digitanler Text von Lan conversión de lan Mangdanlenan | BITESO
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digitanler Text von Lan conversión de lan Mangdanlenan

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Werkdantensantz
Tranditionelle Zuschreibung
Antonio Enríquez Gómez (Fernanndo de Zárante)
Stilometrie-Zuschreibung
Antonio Enríquez Gómez (Fernanndo de Zárante) Sicher
Genre
Comedian
Textzustannd
Trannscripción anutomátican de mannuscrito
Herkunft
El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/16955.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de la Magdalena. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-la-magdalena.

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LA CONVERSIÓN DE LA MAGDALENA

Stanrt

Pang. 1

Comedia famosa de, La conversión de la Magdalena = Del autor Pedro Alonso Jus. de Cárdenas 1692

Pang. 2

Del autor Juan de Cárdenas = Madrid, abril 23 de 1622

Vean esta comedia intitulada la Conversión de la Magdalena, el censor y fiscal, y informen en orden al con- tenido, y con lo que dijeren se traiga =

Illmo. Señor Por mandado de V. S. I. he visto esta co- media. La Conversión de la Magdalena

Pang. 3

Músicos. y no hallo en ella nada que se oponga a nuestra bue- na política y costumbres, observando que no se di- ga, lo que va atajado, por ser escandaloso y con- tra los preceptos de la ley cristiana, y en lo que toca a la pureza de nuestra fee catholica, tampoco hallo nada opuesto, pues está ajustada la comedia a la Historia sagrada Evangelica, conforme los sagrados Evangelistas escriben la conversión de la Magdalena: este es mi sentir: V. S. I. mandará lo que más fuere servido. Madrid 25 de Abril 1699 Pedro Lanini Sagredo

Músicos. Ilustrísimo Señor Por mandado de V. S. I. he visto esta comedia la Conversión de la Madalena y no se puede repre- sentar sin que en sueño en que a Madalena se la representa la imagen de Cristo se emienden algunos versos por contener (quizá por culpa de los traslados) muchos absurdos malsonantes y una herejía formal dando en Cristo dos sugetos, y así es bien pase por el censor de el Santo Tribunal porque lo diga quien lo deve decir. Madrid 1 de Mayo de 1699. Francisco Bueno

Músicos. Madrid y Mayo 2 de 1699 Remítase esta comedia al señor Doctor don Joseph Gallo Guerrero para que vea si tie- ne algo contra la fe y con lo que dijere se trayga =

Músicos. Esta comedia atentamente mirada no tiene nada contra la fe ni buenas costumbres Madrid, de Mayo 13 de 1699 = Doctor don Joseph Gallo Guerrero

Músicos. Madrid y Mayo 19 de 1699 = Observándose caiga lo atajado y pre- venido por el censor dese lizencia para que se haga esta comedia intitulada la Conversión de la Magdalena =

Jornada primera

Pang. 4

Salen Zabulón y Sabina.

Zabulón.

¿Podré hablar a su señora?

Sabina.

Ninguno la puede hablar.

Zabulón.

Déjame, Sabina, entrar.

Sabina.

Zabulón, no es tiempo ahora.

Zabulón.

Míralo bien.

Sabina.

Esto es cierto.

Zabulón.

Traigo un billete cerrado

de mi amo.

Sabina.

Lindo enfado,

más que le traigas abierto;

¿traes otra cosa?

Zabulón.

Aquí estoy

con tres sonetos flamantes.

Sabina.

Vete.

Zabulón.

Traigo estos diamantes.

Sabina.

No te vayas.

Zabulón.

No me voy.

¿Entraré?

Sabina.

Qué majadero.

Zabulón.

Este con su luz asoma.

Sabina.

Dame los diamantes.

Pang. 5

Zabulón.

Toma.

Sabina.

Vete ahora.

Sabina.

Magdalena, mi señora.

Zabulón.

Mi amiga, te están mirando

estos diamantes agora.

Sabina.

No traes algo para mí?

Zabulón.

Qué te puedo yo traer,

que no puedas tener?

Sabina.

Yo nací yo para ti,

no has de llevarme a hora ?

Zabulón.

Quien el dinero te gasta,

que te lleve? pues no basta

llevarte la condición.

Sabina.

Retírate, que ha venido

un criado competidor.

Zabulón.

Si lo sabe mi señor?

Sabina.

No se dé por entendido.

Leví?

Leví.

Mi dueño,

y señor Alexandrino

al sujeto peregrino

de Magdalena.

Zabulón.

Esto es sueño.

Leví.

Envía aqueste papel.

Sabina.

Solo?

Leví.

Con estos iguales

rubíes tan orientales

como su pecho es fiel.

Sabina.

Y qué valdrán estos dos,

si se quieren vender?

Leví.

Mil escudos a mi ver.

Sabina.

Está bien, adiós.

Leví.

Adiós.

Zabulón.

Sabina.

Sabina.

Calla, tepido,

que viene otro pecador.

Zabulón.

Si lo sabe mi señor?

Sabina.

No se dé por entendido.

Criado.

a Magdalena le envía

este papel.

Sabina.

Es con guía?

Zabulón.

Lindo modo de estafar.

Criado.

Con él viene aquesta joya

de esmeraldas.

Sabina.

Dios le guarde.

Al señor Tribuno, es tarde.

Adiós.

Zabulón.

Ande la tramoya,

Sabina, no me dirás

cuántos papeles con guía

te presentan cada día?

Sabina.

De a treinta, y más.

Zabulón.

Lanzadas en los amantes

que tal dan por una hora.

Sabina.

Quieres ver a mi señora?

Zabulón.

Llena estará de diamantes,

dime aunque sea importuno,

quiere a alguno?

Sabina.

Lindos modos,

aunque la pretenden todos

ella no quiere a ninguno.

Zabulón.

Música.

Sabina.

Cuando se toca

le cantan con armonía

la bien venida del día.

Zabulón.

Dices la delicia muy poca.

Zabulón tocando.

Sale Leví.

(Vase)

Sale un criado. El Tribuno Eliábar

(Vase el criado)

(Suena Músi.)

Músicos.

Al bostezar el aurora

luces que le dio el amor

en el Sol de Magdalena.

Descúbrese un tocador y en él Magdalena, y Damas, tocándola, y Músicos y que esté lo más adornado que se pueda

Tocándose

Pang. 6

Magdalena.

Tocándose estaba el sol.

Las rosas.

Dama 1.ª.

Con gravedad

te da el Sol mil parabienes.

Magdalena.

Los lazos.

Dama 2.ª.

Aquí los tienes.

Magdalena.

El otro espejo,

cantad.

Músicos.

Sus divinos ojos bellos

con ser negros de color

de dos luceros le sirven

antorchas del niño Dios.

Magdalena.

¿Compuso esta letra Alcino?

Músicos.

Sí, señora.

Magdalena.

Es gran poeta.

Músicos.

En los hombres de esta secta

le tienen por peregrino.

Zabulón.

A tu divina beldad

la compuso.

Magdalena.

Pudo hacello,

¿está bien puesto el cabello?

Dama 1.ª.

Sí, señora.

Magdalena.

Pues cantad.

Músicos.

Mas ay que si la hermosura,

como dice Salomón,

que es flor que deshace

toda la hermosura es flor.

Magdalena.

No cantéis, la letra es buena

sino acabara tan mal:

Zabulón.

Zabulón.

La celestial

música de Filomena,

me fue llevando a la gloria.

Magdalena.

¿Qué mal tiene tu señor?

Zabulón.

Poco juicio, mucho amor,

menos seso, y gran memoria.

Magdalena.

Billetes.

Zabulón.

Son inmortales,

Magdalena.

¿Cuántos son los recibidos?

Zabulón.

Siete son los caídos

como pecados mortales.

Magdalena.

Vamos leyendo y rasgando

los que no son menester.

Zabulón.

Éste es de aquel mercader,

de Palestina.

Magdalena.

Comprando

para vos esos flamantes

rayos de la platería,

hice cargazón del día

a precio de estos diamantes.

En venta puso el amor

mi corazón afligido,

y entiendo que está vendido

si dais a cambio un favor.

Unos dos por despojos

del empleo es ofenderme,

traza tiene de venderme

este mercader los dos.

Zabulón.

Éste es de aquel capitán

de Idumea.

Magdalena.

Y dice así:

Cuando a Caldea rendí,

cuando asalté a Betsamán,

cuando maté los campestres

que fueron seis mil y dos,

no los temí, voto a Dios,

tanto como unos dos.

Pues sois el Ángel de guarda,

con vos pretendo marchar,

pero no quiero quedar,

señora, en la retaguardia.

Sea yo a los que miran,

que a un amante embellezan

que sin capital fortaleza

hay valor, si no hay dineros.

Marte planeta eminente

Pang. 7

Magdalena.

mi pensamiento apadrina

este capitán Sabina

me quiere valientemente.

Sabina.

Del hidalgo caballero,

que por pobre se desea

es este.

Magdalena.

También se lea:

Señora, de vos espero

algún favor peregrino

por mi nobleza notoria,

pues tengo mi ejecutoria

en muy lindo pergamino.

Al solar por turbia ley

tan desesperado voy

que puro hidalgo estoy

dado a la gracia del Rey.

Señor de lugares fuera,

si quisiera, mas no quiero,

que como soy caballero

me hago lugar dondequiera.

Desciendo por hidalguía

de la casa real entera,

pues bajo por la escalera

de Palacio cada día.

De suerte que amo, y os llamo,

que os puede decir mi llanto,

que de puro amaros tanto,

tanto sé lo que me amo.

Pobre soy, y pobre he sido,

pero os amo tan constante:

Sabina, este pobre amante

ama como un descosido.

Sabina.

Isacar, Cónsul de Tiro

mi señor, a verte viene.

Magdalena.

Un asiento le previene,

Sabina.

Isacar.

Si en el retiro,

Señora, de aqueste cielo

abreviado el sol asiste

¿qué mucho que el Universo

busque, al sol en vos a Dios.

Magdalena.

Si es lisonja, iréme luego.

Isacar.

Lisonja siendo mi amor

en tan abrasado incendio

Salamandra de esos rayos,

mariposa de ese fuego.

Magdalena.

¿No es bueno, que nunca tuve

hipérboles ni conceptos

para ponderar mi amor?

Isacar.

¿Por qué?

Magdalena.

Porque no le tengo.

Isacar.

¿Es posible que una Dama

donde viven tan de asiento,

la hermosura, y discreción,

la gala, el entendimiento,

el donaire, y los primores

viva sin amor.

Magdalena.

Es cierto,

quiero, y no quiero a ninguno.

Isacar.

Declaradme ese argumento.

Sale Isacar.

Magdalena.

Decidme, ¿el sol con sus rayos

no enamora a tierra, y cielo?

¿no da luz a los dos orbes?

Sí; pero sus rayos de ellos

cuando se quiere ausentar

¿se queda alguno con ellos?

No, porque lleva consigo

la causa de los efectos.

Vos decís que soy un sol,

alumbro, pero no quemo,

quiero a todos como noble,

amo a todos como debo;

Pang. 8

Isacar.

pero cuando me retiro,

y de su vista me ausento

como me llevo los rayos

también el amor me llevo,

conque quiero bien a todos,

y a ninguno, señor, quiero.

Zabulón.

concluyóle,

Sabina.

El gran Tribuno

de Abiatar, y Pheliseo

Sátrapa de Siria, a verte

han venido.

Magdalena.

Que entren luego.

Tribuno.

A la academia de amor,

donde lucen los ingenios

siendo deidad del Parnaso

nuestro noble entendimiento

por discípulos venimos.

Felisardo.

La mucha dicha tenemos

serlo de tanta deidad.

Magdalena.

De vuestros nobles respetos

siempre ha recibido honor

mi casa, tomad asientos

para lograr esta dicha.

Isacar.

Es justo que festejemos

este día, en que cumples

años felices, y buenos

como acostumbran, señora,

las damas de estos tiempos.

Zabulón.

Oyes Sabina, por Dios

que está su ama de Venus

arriba, como una diosa.

Sabina.

Hace burla de estos necios

todos se mueren por ella

y ella por ninguno de ellos.

Zabulón.

Lo que se usa no se excusa.

Demonio.

En forma humana pretendo,

pues soy el primer querube

que bajó del firmamento

a alentar de esta mujer

las delicias, los intentos

víctimas torpes, que el mundo

me ofrece en sus galanteos.

Zabulón.

Dime, Sabina, aquel hombre

todo vestido de negro

quién es?

Sabina.

Quién es, potentado

debe de ser del infierno,

porque yo no le conozco: debe de ser extranjero

Zabulón.

Parece que está celoso

él tiene cara de perro

dado al diablo viene el hombre.

Isacar.

Ea empiecen los ingenios

la academia.

Tribuno.

De el asunto

Magdalena.

Magdalena.

Cuatro versos

hemos de glosar los dos.

Isacar.

Y son?

Magdalena.

Decirlos espero.

gran dicha fuera el amar

aun a costa del vivir,

si como se usa morir

se usara resucitar;

Zabulón.

Sabina si son poetas,

los glosaré de camino.

Tribuno.

El asunto es peregrino.

(Salen)

(Sale el Demonio vestido de negro a modo de armenio.)

Isacar.

Es famoso digo así;

Usa amor con señorío

en la libertad ajena

pero llamo desvarío

por redimir una pena

condenar un albedrío.

Yo no quiero ponderar

Pang. 9

Magdalena.

la fuerza de su poder.

mas si él pudiera quitar

la mudanza en la mujer

gran dicha fuera el amar.

Prendarme con intención

de quererme, y al otro día

mudarse de corazón

digo que es alevosía

pues muero de esa traición.

Que linaje de morir

es este? divinos cielos,

no basta ver, y sentir

sino que han de ser los celos

aun a costa del vivir.

Vuelva amor esta centella

en fuego por defenderme,

porque es infelice estrella,

que ella viva de ofenderme,

y yo me muera por ella;

Pues pregunto con vivir

el hombre de lo que ama

sin el duelo de fingir

Usa mudarse una dama,

si como se usa el morir.

Dicen que el Fénix amó

tanto sus muertas centellas

que de aquel calor vivió

pero en las damas mas bellas

ninguno este Fénix vio;

la mujer mas singular

es Fénix, aunque no muera

mas no me quiero engañar

que si como el Fénix fuera

se usara resucitar.

Que me queda que decir

siendo vos único y solo

en el Parnaso de Apolo.

Isacar.

con vos quien podrá decir.

Magdalena.

Dicen, y tienen razón

los hombres con sus plazeres

que si contra traición

no engañan a las mujeres,

que no cumplen con quien son.

Quien ama sin variar

dicen ellos en sus nombres,

que no es hombre singular,

luego sino fueran hombres

gran dicha fuera el amar.

De que me sirve el valor

que soberbios se han tomado

si el mas constante amador

ama por razón de estado,

y no sabe que es amor;

ellos bien pueden fingir,

porque sino los merezco,

ni por mi se han de morir,

digo que los aborrezco

aun a costa del vivir.

Que cordura se dilata

por su proceder confuso,

y su libertad Ingrata

si tienen engaño infuso

y mudanza gratis data;

De nosotras es fingir,

por buenos, o, malos modos,

de los hombres es mentir,

luego al uso andamos todos,

si, como, se usa el morir.

La necia comparación

del Fénix nunca se ama,

si acaso Fénix son

adonde tiene la llama

su abrasado corazón?

si se mueren por mudar

Pang. 10

Magdalena.

el incendio a nueva esfera,

que Phenix se ha de abrasar,

yo sé que si los huviera

se usara resucitar.

Isacar.

Flores son, y maravillas

compuestas por el Aurora.

Zabulón.

Podrá un Poeta, Señora,

que no salió de mantillas

y criar en estilo chino

que es lo mismo que guineo

quatro versos en hebreo

con sus musas de camino.

Isacar.

Turba, bulto.

Magdalena.

Por mi vida

que se la dejéis glosar.

¿Haces versos?

Zabulón.

Sin hurtar

digo así, Musa no es ida:

Las mujeres dos a dos

nos hechan por essos cerros,

y no me espanto, por Dios,

porque están dadas a perros.

Quien se puede enamorar

sino es de Nabal carnero,

hombres de sal a pagar,

sino costara dinero

gran dicha fuera el amar.

Las mujeres una a una

son soles a un arrebol;

pero a mí desde la cuna,

en poniéndoseme el sol,

luego me sale la luna.

Si lloran todo es fingir,

dándose al mismo Demonio.

Si fié, luego a pedir,

me la dan con testimonio,

aun a costa del vivir.

Zabulón.

Sé reñir, y por remedio

os ausentáis, y os lo digo

para que volváis y medio,

nunca les falta un amigo

que se meta de por medio.

Si pregunta sin mentir

un hombre, ni formar queja,

va una mujer a pedir,

allí responde Maruxa

sí, como se usa morir.

Ay unos Phenix parados

que se abrasan cada día

por millones, y ducados,

estos Phenix a mi tía

que son Phenix preparados.

Qué Phenix se han de llamar

las terceras, no llegarán,

a querellas abrasar,

yo sé que si las quemaran

se usara resucitar.

Magdalena.

Toma.

Zabulón.

Tomo.

Magdalena.

Este diamante,

por lo bien que lo has glosado.

Zabulón.

De Poeta endiamantado

he de ser de aquí adelante.

Magdalena.

Sacad la vianda

que a convidados tan nobles

fuera justo que tuvieran

todo el néctar de los Dioses,

pero a defectos, que son

humanos, pues se conozen

suplirá la voluntad.

Canta.

Tribuno.

Sus conocidos favores

pueden competir con cuantos

tuvieron en los dos orbes

Semíramis, y Minerva.

Pang. 11

Demonio.

Alentemos con la torpe

delicia sus galanteos,

lo que a ingenios superiores

puse admiración, las mesas

que cubren aquestas flores

ingeniosamente puse

para que del theatro logren

con los preceptos del arte

gustosas admiraciones,

que a Magdalena se deben

todos aquellos favores.

Sabina.

Es el capitán Belino

primer ingenio del orbe.

Demonio.

Soy quien serviros desea.

Sabina.

Pues ya los músicos rompen

los aires con la armonía

de los instrumentos nobles.

Músicos.

Quien de la vida no goza

mal a vivir se dispone,

pues iguala con los brutos,

el imperio de los hombres.

Magdalena.

Dice bien.

Demonio.

Dice también

que merece entre los bosques,

cual Nabuco Donosor

vivir fiera.

Isacar.

No conoce

lo racional quien se precia

de platicar con los montes.

Músicos.

Todo es vida hasta la muerte,

y para que ella se logre,

es necesario que tenga

a la delicia por norte.

Isacar.

Cada día la hermosura,

si se rinde a los dolores

tiene un enemigo más.

Magdalena.

Otra letra.

Zabulón.

Qué mal oye

si ama este pasatiempo.

Sabina.

Qué quieres, el tiempo corre,

y nos pasa, y nos arruga,

nos araña, y descompone.

Zabulón.

¿Pues que quieres ser eterna?

Sabina.

Como tiene los verdones

de su alegre Primavera

teme que Agosto, la agoste.

Zabulón.

Tiene razón que en llegando

una caja, y no te asombres

a ser cáscara de nuez

merece que se la corten.

Sabina.

¿Y los hombres no son trastos?

Magdalena.

¡Hola!

Sabina.

Señora.

Magdalena.

Los postres.

Muerte.

Matalena.

Aquí los tienes,

este es el último postre.

Magdalena.

Detened esa mujer.

Demonio.

La mano de Dios se opone

a derribar mi soberbia.

Isacar.

¿Qué has visto? No te alborotes.

Magdalena.

Descubrid, cielos, ¿qué veo?

Demonio.

Antes que la especie borre

las delicias a la idea

la música las coloque

en el corazón, y vuele

este cadáver disforme.

Va para una mesa muy adornada de servicio de comer, y abra un aparador con servicio de plata, o si ser puede, bajen dos mujeres cantando como que traen todo este recado.

Sale una mujer vestida de muerte, y en diciendo su verso se entra ansí.

Músicos.

Músicas alas vestían

los álamos, y los robles,

y al son de las claras fuentes

cantaban los ruiseñores.

Y el aljófar saltando, y corriendo

cruzando, y riendo por entre las flores

trinan, y cantan

Pang. 12

Magdalena.

De rama en rama los Ruyseñores.

Parece que la armonía

desta Música sonora

daquella visión horrible

que pasó por mi memoria

borró la soberbia Imagen.

Demonio.

Los relámpagos, señora,

alumbran, pero no queman

Sus felices años logra

entre los graves festines,

que las damas primorosas

osan en Jerusalén.

Magdalena.

Pareceme que ya es hora

de que empiecen el sarao.

Isacar.

Su deidad luminosa

con su presencia deslustra

a calle, Chipre, Grecia, y Roma.

Músicos.

A los años felices que el cielo

en Magdalena dilate gentil,

los amantes del Asia celebran

con galas que ostentan del Mayo, y Abril.

Con airosas mudanzas los coros

que amor ha formado con graue destino

imitando los altos decoros

parezen Planetas del orbe divino.

En esfera de luces hermosas

se mueben las almas por sus paralelos

y en deidades que brillan ayrosas

gozan veldades que Ilustran los cielos.

Isacar.

Suelta, Abiatar.

Tribuno.

Isacar,

yo soy quien llegó primero,

a merecer esta Joya.

Isacar.

Yo por quien soy la merezco.

Demonio.

Ya empieza a obrar mi malicia.

Magdalena.

Tribuno, Isacar, que es esto?

Tribuno.

Amor, nobleza, y poder.

Isacar.

Nobleza, poder, y Zelo.

Zabulón.

Aquí ay una del Demonio,

y deue de andar entre ellos.

Magdalena.

No pretendeis por amantes

este favor?

Isacar.

Sí pretendo.

Tribuno.

Le pretendo.

Isacar.

Por quien soy.

Tribuno.

Por mi nobleza.

Magdalena.

Sosegaos, que vuestro duelo

breuemente era axustado.

Isacar.

De que Suerte?

Empiezan el Sarao Magdalena, Sabina, Isacar, el Tribuno, y los mas, que puedan suponiendo es de noche, y que sea con luces.

Mientras la Musi. canta danzan hasta que a Magdalena se le caiga una rosa o cinta, que cogerán a un tiempo el Tribuno, y Isacar.

Magdalena.

Estadme Atentos;

que en dos razones vereis

que no os toca defendello.

Isacar me tiene amor,

Abiatar me tiene el mesmo.

Yo estimo a los dos por nobles;

pero por amor no quiero

a ninguno este favor

que los dos quereis a un tiempo

no lleua mi voluntad

por no ser de los afectos,

no lleuándola, pareze,

que es falta de los yngenios

hacer duelo desta alaja

que está llamando a su dueño,

luego si los Zelos son

alma del amor primero,

y esse amor pende de mí,

pues a ninguno le tengo

cierto será, que el agrauio

es un agrauio sin duelo,

porque donde no ay amor

Pang. 13

Zabulón.

no tienen lugar los celos.

No habla más claro una gaita.

Isacar.

Yo no estoy para argumentos.

Tribuno.

Yo no estoy para discursos.

Isacar.

Sé que os amo.

Tribuno.

Sé que os quiero,

y que este favor es mío.

Isacar.

Eso dirán los aceros.

Demonio.

Eso sí, mátense todos.

Cleandro.

Deténganse, caballeros.

Zabulón.

Haya paz, señor capitán.

Demonio.

Quién se mete a usted en esto?

Isacar.

Desta manera, tirano,

castigo tu atrevimiento.

Tribuno.

Muerto soy.

Zabulón.

Despabilóle.

Sabina.

Señora, el Tribuno es muerto.

Demonio.

Qué desgracia!

Zabulón.

Voto a Dios

que estoy por darle a este perro

cien estocadas.

Magdalena.

Qué horror!

Demonio.

Tú tienes la culpa desto;

pero las grandes matronas

(Roma nos sirva de ejemplo)

en tales lances se matan,

pues es más honroso medio

morir a las propias manos,

que no a las manos del pueblo,

no aguardes que la justicia

se ponga en estos excesos,

entre las mujeres viles

aceros hay, y venenos

la honra tiene en el mundo

el más absoluto imperio,

qué aguardas?

Zabulón.

Qué ha de aguardar?

Zabulón.

tome para sí el consejo.

Magdalena.

Toda soy de mármol frío,

toda me he cubierto de hielo,

Sabina, llama a mi hermana

Marta, qué horror!, qué portento!

y cuéntale mi desdicha.

Demonio.

Este es el mejor acuerdo.

Magdalena.

Así acabará mi vida.

Demonio.

Ponlo luego por efecto.

Magdalena.

Cómo? Si hay Dios que castiga.

Demonio.

De Dios aguardas el premio?

Magdalena.

Sé que su misericordia

Demonio.

Está, señora, muy lejos.

Magdalena.

Sin duda se va acercando.

Demonio.

Cómo si Él vive en el cielo?

Magdalena.

También en la tierra asiste.

Demonio.

No te entiendo.

Magdalena.

Yo me entiendo.

Demonio.

Aguardas que baje Dios?

Magdalena.

Sí, que ya ha llegado el tiempo

que las dos naturalezas

Demonio.

Vuelve en ti, que todo es sueño.

Omítanse las profecías

Magdalena.

Se junten para salvar

con su sangre el universo.

Demonio.

Quién lo dice?

Magdalena.

Los profetas,

y fijamente lo creo.

Zabulón.

Daréle, Sabina?

Sabina.

Tente.

Tiran de la cinta y cada uno se queda con la mitad, y sacan las espadas, y riñen hasta que Isacar mete a cuchilladas a dentro.

Zabulón.

No sé qué diablo me tengo,

que me retienta el demonio

por atravesarle el pecho.

Vanse y se da fin a la primera jornada.

Jornada segunda

Pang. 14

Salen Sabina, y Zabulón.

Sabina.

Digo que dices muy bien

y que es justo murmurar.

Zabulón.

De mi amo hemos de hablar.

Sabina.

Y de mi ama también;

dime, a buena luz mirado

¿tu amo no es gran figura?

Zabulón.

Es figura, y figurado,

y por ser tan refigura

no le puedo ver pintado,

lo que habla vanidades.

Sabina.

En su molino gentil

si a verlo te persuades

cada hora muele mil

fanegas de necedades.

Lo que es mi ama le quiere.

Zabulón.

Esa es mi justa querella

porque de su amor se infiere

que el pobre muera por ella.

Sabina.

Sí; pero nunca se muere.

Zabulón.

Tiene fe.

Sabina.

Puesta en balanza

con la porción se ha ido.

Zabulón.

Sin caridad no se alcanza.

Sabina.

No tienes ver que le tiene asido

de la señora esperanza

ver las galas extremadas

que le dio de dos tiendas

pues ya están todas gastadas

mas quiere telas presentes

que no las telas pasadas.

Quiere tu amo, que pierde

en quererlo que adornada

salga, porque de él se acuerde

de alguna tela encarnada

y ella se viste de verde.

Zabulón.

¿Tú me quieres a mí?

Sabina.

Si eres pobre, ¿para qué

puedo yo quererte a ti?

Zabulón.

Que soy pobre, ya lo sé;

¿quieres bien?

Sabina.

Óyeme.

Zabulón.

Di.

Sabina.

Dura esta cuestión esotra

qué será si no me muero

el tener parte de ingrata

por mi galán el dinero.

Zabulón.

¿Es su galán?

Sabina.

Como plata

no lo quiero encarecer

el día que no regala

ese no puedo comer

y no me pongo una gala

porque no la puedo ver.

¿Dime? Un pobre, aunque prudente

ama, y dije con verdad

mi voluntad os presento

como yo de voluntad

vivo yo de entendimiento.

Dice que por mí se muere,

y es un pobre caballero,

aquí a Dios si se infiere

que sin amor, no hay dinero

sin dinero, ¿qué me quiere?

Por camino extraordinario

enseñan reglas de amar

ellos en su calendario

qué regla me pueden dar,

si me falta el ordinario.

Las leyes desvanecidas

son las que no tienen cabo,

pues amantes homicidas

ya que no contáis el gasto

Pang. 15

Marta.

no me contéis las partidas.

En un pobre amante fiel,

señores, no es frenesí

y atrevimiento cruel,

de que se muera por mí

si no me muero por él.

En efeto aunque me den

sus requiebros por entero

los que llaman querer bien

mi galán será el dinero

por siempre jamás amén.

Zabulón.

Quédate con mil demonios.

Sabina.

Vete tú con Dios, santos.

Zabulón.

Yo hablaré con tu señora.

Sabina.

Yo hablaré con tu amo.

Zabulón.

Vuélveme lo que te di.

Sabina.

Vuélveme lo que te he dado.

Zabulón.

Cargue el diablo con tu cuerpo.

Sabina.

Con el tuyo cargue el diablo.

Zabulón.

Porque sale tu señora

no soy jugador de manos.

Sabina.

¿Tú de manos?

Zabulón.

Y aun de pies.

Sabina.

Yo te haré moler a palos.

Zabulón.

Por vida de; pero voyme

ya nos veremos despacio.

Magdalena.

Sabina, cierra por Dios

esa puerta, que mi hermana

Sabina.

No fue mi sospecha vana.

Magdalena.

Quiere que hablemos las dos

a solas.

Sabina.

Cierro, y me voy;

sermón tiene mi señora.

Magdalena.

Bien puedes hablar agora.

Marta.

Está atenta.

Magdalena.

Sí lo estoy.

Marta.

Magdalena, si el espejo

Vase. Sale Magdalena y Marta.

Vase.

Marta.

donde muere la deshonra

es el cristal de la honra,

también lo ha sido el consejo.

En tu casa porque fuere

tu delito singular,

hirió al tribuno Tracar,

quiso Dios que no muriese,

felicidad donde fundo

tu dicha, que a morir fuera

tu casa una horca o esfera

de los presagios del mundo.

Rica sangre como sabes

en el pueblo de Israel

es de noble tribu, en el

de las personas más graves.

El blasón bien adquirido,

y firmemente ganado,

hoy por ti se ve eclipsado,

hoy por ti se ve perdido.

Tu soberbia vanidad,

tan propia de la hermosura,

amancilló tu cordura,

y humilló tu calidad.

Las galas, los devaneos,

los banquetes suntuosos,

los festines poderosos,

los faustos, los galanteos,

te traen tan desvanecida

que entre el vicio, y clamor

vas sepultando el honor

en los pasos de la vida.

Hasta cuándo ha de durar,

Magdalena, este delirio,

cuando este vulgar martirio

por Dios se ha de trocar.

Presumir que la hermosura

ha de ser al tiempo igual,

y que no ha de ser mortal

es confirmada locura.

Cada instante la belleza

tiene más de un enemigo

Pang. 16

Magdalena.

Su delicia es su castigo

la vanidad su bajeza.

La mujer que presumió

aniquilar su ventura

llevada de la hermosura

sin honra, hermana, murió.

Vivir sin Dios es morir

vivir sin vicio es suerte

no es el ocio el que divierte

el pesar para vivir.

Tu linaje está afrentado,

tu sangre está sin honor,

tu fama está sin valor,

y tú sujeta al pecado.

No es la riqueza adquirida

la que se debe adquirir ,

la virtud se ha de admirar,

fundamento de la vida.

Muchas veces te he rogado

que a Jesús de Nazareno

Maestro de ciencia lleno

hijo de Dios consagrado.

Vayas a oír un sermón

cuya vida, cuyo ejemplo

en nuestro sagrado templo,

por palabra de Sión.

Basta para reducir

(porque no tiene segundo)

todo el ámbito del mundo

él te podrá convertir.

Su doctrina soberana,

su palabra poderosa,

su persona milagrosa

has de ver.

Detén, hermana,

ya le he visto.

Marta.

¿Cuándo?

Magdalena.

Anoche.

Marta.

¿Qué dices?

Magdalena.

Lo que oyes ,

escúchame atentamente,

mira si al vivo le pinto.

Anoche cuando la Imagen

de la muerte, prevenido,

tenía un descanso,

de los humanos sentidos.

Con el cuidado de ver

este Nazareno divino,

primer Adonis del cielo,

cuya Majestad, y brío

la fama publica a voces,

con el clarín de los siglos.

Me quedé dormida, cuando

entre aquellos tres armiños

que formaban las potencias

interiormente conmigo

miré un Joven que bajaba

de los tronos del Impíreo.

De poco más de seis lustros

que milagrosamente hizo

el tiempo la alegre edad

de una túnica vestido

venía, cuyo color

entre púrpura, y jacintos

a quien la tejió mostrara

que admirable, y que escogido

que como no fue cortada

de ningún humano lino

nunca se pudo rozar

con los vulgares vestidos,

que a tocarle alguna mancha

el Nazareno Ministro

no se la pusiera nunca

Por ser él tan puro y limpio.

El cabello que pendiente

de los hombros rizo, a rizo

Pang. 17

Magdalena.

desafiaba a los rayos

del sol en ondas partido

llevaba presas de amor,

las almas con tal hechizo

que aprovechándose todas

de la ocasión que les vino

cogía por el cabello,

cada alma su pajarito.

La frente espaciosa, y ancha

los dos graves, y divinos,

y tan amantes mezclaban

lo humano con lo divino,

lo severo con lo hermoso,

lo fuerte con lo benigno,

lo piadoso con lo noble,

lo grave con lo lucido,

que al mirar sus bellos ojos ,

lloró de amor tan rendido,

que llorando yo por ellos

también lloró por los míos.

Partida en crenchas la barba

a lo Nazareno quiso

dibujar el sol por ella

entre su Délfico arbitrio

la Majestad de las luces

que parte la luna a giros

asomaban entre aquellos

rayos de Ofir peregrinos.

Sus dos amorosos labios,

cuyos rubíes partidos

siendo abeja la palabra,

que pronunciaba el divino.

con una risa de perlas

como Salomón nos dijo

sentencias de aquella boca

oyeron los cielos mismos,

de modo que los dos labios,

por la mente que los hizo

articulaban sin fin

lo que no tuvo principio.

El rostro de nieve, y nácar

tenía a cualquiera viso

la severidad de Rey,

la gravedad de Ministro,

lo amoroso de galán,

y lo piadoso de Cristo.

No sé qué se asomaba

por entre aquel señorío

que no lo pude entender,

con ser tan bien entendido

ello gran cosa sería

si yo supiera decirlo,

pero como el Joven solo

se comprenderá a sí mismo,

por más que lo procuré

fue en infinito.

En efecto aquel compuesto

de dos sujetos distintos

que hacían misteriosamente

un misterioso prodigio,

de suerte me arrebató

las potencias, y sentidos

que elevaba en su deidad

con amor tan casto, y limpio

le adoré, que juzgo ahora

concluir de lo que he visto

que no sé lo que me quiero

con saber lo que me quiso.

Manos, y brazos tenía

abiertos, seguro indicio

del amor que me mostraba

y en dos requiebros divinos

que articulaba el amor

de aquesta suerte me dijo:

Magdalena, si pretendes

que se te enseñe el camino

de amar, en el templo santo

Pang. 18

Magdalena.

de Jerusalén predico

mañana, en él sabrás

el engaño en que has vivido,

solamente amando siempre

los vulgares apetitos.

Y oye a Jesús Nazareno

amante tan escogido,

que enseña infinitamente

el arte de amor divino.

Y oye su palabra santa

quedarás como el armiño

si lavas con tierno llanto

la mancha de tus delitos.

Dijo, y en la nube opaca

calándose los zafiros

del cielo se ocultó, como

el águila entre los giros

plumajes de las esferas,

cuyos ocultos retiros

son goloseando estrellas

mariposas del impíreo.

Supuesto, pues, que esta imagen

que relámpago ha corrido

a despertar mi memoria

es a pesar de el delirio

sombra de mis deseos,

que me escuches te suplico.

Demonio.

Hora es tiempo que aliente

de Magdalena los vicios.

Magdalena.

Ya sabe Jerusalén

como yo en el Asia he sido

primera Venus del orbe,

segunda Flora de Tiro.

Con mi hermosura, y belleza

callaron, Marta, los nichos

de la mía, pues dejé a feas

desde el Tíber hasta Egipto

las delicias de Idumea,

y los festines de Epiro.

Magdalena.

No hubo galán en el orbe

de noble sangre nacido

a quien yo no sujetase

lo mejor de su albedrío.

Para mirarse los hombres

blanco de costoso retiro

de mis ojos, cuyas luces

fueron con dulces cariños

mezclados con los desdenes

milagros, y basiliscos.

Yo di lustre a mi linaje,

aunque haya noble nacido

pues que tuve de mi mano

los príncipes más altivos.

¿Qué hubo dama en el Asia?

no es delito, ni lo ha sido

la grandeza en la mujer,

el fausto, y el señorío.

Como es posible, señor,

pueda vivir sin el vicio

de mandar todos los nobles

quien domará el apetito

de las galas, y las joyas

o, qué consejo divino

me podrá quitar que salga

en una carroza al circo,

llevándose mi hermosura

toda la gala, y el brío,

que tiene Jerusalén,

y el imperio palestino?

Cómo podré sujetarme

a los comunes retiros

de las vulgares mujeres,

habiendo siempre lucido

entre planetas, y estrellas

adornada de zafiros

de rubíes, y diamantes

oro, y púrpura de Tiro.

Pasar de un extremo a otro

Pang. 19

Magdalena.

tan dificultoso ha sido,

que se tiene por mas facil,

quitar su curso a los rios.

Yo en efeto por seguirlo

iré a oír este prodigio

llamado del Señor

este Nazareno sugeto

a quien le llaman palabra,

que entre sueños he visto.

Voy a verle porque todos

publican, que no ha nacido

hombre mas hermoso, y tanto

le encarecen de divino

que sombra con su luz

Adan en el Paraíso.

Este es mi designio, y este

es el consejo que sigo

sin derogar de mis gustos

el bien fundado capricho.

Porque si quiero dejar

la grandeza que he tenido

el vicio me sale al paso

rémora de los delitos.

Si pretendo humildemente

poner el fausto en olvido

el lunar de la pobreza

obscureze mi alvedrío.

Si a la vanidad me llego,

y a seguir me determino,

la libertad que me ofreze

temo del cielo el castigo

si la dejo por el sueño

misterioso que he tenido

carezco de los favores

con que he triumphado en el siglo.

De forma que entre dos mares

encontrados, y distintos

este vaso de la vida

teme el puerto, y el bajo.

Magdalena.

amo en el vicio el amor,

en la virtud lo divino,

en el retiro la pena,

en el mundo el apetito.

Y assi entre pena, y temor

entre gloria, y entre abismo

entre tormenta, y bonanza

como no me determino

ni vivo de los remedios

ni muero de los peligros.

Sabina.

Isacar a verte viene.

Marta.

Hermana, yo te suplico

que no le dejes entrar.

Magdalena.

No sabes Marta, que ha sido

este Príncipe mi amante,

y que en mi fuera delito

estragar la voluntad

habiendo sido tan fino.

Marta.

Mira que el sermon te llama.

Magdalena.

Ir al sermon solicito.

Marta.

Pues mira que se hace tarde.

Magdalena.

Solo hablarle determino.

Marta.

Primero es la ley de Dios.

Magdalena.

Es verdad lo mismo digo.

Marta.

Oye a Jesus Nazareno.

Magdalena.

Ver a Isacar es preciso.

que tiempo abra para todo.

Marta.

Muy poco valgo contigo

dame palabra que irás

a oír el sermon.

Magdalena.

Ya te he dicho

que iré dentro de un hora.

Marta.

Alumbre Dios tu sentido.

Isacar.

Señora, mi bien parece

que estás con algun disgusto?

Sale Sabi.

(Vase y Sale Isacar)

Magdalena.

Isacar, no estoy con gusto.

Pang. 20

Isacar.

Ningún disgusto merece

vuestra beldad soberana,

y belleza singular.

¿De qué ha nacido el pesar?

Magdalena.

Son consejos de mi hermana.

Isacar.

¿Parece que retiráis

de mi pecho generoso

aquel cariño amoroso

con que siempre me tratáis?

Magdalena.

Es verdad que os quiero bien,

pero otro nuevo cuidado

Isacar.

De que me hayáis estimado

puedo darme el parabién.

¿Habéis mudado de intento?

¿Tenéis otro nuevo amante?

Magdalena.

Tengo, Isacar.

Isacar.

El semblante

me dice su pensamiento.

Magdalena.

En el corazón.

Isacar.

¿Son celos

los que me queréis contar?

Magdalena.

No son celos, Isacar,

tengo un amor de los cielos.

Isacar.

¿Luego acabó nuestro amor?

Magdalena.

No acabó; pero pretendo

Isacar.

Declaraos, que no os entiendo,

quién es el competidor

que vive, Dios.

Magdalena.

¿Dónde vais a dar, lágrimas?

Lágrimas es la pasión

que tengo en el corazón.

Isacar.

¿Por quién, señora, lloráis?

Magdalena.

Por vos; pero para el llanto

por los lugares de adentro

y como salen del centro

por eso se sienten tanto.

Isacar.

¿Son por mí?

Magdalena.

Yo os lo diré.

¿No visteis llorar un ciego

cuyo amor por el oído

se fue al corazón derecho,

y que por estar cerrados

los cristalinos espejos

las corrientes sonorosas

hacen adentro su efecto,

dudando los que le ven

a quién se debe el acierto,

si a la voz, con que se queja,

o a las lágrimas de adentro?

Pues lo mismo le sucede

al amor que nos tenemos.

Vos como me veis llorar

ciega del amor que os tengo,

atribuís al amor

la causa de estos efectos;

pero como tiene el alma

amagos de un amor nuevo,

y este amor tiene principios

de amar por entendimiento,

entre el celo, y el amor

dudamos los dos a un tiempo

a quién se debe, Isacar,

estos aljófares tiernos,

si a la fe con que los lloro,

o el amor con que los vierto.

Demonio.

Por lo que Marta le ha dicho

está esta mujer con celo

de arrepentirse, aquí importa

que me vean.

Isacar.

¿Phelireo?

(Aparte)

(Sale)

Zabulón.

Válgate el diablo por hombre,

a cada paso le encuentro.

Pang. 21

Demonio.

Parece que están los dos

con disgusto.

Isacar.

Yo lo tengo

por tenerle Magdalena.

Demonio.

Mira, Ysacar, que ya es tiempo

que vais a ver los jardines,

los juegos y pasatiempos

que has prevenido en el Parque.

Isacar.

A mí, bien, vamos luego

porque de alegres previene

comedia, saras, torneo,

y otros juegos que de Roma

ha traydo Pheliseo.

Demonio.

Pregúntote, que son

de grande entretenimiento.

Magdalena.

No te quiero disgustar,

Sabina, dame al momento

las mejores galas, corre;

pero detente.

Isacar.

¿Qué es esto?

¿De qué te suspendes?

Magdalena.

Oye,

trae mis joyas, presto, presto.

no las traygas.

Isacar.

¿Por qué no?

Magdalena.

He de oír al Nazareno

el sermón; pero mañana

me parece que avrá tiempo.

Sabina.

¿Voy por los vestidos?

Magdalena.

Sí;

pero no vayas.

Sabina.

¿Qué es esto?

Sin duda se ha buelto loca.

Zabulón.

Ella lo estaba primero.

Isacar.

¿Al sermón vas?

Magdalena.

Sí, señor.

Isacar.

¿Fue por ventura concierto

que forma la voluntad?

Magdalena.

Es que tengo entendimiento,

y quiero oír la palabra

del divino Nazareno.

Demonio.

¿Quedó en hypócrita David?

Isacar.

Sermón, mi bien.

Demonio.

Bueno es esto

cuando os aguardan las damas

de Tiro, Sidón y Phebo

y la nobleza mayor

de todo escogido pueblo.

Magdalena.

No puedo hacer otra cosa.

Isacar.

Mirad que estoy de por medio,

y que he dado mi palabra.

Magdalena.

Yo también la he dado al cielo.

Isacar.

Basta. Ya sé lo que ha sido.

Magdalena.

¿De qué os alteráis? ¿Son zelos?

Demonio.

No la dejes ir, señor,

que os ymporta.

Isacar.

¡Qué desprecio!

No son zelos, sino rabia.

Magdalena.

Que he de ir al sermón es cierto.

Isacar.

Yré, ingrata, donde vas.

Magdalena.

Voy al Soberano Templo.

Isacar.

Allí verás al que adoras.

Magdalena.

Pues tú lo dices es cierto.

Isacar.

Vive Dios, tirana.

Magdalena.

Basta;

sobre que es juramento,

sobre que voy al sermón.

Isacar.

Ya conozco tus intentos.

Magdalena.

Yo tus desconfianzas.

Demonio.

¡No la dejes ir, a cielos!

Magdalena.

¿De mi lealtad no te fías?

Isacar.

Tus pasos iré siguiendo,

¡qué desdicha!

Pang. 22

Demonio.

¡Qué tormento!

Magdalena.

Válgame el Dios de Abraham.

Demonio.

Válgame todo el infierno,

Zabulón.

Por un amén, señor mío,

no pierda usted su derecho.

Demonio.

¿Qué dices, villano?

Zabulón.

Digo,

que tiene mucha razón.

Demonio.

Si Magdalena en el sermón

de mi mayor enemigo,

o, pese al primero día

que tuvo mi atrevimiento

de el sagrado firmamento

la tercera parte acá,

o, pese a la conversión

de esta mujer atrevida

quitaréla yo la vida

Magdalena en el sermón

de Cristo, ya con su ejemplo

(que no ha tenido segundo)

todo este lascivo mundo

a quien yo tuue por templo,

todo este mundo profano

de pecadoras mujeres

trocarán sus pareceres

en estado soberano,

si en el templo, o, en la cena

se convierte Magdalena

Demonios.

Zabulón.

Ellos vendrán,

señores, sin ser Simonio,

ni memoria de su nombre

¿no tiene cara este hombre

de ser el mismo Demonio?

Demonio.

¿Oyes?

Zabulón.

Señor.

Demonio.

Ven acá,

ya sabes que soy tu amigo.

Zabulón.

Y grande.

Demonio.

¿No eres testigo

de que tu amo será

desesperado?

Zabulón.

Adelante.

Demonio.

Tú has de ir al templo.

Zabulón.

¡Qué pena!

Demonio.

A sacar a Magdalena

del sermón.

Zabulón.

Lindo ignorante,

¿qué es lo que dice? ¿Está ciego?

¿cómo la puedo sacar?

Demonio.

Es fácil de ejecutar,

que se le ha pegado fuego

a su casa le dirás,

con cuyo ardid cauteloso

el pensamiento celoso

de tu amo templarás.

Dame, amigo, este cuidado.

Zabulón.

Si desacierto contemplo,

vaya usted.

Demonio.

No entro en el templo.

Zabulón.

¿Luego está descomulgado?

Demonio.

Que lo esté, que no lo esté

¿quién le mete al ignorante

en discurso semejante?

Zabulón.

El porqué yo me lo sé.

Demonio.

Pierdo el juicio, y el sentido

Magdalena convertida.

Zabulón.

Usted por toda la vida

está en diablo conuertido

pues ¿no se han de convertir

las mujeres?

Demonio.

No.

Zabulón.

No sea

loco, anda.

Demonio.

No lo crea.

Zabulón.

No lo crea, ¿ha de decir?

y Zabulón.

Vanse menos el Demonio

Demonio.

No extrañe aqueste vocablo

Pang. 23

Demonio.

el ignorante atrevido.

Zabulón.

A vista de puro entendido

se lo ha de llevar el diablo.

Demonio.

¿Convertida? Los oídos

cierro a esta voz.

Zabulón.

Bueno va,

¿no me dirá por qué está

tan mal con los convertidos?

Demonio.

¿Una mujer pecadora

puede salvarse?

Zabulón.

¿Pues no?

anteayer lo predicó

Jesús.

Demonio.

¡Oh, pese a la hora

en que naciste, villano,

vete delante de mí!

Zabulón.

Pues diga, ¿en qué le ofendí?

¿Es usted samaritano?

Demonio.

Soy el demonio, ¿qué quieres?

Zabulón.

Pues ¿quién le dice que no?

Demonio.

Sin duda se convirtió

Magdalena.

Zabulón.

Las mujeres

están muy bien reducidas.

Demonio.

No quiero saber su nombre.

Zabulón.

Qué bien labrara este hombre

casa para recogidas.

Demonio.

Ya la divina palabra

de aquel encarnado verbo,

que a pesar de mí ha venido

a salvar el universo,

entra de furto a labrar

con el buril dulce, y tierno

de la gracia, el corazón

de Magdalena, y el pecho

se enternece, ya eslabona

el firme arrepentimiento,

lo humano con lo divino

entre la tierra, y el cielo.

Daba materia viciosa

con el dolor, y el esfuerzo

me arroja de sí, y recoge

la parte del Nazareno.

Ya las lágrimas, que son,

el más eficaz remedio

para la culpa, parece

que apagan aquel incendio.

Que sea Dios tan amigo

de ese barro damasceno,

que porque una mujer llore

cuatro lágrimas, que fueron

desperdicios de la vida

humo convertido en yelo

la perdone; ¿son acaso

las lágrimas trono excelso

(como dice Ezequiel)

donde Dios tiene su asiento?

¿Son serafines que cubren

los altísimos misterios

de la Majestad de Dios?

Pues si nada de esto fueron

¿por qué las estima tanto?

Pero si yo tengo ingenio

diré que un diamante a otro

se labra, luego si vemos

que fue la misericordia

diamante contra los hierros

y que las lágrimas son

diamantes que viven dentro,

qué mucho que entre las dos

labren entre tierra, y cielo

el diamante del perdón

antorcha del Universo.

Reniego de mi valor,

de mí mismo reniego

pues ya Magdalena, ya

Pang. 24

Demonio.

el vaso de vicios lleno

con el dolor de la culpa

se va saliendo del pecho.

Ya me arrojó de su alma,

ya salió fuera del templo

tan otra, de la que entró,

que de mirarla me afrento.

Demonios, buenos quedamos

con la venida del Verbo

a quien yo en la eternidad

no quise adorar por verlo

como lo dice la fe

Dios, y hombre verdadero

pero como me acobardo

aun vive en el mundo, y pienso

hacerles guerra, y a pesar

del divino Nazareno.

Marta.

Qué traes, Magdalena, espera.

Magdalena.

No soy Magdalena yo

lo que fui, ya se pasó.

Marta.

Quién tu corazón altera?

Magdalena.

Misericordia, Señor;

pero si a vivir empieza

castidad que no ha tenido,

hasta agora Magdalena

porqué me detengo, salgan

deste compuesto de arterias,

deste polvo organizado,

desta fábrica soberbia,

deste barro quebradizo,

desta soñada belleza,

los rubíes, los diamantes,

los brocados, y las telas.

Marta.

Hermana, detente, aguarda,

qué designio, qué intentas?

Vase, y salen Magdalena, Marta, y Sabina. La Magdalena lo más bizarra que pueda.

Magdalena.

No has oído decir, Marta,

que cuando corre tormenta

un bajel sobre las aguas

que a la muerte vuela

que todos los pasajeros,

arrojan con diligencia,

por solo salvar la vida

al mar, la plata, la seda,

que no repara en tesoros

quien tiene la muerte cerca?

pues lo mismo le sucede

al alma en esta tormenta

verse cargada de culpas

la nave de la conciencia,

y como han sido las joyas,

las galas, y las preseas,

las que causaron el daño,

como se ve que pelea

el bajel por zozobrar

antes que a la orilla vuelva

arroja el entendimiento

estas de el mundo riquezas

para que se salve el alma

de las tormentas eternas.

Salid antorchas sin luz

que ya mis preciosas piedras

serán a pesar de el mundo

el ayuno, y penitencia.

Salid lazos de la vida

laberintos que rodea

entre lascivos colores

la frágil naturaleza.

vayan, galas, vanidades

no aguardéis que a su puerta

llame la muerte atrevida,

cuya muda centinela,

cuyo rayo fervoroso

cuyo encendido cometa

antes de escuchar el trueno

Pang. 25

Magdalena.

Ejecuta su violencia.

Salid, salid del pecado

antes que llegue la cuenta,

donde los ángeles mismos

de respeto y amor tiemblan;

primero es la salvación,

que la mundana grandeza,

adonde el alma peligra,

no puede haber cosa buena.

Despójese la memoria

de las delicias y fiestas,

púrguese la voluntad,

prive la razón en ella,

el entendimiento juzgue,

acredítese la idea,

y en esta del cielo vida

Fénix de la llama eterna

llévese el aire las galas,

las delicias, la cautela,

el viento, las vanidades,

y la noche las tinieblas.

Busquemos al Nazareno,

pues ha venido a la tierra

a salvar los pecadores,

y a perdonar las ofensas.

Busquemos la fuente viva

que Salomón nos enseña,

cuyas corrientes de gracia

han de salir de la Iglesia,

con la doctrina del Verbo,

con la ciencia nazarena,

con la palabra del Padre,

yace rota la grandeza,

ya murieron las delicias,

ya se postró la soberbia,

pereció la vanidad,

y se eclipsó la belleza.

Hijas de Jerusalén,

pecadoras de Judea,

ciudadanas de Sión,

ya trocó la Magdalena

los festines en suspiros,

los pasatiempos en penas,

los brocados en sayal,

los gustos en penitencias,

los regalos en ayunos,

Ya con el amor divino

que iluminando su idea

con corazón humillado

pretende seguir las huellas

de este Hijo de Dios

a quien con lágrimas tiernas

lavará los pies sagrados,

y pedirá que la absuelva

de los pasados delitos

y las públicas ofensas.

Busquémosle luego al punto,

y con la aroma sabea,

con el ungüento precioso

de el alma divina ofrenda,

untemos sus pies divinos,

que de su mucha clemencia

(con que no pequemos más)

y prometamos la enmienda,

alcanzaremos perdón,

que es lo que el alma desea.

Para que el mundo conozca,

para que sepa la tierra,

para que las gentes oigan,

para que los cielos vean

de la mayor pecadora,

la más dura penitencia,

de la mujer más altiva

Jornada tercera

Pang. 26

esto falta

Demonio.

la humildad más verdadera.

Y en fin, de la gran perdida

hubo lid, la más atenta

conversión que vio la luz

en cuanto alumbra y opera

de el último capitolio

a la penúltima esfera.

Zabulón.

Hola, hao.

Sabina.

¿Quién llama?

Zabulón.

Quien

un ermitaño afligido

que anda en el monte perdido.

Sabina.

Ermitaña soy también.

Zabulón.

Pues, hermana, baje al llano,

que traigo necesidad

de sustento.

Sabina.

Es caridad,

y por eso bajo, hermano;

vengo por este destierro

sin hacer ruido, suena

saltando de peña en peña.

Zabulón.

¡Oh, hermana, de cerro en cerro!

Sabina.

Ya a lo llano hemos bajado.

Zabulón.

Parece que ando más liso.

Sabina.

Loado sea Jesucristo.

Zabulón.

Jesucristo sea loado.

Sabina.

Él camina con la palma.

Zabulón.

¿Es Sabina?

Sabina.

¡Qué alegría!

¡Oh, hermano del alma mía!

Zabulón.

¡Oh, hermana del cuerpo y alma!

Sabina.

Que le veo.

Zabulón.

Que le toco.

# Mar. Oh, que de tu contrición / sea mi vivir devota, / cobra la perdida oveja / y a tu auxilio, Señor, / me adula y me lisonjea

Sabina.

Que le abrazo.

Zabulón.

Que la tiento.

Sabina.

¡Qué alegría!

Zabulón.

¡Qué contento!

Sabina.

Yo estoy loca.

Zabulón.

Yo estoy loco.

Otra vez le he de abrazar,

milagro ha sido de Dios

que nos veamos los dos

en tan oculto lugar.

¿Viene de Roma?

Sabina.

Jona,

vengo de fervor llena

a buscar a Magdalena.

Zabulón.

A lo mismo vengo yo;

después, hermana querida,

que esta milagrosa santa

puso en Marsella la planta,

de Jerusalén venida

en esta sierra fragosa

dicen algunos que entró.

Sabina.

Sí, pero ninguno vio

esta cueva misteriosa

donde con suma abstinencia

su corazón peregrino,

sirviendo al Señor divino,

hace grande penitencia.

Zabulón.

Yo cansado de vivir

tan libre como se ve,

a Jerusalén dejé,

y aquí pretendo morir.

Sabina.

Véome, ¡ay!, amparada.

Zabulón.

En fin, ¿está arrepentida

de seguir aquella vida?

Se descubrirá un monte, y por los dos lados bajarán Sabina y Zabulón en hábito de ermitaños.

Vanse y se da fin a la 2.ª

Sabina.

Sí, hermano, que todo enfada;

pero dígame el hermano

¿cómo viene de esa suerte?

Pang. 27

Zabulón.

Hame pintado la muerte

por santo de mala mano.

Sabina.

¿Quién dijera que los dos

nos halláramos aquí?

Zabulón.

Los dos me parece a mí

que serviremos a Dios

en aquesta soledad

como marido y mujer.

Sabina.

¿Eso cómo puede ser?

Zabulón.

Prometiendo castidad.

Sabina.

Yo no daré testimonio

por tu parte verdadero.

Zabulón.

Dices bien, volverme quiero,

que es muy sutil el demonio;

pero hagamos la experiencia,

y a Magdalena busquemos,

que cuando nos apartemos

tendremos los dos paciencia.

Sabina.

Si fuéramos tan dichosos

que la halláramos.

Zabulón.

Sí haremos,

estas cuevas visitemos

de aquestos montes fragosos

que aquí la habemos de hallar.

Sabina.

Una cruz tiene esta peña.

Zabulón.

Con esta divina seña

no la podemos errar.

Magdalena.

Pequé, Señor, pequé, culpa notoria,

pública penitencia ha merecido,

pequé dulce Jesús, perdón os pido,

pequé Señor, pequé misericordia.

Yo fui el árbol cruel de la discordia,

vos el árbol de vida esclarecido,

yo di fruto de muerte conocido,

vos fruto universal de la concordia,

Pelícano inmortal del mundo fuistes, yo

yo os vi morir, y os vi resucitado,

favor que a otro ninguno concedistes.

Pequé, Señor, pequé, quedé lavado,

pues vos como mi Dios me redimistes

el contagio cruel de mi pecado.

Pero, ¿qué miro, quién es?

Zabulón.

Llegue ella primero, hermana.

Sabina.

Magdalena soberana,

danos a besar tus pies.

Magdalena.

¿Quién sois?

Zabulón.

Quien somos, señora,

no tengas ningún temor.

Zabulón el pecador.

Sabina.

Sabina la pecadora.

Magdalena.

¿Sabina y Zabulón?

Sabina.

Sí,

a buscarte hemos venido.

Zabulón.

Yo ya vengo arrepentido.

Sabina.

Y yo no soy la que fui.

Siempre estaré en oración

por aquestos montes agrios.

Zabulón.

Si yo no hiciese milagros

no seré yo Zabulón.

Magdalena.

Estimo el que hayan venido

a servir al Rey del cielo.

Zabulón.

Pescóme con su anzuelo

la virtud todo el sentido.

Magdalena.

El ayuno y penitencia

son el norte de la vida.

Zabulón.

Quitarme a mí la comida

será cargo de conciencia.

Sabina.

Hemos comido los dos

de limosna.

Zabulón.

A ella me atengo,

de pedir limosna vengo,

dado a la gracia de Dios.

Descúbrese una cueva donde estará Magdalena con un crucifijo y una calavera como la pintan.

Magdalena.

La vida siempre condena,

divídanse en este día.

Pang. 28

Zabulón.

No es mala la compañía

si la compañía es buena.

Magdalena.

Los peregrinos hospede,

por estas grutas diurnas.

Zabulón.

Yo no hospedaré peregrina

aunque sin vida me quede.

Peregrinas Zabulón

esto quiere Lucifer

entiendo yo que una mujer

me da mal de corazón.

Magdalena.

La limosna que le dieren

en la ciudad la reparta

con los pobres.

Zabulón.

Sí haré.

Magdalena.

Parta

a repartirla.

Zabulón.

Si dieren

mucha no se perderá.

Magdalena.

No se quede con ninguna.

Zabulón.

¿Yo no he de comer alguna?

Magdalena.

Con yerbas sustentará

su cuerpo.

Zabulón.

¿Con yerbas?

Magdalena.

Sí.

Zabulón.

No sé si en el calendario

hay algún santo arbolario.

Magdalena.

Quédese Sabina aquí

para que haga penitencia

en esta gruta.

Sabina.

Sí haré.

Zabulón.

¿Visitarla no podré?

Magdalena.

No hermano.

Zabulón.

Santa paciencia

espero en Dios que he de ser

el primer santo salvaje

que ha tenido mi linaje.

Yo sé escribir y leer

y pienso escribir mi vida,

y mis milagros también

Zabulón.

papel y tinta me den

estas alforjas.

Sabina.

Rendida

a su divina obediencia

estoy.

Magdalena.

Pues, Sabina, a orar.

Sabina.

En todo la he de imitar.

Magdalena.

Penitencia, penitencia.

Vase, saca el gracioso recado de escribir de unas alforjas y sacará.

Zabulón.

Empecemos a escribir

porque es frágil la memoria

mi vida será la historia

verdadera sin mentir.

Vida del gran Zabulón

hebreo de cadena

santo hebreo no me suena

pero esta fue mi nación.

Su padre se llamó Fible

ventero de alicanto

hijo de ventero y santo

téngolo por imposible.

Mas disgustarme no quiero

que venden gato por liebre,

pues es mucho que celebre

vender gato por carnero.

Su madre de este varón

fue bodegonera, y tanto,

oh, qué mal parece un santo

metido en un bodegón.

Pero si a la historia agrada

el sazonar la hidalguía,

la que mi madre tenía

aquí me la hallo guisada.

Despenseros dos hermanos

de Poncio Pilato son

si son, si son, o, no son

sayones lavo mis manos.

Fue su abuela pastelera

gran gineta, y no lo callo

porque picaba un caballo

como si fuera ternera.

Pang. 29

Zabulón.

tres pasteles afamados,

que tantos de las narices

llevan pasteles tomados.

Hubo un abuelo, no es nada,

mesonero en Abacum

y en entrando en Cafarnaún

vendía.

Demonio.

¿Qué hay, camarada?

Zabulón.

¡Válgase los mil demonios!

¿El hombre no es filisteo?

Demonio.

El mismo soy, no te admires.

Zabulón.

¿Usted por aquestos cerros?

Demonio.

Sí, amigo, vengo a tomar

el hábito del Carmelo

por estas santas ermitas.

Zabulón.

¿Hábito usted? No lo creo.

Demonio.

Dígame, ¿ya es ermitaño?

Zabulón.

¿No ve el hábito que tengo?

Dejé el mundo, y el demonio

pero me tiene siguiendo.

Demonio.

¿Dónde está aquel prodigio

de penitencia?

Zabulón.

No entiendo.

Demonio.

Por Magdalena pregunto.

Zabulón.

Importa guardar secreto

que de este no hay que fiar:

ni la busco, ni pretendo

saber, señor, dónde vive.

Demonio.

No le ha de valer el cielo,

ni cuantas causas segundas

debajo del firmamento

deidades son de la vida.

Zabulón.

Yo tengo muy lindo miedo.

Demonio.

De Jerusalén venimos

Isacar, y yo, su fuego

puede prestar al amor

el más abrasado incendio.

Demonio.

Por Magdalena perdido

viene a estos montes soberbios

con intención de gozarla

si Jesucristo a su celo

y esta imagen de Dios,

y este divino templo,

de penitencia, y virtud

será un foso, trofeo

de mi diabólico arbitrio.

Isacar viene, tracemos

cómo consiga su gusto

cómo ofenda a Dios eterno,

cómo escandalice al orbe

y alborote el universo.

Isacar.

Amigo.

Demonio.

Escucha.

Este es Zabulón, le entiendo

aunque a mí me lo ha negado,

que pues él por estos cerros

ermitaño, o, carmelita

está, que no ignora, es cierto,

dónde Magdalena habita.

Conviene le diga luego

y de no, dejarlo atado

entre de aquestos fresnos

porque de nuestra venida

no le dé parte que es cierto

no prevenir vigilante

los decoros al secreto.

Isacar.

Dices bien; pero sin duda

no ha de negarme, es lo cierto,

dónde Magdalena anide.

Zabulón.

Zabulón.

¿Pues lo que veo?

Isacar.

Señor, ¿tú por estos montes?

Sale el Dem.

Aparte.

Sale Isa.

Zabulón.

Mucho estimo que su celo

se encamine a la virtud

solo una cosa te ruego,

ves que nos enseñes.

Pang. 30

Zabulón.

Malo.

Isacar.

este milagroso ejemplo

de penitencia, y virtud

Magdalena a quien el cielo

eligió para ser luz

de las gentes, y con esto

me obligarás infinito

Zabulón.

No ha dos horas que a este cerro

llegué tan muerto de hambre

que no sé si vivo, o muero.

Yo no la he visto, Señor.

Demonio.

El hipócrita embustero

piensa que no le conozco

él, y Sabina no fueron

a su gruta esta mañana?

Zabulón.

Oye, hermano Pheliseo

trate bien a un hermitaño

que viene por estos cerros

a ser siervo del Señor.

Demonio.

Humildad conmigo, bueno

el siervo de Dios? parece

que no sé sus pensamientos

Isacar, esto ha de ser.

Zabulón.

Temo a aqueste Phariseo

Demonio.

Atemos este bribón

en este tronco, y luego,

te llevaré, donde habita,

Magdalena.

Zabulón.

Malo va esto

Qué busca usted en mis alforjas?

Demonio.

Lo que busco ya lo tengo;

quede en este fresno atado,

y muérase de hambre el perro.

Zabulón.

Isacar, Señor.

Demonio.

Se cansa.

Zabulón.

Vive Cristo, que es mal hecho

a mí atarme? soy yo loco?

Demonio.

Y aun matarle fuera bueno

Zabulón.

Aflójese usted con el diablo,

Demonio.

Vano es tiempo,

ya es tarde, quede el villano,

a que le coman los cuervos,

sea pasto de las aves.

Yo le até con tal ingenio,

que cuando libre se vea

se desvanezca soberbio

diciendo que fue milagro.

Isacar.

Vamos luego, Pheliseo,

a ver el sol que idolatro.

Demonio.

En este valle podemos

dejar, Señor, los criados

con los caballos.

Isacar.

Si el cielo

o la fortuna permite.

Demonio.

No digas más, que te entiendo

gozarás de Magdalena

aunque lo ofenda el cielo.

(míralas el Dem?)

(Atale)

(vanse)

Zabulón.

Al martirio me consagro,

Señor, en esta ocasión

Santo ha de ser Zabulón

solo le falta un milagro

si para aliviar enojos,

como a Elías me alentáis

mirad qué cuervo enviáis

no me saque entrambos dos.

Aguardad que venga gente

y haced aquesto por mí

para que el milagro aquí

sea milagro patente.

bien sé que ha de ser muy agro

que lo lleguen a creer,

pero yo no puedo ser

Santo sino por milagro.

pero no, ya me despido

de que ninguno lo vea

hágase el milagro, y sea

por donde fuereis servido.

Pang. 31

Isacar.

Confieso con tierno llanto

esto, bien lo sabéis vos

que milagro de Dios

que yo llegase a ser santo.

venga el Ángel de mi guarda

por una inmensa piedad

si va, a decir la verdad

mucho este milagro tarda.

pero no, libre consagro

a Dios la dicha en que estoy

acabose santo soy,

escribamos el milagro.

Ítem este fiero atado

por mano de un fariseo

el tal santo Zabulón

por un Ángel cuando menos

fue desatado, sin que

le hablase malo, ni bueno.

Ítem habiendo encontrado

con Sabina en el desierto,

no supo si era mujer,

que no es milagro pequeño.

Ítem desde Jope a Roma

no comió sino conejos,

perdices, liebres, zorzales

que son las carnes del yermo.

Ítem convirtió en el Cairo

a treinta y seis taberneros

por adúlteros del vino,

y transformólos en cueros.

Ítem sanó a cuatro pobres

que estaban de hambre muriendo

con darles bien de comer,

que aunque no es milagro nuevo

para los caritativos

es un milagro del cielo.

Ítem, pero bueno está

no lo escribamos a un tiempo

todo,

Isacar.

Todo, y en los milagros

que yo espero en Dios, y en ellos,

que he de escribir maravillas

con tal, que este Pheliseo,

que ese maldito demonio

no se oponga a mis intentos

válgate el diablo por hombre.

pero, ¿qué es esto que veo?

el cielo se ha trabado

en relámpagos, y truenos

¡oh, qué espantoso ruido!

pelotas de fuego, y hielo,

disparan los cielos mismos

a mi cueva voy huyendo,

que no tengo yo milagro

contra un huracán tan fiero.

Demonio.

Isacar, esta es la cueva

donde está el Ángel divino

de Magdalena, que aguardas,

que yo en tu espíritu vivo,

y hablaré siempre por ti.

Isacar.

La ocasión llama al peligro.

Demonio.

Pues goza de la ocasión.

Magdalena.

Misericordia, Dios mío.

Isacar.

Su voz es esta, qué aguardo.

Magdalena.

No quieres a mis delitos

piedad, Señor Soberano:

cielos, ¿qué es esto que miro?

Isacar.

Isacar soy, Magdalena.

Magdalena.

Valedme, cielos divinos.

Isacar adónde vienes?

escribe.

Desatase

suena tempestad con rayos, y truenos lo más recio que pueda.

Vase y salen de xapto Isacar y el Demonio

Ábrese la cueva y sale Magdalena

Isacar.

A ver el sol por quien vivo,

a ver en plomo engastado

el diamante peregrino

que dio luz a las estrellas

y he de llevarte conmigo

Pang. 32

Magdalena.

a Jerusalén, que amor,

se atreve a los cielos mismos.

¿Tú en este traje, mi bien?

¿Tú entre peñas, y entre riscos?

¿Tú entre fieras? Cuando el cielo

corta esfera le ha venido

a tu deidad soberana?

Vuelve a tu regalo antiguo,

vuelve a enamorar el amor

mi ya rendido albedrío.

Oblíguente mis finezas,

ablándente mis suspiros,

enternezcante mis ansias,

por ti muero, por ti vivo.

No pueden faltar cenizas

en tu pecho peregrino

de aquel amor, que abrazado

en la delicia del siglo

fue Fénix entre los hombres,

pues inmortal ha vivido.

Magdalena, mi bien.

Calla,

ilusión de mi enemigo,

relámpago que ha pasado

por todos cinco sentidos,

hombre, Isauro, o quien eres,

¿a quién buscas?

Isacar.

¡Qué delirio!

Busco a Magdalena, aquella

que fue pasmo de los siglos.

Magdalena.

No soy Magdalena yo.

Isacar.

¿Qué dices?

Magdalena.

La verdad digo,

y si lo quieres saber,

oye el desengaño mismo.

Cuando yo libre vivía,

aquella vida en que andaba

era una vida, en que estaba

la muerte que no temía,

al llorar la culpa mía

la gracia me levantó,

luego si al punto murió

la vida por el pecado,

y en Dios he resucitado

no soy Magdalena yo.

No por el nombre conoce

el médico la salud,

y el sabio por la virtud

el sujeto reconoce,

la vista su objeto goce;

Cristo otro nombre me dio,

el que tú buscas murió,

luego si en mí no ha de haber,

ni aun sombra de esa mujer,

no soy Magdalena yo.

Magdalena fui en pecar

de culpas, y horrores llena,

y en María Magdalena

pude mi nombre mudar;

María me pudo dar

del nombre que ella tenía,

luego si la Virgen guía

la gracia que me hace buena,

lo que pecó Magdalena,

pudo remediar María.

Aquella transformación

de la palabra del Padre

hizo en mí debo a la Madre,

Fénix de la Redención;

Cristo concedió el perdón

por la penitencia mía,

luego ya debo este día

el librarme de la pena

no al nombre de Magdalena,

sino

Pang. 33

Magdalena.

sino al nombre de María.

Isacar.

Magdalena, el vaso humano

desta naturaleza,

no pierde la humanidad

porque en efeto es materia.

Tú fuiste amiga de galas,

de faustos, y de riquezas,

y ansí no pueden faltar

las cenizas de la ofensa.

Magdalena.

Siempre la materia humana

a pecar está dispuesta;

pero no dicen que el Fénix

entre las llamas se quema,

y que de aquellas cenizas

vuelve a ser Fénix, pues desta

el Fénix, que ya murió;

pues lo soy de penitencia,

y verás que las cenizas,

aunque son desta materia,

para con Dios están vivas,

para con el mundo muertas.

Demonio.

Luego, ¿tú quieres lavar

con cuatro lágrimas tiernas

tus culpas y tus pecados?

Magdalena.

No hay lágrimas que merezcan

por sí tan grande favor;

pero escucha, a Jesús llega

una mujer a pedirle

cura para su dolencia,

a la túnica de Cristo

tocó con lágrimas tiernas,

y viendo Cristo que estaba

dispuesta aquella materia,

la forma de la virtud

le aplica para estar buena.

Magdalena.

La mujer más pecadora,

cuando arrepentida llega,

lágrimas de el corazón

la absolución le franquean

no por sí, por la virtud

de la gracia sempiterna,

que las lágrimas no son

más que una simple materia,

donde introduce la forma

la divina omnipotencia.

Isacar.

También llora Jeremías,

y mañana le apedrean.

Mira qué fruto sacaron

las lágrimas que celebras,

si Cristo te perdonó,

sin que por ti le interceda

más que el llanto de tus ojos,

parece poca defensa.

Magdalena.

Mira, yo hablé con la Virgen

María, de gracia llena,

llegué a los pies de su hijo,

saquemos la consecuencia.

Yo no podía alegar

en mi natural defensa

sino el amor que tenía

al hijo por su esencia

y a la madre por mujer

más pura que las estrellas.

¿Qué hizo Cristo?, vio en mis dos

el amor, que por la idea

tenía a su Santa Madre,

la Madre como penetra

el amor que tuve al hijo,

como tan piadosa Reina

intercedió en mi favor,

Dem. Dame un ejemplo. / Mag. David rey, divino profeta / y peca. Mírame ahora que a la mayor penitencia.

Pang. 34

Demonio.

de suerte que cuando llega

el pecador a pedir

el perdón de sus ofensas

como lleve de su parte

a María, es cosa cierta

que ha de salir perdonado,

que como la Virgen bella

es Madre de Dios, y Dios

de serlo hijo se precia,

no hay cosa que ella le pida

que Cristo no la conceda.

Isacar.

Magdalena, amor es ciego

yo le tengo, y esta ciencia,

ni la voluntad la admite,

ni la acredita la idea.

Magdalena.

Amor divino es deidad.

Isacar.

También lo fue la belleza.

Magdalena.

La del alma es la virtud.

Isacar.

Quien bien ama, bien se emplea.

Magdalena.

Yo dejé el mundo, Isacar.

Isacar.

Goza de él, tiempo te queda.

Magdalena.

¿Quién dividirá este lazo?

Isacar.

¿Quién, mis ansias y firmezas?

Magdalena.

¿Quién mis pensamientos nobles?

Isacar.

¿Quién, mis suspiros, y quejas?

Magdalena.

Mira que hay Dios que castiga.

Isacar.

Tiempo habrá para la enmienda.

Magdalena.

¿Qué pretendes, Isacar?

Isacar.

Sacarte de esta aspereza.

Magdalena.

Primero me harás pedazos.

Isacar.

Valdréme yo de la fuerza.

Magdalena.

¿Eso dices?

Isacar.

Esto digo.

Magdalena.

Vuelve en ti.

Isacar.

No hay resistencia.

Magdalena.

Seré monte.

Isacar.

Seré rayo.

Magdalena.

Seré escollo.

Isacar.

Seré fiera.

Magdalena.

Yo amo a Dios.

Isacar.

Yo amo al pecado.

Magdalena.

Pues tus sentidos gobierna,

perderaste si me sigues.

Isacar.

Aunque el cielo se ofenda.

Ángel 1.º.

Bárbaro, ¿quién como Dios?

Demonio.

Miguel sale a la defensa

de este sacro paraíso;

pero esperanzas me quedan

de atreverme a su poder,

aun tengo de Dios licencia.

Isacar por estos montes,

y yo por aquesta sierra

cercaremos este monstruo

de hermosura, y de belleza.

Isacar.

¿No oíste temblar la gruta?

Demonio.

No importa tiemble la tierra,

sube al monte, que en la ermita

está ahora Magdalena

haciendo a Dios oración.

Isacar.

Apese a la penitencia

resuelto estoy a oponerme

cual Nemrod a las estrellas.

Ángel 1.º.

Magdalena, yo te amparo,

sierva del Señor, no temas.

Magdalena.

Ministro sacro, tu luz

mi flaco espíritu alienta.

Isacar.

Ya a lo alto hemos llegado.

Entrase Magdalena en la cueva, y al querer entrar Isacar da vuelta la cueva, y aparece detrás un ángel, y diciendo su verso se encubre.

Suben al monte y salen por lo alto Magdalena y el ángel

Demonio.

Aquella es la ermita, llega,

Pang. 35

1 S.

Si no se puede escapar.

Isacar.

Bien que le ampare.

Demonio.

No temas.

Ángel 1.º.

Bárbaro, ¿dónde caminas?

Cristo vive, Cristo reina.

Ven, Magdalena, conmigo.

Magdalena.

Penitencia, penitencia.

Isacar.

Pheliceo, aquella luz

que ha llevado a Magdalena

a nueva vida me llama

auxilio eficaz penetra,

lo más interior del alma.

Demonio.

¿A dónde vas?

Isacar.

A que sepa

el mundo que ha convertido

Magdalena mis ofensas

en lágrimas, y suspiros

penitencia, penitencia.

Demonio.

Para cuando son los rayos

conviértanse las piedras

Demonios, entro abismo

atormentad mi soberbia.

Zabulón.

Muy buenos días, hermana,

les dé Dios.

Sabina.

Así los tenga

el hermano, conviene venga

a verme cada mañana;

¿trae la limosna?

Zabulón.

Sí traigo.

Sabina.

Repártola.

Zabulón.

Repartí;

pero también viene aquí

para que comamos algo.

Sabina.

Comer yo de ningún modo.

Zabulón.

Sí comerá por mi vida.

Sabina.

No haré tal.

Zabulón.

Sabina entendida,

comerémelo yo todo

nuestra Santa Magdalena

estará ahora rezando.

Sabina.

Dice bien, estará orando.

Zabulón.

Siéntese no tenga pena.

Sabina.

Hermano, no puede ser

que no comeré bocado.

Zabulón.

Eso no le dé cuidado.

porque me verá comer.

Sabina.

No es bien que estemos los dos

comiendo juntos.

Zabulón.

No importa

que a la larga, o a la corta

comiendo se sirve a Dios.

Sabina.

No le quiero replicar

siéntome.

Zabulón.

Preste paciencia,

como está nuestra conciencia

Sabina.

¿Qué tiene aquí?

Zabulón.

Una devota

con quien puede recrearse

traigo nuez, queso, tocino,

bellotas, peras, manzanas

Zanahorias, avellanas

castañas, mondongo, y vino.

Sabina.

tropezar

Zabulón.

Aun faltan las aceitunas.

Sabina.

Mire, que estoy en ayunas.

Zabulón.

Pues por eso he de almorzar.

abra la boca.

Sabina.

No hermano.

Vuelan el Ángel y Magdalena al lado contrario, y se despeñan el Demonio e Isacar.

Vanse y sale Zabulón con Sabina.

Zabulón.

De mi mano ha de comer,

este bocado, y beber.

Pang. 36

Sabina.

Repare que es hombre humano.

Zabulón.

Hermana, soy inocente,

esto no es hipocresía:

Sabina.

no mas es glotonería.

Zabulón.

¡Oh, qué linda penitente!

Sabina.

¡Ay Jesús! quítese allá.

Zabulón.

Haga que rezando está,

y déjeme solo a mí.

Magdalena.

Ya del soberbio dragón,

mi Jesús, me habéis librado

vuestro nombre sea loado

en una, y otra nación.

Zabulón.

Padre nuestro.

Sabina.

Que estás en el cielo.

Zabulón.

Sea tu nombre

Magdalena.

Orando los dos están

puesto el sustento en el suelo.

Zabulón.

Padre mío.

Sabina.

Que estás en el cielo.

Magdalena.

Buenos los ayunos van.

Zabulón.

Zabulón.

Gloria notoria.

Magdalena.

Vuelva en sí.

Zabulón.

Que soberana,

Dios se lo perdone, hermana

que me sacó de la gloria.

Magdalena.

Sabina.

Sabina.

Hermana.

Magdalena.

Los dos

guardan el ayuno ansí

qué comida es esta?

Sabina.

A mí

no me lo pregunte.

Zabulón.

¡A Dios!

Magdalena.

¿No dirán que es testimonio?

Zabulón.

Es que nos quiso tentar

cuando empezamos a orar

con este plato el Demonio.

Magdalena.

¿Estas sus alforjas son?

Zabulón.

Es que siempre de continuo

por no rezar de camino

me las quitó en la oración.

Magdalena.

Eso repara.

Sabina.

¡Qué abismo!

Magdalena.

Con los pobres.

Zabulón.

¡Qué humildad!

hermana, la caridad

siempre empieza por sí mismo.

Magdalena.

Ayunen pues han pecado

al traspaso del Señor

cinco días.

Zabulón.

¡Qué dolor!

De oírlo estoy traspasado.

Magdalena.

En un año no se vean y dense una disciplina.

Zabulón.

A Dios, hermana Sabina.

Sabina.

A Dios, Zabulón hermano.

Zabulón.

Cara salió la comida.

Sabina.

Sentencia fue rigurosa.

Zabulón.

No fue sentencia enxerida .

Sabina.

¿Que no nos hemos de ver?

Zabulón.

No hermana, en toda la vida.

Sabina.

En Josafat nos veremos.

Zabulón.

A Josafat, me convida,

voy a pedir mi limosna.

Sabina.

Yo me voy a la ermita.

Magdalena oyese allí

Dejan la comida y pónense a rezar divididos y sale Magdalena

Magdalena.

Pecar, perseverar en el pecado,

y tener la delicia por vida,

si es tema de la culpa cometida,

Pang. 37

Demonio.

¡Oh, blasón del delito declarado!

No arrepentirse del error pasado,

y pensar que es eterna nuestra vida,

del alma fue locura conocida,

del corazón delito confirmado,

llorar de paso es llanto de apariencia,

pues se queda la culpa retratada

en el lienzo cruel de la conciencia.

Que lágrima que vino despeñada,

es, cuando sale sin la penitencia,

lágrima antes enjuta, que llorada.

Ya que por tantos caminos

a esta mujer poderosa

no he rendido mi poder,

veamos si puedo ahora

sujetalla a que despierte

en aquella vana gloria

que hubo en Jerusalén,

y su vida retrato sea

en este espejo visible

que viene a hacerle memoria,

y vea por la fantasía

aquellas especies locas

que duermen en su albedrío,

salgan luego porque todas

atormenten por de dentro

aquella divina forma,

y desvanezca la idea,

soberbia, y vanagloriosa.

Músicos.

Viva Magdalena,

pues es su beldad

de Sión el fijo

planeta inmortal,

el tercer lucero,

jazmín de galán,

de rubíes excelso

luz, y Majestad,

vierte a su cara

rosas Madián,

ganan labios bellos

rubíes Zeylán.

Viva la gala del ciego rapaz,

pues es Magdalena la espuma del mar.

Magdalena.

¿Quién a mis oídos ha puesto

este lascivo cristal?

¿Qué voces por el oído

haciéndome guerra están?

Demonio.

Parece que se divierte,

suspensa ha quedado ya.

Magdalena.

¡A fuera, imaginación,

que no han de poder entrar,

en mi alma estas visiones!

¡A fuera, atrevido imán

de las culpas, y pecados

que puede en el mundo obrar!

De las galas os vestís,

pues pague la material,

el llanto de mi delito

nuevos silicios serán

verdugos de vuestros yerros,

yo voy a ver el cristal

de mi espejo soberano;

almas, si en él os miráis,

pedidle favor divino

contra el dragón inmortal.

¡Penitencia, penitencia!

Demonio.

¡Oh, pese a tanta deidad!

De nuevos silicios viste

la materia celestial,

y con su sangre confirma

el sentimiento, y pesar

que hubo de esta visión;

sus lágrimas dan señal

del afecto poderoso

que dentro del alma está.

Magdalena.

¡Penitencia, penitencia!

Sale el Dem.

En un carro triunfal se verá una dama que se asimile a Magdalena ricamente aderezada dada de la mano con un galán y Damas, galanes, y Músicos.

Repite la Mus. y el carro se mueve.

Vase. Cúbrese el gabinete.

Dentro.

Demonio.

A voces pidiendo va

Pang. 38

Demonio.

Misericordiosa a los cielos

llegue sin vanidad

nunca pudo tenerla

en aquella soledad.

aliento para abrazarte

con el árbol celestial

de Cristo crucificado

un retrato miro ya

del que ella tuvo en la cruz

a quien cupido librar

de la esclavitud soberana

que llevó el primero Adán.

Magdalena.

Vara sagrada, el mejor Aarón,

rama inmortal del tronco de Jesé,

sacerdote mayor Melchissedech,

vellocino que vido Gedeón,

contra el templo gentílico Sansón,

salvador de la nave de Noé,

sol eclipsado, heroico Josué,

del Padre incircunscripto Salomón.

Redentor de la casa de Israel,

Isaac sacrificado en Abraham,

ofrecido en el templo Samuel,

pues pagaste la culpa por Adán,

siendo inocente, y soberano Abel,

libra a esta sierva del soberbio Amán.

Ángel.

Magdalena soberana,

tu sagrada penitencia,

tan acepta a Dios ha sido,

que ya de muerte se acerca,

para que con ella goces

de aquella divina esencia

que en la gran Jerusalén

para siempre vive, y reyna.

quedará tu cuerpo santo

en la ciudad de Marsella

por reliquia de la Galia,

depósito de la que la Iglesia

hará para gloria santa

de la cristiana grandeza.

los sacramentos divinos

recibirás Magdalena

del obispo soberano.

esta natural sentencia

quiere Dios, que se execute

para que tu alma sea

entre los coros alados

separada Inteligencia,

y que de este lugar seas

trasladada al sacro monte,

porque con el alma veas

asida al árbol de vida

la gloria de Dios eterna,

favor debido a su amor.

Magdalena.

La voluntad del Señor

en los cielos, y en la tierra

se cumpla, ministro santo

sacrificio de obediencia

fue siempre el norte sagrado

que mi espíritu gobierna.

Dios me manda que transite

hasta que el tránsito sea

víctima de voluntad.

Señor, que estáis a la diestra

del Padre para juzgar

la redondez de la tierra

quien mereció favor tanto

penitencia, penitencia.

Demonio.

Con ella Dios ha humillado

mi siempre altiva soberbia:

¿dónde caminas, villano?

Zabulón.

Treinta legiones enteras

de demonios se arrebaten

Descúbrese en el monte un Cristo crucificado, y al pie de la cruz Magdalena de las nubes que pintan alas con el vaso del ungüento.

Vaja el Ángel por tramos

Sale Zabulón y cubrense los tramos

Demonio.

¿siempre, conmigo te encuentras?

hipócrita que me miras?

Pang. 39

Zabulón.

Miro cosa que no quisiera

a la hora de mi muerte,

tener a mi cabecera.

Demonio.

En este me he de vengar,

y para que no lo vea

dejaré la forma humana.

Zabulón.

Mire usted, linda apariencia,

o encantador de tiniebra,

¡ay, qué es esto, vive Cristo!,

¡ay, que me abrió la cabeza!,

no, aquí da fin Zabulón,

¡ay, que me parte las piernas!,

¡ay, que me rompe los brazos!,

¡ay, que los huesos me quiebra!,

¡ay!, y todas las costillas

sienten lo bien que las pegan,

conque ya no hay sufrimiento,

o quien un milagro hiciera

para ver quién da estos golpes

a un cristiano con tal guerra.

Demonio.

Yo soy, hipocritón.

Zabulón.

¡Por cierto, linda paciencia!

Deténgase en cortesía,

y respóndame en conciencia.

¿Usted es demonio o verdugo?

Demonio.

Déjese destas quimeras,

que hemos de ser muy amigos.

Sabina.

¡Ay, hermana Zabulón!

Zabulón.

No puedo, hermana, el verla

hasta que se pase el año.

Sabina.

Pluguiera a Dios que ansí fuera.

Zabulón.

¿Qué trae, hermana?

Sabina.

¿Qué traigo?

Nuestra hermana Magdalena

quiere dar a su Criador

el espíritu.

Zabulón.

Paciencia,

yo se lo diera también,

Ángel 1.º.

Magdalena penitente,

sierva del Señor, no temas,

que ya nuestro patrocinio

te infundirá fortaleza.

Ángel 2.º.

Su piedad manda que en alas

de tus suspiros ascienda

al cielo tu alma, donde

verá que su amor te premia.

Magdalena.

Soberanos paraninfos,

divinas inteligencias,

la gravedad de mis culpas

es la que más me atormenta.

Pequé, Señor soberano,

pequé, soberana esencia,

misericordia, Señor,

pues hoy en las manos vuestras

encomiendo, Jesús mío,

mi espíritu.

Zabulón.

¿Ansí nos dejas?

Ángel 1.º.

Vuela.

Ángel 2.º.

Vuela.

Desaparecióse el diablo.

Da el demonio a Zabulón.

Dale siempre.

Sale Sab.

Vuela a la esfera.

Vuela a la esfera.

Empieza a subir la tramoya.

Los dos.

Vuela a la esfera,

Magdalena dichosa,

pues su clemencia

hoy de su trono te hace

viviente estrella; vuela, vuela, vuela a la esfera.

Pang. 40

Desdoblar esta media hoja

Demonio.

el que está conmigo.

Que quiera Dios que esto vea,

y que asista a tanta gloria

porque más tormento tenga.

¿No advierte los resplandores

y las luces que se acercan

a la cueva milagrosa

de María Magdalena?

Magdalena.

Mi Dios, mi Jesús, mi amparo,

yo voy a daros la cuenta

de mis culpas y pecados,

la misericordia v[uest]ra

mayor es que mi delito.

Virgen abogada n[uest]ra,

hija del eterno Padre,

sed la luz de mis tinieblas.

Vése la cueva y S[an]ta Magdalena de rodillas con un Cristo en la mano y vajando Ángeles en tramoyas y suena mús[ica].

Demonio.

Éste nos lleva.

Todos a sentir lo habemos.

que Cristo viese .

(Mús[ica] y chirimías)

Pang. 41

Demonio.

Desesperado, y corrido

a las lóbregas cavernas,

vuelvo a vivir para siempre

entre llamas, y entre penas.

Húndese y sale fuego

Zabulón.

Dando fin, Senado ilustre

a la historia verdadera,

evangélica, y doctrina

de María Magdalena.

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