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Digital text for El soldado a merced

Publication date: November 3, 2026

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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El soldado a merced. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-soldado-a-merced-comedia.

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EL SOLDADO A MERCED

Pag. 01

Cubierta. En el lomo, Manuscrito 14989.

Pag. 02

Guarda marmoleada. Signatura antigua Vv 469 . Signatura actual Manuscrito 14989.

Pag. 03

Guardas en blanco.

Pag. 04

1r

Guarda izquierda en blanco.

Manuscrito A. y . Número 20.

Primera y segunda jornada del Soldado a merced.

34

Sello rojo sin texto legible.

Pag. 05

Verso de la portada en blanco, con huella de sello.

2r

Vv 469.

16

a

Jornada 1

Pag. 05

Acto primero del Soldado a merced.

Personas

Príncipe Milón.

Florinda, su mujer.

Beraldo .

Conde Severo.

Conde Camilo.

Un capitán.

Otón, emperador.

Doña Margarita.

Duque de Sajonia.

Beraldo .

Barón Lotario.

Don Hugo.

Un soldado, Cucharro, gracioso.

Salen el príncipe Milón, conde Severo, Florinda, mujer de Milón, y Cucharro, soldado gracioso, criado del conde. Traya sillas.

Sentados.

Príncipe Milón.

Señor conde, con tal día,

haciendo la vecindad

confederada amistad,

ya juzgo a Italia por mía,

porque con vuestro favor

vuestra persona presente

no es mucho el crédito aumente

y multiplique el honor.

Y ya no se atreverán

los que se burlan conmigo,

pues sois vos ya el enemigo

y seréis el capitán

Sello oval de la Biblioteca Nacional. [ilegible]

Dos marcas gráficas.

Pag. 06

2v

Príncipe Milón.

y temerán vuestra espada,

ya que a mi edad han perdido

todo el respeto debido.

Florinda.

Será importante jornada

cualquiera que el conde emprenda,

y pues hijos no tenemos,

buen heredero ponemos

en nuestro honor y hacienda.

El conde téngamele de

señor, en vuestro lugar,

que quien os viene a amparar

lícitamente os hereda.

Él goce nuestros estados,

que justo es nuestro intento .

Conde Severo.

Con tan grande ofrecimiento,

con deseos tan honrados,

crecerá la voluntad

a serviros, consagrada,

y acrisolarse ha en la espada

el corte y la agilidad.

Será el brazo de otro Anteo

y el hombro de otro Sansón,

de otro Héctor el corazón

y de Ulises el deseo.

Haré por mostrar que quiero

pagar deseos tan buenos

o, si muriere, a lo menos

3r

Conde Severo.

moriré cual caballero.

Téngase cierto de mí

que no caeré en villanía.

Abrácenle.

Sello oval de la Biblioteca Nacional.

Príncipe Milón.

De vos mi honor, mi amor fía.

Conde Severo.

Para serviros nací.

Florinda.

En vos está nuestro ser.

Conde Severo.

Por vos vengo a pelear.

Cucharro.

¿Y yo a quién he de heredar?

¿A quién he de suceder?

Conde Severo.

Oye el loco. Un truhán

mío es. Este no le oyamos

cuando de veras hablamos.

Cucharro.

Noble señor capitán,

que como endiosado huye

del hombre de tierra, paciencia.

En paz el alma, en creencia

que esta noche se concluye,

que a todos nos vendrá día,

quien esto no piensa, yerra.

Conde Severo.

De la ocasión desta guerra

informarme más querría.

Príncipe Milón.

Muy justo es que entendáis sucintamente

la ocasión desta gente rebelada,

que ser regida por los míos siente,

estando a este gobierno acostumbrada.

Y porque la cerviz inobediente

tantas veces ponía a mi yugo dada,

Pag. 07

3v

Príncipe Milón.

ha roto la coyunda, y sacudido

de los hombros el peso conocido,

ponemos el principio de Ginebra

desde su antigüedad y primacía,

cuando aquel que primero el pelo puso

inundó Egipto y la guerrera Persia,

y como nuevo Atlante llevó en peso

del antiguo al oriente monarquía,

Hércules digo, el padre de la guerra,

pobló, bajando a Italia, nuestra tierra.

Él asentó un ilustre principado

de la Alpe hasta el margen que ve el reino

con corona en el franco Delfinado,

y hasta el mar Ligústico y sereno

en el antro el mayor Genovesado .

Los pueblos alóbroges del terreno

la vieron sin camino los teutones,

cimbros, hunos y góticas naciones.

Y, corriendo el riesgo de la vida,

por ser su reino y patria libertada

fue de treinta y tres reyes poseída,

siendo de Italia y Francia respetada.

Y porque fue por mano aquí venida

la teutónica gente amotinada,

llamó Roma del cónsul que la enfrena

a esta tierra la vía Moriena .

4r

Príncipe Milón.

Y hasta que en cesión dividir quiso

parte destas provincias, conservaba

aquel su nombre y título indiviso

el rey que estos estados gobernaba.

Cesó el nombre de rey y, ya diviso

de la Borgoña, a Génova quedaba

una reliquia sola de los reyes

que a estos estados dieron honras, leyes.

Vengo a los dos hermanos, herederos

Bariato y Teutón; estos partieron

en dos partes los títulos enteros.

Digo, a Teutón, a Génova le dieron,

pero con estatutos y con fueros

que solo a nuestro estado permitieron

corona y que la genovana diera

tributo y nuestras leyes recibiera.

Siempre se ha hecho ansí hasta que agora

Margarita de Génova, princesa

belicosa y muy gran gobernadora,

que ciencias y armas todo lo profesa,

como se ve sin padre y tan señora

que desa gente en reina montañesa

es, por un mediodía , así tenida,

niega el tributo y deuda conocida.

Y si ve que la nombro yo heredera,

razón pide, que al fin es mi sobrina.

Pag. 08

4v

Príncipe Milón.

Mas no la he de nombrar hasta que muera,

y ella, que ya heredera se imagina,

lo que con paz capitular pudiera

lo quiere con mi daño y mi ruina.

Y yo, aunque en esta edad me pongo y quiero

ser de lo que ella goza el heredero,

que con tal capitán los forajidos

volverán a mis pies arrojados.

Conde Severo.

Atento he tenido los oídos,

grave es la causa y ricos los estados.

Procuraré esforzar su parte.

Florinda.

Unidos a vuestro gran valor vuestros soldados,

sin duda esforzaréis la nuestra.

Cucharro.

¿Y cuándo esfuerce la desotra peleando?

Conde Severo.

La de igualmente cato que estás en esto.

Cucharro.

Si es Margarita tal como la pinta

y requiebres , y ello en listo puesto,

añadiendo a las discordias otra tinta,

en viendo los dos soles en el puerto

que son de esfuerzo y gala ciencia quinta ,

ha de cesar la máquina importuna,

y a de la buena conjunción del sol y luna

combatirase al son de los tambores,

en son de chirimías y vigüelos,

y venderemos aquí los servidores,

orinales de cámara de viruelas,

para que acrecan a sus señores,

porque tiene el amor grandes piquelas.

5r

Cucharro.

Por Dios que adivinase esto una mula.

Florinda.

¿Está ella ahí muchas leguas?

Príncipe Milón.

Tiene el cielo

valor para marido, y quiera el cielo

que ansí suceda.

Cucharro.

Al cielo corresponde

mi buena profecía y mi buen celo.

Conde Severo.

Vamos a la campaña agora donde

aloja Margarita, que recelo

que hay daño en la tardanza.

Príncipe Milón.

Eso conviene.

Mas ¿qué gente entró? El alcaide viene.

Levantanse. Entra un capitán, venga con Beraldo, vestido de labrador rico con un bastón grande.

Capitán.

Como por ti fue mandado,

señor, por el villanaje

del tosco estilo y lenguaje,

la gente ha venido quintado

y al menos se le ha ofrecido

partido con la licencia

que me dio vuestra alteza,

que señalase partido.

Y he juntado dos mil

villanos de buena edad

que ya están en la ciudad,

gente robusta aunque vil,

pero dócil y obediente

para el trabajo importante.

Pag. 09

5v

Capitán.

Solo este mozo arrogante,

callado entre esta gente,

que aunque a servir ha venido

siempre en un fin se da,

que dice que servirá

a merced y no a partido.

Vuestra alteza le podrá honrar

Ved, pedidle.

Príncipe Milón.

¿Quién eres,

que servir a merced quieres,

¿De qué gente y qué lugar?

Beraldo.

Que me admitas y despidas

quiero para el fin que intentas,

porque no entiendo de cuentas,

¿para qué tantas me pidas?

Para que te sirva valiente,

el quién soy y adó nací,

si tus banderas seguí,

a tus cajas obediente.

Si eres señor de la hacienda

en que te vengo a ayudar

a conservar y aumentar,

con el concierto se entienda

de si merced me harás

del modo que te sirviere;

y a quien a merced te quiere

nunca le preguntes más,

que si algo bueno hace

que nunca calle el nombre,

y si malo, de un vil hombre,

¿saber nombre para qué?

Yo vengo a servir fiado

6r

Beraldo.

en que tu palabra es precio,

Eso demasiado he dicho.

Yo soy demasiado honrado.

Bajo de esta condición

el contrato se concluya,

la tierra y la guerra es tuya,

a tu voluntad dispón.

Yo tengo el partido en poco,

Buscaré a quien granjear.

Cucharro.

¿No me dejaréis hablar

dos palabras a este loco?

Ven acá. ¿Sabes lo que es

servir a merced, cuitado?

Es por precio señalado

reconocido interés.

¿Sabes lo que es diezmo de oro ,

oh, labrador, oh, quimera ,

vivir en orden de espera?

Y si de un favor te quiero

saber cuántas vidas son

menester para esperar.

En palacio has de esperar;

del caso a la conclusión,

y que al cabo del vencido ,

se borre lo que mereces,

se atienda a lo que pareces,

se sepa dónde has nacido.

Y una resma de papel

gastes en dar memoriales,

hecho bronce en los umbrales

del consejero más fiel,

y tras de haberte pelado

y hecho calvo de dar

porradas y de hincar

la rodilla, estropeado,

que digan, por que no pene:

Pag. 10

6v

Cucharro.

« Realma el que más te ampara,

vuestra justicia está clara.

Cuidado de vos se tiene,

pues tan bien habéis servido,

acordádmelo mañana».

Hermano, que es merced vana,

labrador, toma partido,

que te he cobrado afición

y me duele tu barreno.

Beraldo.

Amigo, el consejo es bueno

para los que cual vos son.

Cual loco en mi tema muero.

Cucharro.

Y de serlo da indicio.

Beraldo.

Señor, cual fuere el servicio,

así la merced espero.

Príncipe Milón.

Digo que te quiero ansí,

con que cuenta dél se tenga.

Conde Severo.

Siendo tal como convenga,

padre y madre tendrá en mí.

Florinda.

Eso basta, aunque bisoño,

no perderás tu bandera.

Capitán.

Tras de la primavera,

tras del invierno y otoño.

Guía deste hombre sencillo,

saldrá un sol que admire el vello.

Beraldo.

Dios, amigo, puede hacello,

que al vos, sí, os he de decillo.

Príncipe Milón.

Vamos a ver nuestra gente,

y de mi campo las tiendas.

Conde Severo.

En cuanto en la lid entiendas,

despacho cierta patente.

Príncipe Milón.

Lo que importe, proveed.

Florinda.

A ver los dos campos salgo.

Beraldo.

Capitán, hagamos algo.

Capitán.

Ven, soldado a merced.

Vanse. Quedan el Conde y Cucharro solos.

7r

Conde Severo.

¡Ay, Cucharro, qué inclemencia!

Si supieses cuál estoy.

Cucharro.

¡Ay, oh, loco!

Conde Severo.

Y lo soy,

si acierto a tener paciencia,

porque haber visto a quien vi

y quedar como he quedado,

argumento es que he dado

más paciencia que entendí.

A estraños lazos de amor

y de honores, ¡tanta red!

Cucharro.

¿Quiéresme también merced?

Págote el sayo, el honor.

Haremos la tienda jaula

De locos.

Conde Severo.

¡Ay, gran tormento!

Cucharro.

¿Qué es ello? ¿Hay encantamento

de los de Amadís de Gaula?

Conde Severo.

Crece el fuego sin que guarde

respeto a mi pretensión.

Cucharro.

Esta lumbre es de ladrón

que humea aunque no arde.

Conde Severo.

Conde, luego a este fin vienes ,

manos moverás en vano.

¿Adivinas?

Cucharro.

Soy gitano.

Conde Severo.

¿Qué haré?

Cucharro.

Sé yo qué tienes.

Conde Severo.

Avergüénzame el hablar.

Cucharro.

Miren qué novia o doncella.

¿No eres hombre? Habla.

Conde Severo.

Ella.

Pag. 11

7v

Cucharro.

Mas sí, basta. El amar

es querer bien astroado .

El acero en guerra puesto,

¿quién adivinó todo esto?

Florín de arte enamorado,

Ello de amor con la guerra,

patas arriba.

Conde Severo.

A huesos.

Cucharro.

A huesos, como decís,

tiene tragados la tierra.

Conde Severo.

Tragados, mas no callados.

Cucharro.

Sucedidos y entendidos.

Conde Severo.

Llorados y sucedidos.

Cucharro.

Y reídos y pasados.

Conde Severo.

¿Qué pasa?

Cucharro.

Pues ¿qué no pasa?

Mentecato, pasa un río,

pasa el calor, pasa el frío,

la memoria de una casa,

la torre del fundamento

más hondo, porque la edad

pasa cuento, y en verdad

que sea del favor ungüento

viejo, y ni lo necesitan.

Reacecho de sus soldados,

traidores ha habido honrados.

A la hermosa , tu galán

juega primero a seguro,

vence el contrario escuadrón

y cuando este tu escuadrón

toma almenas sobre el muro,

da con mi honor en la cava

8r

Cucharro.

y triunfa de la riqueza,

que como deso se empieza

y como deso se acaba,

cuánto más que este consejo

Dios lo quiera de coger ,

que en mi vida vi mujer

contenta con hombre viejo.

Conde Severo.

Sí, pero al tercer día

¿quién vivirá?

Cucharro.

Pues, señor,

fomentar el nuevo amor

con aromas de alegría

de cuando en cuando.

Conde Severo.

Tirando

voy con tus consejos, digo,

que de cuando en cuando, amigo,

le diré.

Cucharro.

De cuando en cuando.

Conde Severo.

Si esa dificultad gasta

el tiempo, vendrá a ser

mi virrey.

Cucharro.

No es menester,

su gobierno aun me basta.

Conde Severo.

Mas dices que va dando

vaya mi nueva fatiga

y de cuando en cuando diga

algo.

Cucharro.

Sí, de cuando en cuando.

Vase.

Salen la princesa Margarita y siéntese, en pie el conde Camilo, barón Lotario; al otro lado Margarita, aunque de mujer, como general vaquero, saya, sombrero, pluma, espada, bastón.

Pag. 12

8v

Doña Margarita.

Caballeros, bien gustara

que por tela de razón

toda nuestra disensión

sin más guerras se acabara.

Y pues que no hay ley que impida

que el arbitrio que nuestro

parente los dos ceda ,

el que tuviere más vida,

y según naturaleza

sea de preferir mi edad,

quiero que, por esta verdad,

mi nieta manche su nobleza,

ni aun la conciencia se cargue

con tanta muerte y ruina

de la tierra convecina

en una guerra tan larga.

Que, aunque hasta aquí llevamos

siempre la parte mejor,

como es tan ruin el honor,,

perdemos y no ganamos.

Parecéos que convendría

tratar de medios, que espero

que si hubiese un buen tercero

a todos nos compondría.

Al emperador Otón

queréis que escriba a su hermano,

el de Sajonia, que es llano

que importará a esta nación,

y más a los montañeses

de la fe, que van perdiendo

la vergüenza.

9r

Barón Lotario.

Pretendiendo

tan honrosos intereses

como allanar los países

y confirmar los estados,

medios eran acertados

como dellos nos avises.

Aclaremos tus deseos,

sepamos tus intenciones

y seremos Cicerones

los que hemos sido Teseos.

Conde Camilo.

Vuestra Alteza ha de suponer

que en ninguna paz vendremos

si un señor no conocemos

a quien se ha de obedecer.

Vuestra Alteza elija marido,

hombre digno del valor

que le dio el alto señor

y en ti ha venido conocido.

Y en teniendo tú con quien

nos des señor natural,

ningún mal nos vendrá mal

y el menor bien será bien.

Pero, en negociación

de naturales señores,

no pondrá gobernadores

más el príncipe Milón.

Antes te ha de admitir

en lo que él posee agora

por su gobernadora.

O aquí habemos de morir,

y si no muestre su saña

si en ser porfiado da,

Pag. 13

9v

Conde Camilo.

que por nosotros está

hasta agora la campaña.

Doña Margarita.

Conde, en dares de a vara

muchos reinos se han arruinado.

Conde Severo.

Yo hablo como soldado.

Barón Lotario.

¿Y cómo acuerda Vuestra Alteza,

conde Camilo?

Conde Camilo.

Barón

Lotario, esto es conveniente.

Si dijera lo que siente

el alma y el corazón,

por sosiega que alma tienes,

no veo aún nueva guerra.

Doña Margarita.

Cualquiera paz convendría.

Conde Camilo.

Si lo que he dicho previenes.

Doña Margarita.

No está bien a una mujer,

aunque señora acreditada,

tratando de ser casada,

que ella dé su parecer.

Vosotros lo conferid

y el que importe prevenid,

y al bien común siempre id

y no a mi gusto ni a mí,

que, en siendo noble y cristiano,

a quien el bien común le elija

destos reinos, sino hija ,

mi gusto está en vuestra mano,

aunque yo me he de casar.

Vosotros lo habéis de hacer.

Barón Lotario.

Bajo de ese parecer, pues lo permite tratar,

10r

Barón Lotario.

Beraldo, el hijo de Hugo,

duque de Sajonia, puede,

pues a su padre sucede,

ser el arco deste yugo.

Que el emperador Otón,

que de su padre es hermano,

por el aumento cristiano

vendrá en esta conclusión.

Y aun Milón, también nuestro,

quedará más satisfecho.

Doña Margarita.

Mi gusto es vuestro provecho,

vuestro es mi honor, que no mío.

Allá lo haced y firmad.

Barón Lotario.

Alemania a escribir voy.

Váyanse la princesa y el barón.

Conde Camilo.

Si esto se concluye hoy,

no quiero más calidad,

no quiero más vida fuera

honor, valor, pues perdí

la esperanza en que viví.

Mi tierra, mi honor, mi amor muera.

Arruinaldo y acabaldo,

cielos, ahorcarme puedo,

pues sin Margarita quedo

por Beraldo.

Si vestí el pecho de acero,

fuego, convertid en cera

a esta hermosa hechicera

por quien sin decillo muero.

Pag. 14

10v

Conde Camilo.

Mar y cielos, publicadlo,

según mi rabia infinita,

pues quedo sin Margarita

por Beraldo.

¡Oh Alemania! Aquella nieve

que el margen dorado y rubio

cubre del blanco Danubio

cuando montes della llueve

se vuelva en fuego abrasaldo.

Ejes del sol, bajad hoy,

pues sin Margarita voy

por Beraldo.

Vuelve a entrar el barón Lotario muy triste.

Barón Lotario.

A todos se nos muestra la fortuna

opuesta a que le hurta de mis oídos.

Tanta fe, dad , cielos, a las voces

que son nuestros deseos, aunque honrados.

Grandes cuidados son los nuestros, conde.

Conde Camilo.

Venga la muerte, vamos y muramos.

Acabe de una vez tanta tristeza.

Pero ¿qué hay nuevo, que volvéis tan triste?

Barón Lotario.

El conde nuevo.

Conde Camilo.

Nunca de otro lobo

en muertas ovejuelas concertadas

el general del príncipe se emplea.

¿Y qué importa?

Barón Lotario.

Su espada, ya sabemos,

ha estado corta, pero bien ha hallado,

según la relación que aquí me envían,

un soldado bisoño, tan valiente,

que ni a Milón le dan fuerzas tan grandes,

11r

Barón Lotario.

ni a Ulises tan notables invenciones,

ni al gran de Milicia tal fortuna,

tal pecho a Horacio y tal ventaja a Cino .

Conde Camilo.

¿Y sabéis quién es?

Barón Lotario.

Un aldeano,

que para nuestro daño parió un monte,

porque no hay capitán que cara a cara

le espere, ni estandarte que no abata.

Y esto remediárase, aunque le ha dado,

según aquí me escriben nuevas alas,

al príncipe Milón este demonio,

un ángel o lo que es, severo rayo.

Pero otro mayor mal llorar podremos,

que entrando a despachar para Alemania

me mostró el secretario de Vuestra Alteza

una gran relación en que le avisan

cómo a la hermosísima María,

de nuestro emperador mujer amada,

se le imputa una liviandad sangrienta ,

o verdad de un papel que en las visitas

o no sé qué favores descompuestos.

Y como aquel gran príncipe Beraldo

se hallase con la corte de su tío

al lado de su padre el de Sajonia,

mató a la emperatriz a puñaladas

y huyó y no parece, de manera

que el señor que elegíamos yace muerto

para nuestro propósito, esto lloro,

esto siento para ofrecer a Vuestra Alteza

otro marido, y entretanto vamos,

y al bisoño mozo resistamos.

Vase el barón.

Pag. 15

11v

Conde Camilo.

¡Oh qué invierno se ha trocado

en verano peregrino

con este aviso que vino

del lugar que me ha abrasado!

¡Oh cómo he resucitado!

Cielos, a Beraldo honraldo,

dadle contento infinito,

pues si morí, resucito

por Beraldo.

¡Oh Alemania, el bien te sobre!

Tu nieve se vuelva en perlas,

tantas que pueda cogerlas

a cojines el más pobre.

Beraldo, su estado cobre,

santo cielo, apadrinaldo,

dalde, por Dios, la vitoria,

pues de pena vuelvo a gloria

por Beraldo.

Entra la princesa Margarita.

Doña Margarita.

Conde, ver aquí entre antejos

queja de Vuestra Alteza al que Lotario

humor de flacos despojos

cuando nos mete el contrario

las espadas por los ojos.

Oídos tenéis tapados

cuando os llega aquí a afrentar.

Si afrenta esto a los honrados,

el eco del retirar

de vuestros mismos soldados,

cuando nos da el enemigo

12r

Doña Margarita.

con la voz de vencedor

sobre el balcón. Mas, amigo,

está un hombre de valor

pensando a solas consigo.

Si aguardáis a que yo siga

al que os entierra y desmaya,

y os afrenta y me obliga,

y que sacuda la saya

y me vista la loriga,

ya sabéis que lo sé hacer

y que estoy hecha a vencer,

mas es agraviar al nombre

de tan caballero y hombre

pelear una mujer.

Salid, salid, que ha salido

a campaña un labrador

de una montaña nacido,

que ha quedado vencedor

antes de ser conocido.

Sacudid la cobardía,

Redoblad mi compañía,

que me convierte las manos

si pensamientos villanos

vencen tanta hidalguía.

Conde Camilo.

Oh, sol , que en la hermosura

eres sol del resplandor,

sol del cielo en la cordura,

sol del mundo en el honor,

sol de Italia en la ventura,

vos, cuya luz ha dado

camino a la discreción,

Pag. 16

12v

Conde Camilo.

del más experto letrado

que soldado en escuadrón,

o que escuadrón con soldado,

para hacer mi atención

a tu gallarda presencia,

sin quedar vencido o loco.

Pero sosiégate un poco,

descansa y dame licencia,

que espero, por lo que callo

en lo que sufriendo estoy,

por quien es justo callallo,

por la fe de quien yo soy

y por la de tu vasallo,

de traerte maniatado

sobre el anca del rocín

del jinete más cansado

este Alcides palanquín

que recio se ha hallado.

Doña Margarita.

Pues si tal dicha os da Dios...

Conde Camilo.

Ese, pues, es ya un favor.

Doña Margarita.

Vence y quizá serán dos.

Conde Camilo.

Pues ¡triste del labrador!

Doña Margarita.

Pues ¡venturoso de vos!

Vase Camilo muy contento.

Signo de llamada al margen.

Doña Margarita.

Triste del rey ni reina o del que manda,

si la que rige y pende un gobierno

de un corazón que es fuego del infierno,

de una lengua cual falsa espada blanda.

¿Quién no se ha de perder que a congoja anda?

Quien ha de cumplir tanto que es eterno

ha de tener, cuero sagaz y tierno,

para no emponzoñar tanta demanda.

13r

Doña Margarita.

¡Oh corona!, parecen flores de oro

las cubiertas espinas que en ti nacen

y taladran las altas majestades.

Ya pensará este loco que le adoro.

Miente, mas hablo así porque me hacen

lisonjero orador necesidades.

Entra un soldado muy enojado.

Soldado.

Mátelo, él se le echa a cuestas.

Doña Margarita.

¡Paso!

¿Adónde vais, soldado?

Soldado.

Aquí, a Maltea.

Doña Margarita.

¿Por qué dejáis vuestra bandera?

Soldado.

Claro.

Aun si pudiera, obliga a más bajeza.

Soy sargento del tercio de Cínter .

Ha salido un Sansón en la fiereza

al campo y obligueme a maniatallo,

y aun no hay medio a cómo ejecutallo.

Doña Margarita.

¿Qué capitán seguís?

Soldado.

A Lepodino .

Doña Margarita.

¿Y quién es el valiente que os espanta?

Soldado.

Un soldado a merced, un peregrino

que le debió parir otra Atalanta,

un labrador o un griego diamantino,

que con un medio pino y una manta

caballos parte y hombres desmenuza.

Doña Margarita.

Pues ¿el conde Camilo no ha salido?

Soldado.

Salió y ha vuelto.

Doña Margarita.

¿Cómo? ¿Vitorioso?

Pag. 17

13v

Soldado.

Estropeado un brazo y aturdido,

medio soberbio y harto vergonzoso,

el barón Sergio y Flavio León Segundo,

el capitán Paroto , el gataneoso ,

Arnaldo el Bravo y Fulvio el Entilado ,

y todos, sin haber cuesta, han rodado.

Doña Margarita.

¿Y qué pensáis hacer vos adonde tantos

han hecho maravillas tan extrañas

y no ha bastado?

Soldado.

Darán favor los santos.

Cuando ven con buen celo las entrañas,

quizá volveré en mayores llantos,

que adonde no valen fuerzas valen mañas.

Con cien brazas de soga que me diera

mi capitán, atado le trujera

antes que amaneciera esotro día.

Le tuviera en el cuerpo de tu guarda

y aun dar para una soga no quería.

Dije que se arrebocé malaborda ,

y dijo...

Doña Margarita.

Baste ya, por mi vida,

que impresa tan aguda y tan gallarda

no ha de quedar por soga. Esta cadena

para el lazo, y el premio será buena.

Dale una cadena.

Doña Margarita.

No pierda yo por ser ese hombre avaro,

y cumplido, como pago yo, sargento.

Soldado.

Beso tus pies, en eso no reparo.

Ya vuelvo a nuestro ejército contento

y no será mañana el día claro

14r

Soldado.

cuando ante vuestra alojamiento

os traiga, o no gaño , puesto al hombro

esta sombra de ejército, este asombro.

Vase.

Doña Margarita.

Yo sé que este fanfarrón

tiene vana la cabeza,

pero suele en ocasión

hacer la mucha largueza

de las tripas corazón.

No le creí y hale dado

cual si le hubiera creído

el premio que no ha ganado,

por si hubiere otro atrevido

que envidie lo que ha medrado,

que la liberalidad

grandes mil tesoros encierra

y caza la voluntad,

y más con gente de guerra,

do siempre hay necesidad.

Ya ha dado sin duda alguna

más vitorias al que halaga

y paga con suerte oportuna

la merced y buena paga

que no la buena fortuna.

Mas ¿quién será este villano,

este monstruo, este terror

del blasón italiano?

Bien tengo este labrador,

y os abre, soberbio gitano ,

y pues no soy conocida

por el resto aun del vestido,

Pag. 18

14v

Doña Margarita.

porque no me vio en su vida,

en Dios y en mi ingenio fío

de vencer sin ser vencida.

Pero en máquinas de guerra,

¿quién más se tarda, más yerra?

Y estratagemas marciales

y de personas reales

no ha de saberlas la tierra.

Vase.

Sale Florinda enojada, conde Tevero descubierto.

Florinda.

Necio, atrevido, grosero,

loco, arrojado, antojado,

malicioso, novelero,

vicioso, falso, malvado,

villano y no caballero.

Conde Severo.

Señora.

Florinda.

Hombre sin honor.

Conde Severo.

Princesa mía.

Florinda.

Liviano,

el príncipe, mi señor...

Conde Severo.

Traigo en un pecho cristiano

piedad de un llorado error.

Florinda.

Sabrá vuestro atrevimiento

mi esposo.

Conde Severo.

Dame la muerte

y no me des tal tormento.

Florinda.

¿Vos razones desa suerte?

¿Vos tal descomedimiento?

¿Vos imaginar de mí

género de liviandad?

Conde Severo.

Muerto soy, yo me perdí.

Señora, una voluntad

ciega tanto.

15r

Florinda.

Andad de ahí.

Conde Severo.

Pero ¿ves que no responde

al desconcierto primero

de un conde el pensar que asconde

el terror?

Florinda.

Vos, caballero,

vos, noble huésped, vos, conde.

Conde Severo.

Soy la guerra, tea, el obligado .

¿Cuál soldado?

Florinda.

Vos, soldado,

volved en vos, y desde hoy

o os id o pensad que soy

No quiero, vos habéis pensado.

Vase Florinda. Queda cercado de rodillas y entra Cucharro.

Cucharro.

¿Hablastela?

Conde Severo.

Hablela.

Cucharro.

¿Y cómo ha ido?

Dijítele tu pasión.

Conde Severo.

Pinté mi pena .

Cucharro.

¿De una vez?

Conde Severo.

De una vez.

Cucharro.

Ya que es a Elena,

oh, por cia , ¿de qué modo ha respondido?

Conde Severo.

Como responde el bronce rebatido

que deja la bombarda y dio en la almena,

como responde el cable de la antena

al viento que por proa le ha embestido,

como responde el toro al que le espera,

la víbora a la planta que le crece

y el rayo al torreón que se defiende

por tu consejo vil, por tu quimera.

Pag. 19

15v

Conde Severo.

¡Oh mar soberbio! ¡Oh sacudida roca!

Cúbrate el mismo fuego que me enciende,

¡oh tesoro de duende!,

la esperanza perdida.

¿Ya para qué es el alma ni la vida?

Cucharro.

Estate, hombre, predicando.

Digo que vayas contento

y tomes de pulso al cuento

a tiempos de cuando en cuando.

Y tratas a la princesa

cual si fuera una mujer

común de tu proceder,

que fue la vulga confiesa,

y no culpes la fortuna,

ni al consejero acertado,

sino a ti, que lo has parlado

todo junto y todo a una.

Conde Severo.

Aunque no aciertas al blanco

del daño deste desdén,

no das en el blanco bien.

Parósete el cuento en blanco.

Tan ruin soy, tan malhecho,

tan sin poder, tan sin gracia,

tan caído en su desgracia,

tan sin gusto o sin provecho,

tan desigual en edad

y en calidad, que no fuera

admitido si tuviera

la que me oyó libertad.

Pesarle de ser querida

a una mujer, y de un hombre

16r

Conde Severo.

de suerte, opinión y nombre,

y a la pasión conocida

es mentira. Disque adora

ella al soldado a merced,

Que [ilegible] soldado a merced.

Conde Severo.

que está el pájaro en la red

y ella hecha cazadora,

y como la golosina

de la fama de sus hechos

tiene los oídos hechos

al gusto tras que camina.

Nombró posta por do entrara

el soberbio mensajero

de mi deseo primero,

ni hallo quien le amparara,

que contra una posesión

pleitea mal quien pleitea.

Cucharro.

¿Y cómo sabes que sea

verdad tu imaginación?

Conde Severo.

Este desdén lo confiesa,

y los ojos que ella pone

en él cuando se dispone

él a la menor empresa,

los brazos que da a su cuello

cuando vuelve el labrador

vitorioso y con honor.

Cucharro.

Si en verdad se lleva en ello,

¿y qué pretendes hacer?

¿Quieres matar al soldado?

Conde Severo.

Ese hombre importa a mi hado,

su favor es menester.

Pag. 20

16v

Conde Severo.

Yo haré del ladrón fiel

con él lo que yo querría

y que esta enemiga mía

la descompongas con él.

Digo al príncipe Milón

digas entre burlas y veras

que dicen lenguas parleras

que estima a este villanchón

la princesa tiernamente,

No a la clara, no te mate,

que será grande disparate

perdernos livianamente.

Ve con pasos atentados

que si das vida a esta llama,

yo triunfaré desta dama,

y quizá de sus estados.

Cucharro.

Tuyo soy, negar no puedo

que una gran traición se entabla.

Conde Severo.

El príncipe bien habla.

Cucharro.

Vete, que a servirte quedo,

Y maldiga Dios, amén,

a quien dijere mentira.

Vase el conde. Sale el príncipe Milón.

Príncipe Milón.

El valor de ese hombre admira.

Todos le quieren, y a bien

Si a merced le he de pagar

y él procede deste modo,

si no es que se lo dé todo,

no sé qué le pueda dar.

¿Quién está aquí?

17r

Cucharro.

Un barrachel

de campaña.

Príncipe Milón.

Un hablador al menos.

Cucharro.

Un servidor

de vuestra excelencia fiel,

y no tan hablador cuanto

no importe lo que dijere

si a crédito remediere.

Príncipe Milón.

Tan santo eres.

Cucharro.

No soy santo,

mas soy cristiano, y responde

mi celo a mejor camino,

Da en uno, ¡qué desatino

de amores!, mi amo el conde.

Y es Malteza al fin que eres

y mujer tuya, helo oído,

que, alerta vivo , te pido,

y dame a besar tus pies,

y calla, y adiós, y piensa

que ven más dos que uno.

Vase.

Príncipe Milón.

¡Ah, loco!

¡Ah, hombre! ¡Cielo, en tan poco

oído tan grande ofensa!

Entra el conde.

Príncipe Milón.

Si mentira este truhán,

si el conde le ha despedido...

Pero aquí al conde he sentido.

Si el conde diere en galán

y en mi casa se asegura,

yo premiaré su porfía,

que al matar es valentía

Pag. 21

17v

Príncipe Milón.

y el saber matar, cordura.

Aparte.

Conde Severo.

Ya del brío del despecho,

contra el aldeano ardiendo.

Muera, porque esto pretendo.

Príncipe Milón.

Conde, pues que os habéis hecho…

Conde Severo.

El atajo, salí y corrí.

Príncipe Milón.

¿Y mi labrador soldado?

¿Fue a vuestro lado?

Conde Severo.

A mi lado.

Príncipe Milón.

¿Qué dicen dél por ahí?

Conde Severo.

Que es discreto.

Príncipe Milón.

¿Y que es valiente

no dicen?

Conde Severo.

Y que es valiente

digan.

Príncipe Milón.

Prueba es evidente

aquel brío monstruoso.

Él basta para tener

el Genovés a raya.

La princesa ya desmaya.

Conde Severo.

Temerá como mujer.

Príncipe Milón.

Si él mata cada día

tantos hombres…

Conde Severo.

Le matamos.

Príncipe Milón.

Demás que , os honro a entrambos.

Tendréisle, por vida mía,

conde, como a general

igual a vos. Esto haced

a mi soldado a merced,

que no os estará esto mal.

18r

Conde Severo.

¿A un labrador das bastón?

Príncipe Milón.

Yo sé que en humilde traje,

que, aunque ignoro su linaje,

conozco su corazón.

Y, barrachel de campaña,

que de escucha nos servía,

sé que os sirve todavía,

si no es que miente o me engaña.

Y mirad, conde de Eloí,

por mi honor, ved que le fío

de vos, y que es honor mío.

Conde Severo.

Pienso que sabe quién soy.

Príncipe Milón.

Sé vuestro valor profundo

y que a quien bien corresponde

mi honor fío de vos, conde,

y es mi honor.

Conde Severo.

Fíame el mundo.

Vase el príncipe Milón, quédase el Conde, vuelve Cucharro.

Conde Severo.

¿Qué es esto del mío honor fío

y del hacer general

a un bulto, a un hombre bestial

¿y justicia, a un loco mío?

Celos, esto ha resultado

de lo que tracé y fingí.

Cucharro.

¿Hablóte el príncipe?

Conde Severo.

Sí.

Cucharro.

¿Cómo?

Conde Severo.

Como endemoniado,

adivinando sospechas

Pag. 22

18v

Conde Severo.

y publicando secretos.

Cucharro.

Pues ¿no estuvieron los efetos

a las prevenciones hechas?

Que así se ha mi salud

como lo que yo le dije.

Conde Severo.

Loco estoy, todo me aflige,

vana es mi solicitud,

porque honra al que culpaste

y darte a ti nuevo oficio.

Cucharro.

¿A mí?

Conde Severo.

Sí.

Bien pierdo el juicio:

o él no te oyó, o tú lo erraste,

o no entiendo aquel desvío.

Sígueme, que yo daré

con el cómo o por qué fue

esto del «mío honor os fío».

Vanse. Entre Margarita de aldeana, una cestilla, un vencejo el rostro, y luego saldrán tras ella tres soldados.

Doña Margarita.

¡Ah, allá, qué buena gente!

En celos que me he metido,

con este traje he venido

a ver el mozo valiente,

y de lejos contemplado

este muro, esta pared.

Este soldado a merced

o esta merced de soldado

muestra aun a la luz del día

deste secreto incapaz

19r

Doña Margarita.

que el labrador es disfraz,

y la merced, señoría;

y labrador con bastón

de general ahí delante

da indicio y muestra bastante

de que estos disfraces son,

y este es algún caballero

o algún príncipe que intenta

o en mi estado alguna afrenta

o es del mío tío heredero,

o quizá competidor

del ingrato viejo que goza

mujer tan hermosa y moza,

que es gran disfraz ante amor.

Pero mal hice en juzgar,

mal de la princesa miento.

Mi turbado pensamiento

hace al pensamiento errar

y aun a mis ojos hiciera

admitir cierta pasión

que tiraba al corazón,

si yo no la resistiera.

¿Qué el hombre tiene de hechizo

lo que de fuerte? ¡Ay de mí!

¿Yo pena por hombre ruin,

ponzoñoso bebedizo,

que otros pensamientos sigo?

Y no es mi juicio voltario

si pasé al campo contrario,

fui para ver mi enemigo,

Pag. 23

19v

Doña Margarita.

para informarme quién es

y matalle en conclusión,

que en la primera ocasión

pienso ponerle a mis pies.

Y miren aquesto:

lo que yo hago otra vuelta.

La gentecilla revuelta,

en ver si sois de provecho.

Salgan los soldados.

Soldado primero.

Quiteria, ¿a cómo decía

que eran esos frescos huevos?

Doña Margarita.

Pasen, primados mancebos.

Soldado segundo.

¿Qué digo? Escuche, Lucía,

que traía al campo natas.

Soldado tercero.

¿Que no vende os ha llamado?

¡Con mucha soldadada!

Y hace ferias baratas,

más vino a ver que a vender.

Soldado primero.

¿Ha venido con su padre Juana?

Doña Margarita.

Y quizá con mi madre.

Soldado segundo.

Mire lo que es menester,

que todo el mundo está aquí.

Luice , vea qué le agrada,

porque está malmaridada

de las más lindas que vi.

Si huye dél algún valiente,

y ¡ay de aquel lo entre al cuartel,

que no lo sacará dél

si no es el Omnipotente.

Entre Beraldo, todos se desvíen.

20r

Beraldo.

¿Qué es esto? Pero ¿qué hay, señores

soldados? ¿Qué junta es esta?

Soldado primero.

A los quesos de la cesta

les pedíamos favores.

Soldado segundo.

Vino aquí Menga a vender

al campo no sé qué fruta

desa aldea, y es astuta

para ser tosca mujer.

Soldado tercero.

Y iba de entretenimiento,

que es moza de polvo y lodo.

Beraldo.

¿Y regálanle de modo

a quien les trae bastimento?

¡Gentil modo de obligalla

para que vuelva otro día!

¿Qué escolta se le hacía

para más aseguralla?

¿Qué ventajas la prometen

¿Con qué crianza la cercan?

¿Es muralla que la cercan

o escuadrón que le acometen?

Amiga, si con malicia

alguno se deslenguó,

decildo, que aquí estoy yo

y os sabré hacer justicia.

Doña Margarita.

¿Qué modo de hablar han vido?

Amigo, así os guarde Dios,

que no aguardara yo a vos

si me hubieran ofendido.

Soldado primero.

¡Oh, la medio mayo a comáis !

Así a un general habláis.

Pag. 24

20v

Beraldo.

Mal su civilez culpáis ,

pues la divulga mi sayo!

¿Quién eres, cuerda aldeana?

Doña Margarita.

Mujer soy, grave aldeano.

Beraldo.

Mi rostro hace el caso llano.

Doña Margarita.

Y el vuestro a vos cara es llana.

Beraldo.

Yo no niego que no soy

un aldeano fiado

en que de mi pecho osado

cuenta con mis brazos doy;

mas de ti quiero saber

qué aldeana eres.

Doña Margarita.

También

soy yo una mujer de bien

que vine al campo a vender,

lo que vos ni lo habéis vido,

ni sabido ni sabréis

hasta que me declaréis

de qué padre habéis nacido.

Y básteos saber, señor,

que soy labradora agora,

que basta una labradora

para quien es labrador.

Aparte.

Doña Margarita.

Mi cuerdo juicio está loco.

De aquí me importa ir volando

porque este hombre se va entrando

en mi pecho poco a poco.

Aparte.

Beraldo.

Esta importa despedir

porque su mucho donaire

ha vuelto en llamas el aire

y me empieza a consumir.

No quiero saber de vos más.

21r

Doña Margarita.

Ni me sigáis.

Beraldo.

Ni os sigo.

Doña Margarita.

Que ni yo de vos, amigo.

Beraldo.

Id en paz.

Doña Margarita.

Quedad a Dios.

Beraldo.

¿Oís?

Este llamar y despedirse el primero con desdén; el segundo y el tercero muy enamorados.

Doña Margarita.

¿Qué queréis?

Beraldo.

Querría

saber lo que os importara

que yo quién soy declarara.

Doña Margarita.

¿Y a vos qué os importaría

saber quién soy?

Ellos dos.

Beraldo.

Confiarme.

No me vengáis a vender.

Doña Margarita.

Y a mí me importa saber,

no hayáis venido a asolarme.

¿Veis cómo somos los dos

contracifras de un fin cuerdo?

que me abraso!

Beraldo.

¡Que me pierdo!

Id en paz.

Doña Margarita.

Quedad a Dios.

Beraldo.

Más que labradora es esta.

Soldado primero.

Si te importa que la siga

o que mate esta enemiga,

Aquí veo el brazo y la cesta.

Soldado segundo.

Quizá es cualque oculta espía.

Soldado tercero.

O mejor, osadla espiar.

Beraldo.

Volvedla luego a llamar

y con mucha cortesía.

Pag. 25

21v

Soldado primero.

¡A vos la no sé la qué!

Soldado segundo.

Quiteria.

Doña Margarita.

Aspacio, Pascual.

¿Quién me llama?

Soldado tercero.

El general.

Doña Margarita.

Esperay. ¿Qué queréis?

Beraldo.

Ya no lo sé. ¡Oh, cómo estoy

víspera de enloquecerme.

Arma.

Doña Margarita.

¿Cómo aquí he de perderme

si no doy prisa y me voy?

Toquen al arma dentro.

Beraldo.

¡Arma, y aquí descuidados!

Doña Margarita.

Mi gente en trabajos puesta,

y yo con sayal y cesta.

Beraldo.

A vuestro cuartel, soldados.

Ya nos veremos los dos.

Vedme.

Doña Margarita.

Vedme vos.

Beraldo.

Espero veros.

Doña Margarita.

Y veros espero.

Beraldo.

Id en paz.

Doña Margarita.

Quedad a Dios.

Fin del acto primero de la famosa comedia del Soldado a merced. Va corregida y verdadera.

22r

Jornada 2

Pag. 25

2.ª. Acto segundo.

El conde Severo, vestido de villano, que imite a Beraldo.

Conde Severo.

Si envidia es rabia que abrasa

el alma que es mal compuesta,

¿qué será quien manifiesta

que celos y envidia pasa?

De lance en lance he venido

a sacar confusamente

deste truhán imprudente

que él causa del daño ha sido,

que el no llegar a creer

este necio que el soldado

a merced, que es adorado,

ha echado el caso a perder.

Y para que mi intención

el honor que pretendo ultraje,

esta noche en este traje

esforzaré otra invención.

¡Cielos, vea yo rendida

a esta Circe a mis encantos

y a este vencedor de tantos

sin gloria y sin vida!

Apriesa amanece aquí,

soy perdido si ansí espero.

Mas ya viene este parlero

de quien me desquitaré ansí.

Cucharro de soldado de donaire.

Cucharro.

Aquí dijo que estaría

Pag. 26

22v

Cucharro.

Mi amo, el conde, ¿a qué fin?

No se ha hecho matachín.

Vengo antes que sea de día

¿Adó me trae este loco?

y me he de perder por él.

Ya yo no soy barrachel,

tal oficio tengo en poco.

¿En mi cuartel no estuviera

más seguro y respetado,

y no rondando y armado

de noche y desta manera?

Quizá donde vuelva llena

de leña fresca la testa,

o en hora tan descompuesta,

me abrace cualque alma en pena.

Yo soy algo espantadizo

Y corto de vista.

Tapado el conde y fingida la voz.

Conde Severo.

¿Quién

va?

Cucharro.

Aquí hay réquiem amén.

¿Qué fantasma? Que soy yo.

Mas ¿este no es el soldado

a merced, por vida mía?

¿Acaso es su señoría?

Conde Severo.

Presto os he desengañado.

Presto disteis en quién soy.

Y vos, ¿quién sois?

Cucharro.

Yo, Cuezarro.

Que aunque braveo y desgarro,

muy mal perfumado estoy,

que él me marea al alzar

los ojos al primer viento,

echo gran sentimiento

por vergonzoso lugar.

Mas, si lo eres tú, me quito …

Conde Severo.

Yo soy, mas tomad, traidor,

23r

Conde Severo.

porque en secretos de amor

ansí se paga un delito.

Dele, caiga. Huya el conde. Entre Milón y soldados.

Cucharro.

¿A mí?

Conde Severo.

A vos. ¿Y si Teosinda

me llama? Uno. Callad vos.

Príncipe Milón.

¿Qué es esto? ¿Qué desconcierto

es este?

Cucharro.

Yo, que me han muerto.

¡Que me mata! ¡Aquí de Dios!

Primero que el alma rinda,

cielos, hombres, socorred.

Príncipe Milón.

¿Quién?

Cucharro.

El soldado a merced,

aquel villano endiosado,

que en cosas de tu honor toca.

Príncipe Milón.

Paso, vil, cierra la boca.

No me quede aquí soldado.

A la puerta de palacio

y tienda nuestra asistid,

y sin mi licencia aquí

no entre sino solo Horacio.

Váyanse los soldados.

Príncipe Milón.

Agora, ¿qué dices, hombre

loco, arrojado y herido?

Porque apenas te he entendido

y hay mucho de que me asombre.

¿No me dijiste este día

que el conde, en mi deshonor,

no sé qué de un vano amor

con mi esposa pretendía,

que viviese con cuidado?

¿Quién te hirió y me deshonra?

¿Cómo dices que en mi honra

toca el general soldado?

¿O tú eres el inventor

de tanta mentira, o es

mi deshonra el interés

Pag. 27

23v

Príncipe Milón.

de tanto oculto traidor?

O me desengaña, o piensa

que no quedará pedazo

de ti.

Cucharro.

Ya que llegó el plazo

de que descubra tu ofensa,

sabed que el conde intenta

que Teosinda le estimara,

y ella, que es luz de honor clara,

para necio le dejó,

y él entendió que nacía

el desdeñarle de aquella

era de este cielo estrella,

que es sol de la valentía,

y trujo la liviandad

de que te desengañe.

Mas yo soy quien me engañé,

lo contrario es la verdad,

porque viniendo mandado

yo del conde por aquí,

hablar al soldado oí.

Príncipe Milón.

Mira bien si era el soldado.

Cucharro.

El propio en su primer traje

de villano, y conocido

que era yo, el fiero atrevido,

en su soberbio lenguaje:

«Si me ama Teosinda o no»,

dijo, «callaldo, villano»,

y metió a una espada mano

y, como ves, me dejó.

Príncipe Milón.

¿Y sabes más?

Cucharro.

Esto sé

solo, y pues cristiano soy

24r

Cucharro.

y cuenta a Dios a dar voy,

cree que verdad diré.

Allá lo remedia tú.

Haz de estos dos malos dos buenos,

que no hay más.

Príncipe Milón.

Porque haya menos,

toma, villano.

Dale y acaba con él.

Cucharro.

¡Jesús!

Príncipe Milón.

El echar este candado

a esta puerta de mi afrenta

corría ya por mi cuenta,

y por eso la he cerrado.

¿Y a quién no es sepulturero

de su afrenta aun cuando está

en opinión de verla

hecho el mundo pregonero?

Este calle porque ansí

calle con seguridad,

y si esto fuere verdad,

honor y sangre hay en mí.

Disimularé, que en breve

dirá el tiempo mis congojas,

y os verá canas o rojas,

armas, que el ampo de nieve.

¡Ah de mi guarda! Este ha dado

el alma en mis brazos. Dalde

sepultura. Id, enterralde.

Entren soldados y el conde Teodoro. Métanle luego y estén los soldados fuera como que le tienen delante del lienzo.

Conde Severo.

Aunque sin licencia he entrado

a tu presencia por verte

antes que a campaña salga,

mas, ¡todo el cielo me valga!,

¿quién le dio a mi truhán muerte

en tu palacio, señor,

y cosa mía?

tan nuevo

Príncipe Milón.

Es que, si es loco un mancebo

en ausencia otro de su amor

Pag. 28

24v

Príncipe Milón.

no hay soldado tan villano

que sin muy grande ocasión

mate. Este era un fanfarrón,

un chocarrero, un villano.

Quizá dijere patrañas

por verdades con agravios,

y por pegalle los labios,

le han abierto las entrañas.

Llévenle.

Conde Severo.

¿Y resuelto estás?

Con mi pena enterrallo

voy, y quizá a averiguallo

quizá voy a enredar más.

Aparte.

Vase el conde. Entra Teosinda muy contenta.

Teosinda.

¿Has visto cuando sale el sol ceñido

de una zona de fuego, nieve y grana,

o al mar cuando, al dejar la espuma cana,

de un color de zafir queda vestido?

¿Viste a mayo de flores guarnecido,

bordado sin la costa cortesana,

o pintado al pastor que amó a Diana,

o a Narciso en su luz desvanecido?

Pues eso es el soldado en este traje

que tú le permitiste, y con extremos

que le loa el más corto entendimiento.

Haz, señor, que sepamos su linaje.

Honra haremos a hombre a quien debemos

honra, vida, opinión, gusto y aumento .

Príncipe Milón.

Por más cuerda os he tenido

de lo que aquí parecéis.

Muy bueno es que celebréis

a un hombre por un vestido.

Si yo de vos no tuviera

la satisfacción que callo,

quien nos oyere callallo ,

¿qué creyera o qué dijera?

Al fin, la mujer más cuerda

25r

Príncipe Milón.

y más noble y más honrada

a curiosidades dada,

cerca está de que se pierda.

Gusto me haréis de entrar

allá de las niñerías

de mujeres, y en porfías

de bordar o de labrar,

y no en que parezca mal

o bien un hombre de guerra,

que aun no he entregado a la tierra

yo este tributo real,

y aun vivo yo, y si el soldado

me ha dado honor o provecho,

no es razón de vuestro pecho,

sino razón de mi estado.

Y no os vedo que no habléis

en esto, aunque esto os encargo,

digo que esto está a mi cargo,

y en esto gusto me haréis.

Aparte.

Príncipe Milón.

No me atrevo a encarecer

con más veras mi intención,

que temo la privación

en la más cuerda mujer,

que es vedarles una cosa

y incitallas a hacella.

Teosinda.

Si alguna infeliz estrella,

si alguna lengua rabiosa

vos ha emponzoñado el pecho,

o pronostica mi daño,

de mi honroso desengaño

bien creo estáis satisfecho.

No daré más pareceres

si en eso el pesar estriba.

Aparte.

Príncipe Milón.

Apretada, ved cuál iba

a despeñarse a mujeres.

Señora, nunca mayor

Pag. 29

25v

Príncipe Milón.

paz reino en el alma mía.

Sois cielo de mi alegría

y sois el sol de mi honor.

Pero pareciome fuera

muy de vuestra obligación

esa consideración,

reñirla desa manera.

Teosinda.

Celo de agradaros tuve.

Príncipe Milón.

¡Jesús! Creo vuestro celo.

Teosinda.

¿Sois mi cielo?

Aparte.

Príncipe Milón.

En este cielo

yo haré que os paren nube.

Vase Milón.

Teosinda.

Cielos, ¿quién ha emponzoñado

el corazón que algún día

era el sol que amanecía

en la fe que le he adorado?

¿Quién mudó la condición

tan hecha a mi voluntad?

Pues sabe Dios la lealtad

de mi hidalgo corazón.

Pero si, yo con llaneza

loé al soldado a merced,

¿qué lazo temo o qué red?

¿Quién a perturbarme empieza?

Yo soy quien soy, y mujer

de quien soy. Ya ha conocido

mi sangre, rey, no y marido ,

mi sencillo proceder.

¿Quién nuevas penas me causa,

y donde no se da culpa,

da sospechas dar disculpa?

Dios volverá por mi causa.

Entra el conde Teodoro.

Teosinda.

¡Ay Dios! Aquí este atrevido.

¿Si es este desto el autor?

Conde Severo.

No me trae liviano amor,

honor tuyo me ha traído.

Señora, evitar tu mengua

26r

Conde Severo.

procuro, excusar tu daño

quiero. Atiende al desengaño

que aquí te ofrece mi lengua,

y podrás, si me creyeres,

librar tu vida, que está

en duda, si es capaz

osaros lo que quisieres,

que pues que al tiempo remito

lo que te digo y protesto,

el tiempo te dirá presto

o mi celo o mi delito.

Ya pasó la liviandad,

señora, que pretendí,

y a mí me reconocí

y adoré tu honestidad.

Y en fe de que, como cuerda,

callaste mi indiscreción,

te pago esta obligación

porque tu honor no se pierda.

Teosinda.

¿Inventas otra quimera?

Conde Severo.

Casarse con su heredera.

Teosinda.

Y hará bien si lo hiciere,

aunque agora está casado.

Conde Severo.

Dices bien, y ha de enviudar,

y habráslo de tú pagar,

que diz que es razón de estado,

porque ciñe en su sobrina

la princesa su poder

al suyo si es su mujer,

porque a este fin se camina.

Aquel mi truhán cojo

que entró allá sin ser llamado,

y la vida le ha costado,

que el príncipe le mató.

Yo voy a su enterramiento.

Pag. 30

26v

Conde Severo.

Lo que quisieres serás,

pero del tiempo sabrás

si digo verdad o miento.

Vase el conde.

Teosinda.

Este se fue y me dejó

en la confusión que quedo.

¿Si es verdad esto o mintió?

Que este más parece enredo

que su venganza trazó.

¿Matarme el príncipe a mí

porque casarse? ¿Por qué?

¿Si teme que le ofendí?

¿Si dio a la sobrina fe?

¿Si el reino le quiere así?

Celos me abrasan. Mas, cielos,

Y ¡oh terrores! Y ¡oh celos!

El príncipe vuelve. Quiero...

Irme, no se enoje. Muero.

Consoladme, santos cielos.

Vase Teosinda. Vuelve el conde.

Conde Severo.

Quiero salirle al encuentro

al príncipe en la ocasión,

que en su antesala le encuentro,

que mi traición y invención

está en su esfera y su centro.

Esta mujer abrasada

en celos, y agora quiero

trazar la muerte al soldado,

que otro Ulises ser espero,

pues en ser Sinón he dado.

Esta mujer gozaré

y estos estados del mundo,

y el cielo trastornaré.

Entra el príncipe Milón.

Príncipe Milón.

Mi sentimiento profundo

trae mi color cual se ve.

Conde, ¿qué hacéis aquí?

Conde Severo.

Resuelto aguardo

a pedir que castigues este insulto,

27r

Conde Severo.

o buscaré a mi honor nuevo resguardo,

que ya es público el caso, y ya fue oculto

el matador; ya sé que fue el gallardo

laurel que ayer fue roble pobre inculto.

Tus alas le dan brío a este enemigo.

O le castiga o déjame el castigo.

Príncipe Milón.

Y anda mi honor en lenguas, pues si cría

pies la injuria, perdido me confieso.

Matar a este soldado convendría.

Ya sabéis la entereza que confieso.

Por diversos respetos encubría

de la pasada muerte el vil suceso,

pero si eso es notorio, con cordura

ocupe el reo nueva sepultura.

Y esto con el recato conveniente

que pide el caso, que esté escudado

ya de nuestra plebeya y noble gente.

Será esta la merced que dé al soldado,

que pues sirvió a merced villanamente.

Conde Severo.

Basta y fía de mí.

Príncipe Milón.

Voy confiado,

que para ti también castigo ofrezco,

y para la que adoro y aborrezco.

Vanse.

Entre Margarita en hábito de salteadora, con ballesta al hombro.

Doña Margarita.

Dos pesos que son asombros,

de pasión y obligación,

a mi tierno corazón

pidan diamantinos hombros.

Y aunque tengo fomentada

la vida de sangre hidalga,

Pag. 31

27v

Doña Margarita.

y al uno al encuentro salga,

y del otro esté agraviada,

cuando cargan con rigor

sobre mí, sin miedo alguno,

muriendo que es amor uno

y otro desamor y honor.

Comida estoy de que ha sido

poderosa la memoria

de este hombre a turbar la gloria

de la paz en que he vivido.

Loca estoy de que me den

cuidado su gracia y brío

y que admita el pecho mío

lenguaje de querer bien.

Abrásanme estos enojos

y, viendo mi honor deshecho,

me quiero arrancar el pecho,

me quiero sacar los ojos.

Mas de la inmortalidad

que en el alma me es notoria,

no sé cómo a la memoria

se arranque la voluntad.

¡Oh, pese a mi poco seso!

Yo, rendida a hombre que sé

matar, hago hombre y a hombrete ,

yo gusto en mi pecho impreso.

Pues, porque el mundo se asombre

de una mujer ejemplar,

vive Dios que he de quitar

la ocasión matando al hombre.

Y pues que mis valedores

no enfrentan sus desafíos,

28r

Doña Margarita.

mis montañeses alpinos

y arriscados salteadores,

con su cabeza Arbocán,

quiero que vayan conmigo.

Será hoy el cielo testigo

de que soy su capitán.

Mas ellos llegan, y aquí

mi Lotario se adelanta.

Por otra parte llegan un escuadrón de salteadores, gente arriscada con capotillos, y al mismo tiempo Barón Lotario.

Barón Lotario.

¿Qué es esto, hermosa infanta?

¿Dó te lleva el furor fiero

entre ladrones perdidos?

Ya que mudas los vestidos,

múdalos de caballero.

Ya que a entrar estás dispuesta

en la batalla aplazada,

sea el arma hidalga espada

y no mortífera ballesta,

pues que no es la vez primera

que has pisado la campaña

y no te lleve tu saña

donde un triste fin se espera.

Doña Margarita.

Cobardes, ¿qué he de esperar

de vuestras viles espadas,

si un tronco por desbastar

en las batallas pasadas

os ha hecho recular?

Si de un general vestido

de aldea no habéis huido,

que me rompáis la cabeza

con vuestra vana fiereza

y vuestro falso ruido.

Quedaos, hombres confitados,

semihombres maricotes,

Pag. 32

28v

Doña Margarita.

entre algodón conservados,

todos ámbar y bigotes

y cuellos almidonados.

Que con estos voy, en suma,

que el alquitrán los perfuma

y duermen, cuando más llueve,

sobre montañas de nieve

como en colchones de pluma.

Cada cual se carga un roble,

con fieros a fieras doma.

Margarita su honor cobre.

Todos.

Vuelva, va engastada en plomo.

Doña Margarita.

Que dejen si el oro es cobre.

Conde Camilo.

¿Qué, de la gente bandida,

salteadora y forajida

va a la campaña cercada ?

Barón Lotario.

Sin que pueda bastar nada,

que está ofendida y corrida.

Sigámosla, no perdamos

nuestra reina y su cabeza,

que nuestra opinión manchamos,

porque ha hecho su nobleza

espejo en que nos veamos.

Siga nuestro escuadrón,

porque su resolución

es grande y aunque es tan cuerda

va a pique de que se pierda.

Conde Camilo.

Ya os sigo, señor barón.

Después que medí mi espada

con aquel monstruo asoldado

Toquen arma dentro. Entra Lotario. Queda Camilo.

29r

Conde Camilo.

y su fuerza aventajada

me dejó, tan quebrantada,

cuerpo a cuerpo en la estacada,

echo harto en volver

sobre mí y convalecer

de un lado que me rompió.

Mas el que Amor me abrasó

siempre ha de a Amor arder.

Siempre está de esta impaciencia

el cruel fuego encendido

por Margarita en su ausencia.

Mas, como volví vencido,

no parezco en su presencia.

En su desgracia vivía

y de su rostro huía,

y el conde Severo ayer me escribe

que a un suceso me apercibe

de gran gozo y alegría,

y que esta noche me vea

con él en campaña, a solas,

adonde hablarme desea.

Mas de Amor soberbias olas

de esta fantasma o de esta idea,

que es recreo de mi enemigo,

que jura de ser mi amigo

y mi alegría protesta,

que le daré por respuesta

verme con él. Sí, ¿qué digo?

Digo que sí, que agraviado

este del nuestro soldado,

me ofrece algún buen partido.

Voy, que un amigo ofendido

consuelo es aun desdeñado.

Arma. Vase.

Pag. 33

29v

Dentro, ruido de batalla. Salga Belardo, espada desnuda, muy galán .

Belardo.

¡A mí, cobarde gente! ¡A mí, ladrones,

montañeses huidos, bandoleros!

Con ballestas picáis mis escuadrones,

villanos oponéis a caballeros,

jaras tiráis a inmobles torreones,

a mis garzas echáis flacos girifaltes

y a caza de un león vais con lebreles.

Volved, sierpes envueltas en aspieles .

¿A dó huís, si sois tan avisados,

montañeses del Alpe, que os ampara?

Yo hago frente a todos mis soldados,

el soldado a merced os hace cara.

Jaros entre esos riscos argentados.

¡A mí, a mí la ballesta! ¡A mí la jara!

Aquí está el jabalí vuelto en oveja.

El castigo, liebres, llegue a la oreja.

Doña Margarita.

Monstruo de hombre, labrador,

de caballero vestido,

caballero en el valor,

terrero nunca caído

y conocido terror,

huyendo cual cabras van

de ti aquellos campesinos,

de quien yo soy capitán,

que sus hechos peregrinos

contados espanto dan.

Mas yo, que no sé huir,

vengo a ver si mortal eres

y si me podrás resistir.

Vente a mí, que lo des fieres ,

30r

Doña Margarita.

si a tus pies he de morir.

¿Por qué no amelgas y cipas

por mí y la espada anticipas?

Quítala y no me consumas,

que te meteré las plumas

de aquesta jara en las tripas.

Belardo.

Hombre en el brío y vestidos,

mujer en el parecer,

si no yerran mis sentidos,

ángel antes de caer,

capitán de los caídos,

retrato de otra Atalanta,

que tu donaire levanta

la cerviz a su esfera,

lengua de Circe hechicera,

que a quien más la escucha encanta:

el brazo has adormecido,

ya no tiene lugar

que me cautives te pido.

Cupido hecho salteador

tira a caza aun rendido.

Que no soy tan montaraz

que no sepa cuánto importe

ser cortesano sagaz,

que esta vez tanto de corte

me tiene el alma sin paz.

Mujer eres, es ansí,

estás nuestra ofendida

de que yo te conocí.

Quiérola como a mi vida,

que de mujeres nací.

Aunque estoy en opinión

de ser contumación,

Pag. 34

30v

Belardo.

soy con ellas tan compuesto

que pienso vencer en esto

a Alejandro y Cipión.

Doña Margarita.

Di, capitán embaidor,

para mi afrenta engendrado,

¿no le basta a tu valor

tener brazo de soldado,

sino lengua de orador?

Tú eres el que en cortesía

a muchos puedes vencellos

con tu secreta hidalguía.

Mas esta causa es de aquellos

y no solamente mía.

Juega la espada afamada,

que con ventaja no quiero

batalla que es tan honrada,

que también soy caballero

y ciño al lado espada.

Mátame o te mataré,

como a un villano, a que espera

tu brazo.

Belardo.

Sosiégate,

que de esa palabra grosera

por mi honor satisfaré.

Doña Margarita.

No hay quien pueda resistirte.

Mete mano, ríndela y tómale la espada.

Belardo.

Llama a quien pueda ayudarte.

Doña Margarita.

Soy noble y no he de huirte.

Belardo.

Es gran favor abrazarte

y es poca gloria rendirte.

Date por mi presa.

Doña Margarita.

Doy,

pues ya sin espada estoy.

Levántela abrazada y póngale la espada al pecho.

31r

Doña Margarita.

Lo que soy saber no puedes.

Belardo.

Vete en paz, para que quedes

cierta de lo que no soy.

Si alguno te ha prometido

esta cabeza y te adora

y de mi espada ha huido,

y esa es tu rabia, señora,

córtala si te ha ofendido.

Y si es que algún montañés

tengo esclavo y, por amallo,

en este traje te ves,

no tardaras en llevallo

más de en decirme cuál es.

Y si quieres compañía,

fía de mi pecho fiel,

porque es mucha mi hidalguía,

que hasta tu postrer cuartel

con honra te llevaría.

Mas pues no respondes nada,

nada debe convenirte

de la promesa pasada.

Donde quieras puedes irte,

Diana en Febo trocada,

porque ni quiero saber

quién eres ni penetrar

qué buscas ni pretender

tu afrenta ni granjear

tu amistad, bella mujer.

Vase Belardo. Queda suspensa.

Doña Margarita.

¿Qué guerra el cielo concierta

esta mi libertad rendida?

¿A qué males se abre puerta?

Vine a vencer, voy vencida.

Pag. 35

31v

Doña Margarita.

Vine con vida, voy muerta.

¿Quién es este sol soldado,

del cielo al ajeno suelo,

que de sus rayos dorado

ya no es suelo, sino cielo,

o el suelo que ha masticado ?

¿Quién es este labrador

que, vestido de señor,

parece rey, que desprecia

el honor que el mundo precia

como es su precio mayor?

¿Quién podrá ser esta esfera

de hidalga cortesía

y el centro de la posrera

cifra de la valentía?

¡Ay, Amor! ¡Ay, llaga fiera!

¡Ay, honor do no han valido

armas, lazos, trazas, red!

¿Qué valdría en que me he metido?

¡Ay, que el soldado a merced

no admite ningún partido!

Corrida voy, vencida.

Presto acabaría mi vida.

Noche, cúbrame tu manto.

Gente siento y yo me espanto.

Si en otros doy, soy perdida.

Quiero el oído poner

en la tierra. Aquí oigo hablar.

Dos hombres alcanzo a ver.

Quiero escondida esperar

el fin que esto ha de tener.

Toma la ballesta y retírese y póngase en donde salgan los dos condes, Severo y Camilo.

32r

Conde Severo.

Antes que habléis palabra, nuestros brazos

confirmen la amistad que os he ofrecido

por escrito.

Conde Camilo.

Ya espero esos brazos.

Doña Margarita.

¡Cielos! Al uno y otro he conocido.

Los condes son Camilo y Severo. ¿Cómo

los contrarios puestos se han unido?

Aquí hay grande misterio.

Conde Severo.

Yo, que tenía

las cosas de propósito que emprendo

y es rey mi gusto y del rey mayordomo,

vine a servir al príncipe, creyendo,

como lo prometió, que él me fiara

lo que estoy con la espada yo adquiriendo,

y tan en mi disgusto se declara

que no solo no me honra y acredita,

pero una bestia en forma de hombre ampara.

Dale el bastón y la opinión me quita,

y de este bestial monstruo ofendido,

que a envidia y rabia mi pasión incita,

a punto su privanza ha traído,

que tengo comisión para matallo.

Conde Camilo.

¿Y por qué habéis su muerte diferido?

Conde Severo.

¡Oh amigo! En otro nuevo mar me hallo

engolfado. Yo sé que soy maestro

de pasiones de amor.

Conde Camilo.

Padezco y callo.

Tan a mi costa en eso estoy tan diestro

que puedo dar lición. Pasa adelante,

¿Qué es esa novedad y temor vuestro?

Conde Severo.

Claro os tengo de hablar, como a un diamante,

a un monte inaccesible y a una roca.

Pag. 36

32v

Conde Severo.

a rebatir el mar del sur bastante.

Conde Camilo.

¿Es la princesa?

Conde Severo.

No abras más la boca.

Conde Camilo.

¿Es Teosinda?

Conde Severo.

Su nombre me atormenta,

el alma tiene y mi memoria loca.

Conde Camilo.

¿Y sabe el viejo príncipe su ofensa?

¿Ha entendido algo?

Conde Severo.

Un medio hermano mío

le dio turbadamente alguna cuenta.

Matele yo y pagó su desvarío

de noche con el traje de soldado,

y carguele esta muerte.

Conde Camilo.

Ya me río.

Conde Severo.

Y cárguele el amor la que ha errado.

Conde Camilo.

Buen camino de dar cabo a tu vida.

Conde Severo.

Ya el príncipe su muerte me ha fiado,

pero este áspid obligue, esta homicida,

a no verme, que el adoro en lo hondo

suya está, impaciente, loca y ofendida.

El príncipe guardar su honor procura.

Ella no verme, que es en su recato

la misma honestidad y compostura.

Pues con vuestra amistad de lo que trato,

y esta dama ha de ser de vos robada

la noche que os avise, y Milón muerto,

y esta provincia nuestra.

Conde Camilo.

Empresa honrada.

¿Y al soldado?

33r

Conde Severo.

Matarle al descubierto,

que a Teosinda le he dicho que se casa

Milón con Margarita, y lo ha encubierto,

con que mi ingrata, con celos y abrasada,

y vendrá a aborrecer a su marido.

Esto llega a este punto, a más no pasa,

y aquí para este fin os he traído.

Conde Camilo.

Ya que vos me habéis fiado,

jurada nuestra amistad,

todo lo que os he escuchado,

oíd de mi voluntad

el estremo a que ha llegado.

Margarita me desdeña,

si esta moza es Troya, es peña.

Venciome el soldado fiero

y ya consuelo no espero,

y esta deshecha haré en a

cómo vos lugar me deis

robaré la que queréis,

y yo os daré a vos lugar

y vos habéis de robar

la que en medio mi alma veis,

que yo mataré a Milón,

vos a Lotario el varón

y al soldado, y gozaremos

sus estados y podemos

casarnos con bendición.

Vení en este concierto.

Conde Severo.

Muero por la brevedad.

Vení.

Conde Camilo.

Voy seguro y cierto.

Entrense de las manos.

Pag. 37

33v

Doña Margarita.

¿Quién pensara la maldad

que esta noche he descubierto?

¿Viose traición semejante?

Cielos, aquí es importante

mi ingenio y mi diligencia.

¿Cómo iré yo a la presencia

deste soldado, mi amante?

¿Cómo libraré mi vida

y a Teosinda y su cordura,

y a la opinión no ofendida

de mi tío, aunque procura

que mi estado se divida?

¡Qué trazas, loco desvío!

¡Jamás me vido mi tío!

¿Oh, qué disfraz que fabrico,

oh, qué reparo tan rico

para tan gran desvarío!

Aquí ya no es solo amor,

sino honor el que me lleva,

pagando a tanto traidor

en tan peligrosa prueba.

Favorecedme, señor.

Contra estados, vidas van,

labradora y capitán.

Con recio que calló el soldado,

por sus manos me ha librado,

mis manos me librarán.

Vase.

Salen Milón y Teosinda y criados.

Príncipe Milón.

Hágase apercebir una litera

34r

Príncipe Milón.

a Arlés, porque vais acompañada

de Flavio, Julia, Oroncayo y Silvera,

porque estéis con las monjas regalada.

Teosinda.

Jamás, querido esposo, lo creyera,

pero ver que me quieres encerrada

me da a celar.

Aparte.

Príncipe Milón.

¡Cómo siente dejar los pretensores!

¡Ay, infamia de mi honor!

Aparte.

Teosinda.

¡Ay, desengaño

a costa de mi vida!

Cajas.

Príncipe Milón.

¿Qué tan voces

tocan a arder?

Cajas a arder. Entre el Conde.

Conde Severo.

Un presente estraño,

digno de los romanos vencedores,

trae el soldado a merced.

Príncipe Milón.

De su cabeza

lo esperaba.

Conde Severo.

Téndrale hoy Vuestra Alteza.

Cajas a arder. Salgan en unas fuentes de plata, a no las haber, unos tafetanes de colores doblados, unos bolsones, en otra fuente, en otra unas espadas y bastones de general, jinque la rodilla, viniendo detrás muy galán Beraldo.

Beraldo.

Señor, como a Vuestra Alteza

sirvo a merced y me ha honrado,

y sirvo como soldado,

el cielo de mi nobleza,

córrome de que se entienda,

pues mayor hazaña emprendo

que en tu servicio pretendo.

Pag. 38

34v

Beraldo.

aumento de honra y hacienda.

Que, pues no quise partido

cuando te empecé a servir,

no me pensaba partir

rico, sino agradecido.

Y ansí, porque no murmure

alguno con su malicia

que el gobierno era avaricia,

y de quién soy se asegure,

desde que empuñé el bastón,

quiero que todo se asiente

de quien traigo presente

en forma de colación.

Dos ciudades harto graves

se han entrado, y villanajes

treinta, y catorce homenajes.

Mira de todos las llaves.

Dos generales rendí

en dos fuertes ocasiones

en campaña. Esos bastones

vienen con su empresa allí.

Seis banderas he quitado

a alféreces diferentes

y vienen en esas dos fuentes,

todo el tafetán doblado.

En estocada he rendido

de bueno a bueno seis hombres

un título y dos con nombres

de más soberbio apellido,

y otros diez rendí después.

Pero porque destos hagas

lo que gustes, de sus dagas

35r

Beraldo.

y espadas ya el triunfo ves.

De eso que llama dinero

el mundo, entre mis soldados

repartí hartos ducados.

Eso que queda no quiero

sienta en tu caja real.

Esto hazme, esta merced,

porque te sirvo a merced

y me lo haga igual.

Que, porque en nombre de tuyo

gané este honor, el honor

te ofrezco, porque al señor

se le dé lo que es tan suyo.

Esto para prueba acepte

de cómo pago a quien me honra.

Y, puesto llevas la honra,

lleve Su Alteza el provecho,

que es regalo de mujeres.

Y ansí esto, princesa, es tuyo:

manda que la distribuya

en chapines y alfileres.

El soldado de rodillas, mete la pica en esto.

Aparte los dos.

Príncipe Milón.

¿Viose maldad semejante?

A mi esposa ha ofrecido

todo lo que me ha servido,

como despicadamente.

Conde, ¿qué os parece desto?

Conde Severo.

Que paséis por ello ansí,

que antes que salga de aquí

a matalle estoy dispuesto.

Y han estado hablando al oído el conde y Milón.

Príncipe Milón.

Eso reportarme puede.

Acepto vuestro servicio

y la paga y beneficio

el haceros merced quede.

Vos no hacéis de cortesía.

Cajas a arder, y cuando se vaya, detenga a Beraldo.

Pag. 39

35v

Príncipe Milón.

Aceptaldo.

Deténgate el conde.

Vaya a meter mano el conde y no ose.

Teosinda.

Todo es vuestro.

Príncipe Milón.

Desea retiraros presto,

por el orden que venía.

Beraldo.

Más ofreceros espero,

darme a más vitorias Dios.

Conde Severo.

No sabéis...

Beraldo.

Tenemos los dos

que hablar.

Conde Severo.

Sí.

Príncipe Milón.

Yo a los dos quiero.

Entrense los soldados en orden.

Salga Margarita como que se escapa huyendo de los soldados y entran tirando de ella y riñendo.

Doña Margarita.

¡Vala al diablo a vuesa guarda!

¡Jesús, Jesús, qué trabajo

para una pobre mujer

con estos hombres soldados!

Dame una limosna, acudades .

No me estorbéis el paso,

para que a Su Señoría

decir pueda mi recaudo.

Doña Margarita.

Yo,

señor, que, como gitanos,

gitanos de buena gente,

cuadrilla de Maldonado,

pasamos con nuestra chusma

por los alegres campos,

que vais por Italia a España,

que tenemos allá hermanos.

Enviome a mí a pediros

a Su Señoría el paso,

y estos hombres me pellizcan.

¡Ay, cuál me tienen debajo!

¡Guay, guay, si me conocieras!

Sargento Miguel es antaño ,

antes de tener dos hijos

y antes de casar con Juan Cho,

aunque pícaras de veras,

36r

Doña Margarita.

y algunas son mal pecado.

Señores, ¿cuál es el príncipe?

Ojito del enamorado,

dime cuál es.

Beraldo.

Pues vosotras

¿ignoráis, que sabéis tanto,

cuál es el príncipe?

Doña Margarita.

Mira,

díjetelo por probaros.

Ya sé que es Vuestra Merced,

cara de Pascua y de buen año.

Dame licencia y limosna

para que nos den el paso.

Diremos de dos cosas

que le tienen lastimado.

Muestra la mano, buen viejo.

Conde Severo.

Esto es hablar con el diablo.

No oiga sus embaucamientos.

Doña Margarita.

Callad vos, Sancho Cuadrado,

también habrá para vos.

Beraldo.

Antes este es muy buen rato,

con esto viven las pobres.

Doña Margarita.

Bien hayas, Juan Aldearro,

vestido de caballero.

Beraldo.

Si no aciertas más, yo callo.

Doña Margarita.

Luego le diré mis cosas.

Tenme la limosna, hidalgo.

Teosinda.

Quien mucho habla, algo acierta.

Doña Margarita.

Carita de rosa, despacio,

nos cueste caro hablalle.

Príncipe Milón.

Dime, a ver, que te aguardo.

Doña Margarita.

Una grande falta tienes:

no seas tan enojado.

Pag. 40

36v

Doña Margarita.

En ver que alguno es cauto ,

que es quien procura tu agravio,

viejo estás, quiero te dar

con que os remocéis veinte años.

Toma esta receta, y con esta

verás cómo quedas sano.

Dale un papel y le lee el príncipe para sí.

Príncipe Milón.

Denle cien julios a esta,

y denles franco el paso.

Doña Margarita.

Viva mil años la limosna.

Juan de Buen Alma, hidalgo,

muestra la mano y verás

qué te digo.

Príncipe Milón.

Quiero un rato

entretenerme leyendo.

Beraldo.

Toma, di, que no reparo

en que me digas mentiras.

Doña Margarita.

Muchas verdes te trato.

Mal te quieren enemigos,

de mil eres envidiado

y tú has hecho bien a todos.

Guárdate de un traidor falso,

no fíes de amigos, conde.

Ojito de enamorado,

linda boquita y gordita,

como yo te quiero harto,

una oración quiero darte,

que vernecés rece a espacio

y haz lo que ella te diga,

que es de una santa y no marras.

Aparte.

Beraldo.

Leerela, aunque no la crea,

porque me tiene admirado

que esta es la labradora

y el capitán de los bravos,

que riendo entre todos tres

ha hecho el cielo un retrato.

Conde Severo.

Anda, embaucadora, parlera.

37r

Doña Margarita.

¡Cómo os cansáis, mal casado!

Hoy, dejadme que a esta moza

de paso le diga algo.

Muestra la mano, señora.

Bien haya tu buen agrado.

No tengas celos de nadie.

Los dientes no tienes blancos:

toma rosas por abril,

lee esta receta y limpialdos,

y escusaréis vuestros celos

y muerte de algún honrado.

Lea.

Teosinda.

¿Dónde es la dicha tan negra?

¿Para qué son dientes blancos?

Pero muestra y veré qué es.

Conde Severo.

Echad esta de aquí.

Doña Margarita.

Cara de pocos amigos

del señor es el palacio.

Ora, anda, o lo que es más, me quiere ,

pues no vives engañado,

Quedaos, miserables. Adiós.

A espacio. Mercedes.

Conde Severo.

¡Mas que os vais con el diablo,

embaidora!

Príncipe Milón.

¡Fuese la gitana!

Conde Severo.

Y a buen rato.

Príncipe Milón.

Llámenmela. ¡Hola, mujer!

¡Jesús, qué terrible engaño!

Denle voces a gitana.

Todos, en acabando de leer, santiguándose, vayan.

Teosinda.

¡Fuese la gitana!

Conde Severo.

Aún amo .

Teosinda.

¡Ah, gitana!

Dios me libre

de tal enredo.

Conde Severo.

Es encanto.

Geraldo.

¡La gitana fuese! Y…

Pag. 41

37v

Conde Severo.

Ya el demonio la ha llevado.

Geraldo.

¡Jesús! Dios sea comigo.

Dios me libre de hombres falsos.

¡Ah, gitana!

Conde Severo.

¿Qué será

esto? Yo quedo temblando,

que mi conciencia me acusa,

y estos van atarantados.

Algún aviso le dio.

Juntamente tiemblo y ardo.

La gitana alcanzar quiero

y tenella . ¿Hola, soldados

de la guarda? No hay ninguno.

A la posta tomo el paso.

Fin. Segunda jornada.

Rúbrica ornamental debajo del colofón.

Sello ovalado de biblioteca.

Cara derecha en blanco.

Pag. 42

Ambas caras en blanco.

Pag. 43

Ambas caras en blanco.

Pag. 44

Guarda posterior y contratapa con papel marmoleado.

BN. Biblioteca Nacional. 1001966587.