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testo digitale di La toma de Buda por el duque de Lorena

Data di pubblicazione: 22 agosto 2026

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El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid (signatura Tea 1-68-10 C).

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La toma de Buda por el duque de Lorena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-toma-de-buda-por-el-duque-de-lorena.

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LA TOMA DE BUDA POR EL DUQUE DE LORENA

Pag. 1

Legajo 35.

Comedia Nueva. Número 10.

La toma de Buda.

Tea 1-68-10, c.

Enmarcado en un trazo decorativo: Segundo apunte.

En el centro de la página se percibe un texto muy desvanecido y difícilmente legible que parece corresponder a un título desechado y a un reparto de personajes. Se adivinan nombres como Eduardo, Duque de Lorena, Duque de Béjar y Margarita.

Pag. 2

Página en blanco.

Pag. 3

Comedia nueva. La Amazona de Noruega y toma de Buda.

Personas. Lucidoro, demonio. - Barón Carafa. Eduardo, galán. - Bajá de Buda. Duque de Lorena. - Serasquier. Duque de Béjar. - Mazamorra. Duque de Escalona. - Tolpazo. Conde Marvigli. - María, dama. General Estaramberc. - Luna. Soldados moros y soldados imperiales. - Fátima y Zulema. Selva.

Sale Lucidoro por un escotillón.

Lucidoro.

¡Oh vosotros, que en iras contumaces

de mi altiva soberbia sois secuaces!

¡Oh vosotros que sois por mal eterno

caliginosas furias del Averno,

donde para más pena, más quebranto

Jornada primera

Pag. 4

María y en su / amor ora

Lucidoro.

aumenta vuestro llanto,

y acrecienta el lamento

la eternidad sin fin del sentimiento.

Vuestro poder invoco:

a nueva lid, parciales, os provoco,

a nuevo triunfo, a nuevo vencimiento:

auxilio, pues, me dé vuestro ardimiento,

que el trágico teatro a mi ira ciega

ha de ver la palestra de Nimega.

Una María aquí devota, y pía,

la devoción: (mas cómo la voz mía

pudiera pronunciar ¡ah! dolor grave!

o nunca lo articule!) de aquella ave,

que de gracia está llena y de virtudes

mantiene, fomentándome inquietudes:

y aunque por mis soberbias infelices

holló mis siete bárbaras cervices

(la Apocalipsi hable) aquella aurora

del humanado sol fiel precursora,

no escarmiento mi rabia, aunque me asombre,

pues, aunque allí vencido, aquí a su nombre

Pag. 5

Lucidoro.

combate la ha de dar mi audaz porfía.

En esta María

lauros a mis venganzas aseguro,

pues de su devoción rindiendo el muro,

tengo de ver logrado,

que hasta su nombre en ella vea borrado.

A este fin a Eduardo hice amoroso

rendido amante de su cielo hermoso,

a lo que ella neutral no determina

si mostrar que agradece o que se inclina.

Mas ya sembrado el riesgo en los amores,

de tal suerte le avivan mis ardores,

que el padre enfurecido,

y con mis sugestiones inducido

la arrojará de casa con desdoro;

la forma tomaré de Lucidoro,

y entonces a su vista...

Pero ¿qué me detengo? A la conquista,

que mi amago dirá lo que emprendiese:

no cese vuestro ardor, iras, no cese,

y pues a mi dominio estáis leales

Pag. 6

Cruz

Silvo.

monstruos rabiosos, furias infernales

el enojo avivad que el pecho encierra:

Guerra contra María, al arma, guerra.

Vase, y sale María, y Eduardo en mutación de Salón.

María.

Varias veces, Eduardo,

a vuestra porfía vana

he desengañado.

Eduardo.

Y todas

cuantas logran mis instancias

gozar tus hermosas luces,

a que consiga no bastan

de una ley que te dedica,

de un amor que te consagra

mi voluntad, el más leve

indicio de que obligada,

ya que no amante, a lo menos

te muestres menos tirana.

María.

Es deuda esto de mi honor.

Eduardo.

Y en mi dedicarte el alma:

¿no te obligo?

Texto rasgado, se lee 'xia'. Se asume 'María'. María.

Eso es en vano.

Pag. 7

Eduardo.

¿Pues y mi fe?

María.

Es excusada.

Eduardo.

¿Mi rendimiento?

María.

Es perdido.

Eduardo.

Esa violencia inhumana

al fuego del pecho aumenta

un incendio en cada llama:

¿es ese desvío porque

ya de mi hermano las ansias,

que amoroso te mostró,

logran el premio que aguardan

de tu falsedad, movida

a su pertinaz instancia?

¿Cómo puede (aquí perdone

mi hermano muestre su falta)

competirme, cuando anduvo

tan remisa, tan escasa

la naturaleza en él,

que aquellas luces que al alma

de racional la iluminan

aún las conserva apagadas?

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 8

María.

Señor, ¿qué dices? Qué extraño

en ti esas desconfianzas

con tal frenesí.

Eduardo.

¡Ay, María!

En verme loco, ¿qué extrañas?,

pues el amor siempre es loco,

no siendo cuerdo quien ama.

María.

Señor, advertid que nunca

aun la más leve esperanza

di a vuestro hermano en su amor,

pues antes que tal osara

me diera un tósigo al pecho,

y un dogal a la garganta;

no, señor, este desvío,

esta omisión y templanza

es cordura en mí, ya veis

que al incendio de una casa

es el modo de templarle

quitar fomento a sus llamas.

¿Sería bueno aplicarle,

en medio de tal desgracia,

materia para que más arda?

Un sello del "Ayuntamiento de Madrid" se superpone al texto en la última línea.

Pag. 9

aparte

María.

No, señor, esto me valga:

materia son mis oídos,

fuego son vuestras palabras:

si os oigo, el pecho se enciende,

pues huya desdicha tanta,

que en metáfora de incendio

corre peligro la casa

del honor, y cederá

al fuego, si no se apaga.

Señora, valedme vos,

pues siempre sois mi abogada.

Vase.

Eduardo.

Detente, María:

esas persuasiones guarda

para cuando cuerdo esté,

que mi amor no atiende a nada.

María.

Advertid:

Eduardo.

¿Qué he de advertir?

María.

Mi pundonor.

Eduardo.

Ya se allana

a todo quien atropella

por cualquiera circunstancia.

Pag. 10

María.

Mirad que ya vuestro padre

sospechoso de vos se halla,

y que blanco de sus iras

yo soy.

Eduardo.

Mi padre se cansa

en violentar mi albedrío.

María.

Ved que soy una villana.

Eduardo.

No eres sino noble dueño

de mi vida y de mi alma.

María.

Ved que intentáis imposibles.

Eduardo.

Esos mi valor allana.

Aparte.

María.

¡Ay de mí, que huyo el peligro,

y su violencia me arrastra!

Mas con todo siga el ruego,

y después la suerte haga

lo que es fuerza de su influjo.

Señor, si de esfera baja

quiso el cielo que naciese,

y conducida a tu casa

en su servible manejo

me ocupase, no reparas

el que es fuerza mi prudencia

Pag. 11

María.

estas persuasiones haga?

tú eres noble, yo plebeya,

tú eres señor, yo villana,

cómo han de poder unirse

tan encontradas distancias?

mayormente cuando sois

ilustre, frondosa rama

de los Palfis, cuyo tronco

conde de Marsigli, guarda

vuestro padre, a quien el cielo

le dé edades dilatadas.

Este motivo es el que,

y no otra siniestra causa

me mueve a pedir, Eduardo,

que no prosigáis la instancia,

que prudente os corrijáis,

y reprimáis esas ansias,

pues en las desigualdades

jamás imperio amor labra:

el cielo sabe, señor,

a cuánta violencia el alma

Pag. 12

Las dos primeras líneas del texto están precedidas por un corchete en el margen izquierdo, indicación habitual de corte o supresión escénica.

María.

asesina de sí misma

el homicidio, y la paga.

No puede explicarse más

mi recato.

Varias intervenciones a continuación (desde el primer parlamento de Eduardo hasta el de María que termina en 'hace resultar desgracias.') aparecen enmarcadas por líneas tenues, lo que sugiere otro posible corte de representación.

Eduardo.

María, es vana

esa sumisión.

María.

No es.

Eduardo.

Amor, deidad de las almas,

por influencia de estrellas

unir sabe las distancias.

María.

De una ventura, también

hace resultar desgracias.

Eduardo.

Nada mi valor recela.

María.

Esa es acción temeraria.

Eduardo.

Esta es ya resolución.

María.

Señor, postrada a tus plantas...

Eduardo.

Dueño mío...

En el margen izquierdo, rodeada por un círculo, aparece la palabra 'Ojo', marca de apuntador referida a la siguiente intervención.

Alférez Pedro Carafa.

¿Cómo, cómo?

¿Ya empiezan a andar a gatas

los niños? Sal quiere el huevo.

Eduardo.

Alza del suelo, levanta.

María.

Sin que primero me otorgues

Pag. 13

María.

lo que te ruego humillada.

Carrafa.

Mal me huele este negocio.

María.

No ha de ceder mi esperanza.

Eduardo.

¿Qué me quieres?

María.

Que repares

mi recato se profana,

y soy toda inconvenientes.

Carrafa.

Esos son el diablo.

Eduardo.

Basta.

Carrafa.

¡Fuego de Dios en mi hermano,

cuál la mira! ¡Mala rabia!

Parece perro que atisba

el conejo entre las matas,

y por la muestra aguardando

está a si salta, o no salta.

María.

¿No te mueve mi terneza?

A la mano.

Eduardo.

Pues mis anhelos no pagas,

a lo menos esta dicha.

María.

¿Qué haces Eduardo? Aparta.

Sale.

Carrafa.

Anda fuera, sal aquí.

Eduardo.

¡Que ahora mi hermano llegara!

María.

Este susto

Pag. 14

Eduardo.

¿Qué es esto?

Carrafa.

Esto es espantar la caza,

y estorbar que tú la pares,

pues yo no puedo matarla.

Eduardo.

No te entiendo.

Carrafa.

Pues yo sí.

Y porque duda no haya,

ya es tiempo que hablemos claros,

puesto que os cogí en la trampa.

María.

¿Qué intentará?

Eduardo.

¿Qué dirá?

Carrafa.

Esta pobre muchacha

tiene mil inconvenientes,

como de decir acaba,

tú siguiéndola al alcance

tanta lengua echando andas:

Yo la quiero, y la requiero,

para mí se hace unas natas,

para ti se hace una fiera,

pues bien clara está la maula,

a ti no te puede ver,

y a mí sí; ¡ay!, que no es nada,

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 15

[Sello]

Garrafa.

pues en cuanto a lo primero

sabe que entra la romana

conmigo, que mayorazgo

cargo con toda esta casa,

y que vos mi segundón

nacisteis, en quien no halla

modo alguno de poder

con decencia sustentarla

de escotes, cotilla, guantes,

zapatos, ligas, enaguas,

y tocador, y a este modo

otras dos mil zarandajas:

yo me he de casar con ella.

María.

¡Esto solo me faltaba!

Eduardo.

¡Habrá ignorancia como ella!

¿cómo eso has de hacer? ¿qué hablas?

Garrafa.

¿Cómo? haciendo lo que muchos,

que vemos por ahí se casan,

daca mano, toma mano,

bendición, y santas Pascuas.

María.

¡Habrá tal delirio!

Eduardo.

Antes

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 16

Eduardo.

que tal intentes, mi saña

sabrá estorbártelo.

Carrafa.

¿Cómo?

Eduardo.

A riesgo de vida y alma,

pues solo yo el digno soy

de su hermosa mano blanca.

María.

¡Ay, empeño más extraño!

Carrafa.

Váyase de ahí noramala:

¿no ve que soy mayor que él?

Respéteme, no le haga...

Eduardo.

¿Qué harías? Pues si no usara...

Al uno y al otro.

María.

Advierte: mira, Carrafa...

Carrafa.

¿Qué habías de ver?

Eduardo.

Sois un necio,

e ignorante.

Carrafa.

¡Cómo!

María.

Aguarda.

Saca la espada.

Carrafa.

Deja le mate un conejo

en el monte de la caspa.

Desnúdale.

Eduardo.

Pues desnudaste el acero,

el mío se satisfaga

en tu escarmiento.

Sale Marsigli y Palabra tachada

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 17

Eduardo.

Mas mi padre, ¡suerte airada!

Carrafa.

¡Que ahora viniera este bicho!

San Josefe, mata la araña,

que ahora nos querrá tragar.

María.

¡Ay mujer más desgraciada!

Marsigli.

Los semblantes demudados:

en la mano las espadas,

¡y en medio María! Cielos,

evidencia es esta clara

de que en la cuestión, solo ella

ha sido quien dio la causa.

Aparte.

Eduardo.

Señor... no sé qué decir.

María.

Sí, yo, aquí, estoy turbada.

Carrafa.

Él, sí, yo, me lleve el Diablo

si encuentro con las palabras.

Marsigilio.

No sé por dónde comience

mi enojo a mostrar su saña,

pero pues ha tanto tiempo,

que estas sospechas me asaltan,

y ya como en un espejo

mirando mi desgracia,

Pag. 18

Marsigilio.

no aguarde a más, que ya es bien,

que lo que dispuse se haga:

de susto habrá de cogerlos,

pero primero es mi fama.

Eduardo.

¡Con el semblante me asombra!

Carrafa.

Con los ojazos me espanta.

María.

¡Cielos, qué será de mí!

S.e (Sale) tachado y sustituido por entra interlineado Entra Tolpazo.

Tolpazo.

Señor, buscándote anda

mi cuidado.

Marsigilio.

¿Pues qué quieres?

Tolpazo.

Que sepas que ya aceptadas

para el ejército, traigo

las letras como me encargas.

Marsigilio.

Gran gusto me has dado, muestra.

Tolpazo.

Estas son.

Marsigilio.

Ve, y di que traigan

tres postas sin dilación.

Vase.

Tolpazo.

Voy.

Carrafa.

Esto va de mala.

Marsigilio.

Con esto descansarán

mis recelos, y aunque el alma

haya de ahogarse de ansia

Sello en el margen inferior: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 19

Marsiglio.

Sufra, pues, que no se alcanza

cura con corto remedio

a enfermedad que se agrava.

Carrafa.

Cómo no habrá ahora sermón.

Marsiglio.

En qué consiste la gracia?

Carrafa.

en que ya está en el Ave María:

no dije yo que tardaba.

Marsiglio.

A la nobleza, el valor,

la discreción, y la fama,

sino en saber adquirir

ya con letras, ya con armas

heroicos, ilustres timbres,

que a la noble sangre esmaltan?

Esto supuesto, y notando,

que el primero eres Carrafa,

y olvidado de tu ser

con tal desidia te tratas,

que abandonando lecciones,

y despreciando enseñanzas,

apenas tu rudo ingenio

a hacer una firma alcanza,

Pag. 20

Sello ovalado en el margen superior derecho, parcialmente ilegible

Marsiglio.

inútil mi celo haciendo;

y tú, segundo en la causa,

Eduardo, con el ocio

halagüeño de la patria,

vas desperdiciando el tiempo

de tu juventud lozana,

sin que despierte el valor

de tanta delicia blanda;

he querido vuestro orgullo

logre con empresas altas

de vuestros antepasados

acreditar las hazañas.

Carrafa.

¿En qué parará esta arenga?

Eduardo.

¿Qué será prevención tanta?

María.

Pendiente estoy de su voz.

Manrique.

Dejad a Venus, por Palas,

y clame el noble valor.

El gran César de Alemania,

Leopoldo primero, insigne

emperador y monarca

nuestro, huestes aprestando

Sello del Ayuntamiento de Madrid en el margen inferior

Pag. 21

Manrique.

manda salir a campaña

a aquel insigne campeón,

a aquel héroe, cuya fama

va publicando en el orbe

sus triunfos, y sus hazañas:

el serenísimo Duque

de Lorena, que esto basta

para decir de una vez

sus aplausos, y alabanzas.

Sale Tolpazo.

Tolpazo.

Señor...

Manrique.

¿Qué?

Tolpazo.

Que ya aguardando

a la puerta están las...

Manrique.

Calla:

ya te he entendido.

Aparte.

María.

Un cuidado

melancólico me asalta.

Aparte.

Carrafa.

¿Mas que me echa ahora a galeras?

Aparte.

Eduardo.

No sé qué recela el alma.

Manrique.

Aunque de impío me culpes,

María, salte de casa.

Pag. 22

Marrigón.

has de salir.

Aparte.

María.

¡Qué he escuchado!

Señor...

Marsig.

No me digas nada:

vuelve con tu padre y logra

de su compañía amada:

por ti a mis hijos ausento.

Eduardo.

¡Cielos! ¿qué oigo!

Marsig.

Aquesto basta:

harto he dicho: cuerda eres:

un grande riesgo amenaza,

y acertado es prevenirle;

no hagas, pues, María, no hagas

lo que el gusano de seda,

que su sepulcro se labra,

pues ya en el mundo se ha visto

razón de estado obligada

a segar con filo agudo

una cándida garganta.

Vosotros ahora mismo

habéis de partir: ya aguardan

Pag. 23

Marsigilio.

las postas, para los tres:

en estas letras varias

el caudal va suficiente,

que a vuestro decoro basta,

y ya mi resolución

prevención ninguna aguarda.

Eduardo.

Muerto he quedado. ¡Ay, bien mío!

Carrasca.

¿Con que nos echas de casa,

padre nuestro?

Marsigilio.

La partida.

Aparte.

Carrasca.

Partida tengas el alma.

Señor...

Marsigilio.

Nada atiendo.

Eduardo.

Advierte...

Marsigilio.

Ni advierto, ni miro nada.

María.

¡Cielos, apenas animo!

Carrasca.

¿No dejarás, que me traigan

siquiera para el camino,

alguna pierna de cabra

en la alforja?

Marsigilio.

Ya es en valde.

Eduardo.

Pues, señor,

Pag. 24

Eduardo.

aguardo la mano.

Carrafa.

Y

también lo mismo Carrafa.

María.

¡Ay, bien mío!

Eduardo.

¡Ay, infeliz!

Tolpazo.

Que correr la posta me hagan.

Marrigón.

Tomad los brazos, y adiós.

Vase.

Eduardo.

María, en ti queda el alma.

Y Eduardo a ponerse en los caballos.

Vase con Tolpazo.

Carrafa.

Mal hayas, María, y tus

inconvenientes mal hayan,

pues por tus inconvenientes

voy a correr caravanas.

Aparte.

Marrigón.

Disimule mi terneza:

Ya han montado, y ya en las alas

del viento, ligeros parten:

ea, María, ¿a qué aguardas?

Vete: no más te detengas,

que ya a mis ojos enfadas,

claro está, como que eres

de este pesar la causa,

cuyo dolor será mucho

si con mi vida no acaba;

Sello: Ayuntamiento de Madrid.

Pag. 25

Vase.

Marsiglio.

vete, donde más la suerte

a mi vista no te traiga.

María.

¡Qué es esto que me sucede!

¡Ay, mujer más desgraciada!

¡Ay, suerte más infeliz!

¡Ay, estrella más infausta!

Señor, aguardad: oíd,

y piadosas vuestras canas...

pero en vano es que me escuche,

pues con tal rigor me trata:

Eduardo, dueño mío,

no te ausentes, oye, aguarda,

mas, ¿qué hago?, en balde mi voz

intenta que oiga sus ansias.

¡Ay de mí!, que entre ausentarse

mi amante, y abandonada

estar de Marsigli, corro,

¡cielos, deshecha borrasca!

¡Qué sentimiento!, ¡qué pena!

¡Qué furor!, ¡qué ira!, ¡qué rabia!

¡No me devorara un rayo,

la tierra no me tragara!

Pag. 26

María.

para que acabase vida

tan triste, y tan desdichada.

¡Cielo divino, valedme!

Mas ¿qué digo?, no me valgas,

pues entre tantos pesares

tu piedad me desampara.

No sé qué interior influjo

a desesperar me arrastra:

¿A quién invocar pudiera

mi congoja en pena tanta?

Ya lo sé; oh tú del abismo

eterno, infeliz monarca,

Luzbel contumaz, que siendo

estrella precipitada,

tu meromixto poder

todo un infierno avasalla.

Váleme, atiende a mi voz;

oye a quien te busca, y llama

de veras, que si me asistes,

me favoreces, y amparas,

una y mil veces te ofrezco

hacerte dueño del alma.

Sello del Ayuntamiento de Madrid.

Pag. 27

María.

para que acabase vida

tan triste y tan desdichada!

¡Cielo divino, valedme!

Mejor es que por esclava

me venda, y aunque a poder

de un bárbaro dueño vaya,

no lo será tanto como

el que así me desampara:

mi voluntad, mi albedrío,

menos mi honor, y mi alma

ofrezco al que me quisiere

amparar en mi desgracia.

Pag. 28

Sale Lucidor.

Lucidor.

Yo la admiro. ¿Pues, María?

María.

¿Qué veo?

Lucidor.

¿De qué te espantas?

María.

Lucidoro, de que vengas

tan a tiempo, que mis ansias

os comunique.

Subir el telón y de la parte de adentro, selva y caballos.

Lucidor.

Es en balde,

pues la amistad frecuentada

de esta casa, ya noticia

me ha dado de cuanto pasa.

(Con forma de Lucidoro

el lazo mi astucia traza

de su esclavitud). Y puesto

que la medicina sabia

profeso, como en Nimega

ya lo publica la fama,

y mi ciencia en otras muchas

ocultas, dominio alcanza,

pues por ellas supedito

tierra, fuego, viento y agua,

de nada tengas congoja:

Pag. 29

Lucidor.

que yo basto a darte todo

el alivio a que anhelabas,

y para que la experiencia

acredite mis palabras,

me remito al desengaño.

María.

¿Qué dices? Ventura rara.

Lucidor.

¿Qué deseas ver? No te turbes.

María.

Si es así, quisiera...

Lucidor.

Habla.

María.

¡Ay, Eduardo! saber

en el sitio en que se hallan

mis dueños.

Lucidor.

Aunque así ofendes

mi amor, pues veo te arrastra

otro amante el albedrío,

porque no dudes, repara

como ya hacia los estados

van arribando del Austria;

Córrese el telón y se descubren en el foro a Eduardo que irá a caballo, ya próximo a ocultarse con el bastidor; a Carrafa que irá en un caballo muy ridículo, flaco y malo.

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 30

Y Tolparo detrás también a caballo.

Cruz en el margen derecho

Carrafa.

Arre, condenado, aprisa.

Eduardo.

Pica la posta, Carrafa.

Cae.

Carrafa.

Si no se puede mover:

arre, maldita sea tu alma.

¡Ay, por vida de...!

Tolparo.

¿Qué es esto?

Cruz en el margen derecho

Carrafa.

Que me he hecho todo una plasta:

adelántate, Tolparo:

di que me pongan la cama.

Cae el telón.

Córrase el telón.

María.

Ya no dudo tu poder:

tuya soy.

Lucidor.

Si a eso te allanas,

las circunstancias escucha,

que nuestro trato afianzan.

María.

Dilas, que ya las aguardo.

Lucidor.

A mí tan subordinada,

A toda virtud negada,

has de estar, sin ni memoria

de ningún objeto hagas

sin mi permiso.

María.

Que oiga

Pag. 31

Lucidor.

Porque al ser mi esclava el alma

ya soy tu felice dueño,

y a mi fineza agraviaras

con celos, si hubiera alguno

que tu memoria alcanzara.

María.

Lo haré así.

Lucidor.

Pues desde ahora

tu nombre María (¡oh rabia!)

trueca en el de Margarita,

que por preciosa te basta.

María.

No tal pronuncies, ¿que olvide

mi nombre tu acento manda?

Eso no, que ya que todo

- lo otorgue determinada,

y lo pierda, no he de ver

con mi nombre tan ingrata,

que le olvide.

Lucidor.

Eso ¿qué importa?

María.

Mucho, que ya que inhumana

todo lo olvide, no quiero

perder mi nombre, aunque airada

a todo me precipite.

Pag. 32

María.

La veneración me valga

con que le adoro, que al fin

para consuelo me basta.

No tal, Lucidoro, intentes.

Aparte.

Lucidor.

Mis conjeturas alcanzan,

que la he de perder, si insisto,

pero la astucia me valga:

ea, infierno, a combatirla.

Pues mira, un convenio haya

de suerte entre los dos nombres,

que a tu intento y mío se haga

partiendo la diferencia.

María.

¿Cuál es?

Lucidor.

Que tomada

de los dos la primer letra,

que es la eme, puedas usarla

por nombre, y eme te llames,

pues de este modo sacas

de ver, que ni bien tu gusto,

ni el mío es en tal instancia,

pues ni te llamas María,

ni Margarita te llamas.

Pag. 33

En el margen superior derecho hay texto tachado e ilegible y el número 29.

María.

Por fin, quédeme una letra,

que para consuelo basta.

Bien has dicho: desde ahora

Zelme me nombro.

Lucidor.

Y si ufana me correspondes, verás

que si hasta aquí desgraciada

adversa suerte lloraste,

has de lograr dicha tanta,

que colmado tu deseo

no tenga que envidiar nada:

con mi amparo eres feliz.

María.

En ti cifro mi esperanza.

Lucidor.

Con que ya, Zelme, ¿eres mía?

María.

Soy, Lucidoro, tu esclava.

Aparte.

Lucidor.

Ya triunfaron mis ardides.

Dame los brazos.

Abrázanse.

María.

Y el alma.

Esto sí, no más pesares.

Lucidor.

Qué de delicias te aguardan.

María.

Eso busco.

Aparte.

Lucidor.

Y tu penar...

Ven.

Pag. 34

María.

Ya voy.

Lucidor.

Pero repara,

que este escondido secreto

jamás de tu pecho salga.

En el margen superior derecho hay un apunte escénico rodeado por una línea y con una cruz que dice: "para los vuelos, escotillón y mutación de selva".

María.

No receles eso y todo

cuanto quisieres se haga.

Lucidor.

¡Ah, mortales! ¡Cuántos van pueden

mis astucias y asechanzas!

María.

Dios me dejó de su mano,

lo erré; yo soy la culpada.

Lucidor.

Pues conmigo por el viento

usurpándole las alas,

sus regiones trascendamos.

Dame la mano.

María.

Y palabra

con ella de eternamente

ser tuya.

Lucidor.

Sigue mis plantas,

y ven a ver el prodigio

del imperio de Alemania.

Vuelan dadas de las manos, y salen en mutación de selva, después de las voces el Bajá, Serasquier, y algunos moros.

Pag. 35

D. 1.º.

Calarróse la garza, va en el cielo.

Luna.

Suelta el halcón para que abata el vuelo.

D. 2.º.

Que se remonta.

Llama al sacre.

Luna.

Ya es librarse en vano.

Uno.

Uchúo.

Unos.

Al cerro.

Música a 2 y a 4 y los moros y moras, ora

Otros.

Al llano.

Salen ahora el Bajá y Serasquier.

Serasquier.

Sino a temer, a recelar me obliga

el imperial poder del enemigo,

que mueve soberano

Leopoldo de Austria

contra el otomano.

Bajá.

Falsas esas noticias serán, puesto,

que tantas veces panteón funesto

fue al cristiano este campo en su po-

Serasquier.

Cuanto he dicho aseguran las espías

por secretos papeles.

Bajá.

Esa idea

persuadirme no puedo, cierta sea;

pues aún no se ha temido amago

Hay un sello ovalado que dice "Ayuntamiento de Madrid" y dificulta la lectura de la última línea.

Pag. 36

Bajá.

del gran Señor, lloraron con estrago;

dígalo esta Ciudad en la primera

cuando con saña fiera

el Otomano vino,

y se la demolió a Matías Corbino;

mas ¿para qué esto digo?, si no hay duda

que del gran Señor quiere sea Buda

el Cielo soberano,

pues lo muestra no en vano,

no solo en lo que llevo referido,

sino en cuanto después ha sucedido,

pues el querer quitárnosla lo llora,

como nadie lo ignora,

después dos veces el primer Fernando,

el Marqués Brandemburgo, lamentando

sus necias osadías,

y después de Matías

de Austria Archiduque, dígalo en Viena

el Duque de Lorena,

que por grande Campeón el orbe aclama;

mas ¿para qué me canso?, si la fama

publica este nombre sin segundo.

Pag. 37

Bajá.

Volando por el ámbito del mundo.

Con este fundamento,

por falso a despreciar llego este intento.

Y cuando cierto sea,

no importa: venga, pues, adonde vea

del gran señor la rigurosa saña,

si doscientos mil hombres en campaña

castigan sus acciones importunas,

dando asombro y terror sus medias lunas.

Serasquier.

Que así no fuera, yo, señor, me holgara.

Bajá.

Dejemos esta plática y repara

que al magnánimo pecho,

hecho a placeres y a pesares hecho,

jamás asusta nada:

venga, pues, lo que venga, que mi espada

me da respeto brioso.

¿Adónde el cielo hermoso,

en quien cifra la gloria mi fortuna,

Serasquier, ha quedado?

Serasquier.

Si esta es Luna,

Palas divina, está en la cetrería

empleada, mas ya con la armonía,

Pag. 38

Serasquier.

que la celebra, llega su hermosura.

Bajá.

Dichoso yo, que ciego a luz tan pura.

Salen con la música Luna, Fátima, Zulema, Mazamorra y morillos de acompañamiento.

Música.

Pues la hermosa Luna,

deidad de la Hungría,

las aves alienta,

las flores anima;

en ambas esferas

la aplaudan y viva.

Bajá.

Felice, mi bien, quien logra

en los rayos de tu vista

dar, ardiente mariposa,

sacrificadas cenizas

a tu deidad.

Luna.

Y dichosa

quien a tu presencia invicta

goza en afecto amoroso

finezas apetecidas.

Fátima.

Ya empiezan los cumplimientos,

Zulema.

Pag. 39

Zulema.

Estas cortesías

palaciegas me degüellan.

Fátima.

Al fin, de novios visita.

Bajá.

¿Cómo en la caza os ha ido?

Luna.

Mal, señor.

Bajá.

¿Pues qué no había

en tierra y viento quien diese

a tus halagüeñas iras,

dichoso de que le ofendas

en cada amago mil vidas?

Luna.

No fue por eso, sino

porque al alma pronostica

pesares un accidente

que advertí.

Bajá.

¿Y es?

Luna.

Que con finas

amorosas expresiones

llamaba una tortolilla

a su adorado consorte,

que en otra rama vecina

el lisonjero murmullo

Pag. 40

Luna.

enamorado atendía:

viola un jerifalte a tiempo,

que tras una garza iba,

y arrebatándola osado

en sus garras (¡suerte impía!)

fue desplumado trofeo

de su saña vengativa

dejando al amante esposo

lamentando su desdicha;

y como tan pronta está

nuestra unión apetecida,

me acordé de nuestro amor,

y en grave melancolía,

sospechando que me sea

ejemplo en tanta fatiga

la incauta tórtola, temo

(pues su amor me vaticina)

que siendo amante, a su suerte

haya de imitar la mía.

Bajá.

Esos son vanos agüeros,

que ningún juicio acredita,

Pag. 41

Bajá.

por ser acasos; mas dime:

¿No es, Luna, mañana el día

en que ufano mi amor premia

tu blanca mano?

Luna.

Esa dicha

humilde espero.

Bajá.

Pues ¿cómo,

si tan poco tiempo dista

a tanto bien, caber pueden

esas vanas fantasías?

Luna.

Quiera amor que no sean ciertas.

Bajá.

Anda, Luna, que te eclipsan

en vano estos temores.

Y pues ya el día declina,

Serasquier, ¿están dispuestas

Serasquier.

Ya a la vista

las tienes, ve, y di que lleguen.

Vase.

Matamor.

Ya iré, Señor.

Zulema.

La pobrecita

teme perder al marido.

Pag. 42

En el margen superior derecho se lee: "Salón, corto". En el margen derecho hay un apunte escénico que dice: "Cajas y clarines. Voces. María, Lucidoro, César, Escalona y Lorena izquierda".

Fátima.

¿No ves que las campanillas

de ser mujer de un Bajá

que manda a Buda y Hungría

son mucho cuento?

Bajá.

Mi bien,

dueño amado, en tal porfía

¿no te persuado?

Luna.

Tu voz

ya, señor, al ansia mía

borra el pesar.

Señor Matamor.

Ya, Jonior,

venir el caballo aprisa

con tiros de yeguas machos,

que mulas estar mofinas,

y tirar pomadas.

Bajá.

Ven,

todos los demás nos sigan.

Luna.

Ya te sigo.

Bajá.

Tiempo abrevia

para que llegue mi dicha

las horas.

Vanse, y vuelta la sala.

En la acotación final, parece leerse "salta", pero el contexto de mutación escénica sugiere "sala".

Pag. 43

Repitiendo la armonía.

Música.

Pues la hermosa Luna,

alba deidad de la Hungría, etcétera.

Vanse.

Salón, y salen el Duque de Estaramber viejo, Eduardo y Carrafa.

Estaramber.

A más de vuestro aviso, satisfecho

por unas cartas, ya quedó mi pecho

del Conde de Marsigli, vuestro padre,

que dice sois sus hijos, y es bien cuadre

a mi amistad, siguiendo tal destino,

en el serviros de leal padrino.

Eduardo.

Yo espero que este acero denodado

acredite su esfuerzo en vuestro lado,

dando nombre y blasón al hemisferio,

que alumbra el Sol del alemán imperio.

Estaramber.

A su sombra se alcanza valentía.

Eduardo.

Basta, memoria: olvida ya a María,

pues fue origen de tantos accidentes

como siento.

Carrafa.

¡Ay, querida inconveniente!

Pag. 44

Carraf.

Si de mí harás memoria en tus ideas

¡como yo de ti! ¡Ah, maldita seas!

Staramb.

¿Carrafa, vos no habláis? No temáis nada,

que padrino os seré con esta espada

a todo lance adverso del destino,

en la campaña.

Carraf.

Y digo, señor padrino,

si acaso el espinazo

me parte el enemigo de un balazo,

y me muero, ¿qué haréis por ayudarle

entonces al ahijado?

Staramb.

¡Qué! Enterrarle

con militar honor, que es lo primero.

Carraf.

Eso, padrino, es ser sepulturero.

Staramb.

¿Pues qué yo hacer debiera?

Carraf.

Quitarme la ocasión de que riñera.

Staramb.

¿provocando a la inquietud?

Carraf.

al cuartel de la salud,

para que, ya que el campo se perdiera,

uno quedara, y la noticia diera.

Eduard.

Su ingenio disculpad, que es limitado.

Staramb.

Vuestro padre también me lo ha avisado.

Pag. 45

Carraf.

Hermano, chist.

Eduardo.

¿Qué quieres?

Carraf.

Gran pollino

me parece que es nuestro padrino:

¿es hombre de esplendor?

(Caja p...)

Eduardo.

Y soberano.

Carraf.

¿Qué gesto tiene? ¿quién es este hermano?

Eduardo.

El conde Estaramberc Carrafa es este.

Carraf.

¿El conde de Esterar? ¡Jesús, qué peste!

Llevémosle a Nimega, hermano mío,

y nos esterará cuando haga frío.

Estaramb.

Su Alteza Serenísima he notado

que ya aquí sale, y viene acompañado

de muchos naturales, y extranjeros

bizarros caballeros.

Eduardo.

En seguimiento todos de sus huellas

son, si su Alteza Sol, ellos estrellas.

Carraf.

¿Y qué diré yo, hermano?

Eduardo.

Cuando excite

a hablar el caso, de mi voz repite

aquello que a ocultar sea suficiente

tu ignorancia, ¿lo entiendes?

En la parte inferior hay un sello institucional del Ayuntamiento de Madrid.

Pag. 46

Garraf.

Guapamente:

¿que repita no dices?

Eduard.

Norabuena.

(Tocan.)

Garraf.

Bien está.

Voces.

¡Viva el Duque de Lorena!

Arrimándose a un lado los del tablado, salen Lucidoro y María en traje de hombre a lo inglés juntos: Duque de Béjar, y el de Escalona a la Chamberga, y el de Béjar con toisón y detrás de superior en traje alemán el Duque de Lorena al son de caja y clarín. Marcha.

Loren.

Al auxilio que os debo con agrado

siempre, milordes, estaré obligado,

y a la lealtad que vuestro pecho encierra.

Lucidor.

A serviros, señor, de Inglaterra,

nuestra patria, los dos hemos venido.

María.

Y ufano, gran señor, de haber sabido

que a campaña salís, los dos seremos

los que por vos primero moriremos.

Pag. 47

María.

laureles adquiriendo en la campaña.

Béjar.

Vuestra Alteza, señor, logre de España

disfrutar este pecho valeroso

en serviros felice.

Escalona.

Y animoso

también este español acero airado

acredite que soy vuestro soldado.

Los dos.

Esto que digo mi valor abona.

Lorena.

Duque de Béjar, duque de Escalona,

cuyos triunfos publican en las lides

Hércules ser el uno, el otro Alcides,

dadme los brazos.

Béjar y Escalona.

Sean eternos lazos

de nuestra ley por timbre venturoso.

Lorena.

Esto a príncipes tales es forzoso.

Aparte.

Clearia.

Lucidoro, esto ha sido

lo que mi inclinación ha apetecido,

pues mi deseo fundo

en transcender los ámbitos del mundo.

Lucidor.

Mi intento solo es el obsequiarte,

y al abismo también precipitarte.

Pag. 48

Eduardo.

¿Qué galán es?

Staramberg.

Cautiva el albedrío.

Lindor.

Y pues lo experimentas, dueño mío,

ya todo mi poder en ti se emplea:

no ha de haber imposibles en la idea,

que no ejecute tu querer sin susto.

María.

De nuevo obliga tu favor mi gusto.

Staramberg.

Yo llegaré antes.

Eduardo.

Bien.

Mustafá.

Decid qué hermano

soy de mi hermano.

Staramberg.

Ya: dadme la mano.

Lorena.

Estaramberg, no veros ya culpaba.

Staramberg.

Fue la causa, señor, que acompañaba

de estos dos caballeros la excelencia

ansiosa de postrarse en tu presencia.

Lorena.

Lleguen.

Staramberg.

Venid los dos.

Mustafá.

Dios sea conmigo.

Eduardo.

Si es que la dicha, gran señor, consigo

de besar vuestras plantas...

Pag. 49

María.

¿Mas qué veo?

¿Eduardo no es este?

(Habla ahora.)

Eduardo.

Mi deseo,

que premiado así sea solicito.

con bien tanto.

Carrafa.

Y yo repito.

María.

Y Carrafa le sigue.

Eduardo.

¡Ay, ignorante!

María.

Si me conocerán; mas el semblante

de forma mudaré cuando yo quiera.

Eduardo.

Pues si brillante sol sois de esta esfera,

al rayo de su luz que es infinito

animado he de ser.

Carrafa.

Y yo repito.

Lucidor.

Presente ya la causa de mis celos,

tienes, conde, en mi contra.

María.

Esos desvelos

olvida, que su amor ya quedó en calma,

y solo el tuyo reconoce el alma.

Lorena.

Alzad: ¿de dónde sois?

Estarambergo.

Tengo entendido

del ducado de Cleves han venido,

En el margen derecho aparecen restos de texto cortados por el guillotinado del papel, posiblemente indicaciones de personajes o llamadas de escena.

Pag. 50

Estarambergo.

que en la baja Alemania el Mayus riega.

Lorena.

¿Vuestra patria cuál es?

Eduardo.

Señor, Nimega:

de ella el conde Marsigli nos envía,

nuestro padre cumpliendo su hidalguía

entregándoos las vidas de sus hijos.

Lorena.

Yo lo aprecio.

Tarrafal.

Y con términos prolijos

nos hizo acá correr impertinentes.

Lorena.

¿Por qué correr?

Tarrafal.

Por doña Inconvenientes.

Staremberg.

¿Qué decís?

Eduardo.

Calla, hermano.

María.

¡Ay, desatino!

Tarrafal.

Si no que lo diga mi padrino.

Lorena.

¿Quién es?

Tarrafal.

El conde de Esterar, que he hallado

ya quien haya conmigo emparentado.

Eduardo.

¡Que así me afrentes, necio!

Lorena.

Yo he advertido,

que carece este hombre de sentido.

Escalona.

Que no cabal le tiene considero.

Pag. 51

Béjar.

No parece que tiene el juicio entero.

Eduard.

¡Vive Dios! calla ya: no de delito

su ignorancia graduéis.

(Voces. Música y los turcos todos detrás del telón puestos.)

Carraf.

Y yo repito.

Lorena.

Basta ya.

María.

Habrá tal necio.

Eduard.

Habrá más penas.

Carraf.

Yo poquitas palabras, pero buenas.

Lorena.

El Marqués de Valero, el excelente

Marqués de Ávilafuente

¿no han venido?

Estaramb.

Señor, aún no han llegado,

pero tardar no puede su cuidado,

pues es serviros su mayor deseo.

Loren.

De su mucha nobleza así lo creo.

Béjar.

¿No nos diréis, Señor, esfuerzo tanto,

que da asombro a la Europa, al mundo espanto,

a qué fin se conduce?

María.

Ya tu mente

esperamos, Señor, que hagas presente.

Estaram.

Dinos de esta campaña los intentos,

Pag. 52

Lorena.

Pues ya llegó la hora, oíd atentos:

Yace opresa la Hungría formidable

al yugo infiel del bárbaro otomano,

y de tan grande pérdida, el cristiano

padece la desgracia lamentable:

hable su corte Buda, y también hable

del imperio el derecho soberano,

a quien la usurpa con rigor tirano

del gran turco el poder incontrastable;

el grande emperador Leopoldo Augusto

quiere que a Buda asalte de mi saña:

quiere la rinda con despecho justo.

Corra sangre el Danubio que la baña:

la luz se eclipse, porque al ceño adusto

del imperial ejército en campaña

todo sea horror, espanto, asombro y susto.

Y pues tantos valientes caballeros

alarde hacen sirviendo aventureros

al alemán imperio, ya no hay duda

sepan que a Buda marcho, marcha a Buda.

María.

Aqueso sí, señor, vamos marchando.

Pag. 53

Béjar.

Sea enhorabuena; vamos peleando,

que solo basto, ¡vive el cielo eterno!,

a meter toda Buda en el infierno.

Escalón.

Vamos, señor, cuanto antes a la empresa.

Estaramb.

Ya el valor al coraje le da priesa.

Lucidor.

Mi cólera, señor, se está exaltando.

María.

Y por reñir mi espada reventando.

Todos.

Sienta Buda el postrero parasismo,

mas, ¿quién es general?

En el margen derecho hay una rúbrica o anotación, posiblemente "Yardi", dentro de un recuadro con una cruz.

Lorena.

¿Quién es? Yo mismo,

pues por generalísimo en Viena

elegido fue el duque de Lorena,

y cántelo la fama por el mundo.

Todos.

El de Lorena viva sin segundo.

Lorena.

Quien ahora se hallara,

donde saber de Buda algo alcanzara,

el bárbaro atrevido,

que satisfecho ya con su descuido

estará, y que ajeno en sus afanes

de que en su contra van los alemanes.

María.

Pues si queréis saberlo, yo he pensado

Pag. 54

María.

que ahora mismo saldréis de ese cuidado.

Lorena.

¿Qué decís?

María.

Lo que oís.

Lorena.

¿Pues cómo espera

mi vista verlo?

María.

Así desta manera.

Mutación de jardín en forma de un laberinto con diferentes fuentes y rosas y en los foros que se descubrirán por los lados algunas cascadas, y estatuas, en el foro de en medio se verán las galerías, y atrios del Palacio, todo con mucho lucimiento. Y se ven los moros en medio.

Moros.

¡Qué admiración!

Otros.

¡Qué pasmo!

Lorena.

¡Qué portento!

María.

Ya a Buda todos veis diciendo al viento:

Música.

Tema el Imperio

la turca saña,

viva Mahoma,

muera Alemania,

y Buda cante.

Voces.

Guerra: arma, armas.

Pag. 55

El margen derecho del manuscrito está guillotinado, por lo que se ha perdido el final de algunas palabras. Se han reconstruido entre corchetes de acuerdo al contexto y la rima.

Lorena.

¿Mi flor, cómo?

María.

Señor, nada os espante,

que esto es a mi magia natural bastante.

Bajá.

¡Cuánto de tal noticia el embarazo,

divina Luna, siento alargue el plazo

de nuestro desposorio!

Luna.

¡Trance fiero!

Bajá.

Y así asistir a honor es lo prime[ro],

cuando gobierna a Buda esta es[pada].

Luna.

Siempre en mi amor temí ser desgracia[da].

Serasquier.

De que el imperio viene, la certeza

aseguro, señor, con mi cabeza.

Lorena.

Nuestra empresa marcial los sobre[salta].

María.

Ya suspenden la boda.

Carratón.

¿Es porque falta

padrino?

Estaramberg.

Ved qué habláis, que es desatino.

Carratón.

Que vaya usted a esa boda, sea pad[rino].

Bajá.

Serasquier, nada temo.

Eduardo.

¿Qué no hayas de callar?

Estaramberg.

Con tal extremo

digo que en la ignorancia estáis pre[so],

digo que un simple sois.

Carratón.

Y yo repito

Pag. 56

Lorena.

Ya nada, amigos, hay que nos detenga,

Baviera.

mas que el Imperio contra Buda venga.

Cristianos.

Pues, señor, a la empresa.

Otros.

A la conquista.

Turcos.

Pues, señor, al Imperio se resista.

Cristianos.

Y el clarín de la fama lisonjero,

Turcos.

y la fama corriendo al orbe entero,

Cristianos.

público haga el castigo al otomano,

Turcos.

el estrago publique del cristiano,

Cristianos.

diciendo en nuestro bien su salva misma,

Turcos.

diciendo en contra suya la morisma:

Con música.

Cristianos.

Venza el Imperio...

Turcos.

Tema el Imperio...

Todos.

la turca saña.

Turcos.

Viva Mahoma.

Cristianos.

Muera Mahoma.

Turcos.

Muera Alemania.

Cristianos.

Viva Alemania.

Cristianos.

Sienta Buda.

Turcos.

Sufra Buda.

Todos.

Guerra, arma, arma.

Fin.

Pag. 57

El texto de esta página está en su mayor parte deslavado y casi ilegible. Presenta también fuerte traspaso de tinta invertida desde el verso de la hoja.

Bajá.

Mujer conocí yo

divina luna

a una

Viendo

común

de que el

Lorena.

Nuestra

María.

De

Carafa.

O porque

que hablan

Eduardo.

Dos que hablan

que no hayan de callar

Estaramber.

Con tal extremo

digo que en tu ignorancia

que un simple soy

Pag. 58

+

Música.

Tema el Imperio

la turca saña,

viva Mahoma,

muera Alemania

y sufra Buda

guerra, arma, arma.

Tea 1-68-10c

Pag. 59

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 60

Legajo 35

+

10

La toma de Buda por el

Duque de Lorena

Jornada 2.ª

2.º Apto

Tea 1-68-10,c

Para la censura

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 61

Página en blanco. Se transparenta la tinta del folio anterior.

Jornada segunda

Pag. 62

Jornada Segunda

Salen María y Carrafa en mutación de selva.

Cruz, Selva y el peñasco que se abre

María.

Vuestro amoroso tormento

me deja maravillado.

Carrafa.

Pues todo lo que he contado

es así como os lo cuento.

Aparte.

María.

A este necio he de engañar.

¿Conque vuestro ruego llega

a pedirme, de Nimega

a la que sabéis amar

os traiga aquí?

Carrafa.

Claro es.

María.

Pues yo lo haré.

Carrafa.

¿Qué me dices?

Deja que con las narices

limpie el polvo de tus pies;

como vuestra habilidad,

a los que ausentes son, ver

traer en Viena, me atreví

Pag. 63

Carrafa.

a pedíroslo.

María.

Callad,

y nada digáis; presentes

os pondré cuantos queráis.

Carrafa.

Amores, que esto escucháis.

¡Ay, querida, inconvenientes!

Mas advertid...

María.

¿Qué previno

vuestro intento?

Carrafa.

Que de aquesto

que entre los dos se ha dispuesto

nada entienda mi padrino,

que me cela con esmero,

y está satisfecho él

de que soy un justo Abel.

María.

¿Es fuerte de genio?

Carrafa.

Fiero.

María.

Por mí es imposible sea,

sabido esto.

Carrafa.

Así lo entiendo:

Mas a mi historia volviendo,

¿cuándo el tiempo en que la vea

ha de ser?

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 64

María.

Eso no digo.

Garraf.

¿Será presto?

María.

De repente

la veréis.

Garraf.

¿Conque presente

la tendré?

María.

A eso me obligo.

Garraf.

Pues a Dios. ¡Ay, qué alegría!

María.

¿Dónde vais apresurado?

Garraf.

El de Lorena ha mandado

que le traigan una espía,

y quiero a mis confianzas

dar este timbre.

María. Haré para más desprecio de su ignorante manía le salga muda la espía, justo castigo a este necio.

María.

¿Vos?

Garraf.

Yo,

pues ¿qué os parece que no

soy muchacho de esperanzas?

María.

¿Cómo Eduardo no va

por espía también ahora?

Garraf.

Mi hermano espía a la mora.

María.

¿Cuál?

Garraf.

La que nos trajo acá.

Pag. 65

Garraf.

de aquel convoy, y arrimado

tanto anda a mora el chiquillo,

que en mora mora amarillo

por si se queda morado.

María.

¡Oh, celos! Pues en volviendo

a vuestro hermano (¡ay de mí!)

podéis decir que hasta aquí

sus pasos vino siguiendo

una hermosura obligada

de su amor haciendo alarde.

Carrafa.

Así se hará.

María.

El cielo os guarde.

Carrafa.

Agur con la colorada.

Aparte.

María.

¡Que así Eduardo publique

mi olvido!

Carrafa.

¡Con qué placer

estoy de que la he de ver!

Canta.

Yéndose bailando.

Colorado.

¡Ay, que me lleva mi pique

al barrio de San Felipe!

¡Ay, que mi pique me lleva

al barrio de San Esteban!

Sale el Duque.

Duque.

¡Que es penas lo que he escuchado!

Pag. 66

Duque.

¿Qué es lo que la oí, cielos!

María.

Ya en un Vesubio de celos

todo mi amor se ha trocado.

Lucidor.

Mas observar determino

que en mi ofensa hace su amor.

María.

Sienta Eduardo el rigor:

pero Lucidoro vino.

Música segunda y Moras y Eduardo y Aga

María.

¿Bien mío?

Lucidor.

¿Soy tuyo?

María.

Sí.

Lucidor.

Temía que no.

María.

¿Por qué?

Lucidor.

Porque sospecha mi fe.

María.

¿Tú desconfías de mí?

Aparte.

Lucidor.

Fingiéndola amor, alcanza

mi intento obligarla más

a mi engaño.

Finja el llanto. Aparte.

María.

¿No dirás

por qué esa desconfianza

haces de mí, cuando al pecho

solo animas?

Lucidor.

Recelo un celoso agravio,

Pag. 67

Lucidor.

y no vivo satisfecho.

María.

Si a otro dueño me entregara

sería entonces:::

Lucidor.

¿qué sería

más que la cólera mía

nuevo volcán respirara?

pues si acaso consiguiera

otro que no yo tu amor

¿qué es amor? ni aun el menor

descuido de ti adquiriera,

hubiera a mi enojo aliento

que no hiciera mi ira ardiente

con la vista solamente

breves átomos del viento?

¿cómo a mí quien me agraviara?

¿cómo a mí quien me ofendiera

sin que su sangre bebiera,

y mil vidas le quitara?

pues airado, cruel, impío,

restaurando mi decoro

con mi aliento:::

María.

Lucidoro::

Pag. 68

Lucidor.

Hiciera...

María.

Basta, bien mío,

que ya tu enojo temió

mi inocencia.

El resto de la página aparece tachado y con varios «no» en los márgenes.

Lucidor.

No te espante,

que me precio de tu amante,

y amor me precipitó.

Aparte.

María.

Algo ha alcanzado a inferir,

pues se me muestra quejoso,

mas disuadirle es forzoso,

como también el fingir.

Lucidor.

Público hacer quiso el labio

mi sentir; tu sol perdone.

María.

En la queja que propone

tu discurso, no anda sabio,

y si no, ¿con qué evidencia

justa esa queja me harás,

si es una ilusión no más?

No maltrates mi inocencia:

basta, Lucidoro, y crea

tu amor, que soy toda tuya,

y porque aquesto se arguya

Pag. 69

Los siguientes versos están tachados con un gran aspa y la palabra "no" escrita dos veces en el margen derecho.

apartada

María.

no ya mi cariño debes

los brazos me des.

abrázanse

Lucidor.

Por mí

amoroso los doy yo;

¿conque eres mía?

aparte

María.

Sí. No.

¿y tú eres mío?

aparte

Lucidor.

No. Sí.

María.

¡Qué ventura!

Lucidor.

¡Qué favor!

María.

Por ti muero

Lucidor.

Yo por ti.

María.

Gran placer.

Lucidor.

¡Gran dicha!

Los dos.

Así

logro engañarte mejor.

Fin de los versos tachados.

preludio.

María.

Pero ¿qué armonía es esta,

que está halagando oportuna

al oído?

Lucidor.

Que ya Luna

sale a esta hermosa floresta

de Música acompañada,

Pag. 70

Lucidor.

por si la melancolía

desecha con su armonía;

pues desde que aprisionada

por Eduardo su belleza

en los reales ha asistido,

jamás salir ha querido

a algún solaz.

María.

Su tristeza

disculpa tiene bastante,

sintiendo en su esclavitud

de amor tirana inquietud:

¡ay de la que pena amante!

Salen con la música Luna y damas moras, y Eduardo.

Música.

Del aurora el llanto,

del alba a la risa

derrite el cristal

el prado matiza:

mas quien suspira

amores y ausencias,

ni aliente, ni viva.

Pag. 71

Luna.

¡Ay, infelice de aquella

que amante llora desdichas,

cuando con ansia amorosa

muriendo de amor vivía!

Eduardo.

No así tus hermosos soles

con las perlas que destilan,

de tu soberano cielo

eclipsen la luz divina.

María.

¡Ah, traidor!, ¡que aquesto escuche!

Luna.

¡Ay de mí!, en vano insta

vuestra fineza, Eduardo,

que el rigor de mi desdicha

con ninguna encuentra alivio.

Eduardo.

Esta y cuantas mis caricias

con obsequio reverente

a tu hermosura dedican

de mi adoración proceden,

que ante tus aras benignas

tributa en grato holocausto

adoraciones rendidas:

(rara hermosura) y más cuando

Pag. 72

Eduardo.

el de Lorena me fía

vuestra asistencia y custodia.

Amador.

¿Llegamos?

Aparte.

María.

Sí, grosería

no hacerlo fuera; con esto

que su plática prosiga

embarazo. Bien, señora,

esta estancia florida

muestra que os goza.

Luna.

¿Por qué?

María.

Porque sus flores marchitas

nuevamente reverdecen

al rayo de vuestra vista.

Luna.

Esa es lisonja.

Amador.

No debe

lo que el sentido acredita,

por tal graduarse, pues

sabe en acciones unidas

que no solo animas plantas

sino las almas animas.

Fátima.

Di, ¿son estos alemanes

portugueses?

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 73

Zulema.

¡Qué tal digas!

necia pregunta.

Fátima.

No es porque

se derriten como almíbar.

Eduardo.

¡Cielos! en su luz me abraso.

María.

¡Ah, traidor! ¡cómo la mira!

Lucidor.

¡Ay, Cielos, que tus extremos

ya mis sospechas confirman!

Luna.

¿De qué sirve, Dios vendado,

tirana Deidad mentida,

que nuevos arpones flechas

por Eduardo, si miras

tan discordes nuestros ritos,

y aunque su fineza obliga

a que arrojando del pecho

al Bajá, de sus caricias

halagüeñamente amable

le admitiese?... mas delira

mi imaginación.

Eduardo.

Pues ¿qué

te suspende?

Luna.

Solemniza

Pag. 74

Luna.

dentro de mí mi memoria

sus penas consigo misma.

Eduardo.

Dichoso aquel que las borre.

Luna.

Mas dichoso es quien las pinta,

pues me obliga, que atendiendo

su valor, su gallardía,

su discreción, y nobleza

me confiese agradecida,

y aun obligada.

María.

¡Qué oigo!

Eduardo.

¡Qué es lo que escucho! ¡Alma, albricias!

¡Oh quién el felice fuera!

Luna.

Pues no lejos de aquí dista.

Eduardo.

No os entiendo.

María.

¡Ay, más sospechas!

Un volcán el pecho abriga.

Eduardo.

El enigma no penetro.

Luna.

Pues bien claro está el enigma,

y presente en mí el objeto.

Eduardo.

¿Quién alcanza tanta dicha?

Aparte.

Luna.

El Bajá de Buda: así

equivoco la malicia.

Pag. 75

María.

¿Pues creía vuestro error

lograr tal gloria?

Eduardo.

Imagina

mi amor, que a posible ser,

nadie de Luna divina

más que yo lograr pudiera

su agrado.

Lucidor.

Ya se publica

en aquella parte amor,

y en esta celos, mis iras

lo que con halago no,

con el desprecio consigan,

y sienta esta infiel que a Luna

también la finja caricias.

María.

No solo vos sois el noble,

que a Luna su fe dedica,

porque los más caballeros

la obsequiamos, y la misma

razón que os asiste, puede

asistir a quien la sirva.

Lucidor.

Nadie con mérito menos

que yo, a su culto se inclina,

Pag. 76

Lucidor.

ni con más deseo tampoco

el alivio solicita

de su pena.

María.

¿Vos?

Lucidor.

Yo, pues.

Fátima.

Zulema, ¿ves tal porfía?

Eduardo.

A todo yo me adelanto,

y a mi fe no hay quien compita.

Voces: tiros. Lorena, Béjar, Escalona y los suyos y entrarán.

Los dos.

Sí hay tal.

Eduardo.

Yo solo soy digno

de su hermosura.

Empuña.

María.

Quien diga

merecerla más que yo

desta suerte lo repita.

María.

Precipitóme la ira

de mis celos.

Luna.

Este agravio

se hace a mi soberanía.

Eduardo.

Si mi ofensa...

Luna.

La mía es más.

María.

Si mi cólera...

Luna.

Fue indigna.

Lucidor.

Si a tu respeto...

Luna.

Ese ha

Pag. 77

Luna.

ni con más deseo tampoco

el alivio solicita

de su pena.

María.

¿Vos?

Leandro.

Yo, pues.

Fátima.

¿Zulema, ves tal porfía?

Eduardo.

A todos yo me adelanto,

y a mi fe no hay quien compita.

Los dos.

Sí hay tal.

Voces, tiros. Lorena, Vélez, Escalona y los suyos y escaramuzan.

Eduardo.

Yo solo soy digno

Hay un papel en blanco pegado sobre el manuscrito que oculta el texto subyacente.

Empuñan.

Eduardo.

Como mi espada...

Luna.

¿Qué es esto?

María.

Precipitóme la ira

de mis celos.

Luna.

Este agravio

se hace a mi soberanía.

Eduardo.

Si mi ofensa...

Luna.

La mía es más.

María.

Si mi cólera...

Luna.

Fue indigna.

Leandro.

Si a tu respeto...

Luna.

Ese ha...

Pag. 78

Luna.

el que ofendido se mira.

Eduardo.

Perdonadme, gran señora.

María.

Bien es que perdón os pida

de mi error.

Lucidor.

Y tal arrojo

perdonad la culpa.

Zulema.

¡Chispas!

lo que se ha revuelto.

Fátima.

Amor

trae siempre estas tremolinas.

Luna.

¡Ay, Eduardo!

María.

¡Ah, traidor!

Eduardo.

¡Ah, villano!

Lucidor.

¡Ah, fementida!

Eduardo.

En tu vida he de vengar

esta afrenta.

María.

Enfurecida

mi cólera llorarás.

Lucidor.

El rigor que en mí fulmina

venganzas me satisfaga.

Luna.

Ya que a tales demasías

(que era debido el castigo)

vuestra humildad solicita

mi templanza, la concedo.

Pag. 79

Luna.

advirtiendo la voz mía

a los tres, que mal concuerda

en acción tan desmedida,

que yo de vuestros deseos

sea obsequiada, si mira

mi cordura, que en lugar

de obligar con fe rendida

atenciones tributando,

dedicáis descortesías.

(2 tiros)

Lucidor.

Advertido quedo.

María.

Y yo.

Eduardo.

La enmienda mi afecto os fía.

Luna.

¡Amor!

Eduardo.

¡Fortuna!

Lucidor.

¡Recelos!

María.

¡Agravios!

Luna.

Dadme en tal dicha...

Eduardo.

Permíteme...

Lucidor.

Concededme...

María.

Alcanzadme en mis fatigas...

Luna.

El alivio que apetezco.

Eduardo.

La venganza que me incita.

Pag. 80

Lucidor.

El logro de mis astucias,

María.

satisfacción de mis iras.

Eduardo y María.

¡Para que en tantas ofensas!..

Lucidor y Luna.

¡Para que con tal porfía!..

Vanse.

Los cuatro.

muera quien sabe sentir,

o quien sabe querer viva.

Después de las voces, salen Lorena, Béjar y Escalona.

Don Lorena.

Haga la batería esa trinchera,

que es resguardo del Duque de Baviera.

Tira trueno.

Don Estarram.

El ataque se siga, y prended luego

las minas acabadas.

Don Béjar.

Pega fuego.

Don Estar.

Ya el primer baluarte se derriba.

Lorena.

¡Viva el imperio, amigos!

Carroza con la Cipiadra.

Tira salón.

Todos.

¡Viva, viva!

Lorena.

Amigos y soldados valerosos,

campeones famosos,

cuyo ardor, cuyo aliento, y osadía

son de Marte blasón, terror de Hungría,

ya a Buda hemos llegado:

Pag. 81

Lorena.

Ya el ejército habemos arrimado

en tres trozos su cerco disponiendo.

Ya el cañón a sus muros combatiendo

diluvios de metal su seno aborta:

ahora lo que importa

es que en esa surtida

alguna tropa quede prevenida

para que el turco vea se rechaza

si hace alguna salida de la plaza,

y a refrenarle acuda.

Y puesto que ya estamos sobre Buda,

la Religión ensalce vuestro acero,

que yo por ella moriré el primero

ejemplo dando a todos mis soldados.

Escalón.

Ya impacientes están, desesperados

de que tanto se tarde a la pelea.

Béjar.

¿Por qué esta suspensión es? Señor, ea,

manda que ya asaltemos.

Lorena.

Béjar, despacio.

Béjar.

¿En qué nos detenemos,

que ya el furor no puedo reprimillo?

Sello en la parte inferior: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 82

Béjar.

Pasemos estos perros a cuchillo.

Loren.

Aunque esa persuasión mi ánimo exalta,

aún falta más, señores.

Los dos.

¿Qué más falta?

Loren.

Ver, si alguna espía

me traen, por si acaso descubría

lo que en Buda pasaba

al enemigo, como si esperaba

pudiera el Gran Señor favorecerle.

Béjar.

Mas que venga el demonio a socorrerle.

Loren.

Béjar, ¿que eso digáis?

Béjar.

No importa nada,

que al diablo y todo el mundo, yo y mi espada.

Loren.

Llegará el lance, espere Vuecelencia.

Béjar.

Es que gasto, señor, poca paciencia.

Don Carrafa.

No quiero darlo a nadie aunque me pese,

solo lo he de llevar.

Loren.

¿Qué gente es esa?

Béjar.

Si yo no me he engañado,

Carrafa con un moro entra cargado.

Loren.

¿Qué decís? ¿se creerá de su talento?

Escalón.

No es lo mismo valor que entendimiento.

Sello del Ayuntamiento de Madrid en el margen inferior.

Pag. 83

Sale con el moro a cuestas

Béjar.

Basta a tal el ser noble.

Loren.

Sí, que tarde

aunque sea necio, el noble fue cobarde.

Carrafa, ¡gran placer me disteis!

Carraf.

Toma:

lleve el Diablo tu alma, y la de Mahoma.

Béjar.

¡Gran valor!

Escalón.

¡Grande brío!

Loren.

Ya aquí veo

el anhelo cumplido a mi deseo.

Los 2.

Ya tenemos quien dé fija noticia.

Carraf.

Otro Carrafa no hay en la milicia.

Lorena.

¿Y cómo fue el prenderle?

Aparte.

Carraf.

Entre las matas

encontré este morillo puesto a gatas:

vive Dios que el haberle aquí traído

fue porque le agarré estando dormido,

que a estar despierto, antes, y no hay duda

que por espía a mí me lleva a Buda.

Veloz le echo la mano,

pero así que el alano

Pag. 84

Carafa.

agarrarse sintió, se cayó al suelo,

entonces ¿qué hago yo?, cogí y carguélo

al hombro, en él trayéndote quien cuente

todo cuanto sucede entre su gente,

con lo cual verán estos caballeros

cómo en casos tan fieros

lucido salgo yo con tal espanto,

y si alguno se pica, haga otro tanto.

Béjar.

¡Fuisteis valiente!

Escalona.

Envidia me habéis dado.

Carafa.

Juro a Dios que a los dos los he afrentado:

¿mas el premio, señor?

Lorena.

Es deuda mía:

¿qué os contentará?

Carafa.

¿Qué? Una alferecía.

La afrentilla a los dos les dio desmayo:

preguntadle, y veréis qué papagayo.

Lorena.

Di, turco, ¿cuánta tropa hay en la plaza?

Mazamor.

Mu, mu, mu.

Lorena.

¿No respondes?

Béjar.

Buena traza

Pag. 85

Béjar.

de excusarse.

Carraf.

¿Qué mu? Habla, maldito.

Loren.

No aumentes tu delito.

Carraf.

Dejad, que él hablará; no haya cuestiones.

Loren.

Teme mi enojo, y dinos qué escuadrones

hay en Buda.

Mazam.

Mu, mu.

Carraf.

Será prudente,

y no querrá decir mal de su gente.

Béjar.

¿Qué es esto?

Cicalón.

Yo lo dudo.

Loren.

Si es tu intento

negar, confesarás en un tormento.

Mazam.

Mu, mu.

Carraf.

Ea, apartad de ahí, y veréis todos,

que solo yo le sé de hablar los modos:

¿en qué estado la gente en Buda está?

¿Va bien emborrachándose?

Mazam.

Ba, ba.

Carraf.

¿Veis cómo a mí me entiende?

Béjar.

He presumido,

si es que no lo ha fingido,

Pag. 86

Béjar.

¿que mudo debe ser?

Carraf.

Que ha de ser mudo.

Escalon.

Señor, bien dice.

Loren.

Al desengaño acudo:

mas ya salir de dudas nos previene,

pues la lengua cortada muestra tiene.

Béjar.

¿Cómo de hablar había?

Carrafa, no trae lengua vuestra espía.

Carraf.

¿Cómo que no?

Escalon.

Publícalo el confeso.

Carraf.

Calle, señor, que no puede ser eso.

Loren.

¿Cómo no?

Carraf.

Cómo no: ¿habéis mirado,

si es que en algún bolsillo la ha guardado?

Loren.

¿Qué habláis, si es mudo?

Carraf.

¿Es mudo?

Loren.

Sí: ¿pues que no toca

tu vista el desengaño?

Carraf.

A risa provoca.

Béjar.

Quedasteis bien, Carrafa, es valentía,

sin lengua haber traídonos la espía.

Carraf.

Pues digo, sois importuno,

y cuando va a prender usted a alguno,

Pag. 87

Carraf.

las quijadas le abre en tanta mengua

¿para ver si en la boca tiene lengua?

Béjar.

No hay que hacer, sois brioso.

En el margen derecho hay dibujados dos corazones. En su interior se lee "Eduardo ora" y "María ora".

Escalon.

Sois valiente.

Loren.

Es cierto.

Carraf.

Yo he quedado bellamente,

Béjar.

Ya que hiciera algo bueno me espantara.

Escalon.

Nunca menos, señor, de él se esperaba.

Loren.

De que tal nos suceda estoy corrido:

si así siempre salís, salís lucido;

mas pues a las locuras deste necio

solo el premio se dan con el desprecio,

dejémosle, y a ver a Luna vamos.

Béjar.

Vamos, señor, y no nos detengamos

a notar su ridícula jactancia.

Loren.

Para afrenta le basta su ignorancia.

Vanse los 3.

Carraf.

Si todas cuantas desdichas,

si todas cuantas desgracias

ha inventado la Fortuna

en mí estuvieran; hallaran

que soy epílogo y cifra

Sello en la parte inferior: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 88

Carraf

Carrafa.

de quien no se le da nada.

Ven aquí, maldito seas,

bigotes, barba de cabra,

dime, aleve, dime, fiera,

¿cómo esta afrenta me causas?

¿cómo a este baldón me expones?

alevosa, vil tirana,

cocodrilo, basilisco:

una y mil veces mal haya

el hombre que en la hermosura

quiso fundar su esperanza,

pues es mula en tirar coces,

y al mejor tiempo las casca.

¿Cómo no te llevó el Diablo?

Maramor.

Mu, mu.

Carrafa.

No me hables palabra,

no me obligues a que diga

que eres una deslenguada.

Maramor.

Mu, mu,

Dale.

Carrafa.

¿Qué mu? toma, toma.

Al paño.

Señor Eduardo.

Advierte, Carrafa,

que te busca.

Carrafa.

Voy a ver.

Pag. 89

Vanse.

Carrafa.

que me quiere, y pues mi rabia

has visto, sigue mis pasos

no des lugar a que vayan

también ya los puntapiés

donde fueron las puñadas.

¡Ay, inconvenientes! Cuando

será la hora en que aguarda

a traerme el autor.

Ven, maldita sea tu alma.

En el margen izquierdo, junto a una llave que abarca los primeros versos de la siguiente intervención, se lee una anotación de difícil lectura: "Al. [¿Alma?] de / María / Mujer."

María.

Aquí está Eduardo: ahora

veré mi intención lograda;

por si de Luna consigo

que desista de la instancia

amorosa, y que a mi vista

avive apagadas llamas:

en mi forma verdadera

me presento.

Eduardo.

¡Ay, Luna amada!

¡Ay, idolatrado dueño!

María.

Esta experiencia haga

por última, y sea mi ofensa

motivo de mi venganza.

Eduardo.

¡Ay, hermosura divina!

Pag. 90

María..

Parece que a solas habla.

Eduard..

Si creyeras que aun ausente

está la memoria esclava

de tu adoración,

aumentara a mi esperanza

dorando afable los yerros

de la Cadena que arrastra:

admite pues mis suspiros

recibe mis penas, y ansias:

María..

Ya las recibo.

Eduard..

Qué veo! es ilusión o fantasma?

María..

No te turbes, Eduardo?

Eduard..

Cómo no si sobresalta

al pecho tal novedad.

María..

Como aunque sea tan extraña

esta Maravilla, es

de amor Deidad Soberana:

María soy.

(confuso el pecho batalla:)

Eduard..

Pues cómo aquí

determinada llegaste?

María..

En tu busca, Eduardo, a causa

de que obligado mi pecho

Pag. 91

María.

de tu amor, con las pasadas

caricias, lograr pudiera

el fin de sus esperanzas,

siguiendo tu norte vengo:

buscando en tanta borrasca

benigno puerto; y pues solo

por ti vengo: --

En el margen derecho, en un recuadro: Carrata / ora

Eduard.

Tente, aguarda.

María.

¿A qué he de esperar?

Aparte.

Eduard.

Mejor

ha de ser desengañarla

aunque me culpe grosero,

pues con una ausencia larga

la distancia, y el olvido

truecan en hielo las llamas.

De la voluntad el niño

no consiente dos monarcas

sino uno solo.

María.

Nieve soy yo: ¿es verdad? cosa es clara.

Eduard.

No está mi atención ahora

para confesarlo, basta

decirte que no es ya tiempo

que una pasión en mí haga

contra la razón alarde.

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 92

Urania.

Pues en estas circunstancias

en mí el estado refrena

los errores que amor causa.

María.

¡Hecho el resto mi desdicha!

Eduardo.

Mas cumpliendo con mi fama,

mi honor, y mi obligación,

ya que en este puesto te hallas,

dispón, imagina, busca

para ser de mí amparada,

de mi hidalguía asistida

cuanto quieras, que mi espada

y mi vida a todo trance

se verán desempeñadas

en tu defensa.

Aparte.

María.

¡Traidor!

¿Eran esas tus palabras?

¡Adiós, perdidos suspiros!

¡Adiós, vanas esperanzas!

Eduardo.

Pues que no me permite

la precisión que me encargan

de escoltar a Luna, aguarde

más tiempo, adiós, y repara

que más agravio sería

a tu hermosura engañarla,

que el que puede fundar de

determinación tan clara.

Pag. 93

Vase.

Eduardo.

Ay, luna, que de tus luces

soy ardiente salamandra...

María.

¡Espera, falso, alevoso:

de hielo soy viva estatua!

¡que esto oiga, y no mi furor

en átomos le deshaga!

Carrasco.

Que fuera yo a hacer piquete

mi padrino quiere, vaya

él, que no quiero hacerle.

María.

Quien se mira despreciada

como yo, y rabiando en celos,

llega a estar, ¿en qué repara?

perezca a mi furia todo:

de caliginosas llamas

todo un infierno abreviado

dentro de mi pecho se halla.

Carrasco.

Mas ¿qué veo?

María.

Yo me abraso.

Carrasco.

Hija mía de mi alma.

María.

¿Qué miro?

Carrasco.

¿Ya llegó la hora?

María.

Esto solo me faltaba.

Carrasco.

Cuál habrás venido a pie

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 94

Garrafa.

pobrecita, y qué cansada

por esos caminos; eso

más tengo que deber, calla

que todas esas finezas

con un buen dote se pagan.

Staramberg detrás de la trasmutación puesto. Soldados por otra.

María.

Que este necio venga ahora

a apurar mi tolerancia.

Pero al dolor haga treguas

el castigo que le aguarda.

¿Garrafa? Bien es que finja.

Es verdad que yo...

Garrafa.

Bobaza,

¿qué dices?

María.

Si mi cariño...

Garrafa.

Cumplió el autor su palabra:

me quiere: ya se ve: y yo

no me hago de pencas, daca

una mano por principio.

María.

Advierte, señor... aparta.

Garrafa.

¿Qué he de advertir, ni apartar?

María.

El honor mío, Garrafa.

Garrafa.

Mira, el honor, al cohete

de varilla se compara:

cuatro cuartos cuesta, que

Pag. 95

Garraf.

son los míos verbigracia,

con los que le he de comprar

para casarme en sustancia;

y si no, ¿visteis un cohete?

De la mano se dispara,

y apenas empieza a arder

cuando con el trueno acaba;

pues lo mismo es el honor,

ahora en mi mano se halla:

soplo el ascua, pegó el fuego,

chispea, haciendo su llama,

sús, tun, adiós cuatro cuartos

que los he gastado en salvas;

y pues estamos de fiesta

no andemos en zangas mangas.

Aparte.

María.

Mira, señor...

Garraf.

¿Te resistes?

María.

Que antes...

Garraf.

No des voces, calla;

no lo huela mi padrino.

Dame un abrazo.

María.

Primero...

Garraf.

¿Para qué es eso? Ea, vaya,

si ha de ser

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 96

María.

¿Cómo?

Abra un peñasco en medio y ahora se abrirá, formándose de él un pabellón donde estará Estaramberg con un bufete y unos mapas, y se abraza Ayala con él mudándose el teatro en acampamento, y María se hunde.

✠ silvo

Carrafa.

Así, así.

¡Ay, hija mía de mi alma!

Tachadura ilegible

Estaramberg.

¿Qué es esto? ¿hola?

Carrafa.

Aprieta, aprieta

hermosura soberana.

Nota al margen derecho: Lucero, María y los cristianos, 2.ª y las moras

Estaramberg.

Apartad.

Carrafa.

¡Ay, ojos míos!

¡Qué belleza!

Estaramberg.

¡Ah de la guardia!

Palabra tachada antes de "Soldado"

Soldado 1º.

¿Qué es esto?

Carrafa.

¡Jesús mil veces!

Estaramberg.

¿Qué hacíais, Carrafa?

Carrafa.

Nada.

Estaramberg.

¿Nada? Y preso en vuestros brazos

¿ya con fatiga se ahogaba?

Pag. 97

Aparte.

Garrafa.

Es lo mucho que yo os quiero.

¡Así te dé mala sarna!

Soldado 1º.

¿Pues esto, señor, qué ha sido?

Staremberg.

Rendido al descanso, daba

treguas a la inexcusable

tarea de estos mapas

con que ingeniero el discurso

facilita la campaña,

cuando de repente advierto

recordando que me abraza

Garrafa con tanto brío

que creí era impensada

traición a matarme.

Soldado 1º.

¡Cómo

aquí entrar pudo me espanta!

Staremberg.

¿Qué decís, Garrafa, pues,

de este exceso? Decid.

Garrafa.

Nada.

Staremberg.

¡Hay tal delirio!

Garrafa.

Señores,

¿qué será lo que me pasa?

quien a inconvenientes pudo

Pag. 98

Garrafa.

en mi padrino trocarla?

Estar.

Venid, dejad a ese necio.

Margen derecho: ✝

Vanse Pelón y Selva.

Carraf.

Por cierto, buena empanada

hemos hecho; ya el padrino

lo sabe; el Autor me engaña;

la espía me sale muda;

Inconvenientes se escapa;

mi hermano de mí se burla;

y todos tonto me llaman:

pero al Autor, al padrino,

a la espía, a la taimada

de Inconvenientes, y a todos

si los cojo hará mi rabia,

que sepan soy hombre yo

que he de hacer... he de hacer... nada.

Vase, y salen Luna y todos los cristianos, y moras.

Tachado: Loren.

Desde aquel infausto día

para vos, y para mí

felice, pues adquirí

cuanto el bajá en vos perdía,

Pag. 99

Lorenzo.

no ha conseguido mi anhelo

alivio a vuestra tristeza:

no eclipse tanta belleza

de la ausencia el desconsuelo,

que el tiempo muda fortuna.

Luna.

¡Ay de mí! que esa esperanza

mi desdicha no la alcanza.

Lorenzo.

¿Cómo no?

Guarda.

Señor, a Luna,

que su tristeza deseche

todos pedimos.

Lucidor.

Y todos

a este fin, no hallamos modos

de aliviarla; y que aproveche

en vano cualquiera ha sido.

Béjar.

Extraordinario dolor.

Fátima.

No os espantéis, tiene amor,

y ausente su bien querido.

Luna.

Basta, necia.

Fátima.

¿No se puede

decir la verdad?

Luna.

No: calla.

Pag. 100

Loren.

Puesto, Milord, que en vos se halla

tanta gracia, que aun excede

del límite natural

María.

¿Qué es, señor, lo que queréis?

Loren.

Que de vuestra ciencia uséis

a fin de aliviar el mal

melancólico de Luna.

César.

Bien decís, señor.

María.

¡Qué he oído!

Loren.

Milord, haced lo que os pido.

Aparte.

María.

¡Ay, suerte más importuna,

que obsequios me hagan rendir

a quien de celos me mata!

A ella.

Lucidor.

Aún más sentirás, ingrata.

A él.

María.

¡Ay de mí, que esto es morir!

Loren.

¿Qué respondéis?

María.

Que lo haré.

Aparte.

Eduard.

¡Ay, Luna, que a tu luz ardo!

Aparte.

Luna.

¡Ay, adorado Eduardo!

Loren.

En ello gusto tendré.

María.

Desde que Eduardo el Combay

ha pronunciado aquí a Luna,

Pag. 101

Carraca dentro.

Música y las mujeres en sus puestos detrás del telón.

Voces, caja y clarín.

María.

Con cuanta suerte oportuna

de diversión hizo, hasta hoy

nada borrar ha podido

de su pena el ceño adusto.

Lorena.

Pues yo espero la de gusto,

lo que el Autor ha sabido

ejecutar.

Aparte.

Luna.

Ya, Señor,

por lo que tu Alteza intenta

en mi alivio, os doy atenta

las gracias: déjame, amor.

Lorena.

Autor, ¿en qué os detenéis?

Rey y Carlos.

Ya todos os esperamos.

Voces y Clarín.

Que deis principio aguardamos.

Aparte.

María.

¡Desdichas que esto queréis!

mas disimule tal mal,

hasta que llegue el estrago.

Advertid que lo que hago

es por arte natural,

porque como es el sentido

de la vista torpe tanto,

cualquier prodigio, o encanto

tiene por fingido:

Pag. 102

María.

la perspectiva el engaño

acredita, la óptica hable,

con cuyo ejemplo probable

me remito al desengaño.

Y si a la naturaleza

unir el arte consigo,

ejecuto lo que digo

con primor y con destreza.

Conviene esta prevención

para que no escrupulicen,

y mi poder fiscalicen

de poco fiel, atención

me dad, y tomad asientos,

que es la variedad que os fundo

las cuatro partes del Mundo.

Se van sentando.

Todos.

Ya estamos todos atentos.

Estarán.

Una cosa he reparado.

Eduardo.

¿Y es?

Estarán.

El no ver por aquí

a vuestro hermano.

Eduardo.

Es así:

también yo menos le he echado;

si hubiera quien le buscara...

Pag. 103

Tar.

¿Para qué?

Guard.

Porque viniera.

Taram.

Dejadle: ¡buena quimera!

mas que nunca acá llegara:

no os acordéis de él, bastantes

somos, sin modos groseros.

Cruz. Mutación de las 4 partes del mundo.

Carrafa.

¿He tardado, caballeros?

no he podido venir antes.

Tar.

Que haya este necio llegado.

Siéntase sobre él.

Carraf.

Nadie se levante: así

todo el mundo quieto; aquí

me hará mi padrino un lado.

Tar.

Vive Dios, que es desatino

una acción tan desmedida

Carraf.

no lo haré más por mi vida,

perdone usted, seo padrino.

Tar.

¿Sentaros sobre mí, loco,

no es muy grande atrevimiento?

Carraf.

Pues quien tiene tanto asiento

no podrá prestarme un poco.

Loren.

Preciso es disimularlo.

Béjar.

No vi rudeza mayor.

Pag. 104

Eduard.

¡Habrá ignorante peor!

En el margen superior derecho se lee: Música

Staram.

¡Vive el cielo que matarlo

debiera en lance tan fuerte!

Loren.

Ea, milor, ¿qué aguardáis?

María.

Porque vos me lo mandáis

obedezco desta suerte:

espíritus pues que impuros

animáis llamas ardientes,

y me asistís obedientes

en virtud de mis conjuros:

atended mi invocación

sin que nadie se resista,

y haced del mundo, a la vista

una representación.

+ Silbos.

Mutación de las cuatro partes del mundo, los dos primeros bastidores serán del Asia, donde se verán elefantes y sobre ellos cuatro ninfas pintadas a lo turco, los dos segundos del África, y sobre camellos cuatro ninfas moras, y los terceros bastidores del América, y sobre caimanes qu Texto cortado en el margen derecho, posiblemente "quatro"

Pag. 105

Dos ninfas a lo indio, y el foro com- pondrá la Europa que adornado de flores y otros adornos propios del país, (como en las demás partes del mundo han de ador- nar los bastidores) y en medio Europa en forma de ninfa sobre un toro como se pinta, y se dirá.

En la acotación, la palabra "tono" está tachada y se sobrescribe "toro"

Unos.

¡Quién tal extrañeza vio!

Otros.

¡Quién maravillas tan grandes!

Garraf.

Señores, esto es un Flandes:

válgame san que sé yo.

Criador.

Aunque pudiera coartarla

el poder, se lo permito,

por no apartarla el delito:

Yo también he de obsequiarla

a Luna, y pretendo hacer

todo este placer cumplido

porque a tal vista, el oído

llegue adulado a tener.

Magia.

Ya hay valido de mis artes

Pag. 106

Soldado 1º.

con artificioso modo

presente y distinto, todo

el orbe en sus cuatro partes.

Lucidor.

Pues también la ciencia mía

en la música se esmera,

como de esta manera

lo muestra su melodía,

dad vosotras el aliento

al aire, a quien prestaré

armonía para que

correspondáis a mi intento.

Música a 4.

A Luna divina

tributen los pechos

corteses finezas

amantes deseos.

Circe.

¡Ay! que es lo mismo

morir amando que vivir muriendo.

Las siguientes líneas están tachadas con un aspa y un círculo, y parcialmente cubiertas por un papel pegado. Parecen indicar una intervención de personaje o acotación, seguida de cuatro versos: Matado Lucidoro. El odio, amor y celos se han formado síncopa dolorosa del cuidado: siendo los celos ya con sus anhelos todo rabia, furor y desconsuelos:

Pag. 107

Matado Lucidoro.

el amor de sí mismo incendio activo

en donde compasivo

llora, suspira, y gime en tanta calma

quedar sin vida, sin aliento, y alma:

Lúgubre el odio, con rencor violento

todo es ira, furor, y sentimiento:

¡Ay que de estos afectos ya se infiere

cómo el pecho estará de aquel que quiere,

con lamento funesto,

mas no desmaye el brío, presto, presto

publique en el dolor que el pecho encierra

contra tales afectos guerra, guerra,

causando el trueno en su fatal desmayo

el estrépito susto, asombro el rayo,

y el triunfo se dedique por ejemplo

en las supremas aras de tu templo.

Hoy tu hermosura es causa

de tres afectos,

y hacen aprecio todos

de tus desprecios.

A 3.

¡Ay! que es lo mismo

Pag. 108

Todos.

morir amando que vivir muriendo.

Cajas 3ª.

Música.

A tu Deidad consagran

votivo incendio:

no te cieguen los humos

de sus inciensos.

no

A 4.

¡Ay!, que es lo mismo, etcétera.

2ª.

Música.

Ante tu altar rendidos

hacen sus yerros

que los dore Cupido

como diciendo

¡Ay!, que es lo mismo

morir amando

que vivir muriendo.

A 2.

¡Ay!, que es lo mismo, etcétera.

Tocar.

Dentro Voces.

¡Arma, arma, guerra, guerra!

Lorena.

Suspended, parad, ¿qué es esto?

Dentro Voces.

¡Fuego, fuego!

Carafa.

¡Agua, agua!

Estarhemberg.

Otra confusión.

Un Soldado.

¿Qué han hecho

los bárbaros, de la plaza

Carafa: Yo también quiero dar / por lo leal o por ley fiel ha... Castilla toda me lo dice / siendo mi deseo a complacer / y para que la alegría sea / de llena cumpla se ea / alcance, logre, disponga...

Pag. 109

Un Soldado.

una salida a los nuestros.

Vanse.

Am.

Seguidme, y acudan unos

a apaciguar el incendio,

y otros conmigo al rechazo.

Ma.

¡Ay de mi infeliz!

Guard.

Mi pecho

tu vida en salvo pondrá.

Voces.

Guerra, guerra.

Voces.

Fuego, fuego.

Guard.

Sígueme.

Vanse.

Ma.

Ya voy tras ti.

Ism. y Fat.

Nosotras vamos huyendo.

Vase.

Zaraf.

Y yo a la Caballeriza.

Mador.

¡Ah tirana!

Zaria.

¡Ah aleve! ¡ah fiero!

¿tú a Luna rendir finezas?

Mador.

¿tú acordarte de otro dueño?

¡qué ira!

Zaria.

¡Qué rabia!

Mad.

¡Qué furia!

Dentro.

Arma, arma, fuego, fuego.

Pag. 110

María.

Esto mi ardid lo dispuso.

Lucidor.

No me ha pesado a mí de ello.

María.

Porque veas...

Lucidor.

Porque entiendas...

En el margen derecho: ✝ Salen con

María.

Mi cólera...

Lucidor.

Mi despecho...

María.

Sabe venganza tomar...

Lucidor.

Sabe labrar escarmientos...

María.

De quien en mi ofensa dice

Lucidor.

De quien causa diga el viento.

Con voces de arma y fuego alternan con la música.

Todos.

A Luna Divina

tributen los pechos

corteses finezas

amantes deseos.

Arma, arma, guerra, guerra.

¡Ay!, que es lo mismo

morir amando que vivir muriendo.

(✝ / Mus)

Finis.

Pag. 111

Am.

Eso mismo lo dispuso.

Lucidor.

No me ha pesado a mí.

Ur.

Porque veas...

Lucidor.

Porque entiendas...

Ur.

mi cólera...

Lucidor.

mi despecho...

Ur.

sabe venganza tomar.

Lucidor.

sabe labrar escarmiento.

Mus.

De quien en mi ofensa dice,

y de quien causa dio al cielo,

con voces de ansia y fuego

suenen en las minas.

Cierran puertas los moros, y dentro dicen:

Todos.

¡Ay, que se hunde el monte!

Pag. 112

Leg. 35 t 10

La toma de Buda por el Duque de Lorena

N.º 3.º

Tea 1-68-10, C

Para la censura

Apto 2.º

Ayuntamiento de Madrid

Jornada tercera

Pag. 113

+ Selva

Mutación de Selva y Bajá, Serenguer, a oscuras.

Serenguer.

¿Qué a tan notable peligro

tu osadía se atreviere?

Bajá.

Así bien disimulado aquí

basta solo a defenderme

de todos, y pues que la noche

cubierta de lobregueces,

infundiendo sueño a todos

nos ampare, no hay que temer.

Serenguer.

Siempre obedecer me toca,

mas, señor, lo que te mueve,

¿no me dirás?

Bajá.

Aunque el tiempo

no me lo permite, atiende.

Por huir la turbación

que el asedio nos previene,

al Consejero previne

que el

Pag. 114

Página en blanco

Pag. 115

Tercera Jornada

Selva

Mutación de selva y salen el Bajá, Serasquier, Mazamorra y algunos moros.

Serasquier.

¡Que a tan notable peligro

tu osadía se expusiese!

Bajá.

Mi brío, Serasquier, aquí

basta solo a defenderme

de todo, y pues que la noche

cubierta de lobregueces,

infundiendo sueño a todos

nos ampara, no hay que espere

Serasquier.

Siempre obedecer me toca:

mas, señor, lo que te mueve

¿no me dirás?

Bajá.

Aunque el tiempo

no me lo permite, atiende.

Por huir la turbación

que el asedio nos previene

del contrario, hice que a Luna

Pag. 116

Bajá.

antes que en un lazo breve

de casto amor Himeneo

nuestras dos vidas uniese,

de la nobleza asistida

que fuese a Belgrado fuerte,

adonde más resguardada

estar su hermosura puede;

aprestado ya el convoy,

mandé navegando fuesen

el Danubio, pero apenas

de su rápida corriente

doman la espalda, el Cristiano

apresó (¡oh hados aleves!)

todo el convoy, sin que alguno

la libertad consiguiese:

prisionera Luna, envié

por su rescate a ofrecerle

cuanta perla cuaja el Alba,

cuanta piedra el Zeilán tiene:

nada aprecia, pero yo

que soy mariposa ardiente

Pag. 117

Música 2ª y el Coro 1º y 2º

Bajá.

de los rayos de sus ojos,

quise osado resolverme

a robarla esta noche:

Para este fin estas huestes

hice me siguieran, porque

en el ínterin que lleve

mi valor a Luna, hagan

abrasando los cuarteles,

que con este sobresalto

la fuga franca nos dejen.

Serasq.

En todo extremo soy tuyo:

intenta lo que quisieres.

Bajá.

No dices tú que hacia aquí

Luna el hospedaje tiene?

Mazam.

Sí, Señor; cuando traer

me espera, e intentó ofenderme,

ver a Luna en esta tienda.

Bajá.

Pues, ¿qué más dicha dar puede

la fortuna? Ea, soldados,

seguidme, no desaliente

vuestro brío.

Pag. 118

Todos.

A ellos.

Bajá.

Silencio,

y a la menor voz que suene

poned a las tiendas fuego.

Serasquier.

Así se hará.

Bajá.

Pues yo en este

paraje, Serasquier, quedo;

ve tú, y reparte la gente

en los puestos, y veloz

volverás a ocupar este.

Vanse.

Serasquier.

Así lo haré, venid todos.

Entra y sale

Bajá.

Amor, piadoso te duele

de quien amante, y esposo

tantos pesares padece...

A la puerta de la tienda

he llegado, y a la breve

luz que se permite, veo

si el deseo no me miente

asistida salir luna

de otras damas, ¿qué ser puede

a estas horas? ¡Alma, albricias!

que a tu bien tienes presente;

pero apartarme recatado

Pag. 119

Ora.

bien mi ocasión espere... Esconderé

Salen Luna, Fátima, y Zulema cantando

Música.

En procelosa borrasca

triste corazón te miras

nave de impulsos violentos

naufragante y combatida.

Luna.

¡Ay Eduardo!

Fátim.

Señora

¿cómo estás?

Luna.

Vuestra armonía

a que en mi mal no vacile

una, y otra vez me obliga

suspendiendo su concento

a mi pasión homicida.

Fátima.

Antídoto siempre ha sido

del pesar, y también cifra

del placer.

Zulem.

Aunque ya es tarde,

si la música te alivia

proseguiremos.

Fátim.

Sí, que

el campo en tanta fatiga

Sello: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 120

Fátima.

no ignora te divertimos

ya de noche, y ya de día.

Luna.

Yace en reposo, y podrá

serle embarazo, a sumisa

voz cantad.

Fátima.

Así lo haremos.

Príncipe Bajá.

Cómo no pides albricias,

corazón, de ver logrado

tener tu dueño a la vista.

(Reclínase sobre un peñasco)

Luna.

Cantad, que parece el sueño

al descanso me convida...

y pues bien tan no esperado

me promete mi desdicha

en la imagen de la muerte,

bien es que la pena mía

aproveche en el morir

cuanto en vivir desperdicia.

Príncipe Bajá.

Hazme venturoso, amor.

Fátima.

Si duermes, con la armonía

te dejaremos, sosiegues.

Luna.

Bien podéis.

Fátima.

Pues siga.

Zulema.

Siga.

Pag. 121

Canta.

Fátima.

El despeñado arroyuelo,

si con las perlas que salpica

al clavel desnuda de hojas,

viste la rosa de espinas.

Canta.

Zulema.

El ave que con gorjeos

compite consigo misma,

yo de sí misma emulación

no tener envidia, envidia.

Fátima.

Tal lento murmullo,

Zulema.

y al aire que gira,

Fátima.

culebra del prado,

Zulema.

garzota del día,

Las dos.

publica su amor y su pena publica.

Vanse.

Parece que estos / vanos ; misteriosa aventura / la suspensión del sentido.

Bajá.

Pues quedó sola, fortuna

no dilates más los plazos

a tal dicha, y sean mis brazos

firmes Atlantes de Luna.

Perdona si osado llego

a tal determinación.

Cógela en sus brazos.

Voces, y los cristianos acuchillando los moros, pasan de un lado a otro.

Luna.

¿Qué es esto? ¡Ay de mí! ¡Traición!

Bajá.

No des voces.

Dentro.

Voces.

¡Fuego, fuego!

Pag. 122

Bajá.

Ya el serasquier ha cumplido

lo que le mandé.

Desmáyase.

Luna.

Asustado

el corazón, desmayado

fallece...

Éntrase.

Bajá.

Ya conseguido

mi designio, no es cordura

detenerme, y más si advierto,

que yace en desmayo yerto

el cielo de su hermosura.

A tanta empresa me entrego,

Júpiter, en mi pasión;

váleme fuga...

Dentro unos.

Traición.

Dentro otros.

Arma, arma.

Dentro unos.

Fuego, fuego.

Señor Eduardo.

Cielos, de tanto alboroto

cuál la causa ser podrá?

mas presumo que será

el enemigo, pues noto,

que su alevoso trofeo

solo en tal traición consiste:

Ya mi alojamiento advierto

Pag. 123

Sale el Bajá con Luna

Señor Eduardo.

Soldados; pero aquí veo

un bulto se va acercando.

Bajá.

Dicha he tenido oportuna:

este es Serasquier: a Luna

lleva Serasquier volando

a salvo, que al contrarresto

quedo, y recoger la gente

porque huyas más libremente,

no te detengas.

Eduardo.

¿Qué es esto?

Entrase.

Bajá.

Soldados a recoger:

seguid mi voz...

Eduardo.

¡Ah, traidor!

tú probarás mi rigor

a no hacerme suspender

perder estos rayos bellos.

Lorena por izquierda los cristianos después de la batalla ora

Salen retirándose los moros de los cristianos, retirándose Eduardo a la punta

aquí batalla

Moros.

Zarra, zarra.

Todos.

Guerra, guerra.

Béjar.

Muera esta canalla perra.

Pag. 124

Staram.

¡A ellos, soldados!

Entranse.

Todos.

¡A ellos!

Eduardo.

Que con tales embarazos

preso mi valor aquí

se llegue a ver.

Luna.

¡Ay de mí!

¿Adónde estoy?

Eduardo.

En mis brazos:

dichoso quien del funesto

eclipse libre te ve:

¿Qué ha sido esto?

Luna.

Yo no sé.

Duque de Lorena.

Acudió tras de mí presto:

¿Quién esto causa, señora?

Luna.

Decir más, señor, no puedo

por la turbación, no es nuevo

que alguna ambición traidora

dé de serlo testimonios,

intentándonos robar,

y todo el Campo abrasar.

Salen todos los Cristianos que entraron a los moros.

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 125

8

V a

Velere dra

un sold.o dra

Carafa dra

Béjar.

Ya huyeron con mil demonios.

Cicalon.

Ya llorarán su castigo.

Estarem.

Ninguno en el campo queda.

Loren.

¿Soldados, que esto ser pueda

no decís?

Estar.

Que el enemigo

de las sombras amparado

ha querido sorprendernos

dados al sueño, y vencernos:

Eduardo.

Y su intento haber robado

a Luna, pues me la dio,

creyendo que la entregaba

a alguno que le aguardaba

de los suyos.

Loren.

¿Quién creyó

tanto arrojo?

Aparte.

Luna.

Si el deseo

engañándome no está,

en la voz era el Bajá,

él será: mas no lo creo.

Béjar.

¡Este triunfo, vive Dios!

que a nosotros se nos debe.

Estar.

No hay quien lo contrario pruebe

Pag. 126

Vase.

Estar.

pues lo alcanzasteis los dos.

Lorena.

Vuestros briosos extremos

acreditáis con valor.

Béjar.

Los españoles, señor,

esto es lo menor que hacemos.

Primer soldado.

Ya el incendio se apagó.

Segundo soldado.

Ya el campo está sosegado.

Lorena.

Premiaré vuestro cuidado.

Don Carrafa.

A ellos, que detrás voy yo:

mueran estos morillos.

Lorena.

¡Hola!, mirad qué es aquello.

Vase.

Soldado.

Bien está.

Don Carrafa.

Toca a degüello,

trompeta, hincha esos carrillos.

Eduardo.

Ya dio informes no siniestros,

quien es en modos prolijos.

Lorena.

¿Quién es?

Eduardo.

Mi hermano.

Sale Carrafa en camisa y calzoncillos, con espada en mano, muy precipitado.

Carrafa.

Ea, hijos,

que esta noche el día es nuestro.

Pag. 127

Garam.

¡Ay necedad semejante!

Embiste al Padrino.

Carraf.

¡A perros! ¿es este? muera...

Garam.

Detente, Carrafa, espera.

A Eduardo.

Carraf.

Nadie se ponga delante:

¡Santiago, y a ellos!

Eduardo.

Calla.

A Lorena.

Carraf.

San Martín, mueran...

Loren.

Muy bien.

A Béjar.

Carraf.

San Jorge aquí asiste...

Béjar.

¿A quién?

Vanse.

Carraf.

¡Guerra, guerra, a la batalla!

Loren.

Porque a San Dionís, porque

a San , no invocáis,

¿o a otros así no nombráis?

Carraf.

Porque esa es gente de a pie,

y gran diferencia hallo

en Santiago, San Martín,

y San Jorge, porque al fin

esta es gente de a caballo,

conque es fuerza, ya se ve

que en este riesgo que corro

de a caballo halle socorro.

Pag. 128

Carraf.

más pronto que no el de a pie.

Vase el Rey.

Estar.

Basta, si huyó

el contrario, ¿qué os inquieta?

Carras.

El que quiera este poeta,

que haga disparates yo.

Béjar.

Puesto, señor, que notamos

del turco la alevosía

con traiciones cada día,

¿qué hacemos que no asaltamos

cuanto antes a Buda?

Escalon.

Ya

el no hacerlo fuera error.

Estaram.

Me parece que es mejor

lo que dicen.

Lorena.

Ya se hará,

pero antes una embajada

con pliego quiero enviar,

mas ¿quién la de ir a llevar?

Béjar.

Este brazo y esta espada.

Escalon.

Yo, señor.

Loren.

Empeño fuerte.

Estar.

A mí me toca.

Pag. 129

En el margen superior derecho aparece escrito: 1.ª Ord 10

Loren.

Es cansaros:

vamos, que por no agraviaros

irá al que toque la suerte,

y puesto que ya la aurora

al día viene trayendo,

a Luna iréis asistiendo.

Eduardo.

A Dios, señora.

Luna.

El cielo os guarde.

Eduar.

De mí

creed que os sirvo, y os obligo.

Loren.

Venid vosotros conmigo.

Vanse

Los tres.

Ya, señor, vamos tras ti.

Luna.

Venid, pues ya el día avisa

con su luz que viene.

Carras.

Voy

yo a serviros, aunque estoy

en mangas de mi camisa

defendiéndoos como un rayo.

Luna.

En vano es con ese traje.

Carras.

Yo iré delante de paje

y mi hermano de lacayo.

Luna.

Suspended esa locura

Sello en el margen inferior: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 130

Carraf.

¿Qué os da el verme así, bochorno?

pues mirad que sin adorno

se han de ver las hermosuras.

Luna.

Excusad ese trabajo.

Eduardo.

De que en modos tan ajenos

servirás así.

Carraf.

A lo menos

os serviré de espantajo.

Luna.

Idos a vestir.

Eduard.

Corriendo,

no te resfríes.

Luna.

A Dios:

vamos, Eduardo.

Eduard.

De vos

ya voy las luces siguiendo.

Carraf.

Ya se han ido, y me he quedado

tan fresco como yo mismo.

Al paño.

María.

Ya de aquel celoso abismo

a Lucidoro he sacado:

ya de mi amor persuadido

mi verdad llega a creer,

y ya llego a conocer

Pag. 131

B.ª Ora

Capa solapada a romper el nombre

María.

todo lo llevo perdido

en no conservar en él

solo mi amor, y olvidar

el de Eduardo, a pesar

de martirio tan cruel:

Ya admite en tantos enojos

el desengaño mi pecho.

Carraf.

No me puede hacer provecho

este frío.

María.

¡Qué ven mis ojos!

Carrafa, y en tan risible

traje a la vista se informa!

tomando a Estaamberg la forma:

Carraf.

¡Qué frío cae tan terrible!

María.

Mi astucia le ha de engañar,

y hacer parta a Buda luego

con una embajada, y pliego,

pues aunque llegue a extrañar

colérico el turco osado

su locura, y quiera cruel

tomar venganza, hace que él

quede sumamente preocupado.

Pag. 132

Tocan.

Vase.

María.

cuando su desasosiego

provoque, pues su inquietud

de mi poder en virtud

contendrá hasta ver el pliego;

y al leerle, un leve castigo

por más afrenta y desprecio

mandé hacer en este necio:

así asustarle consigo,

que yo... Mas vamos, cautelas,

que ahora el caso lo dirá...

Carras.

Ya han rompido el nombre y ya

recogen las centinelas;

irme a vestir determino,

que ya hay mucha claridad.

Estaram.

Adonde vais, aguardad.

Carras.

¿Qué manda usted, seor padrino?

Estar.

Daros felices noticias.

Carras.

Decidlas, pues.

Estar.

No hay que hablar

hasta que lleguéis a dar...

Carras.

¿El qué he de dar?

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 133

2.º Serasq.r y Moros / otra / Maramo nap. otra / Carlota / otra / con carta

Estar.

las albricias.

Carraf.

¿Dar yo?

Estar.

Es precisa costumbre

de noble dar.

Carraf.

Tal no haré:

por no dar yo, no daré

aunque sea una pesadumbre:

mas excusando porfiar

que amanecido ya hacéis

os daré...

Estar.

¿Qué me daréis?

Carraf.

Os daré los buenos días.

Estar.

Vuestro valor ha elegido...

Carraf.

¡Oh, es grande! en eso no hay duda.

Estar.

Para que partáis a Buda

el de Lorena, advertido.

Carraf.

¿Yo? ¿Por qué? ay, que no es nada.

Estar.

Porque evita la porfía

así en los otros, y fía

de vos esta embajada:

tomad el pliego que ha dado

para el Bajá, no os asombre

Pag. 134

Estar.

que es honor.

Carrafa.

¿Qué dice, hombre,

está usted endemoniado?

Yo no voy a eso, no.

Estar.

¿Cómo no, cuando os avisa

de noble la ley precisa?

Carrafa.

¿Y por fuerza he de ser yo?

¿No hay otros mil que más presto

la orden hubieran cumplido?

Estar.

Vos fuisteis el escogido:

por más noble, más dispuesto.

Entre tantos alemanes

lográis, Carrafa, el favor.

Carrafa.

¿Conque yo soy el mejor

de todos los animales?

Aparte.

Vase.

Estar.

No tenéis que discurrir,

id pues, y estad avisado

de que es la ley de soldado

obedecer o morir.

Ya fingiéndome Estramber

logré a este necio engañar,

y lo que ha de resultar

el tiempo dará a ver.

Pag. 135

Vase.

Carraf.

¡Hemos quedado muy buenos!

Vamos al lance fatal,

que no hemos de quedar mal

por cien palos más o menos...

Salen Bajá, Serasquier y moros.

Bajá.

¡Rabio de pena! ¿Cómo me dejaste

aleve, y te apartaste

del puesto señalado?

Pues ese fue el motivo que engañado

a Luna entregué a otro.

Serasquier.

Con presteza

obedecí, señor, a vuestra alteza,

repartiendo la gente,

pero al llegar valiente

al puesto, a nadie vi.

Bajá.

¡Yo desespero!

¡Que no muriera yo, cielos, primero

que entregar animoso

mi amado dueño al vil, al cauteloso,

que en sus brazos consigue la fortuna

de ser alcázar breve a tanta luna!

Serasquier.

Señor, esta ocasión se ha malogrado

Pag. 136

Serasg.

quizá en otra dará propicio el hado

cumplido el gozo.

Bajá.

¡Ay, que una por una

perdida la ocasión de la fortuna,

o tarde o nunca su favor concede!

Serasg.

Con el tiempo, señor, dárnosle puede.

Bajá.

¡Ay de mí, que al consuelo no hallo medio!

Serasg.

Témplate.

Bajá.

En vano es buscar remedio,

pues en tanto pesar, en mal tan fuerte,

menos dolor me fuera el de la muerte.

Sale Maram.

Maram.

Un embajador cristiano de los reales

del campo que tener los imperiales,

tu licencia pedir, y querer verte.

Bajá.

¡Qué embajada será!

Serasg.

Vendrá a ofrecerte...

Bajá.

¡Si fuera, ansia amorosa,

admitir el rescate de mi esposa!

Serasg.

Partido, y que la plaza se le entregue.

Maram.

¿Qué responder, señor?

Bajá.

Dile que llegue:

felice

Pag. 137

Sale Carrafa muy bien vestido aunque todo mal puesto.

Carrafa.

Alabado sea Dios: Ave María.

Aparte.

Bajá.

Qué impulso siento en mí tan desusado,

que ni bien en acuerdo, ni turbado

desde que a este hombre vi, quedó el sentido.

Carrafa.

Parece que esta gente se ha aturdido:

miedo será; me temen con efecto:

¡Lo que hace una presencia de respecto!

¿Quién es aquí el Bajá?

Bajá.

Ya está presente.

Carrafa.

Pues orejas me dad atentamente.

Bajá.

¿Quién sois que me causáis dudas mayores?

Carrafa.

El Maestro mayor de embajadores.

Bajá.

¡Qué escucho!

Serasquier.

¡Qué sujeto será este!

Bajá.

Que asiento no os apreste,

suplid, embajador, pues no le tengo

tampoco yo.

Carrafa.

No importa, me convengo,

porque en mi discreción y desenfado

Pag. 138

Carrafa.

tan bien hablo de pie como sentado.

Bajá.

¿Cómo tan solo?

Carras.

Yo no gasto socio.

Pues, señor mío, al alma del negocio:

recibid de creencia este pliego.

Bajá.

No es necesario, cuando a veros llego,

creer más que esa presencia generosa,

emulación de Marte.

Carras.

Es mucha cosa.

Bajá.

Decid de la embajada el fundamento.

Carras.

Pues, señor, como digo de mi cuento,

el grandísimo Duque de Lorena

dice que andáis buscándole una y buena,

y así por Buda a mi persona envía,

porque ha sido muy grande picardía

hacerle tanto tiempo resistencia;

y no debéis hacer eso en conciencia,

que os llevará el Demonio en tales modos,

lo mismo que si moros fuerais todos.

Y hará en entrando en Buda su fiereza,

que títere no quede con cabeza.

Respóndame usted presto,

Pag. 139

Carraf.

en cuatro palabritas, porque en esto

satisfaga el honor que en mí se empeña:

o sí, o no, como Cristo nos enseña.

Bajá.

¿Sois loco?

Carraf.

¿Cómo loco? ¿Yo vendría

si no supiera bien lo que me hacía?

Tened más atenciones:

¿vos sabéis quién soy yo, ni mis blasones?

Bajá.

No lo sé, pero ya se conjetura,

y agradeced responda con cordura:

llegue a asaltar a Buda, ¡qué escarmiento

logrará del infame tratamiento,

que oprimida padece Luna hermosa!

Carraf.

¿Quién es Luna? ¿La mora?

Bajá.

Sí, mi esposa.

Seraig. y Alí y los moros preparan la batalla: con Béjar, Escalona y cristianos.

Carraf.

¿Mal tratamiento?

Bajá.

Sí, rabio de ira.

Carraf.

Como usted es cristiano, que es mentira.

Bajá.

Qué insensato es, su trato no lo niega,

veamos su locura adonde llega.

Seraig.

Nuevas dudas aumento.

Carraf.

Pues, señor, como digo de mi cuento:

Bajá.

Y si capitular decid qué intenta.

Pag. 140

Bajá.

lo otorgaréis?

Carraf.

Conforme tenga cuenta.

Bajá.

Queréis algunos pedir.

Carraf.

Vamos tratando,

pero no hemos de andar regateando.

Serasq.

Que esto sufras! desprecia esta embajada.

Carraf.

Y a qué mete usted aquí su cucharada.

Serasq.

A advertir las locuras que maquinas.

Carraf.

Él hablará en meando las gallinas.

Bajá.

De ver cosa tan rara

absorto estoy; veremos en qué para.

A caballo saldrá mi real persona

con cuatro mil caballos que escuadrona

en toda esta ciudad.

Carraf.

Es eso mucho?

cuatro mil? no señor.

Bajá.

Qué tal escucho!

Carraf.

Por más conforme hallo

el que llevéis doscientos a caballo.

Bajá.

A cólera me obliga tal capricho.

Carraf.

Pues señor, ya no hay nada de lo dicho,

que yo me volveré por donde vine.

Bajá.

Idos pues: yo no sé lo que imagine

de tan extraño modo.

Pag. 141

Carraf.

Hasta la vista,

que mañana se trepa, aunque resista

Mahoma, y a bocados os comemos.

Serasq.

Eso ya lo veremos.

Se queda.

Carraf.

Lo veremos.

Bajá.

¡Qué tal desaire a mi persona se haga,

sin que tanto desprecio satisfaga!

Serasq.

Afrentarte ha querido el de Lorena

con tal embajador.

Bajá.

¡Rabio de pena!

Quién vio en carácter tal, tales talentos.

Carraf.

Pich, ¿hacemos algo en los doscientos?

Empuña.

Bajá.

Sin duda a provocar venís mi fuego.

pues así:

Carraf.

Aspacito que ese pliego

que antes os di, es carta de creencia

para que me tratéis con excelencia.

Bajá.

Quiero leerte pues.

Carraf.

Veréis si abona

el trato que se debe a mi persona.

Lee el Bajá.

Bajá.

Señor, el que lleva este es un grande

embustero, luego que llegue, rogamos

a Vuestra Alteza le mande poner en

Pag. 142

Bajá.

un palo para escarmiento de ignorantes

y premio de su locura.

Carraf.

¿Qué decís?

Bajá.

Lo que dice.

Serasquier.

Acción extraña.

Carraf.

No, señor, no, señor, usted me engaña.

Bajá.

Ea, quitad, osado, necio, loco,

que si no me tuviera yo en tan poco

fuerais de mi furor por escarmiento

hecho menudos átomos del viento;

echad de ahí ese hombre, maniatadle,

y hasta salir de Buda acompañadle.

Sígueme, Serasquier.

Serasquier.

Ya yo te sigo.

Van.

Bajá.

El fuego del infierno va conmigo.

Unos.

Vaya el perro de ahí.

Mazam.

Parta de ahí, parta.

Carraf.

¡Para tanto favor era la carta!

Este su empeño era.

Mazam.

Noramala tené, andar afuera.

Carraf.

No así me maltratéis, perros traidores.

Mazam.

Al maestro cercar de majaderos.

Pag. 143

Carraf.

La culpa tengo yo de tal desatino,

tú me las pagarás, infiel padrino.

Vanse.

Después de las voces, salen retirándose algunos moros de Béjar, y Escalona, hasta que por detrás los embisten otros moros, y cercándolos, quedan los dos espalda con espalda hasta caer juntos. Y Serasquier.

Don Christ.

Arma, que los batidores

dieron con el enemigo.

Moros.

¡Viva Turquía!

Christ.

Arma, arma.

Señor Alí.

Finjamos que los huimos,

que así se logra mejor

el cortarlos.

Béjar.

Ea, invicto

Escalona, a ellos.

Escalón.

A ellos.

Alí.

Ahora salid, amigos...

Salen los otros moros y los cercan por detrás.

Escalón.

Que estamos cortados, Béjar.

Béjar.

Para ahora son los bríos.

Moros.

Mueran.

Los dos.

Primero vosotros.

Don Estar.

Que corren los dos peligro:

Pag. 144

Duque Estaramber.

Socorredlos.

Dentro.

Duque Charles.

Guerra, avanza.

Escalona.

A tal me aliento.

Béjar.

Mal respiro.

Escalona.

Moriré matando perros.

Béjar.

Eso sí, que yo te asisto.

Cae.

Escalona.

¡Ay de mí!

Moros.

Ya cayó el uno.

Serasquier.

Con el otro haced lo mismo.

Cae.

Béjar.

Sagrados cielos, valedme.

Dentro.

Duque Estaramber.

Acudió hacia este sitio.

Alí.

Puesto que con la encelada

ninguno dejamos vivo

de quien nos siguió, soldados,

a Buda, que el enemigo

alcance nos viene dando.

Dentro.

Duque de Lorena.

Que están en grande conflicto

Béjar y Escalona.

Dentro.

Duque Estaramber.

Avanza.

Alí.

Seguidme.

Vanse.

Moros.

Ya te seguimos.

Salen Estaramber, Lorena, María, Lucidoro y soldados.

Pag. 145

Lorena.

Llegad conmigo, mas, ¡cielos!,

¡qué tragedia es la que miro!

¡Qué tardo mi amparo os fue!

¡Qué perezoso mi brío!

¡Oh, quién a tiempo llegara

a libraros del peligro!

Staram.

¡Qué desgracia!

María.

¡Qué dolor!

Lucidor.

Cadáveres son ya fríos.

Lorena.

Si dueño del orbe fuera,

y dable vida infundirlos

porque vivieran, el orbe

diera entero el dolor mío.

Staram.

Murieron, pero dejando

de alarbe púrpura tinto

con su valor todo el campo

en tantos moros vencidos.

Lorena.

¡Ah, españoles generosos!

¡Ah, campeones invictos!

Llore el mundo vuestra muerte.

Lucidor.

¡Desdicha fatal ha sido!

María.

Valerosamente osados

a alcanzar al enemigo

Pag. 146

(Caja sorda.)

María.

que fingió huir, se empeñaron,

y de encelada advertimos

salir algunos infantes

que los cercaron.

(Llévanlos.)

Loren.

¡Impíos

lances! pero pues no tienen

más remedio que sentirlos:

retiradlos de mi vista,

y con pompa conducidos,

a sus cadáveres se hagan

los militares debidos

funerales que a mi propio,

haciendo en lamento digno

a sus exequias el grave

melancólico ejercicio

del enlutado tambor,

del clarín ensordecido;

porque al compás del lamento

contrapunto hagan unidos

el gemido del clarín,

y de la caja el suspiro.

Estar.

Así se hará.

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 147

Lucidor.

¿De qué triste,

mi bien, estás?

María.

De haber visto

tan lamentable tragedia.

Lorenzo.

¡En vano el dolor reprimo!

María.

¿No pudiste embarazar

el que...?

Lucidor.

No más, ya he entendido,

murieran, ¿no es eso? No:

que no basta el poder mío

a truncar destinos, y este

fue su infalible destino.

Lorenzo.

Mucho lo siento, Estramber.

Don Carrafa.

¿Dónde anda usted, señor padrino?

¿No habrá un diablo que dél diga?

Lucidor.

Carrafa es este que vino.

María.

¿Qué es lo que queréis?

Carrafa.

Buscando...

mas ya le he encontrado. ¿Amigo,

no hay más que a un hombre de bien

engañar con papelitos

y embajada?

Estramber.

¿Qué decís?

Pag. 148

Carrafa.

Pues si no fuera...

María.

¿Delirios 2

nuevos traéis?

Carrafa.

Si no mirara...

Lucidor.

¿A su Alteza no habéis visto?

Lorena.

¿Por qué tanto enojo fue?

Carrafa.

Por haberme remitido

por Embajador a Buda

con engaños mi padrino.

Staram.

¿Carrafa, estáis delirando?

¿Qué decís? No os he entendido.

Carrafa.

¿No os he entendido? Sí, sí,

que a no ser porque el morillo

era un alma de Dios, creo

de Buda no salgo vivo.

Lorena.

¿A qué fue a Buda, si aún no

quedó el caso decidido

de quién llevara el mensaje?

(a Lorena)

María.

Yo con mañoso artificio

hice que fuera porque

de su ignorancia el capricho

castigasen, señor. Calla.

Ayuntamiento de Madrid

Pag. 149

Star.

Señor, ved qué desatinos

son de su locura.

El Bajá Seraig. y los demás moros prevenidos dentro.

Carraf.

Vaya,

que eso no lo hiciera un niño.

Loren.

Basta.

Star.

Al Duque agradeced

el que mi enojo reprima.

Voces.

Loren.

Ya llego a ver, que aunque gane

a Buda, más he perdido.

Star.

Pues, ¿qué mejor ocasión

de que consiga tu brío

vengar la muerte de dos

tan grandes héroes perdidos

que esta, Señor?

Loren.

¿Qué decís?

Stram.

Que al instante asaltéis, digo.

Don Christ.

Avance la infantería

al asalto.

Loren.

¿Qué bullicio

es ese?

Eduar.

Que en todo el campo,

habiendo la voz corrido

de la muerte de los dos,

Pag. 150

Eduar.

príncipes, enfurecidos

los soldados, asaltar

desean, y hacia este sitio,

que está más cercano a Buda

van viniendo, y reprimirlos

es imposible.

Loren.

Pues logren

con honrado impulso activo

la empresa, pues la venganza

está aumentando sus bríos.

Tocan cajas y ruido. Vase.

Eduardo.

Los soldados, a embestir...

Vase.

Estar.

Al arma, al avance, hijos.

Trueno.

(Se quedan todos. Cajas y clarín.)

Dentro Voces.

Bata el cañón la muralla.

Guerra, guerra.

Dentro Estar.

Por el sitio

que la brecha facilita

entremos.

Truenos.

Dentro Eduard.

Sigan los tiros.

Lorena.

Vamos pues, que por la ley

y por la patria morimos.

Lucidor.

Señor, mi espada os asiste.

María.

Nada recelo contigo.

Pag. 151

Carraf.

Y yo también desde lejos

veré la fiesta escondido.

Dentro Turcos.

En vano es el defendernos.

Hacen que se entran.

Loren.

Ea Alemanes invictos,

aquí de la honra.

Estaram.

Esperad,

que tanto el ardor ha sido

de la tropa que empeñada

con un furor nunca visto

en las Almenas de Buda

publica triunfos debidos

a su valor.

Música 2ª y Moras parte derecha con Eduardo otra.

Loren.

Gran fortuna.

P. Eduar.

Ya en las torres puestas miro

las Imperiales Banderas.

María.

Ya Señor vienen rendidos

a tus plantas, el Bajá

y toda su gente.

Salen el Bajá, Serasquier y los demás turcos.

Bajá.

Invicto

Duque de Lorena, ya

Pag. 152

Aparte.

Bajá.

su orgullo postra abatido

el Bajá, quien te suplica,

que no ensangrientes los filos

de tu espada en nuestras vidas.

Para que (¡rigor impío!)

quien más no ha de ver a Luna

pretenderá quedar vivo.

Loren.

Alzad. ¿Eduardo?

Mutación de Palacio

Eduard.

Señor.

Loren.

Id por Luna, y de improviso

con su familia traedla

a Buda.

Vase.

Eduard.

Presto os sirvo.

Loren.

Aunque justamente habéis

ocasionádome altivo

a tomar justa venganza,

todo mi enojo reprimo,

y las vidas os concedo,

porque veáis compasivo,

piadoso, y clemente acudo

a la real sangre que animo

Pag. 153

Loren.

que es dos veces vencedor

el que perdona al vencido.

María.

¡Qué hidalguía!

Estram.

¡Qué piedad!

Bajá.

Pues entra y en regocijos

de bélicas salvas toma

feliz posesión.

Loren.

Divino

Señor, este triunfo es vuestro

a vos solo le dedico.

Bajá.

Haced a su Alteza salva

soldados, diciendo a gritos

instrumentos militares,

y acordes metros festivos.

Entran, y salen, mudándose el teatro en un suntuoso palacio, muy iluminado, y de extraña invención, muy calado, y vistoso.

Música.

Al ínclito Marte

al héroe benigno,

que triunfa y perdona

los pechos rendidos

En el margen inferior se lee: Ayuntamiento de Madrid

Pag. 154

Música.

dediquen aplausos

en métricos himnos.

Todos.

Viva el Duque de Lorena,

viva, y venza muchos siglos.

Cajas, clarín.

Lorena.

Una y mil veces las gracias

os doy, Señor, pues propicio

me habéis hecho el instrumento

de vuestra gloria, si miro

que restituyo este Reino

de vuestra ley al dominio.

María.

Ya es ocasión, Lucidoro,

de ausentarnos.

Lucidor.

Di, bien mío,

adónde.

María.

A Antuerpia.

Lucidor.

Ya sabes

que tu gusto, amante fino,

en todo sigo.

Lorena.

Bajá,

pues piadoso he concedido

a todos la vida, luego

de Buda podéis saliros

Pag. 155

Lorena.

con vuestra gente.

Salen Eduardo y las moras con Luna.

Bajá.

Obedezco.

Loren.

Esperad.

Eduard.

Ya Luna vino.

Bajá.

¡Qué veo!

Luna.

Puesta a tus plantas...

Loren.

Alzad, y puesto que ha sido

nuevo blasón al favor

aumentar el beneficio...

Luna.

¡Qué dicha! que veo mi esposo.

Loren.

Aún más quiero permitiros.

Bajá.

¿Qué es, señor?

Loren.

A vuestra esposa.

Eduard.

¡Válgame el cielo! ¡qué he oído!

Carraf.

¿Cómo, cómo?

Cun. y Vap.

¿Qué decís?

Loren.

Que en recíproco cariño

los brazos os deis.

Eduard.

Señor,

no hagáis tanto desperdicio

Pag. 156

Eduard.

de favores, pues bastante

es lo que habéis permitido

en perdonarlos las vidas.

Bajá y Lun..

A vuestras plantas rendidos

con tal gloria nuevamente

de vuestra esclava me obligo.

Loren..

Ahora, Eduardo, han de ser

todos los gustos cumplidos.

Fatim..

Zulema, ya estamos libres.

Zulem..

De contento salto y brinco.

Eduard..

¡Muerto estoy!

Aparte.

María..

Con eso, ingrato,

sentirás cuánto he sentido.

Aparte.

Luna..

Perdona, Eduardo, que

me arrastre a cariño antiguo

la influencia de los astros.

Eduard..

¡Que esto me haya sucedido!

Carraf..

También hay inconvenientes

para usted, no soy solito

yo el de los inconvenientes,

¿no es verdad, señor Padrino?

Pag. 157

En el margen superior derecho se lee: La p.te 24.

Eduard.

Fuerza es ya disimular

y conformarme (¡hado esquivo!)

con tu influjo.

En el margen derecho: Muy. p.a

Loren.

Daréis orden

de guarnecer los castillos

con la tropa suficiente,

y también de mi retiro

a Viena haréis prevenir

la marcha, pues determino

llevar yo mismo esta nueva

al Emperador, mi primo.

Estar.

Al punto se dispondrá.

Baj. y Lun.

Y nosotros al asilo

acudir del Gran Señor.

Eduar. y Carraf.

Nosotros restituirnos

a Nimega.

Cur. y Mar.

A Inglaterra

nosotros.

Loren.

Pues conseguimos

con tanta felicidad

de Buda acabar el sitio,

Todos.

por el Imperio la salva,

al perdón de nuestras faltas

pidamos todos rendidos

a la segunda parte

del caso fenecido.

Pag. 158

repita, diciendo unidos:

Cortina.

Música y todos.

Al ínclito Marte,

al héroe benigno

que triunfa y perdona

los pechos rendidos,

dediquen aplausos

en métricos himnos.

silvo

Finis coronat opus.

Bajo las correcciones y atajos que lleva, especialmente los de la primera jornada, puede pasar a representarse; salvo meliori judicio. San Felipe el Real, y enero 27 de 1779. Mro. Zeballos.