귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La toma de Buda por el duque de Lorena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-toma-de-buda-por-el-duque-de-lorena.
Legajo 35.
Comedia Nueva. Número 10.
La toma de Buda.
Tea 1-68-10, c.
Enmarcado en un trazo decorativo: Segundo apunte.
En el centro de la página se percibe un texto muy desvanecido y difícilmente legible que parece corresponder a un título desechado y a un reparto de personajes. Se adivinan nombres como Eduardo, Duque de Lorena, Duque de Béjar y Margarita.
Página en blanco.
Comedia nueva. La Amazona de Noruega y toma de Buda.
Personas. Lucidoro, demonio. - Barón Carafa. Eduardo, galán. - Bajá de Buda. Duque de Lorena. - Serasquier. Duque de Béjar. - Mazamorra. Duque de Escalona. - Tolpazo. Conde Marvigli. - María, dama. General Estaramberc. - Luna. Soldados moros y soldados imperiales. - Fátima y Zulema. Selva.
Sale Lucidoro por un escotillón.
¡Oh vosotros, que en iras contumaces
de mi altiva soberbia sois secuaces!
¡Oh vosotros que sois por mal eterno
caliginosas furias del Averno,
donde para más pena, más quebranto
María y en su / amor ora
aumenta vuestro llanto,
y acrecienta el lamento
la eternidad sin fin del sentimiento.
Vuestro poder invoco:
a nueva lid, parciales, os provoco,
a nuevo triunfo, a nuevo vencimiento:
auxilio, pues, me dé vuestro ardimiento,
que el trágico teatro a mi ira ciega
ha de ver la palestra de Nimega.
Una María aquí devota, y pía,
la devoción: (mas cómo la voz mía
pudiera pronunciar ¡ah! dolor grave!
o nunca lo articule!) de aquella ave,
que de gracia está llena y de virtudes
mantiene, fomentándome inquietudes:
y aunque por mis soberbias infelices
holló mis siete bárbaras cervices
(la Apocalipsi hable) aquella aurora
del humanado sol fiel precursora,
no escarmiento mi rabia, aunque me asombre,
pues, aunque allí vencido, aquí a su nombre
combate la ha de dar mi audaz porfía.
En esta María
lauros a mis venganzas aseguro,
pues de su devoción rindiendo el muro,
tengo de ver logrado,
que hasta su nombre en ella vea borrado.
A este fin a Eduardo hice amoroso
rendido amante de su cielo hermoso,
a lo que ella neutral no determina
si mostrar que agradece o que se inclina.
Mas ya sembrado el riesgo en los amores,
de tal suerte le avivan mis ardores,
que el padre enfurecido,
y con mis sugestiones inducido
la arrojará de casa con desdoro;
la forma tomaré de Lucidoro,
y entonces a su vista...
Pero ¿qué me detengo? A la conquista,
que mi amago dirá lo que emprendiese:
no cese vuestro ardor, iras, no cese,
y pues a mi dominio estáis leales
Cruz
monstruos rabiosos, furias infernales
el enojo avivad que el pecho encierra:
Guerra contra María, al arma, guerra.
Vase, y sale María, y Eduardo en mutación de Salón.
Varias veces, Eduardo,
a vuestra porfía vana
he desengañado.
Y todas
cuantas logran mis instancias
gozar tus hermosas luces,
a que consiga no bastan
de una ley que te dedica,
de un amor que te consagra
mi voluntad, el más leve
indicio de que obligada,
ya que no amante, a lo menos
te muestres menos tirana.
Es deuda esto de mi honor.
Y en mi dedicarte el alma:
¿no te obligo?
Eso es en vano.
¿Pues y mi fe?
Es excusada.
¿Mi rendimiento?
Es perdido.
Esa violencia inhumana
al fuego del pecho aumenta
un incendio en cada llama:
¿es ese desvío porque
ya de mi hermano las ansias,
que amoroso te mostró,
logran el premio que aguardan
de tu falsedad, movida
a su pertinaz instancia?
¿Cómo puede (aquí perdone
mi hermano muestre su falta)
competirme, cuando anduvo
tan remisa, tan escasa
la naturaleza en él,
que aquellas luces que al alma
de racional la iluminan
aún las conserva apagadas?
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Señor, ¿qué dices? Qué extraño
en ti esas desconfianzas
con tal frenesí.
¡Ay, María!
En verme loco, ¿qué extrañas?,
pues el amor siempre es loco,
no siendo cuerdo quien ama.
Señor, advertid que nunca
aun la más leve esperanza
di a vuestro hermano en su amor,
pues antes que tal osara
me diera un tósigo al pecho,
y un dogal a la garganta;
no, señor, este desvío,
esta omisión y templanza
es cordura en mí, ya veis
que al incendio de una casa
es el modo de templarle
quitar fomento a sus llamas.
¿Sería bueno aplicarle,
en medio de tal desgracia,
materia para que más arda?
Un sello del "Ayuntamiento de Madrid" se superpone al texto en la última línea.
aparte
No, señor, esto me valga:
materia son mis oídos,
fuego son vuestras palabras:
si os oigo, el pecho se enciende,
pues huya desdicha tanta,
que en metáfora de incendio
corre peligro la casa
del honor, y cederá
al fuego, si no se apaga.
Señora, valedme vos,
pues siempre sois mi abogada.
Vase.
Detente, María:
esas persuasiones guarda
para cuando cuerdo esté,
que mi amor no atiende a nada.
Advertid:
¿Qué he de advertir?
Mi pundonor.
Ya se allana
a todo quien atropella
por cualquiera circunstancia.
Mirad que ya vuestro padre
sospechoso de vos se halla,
y que blanco de sus iras
yo soy.
Mi padre se cansa
en violentar mi albedrío.
Ved que soy una villana.
No eres sino noble dueño
de mi vida y de mi alma.
Ved que intentáis imposibles.
Esos mi valor allana.
Aparte.
¡Ay de mí, que huyo el peligro,
y su violencia me arrastra!
Mas con todo siga el ruego,
y después la suerte haga
lo que es fuerza de su influjo.
Señor, si de esfera baja
quiso el cielo que naciese,
y conducida a tu casa
en su servible manejo
me ocupase, no reparas
el que es fuerza mi prudencia
estas persuasiones haga?
tú eres noble, yo plebeya,
tú eres señor, yo villana,
cómo han de poder unirse
tan encontradas distancias?
mayormente cuando sois
ilustre, frondosa rama
de los Palfis, cuyo tronco
conde de Marsigli, guarda
vuestro padre, a quien el cielo
le dé edades dilatadas.
Este motivo es el que,
y no otra siniestra causa
me mueve a pedir, Eduardo,
que no prosigáis la instancia,
que prudente os corrijáis,
y reprimáis esas ansias,
pues en las desigualdades
jamás imperio amor labra:
el cielo sabe, señor,
a cuánta violencia el alma
Las dos primeras líneas del texto están precedidas por un corchete en el margen izquierdo, indicación habitual de corte o supresión escénica.
asesina de sí misma
el homicidio, y la paga.
No puede explicarse más
mi recato.
Varias intervenciones a continuación (desde el primer parlamento de Eduardo hasta el de María que termina en 'hace resultar desgracias.') aparecen enmarcadas por líneas tenues, lo que sugiere otro posible corte de representación.
María, es vana
esa sumisión.
No es.
Amor, deidad de las almas,
por influencia de estrellas
unir sabe las distancias.
De una ventura, también
hace resultar desgracias.
Nada mi valor recela.
Esa es acción temeraria.
Esta es ya resolución.
Señor, postrada a tus plantas...
Dueño mío...
En el margen izquierdo, rodeada por un círculo, aparece la palabra 'Ojo', marca de apuntador referida a la siguiente intervención.
¿Cómo, cómo?
¿Ya empiezan a andar a gatas
los niños? Sal quiere el huevo.
Alza del suelo, levanta.
Sin que primero me otorgues
lo que te ruego humillada.
Mal me huele este negocio.
No ha de ceder mi esperanza.
¿Qué me quieres?
Que repares
mi recato se profana,
y soy toda inconvenientes.
Esos son el diablo.
Basta.
¡Fuego de Dios en mi hermano,
cuál la mira! ¡Mala rabia!
Parece perro que atisba
el conejo entre las matas,
y por la muestra aguardando
está a si salta, o no salta.
¿No te mueve mi terneza?
A la mano.
Pues mis anhelos no pagas,
a lo menos esta dicha.
¿Qué haces Eduardo? Aparta.
Sale.
Anda fuera, sal aquí.
¡Que ahora mi hermano llegara!
Este susto
¿Qué es esto?
Esto es espantar la caza,
y estorbar que tú la pares,
pues yo no puedo matarla.
No te entiendo.
Pues yo sí.
Y porque duda no haya,
ya es tiempo que hablemos claros,
puesto que os cogí en la trampa.
¿Qué intentará?
¿Qué dirá?
Esta pobre muchacha
tiene mil inconvenientes,
como de decir acaba,
tú siguiéndola al alcance
tanta lengua echando andas:
Yo la quiero, y la requiero,
para mí se hace unas natas,
para ti se hace una fiera,
pues bien clara está la maula,
a ti no te puede ver,
y a mí sí; ¡ay!, que no es nada,
Sello: Ayuntamiento de Madrid
[Sello]
pues en cuanto a lo primero
sabe que entra la romana
conmigo, que mayorazgo
cargo con toda esta casa,
y que vos mi segundón
nacisteis, en quien no halla
modo alguno de poder
con decencia sustentarla
de escotes, cotilla, guantes,
zapatos, ligas, enaguas,
y tocador, y a este modo
otras dos mil zarandajas:
yo me he de casar con ella.
¡Esto solo me faltaba!
¡Habrá ignorancia como ella!
¿cómo eso has de hacer? ¿qué hablas?
¿Cómo? haciendo lo que muchos,
que vemos por ahí se casan,
daca mano, toma mano,
bendición, y santas Pascuas.
¡Habrá tal delirio!
Antes
Ayuntamiento de Madrid
que tal intentes, mi saña
sabrá estorbártelo.
¿Cómo?
A riesgo de vida y alma,
pues solo yo el digno soy
de su hermosa mano blanca.
¡Ay, empeño más extraño!
Váyase de ahí noramala:
¿no ve que soy mayor que él?
Respéteme, no le haga...
¿Qué harías? Pues si no usara...
Al uno y al otro.
Advierte: mira, Carrafa...
¿Qué habías de ver?
Sois un necio,
e ignorante.
¡Cómo!
Aguarda.
Saca la espada.
Deja le mate un conejo
en el monte de la caspa.
Desnúdale.
Pues desnudaste el acero,
el mío se satisfaga
en tu escarmiento.
Sale Marsigli y Palabra tachada
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Mas mi padre, ¡suerte airada!
¡Que ahora viniera este bicho!
San Josefe, mata la araña,
que ahora nos querrá tragar.
¡Ay mujer más desgraciada!
Los semblantes demudados:
en la mano las espadas,
¡y en medio María! Cielos,
evidencia es esta clara
de que en la cuestión, solo ella
ha sido quien dio la causa.
Aparte.
Señor... no sé qué decir.
Sí, yo, aquí, estoy turbada.
Él, sí, yo, me lleve el Diablo
si encuentro con las palabras.
No sé por dónde comience
mi enojo a mostrar su saña,
pero pues ha tanto tiempo,
que estas sospechas me asaltan,
y ya como en un espejo
mirando mi desgracia,
no aguarde a más, que ya es bien,
que lo que dispuse se haga:
de susto habrá de cogerlos,
pero primero es mi fama.
¡Con el semblante me asombra!
Con los ojazos me espanta.
¡Cielos, qué será de mí!
S.e (Sale) tachado y sustituido por entra interlineado Entra Tolpazo.
Señor, buscándote anda
mi cuidado.
¿Pues qué quieres?
Que sepas que ya aceptadas
para el ejército, traigo
las letras como me encargas.
Gran gusto me has dado, muestra.
Estas son.
Ve, y di que traigan
tres postas sin dilación.
Vase.
Voy.
Esto va de mala.
Con esto descansarán
mis recelos, y aunque el alma
haya de ahogarse de ansia
Sello en el margen inferior: Ayuntamiento de Madrid
Sufra, pues, que no se alcanza
cura con corto remedio
a enfermedad que se agrava.
Cómo no habrá ahora sermón.
En qué consiste la gracia?
en que ya está en el Ave María:
no dije yo que tardaba.
A la nobleza, el valor,
la discreción, y la fama,
sino en saber adquirir
ya con letras, ya con armas
heroicos, ilustres timbres,
que a la noble sangre esmaltan?
Esto supuesto, y notando,
que el primero eres Carrafa,
y olvidado de tu ser
con tal desidia te tratas,
que abandonando lecciones,
y despreciando enseñanzas,
apenas tu rudo ingenio
a hacer una firma alcanza,
Sello ovalado en el margen superior derecho, parcialmente ilegible
inútil mi celo haciendo;
y tú, segundo en la causa,
Eduardo, con el ocio
halagüeño de la patria,
vas desperdiciando el tiempo
de tu juventud lozana,
sin que despierte el valor
de tanta delicia blanda;
he querido vuestro orgullo
logre con empresas altas
de vuestros antepasados
acreditar las hazañas.
¿En qué parará esta arenga?
¿Qué será prevención tanta?
Pendiente estoy de su voz.
Dejad a Venus, por Palas,
y clame el noble valor.
El gran César de Alemania,
Leopoldo primero, insigne
emperador y monarca
nuestro, huestes aprestando
Sello del Ayuntamiento de Madrid en el margen inferior
manda salir a campaña
a aquel insigne campeón,
a aquel héroe, cuya fama
va publicando en el orbe
sus triunfos, y sus hazañas:
el serenísimo Duque
de Lorena, que esto basta
para decir de una vez
sus aplausos, y alabanzas.
Sale Tolpazo.
Señor...
¿Qué?
Que ya aguardando
a la puerta están las...
Calla:
ya te he entendido.
Aparte.
Un cuidado
melancólico me asalta.
Aparte.
¿Mas que me echa ahora a galeras?
Aparte.
No sé qué recela el alma.
Aunque de impío me culpes,
María, salte de casa.
has de salir.
Aparte.
¡Qué he escuchado!
Señor...
No me digas nada:
vuelve con tu padre y logra
de su compañía amada:
por ti a mis hijos ausento.
¡Cielos! ¿qué oigo!
Aquesto basta:
harto he dicho: cuerda eres:
un grande riesgo amenaza,
y acertado es prevenirle;
no hagas, pues, María, no hagas
lo que el gusano de seda,
que su sepulcro se labra,
pues ya en el mundo se ha visto
razón de estado obligada
a segar con filo agudo
una cándida garganta.
Vosotros ahora mismo
habéis de partir: ya aguardan
las postas, para los tres:
en estas letras varias
el caudal va suficiente,
que a vuestro decoro basta,
y ya mi resolución
prevención ninguna aguarda.
Muerto he quedado. ¡Ay, bien mío!
¿Con que nos echas de casa,
padre nuestro?
La partida.
Aparte.
Partida tengas el alma.
Señor...
Nada atiendo.
Advierte...
Ni advierto, ni miro nada.
¡Cielos, apenas animo!
¿No dejarás, que me traigan
siquiera para el camino,
alguna pierna de cabra
en la alforja?
Ya es en valde.
Pues, señor,
aguardo la mano.
Y
también lo mismo Carrafa.
¡Ay, bien mío!
¡Ay, infeliz!
Que correr la posta me hagan.
Tomad los brazos, y adiós.
Vase.
María, en ti queda el alma.
Y Eduardo a ponerse en los caballos.
Vase con Tolpazo.
Mal hayas, María, y tus
inconvenientes mal hayan,
pues por tus inconvenientes
voy a correr caravanas.
Aparte.
Disimule mi terneza:
Ya han montado, y ya en las alas
del viento, ligeros parten:
ea, María, ¿a qué aguardas?
Vete: no más te detengas,
que ya a mis ojos enfadas,
claro está, como que eres
de este pesar la causa,
cuyo dolor será mucho
si con mi vida no acaba;
Sello: Ayuntamiento de Madrid.
Vase.
vete, donde más la suerte
a mi vista no te traiga.
¡Qué es esto que me sucede!
¡Ay, mujer más desgraciada!
¡Ay, suerte más infeliz!
¡Ay, estrella más infausta!
Señor, aguardad: oíd,
y piadosas vuestras canas...
pero en vano es que me escuche,
pues con tal rigor me trata:
Eduardo, dueño mío,
no te ausentes, oye, aguarda,
mas, ¿qué hago?, en balde mi voz
intenta que oiga sus ansias.
¡Ay de mí!, que entre ausentarse
mi amante, y abandonada
estar de Marsigli, corro,
¡cielos, deshecha borrasca!
¡Qué sentimiento!, ¡qué pena!
¡Qué furor!, ¡qué ira!, ¡qué rabia!
¡No me devorara un rayo,
la tierra no me tragara!
para que acabase vida
tan triste, y tan desdichada.
¡Cielo divino, valedme!
Mas ¿qué digo?, no me valgas,
pues entre tantos pesares
tu piedad me desampara.
No sé qué interior influjo
a desesperar me arrastra:
¿A quién invocar pudiera
mi congoja en pena tanta?
Ya lo sé; oh tú del abismo
eterno, infeliz monarca,
Luzbel contumaz, que siendo
estrella precipitada,
tu meromixto poder
todo un infierno avasalla.
Váleme, atiende a mi voz;
oye a quien te busca, y llama
de veras, que si me asistes,
me favoreces, y amparas,
una y mil veces te ofrezco
hacerte dueño del alma.
Sello del Ayuntamiento de Madrid.
para que acabase vida
tan triste y tan desdichada!
¡Cielo divino, valedme!
Mejor es que por esclava
me venda, y aunque a poder
de un bárbaro dueño vaya,
no lo será tanto como
el que así me desampara:
mi voluntad, mi albedrío,
menos mi honor, y mi alma
ofrezco al que me quisiere
amparar en mi desgracia.
Sale Lucidor.
Yo la admiro. ¿Pues, María?
¿Qué veo?
¿De qué te espantas?
Lucidoro, de que vengas
tan a tiempo, que mis ansias
os comunique.
Subir el telón y de la parte de adentro, selva y caballos.
Es en balde,
pues la amistad frecuentada
de esta casa, ya noticia
me ha dado de cuanto pasa.
(Con forma de Lucidoro
el lazo mi astucia traza
de su esclavitud). Y puesto
que la medicina sabia
profeso, como en Nimega
ya lo publica la fama,
y mi ciencia en otras muchas
ocultas, dominio alcanza,
pues por ellas supedito
tierra, fuego, viento y agua,
de nada tengas congoja:
que yo basto a darte todo
el alivio a que anhelabas,
y para que la experiencia
acredite mis palabras,
me remito al desengaño.
¿Qué dices? Ventura rara.
¿Qué deseas ver? No te turbes.
Si es así, quisiera...
Habla.
¡Ay, Eduardo! saber
en el sitio en que se hallan
mis dueños.
Aunque así ofendes
mi amor, pues veo te arrastra
otro amante el albedrío,
porque no dudes, repara
como ya hacia los estados
van arribando del Austria;
Córrese el telón y se descubren en el foro a Eduardo que irá a caballo, ya próximo a ocultarse con el bastidor; a Carrafa que irá en un caballo muy ridículo, flaco y malo.
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Y Tolparo detrás también a caballo.
Cruz en el margen derecho
Arre, condenado, aprisa.
Pica la posta, Carrafa.
Cae.
Si no se puede mover:
arre, maldita sea tu alma.
¡Ay, por vida de...!
¿Qué es esto?
Cruz en el margen derecho
Que me he hecho todo una plasta:
adelántate, Tolparo:
di que me pongan la cama.
Cae el telón.
Córrase el telón.
Ya no dudo tu poder:
tuya soy.
Si a eso te allanas,
las circunstancias escucha,
que nuestro trato afianzan.
Dilas, que ya las aguardo.
A mí tan subordinada,
A toda virtud negada,
has de estar, sin ni memoria
de ningún objeto hagas
sin mi permiso.
Que oiga
Porque al ser mi esclava el alma
ya soy tu felice dueño,
y a mi fineza agraviaras
con celos, si hubiera alguno
que tu memoria alcanzara.
Lo haré así.
Pues desde ahora
tu nombre María (¡oh rabia!)
trueca en el de Margarita,
que por preciosa te basta.
No tal pronuncies, ¿que olvide
mi nombre tu acento manda?
Eso no, que ya que todo
- lo otorgue determinada,
y lo pierda, no he de ver
con mi nombre tan ingrata,
que le olvide.
Eso ¿qué importa?
Mucho, que ya que inhumana
todo lo olvide, no quiero
perder mi nombre, aunque airada
a todo me precipite.
La veneración me valga
con que le adoro, que al fin
para consuelo me basta.
No tal, Lucidoro, intentes.
Aparte.
Mis conjeturas alcanzan,
que la he de perder, si insisto,
pero la astucia me valga:
ea, infierno, a combatirla.
Pues mira, un convenio haya
de suerte entre los dos nombres,
que a tu intento y mío se haga
partiendo la diferencia.
¿Cuál es?
Que tomada
de los dos la primer letra,
que es la eme, puedas usarla
por nombre, y eme te llames,
pues de este modo sacas
de ver, que ni bien tu gusto,
ni el mío es en tal instancia,
pues ni te llamas María,
ni Margarita te llamas.
En el margen superior derecho hay texto tachado e ilegible y el número 29.
Por fin, quédeme una letra,
que para consuelo basta.
Bien has dicho: desde ahora
Zelme me nombro.
Y si ufana me correspondes, verás
que si hasta aquí desgraciada
adversa suerte lloraste,
has de lograr dicha tanta,
que colmado tu deseo
no tenga que envidiar nada:
con mi amparo eres feliz.
En ti cifro mi esperanza.
Con que ya, Zelme, ¿eres mía?
Soy, Lucidoro, tu esclava.
Aparte.
Ya triunfaron mis ardides.
Dame los brazos.
Abrázanse.
Y el alma.
Esto sí, no más pesares.
Qué de delicias te aguardan.
Eso busco.
Aparte.
Y tu penar...
Ven.
Ya voy.
Pero repara,
que este escondido secreto
jamás de tu pecho salga.
En el margen superior derecho hay un apunte escénico rodeado por una línea y con una cruz que dice: "para los vuelos, escotillón y mutación de selva".
No receles eso y todo
cuanto quisieres se haga.
¡Ah, mortales! ¡Cuántos van pueden
mis astucias y asechanzas!
Dios me dejó de su mano,
lo erré; yo soy la culpada.
Pues conmigo por el viento
usurpándole las alas,
sus regiones trascendamos.
Dame la mano.
Y palabra
con ella de eternamente
ser tuya.
Sigue mis plantas,
y ven a ver el prodigio
del imperio de Alemania.
Vuelan dadas de las manos, y salen en mutación de selva, después de las voces el Bajá, Serasquier, y algunos moros.
Calarróse la garza, va en el cielo.
Suelta el halcón para que abata el vuelo.
Que se remonta.
Llama al sacre.
Ya es librarse en vano.
Uchúo.
Al cerro.
Música a 2 y a 4 y los moros y moras, ora
Al llano.
Salen ahora el Bajá y Serasquier.
Sino a temer, a recelar me obliga
el imperial poder del enemigo,
que mueve soberano
Leopoldo de Austria
contra el otomano.
Falsas esas noticias serán, puesto,
que tantas veces panteón funesto
fue al cristiano este campo en su po-
Cuanto he dicho aseguran las espías
por secretos papeles.
Esa idea
persuadirme no puedo, cierta sea;
pues aún no se ha temido amago
Hay un sello ovalado que dice "Ayuntamiento de Madrid" y dificulta la lectura de la última línea.
del gran Señor, lloraron con estrago;
dígalo esta Ciudad en la primera
cuando con saña fiera
el Otomano vino,
y se la demolió a Matías Corbino;
mas ¿para qué esto digo?, si no hay duda
que del gran Señor quiere sea Buda
el Cielo soberano,
pues lo muestra no en vano,
no solo en lo que llevo referido,
sino en cuanto después ha sucedido,
pues el querer quitárnosla lo llora,
como nadie lo ignora,
después dos veces el primer Fernando,
el Marqués Brandemburgo, lamentando
sus necias osadías,
y después de Matías
de Austria Archiduque, dígalo en Viena
el Duque de Lorena,
que por grande Campeón el orbe aclama;
mas ¿para qué me canso?, si la fama
publica este nombre sin segundo.
Volando por el ámbito del mundo.
Con este fundamento,
por falso a despreciar llego este intento.
Y cuando cierto sea,
no importa: venga, pues, adonde vea
del gran señor la rigurosa saña,
si doscientos mil hombres en campaña
castigan sus acciones importunas,
dando asombro y terror sus medias lunas.
Que así no fuera, yo, señor, me holgara.
Dejemos esta plática y repara
que al magnánimo pecho,
hecho a placeres y a pesares hecho,
jamás asusta nada:
venga, pues, lo que venga, que mi espada
me da respeto brioso.
¿Adónde el cielo hermoso,
en quien cifra la gloria mi fortuna,
Serasquier, ha quedado?
Si esta es Luna,
Palas divina, está en la cetrería
empleada, mas ya con la armonía,
que la celebra, llega su hermosura.
Dichoso yo, que ciego a luz tan pura.
Salen con la música Luna, Fátima, Zulema, Mazamorra y morillos de acompañamiento.
Pues la hermosa Luna,
deidad de la Hungría,
las aves alienta,
las flores anima;
en ambas esferas
la aplaudan y viva.
Felice, mi bien, quien logra
en los rayos de tu vista
dar, ardiente mariposa,
sacrificadas cenizas
a tu deidad.
Y dichosa
quien a tu presencia invicta
goza en afecto amoroso
finezas apetecidas.
Ya empiezan los cumplimientos,
Zulema.
Estas cortesías
palaciegas me degüellan.
Al fin, de novios visita.
¿Cómo en la caza os ha ido?
Mal, señor.
¿Pues qué no había
en tierra y viento quien diese
a tus halagüeñas iras,
dichoso de que le ofendas
en cada amago mil vidas?
No fue por eso, sino
porque al alma pronostica
pesares un accidente
que advertí.
¿Y es?
Que con finas
amorosas expresiones
llamaba una tortolilla
a su adorado consorte,
que en otra rama vecina
el lisonjero murmullo
enamorado atendía:
viola un jerifalte a tiempo,
que tras una garza iba,
y arrebatándola osado
en sus garras (¡suerte impía!)
fue desplumado trofeo
de su saña vengativa
dejando al amante esposo
lamentando su desdicha;
y como tan pronta está
nuestra unión apetecida,
me acordé de nuestro amor,
y en grave melancolía,
sospechando que me sea
ejemplo en tanta fatiga
la incauta tórtola, temo
(pues su amor me vaticina)
que siendo amante, a su suerte
haya de imitar la mía.
Esos son vanos agüeros,
que ningún juicio acredita,
por ser acasos; mas dime:
¿No es, Luna, mañana el día
en que ufano mi amor premia
tu blanca mano?
Esa dicha
humilde espero.
Pues ¿cómo,
si tan poco tiempo dista
a tanto bien, caber pueden
esas vanas fantasías?
Quiera amor que no sean ciertas.
Anda, Luna, que te eclipsan
en vano estos temores.
Y pues ya el día declina,
Serasquier, ¿están dispuestas
Ya a la vista
las tienes, ve, y di que lleguen.
Vase.
Ya iré, Señor.
La pobrecita
teme perder al marido.
En el margen superior derecho se lee: "Salón, corto". En el margen derecho hay un apunte escénico que dice: "Cajas y clarines. Voces. María, Lucidoro, César, Escalona y Lorena izquierda".
¿No ves que las campanillas
de ser mujer de un Bajá
que manda a Buda y Hungría
son mucho cuento?
Mi bien,
dueño amado, en tal porfía
¿no te persuado?
Tu voz
ya, señor, al ansia mía
borra el pesar.
Ya, Jonior,
venir el caballo aprisa
con tiros de yeguas machos,
que mulas estar mofinas,
y tirar pomadas.
Ven,
todos los demás nos sigan.
Ya te sigo.
Tiempo abrevia
para que llegue mi dicha
las horas.
Vanse, y vuelta la sala.
En la acotación final, parece leerse "salta", pero el contexto de mutación escénica sugiere "sala".
Repitiendo la armonía.
Pues la hermosa Luna,
alba deidad de la Hungría, etcétera.
Vanse.
Salón, y salen el Duque de Estaramber viejo, Eduardo y Carrafa.
A más de vuestro aviso, satisfecho
por unas cartas, ya quedó mi pecho
del Conde de Marsigli, vuestro padre,
que dice sois sus hijos, y es bien cuadre
a mi amistad, siguiendo tal destino,
en el serviros de leal padrino.
Yo espero que este acero denodado
acredite su esfuerzo en vuestro lado,
dando nombre y blasón al hemisferio,
que alumbra el Sol del alemán imperio.
A su sombra se alcanza valentía.
Basta, memoria: olvida ya a María,
pues fue origen de tantos accidentes
como siento.
¡Ay, querida inconveniente!
Si de mí harás memoria en tus ideas
¡como yo de ti! ¡Ah, maldita seas!
¿Carrafa, vos no habláis? No temáis nada,
que padrino os seré con esta espada
a todo lance adverso del destino,
en la campaña.
Y digo, señor padrino,
si acaso el espinazo
me parte el enemigo de un balazo,
y me muero, ¿qué haréis por ayudarle
entonces al ahijado?
¡Qué! Enterrarle
con militar honor, que es lo primero.
Eso, padrino, es ser sepulturero.
¿Pues qué yo hacer debiera?
Quitarme la ocasión de que riñera.
¿provocando a la inquietud?
al cuartel de la salud,
para que, ya que el campo se perdiera,
uno quedara, y la noticia diera.
Su ingenio disculpad, que es limitado.
Vuestro padre también me lo ha avisado.
Hermano, chist.
¿Qué quieres?
Gran pollino
me parece que es nuestro padrino:
¿es hombre de esplendor?
(Caja p...)
Y soberano.
¿Qué gesto tiene? ¿quién es este hermano?
El conde Estaramberc Carrafa es este.
¿El conde de Esterar? ¡Jesús, qué peste!
Llevémosle a Nimega, hermano mío,
y nos esterará cuando haga frío.
Su Alteza Serenísima he notado
que ya aquí sale, y viene acompañado
de muchos naturales, y extranjeros
bizarros caballeros.
En seguimiento todos de sus huellas
son, si su Alteza Sol, ellos estrellas.
¿Y qué diré yo, hermano?
Cuando excite
a hablar el caso, de mi voz repite
aquello que a ocultar sea suficiente
tu ignorancia, ¿lo entiendes?
En la parte inferior hay un sello institucional del Ayuntamiento de Madrid.
Guapamente:
¿que repita no dices?
Norabuena.
(Tocan.)
Bien está.
¡Viva el Duque de Lorena!
Arrimándose a un lado los del tablado, salen Lucidoro y María en traje de hombre a lo inglés juntos: Duque de Béjar, y el de Escalona a la Chamberga, y el de Béjar con toisón y detrás de superior en traje alemán el Duque de Lorena al son de caja y clarín. Marcha.
Al auxilio que os debo con agrado
siempre, milordes, estaré obligado,
y a la lealtad que vuestro pecho encierra.
A serviros, señor, de Inglaterra,
nuestra patria, los dos hemos venido.
Y ufano, gran señor, de haber sabido
que a campaña salís, los dos seremos
los que por vos primero moriremos.
laureles adquiriendo en la campaña.
Vuestra Alteza, señor, logre de España
disfrutar este pecho valeroso
en serviros felice.
Y animoso
también este español acero airado
acredite que soy vuestro soldado.
Esto que digo mi valor abona.
Duque de Béjar, duque de Escalona,
cuyos triunfos publican en las lides
Hércules ser el uno, el otro Alcides,
dadme los brazos.
Sean eternos lazos
de nuestra ley por timbre venturoso.
Esto a príncipes tales es forzoso.
Aparte.
Lucidoro, esto ha sido
lo que mi inclinación ha apetecido,
pues mi deseo fundo
en transcender los ámbitos del mundo.
Mi intento solo es el obsequiarte,
y al abismo también precipitarte.
¿Qué galán es?
Cautiva el albedrío.
Y pues lo experimentas, dueño mío,
ya todo mi poder en ti se emplea:
no ha de haber imposibles en la idea,
que no ejecute tu querer sin susto.
De nuevo obliga tu favor mi gusto.
Yo llegaré antes.
Bien.
Decid qué hermano
soy de mi hermano.
Ya: dadme la mano.
Estaramberg, no veros ya culpaba.
Fue la causa, señor, que acompañaba
de estos dos caballeros la excelencia
ansiosa de postrarse en tu presencia.
Lleguen.
Venid los dos.
Dios sea conmigo.
Si es que la dicha, gran señor, consigo
de besar vuestras plantas...
¿Mas qué veo?
¿Eduardo no es este?
(Habla ahora.)
Mi deseo,
que premiado así sea solicito.
con bien tanto.
Y yo repito.
Y Carrafa le sigue.
¡Ay, ignorante!
Si me conocerán; mas el semblante
de forma mudaré cuando yo quiera.
Pues si brillante sol sois de esta esfera,
al rayo de su luz que es infinito
animado he de ser.
Y yo repito.
Presente ya la causa de mis celos,
tienes, conde, en mi contra.
Esos desvelos
olvida, que su amor ya quedó en calma,
y solo el tuyo reconoce el alma.
Alzad: ¿de dónde sois?
Tengo entendido
del ducado de Cleves han venido,
En el margen derecho aparecen restos de texto cortados por el guillotinado del papel, posiblemente indicaciones de personajes o llamadas de escena.
que en la baja Alemania el Mayus riega.
¿Vuestra patria cuál es?
Señor, Nimega:
de ella el conde Marsigli nos envía,
nuestro padre cumpliendo su hidalguía
entregándoos las vidas de sus hijos.
Yo lo aprecio.
Y con términos prolijos
nos hizo acá correr impertinentes.
¿Por qué correr?
Por doña Inconvenientes.
¿Qué decís?
Calla, hermano.
¡Ay, desatino!
Si no que lo diga mi padrino.
¿Quién es?
El conde de Esterar, que he hallado
ya quien haya conmigo emparentado.
¡Que así me afrentes, necio!
Yo he advertido,
que carece este hombre de sentido.
Que no cabal le tiene considero.
No parece que tiene el juicio entero.
¡Vive Dios! calla ya: no de delito
su ignorancia graduéis.
(Voces. Música y los turcos todos detrás del telón puestos.)
Y yo repito.
Basta ya.
Habrá tal necio.
Habrá más penas.
Yo poquitas palabras, pero buenas.
El Marqués de Valero, el excelente
Marqués de Ávilafuente
¿no han venido?
Señor, aún no han llegado,
pero tardar no puede su cuidado,
pues es serviros su mayor deseo.
De su mucha nobleza así lo creo.
¿No nos diréis, Señor, esfuerzo tanto,
que da asombro a la Europa, al mundo espanto,
a qué fin se conduce?
Ya tu mente
esperamos, Señor, que hagas presente.
Dinos de esta campaña los intentos,
Pues ya llegó la hora, oíd atentos:
Yace opresa la Hungría formidable
al yugo infiel del bárbaro otomano,
y de tan grande pérdida, el cristiano
padece la desgracia lamentable:
hable su corte Buda, y también hable
del imperio el derecho soberano,
a quien la usurpa con rigor tirano
del gran turco el poder incontrastable;
el grande emperador Leopoldo Augusto
quiere que a Buda asalte de mi saña:
quiere la rinda con despecho justo.
Corra sangre el Danubio que la baña:
la luz se eclipse, porque al ceño adusto
del imperial ejército en campaña
todo sea horror, espanto, asombro y susto.
Y pues tantos valientes caballeros
alarde hacen sirviendo aventureros
al alemán imperio, ya no hay duda
sepan que a Buda marcho, marcha a Buda.
Aqueso sí, señor, vamos marchando.
Sea enhorabuena; vamos peleando,
que solo basto, ¡vive el cielo eterno!,
a meter toda Buda en el infierno.
Vamos, señor, cuanto antes a la empresa.
Ya el valor al coraje le da priesa.
Mi cólera, señor, se está exaltando.
Y por reñir mi espada reventando.
Sienta Buda el postrero parasismo,
mas, ¿quién es general?
En el margen derecho hay una rúbrica o anotación, posiblemente "Yardi", dentro de un recuadro con una cruz.
¿Quién es? Yo mismo,
pues por generalísimo en Viena
elegido fue el duque de Lorena,
y cántelo la fama por el mundo.
El de Lorena viva sin segundo.
Quien ahora se hallara,
donde saber de Buda algo alcanzara,
el bárbaro atrevido,
que satisfecho ya con su descuido
estará, y que ajeno en sus afanes
de que en su contra van los alemanes.
Pues si queréis saberlo, yo he pensado
que ahora mismo saldréis de ese cuidado.
¿Qué decís?
Lo que oís.
¿Pues cómo espera
mi vista verlo?
Así desta manera.
Mutación de jardín en forma de un laberinto con diferentes fuentes y rosas y en los foros que se descubrirán por los lados algunas cascadas, y estatuas, en el foro de en medio se verán las galerías, y atrios del Palacio, todo con mucho lucimiento. Y se ven los moros en medio.
¡Qué admiración!
¡Qué pasmo!
¡Qué portento!
Ya a Buda todos veis diciendo al viento:
Tema el Imperio
la turca saña,
viva Mahoma,
muera Alemania,
y Buda cante.
Guerra: arma, armas.
El margen derecho del manuscrito está guillotinado, por lo que se ha perdido el final de algunas palabras. Se han reconstruido entre corchetes de acuerdo al contexto y la rima.
¿Mi flor, cómo?
Señor, nada os espante,
que esto es a mi magia natural bastante.
¡Cuánto de tal noticia el embarazo,
divina Luna, siento alargue el plazo
de nuestro desposorio!
¡Trance fiero!
Y así asistir a honor es lo prime[ro],
cuando gobierna a Buda esta es[pada].
Siempre en mi amor temí ser desgracia[da].
De que el imperio viene, la certeza
aseguro, señor, con mi cabeza.
Nuestra empresa marcial los sobre[salta].
Ya suspenden la boda.
¿Es porque falta
padrino?
Ved qué habláis, que es desatino.
Que vaya usted a esa boda, sea pad[rino].
Serasquier, nada temo.
¿Qué no hayas de callar?
Con tal extremo
digo que en la ignorancia estáis pre[so],
digo que un simple sois.
Y yo repito
Ya nada, amigos, hay que nos detenga,
mas que el Imperio contra Buda venga.
Pues, señor, a la empresa.
A la conquista.
Pues, señor, al Imperio se resista.
Y el clarín de la fama lisonjero,
y la fama corriendo al orbe entero,
público haga el castigo al otomano,
el estrago publique del cristiano,
diciendo en nuestro bien su salva misma,
diciendo en contra suya la morisma:
Con música.
Venza el Imperio...
Tema el Imperio...
la turca saña.
Viva Mahoma.
Muera Mahoma.
Muera Alemania.
Viva Alemania.
Sienta Buda.
Sufra Buda.
Guerra, arma, arma.
Fin.
El texto de esta página está en su mayor parte deslavado y casi ilegible. Presenta también fuerte traspaso de tinta invertida desde el verso de la hoja.
Mujer conocí yo
divina luna
a una
Viendo
común
de que el
Nuestra
De
O porque
que hablan
Dos que hablan
que no hayan de callar
Con tal extremo
digo que en tu ignorancia
que un simple soy
+
Tema el Imperio
la turca saña,
viva Mahoma,
muera Alemania
y sufra Buda
guerra, arma, arma.
Tea 1-68-10c
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Legajo 35
+
10
La toma de Buda por el
Duque de Lorena
Jornada 2.ª
2.º Apto
Tea 1-68-10,c
Para la censura
Ayuntamiento de Madrid
Página en blanco. Se transparenta la tinta del folio anterior.
Jornada Segunda
Salen María y Carrafa en mutación de selva.
Cruz, Selva y el peñasco que se abre
Vuestro amoroso tormento
me deja maravillado.
Pues todo lo que he contado
es así como os lo cuento.
Aparte.
A este necio he de engañar.
¿Conque vuestro ruego llega
a pedirme, de Nimega
a la que sabéis amar
os traiga aquí?
Claro es.
Pues yo lo haré.
¿Qué me dices?
Deja que con las narices
limpie el polvo de tus pies;
como vuestra habilidad,
a los que ausentes son, ver
traer en Viena, me atreví
a pedíroslo.
Callad,
y nada digáis; presentes
os pondré cuantos queráis.
Amores, que esto escucháis.
¡Ay, querida, inconvenientes!
Mas advertid...
¿Qué previno
vuestro intento?
Que de aquesto
que entre los dos se ha dispuesto
nada entienda mi padrino,
que me cela con esmero,
y está satisfecho él
de que soy un justo Abel.
¿Es fuerte de genio?
Fiero.
Por mí es imposible sea,
sabido esto.
Así lo entiendo:
Mas a mi historia volviendo,
¿cuándo el tiempo en que la vea
ha de ser?
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Eso no digo.
¿Será presto?
De repente
la veréis.
¿Conque presente
la tendré?
A eso me obligo.
Pues a Dios. ¡Ay, qué alegría!
¿Dónde vais apresurado?
El de Lorena ha mandado
que le traigan una espía,
y quiero a mis confianzas
dar este timbre.
María. Haré para más desprecio de su ignorante manía le salga muda la espía, justo castigo a este necio.
¿Vos?
Yo,
pues ¿qué os parece que no
soy muchacho de esperanzas?
¿Cómo Eduardo no va
por espía también ahora?
Mi hermano espía a la mora.
¿Cuál?
La que nos trajo acá.
de aquel convoy, y arrimado
tanto anda a mora el chiquillo,
que en mora mora amarillo
por si se queda morado.
¡Oh, celos! Pues en volviendo
a vuestro hermano (¡ay de mí!)
podéis decir que hasta aquí
sus pasos vino siguiendo
una hermosura obligada
de su amor haciendo alarde.
Así se hará.
El cielo os guarde.
Agur con la colorada.
Aparte.
¡Que así Eduardo publique
mi olvido!
¡Con qué placer
estoy de que la he de ver!
Canta.
Yéndose bailando.
¡Ay, que me lleva mi pique
al barrio de San Felipe!
¡Ay, que mi pique me lleva
al barrio de San Esteban!
Sale el Duque.
¡Que es penas lo que he escuchado!
¿Qué es lo que la oí, cielos!
Ya en un Vesubio de celos
todo mi amor se ha trocado.
Mas observar determino
que en mi ofensa hace su amor.
Sienta Eduardo el rigor:
pero Lucidoro vino.
Música segunda y Moras y Eduardo y Aga
¿Bien mío?
¿Soy tuyo?
Sí.
Temía que no.
¿Por qué?
Porque sospecha mi fe.
¿Tú desconfías de mí?
Aparte.
Fingiéndola amor, alcanza
mi intento obligarla más
a mi engaño.
Finja el llanto. Aparte.
¿No dirás
por qué esa desconfianza
haces de mí, cuando al pecho
solo animas?
Recelo un celoso agravio,
y no vivo satisfecho.
Si a otro dueño me entregara
sería entonces:::
¿qué sería
más que la cólera mía
nuevo volcán respirara?
pues si acaso consiguiera
otro que no yo tu amor
¿qué es amor? ni aun el menor
descuido de ti adquiriera,
hubiera a mi enojo aliento
que no hiciera mi ira ardiente
con la vista solamente
breves átomos del viento?
¿cómo a mí quien me agraviara?
¿cómo a mí quien me ofendiera
sin que su sangre bebiera,
y mil vidas le quitara?
pues airado, cruel, impío,
restaurando mi decoro
con mi aliento:::
Lucidoro::
Hiciera...
Basta, bien mío,
que ya tu enojo temió
mi inocencia.
El resto de la página aparece tachado y con varios «no» en los márgenes.
No te espante,
que me precio de tu amante,
y amor me precipitó.
Aparte.
Algo ha alcanzado a inferir,
pues se me muestra quejoso,
mas disuadirle es forzoso,
como también el fingir.
Público hacer quiso el labio
mi sentir; tu sol perdone.
En la queja que propone
tu discurso, no anda sabio,
y si no, ¿con qué evidencia
justa esa queja me harás,
si es una ilusión no más?
No maltrates mi inocencia:
basta, Lucidoro, y crea
tu amor, que soy toda tuya,
y porque aquesto se arguya
Los siguientes versos están tachados con un gran aspa y la palabra "no" escrita dos veces en el margen derecho.
apartada
no ya mi cariño debes
los brazos me des.
abrázanse
Por mí
amoroso los doy yo;
¿conque eres mía?
aparte
Sí. No.
¿y tú eres mío?
aparte
No. Sí.
¡Qué ventura!
¡Qué favor!
Por ti muero
Yo por ti.
Gran placer.
¡Gran dicha!
Así
logro engañarte mejor.
Fin de los versos tachados.
preludio.
Pero ¿qué armonía es esta,
que está halagando oportuna
al oído?
Que ya Luna
sale a esta hermosa floresta
de Música acompañada,
por si la melancolía
desecha con su armonía;
pues desde que aprisionada
por Eduardo su belleza
en los reales ha asistido,
jamás salir ha querido
a algún solaz.
Su tristeza
disculpa tiene bastante,
sintiendo en su esclavitud
de amor tirana inquietud:
¡ay de la que pena amante!
Salen con la música Luna y damas moras, y Eduardo.
Del aurora el llanto,
del alba a la risa
derrite el cristal
el prado matiza:
mas quien suspira
amores y ausencias,
ni aliente, ni viva.
¡Ay, infelice de aquella
que amante llora desdichas,
cuando con ansia amorosa
muriendo de amor vivía!
No así tus hermosos soles
con las perlas que destilan,
de tu soberano cielo
eclipsen la luz divina.
¡Ah, traidor!, ¡que aquesto escuche!
¡Ay de mí!, en vano insta
vuestra fineza, Eduardo,
que el rigor de mi desdicha
con ninguna encuentra alivio.
Esta y cuantas mis caricias
con obsequio reverente
a tu hermosura dedican
de mi adoración proceden,
que ante tus aras benignas
tributa en grato holocausto
adoraciones rendidas:
(rara hermosura) y más cuando
el de Lorena me fía
vuestra asistencia y custodia.
¿Llegamos?
Aparte.
Sí, grosería
no hacerlo fuera; con esto
que su plática prosiga
embarazo. Bien, señora,
esta estancia florida
muestra que os goza.
¿Por qué?
Porque sus flores marchitas
nuevamente reverdecen
al rayo de vuestra vista.
Esa es lisonja.
No debe
lo que el sentido acredita,
por tal graduarse, pues
sabe en acciones unidas
que no solo animas plantas
sino las almas animas.
Di, ¿son estos alemanes
portugueses?
Sello: Ayuntamiento de Madrid
¡Qué tal digas!
necia pregunta.
No es porque
se derriten como almíbar.
¡Cielos! en su luz me abraso.
¡Ah, traidor! ¡cómo la mira!
¡Ay, Cielos, que tus extremos
ya mis sospechas confirman!
¿De qué sirve, Dios vendado,
tirana Deidad mentida,
que nuevos arpones flechas
por Eduardo, si miras
tan discordes nuestros ritos,
y aunque su fineza obliga
a que arrojando del pecho
al Bajá, de sus caricias
halagüeñamente amable
le admitiese?... mas delira
mi imaginación.
Pues ¿qué
te suspende?
Solemniza
dentro de mí mi memoria
sus penas consigo misma.
Dichoso aquel que las borre.
Mas dichoso es quien las pinta,
pues me obliga, que atendiendo
su valor, su gallardía,
su discreción, y nobleza
me confiese agradecida,
y aun obligada.
¡Qué oigo!
¡Qué es lo que escucho! ¡Alma, albricias!
¡Oh quién el felice fuera!
Pues no lejos de aquí dista.
No os entiendo.
¡Ay, más sospechas!
Un volcán el pecho abriga.
El enigma no penetro.
Pues bien claro está el enigma,
y presente en mí el objeto.
¿Quién alcanza tanta dicha?
Aparte.
El Bajá de Buda: así
equivoco la malicia.
¿Pues creía vuestro error
lograr tal gloria?
Imagina
mi amor, que a posible ser,
nadie de Luna divina
más que yo lograr pudiera
su agrado.
Ya se publica
en aquella parte amor,
y en esta celos, mis iras
lo que con halago no,
con el desprecio consigan,
y sienta esta infiel que a Luna
también la finja caricias.
No solo vos sois el noble,
que a Luna su fe dedica,
porque los más caballeros
la obsequiamos, y la misma
razón que os asiste, puede
asistir a quien la sirva.
Nadie con mérito menos
que yo, a su culto se inclina,
ni con más deseo tampoco
el alivio solicita
de su pena.
¿Vos?
Yo, pues.
Zulema, ¿ves tal porfía?
A todo yo me adelanto,
y a mi fe no hay quien compita.
Voces: tiros. Lorena, Béjar, Escalona y los suyos y entrarán.
Sí hay tal.
Yo solo soy digno
de su hermosura.
Empuña.
Quien diga
merecerla más que yo
desta suerte lo repita.
Precipitóme la ira
de mis celos.
Este agravio
se hace a mi soberanía.
Si mi ofensa...
La mía es más.
Si mi cólera...
Fue indigna.
Si a tu respeto...
Ese ha
ni con más deseo tampoco
el alivio solicita
de su pena.
¿Vos?
Yo, pues.
¿Zulema, ves tal porfía?
A todos yo me adelanto,
y a mi fe no hay quien compita.
Sí hay tal.
Voces, tiros. Lorena, Vélez, Escalona y los suyos y escaramuzan.
Yo solo soy digno
Hay un papel en blanco pegado sobre el manuscrito que oculta el texto subyacente.
Empuñan.
Como mi espada...
¿Qué es esto?
Precipitóme la ira
de mis celos.
Este agravio
se hace a mi soberanía.
Si mi ofensa...
La mía es más.
Si mi cólera...
Fue indigna.
Si a tu respeto...
Ese ha...
el que ofendido se mira.
Perdonadme, gran señora.
Bien es que perdón os pida
de mi error.
Y tal arrojo
perdonad la culpa.
¡Chispas!
lo que se ha revuelto.
Amor
trae siempre estas tremolinas.
¡Ay, Eduardo!
¡Ah, traidor!
¡Ah, villano!
¡Ah, fementida!
En tu vida he de vengar
esta afrenta.
Enfurecida
mi cólera llorarás.
El rigor que en mí fulmina
venganzas me satisfaga.
Ya que a tales demasías
(que era debido el castigo)
vuestra humildad solicita
mi templanza, la concedo.
advirtiendo la voz mía
a los tres, que mal concuerda
en acción tan desmedida,
que yo de vuestros deseos
sea obsequiada, si mira
mi cordura, que en lugar
de obligar con fe rendida
atenciones tributando,
dedicáis descortesías.
(2 tiros)
Advertido quedo.
Y yo.
La enmienda mi afecto os fía.
¡Amor!
¡Fortuna!
¡Recelos!
¡Agravios!
Dadme en tal dicha...
Permíteme...
Concededme...
Alcanzadme en mis fatigas...
El alivio que apetezco.
La venganza que me incita.
El logro de mis astucias,
satisfacción de mis iras.
¡Para que en tantas ofensas!..
¡Para que con tal porfía!..
Vanse.
muera quien sabe sentir,
o quien sabe querer viva.
Después de las voces, salen Lorena, Béjar y Escalona.
Haga la batería esa trinchera,
que es resguardo del Duque de Baviera.
Tira trueno.
El ataque se siga, y prended luego
las minas acabadas.
Pega fuego.
Ya el primer baluarte se derriba.
¡Viva el imperio, amigos!
Carroza con la Cipiadra.
Tira salón.
¡Viva, viva!
Amigos y soldados valerosos,
campeones famosos,
cuyo ardor, cuyo aliento, y osadía
son de Marte blasón, terror de Hungría,
ya a Buda hemos llegado:
Ya el ejército habemos arrimado
en tres trozos su cerco disponiendo.
Ya el cañón a sus muros combatiendo
diluvios de metal su seno aborta:
ahora lo que importa
es que en esa surtida
alguna tropa quede prevenida
para que el turco vea se rechaza
si hace alguna salida de la plaza,
y a refrenarle acuda.
Y puesto que ya estamos sobre Buda,
la Religión ensalce vuestro acero,
que yo por ella moriré el primero
ejemplo dando a todos mis soldados.
Ya impacientes están, desesperados
de que tanto se tarde a la pelea.
¿Por qué esta suspensión es? Señor, ea,
manda que ya asaltemos.
Béjar, despacio.
¿En qué nos detenemos,
que ya el furor no puedo reprimillo?
Sello en la parte inferior: Ayuntamiento de Madrid
Pasemos estos perros a cuchillo.
Aunque esa persuasión mi ánimo exalta,
aún falta más, señores.
¿Qué más falta?
Ver, si alguna espía
me traen, por si acaso descubría
lo que en Buda pasaba
al enemigo, como si esperaba
pudiera el Gran Señor favorecerle.
Mas que venga el demonio a socorrerle.
Béjar, ¿que eso digáis?
No importa nada,
que al diablo y todo el mundo, yo y mi espada.
Llegará el lance, espere Vuecelencia.
Es que gasto, señor, poca paciencia.
No quiero darlo a nadie aunque me pese,
solo lo he de llevar.
¿Qué gente es esa?
Si yo no me he engañado,
Carrafa con un moro entra cargado.
¿Qué decís? ¿se creerá de su talento?
No es lo mismo valor que entendimiento.
Sello del Ayuntamiento de Madrid en el margen inferior.
Sale con el moro a cuestas
Basta a tal el ser noble.
Sí, que tarde
aunque sea necio, el noble fue cobarde.
Carrafa, ¡gran placer me disteis!
Toma:
lleve el Diablo tu alma, y la de Mahoma.
¡Gran valor!
¡Grande brío!
Ya aquí veo
el anhelo cumplido a mi deseo.
Ya tenemos quien dé fija noticia.
Otro Carrafa no hay en la milicia.
¿Y cómo fue el prenderle?
Aparte.
Entre las matas
encontré este morillo puesto a gatas:
vive Dios que el haberle aquí traído
fue porque le agarré estando dormido,
que a estar despierto, antes, y no hay duda
que por espía a mí me lleva a Buda.
Veloz le echo la mano,
pero así que el alano
agarrarse sintió, se cayó al suelo,
entonces ¿qué hago yo?, cogí y carguélo
al hombro, en él trayéndote quien cuente
todo cuanto sucede entre su gente,
con lo cual verán estos caballeros
cómo en casos tan fieros
lucido salgo yo con tal espanto,
y si alguno se pica, haga otro tanto.
¡Fuisteis valiente!
Envidia me habéis dado.
Juro a Dios que a los dos los he afrentado:
¿mas el premio, señor?
Es deuda mía:
¿qué os contentará?
¿Qué? Una alferecía.
La afrentilla a los dos les dio desmayo:
preguntadle, y veréis qué papagayo.
Di, turco, ¿cuánta tropa hay en la plaza?
Mu, mu, mu.
¿No respondes?
Buena traza
de excusarse.
¿Qué mu? Habla, maldito.
No aumentes tu delito.
Dejad, que él hablará; no haya cuestiones.
Teme mi enojo, y dinos qué escuadrones
hay en Buda.
Mu, mu.
Será prudente,
y no querrá decir mal de su gente.
¿Qué es esto?
Yo lo dudo.
Si es tu intento
negar, confesarás en un tormento.
Mu, mu.
Ea, apartad de ahí, y veréis todos,
que solo yo le sé de hablar los modos:
¿en qué estado la gente en Buda está?
¿Va bien emborrachándose?
Ba, ba.
¿Veis cómo a mí me entiende?
He presumido,
si es que no lo ha fingido,
¿que mudo debe ser?
Que ha de ser mudo.
Señor, bien dice.
Al desengaño acudo:
mas ya salir de dudas nos previene,
pues la lengua cortada muestra tiene.
¿Cómo de hablar había?
Carrafa, no trae lengua vuestra espía.
¿Cómo que no?
Publícalo el confeso.
Calle, señor, que no puede ser eso.
¿Cómo no?
Cómo no: ¿habéis mirado,
si es que en algún bolsillo la ha guardado?
¿Qué habláis, si es mudo?
¿Es mudo?
Sí: ¿pues que no toca
tu vista el desengaño?
A risa provoca.
Quedasteis bien, Carrafa, es valentía,
sin lengua haber traídonos la espía.
Pues digo, sois importuno,
y cuando va a prender usted a alguno,
las quijadas le abre en tanta mengua
¿para ver si en la boca tiene lengua?
No hay que hacer, sois brioso.
En el margen derecho hay dibujados dos corazones. En su interior se lee "Eduardo ora" y "María ora".
Sois valiente.
Es cierto.
Yo he quedado bellamente,
Ya que hiciera algo bueno me espantara.
Nunca menos, señor, de él se esperaba.
De que tal nos suceda estoy corrido:
si así siempre salís, salís lucido;
mas pues a las locuras deste necio
solo el premio se dan con el desprecio,
dejémosle, y a ver a Luna vamos.
Vamos, señor, y no nos detengamos
a notar su ridícula jactancia.
Para afrenta le basta su ignorancia.
Vanse los 3.
Si todas cuantas desdichas,
si todas cuantas desgracias
ha inventado la Fortuna
en mí estuvieran; hallaran
que soy epílogo y cifra
Sello en la parte inferior: Ayuntamiento de Madrid
Carraf
de quien no se le da nada.
Ven aquí, maldito seas,
bigotes, barba de cabra,
dime, aleve, dime, fiera,
¿cómo esta afrenta me causas?
¿cómo a este baldón me expones?
alevosa, vil tirana,
cocodrilo, basilisco:
una y mil veces mal haya
el hombre que en la hermosura
quiso fundar su esperanza,
pues es mula en tirar coces,
y al mejor tiempo las casca.
¿Cómo no te llevó el Diablo?
Mu, mu.
No me hables palabra,
no me obligues a que diga
que eres una deslenguada.
Mu, mu,
Dale.
¿Qué mu? toma, toma.
Al paño.
Advierte, Carrafa,
que te busca.
Voy a ver.
Vanse.
que me quiere, y pues mi rabia
has visto, sigue mis pasos
no des lugar a que vayan
también ya los puntapiés
donde fueron las puñadas.
¡Ay, inconvenientes! Cuando
será la hora en que aguarda
a traerme el autor.
Ven, maldita sea tu alma.
En el margen izquierdo, junto a una llave que abarca los primeros versos de la siguiente intervención, se lee una anotación de difícil lectura: "Al. [¿Alma?] de / María / Mujer."
Aquí está Eduardo: ahora
veré mi intención lograda;
por si de Luna consigo
que desista de la instancia
amorosa, y que a mi vista
avive apagadas llamas:
en mi forma verdadera
me presento.
¡Ay, Luna amada!
¡Ay, idolatrado dueño!
Esta experiencia haga
por última, y sea mi ofensa
motivo de mi venganza.
¡Ay, hermosura divina!
Parece que a solas habla.
Si creyeras que aun ausente
está la memoria esclava
de tu adoración,
aumentara a mi esperanza
dorando afable los yerros
de la Cadena que arrastra:
admite pues mis suspiros
recibe mis penas, y ansias:
Ya las recibo.
Qué veo! es ilusión o fantasma?
No te turbes, Eduardo?
Cómo no si sobresalta
al pecho tal novedad.
Como aunque sea tan extraña
esta Maravilla, es
de amor Deidad Soberana:
María soy.
(confuso el pecho batalla:)
Pues cómo aquí
determinada llegaste?
En tu busca, Eduardo, a causa
de que obligado mi pecho
de tu amor, con las pasadas
caricias, lograr pudiera
el fin de sus esperanzas,
siguiendo tu norte vengo:
buscando en tanta borrasca
benigno puerto; y pues solo
por ti vengo: --
En el margen derecho, en un recuadro: Carrata / ora
Tente, aguarda.
¿A qué he de esperar?
Aparte.
Mejor
ha de ser desengañarla
aunque me culpe grosero,
pues con una ausencia larga
la distancia, y el olvido
truecan en hielo las llamas.
De la voluntad el niño
no consiente dos monarcas
sino uno solo.
Nieve soy yo: ¿es verdad? cosa es clara.
No está mi atención ahora
para confesarlo, basta
decirte que no es ya tiempo
que una pasión en mí haga
contra la razón alarde.
Sello: Ayuntamiento de Madrid
Pues en estas circunstancias
en mí el estado refrena
los errores que amor causa.
¡Hecho el resto mi desdicha!
Mas cumpliendo con mi fama,
mi honor, y mi obligación,
ya que en este puesto te hallas,
dispón, imagina, busca
para ser de mí amparada,
de mi hidalguía asistida
cuanto quieras, que mi espada
y mi vida a todo trance
se verán desempeñadas
en tu defensa.
Aparte.
¡Traidor!
¿Eran esas tus palabras?
¡Adiós, perdidos suspiros!
¡Adiós, vanas esperanzas!
Pues que no me permite
la precisión que me encargan
de escoltar a Luna, aguarde
más tiempo, adiós, y repara
que más agravio sería
a tu hermosura engañarla,
que el que puede fundar de
determinación tan clara.
Vase.
Ay, luna, que de tus luces
soy ardiente salamandra...
¡Espera, falso, alevoso:
de hielo soy viva estatua!
¡que esto oiga, y no mi furor
en átomos le deshaga!
Que fuera yo a hacer piquete
mi padrino quiere, vaya
él, que no quiero hacerle.
Quien se mira despreciada
como yo, y rabiando en celos,
llega a estar, ¿en qué repara?
perezca a mi furia todo:
de caliginosas llamas
todo un infierno abreviado
dentro de mi pecho se halla.
Mas ¿qué veo?
Yo me abraso.
Hija mía de mi alma.
¿Qué miro?
¿Ya llegó la hora?
Esto solo me faltaba.
Cuál habrás venido a pie
Ayuntamiento de Madrid
pobrecita, y qué cansada
por esos caminos; eso
más tengo que deber, calla
que todas esas finezas
con un buen dote se pagan.
Staramberg detrás de la trasmutación puesto. Soldados por otra.
Que este necio venga ahora
a apurar mi tolerancia.
Pero al dolor haga treguas
el castigo que le aguarda.
¿Garrafa? Bien es que finja.
Es verdad que yo...
Bobaza,
¿qué dices?
Si mi cariño...
Cumplió el autor su palabra:
me quiere: ya se ve: y yo
no me hago de pencas, daca
una mano por principio.
Advierte, señor... aparta.
¿Qué he de advertir, ni apartar?
El honor mío, Garrafa.
Mira, el honor, al cohete
de varilla se compara:
cuatro cuartos cuesta, que
son los míos verbigracia,
con los que le he de comprar
para casarme en sustancia;
y si no, ¿visteis un cohete?
De la mano se dispara,
y apenas empieza a arder
cuando con el trueno acaba;
pues lo mismo es el honor,
ahora en mi mano se halla:
soplo el ascua, pegó el fuego,
chispea, haciendo su llama,
sús, tun, adiós cuatro cuartos
que los he gastado en salvas;
y pues estamos de fiesta
no andemos en zangas mangas.
Aparte.
Mira, señor...
¿Te resistes?
Que antes...
No des voces, calla;
no lo huela mi padrino.
Dame un abrazo.
Primero...
¿Para qué es eso? Ea, vaya,
si ha de ser
Sello: Ayuntamiento de Madrid
¿Cómo?
Abra un peñasco en medio y ahora se abrirá, formándose de él un pabellón donde estará Estaramberg con un bufete y unos mapas, y se abraza Ayala con él mudándose el teatro en acampamento, y María se hunde.
✠ silvo
Así, así.
¡Ay, hija mía de mi alma!
Tachadura ilegible
¿Qué es esto? ¿hola?
Aprieta, aprieta
hermosura soberana.
Nota al margen derecho: Lucero, María y los cristianos, 2.ª y las moras
Apartad.
¡Ay, ojos míos!
¡Qué belleza!
¡Ah de la guardia!
Palabra tachada antes de "Soldado"
¿Qué es esto?
¡Jesús mil veces!
¿Qué hacíais, Carrafa?
Nada.
¿Nada? Y preso en vuestros brazos
¿ya con fatiga se ahogaba?
Aparte.
Es lo mucho que yo os quiero.
¡Así te dé mala sarna!
¿Pues esto, señor, qué ha sido?
Rendido al descanso, daba
treguas a la inexcusable
tarea de estos mapas
con que ingeniero el discurso
facilita la campaña,
cuando de repente advierto
recordando que me abraza
Garrafa con tanto brío
que creí era impensada
traición a matarme.
¡Cómo
aquí entrar pudo me espanta!
¿Qué decís, Garrafa, pues,
de este exceso? Decid.
Nada.
¡Hay tal delirio!
Señores,
¿qué será lo que me pasa?
quien a inconvenientes pudo
en mi padrino trocarla?
Venid, dejad a ese necio.
Margen derecho: ✝
Vanse Pelón y Selva.
Por cierto, buena empanada
hemos hecho; ya el padrino
lo sabe; el Autor me engaña;
la espía me sale muda;
Inconvenientes se escapa;
mi hermano de mí se burla;
y todos tonto me llaman:
pero al Autor, al padrino,
a la espía, a la taimada
de Inconvenientes, y a todos
si los cojo hará mi rabia,
que sepan soy hombre yo
que he de hacer... he de hacer... nada.
Vase, y salen Luna y todos los cristianos, y moras.
Desde aquel infausto día
para vos, y para mí
felice, pues adquirí
cuanto el bajá en vos perdía,
no ha conseguido mi anhelo
alivio a vuestra tristeza:
no eclipse tanta belleza
de la ausencia el desconsuelo,
que el tiempo muda fortuna.
¡Ay de mí! que esa esperanza
mi desdicha no la alcanza.
¿Cómo no?
Señor, a Luna,
que su tristeza deseche
todos pedimos.
Y todos
a este fin, no hallamos modos
de aliviarla; y que aproveche
en vano cualquiera ha sido.
Extraordinario dolor.
No os espantéis, tiene amor,
y ausente su bien querido.
Basta, necia.
¿No se puede
decir la verdad?
No: calla.
Puesto, Milord, que en vos se halla
tanta gracia, que aun excede
del límite natural
¿Qué es, señor, lo que queréis?
Que de vuestra ciencia uséis
a fin de aliviar el mal
melancólico de Luna.
Bien decís, señor.
¡Qué he oído!
Milord, haced lo que os pido.
Aparte.
¡Ay, suerte más importuna,
que obsequios me hagan rendir
a quien de celos me mata!
A ella.
Aún más sentirás, ingrata.
A él.
¡Ay de mí, que esto es morir!
¿Qué respondéis?
Que lo haré.
Aparte.
¡Ay, Luna, que a tu luz ardo!
Aparte.
¡Ay, adorado Eduardo!
En ello gusto tendré.
Desde que Eduardo el Combay
ha pronunciado aquí a Luna,
Carraca dentro.
Música y las mujeres en sus puestos detrás del telón.
Voces, caja y clarín.
Con cuanta suerte oportuna
de diversión hizo, hasta hoy
nada borrar ha podido
de su pena el ceño adusto.
Pues yo espero la de gusto,
lo que el Autor ha sabido
ejecutar.
Aparte.
Ya, Señor,
por lo que tu Alteza intenta
en mi alivio, os doy atenta
las gracias: déjame, amor.
Autor, ¿en qué os detenéis?
Ya todos os esperamos.
Que deis principio aguardamos.
Aparte.
¡Desdichas que esto queréis!
mas disimule tal mal,
hasta que llegue el estrago.
Advertid que lo que hago
es por arte natural,
porque como es el sentido
de la vista torpe tanto,
cualquier prodigio, o encanto
tiene por fingido:
la perspectiva el engaño
acredita, la óptica hable,
con cuyo ejemplo probable
me remito al desengaño.
Y si a la naturaleza
unir el arte consigo,
ejecuto lo que digo
con primor y con destreza.
Conviene esta prevención
para que no escrupulicen,
y mi poder fiscalicen
de poco fiel, atención
me dad, y tomad asientos,
que es la variedad que os fundo
las cuatro partes del Mundo.
Se van sentando.
Ya estamos todos atentos.
Una cosa he reparado.
¿Y es?
El no ver por aquí
a vuestro hermano.
Es así:
también yo menos le he echado;
si hubiera quien le buscara...
¿Para qué?
Porque viniera.
Dejadle: ¡buena quimera!
mas que nunca acá llegara:
no os acordéis de él, bastantes
somos, sin modos groseros.
Cruz. Mutación de las 4 partes del mundo.
¿He tardado, caballeros?
no he podido venir antes.
Que haya este necio llegado.
Siéntase sobre él.
Nadie se levante: así
todo el mundo quieto; aquí
me hará mi padrino un lado.
Vive Dios, que es desatino
una acción tan desmedida
no lo haré más por mi vida,
perdone usted, seo padrino.
¿Sentaros sobre mí, loco,
no es muy grande atrevimiento?
Pues quien tiene tanto asiento
no podrá prestarme un poco.
Preciso es disimularlo.
No vi rudeza mayor.
¡Habrá ignorante peor!
En el margen superior derecho se lee: Música
¡Vive el cielo que matarlo
debiera en lance tan fuerte!
Ea, milor, ¿qué aguardáis?
Porque vos me lo mandáis
obedezco desta suerte:
espíritus pues que impuros
animáis llamas ardientes,
y me asistís obedientes
en virtud de mis conjuros:
atended mi invocación
sin que nadie se resista,
y haced del mundo, a la vista
una representación.
+ Silbos.
Mutación de las cuatro partes del mundo, los dos primeros bastidores serán del Asia, donde se verán elefantes y sobre ellos cuatro ninfas pintadas a lo turco, los dos segundos del África, y sobre camellos cuatro ninfas moras, y los terceros bastidores del América, y sobre caimanes qu Texto cortado en el margen derecho, posiblemente "quatro"
Dos ninfas a lo indio, y el foro com- pondrá la Europa que adornado de flores y otros adornos propios del país, (como en las demás partes del mundo han de ador- nar los bastidores) y en medio Europa en forma de ninfa sobre un toro como se pinta, y se dirá.
En la acotación, la palabra "tono" está tachada y se sobrescribe "toro"
¡Quién tal extrañeza vio!
¡Quién maravillas tan grandes!
Señores, esto es un Flandes:
válgame san que sé yo.
Aunque pudiera coartarla
el poder, se lo permito,
por no apartarla el delito:
Yo también he de obsequiarla
a Luna, y pretendo hacer
todo este placer cumplido
porque a tal vista, el oído
llegue adulado a tener.
Ya hay valido de mis artes
con artificioso modo
presente y distinto, todo
el orbe en sus cuatro partes.
Pues también la ciencia mía
en la música se esmera,
como de esta manera
lo muestra su melodía,
dad vosotras el aliento
al aire, a quien prestaré
armonía para que
correspondáis a mi intento.
A Luna divina
tributen los pechos
corteses finezas
amantes deseos.
¡Ay! que es lo mismo
morir amando que vivir muriendo.
Las siguientes líneas están tachadas con un aspa y un círculo, y parcialmente cubiertas por un papel pegado. Parecen indicar una intervención de personaje o acotación, seguida de cuatro versos: Matado Lucidoro. El odio, amor y celos se han formado síncopa dolorosa del cuidado: siendo los celos ya con sus anhelos todo rabia, furor y desconsuelos:
el amor de sí mismo incendio activo
en donde compasivo
llora, suspira, y gime en tanta calma
quedar sin vida, sin aliento, y alma:
Lúgubre el odio, con rencor violento
todo es ira, furor, y sentimiento:
¡Ay que de estos afectos ya se infiere
cómo el pecho estará de aquel que quiere,
con lamento funesto,
mas no desmaye el brío, presto, presto
publique en el dolor que el pecho encierra
contra tales afectos guerra, guerra,
causando el trueno en su fatal desmayo
el estrépito susto, asombro el rayo,
y el triunfo se dedique por ejemplo
en las supremas aras de tu templo.
Hoy tu hermosura es causa
de tres afectos,
y hacen aprecio todos
de tus desprecios.
¡Ay! que es lo mismo
morir amando que vivir muriendo.
Cajas 3ª.
A tu Deidad consagran
votivo incendio:
no te cieguen los humos
de sus inciensos.
no
¡Ay!, que es lo mismo, etcétera.
2ª.
Ante tu altar rendidos
hacen sus yerros
que los dore Cupido
como diciendo
¡Ay!, que es lo mismo
morir amando
que vivir muriendo.
¡Ay!, que es lo mismo, etcétera.
Tocar.
¡Arma, arma, guerra, guerra!
Suspended, parad, ¿qué es esto?
¡Fuego, fuego!
¡Agua, agua!
Otra confusión.
¿Qué han hecho
los bárbaros, de la plaza
Carafa: Yo también quiero dar / por lo leal o por ley fiel ha... Castilla toda me lo dice / siendo mi deseo a complacer / y para que la alegría sea / de llena cumpla se ea / alcance, logre, disponga...
una salida a los nuestros.
Vanse.
Seguidme, y acudan unos
a apaciguar el incendio,
y otros conmigo al rechazo.
¡Ay de mi infeliz!
Mi pecho
tu vida en salvo pondrá.
Guerra, guerra.
Fuego, fuego.
Sígueme.
Vanse.
Ya voy tras ti.
Nosotras vamos huyendo.
Vase.
Y yo a la Caballeriza.
¡Ah tirana!
¡Ah aleve! ¡ah fiero!
¿tú a Luna rendir finezas?
¿tú acordarte de otro dueño?
¡qué ira!
¡Qué rabia!
¡Qué furia!
Arma, arma, fuego, fuego.
Esto mi ardid lo dispuso.
No me ha pesado a mí de ello.
Porque veas...
Porque entiendas...
En el margen derecho: ✝ Salen con
Mi cólera...
Mi despecho...
Sabe venganza tomar...
Sabe labrar escarmientos...
De quien en mi ofensa dice
De quien causa diga el viento.
Con voces de arma y fuego alternan con la música.
A Luna Divina
tributen los pechos
corteses finezas
amantes deseos.
Arma, arma, guerra, guerra.
¡Ay!, que es lo mismo
morir amando que vivir muriendo.
(✝ / Mus)
Finis.
Eso mismo lo dispuso.
No me ha pesado a mí.
Porque veas...
Porque entiendas...
mi cólera...
mi despecho...
sabe venganza tomar.
sabe labrar escarmiento.
De quien en mi ofensa dice,
y de quien causa dio al cielo,
con voces de ansia y fuego
suenen en las minas.
Cierran puertas los moros, y dentro dicen:
¡Ay, que se hunde el monte!
Leg. 35 t 10
La toma de Buda por el Duque de Lorena
N.º 3.º
Tea 1-68-10, C
Para la censura
Apto 2.º
Ayuntamiento de Madrid
+ Selva
Mutación de Selva y Bajá, Serenguer, a oscuras.
¿Qué a tan notable peligro
tu osadía se atreviere?
Así bien disimulado aquí
basta solo a defenderme
de todos, y pues que la noche
cubierta de lobregueces,
infundiendo sueño a todos
nos ampare, no hay que temer.
Siempre obedecer me toca,
mas, señor, lo que te mueve,
¿no me dirás?
Aunque el tiempo
no me lo permite, atiende.
Por huir la turbación
que el asedio nos previene,
al Consejero previne
que el
Página en blanco
Tercera Jornada
Selva
Mutación de selva y salen el Bajá, Serasquier, Mazamorra y algunos moros.
¡Que a tan notable peligro
tu osadía se expusiese!
Mi brío, Serasquier, aquí
basta solo a defenderme
de todo, y pues que la noche
cubierta de lobregueces,
infundiendo sueño a todos
nos ampara, no hay que espere
Siempre obedecer me toca:
mas, señor, lo que te mueve
¿no me dirás?
Aunque el tiempo
no me lo permite, atiende.
Por huir la turbación
que el asedio nos previene
del contrario, hice que a Luna
antes que en un lazo breve
de casto amor Himeneo
nuestras dos vidas uniese,
de la nobleza asistida
que fuese a Belgrado fuerte,
adonde más resguardada
estar su hermosura puede;
aprestado ya el convoy,
mandé navegando fuesen
el Danubio, pero apenas
de su rápida corriente
doman la espalda, el Cristiano
apresó (¡oh hados aleves!)
todo el convoy, sin que alguno
la libertad consiguiese:
prisionera Luna, envié
por su rescate a ofrecerle
cuanta perla cuaja el Alba,
cuanta piedra el Zeilán tiene:
nada aprecia, pero yo
que soy mariposa ardiente
Música 2ª y el Coro 1º y 2º
de los rayos de sus ojos,
quise osado resolverme
a robarla esta noche:
Para este fin estas huestes
hice me siguieran, porque
en el ínterin que lleve
mi valor a Luna, hagan
abrasando los cuarteles,
que con este sobresalto
la fuga franca nos dejen.
En todo extremo soy tuyo:
intenta lo que quisieres.
No dices tú que hacia aquí
Luna el hospedaje tiene?
Sí, Señor; cuando traer
me espera, e intentó ofenderme,
ver a Luna en esta tienda.
Pues, ¿qué más dicha dar puede
la fortuna? Ea, soldados,
seguidme, no desaliente
vuestro brío.
A ellos.
Silencio,
y a la menor voz que suene
poned a las tiendas fuego.
Así se hará.
Pues yo en este
paraje, Serasquier, quedo;
ve tú, y reparte la gente
en los puestos, y veloz
volverás a ocupar este.
Vanse.
Así lo haré, venid todos.
Entra y sale
Amor, piadoso te duele
de quien amante, y esposo
tantos pesares padece...
A la puerta de la tienda
he llegado, y a la breve
luz que se permite, veo
si el deseo no me miente
asistida salir luna
de otras damas, ¿qué ser puede
a estas horas? ¡Alma, albricias!
que a tu bien tienes presente;
pero apartarme recatado
bien mi ocasión espere... Esconderé
Salen Luna, Fátima, y Zulema cantando
En procelosa borrasca
triste corazón te miras
nave de impulsos violentos
naufragante y combatida.
¡Ay Eduardo!
Señora
¿cómo estás?
Vuestra armonía
a que en mi mal no vacile
una, y otra vez me obliga
suspendiendo su concento
a mi pasión homicida.
Antídoto siempre ha sido
del pesar, y también cifra
del placer.
Aunque ya es tarde,
si la música te alivia
proseguiremos.
Sí, que
el campo en tanta fatiga
Sello: Ayuntamiento de Madrid
no ignora te divertimos
ya de noche, y ya de día.
Yace en reposo, y podrá
serle embarazo, a sumisa
voz cantad.
Así lo haremos.
Cómo no pides albricias,
corazón, de ver logrado
tener tu dueño a la vista.
(Reclínase sobre un peñasco)
Cantad, que parece el sueño
al descanso me convida...
y pues bien tan no esperado
me promete mi desdicha
en la imagen de la muerte,
bien es que la pena mía
aproveche en el morir
cuanto en vivir desperdicia.
Hazme venturoso, amor.
Si duermes, con la armonía
te dejaremos, sosiegues.
Bien podéis.
Pues siga.
Siga.
Canta.
El despeñado arroyuelo,
si con las perlas que salpica
al clavel desnuda de hojas,
viste la rosa de espinas.
Canta.
El ave que con gorjeos
compite consigo misma,
yo de sí misma emulación
no tener envidia, envidia.
Tal lento murmullo,
y al aire que gira,
culebra del prado,
garzota del día,
publica su amor y su pena publica.
Vanse.
Parece que estos / vanos ; misteriosa aventura / la suspensión del sentido.
Pues quedó sola, fortuna
no dilates más los plazos
a tal dicha, y sean mis brazos
firmes Atlantes de Luna.
Perdona si osado llego
a tal determinación.
Cógela en sus brazos.
Voces, y los cristianos acuchillando los moros, pasan de un lado a otro.
¿Qué es esto? ¡Ay de mí! ¡Traición!
No des voces.
Dentro.
¡Fuego, fuego!
Ya el serasquier ha cumplido
lo que le mandé.
Desmáyase.
Asustado
el corazón, desmayado
fallece...
Éntrase.
Ya conseguido
mi designio, no es cordura
detenerme, y más si advierto,
que yace en desmayo yerto
el cielo de su hermosura.
A tanta empresa me entrego,
Júpiter, en mi pasión;
váleme fuga...
Traición.
Arma, arma.
Fuego, fuego.
Cielos, de tanto alboroto
cuál la causa ser podrá?
mas presumo que será
el enemigo, pues noto,
que su alevoso trofeo
solo en tal traición consiste:
Ya mi alojamiento advierto
Sale el Bajá con Luna
Soldados; pero aquí veo
un bulto se va acercando.
Dicha he tenido oportuna:
este es Serasquier: a Luna
lleva Serasquier volando
a salvo, que al contrarresto
quedo, y recoger la gente
porque huyas más libremente,
no te detengas.
¿Qué es esto?
Entrase.
Soldados a recoger:
seguid mi voz...
¡Ah, traidor!
tú probarás mi rigor
a no hacerme suspender
perder estos rayos bellos.
Lorena por izquierda los cristianos después de la batalla ora
Salen retirándose los moros de los cristianos, retirándose Eduardo a la punta
aquí batalla
Zarra, zarra.
Guerra, guerra.
Muera esta canalla perra.
¡A ellos, soldados!
Entranse.
¡A ellos!
Que con tales embarazos
preso mi valor aquí
se llegue a ver.
¡Ay de mí!
¿Adónde estoy?
En mis brazos:
dichoso quien del funesto
eclipse libre te ve:
¿Qué ha sido esto?
Yo no sé.
Acudió tras de mí presto:
¿Quién esto causa, señora?
Decir más, señor, no puedo
por la turbación, no es nuevo
que alguna ambición traidora
dé de serlo testimonios,
intentándonos robar,
y todo el Campo abrasar.
Salen todos los Cristianos que entraron a los moros.
Ayuntamiento de Madrid
8
V a
Velere dra
un sold.o dra
Carafa dra
Ya huyeron con mil demonios.
Ya llorarán su castigo.
Ninguno en el campo queda.
¿Soldados, que esto ser pueda
no decís?
Que el enemigo
de las sombras amparado
ha querido sorprendernos
dados al sueño, y vencernos:
Y su intento haber robado
a Luna, pues me la dio,
creyendo que la entregaba
a alguno que le aguardaba
de los suyos.
¿Quién creyó
tanto arrojo?
Aparte.
Si el deseo
engañándome no está,
en la voz era el Bajá,
él será: mas no lo creo.
¡Este triunfo, vive Dios!
que a nosotros se nos debe.
No hay quien lo contrario pruebe
Vase.
pues lo alcanzasteis los dos.
Vuestros briosos extremos
acreditáis con valor.
Los españoles, señor,
esto es lo menor que hacemos.
Ya el incendio se apagó.
Ya el campo está sosegado.
Premiaré vuestro cuidado.
A ellos, que detrás voy yo:
mueran estos morillos.
¡Hola!, mirad qué es aquello.
Vase.
Bien está.
Toca a degüello,
trompeta, hincha esos carrillos.
Ya dio informes no siniestros,
quien es en modos prolijos.
¿Quién es?
Mi hermano.
Sale Carrafa en camisa y calzoncillos, con espada en mano, muy precipitado.
Ea, hijos,
que esta noche el día es nuestro.
¡Ay necedad semejante!
Embiste al Padrino.
¡A perros! ¿es este? muera...
Detente, Carrafa, espera.
A Eduardo.
Nadie se ponga delante:
¡Santiago, y a ellos!
Calla.
A Lorena.
San Martín, mueran...
Muy bien.
A Béjar.
San Jorge aquí asiste...
¿A quién?
Vanse.
¡Guerra, guerra, a la batalla!
Porque a San Dionís, porque
a San , no invocáis,
¿o a otros así no nombráis?
Porque esa es gente de a pie,
y gran diferencia hallo
en Santiago, San Martín,
y San Jorge, porque al fin
esta es gente de a caballo,
conque es fuerza, ya se ve
que en este riesgo que corro
de a caballo halle socorro.
más pronto que no el de a pie.
Vase el Rey.
Basta, si huyó
el contrario, ¿qué os inquieta?
El que quiera este poeta,
que haga disparates yo.
Puesto, señor, que notamos
del turco la alevosía
con traiciones cada día,
¿qué hacemos que no asaltamos
cuanto antes a Buda?
Ya
el no hacerlo fuera error.
Me parece que es mejor
lo que dicen.
Ya se hará,
pero antes una embajada
con pliego quiero enviar,
mas ¿quién la de ir a llevar?
Este brazo y esta espada.
Yo, señor.
Empeño fuerte.
A mí me toca.
En el margen superior derecho aparece escrito: 1.ª Ord 10
Es cansaros:
vamos, que por no agraviaros
irá al que toque la suerte,
y puesto que ya la aurora
al día viene trayendo,
a Luna iréis asistiendo.
A Dios, señora.
El cielo os guarde.
De mí
creed que os sirvo, y os obligo.
Venid vosotros conmigo.
Vanse
Ya, señor, vamos tras ti.
Venid, pues ya el día avisa
con su luz que viene.
Voy
yo a serviros, aunque estoy
en mangas de mi camisa
defendiéndoos como un rayo.
En vano es con ese traje.
Yo iré delante de paje
y mi hermano de lacayo.
Suspended esa locura
Sello en el margen inferior: Ayuntamiento de Madrid
¿Qué os da el verme así, bochorno?
pues mirad que sin adorno
se han de ver las hermosuras.
Excusad ese trabajo.
De que en modos tan ajenos
servirás así.
A lo menos
os serviré de espantajo.
Idos a vestir.
Corriendo,
no te resfríes.
A Dios:
vamos, Eduardo.
De vos
ya voy las luces siguiendo.
Ya se han ido, y me he quedado
tan fresco como yo mismo.
Al paño.
Ya de aquel celoso abismo
a Lucidoro he sacado:
ya de mi amor persuadido
mi verdad llega a creer,
y ya llego a conocer
B.ª Ora
Capa solapada a romper el nombre
todo lo llevo perdido
en no conservar en él
solo mi amor, y olvidar
el de Eduardo, a pesar
de martirio tan cruel:
Ya admite en tantos enojos
el desengaño mi pecho.
No me puede hacer provecho
este frío.
¡Qué ven mis ojos!
Carrafa, y en tan risible
traje a la vista se informa!
tomando a Estaamberg la forma:
¡Qué frío cae tan terrible!
Mi astucia le ha de engañar,
y hacer parta a Buda luego
con una embajada, y pliego,
pues aunque llegue a extrañar
colérico el turco osado
su locura, y quiera cruel
tomar venganza, hace que él
quede sumamente preocupado.
Tocan.
Vase.
cuando su desasosiego
provoque, pues su inquietud
de mi poder en virtud
contendrá hasta ver el pliego;
y al leerle, un leve castigo
por más afrenta y desprecio
mandé hacer en este necio:
así asustarle consigo,
que yo... Mas vamos, cautelas,
que ahora el caso lo dirá...
Ya han rompido el nombre y ya
recogen las centinelas;
irme a vestir determino,
que ya hay mucha claridad.
Adonde vais, aguardad.
¿Qué manda usted, seor padrino?
Daros felices noticias.
Decidlas, pues.
No hay que hablar
hasta que lleguéis a dar...
¿El qué he de dar?
Ayuntamiento de Madrid
2.º Serasq.r y Moros / otra / Maramo nap. otra / Carlota / otra / con carta
las albricias.
¿Dar yo?
Es precisa costumbre
de noble dar.
Tal no haré:
por no dar yo, no daré
aunque sea una pesadumbre:
mas excusando porfiar
que amanecido ya hacéis
os daré...
¿Qué me daréis?
Os daré los buenos días.
Vuestro valor ha elegido...
¡Oh, es grande! en eso no hay duda.
Para que partáis a Buda
el de Lorena, advertido.
¿Yo? ¿Por qué? ay, que no es nada.
Porque evita la porfía
así en los otros, y fía
de vos esta embajada:
tomad el pliego que ha dado
para el Bajá, no os asombre
que es honor.
¿Qué dice, hombre,
está usted endemoniado?
Yo no voy a eso, no.
¿Cómo no, cuando os avisa
de noble la ley precisa?
¿Y por fuerza he de ser yo?
¿No hay otros mil que más presto
la orden hubieran cumplido?
Vos fuisteis el escogido:
por más noble, más dispuesto.
Entre tantos alemanes
lográis, Carrafa, el favor.
¿Conque yo soy el mejor
de todos los animales?
Aparte.
Vase.
No tenéis que discurrir,
id pues, y estad avisado
de que es la ley de soldado
obedecer o morir.
Ya fingiéndome Estramber
logré a este necio engañar,
y lo que ha de resultar
el tiempo dará a ver.
Vase.
¡Hemos quedado muy buenos!
Vamos al lance fatal,
que no hemos de quedar mal
por cien palos más o menos...
Salen Bajá, Serasquier y moros.
¡Rabio de pena! ¿Cómo me dejaste
aleve, y te apartaste
del puesto señalado?
Pues ese fue el motivo que engañado
a Luna entregué a otro.
Con presteza
obedecí, señor, a vuestra alteza,
repartiendo la gente,
pero al llegar valiente
al puesto, a nadie vi.
¡Yo desespero!
¡Que no muriera yo, cielos, primero
que entregar animoso
mi amado dueño al vil, al cauteloso,
que en sus brazos consigue la fortuna
de ser alcázar breve a tanta luna!
Señor, esta ocasión se ha malogrado
quizá en otra dará propicio el hado
cumplido el gozo.
¡Ay, que una por una
perdida la ocasión de la fortuna,
o tarde o nunca su favor concede!
Con el tiempo, señor, dárnosle puede.
¡Ay de mí, que al consuelo no hallo medio!
Témplate.
En vano es buscar remedio,
pues en tanto pesar, en mal tan fuerte,
menos dolor me fuera el de la muerte.
Sale Maram.
Un embajador cristiano de los reales
del campo que tener los imperiales,
tu licencia pedir, y querer verte.
¡Qué embajada será!
Vendrá a ofrecerte...
¡Si fuera, ansia amorosa,
admitir el rescate de mi esposa!
Partido, y que la plaza se le entregue.
¿Qué responder, señor?
Dile que llegue:
felice
Sale Carrafa muy bien vestido aunque todo mal puesto.
Alabado sea Dios: Ave María.
Aparte.
Qué impulso siento en mí tan desusado,
que ni bien en acuerdo, ni turbado
desde que a este hombre vi, quedó el sentido.
Parece que esta gente se ha aturdido:
miedo será; me temen con efecto:
¡Lo que hace una presencia de respecto!
¿Quién es aquí el Bajá?
Ya está presente.
Pues orejas me dad atentamente.
¿Quién sois que me causáis dudas mayores?
El Maestro mayor de embajadores.
¡Qué escucho!
¡Qué sujeto será este!
Que asiento no os apreste,
suplid, embajador, pues no le tengo
tampoco yo.
No importa, me convengo,
porque en mi discreción y desenfado
tan bien hablo de pie como sentado.
¿Cómo tan solo?
Yo no gasto socio.
Pues, señor mío, al alma del negocio:
recibid de creencia este pliego.
No es necesario, cuando a veros llego,
creer más que esa presencia generosa,
emulación de Marte.
Es mucha cosa.
Decid de la embajada el fundamento.
Pues, señor, como digo de mi cuento,
el grandísimo Duque de Lorena
dice que andáis buscándole una y buena,
y así por Buda a mi persona envía,
porque ha sido muy grande picardía
hacerle tanto tiempo resistencia;
y no debéis hacer eso en conciencia,
que os llevará el Demonio en tales modos,
lo mismo que si moros fuerais todos.
Y hará en entrando en Buda su fiereza,
que títere no quede con cabeza.
Respóndame usted presto,
en cuatro palabritas, porque en esto
satisfaga el honor que en mí se empeña:
o sí, o no, como Cristo nos enseña.
¿Sois loco?
¿Cómo loco? ¿Yo vendría
si no supiera bien lo que me hacía?
Tened más atenciones:
¿vos sabéis quién soy yo, ni mis blasones?
No lo sé, pero ya se conjetura,
y agradeced responda con cordura:
llegue a asaltar a Buda, ¡qué escarmiento
logrará del infame tratamiento,
que oprimida padece Luna hermosa!
¿Quién es Luna? ¿La mora?
Sí, mi esposa.
Seraig. y Alí y los moros preparan la batalla: con Béjar, Escalona y cristianos.
¿Mal tratamiento?
Sí, rabio de ira.
Como usted es cristiano, que es mentira.
Qué insensato es, su trato no lo niega,
veamos su locura adonde llega.
Nuevas dudas aumento.
Pues, señor, como digo de mi cuento:
Y si capitular decid qué intenta.
lo otorgaréis?
Conforme tenga cuenta.
Queréis algunos pedir.
Vamos tratando,
pero no hemos de andar regateando.
Que esto sufras! desprecia esta embajada.
Y a qué mete usted aquí su cucharada.
A advertir las locuras que maquinas.
Él hablará en meando las gallinas.
De ver cosa tan rara
absorto estoy; veremos en qué para.
A caballo saldrá mi real persona
con cuatro mil caballos que escuadrona
en toda esta ciudad.
Es eso mucho?
cuatro mil? no señor.
Qué tal escucho!
Por más conforme hallo
el que llevéis doscientos a caballo.
A cólera me obliga tal capricho.
Pues señor, ya no hay nada de lo dicho,
que yo me volveré por donde vine.
Idos pues: yo no sé lo que imagine
de tan extraño modo.
Hasta la vista,
que mañana se trepa, aunque resista
Mahoma, y a bocados os comemos.
Eso ya lo veremos.
Se queda.
Lo veremos.
¡Qué tal desaire a mi persona se haga,
sin que tanto desprecio satisfaga!
Afrentarte ha querido el de Lorena
con tal embajador.
¡Rabio de pena!
Quién vio en carácter tal, tales talentos.
Pich, ¿hacemos algo en los doscientos?
Empuña.
Sin duda a provocar venís mi fuego.
pues así:
Aspacito que ese pliego
que antes os di, es carta de creencia
para que me tratéis con excelencia.
Quiero leerte pues.
Veréis si abona
el trato que se debe a mi persona.
Lee el Bajá.
Señor, el que lleva este es un grande
embustero, luego que llegue, rogamos
a Vuestra Alteza le mande poner en
un palo para escarmiento de ignorantes
y premio de su locura.
¿Qué decís?
Lo que dice.
Acción extraña.
No, señor, no, señor, usted me engaña.
Ea, quitad, osado, necio, loco,
que si no me tuviera yo en tan poco
fuerais de mi furor por escarmiento
hecho menudos átomos del viento;
echad de ahí ese hombre, maniatadle,
y hasta salir de Buda acompañadle.
Sígueme, Serasquier.
Ya yo te sigo.
Van.
El fuego del infierno va conmigo.
Vaya el perro de ahí.
Parta de ahí, parta.
¡Para tanto favor era la carta!
Este su empeño era.
Noramala tené, andar afuera.
No así me maltratéis, perros traidores.
Al maestro cercar de majaderos.
La culpa tengo yo de tal desatino,
tú me las pagarás, infiel padrino.
Vanse.
Después de las voces, salen retirándose algunos moros de Béjar, y Escalona, hasta que por detrás los embisten otros moros, y cercándolos, quedan los dos espalda con espalda hasta caer juntos. Y Serasquier.
Arma, que los batidores
dieron con el enemigo.
¡Viva Turquía!
Arma, arma.
Finjamos que los huimos,
que así se logra mejor
el cortarlos.
Ea, invicto
Escalona, a ellos.
A ellos.
Ahora salid, amigos...
Salen los otros moros y los cercan por detrás.
Que estamos cortados, Béjar.
Para ahora son los bríos.
Mueran.
Primero vosotros.
Que corren los dos peligro:
Socorredlos.
Dentro.
Guerra, avanza.
A tal me aliento.
Mal respiro.
Moriré matando perros.
Eso sí, que yo te asisto.
Cae.
¡Ay de mí!
Ya cayó el uno.
Con el otro haced lo mismo.
Cae.
Sagrados cielos, valedme.
Dentro.
Acudió hacia este sitio.
Puesto que con la encelada
ninguno dejamos vivo
de quien nos siguió, soldados,
a Buda, que el enemigo
alcance nos viene dando.
Dentro.
Que están en grande conflicto
Béjar y Escalona.
Dentro.
Avanza.
Seguidme.
Vanse.
Ya te seguimos.
Salen Estaramber, Lorena, María, Lucidoro y soldados.
Llegad conmigo, mas, ¡cielos!,
¡qué tragedia es la que miro!
¡Qué tardo mi amparo os fue!
¡Qué perezoso mi brío!
¡Oh, quién a tiempo llegara
a libraros del peligro!
¡Qué desgracia!
¡Qué dolor!
Cadáveres son ya fríos.
Si dueño del orbe fuera,
y dable vida infundirlos
porque vivieran, el orbe
diera entero el dolor mío.
Murieron, pero dejando
de alarbe púrpura tinto
con su valor todo el campo
en tantos moros vencidos.
¡Ah, españoles generosos!
¡Ah, campeones invictos!
Llore el mundo vuestra muerte.
¡Desdicha fatal ha sido!
Valerosamente osados
a alcanzar al enemigo
(Caja sorda.)
que fingió huir, se empeñaron,
y de encelada advertimos
salir algunos infantes
que los cercaron.
(Llévanlos.)
¡Impíos
lances! pero pues no tienen
más remedio que sentirlos:
retiradlos de mi vista,
y con pompa conducidos,
a sus cadáveres se hagan
los militares debidos
funerales que a mi propio,
haciendo en lamento digno
a sus exequias el grave
melancólico ejercicio
del enlutado tambor,
del clarín ensordecido;
porque al compás del lamento
contrapunto hagan unidos
el gemido del clarín,
y de la caja el suspiro.
Así se hará.
Ayuntamiento de Madrid
¿De qué triste,
mi bien, estás?
De haber visto
tan lamentable tragedia.
¡En vano el dolor reprimo!
¿No pudiste embarazar
el que...?
No más, ya he entendido,
murieran, ¿no es eso? No:
que no basta el poder mío
a truncar destinos, y este
fue su infalible destino.
Mucho lo siento, Estramber.
¿Dónde anda usted, señor padrino?
¿No habrá un diablo que dél diga?
Carrafa es este que vino.
¿Qué es lo que queréis?
Buscando...
mas ya le he encontrado. ¿Amigo,
no hay más que a un hombre de bien
engañar con papelitos
y embajada?
¿Qué decís?
Pues si no fuera...
¿Delirios 2
nuevos traéis?
Si no mirara...
¿A su Alteza no habéis visto?
¿Por qué tanto enojo fue?
Por haberme remitido
por Embajador a Buda
con engaños mi padrino.
¿Carrafa, estáis delirando?
¿Qué decís? No os he entendido.
¿No os he entendido? Sí, sí,
que a no ser porque el morillo
era un alma de Dios, creo
de Buda no salgo vivo.
¿A qué fue a Buda, si aún no
quedó el caso decidido
de quién llevara el mensaje?
(a Lorena)
Yo con mañoso artificio
hice que fuera porque
de su ignorancia el capricho
castigasen, señor. Calla.
Ayuntamiento de Madrid
Señor, ved qué desatinos
son de su locura.
El Bajá Seraig. y los demás moros prevenidos dentro.
Vaya,
que eso no lo hiciera un niño.
Basta.
Al Duque agradeced
el que mi enojo reprima.
Voces.
Ya llego a ver, que aunque gane
a Buda, más he perdido.
Pues, ¿qué mejor ocasión
de que consiga tu brío
vengar la muerte de dos
tan grandes héroes perdidos
que esta, Señor?
¿Qué decís?
Que al instante asaltéis, digo.
Avance la infantería
al asalto.
¿Qué bullicio
es ese?
Que en todo el campo,
habiendo la voz corrido
de la muerte de los dos,
príncipes, enfurecidos
los soldados, asaltar
desean, y hacia este sitio,
que está más cercano a Buda
van viniendo, y reprimirlos
es imposible.
Pues logren
con honrado impulso activo
la empresa, pues la venganza
está aumentando sus bríos.
Tocan cajas y ruido. Vase.
Los soldados, a embestir...
Vase.
Al arma, al avance, hijos.
Trueno.
(Se quedan todos. Cajas y clarín.)
Bata el cañón la muralla.
Guerra, guerra.
Por el sitio
que la brecha facilita
entremos.
Truenos.
Sigan los tiros.
Vamos pues, que por la ley
y por la patria morimos.
Señor, mi espada os asiste.
Nada recelo contigo.
Y yo también desde lejos
veré la fiesta escondido.
En vano es el defendernos.
Hacen que se entran.
Ea Alemanes invictos,
aquí de la honra.
Esperad,
que tanto el ardor ha sido
de la tropa que empeñada
con un furor nunca visto
en las Almenas de Buda
publica triunfos debidos
a su valor.
Música 2ª y Moras parte derecha con Eduardo otra.
Gran fortuna.
Ya en las torres puestas miro
las Imperiales Banderas.
Ya Señor vienen rendidos
a tus plantas, el Bajá
y toda su gente.
Salen el Bajá, Serasquier y los demás turcos.
Invicto
Duque de Lorena, ya
Aparte.
su orgullo postra abatido
el Bajá, quien te suplica,
que no ensangrientes los filos
de tu espada en nuestras vidas.
Para que (¡rigor impío!)
quien más no ha de ver a Luna
pretenderá quedar vivo.
Alzad. ¿Eduardo?
Mutación de Palacio
Señor.
Id por Luna, y de improviso
con su familia traedla
a Buda.
Vase.
Presto os sirvo.
Aunque justamente habéis
ocasionádome altivo
a tomar justa venganza,
todo mi enojo reprimo,
y las vidas os concedo,
porque veáis compasivo,
piadoso, y clemente acudo
a la real sangre que animo
que es dos veces vencedor
el que perdona al vencido.
¡Qué hidalguía!
¡Qué piedad!
Pues entra y en regocijos
de bélicas salvas toma
feliz posesión.
Divino
Señor, este triunfo es vuestro
a vos solo le dedico.
Haced a su Alteza salva
soldados, diciendo a gritos
instrumentos militares,
y acordes metros festivos.
Entran, y salen, mudándose el teatro en un suntuoso palacio, muy iluminado, y de extraña invención, muy calado, y vistoso.
Al ínclito Marte
al héroe benigno,
que triunfa y perdona
los pechos rendidos
En el margen inferior se lee: Ayuntamiento de Madrid
dediquen aplausos
en métricos himnos.
Viva el Duque de Lorena,
viva, y venza muchos siglos.
Cajas, clarín.
Una y mil veces las gracias
os doy, Señor, pues propicio
me habéis hecho el instrumento
de vuestra gloria, si miro
que restituyo este Reino
de vuestra ley al dominio.
Ya es ocasión, Lucidoro,
de ausentarnos.
Di, bien mío,
adónde.
A Antuerpia.
Ya sabes
que tu gusto, amante fino,
en todo sigo.
Bajá,
pues piadoso he concedido
a todos la vida, luego
de Buda podéis saliros
con vuestra gente.
Salen Eduardo y las moras con Luna.
Obedezco.
Esperad.
Ya Luna vino.
¡Qué veo!
Puesta a tus plantas...
Alzad, y puesto que ha sido
nuevo blasón al favor
aumentar el beneficio...
¡Qué dicha! que veo mi esposo.
Aún más quiero permitiros.
¿Qué es, señor?
A vuestra esposa.
¡Válgame el cielo! ¡qué he oído!
¿Cómo, cómo?
¿Qué decís?
Que en recíproco cariño
los brazos os deis.
Señor,
no hagáis tanto desperdicio
de favores, pues bastante
es lo que habéis permitido
en perdonarlos las vidas.
A vuestras plantas rendidos
con tal gloria nuevamente
de vuestra esclava me obligo.
Ahora, Eduardo, han de ser
todos los gustos cumplidos.
Zulema, ya estamos libres.
De contento salto y brinco.
¡Muerto estoy!
Aparte.
Con eso, ingrato,
sentirás cuánto he sentido.
Aparte.
Perdona, Eduardo, que
me arrastre a cariño antiguo
la influencia de los astros.
¡Que esto me haya sucedido!
También hay inconvenientes
para usted, no soy solito
yo el de los inconvenientes,
¿no es verdad, señor Padrino?
En el margen superior derecho se lee: La p.te 24.
Fuerza es ya disimular
y conformarme (¡hado esquivo!)
con tu influjo.
En el margen derecho: Muy. p.a
Daréis orden
de guarnecer los castillos
con la tropa suficiente,
y también de mi retiro
a Viena haréis prevenir
la marcha, pues determino
llevar yo mismo esta nueva
al Emperador, mi primo.
Al punto se dispondrá.
Y nosotros al asilo
acudir del Gran Señor.
Nosotros restituirnos
a Nimega.
A Inglaterra
nosotros.
Pues conseguimos
con tanta felicidad
de Buda acabar el sitio,
por el Imperio la salva,
al perdón de nuestras faltas
pidamos todos rendidos
a la segunda parte
del caso fenecido.
repita, diciendo unidos:
Cortina.
Al ínclito Marte,
al héroe benigno
que triunfa y perdona
los pechos rendidos,
dediquen aplausos
en métricos himnos.
silvo
Finis coronat opus.
Bajo las correcciones y atajos que lleva, especialmente los de la primera jornada, puede pasar a representarse; salvo meliori judicio. San Felipe el Real, y enero 27 de 1779. Mro. Zeballos.