النص الرقمي لـ El soldado a merced
تاريخ النشر: 3 نوفمبر 2026
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- Comedia
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الترخيص
صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El soldado a merced. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-soldado-a-merced-comedia.
EL SOLDADO A MERCED
Pag. 01
Cubierta. En el lomo, Manuscrito 14989.
Pag. 02
Guarda marmoleada. Signatura antigua Vv 469 . Signatura actual Manuscrito 14989.
Pag. 03
Guardas en blanco.
Pag. 04
1r
Guarda izquierda en blanco.
Manuscrito A. y . Número 20.
Primera y segunda jornada del Soldado a merced.
34
Sello rojo sin texto legible.
Pag. 05
Verso de la portada en blanco, con huella de sello.
2r
Vv 469.
16
a
Jornada 1
Pag. 05
Acto primero del Soldado a merced.
Príncipe Milón.
Florinda, su mujer.
Beraldo .
Conde Severo.
Conde Camilo.
Un capitán.
Otón, emperador.
Doña Margarita.
Duque de Sajonia.
Beraldo .
Barón Lotario.
Don Hugo.
Un soldado, Cucharro, gracioso.
Salen el príncipe Milón, conde Severo, Florinda, mujer de Milón, y Cucharro, soldado gracioso, criado del conde. Traya sillas.
Sentados.
Señor conde, con tal día,
haciendo la vecindad
confederada amistad,
ya juzgo a Italia por mía,
porque con vuestro favor
vuestra persona presente
no es mucho el crédito aumente
y multiplique el honor.
Y ya no se atreverán
los que se burlan conmigo,
pues sois vos ya el enemigo
y seréis el capitán
Sello oval de la Biblioteca Nacional. [ilegible]
Dos marcas gráficas.
Pag. 06
2v
y temerán vuestra espada,
ya que a mi edad han perdido
todo el respeto debido.
Será importante jornada
cualquiera que el conde emprenda,
y pues hijos no tenemos,
buen heredero ponemos
en nuestro honor y hacienda.
El conde téngamele de
señor, en vuestro lugar,
que quien os viene a amparar
lícitamente os hereda.
Él goce nuestros estados,
que justo es nuestro intento .
Con tan grande ofrecimiento,
con deseos tan honrados,
crecerá la voluntad
a serviros, consagrada,
y acrisolarse ha en la espada
el corte y la agilidad.
Será el brazo de otro Anteo
y el hombro de otro Sansón,
de otro Héctor el corazón
y de Ulises el deseo.
Haré por mostrar que quiero
pagar deseos tan buenos
o, si muriere, a lo menos
3r
moriré cual caballero.
Téngase cierto de mí
que no caeré en villanía.
Abrácenle.
Sello oval de la Biblioteca Nacional.
De vos mi honor, mi amor fía.
Para serviros nací.
En vos está nuestro ser.
Por vos vengo a pelear.
¿Y yo a quién he de heredar?
¿A quién he de suceder?
Oye el loco. Un truhán
mío es. Este no le oyamos
cuando de veras hablamos.
Noble señor capitán,
que como endiosado huye
del hombre de tierra, paciencia.
En paz el alma, en creencia
que esta noche se concluye,
que a todos nos vendrá día,
quien esto no piensa, yerra.
De la ocasión desta guerra
informarme más querría.
Muy justo es que entendáis sucintamente
la ocasión desta gente rebelada,
que ser regida por los míos siente,
estando a este gobierno acostumbrada.
Y porque la cerviz inobediente
tantas veces ponía a mi yugo dada,
Pag. 07
3v
ha roto la coyunda, y sacudido
de los hombros el peso conocido,
ponemos el principio de Ginebra
desde su antigüedad y primacía,
cuando aquel que primero el pelo puso
inundó Egipto y la guerrera Persia,
y como nuevo Atlante llevó en peso
del antiguo al oriente monarquía,
Hércules digo, el padre de la guerra,
pobló, bajando a Italia, nuestra tierra.
Él asentó un ilustre principado
de la Alpe hasta el margen que ve el reino
con corona en el franco Delfinado,
y hasta el mar Ligústico y sereno
en el antro el mayor Genovesado .
Los pueblos alóbroges del terreno
la vieron sin camino los teutones,
cimbros, hunos y góticas naciones.
Y, corriendo el riesgo de la vida,
por ser su reino y patria libertada
fue de treinta y tres reyes poseída,
siendo de Italia y Francia respetada.
Y porque fue por mano aquí venida
la teutónica gente amotinada,
llamó Roma del cónsul que la enfrena
a esta tierra la vía Moriena .
4r
Y hasta que en cesión dividir quiso
parte destas provincias, conservaba
aquel su nombre y título indiviso
el rey que estos estados gobernaba.
Cesó el nombre de rey y, ya diviso
de la Borgoña, a Génova quedaba
una reliquia sola de los reyes
que a estos estados dieron honras, leyes.
Vengo a los dos hermanos, herederos
Bariato y Teutón; estos partieron
en dos partes los títulos enteros.
Digo, a Teutón, a Génova le dieron,
pero con estatutos y con fueros
que solo a nuestro estado permitieron
corona y que la genovana diera
tributo y nuestras leyes recibiera.
Siempre se ha hecho ansí hasta que agora
Margarita de Génova, princesa
belicosa y muy gran gobernadora,
que ciencias y armas todo lo profesa,
como se ve sin padre y tan señora
que desa gente en reina montañesa
es, por un mediodía , así tenida,
niega el tributo y deuda conocida.
Y si ve que la nombro yo heredera,
razón pide, que al fin es mi sobrina.
Pag. 08
4v
Mas no la he de nombrar hasta que muera,
y ella, que ya heredera se imagina,
lo que con paz capitular pudiera
lo quiere con mi daño y mi ruina.
Y yo, aunque en esta edad me pongo y quiero
ser de lo que ella goza el heredero,
que con tal capitán los forajidos
volverán a mis pies arrojados.
Atento he tenido los oídos,
grave es la causa y ricos los estados.
Procuraré esforzar su parte.
Unidos a vuestro gran valor vuestros soldados,
sin duda esforzaréis la nuestra.
¿Y cuándo esfuerce la desotra peleando?
La de igualmente cato que estás en esto.
Si es Margarita tal como la pinta
y requiebres , y ello en listo puesto,
añadiendo a las discordias otra tinta,
en viendo los dos soles en el puerto
que son de esfuerzo y gala ciencia quinta ,
ha de cesar la máquina importuna,
y a de la buena conjunción del sol y luna
combatirase al son de los tambores,
en son de chirimías y vigüelos,
y venderemos aquí los servidores,
orinales de cámara de viruelas,
para que acrecan a sus señores,
porque tiene el amor grandes piquelas.
5r
Por Dios que adivinase esto una mula.
¿Está ella ahí muchas leguas?
Tiene el cielo
valor para marido, y quiera el cielo
que ansí suceda.
Al cielo corresponde
mi buena profecía y mi buen celo.
Vamos a la campaña agora donde
aloja Margarita, que recelo
que hay daño en la tardanza.
Eso conviene.
Mas ¿qué gente entró? El alcaide viene.
Levantanse. Entra un capitán, venga con Beraldo, vestido de labrador rico con un bastón grande.
Como por ti fue mandado,
señor, por el villanaje
del tosco estilo y lenguaje,
la gente ha venido quintado
y al menos se le ha ofrecido
partido con la licencia
que me dio vuestra alteza,
que señalase partido.
Y he juntado dos mil
villanos de buena edad
que ya están en la ciudad,
gente robusta aunque vil,
pero dócil y obediente
para el trabajo importante.
Pag. 09
5v
Solo este mozo arrogante,
callado entre esta gente,
que aunque a servir ha venido
siempre en un fin se da,
que dice que servirá
a merced y no a partido.
Vuestra alteza le podrá honrar
Ved, pedidle.
¿Quién eres,
que servir a merced quieres,
¿De qué gente y qué lugar?
Que me admitas y despidas
quiero para el fin que intentas,
porque no entiendo de cuentas,
¿para qué tantas me pidas?
Para que te sirva valiente,
el quién soy y adó nací,
si tus banderas seguí,
a tus cajas obediente.
Si eres señor de la hacienda
en que te vengo a ayudar
a conservar y aumentar,
con el concierto se entienda
de si merced me harás
del modo que te sirviere;
y a quien a merced te quiere
nunca le preguntes más,
que si algo bueno hace
que nunca calle el nombre,
y si malo, de un vil hombre,
¿saber nombre para qué?
Yo vengo a servir fiado
6r
en que tu palabra es precio,
Eso demasiado he dicho.
Yo soy demasiado honrado.
Bajo de esta condición
el contrato se concluya,
la tierra y la guerra es tuya,
a tu voluntad dispón.
Yo tengo el partido en poco,
Buscaré a quien granjear.
¿No me dejaréis hablar
dos palabras a este loco?
Ven acá. ¿Sabes lo que es
servir a merced, cuitado?
Es por precio señalado
reconocido interés.
¿Sabes lo que es diezmo de oro ,
oh, labrador, oh, quimera ,
vivir en orden de espera?
Y si de un favor te quiero
saber cuántas vidas son
menester para esperar.
En palacio has de esperar;
del caso a la conclusión,
y que al cabo del vencido ,
se borre lo que mereces,
se atienda a lo que pareces,
se sepa dónde has nacido.
Y una resma de papel
gastes en dar memoriales,
hecho bronce en los umbrales
del consejero más fiel,
y tras de haberte pelado
y hecho calvo de dar
porradas y de hincar
la rodilla, estropeado,
que digan, por que no pene:
Pag. 10
6v
« Realma el que más te ampara,
vuestra justicia está clara.
Cuidado de vos se tiene,
pues tan bien habéis servido,
acordádmelo mañana».
Hermano, que es merced vana,
labrador, toma partido,
que te he cobrado afición
y me duele tu barreno.
Amigo, el consejo es bueno
para los que cual vos son.
Cual loco en mi tema muero.
Y de serlo da indicio.
Señor, cual fuere el servicio,
así la merced espero.
Digo que te quiero ansí,
con que cuenta dél se tenga.
Siendo tal como convenga,
padre y madre tendrá en mí.
Eso basta, aunque bisoño,
no perderás tu bandera.
Tras de la primavera,
tras del invierno y otoño.
Guía deste hombre sencillo,
saldrá un sol que admire el vello.
Dios, amigo, puede hacello,
que al vos, sí, os he de decillo.
Vamos a ver nuestra gente,
y de mi campo las tiendas.
En cuanto en la lid entiendas,
despacho cierta patente.
Lo que importe, proveed.
A ver los dos campos salgo.
Capitán, hagamos algo.
Ven, soldado a merced.
Vanse. Quedan el Conde y Cucharro solos.
7r
¡Ay, Cucharro, qué inclemencia!
Si supieses cuál estoy.
¡Ay, oh, loco!
Y lo soy,
si acierto a tener paciencia,
porque haber visto a quien vi
y quedar como he quedado,
argumento es que he dado
más paciencia que entendí.
A estraños lazos de amor
y de honores, ¡tanta red!
¿Quiéresme también merced?
Págote el sayo, el honor.
Haremos la tienda jaula
De locos.
¡Ay, gran tormento!
¿Qué es ello? ¿Hay encantamento
de los de Amadís de Gaula?
Crece el fuego sin que guarde
respeto a mi pretensión.
Esta lumbre es de ladrón
que humea aunque no arde.
Conde, luego a este fin vienes ,
manos moverás en vano.
¿Adivinas?
Soy gitano.
¿Qué haré?
Sé yo qué tienes.
Avergüénzame el hablar.
Miren qué novia o doncella.
¿No eres hombre? Habla.
Ella.
Pag. 11
7v
Mas sí, basta. El amar
es querer bien astroado .
El acero en guerra puesto,
¿quién adivinó todo esto?
Florín de arte enamorado,
Ello de amor con la guerra,
patas arriba.
A huesos.
A huesos, como decís,
tiene tragados la tierra.
Tragados, mas no callados.
Sucedidos y entendidos.
Llorados y sucedidos.
Y reídos y pasados.
¿Qué pasa?
Pues ¿qué no pasa?
Mentecato, pasa un río,
pasa el calor, pasa el frío,
la memoria de una casa,
la torre del fundamento
más hondo, porque la edad
pasa cuento, y en verdad
que sea del favor ungüento
viejo, y ni lo necesitan.
Reacecho de sus soldados,
traidores ha habido honrados.
A la hermosa , tu galán
juega primero a seguro,
vence el contrario escuadrón
y cuando este tu escuadrón
toma almenas sobre el muro,
da con mi honor en la cava
8r
y triunfa de la riqueza,
que como deso se empieza
y como deso se acaba,
cuánto más que este consejo
Dios lo quiera de coger ,
que en mi vida vi mujer
contenta con hombre viejo.
Sí, pero al tercer día
¿quién vivirá?
Pues, señor,
fomentar el nuevo amor
con aromas de alegría
de cuando en cuando.
Tirando
voy con tus consejos, digo,
que de cuando en cuando, amigo,
le diré.
De cuando en cuando.
Si esa dificultad gasta
el tiempo, vendrá a ser
mi virrey.
No es menester,
su gobierno aun me basta.
Mas dices que va dando
vaya mi nueva fatiga
y de cuando en cuando diga
algo.
Sí, de cuando en cuando.
Vase.
Salen la princesa Margarita y siéntese, en pie el conde Camilo, barón Lotario; al otro lado Margarita, aunque de mujer, como general vaquero, saya, sombrero, pluma, espada, bastón.
Pag. 12
8v
Caballeros, bien gustara
que por tela de razón
toda nuestra disensión
sin más guerras se acabara.
Y pues que no hay ley que impida
que el arbitrio que nuestro
parente los dos ceda ,
el que tuviere más vida,
y según naturaleza
sea de preferir mi edad,
quiero que, por esta verdad,
mi nieta manche su nobleza,
ni aun la conciencia se cargue
con tanta muerte y ruina
de la tierra convecina
en una guerra tan larga.
Que, aunque hasta aquí llevamos
siempre la parte mejor,
como es tan ruin el honor,,
perdemos y no ganamos.
Parecéos que convendría
tratar de medios, que espero
que si hubiese un buen tercero
a todos nos compondría.
Al emperador Otón
queréis que escriba a su hermano,
el de Sajonia, que es llano
que importará a esta nación,
y más a los montañeses
de la fe, que van perdiendo
la vergüenza.
9r
Pretendiendo
tan honrosos intereses
como allanar los países
y confirmar los estados,
medios eran acertados
como dellos nos avises.
Aclaremos tus deseos,
sepamos tus intenciones
y seremos Cicerones
los que hemos sido Teseos.
Vuestra Alteza ha de suponer
que en ninguna paz vendremos
si un señor no conocemos
a quien se ha de obedecer.
Vuestra Alteza elija marido,
hombre digno del valor
que le dio el alto señor
y en ti ha venido conocido.
Y en teniendo tú con quien
nos des señor natural,
ningún mal nos vendrá mal
y el menor bien será bien.
Pero, en negociación
de naturales señores,
no pondrá gobernadores
más el príncipe Milón.
Antes te ha de admitir
en lo que él posee agora
por su gobernadora.
O aquí habemos de morir,
y si no muestre su saña
si en ser porfiado da,
Pag. 13
9v
que por nosotros está
hasta agora la campaña.
Conde, en dares de a vara
muchos reinos se han arruinado.
Yo hablo como soldado.
¿Y cómo acuerda Vuestra Alteza,
conde Camilo?
Barón
Lotario, esto es conveniente.
Si dijera lo que siente
el alma y el corazón,
por sosiega que alma tienes,
no veo aún nueva guerra.
Cualquiera paz convendría.
Si lo que he dicho previenes.
No está bien a una mujer,
aunque señora acreditada,
tratando de ser casada,
que ella dé su parecer.
Vosotros lo conferid
y el que importe prevenid,
y al bien común siempre id
y no a mi gusto ni a mí,
que, en siendo noble y cristiano,
a quien el bien común le elija
destos reinos, sino hija ,
mi gusto está en vuestra mano,
aunque yo me he de casar.
Vosotros lo habéis de hacer.
Bajo de ese parecer, pues lo permite tratar,
10r
Beraldo, el hijo de Hugo,
duque de Sajonia, puede,
pues a su padre sucede,
ser el arco deste yugo.
Que el emperador Otón,
que de su padre es hermano,
por el aumento cristiano
vendrá en esta conclusión.
Y aun Milón, también nuestro,
quedará más satisfecho.
Mi gusto es vuestro provecho,
vuestro es mi honor, que no mío.
Allá lo haced y firmad.
Alemania a escribir voy.
Váyanse la princesa y el barón.
Si esto se concluye hoy,
no quiero más calidad,
no quiero más vida fuera
honor, valor, pues perdí
la esperanza en que viví.
Mi tierra, mi honor, mi amor muera.
Arruinaldo y acabaldo,
cielos, ahorcarme puedo,
pues sin Margarita quedo
por Beraldo.
Si vestí el pecho de acero,
fuego, convertid en cera
a esta hermosa hechicera
por quien sin decillo muero.
Pag. 14
10v
Mar y cielos, publicadlo,
según mi rabia infinita,
pues quedo sin Margarita
por Beraldo.
¡Oh Alemania! Aquella nieve
que el margen dorado y rubio
cubre del blanco Danubio
cuando montes della llueve
se vuelva en fuego abrasaldo.
Ejes del sol, bajad hoy,
pues sin Margarita voy
por Beraldo.
Vuelve a entrar el barón Lotario muy triste.
A todos se nos muestra la fortuna
opuesta a que le hurta de mis oídos.
Tanta fe, dad , cielos, a las voces
que son nuestros deseos, aunque honrados.
Grandes cuidados son los nuestros, conde.
Venga la muerte, vamos y muramos.
Acabe de una vez tanta tristeza.
Pero ¿qué hay nuevo, que volvéis tan triste?
El conde nuevo.
Nunca de otro lobo
en muertas ovejuelas concertadas
el general del príncipe se emplea.
¿Y qué importa?
Su espada, ya sabemos,
ha estado corta, pero bien ha hallado,
según la relación que aquí me envían,
un soldado bisoño, tan valiente,
que ni a Milón le dan fuerzas tan grandes,
11r
ni a Ulises tan notables invenciones,
ni al gran de Milicia tal fortuna,
tal pecho a Horacio y tal ventaja a Cino .
¿Y sabéis quién es?
Un aldeano,
que para nuestro daño parió un monte,
porque no hay capitán que cara a cara
le espere, ni estandarte que no abata.
Y esto remediárase, aunque le ha dado,
según aquí me escriben nuevas alas,
al príncipe Milón este demonio,
un ángel o lo que es, severo rayo.
Pero otro mayor mal llorar podremos,
que entrando a despachar para Alemania
me mostró el secretario de Vuestra Alteza
una gran relación en que le avisan
cómo a la hermosísima María,
de nuestro emperador mujer amada,
se le imputa una liviandad sangrienta ,
o verdad de un papel que en las visitas
o no sé qué favores descompuestos.
Y como aquel gran príncipe Beraldo
se hallase con la corte de su tío
al lado de su padre el de Sajonia,
mató a la emperatriz a puñaladas
y huyó y no parece, de manera
que el señor que elegíamos yace muerto
para nuestro propósito, esto lloro,
esto siento para ofrecer a Vuestra Alteza
otro marido, y entretanto vamos,
y al bisoño mozo resistamos.
Vase el barón.
Pag. 15
11v
¡Oh qué invierno se ha trocado
en verano peregrino
con este aviso que vino
del lugar que me ha abrasado!
¡Oh cómo he resucitado!
Cielos, a Beraldo honraldo,
dadle contento infinito,
pues si morí, resucito
por Beraldo.
¡Oh Alemania, el bien te sobre!
Tu nieve se vuelva en perlas,
tantas que pueda cogerlas
a cojines el más pobre.
Beraldo, su estado cobre,
santo cielo, apadrinaldo,
dalde, por Dios, la vitoria,
pues de pena vuelvo a gloria
por Beraldo.
Entra la princesa Margarita.
Conde, ver aquí entre antejos
queja de Vuestra Alteza al que Lotario
humor de flacos despojos
cuando nos mete el contrario
las espadas por los ojos.
Oídos tenéis tapados
cuando os llega aquí a afrentar.
Si afrenta esto a los honrados,
el eco del retirar
de vuestros mismos soldados,
cuando nos da el enemigo
12r
con la voz de vencedor
sobre el balcón. Mas, amigo,
está un hombre de valor
pensando a solas consigo.
Si aguardáis a que yo siga
al que os entierra y desmaya,
y os afrenta y me obliga,
y que sacuda la saya
y me vista la loriga,
ya sabéis que lo sé hacer
y que estoy hecha a vencer,
mas es agraviar al nombre
de tan caballero y hombre
pelear una mujer.
Salid, salid, que ha salido
a campaña un labrador
de una montaña nacido,
que ha quedado vencedor
antes de ser conocido.
Sacudid la cobardía,
Redoblad mi compañía,
que me convierte las manos
si pensamientos villanos
vencen tanta hidalguía.
Oh, sol , que en la hermosura
eres sol del resplandor,
sol del cielo en la cordura,
sol del mundo en el honor,
sol de Italia en la ventura,
vos, cuya luz ha dado
camino a la discreción,
Pag. 16
12v
del más experto letrado
que soldado en escuadrón,
o que escuadrón con soldado,
para hacer mi atención
a tu gallarda presencia,
sin quedar vencido o loco.
Pero sosiégate un poco,
descansa y dame licencia,
que espero, por lo que callo
en lo que sufriendo estoy,
por quien es justo callallo,
por la fe de quien yo soy
y por la de tu vasallo,
de traerte maniatado
sobre el anca del rocín
del jinete más cansado
este Alcides palanquín
que recio se ha hallado.
Pues si tal dicha os da Dios...
Ese, pues, es ya un favor.
Vence y quizá serán dos.
Pues ¡triste del labrador!
Pues ¡venturoso de vos!
Vase Camilo muy contento.
Signo de llamada al margen.
Triste del rey ni reina o del que manda,
si la que rige y pende un gobierno
de un corazón que es fuego del infierno,
de una lengua cual falsa espada blanda.
¿Quién no se ha de perder que a congoja anda?
Quien ha de cumplir tanto que es eterno
ha de tener, cuero sagaz y tierno,
para no emponzoñar tanta demanda.
13r
¡Oh corona!, parecen flores de oro
las cubiertas espinas que en ti nacen
y taladran las altas majestades.
Ya pensará este loco que le adoro.
Miente, mas hablo así porque me hacen
lisonjero orador necesidades.
Entra un soldado muy enojado.
Mátelo, él se le echa a cuestas.
¡Paso!
¿Adónde vais, soldado?
Aquí, a Maltea.
¿Por qué dejáis vuestra bandera?
Claro.
Aun si pudiera, obliga a más bajeza.
Soy sargento del tercio de Cínter .
Ha salido un Sansón en la fiereza
al campo y obligueme a maniatallo,
y aun no hay medio a cómo ejecutallo.
¿Qué capitán seguís?
A Lepodino .
¿Y quién es el valiente que os espanta?
Un soldado a merced, un peregrino
que le debió parir otra Atalanta,
un labrador o un griego diamantino,
que con un medio pino y una manta
caballos parte y hombres desmenuza.
Pues ¿el conde Camilo no ha salido?
Salió y ha vuelto.
¿Cómo? ¿Vitorioso?
Pag. 17
13v
Estropeado un brazo y aturdido,
medio soberbio y harto vergonzoso,
el barón Sergio y Flavio León Segundo,
el capitán Paroto , el gataneoso ,
Arnaldo el Bravo y Fulvio el Entilado ,
y todos, sin haber cuesta, han rodado.
¿Y qué pensáis hacer vos adonde tantos
han hecho maravillas tan extrañas
y no ha bastado?
Darán favor los santos.
Cuando ven con buen celo las entrañas,
quizá volveré en mayores llantos,
que adonde no valen fuerzas valen mañas.
Con cien brazas de soga que me diera
mi capitán, atado le trujera
antes que amaneciera esotro día.
Le tuviera en el cuerpo de tu guarda
y aun dar para una soga no quería.
Dije que se arrebocé malaborda ,
y dijo...
Baste ya, por mi vida,
que impresa tan aguda y tan gallarda
no ha de quedar por soga. Esta cadena
para el lazo, y el premio será buena.
Dale una cadena.
No pierda yo por ser ese hombre avaro,
y cumplido, como pago yo, sargento.
Beso tus pies, en eso no reparo.
Ya vuelvo a nuestro ejército contento
y no será mañana el día claro
14r
cuando ante vuestra alojamiento
os traiga, o no gaño , puesto al hombro
esta sombra de ejército, este asombro.
Vase.
Yo sé que este fanfarrón
tiene vana la cabeza,
pero suele en ocasión
hacer la mucha largueza
de las tripas corazón.
No le creí y hale dado
cual si le hubiera creído
el premio que no ha ganado,
por si hubiere otro atrevido
que envidie lo que ha medrado,
que la liberalidad
grandes mil tesoros encierra
y caza la voluntad,
y más con gente de guerra,
do siempre hay necesidad.
Ya ha dado sin duda alguna
más vitorias al que halaga
y paga con suerte oportuna
la merced y buena paga
que no la buena fortuna.
Mas ¿quién será este villano,
este monstruo, este terror
del blasón italiano?
Bien tengo este labrador,
y os abre, soberbio gitano ,
y pues no soy conocida
por el resto aun del vestido,
Pag. 18
14v
porque no me vio en su vida,
en Dios y en mi ingenio fío
de vencer sin ser vencida.
Pero en máquinas de guerra,
¿quién más se tarda, más yerra?
Y estratagemas marciales
y de personas reales
no ha de saberlas la tierra.
Vase.
Sale Florinda enojada, conde Tevero descubierto.
Necio, atrevido, grosero,
loco, arrojado, antojado,
malicioso, novelero,
vicioso, falso, malvado,
villano y no caballero.
Señora.
Hombre sin honor.
Princesa mía.
Liviano,
el príncipe, mi señor...
Traigo en un pecho cristiano
piedad de un llorado error.
Sabrá vuestro atrevimiento
mi esposo.
Dame la muerte
y no me des tal tormento.
¿Vos razones desa suerte?
¿Vos tal descomedimiento?
¿Vos imaginar de mí
género de liviandad?
Muerto soy, yo me perdí.
Señora, una voluntad
ciega tanto.
15r
Andad de ahí.
Pero ¿ves que no responde
al desconcierto primero
de un conde el pensar que asconde
el terror?
Vos, caballero,
vos, noble huésped, vos, conde.
Soy la guerra, tea, el obligado .
¿Cuál soldado?
Vos, soldado,
volved en vos, y desde hoy
o os id o pensad que soy
No quiero, vos habéis pensado.
Vase Florinda. Queda cercado de rodillas y entra Cucharro.
¿Hablastela?
Hablela.
¿Y cómo ha ido?
Dijítele tu pasión.
Pinté mi pena .
¿De una vez?
De una vez.
Ya que es a Elena,
oh, por cia , ¿de qué modo ha respondido?
Como responde el bronce rebatido
que deja la bombarda y dio en la almena,
como responde el cable de la antena
al viento que por proa le ha embestido,
como responde el toro al que le espera,
la víbora a la planta que le crece
y el rayo al torreón que se defiende
por tu consejo vil, por tu quimera.
Pag. 19
15v
¡Oh mar soberbio! ¡Oh sacudida roca!
Cúbrate el mismo fuego que me enciende,
¡oh tesoro de duende!,
la esperanza perdida.
¿Ya para qué es el alma ni la vida?
Estate, hombre, predicando.
Digo que vayas contento
y tomes de pulso al cuento
a tiempos de cuando en cuando.
Y tratas a la princesa
cual si fuera una mujer
común de tu proceder,
que fue la vulga confiesa,
y no culpes la fortuna,
ni al consejero acertado,
sino a ti, que lo has parlado
todo junto y todo a una.
Aunque no aciertas al blanco
del daño deste desdén,
no das en el blanco bien.
Parósete el cuento en blanco.
Tan ruin soy, tan malhecho,
tan sin poder, tan sin gracia,
tan caído en su desgracia,
tan sin gusto o sin provecho,
tan desigual en edad
y en calidad, que no fuera
admitido si tuviera
la que me oyó libertad.
Pesarle de ser querida
a una mujer, y de un hombre
16r
de suerte, opinión y nombre,
y a la pasión conocida
es mentira. Disque adora
ella al soldado a merced,
Que [ilegible] soldado a merced.
que está el pájaro en la red
y ella hecha cazadora,
y como la golosina
de la fama de sus hechos
tiene los oídos hechos
al gusto tras que camina.
Nombró posta por do entrara
el soberbio mensajero
de mi deseo primero,
ni hallo quien le amparara,
que contra una posesión
pleitea mal quien pleitea.
¿Y cómo sabes que sea
verdad tu imaginación?
Este desdén lo confiesa,
y los ojos que ella pone
en él cuando se dispone
él a la menor empresa,
los brazos que da a su cuello
cuando vuelve el labrador
vitorioso y con honor.
Si en verdad se lleva en ello,
¿y qué pretendes hacer?
¿Quieres matar al soldado?
Ese hombre importa a mi hado,
su favor es menester.
Pag. 20
16v
Yo haré del ladrón fiel
con él lo que yo querría
y que esta enemiga mía
la descompongas con él.
Digo al príncipe Milón
digas entre burlas y veras
que dicen lenguas parleras
que estima a este villanchón
la princesa tiernamente,
No a la clara, no te mate,
que será grande disparate
perdernos livianamente.
Ve con pasos atentados
que si das vida a esta llama,
yo triunfaré desta dama,
y quizá de sus estados.
Tuyo soy, negar no puedo
que una gran traición se entabla.
El príncipe bien habla.
Vete, que a servirte quedo,
Y maldiga Dios, amén,
a quien dijere mentira.
Vase el conde. Sale el príncipe Milón.
El valor de ese hombre admira.
Todos le quieren, y a bien
Si a merced le he de pagar
y él procede deste modo,
si no es que se lo dé todo,
no sé qué le pueda dar.
¿Quién está aquí?
17r
Un barrachel
de campaña.
Un hablador al menos.
Un servidor
de vuestra excelencia fiel,
y no tan hablador cuanto
no importe lo que dijere
si a crédito remediere.
Tan santo eres.
No soy santo,
mas soy cristiano, y responde
mi celo a mejor camino,
Da en uno, ¡qué desatino
de amores!, mi amo el conde.
Y es Malteza al fin que eres
y mujer tuya, helo oído,
que, alerta vivo , te pido,
y dame a besar tus pies,
y calla, y adiós, y piensa
que ven más dos que uno.
Vase.
¡Ah, loco!
¡Ah, hombre! ¡Cielo, en tan poco
oído tan grande ofensa!
Entra el conde.
Si mentira este truhán,
si el conde le ha despedido...
Pero aquí al conde he sentido.
Si el conde diere en galán
y en mi casa se asegura,
yo premiaré su porfía,
que al matar es valentía
Pag. 21
17v
y el saber matar, cordura.
Aparte.
Ya del brío del despecho,
contra el aldeano ardiendo.
Muera, porque esto pretendo.
Conde, pues que os habéis hecho…
El atajo, salí y corrí.
¿Y mi labrador soldado?
¿Fue a vuestro lado?
A mi lado.
¿Qué dicen dél por ahí?
Que es discreto.
¿Y que es valiente
no dicen?
Y que es valiente
digan.
Prueba es evidente
aquel brío monstruoso.
Él basta para tener
el Genovés a raya.
La princesa ya desmaya.
Temerá como mujer.
Si él mata cada día
tantos hombres…
Le matamos.
Demás que , os honro a entrambos.
Tendréisle, por vida mía,
conde, como a general
igual a vos. Esto haced
a mi soldado a merced,
que no os estará esto mal.
18r
¿A un labrador das bastón?
Yo sé que en humilde traje,
que, aunque ignoro su linaje,
conozco su corazón.
Y, barrachel de campaña,
que de escucha nos servía,
sé que os sirve todavía,
si no es que miente o me engaña.
Y mirad, conde de Eloí,
por mi honor, ved que le fío
de vos, y que es honor mío.
Pienso que sabe quién soy.
Sé vuestro valor profundo
y que a quien bien corresponde
mi honor fío de vos, conde,
y es mi honor.
Fíame el mundo.
Vase el príncipe Milón, quédase el Conde, vuelve Cucharro.
¿Qué es esto del mío honor fío
y del hacer general
a un bulto, a un hombre bestial
¿y justicia, a un loco mío?
Celos, esto ha resultado
de lo que tracé y fingí.
¿Hablóte el príncipe?
Sí.
¿Cómo?
Como endemoniado,
adivinando sospechas
Pag. 22
18v
y publicando secretos.
Pues ¿no estuvieron los efetos
a las prevenciones hechas?
Que así se ha mi salud
como lo que yo le dije.
Loco estoy, todo me aflige,
vana es mi solicitud,
porque honra al que culpaste
y darte a ti nuevo oficio.
¿A mí?
Sí.
Bien pierdo el juicio:
o él no te oyó, o tú lo erraste,
o no entiendo aquel desvío.
Sígueme, que yo daré
con el cómo o por qué fue
esto del «mío honor os fío».
Vanse. Entre Margarita de aldeana, una cestilla, un vencejo el rostro, y luego saldrán tras ella tres soldados.
¡Ah, allá, qué buena gente!
En celos que me he metido,
con este traje he venido
a ver el mozo valiente,
y de lejos contemplado
este muro, esta pared.
Este soldado a merced
o esta merced de soldado
muestra aun a la luz del día
deste secreto incapaz
19r
que el labrador es disfraz,
y la merced, señoría;
y labrador con bastón
de general ahí delante
da indicio y muestra bastante
de que estos disfraces son,
y este es algún caballero
o algún príncipe que intenta
o en mi estado alguna afrenta
o es del mío tío heredero,
o quizá competidor
del ingrato viejo que goza
mujer tan hermosa y moza,
que es gran disfraz ante amor.
Pero mal hice en juzgar,
mal de la princesa miento.
Mi turbado pensamiento
hace al pensamiento errar
y aun a mis ojos hiciera
admitir cierta pasión
que tiraba al corazón,
si yo no la resistiera.
¿Qué el hombre tiene de hechizo
lo que de fuerte? ¡Ay de mí!
¿Yo pena por hombre ruin,
ponzoñoso bebedizo,
que otros pensamientos sigo?
Y no es mi juicio voltario
si pasé al campo contrario,
fui para ver mi enemigo,
Pag. 23
19v
para informarme quién es
y matalle en conclusión,
que en la primera ocasión
pienso ponerle a mis pies.
Y miren aquesto:
lo que yo hago otra vuelta.
La gentecilla revuelta,
en ver si sois de provecho.
Salgan los soldados.
Quiteria, ¿a cómo decía
que eran esos frescos huevos?
Pasen, primados mancebos.
¿Qué digo? Escuche, Lucía,
que traía al campo natas.
¿Que no vende os ha llamado?
¡Con mucha soldadada!
Y hace ferias baratas,
más vino a ver que a vender.
¿Ha venido con su padre Juana?
Y quizá con mi madre.
Mire lo que es menester,
que todo el mundo está aquí.
Luice , vea qué le agrada,
porque está malmaridada
de las más lindas que vi.
Si huye dél algún valiente,
y ¡ay de aquel lo entre al cuartel,
que no lo sacará dél
si no es el Omnipotente.
Entre Beraldo, todos se desvíen.
20r
¿Qué es esto? Pero ¿qué hay, señores
soldados? ¿Qué junta es esta?
A los quesos de la cesta
les pedíamos favores.
Vino aquí Menga a vender
al campo no sé qué fruta
desa aldea, y es astuta
para ser tosca mujer.
Y iba de entretenimiento,
que es moza de polvo y lodo.
¿Y regálanle de modo
a quien les trae bastimento?
¡Gentil modo de obligalla
para que vuelva otro día!
¿Qué escolta se le hacía
para más aseguralla?
¿Qué ventajas la prometen
¿Con qué crianza la cercan?
¿Es muralla que la cercan
o escuadrón que le acometen?
Amiga, si con malicia
alguno se deslenguó,
decildo, que aquí estoy yo
y os sabré hacer justicia.
¿Qué modo de hablar han vido?
Amigo, así os guarde Dios,
que no aguardara yo a vos
si me hubieran ofendido.
¡Oh, la medio mayo a comáis !
Así a un general habláis.
Pag. 24
20v
Mal su civilez culpáis ,
pues la divulga mi sayo!
¿Quién eres, cuerda aldeana?
Mujer soy, grave aldeano.
Mi rostro hace el caso llano.
Y el vuestro a vos cara es llana.
Yo no niego que no soy
un aldeano fiado
en que de mi pecho osado
cuenta con mis brazos doy;
mas de ti quiero saber
qué aldeana eres.
También
soy yo una mujer de bien
que vine al campo a vender,
lo que vos ni lo habéis vido,
ni sabido ni sabréis
hasta que me declaréis
de qué padre habéis nacido.
Y básteos saber, señor,
que soy labradora agora,
que basta una labradora
para quien es labrador.
Aparte.
Mi cuerdo juicio está loco.
De aquí me importa ir volando
porque este hombre se va entrando
en mi pecho poco a poco.
Aparte.
Esta importa despedir
porque su mucho donaire
ha vuelto en llamas el aire
y me empieza a consumir.
No quiero saber de vos más.
21r
Ni me sigáis.
Ni os sigo.
Que ni yo de vos, amigo.
Id en paz.
Quedad a Dios.
¿Oís?
Este llamar y despedirse el primero con desdén; el segundo y el tercero muy enamorados.
¿Qué queréis?
Querría
saber lo que os importara
que yo quién soy declarara.
¿Y a vos qué os importaría
saber quién soy?
Ellos dos.
Confiarme.
No me vengáis a vender.
Y a mí me importa saber,
no hayáis venido a asolarme.
¿Veis cómo somos los dos
contracifras de un fin cuerdo?
que me abraso!
¡Que me pierdo!
Id en paz.
Quedad a Dios.
Más que labradora es esta.
Si te importa que la siga
o que mate esta enemiga,
Aquí veo el brazo y la cesta.
Quizá es cualque oculta espía.
O mejor, osadla espiar.
Volvedla luego a llamar
y con mucha cortesía.
Pag. 25
21v
¡A vos la no sé la qué!
Quiteria.
Aspacio, Pascual.
¿Quién me llama?
El general.
Esperay. ¿Qué queréis?
Ya no lo sé. ¡Oh, cómo estoy
víspera de enloquecerme.
Arma.
¿Cómo aquí he de perderme
si no doy prisa y me voy?
Toquen al arma dentro.
¡Arma, y aquí descuidados!
Mi gente en trabajos puesta,
y yo con sayal y cesta.
A vuestro cuartel, soldados.
Ya nos veremos los dos.
Vedme.
Vedme vos.
Espero veros.
Y veros espero.
Id en paz.
Quedad a Dios.
Fin del acto primero de la famosa comedia del Soldado a merced. Va corregida y verdadera.
22r
Jornada 2
Pag. 25
2.ª. Acto segundo.
El conde Severo, vestido de villano, que imite a Beraldo.
Si envidia es rabia que abrasa
el alma que es mal compuesta,
¿qué será quien manifiesta
que celos y envidia pasa?
De lance en lance he venido
a sacar confusamente
deste truhán imprudente
que él causa del daño ha sido,
que el no llegar a creer
este necio que el soldado
a merced, que es adorado,
ha echado el caso a perder.
Y para que mi intención
el honor que pretendo ultraje,
esta noche en este traje
esforzaré otra invención.
¡Cielos, vea yo rendida
a esta Circe a mis encantos
y a este vencedor de tantos
sin gloria y sin vida!
Apriesa amanece aquí,
soy perdido si ansí espero.
Mas ya viene este parlero
de quien me desquitaré ansí.
Cucharro de soldado de donaire.
Aquí dijo que estaría
Pag. 26
22v
Mi amo, el conde, ¿a qué fin?
No se ha hecho matachín.
Vengo antes que sea de día
¿Adó me trae este loco?
y me he de perder por él.
Ya yo no soy barrachel,
tal oficio tengo en poco.
¿En mi cuartel no estuviera
más seguro y respetado,
y no rondando y armado
de noche y desta manera?
Quizá donde vuelva llena
de leña fresca la testa,
o en hora tan descompuesta,
me abrace cualque alma en pena.
Yo soy algo espantadizo
Y corto de vista.
Tapado el conde y fingida la voz.
¿Quién
va?
Aquí hay réquiem amén.
¿Qué fantasma? Que soy yo.
Mas ¿este no es el soldado
a merced, por vida mía?
¿Acaso es su señoría?
Presto os he desengañado.
Presto disteis en quién soy.
Y vos, ¿quién sois?
Yo, Cuezarro.
Que aunque braveo y desgarro,
muy mal perfumado estoy,
que él me marea al alzar
los ojos al primer viento,
echo gran sentimiento
por vergonzoso lugar.
Mas, si lo eres tú, me quito …
Yo soy, mas tomad, traidor,
23r
porque en secretos de amor
ansí se paga un delito.
Dele, caiga. Huya el conde. Entre Milón y soldados.
¿A mí?
A vos. ¿Y si Teosinda
me llama? Uno. Callad vos.
¿Qué es esto? ¿Qué desconcierto
es este?
Yo, que me han muerto.
¡Que me mata! ¡Aquí de Dios!
Primero que el alma rinda,
cielos, hombres, socorred.
¿Quién?
El soldado a merced,
aquel villano endiosado,
que en cosas de tu honor toca.
Paso, vil, cierra la boca.
No me quede aquí soldado.
A la puerta de palacio
y tienda nuestra asistid,
y sin mi licencia aquí
no entre sino solo Horacio.
Váyanse los soldados.
Agora, ¿qué dices, hombre
loco, arrojado y herido?
Porque apenas te he entendido
y hay mucho de que me asombre.
¿No me dijiste este día
que el conde, en mi deshonor,
no sé qué de un vano amor
con mi esposa pretendía,
que viviese con cuidado?
¿Quién te hirió y me deshonra?
¿Cómo dices que en mi honra
toca el general soldado?
¿O tú eres el inventor
de tanta mentira, o es
mi deshonra el interés
Pag. 27
23v
de tanto oculto traidor?
O me desengaña, o piensa
que no quedará pedazo
de ti.
Ya que llegó el plazo
de que descubra tu ofensa,
sabed que el conde intenta
que Teosinda le estimara,
y ella, que es luz de honor clara,
para necio le dejó,
y él entendió que nacía
el desdeñarle de aquella
era de este cielo estrella,
que es sol de la valentía,
y trujo la liviandad
de que te desengañe.
Mas yo soy quien me engañé,
lo contrario es la verdad,
porque viniendo mandado
yo del conde por aquí,
hablar al soldado oí.
Mira bien si era el soldado.
El propio en su primer traje
de villano, y conocido
que era yo, el fiero atrevido,
en su soberbio lenguaje:
«Si me ama Teosinda o no»,
dijo, «callaldo, villano»,
y metió a una espada mano
y, como ves, me dejó.
¿Y sabes más?
Esto sé
solo, y pues cristiano soy
24r
y cuenta a Dios a dar voy,
cree que verdad diré.
Allá lo remedia tú.
Haz de estos dos malos dos buenos,
que no hay más.
Porque haya menos,
toma, villano.
Dale y acaba con él.
¡Jesús!
El echar este candado
a esta puerta de mi afrenta
corría ya por mi cuenta,
y por eso la he cerrado.
¿Y a quién no es sepulturero
de su afrenta aun cuando está
en opinión de verla
hecho el mundo pregonero?
Este calle porque ansí
calle con seguridad,
y si esto fuere verdad,
honor y sangre hay en mí.
Disimularé, que en breve
dirá el tiempo mis congojas,
y os verá canas o rojas,
armas, que el ampo de nieve.
¡Ah de mi guarda! Este ha dado
el alma en mis brazos. Dalde
sepultura. Id, enterralde.
Entren soldados y el conde Teodoro. Métanle luego y estén los soldados fuera como que le tienen delante del lienzo.
Aunque sin licencia he entrado
a tu presencia por verte
antes que a campaña salga,
mas, ¡todo el cielo me valga!,
¿quién le dio a mi truhán muerte
en tu palacio, señor,
y cosa mía?
tan nuevo
Es que, si es loco un mancebo
en ausencia otro de su amor
Pag. 28
24v
no hay soldado tan villano
que sin muy grande ocasión
mate. Este era un fanfarrón,
un chocarrero, un villano.
Quizá dijere patrañas
por verdades con agravios,
y por pegalle los labios,
le han abierto las entrañas.
Llévenle.
¿Y resuelto estás?
Con mi pena enterrallo
voy, y quizá a averiguallo
quizá voy a enredar más.
Aparte.
Vase el conde. Entra Teosinda muy contenta.
¿Has visto cuando sale el sol ceñido
de una zona de fuego, nieve y grana,
o al mar cuando, al dejar la espuma cana,
de un color de zafir queda vestido?
¿Viste a mayo de flores guarnecido,
bordado sin la costa cortesana,
o pintado al pastor que amó a Diana,
o a Narciso en su luz desvanecido?
Pues eso es el soldado en este traje
que tú le permitiste, y con extremos
que le loa el más corto entendimiento.
Haz, señor, que sepamos su linaje.
Honra haremos a hombre a quien debemos
honra, vida, opinión, gusto y aumento .
Por más cuerda os he tenido
de lo que aquí parecéis.
Muy bueno es que celebréis
a un hombre por un vestido.
Si yo de vos no tuviera
la satisfacción que callo,
quien nos oyere callallo ,
¿qué creyera o qué dijera?
Al fin, la mujer más cuerda
25r
y más noble y más honrada
a curiosidades dada,
cerca está de que se pierda.
Gusto me haréis de entrar
allá de las niñerías
de mujeres, y en porfías
de bordar o de labrar,
y no en que parezca mal
o bien un hombre de guerra,
que aun no he entregado a la tierra
yo este tributo real,
y aun vivo yo, y si el soldado
me ha dado honor o provecho,
no es razón de vuestro pecho,
sino razón de mi estado.
Y no os vedo que no habléis
en esto, aunque esto os encargo,
digo que esto está a mi cargo,
y en esto gusto me haréis.
Aparte.
No me atrevo a encarecer
con más veras mi intención,
que temo la privación
en la más cuerda mujer,
que es vedarles una cosa
y incitallas a hacella.
Si alguna infeliz estrella,
si alguna lengua rabiosa
vos ha emponzoñado el pecho,
o pronostica mi daño,
de mi honroso desengaño
bien creo estáis satisfecho.
No daré más pareceres
si en eso el pesar estriba.
Aparte.
Apretada, ved cuál iba
a despeñarse a mujeres.
Señora, nunca mayor
Pag. 29
25v
paz reino en el alma mía.
Sois cielo de mi alegría
y sois el sol de mi honor.
Pero pareciome fuera
muy de vuestra obligación
esa consideración,
reñirla desa manera.
Celo de agradaros tuve.
¡Jesús! Creo vuestro celo.
¿Sois mi cielo?
Aparte.
En este cielo
yo haré que os paren nube.
Vase Milón.
Cielos, ¿quién ha emponzoñado
el corazón que algún día
era el sol que amanecía
en la fe que le he adorado?
¿Quién mudó la condición
tan hecha a mi voluntad?
Pues sabe Dios la lealtad
de mi hidalgo corazón.
Pero si, yo con llaneza
loé al soldado a merced,
¿qué lazo temo o qué red?
¿Quién a perturbarme empieza?
Yo soy quien soy, y mujer
de quien soy. Ya ha conocido
mi sangre, rey, no y marido ,
mi sencillo proceder.
¿Quién nuevas penas me causa,
y donde no se da culpa,
da sospechas dar disculpa?
Dios volverá por mi causa.
Entra el conde Teodoro.
¡Ay Dios! Aquí este atrevido.
¿Si es este desto el autor?
No me trae liviano amor,
honor tuyo me ha traído.
Señora, evitar tu mengua
26r
procuro, excusar tu daño
quiero. Atiende al desengaño
que aquí te ofrece mi lengua,
y podrás, si me creyeres,
librar tu vida, que está
en duda, si es capaz
osaros lo que quisieres,
que pues que al tiempo remito
lo que te digo y protesto,
el tiempo te dirá presto
o mi celo o mi delito.
Ya pasó la liviandad,
señora, que pretendí,
y a mí me reconocí
y adoré tu honestidad.
Y en fe de que, como cuerda,
callaste mi indiscreción,
te pago esta obligación
porque tu honor no se pierda.
¿Inventas otra quimera?
Casarse con su heredera.
Y hará bien si lo hiciere,
aunque agora está casado.
Dices bien, y ha de enviudar,
y habráslo de tú pagar,
que diz que es razón de estado,
porque ciñe en su sobrina
la princesa su poder
al suyo si es su mujer,
porque a este fin se camina.
Aquel mi truhán cojo
que entró allá sin ser llamado,
y la vida le ha costado,
que el príncipe le mató.
Yo voy a su enterramiento.
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26v
Lo que quisieres serás,
pero del tiempo sabrás
si digo verdad o miento.
Vase el conde.
Este se fue y me dejó
en la confusión que quedo.
¿Si es verdad esto o mintió?
Que este más parece enredo
que su venganza trazó.
¿Matarme el príncipe a mí
porque casarse? ¿Por qué?
¿Si teme que le ofendí?
¿Si dio a la sobrina fe?
¿Si el reino le quiere así?
Celos me abrasan. Mas, cielos,
Y ¡oh terrores! Y ¡oh celos!
El príncipe vuelve. Quiero...
Irme, no se enoje. Muero.
Consoladme, santos cielos.
Vase Teosinda. Vuelve el conde.
Quiero salirle al encuentro
al príncipe en la ocasión,
que en su antesala le encuentro,
que mi traición y invención
está en su esfera y su centro.
Esta mujer abrasada
en celos, y agora quiero
trazar la muerte al soldado,
que otro Ulises ser espero,
pues en ser Sinón he dado.
Esta mujer gozaré
y estos estados del mundo,
y el cielo trastornaré.
Entra el príncipe Milón.
Mi sentimiento profundo
trae mi color cual se ve.
Conde, ¿qué hacéis aquí?
Resuelto aguardo
a pedir que castigues este insulto,
27r
o buscaré a mi honor nuevo resguardo,
que ya es público el caso, y ya fue oculto
el matador; ya sé que fue el gallardo
laurel que ayer fue roble pobre inculto.
Tus alas le dan brío a este enemigo.
O le castiga o déjame el castigo.
Y anda mi honor en lenguas, pues si cría
pies la injuria, perdido me confieso.
Matar a este soldado convendría.
Ya sabéis la entereza que confieso.
Por diversos respetos encubría
de la pasada muerte el vil suceso,
pero si eso es notorio, con cordura
ocupe el reo nueva sepultura.
Y esto con el recato conveniente
que pide el caso, que esté escudado
ya de nuestra plebeya y noble gente.
Será esta la merced que dé al soldado,
que pues sirvió a merced villanamente.
Basta y fía de mí.
Voy confiado,
que para ti también castigo ofrezco,
y para la que adoro y aborrezco.
Vanse.
Entre Margarita en hábito de salteadora, con ballesta al hombro.
Dos pesos que son asombros,
de pasión y obligación,
a mi tierno corazón
pidan diamantinos hombros.
Y aunque tengo fomentada
la vida de sangre hidalga,
Pag. 31
27v
y al uno al encuentro salga,
y del otro esté agraviada,
cuando cargan con rigor
sobre mí, sin miedo alguno,
muriendo que es amor uno
y otro desamor y honor.
Comida estoy de que ha sido
poderosa la memoria
de este hombre a turbar la gloria
de la paz en que he vivido.
Loca estoy de que me den
cuidado su gracia y brío
y que admita el pecho mío
lenguaje de querer bien.
Abrásanme estos enojos
y, viendo mi honor deshecho,
me quiero arrancar el pecho,
me quiero sacar los ojos.
Mas de la inmortalidad
que en el alma me es notoria,
no sé cómo a la memoria
se arranque la voluntad.
¡Oh, pese a mi poco seso!
Yo, rendida a hombre que sé
matar, hago hombre y a hombrete ,
yo gusto en mi pecho impreso.
Pues, porque el mundo se asombre
de una mujer ejemplar,
vive Dios que he de quitar
la ocasión matando al hombre.
Y pues que mis valedores
no enfrentan sus desafíos,
28r
mis montañeses alpinos
y arriscados salteadores,
con su cabeza Arbocán,
quiero que vayan conmigo.
Será hoy el cielo testigo
de que soy su capitán.
Mas ellos llegan, y aquí
mi Lotario se adelanta.
Por otra parte llegan un escuadrón de salteadores, gente arriscada con capotillos, y al mismo tiempo Barón Lotario.
¿Qué es esto, hermosa infanta?
¿Dó te lleva el furor fiero
entre ladrones perdidos?
Ya que mudas los vestidos,
múdalos de caballero.
Ya que a entrar estás dispuesta
en la batalla aplazada,
sea el arma hidalga espada
y no mortífera ballesta,
pues que no es la vez primera
que has pisado la campaña
y no te lleve tu saña
donde un triste fin se espera.
Cobardes, ¿qué he de esperar
de vuestras viles espadas,
si un tronco por desbastar
en las batallas pasadas
os ha hecho recular?
Si de un general vestido
de aldea no habéis huido,
que me rompáis la cabeza
con vuestra vana fiereza
y vuestro falso ruido.
Quedaos, hombres confitados,
semihombres maricotes,
Pag. 32
28v
entre algodón conservados,
todos ámbar y bigotes
y cuellos almidonados.
Que con estos voy, en suma,
que el alquitrán los perfuma
y duermen, cuando más llueve,
sobre montañas de nieve
como en colchones de pluma.
Cada cual se carga un roble,
con fieros a fieras doma.
Margarita su honor cobre.
Vuelva, va engastada en plomo.
Que dejen si el oro es cobre.
¿Qué, de la gente bandida,
salteadora y forajida
va a la campaña cercada ?
Sin que pueda bastar nada,
que está ofendida y corrida.
Sigámosla, no perdamos
nuestra reina y su cabeza,
que nuestra opinión manchamos,
porque ha hecho su nobleza
espejo en que nos veamos.
Siga nuestro escuadrón,
porque su resolución
es grande y aunque es tan cuerda
va a pique de que se pierda.
Ya os sigo, señor barón.
Después que medí mi espada
con aquel monstruo asoldado
Toquen arma dentro. Entra Lotario. Queda Camilo.
29r
y su fuerza aventajada
me dejó, tan quebrantada,
cuerpo a cuerpo en la estacada,
echo harto en volver
sobre mí y convalecer
de un lado que me rompió.
Mas el que Amor me abrasó
siempre ha de a Amor arder.
Siempre está de esta impaciencia
el cruel fuego encendido
por Margarita en su ausencia.
Mas, como volví vencido,
no parezco en su presencia.
En su desgracia vivía
y de su rostro huía,
y el conde Severo ayer me escribe
que a un suceso me apercibe
de gran gozo y alegría,
y que esta noche me vea
con él en campaña, a solas,
adonde hablarme desea.
Mas de Amor soberbias olas
de esta fantasma o de esta idea,
que es recreo de mi enemigo,
que jura de ser mi amigo
y mi alegría protesta,
que le daré por respuesta
verme con él. Sí, ¿qué digo?
Digo que sí, que agraviado
este del nuestro soldado,
me ofrece algún buen partido.
Voy, que un amigo ofendido
consuelo es aun desdeñado.
Arma. Vase.
Pag. 33
29v
Dentro, ruido de batalla. Salga Belardo, espada desnuda, muy galán .
¡A mí, cobarde gente! ¡A mí, ladrones,
montañeses huidos, bandoleros!
Con ballestas picáis mis escuadrones,
villanos oponéis a caballeros,
jaras tiráis a inmobles torreones,
a mis garzas echáis flacos girifaltes
y a caza de un león vais con lebreles.
Volved, sierpes envueltas en aspieles .
¿A dó huís, si sois tan avisados,
montañeses del Alpe, que os ampara?
Yo hago frente a todos mis soldados,
el soldado a merced os hace cara.
Jaros entre esos riscos argentados.
¡A mí, a mí la ballesta! ¡A mí la jara!
Aquí está el jabalí vuelto en oveja.
El castigo, liebres, llegue a la oreja.
Monstruo de hombre, labrador,
de caballero vestido,
caballero en el valor,
terrero nunca caído
y conocido terror,
huyendo cual cabras van
de ti aquellos campesinos,
de quien yo soy capitán,
que sus hechos peregrinos
contados espanto dan.
Mas yo, que no sé huir,
vengo a ver si mortal eres
y si me podrás resistir.
Vente a mí, que lo des fieres ,
30r
si a tus pies he de morir.
¿Por qué no amelgas y cipas
por mí y la espada anticipas?
Quítala y no me consumas,
que te meteré las plumas
de aquesta jara en las tripas.
Hombre en el brío y vestidos,
mujer en el parecer,
si no yerran mis sentidos,
ángel antes de caer,
capitán de los caídos,
retrato de otra Atalanta,
que tu donaire levanta
la cerviz a su esfera,
lengua de Circe hechicera,
que a quien más la escucha encanta:
el brazo has adormecido,
ya no tiene lugar
que me cautives te pido.
Cupido hecho salteador
tira a caza aun rendido.
Que no soy tan montaraz
que no sepa cuánto importe
ser cortesano sagaz,
que esta vez tanto de corte
me tiene el alma sin paz.
Mujer eres, es ansí,
estás nuestra ofendida
de que yo te conocí.
Quiérola como a mi vida,
que de mujeres nací.
Aunque estoy en opinión
de ser contumación,
Pag. 34
30v
soy con ellas tan compuesto
que pienso vencer en esto
a Alejandro y Cipión.
Di, capitán embaidor,
para mi afrenta engendrado,
¿no le basta a tu valor
tener brazo de soldado,
sino lengua de orador?
Tú eres el que en cortesía
a muchos puedes vencellos
con tu secreta hidalguía.
Mas esta causa es de aquellos
y no solamente mía.
Juega la espada afamada,
que con ventaja no quiero
batalla que es tan honrada,
que también soy caballero
y ciño al lado espada.
Mátame o te mataré,
como a un villano, a que espera
tu brazo.
Sosiégate,
que de esa palabra grosera
por mi honor satisfaré.
No hay quien pueda resistirte.
Mete mano, ríndela y tómale la espada.
Llama a quien pueda ayudarte.
Soy noble y no he de huirte.
Es gran favor abrazarte
y es poca gloria rendirte.
Date por mi presa.
Doy,
pues ya sin espada estoy.
Levántela abrazada y póngale la espada al pecho.
31r
Lo que soy saber no puedes.
Vete en paz, para que quedes
cierta de lo que no soy.
Si alguno te ha prometido
esta cabeza y te adora
y de mi espada ha huido,
y esa es tu rabia, señora,
córtala si te ha ofendido.
Y si es que algún montañés
tengo esclavo y, por amallo,
en este traje te ves,
no tardaras en llevallo
más de en decirme cuál es.
Y si quieres compañía,
fía de mi pecho fiel,
porque es mucha mi hidalguía,
que hasta tu postrer cuartel
con honra te llevaría.
Mas pues no respondes nada,
nada debe convenirte
de la promesa pasada.
Donde quieras puedes irte,
Diana en Febo trocada,
porque ni quiero saber
quién eres ni penetrar
qué buscas ni pretender
tu afrenta ni granjear
tu amistad, bella mujer.
Vase Belardo. Queda suspensa.
¿Qué guerra el cielo concierta
esta mi libertad rendida?
¿A qué males se abre puerta?
Vine a vencer, voy vencida.
Pag. 35
31v
Vine con vida, voy muerta.
¿Quién es este sol soldado,
del cielo al ajeno suelo,
que de sus rayos dorado
ya no es suelo, sino cielo,
o el suelo que ha masticado ?
¿Quién es este labrador
que, vestido de señor,
parece rey, que desprecia
el honor que el mundo precia
como es su precio mayor?
¿Quién podrá ser esta esfera
de hidalga cortesía
y el centro de la posrera
cifra de la valentía?
¡Ay, Amor! ¡Ay, llaga fiera!
¡Ay, honor do no han valido
armas, lazos, trazas, red!
¿Qué valdría en que me he metido?
¡Ay, que el soldado a merced
no admite ningún partido!
Corrida voy, vencida.
Presto acabaría mi vida.
Noche, cúbrame tu manto.
Gente siento y yo me espanto.
Si en otros doy, soy perdida.
Quiero el oído poner
en la tierra. Aquí oigo hablar.
Dos hombres alcanzo a ver.
Quiero escondida esperar
el fin que esto ha de tener.
Toma la ballesta y retírese y póngase en donde salgan los dos condes, Severo y Camilo.
32r
Antes que habléis palabra, nuestros brazos
confirmen la amistad que os he ofrecido
por escrito.
Ya espero esos brazos.
¡Cielos! Al uno y otro he conocido.
Los condes son Camilo y Severo. ¿Cómo
los contrarios puestos se han unido?
Aquí hay grande misterio.
Yo, que tenía
las cosas de propósito que emprendo
y es rey mi gusto y del rey mayordomo,
vine a servir al príncipe, creyendo,
como lo prometió, que él me fiara
lo que estoy con la espada yo adquiriendo,
y tan en mi disgusto se declara
que no solo no me honra y acredita,
pero una bestia en forma de hombre ampara.
Dale el bastón y la opinión me quita,
y de este bestial monstruo ofendido,
que a envidia y rabia mi pasión incita,
a punto su privanza ha traído,
que tengo comisión para matallo.
¿Y por qué habéis su muerte diferido?
¡Oh amigo! En otro nuevo mar me hallo
engolfado. Yo sé que soy maestro
de pasiones de amor.
Padezco y callo.
Tan a mi costa en eso estoy tan diestro
que puedo dar lición. Pasa adelante,
¿Qué es esa novedad y temor vuestro?
Claro os tengo de hablar, como a un diamante,
a un monte inaccesible y a una roca.
Pag. 36
32v
a rebatir el mar del sur bastante.
¿Es la princesa?
No abras más la boca.
¿Es Teosinda?
Su nombre me atormenta,
el alma tiene y mi memoria loca.
¿Y sabe el viejo príncipe su ofensa?
¿Ha entendido algo?
Un medio hermano mío
le dio turbadamente alguna cuenta.
Matele yo y pagó su desvarío
de noche con el traje de soldado,
y carguele esta muerte.
Ya me río.
Y cárguele el amor la que ha errado.
Buen camino de dar cabo a tu vida.
Ya el príncipe su muerte me ha fiado,
pero este áspid obligue, esta homicida,
a no verme, que el adoro en lo hondo
suya está, impaciente, loca y ofendida.
El príncipe guardar su honor procura.
Ella no verme, que es en su recato
la misma honestidad y compostura.
Pues con vuestra amistad de lo que trato,
y esta dama ha de ser de vos robada
la noche que os avise, y Milón muerto,
y esta provincia nuestra.
Empresa honrada.
¿Y al soldado?
33r
Matarle al descubierto,
que a Teosinda le he dicho que se casa
Milón con Margarita, y lo ha encubierto,
con que mi ingrata, con celos y abrasada,
y vendrá a aborrecer a su marido.
Esto llega a este punto, a más no pasa,
y aquí para este fin os he traído.
Ya que vos me habéis fiado,
jurada nuestra amistad,
todo lo que os he escuchado,
oíd de mi voluntad
el estremo a que ha llegado.
Margarita me desdeña,
si esta moza es Troya, es peña.
Venciome el soldado fiero
y ya consuelo no espero,
y esta deshecha haré en a
cómo vos lugar me deis
robaré la que queréis,
y yo os daré a vos lugar
y vos habéis de robar
la que en medio mi alma veis,
que yo mataré a Milón,
vos a Lotario el varón
y al soldado, y gozaremos
sus estados y podemos
casarnos con bendición.
Vení en este concierto.
Muero por la brevedad.
Vení.
Voy seguro y cierto.
Entrense de las manos.
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33v
¿Quién pensara la maldad
que esta noche he descubierto?
¿Viose traición semejante?
Cielos, aquí es importante
mi ingenio y mi diligencia.
¿Cómo iré yo a la presencia
deste soldado, mi amante?
¿Cómo libraré mi vida
y a Teosinda y su cordura,
y a la opinión no ofendida
de mi tío, aunque procura
que mi estado se divida?
¡Qué trazas, loco desvío!
¡Jamás me vido mi tío!
¿Oh, qué disfraz que fabrico,
oh, qué reparo tan rico
para tan gran desvarío!
Aquí ya no es solo amor,
sino honor el que me lleva,
pagando a tanto traidor
en tan peligrosa prueba.
Favorecedme, señor.
Contra estados, vidas van,
labradora y capitán.
Con recio que calló el soldado,
por sus manos me ha librado,
mis manos me librarán.
Vase.
Salen Milón y Teosinda y criados.
Hágase apercebir una litera
34r
a Arlés, porque vais acompañada
de Flavio, Julia, Oroncayo y Silvera,
porque estéis con las monjas regalada.
Jamás, querido esposo, lo creyera,
pero ver que me quieres encerrada
me da a celar.
Aparte.
¡Cómo siente dejar los pretensores!
¡Ay, infamia de mi honor!
Aparte.
¡Ay, desengaño
a costa de mi vida!
Cajas.
¿Qué tan voces
tocan a arder?
Cajas a arder. Entre el Conde.
Un presente estraño,
digno de los romanos vencedores,
trae el soldado a merced.
De su cabeza
lo esperaba.
Téndrale hoy Vuestra Alteza.
Cajas a arder. Salgan en unas fuentes de plata, a no las haber, unos tafetanes de colores doblados, unos bolsones, en otra fuente, en otra unas espadas y bastones de general, jinque la rodilla, viniendo detrás muy galán Beraldo.
Señor, como a Vuestra Alteza
sirvo a merced y me ha honrado,
y sirvo como soldado,
el cielo de mi nobleza,
córrome de que se entienda,
pues mayor hazaña emprendo
que en tu servicio pretendo.
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34v
aumento de honra y hacienda.
Que, pues no quise partido
cuando te empecé a servir,
no me pensaba partir
rico, sino agradecido.
Y ansí, porque no murmure
alguno con su malicia
que el gobierno era avaricia,
y de quién soy se asegure,
desde que empuñé el bastón,
quiero que todo se asiente
de quien traigo presente
en forma de colación.
Dos ciudades harto graves
se han entrado, y villanajes
treinta, y catorce homenajes.
Mira de todos las llaves.
Dos generales rendí
en dos fuertes ocasiones
en campaña. Esos bastones
vienen con su empresa allí.
Seis banderas he quitado
a alféreces diferentes
y vienen en esas dos fuentes,
todo el tafetán doblado.
En estocada he rendido
de bueno a bueno seis hombres
un título y dos con nombres
de más soberbio apellido,
y otros diez rendí después.
Pero porque destos hagas
lo que gustes, de sus dagas
35r
y espadas ya el triunfo ves.
De eso que llama dinero
el mundo, entre mis soldados
repartí hartos ducados.
Eso que queda no quiero
sienta en tu caja real.
Esto hazme, esta merced,
porque te sirvo a merced
y me lo haga igual.
Que, porque en nombre de tuyo
gané este honor, el honor
te ofrezco, porque al señor
se le dé lo que es tan suyo.
Esto para prueba acepte
de cómo pago a quien me honra.
Y, puesto llevas la honra,
lleve Su Alteza el provecho,
que es regalo de mujeres.
Y ansí esto, princesa, es tuyo:
manda que la distribuya
en chapines y alfileres.
El soldado de rodillas, mete la pica en esto.
Aparte los dos.
¿Viose maldad semejante?
A mi esposa ha ofrecido
todo lo que me ha servido,
como despicadamente.
Conde, ¿qué os parece desto?
Que paséis por ello ansí,
que antes que salga de aquí
a matalle estoy dispuesto.
Y han estado hablando al oído el conde y Milón.
Eso reportarme puede.
Acepto vuestro servicio
y la paga y beneficio
el haceros merced quede.
Vos no hacéis de cortesía.
Cajas a arder, y cuando se vaya, detenga a Beraldo.
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35v
Aceptaldo.
Deténgate el conde.
Vaya a meter mano el conde y no ose.
Todo es vuestro.
Desea retiraros presto,
por el orden que venía.
Más ofreceros espero,
darme a más vitorias Dios.
No sabéis...
Tenemos los dos
que hablar.
Sí.
Yo a los dos quiero.
Entrense los soldados en orden.
Salga Margarita como que se escapa huyendo de los soldados y entran tirando de ella y riñendo.
¡Vala al diablo a vuesa guarda!
¡Jesús, Jesús, qué trabajo
para una pobre mujer
con estos hombres soldados!
Dame una limosna, acudades .
No me estorbéis el paso,
para que a Su Señoría
decir pueda mi recaudo.
Yo,
señor, que, como gitanos,
gitanos de buena gente,
cuadrilla de Maldonado,
pasamos con nuestra chusma
por los alegres campos,
que vais por Italia a España,
que tenemos allá hermanos.
Enviome a mí a pediros
a Su Señoría el paso,
y estos hombres me pellizcan.
¡Ay, cuál me tienen debajo!
¡Guay, guay, si me conocieras!
Sargento Miguel es antaño ,
antes de tener dos hijos
y antes de casar con Juan Cho,
aunque pícaras de veras,
36r
y algunas son mal pecado.
Señores, ¿cuál es el príncipe?
Ojito del enamorado,
dime cuál es.
Pues vosotras
¿ignoráis, que sabéis tanto,
cuál es el príncipe?
Mira,
díjetelo por probaros.
Ya sé que es Vuestra Merced,
cara de Pascua y de buen año.
Dame licencia y limosna
para que nos den el paso.
Diremos de dos cosas
que le tienen lastimado.
Muestra la mano, buen viejo.
Esto es hablar con el diablo.
No oiga sus embaucamientos.
Callad vos, Sancho Cuadrado,
también habrá para vos.
Antes este es muy buen rato,
con esto viven las pobres.
Bien hayas, Juan Aldearro,
vestido de caballero.
Si no aciertas más, yo callo.
Luego le diré mis cosas.
Tenme la limosna, hidalgo.
Quien mucho habla, algo acierta.
Carita de rosa, despacio,
nos cueste caro hablalle.
Dime, a ver, que te aguardo.
Una grande falta tienes:
no seas tan enojado.
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36v
En ver que alguno es cauto ,
que es quien procura tu agravio,
viejo estás, quiero te dar
con que os remocéis veinte años.
Toma esta receta, y con esta
verás cómo quedas sano.
Dale un papel y le lee el príncipe para sí.
Denle cien julios a esta,
y denles franco el paso.
Viva mil años la limosna.
Juan de Buen Alma, hidalgo,
muestra la mano y verás
qué te digo.
Quiero un rato
entretenerme leyendo.
Toma, di, que no reparo
en que me digas mentiras.
Muchas verdes te trato.
Mal te quieren enemigos,
de mil eres envidiado
y tú has hecho bien a todos.
Guárdate de un traidor falso,
no fíes de amigos, conde.
Ojito de enamorado,
linda boquita y gordita,
como yo te quiero harto,
una oración quiero darte,
que vernecés rece a espacio
y haz lo que ella te diga,
que es de una santa y no marras.
Aparte.
Leerela, aunque no la crea,
porque me tiene admirado
que esta es la labradora
y el capitán de los bravos,
que riendo entre todos tres
ha hecho el cielo un retrato.
Anda, embaucadora, parlera.
37r
¡Cómo os cansáis, mal casado!
Hoy, dejadme que a esta moza
de paso le diga algo.
Muestra la mano, señora.
Bien haya tu buen agrado.
No tengas celos de nadie.
Los dientes no tienes blancos:
toma rosas por abril,
lee esta receta y limpialdos,
y escusaréis vuestros celos
y muerte de algún honrado.
Lea.
¿Dónde es la dicha tan negra?
¿Para qué son dientes blancos?
Pero muestra y veré qué es.
Echad esta de aquí.
Cara de pocos amigos
del señor es el palacio.
Ora, anda, o lo que es más, me quiere ,
pues no vives engañado,
Quedaos, miserables. Adiós.
A espacio. Mercedes.
¡Mas que os vais con el diablo,
embaidora!
¡Fuese la gitana!
Y a buen rato.
Llámenmela. ¡Hola, mujer!
¡Jesús, qué terrible engaño!
Denle voces a gitana.
Todos, en acabando de leer, santiguándose, vayan.
¡Fuese la gitana!
Aún amo .
¡Ah, gitana!
Dios me libre
de tal enredo.
Es encanto.
¡La gitana fuese! Y…
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37v
Ya el demonio la ha llevado.
¡Jesús! Dios sea comigo.
Dios me libre de hombres falsos.
¡Ah, gitana!
¿Qué será
esto? Yo quedo temblando,
que mi conciencia me acusa,
y estos van atarantados.
Algún aviso le dio.
Juntamente tiemblo y ardo.
La gitana alcanzar quiero
y tenella . ¿Hola, soldados
de la guarda? No hay ninguno.
A la posta tomo el paso.
Fin. Segunda jornada.
Rúbrica ornamental debajo del colofón.
Sello ovalado de biblioteca.
Cara derecha en blanco.
Pag. 42
Ambas caras en blanco.
Pag. 43
Ambas caras en blanco.
Pag. 44
Guarda posterior y contratapa con papel marmoleado.
BN. Biblioteca Nacional. 1001966587.
