귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El desdén apetecido. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-desden-apetecido.
Comedia nueva. El Desdén Apetecido. Don Diego Artife. Gurullón. Doña Laura. Don Carlos. Fabio. Doña Clara. Don Sancho. Un escribano. Selenisa. Música.
Salen don Diego y Gurullón.
Perdidos somos, si aquí
alguno nos llega a ver.
Todo se echaba a perder,
mas esto me importa a mí.
Señor, por san Juan de Dios,
si acaso te causa tedio,
que me des algún remedio,
para excusar una tos.
Remedio es bien manual,
si por tu poca cordura
se quiebra la coyuntura,
que la escuse este puñal.
¿Y si acaso un estornudo
viene de manos a boca?
Gurullón, callar te toca.
¿Dónde descubrirse pudo
tal martirio en condición
de criado? Que en efeto
criado, y guardar secreto
implica contradicción.
Pero quisiera saber
en qué se funda el intento
de venir a un aposento
tan oscuro, que a mi ver
en tan luenga oscuridad
es de noche a medio día,
y ratones a porfía
corren con celeridad,
y tal miedo en mí se labra,
que cada instante imagino
que nos ha encantado Alcino
en esta sima de Cabra,
si ya de Creta no es
el laberinto famoso,
y el Minotauro furioso
estira sus cuatro pies.
Pues oye, porque me dejes
lo que me conduce aquí,
pero no te pido
Gurullón, que me aconsejes.
¿Serás breve?
Sí seré.
Pues como que seas largo,
si me retoca un letargo,
siete durmiente seré.
Empieza pues.
Oye atento.
Ya sabes cómo es mi patria
la gran ciudad de Toledo,
cuyos elogios la trompa
de la fama en claros ecos
festiva repite en todo
el circo del universo,
sea pues único elogio,
que lo encarezca el silencio
que la lengua, y la pluma
es incapaz instrumento.
Heredé de los Artifes
noble sangre, y en los tiernos
años huérfano quedé
sirviéndome de consuelo
don Juan Artife mi tío,
que mirando a mis aumentos,
fue tutor, y curador,
dándome los alimentos
de un mediano mayorazgo,
que para un mozo soltero
si no me sobra, no falta
para los trajes, y juego.
Huyendo vine a Madrid,
como sabes.
Ya sé el cuento.
Pues en un juego de trucos
altercando muy soberbio
sobre cierta diferencia
un valiente caballero,
que era en el sentir de todos
de lo mejor de Toledo,
a mano abierta en tu cara
señaló los cinco dedos.
A cuyo tiempo pudiste
por el vacío derecho
meterle una daga, con que
se fue a cenar con los muertos.
Y viendo que te seguían
sus amigos, y sus deudos,
a la Corte te has venido,
para estar más encubierto
hasta que esto se serene.
Pues ya que sabes aquesto,
escucha lo que no sabes,
escucha el voraz incendio
que tan tenaz se apodera
de lo interior de mi pecho.
El Etna más comburente,
el Volcán, el Mongibelo,
el Áspid, el Basilisco,
el tósigo, y el veneno,
a cuya furia me abraso,
y a cuya vista fallezco
sin esperanza de alivio
que serene mi tormento.
Sin agua piadosa, que
me sirva de refrigerio,
apagando lo furioso
de tan comburente fuego.
Tres meses pienso que habrá,
que vine a Madrid huyendo,
¡ojalá nunca viniera
para morir como muero!
¡Ojalá el ligero bruto,
que me trajo de Toledo,
sin atender a la espuela,
ni a las órdenes del freno,
desbocado despeñara
al que venero por dueño,
imitando a Faetón,
que pretendió soberbio
gobernar la hermosa tea,
que da luz al universo!
Tres meses, vuelvo a decir,
ha que la corte paseo
disfrazado por el lance,
que me sucedió en Toledo,
y saliendo por acaso
al divertido paseo
que Manzanares humilde
baña con tanto respeto,
que apenas le toca, cuando
con la arena de su anexo
le enjuga siendo un vergel
hermoso, florido, y fresco
obra en fin de aquel ilustre
esclarecido Salcedo,
en este espolón en fin
divertía el pensamiento
cuando veo hacia las tapias,
que al Parque sirven de cerco
una nieve, en que me abraso,
una llama, en que me hielo,
un asombro, que suspende,
un prodigioso portento,
y un no sé qué de beldad
con tan poderoso imperio,
que avasalla cuanto mira
con sus brillantes luceros.
Suspenso quedé; tal vez
no has visto fiar al viento
una nave, cuyas velas
cortinas son del espejo
marítimo, y volando
con el favor de los vientos
surca los tersos cristales
con ímpetu tan soberbio,
que parece exhalación
su alado curso violento,
hasta que el cruel Neptuno
Monarca de aquel imperio
enarbolando el tridente,
y conjurando a los vientos,
hace que la nave choque
en un escollo soberbio,
a cuya vista el Piloto
cercado de desconsuelos,
aturdido, y temeroso
con el súbito suceso,
cubierto de parasismos
ni da reglas, ni preceptos,
siquiera para salvar,
sino la hacienda los cuerpos,
de modo que en el naufragio
los míseros perecieron
sirviéndoles de sepulcro
aquel salado elemento?
Pues así la triste nave
de mi buen o mal talento
desayudada navegaba
por las ondas de mi pecho
hasta que el Dios faretrado
tirano, rapaz, y ciego
con iras inopinadas,
con implacables incendios
en mi sentido introdujo,
este, que miro veneno,
oponiéndose un escollo,
en que rompidos los remos
de todos cinco sentidos,
asustado titubeo,
y viendo ser imposible,
resistir a su denuedo,
rendido me confesé
a las plantas de su cielo.
Este Cielo te pintara,
Gurullón, pero recelo,
que Zeuxis, Parrasio, Apeles,
y otros célebres, que dieron
con destreza portentosa
alma mucha en poco lienzo,
al mirar la perfección
de este divino portento,
al punto desistirían
del empeño, que prometo;
pero como está tan vivo
su original en mi pecho,
haré con tosco pincel
al menos un bosquejo,
que en cortas sombras explique
el que está guardado dentro.
Pintura.
Era la trenza, que a la seda fía
oscura noche, que amenaza al día,
y porque no se jacte de que luce,
a una verde colonia se reduce.
(mal por las ondas a pintarla llego,
maravilla será, si no me anego.)
Su frente es el Diciembre, que nevado
en poblar esta cumbre se ha esmerado,
pero los ojos, que la nieve vieron
Etíopes furiosos se opusieron
y viendo, que la nieve con porfía
todo el ámbito hermoso discurría
un arco negro cada cual embaraza,
mas ella de temor desembaraza,
quedan los ojos negros, y el semblante
como el armiño puro rutilante.
Es su nariz por uno, y otro lado
dos caños de marfil muy extremado,
aunque si mi cuidado se reporta,
nunca pecó de larga, sí de corta.
Su boca es un clavel partido en medio,
cuyos purpúreos labios son asedio
de menudos aljófares, que encierra,
y contra tan continua aquella guerra,
los de adentro se ven fortificados,
y los tristes de afuera ensangrentados,
despidiendo de adentro, en vez de bala,
aliento hermoso, que dulzura exhala.