إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Perder para tener. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/perder-para-tener.
523
1
El perder para tener.
Comedia en 3 jornadas
de Gaspar de Obregón.
Leg.º 4.º
16
5-6
La famosa comedia Del perder para tener De Gaspar de Ortegón Personajes Franco Acacio Zeida autor Roldanillo majora Enrique Caballero Morales Arnesto Carlos Valerio Alberto músico Quevedo Duque de Soria Soria Pepino Pinto Marcio González Laureta Rufina Claudio Diana dama S. Antón Inés Acacio viejo Conrado Esta comedia año de 1680 Martín López en Quitana de Soria
Salen Enrique y Arnesto, con espadas y broqueles, de noche.
Esta es la casa de Diana bella.
Esfera del sol clara, que en ella
paseando galán copia sus rayos
para que no saliese a luz de mayo.
Están ya los caballos prevenidos.
¿Y dispones, señor, tan ofendidos,
que, como si el arena fuese causa
de aquesta detención, aquella pausa
haces en ella, haces con las manos,
si bien como andaluces cortesanos,
por que ninguno, sin razón, presuma,
los vuelven, que triscan el espuma?
Las once son, y mayor cuidado
me ha avisado Diana, a quien adoro,
el alma, a su belleza dedicada,
que estorbe prevenida la jornada
que nuestro amor ordena.
¿Por qué intentas,
no basta, cuando quedes sin afrenta,
del honor desa dama con quien tratas?
Porque a Carlos, mi primo, quiere dalla,
de ella a disgusto, y con disgusto mío;
mas deja el honor, y la prudencia fría.
Pedísela cortés, negola necio,
haciendo de mi amor loco desprecio;
y mañana con él tiene tratado
que quede el casamiento efectuado.
Tiene mi amor Diana granjeado.
Como amante leal, darme el aviso
que esta noche la robe y lleve adonde
viere su firmeza corresponder
a mi firme afición y fe constante,
que solo bien probada es el amante.
A mí te aconsejo, Enrique, ni tampoco
pienso dejar al lado.
Salen Carlos y Valerio del mismo modo.
Vengo loco.
A abrirme a mi Diana, aunque he sabido
que soy mañana su feliz marido.
Pues, Carlos, ¿a qué sales de esa suerte,
si mañana en sus brazos has de verte?
No sabes qué es amor, Valerio amigo.
Gente suena, por Dios.
Lo mismo digo.
Gente en la calle está.
Soy desdichado.
Soy infelice.
Celos me han causado.
Mas por Dios, que he de echalle de la calle.
Yo haré que en mi fiera ocasión halle
cualquiera que este estorbo me prevenga,
para que por mejor el irse tenga.
¿Quieres gozar de aquesta invención?
No deseo, Valerio, mejor ventura.
Saquemos las espadas y embistamos,
y cuando más herirnos nos veamos,
dirás: "¡Ay, que me han muerto!", huirán temblando,
y dueños del puesto quedaros hablando.
Dices bien.
¡Oh, qué industria bien pensada!
Embistamos, Arnesto, y cuando armada
viéronnos la quistión, diré a grandes voces:
"¡Ay, que me han muerto!", oyeran veloces,
temiendo a la justicia y sus cárceles,
ocuparé como valiente el puesto,
que es el arbitrio de reñir de necios.
Llega.
Caballeros, cortésmente ruego
a vuesas mercedes dejen esta calle.
Eso mismo quería yo rogalle a vuestra merced,
a fin que yo fui el primero.
Y yo soy el segundo, mas no quiero.
Esta es descortesía que mi espada,
villano, dejará tan castigada
como merece.
Muera el villano.
A ellos, Carlos, y muera el tirano.
¡Ay, que me han muerto!
Cielos, que me han muerto.
Caen los dos.
¿Es cierto, amigo?
Claro está que es cierto.
Arnesto, ¿se van?
Pues oigo que se han ido.
Ya de mi empresa, corazón rendido.
Huyamos el peligro.
Eso aconsejo.
Deja la calle.
Con dolor la dejo.
La ocasión he perdido, suerte vana.
¡Ay, mi divina esposa!
ay mi Diana
Vanse criados y apartase, sale Diana con un libro
Qué valiente es el amor
cuando la ocasión no ve,
pero qué cobarde fue
cuando se vio en el rigor.
Condición de la beldad
no sé, este viejo rapaz
habla el cobarde incapaz
y hiere y mata inútilmente,
pero no afirma en la guerra
que blasona en la paz.
Determinéme arrogante
a que Enrique me robase,
para que dél me librase
de un aborrecido amante;
confieso que fui ignorante,
pero más vale en rigor
ser yo necia con mi honor,
que no que por otro gusto
me case yo a mi disgusto,
que es necedad mayor.
Y así estoy determinada,
si bien estoy temerosa
ha de quedar infamada,
y la senectud honrada
de mi padre destruida,
mas será poca herida,
que al hombre de más valor
remata un perdido amor
que yo en él, mortal herida.
Mas muera mi padre o no,
qué tibia, Diana, estoy,
se vio que nunca abaja
corriente saca el dolor.
Amor, Enrique venció,
amor, Enrique ha vencido,
solo que vengas te pido,
porque amor no se arrepienta,
yo resuelta estaré atenta
por ver si Enrique ha venido.
Salen Carlos y Valerio
Aquí te vuelvo al puesto
que a un hombre muerto diste.
Valerio, en esto consiste
el fin de mi amor, en esto
que se suele conocer,
pues que no soy conocido,
y saber si Enrique ha sido
el muerto, porque en placer
se trueque el pesar que tengo,
que él ha sido solamente
de Diana pretendiente.
Diana escucha, que vengo
a conocer quién dueño
de aquella voz que en mi pecho
llamo amorosa y suave.
¿Caballeros?
No alabe
el hombre más satisfecho
de virtudes de mujer.
Se van.
su dicho a la causa, llegaré.
Ce.
¿Quién cecea?
O en claro se deja ver
del balcón de mi Diana;
es Liseña, estoy perdido.
¿Sois vos, Enrique querido?
Yo soy, mi bien. ¡Ah, villana!
¿Están prevenidos ya
los caballos?
Mi bien, sí.
Pues ya bajo.
Bien temí.
¡Ah, vil mujer!
Bueno está.
¿Qué piensas hacer?
Roballa.
El amor te tiene ciego.
Yo haré su amor, y luego
me vengaré en él y en ella.
Salen Franco y Roldanillo, mal vestidos, como oficiales, con malas espadas y broqueles.
No estaba en casa Inesilla.
No me ha dado sobresalto,
mas yo voto al cielo alto,
que, aunque venga la cuadrilla
de todos los rondadores
que la otra noche vinieron
y defenderla quisieron
como infames vengadores,
que ha de llevar en la bola
no más de veinte estocadas;
conmigo Inesilla trae.
¿No ha habido aquesta vez chola?
Gente suena.
Siempre aquí
fantasmos de noche he visto,
pero yo les juro a Cristo
que...
¿Qué se te da a ti?
Temo mucho un arcabuzón,
que estos tales altaneros
me pueden atravesar
sin poder darles razón
de mi persona.
¿Quién va?
¿Quién se mete a bulto en esto?
Va un diablo con contrapeso,
y aun él por lo mismo va,
si replica.
Caballeros,
no porque pena nos deis,
que el paso ocupéis,
ni por llegar a ofenderos,
os preguntamos quién va.
Díganlo qué quieren presto.
Déjenos solo este puesto
vuestra merced, y reciba
esta cadena y bolsillo,
que aguardo aquí una ocasión
de honor y reputación.
¿Quién duda que el vestidillo
que había visto a la vislumbre...
57
de los cabellos, sacudiendo
con mendicante capricho
que me coloca en la cumbre
la necesidad, acepto
la dádiva, y si hay enojo
sin salir a buscarle
dos espadas le acometo
que merecen mil coronas
veinte lechones asados
porque tienen el testuz
mucho, y poco el cerebro.
Solo lo que he suplicado
pido, no más.
Dios le guarde.
Vámonos, Franco, que es tarde.
Vanse.
Todos del mundo apartados.
¡Ay tal figura!
Sale Diana.
Mas que ellos
son los que de noche rondan.
Plegue a Dios que correspondan
amor justo y honesto
tus finezas amorosas.
Dulce luz, mi Diana.
Aparta, sombra villana,
de apariencias engañosas.
¿Quién eres?
Conrado.
Eso no, que voz me dice
el engaño, ¡ay infelice!
Este es Carlos, muerta estoy.
Conmigo has de ir.
Daré voces.
Ingrata, ¿no me conoces?
Sale Franco.
Cielos.
Que esto escuche y vea.
Caballeros, o lo que sois,
aunque será lo más cierto
no serlo, pues nunca intentan
tal acción los caballeros,
advertid que vuelvo el rostro,
y mirad que no es bien hecho
lo que por fuerza intentáis,
y vive Dios, que me ofendo
de que un hombre como yo
humilde oficial presuma
o llegue a dar instrucciones
para ser buen caballero.
Dejad la dama, si os place,
y mirad...
¿Sois vos el mismo
a quien di un bolsillo yo
y una cadena?
Ya entiendo.
Sin duda que habréis pensado
que con este don pequeño
que me disteis, liberal,
aunque más pobre me viera,
os había de sufrir
las sinrazones que veo.
Pues tomad la vuestra cadena,
recibid vuestro dinero
e idos desobligados
hoy al servicio vuestro;
juro a Dios que si no os vais
y dejáis que entre dentro
esta señora, ofende
que le he de echar a pleito,
aunque traigáis más arneses
que estrellas hay en el cielo,
que he de dar con vos aquí
cien leguas, dos mil rodeos.
Estás loco.
¿A qué venís
si está Franco loco, a cuerdos?
Cata, Franco, hermano, a ellos;
mientras tuve la cadena
y el tal bolsillo.
Dentro Felis.
¿Qué es esto?
¡Hija, Diana!
¡Ay de mí!
Muerta soy, mi padre siento;
los pies me abrasa el temor,
¡ay de mí!, sí, ¡por Dios!
Mi patria, mi padre y casa.
Dentro las voces.
¡Muerto soy!
No tabardos,
hubiera sido acortar.
Salen con espadas desnudos Franco, Enrique y Arnesto.
Aunque es verdad, caballeros,
que yo no os quiero traer
de vueltas, gallardo esfuerzo
para dar cuenta de sí,
y aunque los dos fueran cinco
por conocer a mi amo
me huelgo de tal suceso.
A aqueste sitio os guiamos,
hidalgo, bien resuelto
a cierta temeridad;
vimos un hombre riñendo
con dos, y así fue forzoso
al lado vuestro ponernos.
Que si es cosa que pretendéis,
porque os ayude a ello...
Cosas de mozos, no más.
Que ya al fin
sacar pretendo
una mujer de esta casa,
por aquesto ha sido el pleito.
¿Qué decís?
Lo que es verdad.
A esta infelice manceba
a la puerta, ella pensó
que erais vos, y así, abriendo,
fue fuerza hablar, conocióle;
y queriendo entrarse dentro,
quiso por fuerza roballa;
dio voces llamando al Cielo,
a su defensa acudí.
ha menester otro acuerdo,
que, como acudo a tu aviso
y el amo necio está muerto...
¡Vive Dios, que es verdad!
Que caminemos dentro, dentro,
o salís fuera.
Señores,
no sé qué ruido gimiendo
se retira a aquesa calle,
como quien hiere en efeto.
¿Hay semejante desdicha?
Muy buen lance echado habemos.
Hombre que nos ha destruido...
Hombre o demonio, ¿qué has hecho?
Pues, voto a Dios, si me enojo
que haya también para ellos.
Huid, y yo a buscar a Carlos.
Tiene razón. Ya lo veo,
todo el mundo ha de decir
que yo a don Carlos he muerto
y que he robado a Diana.
Pues, ¿qué remedio?
El remedio
es ir al monte, y en él
que renovemos de nuevo,
haciendo modernos bandos,
con gibelinos y güelfos.
Sí, mas somos pocos.
Calle.
Allá hay dos mil escudos
que he traído de por ahí,
sabiendo que es caballero.
Vamos, pues.
Ca, Roldanillo,
el pobrecillo dejemos.
¿Y a esto dos mil escudos?
Y el bolsillo.
Aquí le tengo.
Y la cadena.
También.
¡Viven los cielos, que tengo,
según el rico principio
de aqueste infeliz suceso,
que ha de ser Franco de Sena
de Italia dueño soberano!
Vanse. Salen de villanos Pepino y Conrado.
No me tengo de casar,
aunque me cueste el pollino.
Has de casarte, Pepino,
o sea de arder todo el lugar.
Pues, ¿es el lugar barriga,
que ha de arder por mujer?
Que es tramoya...
¿Qué ha de ser?
No se llama sino Troya,
tontón.
Troya o troio, digo
que no me quiero casar.
Que a mi hija habéis deshonrar...
Pues calla, mira que digo,
que ladran mis perros,
compadre, que vos mentís,
que desonra.
Abraza y entre los dos
Dime qué.
Mi hija no era doncella.
Donde que, que sé yo.
Pues
si antes lo era y ya no lo es,
sin onra está.
¿Ay tal querella?
Quizá se abrá caído
la onra.
¿Ay tan gran desonra?
No digo sino la onra.
Pues pardios, que no la he visto.
El caso probado está,
cambiar con otra serrana.
Yo probaré la cuartana
y todo falso será.
La cuartana, mentecato,
¿cómo puede ser?
Amigos tengo
que serán testigos
que esta caperuza es pardo.
Serán falsos.
Verdaderos,
serán, que mi bien desean,
pero cuando falsos sean
¿Qué?
No serán los primeros.
¿Eres cristiano?
Sí soy.
¿Cómo niegas no aver sido
verdad, cuando ella a parido?
Que a parido al día on
cuando huí el paño.
Un mes ha,
pues déjame hacer la cuenta:
cuando yo junto a la cuesta,
en el lindero que está
junto a la viña en combre
a Laureta, y de los ramos
cubiertos nos peligramos,
diez meses abrá a la fe.
¿Rendís?
¡O, infame traidor!
Ella estaba parida ya,
que obo entonces yo en la cre
El día de San Antón
hizo dos años; y sé
que alta agora engrosando
pero abrióse, a la fe,
como hinchazón a la fe.
¿Qué determinas al fin?
Digo que casarme quiero,
mas saver el dote quiero,
que soy hombre tan ruin
que me caso.
Éste e de dar,
pues es justicia y es ley.
cuatro carneros y un buey.
Ya no me quiero casar.
Ello solo te acobarda.
Sí, que un casamiento fiero
que entre un buey y carnero,
sucesión ternera aguarda.
Darete un buen pegujar,
que un sembrado de melones,
y cuatro gordos lechones.
Pues ya me quiero casar.
Dasme gustos infinitos,
y darete cabras ya grandes.
No son pachicas.
Hay hasta diez y seis cabritos
que el pecho quieren dejar,
y porque más te aficiones,
diez cabras con diez cabrones.
Ya no me quiero casar.
¿Por qué?
Es negocio del diablo:
el suegro buenas palabras,
que al sono de tantas cabras
me tienen de llamar cabro.
Darete prados bizarros,
sartenes que tu espetera adornen.
Esto quisiera.
Y en que cojas leche, tarros;
calderas donde cuajar
la leche nueva y no vieja,
para hacer queso de oveja.
Pues ya me quiero casar.
Un mastín para el ganado,
y por ver si así te obligo,
dos calderas para migas,
sebo de macho castrado,
burros que puedan llevar
el hato, y por más aceite,
dos cuernos para el aceite.
Ya no me quiero casar,
y por no vello me callo;
luego, pues mi dicha es cara,
¿quieres que el buey entre en mi casa
y imagine que es el rastro?
Calla, necio, que una onza,
sobre todo que es en oro...
Aunque con el dote lloro,
la alegría me recrea
de acordarme que he de ver
otra vez a mi Laureta.
Enramemos la carreta,
que la boda se ha de hacer
en el cortijo del río.
¿Quién el padrino será?
A Blas Chamorro hablé ya.
Es Blas Chamorro mi tío.
Caminemos luego de aquí,
no le hagas esperar.
Adiós, que me vo a enterrar,
tengan lástima de mí.
Vanse. Salen Enrique, Claudio y Roldanillo, Marcio y Carlos y bandoleros con pistolas.
Las desdichas, señores,
nacieron por el orbe los rigores,
la fortuna es exenta
a los extremos, quien valor ostenta
muy diferentemente
de aquel que nació humilde y bajamente,
y mientras haya vida,
suele haber dicha, y nunca el cielo olvida
para siempre al infeliz y desdichado,
de la misma manera que al estado
próspero nunca firme permanece.
Alegre vida aqueste monte ofrece,
regalos y dineros
tristes de los cuitados pasajeros.
Animamos, señores,
a merecer los favores
que liberales ahora habéis hallado.
Toda gente corriente es de buen pecho,
pues que somos ya de una cuadrilla,
y asombro hemos de ser y maravilla
sea aqueste altivo monte
y de cuanto circuye el horizonte;
porque mejor en todo nos rijamos,
es bien que capitanes elijamos.
Aquesto solo, amigos, no consiento;
no ha de haber superior, porque mi intento
se aprueba, y iguales hemos de ser todos.
Habrá discordias por diversos modos
y con estas discordias ser podrá ca-
que nos perdamos todos algún día.
Pues Roma se perdió con su grandeza
cuando muchas cabezas
llegaron a regilla.
Esta Roma, su imperio y maravilla,
de todas las ciudades alumbra y dora,
así nosotros ahora,
que somos veinte o treinta camaradas,
atenidos al plomo y las espadas
para buscar sustento,
solo hemos de tener gusto y contento
y valiente defensa,
al mismo Duque, si no hace ofensa,
aunque como pacífico senado
sea desde hoy el nuestro.
Todos seguimos a Marcio briosos.
Sale Diana.
Por intrincados valles,
trocado he triste las pobladas calles
por yertos riscos ásperos,
rocas montañas, donde asisten fieras,
adonde voy perdida.
Nadie hable, todos comedidos,
que aquesta presa a mí solamente,
ningún cristiano intente
quitarme esta hermosura más que humana.
¡Cielos, dichoso soy, esta es Diana!
No eran vanos mis miedos y temores,
estos son salteadores.
Voto a Cristo que a aquel que se atreviere
a mirarla, el que hace cuestión se muere.
a hacerte poseedor desta belleza
que le he de abrir un palmo de la boca,
porque no tengo flema en tales fines.
¡Desatadles, cobardes, negros, poltrones!
No es este Enrique. ¡Ay, cielos!
Matadme, tristes,
vive la señora.
Amigo Franco, la que el alma adora
es la mujer que has visto.
Esta Diana es, mas juro a Cristo
es extraña amiga, Enrique.
Yo haré que ella misma lo publique;
llega tú a preguntalla cómo se llama.
¿Qué le he de batallar?
Todo cuanto ha parido.
Aquí dio fin mi vida y mis deseos.
Detengan, vuesarced.
Vuesa merced se detenga.
Franco.
No me diga nada,
luego daré respuesta.
¿Dónde va por este monte
a estas horas mi Diana?
Preguntadlo a mis desdichas,
que mejor lo sabrán ellas.
¿Cómo se llama?
Diana.
Llega, Enrique.
Es por vella.
A tus pies, esta canalla
que lo sufren tus historias.
Ay.
¿Cómo, ay triste,
te veo ora en aquesta selva?
Mis desdichas y las tuyas
me tratan desta manera.
Ya he dicho, que vive Dios,
que si hay alguno que entienda
ser dueño deste monte,
siendo yo rey desta selva,
que ha de matarse conmigo.
Menos cólera y braveza,
so bandolero profeso;
hasta que el suceso entienda
el caballero que veis
viene a vivir a estas sierras
por esta dama, y por él
se ven disueltas en ellas.
Mujer y marido son,
no hay sino callar la lengua;
todos somos de un oficio,
esto le he dicho, paciencia.
A tan urgentes palabras
ya siento que no hay respuesta;
de mi pretensión desisto.
No, sino modestias,
que la miraba con ojos,
a mi amo que en las peñas
se estrellaba como quebrantos.
Pues para no andarnos con
tientos entre nosotros,
ya que esta queda compuesta,
sea de elegir capitán
a quien todos obedezcan
y a su gusto se remitan.
Si esto ha de ser, no hay quien pueda
ser capitán como tú.
No hay nadie que lo merezca
mejor que Enrique, que al fin
es caballero y es fuerza
que acuda como quien es
a difícil empresa,
mostrando su sangre ilustre;
a ti el cargo se encomienda,
Enrique.
Yo por serviros lo acepto.
Sí, mas es fuerza
que nos hagas juramento
de que, aunque la vida pierdas,
no has de dejar tus soldados,
ni entregallos con cautela
a justicias de ciudades,
ni a regimientos de aldeas,
pena de traidor.
Yo juro
al cielo que nos sustenta
de cumplir lo que decís.
Pues de la misma manera
nosotros de obedecerte.
Sale Claudio.
Juramos.
Y ahora resta,
que ha de ser de gran provecho,
¿qué hay, Claudio?
Desde el aldea
hasta el cortijo del río,
con regocijo perfeto,
he cazado villanos ochenta
y pulidas villanejas,
para que en mitad del hielo
lloren desposadas penas.
Júntese la escuadra al punto.
No, Enrique, para esta empresa
yo y diez soldados bastamos;
tú con los demás te quedas
en el monte descansando
con tu esposa, porque es fuerza
el venir cansada.
Yo,
solo con ver tu presencia,
descanso.
Tu gusto sigas.
Ah, Enrique, que es con licencia
suya.
Pues a los soldados
bajad al cortijo apriesa.
Ven, Roldanillo.
Ya voy,
y quiera el cielo que tenga
buena estrella en este oficio.
Sí, que hay ladrones, es bello;
entremos al monte, Enrique.
No entremos allá,
pues no es monte, sino cielo,
el que su belleza encierra.
Danse a[l] ruido de labradores; salen los músicos cantando, y Laureta y Pepino de las manos, y Roldanillo que suena en el camarín.
Estos desposados
se llevan la flor,
que los otros no.
Sentémonos en el prado,
pues su frescura convida.
Escucha por vida tuya, vida,
una palabra, chapado:
¿está puesta ya la olla?
Sí, bien te puedes sentar.
O, no me quiero casar,
sino con solo la cholla.
Díganse algunas razones
agora los desposados,
donde muestren su cuidado
y aclaren sus aficiones.
Mas quiero yo a mi Pepino
que a la hierba el agua el mayo,
más que la camisa al sayo,
más que cansancio al vino,
más le quiero que el dotor
quiere las enfermedades,
el preso a las navidades
cuando le topa sudor;
más le quiero que a usencia
la mosca golosa y ruin,
y más que quiere al rocín
en primavera la hierba.
Y en que revientes agora nada,
siendo tan lindo garzón,
nin nunca como un farol.
Bien habla la desposada.
Tiene metida en la cholla
del marido la pasión;
y por Dios que, tal vez, ah,
¿Está cocida la olla?
Me enojan sus palabrotas
tanto que, ¡vive mi Dios!,
como suelen topar
los carneros a dos cabos.
No digas más desatinos.
Eso no, amé de mentir,
porque al enhornar
se hacen los panes tuertos;
pero yo os quiero pagar,
Laureta, aquesta afición,
pues que tengo obligación.
Veis la ollaza en el hogar
cuando comienza el rumor
del hervir que a nos finge
con garbanzos arlequines
y tocino volteador;
¿veis cuando más nos deleita
que, cuando lanza garrida,
estando descolorida,
con la espesura la afeita?
¿Veis cuando sale en el plato
sano como una colmena,
que se queda la singena?
Al mismo precio barato
deisla, pues yo os juro a vos
que es tanta vuestra cordura,
tanta gracia y hermosura,
que la quiero más que a vos.
Bien el amor se han pagado.
Que os gocéis y lleguéis a los Cielos
con mucha hacienda y sin celos
mil años.
¡Hola, Chapado!
¿Tenéisme alguna afición?
Quien puede haber que os la dé.
Pues rogá a Dios que enviude,
que es la mayor bendición.
Dentro.
Ya aquí están.
Lleguemos presto
antes que huyan.
Salen los bandoleros.
Villanos,
ya no os valdrán pies ni manos.
¡Cuitada de mí! ¿Qué es esto?
¡Hola, Chapado, guarda
la olla, que si la ven
se la engullirán también!
¡Oh, qué gentil necedad!
Guardad la mujer primero.
Pues, ¿que se la han de comer?
Peligro puede correr.
Sois un grande majadero.
La olla pueden comerse,
la mujer pueden llevarse,
aquésta podrá tornarse,
mas la olla no volverse.
¿Qué gente?
Soy un casado
por la mayor desventura
del mundo.
Rara hermosura.
De la olla me he enamorado,
y no la pienso dejar
si todo el mundo se junta.
De temor estoy difunta.
Ea, amigos, al lugar,
porque las mujeres dos
nos llevemos.
Y creed
que os hacen mucha merced.
La merced le pague Dios.
Con una mujer me lloras...
Pues, yo, ¿por qué he de llorar?
Llora tú.
Quiero cantar.
El bien que pierdes ignoras.
Antes me contemplo huérfano,
y quiero mostrar placer,
que esto mismo habrá de ser
mujer, tarde que temprano.
¿Y ahora?
Aunque una cebolla
llegue a los ojos no puedo,
solo, ¡ay de mí!, tengo miedo
que no me pesquen la olla.
¡Alto al monte!
¡Ay de mí, triste!
por dichosa me contemplo.
estos son muertos, Enrique.
mueran, han dicho que el duque.
soldados de la ciudad son
que vienen a prehendernos.
no puede ser, porque Enrique
el capitán viene entre ellos.
Salen Enrique, Diana, Arnesto, Claudio y los que pudieren.
esto has de hacer si pretendes
librarte.
bien sabe el cielo
con cuánto disgusto, Claudio,
esta sinrazón emprehendo.
ya, capitán valeroso
deste ejército pequeño
que debajo de tu amparo
y a la sombra de tus fuerzas
milita; tienes delante
esta presa que hemos hecho,
no es plata que te enriquezca,
no es oro que lustre el cuello
de tu bellísima esposa,
mas es un motín pequeño
de dos villanos humildes
y seis villanos groseros
que a tus generosos pies
están clemencia pidiendo.
Franco, confieso a tu espada,
Franco, confieso a tu pecho,
tres amistades valientes,
tres beneficios excelsos.
La primera, a mi rival
matar, mi enemigo fiero,
cuando pretendió por fuerza
en el nocturno silencio
robar mi esposa Diana;
la segunda, haberme puesto
en mi poder en el monte
cuando oponerse quisieron
tantos atrevidos fieros
hijos del sol; ni presumas,
la tercera, haberme dado
aqueste cargo que tengo
de capitán de bandidos,
habiéndote tú deshecho
de ti, capitán valiente;
que estas amistades debo,
agradecido las miro,
piadoso las agradezco,
caballero las ensalzo
y como noble las precio.
Pero, viendo que a mi honor
y al de mi ilustre dueño
este ejército desdora
e infama tan viles hechos,
como ingrato los olvido,
como cruel los desprecio,
como noble los repugno,
como gallardo los borro;
y así, Franco, no te espantes
que acuda mi hidalgo pecho
a lo mismo que antes fue;
que la nobleza que heredo,
el duque de Sesa ilustre,
de Valerio el triste
padre el duque de Sesa
y Federico a quien sirvo
el conde Pinto el padre
de Diana a quien borras
por única esposa mía
con Claudio me envían un pliego
donde todos juntos dicen
que habiendo sabido el caso
claro y que fuiste tú
quien dio la muerte soberbia
a Carlos aquella noche
que me dan perdón si llevo
tu persona muerta o viva
a Sena y para este efeto
me dan cincuenta soldados
que son los que ves y quiero
aunque puedo no matarte
mas aunque quiera no puedo
dejar de llevarte a Sena
conmigo en nombre de preso
donde te prometo Franco
de hacer como caballero
para sacarte que lo soy
Mientes juro a Dios
Aquesto
me va saliendo a chinchanazos
Que los que son caballeros
acuden como quien son
a mostrar que sabían serlo
de aqueste mentís te acuerda
y pues tienes brío y esfuerzo
véngate que a Dios digo
que nunca será si salgo
a questas partes en la corte
di a Dios que yo caiga
por castigo de mis culpas
por suplicio de mis yerros
no te quiero responder
con la lengua que este acero
vengador mudo te dirá
la respuesta que prevengo
lleva mi pecho que aguardas
Arnesto amigos a ellos
A ellos Roldán
Entranse acuchillando.
¡Por Dios
que han de llevar pan de perro!
¡A mí esposo, a él criados!
¡Muere Franco!
Aquesto es hecho
con la archa pues que estamos
libres
Ahora no quiero
irme sin ver lo que pasa
¡Ay mujer que bandolero
tienes el gusto!
Huyamos
No quiero
Qué dice el suegro
de aquesta bellaquería
Salen Franco y Roldanillo y Marcio y bandoleros y sale Franco a Diana asida.
Como cobardes huyeron
Pero vos no os avéis de ir.
¡Ay de mí!
Que pretendo
ver si en ver vuelve Enrique
con Carlos. Bravos, fieros,
Roldán, estas tres mujeres
se lleven al monte luego.
Diana, desde hoy es mía,
que así vengar me pretendo
de la sinrazón de Enrique.
Chapado laurel, que pienso
que aquel dote que me disteis
es como el buen vino añejo
que se sube a la cabeza.
¿Por qué?
Porque siento el peso.
Esta ha de ser para mí.
Lanza brava es mi acero.
Como quienes oye, pringo,
andan los dos bandoleros.
Otra cosa siento.
¿Qué es?
Que se emplea en ruin sujeto,
Laureta.
Y desde este día
hago al cielo juramento
de ser el hombre más malo
que haya nacido en el suelo.
No pasará por el monte,
vive el cielo, pasajero
que no mate, ni mujer
a quien no deshonre luego;
no ha de haber a mi hidalguía
causa que me ponga miedo;
prodigio y monstruo nací,
rigor que mande mi intento,
que si un caballero noble
tan obligado a hacerlo
obró tan villano trato
conmigo, no será exceso
que un hombre humilde, críado
con bajezas, no atendiendo
más que a sus inclinaciones,
haga cualquier desacierto.
Alto, al monte.
Desde hoy
tú serás capitán nuestro.
Seré un rayo que a la tierra
talega abrase con fuego,
tiemble Sesa de mi furia,
tiemble Italia de mis brazos.
Vamos.
¡Ay, querido Enrique!
Contenta voy en extremo.
Yo adoro vuestros ojos.
Yo comérmelos prometo.
No vi ladrón tan honrado.
Yo acabo chapado enfermo.
¿De qué?
De ciertos juanetes
que a la frente van saliendo.
Sin honra voy.
Y a los
mozos de la tierra os ruego
que al desposorio han ido,
graciosicos mancebos,
que llevan a sus mujeres
a presentallos contentos
como cestico de fruta,
como plato de buñuelos.
Finis
Laus Deo
En Plasencia, año de 1636
Sale Diana con vaquero y pistola y Laureta.
Siempre los desdichados
sus desdichas consuelan
cuando las comunican
a quien entiende de ellas,
y así quiero contigo,
si bien rústica y necia,
consuelos sin provecho
aliviar a mis penas,
divertirme entretanto
que discurre las selvas
Franco, a quien mis desdichas
me hacen seguir por fuerza.
Tus males comunica,
pagaráte Laureta
en la moneda misma.
A mi vida atenta,
después que a aquestos montes,
ciudades a quien cercan
pinos en vez de muros
que casi al cielo llegan,
vine por el suceso
de aquella noche mesma
donde buscando gloria
adquirí tantas penas,
ya sabes que llegó
cobró su aliento,
sí, mudaba de intento
según dispuso el cielo,
que por prisa o por culpa
de Franco, en rigor ciego,
rehízose la fiera,
y al menos su cabeza
intenta en su defensa,
mas fue tal la ofensa
del valiente Franco
que le dan por muerto.
Enrique huye cobarde
como tímidas liebres
cuando del cazador
sienten el dardo o flechas.
Quise seguir a Enrique,
mas mi infeliz estrella
dispuso que en los rostros
heridas sangrientas
diese a Franco (¡ay, triste!),
el cual vengarse ordena,
pretendiendo mi amor,
y por justos respetos
dejóme en riesgo Enrique.
Desdicha fue.
Absoluta.
A estos bandoleros
que aquestos montes cercan
le hicieron capitán
de una escuadra soberbia,
que el juramento apenas
acabó, cuando
cuando le dan sentencia
de muerte a pura envidia.
Si falta la centella
al polvorín de fuego,
capitán la promesa
más de doscientos hombres
aquesta muerte prueban,
por traidores a su patria,
de tantos muertos, otra
la muerte sentirá,
con condición soberbia,
pues a nadie perdona
la vida ni la hacienda.
Su fama va volando
por el mundo, y es
tanto que ya su escuadra
tiene más de trescientas
personas, que a su gusto
le sirven y respetan.
Valeroso mancebo.
Solo saber quisiera
qué hay de Enrique.
Que está
muy sin cuidado, enseña
del mal que por su causa
padece aquesta selva.
¿Y qué hay de amor con Franco?
Decirlo no quisiera,
prueba dio mi afición
con mil palabras tiernas.
¿Cómo es posible que tú
defendieses a Alberto?
A replicar volvió
haciéndome promesas;
volvió a resistirme,
conquistaste, pues yo
no temí medio muerte.
Escucha más atenta.
A plaza plebeyo,
de quien esclava
con qué nombre
padece fuerza.
Perdona, que hacéis temar
aquéllas, una necia
siendo señor
de lo mejor de Sena,
este aunque capitán
desciende
de un oficial humilde.
No eches de ver, Laureta,
la fuerza de un tirano.
Que no es justo ni fuerza,
ni sirvas como yo,
que ando una tonta y necia,
vistiéndome. Roldanillo,
un criado que precia
muy galán,
me cogió entre unas peñas.
¿Qué dijiste?
Defendíme.
¿Cómo?
De esta manera:
Llegóme de nalgones,
con que la
díjele bien
vase buena,
que yo me defiendo
al uso de mi tierra.
Agarróme una mano,
alcé yo la derecha,
que tiene
le di en la mitad de ella.
Forzóme por
agarróme por
pardiez que le di guerra,
llegó a brazos conmigo,
y el diablo que despierte
a tales ocasiones,
aunque entre fuegos duerma,
puso detrás de mí
una pequeña piedra
adonde tropecé;
caí en torno la yerba,
mas no de
demos partes de
y dalle tantos golpes,
con
que si de aquí a ocho meses
vuelve o ya va fuera,
no va por la comadre,
no va de nuestra aldea.
Pardiez, bella Diana,
que anduve como un aspa.
Buena defensa hiciste.
pues fue mala disculpa
¿qué culpa tengo yo,
si estaba allí en prisión?
¿y qué dirá vuestro padre?
dirá cuando acá venga
que en este tiempo breve
ha medrado sin hacienda,
pues él vendió la suya
y llevará dos prendas.
ya asoma Roldanillo
vienen bajando la cuesta
salen a la ribera, ¡ay Dios!
y a él verle me da pena.
que te retires.
es por demás
y el tener paciencia
hasta que mis desdichas
algún remedio tengan.
Salen Franco y Roldanillo muy galanes.
en cada sitio que piso
de cuantos el monte ofrece
parece que reverdece
cuando tus plantas lo pisan,
las hojas de estos lentiscos
se vuelven verdes damascos,
los riscos y los peñascos
son tapetes que a mis vistas
desatando blancas sombras
se vuelve el lecho de flores
y madre de colores
el más robusto taraje
desata el agua mansa
cuando por libre descansa,
en él lisonjea fénix
el viento templa el calor
y aunque no saben hablar
quisieran con obras sutiles
hacer de montes pensiles
porque sus faldas pisáis.
muy lisonjero has venido
¿qué es la causa?
tu belleza
y mi amor cuya fineza
es antigua a su cuidado,
y juntamente saber
que ya Enrique está casado
en Sena, y mi desdicha
de que vuelva a su poder
la que entiendo yo tanto ha.
agraviada vi mi afrenta
y a su venganza atenta
¿y quién te ha dado a saber?
un mancebo de la corte
que por verdad lo apruebo.
pues ya.
diome la nueva
y luego pagué el porte
con darle cien piezas doy.
¡vive Dios, hombre más cruel!
¿qué es esto fortuna cruel?
mis esperanzas burladas
has dejado, ¡ay de mí triste!
no tengas pena, señora,
pues en Franco que te adora
tu remedio y bien cobraste.
¿y has muerto a alguno?
no.
porque con ra de matar
el que muere llego a estar
por uno a do que los
aunque con la muerte medra
el que a picar ha llegado
bien que fue su malhado
a prenderse de la piedra
por bien empleado goza
el estar de amor muerto
para ver llegado al puerto
donde toma ya nos roza
pues si de aqueste don Pedro
donde de mi mal fin da
estaré siempre enlazada
llegando a el val a piedra
que yo os quitara ahe
el amor a los varones
porque tú tienes con me
una pierna de trade
de madera el box verde
aguarda que trees que done
o hecho alguna prisión
pues ticate en los hielos
flores que sirven de alfombra
mas preciosa y bella al doble
que la africana
este roble
todo con tus ramas sombra
Salen los bandoleros y sacan a Alberto preso y al padre de Franco de barba larga y báculo
a quien trae el capitán
la muerte temo
quien libra al capitán puesto en un treno
aquí a un donoso capado
el que sus dineros quedan pagados
estrenese ya su cuello
mira si han de mordello
valedme cielos
llega acá de onde sois
de Sena
que frío tiene
terrible pena
sois muy corteses
cielos favor
pues cante sin boqueallo que hobe
conocéisme
si no hubiera nacido
enseñala desinfamo gran corrido
de ver por él que me hiciera
lo que ya consta
lisonja fuerte
la cantan por las calles cuya traytoria
sabéisla en vuestra voz
cosa es notoria
si la escribió mi amo
sois poeta
tócame un pedacito de careta
Roldanillo
señor
entretengamos
lleva al señor cantor porque le oigamos
apartados un poco
y pues con cortesía le provoco
cante algo de mi historia mas advierta
que en cantando mentira ha de ser muerto
todo es verdad
agora lo veremos
A baile y cante, sale encubierto en este traje.
¡Ay de mí, triste!
¿Qué es lo que veo?
Llegad al capitán
primero.
¡Qué locura! Bien me ha castigado Dios.
Éste es Franco, mi hijo, a quien crié,
vengo a buscar desde mi patria fina,
mas nunca yo pensé que le hallara
donde tan vil oficio ejercitara.
Llegar acá, bien es que quien pensare
quiénes sois vosotros, a mi padre hallará,
amigos míos.
Bien conozco
quién eres, que fuera error,
aunque eres hijo tan malo,
siendo tan buen padre yo,
no conocer a quien di
el ser; tú eres vil traidor,
el capitán forajido
de quien cuenta toda Italia hoy,
por el peso de tus delitos,
tantas muertes, tantos robos,
delitos infames, y di,
a la justicia de Dios,
¿no temes que despeñándote
el plazo ha de venir
de la divina deidad
y del castigo de su amor,
no temes?
Pues, juro a Cristo,
hermano predicador,
que me va enfadando ya
vuestro cansado sermón,
y a cabo de enfadarme...
¿Qué has de hacer?
Darle de coces,
pues sois tan loco.
Dale el Padre un bofetón.
¿Qué te ensalzas, arrogante?
¿De qué blasonas, villano?
¿Qué presunción, qué nacimiento
te ha dado sangre y valor?
Hijo eres de un hombre humilde,
míralo bien, pues hoy
la afrenta que tienes, aunque
de algún rey descendieras
o que por el arzobispo
tienes de ganar honor.
Mientes, vil traidor.
Aun mientes,
así le castigo yo.
El cielo castigue, ingrato,
pues el valor me faltó
a vuestra injuria presente.
Matarélo, ¡vive Dios!
¿A tu padre?
No me tengas.
Oye, detente, señor.
Vive Dios, si me tenéis,
que he de hacer matanza
en todos.
¿No te contentas, cruel,
con haber puesto, traidor,
tu infame mano en mis canas,
sino que, loco y feroz,
quieres darme justa muerte?
al mismo que el Duque dio
vienes traidor atrevido
te debo y primero a Dios
y así te quiero pagar
su parte en dártela hoy
vete libre pero juro
a Dios supremo criador
que si otra vez vuelves
en este estado y engaño
en mi poder quedas a hacerte
mil pedazos
Vase
vete conde que me atormenta
que es tal el pecho furor
Franco cruel dado
fiero delito
mi afrenta remita a Dios
el castigo de tu delito
pues no tengo poder yo
plega a Dios pero no quiero
maldecir tu sinrazón
soy tu padre eres mi hijo
y aunque a queja y a afición
te has de hacer como quien eres
yo he de hacer como quien soy
Vase
fuese confuso y corrido
hablando de enojos hoy
en una horca pende
plega al cielo soberano
basta el enojo
por ti
se ha templado mi furor
Canta el músico
escucha
Canta el tono genovés
enferma pensaba Franco
honrar su casa y estado
descuida de sus agravios
coronado de despojos
dice bien enferma estaba
mi patria y rey seguro
de verme en aqueste estado
escucha
conténte y escucha
el oficio en que se emplea
el humilde más no pudo
como quiso la fortuna
hacerle en todo más justo
fue mi desdicha cruel
fueron mis años invictos
verdad que en lugar canta
no me enfade pues lo escucho
salióse de una oscura noche
viéndose pobre y desnudo
a robar que no tener
al más cuerdo obliga a mucho
vive Dios que necio miente
o falta a la verdad miente
mi palabra a tal cantor
dos balas despacha al punto
bien la música ha parado
gran acento
haré tu gusto
Vase Roldanillo
encontró a Carlos divino
un caballero que juró
su amor en Diana hermosa
y dádole asalto fiero
827
No saliese quien me luego
diere corado fanón
pa matar al capitán.
Yo quitara unos muslitos.
Saca la espada, figura,
presto.
Téngase al he,
no ha de en fundura que fe,
el hombre que peor fortuna
no he visto en toda mi vida
tal cólera a cristiano.
Acaba ya o te mato.
Vela aquí, vusted me diga.
Mátale.
Fron capitán
destos nobles virotes,
yo no he venido a ofenderos,
como mil obras dirán.
Afréntanme en mi lugar
porque se ha de mi mujer,
voto al general monte a ser
como león y a matar
cuantos yaciesen en mi aldea,
mas con condición forzosa
que me habéis de dar a mi esposa.
Tuya ha de ser, luego sea,
tuya sea de estar por mí.
Pues yo ¿para qué la quiero?
Fuego en vos en linciones
y fuego en mí que caí
en la piedra hacer cucho.
Quiérela mucho.
Señor,
antes no la tengo amor.
Pero si la quieres mucho.
¿Por qué causa?
El mal casado
no os dé quejas pues poco.
Quise poco,
es justa cosa,
y no hay un refrán prestado
que diz: lo que no te duela,
ande y deja.
Esconde.
Pues si a mi mujer perdida
es fuerza que con cuidado
a mi poder sea traída,
cierto que os quiere llamar
muy como cuerdo su brío,
que dudará poco o nada.
Ya está en tu poder, amo,
la tendrás.
Tú lo verás,
como se dio a lo de veras.
Señor,
de gente suena rumor,
el Duque de Sesa es,
que a caza al monte ha salido
y poca gente ha traído.
Este lance de interés,
ven, Diana.
El bien permito.
¿Dónde va?
A robar.
Así,
pues luego le seguiré,
en hablando aquí un poquito
con esta buena hacienda.
Pues ¿qué culpa tengo yo?
Quédanse solos Pepino y Laureta.
Mal haya quien me casó.
¿Cómo, que mi amor te ofenda?
Que yo no fui culpada,
estando en las manos dar
quien fue causa de manchar
mi honra siempre manchada.
¿Quién fue?
Un pícaro, mil pesos
donde ayer yo pasé.
¿Y logróse?
Ya lo ha hecho.
¿Qué?
Decirlo no oso.
¿Preñada?
Pienso que sí.
Vamos por la piedra luego.
¿Para qué?
De ti reniego,
vamos por ella.
Ay de mí, ¿para qué es?
Detente.
No alborote.
¿Para qué quieres traella?
Para pegalle con ella
luego en naciendo el chicote.
A ayudar a Franco vamos,
que con el Duque hay gente,
algún contrario.
Dentro.
Franco, tente.
Todos salen cubiertos entre los ramos.
Dentro ruido de espadas.
El Duque y Diana y Franco al mismo tiempo, poniéndole el pie encima.
29
Aunque muestre mal valor
sea desfavor mi furia.
Que has por tomar venganza
de tu fiero y gran rigor.
A mis pies el sol.
Furor
me infunde de Dios.
Animaos y levanta.
Qué ánimo puede tener
el que se halla ya vencido
echado al foso de su planta.
A sus pies me vi de tal suerte caer,
ministro del cielo fuerte,
pues a tus pies me tuviste,
celestial y pulso fuiste
y hoy vine a besar tu pie,
al que portentado diste.
Duque de Sesa, yo os doy
hoy menos que tu perfidia,
mi vasallo quiero que Dios.
Franco, a tus plantas estoy.
Un siervo, si quieres ver,
por el temor de tu altivo
ser, ver el ser que recibo.
Quieres alabarme y después
darme la muerte, pues hoy
verme a tus pies aunque vivo
no será del todo el cielo
perdona mi demasía,
aunque acabe la alegría,
las rodillas por el suelo,
en esto mostró el cielo
a mi desdicha el valor
de mis obras, mi señor,
así de Dios fue el desvelo,
yo fui indigno, qué no,
sin nacer para señor.
Porque si con tal ardor
gallardo en el defenderte,
dejé de darte la muerte
no por temor que te di,
de ti aunque te conocí
besé ya libre y fiel
que si tuve de mí indignado
que a tus pies me he arrojado
perdóname agradecido
o castígame enojado.
Vive Dios que he de cercar
este soberbio horizonte,
y que ese que amar del monte
que os aleja de ocultar
la causa de mi pesar
mal nos era de dar gracia,
darle a un Duque de Cardona,
más bien le merece hoy
ha visto un Duque a los pies
de un homicida ladrón.
Sale Claudio con una carta.
Todo el monte he andado en suficiencia,
edit curs dot.
Pierde la paciencia.
Aquí está carta el General te escribe.
Lee.
Alguna mala nueva se percibe.
El Duque Alejandro enemigo de prudencia,
toma de la fortaleza de Villamarín
el campo de ira de la misma villa.
y hará bonísimo efecto luego,
si su excelencia no lo remedia la brevedad
importa.
el hito faltaba a mi disgusto,
mas verá el duque injusto
el castigo en su bárbara osadía.
mas consuélese, mía
pobre, que ando de sentencias tan falto,
darle de besos asalto
a la ganadica.
mas no importa, mi esfuerzo es maravilla.
quien pisa Italia
es de Sena la nombradía.
los trata asaltos servidos de la gente
y la venganza intente
del que le quitó el imperio
hijo ha de ser del alemán imperio.
Vase y sale Franco solo.
de aquestos verdes ramos escondido
cuan topado corrido
el duque aunque arrogante se previene
está en esta ocasión para socorro
porque al fin tiempo abona
mis yerros y perdone
tantos delitos hechos,
intentar una acción, de raros pechos,
trescientos hombres tengo,
a ayudarlos con ellos me prevengo.
que aunque faltar su gracia
así sé que obre venganza de su gracia
que no cueste la vida
amigos, a la compañía lucida.
Salen todos y las mujeres.
no abrá en mí deseo en batalla
como la rraia, y cien de la muralla
más fiero y más altivo,
el duque, por nuestro duque vivo,
daremos a la furia
soberbio primer tajo,
sin pensar presiento furiosos
y diestros en el arte en los modos
de la milicia noble.
vamos adonde de laurel y roble
Italia nos corone
haciendo aquí que el duque no perdone.
pues ya que se dispone,
a tu sombra valientes pelearemos,
dándole al enemigo fiera tacha con brio.
a tus órdenes me nombro,
quizá mis males tendrán fin con el asombro.
también a tu servicio estoy dispuesto.
y yo no pienso dejarte.
antes vos me dejáis en cualquier parte.
pues alto amigos a injuriar al duque
voces que todo el mundo se publique.
quien de mí vea mataremos 50 por risa
zancadas dar que rrones de a legua.
Vase.
Tocan y salen el Duque, don Enrique y Roldanillo.
repórtate duque alteza
y no pretendas esta tarde
la batalla al enemigo,
pues mañana el coronarse
los montes de rigor de oro
tendrá glorias bastantes.
Después que la gente
podrá la villa ganarse.
No os fiéis de mil hombres.
Si no alejados van.
Más de ocho mil.
Mil, dos mil.
Mas querrá ocho mil pelear
la soldada al muro,
y el duque a la plaza
con fuerza la corona,
que con arte de infames
ganó mi gente el duque,
quien no quiere legitimar
que de la corona
toca al arma la ciudad.
Defenderé por ti la sangre,
aunque con mil peligros.
Tocan cajas y bajan gente y salen del mar.
Que con tanta el duque ahogante.
No os obra la villa.
Nota la obra ni mal,
mas si de un quejarse no
en el mar.
Con pocas partes
la batalla por su con.
Valeroso capitán,
alarma el desamparo.
Después la batalla sale y se retiran Enrique y el Duque y ellos y el desamparo.
Dentro muere el desamparo.
¡Alo, barca!
¡Oh, mí de tan paraje!
No quiero dejar la vida
hasta morir,
pero como
que en mí
en breve.
Fuerza.
Sacra.
Sale Franco.
A quien no mil por mil,
y si el cielo
caerá no.
Franco se tiene de ir,
muera Alberto.
Pagarte
pienso tan ya.
Mientras nunca me pague.
Sale Pepino.
Después la batalla dice Roldanillo.
Dentro sale el Duque Alberto muerto y Zeida se lo lleva. Laureta.
Dentro Franco, la historia por medio Duque la canta.
Salen dentro la historia.
El que no
me ha sabido ni ha de,
baba me se pella de.
Si con un alta torre,
jefe que de muerto
no es caída en la sangre,
aquel se le puede juzgar
que tiene gallardo talle.
Entrase Pepino y cae el duque.
aunque muerto y el batido
me da muy claras señales.
Voto al sol que es un gallina
si no llega a desnudalle.
¿Qué Gil es muy galán,
por qué no llega antes?
pardios que me determino.
Soldados aquí se cante
no sea el capel ninguno.
Cae el duque y sale Pepino con un vestido.
Voto al sol de dios que ando
con este vestido agora
más galán que un jenízaro.
El duque huye Pepino,
ya ningún ladrón me habla.
¿Qué he de hacer a horcas?
Estos malos hoy gigantes
soldados del enemigo
vienen acá ellos me parten
por medio, ¡ah! quién me coja
más la ya que tira de él. Como
quiero echarme entre los muertos,
y con la tierra y con sangre
untarme el rostro, el pecho.
Dios con bien de esta me saque.
Tocan y salen tres soldados.
Soldados aunque perdamos
las vidas no hay que dejarla,
ya que no le ha deudo mas
y a con será para dalla.
Se piel enó dentro huyen silma
En muy son los a causa.
El que miraré.
¡A cielos!
Oh qué dicha aquí se
el más valiente soldado
que a tenido en Italia y Flandes.
Pobre Pepino pimientos
ay comidas que esta tarde
os traselló agua fría
En en los hombros le coge.
¡Ah! ¿Son estos del demonio?
¿A dónde queréis llevarme?
Que cabo tan lastimoso.
Mal que lo han de dejarme
no he visto muerto en mi vida
que tan presto se cerniese.
Vive Dios que si son vistas
los contrarios arrogantes.
Pues dejemos el difunto
y nuestras vidas se escapen.
Huyamos señor perdona.
Ay voto al sol qué dejarme
me han quebrado las costillas
pero todo puede ser
por bien empleado pues
pude con vienes caparme.
Sale el duque Franco y Roldanillo.
Vos sois Franco valeroso
quien la victoria me ha dado
y aun la vida pues estaba.
cercado de mil contrarios
mi ya prisión defendéis,
con vos estaba enojado
y con vuestros compañeros
y pretendí castigar
gravemente, mas de hoy
esta victoria pagando
perdón general os doy.
Señor, yo infinito amo,
y de aquesta fortaleza
alcaide perpetuo os hago.
Beso tus pies.
Los de todos
que sois leales, que en Carlos
vuestros soldados podrán
repartirlos, y yo me parto
a Sena, quedad a Dios;
y vos, Franco, que os encargo
en aquesta fortaleza
la llave de mi estado.
Yo la he de defender
de todo el poder humano.
Yo lo creo, a Dios quedad,
con mucha ofensa le dejo.
Vase el Duque.
Enrique, no os vais.
¿Qué queréis?
Que pues quedaron lavados
los enojos del señor,
podamos comunicarnos.
Yo no he de servir.
A Dios,
si solos habemos quedado
¿no jugaremos?
Juguemos,
pues toca una, cazagador.
14 33
Vase Roldán.
Salen Diana, Laureta y Pepino.
A un grato Enrique.
Diana,
no me llames a mí ingrato,
culpa tu infeliz fortuna.
El alma se anega en llanto.
Galán estáis, ¿qué es aquesto?
El ser, ser fuerte soldado
de su desdén engreído.
¿Qué duque?
El duque Alejo.
Alejandro.
Dirás.
Ya está aquí la caja.
Yo también jugaré un rato.
Yo tomo el dado.
Este juego
bien tiendo, como en él no...
Parejos en eso.
Corro,
que no puede estar parado.
Más arriba.
Topo.
Tope.
Es un as, quina o un marro.
Perdí.
Sale el padre de Franco.
Que con tanto brío y aso,
a quien vi, mi hijo amado
y a capitán valeroso
no falte, a do en el campo
jugando es hábito mío.
Oh padre, seáis bien llegado,
mucho me huelgo de veros.
juego a blancones de pacio
mas a diez
a diez topo
perdí
y pierden con los diablos que me dio
cuánta hacienda me dio Dios
qué contento estoy mirándole
duérmete del todo hijo mío
pues esta cadena y paro
este diamante perdí
voto a Dios
querido Franco
no te disgustes
dejadme
padre de quinientos diablos
Rempújale.
así tratas a tu padre
al suelo me arrojas gimiendo
te vengas de mí a tu suerte
no sois padre, mas canalla
paro esta banda
yo digo
a todo paro y a los dos
gané
ganado me veo
entre dos mil duelos míos
padre da acá esa capa
y de ese tan bien puesto paro
perdí también
el buen viejo
de gentil hombre ha quedado
paro a mi padre también
pues vuestro padre es esclavo
quién le metió en esto
topo
gané
pues aquel Romano
ojos queréis de una suerte
mira no ha de haber Dios que guarde
paro la vista que tengo
gané
Queda ciego.
aguarda que ciegue Claudio
ay de mí Dios
qué tienes
ciego me he visto y quedado
luego la vista perdí
misterios son soberanos
Enrique
Vase.
soberbio loco
qué quieres a Enrique cuando
está afrentado de ti
ay valentón, ay gallardo
mas con este bofetón
dejo vengado a mi Julio
ay de mí, Diana hermosa
dónde andas tú
Vase.
villano
voy donde mis deudos cobren
satisfacción de mis palos
Laureta
Vase.
vaya el ladrón
mísero infeliz tirano
allá matarás criados
Marcio
Vase.
no llames a Marcio
padre
qué linaje de llamar
es donde estará cenando
allá en la mesa redonda
esperad
adiós
Diablo.
Mira.
No quiero que vayas,
a que todos los villanos
vengan, y pues ciegos dos,
que te derriben a palos.
Pues, ¿qué ha de ser de mí,
aunque os ofendáis tanto?
Todos te han de amparar,
solo un padre triste y viejo,
afrentado de sus manos,
a tus desdichas se atreve.
¡Ay, padre!, no sientas tanto
la ceguera en que me ves
de aquestos libres villanos,
ni ver que el cobarde Enrique
puso en mi rostro la mano,
como siento las ofensas
que he hecho al monarca sacro,
Dios celestial, ¡ay de mí!
La justicia amenazando
está a mil culpas desnuda,
la espada que arroja rayos,
bien lo veo, bien lo veo,
aunque la piedad a un lado
está con palabras tiernas
deteniendo el fuerte brazo.
Pues, ¿cómo lo puedes ver?
Ay, padre, ya desnudo de
corporal vista, y gané
la del alma, pues mudado
reconozco mis delitos,
ya borró mis mil pecados
el perder para tener.
Hoy en mí se ha de ejecutar;
perdí la vista, y tengo,
pues con no mirar gano,
guíame, padre, al castillo.
Contigo voy, hijo amado.
Respetos.
Levanta.
Aqueste es ejemplo claro
de mi vida y mis pesares,
un tiempo en vicios y engaños.
Con vista, y ahora sin ella,
animoso me levanto.
¡Oh, qué de cosas que miro!
¡Oh, qué de cosas que alcanzo!
Que con la vista exterior
no alcancé a ver, y libraron.
Tened lástima de mí.
Vamos, hijo.
Padre, vamos,
donde un Franco sin vista y desdichado
vengue en los ofendidos sus agravios.
Perdí vista, señor, y tengo vista,
que la vista del alma es la más viva,
pues si esta vista tengo,
llámenme lince, no me llamen ciego.
Laus Deo.
En Plasencia.
236
Salen Chaparro y Pepino.
Y, ¿qué vienes a la aldea
al cabo ya de dos años?
¿Te sacó al monte...?
Monte, decís, Chaparro,
nunca le he visto en mi vida.
Agora duermes a solas.
No hay suegro que hable de burlas
para hacer a alguno tiro.
Los bandoleros lleváronse
a tu mujer, perro barrón,
dos años ha y más.
Bien dices,
señor suegro.
Llegaron
a tal término las cosas
de aquel bandolero Franco,
que el Duque le perdonó
y le hizo castellano
de Villamarín, si bien
le gozó poco el dictado,
pues, por soberbio,
perdió el castillo.
Y soy del caso
testigo, que desde entonces
o se le ha llevado el diablo
o le ha tragado la tierra,
pues no parece avillán.
Lisonjero Guatimala...
cobralle...
es verla,
pues como buena
sin ella que fue
luego a andallo
y a comelle más dinero,
si sirvióle como honrado
admitió estar bueno,
y como tiene el diablo
en el cuerpo, se ha de andar
saltando de charco en charco;
de venta en venta de allá
en villa, no hizo caso
de mí, y con el bardolero
se fue otra vez como un rayo.
Yo no soy hombre valiente,
el otro un Héctor troyano,
hombre en fin, y ella mujer,
no os hiciera miraldo.
Pues no entréis más en mi casa,
que a mi hija habéis dejado.
Habláis como suegro, en fin,
mas el dote...
El dote, hermano,
ya está todo consumido.
¿Y el buey?
Ya asó medio hogaño.
37
¿Y los carneros?
Vendilos.
¿Y los asnos?
Murieron.
Yo tan bien ya me muriera.
¿Y los aquesos que quedaron?
¿Qué son aquellos?
Aquellos
que había de parientes.
Ya os entiendo,
no los nombro
porque, habiendo mentado
dos veces a mi mujer,
y es el lenguaje tan malo,
no quiero nombrar la soga
en casa del ahorcado;
en fin, ¿no hay nada?
No,
id con Dios, Pepino hermano,
que si a mi casa volvéis
por dote, el que os ha quedado
llevaréis.
¿Y qué será?
(Vase)
Cuatro docenas de palos.
No me desagrada el dote.
Voto al sol, que es un bellaco
cualquier hombre que se casa,
cuando hay otros embarazos
de suegro o suegra bien airado.
[Líneas tachadas en la parte superior de la columna izquierda]
Sale Diana de caza
Herido en el corazón
si me escapó el jabalí
haciendo oculto sagrario
de su vida las malezas
del monte que le dio amparo,
mas ¿quién está aquí?
Pardiez
que es esta, si no me engaño,
la que también
fue bandolera con Franco,
quiero decir que le sirvo
y que le traigo un recado
desde donde una huida
remediara mis trabajos,
mi desventura y pobreza
dándome algo que valga algo,
señora.
¿Quién sois?
Pepino.
¿No se le acuerda un villano
a quien Franco y su cuadrilla
o su mujer le quitaron?
Ya os conozco, ¿qué queréis?
Después que perdió jugando
la bolsa con el mesón,
sirviéndole aunque cansado
de mozo de ciego...
¿Y bien?
y a la usanza le sacaron
unas viejas y huérfanas,
y está muy rico y ufano,
y me envía solamente
a que os vea y dé un recado.
¿Conque está Franco en la...?
Él nos trujo en sarta
en la ciudad Lechaguense.
¿Dónde cae?
Junto a Rábano.
¿Qué provincia?
El provincial
sé que se llama don Cardo,
la provincia no me acuerdo.
Decid el recado.
Don Franco,
mi señor que siempre el don
se pone en viendo el blanco,
dice que si dura en vos,
señora, el amor pasado,
para llevaros allá
vendrá en la posta en un carro
borracho y hoy, porque allá
no hallará un hombre un caballo
por un ojo de la cara.
Entra, y dáselo a Celio, que ha sacado
aquel presente, es de la hija
del presente.
Una caja
de menos diferenciados
todos en color; los unos
negros, los otros castaños,
otros blancos, y otros
y algunos rubios y dorados,
y por si algo hay así, en fin,
tan bien los unos
tan bien también.
No os amiguéis,
Carlos, y dile que acelere
villanos de la vida, y falto
de su que es servir
de que pues ha pensado.
Juegos y Orlanda, ya
tiempo recibir, agradado
tal y si llega a ofrecer
sus pensamientos villanos
gracia altísima, y acuita.
Y aunque se culpe, aunque
aunque satisfecha, esperando
porque el amor, halle siempre
no contento con matarle.
Para mí,
cantos y
sobre la paz.
¡Juro a Dios!
¡Juro y juro!
Venid con gozo. Reales,
que Don el menor de la
y el menor despacha
a la princesa.
Ahora salid pues, sevillanos, por el buen vuelo.
Y salís el buen Valerio,
no sé aquí y detenerme
mi desgracia despachada.
Tan mal anda la sinrazón
por más reveses hallo
pedir limosna, Pepino,
este consejo más falso
aunque y desee el primero
entre los buenos casados,
y con mi querida la serena,
el alma es tan laxa.
Aunque de aquí,
fui contento
tan riguroso y tan fiero
como mejor y el menor
como es mi y intento y
tan ferias y tan vario.
Todo lo miro avieso,
todo lo juzgo al revés.
A Zeida, que por el camino,
como si extrañan los pies,
con de los guías te dejas
hacer mayor desatino.
Pero, ¿a qué son cansados?
Esta corriente, si no miente,
por las cañas de la enfrente
les murmura, ruega y llora;
ella me podrá enseñar
el camino a mi señora.
¿Quién es?
¡Ay de mí, y ahora
el alma! En este lugar
mismo aqueste rostro vi,
y esta belleza gocé;
Diana es, Diana fue
a quien soberbio ofendí.
¡Ay de mí, que a mi pesar
haber por aquí venido!
Al verme se ha suspendido,
y el verle también me altera.
Este es Franco, mi enemigo,
que sin duda, disfrazado,
viene a aqueste despoblado
a ser otra vez testigo
de mi ruina. ¿A qué quito,
ya sin celarme el villano?
Hoy será ilustre mi mano.
Cielo, echadme lazos, ¿habéis
esposo?
Señora,
no des voces.
¡Ah, traidor!
Ya te conozco, señor
esposo.
[Dentro Marcio.]
Diana.
Ahora
llegáis, aleve villano.
Si hay quien castigue con brío
este atrevido desvarío
hacia mí, ¡qué intento vano!
Señor, escucha.
Sale Marcio y criados.
¿Qué es esto?
Ayudad y desengañaos,
Franco, que viene a matarme.
Ciego, ¿qué cometes? Tan mal,
sin duda que fue su hechizo;
mas aquí salga mi espada,
dejar la intención burlada.
Detente y dame atención,
que huyendo de fiera sierpe
a este monte, donde caigo,
robando a los pasajeros
en robos descaminados.
abrazos dos en uno
hiciéronme de la escuadra
Capitán, pluguiese al cielo
que vos me hicierais el último
en la ciudad o en el monte
de enemigos achacados
porque si a esto fui, en fe
tantos robos, intenté
dióme el oro de que perdonase
porque asalté los muros
de villanos y ganando
sufriendo yo en esta escuadra;
Pues, ¿cómo a jugar...
los despojos, y mirando
estrellas, que esta es máxima
que es de mi desdicha causa
infundiéndome soberbia
y retándome arrogancia
me hizo jugar, la vista
perdí al fin; aunque Arnesto
ganó la vista interior
dichoso aquel que la gana;
Fui ciego a Roma, y de Roma
visité al fin cuantas sacras
reliquias guardan sus urnas
de oro, cristal, bronce y plata
pasé a España y el patrón
santo de la invicta España
me dio la vista exterior
mas quiero esta interior
para volver a mi patria
sana, porque todos vean
si descanso con la mía
que de vos mi honra y vida
doy ejemplo a cuantos hacen
desprecio de su estado
debatiendo mi agravio
me robaron en campaña
el vestido que traía
y aqueste me dio de limosna
un venerable pastor
que encontré en esta montaña
Llegué a este monte perdido
donde entre ellos venía amado
y a vuestra planta, señor,
vi que una mujer estaba
pregunté por el camino
sin saber que era Diana
a mis Dios suspiros daba
donde con cólera y rabia
sin escuchar mis razones
metiste mano a la espada;
mas la verdad del caso
si te he ofendido, a tus plantas
estoy; conozca quien osa
me perdone, o me mate.
Franco, aunque apacibles ecos
aunque la vida pasada
llena de crueldad y engaños
muy poco crédito alcanza.
Mas ya que te he dado cuenta,
dime en breves palabras
lo que a mí me ha sucedido,
con licencia de mis canas,
pues que por tus delitos
dejaste nuestra montaña.
Diana a su consorte,
en su honor aquí agraviada,
si bien el mundo conoce
lo que mi fineza en gracia
halló, ya casado a Enrique,
burladas sus esperanzas,
de sus deudos perseguida,
de sus padres olvidada,
tanto que aunque yo no era
digno de besar sus plantas,
me dio la mano de esposa,
y yo el alma por pagarla;
de mi hacienda y de la suya
venta hicimos moderada,
y con ella en esta aldea
vida regalada pasa,
ya en sus prados divertida,
ya entretenida en la caza.
Dos leguas hay de aquí a ella,
el camino está en la falda
de aquese monte que miras;
vete libre, mas repara
que hoy la vida te concedo
porque atribuís a ignorancia
los yerros y atrevimiento,
por causa de Dios a quien
que en el monte donde vivo
que si mi ira se enciende
y aun al monte y a las fieras
pondré espanto, si te encuentro,
que te he de hacer mil pedazos,
que arrancaré en cien partes
este fugitivo aliento
que del monte asconde el centro.
Y cuando su nobleza
por clemencia que en él haya
no lo haga, vive Dios
que yo misma con mi espada
abriré tantas bocas y luego
en sus aleves entrañas,
que turbada el alma ignore
la puerta por donde salga.
Justo pago de mi vida,
yo merezco con razón
el rigor que por traición
da quien es lealtad conocida:
ya muy bien sabéis vos señora,
aunque tanto os ofendí,
que si agora vuelvo aquí
no es con intento traidor,
si a dar fin a agravios
y escándalos de mi vida
mal empleada y perdida
causó ansias como es razón,
vengo, sino a lo que es justo.
Salen Chapado y otro villano.
cuando agraviados estén
que este disgusto muden
cuando pretende ser justo.
Loca me lleva la fuente.
Lleguemos a ver Chapado
quién tal rumor ha causado.
Pastores soy buena gente
dadme un pedazo de pan
que desde ayer no comí.
Otra vez anda entre mí
con prisa aunque muy galán.
Desmayado voy amigos
favorecedme por Dios.
Este es Franco, que otros años
en el monte hay enemigos.
¿Franco, aquel grande ladrón?
El mismo.
Apartad allá.
Sin duda venís acá
con otra nueva invención.
Amigos, no os alteréis,
a pastores acudí.
Presto, que está Franco aquí.
Callad y no voceéis
no temáis.
Vamos, Chapado,
y juntemos los pastores,
y con bueyes y aradores
le daremos su recado.
Amigos.
Quede el ladrón
muy mucho enhoramala.
Vanse.
El Cielo así me regala
que estos sus regalos son
hacía mal, delitos hice
que a todo el mundo asombran
muchos de mí se agraviaron
y agravios atroces hice
y hoy quiere Dios en castigo
que el regalo, para mí,
vengan agravios aquí
que estos regalos bendigo
todos me han de perseguir
y todos han de querer
que pueda mudanza haber
en quien mal supo vivir
aunque para que vea señas
fío que por varios modos
han de perseguirme todos
dando aumentos a mi pena
mejor me estará el desierto;
al desierto quiero ir
y asistiendo en él, servir
a Dios.
No aciertas.
No acierto,
¿quién me pudo responder?
Una voz me dijo aquí:
"No aciertas", ¡ay, ay de mí!
¿qué he de intentar, qué he de hacer?
Ve al Carmen.
¡Oh, nuevo espanto!
"Ve al Carmen" me respondió.
entre los mismos que vemos
ser santo.
Cómo ser santo,
un hombre como yo puede
ser santo, un forajido
que a cuantos malos ha habido
en pecador que excede
puede ser santo eso no,
que a tomares preparados
que humilde y arrepentido
delitos que fiel
pues a tanta ceguedad
de Dios sumo de Dios santo
no yxa luego del espanto
y gozar su eternidad
mas Dios no es piadoso, sí
pues que como ser piadoso
al carmín pasto animoso
y pido el albalá
pues y nspiendo los espantos
de mis confusos rigores
siendo mis culpas enormes
que de grandes pecadores
hace Dios siempre los santos.
Vase, salen el Duque, Claudio y gente.
Es don Enrique noble caballero
no esperaba yo menos de sus bríos
en fin Claudio venció
Venció a Rodulfo,
su error de Alejandro que enojado
por Camuzeta su dario asedio
cuando a Villamarín recuperaba
pues veinte mil hombres en campaña
diciendo que de todos los estados
se había de apoderar.
Por esto Enrique
cuyo valor le dé hoy glorias públicas
sus pasos enfrenó.
Y de tal manera
que de veinte mil hombres que en su armada había
no volvió con seis mil.
Valiente hazaña
sino soberbia y loco devaneo, daño.
Ya pienso que va entrando en la ciudad
el victorioso Enrique.
Será justo
que a recibirle salga dando muestras
del gusto que me ha dado la victoria
y del deseo que en mi pecho tengo
que quisiera por Dios al uso antiguo
del Imperio Romano, que ignoraban
en un carro triunfal y coronado
de aquel árbol que tanto veneraban
a los Romanos Césares.
Muévase Enrique
a que se note.
Es así imposible
mas si a mi sien le faltan fuertes lazos
yo los haré a mi pecho de mis brazos.
Vanse y sale Franco.
Ya es imposible mi bien
mi mal solo es verdadero
faltóme dicha que espero.
Deudos que allí tenía en [ilegible]
a Baza, al Carmen llegué,
y a el prior asilo pedí,
conociéronme, ¡ay de mí!
y un hábito pardo...
por disfraz dél tomé,
que en el convento reside,
respondió el adusto viejo
con inmensa indignación:
«¿A este vienes a robar,
que de Dios el templo pisa,
los ornamentos de plata
que adornan el sacro altar?»
Esto dijo con enojo;
apenas, cuando acierto,
y con violencia me dio
con las puertas en los ojos.
¿Qué ha de ser, triste de mí,
cuando todos de mí huyen
y mil males de mí arguyen
por los que antes cometí?
¿Quién podrá favorecerme,
y ser piadoso tercero
de alcanzar el bien que espero,
aunque en él no espero corona?
Tocan cajas.
Cajas suenan, y a Palacio
viene un escuadrón lucido,
que lo veré escondido,
pensando en mi mal despacio.
Sale Enrique y soldados.
Marche la gente a Palacio
hacia la dichosa puerta,
para darnos mejor suerte.
Cielos, ahora sí que entiendo
que, aunque algún enojo tenga
conmigo, ha de ser mi amparo
en una ocasión como esta,
el que a aquel que me ganó
la mujer y mi hacienda,
y por quien perdí la vida;
si bien sé yo que el perderla
por soberbia y por enojo,
fue del Cielo providencia,
él puso la airada mano
en mi rostro, y a mi esfuerzo,
ya que no hallo venganza,
que dé remedio a mis penas.
Las banderas enemigas,
amainando por la tierra,
bajen; y las victoriosas
tremolen al aire inquietas.
Toca la caja, tambor,
que un momento se detenga.
¡Oh, Enrique valeroso,
pido que halles fortuna!
¿Quién eres?
Yo soy aquel
que de mi triunfo la soberbia,
del abatido que gime,
caí en centros de miserias;
yo soy aquel que pensé
ser por mi valor y fuerza,
Héctor valeroso en Troya,
valiente Aquiles en Grecia,
finalmente, un desdichado.
a quien fortuna envidia
a los más humildes, o a
que todos de Italia huyen,
que es, en fin, vamos, qué entiendes
de ti en mí que has mostrado,
de mi valor en poblado,
de mi rigor en las selvas.
No estabas ciego.
Sí estaba,
pero de Dios la clemencia
la vista me volvió ya.
Pues dila.
Que a favorecerle
baja justísima causa,
porque otra ya no intenta
locuras mi condición,
antes se arrepiente de ellas,
has de ver que mi tercero...
¿Quién ha de tercero ser,
cuando vienes disfrazado,
como tu traje lo muestra,
a darme muerte alevosa?
Levanta, infame, que no quiero
que castigue la intención
antes que cierta la sepa;
tú vienes de mí agraviado,
y con fingida apariencia
pretendes asegurarme
por tener así más cierta
tu venganza.
Aunque es verdad
que me agraviaste, no intenta
el alma disfrazar
la olvidada bajeza,
y postrarme más que quiero,
que esto y menos me ciega;
en este lado me diste
ambos son con violencia,
dame otro ahora en este otro
con más rigor y más fuerza.
Pisa mi cara, señor,
humilde estoy en la tierra,
y pues tienes ocasión,
que al que enojó y se queda
de tus agravios pasados,
y ves que no hay resistencia,
véngate de todos en mí,
mas después que satisfecho
te sientes, gran señor,
con una merced me premia,
que te pediré, si gustas.
Quien toda la vida emplea
en engaños y traiciones,
aunque después se arrepienta
y diga verdades, nunca
no es bien que nadie le crea.
Vete y no te canses más,
y otra vez no te acontezca
llegar donde yo estuviere,
porque entonces será fuerza
el darte muerte, aunque muestres
más humildad y modestia.
Señor...
con pena me quedo
voy a marchar en que el Duque
que Dios guarde nos espera
ya he de hacer victoria
en cumplir mi deseo
pues yo a encargar el grueso
del campo sin mis rezelos
ha echo en mi nueva gloria
célebre aquesta victoria
por que eternamente viva
la fama onrrando las selvas
el tiempo por más memorias
dadme señor esos pies
que pido con ruego ciego
Sale el padre.
quien sois
Franco vuestro hijo
mi hijo Franco engaño es
No faltava después
de injuriarme todos oy
señor de hijo Franco soy
vos mi hijo a quien niego
que mi hijo Franco está ciego
y vos con vista
Si estoy
porque el Cielo me la ha dado
que por infinita merced
cuando juzgué que os perdí
presente vos padre amado
no me llaméis hombre onrrado
padre a mí, porque mi hijo
por cuya ausencia me aflijo
quedó ciego y padecía
con rigurosos desvelos
ansias, oprobios, recelos
robando en el monte el día
y parando por el yelo
a los demás me igualó
y aun más que solía mostrar
y por que en platicar
que eran acciones tiernas
locas sobervias y vanas
con los que de vuestra injuria
exalando el pecho furia
pasó la mañana en mis canas
volvíle a hacer ayer
y a desta injuria olvidado
jugando estaba y cifrado
no me quiso responder
el amor me hizo volver
a replicar amoroso
y él no advirtiendo furioso
que era afición paternal
me dio un golpe tan mortal
que di en el suelo piadoso
luego la vista y perdí
y acudiendo a socorrer
ninguno a favoreser
su desventura llegó
solo en mi consuelo hallo
yo solo triste ofendido
lloraré aunque afligido
por mi hijo y el trabajo
midió el nombre dulce, y blando
de padre, y a enternecer
pues ciego conoció
al padre y le dio a leer
que con vista llegue a ver
quien soy, ciego, perdió
ciego le conozco yo
porque con vista, recelo
que no respetando al cielo
se atreviera en mi indignación
me diera otro bofetón
o me arrojara en el suelo.
Y así amigos conociendo
su inclinación atrevida
de ser mi hijo se despida
si con vista le estoy viendo
ciego estimarle pretendo
y darle nombre amoroso
de mi hijo, y es forzoso
hacerlo así con él
pues con vista fue cruel
y cuando ciego piadoso.
Bien merecéis este castigo
y bien merece, señor
que mostréis este rigor
a un hijo vuestro enemigo,
pero también padre os digo
que vuestra mano agraviada
perdona al que le ha injuriado
saber de dónde colijo
A tomar a mi hijo
de impío que con lealtad
a vuestros pies
quita allá.
Haced que entre Conrado
del Carmen que cerca está
pues por Dios le ofrezcan
merced, y pan.
Buena acción
hiciera yo en que a un ladrón
en el Carmen recibieran.
Que todos me vituperan
que todos contra mí son
Que así aumentáis mis enojos
apartad
Llegaos más presto
mirad
Vase.
No quiero, de llanto y
llevo cubiertos los ojos,
Vase.
Pues hasta que seáis despojos
de la muerte, me he de estar
asistir y porfiar
a la puerta del convento
mi Dios ayudad mi intento
que tendrá fin mi pesar.
Salen Roldanillo y Laureta de pobres con un niño en brazos y detrás
Pepino, y se catan de piojos.
Mi mujer y Roldanillo
son estos, callar es fuerza
y escuchallos aunque la hambre
disimular no me deja.
Aquí tienen en el convento
del Carmen, dan, mi Laureta,
lindamente de comer a los pobres.
Señor, esta
caridad del caldo es cosa
que hace perder la paciencia.
Por eso estáis tan a vos
de tan grande desvergüenza;
siendo que una mujer
deje su esposo o su cama,
ya por tener más gala,
más regalos, más hacienda,
vaya con todos los diablos;
pero que una mujer quiera
dejarme a mí y a su padre,
por andar de puerta en puerta
pidiendo así, más desnuda
que en el paraíso Eva,
sirviendo aquellos andrajos
débil hoja de higuera,
es cosa para perder
el juicio.
Dame, Laureta,
el niño.
Luego sepa este niño,
en la edad tierna
os veis ya, hijo, en trabajos.
Más vale que de ellos sepa
nuestro hijo.
No vi en mi vida
tal concordia y conveniencia.
¿Sientes tú mucho el trabajo,
mi bien?
49
Nunca el cielo quiera,
mi bien, que estando contigo
yo ningún disgusto tenga.
Dios os haga bien casados,
que es muy justo en mi conciencia.
Más precio yo, mi Roldán,
el llegar a aquel puesto
contigo y con otros pobres,
y aguardar que salga fuera
el hermano portero
con tan abundante caldera
llena de líquido caldo,
mar donde danzan las berzas;
y llegar de los primeros
con nuestras bacías o jarros,
arreciar la tremolina
y luego salirnos fuera
comer los dos, dando en tanto
parte al niño; que si reina
me hicieran de todo el mundo.
Y más precio yo, Laureta,
y de noche a un hospital,
posada que dan por fuerza,
y tenderme en aquel patio
en el verano sin pena;
y lo que se ha de almorzar
la mañana venidera;
y en el invierno a la lumbre
escuchar las diferencias
de varias conversaciones,
donde unos tratan de guerras,
otros de la paz de Francia,
con las gracias referidas
que el demonio familiar
dale despedida, y quería
que sirviese a su señoría.
¡Por Dios, qué caso tan fiero!
Vida me va en mirarlo.
¡Ay, mi Roldán!
¡Ay, mi Laureta!
¿Qué duelos son de amor
y qué duda es que os acierta?
¡Ay, mi bien!
¡Ay, prenda mía!
¡Ay, mi luz!
¡Ay, clara estrella!
¡Ay, mil demonios que os lleven,
plega a Dios ninguno vuelva;
o yo, que soy grande jumento,
y tienen poca vergüenza!
¡Oh, un pepino!
¡Oh, cohombro!
¡Oh, Pepino!
¡Oh, berenjena!
¡Oh, lo que huelgo de verte!
Que he andado la tierra entera
en busca tuya dos años.
Que yo me he andado con ella
por aquella compañía.
Y que se la habéis hecho buena;
¿cuyo es aqueste muchacho?
Le hallamos en la piedra
que fue en las suyas y ayes;
la verdad decís, Laureta.
Ningún pesar.
Poca tengo,
mas la que tengo es muy buena.
Pues, ¿cómo, que aquí hay marido
de notables diferencias?
Grande cólera me daba,
mas ya la cólera cesa
con aquesto del amor;
mas allana mi conciencia
el primero que yo he visto
por esto de la despensa
como sea cotidiana.
Suena música dentro.
¿Qué es esto?
La procesión
que va ya entrando en la iglesia.
¿Por la tarde?
¿No ves tú
que hacen hoy aquí la fiesta
como es la octava de Corpus?
Pues vamos los tres a verla.
Vamos.
Escucha, Roldán,
¿no me dirás cómo queda
aquesto de mi mujer?
Que tú te quedes con ella.
¿Y tú?
Contigo andaré
todo el tiempo que quisieres.
¿Marido con cormano?
Pese a quien lo consienta.
Vánse.
aun
Cantan el pange lingua dentro.
darme, si el tal murió
antes confesando locos
echarle han despedido
que he de ser señor divino
como alcance erecion
que renegando, y con
que soy de casaca mediano
y siempre entre tus vasallos
me he olvidado del efeto
y con el nuevo amiento
el campo andes midiendo,
mas yo juro, que he puesto
en donde la caridad
con tierno amor y amistad
manda a los pobres apuesto
y aun que un pobre también
que bien no llegase a vellos
porque son privados ellos
de Dios que los quiere bien
y es justo Franco que a vos
este rigor merezcais
porque no es bien que comais
con los privados de Dios
que es bien que el mundo se ofenda
aunque con acciones mudas
pues entre ellos se le pida
que a los mas justos se ofenda
pues temor si assi me ataja
al suelo me arrojare
y en el suelo comere
de las pajas de mi agüey
mas este mismo rato
echose a la piedad
digno que el hábito vea
en mis hombros; mas ¿qué es esto?
La procesión va entrando;
mis sentidos están
más alegres que Adán,
el Pange lingua cantando.
Canta lengua amorosa
deste divino cuerpo
donde se encierra Dios
el divino misterio
canta lengua mil veces
este misterio excelso
canta lengua no calles
sus divinos efetos
pan divino que sois
el deposito regio
adonde Dios asiste
del modo que en el cielo
un pecador humilde
aunque soberbio un tiempo
os pide y os suplica
que como rey supremo
como señor divino
que acudis en aprecio
tiene rendido el mundo
tiene sujeto el cielo
por este feliz dia
cubra mi humilde cuerpo
el manto divino
del sacramento alseo
y acudan a cantar
Dichoso mi pensamiento,
alegre siento el alma,
ya mis temores sueltos,
darán cuenta al Cielo,
y la gente va saliendo,
no me he de apartar de aquí,
un instante ni un momento,
aunque todos cuantos salgan,
pisen mi infelice cuerpo.
Canta la música, este tono con verso y todo.
Salen cruces y ciriales los que puedan, y por otra parte Laureta, Pepino y Roldán.
A la puerta de la iglesia
echad, hombre, ¿qué es esto?
Apartaos.
Ay, mis señores,
pisadme y dejadme luego.
Plaza, plaza, porque sale
su Alteza, apártate viejo.
No he de apartarme de aquí
hasta lograr mi deseo.
Sale gente y el Duque, y Alberto, y va a Franco.
¿Qué es esto? ¿Quién está aquí?
Está, señor, un ejemplo
de desdichas, está Franco,
aquel homicida fiero
que de todos tres estados
perturbó la paz un tiempo.
Válgame Dios, ¿cómo estás
de esa suerte?
Quiso el Cielo
poner límite a mi furia,
poner a mis males freno,
oh invicto duque de Sesa,
mal viví y yo lo confieso,
y cansado de ser malo,
pretendo agora ser bueno.
Un tiempo anduve rebelde,
que erais entonces riguroso,
agora, señor, me ofrezco,
porque si a morir me ofrezco,
ninguno se igualará,
que es mi intento verdadero.
Como sé que era imposible
mudar los hombres los intentos,
solo vos, señor invicto,
agora habéis de creerlo,
haciéndome solo un bien
que de vuestra mano espero.
Yo quiero ser religioso,
puesto gran señor que llego
del Carmen, porque las letras
ni las alcanzo ni entiendo,
como me han visto homicida,
como he sido bandolero,
los religiosos no creerán
sino que el engaño nuevo,
para robarle la plata,
adorno del sacro templo.
Favorecedme, señor,
este buen deseo que os pido,
no dejaré tus plantas
hasta tenerlo por cierto.
Franco, a tus pies me he de echar,
y a ti me rindo y te rezo,
puesto que a prender vengo,
la furia que en mí encendiste,
ningún agravio te hice,
porque en esto mismo juzgo
que yo quedo el agraviado.
en tan raros accidentes
porque aquel que da de repente
y a quien pierde de pensado
a no, le echo mi valentía
a qué sino mi poder
pudo perder y tener?
También dormí en engaño,
y así, la advertencia mía
que todos han concedido
ha enmendado mi medida,
diciendo es grave valor
que hayas sido el vencedor
y que yo haya sido el vencido.
El auto se ha de dar,
saliendo yo por fiador.
Y quiero con mi valor
nueva vida comenzar
porque ciegos y mayores
si en bandos, partes e iguales
tarde admitís por regalo,
de nuevo, ser y ajeno
debéis, has de ser buenos,
del modo que fuisteis malos.
Vivas mil años, Señor,
pues das muchas veces besos
por tan divino favor.
Y hola en el concierto extremo
que es del tomar el hábito.
Mil gracias le doy al cielo.
Puesto que es mi marido,
siendo este ejemplo un desvelo,
yo me entro a ser torero.
Yo pediré perdón, y quiero
yo darte mil abrazos,
y yo en mi aldea silencioso,
aunque esto de cuernos es malo.
Nombres que son tan buenos
del perder para tener,
la primer parte con esto
tendrá fin, si yerros hubo
no los hubo en los deseos.
Fin.
hoy diciembre en Plasencia / Sub correctione / Matías de Echevarría