إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de En el remedio está el daño. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/en-el-remedio-esta-el-dano.
N.º 3.
Comedia Nueva
En el remedio está el daño, de un
ingenio de esta Corte
Personas
Viriato.
Marco Aurelio, pretor.
Servilio, cónsul.
Valerio.
Aurelio.
Fabricio.
Camila, hermana de Aurelio.
Porcia.
Azafrán.
Ha de haber una arboleda en el tablado, y bajan de lo alto acuchillando a Valerio, Fabricio y otros tres soldados, y dicen bajando los primeros versos, y luego desciende por la misma parte Camila y Porcia, y por la última puerta del tablado sale Viriato y Azafrán.
Muera, pues que se resiste.
Pues que no se rinde, muera.
Pedazos habéis de hacerme
antes de lograr la empresa.
Valerio, esposo, señor.
Soldados, pues, ¿cómo desta
suerte contra un hombre solo
esgrimís las armas vuestras?
¿No miráis que es vituperio?
Dejadme a mí porque sepa
que aunque a muchos se resiste,
uno solo hay que le venza.
Rendidos, pues, de Viriato
os halláis en la presencia.
A sus pies, señor, mi espada
está rendida, y con ella
ofrezco también la vida,
mas esto con advertencia
A sus pies.
que si no fuera a la tuya
a ninguna se rindiera.
Y también una mujer
infelice, te presenta
por mérito su humildad
y al perdón segura llega,
pues siempre paces juraron
el valor y la clemencia.
Y con ella otra mujer
más desdichada y más necia,
pues ella sus males sigue
y yo a sus males y a ella.
Levantad todos del suelo;
vos porque fuera bajeza
en mí ajar aliento tanto;
y vos porque en mi honor fuera,
cuando por cielo os admiro,
tener el cielo en la tierra.
Y porque la admiración
de veros aquí me fuerza
a saber quién sois, decidme,
qué fortuna, qué tragedia,
qué suceso, qué fracaso,
qué infelicidad, qué pena,
aves errantes sin norte,
sin tino, sin guía y sin muestra,
a manos de mis soldados
os trajo desta manera.
Pues ya que, haciendo la salva
a nuestra suerte, deseas
saber nuestra historia, y quién
somos, oye, y considera
que en mi vida y mis sucesos
los desta dama se encierran,
como principal motivo
que los causa y los fomenta.
Prosigue, que la noticia
se animare con las veras,
como si ella a mis designios
nuevos ardides abriera.
Yo, señor, soy español,
Mérida es mi patria; en ella,
entre delicias suaves
pasé la infancia primera.
Y pasando desta edad
a la juvenil, la inquieta
furia con que los romanos
asolaban nuestras tierras,
me obligó a seguir a Marte
en su militar escuela;
y en breve tiempo salí
primores dando a sus letras,
pues los rasgos de mi espada
son los libros de su ciencia.
Seis mil españoles fuimos
a resistir la soberbia
de los romanos, a tiempo
que ya sus águilas eran,
sí, en portátiles celajes,
escándalos de la tierra.
Junto a Tarife les dimos
campal batalla, y en ella
a no sernos la fortuna
poco estable, y muy adversa
pues no hizo sino empezar
a dar dichosa una vuelta
en favor de nuestra saña
cuando volvió a deshacerla,
bien presumo yo que entonces
España libre se viera
del yugo que Italia hoy
en su infeliz cuello aprieta,
pues siendo en fin según armas
su ventaja manifiesta
con tal brío acometimos
y embestimos con tal furia,
que el sol se pasmó de vernos,
crujió del peso la tierra,
del horror se mudó el ave,
del choque tembló la fiera.
Tres veces desbaratamos
su ejército con ofensa
numerosa de los suyos
y ninguna de la nuestra,
cuando a encorporarse vuelto
otra vez con más violencia
los embestimos juzgando
ser más felice la empresa.
Pero el cielo, que con pluma
de diamante tenía puesto
en su libro para Roma
la victoria y la tragedia
para España, en un momento
Contra nosotros engendra
tan fiero huracán, tan grande,
que sin haber resistencia
con el polvo nos ahoga
y con el humo nos ciega,
de forma que los romanos
recuperados con esta
dicha, o socorro que el hado
les dio en la línea postrera,
tanto en nuestras vidas cansan,
y tanto en ellas se ceban,
como carniceros lobos
cuando con hambre violenta
entre las feroces uñas
tienen asida la presa.
A orillas de Guadiana,
y entre sus rubias arenas,
los más soldados hubieron
sepulcro infeliz, y adversa
urna, y los menos, señor,
aprisionados, ¡qué pena!,
fuimos llorando desdichas
y acrecentando miserias
pues con esto al fin Viriato
a España le abrió las puertas
para entrarse por su casa
sin ninguna resistencia
mas tú, que tus armas riges,
enarbolas sus banderas,
sus estandartes tremolas,
y sus pendones despliegas,
no ignoro que aquesta dicha
la sabrás como primera
causa de tus nobles iras;
mas dígola porque entiendas
de raíz que mis sucesos
unos a otros se encadenan.
En Mérida, como he dicho,
que hoy segunda Roma huelga,
por milagros nuestras ruinas
y por blasón nuestra ofensa,
prisionero en el palacio
del pretor estuve. Aquí entra,
haciendo la bisagra,
armarse la dulce guerra
de Cupido, que en las almas
la introduce y la fomenta.
Camila, mi hermoso dueño,
que aura yace en tu presencia
con la humildad más valiente,
su hermosura, y más suprema,
hija es del pretor y yo
esclavo de su belleza;
que este es el blasón más grande
que mis hazañas ostentan.
Vila un día en un balcón
de su casa, pero atenta
la vista en sus bellos ojos,
fijó todas sus potencias;
loco quedé de mirarla,
bien que fue locura cuerda.
Pues nunca es más entendido
un hombre que cuando llega,
ya que se pierde, a perderse
por hermosura perfecta.
Yo, que hasta aquí no sabía
ni del amor la violencia,
ni el imperio de su hechizo,
ni el veneno de sus flechas,
para conmigo pasaba
un nuevo encanto, una guerra
que estar sin ella sentía
mucho más que estar con ella.
Fui pasando desta suerte
entre cuidados y penas,
entre angustias y desvelos,
ansias, zozobras y quejas.
Y después de un largo sitio
de favores y finezas,
después de mil baterías,
de paseos y asistencias,
y después de asaltos muchos
de suspiros y tristezas,
logré, en más grandes favores,
más llanas correspondencias.
Pero fue de calidad
mi ceguedad indiscreta,
que abrió brazos a muchos
para que lo conocieran;
porque es lince la malicia
que al fin todo lo penetra.
y así, dándole a Camila
aviso desta sospecha,
pues si su padre o su hermano
nuestros amores supieran,
poco su vida y la mía
para su venganza fuera;
y así ella, determinada
con este aviso y resuelta
a ser mía, su albedrío
todo a mi afecto le entrega;
y yo, hallándome cercado
para que mi esposa sea
de imposibles y peligros,
de poderes y de fuerzas,
resuelvo que con la fuga
logre amor nuestras promesas;
y esta noche, cuando todos
en la dulce entorpecencia,
en el letargo süave
de Morfeo daban treguas
a la vida, en dos caballos,
que por lo veloces eran
o partos propios del aire
o de su región cometas,
salimos, sin que ninguno
en la ciudad nos sintiera.
Y al pie de aquesa montaña
que Alcides mejor sustenta
a los cielos, estuvimos
hasta que del sol la nueva
venida salió anunciando
la aurora, vertiendo perlas,
galgos siguiendo la fuga,
mis soldados nos encuentran,
y pidiéndoles con ruegos
y obligando con promesas
nos dejasen, que nosotros,
señor, a sus manos mesmas,
iríamos sin llegar
por padrina a la violencia,
no quisieron, y por fuerza
su poca atención me empeña
a que, sacando el acero,
les hiciese resistencia;
llegaste tú a aqueste tiempo,
pero si llegaste apenas,
cuando, conociendo en ti
más valor y más prudencia,
a tus pies puse mi espada
y mi vida, corta dádiva
de quien espera, señor,
si tú acaso se lo aceptas,
con la vida y con la espada
siendo un rayo en mi defensa,
ponerse, a pesar de Roma
y sus águilas soberbias,
el cetro de oro en la mano
y el laurel en la cabeza;
aunque sabéis soy Virïato
y veis que mi espada ostenta
darle temor a Roma,
y porque veáis se precia
mi entendimiento que no
se ha hallado en mí más nobleza
que la que adquirió mi espada
que mi memoria se emplea
solamente en lo que fui
de sonde mayor grandeza
pues que he de servir de ejemplo
a los que solo se acuerdan
de la fortuna en que se hallan
y no se humillan a la adversa
que tuvieron y ansí en prenda
porque de hoy más firme sea
entre los dos afianzada
quede la correspondencia
y por pagar con mi historia
las noticias de la vuestra
de quien soy y de mi vida
agora he de daros cuenta.
Agradecido te escucho
tanto mi fineza espera
Los que al origen de mi ser se hallaron
dicen que humildes padres me le dieron
pero lo que a mi sangre le negaron
los cielos a mi aliento concedieron
pues huérfano mis mayores me dejaron
con que si noble no feliz me hicieron
pues porque no llegase a despreciarlos
dicha fue la desdicha de ignorarlos.
Guadiana un caudal de tales bríos
que porque el común feudo pagar tiene
que le pagan al mar todos los ríos
veinte millas se arrastra vagamente
mas viendo que no bastan sus desvíos
y teniendo por clara y por corriente
la obligación que a tributarle empeña
de una empinada roca se despeña
A un eminente risco da las manos
con una aldea que a sus pies codicia
de edificios tan poco cortesanos
que aun tiene el sol con ellos avaricia
mas si fábrica fueron de villanos
ya se ve que han de estar a la malicia
sino es ya que los tiene así postrados
verse siempre del tigre amenazados
Aquí pues me crie con la rudeza
que me enseñó la bruta compañía
del tigre a quien manchó naturaleza
y del león a quien armado cría
de ninguno envidiando la fiereza
y aprendiendo de todos la osadía
siendo sobre lo atroz mi ardor distinto
que era el tener razón que aquellos instinto
Y al oso que vestido de infinito
asombro el monte de temores llena
tal vez la vida entre mis brazos quito
por quitarle robada una colmena
con que si de lo dulce del delito
satisfizo en lo amargo de la pena
y al banquete de miel sanguinolento
porque de acíbar le nutrió mi aliento,
fue mi ejercicio de pastor, bajando
los espacios de una áspera montaña,
con que pasé algún tiempo fatigando
con mis voces y silbos la campaña;
pero dejólo presto, reparando
mi inclinación a esta quietud extraña,
pues mal entre corderos se hallaría
quien de león el corazón tenía.
A bandolero me pasé, y hallados,
en breve tuve muchos forajidos,
porque, como dejaba los ganados,
fue fácil encontrar con los perdidos;
con que el león y yo de aquellos prados
fuimos luego monarcas parecidos:
el rey de fieras ásperas y austeras,
y yo, rey de unos hombres que eran fieras.
La libertad de España apellidaron
los que a mi devoción se redujeron,
y a infestar los lugares comenzaron
que de Roma la ley servil siguieron;
muchos este pretexto celebraron
y sacudir el yugo resolvieron,
con que de mis impulsos cada día
menguaba el riesgo y el rumor crecía.
Diez mil hombres son ya los que llevados
del fin de mis gloriosas atenciones,
puniendo en más cuidado mis cuidados,
mis cuadrillas hicieron escuadrones,
con que hoy tienen ya plaza de soldados
los que ayer la pasaron de ladrones,
y el robo con que oprimo la campaña
si ayer era delito hoy es hazaña.
Con el decoro, pues, de estos segundos
renombres que he adquirido, mil altares
harán mis hechos raros y profundos
que vengan, a pesar de mis pesares,
cortos a mi ardimiento entrambos mundos,
y estrechos a mi nombre entrambos mares,
dando la duración perfiles gratos
a la memoria de los Viriatos.
Otra vez me da los pies,
varón heroico, que asienta
el alma a renombre invicto,
con rendimiento venera;
feliz mi fortuna fue,
que, ya culpa o hado adversa,
pues a tus pies me ha traído,
y para que más lison-
-jero ejercicio has de hacerme
soldado, para que puedan
dar calidad a mi brío
tus marciales experiencias.
Mis brazos el desempeño
serán de mi gusto; plega
porque en ellos reconozcas
mi estimación.
Pues espera,
que porque de entrambos une,
a ser el empeño venga,
es menester advertirte
que la principal empresa
que trujo a Viriato de España
solo ha sido a poner su tienda,
aquel orgullo que en su busca
de gente estos bosques puebla,
y aun juzgo que, con noticia
del sitio que ocupar piensa,
lo que has de hacer, que esta espada
yo haré que alentada y diestra
cometa parezca al lado,
cuando a su lado acometa.
Tampoco sus prevenciones
mi altivo espíritu alteran,
que yo mesmo a sus designios
les tengo de abrir la puerta.
Vasalla he de presentalle,
mas mire que si hoy yerra,
este es el día que a España
de dura opresión liberta;
pues si una vez a triunfar
llegare de su grandeza
Viriato, y minoradas
viese las romanas fuerzas,
a sus águilas, que toda
la esfera del orbe vuelan,
les he de cortar las alas,
dejándolas de manera
que aun plumas para escribir
su estado infeliz no tengan.
Inmortal su nombre viva,
y tributándole vea
todo el ámbito que el Tíber
con foso deja sin cerca,
cuanto el Ganges fertiliza
y cuanto el Nilo pasea,
hasta que a morir sangrado
por siete diluvios entra;
cuidado de que se vale
para dar mejor las señas
de lo mucho que ha corrido,
pues hecho pedazos llega.
Señora, venid adonde
descansaréis, ya do os llena
de ricos afectos más
que de afectadas riquezas.
Hallaréis mi habitación,
sirviéndole en la apariencia
inculto jardín el bosque
y brutas torres las peñas,
y al cristal podéis miraros
deste arroyo, pues de fuerza
será vuestro espejo el que es
espejo de las estrellas;
que, pues no hay que murmuraros,
poco importa que a la lengua
del agua fieis lo más
perfecto de la belleza;
y aquí de todas las ninfas
lisonja a un tiempo y ofensa
seréis, si acaso Diana
prevenida no os destierra
de las selvas por temor
que os juren deidad las selvas.
Antes bien, Marte invencible,
siguiendo vuestras banderas,
luciré yo de amazona
en su militar escuela.
Al arma, pues, que asistido
de socorro tanto, intenta
mi esfuerzo dar a su patria
timbres y coronas nuevas,
y a pesar de los designios
de la enemiga soberbia,
la libertad viva.
¡Viva,
guerra contra Roma!
Guerra.
Éntranse, y Azafrán detiene a Porcia.
Guerra.
Téngase usted.
¿Para qué?
Para no caer.
Yo no
temo el caer, porque yo
no he visto hasta agora en qué.
¿Luego en mí no ha reparado?
Mal he mirado. ¿Qué quiere?
Mentira la que dijere
que estoy hombre malmirado;
mas, ¿cuánto va que la digo
mi nombre y mi origen todo,
para que sepa el modo
que se ha de portar conmigo?
Mas, ¿cuánto va que no espera
mi flema a saberlo ya?
Pues solo por eso lo ha
de escuchar, quiera o no quiera.
Yo nací y no fui abortado;
criéme gordo y fornido,
mire si soy bien nacido,
mire si soy bien criado.
Si yo diera nueva en ello,
ya me hubiera vuelto loco;
nací morenillo un poco,
por eso volví tan bello.
El agua en que me lavaron
hecha una tinta dejé,
y tanto después lloré,
que todos se espantaron.
Y mi padre con afán,
viendo que dar no sabía
gusto, qué color tenía,
dijo: "llámenle Azafrán".
La parida, que a la cuenta
mi madre era: "no le des",
dijo, "ese nombre, porque es
el muchacho una pimienta".
Conque hallarse no ha podido
de hombre común nada en mí,
porque desde que nací
persona especial he sido.
Bien que de los hados fieros
siempre el pecho azares llora;
pues todo el año, señora,
lo paso haciendo pucheros;
y hallándome en este estado,
por poderme conservar
mejor, todo un olivar
de aceite compré fiado.
Mas como tan larga pausa
el dueño en la plaza halló
la justicia convocó
y yo viendo que la causa
por que prenderme quería
no era aquesto, es cosa llana,
ni mi madre ni mi hermana,
sino era una deuda mía,
dije: «Por ajenos yerros
a mí no me han de prender».
Y esta es la causa de haber
dado por aquestos cerros,
que aunque algunas malas famas
digan que aquesto de hurtar
por el monte es saltear,
no es más de andar por las ramas.
Bien, ¿y de eso qué sacamos?
Sacamos que vusted nos diga
su nombre.
Es vana fatiga
y en gastar el tiempo vamos.
Vuelva vusted, señora dama,
y por qué le pregunté
su nombre sabrá.
¿Por qué?
Por saber cómo se llama.
Eso es lo que ignorará.
Pues no será desatino
venir vusted como vino
y aún no decir agua va.
No, que es esta bizarría
preheminencia que tenemos
las romanas que podemos
en trances de Romanía.
Y yo usar del mismo modo
de mi privilegio aquí,
que soy azafrán, y así
me puedo meter en todo.
Y si me oye, se nombra
Porcia, que bien puede ser,
quédale algo más que hacer.
Porfía, ¡ay!, por fiar,
pues solo falta a mi historia
para acabar sin desgracia,
ya que es, como es, su gracia,
el saber cómo es su gloria.
Esto fuera al ser mi cara
tal que al lidiar con despejo
con la luna del espejo
se viera y se recatara.
A mí mal no me parece;
quien no parece, perece.
¿Qué hace en esta soledad?
Tener lo que yo tuviere,
sea amor o lo que fuere.
Esta fuera liviandad.
Oiga, así tenga salud:
ser pesada una mujer
no es vicio.
Sí.
Luego el ser
liviana será virtud.
Yo soy un peñasco fiero
que ningún fuego recela
El peñasco nunca es tela
que cuesta mucho dinero.
Palma soy, a quien el peso
jamás rinde ni desalma.
Créolo, porque la palma
también da fruta de cuesco.
No tiene esta selva oscura
mata más dura que yo.
Luego que a mí me mató,
dijo que era matadura.
Vanse, y sale el pretor Aurelio y acompañamiento.
Aqueste, romanos, es
el paraje, este es el sitio
en que el infiel Viriato,
con las tropas de bandidos
que le siguen, se recoge.
De aquí en los pueblos vecinos
sembró tantas sediciones,
tantos escándalos hizo;
mas hoy, primero que el día
que del sol a beneficio
nació en cuna de diamantes,
muera en lecho de jacintos,
he de castigar sus yerros
y he de dar a sus delitos,
con la prisión escarmiento,
o con la muerte suplicio.
A tu lado verá el mundo
que mi brazo, siempre invicto,
como te hereda la sangre,
te ha sucedido en los bríos;
y este herrado bandolero
que hace al imperial dominio
oposición, probará
de aqueste acero los filos.
Ay, Aurelio, que no solo
fue mi principal motivo
para dar apresurado
el comenzado designio,
castigar a Viriato,
sino el haber prevenido
si por aquí encontrar puedo
alguna seña o vestigio
de tu hermana.
No le des
nombre, señor, tan indigno
de mi infamia y de su agravio,
hasta que en sangre teñido
su pecho muestra sea
de mi enojo vengativo.
Estos impulsos, Aurelio,
de mi ardimiento son hijos,
¡oh, quién los viera logrados
como los ve repetidos!
Lo que ha de obrar la fortuna
es lo que no está en mi arbitrio,
que no quita al emprenderlo
valor el no conseguirlo.
Yo sé de mí y de mi aliento,
que aunque mil veces he visto
cerca el peligro, jamás
me ha embarazado el peligro;
esto es lo que ofrecer puedo,
Y lo que yo de ti fío,
y porque esta verdad veas
Que en las muestras acredito,
hoy el batallón primero
de mi ejército lucido,
has de gobernar, Jasienes,
puesto de tu sangre digno;
desempeña en él tu orgullo,
alterado y persuadido
a que el logro sea ventura,
señal de lo que te estimo.
Pues la facción no dilates,
que en mí un rayo baja impelido
de la región de mi esfuerzo,
que el monte bajando altivo
he de penetrar lo más
escabroso de los riscos.
Sale Fab.
Señor, ¿a qué aguardas, cuando
en batalla el enemigo
ya con sus tropas te espera,
y en vez de haber fugitivo
escapádose, le vemos
a pelear reducido?
Este arrojamiento es
afecto de su delirio,
y su desvanecimiento
le guía a un precipicio.
Póngase en orden la gente,
que ya irritado apercibo
a su locura el escarmiento,
yo a su arrogancia el castigo;
para esta cuadrilla basta
sola una voz de Fabricio.
Vanse, sale Azafrán.
Dentro ruido de batalla.
Al miedo que hoy España
con ardid ha de vencer,
que adonde falta el poder
allí es menester la maña,
pues Viriato con afán
estudiando varios modos
burla ya enemigos todos
sin encargarle a Azafrán,
mientras la caballería
en orden que peleaba,
o dando a entender marchaba
al monte la infantería,
al enemigo ha embobado
con tenerle entretenido,
la gente al monte ha subido
y tal puesto habrá ocupado
que la orden es tan estrecho,
que tres hombres juntos no
caben a pasarle, y yo
con esta industria sospecho
que ha vencido a los romanos,
y aura ha fingido huir
y ellos en su alcance han de ir,
y han de caer en sus manos.
Ya huyen y tocan arma
y los enemigos siguen,
su alcance, mas se persiguen.
Viriato, encargo de mi alma,
va con muy grande valer;
lo que viene a suceder,
a empeñarse ha comenzado,
la batalla se ha trabado.
Todo es confusión y horror,
nada el riesgo le embaraza;
llegó el término al castigo
del cruel romano enemigo,
que a su gente rechazara.
Yo quiero haber esta gloria,
que me acusa la tardanza,
porque siempre entre en la danza
si se danza en la victoria;
pero hacia aquí un hombre viene
huyendo con triste afán;
sin espada, de azafrán
la maña este hombre no tiene,
y pues que mi amo juró
que tengo de darle muerte,
un hombre viene a mi suerte,
a darle en la coyuntura
este ha de ser.
Sale Fabricio huyendo sin espada.
Sin espada
quieres matarme, inhumano.
En esto solo, romano,
por aquesta vez me agrada,
a que muera me prevengo,
y entraré con el asalto.
Si por esto es, luego saco
seis doblones que aquí tengo,
que no hay más.
Te he de matar.
Y luego podrán ser míos,
pues por el aire esparcidos
los enviaré yo a buscar.
Das luego lo que hallares,
no hagas tal, que antes tomares,
será mejor que vayas arrojar.
Dame los que ya te pido.
Perdón a mi triste vida.
Vase Fabricio.
Ponte al instante en huida,
aunque no muerto, va herido
desta trinchera este pobre,
que lo que manda nuestro Viriato
a mi espada debe el trato,
que con otro fuego cobre.
Temo que ninguna arma traiga,
que si trae podrá ser
que en lugar de darle a él,
él me dé, y seré quien caiga.
Pero aquí viene mi amo,
peleando ya con un viejo
que bien le zurra el pellejo,
a lo cual mi acero llamo.
Salen Viriato acuchillándose con el pretor que ha de venir herido.
No ha de quedar este romano
que lleve la nueva
A cuyo inimitable brío
llena de pasmos el orbe,
el rojo acero suspende,
pues si a mi vida se opone,
fallezca el amago, cuando
está llevado el golpe.
Ya muero.
Aguarda, no mueras,
di que te mató mi estoque,
que con esto de mi amo
ejecutaré la orden.
Sale Cam.
Cielos, aquí de mi padre
me llaman fúnebres voces,
ya sus ecos repetidos
vago el corazón responde.
¿Qué es esto, Señor y dueño?
Cae dentro
Esto es que el cielo dispone,
hija ingrata, que la mancha
con que has deslucido torpe
de la púrpura romana
yo con mi púrpura borre.
Ya de su muerte me pesa,
pues me adquiriera mayores
triunfos haberle rendido.
¡Ay de mí, triste, arruinose
el más heroico edificio
de la vida, más noble
al no dispensado plazo
la parca el estambre rompe,
y al corazón compasivo
las libres alas encoge;
ya a mi garganta la pena
con nudo apretado pone,
la respiración me falta.
Tente, señora, y no emboces
en la nube de tu llanto
tan divinos arreboles.
Cae desmayada en los brazos de Viriato
Piadosos cielos, valedme.
¡Oh, ley del dolor enorme!
Que presto de sus claveles
la pompa huyó y qué veloces
el oriente de su cara
apagó los resplandores.
Sale Val.
Vuestro valor no flaquee,
invencibles españoles,
el día es vuestro, logradle,
mas, ¿cómo, en brazos de un hombre
Camila, sin que su vida
a sola mi voz recobre?
Con el asombro
de los bélicos horrores,
y el dolor de haber visto
que vertían galas, flores
del campo, la sangre que
animaba el pecho noble
de su padre, que mi espada
fue quien hizo más veloces
a los pasos de su vida,
vencer se dejó y sus soles
al ocaso de un desmayo
hacen en mis brazos noche,
yo la traslado a los vuestros
porque a seguir su desorden
me convidan los contrarios,
pues viendo sus escuadrones
que son de lino sus vidas
toman por sagrado el bosque.
Sígueme, Azafán.
Favor,
y a matar a cualquier hombre.
Vanse Viriato y Azafán
Siendo así que reconoce
mi cuerpo, que otro desmayo
busca entre batalla y bosque,
¿qué es lo que me pasa, cielos,
si son verdad mis temores?
Si Camila me ofendía,
y al verme y ver que se opone
al incendio de mis celos,
se turbó de su fuego móvil,
o cause tanto el rigor
sin que el recelo la postre,
aqueste desmayo finge;
mas como a sus pundonores
el escrúpulo se atreve
y la sospecha se opone,
no es el rosicler más puro
de esa antorcha de los orbes,
que temiendo que la mancha
de alguna nube le toque,
los divinos caballos
lava en el mar cada noche;
mas yo con celos me rindo
a la confianza dócil
de un discurso que errar puede,
si a no me advierte más noble,
pudo obligar a Camila
a este desmayo el desorden
de ver a su padre muerto,
del dolor, al ver, en fin,
¡Ay de mí, infeliz!
Cóbrase del letargo.
Sácale un puñal de la cinta, y al ir a darle con él, le ve y túrbase.
Yo en los brazos
de mi enemigo más tigre
esta ocasión mi venganza
aunque el peligro lo estorbe
venga una romana noble;
mas Valerio es pródigo
mi injusto error.
¡Cuán furiosa
mi desdicha, ay ingrata, ay fiera!
Si para que más me asombre
quieres añadir tus iras,
señor, a mis suspensiones,
mira...
Ya he mirado que finge
esas lágrimas atroces
el engaño en que mis ojos
dorada ponzoña sorben,
y aclararon las traiciones.
¡Cruel recelo villano!
¿Por qué ciego te dispones
y has dispuesto a declararse
celos, si en las razones
que Camila oyó al tiempo
de ir a ejecutar el golpe
arrancándome el puñal,
quiere en esta acción el noble
discurso otra vez decirse
que no tan ciego te arrojes?
pues que dijo así la ofensa
venga una romana noble
de su padre de que es claro
que a su dolor los rigores
de venganza se juntaron,
y aunque ella al verme turbose
y mi oído no ha escuchado
diferencias en sus razones
de esto dice, no te admires
pues serán sus turbaciones
de ver cuántos desengaños
nacido han de sus temores,
y si escondida discurre
dirá él por sí mismo, logre
la satisfacción pues puede
por se recatar con fianzas
y nota que amante admite
de quien causa sus temores
pero porque en fin recelo
salgas de mi engaño torpe
y pueda dar el castigo
justo premio a tu desorden
Argos seré desde hoy
de Camila y sus acciones
(Sale Viriato y apartan)
el cuidado de este desmayo
me trae, y a que invencible se logre
saber que ya la victoria
pues ya a aqueste ameno valle
que padre de tantas flores
a costa las alimenta
del cano sudor del monte
donde aljófares sembrados
espesos granates coge
y a que se unan danse a Dios
la república conforme
ha mudado de moneda
pues ya en sus jurisdicciones
no corre estaño, la plata
que con el romano corre.
inmortal renombre viva
y en repetidos clamores
al más apartado clima
lleve la fama su nombre
a vos se debe el decoro
deste día, los honores
desta dicha son tan vuestros
que por dueño os reconocen,
y un senado después
que en urna excelsa repose
de vuestro padre el cadáver
todo aquello que merece
deste despojo tendréis.
tantos laureles coronen
vuestras sienes que de Dafne
la fiel memoria se borre
de lo que al cielo que Apolo
el triunfo adquirido goces
que así engañado mi amante
rayos por la vista arroje
pues él en su mismo engaño
busque las satisfacciones
aunque también de mí luego
será justo que las logre
La recato ya en defensa
de mi castigo, me opones
diciendo que, como sufro,
la festeje y me enamore;
no atribuyas los consejos
a declarados favores.
Vamos.
Ea, dadme penas,
venganza, que a otro golpe
no hay sufrimiento que baste.
Vanse.
Piedad, cielos, que a rigores
del recato muchas veces
no hay resistencia que importe.
Vayse.
Y yo, que ahora no he hablado,
ya menos habladores
me tendrán. Quien que diga
alguna razón que importe
que he de decir, pero vaya,
que la jornada acabose.
Fin de la primera jornada.
Salen Viriato y Ozafán.
En vano Roma porfía
en desestimar mi esfuerzo,
que a costa de sus estragos
mayor cuidado le observo.
Diez años ha que por mí
está cortando los lienzos
de su fama, sin poner
línea de victoria en ellos.
Seis ejércitos le he roto
en campal batalla, haciendo
mi nombre más dilatado,
menos temido su imperio.
Más de ochenta mil romanos
en estos cortos reencuentros,
infelizmente la vida,
sino la opinión, perdieron.
Nueve veces el senado
ha mudado de gobierno
en España por poner
a tanto daño remedio.
Finalmente Serviliano,
que de tantos el postrero
a mi ruina se dispone,
quiso aventurar el riesgo,
y para más empeñarme,
a Lusiana sitio ha puesto,
ciudad de importancia mucha,
a quien gobierna Valerio,
mi nuevo capitán, digno
de las honras que le he hecho.
yo que para socorrerla
ejército igual no tengo,
con mucho de mi osadía
y algo de mi industria entiendo,
hacer que el cónsul levante
el sitio, y para este efecto
de Mérida te he sacado
a donde mis tropas dejo
acuarteladas, que agora
para la facción que emprendo
solo a ti te he menester.
Señor, has perdido el seso.
para levantar un sitio
puedo yo ser de provecho
si ello fuese un testimonio
de un soplo nomás, bien cierto,
por más pesado que sea,
a levantarle me atrevo.
luego tienes miedo tú.
miedo solo no, que tengo
susto, asombro, sobresalto,
temor, espanto y recelo,
con que vengo a tener toda
la generación del miedo.
¿miedo en forma?
en forma no,
pero en materia, pues creo
que en materia de esto a nadie
darle la ventaja debo.
mas tengo una propiedad
con que suplo este defecto.
cuál es.
¡que otro que sea más
valiente bien puede haberle,
pero más gallina no!
allá las chanzas dejemos,
que no quiero yo perder
con tus locuras el tiempo.
ni yo el juicio con las tuyas.
la aurora vecina temo
que nos descubra; anda aprisa.
nada sé yo hacer como esto.
hacia atrás vuelves, villano.
como es escuro y no veo
lo que hago.
ya me cansan
tus burlas.
pues no burlemos.
yo vengo para algo aquí.
para llevar este pliego
a la ciudad.
¿y por dónde
este hidalgo y yo entraremos?
por medio de esos cuarteles.
¿y es cosa de echar por medio
estando ellos más cerrados
que la noche?
sí, que emprendo
que, mientras me retiro yo,
a ti te hagan prisionero
y que la carta te cojan.
¿y dices de veras eso?
tan de veras que si aquí...
No sé qué das y revuelves,
a que te prendan no aguardas,
y después de haberte puesto
y examinado, no dices
que yo en Mérida me quedo
y que a Triana te envío,
te haré pedazos.
El pliego,
para que no tenga a qué ir.
A la puerta el ventero.
Ya aquel hermoso lucero
de la venida del día
me avisa alegre y risueño,
y Favonio despereza
su centinela cumpliendo.
Si será verdad que a mí
me está sucediendo aquesto.
Si seré yo quien
a meterse en tanto aprieto,
yo debo de estar dormido,
mas qué fuera que durmiendo
me prendieran por hacer
que se me soltara el sueño.
Si no me engaña el oído,
ruido hacia esta parte siento.
¿Quién va allá?
Quede esto así.
Azafrán, de aqueste puesto
no te apartes, y yo, ya
que arma tocada les dejo
de la novedad, al susto
y del rumor, al estruendo
en la plaza, a introducirme
procuraré, y si en el pleito,
con púrpura rubricada
ha de quedar en mi acero
una acción que no la borre
la sorda lima del tiempo.
Vase.
¿Quién viene allá?
Mucho aprieta
el sueño, como va siendo
de día.
No me responde.
Es que soy, según sospecho,
hombre que ni va ni viene,
señor, y al «quién va», por esto,
ni al «quién viene», no responde.
Pues yo sé que si me acerco
le haré hablar más que de paso.
¿Sabe con qué me consuelo?
¿Con qué?
Con que, aunque más me haga,
no ha de pescarme el coleto.
¿Por qué?
Porque no le traigo.
Pues, ¿qué armas trae?
Eso es bueno.
Desatino en reparando
que fui tan bruto y tan necio
que me puse a este peligro,
porque en siendo bruto, es cierto
que había de venir con carga.
Si de la luz los reflejos,
aun no del todo distintos,
y oscuros los acentos
no me engañan, te conozco.
Pues si eso es así, bien puedo
decir que no estoy vendido.
A buen tiempo es el gracejo
donde los tratos de aceros.
Cuando los romanos fueron,
vense de tan malos tratos.
Él se hace loco sin serlo.
Mi cabeza es la que tiene
la culpa, que en un momento,
pensando en que son sus tratos,
de cuerda, loca se ha vuelto,
queriendo de día claro
que este papel, claro siendo,
no lo quieran ver, pues han,
aunque no quieran, de verlo.
Señor, advierte que esconde
no sé qué.
Miradle presto.
¡Oh, traidor! Aquesta carta
que va ocultando en el pecho.
Quítale la carta.
Yo no hago papeles, señores,
que el que traigo me le dieron.
¿Quién se le dio?
Viriato.
¿Para quién?
Para Valerio.
No es el caso de muy poca
importancia; leed, Aurelio,
esa carta para entrambos.
Con esta atención la leo.
Lee.
«Aunque la mucha importancia
de esta plaza me hace tanta fuerza para
intentar su socorro, hállome con tan
pocas para poder emprenderlo, que me...»
Ha parecido daros esta noticia para que
antes que el enemigo la tenga tratéis de
capitular con él, procurando sacar los
partidos de nuestra mayor conveniencia,
pues para ahora todos serán fáciles, y para
después se podrían hacer imposibles.
Viriato.
¿Qué os parece?
Que ha temido
Viriato como cuerdo.
Español debe, lealtad
me ha pagado y así quiero
perdonarle su viaje.
Prosigue, toma tu pliego,
quedad vos para hacer que nadie
impida a aqueste correo
el paso de ese servicio,
sea este topacio el premio.
Vivas la edad de tu fama,
vivas los años de un cuervo,
pareciéndote, señor,
como en la vista en el pelo,
porque nadie si te viese
pueda, echando de sus verbos,
tenerte por simple, cuando
te tuvieres por compuesto.
Vanse Fabio y Azafrán.
Aurelio, nuestra es la plaza.
Ya que seguros del recelo
tenemos de su socorro,
todos descansar podemos
de tan continuo trabajo,
y sin pena o desvelo.
Dices bien, que a los soldados
algún ocio es bien que demos
después de tantas fatigas.
Pues arrimen todos luego
las armas, y pues tan claras
de los sitiados sabemos
que se han de rendir, hagamos
muy a gusto los conciertos.
Como a vasallos, y no
como a extraños los tratemos;
que si la suerte me ayuda,
de Viriato en el cuello
indócil he de fijar
la coyunda del Imperio.
Vanse, y sale Viriato y Valerio.
Con este ardid, amigo, sea segura
el suceso mayor de mi ventura,
pues en mis pocas fuerzas confiado
estará el enemigo descuidado,
y mientras su violencia
no considera, ya sin resistencia
le haremos si se logra mi deseo
que llore ruina el que cante trofeo.
No se llama valiente
quien no llegó a los fines de prudente;
porque precipitada la osadía
temeridad será, no valentía.
Solo este nombre con razón procura
quien el valor casó con la cordura;
que cuando libres hoy, divinos cielos,
estando
con Camila, mi esposa, me amenaza
otra vez vuestro asedio, urgiendo en ella
a Viriato que prevenga defensa della.
Agora, pues, con tan secreto ruido,
que a ser llegar no pueda comprehendido,
me has de juntar la gente de la plaza,
y de ella cuidadoso
un escuadrón me has de formar vistoso,
con que yo sin rumor y sin estruendo
de repente embistiendo
al enemigo haré que sus soldados,
del no esperado asombro arrebatados,
piensen, a nuestro intrépido alboroto,
que la tierra padece terremoto,
y al ver las peñas disparar centellas,
que se vienen abajo las estrellas.
Obrarase del modo
que tú lo ordenas y dispones todo,
y ten, señor, por cierto, que en mi gente,
que es tan buena la gente
de aquesta guarnición, que afirmar puedo
que la muerte verán, pero no el miedo.
Pues a la ejecución, Valerio amigo,
que ya por norte racional te sigo,
que antes que en veloz paso
solicitado efeto del ocaso
la tierra deje sin reflejo alguno,
por coronar de rayos a Neptuno,
me verás añadir a mi memoria
la más insigne y célebre victoria,
que a la posteridad, contra su olvido,
papel de bronce tiene prevenido.
Vase.
Salen Camila y Porcia.
Dime de qué tan suspensa
has quedado.
Ya supiste,
Porcia mía, aquel suceso
tan raramente infelice,
cuando, por hierro insensato,
dar muerte a mi esposo quise;
acción pareció culpable,
siendo ignorancia invencible.
También supiste lo mucho
que me costó persuadirle
a la verdad de mi engaño,
porque su afición no quise
que por libre me tuviese,
pues fuera cosa insufrible
teniéndome el alma presa
dar mi voluntad por libre.
Siendo, pues, de Viriato
a mis oídos horrible
el nombre desde aquel día
que de mi padre los timbres
yacerlos dejó anegados
en piélagos de rubíes,
y deseando sacar
de confusiones tan viles
a Valerio, procuré
poner con medios posibles
fin a un recelo tan fácil,
y olvido a un odio tan firme.
El gobierno desta plaza
dio paso menos difícil
a aquestas dos conveniencias;
a ella con Valerio vine,
donde, dándome la mano,
despojó porque confirme
mi opinión, nuestras dos almas
lazo indisoluble ciñe;
y cuando lograba alegre
las delicias que permite
amor, felizmente dulce, y
dulcemente felices,
turbaron esta quietud
las armas de Roma insignes,
que hacer quieren contrastable
esta ciudad invencible;
para cuya resistencia
vino en ella a introducirse
mi enemigo, a quien agora
hablar con mi esposo viste;
y de suerte me ha alterado
su vista, que persuadirse
pudo a novedad mi llanto.
Calla, señora, no indiques
de menos noble tu sangre,
si eterno en tu pecho vive
tu enojo, que no es razón
que, si así para adquirirse,
de quien te dio el ser te acuerdas,
del ser que te dio te olvides.
Ay, amiga, que ya ves
que es verdad cuanto me dices,
y de probar por ti quiero
si tu advertencia me sirve
para poder alabarme
de que supe reprimirme.
Ruido de batalla dentro.
Ya la batalla parece
que comienza; el cielo anime
nuestra gente, y a mi esposo,
de tanto peligro libre.
Yo vo a apostar que los nuestros
con tanto coraje embisten,
que se los llevan de calles,
siendo cada cual terrible
río a quien la presa sueltan
que su movimiento impide.
Vuelven a tocar.
Mucho el encuentro se alarga,
y dura sin decidirse
la duda, pues la porfía
con que airados se compiten,
publican con sus clamores
las cajas y los clarines.
Tan desigual el poder
contrario es, que si se mide
con nuestras fuerzas, es fuerza
que falten o que peligren;
mas el valor y el afecto
con que nuestra gente sirve,
aun de mayores sucesos
dichosas premisas rinden.
Dentro: ¡Victoria por Viriato!
Y el eco agradable oíste
de aquellas voces por quien
albricias mi amor recibe.
Sale Azafrán.
Todo se acaba, aquí estaba
buena.
Azafrán amigo,
¿qué vienes diciendo?
Digo
que hasta la muerte se acaba.
¿La muerte?
Sí.
¿De qué suerte?
Como en lo que hoy se ha empeñado
tanto es lo que se ha gastado,
que ésta ha causado la muerte,
tan grande el estrago ha sido.
Lo que ha sucedido di
sin rodeos.
Hele aquí
todo lo que ha sucedido.
Yo...
Muy bien lo has empezado.
Del meismo modo que estoy,
aunque ahora carne soy,
fui esta mañana pescado.
Mi amo, que en él tanto fiaba,
a estos fuertes escuadrones
cogiolos como ratones,
andaba haciendo la gata;
mas, sin llegar el suceso,
luego lo hube entendido,
que hacerse oveja había sido
para armársela con queso.
Al punto que en la ciudad
él entraba, yo allá fuera,
confesaba, mas no era
el punto de la verdad.
Veníanme convoyando
como amigos, cuando vieron
tantos los que aparecieron
sin saber cómo ni cuándo,
sobre nosotros metidos
en hacer un mal recado,
que yo quedé bien parado
y los otros bien corridos.
Pero en lo que yo no sé,
que mucho todos sabían,
fue en que, aunque todos caían,
se estaba la duda en pie.
Mas mientras los de la junta
tomaban resolución,
los de aquesta guarnición
rompieron por una punta.
Y luego quedó rotado,
aquel costado se abrió,
el ejército se partió
con gran dolor de costado.
Conque por las demás partes,
llenos de medrosas cismas,
volaban como unas mismas
águilas sus estandartes.
Allí vierais admiradas
de la algazara y estruendo,
los alféreces huyendo
a banderas desplegadas.
Otros, temiendo esta fragua,
en el río se metían,
porque todos no valían
sus orejas llenas de agua.
Los elefantes poltrones,
con sus famosos colmillos,
por arriba eran castillos
y por abajo leones.
Pero, perdiendo el recelo,
pasaron en la ocasión
por moneda de vellón,
aunque eran gente de pelo.
Y con uno en la ribera...
25
enfadado a mi amo vi,
si no es de echar de ver,
porque era una bestia fiera;
mas él, borrando la pompa
con que la fama le aclama,
no le deja para fama
porque le costó la trompa.
Los que infantes se decían,
como unos niños lloraban,
y esotros que a pie no andaban
como caballos corrían;
con que, para que se acuerde
de volverse por acá,
el honor romano va,
que rabia pero no muerde.
Cómo de mi esposo no
me has dicho cómo ha librado.
Yo no vi más que a un soldado
medio cabeza rompido,
y aunque uno dijo que chasco,
y no verdad, había sido,
que me quemen si al herido
se lo trujeron al casco.
Tocan a marchar y salen Viriato con bastón, Aurelio sin espada y Valerio.
Aquí a Valerio tenéis,
señora, que con valor
en su ausencia mi atención
juzgo que culparme habéis,
de que el gobierno debía
a la salida excusarle,
mas no me atreví a dejarle
por la falta que me hacía,
y volviéndole a atraer
parece que he disculpado
el haberos le llevado
cuando le hube menester;
mas si con esto aún no halláis
vuestro agasajo dichoso,
yo no os llevé más que esposo
y os traigo esposo y hermano.
Con tal liberalidad,
cuando acreedora me hacéis,
pagáis tan bien que ponéis
en duda mi voluntad.
Ya podéis sin embarazos
gozar de vuestro sosiego.
Con vuestra licencia llego
a dar a los dos los brazos.
Porque cese en mí la calma
hasta aquí mal resistida,
y, asegurando la vida,
se vuelva a su centro el alma;
y porque en mí con verdad,
del enojo presumido,
el escrúpulo vencido,
se confirme la amistad...
Abrázanse.
¡Cielos! En esto más ninguna
ha de ser vuestra clemencia,
qué querrá de mi paciencia
la siempre opuesta fortuna.
De su sangre y de su honor
nos ha estado Aurelio dando
buenas muestras, peleando
con no imitado valor;
pues ya cuando todo el norte
de su ejército marchaba,
y el puerto desocupaba,
Tan firme estaba en su puesto
que a todos puso en cuidado
cuantas veces hazañoso
peligró lo valeroso
de achaque de desdichado.
Con que a su brazo medidas
destreza y resolución,
he comprado su prisión
a costa de muchas vidas;
y así para desempeño
de su heroico proceder
os quiero, Camila, hacer
de tanto despojo dueño,
para que ni él pueda así,
gozando agasajo tal,
culparme a mí de que mal
alojamiento le di,
ni vos podáis en rigor
acusarme de avariento,
pues joya tal os presento
conociendo su valor.
Porque quedemos así
desempeñados los dos,
yo le guardaré por vos
y le asistiré por mí.
(Ap.)
Ya piadoso el cielo quiere
que dé a mi ofensa el castigo;
quien abriga a su enemigo
dicen que a sus manos muere;
pues aquestos que tiranos
mi torpe afrenta disponen,
cuando en mis manos se ponen
quieren morir en mis manos.
Venid, que el difunto coche
del sol, que fénix sin plumas
muere a renacer de espumas,
cuelga bayetas la noche,
y pues es fuerza que estéis
rendido con la porfía
y penalidad del día,
será bien que descanséis.
Cuarto tenéis sin cortina
ostentación prevenido,
pero en que estaréis servido
asimismo que en la campaña,
y para su desempeño
una alhaja de interés
estimación tiene que es
la voluntad de su dueño.
Para que la noche escasa
y sin horror llegue a ver,
me basta solo el saber
que la paso en vuestra casa.
(Ap.)
Venid para que lucida
con que vos la habéis honrado
se advierta, y de más premiado
y en dicha no merecida
aunque solo quede en fiera
pena, pues que de enemigo
recela, aunque le castigo,
en su jactancia persevera
diciendo: tendré en mi casa
a quien (¡oh, qué sentimiento!)
puede hacer (con fiel pasión)
que la ceniza se abrasa,
y tú pon sin dilación
donde vencidas adviertas
que se franqueen las puertas
del cuarto y del corazón.
Si abres, como lo sospecho,
las del corazón fiel,
me verás entrar por él
a arrancártelo del pecho.
Vanse Aurelio y Camila y quedan Azafrán y Porcia
prevenida,
que no había
de estar bien, por vida mía.
¿Tengo cama que se halla?
¿Cómo cama? Una camaza
como de aquí a aquel rincón,
pero no hay más de un colchón,
que es de papel de estraza.
Mujer, mira cómo hablas,
colchón de papel, ¿qué es esto?
¿No gustas que no se ha puesto
mejor papel en las tablas?
Por eso, de tener su
invención nueva me agrada,
que la cama está colgada,
así lo estuvieras tú.
¿De frisa agora que aprieta
el calorcito?
Eso es risa.
Pues que cortinas de frisa
en este tiempo es bayeta.
¿Hay sillas en mi aposento?
Un banquillo hay como así.
Un banco me basta a mí
para estar en el asiento.
Hay alacena,
muy buena.
Pues segura está mi fama,
aunque me falte la cama,
como yo tenga alacena;
nunca de la ración huyo.
Pregunto, ¿y en el salón,
para mi contemplación,
hay algún retrato tuyo?
Porque en cuanto digo y trato,
me ratifico, que soy
firme, constante, y no soy
mujer que yo me retrato.
Pues fuera bella pintura,
porque tú eres abultada,
que si te vieras pintada
habías de ser gran figura.
¿Tienes más que preguntar?
Pienso que no.
Pues a cama.
Ah, lo que se me olvidaba,
y allá para irme a acostar,
¿habrá alguna luz?
Ninguna.
¿Hay espejo?
Uno muy viejo.
pues bien está si hay efeto
de nuevo a verme a la luna
Vanse y sale Viriato con una luz, y en comenzando a representar, la pone sobre un bufete
el hombre que ha de ser causa
en un riesgo se introdujo
aunque es mucho lo que adquiere
es lo que aventura mucho
ahora que sin cuidado
todos al sueño profundo
sus desvelos libran y
sus cuidados sustituyo
dados y que victoria grande
mas si no la continúo
dejará de ser victoria
en el marcial estatuto
triunfo que no se conserva
no se ha de contar por triunfo
qué sé yo si los romanos
que han visto que su descuido
de la facción intentada
el lauro quitarles pudo
quieren por el mismo lado
borrar el blasón augusto
que la fortuna tirana
hoy a mis hazañas puso
qué sé yo si se rehacen
sus escuadrones prácticos y astutos
y juzgando a mis soldados
como yo también los juzgo
cansados y dormidos
se van acercando al muro
que hallando en el asalto
resistencia a sus impulsos
se me entran en la ciudad
y siendo los medios unos
la pérdida del primero
restauran en el segundo
pues no ha de ser desta suerte
que no ha de ser su orgullo
conseguir el mismo fruto
llevando aquel triunfo
velando estaré hasta el alba
y antes que se quite el luto
el cielo que viste siempre
mientras está el sol difunto
reconoceré las murallas
y en los puestos más ocultos
doblaré las centinelas
procurando del futuro
daño preservar mis armas
con particular estudio
que esta es la mayor defensa
pues solo estará seguro
en la tempestad quien nunca
en el descanso lo estuvo
Salen Aurelio con un puñal desnudo en la mano y Camila medio desnuda huyendo
aguarda que aunque te esconda
la una bajeza lo oscuro
morirás porque a la luz
de mi escarmiento te busco
¿Dónde, ay cielos, hallaré
puerto a tantos infortunios
que es esto quien de la noche
violenta el silencio mudo,
y con rumor de estas salas
pisar los umbrales pudo.
Un infeliz que a tus plantas
atroz destino condujo.
Y una mujer, nombre en quien
cualquiera desdicha cupo.
Camila, Aurelio, ¿qué es esto,
que si atento lo discurro,
con la duda me embarazo,
con la novedad me ofusco?
Ya, señor, sabes la causa
que mi arrojamiento pudo
tener para despertar
de este mensaje el anuncio.
Esta hermana desleal
con quien mi sangre desluzco,
me ha detenido en España
hasta vengar el insulto
con que de su nacimiento
profanó el decoro puro;
y ahora, mal resistido,
mi coraje me redujo
a una acción precipitada,
y de la ocasión me ayudo
para ejecutar mi enojo,
pues ya que la casa juzgo
recogida, a mi venganza
colérico me aventuro.
Entro a desatar resuelto
con este puñal el nudo
que de mi dueño a desprecio
huyó de los dos el yugo;
a la luz, pues, de una vela,
que de la vida trasunto
señas son que hace la muerte
sus movimientos caducos,
desnudándose a Camila
encuentro, y ella, en mi susto
y en su celo, anteviendo
de mis intentos el rumbo,
huye advertida el amago
del golpe, que aún no ejecuto.
Sígola, porque después
tenía en Valerio seguro
la venganza, que entregado
le juzgué a un sueño profundo;
que si despierto estuviera,
de el valor no dudo
que aun a costa de su vida
la librara el sañudo
rigor mío, y entre sombras
que voy pisando, al tumulto,
aunque breve de sus huellas,
la casa toda discurro;
pero cuando ya el acero
para su castigo empuño,
tu autoridad la preserva,
pues te ha servido de indulto
contra el rigor de mis manos
al llegar a los pies tuyos.
Dentro Valerio.
¡Ay de mí, favor!
De Valerio es jaque; escuche,
señor, y aunque Aurelio agora
darme la muerte dispuso,
es mi hermano, y de la suya
librarle piadosa procuro,
que esta piedad ya conviene
como aquel odio sañudo,
de su persona defiende
así los cielos.
Su culpa
más piedad que mi infamia;
muera yo, que así presumo
que quedaré más airoso.
¿Qué dijera de mí el vulgo
si ese riesgo no atajara
el valor con que me ilustro?
Aurelio, entraos aquí dentro.
Señor.
Yo de aquesto gusto,
no repliquéis.
Entrase.
Ya obedezco.
Va.
Vivas infinitos lustros,
que yo por estotra puerta
a mi cuarto me conduzco,
por ver si hallándome en él
más a mi esposo aseguro.
¡Oh, qué puede un agravio!
Sale Valerio en jubón, con la espada desnuda.
Rumor, que jamás le hubo
en mi casa cuando falta
Camila del lecho suyo,
¿qué puede ser, mas qué puede
dejar de ser pesar duro?
No avives más la sospecha,
recelo, que tu discurso
me matará.
Valerio es.
En más tormentos fluctúo
viendo ora, Viriato,
ya mayor fracaso arguyo,
¿quién perturba mi sosiego?
Yo; vuelva quietud, protervo.
Valerio, pues, ¿qué os altera?
Un feudo infame, un tributo
que sobre el honor el yerno
de la vanidad impuso;
ya veis que esta casa corre
por mi cuenta, y así cuido
de asegurarla; dejad,
pues no ofendo vuestro culto,
que yo ataje mi recelo.
A aqueste cuarto, que ocupo,
entrar yo en él está
bastantemente seguro;
Con todo eso, lo he de ver.
Pone la mano en la espada, y sácala.
Mal desatenciones sufro;
esta es la puerta, por donde
se entra en él.
Recelo injusto;
pocas evidencias bastan,
pues son los temores muchos,
pues como cuando mi honor
En la atención vuestra fundo,
dais lugar a que le asalten
recelos viles e impuros.
Aparte.
Aparte.
Aparte.
A su esposa ha echado menos
y teme que yo la oculto;
sin duda no sé qué medio
siga en lance tan confuso.
Si le satisfago, falto
a mi obligación; si ayudo
su sospecha, la acredito;
con que dos daños enduzco:
a él de ofendido le hallan,
y a mí de ofensor me culpo.
¿No me respondéis?
Aparte.
¿Qué haré,
que todo lo dificulto?
¿Qué duda puede tener
mi mal, si testigos mudos
en mi deshonra se ponen
sin sombra de disimulo?
El torpe cuerpo vestido
y el limpio acero desnudo.
Aparte.
Querer perder un soldado
tan valeroso no es justo,
su honra es lo que importa
y saber dónde le encubro;
pero ¿cómo puede ser
si con mi empeño no cumplo?
Primero soy yo que todos,
y así, a callar me reduzco.
Ya que tan poco pudiere
mi sangre, tan poco pudo
con vos mi valor, que aun una
satisfacción no os escucho.
Valerio, los hados fieros
casos disponen tan raros
que pudiendo aseguraros
no puede satisfaceros.
Ellos son los que a encenderos
y a embarazar me han llegado,
poniéndonos en estado
en que posible no ha sido
que vos quedéis persuadido
sin quedar yo agraviado.
En tal confusión me veo
que me hallo obligado aquí
a dejar de hacer por mí
lo que hacer por vos deseo.
Que a vuestra sospecha, creo,
mi espada desnuda ayuda,
y vuestro agravio sin duda
verdad hace, mas mirad
que no es esa la verdad
aunque más la halléis desnuda.
Que esta hoja, que aun os enoja,
solo a acreditar salió
que los hombres como yo
no pueden volver la hoja.
En ella, con tinta roja,
veréis, si a verla llegáis,
que escrita la muerte halláis;
solo a fin confuso abismo
de que no sepáis lo mismo
que me está bien que sepáis.
Yo vuestra ofensa no emprendo
y en tan no emprendido hacer
solo os ofendo en dejar
que penséis vos que os ofendo.
Y en mi culpa no pretendo
de otra disculpa ayudarme
si es que esta puede bastarme
para disculparme, pues
no hay en mí más culpa que es
el no poder disculparme.
(aparte)
Si en confusión semejante
cielos, se habrá visto alguno
de los hombres; si a perderme
intrépido me aventuro
aún más, que a mi vida labre
a mi opinión el sepulcro,
pues si ella es quien me ocasiona
ya por ella misma es justo
aguardar mayor examen
de las dudas con que lucho;
porque cuando soy venciendo
los pesares a diluvios,
Etna que incendios exhalo,
áspid que ponzoña escupo,
esta cordura medrosa
nadie presuma que anduvo
menos osado mi aliento,
pues de mi cólera triunfó,
cautelosa la advertencia.
(aparte)
Asunto medio por honra
para deshacer el hierro
que dio a tanto mal asunto.
(aparte solo)
Quién hubo pena tan grande
Quién tan grande empeño hubo.
Que dé un susto muerte a quien
aún no dio la muerte susto.
Qué engaños del mundo toma
quien pone terror al mundo.
¡Fiero azar!
¡Lance cruel!
¡Horror grave!
¡Horror injusto!
Temiendo busco mi daño.
Penando mi acierto busco.
Fin de la Segunda Jornada
Jornada tercera de En el remedio está el daño
Sale Viriato
Cuidado la confusión
me costara de Valerio
a no hallar en su improperio
cómoda satisfacción,
y cuidado me causara
el peligro en que se ve
Aurelio, a no ver que fue
mi ser quien le reparara;
que a un tiempo me vengo a ver,
sin poderlo yo evitar,
con uno a quien amparar
y otro a quien satisfacer.
La parte primera, pues,
que a Aurelio tocó, cumplida
quedó con librar su vida,
y la segunda después
con darle la libertad.
Y habiéndola conseguido
con haberle referido
a Valerio la verdad,
que sabiendo la venganza
que Aurelio intentar quería,
porque tener no podía
de castigarle esperanza,
y conociendo el engaño
que por ocultarle yo
pudo concebir, llegó
al puerto del desengaño.
Evidencia a que añadí
poco menos importante
circunstancia que al instante
de la ciudad me salí.
Dejando así la prudencia
de mi esposa más segura,
que a ser fácil su hermosura
no fuera fácil mi ausencia.
Y para que menos quepa
en él presunción tan loca,
le he de enviar donde a boca
del mismo Aurelio lo sepa;
y llegue al mayor estado
que el valor ha conseguido,
de los extraños temido,
de los propios envidiado.
Y pues el hado fiel
a mayor destino,
me importa buscar camino
para conservarme en él.
Poderosa la malicia,
que siempre en los enemigos,
y también fue en los amigos
poderosa la codicia;
pues no puede suceder
que en un tan penoso azar
mi vida aquellos comprar,
y estos mi opinión vender.
Quién lo duda, pues en medio
de escrúpulo tan extraño,
ya que reconozco el daño
quiero poner el remedio.
Roma es la ciudad que doma
Llégate allá y no te muevas
de Aurelio a vano temor,
puesto que de embajador
el salvoconducto llevas;
y asienta en las paces llano
Quinto Servilio Escipión,
que sucedió con razón
en el gobierno a su hermano,
aunque su rencor cavila
trazas que para matarme,
yo procuraré ajustarme
con los deudos de Camila,
logrando, si bien lo miro,
cuando en esta acción te empleas,
tú la quietud que deseas
y yo el descanso a que aspiro.
Quédome tan obediente
que pesadumbre me has dado
verme en esto interesado,
pues como el favor presente
resulta en mi conveniencia,
temo que con impiedad
quite mi comodidad
el mérito a mi obediencia.
Ap.
De tan cuerdo caballero
y bizarro he de fiarme,
desta suerte asegurarme;
vete y lo demás espero.
Si hablar a Servilio voy,
con Aurelio convinio,
es fácil goce de alivio
de tantas zozobras hoy;
las condiciones que pones,
porque los Romanos suelen
tener malas condiciones...
Ap.
Tú las dispondrás mejor;
huyo el arbitrio, ha de ser,
porque estrecharse el poder,
suele tasarse el valor;
este mi designio es.
Ap.
No sé si honor tanto hácese.
Dame los brazos y vete.
Apártanse cada uno.
Quédate y dame los pies.
Véngase así mi desvelo.
Así mi dolor se impida.
El cielo guarde mi vida.
Vanse cada uno por su parte y salen Azafrán y Porcia.
Ampare mi honor el cielo.
Aquí, bellísima Porcia,
derramado Azafrán tienes,
que a quitarte dos mil canas
viene gustoso y alegre;
pues por ti, romana hermosa,
Azafrán romí se vuelve.
¿Cómo en mi ausencia lo pasas?
Que mi amor te busca siempre;
si deste Azafrán te habían
quedado algunas especies.
Mucho la fineza estimo,
pero a mala ocasión vienes,
porque mi señora ahora
a este jardín bajar quiere,
y si te ve soy perdida.
Helo aquí, porque me puede...
ser sino un hombre, pues dame
una mano, y volvereme.
No puedes, e irte tampoco,
porque temo que se encuentre
mi señora en el camino.
¿Qué es esto que me sucede?
En mucho peligro estamos.
Grave empeño.
Lance fuerte.
No sé qué parte pudiera
buscar en que te escondieses.
Pues no habrá siquiera alguna
cazuela donde meterme.
Yo presumo que estarás
oculto si te supieses
en uno de esos naranjos.
No, que toma fácilmente,
como es un poco curiosa,
por azar puede cogerme.
Ten, que otro medio mejor
y más fácil se me ofrece:
aquí hay una piel muy grande
de una serpiente, que tiene
más de dos varas de largo;
y si tú en ella te envuelves,
y entre las hierbas te pones
asustándose de verte,
que cara y manos escondas,
yo tengo por evidente
que pasarás por pellejo.
Si aquesto nomás pretendes,
para parecerlo, yo
no he menester esconderme.
Por
Haz lo que te digo, y calla.
Sabes que temo...
¿Qué temes?
Que si no me cubro bien,
los que llegaren a verme
la cara, han de pensar que
resucitó la serpiente.
Ea, ven, porque la piel
de la culebra te pruebes.
Poco a poco, que ya sé
que darme culebra quieres.
Para asegurar mi vida
y mi honor, quisiera verte
ya en culebra transformado.
Pienso que tirando vienes
a quitarme la camisa.
Aquí aprisa te tiende,
que baja ya mi señora.
Tiéndese Azafrán a la entrada del vestuario.
¿Estoy bien?
Famosamente.
Yo me escondo también.
Que no habrá quien diferencie
si soy serpiente o Afrán.
Entra en la piel que te viene
nacida.
Pónesela.
Solo el amor
pudiera obligarme a aqueste
adorno de mis hazañas.
Ya sé que hazañoso eres,
pero esto conviene ahora.
En torcerme, si conviene.
Sale Cam.
aquí divertir procuro
el pesar que me suspende
de la ausencia de mi esposo
que el alma rendida tiene
¿qué haces, Porcia?
reparando
estaba en aquella fuente
en que está un caballo, que agua
por boca y narices vierte
y acá conmigo, señora,
discurriendo estaba que este
corre más con la cabeza
que otros con los pies.
¿no sientes
muy mal que ya llenos cuadros
que iba a ver; y cuando alegres
si son los claveles finos
que estando su dueño ausente
si están como yo marchitos
serán finos los claveles?
El paso más apresado
de la comedia es aqueste
pero aunque salga muy mal
no le han de silbar, ¿veedes
que eso solo a las culebras
nos toca?
De entretenerte
estoy tratando, señora,
y así, para que te alegres,
he hecho ahora una burla
a Azafrán, que vino a verme.
Sé que te has de gustar.
pues bien, ¿qué hiciste?
Informéle
de que al jardín bajabas
y si llegabas a verle
conmigo, te indignarías
y el que tus rigores teme
entre atajado y medroso
quedó sin saber qué hacerse.
Mas yo la piel de aquel monstruo
que por extraña a dos meses
trajeron a mi señor,
le hice poner, y esconderse
entre las yerbas adonde
le verás si el rostro vuelves.
Levanta la voz.
Bien está, pues yo la burla
haré que adelante lleves.
No tienes que disculparte
que ni te turbaste al verme.
Yo, señora.
Dije, Porcia.
Advierte qué terror padece.
Andando.
Dejémoslo, pues no he dicho
que corten estos laureles
porque me cansan.
Qué humor
tan desabrido tienes.
Esta piel, que horror me causa,
no he mandado que se queme.
Para puto el que esperara
que en chicharrón le volviesen.
Hacia árboles, pues, señora,
no, sino luego ha de hacerse.
Hola, traigan lumbre aquí,
afuera, miedo insolente,
que me quemo, que me abraso.
¿Qué es aquesto?
Levántase Azafrán.
Esto es haberme
en culebra transformado,
pensando que así pudiese
engañarte, mas ya ves
que pues mi traza desmientes,
sabes más que las culebras.
¿Mato de olivo quieres
rebozar?
Esto no es cosa
que novedad puede hacerse,
pues yo desde tamañito
era un lagarto valiente;
fueron creciendo mis garras,
y dentro de pocos meses
con las alas que me dio,
un rato me hice sierpe.
¡Ay, tan gran maldad ha habido,
desuello que aqueste llegue!
Sí que todas las culebras
así desollarse suelen.
¿Cómo aquí te has atrevido
a ocultarte de esa suerte?
Porque siendo yo azafrán
y ocultándome al albergue
de otras yerbas, no creí
jamás que a buscar vinieses
entre lo verde lo rojo,
pensando que solamente
por el campo se buscaba
entre lo rojo lo verde.
Yo mandaré que por loco
de una torre te despeñen.
No mandes tal; así vivas
los años que tú quisieres,
sin parar de veinte y cinco,
ni bajar de diez y siete,
sino como por tu casa
por tu vida te pasees,
yendo siempre desviniendo
todo a aquello que vinieres.
No has de templar mi furor,
no basta que al cielo ruegue.
Que se tenga siempre en años
tan pocos que los confieses.
Yo acabaré con los tuyos.
Que el mismo partido aceto.
Calla, que es mengua que diga
un hombre que no se atreve
a morir precipitado.
Señores, ¿qué duelo es este?
Si en mi vida consentir
quise que fuese mi vientre
pasado por agua, ¿cómo
queréis ahora que lo estrellen?
Que digas tú que dejarme
echar de una torre puede
ser valentía, antes bien
que esto es echar, me parece,
a rodar la valentía.
Calla, necio, no te alteres.
Y apase gobernar,
no hay cosa como una muerte
honrosa, has de subir
en la torre que estuviere
más alta y con tanto brío
que den ombidia a los que ven,
todos abriendo los brazos
te has de arrojar lindamente,
y esto ha de ser en el aire.
Pues si ha de ser de esa suerte,
lo haré yo como volar.
Ea, Porcia, haz que te lleven.
Digo que esto va de veras.
Nosotros acá, mujeres de burlas.
Pues ya que muero,
razón será que me heredes,
yo te mando...
¿Qué me mandas?
Que conmigo te despeñes.
¿No ves que eso era quitarse
la gloria de que te vieres
con la muerte brazo a brazo?
No, Porcia, yo he oído siempre
que a un traidor, dos alevosos.
Aura bien, quiero diverme,
ora picad a Azafrán,
porque un recado me lleves
a Valerio, si perdona.
A tus pies estoy, bien puedes
decir que Azafrán, esclavo
de tus chapines...
¿Qué es el clavo?
Haré yo rey,
soy pues para que esclavo quede,
como especie me haré clavo,
y como culebra ase.
Ven, por que al punto te partas,
¡oh, cuánto tu ausencia siente
mi corazón!
¡Ah, traidora!
Yo sé que sombra eres.
¿Yo soy sombra? ¿Qué dices?
Sí, porque a Azafrán vendes.
Vanse y salen Servilio y Aurelio.
El lance, Aurelio, ha llegado,
en que entre cuidado e invidia
el que yo con gloria viva,
y con quietud el senado.
Tu esclavo soy, gran amigo.
Pues no es tiempo de que ignores
de que tres embajadores
a asentar paces conmigo
el senado ha enviado,
enviados que a mí pienso
asegurarme más yo,
así de perderle trato,
pues porque tales empresas
jamás llegue a conseguir,
los procuro reducir
con dádivas y promesas,
a que ellos mismos le entreguen
vivo o muerto a mi poder,
y con los dos ha de ser
fácil que a ofrecerlo lleguen,
porque españoles no son.
mas con el oro imposible
será por lo irreducible
desta bárbara nación,
que antes se rinde a la muerte
que a la traición loca y vana,
si de industria no se allana.
¿Cómo ha de ser?
Desta suerte:
a Valerio, a quien vencer
no podremos por su honor,
por el engaño, traidor,
vencido habemos de haber;
¿no dices que por librarle
de hierros libertad dio,
cedió Viriato?
Sí.
Pues le has de desesperarle
y su amigo te has de hacer,
con que si él hoy se allana
que Viriato y su hermana
le procuran ofender,
qué diligencia no has hecho
hasta ahora en su daño,
y que los dos con engaño
su sospecha han satisfecho,
le han de mover sus recelos;
y a los que con vanidad
no achacaba su lealtad
los han de matar sus celos;
con que te quedas vengado,
esa soberbia abajada,
Roma ofrece agradecerte
y yo a mi amor obligado.
¿Cómo puedo yo, señor,
cometer delito tal?
¿yo a quien me amparó leal
tengo de ofender, traidor?
¿ha de adequirir mi crueldad
la libertad de la vida
a quien con piedad crecida
me dio vida y libertad?
Entonces ser buen romano,
porque la patria es primero.
Primero es ser caballero,
señor, que ser ciudadano.
Viriato es enemigo
del pueblo y le perturba.
Por eso soy noble yo
y es Viriato mi amigo.
La espada ha sacado airada
él del imperio en ofensa.
Y él también en mi defensa
ha desnudado la espada.
Pues se ha de hacer lo que ordeno
o morir.
(Ap.)
Voy turbado,
que su furor temo airado
aunque su rigor condeno;
replicarte no es razón,
porque ya fuera imprudencia
querer que mi resistencia
pasase a desatención.
Sale Fab.
Valerio está aquí.
Pues di que entre.
(Vase)
Voy a obedecerte.
Hablarle había y advierte,
que fió esta acción de ti.
Conque de borrascas lucho.
Aquí retirado espero.
Ya el orden cumplo,
yo muero.
Ap.
Mira, Aurelio, que se escucha.
escóndese, sale Valerio
Valerio, seas bien venido.
Aurelio, ¿no es él que sale
a recibirme? ¿Qué creéis?
El cielo, Aurelio, te guarde.
Hame mandado Servilio
que mientras él sale a hablarte
la bien venida te diese
de la tuya y de mi parte.
De la tuya no lo entiendo,
¿no eres tú quien intentaste,
siendo prisionero mío,
la muerte alevosa darme?
Eso es lo que a ti te han dicho,
porque no pudiera nadie
haberle dicho otra cosa.
Ap.
Luego, ¿cierto fue mi ultraje
y el que le causó contigo
ha querido disculparse?
Engaño fue el que creíste,
claro está, pues que juzgaste
que Camila te ofendía.
Ap.
Ciertos fueron mis pesares,
ya veo, tú me castigas
en venganza de tu ultraje.
Ap.
Al paño
Con equívocas razones
le advierte y le persuade,
mas él cayendo en el yerro
en la advertencia no cae.
De suerte que tú a mi hermana
dar la muerte procuraste.
Agora quisiera yo
la vida poder quitarte
por el oprobio que has hecho
a mi casa y a su sangre,
en ilustrarla por ti.
Ap.
¿Qué más claro puede hablarme?
Pues mataré a mi enemigo,
si para empresa tan grande
sobre las que tiene hubiera
mayores dificultades.
Ap.
Él mismo a mi errada fama
con su horror las puertas abre.
No me entiende, yo quisiera
que avisado dejases
Ap.
Ap.
Hace señas.
Matarle no es mejor. Señas
de que me escuchan hace,
¿qué haré? pero, ¿qué he de hacer
sino acabar de librarme
de mi pena? Aurelio, solo
procuro que me declares
si aquella noche tuviste
resolución de matarme.
Más que nunca, ahora es cuando
la muerte quisiera darte,
Valerio, porque cumpliste
con tu obligación, no sabes
Aparte.
Harto me has dicho con esto.
Él no quiere declararse
más, por pensar que nos oyen.
Aparte.
No puedo hacer que repare
en mis palabras, que ciego
las discurre y las deshace.
En fin, mi deshonra es cierta.
Aparte.
No es posible encaminarle;
ni deshonra, de venir
a aquesta embajada, nace;
pues según tocando estoy,
hallo mi infamia en ella buscarse.
Aparte.
Esto es decir que me envía
Viriato, por quedarme
ofendido con Camila.
¿Y esto que dices, constante?
Aparte.
Verdades, cuanto te he dicho;
así a entenderla acertares.
Pues mi venganza comience.
Aparte.
¡Ay, ceguedad tan notable!
Aunque la vida aventure
con él he de declararme;
muera yo de agradecido
y no muera de cobarde.
Valerio, pues no he podido
de la verdad informarte
sin riesgo mío, ya es fuerza
que más claro en ella te hable.
Sale.
Él se pierde y me destruye,
pero yo sabré atajarle.
Caballeros.
Aqueste es
el cónsul.
Pues, señor, dadme...
Vuestros pies.
Aquesto fuera
cuando brazos me faltasen.
Aurelio solos nos deja.
Aparte.
Solo espero que me mandes.
Yo avisaré a Viriato
que de Valerio se guarde.
Señor, sí.
Pues, amigo, ya el desaire
he escuchado que a tu honor
hace este caudillo infame
de bandidos, y aunque estuve
de parte de hacer las paces
que a proponerme te envía,
me han vuelto tan de tu parte
las quejas con que viniste,
que he resuelto castigarle
por tu mano.
¿Cómo?
El medio,
si tú te atreves, es fácil.
¿Qué habrá a que yo no me atreva?
Pues tú has de ir a asegurarle
que yo al senado consulto
estas paces, y en el lance
primero que se descuide,
has de prenderle o matarle;
que yo en cualquier accidente,
prevenido para hallarme,
a tu defensa estaré
y mi pueblo, que triunfante...
honra de quedar de aqueste
monstruo hasta agora indomable,
llenará mi casa ilustre
de blasones inmortales.
Aparte.
Pues yo haré, señor, que presto
su infiel ambición acabe,
el que, viéndome español,
verme traidor extrañara,
considéreme celoso,
y hará mi acción disculpable.
Yo te adquiriré la ayuda
de Dietaleón y Aulaxes.
No es menester, que por muchos
mi honor y mis celos valen.
Aparte.
Bien el ardid me ha salido.
Aparte.
Bien la venganza me sale.
Pues a la facción, amigo.
Yo sabré desempeñarme.
Cónsul de Roma has de ser.
Vanse y sale Viriato.
Seré por quien arróganse,
de nuevo en España aniden
las águilas imperiales.
Ha de haber un aparador con corona y cetro.
Toma una corona.
Va a ponerse la corona, y ella desaparece.
Sola esta lisonja tiene
de hacerme; solo este paso
tiene que dar mi fortuna
para subirse al más alto
lugar que mis generosos
pensamientos esperaron.
Hechas las paces con Roma,
de todos recelos salgo,
mi veneración se aumenta,
y con rendimiento grato
los que agora compañeros
me han de obedecer vasallos;
por rey me he de coronar,
que este puesto ha destinado
el cielo para varones
de espíritu y nombre tanto,
sin que pueda de mi origen
serme ojeriza lo infausto,
si en el lienzo de mi vida
aquellos lejos villanos
de mi oscuro nacimiento
hicieron mis obras claros.
Estas insignias son
regias, que están aguardando
a enriquecerme de honores
y coronarme de aplausos.
Quiero ver cómo a mis sienes
asienta, y cómo a mi grado
asiente este honroso empleo,
que entre todos los ornatos
la universidad del mundo
gradúa de soberano.
Mas, ¿quién el premio a mi sudor
que debidamente aguardo
desvanece? ¿Era por dicha
falso este honor? ¿Era acaso
fantástica esta corona?
No quisiera confesarlo
de mí aun a mí, pero yo,
estribando sobre falso,
empuñar el cetro quiero,
pues si indigna de aquel lauro
(Al coger el cetro sale un puñal)
Acaso, que mi cabeza
aqueste, a que aspiro, dado,
no pueden dejar de haber
merecido de mis manos,
mas si queda, pues en ella
metamorfosis extraño,
transformación portentosa:
cetro busqué y puñal hallo.
Dudoso el horror me tiene,
y va a decir asombrado:
pero no cabe en mi brío
un epíteto tan bajo.
Quiere pensar que es de aliento
a todas luces bizarro;
si para caudillo es bueno,
puede para rey ser malo,
pues, corazón noble mío,
no se altere, discurramos
en las pocas conveniencias
del reinar; vea compensando
con la grandeza del puesto
la gravedad del trabajo.
Si al que no paga jamás
pensión, llamar rey es bien,
por ser rey, y ser a quien
se lo pagan los demás,
corazón honrado vas,
pues visto con atención
a la luz de la razón,
nadie es rey a buena ley,
supuesto que ningún rey
hay sin alguna pensión.
Es el león absoluto
señor de los brutos, pues
si es bruto el ánimo, no es
en lo magnánimo bruto;
mas de este imperio es tributo
su cuartana repetida,
y a cuenta de la debida
ley de haberle de temblar
las fieras, viene a pagar,
temblando toda la vida.
Al sol, a quien por las bellas
luces que da sin desmayo,
con homenaje de rayos
juraron rey las estrellas,
borrón de tantas centellas,
una negra nube asombra;
y al paso que rey se nombra
de luces, es también
sombra una nube de quien
aun no es una estrella sombra.
Cuando por monarca al mar
el agua toda venera,
si pasa arroyuelo, fiera,
de sutil hielo el ajar,
y siéndole el viento azar,
a quien la tierra es donaire,
vive a merced de un desaire,
siendo nota a su virtud
porque toda su quietud
la tiene puesta en el aire.
A la rosa con primores
naturaleza crió,
Folio 44v
y la investidura dio
de emperatriz de las flores,
porque mientras sus colores
pule, aliña o perfecciona,
entre abrojos la aprisiona,
y cuando más la compuso,
ya que corona la puso
fue de espinas la corona.
Pues si es forzoso que atienda
a esta verdad corazón,
pues ni freno es Faetón,
tira a tu ambición la rienda.
Pues, ¡ay!, en la misma senda
por donde ansiosa caminas,
para el mar, a terribles ruinas,
para el sol nubes villanas,
para el león hay cuartanas,
y para la rosa espinas.
Cantan dentro.
¡Oh, cuán en vano discurres,
valeroso Viriato,
pues ya te podrá ver
en poder de los romanos!
¡Más que pavoroso acento
el aire midiendo vago
al oído es suspensión
y al corazón presagio!
Si a los romanos mi nombre
se hizo formidable tanto
que los que atentos leyeron
de atentos le temblaron,
¿cómo en su poder el mío
se puede ver más rindido?
¿Si en cantos me burlo, cómo
aura reparo en cantos?
Vuelven a cantar.
¿Cuántas veces al valor
la envidia atajó los pasos,
y halla la infamia en los suyos
quien fama halla en los contrarios?
Voz, que a mis prosperidades
estás produciendo estragos,
y la lealtad de los míos
poco segura anunciando,
no tus avisos me asombran,
pues ya de ser envidiado
los riesgos he prevenido
y los estoy reparando;
tarde el acaso me adviertes,
pues porque no llegue el caso,
puse a este daño remedio.
Cantan.
En el remedio está el daño.
Susto y confusión a un tiempo
aquesta voz me ha dejado,
pues por desdicha la creo,
aunque por temor la excuso.
Pero ¿cómo en el remedio
que yo busco a mis cuidados,
el daño de mi peligro
estar puede? No lo alcanzo,
pero tampoco lo ignoro,
pues si advierto que entretanto
que piadosa la fortuna
favoreció mis aplausos,
errando acerté, si aura
la línea de desdichado
llego a pisar, no será...
Siéntase e duérmese, y sale Camila con un puñal en la mano.
mucho que yerre acertando,
fatigado de los nuevos
agüeros con que los hados
mi dicha están confundiendo
y su fin amenazando
estoy, y cuando quisiera,
a fuerza de sobresaltos,
solo atender a mi riesgo,
de sueño vencido me hallo;
agora sé que tan grande
la eficacia del trabajo
es, y cuánto su poder;
pues siendo el recelo amargo,
a instancia, pues, de dormir,
quiero reclinarme un rato;
aquí los cielos permitan
que sea porción del descanso
de mi vida el que hasta aquí
fue de mi muerte retrato.
Que una villana española
hecho emprendiese tan raro
como, viendo que por fuerza
su honor profanó un romano,
persuadirle con caricias
y atraerle con halagos
para que segunda vez
el lecho violase casto
de su esposo, donde luego
que el cómplice descuidado
su muerte ensayó en el sueño,
hizo verdad al ensayo,
y el agravio satisfecho
con esta acción, y pensando
que no lo estaba con ella
de su marido el agravio,
le buscó, y en su presencia
su caro Tomás Conrado,
con el mismo puñal hizo
su mismo pecho pedazos;
pues ¿cómo, a su imitación,
reserva el pecho? No, armo,
y tan grave hazaña emprendo
que la grabe el tiempo en mármol.
Un villano ha dado muerte
a mi padre, y alevoso,
celos ha dado a mi esposo,
de que, mal asegurado,
le veo siempre; pues bien,
si yo a mi enemigo mato,
satisfago su sospecha
y mi enojo satisfago;
esto ha de ser, yo he de andar
con vigilante cuidado
hasta ver si hay ocasión
de vengarlos de entrambos.
Sale Valerio.
Apenas a tocar llego,
a querer quejarme, cuando,
tropezando en mis desdichas,
entro; pues ¡ay, cielos! hallo
que esta fiera a mi enemigo
viene a su tienda buscando;
siguiendo sus pasos vengo,
de sufrimiento tan falto
que, aunque la empresa consiste
de dar muerte a este tirano...
he de perder de la suya;
hace a mi honor holocausto,
muera esta traidora, pues
que en lance tan apretado
fuera infamia la prudencia,
fuera la templanza agravio.
Dormido aquí le contemplo,
que hace que el hecho es tan arduo
que, atreviéndome a emprenderlo,
no me atrevo a ejecutarlo.
Pero hago mal que lo advierto;
que si a quien ha tratado
la vida a aquesta enemiga,
el deshonor que recato
a estar descubierto viene
y no viene a estar vengado.
Pero tampoco mi brío
ha de ser, y tan tasado
mi aliento, que me aventure.
Mas tan grande mi reparo
ha de ser que salir pueda
de mi cólera triunfando.
Cielos, pero ¿qué miro?
Un puñal trae en su mano,
y también veo que yace
entregado Viriato
a un sueño profundo. Cielos,
aquestos son desengaños.
Pero ¿cómo me detengo
y en darle la muerte tardo?
¡Muere!
Al ir a ejecutar el golpe, le detiene Valerio, desvíala él y le quita el puñal.
Espera, porque a mí
solo toca ejecutarlo.
Quede ya satisfecho
por lo que émulo me hallo,
que, en fin, si no me ofendieras,
no pretendiera tu grado.
Pecho, consiente, dije,
dar la muerte a Viriato;
y así, ya he reconocido
que él solo causa mi agravio,
en presentarse, porque
es bien que muera a mis manos.
Porque así vengo mi ofensa.
Va saliendo Aurelio en hábito de villano.
En este trance he llegado
sin riesgo donde podré
avisar a Viriato
de la traición que le espera.
Muere, infeliz, que mi brazo
da venganza en efecto.
Dale de puñaladas; Viriato se va a levantar y saca la espada, cae.
Entre tristes fui hadado
a mis aleves traidores,
sin temor; pero ya en vano
el corazón, noble ánimo,
y el luciente acero embrazo.
Muerte me ha dado la envidia;
no falto consolado:
muere, aunque no ofendí
jamás a ningún soldado,
ni capitán de los míos,
y aunque sin embarazo
del universal dominio
y poder de los romanos
quede a España en libertad,
porque el odio y el engaño
no me han quitado la gloria,
si la vida me quitaron;
pero el aliento me falta.
Muerto soy.
Muere, tirano.
¡Oh, traidor!, que injustamente
has muerto al varón más claro
que conocieron los siglos.
¿Cómo? ¿Si tú has ayudado
a este hierro, le condenas?
Porque no pude estorbarlo,
por ser tu orden, de envidia
que yo confirmase el falso
escrúpulo que tuviste.
Luego, ¿fue cierto el que airado
pretendisteis dar la muerte
a Camila y a mí?
Villano,
que si acaso te dijeron
que me escondí, soberano
secreto la causa fue,
pues que lo mandó Viriato;
pero di, ¿cómo en Camila
no te has satisfecho airado?
Porque quiso la fortuna
que mirase el que era falso
que Camila me ofendía;
pues, de ira su pecho armado,
viniéndola yo siguiendo,
ahora hasta aquí habríade
seguir o dar muerte le...
Cesa ya, cesa, tirano,
que ya advertí en esa aleve
con su pecho, villano,
que aquesta acción solo fue
en venganza de aquel trato,
dio muerte, porque los hados
lo quisieron, a mi padre.
Y porque desengañado
quedase Valerio, en fin,
de aqueste error infelice.
Sí,
murió mi padre en el campo
en una cruel batalla;
¿hizo el pecho de Viriato
alguna infamia con él?
Di que...
Calla, que en tus manos
me pongo, y pongo a Camila,
porque des la muerte a entrambos;
con que no me acordaré
de traición que he ejecutado,
que esta será mayor muerte
de la vida de mis lauros,
aunque fue la causa honor
en venganza de un agravio,
y Camila no verá
que tu lustre y suyo ultrajo,
cuando advirtiere el efeto.
a un vil traidor a su lado
Hablo con los dos.
Hablo con Valerio.
aunque daros muerte hora
digna acción a ella falte
que muerte más rigurosa
en la memoria aguardando os
está como dejaste
y solo que sepan trato
esta desdicha gran
españoles y romanos
venid a mis voces todos
porque admiréis el más raro
espectáculo en que el mundo
ejemplo y dolor nos trajo
Sale Doris.
el designio que a Camila
al ejército ha guiado
vengo a saber y confusa
ni le alcanzo ni la alcanzo
Ejércitos contrapuestos
a todos a todos llamo llegad
Van saliendo todos.
¿qué voces son estas?
este cadáver helado
o informe
¡vive el cielo!
que es el muerto Viriato
¡gran novedad!
ya ha cumplido
Valerio con el senado
si acaso espera su pecho
el premio no hay que esperarle
que mi pueblo a los traidores
puede rendir con engaños
mas no premiar con favores
y si dio muerte a Viriato
no lo hizo por el Imperio
que lo hizo por su agravio
ya que en este pueblo
halle
a darle aviso vine
al infeliz Viriato
de su desdicha mas fueron
mis diligencias en vano
que ciego condescendí
con mi gusto que obligado
de su amenaza ya ora
más que castigues osado
mi atrevimiento
Apártese con Aurelio.
aunque en fin
señora darse le agrado
te perdono por acción
que merece digno aplauso
pero dime
Valerio dio a Viriato
en venganza de su honor
muerte, a Camila viva hallo
por haber visto evidencias
de que ella no era en su agravio
culpada de que mi afecto
yo solicité la injuria
la quietud solicitando
aunque pudiera contigo
Porcia, casarme el fracaso
presente no lo permite,
y que ya no quiero es claro.
Y aquí dando fin, Señores,
este lastimoso caso
a todos sirva de ejemplo,
la muerte de Viriato.
Fin de la tercera jornada.