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testo digitale di Acis y Galatea

Data di pubblicazione: 22 agosto 2026

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Zarzuela
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Acis y Galatea. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/acis-y-galatea.

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ACIS Y GALATEA

Pag. 1

MS.

Accis y Galatea = Zarz.a

Cañizares

Gongorina imitación de Fieras de celos i amor de Candamo. No hai caracteres ni juego dramático ni verdad en la fábula.

Pag. 2

Zarzuela de Acis y Galatea

Jornada primera

Pag. 3

Personas

Acis, galán.

Polifemo.

Glauco, dios del mar.

Momo, gracioso.

Tíndaro, pastor.

Telemo, barba.

Galatea, diosa marina.

Doris, napea.

Tisbe, graciosa.

Nerea y ninfas.

Coro de Galatea.

Zagales.

Dentro música y después salen huyendo de Polifemo zagales y zagalas, Telemo deteniendo a Polifemo, que sale vestido de Cíclope, con un árbol por bastón en la mano.

Bosque.

Música.

No hay otras que iras que deban temerse

en cielo y en tierra,

que los activos incendios que exhalan

los ojos divinos de Galatea.

Pastores, huidla, zagales, temedla,

que postra y desaira, que rinde y desprecia.

Polifemo.

Bárbara, débil canalla,

que en vez de cantar proezas

de Polifemo espantoso,

voraz hijo de Tierra,

triunfos cantáis de Cupido;

huid de mi airada diestra,

antes que a mi ardiente impulso

vivas cenizas del Etna

de mi pecho os lleve el aire.

Pag. 4

Salen.

Polifemo.

-en átomos o en pavesas.

Unos.

Huid, zagales.

Otros.

Huid.

Momo.

Ira de Dios que nos pesca

el diablo del pollo enfermo.

Doris.

¿Adónde iré que no tema

siempre airado mi destino?

Telemo.

Noble habitador del Flegra,

suspende el valiente enojo.

Tíndaro.

Altivo honor de esta excelsa

isla, reprime el impulso.

Momo.

¡Ay, Tibeo!

Tíndaro.

¿Qué?

Momo.

Que le sueltan.

Tíndaro.

Me alegraré que te agarre

y te masque las orejas.

Telemo.

Y di qué motivo ha sido.

Tíndaro.

Y dinos qué causa sea.

Telemo.

La que, airando tu sosiego,

Tíndaro.

la que, rindiendo tu prudencia,

Telemo.

te reduce a tal extremo,

Tíndaro.

a tanto exceso te fuerza,

Doris.

que a su despecho estremeces

esos mares y estas selvas,

siendo así que aunque entre cuantos

rigores el hado reserva

Ellos y Música.

no hay otras iras que deban temerse

en cielo y en tierra.

Polifemo.

¿Qué más terrible motivo

ni qué causa más tremenda

queréis dar a mis rencores,

¡oh afeminada caterva

de infelices prisioneros

de amor, esa deidad ciega

que fabrica su dominio

solo de vuestra flaqueza!,

que mayor razón queréis,

vuelvo a repetir, que tenga

lo noble de mi coraje

que escuchar las voces vuestras:

cuando, ausente de Trinacria,

primero cíclope en ella,

vuelvo a ejercer de Vulcano

la dura ardiente tarea,

y os imagino a mi culto

júbilos trazando y fiestas,

envueltos os hallo en torpes,

en mujeriles, en necias

supersticiones de amor,

publicando (aun se avergüenza

el ánimo que lo escucha

de que la voz lo refiera)

que no hay en el azul campo

de esas radiantes esferas,

que no hay en el verde cielo

de estas matizadas selvas,

Pag. 5

Polifemo.

brío que pueda admirarse,

valor que temerse deba,

que los activos incendios que causan

los ojos divinos de Galatea.

Polifemo.

¿Quién es Galatea, es mar,

(por muy hermosa que sea,

o dríade de esos bosques

o de esos mares nereida)

que un hermoso, un dulce hechizo

cuya beldad se aprovecha

para conseguir su triunfo

de toda mi negligencia?

¿Será más que una traidora

amable ambición que opuesta

a la universal quietud

de cuantos lleguen a verla,

para repetir trofeos

ha de amontonar tragedias?

Pues ¿qué vanidad, qué aplauso,

qué gloria, qué fama os deja

en servidumbre que engaña

adoración que escarmienta?

¡Cuán más útil os será

convertir vuestras cadencias

en mi aplauso! Hijo soy noble

del monarca que gobierna

el tripartido tridente

con que hiere el mar las fieras

repúblicas de sus aguas,

donde logra le obedezcan

marinas tropas de dioses,

bello vulgo de sirenas,

corte vaga de tritones,

que ceñidas sus cabezas

en vástagos de coral,

de albos racimos de perlas

náutica deidad le adoran,

undoso numen le inciensan;

y cuando el ser yo quien soy

mis méritos no os dijera,

esta gigante estatura

¿no os explica mi grandeza?

Viva montaña de miembros

soy que escalando la esfera

a mi tocado le sirven

de plumajes las estrellas.

Yo soy aquel que si el día

tal vez a enojarme llega,

puesto en pie a la inmensa sombra

que mi adulto cuerpo ostenta,

a medio día consigo

que dos orbes anochezcan;

si respiro, teme el mar

que cuanto sufre perezca,

Pag. 6

Polifemo.

que huracán mi aliento exhala,

cada soplo una tormenta:

si me dais adoración,

tinacrios, nada hay que sea

difícil para vosotros,

pues si queréis que dé vuelta

el orbe porque gocéis

la luz del sol de más cerca,

en levantando yo un brazo

esa máquina primera

del cielo desfijaré,

hasta que a mi impulso atenta

disponga a mi arbitrio el orden

de signos y de planetas:

si os enoja ver un monte,

verde ceño de la selva,

impedir el paso al mar,

yo allanaré su ribera;

pues solo con que le huelle

la cima, a la indócil prensa

de mi vasta pesadumbre,

le haré penetrar la tierra,

sumiéndose en los abismos

de sus últimas cavernas,

o arrojándole a las ondas,

haré a la naturaleza

mudar semblante, logrando

que a sola una acción se vea

brotar el mar otra isla,

formar la playa otra selva:

nada habrá por imposible,

que a vuestro juicio parezca,

que no os consiga mi esfuerzo

y que mi fe no os conceda,

menos una, que es, que yo

ni amar, ni que améis consienta,

pues no sé que pueda haber

más miserable bajeza

que en mi propio vencimiento

aplaudir mi misma afrenta.

Y así trocando desde hoy

el himno en lugar de aquella

delicada aclamación,

aplaudid la sacra, excelsa

vanidad de mi coraje

y ostentación de mi fuerza,

pues mejor que por esotra

podéis repetir por esta

el himno.

Música.

Coro.

Pastores, huidla, zagales, temedla,

que postra y desaira, que rinde y desprecia.

Telemo.

No solo, gigante joven,

(que nos valga la cautela

para aplacarle es forzoso)

no solo estando en la deuda

Pag. 7

Telemo.

de reconocerte dueño

de este mar y estas riberas,

el himno detestaremos

(que pudiendo a tu soberbia

generosa a una flexible

mentida deidad obsequia)

pero en primera señal

de vasallaje, en primera

debida ofrenda del culto

que rinde la atención nuestra,

postrados a tus pies todos

de esta no pensada ofensa

te pediremos perdón

diciendo en cláusulas tiernas:

Zagales.

Suspende las iras

a fin de que veas

que más que el enojo

venció la clemencia.

Polifemo.

Convenido a vuestras ansias

desde hoy admito la enmienda

que prometéis, como ajando

de amor la vana, la ciega,

supersticiosa alabanza,

digáis conmigo por ella:

Coro de Galatea.

Ay de aquel que desprecia

el poder del amor y la belleza.

Polifemo.

Mas tened, que osada voz

nos interrumpe halagüeña.

Doris.

Acis es.

Tíndaro.

Es un pastor

que de la pasión violenta

de amor arrastrado habita

frenético de estas selvas

sus bosques.

Telemo.

No hay que hacer caso

de sus ecos, pues sirena

de estos valles muchos días

ha que en ellos se lamenta.

Doris.

Y eso ha que yo celosa

lloro de ver por quién pena.

Polifemo.

Enamorado pastor

que oráculo a romper llega

mi voz, yo he de saber quién

es causa de su dolencia.

Telemo.

La misma deidad que el himno

celebraba antes que hubieras

mudadle tú.

Polifemo.

¿De suerte

que el motivo es Galatea

de el dolor de este zagal?

Doris.

¡Que esto escuche y no fallezca!

Coro de Galatea.

¿Quién lo duda?

Polifemo.

Pues mirad

a qué deidad las ofrendas

consagrabais, ved si os dice

mal, aquel que os aconseja

Pag. 8

Telemo.

que huyáis de ese bello monstruo:

vive el cielo que aunque sea

con su muerte he de librar

a Trinacria de esta fiera.

Zagales.

Aquí se acerca.

Polifemo.

Dejadle

llegar y al ver que lamenta

su dolor, solo el desprecio

logre en todos por respuesta.

Doris.

¡Oh, qué mal, aunque me agravia,

llevo el que haya quien le ofenda!

Sale Acis cantando.

Acis.

¡Ay de aquel que desprecia

el poder del amor y la belleza!

Pues si le conocen

las aves, los brutos, estrellas y flores,

son muchos errores

querer que le venzan

las flores, los brutos, las plantas y estrellas.

Ay de aquel, etc.

Yo fui, zagales bellos

de las trinacrias selvas,

un pastor atrevido

que burlaba en la aljaba de Cupido

el vigor de sus armas halagüeñas.

Jamás de sus incendios

examiné en la hoguera

la llama sucesiva,

más amorosa mientras más activa,

menos sensible mientras menos lenta.

Ay de aquel, etc.

Pisaba el mar un día

cuando vi de su esfera,

por campañas de hielo,

salir en vago trono undoso cielo,

mejor sol en el sol de Galatea.

Y así, pues, en su busca

huello esta rubia arena,

decidme.

Telemo.

¿Qué he de decirte,

mísero esclavo de aquella

torpe deidad alevosa

de quien engañarte dejas?

¿Qué he de decirte sino

que huyas a donde no seas

injuria de nuestros ritos?

Vase.

Acis.

Pues yo, las costumbres vuestras,

¿en qué las mancho?

Tíndaro.

En rendirse

a una fatal influencia.

Acis.

¡Cómo fatal! ¿Tú no has visto

la beldad de Galatea?

Respóndeme.

Tíndaro.

A un loco, ¿quién

quieres que dé más respuesta

Acis.

¿Que?

Tíndaro.

Que volverle la espalda,

lastimando su tragedia.

Vase y los zagales.

Acis.

¿Qué es esto, cielos? ¿De mí

todos se burlan? Espera.

Pag. 9

Zagal

Momo.

Vaya enhoramala,

no es él quien sigue la sota

endemoniada de amar

con muchísima fineza

una mujer sea quien fuere.

Acis.

Sí, pero esa es culpa...

Vase.

Momo.

Horrenda,

pues cuando en desengañarlas

debe dar la gente cuerda,

con su llanto el majadero

trabaja en desvanecerlas.

Quítese de ahí.

Acis.

Pastora, dime...

Vase.

Tisbe.

Apolo le provea

hermano, que una ignorancia

no merece más audiencia.

Acis.

¿Cómo?

Polifemo.

Sella, vil pastor,

el labio y la indócil pena

que por él se vierte al aire

no inficione su pureza.

Acis.

¿Quién eres tú que sin que

me conozcas me desprecias

más que nadie?

Polifemo.

Soy el alto

numen, soy la deidad nueva

que desde hoy Trinacria adora.

Acis.

Las undosas aras deja

de Galatea por ti.

Polifemo.

Yo de esa indigna miseria

la he librado.

Acis.

¡Ay de vosotros

de ti si llegas a verla

y de ellos si ella se enoja!

Polifemo.

Vivo yo que si no viera

que a efecto de tu delirio

habla en ti tu inadvertencia,

en castigo de tu arrojo

arrancando aquella peña

de su asiento...

Acis.

¡Ay de mí triste!

Polifemo.

Te sepultara con ella,

porque exprimido al adusto

peso de su corpulenta,

robusta máquina...

Acis.

Tente.

Calla, calla, que ya tiembla

el espíritu y fallece,

pues desatadas mis venas

en líquido cristal bañan

las mismas flores que asientan.

Ya imagino que ese amago

es realidad.

Polifemo.

En tu idea

frenesí tras frenesí

sucede. Infeliz alienta

que siendo imposible que ame...

Pag. 10

Vase.

Polifemo.

Yo imposible es que suceda,

ni castigar tu presagio

ni satisfacer mi ofensa.

Galatea, en busca tuya

voy a que el mundo me crea

monstruo en todo, pues grosero

y cruel con la belleza

nada esperen que perdone

quien lo hermoso no reserva.

Acis.

Todos me ultrajan, ¿a quién,

cielos, iré que se duela

de mí?

Doris.

A mí pudieras ir

si tan aleve no fueras

que adoras los imposibles

y desairas las finezas.

Acis.

¡Oh ingrata! ¿Aquí estabas tú?

Doris.

Aquí estoy viendo tu afrenta:

mira cuánto tus extremos

te ultrajan, te vilipendian

para con todos y más

para conmigo, pues dejas

firme amor por ciego antojo.

Acis.

No, injusta Doris, pretendas

que te acuerde tus traiciones

por justificar mis quejas:

Yo te amé mientras no supe

que ninfa de otras riberas

distes en ellas oídos

a otro amor, a otra fineza.

Doris.

¿A otro amor?

Acis.

Glauco lo diga,

hermano de Galatea,

pues por ti, deidad del golfo,

sé que en sus ondas se quema.

Doris.

Y el que él me adore a tirano,

es forzosa consecuencia

de amarle yo?

Acis.

¿Quién lo duda?

Doris.

Quien sabe que tu cautela

quiere autorizar mi infamia

para encubrir su bajeza:

Y pues ya desengañada

no habrá razón de que atienda

a quien indigno me agravia

con celos y con ofensas;

esta joya, prenda tuya

que únicamente reserva

mal escarmentada el ansia

de que a mis cariños vuelvas,

esta, en fin, que dentro incluye

tu retrato, por de fuera

disimulado en dos conchas

que, salpicadas de perlas,

injustamente engastaron

la mudanza en la firmeza,

te restituyo porque

Pag. 11

Doris.

declarandome mi queja

desde oy enemiga tuya

no quiero ver que me queda

tu copia a que mudamente

todo lo que finxe mienta:

tomala y a esa que logra

mejor lugar en tu ydea

que yo, la puedes feriar.

Acis.

Porque de mi no se entienda

que permiti recobrarla

ni que deje poseerla

a otra que a ti vaya al mar

Doris.

que haces Ingrato?

Acis.

que veas

con cuánta facilidad

satisfago tus sospechas.

Doris.

a traidor que embias la copia

al mar por ser en su esfera

donde esta su orijinal.

Acis.

no creo que tu te quedas

en el Bosque.

Zagales.

Al valle al soto

a la cumbre a la rivera

Doris.

los Zagales a la caza

dan principio

Acis.

en la maleza

pienso esconderme del monte

Doris.

ay amor si es que son estas

tus dichas.

Acis.

Ciegas Cupido

son las venturas que ferias.

Zagales.

al valle al soto a la Cumbre

a la falda a la ribera.

Sale Galatea y el Coro de sus ninfas, y nerea. Cantando y Bailando

Coro de Galatea.

suspende las Yras a fin &c.

Coro de Galatea.

Sientan los que sienten

de amor la Crueldad

que no puede en Yelo

prender su Bolcan.

Nerea.

resuene en el mar.

Coro de Galatea.

resuene en el mar.

Nerea.

el Precioso nombre de la Libertad

Coro de Galatea.

el Precioso &c.

Nerea.

Jactense las ondas viendo que sabran

el etna de amor en nieve Yncendar

Coro de Galatea.

rianse las ondas de ver a vn Rapaz

haciendo de Aljava flechas y Carcax.

Coro de Galatea.

resuene en el mar &c.

Coro de Galatea.

en el Dulze fruto de esta Blanda Paz

nazca del desprecio la seguridad

Coro de Galatea.

y pues ellos mismos quieren abrazar

en vn Bien mentido vn forzoso mal.

Coro de Galatea.

resuene en el mar. &c.

Galatea.

Libres nereidas mias

pues alegres tocais

por tapetes de rosa

retretes de cristal

aplaudid Celebrad

en Jubilos festivos

Pag. 12

Galatea.

Los trofeos esquivos que gozáis,

de amor con los desprecios,

no solo me aduláis;

mas quien le agravia menos

esa me ofende más,

reprehended, injuriad

a un bárbaro deseo,

a un Dios que hace su imperio su impiedad.

Dentro

Glauco.

No, no, no hagáis tal,

que si hoy el amor os permite reír

mañana es posible que os haga llorar.

Música

Coro de Galatea.

Resuene en el mar.

Glauco.

No suene en el mar

el precioso nombre de la libertad.

Sale Glauco.

Glauco.

No, Galatea, no, hermana,

presumas que ha de bastar

contra un milagroso impulso

un olvido natural,

pues presto verás

que es para vivir forzoso el amar.

Tu hermano soy, quien regula

su propio afecto tenaz,

hasta que su desengaño

le costó la libertad,

pues presto verás

que a espaldas del ver habita el cegar.

Yo vi a Doris, y en sus ojos

hallé un insensible imán

en quien, hasta el resistir,

se fue dejando llevar,

y presto verás

que en ti es padecer lo que antes burlar.

Y así, hermosas, no, no hagáis tal, &c.

Galatea.

Como alevoso hermano,

como esclavo infeliz de aquel tirano,

ciego Dios homicida,

la que fue en ti villana y mal nacida

débil inclinación quieres injusto

hacer ley en mi pena con mi susto,

vivo yo, que si nunca...

Glauco.

Galatea,

el que galán y hermano te desea

servir eternamente,

ni enojada te busque mi impaciente.

Aria

Glauco.

Yo sabré callar,

yo sabré sufrir

hasta lograr,

ni aun respirar

para sentir;

pues echo mi pecho

a un mudo dolor,

ni el eco de amor

saldrá a publicar

tan cauto morir = yo sabré callar, &c.

Galatea.

Pues hablando a otro intento,

dime a qué me buscabas?

Glauco.

Viéndote que dejabas

las campañas del húmedo elemento...

Pag. 13

Glauco.

A tiempo que esta concha la más bella

que vio el cielo del mar grabada estrella

me hallé en su centro frío

presentártela quiso el amor mío

Galatea.

Nácar que tal primor le corresponde

perla sin duda esconde

de precio soberano.

Vase.

Glauco.

Yo quedo muy ufano

de que a tu gusto sea

tómala pues y deja Galatea

pues otro genio que tu genio sigo

que yo me diga pues hablé conmigo

quien de amor se burla etc.

Coro de Galatea.

Renueve en el mar etc.

Con esta repetición del quatro se cierra el mar y se van las ninfas.

Aria

Galatea.

Qué ha de llorar quien supiere

discretamente sagaz

huir; pero ¿dónde voy

de qué me sirve impugnar

lo ya en mi pecho vencido?

Pasemos tirano afán

a divertir un enfado

con una curiosidad.

Válgame el cielo esta concha

qué es lo que en sí esconderá

que tan preciosa materia

la compone artificial.

¿Si podré abrirla? Parece

que no acierto: pero ya

sutil botón escondido

que forma un rubí oriental

violentado me franquea

lo que su concavidad

esconde, el cielo me valga

no vi en colores jamás

ni mejor copiada luz

ni más pronta ceguedad.

Un retrato es del más bello

del más afable zagal

que: pero ¿qué digo, cómo

curioso afecto no más

permito yo tan ansiosa

por ver considerar?

Mas ¿cómo lo he de impedir

si siendo el matiz imán

lo que resisto en el ver

cedo en el considerar:

¿Volveré a mirarle? Sí

qué perfecto qué galán

si no sabes defenderte

déjate afecto llevar.

Muda copia qué estrella enemiga

te condujo a ser fuego del mar

dilo pues que bien puedes hablar

pues por qué ha de negar un acento

el que sabe sin alma ni aliento

Pag. 14

Acis.

persuadir, convencer y obligar = muda copia.

Polifemo y Momo al paño

Polifemo.

¿No dices, rudo villano,

que en este sitio a pasar

la siesta a la verde sombra

de su afable amenidad,

todas las tardes las ninfas

del mar salen?

Momo.

Puede estar

su gigantidez seguro

de que le trato verdad.

Polifemo.

Ea, monstruoso rigor,

pues vienes a asegurar,

dando muerte a Galatea,

los altares que te da

Trinacria, acredita que eres

tan del todo irracional

que... pero, tente, villano.

Momo.

¡Pues digo! ¿Yo quién se cae?

Polifemo.

¿No ves una ninfa?

Momo.

Veo.

Polifemo.

Que sin dejarse mirar

el rostro...

Momo.

Sus señas son...

Polifemo.

Tan embebecida está...

Momo.

Por las veces que la he visto

la conozco.

Polifemo.

... en reparar

no sé qué cosa que mira.

Momo.

Ay, es que me engañarán

Polifemo.

la traza y el aire,

que

parece estatua mental

de su misma suspensión.

Momo.

Si no suena a indignidad

a quien se vio por delante,

conocerla por detrás,

ésta es.

Polifemo.

¿Quién es?

Momo.

Galatea.

Polifemo.

¿Qué dices? ¡Qué novedad,

cielos, causa en mí su nombre,

que casi me iba a asustar!

Momo.

Sus señas son...

Polifemo.

Pues si es ella,

(¡ánimo, temeridad!),

villano.

Momo.

Señor.

Polifemo.

Discurre

por todo el valle a juntar

sus rústicos moradores,

que, con festivo solaz,

vengan a aplaudir mi triunfo.

Momo.

¿Y no he de decirles cuál?

Polifemo.

Haz lo que te mando y calla.

Momo.

Será su monstruosidad

obedecido.

Polifemo.

Ea, furia,

pues asegurada está,

sea de mi indignación

Va a darle con el puñal, y al cantar se suspende.

Pag. 15

Coro de Galatea.

Instrumento este puñal

el brazo suspende, tirana impiedad,

de qué sirve herir si un ver sin oír,

me puede matar.

Polifemo.

¡Válgame el cielo!, ¿qué acento

tan dulce, tan celestial

roba al brío del herir

la acción del ejecutar?

¿Si acaso hablará conmigo

su armonía? Claro está,

pues labrando su defensa

de su misma suavidad

de mí se ampara conmigo:

no acabe: sí, acabe tal,

que en quien cantando da muerte

ya es nueva culpa el cantar.

Coro de Galatea.

El brazo suspende, etc.

Amágala segunda vez y ella vuelve y él deja caer el puñal.

Polifemo.

No solo a tu perfección

se ha suspendido mi aliento

pero antes fue de tu acento

mudo ultraje mi razón:

dos afectos, ninfa, son

los que mis ciegos enojos

han transformado en despojos

absortos y suspendidos

o a lo que ven mis oídos

o a lo que escuchan mis ojos:

de mi indignación guiado

a vencerte había venido

blasoné desvanecido

mas ya enmudezco postrado.

Galatea.

Racional monstruo indignado

que me asombras de esta suerte,

¿qué intentas?

Polifemo.

Trocar la suerte,

pues ya es amor mi homicida

y pagar yo con la vida

los amagos de la muerte.

Galatea.

Huiré de ti a estar segura

de peligro tan feroz.

Polifemo.

Mayor peligro es tu voz,

mayor riesgo es tu hermosura:

mi cruel condición dura

creyó conseguir la palma

de vencerte, y en la calma

que ya siente el corazón

paga aquella presunción

a todo el precio de un alma.

Galatea.

Déjame huir.

Polifemo.

No te ausentes.

Galatea.

¿Qué intentas?

Polifemo.

Que no te vayas,

bella ninfa, hasta que escuches

de la verdad de mis ansias.

Coro de Galatea.

Pues que Polifemo

todo lo avasalla

Pag. 16

Coro de Galatea.

sus heroicos triunfos

celebre Tinacria.

Arrodíllase.

Salen todos.

Coro de Galatea.

Venid con aplauso, con música y salva,

a cantar sus glorias, a ver sus hazañas.

Momo.

Aquí está, pero ¿qué es esto?

Telemo.

Suspended las consonancias.

Zagales.

¡Qué asombro!

Zagales.

¡Qué admiración!

Galatea.

¿Qué os suspende?

Polifemo.

¿Qué os espanta?

Telemo.

Que cuando de parte tuya,

¡oh, Polifemo!, nos llaman

a celebrar tus blasones,

te hallemos puesto a las plantas

de la deidad que desprecias.

Tíndaro.

¿No eras tú el que aconsejabas

que el templo de Galatea

a tu honor se dedicara?

Doris.

¿No eras tú quien al amor

baldonaste con jactancia?

Tisbe.

¿No era tu largueza quien

nos echó dos mil fanfarrias?

Zagales.

Pues, ¿cómo a los pies te postras

de aquello mismo que ultrajas?

Telemo.

¿Esta es la hazaña y el triunfo

a que nos convocas?

Polifemo.

Basta.

Basta de injurias, isleños,

que ya os confiesan mis ansias,

ya os conceden mis suspiros,

que no hay deidad soberana

que merezca adoración

sino es la que la arrogancia

postró de mi vanidad;

servidla, pues, veneradla;

mudad las voces del himno,

mientras las verdes entrañas

de este monte me sepultan,

corrido de ver que haya

poder a quien Polifemo

se rinda, cuando trocada

esa aclamación repita

en mi ultraje y su alabanza.

Coro de Galatea.

Pues que Galatea todo lo avasalla

y hasta Polifemo la sirve y la ama,

venid con aplauso, con música y salva,

a cantar sus glorias, a ver sus hazañas.

Vase.

Telemo.

A tus plantas, Galatea,

te pide perdón Tinacria.

Galatea.

De ser traidores, diréis.

Zagales.

No es traición una ignorancia.

Polifemo...

Galatea.

Polifemo

no os librará de mi saña,

y así, pues tan fácilmente

os muda vuestra inconstancia,

no os debo más atención.

Pag. 17

Galatea.

que volveros las espaldas

vase

Telemo.

enojada nuestra Diosa

se ausenta a desagraviarla

venid conmigo.

Tíndaro.

volad

y a ver si a vencerla bastan.

ellos y música

Zagales.

venid con aplauso con música y salva

a cantar sus glorias y a ver sus hazañas

vanse

Doris.

Tisbe quédate conmigo.

Tisbe.

¿a qué señora?

Doris.

a que haya

pues hay quien glorias ajenas

cante: voz que propias ansias

llore: ¡Ay Acis fementido!

Tisbe.

ahora has dado en esa gracia

de hacerme que gorgorite

cuando tengo menos gana

Doris.

La ausencia que han hecho todos

de esta florida campaña

este mar y esta ribera

en su deleitosa estancia

está convidando a que

pues sabes cuánto me agrada

aquella canción repitas.

Tisbe.

vaya pues que tú lo mandas.

Recitado

Tisbe.

Confiado jilguero

mira como importuna

de tu estado primero

te derribó el amor y la fortuna

y el bien que tan ufano presumiste

aun no lo hallaste cuando le perdiste.

Aria

Tisbe.

Si de rama en rama

si de flor en flor

vas saltando = bullendo y cantando

dichoso quien ama

las ansias de amor

advierte que aprisa

es llanto la risa

y el gusto es dolor. = si de rama etc.

Ay que cadena te labra tu error

y en tus mismos ayes

le vas añadiendo eslabón a eslabón

Dentro Glauco

Glauco.

pues que yo lo siento

explíquelo yo

que al ver tus desprecios oh Doris ingrata

te pago un desvío con un corazón

Doris.

¿qué es esto quién desde el mar

mi quietud interrumpió!

sale Glauco

Glauco.

quién quieres bella ninfa

que ofenda con su voz

sino es un desgraciado

que agravia con la misma adoración.

Doris.

¿qué es esto Glauco aún porfías

en el malogrado error

de amar un pecho invencible

Glauco.

ay tirana porqué no!

Pag. 18

Glauco.

con que extremo mi pena

se acredita mejor

de pasión verdadera

que haciendo la fineza obstinación.

Tisbe.

¡Ay, que cadena, etc.!

Doris.

Por mí esta voz te responde

diziéndote cuánto es, ¡ay!,

ciego tu afecto, pues labra

de su gusto su prisión.

Glauco.

¿Qué importa, si al concepto

con que me respondió

no solo no le impugno,

mas le alienta diziendo mi pasión,

pues que yo lo siento, explíquelo yo?

que al ver tus desprecios, objeto adorado,

te pago un desvío con un corazón.

Doris.

A tenacidad tan ciega

huirla es medio mejor.

Glauco.

¿Qué importa, si he de seguirte?

Doris.

Mira que diziendo voy.

Vase ella y Tisbe cantando.

Doris.

¡Ay, que cadena, etc.!

Tisbe.

¡Ay, que cadena, etc.!

Entranse y salen Galatea y Acis, cada uno por su puerta cantando a dúo.

Acis.

¡Ay, que cadena, etc.!

Galatea.

¡Ay, que cadena, etc.!

Galatea.

A mí esta voz se dirige.

Acis.

Conmigo habla esta canción.

Galatea.

Pues dejando aquella tropa,

Acis.

pues huyendo aquel rumor,

Galatea.

por ir tras mi fantasía,

Acis.

por adular mi aprensión,

Acis.

me vuelvo a la playa,

mas, ¿qué viendo estoy?

¿quién, cielos, tan presto

mi idea abultó?

Galatea.

Me vuelvo a la playa,

mas, ¿qué viendo estoy?

¿quién, cielos, tan presto

mi idea abultó?

Galatea.

¡Teniendo, qué yelo!

Acis.

¡Dejando, qué ardor!

Acis.

El alma suspensa, absorta la vida,

pasmada la acción.

Galatea.

El alma suspensa, absorta la vida,

pasmada la acción.

Recitativo.

Acis.

Divina Galatea,

pues hoy el primer día

en que dichosa fue la pena mía,

viendo la amada gloria que deseo

segunda vez, después que enamorado

ha sentido, ha querido y ha callado,

atienda tu esquivez benignamente

a quien ama, a quien calla y a quien siente.

Aria.

Acis.

Ten, ninfa, piedad de un fino pastor,

que muere de tu crueldad y renace de su amor,

yo vi tu deidad y fuime traidor

vendiendo mi libertad a precio de tu rigor,

ten, ninfa, etc.

Galatea.

Joven galán a quien miré copiado

en el muerto matiz que mi cuidado

examinó tan vivo,

que en mí lo atento desairó lo esquivo,

¿quién eres?

Acis.

Acis soy de esta ribera.

Pag. 19

Acis.

habitador y de tu luz hermosa

constante mariposa,

desde que me rendistes en su esfera?

Recitado.

Galatea.

Ya son para que muera

las flechas dos que fulminó Cupido,

lo enamorado y lo correspondido.

Aria.

Galatea.

Pues del culto la deidad

no se llega, no, a ofender,

no encarezcas la crueldad,

que esta es la primer piedad

que he sabido conceder.

Pues del culto, etc.

Acis.

Conque en tu nobleza

esperar podré

este permitir

un compadecer.

Galatea.

No sé qué os responda,

pero solo sé

que ya entre los dos

trueco lo cruel.

Acis.

¿Por qué?

Galatea.

Porque en mí

emplear sabré

todo el resistir.

Acis.

O no haya poder,

o no haya entereza

en ti para que

correspondas mal

al que ama también.

Momo al paño.

Momo.

En busca de Acis

vengo, mas ¿no es él

quien con Galatea

está hablando? A fe

que tengo de oír

solo por saber.

Coro de Galatea.

¡Acis!

Coro de Galatea.

¡Galatea!

Coro de Galatea.

¡Al llano,

por aquí, por aquí fue!

Galatea.

Mis ninfas son estas

que me buscan, ya

forzoso es seguirlas.

Acis.

Confuso tropel

también de zagales

por mí viene.

Galatea.

Pues

al paso salgamos.

Acis.

El curso detén,

y antes que me ausente

logre merecer

siquiera una voz

que aliente mi fe.

Galatea.

Bastará que sepas

que en ti solo hallé

razón que ha deshecho

la de mi esquivez.

Momo.

Estos me parecen,

si mal no escuché,

remoques amantes.

Pag. 20

Acis.

Déjame creer

que aunque tan dudoso

saber puede ser

una suspensión

de tanto desdén.

Galatea.

¡Ay, amor aleve!

Acis.

¡Ay, rapaz infiel!

Galatea.

Cómo ferias dichas,

Acis.

Cómo glorias des.

Acis y Galatea.

No, no, no, no me quejaré

de un mal que me mata y me muero por él.

No, no, no me quejaré,

pues amar, sentir, penar y temer

en quien quiere bien,

en fin, es pesar que sabe a placer;

no me quejaré

de un mal que me mata y me muero por él.

Sale Momo.

Momo.

Y yo, que ya tengo

chisme con que hacer

algún buen enredo

que saldrá después,

no, no, no me quejaré

de que por lo menos todo no lo sé.

Fin de la primera jornada.

Jornada segunda

Pag. 21

Salen Momo y Tisbe después de cantar el cuatro.

Salen Momo y Tisbe cubierta con un velo.

Coro de Galatea.

Al aire de los suspiros,

en la hoguera del deseo,

pues los afectos se abrasan,

lábrense los pensamientos,

ya que se ha hecho

la de Vulcano fragua

de amor y celos.

Momo.

Estrafalaria Deidad

que con tan raro silencio

en figura de fantasma

me traes por estos desiertos

con cuarenta sustos más

y con veinte piernas menos,

¿tráesme a cosa buena?

Tisbe.

Sí.

Momo.

¿La Pasito tenemos

de nuevas armas de amor

entre los graciosos puesto?

Tisbe.

No.

Momo.

Pues di, ¿qué significa

ese pedazo encubierto

de rostro, que pues se oculta

no debe de ser muy bueno?

Tisbe.

Dasme palabra de hablar

Pag. 22

Tisbe.

verdad a cuanto mi acento

te propusiere.

Momo.

Sí, doy.

Tisbe.

Júralo.

Momo.

A fe de camueso.

Tisbe.

¿Por Baco?

Momo.

Por Baco juro.

¡Oh! plegue a ese dios añejo

que jamás atizar logre

las lámparas de su templo

si mintiere en cuanto diga.

Descúbrese.

Tisbe.

Pues, Momo, dominus tecum,

ya me ves de par en par,

y mientras te caes muerto

avizora las orejas

y escúchame con los dedos.

Momo.

Válgame Dios, a gran cosa

de poquísimo provecho

debe de ser mi llamada.

Tisbe.

¿Me atiendes?

Momo.

Como estafermo.

Tisbe.

Desgraciado gracioso,

a quien amor ha hecho

ridícula figura

de su cómico enredo,

si al punto no me parlas

el pasado suceso

de Acis y Galatea,

no doy por ti un buñuelo.

Doris sabe que juntos

en la selva estuvieron,

que tú los atisbaste,

porque te vio a lo lejos.

Mira, pues, qué te importa

este chisme al sosiego,

o prevente ad parlandum

o, si no, morietur.

Momo.

¡Ay de mí, majadero!

Que si parlo o no parlo siempre muero.

Endemoniada ninfa,

que en contrarios aquellos

en latín me amenazas

para aburrirme en griego.

¿Cómo quieres que parle

ese maldito cuento,

para que Galatea

me haga sardina luego?

Tisbe.

Pues, ¿qué respondes, bruto?

Momo.

Que entre los dos afectos

de temor y cariño,

de lisonja y de miedo,

si lo digo me expongo

Pag. 23

Momo.

a ser de ese elemento,

o tiburón humano,

o racional cangrejo.

Si no lo digo, Doris

podrá hacer de mis huesos

una blanda tortilla,

con lo duro de un leño;

conque entre ansias, congojas,

suspiros, desalientos,

fatigas y pesares,

solo referir puedo, ¡ay de mí, majadero!, etc.

Sale Doris.

Tisbe.

¿Señora?

Doris.

En tu busca

penetrando el bosque vengo,

y pues con Momo te he hallado,

ya sabrás (¡valedme Cielos!)

cuánto te encargué.

Tisbe.

Ahora estaba

todo el caso refiriendo.

Momo.

Sí, señora, y ya que vine

en figura de mochuelo,

he de morir de parlar;

morir cantando pretendo,

escucha este recitado.

Tisbe.

Acaba, pues, no seas necio.

Recitado.

Aria.

Vase.

Momo.

Ayer cuando la tarde

iba diciendo al mundo: «Dios os guarde»,

vi en la selva, que el mar pule y asea,

a Acis y a Galatea

decirse mil requiebros de capricho,

y pues dije requiebros, aún he dicho,

para explicar que están enamorados,

contentos, satisfechos y pagados;

hasta aquí el chisme fue. Doris discreta,

ahora encargo el secreto en la arieta.

Señora, ya que el secreto

queda entre nosotros dos,

chito por amor de Dios,

que si se sabe en efeto,

y me pillan el coleto,

del catarro, del aprieto,

ya me empieza a dar la tos,

tos, tos, tos, tos. Señora, ya, etc.

Doris.

Espera, aguarda. ¡Ay de mí!

Que si el curioso despecho

mío por saber, movía

lo que sabido me ha muerto,

ya diera por ignorarlo

más que intenté por saberlo;

pero no diera, pues ya

el desengaño agradezco

a trueque de la venganza.

Tisbe.

¿Qué intentas?

Pag. 24

Doris.

mostrar espero

que satisfazer agravios

es lisonja de los zelos,

sígueme.

Tisbe.

¿Dónde?

Dentro música y golpes de martillos.

Doris.

Pues boca

de aquel escollo soberbio

que a un suspiro de la tierra

rasgó el profundo bostero,

es la pavorosa cueva

del bárbaro Polifemo,

y según de aquí se deja

percibir distante el eco,

en ella cantan labrando

el feroz, el duro, el terco

metal, que a golpes de injurias

va su rudeza puliendo,

a ella caminé a lograr

hacerle ayrado instrumento

de mis iras, pues si adoro

a Acis, que él adora es cierto

a Galatea, y son unos

sus penas y mis tormentos.

Tisbe.

¿Tan presto el amor en odios

has trocado?

Doris.

Sí, tan presto,

porque advierta el enemigo

tirano de mi sosiego

que instantes de ofensas labran

siglos de aborrecimientos,

y así con razón por ambos

dice este tenaz estruendo.

Ella y música.

Vase, y descubren la fragua en que Polifemo está labrando un tridente dorado y dos Cíclopes.

Doris.

Al ayre de los suspiros, etc.

Polifemo.

Dulce Galatea,

pues amor me ha hecho

de tu hermosa ira

infeliz objeto,

ay tirano dueño,

más duro que el bronce

este ingrato pecho,

puesto que le ablando y no te enternece.

Como a heroica reyna

del marino imperio

te labro el tridente

que será tu cetro = Ay tirano dueño, etc.

Muévanse mis ansias,

y al que monstruo fiero

vio la selva ayrado,

póstrele halagüeño = Ay tirano dueño.

Dentro Telemo.

Telemo.

Viva Galatea y recobre

las aras que Polifemo

intentó usurparle.

Todos.

Coro de Galatea.

Viva.

Polifemo.

Hola, Cíclopes, ¿qué es eso?

Sale Tíndaro.

Tíndaro.

Yo te lo diré bien como.

Pag. 25

Tíndaro.

apasionado y afecto,

más a tu culto que cuantos

dan a su bajeza inciensos:

¿no es que inconstantes, rudos,

bárbaros, torpes y necios

esos trinacrios aleves,

juzgando que hallan pretexto

bastante a que hayas cedido

a indigna deidad tu templo,

con júbilos y con fiestas,

detestando y aboliendo

tu adoración y tu aplauso,

llevan con triunfal obsequio

a su templo a Galatea,

a tiempo que por no verlo

dejó su bárbara tropa,

y a darte el aviso vengo

para que, vista tu injuria,

satisfagas tu desprecio?

Acaudilla, ¡oh generoso

hijo del mar!, el soberbio

escuadrón de tus valientes,

adustos Cíclopes fieros,

y saliéndoles al paso

no quede...

Polifemo.

Tén el acento,

¿quién te ha dicho que me ofende

acción en quien intereso

a costa de mi baldón

labrarme un merecimiento?

Suene en buen hora el aplauso

de Galatea; el primero

he de ser yo, que por fiera

del carro de su trofeo,

vaya aumentando a sus plantas

triunfos de amor y de Venus.

Tíndaro.

¿Eso dices?

hace vistiéndose como dicen los versos

Polifemo.

Esto digo,

y porque salir pretendo

a darla la enhorabuena

más pulido o menos fiero,

suceda al gastado yunque

el blando guante, al tremendo

nudoso árbol, armas mías,

delicado bastón tierno:

y por consultar si el rostro

lleva algún borrón grosero

del afán de mi tarea,

mancha que ha escupido el fuego,

mientras el pelo matizo,

que hasta aquí fue, sin aseo,

negra impenetrable cima

del escollo de mi cuerpo.

Pag. 26

Polifemo.

Servidme Cíclopes míos

dadme ese cóncavo espejo

que en quien a ser galán pasa

desde monstruo no es bien hecho

que haya de entrar asustando

lo que ha de adular sirviendo.

Tíndaro.

Corrido estoy fiero joven

de que en ti pueda un afecto

más que una naturaleza

Polifemo.

Si no has amado en extremo

no culpes lo que no sabes.

Sale Tisbe y Doris.

Doris.

no parece que a mal tiempo

he llegado: más que miro!

que espectáculo tan nuevo!

no vi gala tan horrible

Tisbe.

esta el Gigante por cierto

para tarasca barbuda

echo un Angel del Infierno

Doris.

hasta que se quede solo

llegar a hablarle no quiero

Dentro

Coro de Galatea.

Viva Galatea viva

Tíndaro.

Ya después que fenecieron

la religiosa función

dando la vuelta a este puesto

parece que se encaminan

con mayor atrevimiento

pues pasando por delante

de tu habitación es cierto

que es por darte mayor pena.

Polifemo.

Daranme el mayor contento

y puesto que prevenida

la ofrenda a su Deidad llevo

aquí esperemos.

Doris.

que miro

Tisbe entrambas nos mezclemos

en esta tropa que llega

Tisbe.

para que?

Doris.

Sabráslo luego

al ver cuán en mi favor

llega ese Coro diciendo

Ciérrase el foro de la fragua retírase Polifemo y en dos fuentes llevan los Cíclopes el tridente y los aromas, y sale Galatea en un carro y Bailan zagales y Zagalas.

Coro de Galatea.

estos dulces cánticos

que repite el céfiro

cuando el templo máximo

vuelve al primer término

cláusulas son Galatea divina

júbilos son que a tu culto ofrecemos

Acis.

Vuelva a tu dominio Dríade

el Altar supremo

y quien vence almas, mármoles

domestique bellos

que estos dulces himnos

que estos blandos versos

Zagales.

cláusulas son &a.

Tisbe.

cobra en tus aromas deíficas

Pag. 27

Coro de Galatea.

el ardor sabeo

que en festivas nubes trémulas

ilumina el viento,

que estos dulces himnos,

que estos blandos versos,

cláusulas son, etc.

Momo.

Y el jayán maldito, sátiro

deste bosque ameno,

sin altar ni culto quédese

para chuchumeco,

que estos dulces cánticos,

que estos blandos versos.

Llega Polifemo.

Polifemo.

Cláusulas son, Galatea divina,

de adoración que te da Polifemo.

Tisbe.

¡Qué asombro!

Telemo.

¡Qué espanto!

Zagales.

Huyamos.

Polifemo.

¿Adónde vais? Deteneos,

villanos.

Momo.

¡Ay, que yo dije

mucho mal dél, y el primero

he de ser a quien engulla!

Telemo.

Polifemo, si tú mismo

mandaste restituir

a Galatea su templo,

no culpes ver que nosotros...

Polifemo.

Suspende, anciano indiscreto,

tu temor. Volved, tinacrios,

volved a ver en mi aspecto

cuán de paz más que de guerra

os he salido al encuentro.

¿No veis vestido de gala

al que visteis poco tiempo

ha, con feroces adornos,

hacer pompa lo sangriento?

Momo.

Pues, ¿si es esto que se le luce

el afeite?

Polifemo.

Ya en mi pecho

trocó el amor las costumbres.

Acis.

¿Qué oigo, ansias?

Polifemo.

Ya os agradezco,

de parte de Galatea,

su aplauso y mi menosprecio;

y porque veáis que quien

sigue vuestro propio ejemplo

no culpará vuestra acción,

recibe, ¡oh numen supremo

de Tinacria!, el holocausto

que ante tu deidad ofrezco.

Y este dorado tridente,

labrado al tesón violento

de la yunque de mi brazo,

te dedico, porque, siendo

emperatriz de las aguas,

Pag. 28

Polifemo.

te sirva precioso cedro,

estos aromas que antes

lágrimas de troncos fueron

que yo mismo fui enjugando

al ir sus venas hendiendo,

admita el gran sacerdote

tuyo para que en el fuego

de su hoguera mis suspiros

copien, y exhalando al viento

al influjo de tus soles

los humos...

Baja del carro

Galatea.

Ten el acento.

Acis.

¡Ay de mí, si Galatea

no satisface mis celos!

Doris.

Quiera amor que su desaire

facilite mi deseo.

Galatea.

Monstruo en quien ha sobrado

lo humilde y lo rendido,

pues es forzoso ser aborrecido

culto que asombra aun solo imaginado.

¿Cómo, cómo has juzgado

obsequio o beneficio

un horror que parece sacrificio?

Nada admito de ti, nada deseo

a vista de la dicha en que me empleo.

Acis.

Cielos, por mí lo dice.

Galatea.

Que a no ser infelice

con tu vista horrorosa,

y porque me imagines más piadosa...

Acis.

¡Oh, feliz yo, pues enmendó mi daño!

Galatea.

Oye en esta expresión tu desengaño.

Aria

Galatea.

Cielo ha de ser el mar,

mar el cielo ha de ser,

el incendio ha de helar,

la nieve arder,

primero que lograr

tu fino proceder,

que pueda yo estimar

horror que he de olvidar y aborrecer.

Cielo ha de ser, etc.

Hace que se va

Polifemo.

Oye, aguarda, escucha, espera.

Galatea.

No hagáis caso de sus ecos,

volved a cantar, villanos.

Momo.

Por Dios que ha quedado fresco.

Tíndaro.

Entonad en dulce elogio.

Acis.

Decid en festivo acento

¡viva Galatea!

Con esta repetición se entran todos menos Doris

Zagales.

¡Viva!

Vanse

Coro de Galatea.

Al valle, a la cumbre, al puerto,

estos dulces cánticos

que repite el céfiro.

Polifemo.

¿Qué es esto que me sucede?

¡Ira, cólera, despecho,

furor, injuria, venganza!

Pag. 29

Doris.

Ahora llego a buen tiempo.

Polifemo.

Un obsequio tan rendido,

un tan noble rendimiento,

merece un público ultraje.

Doris.

Si cuando es otro misterio

quien le motiva.

Polifemo.

¿Qué dices, Doris?

Doris.

Que a tus sentimientos

aún le falta otro dolor

que añadir.

Polifemo.

¿Mal hay más fiero

que aborrecimiento amando?

Doris.

Mayor pena hay, pues hay celos.

Polifemo.

¿Celos?

Doris.

Sí.

Polifemo.

¡Ay de mí infeliz,

qué áspid esa voz me ha muerto!

Doris.

Galatea enamorada

de un pastor que iba encubierto

en esa tropa por darle

satisfacción.

Polifemo.

Dilo presto.

Doris.

Te ha desairado a su vista.

Polifemo.

Otro logra lo que pierdo,

otro alegre de que yo

quede rabiando, otro afecto

dichoso y yo desdichado;

dime quién es, porque ciego

vuele en su busca a que alivie

con su muerte mi tormento.

Doris.

Interesada en tu enojo

acompañarte prometo,

pero no a que le des muerte;

(quísele aunque le aborrezco

y no he de ser yo cruel

porque él sea desatento).

Polifemo.

¿Pues a qué he de ir?

Doris.

A impedir

su cariño con su miedo.

Polifemo.

Yo te ofrezco no matarle,

pero su arbitrio admitiendo

sepultar su amor sabré

donde no exhale un pequeño

suspiro.

Doris.

Eso es lo que basta.

Polifemo.

Galatea, pues has hecho

de un esclavo un enemigo,

yo vengaré mis desprecios.

Vanse, y sale Glauco con casaca parecida a la de Acis.

Glauco.

Al ameno silencio

de este frondoso valle,

a quien sirven de espejos

marítimos cristales,

pretendo, amor, quejarme

de ver que valga en ti para la pena

Pag. 30

Glauco.

Razón que para el mérito no vale

apenas el Enero

desnuda el verde sauce

hay abril que le vista

de esmeralda flamante

y solo en mí no cabe

que el tiempo mude ni la pena falte

el arroyo que el yelo

en transparente cárcel

enmudeció suspenso

ya alegre vuela al valle

y solo en mí no cabe

que el yelo rompa de un desdén constante

todos, amada Doris,

deben a tus piedades

flores, astros y plantas,

matices y celajes;

y solo en mí no cabe

que el sol despierte y el aurora raye.

¡Ay de mí!

Sale al paño Doris.

Doris.

Como tan cerca

el bosque estaba, avanzarme

quise a solas de mis celos,

a penetrar su paraje,

haciendo que Polifemo

a la entrada dél me aguarde

para que en siendo ocasión

llegue: pero el paso errante

suspende atención, que un joven

advierto, y si las señales

distingo bien, aunque tiene

vuelto el rostro a la otra parte

pues en busca de Acis vengo

sin duda he dado con Acis,

sí que este rumbo siguió

aunque de los zagales

dejó la tropa.

Glauco.

¡Ay divino

motivo de mis pesares,

ay Doris!

Doris.

¡Pero qué escucho!

a mí me nombró al quejarse.

Glauco.

Solo tú el arbitrio eres

de mis bienes y mis males.

Doris.

¿Qué es esto, corazón mío?

¿qué fuera que le buscase

mi cólera desatenta

y le halle mi dicha amante?

Glauco.

¿Qué haré yo, enojado dueño,

por vencerte y obligarte?

Doris.

Hasta el eco de la voz

es suyo, y como ya sabe

que estoy celosa, sin duda

Pag. 31

Acis.

habla conmigo en dictamen

de darme satisfacción:

bien hubiera mi coraje

quedado si a Polifemo

trajese.

Basten, ya basten

tus iras, amada Doris.

Sale Doris.

Doris.

Ya cesan, querido Acis,

cuando oigo: pero ¿qué miro?

Vuelve Glauco.

Glauco.

Prosigue, bien empezaste,

ingrata, enemiga mía,

pasa pues, pasa adelante,

que aunque Acis no soy, soy quien

logrará desengañarse

de que tus desdenes de otro afecto nacen,

que el de ser esquiva, pues eres mudable.

Doris.

Posible es que no conozca

(forzoso es asegurarle

de su sospecha) que en mí

ha sido el descuido arte?

Glauco.

¿Arte?

Doris.

Pues no lo discurres.

Al paño Acis.

Acis.

Después que pude alejarme

de aquella tropa por si

acaso del bosque sale

Galatea al llano, vengo,

pero Doris y su amante

Glauco hablando en este sitio,

haga pues curioso examen

de lo que tratan.

Glauco.

¿Y es cierto

eso a que me persuades?

Doris.

Por ver si te daba susto

que ese villano nombrase,

ese frenético, risa

de estos montes y estos valles

llegué invocándole.

Acis.

¿A quién, verá, a quién con tanto ultraje

trata Doris?

Doris.

Que Acis nunca

mereció en mí que le trate

de otra suerte, y si Acis fuese

Glauco, no estuviera en Acis

tan natural mi aversión.

Glauco.

Qué buen modo de enmendarte,

pues no nombrarle prometes,

y no cesas de nombrarle.

Y así pues más la disculpa

irrita que persuade,

por vencer la duda, sabrá mi coraje

hacer que su vida tu equívoco pague.

Vase.

Doris.

Detente, Glauco.

Acis.

¿A qué fin?

Pag. 32

Acis.

deja que vaya a matarme.

Doris.

Es verdad, porque con solo

tu muerte se satisfacen

mis agravios.

Acis.

Y los míos

que en este punto expresarte

qué son.

Doris.

Son correspondencias

de todas tus falsedades.

Acis.

Pues porque veas que aun cuando

me maltratas, agradarte,

bella Doris, solicito,

parte tú en su busca, parte,

mientras me quedo esperando

a Galatea en el margen

de estas ondas, donde ofrezco

que interponga mis afanes,

mis finezas, mis suspiros

con su deidad, porque afable

a su hermano desenoje

y de él el perdón te alcance.

No vayas con susto.

Vase.

Doris.

¡Aleve,

tirano, cruel, infame!

Espérala enhorabuena,

mientras, no a lo que pensaste,

iré yo, sino es a hacer,

ya que a los celos añades

las ofensas, que conozcas

que mujer celosa es áspid,

que no hay flor que no inficione,

que no hay planta que no abrase.

Recitado.

Acis.

¡Qué poco a asustar llega

esa ira, esa cólera, ese amago

a una pasión que ciega,

a precio de su ruina ama su estrago!

Esa furia es halago,

ese horror es dulzura,

en sabiendo hay amor que hay hermosura,

para quien mi tormento

es lisonja por ser merecimiento.

Aria.

Acis.

Aunque contra mí indignado

toque al arma su destino,

no me da en mi amor cuidado,

que un afecto peregrino

asustado,

desdeñado, maltratado,

sabe idolatrar más fino.

Recitativo. Sale Galatea.

Galatea.

¿Es verdad, Acis mío, lo que expresas?

Acis.

¡Ay, bien de mi albedrío!

¿No está tu corazón bien satisfecho,

habitando en la esfera de mi pecho,

de lo que el pecho siente?

Galatea.

¿Cómo has sufrido tanto estar ausente?

Pag. 33

Acis.

de mis amantes lazos,

por volver a tus brazos,

y como al sol después de noche fría,

gozar ansioso el rosicler del día.

Siéntase Galatea en un peñasco y Acis se recuesta en su regazo.

Salen ninfas.

Galatea.

Ninfas alegres del vago cristal,

venid, y en mis brazos al alba veréis,

tejedle coronas de rojo coral,

y en dulces cuestiones al bien de mi mal,

con solo fineza le divertiréis.

Nerea.

¿Cuál mayor ventura ha sido?

Coro de Galatea.

La de amor correspondido.

Tisbe.

¿Cuál es más dichoso estado?

Coro de Galatea.

El de un afecto premiado.

Alerta, cuidado, deseo rendido,

no con un olvido, por ser confiado,

en dicha y agrado te robe Cupido.

La de amor correspondido,

el de un afecto premiado,

alerta, cuidado, deseo rendido.

Acis.

Tanta es, Galatea hermosa,

la pasión que a ti me inclina,

que por anhelar más fina

quisiera no ver dichosa;

pero ansiosa

por tu piedad generosa

de las dichas ha adquirido,

Acis y el Coro.

Coro de Galatea.

la de amor correspondido.

Galatea.

Tanto te adoro, bien mío,

que no basta el que poseo,

y de mi nuevo deseo

se va haciendo otro albedrío

en él fío,

que sin temor de un desvío,

de sus bienes le haya dado,

Galatea y el Coro.

Coro de Galatea.

el de un afecto premiado.

Salen Doris y Polifemo.

Doris.

Pues de las sonoras voces

atraídos nos hallamos,

Polifemo, donde veas

tus celos al primer paso,

aquel es Acis y aquella

Galatea.

Polifemo.

Aguarda un rato,

porque a vista de mi injuria,

Doris, es mi enojo tanto,

que creo, habiéndote dado

palabra de no matarle,

que sin hacerle pedazos

no he de cumplir con mi enojo.

Doris.

Tú me ofreciste bizarro

sepultar la pasión suya,

mas no matarle, y me valgo

de ti mismo.

Polifemo.

¡Oh, pese a quien

ofrece, en volcanes ardo!

Pag. 34

Galatea.

lo que ha de cumplir muriendo.

Acis.

¡Qué dulcísimo descanso

es este! Dueño querido,

perdona si en tu regazo

pago a expensas de dormido

costumbres de confiado.

Galatea.

Como alivio tuyo sea,

duerme, mi bien, que entretanto

yo sabré guardarte el sueño.

Cantad, Nereidas, tan bajo

que sea arrullo aquel rumor

que dijo...

Sale Polifemo.

Coro de Galatea.

¡Alerta, cuitado!

deseo rendido.

Polifemo.

Pausad las indignas voces,

testigos de mis agravios.

Galatea.

¡Ay de mí, infeliz! Despierta,

Acis.

Acis.

Cielos soberanos,

¿qué es esto?

Polifemo.

Espera, enemigo

dichoso, que un desdichado

vengar en ti sus desaires

pretende.

Coro de Galatea.

Ninfas, huyamos

del furor de Polifemo.

Galatea.

Mientras quedo en tu resguardo

a ver si templarle puedo,

sigue esa senda, adorado

Acis.

Acis.

¿Dejándote al riesgo?

Galatea.

Estando el mar tan cercano

en él tomaré el asilo.

Acis.

Con tal seguro...

Polifemo.

¡Ah, villano!

Vase.

Acis.

Para ti guardo mi vida.

Polifemo.

¿Qué importa, si yo, formando

de las cimas de los montes

escalones a mis pasos,

tan presto te alcanzaré

que pueda...?

Galatea.

Si valen algo,

Polifemo...

Polifemo.

Quita, aleve.

Galatea.

...las lágrimas que derramo

contigo...

Polifemo.

¡Ah, vil, ponzoñoso

cocodrilo, que llorando

me das muerte!

Doris.

Vuela aprisa,

Polifemo, que ha tomado

gran ventaja tu enemigo.

Galatea.

¿Qué te importa a ti su daño?

Doris.

Tanto como a ti su vida.

Galatea.

Mira, advierte...

Pag. 35

Polifemo.

más airado

viéndote llorar por otro,

te advierto.

Galatea.

¿Qué?

Polifemo.

Que es en vano

que me intente hallar de cera

la que para mí fue mármol.

Vase.

Galatea.

¡Ay de mí!, tú, que con él

parece que puedes algo,

sigue sus huellas.

Doris.

Sí haré,

pero será a que aumentando

su coraje, de una vez

vengue las iras de entrambos.

Galatea.

¿De entrambos?

Doris.

Sí, pues celosa

de Acis es interesado

también mi enojo, en que nunca

puedas gozar de su halago.

Vase.

Canta.

Galatea.

Solo me faltaban celos

sobre ansias y sobresaltos:

pero no es tiempo, dolor,

aunque todos conjurados

contra mi amor se acaudillen

de más que de ir avisando

a Acis que huya, pues la fuga

solo puede ser su amparo,

diciendo mi voz y el coro

eco del zafiro vago:

huid de las iras del monstruo indignado.

Coro de Galatea.

Huid de las iras, etc.

Galatea.

Que Polifemo arrancando los montes...

Coro de Galatea.

Que Polifemo, etc.

Galatea.

Las fieras hiriendo, los bosques talando...

Coro de Galatea.

Las fieras, etc.

Galatea.

Es animada borrasca del soto,

viviente huracán de su verde océano.

Coro de Galatea.

Es animada, etc.

Salen huyendo Momo y Tisbe.

Momo.

¿Qué demonios es esto

que anda en la selva?

Tisbe.

El gigante que tose,

pues todo tiembla.

Pero tú, tan medroso,

¿de qué te afliges?

Momo.

¡Ay Tisbe, que no hay miedo

que no me atibe!

Tisbe.

Cierto que con los sustos

de tanto coco

el nombre se te pasa

de Momo en mono.

Momo.

¿Te parece que es bella

gigantería

tener un hombre asomos

de almendiguilla?

Pag. 36

Tisbe.

Claro está que a un bocado

tragarte es fuerza.

Momo.

Esté usté muy alegre

con esa nueva:

tú serás la postrera.

Tisbe.

¿Por qué, taimado?

Ruido.

Momo.

Porque siempre es de postre

el manjar blanco.

Pero ¡ay Dios!, que el estruendo

se acerca y crece.

Tisbe.

Aun yo no acierto a hallarme

para esconderme.

Momo.

Acis viene corriendo

por esta parte.

Tisbe.

Bien sabe Acis en eso

lo que se hace.

Momo.

Polifemo le sigue,

y a cada tranco

atraviesa una selva.

Tisbe.

¡Miren qué paso!

Coro de Galatea.

Que Polifemo arrancando etcétera.

Sale Acis.

Acis.

¿Adónde, infeliz destino,

podrá huir quien en sus hados

trae consigo sus desdichas?

Momo.

Este miedo es primo hermano

del nuestro.

Tisbe.

Llámale tío, que bien puede.

Acis.

¡Oh, villanos,

si os compadece una vida

que el cielo persigue tanto,

decid adónde podré

esconderme del presagio

con que me amaga mi estrella!

Momo.

Los dos andamos buscando

lo mismo, y en este sitio

ni gruta, choza ni árbol

hay que nos encubra.

Dentro.

Polifemo.

Espera,

que en vano intentas de un rayo

esconderte.

Acis.

¡Ay de mí triste!

Que allí, impidiéndome el paso

blancas rocas, que en el mar

calzan el pie de alabastros,

y aquí pelados escollos

hacen a mi sobresalto

la fuga imposible.

Momo.

Y digo,

¿vivía esta en palacio,

adonde estamos nosotros?

Sale Polifemo.

Polifemo.

Ya di contigo, villano,

ahora mal podrá tu fuga

preservarte de tu estrago.

Pag. 37

Acis.

Ya que no hay otro remedio,

corazón, misterio hagamos

la necesidad; ¿quién monstruo

te dice que mi bizarro

espíritu huye de ti?

Si hasta aquí te fui guiando,

fue porque no hubiera quien

el combate a que te llamo

estorbase estando solos.

Polifemo.

Déjame (mi enojo a un lado)

reír de tu presunción;

vienes mi furia temblando,

¿y ahora dices que a la lid

me incitas?

Acis.

Llega a mis brazos,

y de quien quedare vivo

sea el divino milagro

de Galatea.

Polifemo.

Infeliz,

miserable, afeminado

pastorcillo, aunque pudiera

en átomos mal formados

esparcirte por el viento

al primer impulso, he dado

palabra de no matarte,

sino solo...

Momo.

¡Ay, que dio un paso!

Tisbe.

Yo me coso con la tierra.

Momo.

Malditos sean mis labios

si chistaren.

Terremoto al arrancar la peña.

Polifemo.

Sino es solo

sepultar tu enamorado

afecto, y así, cumpliendo

con mi palabra y mi agravio,

para que bárbara urna

te oprima, este escollo arranco

de su asiento.

Acis.

¡Ay, infeliz!

Momo.

El cielo se viene abajo.

Tisbe.

No es nada la fuercecita.

Polifemo.

Y sobre tu delicado

cuerpo, aunque no sea bastante,

Acis.

¡Bárbaro, cruel, tirano!

Échaselo encima.

Vase.

Polifemo.

a quitarte de improviso

la vida, él irá prensando

tu bulto hasta que un suspiro

en el último desmayo

acredite que he cumplido

(supuesto que no te mato,

sino tu pasión sepulto)

del mejor modo que alcanzo.

Momo.

Galápago racional

deja hecho al pobre muchacho.

Tisbe.

Vamos a gritar que vengan.

Pag. 38

Glauco.

a favorecerle,

son vanos.

Acis.

¡Ay, esperad, que yo,

venciendo este desusado

peso...

Sale Galatea.

Galatea.

Hacia aquí alcancé a verlo.

Acis.

podré; mas ¡ay, desdichado!,

que la tenaz pesadumbre

de este invencible peñasco

no me deja.

Galatea.

Acis querido,

¿qué es esto?

Acis.

¡Ay, dueño adorado!,

¡ay, Galatea!, porfía

a ver si puedes luchando

apartar de sobre mí

este peso, que postrado

va mi vida.

Galatea.

Es imposible

que alcance mi esfuerzo a tanto.

Acis.

Pues ya que tengo la dicha

de que oprimido a su vasto

rigor me deje el aliento,

a tu vista y en tus brazos,

dígnese de ver que despida

su amante vida cantando.

Galatea.

¡Oh, quién en tanto dolor

lograse un pecho de mármol!

Acis.

Quédate en paz, oh divina

Galatea, que los hados

que me usurpan lo que vivo

no podrán lo que idolatro.

Eterna el alma y eterno

el amor que te consagro

llevo conmigo; pues yo,

mas ¡ay!, que el fiero obstinado

tronco que me ahoga va

tan poco a poco faltando

la voz que del eco quiere

formar otro acento el labio,

y el parasismo, el delirio,

el frenesí y el letargo

que, no pudiendo, aunque más

forcejo, aunque más batallo,

resistir a lo que siento,

me sofoca lo que hablo.

¡Adiós, mi bien!

Vese el mar.

Galatea.

¡Oye, espera!,

que pues aun no me ha faltado,

en tu postrero suspiro,

mi última esperanza aguardo,

vencer mi airado destino,

númenes del mar sagrado.

Coro de Galatea.

¿Qué intentas?, ¿qué quieres?

Pag. 39

Galatea.

al que el dueño que amo

pasando a Deidad del frío elemento

en tálamo trueque el túmulo infausto.

Coro de Galatea.

Así lo otorgamos,

y en rio que de Acis el nombre no pierda

el golfo le admita en sus húmedos brazos.

Nerea.

Ya venturosa hermana,

Neptuno se ha dignado

de que viva tu amante,

que tanto amor merece premio tanto.

Para en una tramoya y se ve el peñasco que brota un rio y se abre y se sienta Galatea en él.

Nerea.

De las rudas entrañas

de ese adusto peñasco

Acis ya convertido

camine al mar en rio desatado.

Glauco.

Y pues en fuga el Cielo

con cristales tu llanto

oye festivo el Coro

repetir de tus dichas en aplauso.

Coro de Galatea.

Así lo otorgamos.

Dentro.

Coro de Galatea.

Acis dichoso, ya desvanecido

el decreto del hado,

tanta felicidad has conseguido

que al dia mas del orbe celebrado

tu fábula o tu Historia

es aplauso en placer de tanta gloria.

Nerea.

Si el triunfo que ama

veloz la fama

con Bronce aclama

pues le posee, goce,

que de la España

la mayor gloria

será la araña

de su memoria

cuando en Philipo su aliento emplee

goce. Si el triunfo, etc.

Salen todos.

Telemo.

En este sitio, zagales,

las dulces voces sonaron.

Zagales.

Qué prodigio es el que a todos

está el aire publicando.

Sale Polifemo.

Polifemo.

Es mi noble triunfo, y lleno

pues ya dejo sepultado

mi agravio, ¿qué miro?

Acis.

Miras mi dicha y tu engaño.

Polifemo.

Corrido de que los dioses

me afrenten así tiranos,

por no ver que haya dichoso

que goce lo que yo amo,

desampararé la isla

siendo viviente naufragio

de las ondas, pues a pie

penetraré sus espacios;

recibe golfo, otro golfo

de penas y sobresaltos.

Pag. 40

Acis.

entre húmedas cavernas.

Momo.

anda con seiscientos diablos

Galatea.

Doris el cielo dispone

premies el amor de Glauco

Doris.

a quien ha sabido amar

generoso, atento y cauto

para premiar su esperanza

es corto premio mi mano.

Telemo.

festejemos tanta dicha

como libres del espanto

de Polifemo adquirimos.

Tisbe.

toca esos huesos taimado

Momo.

es verdad no me acordaba

que era forzoso casarnos.

Tíndaro.

diciendo pues a tal día

se debe el más soberano

elogio.

Zagales.

viva quien hace

siglos de dichas sus años.

Mudanza.

Mudanza.

Nerea.

Y a sus laureles de palma y oliva

orlas formando de regio esplendor

Marte le rinda gloriosos trofeos

triunfos la fama y reflejos el sol.

De María Luisa y Luis los abrazos

dulces coronen al héroe mayor

porque la dicha más noble del uno

es la fineza inmortal de los dos.

Para que de Acis y de Galatea

dé fin la hermosa festiva invención

Zagales.

todos diciendo que reine Philipo

siendo su cetro coyunda de amor.

Fin.