
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Zitiervorschlang
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de la Magdalena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-la-magdalena-0.
Comedia de la conversión de la conversión de la Magdalena, figuras siguientes:
Magdalena. Lulatrice, su criada. Marta, hermana de la Magdalena. Superbo galán. Curioso galán. Un ermitaño. Cristo. Judas. Simeón. Temor. Amor. Penitencia. Demonio. texto tachado Mundo. Carne. Rey de Marsella. Lázaro, hermano de la Magdalena. Otro demonio. Cinco ángeles.
Sello: Librería de S. D. Ag. Durán. Adquirida por el gobierno en 1863. B. N.
Sello: Biblioteca Nacional
Rúbrica
Dulatrice compañera
harto mas que no criada
entiendo que ya es llegada
la hora de salir fuera
y pues que voy a ser vista
bien sera tomar consejo
con mi amigo y claro espejo
dandome en el otra vista
bien dices que buen amigo
el espejo suele ser
pero no lo as menester
pues voy señora contigo.
con todo eso le quiero.
cual dellos /
el que es mayor
el mas perfeto es el menor
el de cristal /
no el de hacero.
trae el que te pareciere
y con el aun que enfadoso
el billete de curioso.
que quiero ver lo que quiere.
tan bien te escriuio lasiuo.
y superuo /
disparates
de superuo no me trates.
que es desabrido y altiuo.
curioso es mas comedido.
y lasciuo /
es algo tierno.
y superbo /
es un infierno.
como dije desabrido.
en tratarle con desden
que le quieres es señal.
nunca supe tratar mal
a quien me quisiese bien
el espejo porque es tarde
trae me tan bien y los guantes.
basse dulatrice y queda madalena
Oy quiero de mis amantes
hacer un curioso alarde
dos son. superuo, y curioso
y con lasiuo son tres.
baniloquio. y pigro seis
cinco son seis con curioso.
son con migulaua rraro.
siete amantes principales.
sin los otros manuales
en quien yo poco reparo.
a todos franca me ofrezco.
y mas que me dan les doy
y a quel que desdeño oy.
mañana le favorezco.
Sale dulatrice con el espejo y los guantes y el billete. y un ramillete.
guantes espejo. y billete
te traigo /
leer le quiero
aderézate primero.
quien envió el ramillete
pigro /
de eso me espanto.
muestra el billete /
no are
yo señora le leere
y tu to cate entre tanto.
Lee el billete dulatrice
como enpieca /
mi esperanza
y mi gloria pone arriba
en buena esperanza estriba.
y adelante /
la tardanza
de vuestra resolución
en mi daño y mi provecho.
me tiene cenizas hecho.
este triste corazón
apasionado se muestra.
prosigue más.
Y ansí os ruego
que mostréis si es yelo o fuego
la estraña condición vuestra,
no me tengáis más suspenso.
Disuluto es el galán.
Para gloria o para afán.
Senténciame.
En eso pienso.
Quedo aguardando respuesta
tal como de vos se espera.
Tú qué dices.
Que no muera,
pues sanalle poco cuesta.
Poco, por cierto, yo quiero,
por tu gusto, dalle gusto.
Bien sé yo que de lo justo
nunca tienes el sendero,
y esa condición real,
sin otras muestras, declara
ser tu estirpe ilustre y rara,
valerosa y principal;
ser señora de Magdalo
y ser Lázaro tu hermano
nos muestra, bien claro y llano,
ser tu tronco bueno o malo;
y puesto que no vinieras
de estirpe tan generosa,
por ser en tal grado hermosa,
por cierto estimada fueras.
Pues en verdad, que soy fea.
Díganlo esas obras de oro
de esos cabellos, tesoro
de quien el sol más se arrea;
aquesta espaciosa frente,
de esos arcos celestiales,
de esos dos soles iguales
al sol que sale de oriente,
de esa nariz afilada,
hecha a las mil maravillas,
y esas rosadas mejillas
de la aurora aljofarada;
esos labios de coral,
de esos dientes de marfil,
donde amor tiene en un fil
su riqueza y su caudal;
esa coluna hermosa
que esta máquina sostiene,
donde el mundo todo tiene
su triste suerte dichosa;
y que sea esto verdad,
tú misma lo puedes ver,
porque apenas puede haber
quien te iguale en la ciudad;
con la cual sola en tu casa
te gobiernas de manera,
que tu fama por doquiera
vuela y con tu nombre pasa;
tienes amantes sin cuento,
quieres bien y eres querida,
gocas al fin de una vida
donde se cifra el contento.
Haces burla, Dulatrice.
En eso estaba pensando,
bien sabes que ni aun burlando
de mentir me satisface;
álzate más el cabello,
señora, que está caído.
Está bien.
Más subido.
Y agora.
Déjame vello,
bien está, y aquesa flor
póntela en estotro lado,
este cabello enricado
te dice al gesto mejor;
alza, bueno por mi fe,
bueno está el lunar postizo,
con que sepamos se hizo.
Véese bien.
Muy bien.
Déjate de eso y camina,
tráeme una sarta de perlas,
porque estas no puedo verlas,
que ya me tienen moyna.
Los corales llevarás,
y la ropa que hiziste
ayer.
Pues la trujiste,
di por qué no me la das.
Mucho tardaré en traella,
ya voy.
Acava que es hora.
Vase Dulatrice.
No hay en el mundo señora
que tenga otra tal doncella;
qué diligencia notable,
qué palabras tan sabrosas,
qué agudezas tan curiosas,
qué sin melindre y qué afable.
Sale Dulatrice con la ropa.
Superbo y Curioso vienen.
Muestra, pues vienen a esta
tierra, niñas, acaba ya,
entren, en qué se detienen.
Entran Superbo y Curioso.
Veslos aquí.
Cavalleros,
era hora de venir.
En desearos servir
no seremos los postreros.
Responded por vos, Curioso,
que Superbo lengua tiene.
Sí, pero no cual conviene
para hablar con reposo;
también yo soy arrogante,
que lo he aprendido de vos.
Pues bien se querrán los dos,
si uno a otro es semejante;
puedes por esto en tu mal,
Superbo, esperar ganancia.
Fuera ansí, si la arrogancia
sufriera tener igual,
hace cabeca de vando
el amador arrogante,
que no es verdadero amante
el que quiere entrar mandando.
Ese es un notorio engaño,
que yo a tu gusto me ajusto,
tú me mandas a tu gusto,
y yo obedezco a mi daño.
Más apacible es Curioso.
Pues ¿qué le falta a lascivo?
Lo que a ti, que es ser altivo.
Mejor dijeras celoso,
que tengo de qué celarte
más de lo que yo pensava.
Eso solo me faltava,
a ti solo contentarte.
Que todos son mis criados,
cuantos te sirven y quieren.
Los que mejor me sirvieren
han de ser mejor privados.
Luego yo buen premio espero,
pues que mi servicio es bueno.
No estés de esperanza ajeno,
porque en verdad que te quiero;
que tu presencia pulida,
tu talle y curiosidad,
tiéneme tu voluntad,
la mía en todo rendida.
De entregar el corazón,
quien habrá que se resista,
pues si matas con la vista,
sanas con la condición.
Marta tu hermana es aquesta.
Vendráme a reprehender,
que jamás hecha de ver,
que me cansa y me molesta.
Entra Marta.
Hermana mía, ¿adónde bueno?
A holgarme en un jardín.
Siempre ha de ser vuestro fin
de la virtud tan ajeno.
¿Qué? ¿Ya hay reprensiones?
Que en mi daño se fabriquen,
no, como no multipliquen
tanto vuestras sinrazones.
El corazón me traspasa
veros siempre tan maestra,
mas pues no voy a la vuestra,
dejadme estar en mi casa.
Que edad tengo y discreción
para saberme valer.
Para saberos perder,
diréis mejor.
¡Qué pasión!
Qué pasión, digo, me causa
tales cosas escuchar.
Ponedmela en el amar
y pondré en el hablar pausa.
Quiero tiernamente, hermana,
y temo no se os acuerde
que donde el cuerpo se pierde
es donde el alma se gana,
mas porque mejor sepáis
del cielo la cierta vía,
suplícoos, hermana mía,
¿Qué?
Quiero que conmigo vayáis
a oír un predicador,
el mejor que el cielo ha visto.
Y ¿cómo le llaman?
Cristo,
del cielo y tierra Señor.
¿No viste, Curioso, a quien
alaba a aquesta señora?
El que quiebra cada hora
los preceptos de Moisén,
en los sábados se pone
a curar, y a todos sana,
y así nuestra ley profana
y que lo contrario dispone.
Sus discípulos profanos
su error nos dan a entender,
pues se sientan a comer
sin que se laven las manos.
Si esto, hermana, es verdad,
¿dónde me quieres llevar?
Óyele una vez hablar,
por curiosidad no más,
y entiende que estos que traes
contigo por tus amigos,
te ponen como enemigos
los trompezones do caes;
mas si a oírle no te inclina
la dotrina del que digo,
ven, hermana, ven conmigo,
verás una faz divina.
¿Quieres ver su discreción?
Él lo ha dicho y lo atestiguo,
que es más sabio y más antiguo
que Abrahán y Salomón.
Nota pues, si es por demás
que ansí le alabe tu hermana.
Pues de verle me da gana
por curiosidad no más,
ningún peligro se ofrece
en ir, pues no he de creello,
solo quiero ver si es bello
como mi hermana encarece.
Ángel parece humanado
y aun yo le tengo por Dios.
Vamos, pues, quedaos los dos.
No dejaremos tu lado.
No te podemos dejar
en el peligro en que vas.
Quedaos, digo.
Es por demás,
tras ti nos has de llevar.
Venid, pues. Y ¿adónde está
el que es de belleza ejemplo?
En los portales del templo
entiendo yo que estará,
allí predica contino
al aire, al calor, al yelo,
por enseñarnos del cielo
el verdadero camino.
Camina, que yo lo creo.
¡Oh, qué brava condición!
Que tan vana presunción
traiga encendido el deseo.
No vayas, que es gran locura.
Hay otro estorbo enemigo.
Solo voy a ser testigo
de su alabada hermosura.
Has de volver a tu casa.
Por el jardín volveremos.
Bien es, porque allí templemos
este fuego que me abrasa.
Éntranse, y sale Cristo con sus discípulos y los fariseos, y siéntanse todos, y Cristo sube en el púlpito y dice:
Vosotros, que acudís al llamamiento
de las palabras de la eterna vida,
que al alma llevará a supremo asiento,
dad con santos oídos acogida
a vuestros flacos y mortales pechos,
a mi voz, que a inmortal gloria convida.
Entra la Magdalena y su hermana Marta y Idolatría, y siéntanse a oír el sermón, y Curioso y Soberbio en pie, y prosigue Cristo:
Y vosotros, que el mundo satisfechos
os tiene con amargos, tristes gustos,
de templos santos espelunca hechos,
sino que vivís con mortales gustos,
el alma eternamente en pena viva,
según las sendas por do van los justos.
Y tu alma a quien el vicio aviva,
pone espuelas porque llegue al paso
por do el ciego gusto a gozar estriba;
y coge las riendas, y detén el paso
de ese torpe animal de tu deseo,
que te lleva a morir más que de paso.
Así os dejáis llevar del devaneo,
metidos en los vicios desta vida,
a la sensualidad con torpe arreo.
Levanta ya de esa mortal caída,
que yo te doy mi poderosa mano,
del cielo y de la tierra obedecida.
Sirve al Señor, no sirvas al tirano,
y revuelve en tu memoria las tinieblas
del reino escuro de Luzbel profano.
Detiene bien el mal, tú, mismas nieblas,
la luz que al alma he dado siempre envíe,
y con tu ejemplo los infiernos pueblas,
y os hoy sabida la verdad, la guía
que aviva, enseña, lleva al paradero
de la dulce región de la alegría,
en mi misericordia rompe el miedo,
¡oh alma!, pues que de tu tierno cuello
y el yugo arroja del pomposo enredo,
que siempre te doy fuerzas para ello.
Extiende tu la mano a tu provecho,
y mientras es de día entiende en ello.
Échase la Magdalena el manto delante, y destócase y quítase todas las galas y dáselas a Marta, y sale el Amor Divino y el Temor, y dice Cristo:
Y no esperes el amargo, duro estrecho
de la noche espantosa de la muer[te]
do todo es confusión, honras, despecho,
alma discreta, no te desconcierte,
en el lago del mundo no te halague
la carne enferma que parece fuerte.
Astuto es el demonio, no te estrague,
que no es bien que tan falso y triste torne,
porque le das lugar siempre te llame.
Y si la dura pena del infierno
no te puede mover, muévate agora
la eterna gloria de mi padre eterno.
Y entiende que en cualquiera punto y hora
que el pecador llora de su pecado,
le escucha, le perdona y le mejora.
A buen tiempo, amigo, hemos llegado;
¿no miras lo que pasa allá en el alma
desta nueva secuaz? Juicio, pese a mi grado,
que este Dios al que os quita la palma,
tan merecida a nuestra diligencia,
y en su turbado mal gana la palma.
Huyamos, que me aflige su presencia;
llama a la adulación y caminemos,
que ya no puedo hacer más resistencia.
Vamos, que a mejor tiempo volveremos
cuando la casa esté limpia y barrida,
y más liciones al volver traeremos.
Apresurad los pies a la huida,
que contrición nos echa desta casa,
que ha sido de nosotros poseída.
¿No ves, que así al llorar se muestra escasa,
al profundo gemir abre la puerta?
Vamos, que no hay sufrir cosa que pasa.
Pelean Amor y Temor.
Ya el amor y temor está en alerta,
¿no los veis pelear sobre cuál dellos
hace la victoria desta más cierta?
Al temor trae amor de los cabellos,
amor es el que puede en esta empresa.
Vámonos ya, que ya no puedo vellos.
Vanse los dos y Idolatría, y dice Cristo.
La senda de virtud con mucha priesa
tiene de caminarse con el día,
porque a la noche el caminante cesa.
Y firma la esperanza en la fe mía,
que con la caridad, su santa armonía,
se alcanza el bien de la alta jerarquía;
sigue, pues, la carrera soberana,
oh alma, pues de ti avienta un velo,
mi inmensa majestad parece llana
por allanarte el paso para el cielo.
Vase Cristo, y los discípulos, y fariseo, y arrímase la Madalena como desmayada al pecho de Marta, y dice el Amor.
¿Que aun quieres perseverar,
Temor, en esta porfía,
viendo que a la fuerza mía
ninguno puede igualar?
¿Tú no ves, claro y patente,
que en esta santa oración
yo he movido el corazón
desta nueva penitente?
Engañaste, que yo fui
quien la comenzó a vencer,
y en comenzando a temer
te entraste tú tras de mí.
Vese en cualquier pecador
que de nuevo se convierte,
que abre el temor de la muerte
las puertas, y entra el amor.
¿Qué es esto, hermana querida?
¿De qué sucedió el desmayo?
No es desmayo, sino ensayo
para forzar más la vida.
¿Qué os ha parecido a vos
Cristo, hermana Magdalena?
En su habla y faz serena
ha me parecido Dios.
Buena confusión es esa.
Es Dios benigno por suerte.
El que sus obras advierte,
por Dios manso le confiesa.
¿Y una tan gran pecadora
podrá hallar en él perdón?
Tan manso es de corazón
que llora con el que llora.
¿No le harán asco las culpas
de mi vivir torpe y largo?
Tomarásla por descargo
si por tu boca te culpas.
¿Que no usará de desdén
conmigo, Marta?
No creas tal.
Si tú le dices tu mal,
yo te aseguro tu bien.
Pues con esa confianza,
hermana, hazme placer
que sepas do va a comer,
y avísame sin tardanza.
¿Pues queréis ir donde fuere?
Y ponérmele delante,
y por puntas de diamante
entraré adonde estuviere.
Quiero que sus ojos vean
las lágrimas destos míos,
que, vueltos en sendos ríos,
a sus pies verse desean.
Pues yo voy, espérame,
que luego daré la vuelta.
Dala, si quieres verme vuelta
a lo que nunca pensé.
Vase Marta y queda Magdalena.
¿Cómo osaré miraros?
No, pues que quise ofenderos,
aunque el miedo de perderos
engendra esperar ganaros.
Por mí ha salido este lance;
concédeme, Amor, la palma;
ambos fuimos tras su alma,
mas yo di el primero alcance.
Vaya el temor del tormento
que mi alma atemoriza,
porque aunque soy de ceniza,
no ha de llevarme el viento.
Sople el amor, y revuelva
mis espíritus el hado,
y su más frío ñublado
en lágrimas se resuelva.
¿Qué te parece, Temor?
Bien se acoge a mi bandera.
Al fin de esta lucha fiera
verás si vences, Amor.
Dios eterno, que me llamas
del medio de mi maldad,
aviva en mi voluntad
el fuego con que me inflamas.
No mires, Señor, qué soy,
sino lo que espero ser,
si tú me quieres valer
como aseguraste hoy.
Y pues ves como presente
cuanto por venir está,
cuando aquesta llegará
a la viva eterna fuente,
y con el mar de sus ojos
bañará los pies sagrados,
que después serán limpiados
con sus ebrosos manojos,
dirá Cristo, en manso tono:
«No solo porque temió,
sino porque mucho amó
sus pecados le perdono».
¡Qué mala cuenta que he dado
de mi belleza y mi honra,
que allí mora la deshonra
adonde habita el pecado!
Pero tú, que no desprecias
el contrito corazón,
antes que de ser león,
de ser cordero te precias,
haz, aunque ligera huya
la fama de no ser buena,
que la mala Magdalena
que digan que es sierva tuya.
Dios mío, conmigo hablaste,
y esto me hace esperar
que no me has de desechar;
buen Señor, pues me llamaste.
Di, ¿no imaginas, Temor,
que la buena confianza
que nace de la esperanza
que es columna del amor
el cual tendrá tan impreso
de contino en sus entrañas
que en amorosas hazañas
ha de matar sin proceso?
Mírala porque la alabes,
cómo su amor anda listo,
ungiendo el cuerpo de Cristo
con los ungüentos suaves.
Óyeme, Señor eterno,
que en el corazón te llamo,
y por ti solo te amo,
no por cielo y por infierno.
En tu verdad me sustento,
porque la que es tu palabra
en mi alma engendra y labra
un nuevo arrepentimiento.
Mira cómo a Cristo entierra,
y mira con cuánta gana
el domingo de mañana
va a ver do su amor se encierra.
Y mira él resucitado
a su amante, y que le toca
y es que echa por la boca
lo que su amor le ha mandado.
Y bien sabes, apostolada
por el Espíritu Santo,
y solo porque amó tanto
vive en gracia confirmada.
Mírala junto a Marsella
en una cueva metida,
donde es de ángeles servida,
pues como ángel vive en ella.
Y contémplala en el cielo,
de su eterno amor gozando,
de contino estar rogando
por quien le invoca en el suelo.
Entra Marta.
Ven, hermana, con la nueva
de mi Dios y amador nuevo,
que quiero ver cómo pruebo
hacer de mis fuerzas prueba.
Calla, hermana, lo que pasa
es que con Simón leproso
hoy come Cristo.
¡Dichoso
quien tal huésped tiene en casa!
¡Hola, Dulatrice, hola!
Ya soy de ti mal servida.
Sale la Humilde.
Idulatrice ya se es ida,
y de eso tú estás sola,
mas yo entraré a aguardar por ella.
Vaya, y quede Humilde amiga,
que ya me daba fatiga
tan habladora doncella.
Yo pienso de hoy más tenerte,
Humilde, en mejor figura,
que hasta aquí mi gran locura
ha hecho no conocerte.
Tráeme el arquilla do están
mis ungüentos y blanduras,
acábense las locuras
que comenzaron mi afán.
Vase la Humilde.
Y que allí come el que sustenta
cielo y suelo, dulce hermana.
Digo que es cosa muy llana.
Con pecadores se asienta,
señal es esa que puedo
ponerme ante su presencia
y esperar de su clemencia
lo que no promete el miedo.
Sale Humilde con el arquilla y el bote.
Es esta.
Sí, Humilde amada,
ábrele, amiga. ¡Oh, locura!
Abre el cofre.
Mira adónde mi hermosura
estaba depositada.
Rompe esos vasos de infierno,
de los rostros do andan ellos,
aunque es razón conocellos
por el Hacedor eterno.
Ese de alabastro muestra,
mi querida hermana, a Dios.
Él mismo vaya con vos
y os esfuerce con su diestra.
No me decís a dó vais.
Donde está mi nuevo Amado.
¡Oh, pensamiento acertado!
Camina, ya que os tardáis.
¿Sola queréis ir, señora?
Bien acompañada voy,
muestra de su clemencia soy.
Dios con esta pecadora.
Vase Magdalena y Marta y Humilde y quedan Amor y Temor.
Dejadme ya, Temor justo,
que con ella he de ir contino.
Yo sigo otro camino.
Bien haces, sigue tu gusto,
que con su amor, sin segundo,
con el cual se enmueve a obrar,
por espejo ha de quedar
de penitencia en el mundo.
Vanse, y salen Soberbio y Curioso.
¿No ves a quién trae consigo?
Mira, más querida amiga.
Mejor dirás enemiga,
pues tiene a Dios por amigo.
¿Que por Dios tienes a Cristo?
No sé, mil muestras da de ello.
Casi que estoy por creerlo,
por algunas que yo he visto.
Mas ¿quién pudiera juntar
aquestos extremos dos,
ser de hombre y ser de Dios?
Cristo es hombre, no hay dudar.
Pues como en su nacimiento
los ángeles se alegraron,
y a los hombres anunciaron
salud, paz y contento.
Y si acaso rey no es,
¿cómo los reyes de Oriente
como a Dios dieron presente
postrados ante sus pies?
Pues ¿cómo de Herodes huye
si es Dios?
Yo no siento.
Aques es solo argumento
que él es hombre, me concluye.
Mil hechos calificados
acreditan su persona,
porque como Dios perdona
cualquier suerte de pecados.
Y los milagros que hace,
esto es bien que te concluya
ser en propia virtud suya.
A solo Dios pertenece,
a la vista se me ofrece
quien los tiene asalariados.
¡Oh, qué trueco de maldad,
que tan gran maldad ha hecho!
Huye, que trae en el pecho
mi contraria, la humildad.
Vanse, y sale la Magdalena con el vaso, y detrás el ángel y el demonio que la afean.
¿Dónde vas, desaventurada,
llena de toda vileza?
A la fuente de limpieza
donde podrá ser lavada.
Fuente viva que en el suelo
para salud de la gente
lleva la dulce corriente
de las alturas del cielo,
a tus aguas voy, Señor,
así cual la cierva herida,
por lavar mi torpe vida
en lágrimas de tu amor.
¿Tanta torpeza pretendes
lavar con tu solo llanto?
Suple el amor todo cuanto
con tu ingenio le defiendes.
Mis sentidos desturbados
me tienen en tanta mengua,
que no ha de poder mi lengua
decir mis muchos pecados,
mas yo sacaré despojos
nunca vistos del callar.
Sí, pues puede a Dios hablar
sin lengua quien tiene ojos.
¿No te corre ya vergüenza,
ver quién eres y a do vas?
Déjame esta vez nomás,
mal admitida vergüenza.
Mira que eres Magdalena,
la pública pecadora.
La enmienda de sola un hora
quita eternidad de pena.
Misericordia, Señor,
que ya creo que me escuchas.
Tienen tus maldades muchas
sordo a Dios.
Mientes, traidor.
¿Quién me acobarda y esfuerza?
Quien te engaña y desengaña.
Proseguiré aquesta hazaña.
Pues no, demonio, le hagas fuerza.
No ha de haber fuerza en tal hecho.
Tú sí, traidor, que la inclinas,
la sacas y descaminas
del paso de su provecho.
En fin voy, ya voy. ¿Qué aguarda?
Que aquí es do vive Simeón.
Temeroso corazón,
¿qué es esto que en mí acobarda?
Entra, que tu Dios te espera.
Esperanza sea mi guía.
En quien es Jesús confía.
No espere más, desespera.
Jornada segunda. Salen a poner una mesa con comida para Cristo, y en estando puesta, sale Cristo con sus discípulos, y tañen unas chirimías, y sentaráse Cristo, y Simeón se andará paseando. Y sale la Magdalena y lava los pies de Cristo con aquel ungüento, y los limpia con sus cabellos y está detrás el ángel hincado de rodillas, y el demonio de medio lado.
¿Qué perdición es esta de este ungüento?
Pudiérase vender o a pobres darse,
y aun a mí me viniera más a cuento.
Por Dios, ¿así es justo este tocarse
de una mujer tan mala y pecadora?
Al fin como no es Dios, puede engañarse.
La desensión que en vuestros pechos mora
os hace que juzguéis trocadamente
de esta que busca el bien de su mejora,
una obra cual veis tan excelente,
la cual de ti, Simón, cumple las faltas
como lo puedes ver aquí presente.
Entré en tu casa y luego vi que faltas
en lavarme los pies, pues no lo hiciste,
ni otras cortesías muy más altas.
El beso de la paz no me le diste
ni los cabellos, como el uso muestra,
con aguas olorosas no me ungiste.
Y esta, en cortesías es más diestra,
en ellos pone con amor la boca
y en remembranza de mi sepultura
hace esta obra que su bien provoca.
Los pobres en cualquiera coyuntura
con vosotros tendréis continamente,
y mientras el sol en su carrera dura.
Pero a mí no me tendréis aquí presente.
Y así digo de verdad que la hazaña
hecha por esta nueva penitente,
en cuanto el sol alumbra el mundo y baña,
ha de ser predicada en su memoria
y de su vida y penitencia extraña.
Y tú que nuevo amor haces y gloria
borrando la pasada peligrosa
que te enseñó el camino de la gloria,
porque con caridad tan fervorosa
amaste mucho, ya son tus pecados
perdonados. Simón, ¡oh, cosa misteriosa,
de Dios son estos hechos señalados!
Vase Cristo con sus discípulos, y queda la Magdalena y dice.
¡Ay, Dios, qué pesada carga
de mis hombros se ha quitado!
Si pues has resucitado
de la muerte a vida larga.
Otro cielo es el que veo
y este que piso otro suelo.
Todo reparece cielo
en la imagen del deseo.
¿Quién sacó tal interés
de una obra tan perdida?
Hallar gloria, hallar vida,
solamente en unos pies.
¡Ay, querida hermana mía,
si supieses ya a cuál vengo!
No sé cómo te entretengo
las nuevas de mi alegría.
Deja, que el mundo sabrá
presto tu fama y tu gloria,
y en esta acabada historia
vida en la muerte hallarás.
Sale la Penitencia y dice, y vanse la Madalena y el Ángel.
Sopla, favorable viento,
y haz, como llegue a tierra
el navío do se encierra
todo mi bien y contento.
Venir sin vela el navío,
y sin árbol el timón,
me descubre la invención
falsa del pueblo judío.
No hay que mirar a la antena,
pues no la trae, que se vuelve.
Amigo viento, revuelve,
tráeme ya mi Madalena,
que lo que en la nave viene,
aunque no es plata ni oro,
es un muy rico tesoro
que el mundo dentro en sí tiene.
Viento, la nave encamina,
no consientas que se vaya
más, no va sino a la playa
de la ciudad más vecina.
Viento, si soplas más recio,
ya no se nos puede ir,
salgamos a recibir
a quien jamás tiene precio.
Vase, y sale la Madalena y Lázaro, su hermano.
Hermana, sin duda acierto
si digo que esta es la tierra,
donde el alto cielo encierra
de nuestra bonanza el puerto.
Con humildad la pisemos
y, dejando de pisalla,
porque sirva de adoralla,
con humildad la besemos.
Yo, dice, como relicario,
guardo de Cristo el suceso,
haré cuenta que ahora beso
la bendita del Calvario.
Y para hacello más bien,
de lo que me viste hacer,
quiero aquí el rostro volver,
y el alma a Jerusalén.
Entra la Penitencia.
Venga muy en norabuena
gente de tanta excelencia.
¡Ay, amiga Penitencia!
¡Ay, amada Magdalena!
En tierra tan apartada,
y tan sin Dios como estas.
Para servirte no más
he hecho aquesta jornada.
El precursor de la vida
me faltó, con quien vivía,
y contigo, hermana mía,
tengo de hacer mi guarida,
señora, por caridad.
Decid, ¿qué tierra es aquesta?
Francia es, Marsella es esta,
rica y antigua ciudad.
¿Quién tiene de ella el gobierno?
Un rey gentil.
¡Triste caso!,
pues de idolatría el paso
le ha de causar el infierno.
Pues dame gran compasión
verle puesto en tanto mal,
que tengo buen natural
y es amigo de razón.
Veislo aquí donde viene
a hacer un sacrificio
al bravo dios arrogante,
digo a su demonio Marte,
que ellos tienen por señor.
Pues para vellos mejor,
pongámonos a esta parte.
Sale el Rey de Marsella con grande acompañamiento y la figura de Marte en los hombros, y la Madalena se sube sobre una peña y dice.
Dulcísimo Jesús, tu nombre invoco,
tu favor pido y tu divino aliento,
que aliente el mío en la ocasión que toco.
El tiempo ya es llegado, do el cimiento
que tengo de servirte mostrar pueda,
fiado del valor que de ti siento.
Vuélvese a la gente y dice.
¡Oh, gente, a quien la variable rueda
de vano imaginar vuestro os conduce,
donde no hay cosa que en razón suceda,
que la ignorancia a tronos os reduce,
que vengáis a adorar por dios a un leño
do ningún rayo de deidad reluce!
¡Qué ceguedad, y qué pesado sueño
es este vuestro, que queréis que sea
de los hombres un hombre infame dueño!
Mal el discurso de razón se emplea
en vuestro malo entendimiento, en cosas,
mas no en aquello que a vuestra alma arrea.
Y si crédito dais a las curiosas
historias de los vuestros dioses vanos,
en el llamar los dioses mentirosas,
claro hallaréis en todo ser tiranos,
adúlteros, traidores, homicidas,
de torpes pensamientos y livianos.
Bien sé que tú no entiendes lo que en ti es,
y que, si fe no te abre los sentidos,
en vano estás mis pláticas oyendo.
Remedio universal de los nacidos,
fe, solicita vía del bien nuestro,
centinela fiel de los dormidos,
decid aquí el valor de mi maestro.
Declarad quién es Dios a aquestas gentes,
que yo no puedo sin el medio vuestro
llueva de tus santísimas corrientes
tus misericordias, Dios piadoso,
pues tienes en tu cuerpo cinco fuentes.
Algún Dios en tu lengua poderoso
habla, santa mujer, y de escucharle
estoy con más espacio deseoso.
Puedes conmigo en la ciudad entrarte,
tú y todos los tuyos, que no quiero
el sacrificio proseguir de Marte.
Antes a aqueste Dios tan verdadero
que has publicado quiero convertirme,
mas a solas te quiero hablar primero,
y agora puedes sin temor seguirme.
Ya esta pobre pecadora,
mi Dios, empieza a sembrar
tu semilla que ha de dar
fruto de gloria alguna hora.
Yo publicaré tu ley
mientras que vida tuviere.
Hermanos, pues Dios lo quiere,
sigamos todos al Rey.
Jornada tercera. Sale la Magdalena y la Penitencia. Saca una diciplina con un paño y una calavera y un silicio y un Cristo cubierto.
Pues queda ya convertido
el Rey, y queda tu hermano
en la ciudad por tu mano
en obispo ya elegido,
y tu hermana Marta queda
de la ciudad retirada
donde vida descansada
cristiana vivir pueda,
y el bueno de Maximino
es obispo, y a tan bien
bien puedes, amiga, bien
seguir por do te encamino.
Ninguna cosa tuviera
el ser yo predicadora
impedir si salió agora
el mandato le cumpliera
el que dice que ha ordenado
con su divino saber
que no predique mujer
el Evangelio sagrado.
Aunque yo pudiera hacello,
como soy apostolada
de voluntad, no forzada,
quiero conceder con ello.
Que si en la escuela divina
aprendió el santo varón
cualquier determinación,
si ya Dios le determina,
con la boca publiquemos
quién es Dios, y con fe pura
y la sagrada escritura
a los varones dejemos.
Así que, mi dulce amada,
guíame do tú gustares,
que mientras tú me guiares
iré bien encaminada.
Sabe, amiga, que te guio
a parte donde el calor
retire más su ardor
y allí el yerto yelo frío.
Estas montañas serán
tus campanas y figuras,
que aunque te parecen duras
blandas te parecerán
por las maldades que el vicio
tuyo subió tan de punto.
Toma el más derecho punto,
este cerdoso silicio,
a las perlas peregrinas
que colgaron de tu cuello.
Tome porque gustes dello
en aquestas disciplinas
y tomar por principal
y por joya más subida
esta imagen de la vida
y destierro de tu mal.
Y quiero por esposo darte
un tan claro y rico espejo
que te sirva de consejo
al que no pueda engañarte.
Los palacios de Mágdalo
trueca por la cueva oscura
y por aquesta asperura
tu acostumbrado regalo.
Enseña el Cristo.
Considera el interés
que sacaste y la victoria,
la vida, la gracia y gloria
que sacaste de estos pies.
¡Oh, pies ya glorificados!
Y tanto amor me tuvistes,
que entiendo que solo fuistes
lavados por mis pecados.
Vivos os besé a los dos
y agora juntos os beso,
añadiendo beso a beso
pongo el corazón en vos.
Entra ya en la escuridad,
amiga, de tu morada
donde saldrás coronada
con la mayor brevedad.
Entra, que por ser estrecha
esta cueva y tan oscura
para casa y sepultura
imagino que sea hecha.
Vase la Penitencia y la Magdalena se entra en la cueva, y salen el Mundo y Demonio y Carne.
Tiende las redes y traza,
Demonio, lo que has de hacer
si pretendes de coger
con mucha industria la caza.
Carne, a ti tocó esta empresa,
pues conoces las marañas
de aquesta caza y sus mañas.
Desconocello me pesa,
porque ya es cosa muy clara
que, después como sé yo,
que unos santos pies besó,
se me viene ya a la cara.
Antes que los pies besase
temíame, y me abrazaba.
Y aun a mí me recreaba
sin que un punto me dejase.
Pero agora yo imagino
que en balde es la venida.
Guíala el Señor de la vida,
mira si errará el camino.
o nos he de desesperar
o dudar de la victoria
hasta el fin do está la gloria
digo el perder o ganar
yo aquí estoy pero yo fío
que haremos menos que nada
pues si tú estás desmayada
quién quieres que tenga brío.
mira que sale la caza
embistamos todos tres
yo primero, tú después,
tú a la postre carne, bien se traza
pues lleguemos todos tres,
que yo solo poco puedo.
yo llegaré, mas con miedo
que se me ha de ir por los pies.
por los pies digo en que ella
puso la boca en tal punto.
que tú y yo y el mundo junto.
no bastarán a movella
esta la magdalena en la cueva y llegan todos tres.
qué haces en esta parte
moza sola y desdichada
estoy tan acompañada
que Dios de mí no se parte
muy buena compañía tienes.
pero yo no sé por cierto.
en tan áspero desierto
cómo o con quién te entretienes.
mejor fuera en la ciudad
con más conviniente modo.
enseñar al mundo todo.
aquesa extrema humildad.
porque la naturaleza
no se hizo para entre peñas
para entre riscos y breñas
esa hermosa belleza
y en querer siempre aquí estar
impides mil ocasiones
de dar a Dios bendiciones
que tal te quiso criar
y más cometes pecado
con encerramiento tanto.
que impides el fruto santo.
que pudieras haber dado
que el árbol que no da fruto.
manda Dios que se eche al fuego
pues tú sola y con sosiego.
cómo puedes dar tributo
con la mocedad no alcanzas
lo que te estará mejor
guiado de un ciego amor
y de vanas esperanzas
tu intento un tiempo he seguido.
con encendido deseo.
pero ya conozco y veo.
cuán engañada he vivido.
quítase la carne una ropa mala que traía. y quítasela y queda bien vestida
desta pobre vestidura
quiero la carga quitar
y a todo el mundo mostrar
cómo es llana mi hermosura
mira cuán hermosa quedo.
y mira por vida mía
si con esta bizarría
sujetar al mundo puedo.
no respondes di qué aguardas
qué es lo que entre dientes rezas
para quién vienen perezas
respóndenos que te tardas.
enseña magdalena el Cristo y vanse
o falsos de fe desnudos.
defiéndame aqueste escudo.
que fieramente vocean
huyendo van todos tres.
mas que mucho si estos pies
de mi Dios los acocean
toma la calavera en las manos y dice
quizá adornaron cabellos.
y aun quizá que esta cabeza
donde la naturaleza
puso mucho sol en ellos.
y estas mejillas agora
tan feas y descarnadas.
quizá fueron comparadas.
a la aljofarada aurora
y vos boca cueva oscura
claro ejemplo para mí
quizá dijo alguno aquí
se cifró la hermosura
entran dos ángeles y dice el primero
magdalena santa y justa
que a Dios tienes por esposo.
volved el rostro hermoso
a quien de miraros gusta
angélica compañía
cortesanos celestiales
cuya vista da a mis males
eterno bien y alegría
qué es lo que queréis que haga
en servicio de mi amado.
que obedeceré el mandado.
esperando de él la paga
con tantas veras en vos
se ve una angélica vida
que merecéis ser servida
de los ministros de Dios
y su mando lo tenemos
ved vuestra virtud si es alta
que siete veces sin falta
en el día os visitemos
y en tal modo nos contentas
con tus pláticas benditas
que serán nuestras visitas
no siete mas setecientas
y las divinas canciones
cantaremos como es justo
contigo por darte gusto
mil angélicas lecciones
alzáremoste del suelo
por arras y por señal
que estás cerca del umbral
de la alta puerta del cielo.
Van subiendo poco a poco a la Magdalena y tocan las chirimías, y un ermitaño que está en el monte sale como espantado y mira a todas partes.
¡Qué gloria es esta que siento!
¡Qué regalos, qué reposo!
Y regalos son de tu esposo,
dignos de tu pensamiento.
Divino Dios, por tu misericordia,
por tu inmensa bondad, por el
inmenso poder tuyo, te suplico
lo que tantos días ha te he suplicado:
¿Por qué se tornan cielo estas montañas?
¿Por qué con acordados ecos dulces
resuenan estos montes y cavernas
de mí tan largo tiempo paseados?
Concédeme, Señor, que vea de cerca
lo que de lejos oigo veces tantas.
Ya, ¡ay, Señor!, entiendo que me enseñas,
pues llevo ahora más esfuerzo y ánimo
que cuando entonces, esperando el vivo
deseo, me impelía a saber esto.
No temas, varón santo, llega y mira
lo que desean ver tus ojos tanto.
Verás un alma de una pecadora
del alto Dios por su bondad inmensa,
por el cual te suplico, si es posible,
te llegues luego a la ciudad cercana
a decir al obispo Malsimino,
que esta noche me aguarde en la igles[ia]
con el divino pan ya consagrado,
hecho cielo, más digo, hecho Dios mis[mo],
que quiero aposentallo en mi sent[ido]
aunque indigno aposento a su gran[deza].
¿Quién diré que lo dice?
La que nomb[ran]
pecadora en el mundo: Magdalena.
¡Oh, cielo santo!, ¿vos sois la apostolad[a]?
¿Vos sois la que besó los pies de Cristo?
¿La que le acompañó a la sepultura?
¿La que le vio resucitar y viole
hender las nubes y subir al cielo?
Yo soy esa que dices, aunque indig[na]
de tanto bien como de mí pregona[s],
que todo lo hallé a los pies de Cristo,
que en mi merecimiento no cabía
y no que merecía eternamente
la pena horrible del escuro infier[no].
Pues yo haré, señora, lo que mandas,
y así vendré a tomar de aquesa bo[ca]
divinos documentos que me enseñ[en]
la cierta guía de la inmensa glo[ria].
Camina en paz, que en la de Dios te...
Vase el ermitaño y salen dos ángeles.
Magdalena, ¡ah, Magdalena!
Mis amigas voces siento.
Ya se acaba tu tormento,
ya llega el fin de tu pena;
busca consuelo en tu vida,
busca en la muerte consuelo,
que entonces tendrás el cielo
cuando el vivir se despida.
198
Ángeles, palabra tal
no saldrá de mi memoria,
por ser prenda de mi gloria
y destierro de mi mal.
¿Quieres que digamos algo
a tu esposo soberano?
Que es mucho el bien de su mano,
y muy poco lo que valgo.
Ten, Magdalena, esperanza.
Con esa vivo contenta.
Pon, Magdalena, tu cuenta
cierta, bienaventuranza,
y camina que te aguarda
el obispo Malsimino.
En tan dichoso camino
no puedo mostrarme tarda.
Vanse los ángeles y dice ella.
Apresurad la corrida,
pies míos, en este caso,
pues que vais a dar el paso
que lleva a la eterna vida.
Buen curso he ya consumado,
bien ciertamente he corrido,
pues al tiempo he venido
que puede ser deseado.
Vase de la cueva y sale el ermitaño.
¡Qué rostro lleva, oh cielos soberanos!
Con vosotros la plática entonada,
alzadas lleva las benditas manos,
alegre, estrañamente se mostrava.
El obispo santo, ocupadas las manos,
escuadras celestiales la guiaban,
y el intento, con Dios y en sacramento,
muestra va dando que se llega el día
último de sus males y primero,
de su gusto mayor y su alegría;
día que el pecado es lastimero.
Mas, si se engaña aquí mi fantasía,
y a su posada vuelve, ¿qué más quiero?
¿Qué mayor bien o qué mayor ganancia
que tener tal maestra en mi ignorancia?
Porque si en la escuela soberana
aprendió el maestro soberano,
cualquier dificultad hará tan llana
que toque sus misterios con la mano.
Mas, ¿qué es aquesto, que la corte sana,
gente del cielo, hiende el aire vano,
y con mil acordados instrumentos
resuenan de estos montes los acentos?
Ve subir el ermitaño el ánima de la Magdalena con dos ángeles, y cuando acaban de subir, dice.
Ya, ya sé lo que es, ¡oh, alma bella!,
que fuera del mortal, escuro velo
te veo vestida como clara estrella;
vas a gozar la eternidad del cielo.
Camina en paz y cuando estés en ella
vuelve, si puedes, hacia el bajo suelo
tus bellos ojos y verás los míos
hechos por que los dejas sendos ríos.
Y pues tú sabes bien aqueste estado
terrible, la cruel, fiera batalla...
que tiene el sol las sombras del pecado
si la luz de la gracia a caso se halla
bien creo que tendras de mi memoria
mísero pecador del lanzarla
no te olvides señora alla en la gloria
do llegas con el fin de n[uest]ra ystoria.
finis