إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Acis y Galatea. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/acis-y-galatea.
MS.
Accis y Galatea = Zarz.a
Cañizares
Gongorina imitación de Fieras de celos i amor de Candamo. No hai caracteres ni juego dramático ni verdad en la fábula.
Zarzuela de Acis y Galatea
Acis, galán.
Polifemo.
Glauco, dios del mar.
Momo, gracioso.
Tíndaro, pastor.
Telemo, barba.
Galatea, diosa marina.
Doris, napea.
Tisbe, graciosa.
Nerea y ninfas.
Coro de Galatea.
Zagales.
Dentro música y después salen huyendo de Polifemo zagales y zagalas, Telemo deteniendo a Polifemo, que sale vestido de Cíclope, con un árbol por bastón en la mano.
Bosque.
No hay otras que iras que deban temerse
en cielo y en tierra,
que los activos incendios que exhalan
los ojos divinos de Galatea.
Pastores, huidla, zagales, temedla,
que postra y desaira, que rinde y desprecia.
Bárbara, débil canalla,
que en vez de cantar proezas
de Polifemo espantoso,
voraz hijo de Tierra,
triunfos cantáis de Cupido;
huid de mi airada diestra,
antes que a mi ardiente impulso
vivas cenizas del Etna
de mi pecho os lleve el aire.
Salen.
-en átomos o en pavesas.
Huid, zagales.
Huid.
Ira de Dios que nos pesca
el diablo del pollo enfermo.
¿Adónde iré que no tema
siempre airado mi destino?
Noble habitador del Flegra,
suspende el valiente enojo.
Altivo honor de esta excelsa
isla, reprime el impulso.
¡Ay, Tibeo!
¿Qué?
Que le sueltan.
Me alegraré que te agarre
y te masque las orejas.
Y di qué motivo ha sido.
Y dinos qué causa sea.
La que, airando tu sosiego,
la que, rindiendo tu prudencia,
te reduce a tal extremo,
a tanto exceso te fuerza,
que a su despecho estremeces
esos mares y estas selvas,
siendo así que aunque entre cuantos
rigores el hado reserva
no hay otras iras que deban temerse
en cielo y en tierra.
¿Qué más terrible motivo
ni qué causa más tremenda
queréis dar a mis rencores,
¡oh afeminada caterva
de infelices prisioneros
de amor, esa deidad ciega
que fabrica su dominio
solo de vuestra flaqueza!,
que mayor razón queréis,
vuelvo a repetir, que tenga
lo noble de mi coraje
que escuchar las voces vuestras:
cuando, ausente de Trinacria,
primero cíclope en ella,
vuelvo a ejercer de Vulcano
la dura ardiente tarea,
y os imagino a mi culto
júbilos trazando y fiestas,
envueltos os hallo en torpes,
en mujeriles, en necias
supersticiones de amor,
publicando (aun se avergüenza
el ánimo que lo escucha
de que la voz lo refiera)
que no hay en el azul campo
de esas radiantes esferas,
que no hay en el verde cielo
de estas matizadas selvas,
brío que pueda admirarse,
valor que temerse deba,
que los activos incendios que causan
los ojos divinos de Galatea.
¿Quién es Galatea, es mar,
(por muy hermosa que sea,
o dríade de esos bosques
o de esos mares nereida)
que un hermoso, un dulce hechizo
cuya beldad se aprovecha
para conseguir su triunfo
de toda mi negligencia?
¿Será más que una traidora
amable ambición que opuesta
a la universal quietud
de cuantos lleguen a verla,
para repetir trofeos
ha de amontonar tragedias?
Pues ¿qué vanidad, qué aplauso,
qué gloria, qué fama os deja
en servidumbre que engaña
adoración que escarmienta?
¡Cuán más útil os será
convertir vuestras cadencias
en mi aplauso! Hijo soy noble
del monarca que gobierna
el tripartido tridente
con que hiere el mar las fieras
repúblicas de sus aguas,
donde logra le obedezcan
marinas tropas de dioses,
bello vulgo de sirenas,
corte vaga de tritones,
que ceñidas sus cabezas
en vástagos de coral,
de albos racimos de perlas
náutica deidad le adoran,
undoso numen le inciensan;
y cuando el ser yo quien soy
mis méritos no os dijera,
esta gigante estatura
¿no os explica mi grandeza?
Viva montaña de miembros
soy que escalando la esfera
a mi tocado le sirven
de plumajes las estrellas.
Yo soy aquel que si el día
tal vez a enojarme llega,
puesto en pie a la inmensa sombra
que mi adulto cuerpo ostenta,
a medio día consigo
que dos orbes anochezcan;
si respiro, teme el mar
que cuanto sufre perezca,
que huracán mi aliento exhala,
cada soplo una tormenta:
si me dais adoración,
tinacrios, nada hay que sea
difícil para vosotros,
pues si queréis que dé vuelta
el orbe porque gocéis
la luz del sol de más cerca,
en levantando yo un brazo
esa máquina primera
del cielo desfijaré,
hasta que a mi impulso atenta
disponga a mi arbitrio el orden
de signos y de planetas:
si os enoja ver un monte,
verde ceño de la selva,
impedir el paso al mar,
yo allanaré su ribera;
pues solo con que le huelle
la cima, a la indócil prensa
de mi vasta pesadumbre,
le haré penetrar la tierra,
sumiéndose en los abismos
de sus últimas cavernas,
o arrojándole a las ondas,
haré a la naturaleza
mudar semblante, logrando
que a sola una acción se vea
brotar el mar otra isla,
formar la playa otra selva:
nada habrá por imposible,
que a vuestro juicio parezca,
que no os consiga mi esfuerzo
y que mi fe no os conceda,
menos una, que es, que yo
ni amar, ni que améis consienta,
pues no sé que pueda haber
más miserable bajeza
que en mi propio vencimiento
aplaudir mi misma afrenta.
Y así trocando desde hoy
el himno en lugar de aquella
delicada aclamación,
aplaudid la sacra, excelsa
vanidad de mi coraje
y ostentación de mi fuerza,
pues mejor que por esotra
podéis repetir por esta
el himno.
Música.
Pastores, huidla, zagales, temedla,
que postra y desaira, que rinde y desprecia.
No solo, gigante joven,
(que nos valga la cautela
para aplacarle es forzoso)
no solo estando en la deuda
de reconocerte dueño
de este mar y estas riberas,
el himno detestaremos
(que pudiendo a tu soberbia
generosa a una flexible
mentida deidad obsequia)
pero en primera señal
de vasallaje, en primera
debida ofrenda del culto
que rinde la atención nuestra,
postrados a tus pies todos
de esta no pensada ofensa
te pediremos perdón
diciendo en cláusulas tiernas:
Suspende las iras
a fin de que veas
que más que el enojo
venció la clemencia.
Convenido a vuestras ansias
desde hoy admito la enmienda
que prometéis, como ajando
de amor la vana, la ciega,
supersticiosa alabanza,
digáis conmigo por ella:
Ay de aquel que desprecia
el poder del amor y la belleza.
Mas tened, que osada voz
nos interrumpe halagüeña.
Acis es.
Es un pastor
que de la pasión violenta
de amor arrastrado habita
frenético de estas selvas
sus bosques.
No hay que hacer caso
de sus ecos, pues sirena
de estos valles muchos días
ha que en ellos se lamenta.
Y eso ha que yo celosa
lloro de ver por quién pena.
Enamorado pastor
que oráculo a romper llega
mi voz, yo he de saber quién
es causa de su dolencia.
La misma deidad que el himno
celebraba antes que hubieras
mudadle tú.
¿De suerte
que el motivo es Galatea
de el dolor de este zagal?
¡Que esto escuche y no fallezca!
¿Quién lo duda?
Pues mirad
a qué deidad las ofrendas
consagrabais, ved si os dice
mal, aquel que os aconseja
que huyáis de ese bello monstruo:
vive el cielo que aunque sea
con su muerte he de librar
a Trinacria de esta fiera.
Aquí se acerca.
Dejadle
llegar y al ver que lamenta
su dolor, solo el desprecio
logre en todos por respuesta.
¡Oh, qué mal, aunque me agravia,
llevo el que haya quien le ofenda!
Sale Acis cantando.
¡Ay de aquel que desprecia
el poder del amor y la belleza!
Pues si le conocen
las aves, los brutos, estrellas y flores,
son muchos errores
querer que le venzan
las flores, los brutos, las plantas y estrellas.
Ay de aquel, etc.
Yo fui, zagales bellos
de las trinacrias selvas,
un pastor atrevido
que burlaba en la aljaba de Cupido
el vigor de sus armas halagüeñas.
Jamás de sus incendios
examiné en la hoguera
la llama sucesiva,
más amorosa mientras más activa,
menos sensible mientras menos lenta.
Ay de aquel, etc.
Pisaba el mar un día
cuando vi de su esfera,
por campañas de hielo,
salir en vago trono undoso cielo,
mejor sol en el sol de Galatea.
Y así, pues, en su busca
huello esta rubia arena,
decidme.
¿Qué he de decirte,
mísero esclavo de aquella
torpe deidad alevosa
de quien engañarte dejas?
¿Qué he de decirte sino
que huyas a donde no seas
injuria de nuestros ritos?
Vase.
Pues yo, las costumbres vuestras,
¿en qué las mancho?
En rendirse
a una fatal influencia.
¡Cómo fatal! ¿Tú no has visto
la beldad de Galatea?
Respóndeme.
A un loco, ¿quién
quieres que dé más respuesta
¿Que?
Que volverle la espalda,
lastimando su tragedia.
Vase y los zagales.
¿Qué es esto, cielos? ¿De mí
todos se burlan? Espera.
Zagal
Vaya enhoramala,
no es él quien sigue la sota
endemoniada de amar
con muchísima fineza
una mujer sea quien fuere.
Sí, pero esa es culpa...
Vase.
Horrenda,
pues cuando en desengañarlas
debe dar la gente cuerda,
con su llanto el majadero
trabaja en desvanecerlas.
Quítese de ahí.
Pastora, dime...
Vase.
Apolo le provea
hermano, que una ignorancia
no merece más audiencia.
¿Cómo?
Sella, vil pastor,
el labio y la indócil pena
que por él se vierte al aire
no inficione su pureza.
¿Quién eres tú que sin que
me conozcas me desprecias
más que nadie?
Soy el alto
numen, soy la deidad nueva
que desde hoy Trinacria adora.
Las undosas aras deja
de Galatea por ti.
Yo de esa indigna miseria
la he librado.
¡Ay de vosotros
de ti si llegas a verla
y de ellos si ella se enoja!
Vivo yo que si no viera
que a efecto de tu delirio
habla en ti tu inadvertencia,
en castigo de tu arrojo
arrancando aquella peña
de su asiento...
¡Ay de mí triste!
Te sepultara con ella,
porque exprimido al adusto
peso de su corpulenta,
robusta máquina...
Tente.
Calla, calla, que ya tiembla
el espíritu y fallece,
pues desatadas mis venas
en líquido cristal bañan
las mismas flores que asientan.
Ya imagino que ese amago
es realidad.
En tu idea
frenesí tras frenesí
sucede. Infeliz alienta
que siendo imposible que ame...
Vase.
Yo imposible es que suceda,
ni castigar tu presagio
ni satisfacer mi ofensa.
Galatea, en busca tuya
voy a que el mundo me crea
monstruo en todo, pues grosero
y cruel con la belleza
nada esperen que perdone
quien lo hermoso no reserva.
Todos me ultrajan, ¿a quién,
cielos, iré que se duela
de mí?
A mí pudieras ir
si tan aleve no fueras
que adoras los imposibles
y desairas las finezas.
¡Oh ingrata! ¿Aquí estabas tú?
Aquí estoy viendo tu afrenta:
mira cuánto tus extremos
te ultrajan, te vilipendian
para con todos y más
para conmigo, pues dejas
firme amor por ciego antojo.
No, injusta Doris, pretendas
que te acuerde tus traiciones
por justificar mis quejas:
Yo te amé mientras no supe
que ninfa de otras riberas
distes en ellas oídos
a otro amor, a otra fineza.
¿A otro amor?
Glauco lo diga,
hermano de Galatea,
pues por ti, deidad del golfo,
sé que en sus ondas se quema.
Y el que él me adore a tirano,
es forzosa consecuencia
de amarle yo?
¿Quién lo duda?
Quien sabe que tu cautela
quiere autorizar mi infamia
para encubrir su bajeza:
Y pues ya desengañada
no habrá razón de que atienda
a quien indigno me agravia
con celos y con ofensas;
esta joya, prenda tuya
que únicamente reserva
mal escarmentada el ansia
de que a mis cariños vuelvas,
esta, en fin, que dentro incluye
tu retrato, por de fuera
disimulado en dos conchas
que, salpicadas de perlas,
injustamente engastaron
la mudanza en la firmeza,
te restituyo porque
declarandome mi queja
desde oy enemiga tuya
no quiero ver que me queda
tu copia a que mudamente
todo lo que finxe mienta:
tomala y a esa que logra
mejor lugar en tu ydea
que yo, la puedes feriar.
Porque de mi no se entienda
que permiti recobrarla
ni que deje poseerla
a otra que a ti vaya al mar
que haces Ingrato?
que veas
con cuánta facilidad
satisfago tus sospechas.
a traidor que embias la copia
al mar por ser en su esfera
donde esta su orijinal.
no creo que tu te quedas
en el Bosque.
Al valle al soto
a la cumbre a la rivera
los Zagales a la caza
dan principio
en la maleza
pienso esconderme del monte
ay amor si es que son estas
tus dichas.
Ciegas Cupido
son las venturas que ferias.
al valle al soto a la Cumbre
a la falda a la ribera.
Sale Galatea y el Coro de sus ninfas, y nerea. Cantando y Bailando
suspende las Yras a fin &c.
Sientan los que sienten
de amor la Crueldad
que no puede en Yelo
prender su Bolcan.
resuene en el mar.
resuene en el mar.
el Precioso nombre de la Libertad
el Precioso &c.
Jactense las ondas viendo que sabran
el etna de amor en nieve Yncendar
rianse las ondas de ver a vn Rapaz
haciendo de Aljava flechas y Carcax.
resuene en el mar &c.
en el Dulze fruto de esta Blanda Paz
nazca del desprecio la seguridad
y pues ellos mismos quieren abrazar
en vn Bien mentido vn forzoso mal.
resuene en el mar. &c.
Libres nereidas mias
pues alegres tocais
por tapetes de rosa
retretes de cristal
aplaudid Celebrad
en Jubilos festivos
Los trofeos esquivos que gozáis,
de amor con los desprecios,
no solo me aduláis;
mas quien le agravia menos
esa me ofende más,
reprehended, injuriad
a un bárbaro deseo,
a un Dios que hace su imperio su impiedad.
Dentro
No, no, no hagáis tal,
que si hoy el amor os permite reír
mañana es posible que os haga llorar.
Música
Resuene en el mar.
No suene en el mar
el precioso nombre de la libertad.
Sale Glauco.
No, Galatea, no, hermana,
presumas que ha de bastar
contra un milagroso impulso
un olvido natural,
pues presto verás
que es para vivir forzoso el amar.
Tu hermano soy, quien regula
su propio afecto tenaz,
hasta que su desengaño
le costó la libertad,
pues presto verás
que a espaldas del ver habita el cegar.
Yo vi a Doris, y en sus ojos
hallé un insensible imán
en quien, hasta el resistir,
se fue dejando llevar,
y presto verás
que en ti es padecer lo que antes burlar.
Y así, hermosas, no, no hagáis tal, &c.
Como alevoso hermano,
como esclavo infeliz de aquel tirano,
ciego Dios homicida,
la que fue en ti villana y mal nacida
débil inclinación quieres injusto
hacer ley en mi pena con mi susto,
vivo yo, que si nunca...
Galatea,
el que galán y hermano te desea
servir eternamente,
ni enojada te busque mi impaciente.
Aria
Yo sabré callar,
yo sabré sufrir
hasta lograr,
ni aun respirar
para sentir;
pues echo mi pecho
a un mudo dolor,
ni el eco de amor
saldrá a publicar
tan cauto morir = yo sabré callar, &c.
Pues hablando a otro intento,
dime a qué me buscabas?
Viéndote que dejabas
las campañas del húmedo elemento...
A tiempo que esta concha la más bella
que vio el cielo del mar grabada estrella
me hallé en su centro frío
presentártela quiso el amor mío
Nácar que tal primor le corresponde
perla sin duda esconde
de precio soberano.
Vase.
Yo quedo muy ufano
de que a tu gusto sea
tómala pues y deja Galatea
pues otro genio que tu genio sigo
que yo me diga pues hablé conmigo
quien de amor se burla etc.
Renueve en el mar etc.
Con esta repetición del quatro se cierra el mar y se van las ninfas.
Aria
Qué ha de llorar quien supiere
discretamente sagaz
huir; pero ¿dónde voy
de qué me sirve impugnar
lo ya en mi pecho vencido?
Pasemos tirano afán
a divertir un enfado
con una curiosidad.
Válgame el cielo esta concha
qué es lo que en sí esconderá
que tan preciosa materia
la compone artificial.
¿Si podré abrirla? Parece
que no acierto: pero ya
sutil botón escondido
que forma un rubí oriental
violentado me franquea
lo que su concavidad
esconde, el cielo me valga
no vi en colores jamás
ni mejor copiada luz
ni más pronta ceguedad.
Un retrato es del más bello
del más afable zagal
que: pero ¿qué digo, cómo
curioso afecto no más
permito yo tan ansiosa
por ver considerar?
Mas ¿cómo lo he de impedir
si siendo el matiz imán
lo que resisto en el ver
cedo en el considerar:
¿Volveré a mirarle? Sí
qué perfecto qué galán
si no sabes defenderte
déjate afecto llevar.
Muda copia qué estrella enemiga
te condujo a ser fuego del mar
dilo pues que bien puedes hablar
pues por qué ha de negar un acento
el que sabe sin alma ni aliento
persuadir, convencer y obligar = muda copia.
Polifemo y Momo al paño
¿No dices, rudo villano,
que en este sitio a pasar
la siesta a la verde sombra
de su afable amenidad,
todas las tardes las ninfas
del mar salen?
Puede estar
su gigantidez seguro
de que le trato verdad.
Ea, monstruoso rigor,
pues vienes a asegurar,
dando muerte a Galatea,
los altares que te da
Trinacria, acredita que eres
tan del todo irracional
que... pero, tente, villano.
¡Pues digo! ¿Yo quién se cae?
¿No ves una ninfa?
Veo.
Que sin dejarse mirar
el rostro...
Sus señas son...
Tan embebecida está...
Por las veces que la he visto
la conozco.
... en reparar
no sé qué cosa que mira.
Ay, es que me engañarán
la traza y el aire,
que
parece estatua mental
de su misma suspensión.
Si no suena a indignidad
a quien se vio por delante,
conocerla por detrás,
ésta es.
¿Quién es?
Galatea.
¿Qué dices? ¡Qué novedad,
cielos, causa en mí su nombre,
que casi me iba a asustar!
Sus señas son...
Pues si es ella,
(¡ánimo, temeridad!),
villano.
Señor.
Discurre
por todo el valle a juntar
sus rústicos moradores,
que, con festivo solaz,
vengan a aplaudir mi triunfo.
¿Y no he de decirles cuál?
Haz lo que te mando y calla.
Será su monstruosidad
obedecido.
Ea, furia,
pues asegurada está,
sea de mi indignación
Va a darle con el puñal, y al cantar se suspende.
Instrumento este puñal
el brazo suspende, tirana impiedad,
de qué sirve herir si un ver sin oír,
me puede matar.
¡Válgame el cielo!, ¿qué acento
tan dulce, tan celestial
roba al brío del herir
la acción del ejecutar?
¿Si acaso hablará conmigo
su armonía? Claro está,
pues labrando su defensa
de su misma suavidad
de mí se ampara conmigo:
no acabe: sí, acabe tal,
que en quien cantando da muerte
ya es nueva culpa el cantar.
El brazo suspende, etc.
Amágala segunda vez y ella vuelve y él deja caer el puñal.
No solo a tu perfección
se ha suspendido mi aliento
pero antes fue de tu acento
mudo ultraje mi razón:
dos afectos, ninfa, son
los que mis ciegos enojos
han transformado en despojos
absortos y suspendidos
o a lo que ven mis oídos
o a lo que escuchan mis ojos:
de mi indignación guiado
a vencerte había venido
blasoné desvanecido
mas ya enmudezco postrado.
Racional monstruo indignado
que me asombras de esta suerte,
¿qué intentas?
Trocar la suerte,
pues ya es amor mi homicida
y pagar yo con la vida
los amagos de la muerte.
Huiré de ti a estar segura
de peligro tan feroz.
Mayor peligro es tu voz,
mayor riesgo es tu hermosura:
mi cruel condición dura
creyó conseguir la palma
de vencerte, y en la calma
que ya siente el corazón
paga aquella presunción
a todo el precio de un alma.
Déjame huir.
No te ausentes.
¿Qué intentas?
Que no te vayas,
bella ninfa, hasta que escuches
de la verdad de mis ansias.
Pues que Polifemo
todo lo avasalla
sus heroicos triunfos
celebre Tinacria.
Arrodíllase.
Salen todos.
Venid con aplauso, con música y salva,
a cantar sus glorias, a ver sus hazañas.
Aquí está, pero ¿qué es esto?
Suspended las consonancias.
¡Qué asombro!
¡Qué admiración!
¿Qué os suspende?
¿Qué os espanta?
Que cuando de parte tuya,
¡oh, Polifemo!, nos llaman
a celebrar tus blasones,
te hallemos puesto a las plantas
de la deidad que desprecias.
¿No eras tú el que aconsejabas
que el templo de Galatea
a tu honor se dedicara?
¿No eras tú quien al amor
baldonaste con jactancia?
¿No era tu largueza quien
nos echó dos mil fanfarrias?
Pues, ¿cómo a los pies te postras
de aquello mismo que ultrajas?
¿Esta es la hazaña y el triunfo
a que nos convocas?
Basta.
Basta de injurias, isleños,
que ya os confiesan mis ansias,
ya os conceden mis suspiros,
que no hay deidad soberana
que merezca adoración
sino es la que la arrogancia
postró de mi vanidad;
servidla, pues, veneradla;
mudad las voces del himno,
mientras las verdes entrañas
de este monte me sepultan,
corrido de ver que haya
poder a quien Polifemo
se rinda, cuando trocada
esa aclamación repita
en mi ultraje y su alabanza.
Pues que Galatea todo lo avasalla
y hasta Polifemo la sirve y la ama,
venid con aplauso, con música y salva,
a cantar sus glorias, a ver sus hazañas.
Vase.
A tus plantas, Galatea,
te pide perdón Tinacria.
De ser traidores, diréis.
No es traición una ignorancia.
Polifemo...
Polifemo
no os librará de mi saña,
y así, pues tan fácilmente
os muda vuestra inconstancia,
no os debo más atención.
que volveros las espaldas
vase
enojada nuestra Diosa
se ausenta a desagraviarla
venid conmigo.
volad
y a ver si a vencerla bastan.
ellos y música
venid con aplauso con música y salva
a cantar sus glorias y a ver sus hazañas
vanse
Tisbe quédate conmigo.
¿a qué señora?
a que haya
pues hay quien glorias ajenas
cante: voz que propias ansias
llore: ¡Ay Acis fementido!
ahora has dado en esa gracia
de hacerme que gorgorite
cuando tengo menos gana
La ausencia que han hecho todos
de esta florida campaña
este mar y esta ribera
en su deleitosa estancia
está convidando a que
pues sabes cuánto me agrada
aquella canción repitas.
vaya pues que tú lo mandas.
Recitado
Confiado jilguero
mira como importuna
de tu estado primero
te derribó el amor y la fortuna
y el bien que tan ufano presumiste
aun no lo hallaste cuando le perdiste.
Aria
Si de rama en rama
si de flor en flor
vas saltando = bullendo y cantando
dichoso quien ama
las ansias de amor
advierte que aprisa
es llanto la risa
y el gusto es dolor. = si de rama etc.
Ay que cadena te labra tu error
y en tus mismos ayes
le vas añadiendo eslabón a eslabón
Dentro Glauco
pues que yo lo siento
explíquelo yo
que al ver tus desprecios oh Doris ingrata
te pago un desvío con un corazón
¿qué es esto quién desde el mar
mi quietud interrumpió!
sale Glauco
quién quieres bella ninfa
que ofenda con su voz
sino es un desgraciado
que agravia con la misma adoración.
¿qué es esto Glauco aún porfías
en el malogrado error
de amar un pecho invencible
ay tirana porqué no!
con que extremo mi pena
se acredita mejor
de pasión verdadera
que haciendo la fineza obstinación.
¡Ay, que cadena, etc.!
Por mí esta voz te responde
diziéndote cuánto es, ¡ay!,
ciego tu afecto, pues labra
de su gusto su prisión.
¿Qué importa, si al concepto
con que me respondió
no solo no le impugno,
mas le alienta diziendo mi pasión,
pues que yo lo siento, explíquelo yo?
que al ver tus desprecios, objeto adorado,
te pago un desvío con un corazón.
A tenacidad tan ciega
huirla es medio mejor.
¿Qué importa, si he de seguirte?
Mira que diziendo voy.
Vase ella y Tisbe cantando.
¡Ay, que cadena, etc.!
¡Ay, que cadena, etc.!
Entranse y salen Galatea y Acis, cada uno por su puerta cantando a dúo.
¡Ay, que cadena, etc.!
¡Ay, que cadena, etc.!
A mí esta voz se dirige.
Conmigo habla esta canción.
Pues dejando aquella tropa,
pues huyendo aquel rumor,
por ir tras mi fantasía,
por adular mi aprensión,
me vuelvo a la playa,
mas, ¿qué viendo estoy?
¿quién, cielos, tan presto
mi idea abultó?
Me vuelvo a la playa,
mas, ¿qué viendo estoy?
¿quién, cielos, tan presto
mi idea abultó?
¡Teniendo, qué yelo!
¡Dejando, qué ardor!
El alma suspensa, absorta la vida,
pasmada la acción.
El alma suspensa, absorta la vida,
pasmada la acción.
Recitativo.
Divina Galatea,
pues hoy el primer día
en que dichosa fue la pena mía,
viendo la amada gloria que deseo
segunda vez, después que enamorado
ha sentido, ha querido y ha callado,
atienda tu esquivez benignamente
a quien ama, a quien calla y a quien siente.
Aria.
Ten, ninfa, piedad de un fino pastor,
que muere de tu crueldad y renace de su amor,
yo vi tu deidad y fuime traidor
vendiendo mi libertad a precio de tu rigor,
ten, ninfa, etc.
Joven galán a quien miré copiado
en el muerto matiz que mi cuidado
examinó tan vivo,
que en mí lo atento desairó lo esquivo,
¿quién eres?
Acis soy de esta ribera.
habitador y de tu luz hermosa
constante mariposa,
desde que me rendistes en su esfera?
Recitado.
Ya son para que muera
las flechas dos que fulminó Cupido,
lo enamorado y lo correspondido.
Aria.
Pues del culto la deidad
no se llega, no, a ofender,
no encarezcas la crueldad,
que esta es la primer piedad
que he sabido conceder.
Pues del culto, etc.
Conque en tu nobleza
esperar podré
este permitir
un compadecer.
No sé qué os responda,
pero solo sé
que ya entre los dos
trueco lo cruel.
¿Por qué?
Porque en mí
emplear sabré
todo el resistir.
O no haya poder,
o no haya entereza
en ti para que
correspondas mal
al que ama también.
Momo al paño.
En busca de Acis
vengo, mas ¿no es él
quien con Galatea
está hablando? A fe
que tengo de oír
solo por saber.
¡Acis!
¡Galatea!
¡Al llano,
por aquí, por aquí fue!
Mis ninfas son estas
que me buscan, ya
forzoso es seguirlas.
Confuso tropel
también de zagales
por mí viene.
Pues
al paso salgamos.
El curso detén,
y antes que me ausente
logre merecer
siquiera una voz
que aliente mi fe.
Bastará que sepas
que en ti solo hallé
razón que ha deshecho
la de mi esquivez.
Estos me parecen,
si mal no escuché,
remoques amantes.
Déjame creer
que aunque tan dudoso
saber puede ser
una suspensión
de tanto desdén.
¡Ay, amor aleve!
¡Ay, rapaz infiel!
Cómo ferias dichas,
Cómo glorias des.
No, no, no, no me quejaré
de un mal que me mata y me muero por él.
No, no, no me quejaré,
pues amar, sentir, penar y temer
en quien quiere bien,
en fin, es pesar que sabe a placer;
no me quejaré
de un mal que me mata y me muero por él.
Sale Momo.
Y yo, que ya tengo
chisme con que hacer
algún buen enredo
que saldrá después,
no, no, no me quejaré
de que por lo menos todo no lo sé.
Fin de la primera jornada.
Salen Momo y Tisbe después de cantar el cuatro.
Salen Momo y Tisbe cubierta con un velo.
Al aire de los suspiros,
en la hoguera del deseo,
pues los afectos se abrasan,
lábrense los pensamientos,
ya que se ha hecho
la de Vulcano fragua
de amor y celos.
Estrafalaria Deidad
que con tan raro silencio
en figura de fantasma
me traes por estos desiertos
con cuarenta sustos más
y con veinte piernas menos,
¿tráesme a cosa buena?
Sí.
¿La Pasito tenemos
de nuevas armas de amor
entre los graciosos puesto?
No.
Pues di, ¿qué significa
ese pedazo encubierto
de rostro, que pues se oculta
no debe de ser muy bueno?
Dasme palabra de hablar
verdad a cuanto mi acento
te propusiere.
Sí, doy.
Júralo.
A fe de camueso.
¿Por Baco?
Por Baco juro.
¡Oh! plegue a ese dios añejo
que jamás atizar logre
las lámparas de su templo
si mintiere en cuanto diga.
Descúbrese.
Pues, Momo, dominus tecum,
ya me ves de par en par,
y mientras te caes muerto
avizora las orejas
y escúchame con los dedos.
Válgame Dios, a gran cosa
de poquísimo provecho
debe de ser mi llamada.
¿Me atiendes?
Como estafermo.
Desgraciado gracioso,
a quien amor ha hecho
ridícula figura
de su cómico enredo,
si al punto no me parlas
el pasado suceso
de Acis y Galatea,
no doy por ti un buñuelo.
Doris sabe que juntos
en la selva estuvieron,
que tú los atisbaste,
porque te vio a lo lejos.
Mira, pues, qué te importa
este chisme al sosiego,
o prevente ad parlandum
o, si no, morietur.
¡Ay de mí, majadero!
Que si parlo o no parlo siempre muero.
Endemoniada ninfa,
que en contrarios aquellos
en latín me amenazas
para aburrirme en griego.
¿Cómo quieres que parle
ese maldito cuento,
para que Galatea
me haga sardina luego?
Pues, ¿qué respondes, bruto?
Que entre los dos afectos
de temor y cariño,
de lisonja y de miedo,
si lo digo me expongo
a ser de ese elemento,
o tiburón humano,
o racional cangrejo.
Si no lo digo, Doris
podrá hacer de mis huesos
una blanda tortilla,
con lo duro de un leño;
conque entre ansias, congojas,
suspiros, desalientos,
fatigas y pesares,
solo referir puedo, ¡ay de mí, majadero!, etc.
Sale Doris.
¿Señora?
En tu busca
penetrando el bosque vengo,
y pues con Momo te he hallado,
ya sabrás (¡valedme Cielos!)
cuánto te encargué.
Ahora estaba
todo el caso refiriendo.
Sí, señora, y ya que vine
en figura de mochuelo,
he de morir de parlar;
morir cantando pretendo,
escucha este recitado.
Acaba, pues, no seas necio.
Recitado.
Aria.
Vase.
Ayer cuando la tarde
iba diciendo al mundo: «Dios os guarde»,
vi en la selva, que el mar pule y asea,
a Acis y a Galatea
decirse mil requiebros de capricho,
y pues dije requiebros, aún he dicho,
para explicar que están enamorados,
contentos, satisfechos y pagados;
hasta aquí el chisme fue. Doris discreta,
ahora encargo el secreto en la arieta.
Señora, ya que el secreto
queda entre nosotros dos,
chito por amor de Dios,
que si se sabe en efeto,
y me pillan el coleto,
del catarro, del aprieto,
ya me empieza a dar la tos,
tos, tos, tos, tos. Señora, ya, etc.
Espera, aguarda. ¡Ay de mí!
Que si el curioso despecho
mío por saber, movía
lo que sabido me ha muerto,
ya diera por ignorarlo
más que intenté por saberlo;
pero no diera, pues ya
el desengaño agradezco
a trueque de la venganza.
¿Qué intentas?
mostrar espero
que satisfazer agravios
es lisonja de los zelos,
sígueme.
¿Dónde?
Dentro música y golpes de martillos.
Pues boca
de aquel escollo soberbio
que a un suspiro de la tierra
rasgó el profundo bostero,
es la pavorosa cueva
del bárbaro Polifemo,
y según de aquí se deja
percibir distante el eco,
en ella cantan labrando
el feroz, el duro, el terco
metal, que a golpes de injurias
va su rudeza puliendo,
a ella caminé a lograr
hacerle ayrado instrumento
de mis iras, pues si adoro
a Acis, que él adora es cierto
a Galatea, y son unos
sus penas y mis tormentos.
¿Tan presto el amor en odios
has trocado?
Sí, tan presto,
porque advierta el enemigo
tirano de mi sosiego
que instantes de ofensas labran
siglos de aborrecimientos,
y así con razón por ambos
dice este tenaz estruendo.
Ella y música.
Vase, y descubren la fragua en que Polifemo está labrando un tridente dorado y dos Cíclopes.
Al ayre de los suspiros, etc.
Dulce Galatea,
pues amor me ha hecho
de tu hermosa ira
infeliz objeto,
ay tirano dueño,
más duro que el bronce
este ingrato pecho,
puesto que le ablando y no te enternece.
Como a heroica reyna
del marino imperio
te labro el tridente
que será tu cetro = Ay tirano dueño, etc.
Muévanse mis ansias,
y al que monstruo fiero
vio la selva ayrado,
póstrele halagüeño = Ay tirano dueño.
Dentro Telemo.
Viva Galatea y recobre
las aras que Polifemo
intentó usurparle.
Todos.
Viva.
Hola, Cíclopes, ¿qué es eso?
Sale Tíndaro.
Yo te lo diré bien como.
apasionado y afecto,
más a tu culto que cuantos
dan a su bajeza inciensos:
¿no es que inconstantes, rudos,
bárbaros, torpes y necios
esos trinacrios aleves,
juzgando que hallan pretexto
bastante a que hayas cedido
a indigna deidad tu templo,
con júbilos y con fiestas,
detestando y aboliendo
tu adoración y tu aplauso,
llevan con triunfal obsequio
a su templo a Galatea,
a tiempo que por no verlo
dejó su bárbara tropa,
y a darte el aviso vengo
para que, vista tu injuria,
satisfagas tu desprecio?
Acaudilla, ¡oh generoso
hijo del mar!, el soberbio
escuadrón de tus valientes,
adustos Cíclopes fieros,
y saliéndoles al paso
no quede...
Tén el acento,
¿quién te ha dicho que me ofende
acción en quien intereso
a costa de mi baldón
labrarme un merecimiento?
Suene en buen hora el aplauso
de Galatea; el primero
he de ser yo, que por fiera
del carro de su trofeo,
vaya aumentando a sus plantas
triunfos de amor y de Venus.
¿Eso dices?
hace vistiéndose como dicen los versos
Esto digo,
y porque salir pretendo
a darla la enhorabuena
más pulido o menos fiero,
suceda al gastado yunque
el blando guante, al tremendo
nudoso árbol, armas mías,
delicado bastón tierno:
y por consultar si el rostro
lleva algún borrón grosero
del afán de mi tarea,
mancha que ha escupido el fuego,
mientras el pelo matizo,
que hasta aquí fue, sin aseo,
negra impenetrable cima
del escollo de mi cuerpo.
Servidme Cíclopes míos
dadme ese cóncavo espejo
que en quien a ser galán pasa
desde monstruo no es bien hecho
que haya de entrar asustando
lo que ha de adular sirviendo.
Corrido estoy fiero joven
de que en ti pueda un afecto
más que una naturaleza
Si no has amado en extremo
no culpes lo que no sabes.
Sale Tisbe y Doris.
no parece que a mal tiempo
he llegado: más que miro!
que espectáculo tan nuevo!
no vi gala tan horrible
esta el Gigante por cierto
para tarasca barbuda
echo un Angel del Infierno
hasta que se quede solo
llegar a hablarle no quiero
Dentro
Viva Galatea viva
Ya después que fenecieron
la religiosa función
dando la vuelta a este puesto
parece que se encaminan
con mayor atrevimiento
pues pasando por delante
de tu habitación es cierto
que es por darte mayor pena.
Daranme el mayor contento
y puesto que prevenida
la ofrenda a su Deidad llevo
aquí esperemos.
que miro
Tisbe entrambas nos mezclemos
en esta tropa que llega
para que?
Sabráslo luego
al ver cuán en mi favor
llega ese Coro diciendo
Ciérrase el foro de la fragua retírase Polifemo y en dos fuentes llevan los Cíclopes el tridente y los aromas, y sale Galatea en un carro y Bailan zagales y Zagalas.
estos dulces cánticos
que repite el céfiro
cuando el templo máximo
vuelve al primer término
cláusulas son Galatea divina
júbilos son que a tu culto ofrecemos
Vuelva a tu dominio Dríade
el Altar supremo
y quien vence almas, mármoles
domestique bellos
que estos dulces himnos
que estos blandos versos
cláusulas son &a.
cobra en tus aromas deíficas
el ardor sabeo
que en festivas nubes trémulas
ilumina el viento,
que estos dulces himnos,
que estos blandos versos,
cláusulas son, etc.
Y el jayán maldito, sátiro
deste bosque ameno,
sin altar ni culto quédese
para chuchumeco,
que estos dulces cánticos,
que estos blandos versos.
Llega Polifemo.
Cláusulas son, Galatea divina,
de adoración que te da Polifemo.
¡Qué asombro!
¡Qué espanto!
Huyamos.
¿Adónde vais? Deteneos,
villanos.
¡Ay, que yo dije
mucho mal dél, y el primero
he de ser a quien engulla!
Polifemo, si tú mismo
mandaste restituir
a Galatea su templo,
no culpes ver que nosotros...
Suspende, anciano indiscreto,
tu temor. Volved, tinacrios,
volved a ver en mi aspecto
cuán de paz más que de guerra
os he salido al encuentro.
¿No veis vestido de gala
al que visteis poco tiempo
ha, con feroces adornos,
hacer pompa lo sangriento?
Pues, ¿si es esto que se le luce
el afeite?
Ya en mi pecho
trocó el amor las costumbres.
¿Qué oigo, ansias?
Ya os agradezco,
de parte de Galatea,
su aplauso y mi menosprecio;
y porque veáis que quien
sigue vuestro propio ejemplo
no culpará vuestra acción,
recibe, ¡oh numen supremo
de Tinacria!, el holocausto
que ante tu deidad ofrezco.
Y este dorado tridente,
labrado al tesón violento
de la yunque de mi brazo,
te dedico, porque, siendo
emperatriz de las aguas,
te sirva precioso cedro,
estos aromas que antes
lágrimas de troncos fueron
que yo mismo fui enjugando
al ir sus venas hendiendo,
admita el gran sacerdote
tuyo para que en el fuego
de su hoguera mis suspiros
copien, y exhalando al viento
al influjo de tus soles
los humos...
Baja del carro
Ten el acento.
¡Ay de mí, si Galatea
no satisface mis celos!
Quiera amor que su desaire
facilite mi deseo.
Monstruo en quien ha sobrado
lo humilde y lo rendido,
pues es forzoso ser aborrecido
culto que asombra aun solo imaginado.
¿Cómo, cómo has juzgado
obsequio o beneficio
un horror que parece sacrificio?
Nada admito de ti, nada deseo
a vista de la dicha en que me empleo.
Cielos, por mí lo dice.
Que a no ser infelice
con tu vista horrorosa,
y porque me imagines más piadosa...
¡Oh, feliz yo, pues enmendó mi daño!
Oye en esta expresión tu desengaño.
Aria
Cielo ha de ser el mar,
mar el cielo ha de ser,
el incendio ha de helar,
la nieve arder,
primero que lograr
tu fino proceder,
que pueda yo estimar
horror que he de olvidar y aborrecer.
Cielo ha de ser, etc.
Hace que se va
Oye, aguarda, escucha, espera.
No hagáis caso de sus ecos,
volved a cantar, villanos.
Por Dios que ha quedado fresco.
Entonad en dulce elogio.
Decid en festivo acento
¡viva Galatea!
Con esta repetición se entran todos menos Doris
¡Viva!
Vanse
Al valle, a la cumbre, al puerto,
estos dulces cánticos
que repite el céfiro.
¿Qué es esto que me sucede?
¡Ira, cólera, despecho,
furor, injuria, venganza!
Ahora llego a buen tiempo.
Un obsequio tan rendido,
un tan noble rendimiento,
merece un público ultraje.
Si cuando es otro misterio
quien le motiva.
¿Qué dices, Doris?
Que a tus sentimientos
aún le falta otro dolor
que añadir.
¿Mal hay más fiero
que aborrecimiento amando?
Mayor pena hay, pues hay celos.
¿Celos?
Sí.
¡Ay de mí infeliz,
qué áspid esa voz me ha muerto!
Galatea enamorada
de un pastor que iba encubierto
en esa tropa por darle
satisfacción.
Dilo presto.
Te ha desairado a su vista.
Otro logra lo que pierdo,
otro alegre de que yo
quede rabiando, otro afecto
dichoso y yo desdichado;
dime quién es, porque ciego
vuele en su busca a que alivie
con su muerte mi tormento.
Interesada en tu enojo
acompañarte prometo,
pero no a que le des muerte;
(quísele aunque le aborrezco
y no he de ser yo cruel
porque él sea desatento).
¿Pues a qué he de ir?
A impedir
su cariño con su miedo.
Yo te ofrezco no matarle,
pero su arbitrio admitiendo
sepultar su amor sabré
donde no exhale un pequeño
suspiro.
Eso es lo que basta.
Galatea, pues has hecho
de un esclavo un enemigo,
yo vengaré mis desprecios.
Vanse, y sale Glauco con casaca parecida a la de Acis.
Al ameno silencio
de este frondoso valle,
a quien sirven de espejos
marítimos cristales,
pretendo, amor, quejarme
de ver que valga en ti para la pena
Razón que para el mérito no vale
apenas el Enero
desnuda el verde sauce
hay abril que le vista
de esmeralda flamante
y solo en mí no cabe
que el tiempo mude ni la pena falte
el arroyo que el yelo
en transparente cárcel
enmudeció suspenso
ya alegre vuela al valle
y solo en mí no cabe
que el yelo rompa de un desdén constante
todos, amada Doris,
deben a tus piedades
flores, astros y plantas,
matices y celajes;
y solo en mí no cabe
que el sol despierte y el aurora raye.
¡Ay de mí!
Sale al paño Doris.
Como tan cerca
el bosque estaba, avanzarme
quise a solas de mis celos,
a penetrar su paraje,
haciendo que Polifemo
a la entrada dél me aguarde
para que en siendo ocasión
llegue: pero el paso errante
suspende atención, que un joven
advierto, y si las señales
distingo bien, aunque tiene
vuelto el rostro a la otra parte
pues en busca de Acis vengo
sin duda he dado con Acis,
sí que este rumbo siguió
aunque de los zagales
dejó la tropa.
¡Ay divino
motivo de mis pesares,
ay Doris!
¡Pero qué escucho!
a mí me nombró al quejarse.
Solo tú el arbitrio eres
de mis bienes y mis males.
¿Qué es esto, corazón mío?
¿qué fuera que le buscase
mi cólera desatenta
y le halle mi dicha amante?
¿Qué haré yo, enojado dueño,
por vencerte y obligarte?
Hasta el eco de la voz
es suyo, y como ya sabe
que estoy celosa, sin duda
habla conmigo en dictamen
de darme satisfacción:
bien hubiera mi coraje
quedado si a Polifemo
trajese.
Basten, ya basten
tus iras, amada Doris.
Sale Doris.
Ya cesan, querido Acis,
cuando oigo: pero ¿qué miro?
Vuelve Glauco.
Prosigue, bien empezaste,
ingrata, enemiga mía,
pasa pues, pasa adelante,
que aunque Acis no soy, soy quien
logrará desengañarse
de que tus desdenes de otro afecto nacen,
que el de ser esquiva, pues eres mudable.
Posible es que no conozca
(forzoso es asegurarle
de su sospecha) que en mí
ha sido el descuido arte?
¿Arte?
Pues no lo discurres.
Al paño Acis.
Después que pude alejarme
de aquella tropa por si
acaso del bosque sale
Galatea al llano, vengo,
pero Doris y su amante
Glauco hablando en este sitio,
haga pues curioso examen
de lo que tratan.
¿Y es cierto
eso a que me persuades?
Por ver si te daba susto
que ese villano nombrase,
ese frenético, risa
de estos montes y estos valles
llegué invocándole.
¿A quién, verá, a quién con tanto ultraje
trata Doris?
Que Acis nunca
mereció en mí que le trate
de otra suerte, y si Acis fuese
Glauco, no estuviera en Acis
tan natural mi aversión.
Qué buen modo de enmendarte,
pues no nombrarle prometes,
y no cesas de nombrarle.
Y así pues más la disculpa
irrita que persuade,
por vencer la duda, sabrá mi coraje
hacer que su vida tu equívoco pague.
Vase.
Detente, Glauco.
¿A qué fin?
deja que vaya a matarme.
Es verdad, porque con solo
tu muerte se satisfacen
mis agravios.
Y los míos
que en este punto expresarte
qué son.
Son correspondencias
de todas tus falsedades.
Pues porque veas que aun cuando
me maltratas, agradarte,
bella Doris, solicito,
parte tú en su busca, parte,
mientras me quedo esperando
a Galatea en el margen
de estas ondas, donde ofrezco
que interponga mis afanes,
mis finezas, mis suspiros
con su deidad, porque afable
a su hermano desenoje
y de él el perdón te alcance.
No vayas con susto.
Vase.
¡Aleve,
tirano, cruel, infame!
Espérala enhorabuena,
mientras, no a lo que pensaste,
iré yo, sino es a hacer,
ya que a los celos añades
las ofensas, que conozcas
que mujer celosa es áspid,
que no hay flor que no inficione,
que no hay planta que no abrase.
Recitado.
¡Qué poco a asustar llega
esa ira, esa cólera, ese amago
a una pasión que ciega,
a precio de su ruina ama su estrago!
Esa furia es halago,
ese horror es dulzura,
en sabiendo hay amor que hay hermosura,
para quien mi tormento
es lisonja por ser merecimiento.
Aria.
Aunque contra mí indignado
toque al arma su destino,
no me da en mi amor cuidado,
que un afecto peregrino
asustado,
desdeñado, maltratado,
sabe idolatrar más fino.
Recitativo. Sale Galatea.
¿Es verdad, Acis mío, lo que expresas?
¡Ay, bien de mi albedrío!
¿No está tu corazón bien satisfecho,
habitando en la esfera de mi pecho,
de lo que el pecho siente?
¿Cómo has sufrido tanto estar ausente?
de mis amantes lazos,
por volver a tus brazos,
y como al sol después de noche fría,
gozar ansioso el rosicler del día.
Siéntase Galatea en un peñasco y Acis se recuesta en su regazo.
Salen ninfas.
Ninfas alegres del vago cristal,
venid, y en mis brazos al alba veréis,
tejedle coronas de rojo coral,
y en dulces cuestiones al bien de mi mal,
con solo fineza le divertiréis.
¿Cuál mayor ventura ha sido?
La de amor correspondido.
¿Cuál es más dichoso estado?
El de un afecto premiado.
Alerta, cuidado, deseo rendido,
no con un olvido, por ser confiado,
en dicha y agrado te robe Cupido.
La de amor correspondido,
el de un afecto premiado,
alerta, cuidado, deseo rendido.
Tanta es, Galatea hermosa,
la pasión que a ti me inclina,
que por anhelar más fina
quisiera no ver dichosa;
pero ansiosa
por tu piedad generosa
de las dichas ha adquirido,
Acis y el Coro.
la de amor correspondido.
Tanto te adoro, bien mío,
que no basta el que poseo,
y de mi nuevo deseo
se va haciendo otro albedrío
en él fío,
que sin temor de un desvío,
de sus bienes le haya dado,
Galatea y el Coro.
el de un afecto premiado.
Salen Doris y Polifemo.
Pues de las sonoras voces
atraídos nos hallamos,
Polifemo, donde veas
tus celos al primer paso,
aquel es Acis y aquella
Galatea.
Aguarda un rato,
porque a vista de mi injuria,
Doris, es mi enojo tanto,
que creo, habiéndote dado
palabra de no matarle,
que sin hacerle pedazos
no he de cumplir con mi enojo.
Tú me ofreciste bizarro
sepultar la pasión suya,
mas no matarle, y me valgo
de ti mismo.
¡Oh, pese a quien
ofrece, en volcanes ardo!
lo que ha de cumplir muriendo.
¡Qué dulcísimo descanso
es este! Dueño querido,
perdona si en tu regazo
pago a expensas de dormido
costumbres de confiado.
Como alivio tuyo sea,
duerme, mi bien, que entretanto
yo sabré guardarte el sueño.
Cantad, Nereidas, tan bajo
que sea arrullo aquel rumor
que dijo...
Sale Polifemo.
¡Alerta, cuitado!
deseo rendido.
Pausad las indignas voces,
testigos de mis agravios.
¡Ay de mí, infeliz! Despierta,
Acis.
Cielos soberanos,
¿qué es esto?
Espera, enemigo
dichoso, que un desdichado
vengar en ti sus desaires
pretende.
Ninfas, huyamos
del furor de Polifemo.
Mientras quedo en tu resguardo
a ver si templarle puedo,
sigue esa senda, adorado
Acis.
¿Dejándote al riesgo?
Estando el mar tan cercano
en él tomaré el asilo.
Con tal seguro...
¡Ah, villano!
Vase.
Para ti guardo mi vida.
¿Qué importa, si yo, formando
de las cimas de los montes
escalones a mis pasos,
tan presto te alcanzaré
que pueda...?
Si valen algo,
Polifemo...
Quita, aleve.
...las lágrimas que derramo
contigo...
¡Ah, vil, ponzoñoso
cocodrilo, que llorando
me das muerte!
Vuela aprisa,
Polifemo, que ha tomado
gran ventaja tu enemigo.
¿Qué te importa a ti su daño?
Tanto como a ti su vida.
Mira, advierte...
más airado
viéndote llorar por otro,
te advierto.
¿Qué?
Que es en vano
que me intente hallar de cera
la que para mí fue mármol.
Vase.
¡Ay de mí!, tú, que con él
parece que puedes algo,
sigue sus huellas.
Sí haré,
pero será a que aumentando
su coraje, de una vez
vengue las iras de entrambos.
¿De entrambos?
Sí, pues celosa
de Acis es interesado
también mi enojo, en que nunca
puedas gozar de su halago.
Vase.
Canta.
Solo me faltaban celos
sobre ansias y sobresaltos:
pero no es tiempo, dolor,
aunque todos conjurados
contra mi amor se acaudillen
de más que de ir avisando
a Acis que huya, pues la fuga
solo puede ser su amparo,
diciendo mi voz y el coro
eco del zafiro vago:
huid de las iras del monstruo indignado.
Huid de las iras, etc.
Que Polifemo arrancando los montes...
Que Polifemo, etc.
Las fieras hiriendo, los bosques talando...
Las fieras, etc.
Es animada borrasca del soto,
viviente huracán de su verde océano.
Es animada, etc.
Salen huyendo Momo y Tisbe.
¿Qué demonios es esto
que anda en la selva?
El gigante que tose,
pues todo tiembla.
Pero tú, tan medroso,
¿de qué te afliges?
¡Ay Tisbe, que no hay miedo
que no me atibe!
Cierto que con los sustos
de tanto coco
el nombre se te pasa
de Momo en mono.
¿Te parece que es bella
gigantería
tener un hombre asomos
de almendiguilla?
Claro está que a un bocado
tragarte es fuerza.
Esté usté muy alegre
con esa nueva:
tú serás la postrera.
¿Por qué, taimado?
Ruido.
Porque siempre es de postre
el manjar blanco.
Pero ¡ay Dios!, que el estruendo
se acerca y crece.
Aun yo no acierto a hallarme
para esconderme.
Acis viene corriendo
por esta parte.
Bien sabe Acis en eso
lo que se hace.
Polifemo le sigue,
y a cada tranco
atraviesa una selva.
¡Miren qué paso!
Que Polifemo arrancando etcétera.
Sale Acis.
¿Adónde, infeliz destino,
podrá huir quien en sus hados
trae consigo sus desdichas?
Este miedo es primo hermano
del nuestro.
Llámale tío, que bien puede.
¡Oh, villanos,
si os compadece una vida
que el cielo persigue tanto,
decid adónde podré
esconderme del presagio
con que me amaga mi estrella!
Los dos andamos buscando
lo mismo, y en este sitio
ni gruta, choza ni árbol
hay que nos encubra.
Dentro.
Espera,
que en vano intentas de un rayo
esconderte.
¡Ay de mí triste!
Que allí, impidiéndome el paso
blancas rocas, que en el mar
calzan el pie de alabastros,
y aquí pelados escollos
hacen a mi sobresalto
la fuga imposible.
Y digo,
¿vivía esta en palacio,
adonde estamos nosotros?
Sale Polifemo.
Ya di contigo, villano,
ahora mal podrá tu fuga
preservarte de tu estrago.
Ya que no hay otro remedio,
corazón, misterio hagamos
la necesidad; ¿quién monstruo
te dice que mi bizarro
espíritu huye de ti?
Si hasta aquí te fui guiando,
fue porque no hubiera quien
el combate a que te llamo
estorbase estando solos.
Déjame (mi enojo a un lado)
reír de tu presunción;
vienes mi furia temblando,
¿y ahora dices que a la lid
me incitas?
Llega a mis brazos,
y de quien quedare vivo
sea el divino milagro
de Galatea.
Infeliz,
miserable, afeminado
pastorcillo, aunque pudiera
en átomos mal formados
esparcirte por el viento
al primer impulso, he dado
palabra de no matarte,
sino solo...
¡Ay, que dio un paso!
Yo me coso con la tierra.
Malditos sean mis labios
si chistaren.
Terremoto al arrancar la peña.
Sino es solo
sepultar tu enamorado
afecto, y así, cumpliendo
con mi palabra y mi agravio,
para que bárbara urna
te oprima, este escollo arranco
de su asiento.
¡Ay, infeliz!
El cielo se viene abajo.
No es nada la fuercecita.
Y sobre tu delicado
cuerpo, aunque no sea bastante,
¡Bárbaro, cruel, tirano!
Échaselo encima.
Vase.
a quitarte de improviso
la vida, él irá prensando
tu bulto hasta que un suspiro
en el último desmayo
acredite que he cumplido
(supuesto que no te mato,
sino tu pasión sepulto)
del mejor modo que alcanzo.
Galápago racional
deja hecho al pobre muchacho.
Vamos a gritar que vengan.
a favorecerle,
son vanos.
¡Ay, esperad, que yo,
venciendo este desusado
peso...
Sale Galatea.
Hacia aquí alcancé a verlo.
podré; mas ¡ay, desdichado!,
que la tenaz pesadumbre
de este invencible peñasco
no me deja.
Acis querido,
¿qué es esto?
¡Ay, dueño adorado!,
¡ay, Galatea!, porfía
a ver si puedes luchando
apartar de sobre mí
este peso, que postrado
va mi vida.
Es imposible
que alcance mi esfuerzo a tanto.
Pues ya que tengo la dicha
de que oprimido a su vasto
rigor me deje el aliento,
a tu vista y en tus brazos,
dígnese de ver que despida
su amante vida cantando.
¡Oh, quién en tanto dolor
lograse un pecho de mármol!
Quédate en paz, oh divina
Galatea, que los hados
que me usurpan lo que vivo
no podrán lo que idolatro.
Eterna el alma y eterno
el amor que te consagro
llevo conmigo; pues yo,
mas ¡ay!, que el fiero obstinado
tronco que me ahoga va
tan poco a poco faltando
la voz que del eco quiere
formar otro acento el labio,
y el parasismo, el delirio,
el frenesí y el letargo
que, no pudiendo, aunque más
forcejo, aunque más batallo,
resistir a lo que siento,
me sofoca lo que hablo.
¡Adiós, mi bien!
Vese el mar.
¡Oye, espera!,
que pues aun no me ha faltado,
en tu postrero suspiro,
mi última esperanza aguardo,
vencer mi airado destino,
númenes del mar sagrado.
¿Qué intentas?, ¿qué quieres?
al que el dueño que amo
pasando a Deidad del frío elemento
en tálamo trueque el túmulo infausto.
Así lo otorgamos,
y en rio que de Acis el nombre no pierda
el golfo le admita en sus húmedos brazos.
Ya venturosa hermana,
Neptuno se ha dignado
de que viva tu amante,
que tanto amor merece premio tanto.
Para en una tramoya y se ve el peñasco que brota un rio y se abre y se sienta Galatea en él.
De las rudas entrañas
de ese adusto peñasco
Acis ya convertido
camine al mar en rio desatado.
Y pues en fuga el Cielo
con cristales tu llanto
oye festivo el Coro
repetir de tus dichas en aplauso.
Así lo otorgamos.
Dentro.
Acis dichoso, ya desvanecido
el decreto del hado,
tanta felicidad has conseguido
que al dia mas del orbe celebrado
tu fábula o tu Historia
es aplauso en placer de tanta gloria.
Si el triunfo que ama
veloz la fama
con Bronce aclama
pues le posee, goce,
que de la España
la mayor gloria
será la araña
de su memoria
cuando en Philipo su aliento emplee
goce. Si el triunfo, etc.
Salen todos.
En este sitio, zagales,
las dulces voces sonaron.
Qué prodigio es el que a todos
está el aire publicando.
Sale Polifemo.
Es mi noble triunfo, y lleno
pues ya dejo sepultado
mi agravio, ¿qué miro?
Miras mi dicha y tu engaño.
Corrido de que los dioses
me afrenten así tiranos,
por no ver que haya dichoso
que goce lo que yo amo,
desampararé la isla
siendo viviente naufragio
de las ondas, pues a pie
penetraré sus espacios;
recibe golfo, otro golfo
de penas y sobresaltos.
entre húmedas cavernas.
anda con seiscientos diablos
Doris el cielo dispone
premies el amor de Glauco
a quien ha sabido amar
generoso, atento y cauto
para premiar su esperanza
es corto premio mi mano.
festejemos tanta dicha
como libres del espanto
de Polifemo adquirimos.
toca esos huesos taimado
es verdad no me acordaba
que era forzoso casarnos.
diciendo pues a tal día
se debe el más soberano
elogio.
viva quien hace
siglos de dichas sus años.
Mudanza.
Mudanza.
Y a sus laureles de palma y oliva
orlas formando de regio esplendor
Marte le rinda gloriosos trofeos
triunfos la fama y reflejos el sol.
De María Luisa y Luis los abrazos
dulces coronen al héroe mayor
porque la dicha más noble del uno
es la fineza inmortal de los dos.
Para que de Acis y de Galatea
dé fin la hermosa festiva invención
todos diciendo que reine Philipo
siendo su cetro coyunda de amor.
Fin.