إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La asunción de Nuestra Señora. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-asuncion-de-nuestra-senora.
Cubierta y lomo del manuscrito. Etiqueta con la signatura 8802 / 08. Marca de agua de la Biblioteca Nacional de España.
T 40
Mss. 14628
Cat.
Página en blanco
auto 1 De la Asunción de nuestra señora. Personas, los doce apóstoles. pa nuestra Señora San Gabriel ángel
¡Oh infinito poderío!
Dios, que tienes el mundo a cargo,
¿cuándo será que se acabe
el largo destierro mío?
¿Cuándo gozaré de veros,
oh divinos ojos claros,
con la gloria de miraros?
Pues parece que por ventura
de remanecer ahora
que el santo apostolado
por el mundo se ha esparcido
a cumplir su obligación,
como está ya en razón.
No permitáis, dulce Jesús,
que vuestra madre ansina
viva más tiempo apartada
de su gloria y regocijo;
porque aunque vuestros favores
me regalan y entretienen,
mas ay, que nunca ansí vienen
mas cerca desean mi fin.
Amanezca el claro día
que se va turbando,
para que en mí se concluya
lo que David, rey, decanta:
levanta, Señor, levanta
tú y el arca santa tuya.
Virgen, de gracia llena,
a quien cielo y tierra adora,
templo vivo en quien Dios mora,
estéis, Reina, enhorabuena.
Todo el cielo pretendía
venir con este mensaje,
porque es serviros de pasaje
interés y granjería.
Y es tal aqueste partido,
y tal gloria en él se ofrece,
que serviros no merece
sino es quien os ha servido.
Y así en mí solo se emplea
esta merced tan crecida,
pues fui mensajero en vida,
en muerte también lo sea.
Ya es llegada la sazón,
el cielo os espera abierto,
que aquel que es señor del puerto
de vuestra navegación.
Y reís dentro de tres días,
cumpliendo la humana ley,
a ser Reina con el Rey
de todas las jerarquías.
Recibid pues en la mano,
soberana Reina mía,
esta palma que os envía
Vuestro Hijo soberano,
para que ante vos esté
en señal firme y segura
de vuestra limpieza pura,
de vuestra humildad y fe,
gloria, mi Señor, os den
tierra, cielo, mar y viento
por infinitos, sin cuento,
siglos de siglos, amén.
¿Es posible que se dé
tan presto el que yo parí,
que tomó aquel ser de mí,
teniendo yo del mi ser?
¿Es posible que hay tan poco
de aquí a que tal bien posea?
Tiempo largo sea, ea,
cómo vais tan poco a poco,
ah, Gabriel, Gabriel amigo,
que siempre os preciáis de ser
certero nuncio de mi placer
y de mis glorias testigo.
No me olvidaré jamás
de vuestros dulces recados.
A servicios tan pagados,
quien más sirve debe más,
y así yo estoy más sujeto
como más bien empleado.
Al menos más regalado.
Ángel más devoto yo, os prometo,
y con esto, Señora, acabo,
y me voy, ved qué mandáis.
Que a mi Hijo le digáis
que su gran bondad alabo,
y que antes que el tiempo llegue
que esta dulce muerte sienta,
que una gracia me consienta,
que le pido y me la entregue:
que la santa compañía
de apóstoles que andan fuera
no falte a mi cabecera
para aquel dichoso día,
que a quien tanto quise
con amor tan firme y fe,
quiero que estén a mi muerte.
Esto es lo que pido y quiero
de mi Dios y Hijo afable,
pues a mí será agradable
y a su Majestad ligero.
Lo demás que sabe conviene,
yo sé bien que lo hará,
que bien segura estará
madre que tal Hijo tiene.
Yo voy, Señora, a tratar
en el cielo esas razones
y a ordenar los escuadrones
que por vos han de bajar.
De triunfo en vos el canto
dispone, Señora, Dios.
Santísima Reina, adiós.
Adiós vais, arcángel santo.
Entra San Juan.
Secreto y alto gobierno
que lo ordena y rige todo,
¿quién podrá alcanzar el modo
de aquese saber eterno?
En medio de Asia me vi
y en un solo pensamiento
un ligero y fiero viento
ha dado conmigo aquí.
En Jerusalén me veo
y no sin causa habrá sido
haber desde allá venido;
saber la ocasión deseo.
Dentro de esta casa mora
la madre de Dios y mía,
de su grey estrella y guía,
de humanos intercesora.
Santa casa, sincera,
casa bienaventurada,
que toda estás engastada
de arcángeles dentro y fuera,
por tus ventanas pías
y de ti se maravillan,
a ti acatan y se humillan
y contigo se recrean.
Virgen, oh madre amada,
de virtud y gracia llena,
¿pues aquesto no estáis buena?
Suplícoos por solo Dios
me digáis qué habéis, Señora,
que no suele esta ser hora
de estar en la cama vos.
Sí, Juan, mi dulce querido.
¡Oh, madre y señora mía,
Reina de paz y alegría!
Seáis, amigo, bienvenido.
Ya se allega mi victoria
y mi corona me aguarda,
y lo que la muerte tarda
me priva de vida y gloria,
y a la deuda que debía
este cuerpo satisface,
ya se acaba y se deshace,
vuestra dulce compañía.
No lo quiera Dios, Señora,
ni a mí me querrá tan mal.
Pues no es la menor señal
el veros venir agora,
porque el arcángel que vino
a darme esta dulce nueva
una mi petición lleva
para el tribunal divino,
que vuestro colegio entero
se halle a verme morir,
y en vos se empiece a cumplir
porque en todo sois primero.
Tomad, amigo, esta palma
que mi Hijo me ha enviado,
y tenédmela a mi lado
cuando se me arranque el alma.
Sosegad, Juan, vuestro pecho,
mostradme en esto afición,
y no cause en vos pasión
lo que en mí causa provecho.
El afligido día
de mi congoja triste y lastimada,
la amarga pasión mía
y mi congoja ansiada,
alma del alma mía, ya es llegada.
Mi pena llega junto
con vuestra gloria, Reina esclarecida;
aqueste es, ay, el punto,
aquesta es desabrida
la hora que de mí fue tan temida.
Con miedo os he tenido
desta partida el alma recelada,
y mil veces he sido
de mí tan lamentada
cuanto de vos, Señora, deseada.
Cuán bien habéis descubierto
lo que por mí habéis sufrido.
No es mucho lo que he sentido,
pues no me he quedado muerto
que me ha puesto en tal extremo
veros, Virgen, de esa suerte,
que quiero con vos la muerte
y sin vos la vida temo.
No me aflijáis más, memoria,
que, ¿qué he de hacer sin Dios, María,
Virgen, madre, quien solía
convertir mi pena en gloria?
Cese por mi amor el llanto,
ay, San Juan, no lloréis tanto,
dadle al dolor algún tiento,
Juan, venid acá, asentaos,
pase el rato de consuelo.
¡Oh, dolor!, ¡oh, pena fuerte!
¡Oh, caso!, ¡oh, mal doloroso!
Pasa, San Juan, a mi reposo,
que es cordura en este duelo.
Lijades os lo a quien os pese,
que caza lo que cose.
Salen San Pedro y San Pablo.
Decidme, Pablo, qué cosa
puede ser acá haber sucedido,
porque ansí habemos venido
por nado, tan presuroso.
Príncipe santo y pastor
de la iglesia universal,
y pontífice principal,
luz y cabeza mayor.
El que aquí nos ha traído
de Roma a Jerusalén,
él nos mostrará también
el fin a que hemos venido
a ver nuestra madre. Entremos,
pues veis que a su puerta estamos.
Vamos, Pablo, mas veamos
quién son estos que aquí vemos.
El uno Diego parece,
y el otro Felipe es.
Pues el tercero es Andrés,
algún misterio se ofrece.
Entran Felipe y Diego y Andrés.
dicen que entra Santo Tomás, Andrés, San Simón, Juan y Matías. Caen de rodillas y después que estén a la mesa cantan.
Llegando a San Pedro y San Pablo.
Yo no sé, en subiendo un estruendo,
y un fuego se fue encendiendo
y en el aire levantando.
Y volviendo a ver a quien
de Siria me iba sacando,
hállome que estoy al lado
dentro de Jerusalén.
Secreto fue del cielo,
o fuerza divina y maña,
pues que tan bien se apaña
en dar a un mismo suelo.
Mas veis si es Felipe o qué,
no lo hemos de ver aquí.
No lo sé, mas veis allí
do viene Bartolomé.
Entra Bartolomé.
Pues, ¿qué es esto? ¿Dónde me veo?
Jesús, ¡válgame Dios!
Entra Mateo.
¡Ah, los mis amigos!
Como quien me llama: ¡oh, buen Mateo!
¡Oh, mis Judas amigos!
¡Oh, Simón! ¡Oh, buen Matías!
¿Dónde bueno es vuestra vía?
Entran los dichos Santos.
No lo sé, el cielo se cerró,
solo sé que entrado acá,
en la cual nos juntamos,
y todos nos admiramos
de un notado asaz caso.
Es un misterioso caso,
pues a Dios que sea por bien
venir a Jerusalén
con tan presuroso paso.
Aquí están nuestros hermanos,
oh, santos compañeros.
¡Ay, amigos verdaderos!
Dadme vuestras santas manos.
¡Ah, Dios, en qué parará
el ver tantos amigos juntos!
¡Ay de mí, que barrunto
el alma tiene temida!
Veis aquí a Pedro también,
y a Pablo en su compañía.
¡Oh, alegre y dichoso día
en que mis ojos os ven!
¡Oh, mis fieles compañeros!
¡Oh, varones singulares,
de la religión pilares,
y de la iglesia luceros!
¿Es posible, ay, Dios, que veo
repartidos tan diferentes
amigos, amigos presentes?
¿O es que sueño, o es devaneo?
¿O parto d'esta suerte
que veros tengo morir en breve?
No duermo, y agora velo,
y si duermo no me dispierto.
¡Oh, Cristo, bien de los bienes!
Pues lo ordenas todo tú,
enséñanos, buen Jesús,
para lo que aquí nos tienes.
Vamos a ver entretanto
a nuestra Madre y Señora,
pues esta es la casa en que mora,
o alcázar digno y santo,
pues ellos ahí tienen de mí
que muy llorosos están.
¡Ay de ti, afligido Juan,
que el Jesús no te crio ansí!
Dulce Jesús, no estéis ansí.
¡Oh, Virgen, madre y señora!
Amos, en buen hora estéis.
Ya, Jesús, ya bien podéis
desatar esta alma fuera,
pues que ya cumplido veo
el regalo que os pedí.
Cúmplase también en mí,
oh, Dios, que es hoy mi deseo.
Pues, ¿qué sentís, Reina mía?
Ay de mí, si no estáis buena.
Siento por que daros pena
y por partirme alegría.
Mi esposo me llama y lleva
a gozar de su reposo.
¡Ay, triste caso y penoso!
¡Ay, amarga y triste nueva!
¡Ay, desconsolado día!
¡Dolor que insufrible y fiero!
¡Ay, señores, que me muero!
¡Oh, afligida suerte mía!
¡Ay, Jesús, con cuánta razón
nos hemos hallado aquí!
¡Ay, amigos, ay de mí!
¡Que se rompe el corazón!
Ah, Juan, mirad que me aflijo,
dejad por mi amor el llanto.
Dejad este llanto tanto.
como a hijo os lo ruego,
mándooslo como a hijo,
a Pedro, a Pablo que en esto,
amigos, templa el dolor.
Dadnos vos, señora, favor
porque no se pierda el seso.
¿Quién conoce a quién podrá
y sentir dolor tamaño,
si aquel tiempo soberano
de veros se acabará?
Librar nuestros enojos
si los dolores más fieros
se quitan un solo en veros
con la virtud de los ojos.
Ay Pedro, dejad agora
esa memoria señor,
que con ella el dolor
más se aumenta y empeora.
Amigos, el llanto baste,
no sea más de lo que debes,
y pues el tiempo breve
no es bien que en nos se falte,
y aquestos míos contentos
en este dolor amargo.
Harto tiempo os queda largo,
por agora estadme atentos.
Mi hora se va acercando
y es llegado en lo fin,
y para mi testamento
las cosas siguientes mando.
El alma a Dios que la crio,
y lo que queda de bueno
todo es suyo, no es ajeno,
y así lo conozco yo.
A Él la admita y la reciba
con afable alegre cara,
porque con su vista clara
vida eterna goce y viva.
Tu cuerpo que más ventura
quien terna valón jamás,
pues eres tierra, tendrás
en la tierra sepultura.
Aguarda en Jesemaní,
a que el alma tuya y mía
goce en tu compañía
el bien que se s[per]a por ti.
En esta mesma acera,
en dos casas de este padre,
viven dos pobres honradas
de perfecta vida entera.
A estas dos se les darán
como a queridas y hermanas
esas dos ropas más sanas
que mi mal deja a castas.
Las demás pobres personas
que en esta casa se alegren,
se den a Pedro. Lo ordenaron
Pedro y Juan, miren albaceas.
Oh triste y penoso cargo,
Virgen, cuál humano pecho
podrá en este trance estrecho
sufrir dolor tan amargo.
¿Qué es esto de que lloráis?
¿Qué es lo que agora sentís?
Hoy ha de ver que os partís,
y cuando solos nos dejáis.
¿No os parece esta ocasión
para que llorar se deban?
No, sino para hacer prueba
de un prudente corazón.
¿Quién podrá tener paciencia
cuando es insufrible el daño?
Bueno es sano, ¡qué engaño!
Pues no cesará un hora.
No, que no me ausento agora,
que más presente estaré,
pues del cielo os he de dar
mil favores cada hora.
Y pues voy a ver mi Hijo
y con afición me esperáis,
esfuerza esa pena fuera,
celebrar mi desposorio.
Ya voy, mi bien, mi alegría,
mi Jesús, cordero manso,
mi reposo, mi descanso,
mi gloria, mi luz, mi día.
Recibidme entre esos brazos,
Hijo querido y de Dios,
y pues me habéis mostrado vos
amor que da a brazos,
escogisteisme por madre,
ya veisme aquí en tal
estado. Sin igual
con bendición dotada.
Pues quien este bien alcanza,
a quien tal madre es dada,
no pide con mal de ruego
sino bienaventuranza.
Yo la pido. Yo la quiero
y no por el salario,
que solo en Él vos fío.
Tener la esperanza muero,
quedad y adiós,
abrazadme y adiós.
Su bendición os alcance
para que de un lance en lance
subáis a su gloria vos.
Abrazaos, fasta que Dios.
Mas, ay, tierno corazón,
Dios os dé su bendición,
tomad. Recibid la mía,
consolaos. Su poder
en este dolor amargo,
con que aquí se acaba el cargo
que de mi guarda tenéis.
Adiós, adiós, Pablo y Pedro,
y pues donde hay pena acude,
Él os valga y os ayude
con su poderosa mano.
Dios os dé, amigos, el pago
de vuestra visita y celos,
y confirme allá en el cielo
congojáis en la tierra bajo.
Dios vivo con todos quede,
a todos consuele y guíe,
a todos su gracia envíe,
y a todos dé el bien que puede.
Divino esposo, luz del alma mía,
infinita bondad, bondad primera,
ya esta alma venturosa sale afuera;
de mis manos, todas las dejo al fin.
Sé tú mi guardador, oh Virgen pía,
porque pase sin ruido de esta tierra,
dulcísimo Jesús, espera, espera,
juega el cuerpo, en flaqueza ya se empía.
Oh gente angélica, oh santo coro,
que aquí solemnizáis mi regocijo,
ya voy, ya voy, divina gente santa,
y a ti, Jesús, mi gloria y mi tesoro.
Recíbeme en tus manos, dulce Jesús,
que ya la voz se ata en mi garganta.
Llore este oh triste día,
ay amigos, Jesús lloro.
Ay mis entrañas, ay pecho,
ay mi madre, ay mi María.
Ay Pedro, mirad por Dios
si es verdad que ya ha expirado.
Oh divino cuerpo amado,
ay mi Juan, mirad do vos,
hablo alma pura, ¿dónde estás?
Alma santa, ¿do te alejas?
¿Es posible que me dejas,
que no he de verte más?
El alma de gloria llena,
sí que has de tener memoria
en medio de tanta gloria
de tanta aflicción y pena.
Oh fuerte pena da dolor,
dolor triste y lastimero;
llorar por bueno quiero,
que sin vos ya de dolor.
Pues ya se acabó el mirar
lo que al corazón recrea,
todo vos, oh figura,
en lugar de ver, llorar.
Oh soberano y cabello,
me dejas llorar, Señor,
pues a Dios principio damos
del santo resplandor dello.
Oh fiente de mar fiti lito,
donde estaba mi consuelo,
donde me mostraba el cielo,
oh nuevo paraíso.
Oh oiesos hermosas vellas,
a escusar siempre enseñadas,
angélicas embajadas
y a Dios mismo envuelto en ellas.
Oh claros ojos divinos,
luceros celestiales,
e qos para quitar males
y detener los indignos.
Oh boca en quien Dios se cro,
el bien del género humano,
pues que con tu diestra mano
y muriera contino.
Oh sagrado cuerpo tierno,
donde sin humana mano
se cortó un bello gusano
para el sacro verbo terno.
Donde el cuatro do lo saue
tomó carne y se humilló,
donde cupo y se encerró
el que en el mundo no cabe.
Ha dejad el llorar vano,
ay por quel pecho lloro.
Pues mirad señor que es tarde
y acá lo fuera ya;
ojalá tan tarde fuera
que la vida se acabara,
o a le jazer nos sacara
como estáis de sa manera.
De se llorar no se saca
sino aumentar la pasión,
ni el fuego del corazón
con esta vmidas se aplaca.
Es verdad que es uno el grave,
pero no le alivia el llanto,
no le alivie, crece tanto
que se acaba de o que me acabe.
Oh Cristo nuestro maestro,
Eterno Dios Soberano,
en viade vuestra mano
consuelo al co le pio vro.
Y su santa alma que está
separada de tos enojos,
vuelva a estos claros ojos
y nuestro dolor verá.
Oh livia nuestra ansiadura,
para que demos, señora,
a tu santo cuerpo ahora
su debida sepultura.
Cubrid este cuerpo fiel
con este limpio velo,
más digno del alto cielo
que la tierra digna de él.
Esta palma, Pedro amigo,
llevad, ya que a vos conviene.
Llévela Juan, quien la tiene,
pues sois de su mano querido.
No, que vos sois la cabeza
de la Iglesia y principado.
Vos, señor, sois el delgado
de la Virgen a limpieza.
No os hagáis más de rogar,
que nos la he de llevar yo.
A vos la Virgen la dio,
vos la habéis de llevar.
Ahora bien, yo no me atrevo
a contradecir en nada,
mas yo la tomo prestada
y como vuestra la llevo.
Él es del vuestra, y lo será,
Felipo tene de ay,
vos Diego, pasad aquí,
llevemos el cuerpo ya;
Pablo, vos a que este lado,
y remos juntos los dos.
Oh cuerpo do quiso Dios
estar metido y cifrado.
Andrés, mi hermano, allí en frente,
de aquel lado no sea parte.
y Mateo de esta parte,
aqueste lado sustenté,
vos, Juan, de aquí adelante
caminad. Amigos, vamos.
Y mientras allá llegamos
algún cántico se cante.
Este es el propio lugar
donde quiso el alma pura
que se diese sepultura
a su cuerpo singular.
Bajad, amigos, la mano,
poned el cuerpo con tiento.
¡Oh venturoso aposento!
¡Oh peñasco soberano!
Hoy se deposita en ti
un cuerpo do un alma estuvo,
que el cuerpo a Dios padre tuvo
y el cuerpo a Dios hijo en sí.
La piedra con que se cierra
el sepulcro echad encima.
¡Oh piedra de más estima
que jamás se vio en la tierra!
¡Ay, Señor, ay, mi sol, se
esconde la luz tan presto!
Callad, Juan, lo bueno es esto.
Mira lo que hacéis,
amigos, tened cordura,
no se os vaya el tiempo en lloros.
¡Ay, han encubierto tesoros!
¡Ay, sagrada sepultura,
guarda, oh mármol consagrado,
el bien que de ti se ha de encargar.
Oh gloriosa y de María
qué tal joya ha alcanzado.
Pedro Santo, ¿qué haremos?
Sin el bien que aquí dejamos.
Juan amigo, quedos, vamos,
y mañana volveremos.
Quédate en paz, cuerpo puro,
con Dios quedes, cuerpo santo.
Oh gozo y duro llanto.
Oh canto gozoso y duro.
Entranse todos y dice Cristo y Pedro y de arriba:
Alto, amigos, levantemos,
mostrad fuerte el corazón,
que no faltará ocasión
de llorar en la ciudad.
Ángeles, bajad al punto
al cabo de esa piedra dura,
porque con el alma pura
suba el puro cuerpo junto.
Que, pues, el mundo en el suelo
el mejor lugar que había
quiso darle en este día,
el mejor lugar del cielo
subid, paloma querida,
que el invierno ya pasó,
la tempestad se acabó
y la viña ha florecido.
Mostrad, oh virgen clara,
suene vuestra voz en mí,
que es muy dulce para mí
ver hermosa vuestra cara.
Oh Hijo, ¿quién deseará
de mí, ha sido esta venida?
Por no quitaros tal vida,
no os era la muerte dada.
Santísimo abrazos,
oh dulce y glorioso velo.
Venid, oh Virgen, por premio
de estos virginales brazos.
Oh mi madre, oh madre amada,
sentaos, Virgen, a mi diestra,
que esta gloria toda es vuestra,
por vuestra humilde pasada.
De los cielos sois señora,
de los ángeles servida,
de las queridas querida,
de honor emperadora.
Y en gran razón que asista
que esta gloria a vos conviene,
madre que tal Hijo tiene,
no es mucho que tal posea.
Aquí salen los apóstoles.
No es mucho, pues es razón.
Venid, que a mi Padre os llevo.
A daros del reino nuevo
pacífica posesión.
Ángeles en mi memoria
celebrad mi regocijo,
que es gloria de un buen Hijo
tener a su madre en gloria.
Ay, Pedro, que tanto habrá
que murió la madre amada.
Tres días ha que está enterrada.
Ay de mí, que tres días ha.
Si Tomás yace en la vía,
al sepulcro hemos venido
a cantar en este olvido
voces de gran melodía.
Es señal que el cuerpo santo
los ángeles lo entretienen,
y del cielo van y vienen
sobre aquel dichoso canto.
Ay de mí, cómo he tardado,
que no estaba aquí al morir,
pero no me tengo de ir
sin ver su cuerpo sagrado.
Ya que de las Indias vengo,
una tan larga jornada,
no me he de volver sin nada,
a adorar su cuerpo tengo.
Pues veis aquí, mis amigos,
la dichosa sepultura.
Oh, morada santa y pura,
yo te adoro y te bendigo,
yo te bendigo y adoro,
preciosa piedra divina,
pues de ser marfil te dignas,
tan rico y sacro tesoro.
Levanta, Pedro, esta losa.
Juan, tened, que no resbale.
Oh, qué olor divino sale.
Oh, suavidad milagrosa.
¿Y el cuerpo, Pedro, do está?
¿Qué es de el cuerpo? Juzgad.
Ay, Jesús, Rey soberano,
que os lo habéis llevado allá.
Dejara, Señor, Señor,
esta prenda acá siquiera,
porque nuestro alivio fuera
en este triste dolor.
Ay, Pedro, mirad qué pasa.
Oh, caso de grande espanto.
Oh, cuerpo divino y santo,
cómo habéis mudado casa.
Oh, cuerpo sagrado a quien
para mi consuelo invoco,
para vos el suelo es poco,
solo el cielo os viene bien.
¿Qué es esto que está a un lado?
Ay, mi Juan, veis aquí el velo
con que se cubrió en el suelo
el cuerpo santo sagrado.
Tachado: juº / y esta a sido la armonia
Oh, dichosa y santa toca,
oh, soberanos despojos,
yo te adoro con los ojos,
con el corazón y boca.
Y a aquel cuerpo santo y puro
que vimos en vos envuelto,
y agora ligero y suelto,
de su gloria y bien seguro.
Justa cosa ha sido, cierto,
que este cuerpo que aquí estuvo,
pues en sí la vida tuvo,
que no esté más tiempo muerto.
Y esta ha sido la armonía
que hemos sentido, Señor.
Y estos son los olores
que han salido aqueste día,
celébrese en la memoria,
solemnícese este hecho,
pues es en nuestro provecho,
y para la Virgen gloria.
No hay que detenerse, amigos,
a Dios las gracias rindamos,
que ha querido que seamos
de tanta gloria testigos.