cualquier que pensará
con intención sospechosa
que habiéndome festejado
vuestra Alteza licenciosa
le permití algún favor
que la honestidad desdora
y que dejar ahora el conde
siendo a todos tan notoria
nuestra fiel correspondencia
de admitirme por esposa
que algún escrúpulo aleve
o vil sospecha traidora
le fuerza ahora a faltar
a obligación tan forzosa
este descrédito mío.
A Vuestra Alteza le toca
supuesto que por su causa
mi noble fama zozobra
en mal que asido a borrascas
cuyas encrespadas olas
son unos que lo murmuran
y otros señor que lo notan
a que lo remedie vengo.
Vuestra Alteza cuerdo ponga
aquellos lícitos medios
que no hagan escándalo
mi justa queja: esto os pide
esto os ruega esto os expone
una afligida mujer
que a vuestras plantas se postra
no por Rey, por Caballero
volver debéis por mi honra
que amparar a las mujeres
a los Caballeros toca.
Arrodíllase.
Alzad Rosaura al suelo.
Mi hermano señor.
No importa,
hablando con él, con vos
hablo aquí: de la persona
de vuestro hermano Rosaura
tanto aprecio hago, que sobran
votos, ruegos para que
mi gratitud corresponda
a sus méritos: yo haré
como Rey lo que me toca
y Caballero.
Sale Federico a los paños con unos papeles en la mano.
Otra vez
los pies me dad, por las honras
que hacéis a mí y a mi hermano.
¿Qué podrá pedirle ahora
por mí al Rey Rosaura?
Vase Rosaura, y sale Federico.
En fe
de vuestra palabra heroica
irme puedo consolada.
Si podéis; id en buen hora.
No sé cómo pueda a Manrique
persuadirle a que deponga
la razón que tiene; pero
obligación se hizo propia
en mí el honor de Rosaura.
Señor.
Duque, más de una hora
ha que os espero, mas ¿qué
papeles son esos?
Toda la causa
que ha resultado
de la traición alevosa
del que os intentó dar muerte,
y habiéndose hecho notoria
la deposición de tantos
testigos que se conforman
en el alto consulado
de los Jueces de Polonia,
unánimes le condenan
a muerte vil y afrentosa
solo falta, como es ley
del Reino, que la persona
del Rey firme la que fuere
sentencia de muerte.
Sola
una circunstancia falta
a la ley.
¿Cuál es?
Que oiga
lo que se actuó en la causa
el Rey; pero a quien le toca
traer los autos es al Juez.
porque se hace sospechosa
otra persona en tratarlo.
Aparte.
Mi severidad me asombra.
Y pregunto, ¿se ha tomado
más cargo al reo?
Sobra
la información de testigos.
Rompe los papeles.
No viene esta causa en forma
y así es bien que se cancele,
mas mejor es que se rompa
porque de esta la pasión
no se traslade a la otra
que se escriba.
Aparte.
Sin mí estoy,
declarándose ya el Rey contra
mí, pues su semblante
es de quien su enojo me informa.
Aparte.
La turbación en el Duque
su misma traición pregona.
Aparte.
En gran riesgo estoy, pues están
en acercarse las tropas
a mis parciales.
Sale Enrique con un cartel.
Señor,
en vuestra antesala propia
se ha hallado aqueste cartel
de desafío, y en todas
las públicas plazas se halla
fijado en la misma forma.
¿Qué contiene?
Lo dirá
mejor vuestra Alteza; oiga.
Lee.
Un caballero de la más esclarecida sangre de Polonia, hace
notorio a todos que por ley establecida en estos Reinos, al
que se hallare preso, ausente, o inhábil para to-
mar armas, cualquier caballero, indiciado de traidor
pueda otro caballero, y deudo, o amigo retar al acusador,
y aceptada la venia del serenísimo señor Rey de Polonia, re-
ta y desafía a campal batalla al Duque Federico, en la cual
mantendrá que el Duque es el traidor en el atentado de in-
tentar a su legítimo Rey la muerte, y en otro crimen de lesa
Majestad, que no dirá hasta que se lo haga confesar públicamente.
Lo cual representará en el campo que fuere señalado co-
mo padrino armado de todas armas dentro del término de
veinte y cuatro horas a las de este fijado cartel, advirtien-
do que saldrá incógnito hasta que le dé a conocer su valor =
Un Caballero.
Federico, ¿qué decís
de esto?
La sangre toda
en las venas se me ha helado.
Señor, que ilustres personas
como yo nunca se excusan
cuando retados se notan
a sustentar lo que han dicho;
¿ya una vez; y esto de ahora?
Acepto el reto.
Negar
no puedo el campo en la forma
que me pide el retador.
Y negarle fuera contra
mi fama: a vos Conde Enrique
os pido me hagáis la honra
de ser mi padrino.
En serlo
a mí me la hacéis.
Entra el Capitán de la Guarda.
A toda
la guardia se prenda.
¿Quién
aqueste estruendo ocasiona?
Sale.
Solo diré, pues habiendo
faltado, Señor, ahora
el delincuente que estaba
de aquel fuerte en custodia.
del Alcaide prender, le he hecho
y a los soldados de su escolta
que luego se castiguen; que esto
quedó su fuga alevosa
son cómplices.
Yo, señor,
ofrezco dar su persona
muerto o preso.
¿qué decís?
que entregarte a mí me toca
Mas será después que logre
dejar sin mancha ni sombra
de traidor su noble fama;
pues lo espero de su heroica
bizarría; pues quien pudo,
ponerse en fuga afrentosa
y debajo del seguro
se entrega en mis manos propias
de la palabra que a Alberto
di, de amparar su persona
en obligación me pone
no solo de hacerlo a toda
costa de armas y caballos
sino en lid, que es tan honrosa,
de ser su padrino.
Duque, de preveniros propone
para un duelo en que he de ser
yo el juez.
Lograr la victoria
confío, en que la verdad
no sirvió nunca hasta ahora
de fiel semblante tanto al miedo,
mas mi culpa lo ocasiona.
¿Quién será el mantenedor?
Dice que su persona
dará a conocer su esfuerzo.
La empresa en todo es heroica.
Vamos, Capitán.
Señor.
El preso entregar os toca.
Yo cumpliré mi palabra.
Mas será si el triunfo logra.
Volverte quiero a abrazar,
Bato, que te llego a ver,
libre.
Mas creo, mujer,
que te holgarás de verme ahorcar.
¿Tú eso digas? no.
Y paras
que me muriera al momento
no creo el sentimiento
Gileta, que tú te ahorcarás.
¿Sí me ahorcará?
De los brazos.
Loco.
Malicias extrañas
tienes.
Yo sé de tus mañas
que no es a excusas los lazos.
El fausto, y dime, ¿qué haremos,
cuando nos vemos sin amo,
y que tan pobres estamos
que aun para pan no tenemos?
Yo ya, amiga, me he alquilado.
¿Estas plumas no ves?
Y librea nueva.
Pues,
¿a qué te has acomodado?
Un desafío hay, y yo
llevo las lanzas, que al potro...
Mira que por dar al otro
no te den a ti.
Eso no, que tanto me apartaré
que al enarbolar los brazos
para darse los porrazos
de ellos media legua esté.
Y ¿qué es de...
Conmigo, que ya se acerca
el tiempo, pues de los doce
siempre a ser una tragedia
los dejaré en el circo
bien acomodada mientras
al mantenedor le doy
a asistirle ven Gileta
Ya voy
(Entrase)
Aquesta es la plaza
quédate a Dios
Dan vuelta a los paños corriéndose una cortina en que está pintado el corredor se verá el Rey sentado en un trono y en el primer corredor hecho como un balcón Rosaura y Flora
Con bien vengas
qué hermosa está que regada
qué despejada la arena
parece que la han cernido
porque tropezar no pueda
menos aquel que cayere
el Rey allí verse deja
en su trono, y los balcones
de Damas todos se pueblan
Ya llegó la hora en que
haciendo aquesta palestra
tribunal, quien fue el leal
o el que fue leal se vea
Cualquiera culpará, Flora
que a ver en persona venga
una lid, en que retado
es mi hermano; pero esta
es más política, que
van a diversión de verla,
pues a no hallarme presente
la malicia presumiera
desconfiaba del triunfo
cuando la verdad sustenta
Pues por ver a Enrique creo
que vienes lo
Cuando a esta pena
el corazón tengo muerto,
otro pesar más me acuerdas
Tocan el clarín y cajas a marcha y por una par te que entran Marqués y el Capitán de la Guar dia armados y Bato con una lanza y un escudo hace sus levadas con la vara y dejan de tocar
Ya a la entrada las cajas
y clarines hacen seña
Cierto que el mantenedor
tiene gallarda presencia
¿Quién será el padrino?
Dicen
aunque han sido tan secretas
las prevenciones de armas
que ha hecho en su casa mesma
el Capitán de la Guardia
que es él.
Salen en la misma forma Federico, Enrique y Esparza tocando el clarín y cajas hace sus levadas, y to ma el lado derecho del tablado y después los padrinos miden las espadas y muestran a todos como que parten el sol
Ya tu hermano entra
y airoso viene
Y Enrique [tachado]
no lo está menos
Que fuera
que dijeras lo contrario
Para que igual la lid sea
la espada
Aquesta es la mía
La vuestra dad;
La mía es esta.
Al temple, peso y medida
son iguales
Hora vista
partido el sol entre ambos
¿habrá Alteza licencia
para empezar el combate?
que es solo lo que se espera
Yo la doy
miden las esp adas y a los prime ros golpes cae Federico al suelo
Pues caballeros
aprestaos a la lid, o ya,
Dios dé triunfo y dé le
al que la verdad sustenta
Va Rosaura al balcón y Flora, el Rey se levanta del trono
Muerto soy, válgame el cielo
¡Qué desdicha!
¡Qué tragedia!
Al acudir voy a mi hermano
Las armas todos suspendan
Mas ya que pierdo la vida
el alma es bien no se pierda
invicto Rey de Polonia,
quien me ha muerto es mi soberbia
yo fui el que alevosamente
darte intentó muerte fiera
no el que a ave que inocente
padece por culpa ajena
y a las tropas conjuradas
de Varsovia que están cerca
conduje para usurparte
el laurel de la cabeza
y porque en mi deslealtad
aún más que p...
yo fui quien a Margarita
que a aqueste reino heredara
y hija de Estanislao
matar hice; mas ya alientas
en vano el pecho las voces
que entre los labios se hielan
yo muero.
Retirad ese cadáver
Rosaura tirana fiera
sabrá tu muerte vengar.
Salen Rosaura y Flora
Su traición lo causó misma.
Dentro voces
Viva nuestra libertad,
y el que es tirano rey muera,
viva el rey y Margarita
que es de este reino heredera.
Entran otras voces
Por diversas partes ruido
de tumultos es el que suena,
¿qué es esto?
Yo lo diré,
escúcheme vuestra alteza.
Conde Roberto Farnesio
soy, a quien la envidia fiera
persiguió a Federico
de suerte que entre las peñas
de esa montaña he vivido
oculto, hasta que la fuerza
de una obligación debida
me movió a que me valiera
de las armas del augusto
emperador, pero apenas
di vista a Polonia cuando
la hallé asediada de adversas
tropas conjuradas, que
para el tumulto se aprestan
libertad apellidando
contra la persona vuestra
y diciendo Carlos viva
y Margarita a la fuerza
de las armas imperiales
a la espalda dan la vuelta
puestos en infame fuga,
pero el valerme yo de ellas
y el favor de vuestro tío
es porque Polonia sepa
el que vive Margarita
y que aqueste reino hereda.
Margarita vive.
Sí.
Quién lo asegura.
Levanta la celada Margarita y los dos
Ella misma,
ínclitos vasallos míos.
Yo soy Margarita
de Polonia, por ser hija
de Estanislao, que por mí
me publicó Federico
con vil traidora cautela.
Cielos, si esta es luz.
No lo es pues a la fiera
de la magia en las furias
al sueño metió tu alteza,
y las mutaciones mías
ya de hombre, mujer y fiera
las causó este anillo, de
porque hace lo más necio,
si por sí tiene algún pacto
con que obra sus apariencias
le arrojo a ese río, en donde
le sepulten sus arenas.
Dadme vuestra majestad
los pies.
En mis brazos tenga
vuestra alteza aquel lugar
que merecen sus finezas,
y pues este reino es mío
se le rindo a vuestra alteza
con mi mano.
Qué ventura
otro reino logro en ella
y al conde Roberto le hago
primer ministro de aquesta
monarquía.
Los pies beso.
Otra merced hacer queda
a vuestra alteza.
Cuál es.
Que en caso que viva o muera
Federico, perdonado
quede sin la mancha fea
de traidor.
Yo lo concedo
para que Enrique así pueda
darle la mano a Rosaura.
Del alma le doy con ella.
Y yo la recibo aunque
a vista de tanta pena.
Señor, como engerto en ama
y su Bato y su Gileta
Señor de tu aldea te hago
con mil ducados de renta.
Sueño es todo, pues que vemos
que a los salvajes se premian.
Y aquí discreto senado
fin tiene aquesta comedia
del desagravio en un duelo
por la más noble belleza.
Fin