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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de la Magdalena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-la-magdalena.
Comedia famosa de, La conversión de la Magdalena = Del autor Pedro Alonso Jus. de Cárdenas 1692
Del autor Juan de Cárdenas = Madrid, abril 23 de 1622
Vean esta comedia intitulada la Conversión de la Magdalena, el censor y fiscal, y informen en orden al con- tenido, y con lo que dijeren se traiga =
Illmo. Señor Por mandado de V. S. I. he visto esta co- media. La Conversión de la Magdalena
Músicos. y no hallo en ella nada que se oponga a nuestra bue- na política y costumbres, observando que no se di- ga, lo que va atajado, por ser escandaloso y con- tra los preceptos de la ley cristiana, y en lo que toca a la pureza de nuestra fee catholica, tampoco hallo nada opuesto, pues está ajustada la comedia a la Historia sagrada Evangelica, conforme los sagrados Evangelistas escriben la conversión de la Magdalena: este es mi sentir: V. S. I. mandará lo que más fuere servido. Madrid 25 de Abril 1699 Pedro Lanini Sagredo
Músicos. Ilustrísimo Señor Por mandado de V. S. I. he visto esta comedia la Conversión de la Madalena y no se puede repre- sentar sin que en sueño en que a Madalena se la representa la imagen de Cristo se emienden algunos versos por contener (quizá por culpa de los traslados) muchos absurdos malsonantes y una herejía formal dando en Cristo dos sugetos, y así es bien pase por el censor de el Santo Tribunal porque lo diga quien lo deve decir. Madrid 1 de Mayo de 1699. Francisco Bueno
Músicos. Madrid y Mayo 2 de 1699 Remítase esta comedia al señor Doctor don Joseph Gallo Guerrero para que vea si tie- ne algo contra la fe y con lo que dijere se trayga =
Músicos. Esta comedia atentamente mirada no tiene nada contra la fe ni buenas costumbres Madrid, de Mayo 13 de 1699 = Doctor don Joseph Gallo Guerrero
Músicos. Madrid y Mayo 19 de 1699 = Observándose caiga lo atajado y pre- venido por el censor dese lizencia para que se haga esta comedia intitulada la Conversión de la Magdalena =
Salen Zabulón y Sabina.
¿Podré hablar a su señora?
Ninguno la puede hablar.
Déjame, Sabina, entrar.
Zabulón, no es tiempo ahora.
Míralo bien.
Esto es cierto.
Traigo un billete cerrado
de mi amo.
Lindo enfado,
más que le traigas abierto;
¿traes otra cosa?
Aquí estoy
con tres sonetos flamantes.
Vete.
Traigo estos diamantes.
No te vayas.
No me voy.
¿Entraré?
Qué majadero.
Este con su luz asoma.
Dame los diamantes.
Toma.
Vete ahora.
Magdalena, mi señora.
Mi amiga, te están mirando
estos diamantes agora.
No traes algo para mí?
Qué te puedo yo traer,
que no puedas tener?
Yo nací yo para ti,
no has de llevarme a hora ?
Quien el dinero te gasta,
que te lleve? pues no basta
llevarte la condición.
Retírate, que ha venido
un criado competidor.
Si lo sabe mi señor?
No se dé por entendido.
Leví?
Mi dueño,
y señor Alexandrino
al sujeto peregrino
de Magdalena.
Esto es sueño.
Envía aqueste papel.
Solo?
Con estos iguales
rubíes tan orientales
como su pecho es fiel.
Y qué valdrán estos dos,
si se quieren vender?
Mil escudos a mi ver.
Está bien, adiós.
Adiós.
Sabina.
Calla, tepido,
que viene otro pecador.
Si lo sabe mi señor?
No se dé por entendido.
a Magdalena le envía
este papel.
Es con guía?
Lindo modo de estafar.
Con él viene aquesta joya
de esmeraldas.
Dios le guarde.
Al señor Tribuno, es tarde.
Adiós.
Ande la tramoya,
Sabina, no me dirás
cuántos papeles con guía
te presentan cada día?
De a treinta, y más.
Lanzadas en los amantes
que tal dan por una hora.
Quieres ver a mi señora?
Llena estará de diamantes,
dime aunque sea importuno,
quiere a alguno?
Lindos modos,
aunque la pretenden todos
ella no quiere a ninguno.
Música.
Cuando se toca
le cantan con armonía
la bien venida del día.
Dices la delicia muy poca.
Zabulón tocando.
Sale Leví.
(Vase)
Sale un criado. El Tribuno Eliábar
(Vase el criado)
(Suena Músi.)
Al bostezar el aurora
luces que le dio el amor
en el Sol de Magdalena.
Descúbrese un tocador y en él Magdalena, y Damas, tocándola, y Músicos y que esté lo más adornado que se pueda
Tocándose
Tocándose estaba el sol.
Las rosas.
Con gravedad
te da el Sol mil parabienes.
Los lazos.
Aquí los tienes.
El otro espejo,
cantad.
Sus divinos ojos bellos
con ser negros de color
de dos luceros le sirven
antorchas del niño Dios.
¿Compuso esta letra Alcino?
Sí, señora.
Es gran poeta.
En los hombres de esta secta
le tienen por peregrino.
A tu divina beldad
la compuso.
Pudo hacello,
¿está bien puesto el cabello?
Sí, señora.
Pues cantad.
Mas ay que si la hermosura,
como dice Salomón,
que es flor que deshace
toda la hermosura es flor.
No cantéis, la letra es buena
sino acabara tan mal:
Zabulón.
La celestial
música de Filomena,
me fue llevando a la gloria.
¿Qué mal tiene tu señor?
Poco juicio, mucho amor,
menos seso, y gran memoria.
Billetes.
Son inmortales,
¿Cuántos son los recibidos?
Siete son los caídos
como pecados mortales.
Vamos leyendo y rasgando
los que no son menester.
Éste es de aquel mercader,
de Palestina.
Comprando
para vos esos flamantes
rayos de la platería,
hice cargazón del día
a precio de estos diamantes.
En venta puso el amor
mi corazón afligido,
y entiendo que está vendido
si dais a cambio un favor.
Unos dos por despojos
del empleo es ofenderme,
traza tiene de venderme
este mercader los dos.
Éste es de aquel capitán
de Idumea.
Y dice así:
Cuando a Caldea rendí,
cuando asalté a Betsamán,
cuando maté los campestres
que fueron seis mil y dos,
no los temí, voto a Dios,
tanto como unos dos.
Pues sois el Ángel de guarda,
con vos pretendo marchar,
pero no quiero quedar,
señora, en la retaguardia.
Sea yo a los que miran,
que a un amante embellezan
que sin capital fortaleza
hay valor, si no hay dineros.
Marte planeta eminente
mi pensamiento apadrina
este capitán Sabina
me quiere valientemente.
Del hidalgo caballero,
que por pobre se desea
es este.
También se lea:
Señora, de vos espero
algún favor peregrino
por mi nobleza notoria,
pues tengo mi ejecutoria
en muy lindo pergamino.
Al solar por turbia ley
tan desesperado voy
que puro hidalgo estoy
dado a la gracia del Rey.
Señor de lugares fuera,
si quisiera, mas no quiero,
que como soy caballero
me hago lugar dondequiera.
Desciendo por hidalguía
de la casa real entera,
pues bajo por la escalera
de Palacio cada día.
De suerte que amo, y os llamo,
que os puede decir mi llanto,
que de puro amaros tanto,
tanto sé lo que me amo.
Pobre soy, y pobre he sido,
pero os amo tan constante:
Sabina, este pobre amante
ama como un descosido.
Isacar, Cónsul de Tiro
mi señor, a verte viene.
Un asiento le previene,
Sabina.
Si en el retiro,
Señora, de aqueste cielo
abreviado el sol asiste
¿qué mucho que el Universo
busque, al sol en vos a Dios.
Si es lisonja, iréme luego.
Lisonja siendo mi amor
en tan abrasado incendio
Salamandra de esos rayos,
mariposa de ese fuego.
¿No es bueno, que nunca tuve
hipérboles ni conceptos
para ponderar mi amor?
¿Por qué?
Porque no le tengo.
¿Es posible que una Dama
donde viven tan de asiento,
la hermosura, y discreción,
la gala, el entendimiento,
el donaire, y los primores
viva sin amor.
Es cierto,
quiero, y no quiero a ninguno.
Declaradme ese argumento.
Sale Isacar.
Decidme, ¿el sol con sus rayos
no enamora a tierra, y cielo?
¿no da luz a los dos orbes?
Sí; pero sus rayos de ellos
cuando se quiere ausentar
¿se queda alguno con ellos?
No, porque lleva consigo
la causa de los efectos.
Vos decís que soy un sol,
alumbro, pero no quemo,
quiero a todos como noble,
amo a todos como debo;
pero cuando me retiro,
y de su vista me ausento
como me llevo los rayos
también el amor me llevo,
conque quiero bien a todos,
y a ninguno, señor, quiero.
concluyóle,
El gran Tribuno
de Abiatar, y Pheliseo
Sátrapa de Siria, a verte
han venido.
Que entren luego.
A la academia de amor,
donde lucen los ingenios
siendo deidad del Parnaso
nuestro noble entendimiento
por discípulos venimos.
La mucha dicha tenemos
serlo de tanta deidad.
De vuestros nobles respetos
siempre ha recibido honor
mi casa, tomad asientos
para lograr esta dicha.
Es justo que festejemos
este día, en que cumples
años felices, y buenos
como acostumbran, señora,
las damas de estos tiempos.
Oyes Sabina, por Dios
que está su ama de Venus
arriba, como una diosa.
Hace burla de estos necios
todos se mueren por ella
y ella por ninguno de ellos.
Lo que se usa no se excusa.
En forma humana pretendo,
pues soy el primer querube
que bajó del firmamento
a alentar de esta mujer
las delicias, los intentos
víctimas torpes, que el mundo
me ofrece en sus galanteos.
Dime, Sabina, aquel hombre
todo vestido de negro
quién es?
Quién es, potentado
debe de ser del infierno,
porque yo no le conozco: debe de ser extranjero
Parece que está celoso
él tiene cara de perro
dado al diablo viene el hombre.
Ea empiecen los ingenios
la academia.
De el asunto
Magdalena.
Cuatro versos
hemos de glosar los dos.
Y son?
Decirlos espero.
gran dicha fuera el amar
aun a costa del vivir,
si como se usa morir
se usara resucitar;
Sabina si son poetas,
los glosaré de camino.
El asunto es peregrino.
(Salen)
(Sale el Demonio vestido de negro a modo de armenio.)
Es famoso digo así;
Usa amor con señorío
en la libertad ajena
pero llamo desvarío
por redimir una pena
condenar un albedrío.
Yo no quiero ponderar
la fuerza de su poder.
mas si él pudiera quitar
la mudanza en la mujer
gran dicha fuera el amar.
Prendarme con intención
de quererme, y al otro día
mudarse de corazón
digo que es alevosía
pues muero de esa traición.
Que linaje de morir
es este? divinos cielos,
no basta ver, y sentir
sino que han de ser los celos
aun a costa del vivir.
Vuelva amor esta centella
en fuego por defenderme,
porque es infelice estrella,
que ella viva de ofenderme,
y yo me muera por ella;
Pues pregunto con vivir
el hombre de lo que ama
sin el duelo de fingir
Usa mudarse una dama,
si como se usa el morir.
Dicen que el Fénix amó
tanto sus muertas centellas
que de aquel calor vivió
pero en las damas mas bellas
ninguno este Fénix vio;
la mujer mas singular
es Fénix, aunque no muera
mas no me quiero engañar
que si como el Fénix fuera
se usara resucitar.
Que me queda que decir
siendo vos único y solo
en el Parnaso de Apolo.
con vos quien podrá decir.
Dicen, y tienen razón
los hombres con sus plazeres
que si contra traición
no engañan a las mujeres,
que no cumplen con quien son.
Quien ama sin variar
dicen ellos en sus nombres,
que no es hombre singular,
luego sino fueran hombres
gran dicha fuera el amar.
De que me sirve el valor
que soberbios se han tomado
si el mas constante amador
ama por razón de estado,
y no sabe que es amor;
ellos bien pueden fingir,
porque sino los merezco,
ni por mi se han de morir,
digo que los aborrezco
aun a costa del vivir.
Que cordura se dilata
por su proceder confuso,
y su libertad Ingrata
si tienen engaño infuso
y mudanza gratis data;
De nosotras es fingir,
por buenos, o, malos modos,
de los hombres es mentir,
luego al uso andamos todos,
si, como, se usa el morir.
La necia comparación
del Fénix nunca se ama,
si acaso Fénix son
adonde tiene la llama
su abrasado corazón?
si se mueren por mudar
el incendio a nueva esfera,
que Phenix se ha de abrasar,
yo sé que si los huviera
se usara resucitar.
Flores son, y maravillas
compuestas por el Aurora.
Podrá un Poeta, Señora,
que no salió de mantillas
y criar en estilo chino
que es lo mismo que guineo
quatro versos en hebreo
con sus musas de camino.
Turba, bulto.
Por mi vida
que se la dejéis glosar.
¿Haces versos?
Sin hurtar
digo así, Musa no es ida:
Las mujeres dos a dos
nos hechan por essos cerros,
y no me espanto, por Dios,
porque están dadas a perros.
Quien se puede enamorar
sino es de Nabal carnero,
hombres de sal a pagar,
sino costara dinero
gran dicha fuera el amar.
Las mujeres una a una
son soles a un arrebol;
pero a mí desde la cuna,
en poniéndoseme el sol,
luego me sale la luna.
Si lloran todo es fingir,
dándose al mismo Demonio.
Si fié, luego a pedir,
me la dan con testimonio,
aun a costa del vivir.
Sé reñir, y por remedio
os ausentáis, y os lo digo
para que volváis y medio,
nunca les falta un amigo
que se meta de por medio.
Si pregunta sin mentir
un hombre, ni formar queja,
va una mujer a pedir,
allí responde Maruxa
sí, como se usa morir.
Ay unos Phenix parados
que se abrasan cada día
por millones, y ducados,
estos Phenix a mi tía
que son Phenix preparados.
Qué Phenix se han de llamar
las terceras, no llegarán,
a querellas abrasar,
yo sé que si las quemaran
se usara resucitar.
Toma.
Tomo.
Este diamante,
por lo bien que lo has glosado.
De Poeta endiamantado
he de ser de aquí adelante.
Sacad la vianda
que a convidados tan nobles
fuera justo que tuvieran
todo el néctar de los Dioses,
pero a defectos, que son
humanos, pues se conozen
suplirá la voluntad.
Canta.
Sus conocidos favores
pueden competir con cuantos
tuvieron en los dos orbes
Semíramis, y Minerva.
Alentemos con la torpe
delicia sus galanteos,
lo que a ingenios superiores
puse admiración, las mesas
que cubren aquestas flores
ingeniosamente puse
para que del theatro logren
con los preceptos del arte
gustosas admiraciones,
que a Magdalena se deben
todos aquellos favores.
Es el capitán Belino
primer ingenio del orbe.
Soy quien serviros desea.
Pues ya los músicos rompen
los aires con la armonía
de los instrumentos nobles.
Quien de la vida no goza
mal a vivir se dispone,
pues iguala con los brutos,
el imperio de los hombres.
Dice bien.
Dice también
que merece entre los bosques,
cual Nabuco Donosor
vivir fiera.
No conoce
lo racional quien se precia
de platicar con los montes.
Todo es vida hasta la muerte,
y para que ella se logre,
es necesario que tenga
a la delicia por norte.
Cada día la hermosura,
si se rinde a los dolores
tiene un enemigo más.
Otra letra.
Qué mal oye
si ama este pasatiempo.
Qué quieres, el tiempo corre,
y nos pasa, y nos arruga,
nos araña, y descompone.
¿Pues que quieres ser eterna?
Como tiene los verdones
de su alegre Primavera
teme que Agosto, la agoste.
Tiene razón que en llegando
una caja, y no te asombres
a ser cáscara de nuez
merece que se la corten.
¿Y los hombres no son trastos?
¡Hola!
Señora.
Los postres.
Matalena.
Aquí los tienes,
este es el último postre.
Detened esa mujer.
La mano de Dios se opone
a derribar mi soberbia.
¿Qué has visto? No te alborotes.
Descubrid, cielos, ¿qué veo?
Antes que la especie borre
las delicias a la idea
la música las coloque
en el corazón, y vuele
este cadáver disforme.
Va para una mesa muy adornada de servicio de comer, y abra un aparador con servicio de plata, o si ser puede, bajen dos mujeres cantando como que traen todo este recado.
Sale una mujer vestida de muerte, y en diciendo su verso se entra ansí.
Músicas alas vestían
los álamos, y los robles,
y al son de las claras fuentes
cantaban los ruiseñores.
Y el aljófar saltando, y corriendo
cruzando, y riendo por entre las flores
trinan, y cantan
De rama en rama los Ruyseñores.
Parece que la armonía
desta Música sonora
daquella visión horrible
que pasó por mi memoria
borró la soberbia Imagen.
Los relámpagos, señora,
alumbran, pero no queman
Sus felices años logra
entre los graves festines,
que las damas primorosas
osan en Jerusalén.
Pareceme que ya es hora
de que empiecen el sarao.
Su deidad luminosa
con su presencia deslustra
a calle, Chipre, Grecia, y Roma.
A los años felices que el cielo
en Magdalena dilate gentil,
los amantes del Asia celebran
con galas que ostentan del Mayo, y Abril.
Con airosas mudanzas los coros
que amor ha formado con graue destino
imitando los altos decoros
parezen Planetas del orbe divino.
En esfera de luces hermosas
se mueben las almas por sus paralelos
y en deidades que brillan ayrosas
gozan veldades que Ilustran los cielos.
Suelta, Abiatar.
Isacar,
yo soy quien llegó primero,
a merecer esta Joya.
Yo por quien soy la merezco.
Ya empieza a obrar mi malicia.
Tribuno, Isacar, que es esto?
Amor, nobleza, y poder.
Nobleza, poder, y Zelo.
Aquí ay una del Demonio,
y deue de andar entre ellos.
No pretendeis por amantes
este favor?
Sí pretendo.
Le pretendo.
Por quien soy.
Por mi nobleza.
Sosegaos, que vuestro duelo
breuemente era axustado.
De que Suerte?
Empiezan el Sarao Magdalena, Sabina, Isacar, el Tribuno, y los mas, que puedan suponiendo es de noche, y que sea con luces.
Mientras la Musi. canta danzan hasta que a Magdalena se le caiga una rosa o cinta, que cogerán a un tiempo el Tribuno, y Isacar.
Estadme Atentos;
que en dos razones vereis
que no os toca defendello.
Isacar me tiene amor,
Abiatar me tiene el mesmo.
Yo estimo a los dos por nobles;
pero por amor no quiero
a ninguno este favor
que los dos quereis a un tiempo
no lleua mi voluntad
por no ser de los afectos,
no lleuándola, pareze,
que es falta de los yngenios
hacer duelo desta alaja
que está llamando a su dueño,
luego si los Zelos son
alma del amor primero,
y esse amor pende de mí,
pues a ninguno le tengo
cierto será, que el agrauio
es un agrauio sin duelo,
porque donde no ay amor
no tienen lugar los celos.
No habla más claro una gaita.
Yo no estoy para argumentos.
Yo no estoy para discursos.
Sé que os amo.
Sé que os quiero,
y que este favor es mío.
Eso dirán los aceros.
Eso sí, mátense todos.
Deténganse, caballeros.
Haya paz, señor capitán.
Quién se mete a usted en esto?
Desta manera, tirano,
castigo tu atrevimiento.
Muerto soy.
Despabilóle.
Señora, el Tribuno es muerto.
Qué desgracia!
Voto a Dios
que estoy por darle a este perro
cien estocadas.
Qué horror!
Tú tienes la culpa desto;
pero las grandes matronas
(Roma nos sirva de ejemplo)
en tales lances se matan,
pues es más honroso medio
morir a las propias manos,
que no a las manos del pueblo,
no aguardes que la justicia
se ponga en estos excesos,
entre las mujeres viles
aceros hay, y venenos
la honra tiene en el mundo
el más absoluto imperio,
qué aguardas?
Qué ha de aguardar?
tome para sí el consejo.
Toda soy de mármol frío,
toda me he cubierto de hielo,
Sabina, llama a mi hermana
Marta, qué horror!, qué portento!
y cuéntale mi desdicha.
Este es el mejor acuerdo.
Así acabará mi vida.
Ponlo luego por efecto.
Cómo? Si hay Dios que castiga.
De Dios aguardas el premio?
Sé que su misericordia
Está, señora, muy lejos.
Sin duda se va acercando.
Cómo si Él vive en el cielo?
También en la tierra asiste.
No te entiendo.
Yo me entiendo.
Aguardas que baje Dios?
Sí, que ya ha llegado el tiempo
que las dos naturalezas
Vuelve en ti, que todo es sueño.
Omítanse las profecías
Se junten para salvar
con su sangre el universo.
Quién lo dice?
Los profetas,
y fijamente lo creo.
Daréle, Sabina?
Tente.
Tiran de la cinta y cada uno se queda con la mitad, y sacan las espadas, y riñen hasta que Isacar mete a cuchilladas a dentro.
No sé qué diablo me tengo,
que me retienta el demonio
por atravesarle el pecho.
Vanse y se da fin a la primera jornada.
Salen Sabina, y Zabulón.
Digo que dices muy bien
y que es justo murmurar.
De mi amo hemos de hablar.
Y de mi ama también;
dime, a buena luz mirado
¿tu amo no es gran figura?
Es figura, y figurado,
y por ser tan refigura
no le puedo ver pintado,
lo que habla vanidades.
En su molino gentil
si a verlo te persuades
cada hora muele mil
fanegas de necedades.
Lo que es mi ama le quiere.
Esa es mi justa querella
porque de su amor se infiere
que el pobre muera por ella.
Sí; pero nunca se muere.
Tiene fe.
Puesta en balanza
con la porción se ha ido.
Sin caridad no se alcanza.
No tienes ver que le tiene asido
de la señora esperanza
ver las galas extremadas
que le dio de dos tiendas
pues ya están todas gastadas
mas quiere telas presentes
que no las telas pasadas.
Quiere tu amo, que pierde
en quererlo que adornada
salga, porque de él se acuerde
de alguna tela encarnada
y ella se viste de verde.
¿Tú me quieres a mí?
Si eres pobre, ¿para qué
puedo yo quererte a ti?
Que soy pobre, ya lo sé;
¿quieres bien?
Óyeme.
Di.
Dura esta cuestión esotra
qué será si no me muero
el tener parte de ingrata
por mi galán el dinero.
¿Es su galán?
Como plata
no lo quiero encarecer
el día que no regala
ese no puedo comer
y no me pongo una gala
porque no la puedo ver.
¿Dime? Un pobre, aunque prudente
ama, y dije con verdad
mi voluntad os presento
como yo de voluntad
vivo yo de entendimiento.
Dice que por mí se muere,
y es un pobre caballero,
aquí a Dios si se infiere
que sin amor, no hay dinero
sin dinero, ¿qué me quiere?
Por camino extraordinario
enseñan reglas de amar
ellos en su calendario
qué regla me pueden dar,
si me falta el ordinario.
Las leyes desvanecidas
son las que no tienen cabo,
pues amantes homicidas
ya que no contáis el gasto
no me contéis las partidas.
En un pobre amante fiel,
señores, no es frenesí
y atrevimiento cruel,
de que se muera por mí
si no me muero por él.
En efeto aunque me den
sus requiebros por entero
los que llaman querer bien
mi galán será el dinero
por siempre jamás amén.
Quédate con mil demonios.
Vete tú con Dios, santos.
Yo hablaré con tu señora.
Yo hablaré con tu amo.
Vuélveme lo que te di.
Vuélveme lo que te he dado.
Cargue el diablo con tu cuerpo.
Con el tuyo cargue el diablo.
Porque sale tu señora
no soy jugador de manos.
¿Tú de manos?
Y aun de pies.
Yo te haré moler a palos.
Por vida de; pero voyme
ya nos veremos despacio.
Sabina, cierra por Dios
esa puerta, que mi hermana
No fue mi sospecha vana.
Quiere que hablemos las dos
a solas.
Cierro, y me voy;
sermón tiene mi señora.
Bien puedes hablar agora.
Está atenta.
Sí lo estoy.
Magdalena, si el espejo
Vase. Sale Magdalena y Marta.
Vase.
donde muere la deshonra
es el cristal de la honra,
también lo ha sido el consejo.
En tu casa porque fuere
tu delito singular,
hirió al tribuno Tracar,
quiso Dios que no muriese,
felicidad donde fundo
tu dicha, que a morir fuera
tu casa una horca o esfera
de los presagios del mundo.
Rica sangre como sabes
en el pueblo de Israel
es de noble tribu, en el
de las personas más graves.
El blasón bien adquirido,
y firmemente ganado,
hoy por ti se ve eclipsado,
hoy por ti se ve perdido.
Tu soberbia vanidad,
tan propia de la hermosura,
amancilló tu cordura,
y humilló tu calidad.
Las galas, los devaneos,
los banquetes suntuosos,
los festines poderosos,
los faustos, los galanteos,
te traen tan desvanecida
que entre el vicio, y clamor
vas sepultando el honor
en los pasos de la vida.
Hasta cuándo ha de durar,
Magdalena, este delirio,
cuando este vulgar martirio
por Dios se ha de trocar.
Presumir que la hermosura
ha de ser al tiempo igual,
y que no ha de ser mortal
es confirmada locura.
Cada instante la belleza
tiene más de un enemigo
Su delicia es su castigo
la vanidad su bajeza.
La mujer que presumió
aniquilar su ventura
llevada de la hermosura
sin honra, hermana, murió.
Vivir sin Dios es morir
vivir sin vicio es suerte
no es el ocio el que divierte
el pesar para vivir.
Tu linaje está afrentado,
tu sangre está sin honor,
tu fama está sin valor,
y tú sujeta al pecado.
No es la riqueza adquirida
la que se debe adquirir ,
la virtud se ha de admirar,
fundamento de la vida.
Muchas veces te he rogado
que a Jesús de Nazareno
Maestro de ciencia lleno
hijo de Dios consagrado.
Vayas a oír un sermón
cuya vida, cuyo ejemplo
en nuestro sagrado templo,
por palabra de Sión.
Basta para reducir
(porque no tiene segundo)
todo el ámbito del mundo
él te podrá convertir.
Su doctrina soberana,
su palabra poderosa,
su persona milagrosa
has de ver.
Detén, hermana,
ya le he visto.
¿Cuándo?
Anoche.
¿Qué dices?
Lo que oyes ,
escúchame atentamente,
mira si al vivo le pinto.
Anoche cuando la Imagen
de la muerte, prevenido,
tenía un descanso,
de los humanos sentidos.
Con el cuidado de ver
este Nazareno divino,
primer Adonis del cielo,
cuya Majestad, y brío
la fama publica a voces,
con el clarín de los siglos.
Me quedé dormida, cuando
entre aquellos tres armiños
que formaban las potencias
interiormente conmigo
miré un Joven que bajaba
de los tronos del Impíreo.
De poco más de seis lustros
que milagrosamente hizo
el tiempo la alegre edad
de una túnica vestido
venía, cuyo color
entre púrpura, y jacintos
a quien la tejió mostrara
que admirable, y que escogido
que como no fue cortada
de ningún humano lino
nunca se pudo rozar
con los vulgares vestidos,
que a tocarle alguna mancha
el Nazareno Ministro
no se la pusiera nunca
Por ser él tan puro y limpio.
El cabello que pendiente
de los hombros rizo, a rizo
desafiaba a los rayos
del sol en ondas partido
llevaba presas de amor,
las almas con tal hechizo
que aprovechándose todas
de la ocasión que les vino
cogía por el cabello,
cada alma su pajarito.
La frente espaciosa, y ancha
los dos graves, y divinos,
y tan amantes mezclaban
lo humano con lo divino,
lo severo con lo hermoso,
lo fuerte con lo benigno,
lo piadoso con lo noble,
lo grave con lo lucido,
que al mirar sus bellos ojos ,
lloró de amor tan rendido,
que llorando yo por ellos
también lloró por los míos.
Partida en crenchas la barba
a lo Nazareno quiso
dibujar el sol por ella
entre su Délfico arbitrio
la Majestad de las luces
que parte la luna a giros
asomaban entre aquellos
rayos de Ofir peregrinos.
Sus dos amorosos labios,
cuyos rubíes partidos
siendo abeja la palabra,
que pronunciaba el divino.
con una risa de perlas
como Salomón nos dijo
sentencias de aquella boca
oyeron los cielos mismos,
de modo que los dos labios,
por la mente que los hizo
articulaban sin fin
lo que no tuvo principio.
El rostro de nieve, y nácar
tenía a cualquiera viso
la severidad de Rey,
la gravedad de Ministro,
lo amoroso de galán,
y lo piadoso de Cristo.
No sé qué se asomaba
por entre aquel señorío
que no lo pude entender,
con ser tan bien entendido
ello gran cosa sería
si yo supiera decirlo,
pero como el Joven solo
se comprenderá a sí mismo,
por más que lo procuré
fue en infinito.
En efecto aquel compuesto
de dos sujetos distintos
que hacían misteriosamente
un misterioso prodigio,
de suerte me arrebató
las potencias, y sentidos
que elevaba en su deidad
con amor tan casto, y limpio
le adoré, que juzgo ahora
concluir de lo que he visto
que no sé lo que me quiero
con saber lo que me quiso.
Manos, y brazos tenía
abiertos, seguro indicio
del amor que me mostraba
y en dos requiebros divinos
que articulaba el amor
de aquesta suerte me dijo:
Magdalena, si pretendes
que se te enseñe el camino
de amar, en el templo santo
de Jerusalén predico
mañana, en él sabrás
el engaño en que has vivido,
solamente amando siempre
los vulgares apetitos.
Y oye a Jesús Nazareno
amante tan escogido,
que enseña infinitamente
el arte de amor divino.
Y oye su palabra santa
quedarás como el armiño
si lavas con tierno llanto
la mancha de tus delitos.
Dijo, y en la nube opaca
calándose los zafiros
del cielo se ocultó, como
el águila entre los giros
plumajes de las esferas,
cuyos ocultos retiros
son goloseando estrellas
mariposas del impíreo.
Supuesto, pues, que esta imagen
que relámpago ha corrido
a despertar mi memoria
es a pesar de el delirio
sombra de mis deseos,
que me escuches te suplico.
Hora es tiempo que aliente
de Magdalena los vicios.
Ya sabe Jerusalén
como yo en el Asia he sido
primera Venus del orbe,
segunda Flora de Tiro.
Con mi hermosura, y belleza
callaron, Marta, los nichos
de la mía, pues dejé a feas
desde el Tíber hasta Egipto
las delicias de Idumea,
y los festines de Epiro.
No hubo galán en el orbe
de noble sangre nacido
a quien yo no sujetase
lo mejor de su albedrío.
Para mirarse los hombres
blanco de costoso retiro
de mis ojos, cuyas luces
fueron con dulces cariños
mezclados con los desdenes
milagros, y basiliscos.
Yo di lustre a mi linaje,
aunque haya noble nacido
pues que tuve de mi mano
los príncipes más altivos.
¿Qué hubo dama en el Asia?
no es delito, ni lo ha sido
la grandeza en la mujer,
el fausto, y el señorío.
Como es posible, señor,
pueda vivir sin el vicio
de mandar todos los nobles
quien domará el apetito
de las galas, y las joyas
o, qué consejo divino
me podrá quitar que salga
en una carroza al circo,
llevándose mi hermosura
toda la gala, y el brío,
que tiene Jerusalén,
y el imperio palestino?
Cómo podré sujetarme
a los comunes retiros
de las vulgares mujeres,
habiendo siempre lucido
entre planetas, y estrellas
adornada de zafiros
de rubíes, y diamantes
oro, y púrpura de Tiro.
Pasar de un extremo a otro
tan dificultoso ha sido,
que se tiene por mas facil,
quitar su curso a los rios.
Yo en efeto por seguirlo
iré a oír este prodigio
llamado del Señor
este Nazareno sugeto
a quien le llaman palabra,
que entre sueños he visto.
Voy a verle porque todos
publican, que no ha nacido
hombre mas hermoso, y tanto
le encarecen de divino
que sombra con su luz
Adan en el Paraíso.
Este es mi designio, y este
es el consejo que sigo
sin derogar de mis gustos
el bien fundado capricho.
Porque si quiero dejar
la grandeza que he tenido
el vicio me sale al paso
rémora de los delitos.
Si pretendo humildemente
poner el fausto en olvido
el lunar de la pobreza
obscureze mi alvedrío.
Si a la vanidad me llego,
y a seguir me determino,
la libertad que me ofreze
temo del cielo el castigo
si la dejo por el sueño
misterioso que he tenido
carezco de los favores
con que he triumphado en el siglo.
De forma que entre dos mares
encontrados, y distintos
este vaso de la vida
teme el puerto, y el bajo.
amo en el vicio el amor,
en la virtud lo divino,
en el retiro la pena,
en el mundo el apetito.
Y assi entre pena, y temor
entre gloria, y entre abismo
entre tormenta, y bonanza
como no me determino
ni vivo de los remedios
ni muero de los peligros.
Isacar a verte viene.
Hermana, yo te suplico
que no le dejes entrar.
No sabes Marta, que ha sido
este Príncipe mi amante,
y que en mi fuera delito
estragar la voluntad
habiendo sido tan fino.
Mira que el sermon te llama.
Ir al sermon solicito.
Pues mira que se hace tarde.
Solo hablarle determino.
Primero es la ley de Dios.
Es verdad lo mismo digo.
Oye a Jesus Nazareno.
Ver a Isacar es preciso.
que tiempo abra para todo.
Muy poco valgo contigo
dame palabra que irás
a oír el sermon.
Ya te he dicho
que iré dentro de un hora.
Alumbre Dios tu sentido.
Señora, mi bien parece
que estás con algun disgusto?
Sale Sabi.
(Vase y Sale Isacar)
Isacar, no estoy con gusto.
Ningún disgusto merece
vuestra beldad soberana,
y belleza singular.
¿De qué ha nacido el pesar?
Son consejos de mi hermana.
¿Parece que retiráis
de mi pecho generoso
aquel cariño amoroso
con que siempre me tratáis?
Es verdad que os quiero bien,
pero otro nuevo cuidado
De que me hayáis estimado
puedo darme el parabién.
¿Habéis mudado de intento?
¿Tenéis otro nuevo amante?
Tengo, Isacar.
El semblante
me dice su pensamiento.
En el corazón.
¿Son celos
los que me queréis contar?
No son celos, Isacar,
tengo un amor de los cielos.
¿Luego acabó nuestro amor?
No acabó; pero pretendo
Declaraos, que no os entiendo,
quién es el competidor
que vive, Dios.
¿Dónde vais a dar, lágrimas?
Lágrimas es la pasión
que tengo en el corazón.
¿Por quién, señora, lloráis?
Por vos; pero para el llanto
por los lugares de adentro
y como salen del centro
por eso se sienten tanto.
¿Son por mí?
Yo os lo diré.
¿No visteis llorar un ciego
cuyo amor por el oído
se fue al corazón derecho,
y que por estar cerrados
los cristalinos espejos
las corrientes sonorosas
hacen adentro su efecto,
dudando los que le ven
a quién se debe el acierto,
si a la voz, con que se queja,
o a las lágrimas de adentro?
Pues lo mismo le sucede
al amor que nos tenemos.
Vos como me veis llorar
ciega del amor que os tengo,
atribuís al amor
la causa de estos efectos;
pero como tiene el alma
amagos de un amor nuevo,
y este amor tiene principios
de amar por entendimiento,
entre el celo, y el amor
dudamos los dos a un tiempo
a quién se debe, Isacar,
estos aljófares tiernos,
si a la fe con que los lloro,
o el amor con que los vierto.
Por lo que Marta le ha dicho
está esta mujer con celo
de arrepentirse, aquí importa
que me vean.
¿Phelireo?
(Aparte)
(Sale)
Válgate el diablo por hombre,
a cada paso le encuentro.
Parece que están los dos
con disgusto.
Yo lo tengo
por tenerle Magdalena.
Mira, Ysacar, que ya es tiempo
que vais a ver los jardines,
los juegos y pasatiempos
que has prevenido en el Parque.
A mí, bien, vamos luego
porque de alegres previene
comedia, saras, torneo,
y otros juegos que de Roma
ha traydo Pheliseo.
Pregúntote, que son
de grande entretenimiento.
No te quiero disgustar,
Sabina, dame al momento
las mejores galas, corre;
pero detente.
¿Qué es esto?
¿De qué te suspendes?
Oye,
trae mis joyas, presto, presto.
no las traygas.
¿Por qué no?
He de oír al Nazareno
el sermón; pero mañana
me parece que avrá tiempo.
¿Voy por los vestidos?
Sí;
pero no vayas.
¿Qué es esto?
Sin duda se ha buelto loca.
Ella lo estaba primero.
¿Al sermón vas?
Sí, señor.
¿Fue por ventura concierto
que forma la voluntad?
Es que tengo entendimiento,
y quiero oír la palabra
del divino Nazareno.
¿Quedó en hypócrita David?
Sermón, mi bien.
Bueno es esto
cuando os aguardan las damas
de Tiro, Sidón y Phebo
y la nobleza mayor
de todo escogido pueblo.
No puedo hacer otra cosa.
Mirad que estoy de por medio,
y que he dado mi palabra.
Yo también la he dado al cielo.
Basta. Ya sé lo que ha sido.
¿De qué os alteráis? ¿Son zelos?
No la dejes ir, señor,
que os ymporta.
¡Qué desprecio!
No son zelos, sino rabia.
Que he de ir al sermón es cierto.
Yré, ingrata, donde vas.
Voy al Soberano Templo.
Allí verás al que adoras.
Pues tú lo dices es cierto.
Vive Dios, tirana.
Basta;
sobre que es juramento,
sobre que voy al sermón.
Ya conozco tus intentos.
Yo tus desconfianzas.
¡No la dejes ir, a cielos!
¿De mi lealtad no te fías?
Tus pasos iré siguiendo,
¡qué desdicha!
¡Qué tormento!
Válgame el Dios de Abraham.
Válgame todo el infierno,
Por un amén, señor mío,
no pierda usted su derecho.
¿Qué dices, villano?
Digo,
que tiene mucha razón.
Si Magdalena en el sermón
de mi mayor enemigo,
o, pese al primero día
que tuvo mi atrevimiento
de el sagrado firmamento
la tercera parte acá,
o, pese a la conversión
de esta mujer atrevida
quitaréla yo la vida
Magdalena en el sermón
de Cristo, ya con su ejemplo
(que no ha tenido segundo)
todo este lascivo mundo
a quien yo tuue por templo,
todo este mundo profano
de pecadoras mujeres
trocarán sus pareceres
en estado soberano,
si en el templo, o, en la cena
se convierte Magdalena
Demonios.
Ellos vendrán,
señores, sin ser Simonio,
ni memoria de su nombre
¿no tiene cara este hombre
de ser el mismo Demonio?
¿Oyes?
Señor.
Ven acá,
ya sabes que soy tu amigo.
Y grande.
¿No eres testigo
de que tu amo será
desesperado?
Adelante.
Tú has de ir al templo.
¡Qué pena!
A sacar a Magdalena
del sermón.
Lindo ignorante,
¿qué es lo que dice? ¿Está ciego?
¿cómo la puedo sacar?
Es fácil de ejecutar,
que se le ha pegado fuego
a su casa le dirás,
con cuyo ardid cauteloso
el pensamiento celoso
de tu amo templarás.
Dame, amigo, este cuidado.
Si desacierto contemplo,
vaya usted.
No entro en el templo.
¿Luego está descomulgado?
Que lo esté, que no lo esté
¿quién le mete al ignorante
en discurso semejante?
El porqué yo me lo sé.
Pierdo el juicio, y el sentido
Magdalena convertida.
Usted por toda la vida
está en diablo conuertido
pues ¿no se han de convertir
las mujeres?
No.
No sea
loco, anda.
No lo crea.
No lo crea, ¿ha de decir?
y Zabulón.
Vanse menos el Demonio
No extrañe aqueste vocablo
el ignorante atrevido.
A vista de puro entendido
se lo ha de llevar el diablo.
¿Convertida? Los oídos
cierro a esta voz.
Bueno va,
¿no me dirá por qué está
tan mal con los convertidos?
¿Una mujer pecadora
puede salvarse?
¿Pues no?
anteayer lo predicó
Jesús.
¡Oh, pese a la hora
en que naciste, villano,
vete delante de mí!
Pues diga, ¿en qué le ofendí?
¿Es usted samaritano?
Soy el demonio, ¿qué quieres?
Pues ¿quién le dice que no?
Sin duda se convirtió
Magdalena.
Las mujeres
están muy bien reducidas.
No quiero saber su nombre.
Qué bien labrara este hombre
casa para recogidas.
Ya la divina palabra
de aquel encarnado verbo,
que a pesar de mí ha venido
a salvar el universo,
entra de furto a labrar
con el buril dulce, y tierno
de la gracia, el corazón
de Magdalena, y el pecho
se enternece, ya eslabona
el firme arrepentimiento,
lo humano con lo divino
entre la tierra, y el cielo.
Daba materia viciosa
con el dolor, y el esfuerzo
me arroja de sí, y recoge
la parte del Nazareno.
Ya las lágrimas, que son,
el más eficaz remedio
para la culpa, parece
que apagan aquel incendio.
Que sea Dios tan amigo
de ese barro damasceno,
que porque una mujer llore
cuatro lágrimas, que fueron
desperdicios de la vida
humo convertido en yelo
la perdone; ¿son acaso
las lágrimas trono excelso
(como dice Ezequiel)
donde Dios tiene su asiento?
¿Son serafines que cubren
los altísimos misterios
de la Majestad de Dios?
Pues si nada de esto fueron
¿por qué las estima tanto?
Pero si yo tengo ingenio
diré que un diamante a otro
se labra, luego si vemos
que fue la misericordia
diamante contra los hierros
y que las lágrimas son
diamantes que viven dentro,
qué mucho que entre las dos
labren entre tierra, y cielo
el diamante del perdón
antorcha del Universo.
Reniego de mi valor,
de mí mismo reniego
pues ya Magdalena, ya
el vaso de vicios lleno
con el dolor de la culpa
se va saliendo del pecho.
Ya me arrojó de su alma,
ya salió fuera del templo
tan otra, de la que entró,
que de mirarla me afrento.
Demonios, buenos quedamos
con la venida del Verbo
a quien yo en la eternidad
no quise adorar por verlo
como lo dice la fe
Dios, y hombre verdadero
pero como me acobardo
aun vive en el mundo, y pienso
hacerles guerra, y a pesar
del divino Nazareno.
Qué traes, Magdalena, espera.
No soy Magdalena yo
lo que fui, ya se pasó.
Quién tu corazón altera?
Misericordia, Señor;
pero si a vivir empieza
castidad que no ha tenido,
hasta agora Magdalena
porqué me detengo, salgan
deste compuesto de arterias,
deste polvo organizado,
desta fábrica soberbia,
deste barro quebradizo,
desta soñada belleza,
los rubíes, los diamantes,
los brocados, y las telas.
Hermana, detente, aguarda,
qué designio, qué intentas?
Vase, y salen Magdalena, Marta, y Sabina. La Magdalena lo más bizarra que pueda.
No has oído decir, Marta,
que cuando corre tormenta
un bajel sobre las aguas
que a la muerte vuela
que todos los pasajeros,
arrojan con diligencia,
por solo salvar la vida
al mar, la plata, la seda,
que no repara en tesoros
quien tiene la muerte cerca?
pues lo mismo le sucede
al alma en esta tormenta
verse cargada de culpas
la nave de la conciencia,
y como han sido las joyas,
las galas, y las preseas,
las que causaron el daño,
como se ve que pelea
el bajel por zozobrar
antes que a la orilla vuelva
arroja el entendimiento
estas de el mundo riquezas
para que se salve el alma
de las tormentas eternas.
Salid antorchas sin luz
que ya mis preciosas piedras
serán a pesar de el mundo
el ayuno, y penitencia.
Salid lazos de la vida
laberintos que rodea
entre lascivos colores
la frágil naturaleza.
vayan, galas, vanidades
no aguardéis que a su puerta
llame la muerte atrevida,
cuya muda centinela,
cuyo rayo fervoroso
cuyo encendido cometa
antes de escuchar el trueno
Ejecuta su violencia.
Salid, salid del pecado
antes que llegue la cuenta,
donde los ángeles mismos
de respeto y amor tiemblan;
primero es la salvación,
que la mundana grandeza,
adonde el alma peligra,
no puede haber cosa buena.
Despójese la memoria
de las delicias y fiestas,
púrguese la voluntad,
prive la razón en ella,
el entendimiento juzgue,
acredítese la idea,
y en esta del cielo vida
Fénix de la llama eterna
llévese el aire las galas,
las delicias, la cautela,
el viento, las vanidades,
y la noche las tinieblas.
Busquemos al Nazareno,
pues ha venido a la tierra
a salvar los pecadores,
y a perdonar las ofensas.
Busquemos la fuente viva
que Salomón nos enseña,
cuyas corrientes de gracia
han de salir de la Iglesia,
con la doctrina del Verbo,
con la ciencia nazarena,
con la palabra del Padre,
yace rota la grandeza,
ya murieron las delicias,
ya se postró la soberbia,
pereció la vanidad,
y se eclipsó la belleza.
Hijas de Jerusalén,
pecadoras de Judea,
ciudadanas de Sión,
ya trocó la Magdalena
los festines en suspiros,
los pasatiempos en penas,
los brocados en sayal,
los gustos en penitencias,
los regalos en ayunos,
Ya con el amor divino
que iluminando su idea
con corazón humillado
pretende seguir las huellas
de este Hijo de Dios
a quien con lágrimas tiernas
lavará los pies sagrados,
y pedirá que la absuelva
de los pasados delitos
y las públicas ofensas.
Busquémosle luego al punto,
y con la aroma sabea,
con el ungüento precioso
de el alma divina ofrenda,
untemos sus pies divinos,
que de su mucha clemencia
(con que no pequemos más)
y prometamos la enmienda,
alcanzaremos perdón,
que es lo que el alma desea.
Para que el mundo conozca,
para que sepa la tierra,
para que las gentes oigan,
para que los cielos vean
de la mayor pecadora,
la más dura penitencia,
de la mujer más altiva
esto falta
la humildad más verdadera.
Y en fin, de la gran perdida
hubo lid, la más atenta
conversión que vio la luz
en cuanto alumbra y opera
de el último capitolio
a la penúltima esfera.
Hola, hao.
¿Quién llama?
Quien
un ermitaño afligido
que anda en el monte perdido.
Ermitaña soy también.
Pues, hermana, baje al llano,
que traigo necesidad
de sustento.
Es caridad,
y por eso bajo, hermano;
vengo por este destierro
sin hacer ruido, suena
saltando de peña en peña.
¡Oh, hermana, de cerro en cerro!
Ya a lo llano hemos bajado.
Parece que ando más liso.
Loado sea Jesucristo.
Jesucristo sea loado.
Él camina con la palma.
¿Es Sabina?
¡Qué alegría!
¡Oh, hermano del alma mía!
¡Oh, hermana del cuerpo y alma!
Que le veo.
Que le toco.
# Mar. Oh, que de tu contrición / sea mi vivir devota, / cobra la perdida oveja / y a tu auxilio, Señor, / me adula y me lisonjea
Que le abrazo.
Que la tiento.
¡Qué alegría!
¡Qué contento!
Yo estoy loca.
Yo estoy loco.
Otra vez le he de abrazar,
milagro ha sido de Dios
que nos veamos los dos
en tan oculto lugar.
¿Viene de Roma?
Jona,
vengo de fervor llena
a buscar a Magdalena.
A lo mismo vengo yo;
después, hermana querida,
que esta milagrosa santa
puso en Marsella la planta,
de Jerusalén venida
en esta sierra fragosa
dicen algunos que entró.
Sí, pero ninguno vio
esta cueva misteriosa
donde con suma abstinencia
su corazón peregrino,
sirviendo al Señor divino,
hace grande penitencia.
Yo cansado de vivir
tan libre como se ve,
a Jerusalén dejé,
y aquí pretendo morir.
Véome, ¡ay!, amparada.
En fin, ¿está arrepentida
de seguir aquella vida?
Se descubrirá un monte, y por los dos lados bajarán Sabina y Zabulón en hábito de ermitaños.
Vanse y se da fin a la 2.ª
Sí, hermano, que todo enfada;
pero dígame el hermano
¿cómo viene de esa suerte?
Hame pintado la muerte
por santo de mala mano.
¿Quién dijera que los dos
nos halláramos aquí?
Los dos me parece a mí
que serviremos a Dios
en aquesta soledad
como marido y mujer.
¿Eso cómo puede ser?
Prometiendo castidad.
Yo no daré testimonio
por tu parte verdadero.
Dices bien, volverme quiero,
que es muy sutil el demonio;
pero hagamos la experiencia,
y a Magdalena busquemos,
que cuando nos apartemos
tendremos los dos paciencia.
Si fuéramos tan dichosos
que la halláramos.
Sí haremos,
estas cuevas visitemos
de aquestos montes fragosos
que aquí la habemos de hallar.
Una cruz tiene esta peña.
Con esta divina seña
no la podemos errar.
Pequé, Señor, pequé, culpa notoria,
pública penitencia ha merecido,
pequé dulce Jesús, perdón os pido,
pequé Señor, pequé misericordia.
Yo fui el árbol cruel de la discordia,
vos el árbol de vida esclarecido,
yo di fruto de muerte conocido,
vos fruto universal de la concordia,
Pelícano inmortal del mundo fuistes, yo
yo os vi morir, y os vi resucitado,
favor que a otro ninguno concedistes.
Pequé, Señor, pequé, quedé lavado,
pues vos como mi Dios me redimistes
el contagio cruel de mi pecado.
Pero, ¿qué miro, quién es?
Llegue ella primero, hermana.
Magdalena soberana,
danos a besar tus pies.
¿Quién sois?
Quien somos, señora,
no tengas ningún temor.
Zabulón el pecador.
Sabina la pecadora.
¿Sabina y Zabulón?
Sí,
a buscarte hemos venido.
Yo ya vengo arrepentido.
Y yo no soy la que fui.
Siempre estaré en oración
por aquestos montes agrios.
Si yo no hiciese milagros
no seré yo Zabulón.
Estimo el que hayan venido
a servir al Rey del cielo.
Pescóme con su anzuelo
la virtud todo el sentido.
El ayuno y penitencia
son el norte de la vida.
Quitarme a mí la comida
será cargo de conciencia.
Hemos comido los dos
de limosna.
A ella me atengo,
de pedir limosna vengo,
dado a la gracia de Dios.
Descúbrese una cueva donde estará Magdalena con un crucifijo y una calavera como la pintan.
La vida siempre condena,
divídanse en este día.
No es mala la compañía
si la compañía es buena.
Los peregrinos hospede,
por estas grutas diurnas.
Yo no hospedaré peregrina
aunque sin vida me quede.
Peregrinas Zabulón
esto quiere Lucifer
entiendo yo que una mujer
me da mal de corazón.
La limosna que le dieren
en la ciudad la reparta
con los pobres.
Sí haré.
Parta
a repartirla.
Si dieren
mucha no se perderá.
No se quede con ninguna.
¿Yo no he de comer alguna?
Con yerbas sustentará
su cuerpo.
¿Con yerbas?
Sí.
No sé si en el calendario
hay algún santo arbolario.
Quédese Sabina aquí
para que haga penitencia
en esta gruta.
Sí haré.
¿Visitarla no podré?
No hermano.
Santa paciencia
espero en Dios que he de ser
el primer santo salvaje
que ha tenido mi linaje.
Yo sé escribir y leer
y pienso escribir mi vida,
y mis milagros también
papel y tinta me den
estas alforjas.
Rendida
a su divina obediencia
estoy.
Pues, Sabina, a orar.
En todo la he de imitar.
Penitencia, penitencia.
Vase, saca el gracioso recado de escribir de unas alforjas y sacará.
Empecemos a escribir
porque es frágil la memoria
mi vida será la historia
verdadera sin mentir.
Vida del gran Zabulón
hebreo de cadena
santo hebreo no me suena
pero esta fue mi nación.
Su padre se llamó Fible
ventero de alicanto
hijo de ventero y santo
téngolo por imposible.
Mas disgustarme no quiero
que venden gato por liebre,
pues es mucho que celebre
vender gato por carnero.
Su madre de este varón
fue bodegonera, y tanto,
oh, qué mal parece un santo
metido en un bodegón.
Pero si a la historia agrada
el sazonar la hidalguía,
la que mi madre tenía
aquí me la hallo guisada.
Despenseros dos hermanos
de Poncio Pilato son
si son, si son, o, no son
sayones lavo mis manos.
Fue su abuela pastelera
gran gineta, y no lo callo
porque picaba un caballo
como si fuera ternera.
tres pasteles afamados,
que tantos de las narices
llevan pasteles tomados.
Hubo un abuelo, no es nada,
mesonero en Abacum
y en entrando en Cafarnaún
vendía.
¿Qué hay, camarada?
¡Válgase los mil demonios!
¿El hombre no es filisteo?
El mismo soy, no te admires.
¿Usted por aquestos cerros?
Sí, amigo, vengo a tomar
el hábito del Carmelo
por estas santas ermitas.
¿Hábito usted? No lo creo.
Dígame, ¿ya es ermitaño?
¿No ve el hábito que tengo?
Dejé el mundo, y el demonio
pero me tiene siguiendo.
¿Dónde está aquel prodigio
de penitencia?
No entiendo.
Por Magdalena pregunto.
Importa guardar secreto
que de este no hay que fiar:
ni la busco, ni pretendo
saber, señor, dónde vive.
No le ha de valer el cielo,
ni cuantas causas segundas
debajo del firmamento
deidades son de la vida.
Yo tengo muy lindo miedo.
De Jerusalén venimos
Isacar, y yo, su fuego
puede prestar al amor
el más abrasado incendio.
Por Magdalena perdido
viene a estos montes soberbios
con intención de gozarla
si Jesucristo a su celo
y esta imagen de Dios,
y este divino templo,
de penitencia, y virtud
será un foso, trofeo
de mi diabólico arbitrio.
Isacar viene, tracemos
cómo consiga su gusto
cómo ofenda a Dios eterno,
cómo escandalice al orbe
y alborote el universo.
Amigo.
Escucha.
Este es Zabulón, le entiendo
aunque a mí me lo ha negado,
que pues él por estos cerros
ermitaño, o, carmelita
está, que no ignora, es cierto,
dónde Magdalena habita.
Conviene le diga luego
y de no, dejarlo atado
entre de aquestos fresnos
porque de nuestra venida
no le dé parte que es cierto
no prevenir vigilante
los decoros al secreto.
Dices bien; pero sin duda
no ha de negarme, es lo cierto,
dónde Magdalena anide.
Zabulón.
¿Pues lo que veo?
Señor, ¿tú por estos montes?
Sale el Dem.
Aparte.
Sale Isa.
Mucho estimo que su celo
se encamine a la virtud
solo una cosa te ruego,
ves que nos enseñes.
Malo.
este milagroso ejemplo
de penitencia, y virtud
Magdalena a quien el cielo
eligió para ser luz
de las gentes, y con esto
me obligarás infinito
No ha dos horas que a este cerro
llegué tan muerto de hambre
que no sé si vivo, o muero.
Yo no la he visto, Señor.
El hipócrita embustero
piensa que no le conozco
él, y Sabina no fueron
a su gruta esta mañana?
Oye, hermano Pheliseo
trate bien a un hermitaño
que viene por estos cerros
a ser siervo del Señor.
Humildad conmigo, bueno
el siervo de Dios? parece
que no sé sus pensamientos
Isacar, esto ha de ser.
Temo a aqueste Phariseo
Atemos este bribón
en este tronco, y luego,
te llevaré, donde habita,
Magdalena.
Malo va esto
Qué busca usted en mis alforjas?
Lo que busco ya lo tengo;
quede en este fresno atado,
y muérase de hambre el perro.
Isacar, Señor.
Se cansa.
Vive Cristo, que es mal hecho
a mí atarme? soy yo loco?
Y aun matarle fuera bueno
Aflójese usted con el diablo,
Vano es tiempo,
ya es tarde, quede el villano,
a que le coman los cuervos,
sea pasto de las aves.
Yo le até con tal ingenio,
que cuando libre se vea
se desvanezca soberbio
diciendo que fue milagro.
Vamos luego, Pheliseo,
a ver el sol que idolatro.
En este valle podemos
dejar, Señor, los criados
con los caballos.
Si el cielo
o la fortuna permite.
No digas más, que te entiendo
gozarás de Magdalena
aunque lo ofenda el cielo.
(míralas el Dem?)
(Atale)
(vanse)
Al martirio me consagro,
Señor, en esta ocasión
Santo ha de ser Zabulón
solo le falta un milagro
si para aliviar enojos,
como a Elías me alentáis
mirad qué cuervo enviáis
no me saque entrambos dos.
Aguardad que venga gente
y haced aquesto por mí
para que el milagro aquí
sea milagro patente.
bien sé que ha de ser muy agro
que lo lleguen a creer,
pero yo no puedo ser
Santo sino por milagro.
pero no, ya me despido
de que ninguno lo vea
hágase el milagro, y sea
por donde fuereis servido.
Confieso con tierno llanto
esto, bien lo sabéis vos
que milagro de Dios
que yo llegase a ser santo.
venga el Ángel de mi guarda
por una inmensa piedad
si va, a decir la verdad
mucho este milagro tarda.
pero no, libre consagro
a Dios la dicha en que estoy
acabose santo soy,
escribamos el milagro.
Ítem este fiero atado
por mano de un fariseo
el tal santo Zabulón
por un Ángel cuando menos
fue desatado, sin que
le hablase malo, ni bueno.
Ítem habiendo encontrado
con Sabina en el desierto,
no supo si era mujer,
que no es milagro pequeño.
Ítem desde Jope a Roma
no comió sino conejos,
perdices, liebres, zorzales
que son las carnes del yermo.
Ítem convirtió en el Cairo
a treinta y seis taberneros
por adúlteros del vino,
y transformólos en cueros.
Ítem sanó a cuatro pobres
que estaban de hambre muriendo
con darles bien de comer,
que aunque no es milagro nuevo
para los caritativos
es un milagro del cielo.
Ítem, pero bueno está
no lo escribamos a un tiempo
todo,
Todo, y en los milagros
que yo espero en Dios, y en ellos,
que he de escribir maravillas
con tal, que este Pheliseo,
que ese maldito demonio
no se oponga a mis intentos
válgate el diablo por hombre.
pero, ¿qué es esto que veo?
el cielo se ha trabado
en relámpagos, y truenos
¡oh, qué espantoso ruido!
pelotas de fuego, y hielo,
disparan los cielos mismos
a mi cueva voy huyendo,
que no tengo yo milagro
contra un huracán tan fiero.
Isacar, esta es la cueva
donde está el Ángel divino
de Magdalena, que aguardas,
que yo en tu espíritu vivo,
y hablaré siempre por ti.
La ocasión llama al peligro.
Pues goza de la ocasión.
Misericordia, Dios mío.
Su voz es esta, qué aguardo.
No quieres a mis delitos
piedad, Señor Soberano:
cielos, ¿qué es esto que miro?
Isacar soy, Magdalena.
Valedme, cielos divinos.
Isacar adónde vienes?
escribe.
Desatase
suena tempestad con rayos, y truenos lo más recio que pueda.
Vase y salen de xapto Isacar y el Demonio
Ábrese la cueva y sale Magdalena
A ver el sol por quien vivo,
a ver en plomo engastado
el diamante peregrino
que dio luz a las estrellas
y he de llevarte conmigo
a Jerusalén, que amor,
se atreve a los cielos mismos.
¿Tú en este traje, mi bien?
¿Tú entre peñas, y entre riscos?
¿Tú entre fieras? Cuando el cielo
corta esfera le ha venido
a tu deidad soberana?
Vuelve a tu regalo antiguo,
vuelve a enamorar el amor
mi ya rendido albedrío.
Oblíguente mis finezas,
ablándente mis suspiros,
enternezcante mis ansias,
por ti muero, por ti vivo.
No pueden faltar cenizas
en tu pecho peregrino
de aquel amor, que abrazado
en la delicia del siglo
fue Fénix entre los hombres,
pues inmortal ha vivido.
Magdalena, mi bien.
Calla,
ilusión de mi enemigo,
relámpago que ha pasado
por todos cinco sentidos,
hombre, Isauro, o quien eres,
¿a quién buscas?
¡Qué delirio!
Busco a Magdalena, aquella
que fue pasmo de los siglos.
No soy Magdalena yo.
¿Qué dices?
La verdad digo,
y si lo quieres saber,
oye el desengaño mismo.
Cuando yo libre vivía,
aquella vida en que andaba
era una vida, en que estaba
la muerte que no temía,
al llorar la culpa mía
la gracia me levantó,
luego si al punto murió
la vida por el pecado,
y en Dios he resucitado
no soy Magdalena yo.
No por el nombre conoce
el médico la salud,
y el sabio por la virtud
el sujeto reconoce,
la vista su objeto goce;
Cristo otro nombre me dio,
el que tú buscas murió,
luego si en mí no ha de haber,
ni aun sombra de esa mujer,
no soy Magdalena yo.
Magdalena fui en pecar
de culpas, y horrores llena,
y en María Magdalena
pude mi nombre mudar;
María me pudo dar
del nombre que ella tenía,
luego si la Virgen guía
la gracia que me hace buena,
lo que pecó Magdalena,
pudo remediar María.
Aquella transformación
de la palabra del Padre
hizo en mí debo a la Madre,
Fénix de la Redención;
Cristo concedió el perdón
por la penitencia mía,
luego ya debo este día
el librarme de la pena
no al nombre de Magdalena,
sino
sino al nombre de María.
Magdalena, el vaso humano
desta naturaleza,
no pierde la humanidad
porque en efeto es materia.
Tú fuiste amiga de galas,
de faustos, y de riquezas,
y ansí no pueden faltar
las cenizas de la ofensa.
Siempre la materia humana
a pecar está dispuesta;
pero no dicen que el Fénix
entre las llamas se quema,
y que de aquellas cenizas
vuelve a ser Fénix, pues desta
el Fénix, que ya murió;
pues lo soy de penitencia,
y verás que las cenizas,
aunque son desta materia,
para con Dios están vivas,
para con el mundo muertas.
Luego, ¿tú quieres lavar
con cuatro lágrimas tiernas
tus culpas y tus pecados?
No hay lágrimas que merezcan
por sí tan grande favor;
pero escucha, a Jesús llega
una mujer a pedirle
cura para su dolencia,
a la túnica de Cristo
tocó con lágrimas tiernas,
y viendo Cristo que estaba
dispuesta aquella materia,
la forma de la virtud
le aplica para estar buena.
La mujer más pecadora,
cuando arrepentida llega,
lágrimas de el corazón
la absolución le franquean
no por sí, por la virtud
de la gracia sempiterna,
que las lágrimas no son
más que una simple materia,
donde introduce la forma
la divina omnipotencia.
También llora Jeremías,
y mañana le apedrean.
Mira qué fruto sacaron
las lágrimas que celebras,
si Cristo te perdonó,
sin que por ti le interceda
más que el llanto de tus ojos,
parece poca defensa.
Mira, yo hablé con la Virgen
María, de gracia llena,
llegué a los pies de su hijo,
saquemos la consecuencia.
Yo no podía alegar
en mi natural defensa
sino el amor que tenía
al hijo por su esencia
y a la madre por mujer
más pura que las estrellas.
¿Qué hizo Cristo?, vio en mis dos
el amor, que por la idea
tenía a su Santa Madre,
la Madre como penetra
el amor que tuve al hijo,
como tan piadosa Reina
intercedió en mi favor,
Dem. Dame un ejemplo. / Mag. David rey, divino profeta / y peca. Mírame ahora que a la mayor penitencia.
de suerte que cuando llega
el pecador a pedir
el perdón de sus ofensas
como lleve de su parte
a María, es cosa cierta
que ha de salir perdonado,
que como la Virgen bella
es Madre de Dios, y Dios
de serlo hijo se precia,
no hay cosa que ella le pida
que Cristo no la conceda.
Magdalena, amor es ciego
yo le tengo, y esta ciencia,
ni la voluntad la admite,
ni la acredita la idea.
Amor divino es deidad.
También lo fue la belleza.
La del alma es la virtud.
Quien bien ama, bien se emplea.
Yo dejé el mundo, Isacar.
Goza de él, tiempo te queda.
¿Quién dividirá este lazo?
¿Quién, mis ansias y firmezas?
¿Quién mis pensamientos nobles?
¿Quién, mis suspiros, y quejas?
Mira que hay Dios que castiga.
Tiempo habrá para la enmienda.
¿Qué pretendes, Isacar?
Sacarte de esta aspereza.
Primero me harás pedazos.
Valdréme yo de la fuerza.
¿Eso dices?
Esto digo.
Vuelve en ti.
No hay resistencia.
Seré monte.
Seré rayo.
Seré escollo.
Seré fiera.
Yo amo a Dios.
Yo amo al pecado.
Pues tus sentidos gobierna,
perderaste si me sigues.
Aunque el cielo se ofenda.
Bárbaro, ¿quién como Dios?
Miguel sale a la defensa
de este sacro paraíso;
pero esperanzas me quedan
de atreverme a su poder,
aun tengo de Dios licencia.
Isacar por estos montes,
y yo por aquesta sierra
cercaremos este monstruo
de hermosura, y de belleza.
¿No oíste temblar la gruta?
No importa tiemble la tierra,
sube al monte, que en la ermita
está ahora Magdalena
haciendo a Dios oración.
Apese a la penitencia
resuelto estoy a oponerme
cual Nemrod a las estrellas.
Magdalena, yo te amparo,
sierva del Señor, no temas.
Ministro sacro, tu luz
mi flaco espíritu alienta.
Ya a lo alto hemos llegado.
Entrase Magdalena en la cueva, y al querer entrar Isacar da vuelta la cueva, y aparece detrás un ángel, y diciendo su verso se encubre.
Suben al monte y salen por lo alto Magdalena y el ángel
Aquella es la ermita, llega,
Si no se puede escapar.
Bien que le ampare.
No temas.
Bárbaro, ¿dónde caminas?
Cristo vive, Cristo reina.
Ven, Magdalena, conmigo.
Penitencia, penitencia.
Pheliceo, aquella luz
que ha llevado a Magdalena
a nueva vida me llama
auxilio eficaz penetra,
lo más interior del alma.
¿A dónde vas?
A que sepa
el mundo que ha convertido
Magdalena mis ofensas
en lágrimas, y suspiros
penitencia, penitencia.
Para cuando son los rayos
conviértanse las piedras
Demonios, entro abismo
atormentad mi soberbia.
Muy buenos días, hermana,
les dé Dios.
Así los tenga
el hermano, conviene venga
a verme cada mañana;
¿trae la limosna?
Sí traigo.
Repártola.
Repartí;
pero también viene aquí
para que comamos algo.
Comer yo de ningún modo.
Sí comerá por mi vida.
No haré tal.
Sabina entendida,
comerémelo yo todo
nuestra Santa Magdalena
estará ahora rezando.
Dice bien, estará orando.
Siéntese no tenga pena.
Hermano, no puede ser
que no comeré bocado.
Eso no le dé cuidado.
porque me verá comer.
No es bien que estemos los dos
comiendo juntos.
No importa
que a la larga, o a la corta
comiendo se sirve a Dios.
No le quiero replicar
siéntome.
Preste paciencia,
como está nuestra conciencia
¿Qué tiene aquí?
Una devota
con quien puede recrearse
traigo nuez, queso, tocino,
bellotas, peras, manzanas
Zanahorias, avellanas
castañas, mondongo, y vino.
tropezar
Aun faltan las aceitunas.
Mire, que estoy en ayunas.
Pues por eso he de almorzar.
abra la boca.
No hermano.
Vuelan el Ángel y Magdalena al lado contrario, y se despeñan el Demonio e Isacar.
Vanse y sale Zabulón con Sabina.
De mi mano ha de comer,
este bocado, y beber.
Repare que es hombre humano.
Hermana, soy inocente,
esto no es hipocresía:
no mas es glotonería.
¡Oh, qué linda penitente!
¡Ay Jesús! quítese allá.
Haga que rezando está,
y déjeme solo a mí.
Ya del soberbio dragón,
mi Jesús, me habéis librado
vuestro nombre sea loado
en una, y otra nación.
Padre nuestro.
Que estás en el cielo.
Sea tu nombre
Orando los dos están
puesto el sustento en el suelo.
Padre mío.
Que estás en el cielo.
Buenos los ayunos van.
Zabulón.
Gloria notoria.
Vuelva en sí.
Que soberana,
Dios se lo perdone, hermana
que me sacó de la gloria.
Sabina.
Hermana.
Los dos
guardan el ayuno ansí
qué comida es esta?
A mí
no me lo pregunte.
¡A Dios!
¿No dirán que es testimonio?
Es que nos quiso tentar
cuando empezamos a orar
con este plato el Demonio.
¿Estas sus alforjas son?
Es que siempre de continuo
por no rezar de camino
me las quitó en la oración.
Eso repara.
¡Qué abismo!
Con los pobres.
¡Qué humildad!
hermana, la caridad
siempre empieza por sí mismo.
Ayunen pues han pecado
al traspaso del Señor
cinco días.
¡Qué dolor!
De oírlo estoy traspasado.
En un año no se vean y dense una disciplina.
A Dios, hermana Sabina.
A Dios, Zabulón hermano.
Cara salió la comida.
Sentencia fue rigurosa.
No fue sentencia enxerida .
¿Que no nos hemos de ver?
No hermana, en toda la vida.
En Josafat nos veremos.
A Josafat, me convida,
voy a pedir mi limosna.
Yo me voy a la ermita.
Magdalena oyese allí
Dejan la comida y pónense a rezar divididos y sale Magdalena
Pecar, perseverar en el pecado,
y tener la delicia por vida,
si es tema de la culpa cometida,
¡Oh, blasón del delito declarado!
No arrepentirse del error pasado,
y pensar que es eterna nuestra vida,
del alma fue locura conocida,
del corazón delito confirmado,
llorar de paso es llanto de apariencia,
pues se queda la culpa retratada
en el lienzo cruel de la conciencia.
Que lágrima que vino despeñada,
es, cuando sale sin la penitencia,
lágrima antes enjuta, que llorada.
Ya que por tantos caminos
a esta mujer poderosa
no he rendido mi poder,
veamos si puedo ahora
sujetalla a que despierte
en aquella vana gloria
que hubo en Jerusalén,
y su vida retrato sea
en este espejo visible
que viene a hacerle memoria,
y vea por la fantasía
aquellas especies locas
que duermen en su albedrío,
salgan luego porque todas
atormenten por de dentro
aquella divina forma,
y desvanezca la idea,
soberbia, y vanagloriosa.
Viva Magdalena,
pues es su beldad
de Sión el fijo
planeta inmortal,
el tercer lucero,
jazmín de galán,
de rubíes excelso
luz, y Majestad,
vierte a su cara
rosas Madián,
ganan labios bellos
rubíes Zeylán.
Viva la gala del ciego rapaz,
pues es Magdalena la espuma del mar.
¿Quién a mis oídos ha puesto
este lascivo cristal?
¿Qué voces por el oído
haciéndome guerra están?
Parece que se divierte,
suspensa ha quedado ya.
¡A fuera, imaginación,
que no han de poder entrar,
en mi alma estas visiones!
¡A fuera, atrevido imán
de las culpas, y pecados
que puede en el mundo obrar!
De las galas os vestís,
pues pague la material,
el llanto de mi delito
nuevos silicios serán
verdugos de vuestros yerros,
yo voy a ver el cristal
de mi espejo soberano;
almas, si en él os miráis,
pedidle favor divino
contra el dragón inmortal.
¡Penitencia, penitencia!
¡Oh, pese a tanta deidad!
De nuevos silicios viste
la materia celestial,
y con su sangre confirma
el sentimiento, y pesar
que hubo de esta visión;
sus lágrimas dan señal
del afecto poderoso
que dentro del alma está.
¡Penitencia, penitencia!
Sale el Dem.
En un carro triunfal se verá una dama que se asimile a Magdalena ricamente aderezada dada de la mano con un galán y Damas, galanes, y Músicos.
Repite la Mus. y el carro se mueve.
Vase. Cúbrese el gabinete.
Dentro.
A voces pidiendo va
Misericordiosa a los cielos
llegue sin vanidad
nunca pudo tenerla
en aquella soledad.
aliento para abrazarte
con el árbol celestial
de Cristo crucificado
un retrato miro ya
del que ella tuvo en la cruz
a quien cupido librar
de la esclavitud soberana
que llevó el primero Adán.
Vara sagrada, el mejor Aarón,
rama inmortal del tronco de Jesé,
sacerdote mayor Melchissedech,
vellocino que vido Gedeón,
contra el templo gentílico Sansón,
salvador de la nave de Noé,
sol eclipsado, heroico Josué,
del Padre incircunscripto Salomón.
Redentor de la casa de Israel,
Isaac sacrificado en Abraham,
ofrecido en el templo Samuel,
pues pagaste la culpa por Adán,
siendo inocente, y soberano Abel,
libra a esta sierva del soberbio Amán.
Magdalena soberana,
tu sagrada penitencia,
tan acepta a Dios ha sido,
que ya de muerte se acerca,
para que con ella goces
de aquella divina esencia
que en la gran Jerusalén
para siempre vive, y reyna.
quedará tu cuerpo santo
en la ciudad de Marsella
por reliquia de la Galia,
depósito de la que la Iglesia
hará para gloria santa
de la cristiana grandeza.
los sacramentos divinos
recibirás Magdalena
del obispo soberano.
esta natural sentencia
quiere Dios, que se execute
para que tu alma sea
entre los coros alados
separada Inteligencia,
y que de este lugar seas
trasladada al sacro monte,
porque con el alma veas
asida al árbol de vida
la gloria de Dios eterna,
favor debido a su amor.
La voluntad del Señor
en los cielos, y en la tierra
se cumpla, ministro santo
sacrificio de obediencia
fue siempre el norte sagrado
que mi espíritu gobierna.
Dios me manda que transite
hasta que el tránsito sea
víctima de voluntad.
Señor, que estáis a la diestra
del Padre para juzgar
la redondez de la tierra
quien mereció favor tanto
penitencia, penitencia.
Con ella Dios ha humillado
mi siempre altiva soberbia:
¿dónde caminas, villano?
Treinta legiones enteras
de demonios se arrebaten
Descúbrese en el monte un Cristo crucificado, y al pie de la cruz Magdalena de las nubes que pintan alas con el vaso del ungüento.
Vaja el Ángel por tramos
Sale Zabulón y cubrense los tramos
¿siempre, conmigo te encuentras?
hipócrita que me miras?
Miro cosa que no quisiera
a la hora de mi muerte,
tener a mi cabecera.
En este me he de vengar,
y para que no lo vea
dejaré la forma humana.
Mire usted, linda apariencia,
o encantador de tiniebra,
¡ay, qué es esto, vive Cristo!,
¡ay, que me abrió la cabeza!,
no, aquí da fin Zabulón,
¡ay, que me parte las piernas!,
¡ay, que me rompe los brazos!,
¡ay, que los huesos me quiebra!,
¡ay!, y todas las costillas
sienten lo bien que las pegan,
conque ya no hay sufrimiento,
o quien un milagro hiciera
para ver quién da estos golpes
a un cristiano con tal guerra.
Yo soy, hipocritón.
¡Por cierto, linda paciencia!
Deténgase en cortesía,
y respóndame en conciencia.
¿Usted es demonio o verdugo?
Déjese destas quimeras,
que hemos de ser muy amigos.
¡Ay, hermana Zabulón!
No puedo, hermana, el verla
hasta que se pase el año.
Pluguiera a Dios que ansí fuera.
¿Qué trae, hermana?
¿Qué traigo?
Nuestra hermana Magdalena
quiere dar a su Criador
el espíritu.
Paciencia,
yo se lo diera también,
Magdalena penitente,
sierva del Señor, no temas,
que ya nuestro patrocinio
te infundirá fortaleza.
Su piedad manda que en alas
de tus suspiros ascienda
al cielo tu alma, donde
verá que su amor te premia.
Soberanos paraninfos,
divinas inteligencias,
la gravedad de mis culpas
es la que más me atormenta.
Pequé, Señor soberano,
pequé, soberana esencia,
misericordia, Señor,
pues hoy en las manos vuestras
encomiendo, Jesús mío,
mi espíritu.
¿Ansí nos dejas?
Vuela.
Vuela.
Desaparecióse el diablo.
Da el demonio a Zabulón.
Dale siempre.
Sale Sab.
Vuela a la esfera.
Vuela a la esfera.
Empieza a subir la tramoya.
Vuela a la esfera,
Magdalena dichosa,
pues su clemencia
hoy de su trono te hace
viviente estrella; vuela, vuela, vuela a la esfera.
Desdoblar esta media hoja
el que está conmigo.
Que quiera Dios que esto vea,
y que asista a tanta gloria
porque más tormento tenga.
¿No advierte los resplandores
y las luces que se acercan
a la cueva milagrosa
de María Magdalena?
Mi Dios, mi Jesús, mi amparo,
yo voy a daros la cuenta
de mis culpas y pecados,
la misericordia v[uest]ra
mayor es que mi delito.
Virgen abogada n[uest]ra,
hija del eterno Padre,
sed la luz de mis tinieblas.
Vése la cueva y S[an]ta Magdalena de rodillas con un Cristo en la mano y vajando Ángeles en tramoyas y suena mús[ica].
Éste nos lleva.
Todos a sentir lo habemos.
que Cristo viese .
(Mús[ica] y chirimías)
Desesperado, y corrido
a las lóbregas cavernas,
vuelvo a vivir para siempre
entre llamas, y entre penas.
Húndese y sale fuego
Dando fin, Senado ilustre
a la historia verdadera,
evangélica, y doctrina
de María Magdalena.