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النص الرقمي لـ La conversión de la Magdalena

تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026

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Obra atribuida a Lorenzo de Torres.

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El corpus conserva otra obra atribuida alternativamente a Lorenzo de Torres, pero esa atribución no resuelta no permite aislar con claridad su perfil estilométrico.

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El texto procede de la transcripción revisada del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/16642.

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Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de la Magdalena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-la-magdalena-0.

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LA CONVERSIÓN DE LA MAGDALENA

Pag. 0001

M. 15.

Las personas que hablan son las siguientes. Jesús. Madalena. Marta. Drusila, criada. Zafito, galán. Turbión, criado. Pilato. Anás. Pánfilo, criado de Pilato. Simón leproso. Arrepentimiento. Penitencia.

Biblioteca Nacional.

1.

Salen Marta y Madalena y Drusila.

Marta.

Qué suavidad de razones

Madalena.

y de altísima eficacia.

Marta.

María, si te dispones,

sé que alcanzarás la gracia.

Madalena.

Cómo, Marta, desdeñores .

Después que oí el varón justo,

entró en mí un ardor augusto

que, como rayo violento,

al alma muda de intento

y al corazón de su gusto.

Marta.

Esta, hermana Madalena,

es la voz que vivifica

y libra de eterna pena,

y en castidad multiplica

como cándida azucena.

Esta es la que con su eco

el cielo y tierra penetra,

hasta el más profundo hueco,

y de quien dijo a la letra

David que yo en el real hueco.

Era David homicida ,

adúltero que perdida

Pag. 0002

Marta.

tenía el alma en pecado,

once meses aletargado

desta suave voz de vida.

Llega el profeta y le toca,

y con la voz eficaz

deshizo la dura roca,

dejóle quieto y en paz,

que le habló Dios por su boca.

Es un abrasador,

y aquel que está con más yelo,

en la confusión de error

le da resplandor del cielo

con más grandeza en su amor.

No es como rayo furioso,

benigno y riguroso,

que al que está más lejos della,

si le toca una centella,

humilde le hace y piadoso.

En su efeto es tan suave

que hace humilde al que es más grave.

Tú das gracia y caridad,

y con él su bondad

del cielo entrega la llave.

¿Has visto rostro más bello,

que con el cándido cuello,

destila nácar rosado

y aquel color encarnado,

verso tachado

Marta.

y avellanado cabello?

Mi Madalena querida,

aquel celestial acento

que a tanta gloria convida,

¿Hizo en ti algún movimiento?

aclárate por tu vida.

Porque ese hábito y gesto,

con tal mirar tan modesto,

lo que antes no solía ser

me ha dado claro a entender

tu proceder más honesto.

El manto al rostro arrojado,

puestos en tierra los ojos,

el semblante demudado,

dando perlas de los ojos

que fertilizan el prado.

Si aquel que es solo en potencia

aceptó mi ruego,

y por su santa clemencia

vino a mitigar el fuego

de ira justa con clemencia.

Madalena.

No sé cómo responderte,

hermana, aquesas razones,

porque si tu pecho advierte,

el mudar las condiciones

dicen que es hablar de muerte.

Yo mudé la condición

que me traía en perdición,

y para recuperarme

me manda amor sujetarme

a mí misma obligación.

En dulce entretenimiento,

hermana, se balanceaba

un altivo pensamiento,

gozaba quedando esclava

de un gusto falso y violento.

mas como oí la doctrina

deste maestro esclarecido,

a quien el deseo se inclina,

enorme por el oído

la celestial medicina,

Trabose un terrible encuentro,

el vicio por resistir,

la virtud por entrar dentro,

convino al vicio huir

volviendo a buscar su centro.

Yo osaré verlo aborrecido ,

aunque para más victoria,

ser en tan poco tenido,

que sea la mayor gloria

que de todos él ha sido

2.

Pag. 0003

Madalena.

yo os haré con diligencia

de Dios un sagrado templo,

pues me lo ofrece experiencia;

si di al errar mal ejemplo,

den ejemplo de penitencia.

Adiós, galas y atavíos,

adiós, brinquiños y toca

de toda virtud vacíos.

Drusila.

Señora, ¿cuál es te loca?

Marta.

Son de Dios sus desvaríos.

Arroja las .

Madalena.

Adiós, guantes olorosos,

adiós, basquiña y jubón,

con sus tairetes airosos,

que fuisteis ocasión

de deleites amorosos.

Adiós, volante y capillo

con cintas de resplandor,

y vos, hechicero anillo,

que con la fina color

sois para el alma cuchillo.

Drusila.

Señora, así Dios te guarde,

¿quiéreste ya acostar?

Pues no es agora tan tarde.

Madalena.

Desde hoy pienso velar,

que el pecho en amor se arde.

Drusila.

Es agora cosa nueva

tener tu señora amor.

Madalena.

Ya vuestra razón me lleva

a matarle con rigor,

porque esta vez no se atreva.

Ganando estamos en paz;

que os vuelvo lo que me distes.

que

Madalena.

Ya no quiero más solaz,

porque otra vez me vendistes,

que sois astuto y sagaz.

Afuera, vanos antojos,

no tengáis atrevimiento

a causarme más enojos

y con arrepentimiento

vuélvanse fuentes mis ojos.

3.

Drusila.

De veras vela afición ,

no vi mujer tan mudable,

así sea mi chicharrón,

no topa la persona que hable,

que no le dé el corazón.

Creo que se ha aficionado

del señor predicador,

mas él es tan agraciado

que basta a volver de amor

al corazón más helado.

Marta.

No siente tanto contento

quien fortuna ha padecido,

cuando se ve en salvamento,

como el más agradecido,

viéndote mudar de intento.

Sabe Dios lo que me cuesta

verte, María, engolfada

en vida tan deshonesta

y lo mucho que me agrada

verte con Dios tan compuesta.

María, no llores tanto,

aunque a Dios le agrada el llanto,

que una lágrima vertida

quien a todos le dio la vida

hace guay y ay santo .

De una cosa serás cierta,

que tiene Dios tal valor,

que tiene

Marta.

que la puerta tiene abierta,

y que en él el pecador

se conozca y se convierta.

Y pues a tiempo llegaste,

que has hecho virtud y no engaste,

os la quiero entrar a dar ,

donde puedas conservar

el tesoro que ganaste.

Vase.

Drusila.

Que he dado a solas ,

de cuantas me quieren dar,

como al que juega a los bolos,

que sé que le hace penar,

y do hay un tonto da bolas .

Pag. 0004

Madalena.

Díctame si la mi deseo .

Drusila.

¿No es por aquel galileo

que llama el vulgo el Mesías,

y perdonó estotros días

al arrendador Zaqueo?

Como pecados perdona,

y promete salvación.

Madalena.

Es Dios su real persona,

y en la celestial Sion

tiene su cetro y corona.

Drusila.

Luego aqueste es el Mesías

que clama la ley por él.

Madalena.

Sí, que se han cumplido los días

del profeta Daniel

y profeción de Isaías.

Drusila.

¿Cómo podrás sus primicias

gozar, siendo rey y Dios?

Madalena.

Yo te diera las albricias

si gozáramos los dos

del fruto de mis primicias.

Aunque sé que mucho me ama,

y ha perdido por mí

de Dios el nombre y la fama.

Drusila.

Deja aqueste frenesí;

mira que Zafito llama.

Dan golpes.

Madalena.

No me sobresaltes, Drusila,

que ese mi fasto pella

y mi valor aniquila;

que quiero al que una doncella

parió, que el yugo esparcilla .

Entra Zafito y un demonio invisible.

Zafito.

Pensé que estaba cerrado,

no había sino llamar.

Demonio.

Muy bien lo has considerado,

como te vengo a ayudar,

la puerta franca te he dado,

que estaba muy bien cerrada.

4.

Madalena.

Si ella cerrada estuviera,

no hicieras acá la entrada.

Zafito.

¿Cómo hablas de esa manera?

¿Por ventura estás trocada?

maltratada

Madalena.

Y como que he hecho buen trueco,

ganando excelsa victoria;

que si a ti te quiero, peco,

y al que agora adoro da gloria

el acento de su eco.

Zafito.

Hasme querido probar.

Acaba, bella María,

que te vengo a regalar.

Madalena.

Solo el regalo querría

del que me puede salvar.

Zafito.

Parece que hablas de veras.

Madalena.

Y con intento eficaz;

si otra cosa de mí esperas,

primero al cielo verás

mudado de sus esferas.

Zafito.

Cuando me veo arruinado

y sin ningún refrigerio,

¿soy desta suerte pagado?

Madalena.

En tu oprobio y vituperio,

con amigos lo has gastado,

Jamás vide tu moneda,

tú la mía, si no te quejes.

en lo que fuiste tan muñequ(e)ada

Madalena.

Porque mi valor se veda,

y a trueco de que me dejes,

te daré lo que me queda.

Zafito.

Si a tu divina belleza

con fuerza del desear

rendido he mi fortaleza,

¿cómo has podido olvidar,

ingrata, tanta firmeza?

Pag. 0005

Zafito.

¿Eran las ofertas estas,

que un tiempo tú me hacías,

con agrado verlas puestas,

¡Oh, injusta, cuánto me cuestas

de males, noches y días?

Fortuna, ¿qué puedo hacer?

Demonio.

La muerte le puedes dar;

acabe aquesta mujer,

y así nunca vendrá a estar

en otro ajeno poder.

Zafito.

Muere, porque me dejaste

sin que te diese ocasión.

Mete mano.

Drusila.

¿Qué es esto, Zafito? Baste.

Zafito.

Vete tú, que en la traición

debes de ser el engaste.

Va a tirar y tiénele el demonio y prosigue.

Zafito.

¿Qué es esto que a mi valor

le pone un lazo preciso?

¿Quién detiene mi rigor?

¿Es de tu hermosura hechizo

o fineza de mi amor?

Demonio.

Sin duda en este distrito

real deidad debe de estar,

y porque evite el delito

me hará que venga a estorbar

aquello a que yo le incito.

Zafito.

No tengo ningún poder.

Demonio.

Oblígala con terneza,

y te volverá a querer.

Zafito.

María, por tu belleza,

me escuches.

Madalena.

Di a tu placer.

Drusila.

Ese es mejor proceder,

que no llevarlo a porrazos.

Reniegue de la mujer,

si a otro le da los brazos,

que ha de morir o vencer.

se entrega en

5.

Zafito.

¿Es de él, sí la profeta?

Drusila.

Sí, que profeta se llama

aquel que tu vida inquieta

y a quien adora tu dama.

Zafito.

Nunca vi cosa secreta.

Por aquí ando el galileo,

que con su presta deidad,

persuade a mi deseo

que tenga tal majestad,

yo lo veo y no lo creo.

Que con su ser tan precioso

me haya quitado del alma

todo contento y reposo,

no piense ganar la palma,

aunque sea más poderoso.

Que divino valor

sus grandezas eternice,

Causádome ha gran temor,

porque el corazón me dice

que es grande el competidor.

Bien sé que el contrario es fuerte.

Demonio.

Persigámosle los dos;

pero que viene, vacíate ,

y aunque sea Hijo de Dios,

le he de procurar la muerte.

Vase él y el demonio.

Drusila.

Zafito parte furioso.

Madalena.

Dios venga en su corazón

y le dé al alma reposo

un poquito es fanfarrón.

Drusila.

Como es mozo y celoso,

con Cristo quiere ponerse,

el pobrete a contender,

como si Jesús tuviese

armas para defender,

varín , que no mal se cuece.

Pag. 0006

Drusila.

Si a mano viene, al legista

alegado a la ocasión,

cuando el contrario le embista,

huirá más que huye un león

por no acabar la conquista.

Porque estos almidonados,

cuando están en la presencia

de unos cabellos trancados ,

riñen bien una pendencia

y huyen más que unos venados.

Madalena.

De todo da al mundo gusto,

y para mí es acabado.

Drusila.

¡Qué arrastre vestido de luto!

Madalena.

Hasta ver el fin deseado,

lágrimas daré en tributo.

Porque me siento cansada,

quiero un rato sosegar.

Drusila.

Retírate, fiel criada ;

yo también me pienso echar

una famosa frazada.

Vase.

Madalena.

Como la herida cierva se adelanta,

y con veloz carrera se apresura,

y se mete por medio la espesura,

que apenas estampar va de ella la planta;

y como el blanco cisne cuando canta

muestra con armonía su dulzura,

y da a entender que el bien por él procura

el fin postrero y su clamor levanta,

yo, herida de afición, voy a buscarte,

porque cual cisne no aquel fin postrero ,

y en tu humilde regazo, Señor, viva.

Concédeme, Señor, que pueda hallarte,

pues eres el Mesías verdadero

y en ti se halla la fuente de agua viva.

Madalena muy dichosa

serás si eres admitida

de la deidad poderosa,

que da la gracia que dan vida ,

qué vida tan milagrosa.

6.

Madalena.

Qué soberana excelencia,

¡Qué incomprensible poder!

Mas si tienes advertencia,

¿cómo has de osar parecer

María, ante su presencia?

Mas pues veo que se aqueja

por curar al pecador,

que es su más querida oveja

llegar podéis sin temor,

que los brazos apareja.

Mientras llega la ocasión

para poner el remedio,

quiero con gran devoción

hacer una contrición

que se ponga de por medio,

diciendo: «Señor, pequé,

misericordia te pido;

Señor, gravemente erré,

y si dello eres servido,

no desfallezca mi fe».

que se por

Suena música diciendo de adentro.

Música.

Tibi soli peccavi,

quia malum coram te feci,

ut iustificeris in sermonibus tuis.

Madalena.

Si en pecado concebida

y con loco desvarío

el alma traía perdida,

y en ofenderte, Dios mío,

gastado he toda mi vida.

Vuelve a sonar la música.

Música.

Ecce enim in iniquitatibus

conceptus sum, in peccatis con-

cepit me mater mea.

Madalena.

Con música regaláis

a una triste pecadora?

Sin duda, Señor, que amáis,

que no tengo a ti mediadora ;

alma, en oración no estáis.

Duérmese.

Ha de haber un banquillo en que se recueste.

Pag. 0007

Ha que la quede rica , y si no, tráigala en la mano la Penitencia y el Arrepentimiento cuando salieren por las dos puertas, con dos ángeles con sus instrumentos, y se han de parar unos enfrente de otros, y canta el músico el Arrepentimiento.

Ángel.

La niña se duerme,

nadie la recuerde.

Dormid, niña hermosa,

que Arrepentimiento

os dará el asiento

donde Dios reposa.

Vuestra vista hermosa

de su amor se acuerde,

nadie la recuerde.

Canta el ángel que viene con la Penitencia.

Ángel.

Recuerde destos sueños verdes,

que alcanzada la gracia

lo dormirédes,

la gracia, María,

te enseña el camino,

y el amor divino

va en tu compañía.

Si tuerces la vía,

mira lo que pierdes;

cuando tengas la gracia,

lo dormirédes.

todos

Llegan las dos virtudes y ase cada una de la corona y dice Arrepentimiento.

Arrepentimiento.

Yo la tengo de poner,

y no tienes que alegar,

que mío el premio ha de ser.

Penitencia.

Por mí se ha de coronar,

que me toca aquesto hacer.

Arrepentimiento.

Yo tengo la preeminencia,

que con Arrepentimiento

dio llanto de su fiereza .

Penitencia.

Conmigo ha estado de asiento,

con ayuno y penitencia.

8. 7.

Arrepentimiento.

Tú sin mí podías venir.

Penitencia.

Tú sin mí perseverar

ni al pecado resistir.

Arrepentimiento.

Pues yo la he de coronar.

Penitencia.

Yo no lo he de consentir.

Arrepentimiento.

No, por sus penitencias

que la corona borda,

que soy primero en advertencia.

primera

Penitencia.

Si porfías, claro sé

que aceta para sí pendencia.

Bajo « que aceta para sí », segmento tachado ilegible.

Arrepentimiento.

De algunos te vi admitir,

y dejarte en el camino

sin que en ti nombre oír .

Penitencia.

Faltoles amor divino

y la fe para subir.

Y a ti muchos te han llamado,

y en medio de la carrera,

con gusto mal granjeado,

te echaron la puerta afuera,

cerrándola con candado.

Arrepentimiento.

Tú eres aborrecida.

Penitencia.

Y de otros deseada,

y en gran estima tenida.

Arrepentimiento.

Tras la vida muy cansada.

Penitencia.

Vida es que a gloria convida.

Arrepentimiento.

Tienes nombre de mujer.

Penitencia.

Y los hechos de varón,

muy dignos de encarecer;

los tuyos contrarios son.

Arrepentimiento.

trocando el varonil ser.

Pues ¿qué quieres tú decir

de mi valor que infieres.

Penitencia.

Eso es fácil de argüir,

que es muy propio de mujeres

esto del arrepentir.

Arrepentimiento.

Pues no es justa recompensa.

Penitencia.

A Dios bien le satisface

cuando con bondad intensa

Pag. 0008

Penitencia.

aqueste acto se hace

por haberle hecho la ofensa.

Arrepentimiento.

Si quieres con igualdad,

pongámosela las dos.

una frase tachada

Voz de adentro.

Voz.

Con suma felicidad,

aqueso le agrada a Dios;

entrambas la coronad.

Arrepentimiento.

Madalena, esta corona

de mi parte te presento,

que aquesta virtud la abona

por el Arrepentimiento,

que tanto a Dios aficiona.

Persevera, alma graciosa,

y serás de Dios esposa;

pisarás signos y estrellas,

y las moradas más bellas

serán tu estancia espaciosa.

Penitencia.

De mi parte coronada

serás, que a la ingratitud

de Satanás te ha librado ;

ya ganaste la virtud

del cielo más estimada.

Lo mejor es no pecar,

mas el yerro cometido,

el que se quiere salvar

no sabrá si no ha sabido

la Penitencia abrazar.

Corónanla y vanse cantando los ángeles.

Ángeles.

Recuerde de esos sueños verdes,

que en teniendo la gracia,

lo dormirédes.

Sale el demonio en figura de Zafito con más carátulas.

Demonio en figura de Zafito.

Pesar de cuanto hay criado,

de regiones y elementos,

con su curso apresurado,

planetas y firmamentos,

signos y cielo estrellado.

7. 8.

Demonio en figura de Zafito.

Pesar del sol y la luna,

y el eje que los gobierna,

y de su luz importuna,

pesar de la pena eterna

y pesar de la fortuna.

Que se me quiere escapar,

al cabo de mi porfía,

sin que lo pueda evitar,

una mujer que tenía

tan sujeta a mi mandar.

Mas no seré el monstruo fiero

que a Caín hice bajar,

el homicida primero,

a la región del penar

y a la boca del Cerbero,

si con mi astuto saber

no haga que de intento mude,

que no ha de prevalecer;

que si entonces tanto pude,

fáltame agora poder.

Con este astuto disfraz,

representando a Zafito,

con color de pedir paz,

procuraré que apetito

haga su tiro sagaz.

En el sueño sepultada

quiero agora acometella;

con mi plática emboscada

podrá ser que saque della

la victoria deseada.

Una corona le han puesto,

que con su sutil labor,

al rostro bello y honesto

ha sacado una color

de un encarnado supuesto .

Pesares del nuevo amante,

quién quitársela pudiera;

mas de que me es importante ,

ya enarbolo mi bandera,

recuerda, bello semblante.

Recuerda.

Pag. 0009

Madalena.

¿Qué sueño tan deleitoso?

Como de vuestra grandeza

es el trato milagroso,

mas ¿quién puso en mi cabeza

este don maravilloso?

Demonio en figura de Zafito.

Por aquí pienso engastar

el gusto desta mujer,

para volverla a obligar.

¿Quién la pudiera poner,

sino el que sabe de amar?

¿Quién pudiera regalarte

como yo ni desearte?

Pues que de esos bellos ojos,

de aquí van a dar despojos,

me cupo la mayor parte.

Yo soy quien con tu aspereza

me hacía amor a luchar

entre dulzura y terneza.

Vuelve, María, a mirar

quién adora tu belleza.

Trae, María, a tu memoria

los dulces ofrecimientos

que me prometían victoria

y los graves pensamientos

que publicaban mi gloria.

Madalena.

¿Cómo te atreviste a entrar,

habiéndotelo pedido?

Demonio en figura de Zafito.

No hay reservado lugar

para mí cuando he querido

mi intención ejecutar.

Madalena.

Zafito, de hoy adelante

la de Dios guardar respeto.

No seas tan arrogante,

porque te pondrá en aprieto

presumir de ser mi amante.

Demonio en figura de Zafito.

Tu pensamiento concluya

que en la afición de los dos

nadie tuvo cosa suya.

No respetó la de Dios,

¿y daré respeto en la tuya?

10. 9.

Demonio en figura de Zafito.

Jamás respeto he guardado

en crónicas de rey,

que he sido muy libertado;

ni aun al arca de la ley,

que tiene el maná encerrado.

Madalena.

Respeto habías de guardar,

mas no te quiero culpar,

después que te he conocido.

Jamás respeto ha tenido

quien a Dios quiso igualar.

Salte de aquesta morada,

que el príncipe de tinieblas

ya es para ti reservada,

cuando rompiendo las nieblas

entró la luz deseada.

En nombre de Jesucristo

te parte de aquí, malvado.

salió

Demonio en figura de Zafito.

Tal exorcismo no he visto;

mal que me ha atemorizado.

Sin duda que Dios es Cristo.

Esto no puedo entender:

virgen su madre ha de ser,

pues no es Josef su marido

de aquella que le ha parido;

no tengo de qué temer.

Aunque mirado en razón,

conociendo su deidad,

de la remota región

le hicieron con humildad

tres reyes adoración.

Mas después, ¿no se fue a Egipto,

huyendo con el temor

de aquel Herodes maldito,

y porque era pecador

se circuncidó chiquito?

Madalena.

Mas cuando quedó perdido

y entre los sabios metido,

Pag. 0010

Madalena.

dentro de Jerusalén,

no probó como en Belén ,

era el Mesías nacido.

Y allá en el monte Tabor

trasfigurado se ha visto

con divino resplandor,

por donde arguye que es Cristo,

único Salvador.

Demonio en figura de Zafito.

Hambre vi padecer,

cuando estaba en el desierto,

y le convidé a comer;

si ser Cristo Dios es cierto,

no la pudiera tener?

Y la que me hace admirar

es que con solo invocar

de Jesús el nombre santo,

en tu tormento y quebranto,

me ha hecho esta mujer temblar.

En confusión me ha metido

oír este santo nombre

que es el Mesías prometido,

y si Cristo es Dios y hombre,

yo he de quedar destruido.

mi enojo que está perdido

Vase el demonio.

cuatro versos sobre Señor Dios y sustancia

Madalena.

Aunque recién convertida,

con fuerza de tu sermón,

aquesta oveja perdida

pueda entender la razón ,

que eres la fuente de vida.

Si aqueste monstruo infernal,

que tiene el mundo sujeto,

con fuerza de su caudal,

tiene este nombre respeto,

¿quién no le adorará como tal?

Tus grandezas son inmensas,

y no las podrá alcanzar

las más altas recompensas,

mas con todo quieres dar

el perdón de mis ofensas.

10.

Vase y sale Turbión, criado de Zafito, en hábito de este , cantando en un instrumento.

acotación de entrada anterior corregida

Turbión.

Hermosura y gala

de mi Drusila,

galana hermosura,

de mí es querida.

Como la velocísima culebra

huye, porque el caimán no la descabece,

y para libertarse del trance

se abalanza en el hueco de una quiebra;

y como la ligera y veloz cierva

huye del cazador, perdido el lance,

y como el pez sale de un relance,

huyendo y se recoge allá en ginebra ,

así me he ido yo dejando mi amo,

que va a poner remedio en su querella,

que mi pecho entre brasas se aniquila,

y como con amor de veras amo,

voy siempre en seguimiento de mi estrella,

deseando gozar de mi Drusila.

Y se mudó Madalena.

Drusila no podrá ser,

que está de firmeza llena.

María lo pudo hacer

por otra ocasión más buena.

Piensa mi amo Zafito,

que es más duro que un diamante,

que lo enredó el di chiquito ,

que era amor tan poco estante ,

ya ha caído en el garlito.

Sale María de casa,

más bella que un serafín,

que con los ojos abrasa,

y piensa este matachín

ponerla en el mirar tasa.

Piensa [ilegible] .

Pag. 0011

decir que [ilegible]

Turbión.

de mujer nadie se fíe,

que promete falsa tregua,

ni en sus palabras confíe,

que da la coz de la yegua

y, en dando el golpe, se ríe.

Cualquiera es luna en mudanza,

y en llegando la ocasión,

como se hace en el son, danza,

y híncanle hasta el regatón

al probe amante la lanza.

Dicen que se ha aficionado

de Jesús el Nazareno,

que es varón calificado,

en hombre tan santo y bueno

su pensamiento ha cerrado.

Un hombre que resucita,

con solo decir levanta,

una caterva infinita,

y donde asienta la planta,

culpas y pecados quita.

Y en esta razón me fundo,

que no se vio otro segundo,

pues con amorosos lazos

ha dado más pies y brazos

que prometió Dios

Turbión.

que dio Dios cuando crio el mundo.

No puedo presumir tal,

sino es que arrepentida,

en hora trueque el metal

y deje la mala vida.

Por evitar tanto mal,

que ha oído su doctrina,

tiene virtud peregrina,

que es como a la piedra imán,

que el sustento que le dan

en su provecho la inclina.

mi amo [ilegible]

Turbión.

Fue mi amo en cosas llanas

y Felipo Nicostrato ,

que él y su suegro Caifás,

fueron a ver a Pilato,

que ha prendido a Barrabás,

¡Qué gran ladrón es aqueste!

Pues otro, Dimas su amigo,

que se pega como peste,

que suelen traer consigo

de ladrones una hueste.

Y un mal encarado Gestas,

este me pone temor,

que en los banquetes y fiestas

siempre ha dejado dolor

con sus manos descompuestas.

Y ha de estar dentro del cárcel

aqueste escuadrón cruel,

que por su gran insolencia

les han de dar la sentencia

en dos dedos de papel.

Mas ¿quién me mete a mí en esto,

que deje Gestas y gesto,

que en el comer y beber

con Drusila a mi placer

tengo de envidar mi resto?

Quiero volver a cantar,

que quizá no me habrá oído,

mas mejor es placer.

Pasea.

Asómase Drusila por arriba.

Drusila.

Buen rato ha que te había oído,

que gustaba de oírte hablar.

Canta algo, por vida tuya.

Turbión.

¿Quieres que te cante un romance

o unas coplas de aleluya,

o de Caín el cruel trance,

y en un responso concluya?

Drusila.

¿Entierras algún difunto?

Turbión, ¿hablas de veras?

Turbión.

Ya es malo este contrapunto,

mas para cuando te mueras

te lo diré todo junto,

que seis coplas de repente

12.

Pag. 0012

Drusila.

En eso me agradarás.

Turbión.

Ya , señora, que usted aguante,

que por delante y detrás

coplearé sueltamente.

Coplea.

Turbión.

Por mandármelo mi dama,

será muy justo agradar.

Daros el lugar primero

quiero, pues lo merecéis,

que a mis ojos parecéis

resplandeciente lucero,

mocado de bodegonero

que ha acabado de fregar.

Por mandar.

Agora daré un betún

a todos los que aquí están.

¿No parece este galán

sino mal tallado atún

o cuba de Sahagún

que la quieren trasegar.

Por mandar.

Y porque estoy obligado

a nadie dejar con queja,

y me han hablado a la oreja

del cuello almidonado,

hombre que está retratado

en cabo de una cuchar.

Por mandar.

Si me echasen maldiciones,

llevarélas en dos becas,

aunque adviertan que hay jueces

de dañadas intenciones,

espía de borgoñones

que acaba a caballo de llegar.

Por mandar.

Algunos con sus entonos

piensan quedar de fuera,

pues llegue la primavera

con agradables abonos,

aposentador de monos

que leen Diana lo jar .

Por mandar.

Diga el señor caballero

que a la vista se me ofrece,

¿por qué fruncís? Parece

maceta de zapatero,

alheña de algún barbero

por asqueroso lugar.

Por mandármelo mi dama,

será muy justo agradar.

Drusila.

Eso tenías encubierto.

Turbión.

Luego, ¿no lo habías sabido?

Soy poeta de concierto,

y con aqueste cuartillo dicho

llego a tierra a tomar puerto.

Turbión.

Drusila, ruido siento.

Drusila.

Marta es que agora ha salido

de orar de su alojamiento.

Turbión.

¿Y María?

Drusila.

No ha querido

salir más de su aposento,

y adiós, querido Turbión,

que sé que me ha de echar menos.

Turbión.

Pese a Marta y su intención,

aunque tus intentos buenos,

cuál palos es sin razón.

Te he visto tal moína

que un brebaje me ha deslizado;

esta beldad peregrina,

si estuviera el lazo echado,

me colgara de una encina.

Entra Pánfilo, criado de Pilato, arrebozado y con entera y un bandela.

Turbión.

¿ Este excusado

de Pilato el presidente?

Pánfilo.

¿Quién lo pide?

Pánfilo.

Un hombre honrado,

que es de Pilato pariente

y del guirdo llamado.

Pag. 0013

Pánfilo.

Diga de presto qué tienes.

Turbión.

Señor, una mi morena,

que padece del mal francés,

y por esto me condena

dijosa que perece pies.

A aqueste oriente y miente

le tengo de acorizar ,

que pregúntale la suerte,

váyase usted a ranquear,

echa al mar de Tenerife.

Pánfilo.

Válgame Mercurio y Caro.

Turbión.

Mira a quién se encomendó

este borracho bellaco.

Esos dioses tengo yo

metidos dentro de un saco.

Pánfilo.

Al mayor ladrón que soy ,

no lo creerá jamás.

Turbión.

Si te preguntan quién soy,

que en vida penando estoy,

que el alma de Barrabás.

Vase mirando atrás.

Turbión.

Muriéndome estoy de risa,

que ha gastado vainas harto,

que a penas no se divisa,

y lo primero que el hito

después marchaba de prisa.

Aquesto es el bravear,

señor valentón Pánfilo.

Yo me atrevería a apostar

que se caga a hilo a hilo

sin podérsele remediar.

Mas esto de animar pena ,

aquel corazón rendir,

el alma de temor llena,

y jamás es de decir

que aquesta prisión sea buena.

Quien pudiera oír hablar

a Pánfilo el fanfarrón,

fuera sabroso manjar;

diría que fue un león,

y su pecho y matar .

Entra el presidente Pilato y el pontífice Anás y Zafito y Drusila.

Zafito.

Uno falta por prender.

Pilato.

¿Quién es?

Zafito.

Jesús Nazareno.

Pilato.

Eso no puedo yo hacer,

tachado: tengo de [ilegible]

Pilato.

téngole por hombre bueno

y de justo proceder.

Adición marginal enlazada por cruz tras «y de justo proceder», antes de la siguiente rúbrica Zafito. La adición carece de rúbrica propia inequívoca; atribución a Zafito con reserva.

Zafito.

Aunque sin hacer delito,

pretendo a este nazareno

echar de aqueste hábito;

si para todos es bueno,

para mí es hombre maldito.

Y quitarme mi Madalena,

en el alma lo he sentido,

dándome tenía la pena.

Pilato, a lo que pido,

sin muerte no le condena.

Zafito.

Es un alborotador,

y en mil trabadas porfías

dice sin tener temor

que es verdadero Mesías

y viene por redentor.

Anás.

Y coyunturas ha habido,

que lo afirmamos los dos,

que ha dicho, muy atrevido,

que él es Hijo de Dios

y de una Virgen nacido.

Y sabida la verdad,

fue casado con su madre,

un carpintero de edad,

pues si fuera Dios su Padre,

viniera con majestad,

que así lo dice Isaías,

con otros muchos profetas,

Daniel y Jeremías,

que nos por vías secretas

la venida del Mesías.

Y si milagros ha hecho,

en algún tiempo, por eso

puedo estar muy satisfecho

que es obra de Belcebú,

que tiene dentro del pecho.

Pilato.

Acá hay información,

y fulmine el proceso,

que él es un justo varón.

Anás.

Ayende, señor, aqueso,

me revienta el corazón;

Pag. 0014

Numeración moderna: 14.

Pilato.

Para todo habrá lugar.

Dime aquesta ruina entera,

¿dónde la viste penar?

Pánfilo.

En la calle de mulleras ,

tachado: llena toda de llamas.

Pánfilo.

en este mesmo lugar.

Aparte.

Turbión.

Como venía tocado,

y miró con la linterna,

y el vestido estotro lado,

con los ojos de lucerna

llamas se le han antojado.

Llegaré disimulando,

como que no he visto agora,

con mi discante cantando,

que ha de ser cosa gustosa

verle al cuero regañando.

Canta.

Turbión.

Ese buen rey de Israel,

que Saúl por nombre había,

por medio de su reinado

mandó pregonar un día.

Pánfilo.

Este es el rey.

Turbión.

Has acertado.

Pánfilo.

Es que está aquí la justicia.

Turbión.

A este punto lo he entendido.

Pilato.

Ese hombre es sin malicia.

Turbión.

Cuando acoso estoy dormido.

Pánfilo.

¿De qué vivís?

Turbión.

Bravo fiero,

en verle me da calambre.

Pilato.

Acá vaya majadero.

Turbión.

Si dijera de qué muero,

tachado: tuviera que de arriba

Turbión.

le respondiera que de hambre.

Pánfilo.

¿De dónde sois natural?

tachado: de los lomos de mi padre.

Turbión.

De donde me gano.

Zafito.

¿Es Poncio Cortés vuestro padre?

Turbión.

Así lo dijo mi madre,

por el pro fata vea e .

Pilato.

¿Dónde tienes el asiento?

Di, villano, en un momento.

tachado: quién es la abuela de vos

Turbión.

Señor, deciros lo quiero.

que me siento en un mortero.

tachado: que mi [ilegible]

Zafito.

Si será el atrevimiento.

Turbión.

Ya he entendido la razón;

es el que quita las pajas

cuando se ofrece ocasión.

Pilato.

Sí soy.

Turbión.

Pues quite una empeñada

que tengo en un bodegón.

Pilato.

Llevad el desvergonzado

con presteza a la prisión.

Turbión.

Como habla tan airado,

¿no sabe que soy Turbión

y de Zafito criado?

Pánfilo.

¡Ay semejante traición,

que no habemos conocido

hasta agora este bufón!

Turbión.

Cómo habla tan atrevido,

diga, hermano corchetón.

Pilato.

Por tu vida, que declares

cuánto vienes por aquí asustado.

Turbión.

Era que solo me paseo

tachado: dos voces en aquestos

Turbión.

diciendo dos mil cantares.

Pilato.

¿Viste algún alma penar?

Turbión.

A Pánfilo vi venir,

y cuando le llegué a hablar,

con gran prisa dio a huir

y no me quiso aguardar.

Pilato.

Sin duda que él ha pensado

que traes tú el ánima en pena.

Turbión.

Tal debía de haber cenado.

Pilato.

La barriga trajo llena.

Turbión.

Y el celebro alborotado.

Pánfilo.

Sin duda que este hablador

es el que al más seso ,

¿Adónde está mi vigor?,

que un chocarrero mestizo

me haya quitado mi honor,

y por aquesta insolencia

la vida te ha de costar,

sin que valga resistencia.

Pag. 0015

Turbión.

Ante el supremo lugar

apelo de esa sentencia.

Pilato.

Dense las manos y vamos

un poco a tomar sosiego,

y sean amigos entrambos.

Turbión.

Porque no se aumente el fuego

de voluntades los damos.

Entre, señor, vaya que

y nuestra amistad sea buena,

y su cólera se aplaque.

Pánfilo.

Con que no sea alma en pena.

Turbión.

Y con que él no se haga un zaque.

Éntranse y quedan los criados.

Sale Jesucristo y sus discípulos y Simón leproso, a donde ponen una mesa.

Simón.

Este pequeño servicio

recibid, y mi humildad,

de mi gran deseo indicio.

Jesús.

Yo acepto la voluntad,

junta con el beneficio.

Cuando en cualquiera ocasión

alguna obra se ofrece,

aunque en falte en perfección,

muy justamente merece,

se reciba la intención.

Otros intentos revoco,

y en esta materia toco,

porque con amor te escucho.

Para mi humildad es mucho,

para mi grandeza poco.

Yo solo el corazón quiero

apartado de discordia,

que soy humilde cordero,

pero en la misericordia

soy solo Dios verdadero.

El alma y el corazón

a Dios se le debe dar,

sin mezcla ni corrupción,

porque es aqueste el manjar

de que hace ostentación.

Simón.

Gózaos del divino rabí,

que desde el punto que os vi

os he sido aficionado.

Jesús.

Tú serás galardonado,

por lo que me toca a mí.

Canta un músico de adentro.

Música.

Era Jesús convidado

en la casa de Simón,

que como es manso y benigno,

del convite se holgó.

Lo que al convite le lleva

fue de Simón la intención,

y ver una hermosa alma

en quien ha puesto afición.

Convidóla Jesucristo,

diciéndole esta razón,

Puede un convidado a otro

convidar, yo le dejo .

La convidada no vino,

Cristo a comer se asentó.

En las viandas los ojos

y en su amada el corazón.

Miran convidada bella,

que manda ley de razón,

que se convida a comer,

mas a esperar también no,

acosábale el deseo,

al amante y afición,

cuando con humilde traje

la convidada llegó.

Siéntense y canta un músico de adentro.

Entra la Madalena como la suelen vestir de penitencia, y un vaso en las manos, o bote.

Madalena.

Busca la cueva el jabalí cerdoso

cuando del cazador es perseguido;

el cuervo desampara el propio nido,

del no habido adulterio receloso.

El gamo se abalanza presuroso

y en la selva se embosca, que el ruido

del perro que se acerca con aullido,

hace que lo haga temeroso.

Yo, que el feroz aullido de mi culpa

hace que deje el nido de mi casa,

¿dónde hallaré la cueva de clemencia,

adonde podré ir que dé desculpa,

que en toda parte no me sea escasa,

si no es de Jesucristo la presencia.

Pag. 0016

Madalena.

¿Cómo tendré atrevimiento,

divino sol de justicia,

de estar en tu acatamiento,

si no suple mi malicia

tu mucho merecimiento;

¿Cómo la inorme torpeza,

con su asquerosa maldad,

podrá tener fortaleza

que presente su fealdad

ante la suma limpieza?

Como quien sujeta ha estado

con injusto proceder,

a un espiritual traslado,

se atreverá a parecer

ante el limpio de pecado.

Como la que su deleite

fue amar posturas y afeite,

se ha de trocar a mirar

aquel que pudo mudar

en fino oro el falso afeite.

Yo soy la mesma maldad,

y él la suma caridad.

Pues esta me da favor,

que, prosupuesto el temor,

vaya a buscar su bondad.

Los ungüentos que han servido

para el cuerpo regalar,

a sucios deshonrado ,

a sus pies he de postrar,

siendo de nardo ungido.

Y estos dorados cabellos,

que han sido al mundo tan bellos,

en tan humilde batalla

me han de servir de toalla,

limpiando sus pies con ellos.

Y estos ojos que a pecar

han incitado a las gentes,

en fuentes se han de tornar,

que den agua suficiente

para poderme anegar.

Aunque haya más convidados,

llegad con debida osadía

ante aquellos pies sagrados,

que es muy mayor su clemencia

que mis grandes pecados.

Llega la Madalena y derrama el ungüento y límpiale con los cabellos; y cantan de adentro.

Música.

Comed de aqueste manjar,

porque su pasto convida

a tener eterna vida

ya que ver a Dios y amar.

Aquese manjar sagrado,

que tiene en la gloria asiento,

trayendo arrepentimiento,

te librará del pecado.

Deja esa grosa comida;

su gusto te ha de llevar

a tener eterna vida

ya que ver a Dios y amar.

Aparte.

Simón.

Vea qué este profeta ignora

quién le llega a acariciar.

Virtud en él no mora,

pues que se deja tocar

de una mujer pecadora.

Una mujer venenosa

llena de vicio y torpeza,

de sobra estás que osará

tocar a tanta limpieza.

Digo que no es justa cosa;

no debe de ser sabedor,

como publica la fama.

Jesús.

Simón, ese proceder

es porque el vulgo la llama

la pecadora mujer.

Inserción marginal marcada con cruz antes de «Esta ha suplido la falta». Se conserva el orden espacial de los bloques; las voces de pregunta y respuesta no están todas rubricadas.

Jesús.

Declárame aqueste intento

con tu buen entendimiento.

Dos deudores le debían

a un señor que le servían

Jesús.

a un señor a quien servían,

uno más que otro un talento.

A los dos ha perdonado;

¿cuál destos apreciarás ?

Simón.

Al que más ha perdonado.

Jesús.

Bien dices, y a aquestos

tú mesmo te has condenado.

Jesús.

Esta ha suplido la falta,

que tuviste tan notoria,

y con virtudes se esmalta

y así ganó la victoria

por hacer obra más alta.

Agua a manos no me diste,

y ella me lava los pies,

donde su virtud consiste

digna de más premio es,

pues hizo lo que no hiciste.

Pag. 0017

Jesús.

Sirvieron de aguamanil,

sus ojos hechos dos fuentes

de un destilado marfil,

sus cabellos excelentes

de una toballa sutil.

Mira a quién le debo más,

a ella por lo que ha hecho,

y a ti por quedarte atrás,

Lágrimas da de su pecho,

y tú murmurando estás.

Con grande arrepentimiento,

es bálsamo a su pecado,

que es verdadero sustento;

de mí y de ella has murmurado

con injusto pensamiento.

Mas ya tus graves pecados,

por tu dolor eficaz,

del libro serán borrados.

Levántase Jesús de la mesa.

Jesús.

Levanta y pártete en paz,

que ya te son perdonados.

Vase Jesús y sus discípulos y Simón leproso.

Madalena.

¡Oh divina providencia!

¡Oh sumo remediador!

Pues tanta es vuestra clemencia,

favorecedme, Señor,

para hacer penitencia.

Con vuestro favor podré

alcanzar victoria y palma,

porque claramente sé

que preciáis, Señor, el alma

más que yo decir podré.

Vase y sale Drusila.

Drusila.

Solía ser vergel aquesta casa.

tachado: [ilegible]

Drusila.

¡Qué bravos pimpollos de terneza!

y después de mudada la veleta

Volvió en betún la más parte grasa ,

en todo cuanto adentro de ella habita.

Su vajilla es de un árbol la corteza,

un cilicio que sola su aspereza,

[ilegible]

Drusila.

cuero y carne y corazón traspasa,

no se ha de hablar si no es de penitencia,

y la contemplación es el consuelo

que más le satisface a Madalena.

y [ilegible] por certísimas [ilegible]

dulces cantos angélicos del cielo

Drusila.

y he oído por castigo más penitencia,

dulces cantos angélicos del cielo,

volviendo en gloria la más triste pena.

Su continencia me admira,

mas como el alma suspira,

por mi querido Turbión,

por no ver contemplación

de esta casa se retira.

Ya no soy de servicio,

que después que se dejó

en aquesta casa el vicio

no sirvo de nada yo,

que es de despedirme indicio.

Solía ser medianera,

trayendo y llevando fuera,

y como no hay que hacer;

sé que no soy menester

para servir de tercera.

Adiós, casa de abstinencia,

que a casa voy de Zafito

a hacerle la reverencia,

y con Turbión y Zafito

pienso de hacer penitencia.

Vase y sale Madalena.

Madalena.

No os contentéis con tener,

alma, de Jesús perdón,

que será muy justo hacer

entera satisfacción

para poder merecer.

Bien podéis tener consuelo,

pues gozáis en este suelo,

debajo de humano traje,

aquel que ha de hacer pasaje

a las grandezas del cielo.

Entra Jesús.

Jesús.

El que aficionado vive

tiene continuo en memoria

su dama y su nombre escribe,

porque resulta la gloria

si nuevo favor recibe.

Pag. 0018

Jesús.

Cuando mudaste de cara,

fue para mí gran favor

y una gustosa comida,

que es mi contento mayor

ver un alma arrepentida.

Cuando tus ojos bañados

te vi llorar tus pecados,

me hiciste tan gran favor

que encajé un pecho de amor

en tus hombros delicados.

Cuando en casa de Simón

me demandaste perdón,

fue tal favor el que hiciste

que por ello mereciste

don de predestinación.

Agora te he de mostrar

lo que por mí ha de pasar,

que he de padecer por ti,

verás lo que harás por mí

para poderme pagar.

Corren una cortina y ha de aparecer de bulto un Cristo arrimado a una columna y otro coronado de espinas y otro crucificado, y si no hubiere, sea el crucificado, y prosigue.

Jesús.

Vuelve, María Madalena,

y verás de mi pasión

cosa que te dará pena,

que he de ser puesto en prisión

y una soga por cadena.

tachado: [ilegible]

Jesús.

Seré atado y escupido,

y de espinas coronado,

de muchos escarnecido,

y cruelmente azotado,

sin que sea favorecido.

Y con falsas intenciones,

por gozar sus pretensiones,

el pueblo falto de luz

me ha de poner en la cruz

en medio de dos ladrones.

Este pueblo cruel y fiero,

en presencia de mi madre,

será el cruel carnicero

hasta que vean que muero,

dando el espíritu al Padre.

Madalena.

¿Qué habéis de padecer muerte,

Jesús mío, y tal afrenta?

Jesús.

Por solo en libertad verte,

mas pasada la tormenta

me verás de aquesta suerte.

Corren la cortina y aparece resucitado.

Madalena.

Aquesto más me enamora.

Jesús.

Todo te ha de enamorar.

Mira que eres pecadora,

y si te quieres salvar,

gime tu pecado y llora.

Y aunque estás predestinada,

ten continuo en la memoria

toda la vida pasada,

que gozarás mayor gloria

mientras más calificada.

Conmigo te he de llevar,

que te he de favorecer,

porque a mis pies has de estar

que a Marta toca el hacer,

y a María el contemplar.

Salen dos ángeles con sus instrumentos cantando y el bailarín .

Ángeles.

Regocijos y fiestas

hace la gloria,

porque salió María

con la victoria.

En el firmamento

gran fiesta se hace,

que a Dios satisface

tachado: que la vista.

Ángeles.

y le da contento

lo que era tormento

se convirtió en gloria,

porque salió María con la victoria.

Pag. 0019

Y a [ilegible] de Jesús y [ilegible] .

Música.

Esta santa Madalena,

la coronada azucena ,

volvió en amor el dolor,

y la perdonó el Señor,

quedando de gracia llena.

Fin.

Lorenzo de Torres.

Rúbricas junto a la firma; sello y transparencia del reverso. No hay continuación frontal bajo el cierre.