إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Celos contra celos. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/celos-contra-celos.
Mss 16709
Yy - 443
Mss. 16706
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256
I
Hol~
Los celos contra los Cielos =
Comedia en 3 jornadas -
Legº 29
4
Celos contra los celos. 26. 1. Hipólito. Moscatel. Fénix. Irene. Lucrecia. Seleuco. Peregrino. Lisandro. Roberto. Unos labradores.
Salen Hipólito y Moscatel.
Ya, Hipólito, hemos quedado,
con ser tan recién venidos,
con Seleuco introducidos,
de Sicilia potentado,
aunque tu padre a obligalle
no tuvo, con saber tanto;
vaya el cortesano encanto,
difícil de navegalle,
piloto nuevo allegado.
No es mucho que yerre el norte
viniendo al mar de la corte
de una aldea, en cuyo estado
más la vida se remoza,
y hasta el día es diferente;
gózase allá y no se siente,
siéntese acá, y no se goza.
Pues entraste chapetón
a cursar esta milicia
cortesana, malicia
Quiere darte una instrucción
el principal documento:
es que bienquisto has de ser,
y con que no has de tener
jardín ni dama de asiento;
dos cosas que en mantenellas
se apura un bobo y se mata,
y otros cogen más barata
la flor y la fruta de ellas.
Gracias en palacio amas;
penar has, de ser rufín,
y has de sustentar rocín,
que prestar al guardadamas.
Has de arrimar la sospecha,
y la esperanza has de entrar
en fiestas, y has de rodar,
que no hay regla más estrecha.
Ármate, si eres pleiteante,
de paciencia y de un talego
contra el letrado y el lego
de gorra, que es el pasante.
Huye del chalán cruel
que, para toda invención,
tiene un buey pericón
que hace lo que quiere dél.
Pues has menester bandearte,
aprende que aquí es primero
que el arte de caballero,
ser caballero con arte.
Viva en la corte instruida,
dando a esto atención,
Mayor es su confusión,
ahora que, dividida,
está en bandos, por tan rara
causa y tan nuevo accidente,
que Seleuco, indiferente,
cuál ha de ser no declara:
la que a heredallo nació
de las dos hijas que el cielo
le ha dado para consuelo
del cielo que perdió,
y le obliga a estar remiso,
ver que en ellas ha dejado
de la mayoría el grado
naturaleza, indeciso;
porque, su madre preñada,
murió, y por estar vecino
el parto, acudir convino
a la diligencia usada
en tal caso, con que dieron
las dos, sucesión dudosa,
a Sicilia generosa,
unidas, sin nacer, nacieron.
Y así, porque se decidan
las dudas que a árbitros llaman,
unos a Fénix aclaman,
otros a Irene apellidan,
mas yo el voto a Fénix diera.
No me admiro que neutral
Sicilia esté sobre cuál
ha de ser la que prefiera.
sino el ver que sus acciones
anden siempre contrapuestas,
pues en todo tan opuestas
son como sus condiciones.
Si una el mote celebró,
aplauso en la otra no tiene;
si de un color gusta Yrene,
Fénix de otro se vistió;
siendo hermanas, su pasión
las reviste de cuñadas,
hasta sus propias criadas
bandos, bandetes son.
Yrene de sí confía,
Fénix no es presuntuosa;
una parece ambiciosa
y otra no; y ansí a porfía,
mas la inquietud conocida
del pueblo puede de iguales
dar asunto a sus parciales.
Dentro, unos.
¡Viva Yrene!
Otros.
¡Fénix viva!
Ya se atreve a profanar
en facciones encontradas
estas paredes sagradas
de palacio el popular
furor.
Ya al desorden huyo;
veloz se opone primero
Lisandro, aquel caballero
que de apasionado suyo
muestras ha dado.
Pues desenfrena
a ofendelle el pueblo osado,
y retirarme así a un lado.
Vase, y Moscatel dándole la capa.
Vaya, muy enhorabuena,
que llueve Dios ciudadanos.
Sale Irene.
Desde aquí podrá, mi aliento,
premiar el noble ardimiento
de los fuertes ciudadanos
que ser de mi parte intentan.
Sale Fénix por otra parte.
Desde aquí convidaré
a esos que con libre fe
en mi aclamación se alientan.
Una y otra mirando al vestuario.
Vosotros los que animosos
de amor y razón armados,
vosotros los que culpados
de inquietos y sediciosos,
defendéis la causa mía,
seguís mi parcialidad,
yo os animo a lealtad.
Yo os condeno a osadía.
Fénix, el culpar esquiva
los que buscan, dichosa,
a juzgarme ventajosa,
o de su menos altiva.
No ha sido sino querer
que no haga en la elección
la popular sedición
lo que mi padre ha de hacer.
que no por ser menos vana,
no lo habrías parecido,
muy a propósitos han sido
las vanidades, hermana.
No yerra la confianza
cuando a recatarse viene,
pues quien no confía, Irene,
algo de sí fiada alcanza.
La vanidad recatada
será modestia fingida.
Porque si esconde, advertida,
debe ser menos culpada.
Teme quien no la confiesa.
No es temor sino atención,
que encubrir la presunción
es asegurar la empresa.
No fue encubrirla argumento
de que hay mérito.
Antes sí,
porque de la envidia así
se libra el merecimiento.
Los suyos van arriesgados.
Los tuyos se desvanecen.
Estas hermanas parecen
los alcaldes encontrados.
Salen Seleuco, Lisandro y Hipólito.
Mucho a Lisandro he debido,
pues la plebe sosegó.
También a Hipólito yo
debo el haberle servido,
que en la furia desbocada
y en la violencia atrevida
de tanto vulgo mi vida
no peligró por su espada.
Ya sus bríos vi atentados.
Aparte.
Y yo su valor noté.
Dobla la rodilla y él se levanta a hablar.
Deseo apoyar mi fe
con vos.
Bien entablados
van los principios si van
con él.
Y en Fénix, ¿qué infieres?
Que es muy dama y que tú eres
muy pobre para galán.
Tu valor y la memoria
del noble y sabio Dion,
tu padre, honrar es razón;
afrenta de Grecia y gloria
de la patria siciliana,
pues en la filosofía
y en la docta astrología
renombre y laureles gana,
del gran Platón en la escuela;
que aunque murió desterrado,
de mi gracia calumniado,
de la envidia que desvela
su industria en descomponer
la virtud tan singular
varón debo venerar
pero quisiera saber
si en el último conflicto
de su vida para mí
acaso nos dejó
de palabra o por escrito
algún aviso
su muerte
para ninguna advertencia
le dio lugar con violencia
arrebatada
Aparte.
A Ypol.
mi suerte
se armó de nuevos rigores
cielos pues ya no sabré
si el hijo que le entregué
vive para mis temores
pues fingiendo que en la cuna
muerto había sele di
para que lejos de mí
sin conocer su fortuna
se criase porque halló
del propio Orión la ciencia
en su estrella la influencia
más extraña que notó
que me había de librar
de un riesgo grave de mi vida
ser sangriento parricida
que él había de intentar
y aunque el astro a un tiempo daba
dos consecuencias creí
lo que amenazaba allí
y no lo que aseguraba
y de aquel temor severo
hasta hoy no me aseguro
mas divertirle procuro
que no vendrás considero
con muchas comodidades
pues de tu padre la suerte
seguiste y así advierte
empieza de mis piedades
pues que te olvidas espera
al hábito te represente
nuestra penuria
presente
Fénix más crédito hiciera
no te hará fe lo distante
de los dos para pedir
yo señor para servir
a tal dueño lo bastante
traigo
yo quedé escudero
6
soy lo contrario, colijo,
pues de un astrólogo y sa-
bio, un filósofo heredero.
Su ajuar son papeles varios,
llenos dos baúles viejos,
trae de morales consejos,
pronósticos y lunarios.
Aparte con su criado.
Que así deslucirme intentas,
lustre y hacienda heredé.
Y es toda en cuartos, aunque
son menguantes y crecientes.
Su padre a las luces puras
consultó, siempre advertido.
Y le dejó muy caído,
aunque le empreñó de figuras.
Aunque fue escasa mi estrella,
con qué vivir me quedó.
Y aunque la herencia que halló,
el hambre come con ella.
A no tener ambición,
la dotrina que has cursado
de tu padre, sea en senado.
La mía es de otra opinión,
y ser filósofo es llano,
yo de mejor cepa que él.
¿Cómo os llamáis?
Moscatel,
y cuanto me deis a mano
tomaré.
Yo haré memoria
de vos, y por dicha tengo
que a Hipólito he llegado
cuando en tal duda me veo,
porque su acuerdo me ayude
a cumplir con el empeño
de padre con los vasallos;
y con vosotras, que ciego
en tanta dificultad,
la resolución no encuentro.
Que en un principio a entrambas
como una os considero,
aunque muy dos luego os hallo
en la pasión y el afecto.
¿Cómo sois tan desconformes,
si el primer vital aliento
a un mismo tiempo a las dos
los dioses os infundieron?
Fiadora fue la una
de la otra, pues advierto
que el número de los huesos,
formación de los miembros.
Mas no sé cómo habéis tirado
tan contrarias en los genios,
pues juzgo que un propio influjo,
cuando del materno centro
para ser póstumo fruto
os sacó el destino, y no
os predominó a las dos.
Aunque la primer luz vieron
juntas, no las influyó
de un astro propio el aspecto;
y con esta claridad
más claramente lo pruebo.
Si en la rueda del que labra
el barro con afán diestro
una pluma señalase,
fiada al pulso más ligero,
dos puntos uno tras otro,
los hallaría muy lejos
y distantes, en cesando
aquel veloz movimiento;
y así, aunque a Fénix y a Irene
las mereció el mundo a un tiempo,
y en un oriente dos soles
sucesivamente fueron,
por leve que fuese entonces
el instante que hubo en medio,
sus dos astros estarían
muy apartados y opuestos
en esta rueda incesable
de planetas y luceros.
Luego de su perfección
hizo mutación, no en defecto,
sino de los cielos culpa,
que cabe culpa en los cielos.
Aparte.
En favor nuestro ha ostentado
la urbanidad y el ingenio.
Aparte.
Allí del brío y gallardía,
y aquí del entendimiento.
Aparte.
Vase.
Tu capacidad me avisa
que podré de tu consejo
fiarme, y de ti, Lisandro,
también valerme pretendo,
pues de aquí a mañana a Fénix
o a Irene declarar quiero,
por cumplir ahora en mi estado;
ya que justamente pierdo,
por el presagio aquel, y yo
pues aún perdido le temo.
Ya que mi padre os remite
nuestro dudoso derecho,
dejando para después
tan grave juicio, dejo
que sobre otro punto deis
la sentencia, discurriendo
al juzgarnos solamente
en lo personal, pues vemos
que lo heredado en nosotras
es igual.
Como has supuesto,
Que han de proferir sentencias
se excusa en tanto riesgo,
pues será la aprobación
de la una deslucimiento
para la otra.
Mi voto
aventura mucho en eso,
que el ser con la preferida
cortés en tan arduo intento
ha de costarme el andar
con la agraviada grosero.
De lo que ya cada uno
allá en el conceto vuestro
la sentencia os habréis dado
en favor, juez me habéis hecho.
Satisfechas de sí propias
las tres diosas se pusieron
también en este de juicio.
Y también porque dio el premio
de aquella manzana de oro
el pastor troyano a Venus,
de Juno y de Palas fue
ofensa, y su escarmiento
nos acobarda.
Mi queja
os libra de ese recelo,
aunque prefiráis a Irene,
y en lo hermoso y lo discreto
la deis el primer lugar.
Como en esos cumplimientos
disfrazas tus confianzas,
de mala gana los creo.
Pues ya que te desobligan
las atenciones, yo vengo
de que ha de ser los dos
arbitrio el conocimiento.
Y no ignoren al juzgar
lo entendido y lo perfecto,
que en nuestro aprecio no es tanto
lo absoluto y lo supremo.
Y aunque han de votar las partes
personales a provecho,
adviertan que en la mujer
todo lo demás es menos.
Pues tribunal del litigio
será y campaña del duelo
el retiro de ese parque.
Mañana en él os espero.
Aparte.
Vase.
Porque parte se apasione,
Hipólito experimento
deste modo.
Aparte.
Vase.
Aunque parece
que ansí examino el afecto,
de Lisandro averiguar,
solo el de Hipólito intento.
A extraña dificultad.
nos obliga su precepto.
¿Cómo podemos juzgallas,
informando en su derecho
sus caras por la mañana,
que antes de entrar de por medio
la mano del tocador,
se verá mejor su pleito?
Aparte.
Fuerza es que una en su opinión
se anteponga; aun no sabremos
a cuál se inclina.
Aparte.
Vase.
En las dos
un propio mérito advierto
sin distinción ni ventaja,
aunque la tiene en mi pecho.
Fénix, de aquesa pasión
es política el secreto,
hasta saber si el estado
toca a Irene, y así debo
no dejalla en este caso
quejosa, y cumplir atento
con su hermana y con su amo;
en grande duda me han puesto.
Pues no es amante de Fénix,
sin arriesgar los respetos
de su amistad puedo amarla.
Y en tal contienda, ¿qué acuerdo
has de tomar?
Voy confuso.
Yo digo que has de tenerlo:
juzgar a tontas y a locas.
Sagrado a Fénix supremo
he de dar en la hermosura.
Que has de confundirte creo;
Irene, si arma su moño,
se condena en un pelo.
Vase.
Sin que lo note su envidia,
preferir a Fénix quiero,
y decir mi amor si es fácil
decirle y callarle a un tiempo.
Salen delante cantando los versos siguientes, algunos labradores, y Peregrino vestido de pieles curiosamente, y Roberto en traje de aldeano.
En hora dichosa
a estos cantos venga
el temido asombro
de montes y selvas;
venga norabuena.
Ufano estoy de que ya
vais perdiendo, labradores,
de Sicilia los temores;
aunque parto de las peñas,
parezco y la fiera imito
con esta piel que le quito,
conoceréis en mis señas
que soy hombre; no os ataje
el miedo que os engañaba.
Pues por acá león andaba,
que era su merced salvaje,
y como contar oyó
sus estragos vuelve loco.
porque su amistad desea
de su parte nos mandó
recebille desta suerte
no es la rústica umildad
empresa con ygualdad
para lo altivo y lo fuerte
de mi brazo, ni he venido
a turbar vuestro sosiego
a estas verdes playas llego
y a tal ermo conducido
de otro disignio
ya esta
del parque de palacio
tan cerca que en breve espacio
sus distritos pisara
pues mi bista no os asombre
bolberos en paz podreis
y que os perdona direis
peregrino, pues mi nonbre
es este por que e estado
peregrino en todo, fui
puesto que no se de mi
mas que no saber quien soy
que aspiro a eroycas azañas
y no enbidia al segundo
sol tomo asiento y fundo
mi corte en estas montañas
siendo mi dosel la encina
robusta y su trono anciano
cetro tal vez en mi mano
tal vez destrozo y ruina
sin que desdeñe mi atributo
el toro armado o ligero
ni en la senda el oso fiero
ni en la cueva el terror bruto
y a vuestro pueblo también
decid que mi noble aliento
estima su rendimiento
a un mostruo muy de bien
cuanto nos a referido
diremos
pues a cantar
bolbamos por saludar
tal salvaje tan comedido
en ora dichosa
a estos campos venga
el temido asombro
de montes y selbas
venga en ora buena
Vanse los labradores
Roberto, mi camino
prosigamos ya que vienen
mis pasos y mi atencion
de tu noticia pendientes
peregrino oy es el día
en que Seleuco pretende
determinar la elecion
que inquieta a cecilia tiene
pero yo y otros vandidos
que alentamos las presentes
parcialidades ansiosos
de que permanezcan siempre
11
porque el robo y el insulto
en las sediciones crece
retraernos aquí ayude
nuestro interés ha encenderse
vuelve el popular tumulto
por algún nuevo accidente
aunque de mi inclinación
el noble imperio me fuerce
a emprender dignas acciones
que la acrediten y no afrenten
para daros mi favor
me obliga y me desvanece
la confianza que aseis
deste corazón valiente
que por animoso y grande
el mundo estrecho le tiene
mas de el parque a los confines
llegamos ya en cuyo berde
sitio parece que son
abriles todos los meses
ya de el fuerte palacio
ves las torres eminentes
donde el duque seleuco
prision y recato tiene
pues bibe en el retirado
porque según dice teme
no se que aguero
Jamás
le he visto aunque algunas veces
lo ha intentado mi deseo
mas dos gallardas mujeres
se acercan hacia nosotros
asistidas de otra jente
las dos hijas de seleuco
tan celebradas que tienen
controbertida a Sicilia
son estas antes que lleguen
y en el bosque nos encubramos
donde nuestro intento espere
el suceso de oy
la vista
de mirarlas se suspende
si fuera empresa humana
que conquistarse pudiese
con el balor yo lograra
mis heroicas altiveces
Vanse por una parte, y saldran por otra Fénix, y Irene Lucrecia lisandro y Hipólito y moscatel
tan bizarra a la censura
desta competencia vienes
que temo segun te mira
que te a de aogar Irene
nuestra diferencia aguarda
lo que decide y resuelbe
el sentir de entrambos
diga
cual en aquesta lid bence
de nosotras
mi discurso
si medir la parte quiere
del entendimiento dudo
porque inferior no la entiende
y así Hipólito la juzgue
que alcanzalla mejor puede
que yo aunque os oygo discretas
es como sino oyese
pues mi sentido al encanto
de vuestro labio ensordece
antes yo abre menester
que lisandro me aconseje
pues de beros e cegado
y mal determinar pueden
los ojos perfeccion tanta
sin bista
aquí se parecen
los dos a un ciego y a un sordo
que entre los demas oyentes
de una comedia se allaron
el ciego curioso siempre
que abia alguna tramoya
se deshacía impaciente
al sentir las chirimias
porque se la refiriese
el Sordo, y en celebrando
alguna cosa la jente
el sordo preguntador
también solia balerse
del ciego que le informaba
a gritos, y aunque otras veces
por renitente su oído
allí sirua por teniente
pues donde ay que ber y oir
ciego y sordo entranbos bienen
si uno al otro los ojos
y los oídos se presten
tan bien a lo ayroso y bello
mi parecer no se atrebe
y así en tal dificultad
seran mejores Jueces
el cristal de los espejos
los espejos de las fuentes
da Hipólito un papel
yo en este papel concluyo
lo que en la lengua no puede
saber yrene se lea
y después se le de a Fénix
lea para si yrene
ya le deja por ber
lo que sus letras refieren
amor ayude mi industria
si el papel no la prefiere
como yrene quedara
blasfemando de los Jueces
como poeta que el premio
en algún certamen pierde
la contraversia indecisa
Hipólito a dejar vuelve
pues aquí veras que yguales
nos supone neutralmente
pero la razón de estado
presto dira cual excede
en mas superior derecho
venid a donde a de berse
oy que mi padre el acierto
fia a tantos pareceres
quien con titulo mas Justo
el mando heredar merece .
13
A pte
ya que el triunfo no he logrado
logro el saber de esta suerte
para asegurar mi pecho
que mis meritos no ofende
Hipólito pues no juzga
por mayores los de Fénix
Vase yrene dejando el papel a su ermana pa q lo lea
A pte y vase
quita bentaja a su ermana
Fénix cuando sola quede
sabra
para esta ocasión
que los musicos trajeses
mande
Vase
ya estan prevenidos
quedar vien con las dos quieres
supuesto que nos ygualas
aunque mi eleccion parece
que os ha igualado otro intento
en su nota se contiene
pues que intención reservada
a tu pecho cifrar puede
Cantan dentro
a quien amarais cavillo
ya lo e dho sin decillo
por mi esta letra responde
un afecto conpreende
que se dice sin decirse
lo mismo el papel te advierte
pues aunque a yrene y a ti
ygual aplauso os concede
otro es su fin
Luego as echo
que dos intentos encierren
en unas mismas rasones
si
Vuelba Fénix el papel a Hipólito y diga leyendo Hipólito
pues tu le esplica
Lee
atiende
Mi sentencia ya conforma el amor
dice lo que siente que a Fénix yo amara
y a Irene ygualmente su boto declara
juzgar no podrá cual es la inferior
la razón de Irene de Fénix asido
vencer no pretenda aquí la deydad
pues en tal contienda en gracia y beldad
ninguna hacer biene la que ha preferido
Lee
por no acer a Irene agravio
quise que casi le entendiese
pero su sentido es otro
y su metro diferente
espartiendo sus renglones
y leido desta suerte
Mi sentencia ya
dice lo que siente
y a Irene ygualmente
juzgar no podrá
conforma el amor
que a Fénix yo amara
su boto declara
cual es la inferior
la razón de Irene
vencer no pretenda
pues en tal contienda
ninguna hacer biene
de Fénix asido
aquí la deydad
en gracia y beldad
la que ha preferido
defendiendo
aquí la deidad,
gracia y beldad
la que ha preferido.
Aunque en aqueste litigio
en favor mío sentencies,
decir que vencí no puedo.
¿Por qué?
Porque a dejar vuelves
tan soberbias como estaban
las presunciones de Irene,
y la victoria confusa;
pues siendo ella quien la pierde,
no lo sabe.
Este silencio
debieras agradecerle.
Ya estimé el haberte puesto
de parte mía, con ese
ingenioso ardid que fue
mudo a un tiempo y elocuente
intérprete tuyo.
Antes
que tú sus cifras leyeses,
pudieras notar en mí
obras que mejor se entienden.
¿Dónde?
En los ojos, que siendo
del pecho correos fieles,
están diciendo: "Aquí yace
un alma muerta por Fénix".
Si la llama que en ti arde
tan vivamente la sientes,
¿cómo la ocultas?
Porque hay
respetos que lo requieren;
pues esto es negar a todos,
para que menos se arriesgue
un pensamiento que osado
busca tu esfera luciente,
darte la preeminencia
que a ti sola se te debe,
tan de justicia librando,
con artificios corteses,
a tu hermana de un desaire
y a mí del yerro de hacerle.
Y esto ando a aconsejarme
mi cuidado sagazmente,
en aquellos versos que ya
presumo que a cantar vuelven.
A quien ama, pajarillo,
ya lo ha hecho sin decillo.
Salen Irene, Seleuco y Lisandro.
La letra que oyen cantar
de algún cuidado procede,
que se calla y se publica.
Hipólito a Fénix quiere,
y se cauteló de mí
mostrándose indiferente
en aquel papel.
Ya juntos
los discursos más prudentes,
viendo la dificultad
y que para decidirme
no hay más acción en la una
que a la otra que se os debe
aqueste derecho a entrambas
tan uniformemente,
y reparando advertidos
que le amenaza inconveniente
futuros esta igualdad
con que a las dos pertenece
el señorío que trate
de casaros me previene,
y que en habiendo juntado
pretensores diferentes
para este fin la que antes
a ser elegida acierte
del más valiente de todos,
de Seleucia el trono herede;
porque os habéis de casar
sin exceder nuestras leyes,
pues destas y la costumbre,
que las veces que cayere
la sucesión del estado
en mujer, haya de hacerse
público en todos los pueblos
que nuestro país contiene,
que merecerá su mano
el que osado se atreviere
a mantener la campaña
solo a cuantos combatientes
por espacio de seis lunas
a conquistarla vinieren
y a disputar con la fuerza
sus méritos y su suerte;
pues entre nosotros es
aquel que adquirido viene,
en peligros no comunes,
nombre de osado y de fuerte,
capaz de obtener honores,
dignidades y laureles;
y así a cualquiera la ley
que esta provincia establece
por el valor le habilita
para que a Fénix o a Irene
la elija después de haber
en término de seis meses
vencido a cuantos la Fama
con boca y oídos atiende
y anúnciela en Sicilia
por permitir que solamente
el más osado a tan grave
pretensión pueda oponerse,
sin que sea menester
que otra calidad le apruebe,
y dar lugar a que aspire
el atrevido a tal suerte,
y es acercarse del premio
a cualquiera que se hiciere
entre nosotros temido
con hazañas evidentes,
y el tirano necio abuso
tal estimación adquiere.
aquel que de la razón
menos el aviso obedece,
y las acciones indignas
le afean, es concederle
que pueda merecer más
con lo que más desmerece.
Van.
Y vuestra justicia ha de
más oscura quedar, Fénix,
pues la juzgáis apasiona,
amor siendo contingente,
que el vencedor sea amante.
Vámonos de aquí, Lisandro, Roberto.
Pues, ¿no me dirás qué tienes?
Sí diré, pero mejor
será callar si se advierte
de Fénix brío a deducirte.
Mal juzgará a cuál se debe
la elección.
Igual a entrambas
es el partido y conviene,
ya que faltó vuestro hermano,
y ya que equivoca en Fénix,
y en ti está la sucesión,
procurar que desta suerte
de herederos abintestados,
la que de vosotras fuere
elegida, porque en duda
tan litigiosa y pendiente,
lo que erró naturaleza,
naturaleza lo enmiende.
Que a tantas neutralidades
y a obediencias tan crueles
me rinda por ti, y que el cielo
igualándonos quisiere
que me compitas en todo.
A mí no me turba el verte
siempre mi competidora.
Pues yo es fuerza que me queje
de que al paso de la mía
ande tu fortuna siempre.
No me pesa de que ya
la definitiva llegue
de tu emulación.
Aparte.
Fiada
en Hipólito parece
que blasona.
Aparte.
En este caso
señalarse el valor debe.
Aparte.
Voto, en aquesta ocasión
se anticipe o pierda a Fénix.
Dentro cajas y clarín.
Este militar estruendo,
¿de qué ignorado accidente
nace?
Sale Moscatel.
Un robusto mancebo,
al parecer feroz huésped
de algún risco, pues le viste
de toscas, manchadas pieles,
viene de otro acompañado
que en una rodela ofrece
un cartel.
Al son de la caja y el clarín salgan Peregrino y Roberto, que traerá una rodela con un cartel escrito en ella.
Sea notorio
a cuantos mi voz atienden
que yo, peregrino, habiendo
sabido que se promete
de Irene o Fénix la mano
al que en público sustente
que en fortaleza y denuedo
no habrá ninguno que llegue
a igualarle, desafío
a todos los que valientes
o temerarios conmigo
a competir se atrevieren,
ya en la estacada sangrienta,
esgrimiendo aceros fuertes,
ya en la lucha, como al oso
en el monte le acontece,
cuando recelar mis fuerzas
a brazo partido suele,
ya en el salto o la carrera,
adonde veloz parece
que apenas aja la yerba
mi planta que al viento excede,
que en estas pruebas bizarras
y en las demás que se aprenden
en las escuelas de marte,
mi mérito haré evidente,
sustentando en la palestra
que me toca y me compete
a mí solo un bien tan alto;
mientras la luna seis veces
cumple el curso que su esfera
cuartea en giros lucientes.
Aunque no conozco origen
solar y lustre ennoblece
la naturaleza mía,
pues de mis obras desciende,
mi flecha abate a sus tiros
cuando el antojo apetece,
en tierra y aire, y aun
nadie en el poder me excede
y en la opulencia, pues dos
elementos me obedecen;
y esas montañas me vieron
rechazar armadas huestes,
en cuyo sitio fragoso
vivo seguro y rebelde
a los hados, y aunque el sol
abrase y el austro yele,
no contemporizo al tiempo,
pues en mí las desnudeces
que permite ardiente el julio
son abrigos del diciembre.
Vengan de cuantas regiones
Febo alumbra y resplandece,
desde el polo en que se apaga
hasta el polo en que se enciende,
competidores ufanos.
mis robustos bríos prueben,
disminuyendo sus temores,
con el esfuerzo aparente,
con las militares gallas
y los dorados arneses,
que yo de un adelantado
dueño he de ser, aunque pese
a todos, y aunque estos campos
de aventureros se pueblen;
esto es lo que publico
en el cartel que patente
dejo aquí, porque a noticia
del mundo mi intento llegue.
Vanse, dejando Roberto el cartel en el tablado, y suenan. Tocar cajas, clarines.
Que su bárbara arrogancia
a tanto pueda atreverse,
no es ley, sino tiranía
la que su arrojo consiente.
Yo castigaré su exceso,
yo he de seguirle.
Detente,
Hipólito.
Enfrena el paso,
Lisandro.
Pues si lo quiere
el precepto de mi padre...
Pues si el fuero le defiende...
Si estorballe es delito...
No es cordura el oponerse
a derogar una ley.
Mejor será contra este
mantenedor jabalí
hacer soltar los lebreles.
¡Yo expuesta a tal contingencia,
cielos!
¡Deidades celestes!
¡Yo a ser elección de un monstruo
rendida!
Vase.
Hoy nace y hoy muere
mi amante empleo, a las manos
deste impensado accidente.
Vase.
Mas deste daño temido
perdono el ahogo, a trueque
de que en él nos mancomune
a mí y a Fénix la muerte,
y de que estos, de su amor
si mis sospechas no mienten...
Lisandro.
Hipólito.
Deuda
es que a librallas se preste
el valor.
Lo propio siento
yo también.
Aparte.
Si los lucientes
rayos del fénix le animan
a que por ella se arriesgue...
Aparte.
Cuál de las dos habrá sido
la que tanto osar le mueve.
Sabe mi pecho...
Saldré
de dudas.
Mi amigo eres.
Y me has de asistir,
ya,
mi parcial, y has de valerme.
No excusar la lid me toca.
Y ya es forzoso que acepte
el duelo.
Aunque hayan bailado
en el molde de Olofernes,
no teméis.
Arduas empresas,
fortuna y valor las vencen.
Los celos contra los celos.
20
Salen Seleuco y Lisandro.
Lisandro que decuidados
porfiadas geras arman
Contra el pensamiento mi
inquieto pais del alma
no ai tal creer señor
al que menos sobresalta
el yelo de el inbierno
al surto de las montañas
quien fidel salbocunduto
con que a ley de afianza
tal fortuna se promete
muchos de probincias barias
an benido probocados
de la grosera arrogancia
de aqueste barbaro
Y cuantos
Se incitan a la batalla
por amor o congruenzia
o porque amparan las damas
la antigua caballería
en sus fueros nos encarga
eridos o muertos quedan
no ai día que con infamia
nuestra, y banagloria suia
peregrina la canpana
a costa de alguna vida
rompe mas no desmaya
abista delo que benze
el balor de los que faltan
el pecho de los remisos
que el estatuto señala,
se va perdiendo, y perdidas
juzgan vanas esperanzas;
y rige, y siente, o pese,
a injustos que a tantas
pretensiones ha introducido
un sujeto de tan vastas
prendas, que desdice de hombre.
En todo
no hay seña humana
en él, si no es la ambición
que ha disculpado tan alta,
el ánima, y ansí su pena
es justa.
Otra me contrasta,
que es vuestra gallardía.
Denegalda,
¿y de qué causa
nace?
Ya lo ves, pues siempre
hice de ti confianza,
lo que me obligó a entregarte
aquel inocente, en su infancia
baldón, que guardado
de soldados y murallas,
y retirado de todos
en un inexpugnable alcázar.
Por él
yo sé que encubierto
mandaste que le criaran
sin darle a entender quién era,
porque la especulativa
de proporción previno
en la mal penetrada
campaña de las estrellas,
y fijos, en quien retratan
nuestros hados, oh divino
oráculo, amenazaba
aquel portento encendido
del pecho, aunque se allana
en su horóscopo tu juicio
a influencias encontradas,
pues te había de librar
de una accidental desgracia;
también, y de aquí pudieras
colegir que es sentenciada
la que pretendes medir,
y a precipitadas distancias
para acertar que un propio brazo
te arriesga a un tiempo y te guarda.
La credulidad confunde
a unas antorchas sagradas,
y aunque alcanzo tanto en ellas,
debo creer, y así llamada
de una duda a despertar,
o de vana mi desconfianza,
porque apenas he llegado,
si la aprensión no me engaña,
que este Hipólito es el hijo
cuya secreta crianza
encargué a Juan.
¿De qué
lo has inferido?
Las señas
son, los varios cuidados
que mi discurso fraguaban;
consulte mi gravedad,
antes responda a mi instancia
el mismo a quien diste el ser;
en ti se verá o se amenaza,
cerca está de ti tu pecho,
crea a la segunda causa.
austeridad, como el cielo
quiso que un indicio añada
para mi desvelo, y fue:
hoy, al salir de una cuadra
la puerta para pasar
a otra, vi que al paso estaba
con el acero en la mano
Hipólito; y preguntada
la ocasión, me dio a entender
que le sacó de la vaina
para probar de la hoja
el brío, porque esperaba
dar muestra de él. Y, opuesta,
atento a la disimulada,
peligró la competencia.
Y, aunque extraña y desusada
razón, puede ser que a cual
quier otro fin agitara,
y que así desmesurasen
sus traidoras confianzas
deste joven, este monstruo
que a ser de mi vida parca
nació de mi propia vida;
pues cerca de mí se halla,
como el oráculo dijo,
y providencia me manda
dar a las causas segundas
crédito; y es soberana
deidad, para que recele
en Hipólito. ¡Oh, infausta
constelación, que al impulso
de patrio celo le arrastra!
Y si a la amazona mi duda
halla en él que fue, declara
suya condición, la cual
algún minotauro alcanza.
No dudo por el suceso
pudo ser que con la fama
de que era mi rival, hubiese
dado aviso a la Infanta
para encubrirse mejor,
y que esta verdad declara,
sepultada en el silencio,
por su muerte recelada.
Su edad también lo confirma;
y aunque mejor le desmienta
a un tiempo, como a los once
cuadernos de luz, se hallan.
Lo peor por lo más cierto
juzgo; pero si acaso
has de apurar de tan graves
temores, por bien se engaña,
que a fabricar un recelo
cualquier conjetura basta.
(Aparte.)
Si esas inquietas fantasías,
presumiera anticipadas,
labran al seso desengaños,
con que a Hipólito le apartan.
Alguna duda varia,
mi amistad, de cuya tasa
no busca más sospecha
que el error, con porfiada
obstinación de matarle.
La inicua acción rara,
a Hipólito era forzoso
que en su rostro se aclarara
las turbaciones manifiestas.
Viene...
su vista me agravia,
después que tomo esta duda.
Vase.
¡Oh, astrología presaga,
del mal o el bien cuanto adviertes!
Sale Hipólito.
Irene, Fénix turbada,
mirando de estos jardines,
que son del campo atalayas.
Los triunfos de Peregrino
el poco tiempo fue falta
para que el término cumpla;
a cuya marcial tardanza,
de los que a ver debemos
abandonar la demanda.
De averiguar quisiera
y en amigable alianza
muestre esta curiosidad,
no es culpable, por qué causa
el combate acechas.
Yo
lo mismo te preguntara,
a no estar mal recibido,
que nadie de lo que callan
saber intente.
El pretexto
que el duelo campal me llama,
lleva por norte un favor
deseado, que hazañas
dificulta aun ninguno;
sin tan recíproca paga,
las busca, pues amor gaste,
negado el premio que encanta,
y no más que por hacer
ostentaciones bizarras,
la natural contradice,
y a su violencia me arrastra,
que si no cabe en lo libre...
De aventura mientas falsas,
a mí también me aconseja
aquel lince de las almas,
alado Dios, que volar
hace a los demás sin alas.
¡Azar de mi amor! Así fiera
que nuestra amorosa llama
se encontró así con un sujeto
propio.
En lo mismo repara,
y por lo mismo fineza,
desde aquel día obligada
en cuyo confuso empeño
que mi verdad peligrara
a no asistir al dudoso.
Dos bellezas así idolatra.
Sicilia e igualmente
aquella
que conseguir con las armas
quiero, es la más superior.
La que intento con mi espada
merece exceder a todas,
y pues ya de ti fiada
mi afición...
Ah, pues de ti
puedo confiar mis ansias,
te declaro...
Te confieso
que es a quien mi amor me enlaza.
Que la de mi gusto es...
Tocan trompetas y cajas, y sale Moscatel.
Esta competencia ensaya,
avisan que ese feroz
y de la turca alharaca...
pretensiones pudieran sino
se llenan de sus granas
el inbentor de sedas
soberbio en su prenda q[ue] aguarda
por un mar al q[ue] ahora ofreze
a la empresa que de hazañas
el prinzipe Yrene Fénix
a los miradores bajan
destos amenos jardines
y para que aldeana
a de prezedir primero
la lizenzia Reserbada
a cualquiera de los dos
y a mi que a de darla
que conponga armoniosa
tal conbatiente canpaña
también y a un mismo tiempo
se oyen bozes alternadas
a quel severo decreto
que el lanze de
al que se da
que proibe o le conzede
q[ue] a dulze consonanzia
a lis q[ue] a de conduzirme
y animada deja la vatalla
(ap[ar]te)
(ap[ar]te)
Interrumpió lisandro
me a dejado en la maior calma
y al descubrir su pecho
q[ue] ydolo enbaraza
(ap[ar]te)
Este marzial aparato
fenis llega quiero ablalla
por que me remita el logro
de mi dichosa azaña
q[ue] el merito de Amor
parezia
Salen Fénix, Irene y Lucrecia.
Si es tan contraria
como asta a qui al intento
de la que le patentizaba
(por Fénix le dice el pecho) ap[ar]te
Bimos de ber
cual quiera
que a tal Riezgo se adelanta
de muchos deja enbediada
Su fortuna
(Con ella y por lucrecia) ap[ar]te
(vase)
Y su amor
pues el q[ue] ya por otra quiere
su suerte en si pues aguarda
Pues suene el publico bando
que avisen con entrada
Dulze armonia
ya espera
seleuco luego me llama
como a hecho con todos
para la sangrienta vatalla
la bocal sonora seña
Y si a la musica marchan
en pasos de torneos
y ella en pasos de garganta
Si una mujer a de cantar en los versos que se sigen, o atrabejandose y ablando el tiempo que tardara en cantarlos, Responderan otras bozes desdel bestuario aconpañadas de cajas o clarin.
Oy con que pronunzia
de la dea grabiada
la deidad del amor
que su queja convoca a la venganza
Al arma, al arma.
Adentro música.
El nuevo aventurero
premie que combata,
por dos premios tan grandes
que solo a uno por su valor iguala.
Al arma, al arma.
Vengan a ver la arena donde
en tajos y reparos
se disputan victorias,
siendo los argumentos las batallas.
Al arma, al arma.
A la vuelta de mi amor,
Fénix, es tan desastrada
mi opinión, mi fineza,
sigo para sacar la cara
desta ocasión el premio
no pido que otros alcanzan.
Hombre, ten de la vida...
¿Qué intentas
con temeraria
resolución estorbar
me importa?
A mi ruego casi al...
Para conquistar mi mano,
en aventura tan ardua,
¿pretendes que os dé licencia?
Señora...
El brío le engaña.
Para el riesgo la pretendo,
que no para la esperanza.
Como ha poco que las letras
dejó el bozal en las armas,
y más ahora, a pelo lucido...
Es honesta alabanza
manchada
la batalla, justo acuerdo
será encubrirte la causa.
Os provoco ahora.
Defensa...
Si alcanzara
que el mérito de pedirla
es galardón el darla...
Esto escucho cuando temo
penar mientras verte avara,
ser de un dueño tan horrible
de edad tan avanzada,
o qué podrá el que, dudo,
tu ferocidad abata,
lisonjearse porque el triunfo
la ocasión ha de arbitrarla,
siendo lucir a más noble
juventud de toda Italia
y Grecia ha de estar mirando
mi vergüenza y su hazaña.
La promesa que a ninguno
se le niega, a mí me dilatas,
más porque ¡ay de mí! un imperio
me la difiere.
Quien trata
de merecer obedece
y no examina.
Y quien manda
a un albedrío, ha de hacer
leyes que al honor no agravian.
Pero ya que aun la fortuna
de peligrar por tu causa
me limita, ya sabré
volver por ti, por mi fama.
arrojándome al palenque.
(Vase Evandro, y queda Fénix.)
Esperad.
Tuvo su tasa
mi osadía.
Tiempo habrá,
Hipólito, de mostrarla
otra vez.
Para otra fiesta
se deja necia algarada.
Y cuando yo determine
que os presentéis en las vallas,
os responderá el acento
que sirve en honras pauta,
de interpezar los demás.
Las dilaciones me matan.
En tal caso,
no en porfías,
y niegan vuestras instancias,
y ahora mi honor que así
sus orgullos tiene a raya;
quiero de aquestos jardines,
divertida y lisonjeada,
que me acompañéis en ellos,
trayéndome flores vanas
de sus cuadros.
En lo fácil
queréis que os sirva, y estorba,
no os va lo dificultoso,
fiáis.
El que ajusta el alma
en la milicia de amor,
aunque mucho menos haga
que los otros, sirve más,
sirviendo en lo que mandan.
Y a pisar el vergel florido
por servirte, aunque me aparta
de tan glorioso peligro.
(Vase.)
Maravilla es de una dama
de tan pía condición,
que estorbe a un galán que siga
donde le maten por ella.
Vos no alcanzaréis mi gracia,
Moscatel, si miro donde
por mi amor roto os hagan.
¡Qué suaves los entendéis!
A mazas esta que tú amas.
(Vase.)
No ha de aventurar su vida.
¿A dónde se pierden tantas?
Tu mano en este intervalo
a ser de otro arriesgada
vida.
Peores fortunas
trueca el tiempo y su mudanza,
que en mi atención predomina,
más que esta ley inhumana,
el respeto de mi padre;
y si en intertanto la parca
corta de el hilo a su vida,
yo en mi libertad quedara,
y de Hipólito pudiera
pasar entonces la parca.
(Salen Moscatel, e Hipólito, que traerá unas flores, y en la derecha mano alguna sangre.)
Delante de ti, oh divina,
flores y rosas desmaya.
Los matices,
y al cogerlas,
picándose en una rama,
se ha herido.
Como la rosa
tu beldad copia, en fin, acaso
no fue mucho que picado
de tu retrato quedara.
Aparte.
Pues dan motivo al favor
su fineza cortesana,
y a la sangre que en su mano
mira mi misma esperanza
de esta suerte.
Del tocado
se os prende una lazada.
Alienta tu amor con ella,
que te recibe obligada.
Cáesele a Fénix adrede, que le coge Hipólito en el paño.
El acaso de ceñirle,
sin licencia, total va
de favor, quererla atar
con el listón...
Tu hermana.
Aparte.
Esa flor, que a la herida
de la mano le aplicara,
iba a decir; ver atenta
de Irene a la acechanza,
desmintiendo a su impulso,
vuelve al pecho la palabra.
Ha de cogerle a Fénix las flores con él, volviéndoselas.
Galante...
No es la cinta, Fénix,
para asir, serán vanas
las sospechas de mi indicio,
el alma en averiguarlas
empeñada está.
De duende
el favor que yo esperaba
parece, pues en carbón
se te ha vuelto.
Sale Irene al tablado.
Siempre falsas
fueron mis dichas.
Por ti
vuelvo, viendo que tardabas,
que ya para dar principio
al combate, solo falta
que estemos las dos presentes.
No te admires de que vaya
tan remisa, donde tantos
lidia por hacer vasalla
la voluntad en nosotras,
viendo en mí tal repugnancia,
que ha de obedecerme es cierto.
Aparte.
Aunque batallan
con esa ambición, librarnos
quieren de ley tan tirana;
su empresa es digna del premio.
Que yo la condene basta
para que el discurso tuyo
busque razones contrarias.
Bizarro anda el que se apresta.
aunque mire a la esperanza
por las dos.
No puede haber
vicaría interesada,
y un corazón con las puntas
del acero no se gana,
ni es conquista noble.
Vase.
Aparte.
Antes,
el que deja de intentarla.
A Hipólito le animo
a entrar por mí en la estacada.
No da a entender que su pecho
de ilustre sangre se esmalta.
Aparte.
Pues, Irene, si propicia...
Mi amor de este ardid se valga.
Tu licencia me franquea
del campo a la fiera hazaña,
me opondré de peregrino
en tu nombre.
Hallaréis franca
la campaña de mi parte;
logre lo que deseaba,
y la victoria os anuncio.
Por ti la espero mañana,
si el competidor de hoy
estos impulsos no ataja.
Si Fénix ha puesto en él
su afición, con esta traza
se le quito, aunque sea riesgo.
Envidiosa de ella estaba
hasta aquí, mas ya parece
que la envidia a celos pasa.
Vase.
Mi amante pulso se aliente,
pues la palestra me allana
este medio cauteloso.
Y aunque Irene esté engañada,
y Fénix no obedecida,
me expondré a la suerte varia;
pues me deja despechado
ver mi fe tan desgraciada
con Fénix, cuando creí
que aquel listón me premiara,
que en lazo de su cabello
la tersa madeja de ámbar...
Pero aunque de mí se ofenda,
sacrificarme a sus aras
con mi muerte determino.
Moscatel, tú me acompaña.
Un moscatel solo es bueno
para ayudar a que caigas;
resérvame de ir contigo
y excusa aquesta andanza.
No es de amantes deste tiempo
hacer finezas tan caras.
Ya es poltrón amor, y arrompe
pocas hinchar menos altas;
y ya como no se enamoran,
andan a pie las lanzadas.
¿Qué dirán si yo me excuso?
los demás.
¿De qué te guardas?
Ellos se podrán venir,
mas has de ver que lo rascan.
¿Y con qué puedo obligar
a esta deidad siciliana?
Con formache y macarrones.
Tus locuras ya me cansan,
yo he de salir.
Pues podrás,
para que lucido salgas,
empeñar los cartapacios
que dejó en vez de alhajas
tu padre.
Necio, no intentes,
si mi designio contrastas,
porque ya para este arrojo
la reputación me arrastra
más que el amor; pues hallando
a Fénix tan porfiada
en oponerse a mis intentos,
no sé si es desconfianza
con que mis alientos duda,
o piedad con que me guarda,
o rigor con que el paso
cierra a mi amante constancia
para poder merecerla,
premiando fácil y vana
otra afición.
Si a alhajas
se inclina, que hay confiadas
que hacen asco de discretos
y luego en salvajes paran.
Vanse, y toquen cajas y clarín, y dicen dentro, y salen Fénix y Lisandro.
¡El fuerte mantenedor,
viva!
¡Ah, fortuna cruel!
Peregrino otro laurel
logrará de vencedor,
pues dio su soberbio brazo
muerte al de Tracia.
Aunque gana
tanto crédito, y mañana
de los seis meses el plazo
se cumple, y otra batalla
queda solamente ahora,
si tu permisión, señora,
me das, y he de acetalla,
no temeré el arrogante
contrario, de ti alentado,
que a morir vive ensañado,
quien murió de inconstante,
arde en tu luz desdeñosa.
Buen alivio me previenes,
aunque ya cuando vengo
tan turbada que aún dudo ahora
a ver si Hipólito excede.
el orden mío arriesgando
su vida y mi amor
callando.
Porque en mis dudas me quede,
respondéis, mas ya mi pecho
conoce tus sinrazones,
pues en otras ocasiones
que no oí este sospecho,
con semblante agradecido.
Vase.
Para que un amor se apoye
la confrontación que oye
primero que un celo oído,
esos astros, que pendientes
nos sirven de resplandor,
a el instrumento de amor
sirven de claves lucientes;
y si un igual movimiento
no los mide sin unión,
suenan las almas, que son
las cuerdas deste instrumento.
Y pues el hado dispone
que amor sea una armonía,
que, en simpatía del día,
o destempla o descompone,
no me atribuya sus males,
pues contrarias diferencias
hacen unas influencias
consonancias desiguales.
Quien tal desengaño alcanza,
no halló más apelación
que la desesperación
para la triste esperanza.
Fénix, pues pagas mi fe
con un rigor tan desnudo,
y tan poco mi amor pudo,
de presto me mudaré.
De amarte a expirar por ti,
quise alentar mi sufrimiento,
y ambicioso y alto intento,
porque Irene desde aquí
tu deidad, no menos bella,
si en la lid me desempeño,
será desidia un empeño,
que yo lo seré por ella.
El laurel que indiferente
ha estado a ver que le den,
y haz de cuenta que su desdén
se le quita de la frente.
De peregrino el trofeo
por ella voy a emprender;
mi empresa, Irene, ha de ser,
su mano es la que deseo.
Vase Lisandro, y salen Moscatel y Hipólito por la otra parte al tiempo que pueden oír los dos versos últimos.
Mi empresa, Irene, ha de ser,
su mano es la que deseo,
ya de Lisandro el empleo
con esto llego a entender.
y pues causan mis desvelos
Fénix, y él amando está
a Irene, en los dos no habrá
enemistades de celos;
pero, supuesto que hallar
cansada licencia espero,
antes que otro llegue, quiero
ocupar, ciego, el lugar
de la última refriega,
mas no sé, viendo que Irene
campo al duelo me previene,
y que Fénix me le niega,
de cuál es más admitida
mi fe.
Ninguna te ama,
que una te arriesga la fama
y otra te arriesga la vida;
y tú en tan loca intención
perseveras.
Es preciso,
y, pues que ya el sitio piso
adonde está el pabellón
de Peregrino, pretendo
que sepa que le compite
mi esfuerzo, aunque altivo imite
los gigantes que, añadiendo
monte a monte las esferas
intentaron escalar,
mi voz escuche a pesar
de sus arrogancias fieras,
y para hacerle patente
que mañana aquí le aguardo,
y luego que el ocaso pardo
suceda al dorado oriente,
mis pasos le buscarán,
adonde, de horrores cercado,
esté.
Vase Hipólito por una parte y por otra salga Peregrino.
¿Quién me irrita osado?
Sobre mí viene el jayán.
¿Eres tú?
Infeliz me llamo.
¿Quién busca su fin cruel?
Si pesara Moscatel
tal roncar que echa su amo.
Si el caballero postrero
eres, a morir te apresta.
Lo que a un pícaro le cuesta
el parecer caballero.
Tu cabeza a la belleza
que amas, daré.
Hermosura
en palacio es desmesura,
y es policía el dar la cabeza.
Para estorbar tu castigo
la defensa te faltó;
¿tienes armas?
Sí, mas no
las traigo todas conmigo.
Pues acaba de elegir
cómo habemos de pelear.
a que quieres apostar
con mis fuerzas
Vase.
a huir.
Salen Hipólito y Lisandro por diferentes partes.
Por cobarde no le sigo,
y a conocer he llegado
que no debió de ser ese
el que con acentos vanos,
atrevido, me intimó
su desafío, aplazando
para mañana mi esfuerzo.
Pues, ¿quién será el que, engañado,
sus humildes presunciones
opone a mis triunfos altos,
siendo solamente uno,
para conclusión del plazo,
el que de vencer me falta?
¿Quién es el que temerario
ha malogrado el aviso
del escarmiento de tantos,
de cuyas míseras vidas
son sepulcros estos campos?
¿Quién desposeer me quiere
de los repetidos lauros
para litigar la palma
que los otros no alcanzaron?
¿Quién me apercibe y me avisa?
Yo te busco.
Yo te llamo.
Mas, mi amigo, y yo en un propio
intento nos encontramos.
Pero al postrer desafío,
también se ha opuesto Lisandro.
Vase.
Los dos venís, cuando es notorio
que el término limitado
a un aventurero solo
no más, le permite el campo.
Ajustad cuál de vosotros
ha de ser el que a este rayo
que en mi diestra se fulmina
se ha de atrever, esperando
afianzarme cuerpo a cuerpo
mañana la hermosa mano
de Irene, o Fénix, o el trono
supremo del principado;
y si en esto convenidos
no quedáis, para excusaros
a entrambos de diferencias,
yo lidiaré con entrambos.
Impensadamente veo
que venimos a estorbarnos
el uno al otro, y así
mediar quisiera guardando
en su justo los respetos
a lance tan extraordinario.
Pero advierte que el principio
ha de ser de conformarnos,
pedirte que por mí hagas
lo que no es fácil.
Ingrato
me arguyes si en mi amistad
Difícil nada has juzgado,
pues la adición que tener puedes
de ser altivo aprobado
desta agonal competencia,
porque te trujo el acaso
a ocuparle al mismo tiempo
que a mí, te ruego, Lisandro,
que me cedas.
Mucho ha sido
lo que de un ruego has fiado,
y no es el vano recelo
prevención para negallo,
pero te pido, pues ya
me ves asomar al teatro,
públicamente ofrecido,
que para dejar a salvo
mi honor a la voz común,
busque mi intención resguardos,
sin forzarme te prestes,
si es posible, a que a mi daño
te renuncie la batalla.
Tu honor corriera en tal caso
peligro, cuando no fuera
tu valor notorio, y cuando
no te hubiera enseñado el mundo
con ejemplares bizarros
lo que un amigo por otro
puede vencer, ya confesando
lo que pido, mi amor fue
quien me obligó, sin agravio
del tuyo, pues ya la causa
no ignoro de tus cuidados,
y sé que no es la propia
que yo quiero, confesamos
conformes en esta parte;
y yo en la instancia te hago
con más disculpa.
Pues deja
porque no quede afeado
mi crédito, que yo emprenda
la victoria, y si la alcanzo,
te sabré dar la hermosura
que pretendes, graduando
mi elección en el segundo
lugar.
Con ajeno brazo,
con ajena valentía,
y con ajenos aplausos,
se había de coronar
mi amor, teniendo ocupado
el corazón para el premio,
y ocioso para el estrago;
no lo presumas ni intentes,
que me desdore aceptando
las vanidades tuyas
con términos poco vanos,
que argüirá en mis oprobios
Seleuco, si por humano,
Por ser una de sus hijas,
y si yo te cedo el campo,
después de aplacalle el mundo,
¿qué dirá de mí?
Falta eso,
imperio de la amistad,
tan noble feudo has pagado.
Lo que fue amistad quien viere
tan formidable al contrario
lo interpretará a temor.
Por una fineza algo
se ha de aventurar.
Es cierto,
mas no en los dudosos casos.
Pues ya que aquesta balanza
pesa poco, en ella cargo
la memoria de aquel día
en que me puse a tu lado
por librarte.
Pues no quede
mi agradecimiento escaso,
yo te remito el combate,
aunque a mi amor propio falto
por ti.
Será otra deuda,
también es andar honrado.
Así pago aquella deuda.
Y yo confirmo contrato;
aquí lo ofrezco sujeto,
que dejaré reservado
para su amor el sujeto
que adoras.
Vase.
En eso quedamos,
de que he de querer a Irene,
y sabrá que estoy amando
a Fénix, pues de mi pecho
borrarla pretendo en vano,
aunque hoy prometí vengarme
de sus desdenes ingratos.
Lisandro, mucho me obligas.
Mucho en mí has facilitado,
Hipólito.
Nuestra unión
que es indisoluble lazo.
Lo pudo allanar
que triunfes;
guiarán los prósperos hados
mañana.
En esa fortuna
tú también interesado
serás.
De tu fe cobro.
Unidos los dos vamos.
Fénix, a este trance apelan
mis quejas.
Por ti empeñado.
Ya nada recelo,
solo en amar voy dudando.
Vanse, y sale Irene, Fénix con acompañamiento y dos mujeres cantan.
Ya te dejo en la noche fria
de los doblezes del umbrio manto,
y el gran concurso puebla la palestra.
Ya en su oriental balcón el sol se muestra
con luminoso exceso
a ser juez del último suceso.
El orden mío ahora
empiece a publicar tu voz, señora.
En mi nombre tu acento
informe la atencion, suspenda el biento.
Hipólito sabrá desta manera
el permíso le doy que de mí espera.
De Hipólito el intento así reprimo,
y mi seguridad de nuevo ánimo.
Las dos que cantan con rebozo han de estar en la punta del tablado, y saldrán cantando e irán atravesando poco a poco; tocando, se retiran por distantes partes. Rematado esto con la música, clarines y cajas.
Aquel que en la incertidumbre
de la marcial competencia
oy el laurel solicita,
venga a merecerle en ella.
El que su dicha busca
en la feroz contienda,
retire del intento
sus osadias ciegas.
Favorable le permite
el galán don que le alienta,
que atreviéndose al peligro...
Su esperanza sea cierta,
que a valer no presuma
con banas diligencias
en el favor dichoso.
Adonde en la lid ciega
si el merito se abentura
para el premio que interesa
gradua en el balor.
El merito y la fineza
si presume que obliga
en tan ardua experiencia,
con el servicio anexa
la misma recompensa.
Con el abíso crea
que bencer a el amor no está en que venza.
Venga a oponerse venga,
que no prefiere amor sino a firmeza.
Aquí cantan.
Hipólito para ser
en estas lides que hoy cesan
el último opositor
es el que en las justas entra.
Justo será que obligada
compense mi presencia
el brío conque de todos
las atenciones se lleba,
pues parece que es mi abíso...
Vase.
Anoche que le obligó
de quitar este trofeo,
a Fénix estoy contenta.
Cielos, ¿qué miro en la brava
de mi turbación la sala?
No pido, Hipólito; allí
tu presteza miro, quiebra,
y da a entender que obedece
lo que Irene persuade, y fía
en fe de mi permisión
a la fatal contingencia
la vida, como si amor
ha ocasionado una queja
tan injusta en mi cuidado.
Sale Hipólito y Moscatel a un extremo.
Ya vengo a satisfacerla.
Mal podrás cuando mi pecho
en el tuyo experimenta
una doble falsedad
y una libre inobediencia.
¿Que yo, viendo tu amor, cedí
lugar que al menos vieras,
debajo de aquel estilo
que un amante fiel profesa,
suponiéndome tan dueña
de tu acción, de tu fineza,
y de ti, como lo es
el que en un súbdito impera,
autoridad de un dominio,
y en fe de aquesta certeza
vengue para un examen,
tanto, solo mi licencia;
si te callé las razones
que a no dártela me fuerzan,
prometidas a mí el decirlas
como a ti el obedecerlas,
pero tú, menospreciando
mi prohibición, intentas
valerme para contigo
de soberana fiereza,
pugnando el oficio mío
dar la posesión suprema
de mi mano, lo remites
a la suerte y a la fuerza;
determinación tan grave
quieres que los dos resuelvan
sin consultarla a mi fuero.
Siendo el primer voto en ella,
¿no hubieras fiado algo
de mi arbitrio, al que se cercan
tan fuertes dificultades?
¿Y franqueado no hubieras,
con el sufrimiento huyendo,
tal linaje de violencia,
mostrándote tan rebelde?
A mis órdenes me niegas
el privilegio mayor
que me dio naturaleza,
que entre aquellos afectos
que a una mujer se encierran.
Es el de la vanidad
el que sobre todos reina,
el fin de amor en nosotras
no es como los hombres piensan,
el poseer la persona,
sino el albedrío de ella,
y así nuestra inclinación
a ser amadas nos lleva,
más que no porque nos amen,
es porque nos obedezcan.
Pero, ya que estás resuelto
a fortuna tan incierta,
no es tiempo de persuadirte
que a espaldas al trance vuelvas;
quedar bien a tu primera,
peor lugar el desaire
que te dio la inobediencia.
Prosigue en tu arrojo, ya
que a otra suerte estoy expuesta.
Como el premio que se gana
a la justa o la carrera,
pisa el sangriento astillero
adonde el quinto planeta
parece que adverso a todos
mortales amagos flecha,
y si consiguiendo el triunfo
consigues que tuya sea,
a quien tendré más tiempo
de castigar esta ofensa.
Aunque no espero ese lance,
pues me das traidoras señas
de que en aplauso de Irene
has medido en vientos aletas,
replicas para mi alarde
y pronto al orden te muestras,
de Irene su acuerdo sigues
y los míos no respetas;
y supuesto que causan
tan mudable mi sospecha,
hoy en celos el desengaño
le quite el amor la venda,
lo por venir no me asuste,
pues ya a mí lo mismo pesa,
que venzas o que peligres,
que me salves o me pierdas.
Que a obedecerte he faltado
lo confieso, Fénix bella,
pero como fue el pretexto
de este error la conveniencia
de no quedarme sin ti,
mi deseo errado acierta.
Y si vieres en el afecto
que mi ardimiento aconseja,
permita aquella deidad
que mueve la inestable rueda
que contrario filo pase.
mi pecho que vive amante
del amor, y de mi vida
tumba el palenque sea.
Viendo tu contradicción
a mis designios opuesta,
de la permisión de Irene
me valgo así; con cautela
de fingirme amante suyo.
Pónganse al paño por una parte Irene, y por otra Lisandro.
Que así mi respeto ofenda
que prometa reservar
la que yo quiero, y él sea
su amante.
Menos turbada
tu satisfacción me deja;
mas no el fuerte contendor
que ya te aguarda.
Si fuera
quitarle ya la batalla,
fácil diera a mi impaciencia
esta venganza.
Mi agravio
vengaré, si muerto queda.
Que salga vivo deseo
por satisfacer mi queja.
Ya es tiempo de prevenirme.
Quién detenerle pudiera.
Ármate bien para el choque,
que si armar las manos piensas,
ponte unas vueltas al boto.
De la música la seña
me provoca acompañada
de la caja y la trompeta.
Como te cantan no es mucho
que ya a difunto me huelas.
Canten y toquen caja y clarín, y representen todos a un tiempo.
Venga a oponerse, venga,
el que prefiere amor al que es ofensa.
¡Qué fiero empeño!
¡Qué ahogo!
¡Qué menosprecio!
¡Qué ofensa!
¡Al arma, celos, al arma!
¡Guerra, por los celos, guerra!
Amor, fortuna, deidades,
hados, destinos, planetas,
favoreced mi osadía.
Haced felice su empresa.
Finis.
Los celos contra los celos, de don Antonio.
39
Salen Irene y Lisandro.
Irene, el grave cuidado
que a mi secreto fiaste,
el suceso que deseas
tendrá con la más notable
disposición que la industria
de un pecho agraviado cabe.
Ya viste, aunque lo refiero
a costa de mis pesares,
que Hipólito venturoso
halló en el último lance
de la pelea la suerte
que fue adquirida de nadie,
y al jabalí venció porfiando,
aquel asombro, aquel marte
de los montes de Sicilia,
que huyendo a sus soledades,
vencido, la aclamación
trocó por el feo ultraje
del rendimiento; y también
ves que Hipólito, amante
de Fénix, su mano elige,
y dueño se nombra y hace
del cetro que a tantos votos
confuso tuvo y neutrales;
con que al Etna de mi pecho
y mis celos fuego añade,
que para lograr el fin
de sus engaños le valen
los fueros de vencedor,
pues aunque debe apoyarse,
manteniendo otros seis meses
a campo sin este examen,
le aprueban y le apellidan
los nobles y populares,
al valor aficionados,
con que le vieron triunfante.
El fundamento de todas
sus nuevas prosperidades
derribará la cautela;
ya que no puedo vengarme
con el acero, por verme
en término de jurarle,
por el laurel que ha ganado,
obediencia y vasallaje;
Seleuco, lleno de agüeros
y conjeturas cobardes,
que Hipólito puede ser
a dudar se persuade
el hijo que con pretexto
de que oculto se criase,
entregó a Dion, y a mí
me mandó que averiguase
este secreto, que ha sido
hacerme el camino fácil
para despicar mi enojo;
pues las que temía antes
por dudas, aquel afirma
su corazón por verdades;
hoy le obligué con decirle
que ya mi noticia sabe
que Hipólito es hijo suyo,
fingiéndolo con tal arte
y con tales apariencias,
que habiendo de celebrarse
de Hipólito el casamiento
con Fénix aquesta tarde,
a estorbarle está dispuesto,
para que Hipólito pase
de un bien casi gozado
a una pena en breve instante;
pues de aquella que aguardaba
esposa, hermano ha de hallarse,
y ha de ver que le amenazan
odios con blandos disfraces,
y peligros desmentidos
de halagos, pues vengo a darle
por enemigo a Seleuco
cuando se le doy por padre.
Bien su ruina has trazado,
pues con estorbo tan grave
no se casará con Fénix;
y aunque el decirle que nace
heredero de Sicilia
haga en el más tolerable
el malogro de su empleo,
solamente advierte
aqueste alivio fingido,
que mi padre acordare
en mandar que a quien venero,
disimulado remate,
por librarse del presagio.
Aquí acompañado sale
ya de festivas lisonjas
y parabienes nupciales
a efectuar sus creídas
dichas.
Presto han de trocarse
por mi venganza en penas.
Estorbarlos quiero. Ensalce
a Fénix el trono augusto;
con mayor fuerza renacen
las pretensiones que tienes
de que en Sicilia te aclamen;
darte su estado procuro.
Pues te entrabas a la parte.
Salen los músicos delante descubiertos, cantando lo siguiente, y Seleuco, Fénix, Hipólito, Lucrecia y Moscatel.
La unión de Hipólito y Fénix
hoy convierte en dulces paces
y en dulces guerras de amor
el que fue triunfo de Marte.
El aviso de Lisandro
tiempo es ya de aprovecharle,
supuesto que entre los dos
hay obstáculo tan grande
para no darse las manos.
Con esto vengo a librarme
de tanto temor, Lucrecia.
El fin deseado hallaste.
¡Ay, suerte como la mía!
Nunca pensé que triunfase
de aquel oso en forma de hombre
para verte en este lance
tan feliz, mas no reparas
que Irene de mal talante
nos mira.
Amor consigue ya
mi disculpa.
No dilates
el bien que ha logrado, llega,
pues en función semejante
todos aguardan por ver
si incurre en las generales
necedades de los novios,
a que el desposado hable.
Fénix, si ha de ser humano
sobre tantas tempestades
el arco de paz divino,
acaben de verse
con ella qué dilaciones.
de amor son eternidades.
Ya cumpliendo con las leyes
y obedeciendo a mi padre,
la doy.
Aguardad, que a entrambos
suspender es importante
esta determinación.
¿Qué causa que la embarace
puede haber?
De yelo soy.
Ya dicen en el semblante
su pena.
Empiecen sus dichas
y su alegría a turbarse.
La causa es tan poderosa
y está ayudada de tales
inconvenientes que fuera
en mí un yerro muy culpable
no advertirla; y, aunque el pecho
de Hipólito sobresalte
tan extraña novedad,
y desvanecida halle
la suerte que su fortuna
o su valor pudo darle,
hállala desastrosa
por la que pierde de amante,
si es cierto lo que sospecho,
y así, hasta que lo aclare,
el tiempo no ha de pasar
el casaros adelante,
que puede ser, si los fuertes
vínculos del maridaje
no os juntan, que otra estrechez
y otro cariño os enlace.
Quiera el cielo que no sea,
porque, entre anuncios fatales,
tan cerca de mí no tenga
un riesgo de que guardarme.
Lisandro, escucha.
Vanse Lisandro y Seleuco.
¡Ay, mayor
abismo!
Señas bastantes
te ha dado para que entiendas
lo que el silencio en su cárcel
tuvo hasta hoy; y, a preguntar
montes de dificultades,
tu amor, Hipólito, advierte
que, celoso nuestro padre,
dicen que también lo estorbó;
y tú, Fénix, apártale
del pensamiento, procura,
mira, hermana, que es muy grave
la circunstancia, pues hay
en ti y en él una sangre.
Vase.
¡Cómo es contra mí el aviso,
que, ufana de publicarle,
irá!
No hubiera notario
mas pronto en notificarte
el impedimento deste
matrimonio
huno peor
llega al oydo
de ninguno tan notable
infortunio, yo tu hermano
que el dulce fruto al tocarle
el labio (fiero tormento)
como a tantalo me falte
que es esto ?
el ser mui estrecha
esta hermandad en que entraste
pues que te obliga a que ayunes
En tan congojoso trance
Hipólito el corazón
para poder esplicarte
mas claramente el dolor
que te cerca y te combate
parece que deja el pecho
y que a los ojos se sale
que e de hacer cuando padezco
el mas cruel de los males
descompuesto poblare
de ansias y quejas el ayre
Fénix mía mas no es tiempo
ya de que mía te llame
esposa pero este nombre
desde oy no puedo darte
centro de mi amor también
llega este cariño tarde
por nuevos la voz no encuentra
los terminos para hablarte
natural efeto es yrse
al conocido lenguage
que a poco que soi tu hermano
ya mucho que soi tu amante
amanece esposo tuyo
y como el bien no es durable
tu hermano anochezes un día
junto suertes tan distantes
de que sirvio el conseguirte
con la costa de arrojarme
de marte a las contingencias
en el guerrero certamen
que importo el triunfal aplauso
la fortuna por quitarle
aun desdichado la dicha
suele dejar que la halle
a quien no ay otro remedio
sino la ausencia si es fácil
pues ni amarte si me quedo
podre, ni dejar de amarte
en medio de nuestra llama
poner combiene los mares
porque a Riesgo esta de arder
en incendio el mas culpable
pues como ande Resistirse,
a un amor que ya es un gigante
siendo tan Recien nacidos
los respetos de la sangre
que me parezcas, recelo,
si aumento en tu beldad cabe,
más bella que antes desde hoy,
por más imposible, que antes;
y así, de afecto sitiado,
mira si hay mal que a este iguale,
vengo a tener por partido
el morir o el ausentarme.
¿Tú ausente de mí? ¿Qué dices?
No lo condenes afable,
que temo ya tus agrados
más que temí tus crueldades.
Dejarte es fuerza.
¿Podrás?
Daño más considerable
es perdernos que perderte.
Y flaqueza echar la nave
al golfo, todo su empleo,
a los primeros balances.
Siendo mi hermana, otro dueño
tendrás, y es bien alejarme
por no verlo.
¿Y el laurel
que has de heredar?
¿En poder de otro?
Eso temo,
que de reinos equivale,
ningún imperio a un infierno
de celos incurables.
¡Quién olvidarte pudiera!
¿Quién pudiera no adorarte?
Vase.
Fénix.
Tan nuevo accidente
a nadie ha turbado, a nadie.
Consuélate, señor hijo,
de rehenes, pues te hacen
gran señor, sin contrapeso
de mujer.
Corto, ignorante,
discurres, pues juzgas que hay
sin gusto felicidad,
¿y que no es mi padre Dion?
Sale Lisandro.
Muchos, porque no lo extrañes,
no saben de quién son hijos,
aunque piensan que lo saben.
Pero aquí Lisandro viene.
Vendrás como amigo a darme
consuelo.
Mal se asegura;
no vengo sino a llevarte,
cumpliendo el orden que traigo,
a esta torre.
¿Pues tú traes
orden en mi daño?
El duque
mandó que yo te dejare
dentro de ella...
¡Ay, más aprietos!
...con guardas que te acompañen.
Este es encierro, ¡ay más fiero!
7 95
Aparte.
tropelias de desastres
tenerte en ese retiro
Resuelve hasta que se aclare
que tu seas hijo suyo
pues teme que an de enconarse
con tal novedad las libres
civiles parcialidades
y que aquellos que orgullosos
a Fénix o a Irene aplauden
podran maquinar tu muerte
recelando que desmayen
sus intereses si a ti
la sucesion te tocare
y assi antebiendo el futuro
daño, por guardarte hace
Seleuco estas prevenciones
no son sino por guardarse
inducido del aguero
y de las yras sagaces
de mis celos que minando
van con secreto volcanes
contra un desleal amigo
Con muestras de aprisionarme
me guarda que enigma es este
y el que estasis en tu semblante
pues parece que se niega
sus agravios
Vase.
no dilates
el obedecer que ocioso
es lo demas
que mudarse
pueda Lisandro que causa
tendrá.
con gesto de alcaide
te mira después que tiene
comisión para encerrarte
a un tiempo todo me falta
solo te sobran los padres
confuso voy pues a tanto
laberinto de pesares
y a tanto encuentro de dudas
ya no ai discurso que baste
Vanse y salen Peregrino y Roberto
valiente peregrino
vuelve a palermo pues que ya previno
el pueblo mal contento
a tu bizarro aliento
el desquite del triunfo que as perdido
de su intento avisado y prevenido
estoi pues e savido que me llama
aunque es impropia acaña de mi fama
para encargarme, superior empeño,
la nueva de su dueño
por haber divulgado
que Hipólito es su hijo, ha conspirado
la inquietud popular mal reprimida,
libre conjuracion contra su vida,
pues los que a Fénix antes aclamaban
y los que a devocion de Irene estaban,
viendo descaecer sus ambiciones
con esta novedad, los corazones
que con discordes bandos siempre ardieron,
contra Seleuco unieron,
porque dan por supuesto
el nuevo sucesor, y fuera desto,
porque, a todos negado,
se hace odioso, pues vive retirado
venciendose de abusos agoreros
con impulsos ligeros,
y aunque la ocasión condene,
a ella mi despecho me previene
y la impaciencia mía,
irritada de haber en solo un día
perdido las victorias
que con herencias, repetidas glorias,
en plazos consegui tan dilatados,
vengareme en Seleuco de mis hados.
Para mañana ten apercebido
que estara descuidado y divertido
todo el palacio en el festin que tiene
por los años de Fénix y de Irene,
en cortesano trage disfrazado.
Esta determinado
que te han de conducir al cuarto adonde
Seleuco, habiendo la luz del sol, se esconde;
con el rostro encubierto,
como los del festin, seguro y cierto
hallara el paso tu cautela osada
mezclandote con ellos a la entrada.
La ocasión logra que a cobrar te incita
de la suerte lo mismo que te quita,
pues muriendo Seleuco, a pelo darse
podran aquellos propios que a fiarse
su muerte se anticiparon,
tomando tus trofeos por pretexto
para dar a tu frente
el laurel eminente.
Nada vas a perder, mata atrevido
a Seleuco aunque le halles defendido
de armadas guardas.
Bien, Roberto, puedo
esperar mucho mas de mi denuedo.
Viste el nebli cuando veloz y osado,
desatando sus alas, remontado,
parece que con ellas
va templando el ardor de las estrellas;
viste como al volver su vuelo altivo,
el ejercito asusta fugitivo
de las plebeyas aves que ligeras
temen sus garras fieras,
cual del miedo rendida,
antes de pelear se halla vencida;
cual con presteza extraña
busca el seno más hondo en la campaña;
cual a un árbol acude en su congoja
y de ella aprenden a temblar las hojas;
cual con la sangre que a sus venas falta
del campión bizarro el pico esmalta.
y al aullido repetido,
y al mísero gemido,
y a la sangrienta herida,
y a la pluma esparcida
teatro hacen los vientos
de estragos y escarmientos;
y el pájaro furioso
con alas de pomposo
triunfante campea,
y la baja palestra señorea;
así pues, os guardan prevenidos
a Seleuco, milanos abatidos,
verán al verme de fiereza armado
y en el vuelo alentado.
48
de mi ardimiento fuerte,
justo han de hallar horror, desvelo y muerte.
Su dicha has de labrar con tu violencia.
A Palermo, Roberto, y tras pertinacia,
quién es Seleuco me dirá primero,
porque nunca le vi.
Yo me prefiero
a guiar tus valientes confianzas.
Has vuelto a fundar mis esperanzas.
Habemos vuelto en tu acuerdo,
que andar desde ayer acá
de tristeza embebidos,
como otros de gravedad,
aunque este padre, que ahora
de golpe entrado se ha,
también parece padrasto
que da del puño y del pan;
y aunque a los dos, sin ser fiestas,
nos ha mandado guardar,
y en esta torre noruega
ni preso ni libre estás,
te sirven, y hay buen pesebre
siempre al comer y al cenar.
Seleuco el rostro me niega
en aquesta soledad,
donde dice que me guarda,
y se compadece mal
con el guardarme el no verme.
Otra causa en esto hay
más secreta; de Lisandro
me quejo, pues desleal
no me saca desta duda;
con amigable disfraz
me encubrió su doble pecho.
No es la primera amistad
que esconde la mano y tira
la piedra.
Y Fénix, ¿qué hará?
Paréceme que es la hora
de haberse entrado a tocar,
y en tanto que la iluminan
aquel palmo de cristal
con la vergüenza postiza
que las sabandijas dan,
la estará dando una dueña,
anciana colateral,
consejos para olvidarte,
y ella los admitirá.
Cierra el labio y no me acuerdes
que puede olvidarme.
Ya
tú me has dado un tapaboca,
pero aunque te amargue en mal,
vuelvo a decirte que esperas
que hayáis los dos de olvidar.
y donde hallare el olvido
ella propia lo dira
pues todos saben que bibe
junto a la fatalidad
para ber si olbida el alma
mi atencion e de ocupar
los libros que de la aldea
trajimos adonde estan
los papeles
en ese
aposento
quiero dar
alguna tregua alomenos
a esta pasión
Sale yrene
bien aras
pues ya imposible la miras
ofendistes la piedad
de aconsejarme aun que a ti
no te toca
mal sabra
agradeser el que falta
con traydora falsedad
a lo que promete
vase y sale Fénix
yrene
si prometi abenturar
en tu serbicio mi bida
ya lo cumpli con librar
tu mano de la eleccion
de un mostruo y tu libertad
esto te ofresi mi pecho
te a engañado en lo demas
pero olbida el quejarte
que si ya no puedo amar
a Fénix el propio estorbo
para no ser tuyo abra
aguarda
yrene a quien llamas
que nos volviese a cerrar
la puerta
ablando no estabas
con Hipólito
es berdad
mira ermana que es muy grave
la distansia pues ay
en ti y en el una sangre
que así se beque
sagas
la yrio por sus propios filos
la tome por apurar
si a ber a Hipólito entravas
abri y confirmada esta
con tu exseso mi sospecha
y a negarme querrás
encubriendo sus atenciones
27 50
que le viniste a buscar.
¿Qué duda sería, habiendo
de por medio estorbo tal?
Estar en duda el estorbo
de excusa para cesar
te habrá servido.
¿Tan dentro
juzgas de mi voluntad
a Hipólito?
Sí, conque esta
la primer cosa será
que, pareciendo bien,
no te ha parecido mal.
Aparte.
Vase.
Por mucho que has maliciado
contra mí, yo llevo más
que culpar en ti; encubriendo
voy mi enojo y mi pesar,
pero, de Hipólito preso,
el temor me vengará.
Sale Hipólito.
Cuando el riesgo
de Hipólito aquí me trae
cuidadosa, con Irene
le hallo.
Engañada estás
si presumes que lo firme
de mi fe puede faltar,
no perturbes la esperanza
que ahora me ha vuelto a dar
la suerte de que ha de ser
mía.
Vase.
¡Así tu deslealtad
en vano desmentir quieres!
Deja, deja de apoyar
tus engaños, y asegura
tu vida, sin aguardar
que mi padre te la quite
por las causas que sabrás.
Después no esperes que acabe
su ciega credulidad
de persuadirle que la puerta
por donde entre, quedará
abierta. Huye del riesgo,
y de mis celos ya,
aunque no saliese cierta
la grande deslealtad
que hoy divide en tu ingrata
fe, no creyera jamás.
Oye, y lleva, si te adoro
constante, que a malograr
viniese Irene este alivio...
¡Echa un basilisco acá!
Yo presumo que una carta...
que agora acabo de hallar
entre los varios papeles
que por divertir mi mal
leyendo estaba, ha de ser
de tanto penoso afán
remedio...
¿Para quién es?
Para Seleuco, y está
cerrada.
Romper la nema
puedes para averiguar
lo que escribe al duque en ella
aquel varón sin igual
en las letras y las armas,
y luego se la darás
poniendo la otra cubierta,
si la juzgas esencial
contra tu adversa fortuna.
Embozado he de llegar
a dársela, aunque la ropa
que inventare o trazará
el festín de hoy en confusa
y lucida variedad;
pues, si allí no me conoce,
ofenderse no podrá,
porque de la torre salgo
sin su orden.
Ayudará
esta industria, y a la noche
ofrece y de par en par
la puerta...
Si descubriese
alguna seguridad
contra las fieras cautelas
que he llegado a recelar
de Irene...
Gran cosa fuera,
si su afición pertinaz
para casarte consigo
te ha sabido enredar,
dejalla burlada, haciendo
que a Lisandro o al jayán
diese la mano; y un cuento
a este propósito va:
Amaba cierta hechicera
a un mozalbete en agraz
y, con ser pelibermeja,
él se hacía desear.
Siendo esquivo, alma astuta,
diabólica habilidad,
acudió un día al tiempo
que él se acabó de afeitar.
Coger algo de su pelo
quiso con sagacidad
de la puerta del barbero
la embustera por lograr
traerle de los cabellos.
Lindaba con el umbral
de la barbería el puesto
de un botero, y por tomar
ella del bermejo ingrato
el trasquilado azafrán,
la borra de los pellejos
tomó y fuese a ejecutar
su intención. Llegó la noche,
y al conjuro eficaz,
apenas principio dio,
cuando con furia infernal
los cueros por la ventana
comenzaron a volar,
al botero despertando
que hendía la vecindad,
diciendo que los demonios
le llevaban el caudal;
las hinchadas pieles fueron
por los aires al desván,
donde aguardaba segura
la celestina, la cual
se halló al buscar que abrazaba
su despejado galán,
pesado de tanto cuero
y molida a tahonas.
Lo propio ha de sucedella
a Irene, pues cuando está,
creyendo que ha de atraerte,
puede ser que sin pensar
se halle novia del salvaje,
que de ella nos librará.
Quiera Amor que encuentre el puerto
contra tanta tempestad.
Vanse, y sale un criado delante con una luz, y pondrá en un bufete, y Seleuco y Lisandro.
Con el fingido cuidado
de guardalle a sabiendas,
mil dudas he de tener
a Hipólito retirado
en el cuarto de la torre,
y del mío, y he de doblar
las guardas por atajar
riesgos que mi vida corre.
En tus temores mi esperanza
fundo bien, el que recele
tu pecho, pues causar suele
peligros la confianza.
El celo estimo.
Pues ya
que Hipólito ser no pudo
dueño de Fénix, no dudo
que con tu mano honrará
tu grandeza los servicios
de mi sangre y los blasones.
Pues a muchos te antepones
con muy seguros indicios,
puedes estar del favor
que pides.
Vase.
Las plantas beso,
y agora dame licencia,
pues ya de tomar es tiempo
las hachas para el sereno.
Con esta cautela espero
el galardón en mi amor
y el desagravio en mis celos.
De plumas, galas y luces
varias cuadrillas veo,
por ser permitido entrar
en tan públicos festejos
de máscara el que quisiere;
y por ese sitio, al puesto
donde aguardan los demás,
van pasando ufanos de ellos,
formando lazos airosos
al son de dulces acentos.
Los músicos cantando los versos que se siguen, y Fénix saldrá haciendo alguna mudanza con Hipólito, e Irene con Lisandro, Moscatel con Lucrecia, y otro con otra dama; todos ocho con mascarilla y hachas y con sombreros de plumas, representando mientras durare el danzar.
Los años que hoy ha visto
cumplir el deseo,
celébrele el mundo,
repítale el tiempo,
aprueben aventajas
los átomos del viento.
La selva con sus flores,
y el cielo con sus luceros,
de Fénix y de Irene
los dos abriles bellos,
conformes en lo hermoso,
compitan en lo eterno.
Ya te he conocido, y culpo
tu osadía.
En los intentos
consiste mi dicha.
Fénix,
¿qué las hablando en secretos?
Con aquel máscara que está,
conocerle así pretendo.
Caballero, ¿no advertís
que trocar puesto debemos
los dos?
Lisandro parece.
Aunque la mudanza yerro,
vos habéis errado alguna,
también por haberla hecho
contra el más leal amigo.
Aparte.
A no saber que está dentro
de la torre, no dudara
que era Hipólito; sospecho
que, si él
a mi palabra ha falto,
ya no estorbarlo con respeto.
tomado hubiera en el campo
la satisfacción
pasemos
adelante que por el
yo sabré satisfaceros
de cualquier modo la carta
de mi padre agora quiero
dar a Seleuco
pues ya
lo que contiene sabemos
que darte el boluio puedes
para dartela
abriendo la repara Junto al bufete de luces a leerla sale Peregrino a un espacio de galan con mascarilla y vaquero, plumas y Roberto
yd siguiendo
al mascara confuso
con aquesta carta quedo
y no descubriome el rostro
quien me la dio persuadiendo
a mi curioso cuydado
para que la lea luego
esta
Seleuco el que miras
es mientras esta leyendo
aquel papel ejecuta
su resolucion que tengo
para su escolta alla fuera
muchos de los comuneros
que si remisos se ben
sabran conseguir resueltos
con uos que a su balor
han remitido
Roberto
para aquesta accion yo solo
basto
Vase Roberto
pues con el te dejo
y el fin de tan importante
determinacion en ella
voy a esperar
mirando la carta
facción
o aleve vil no infiero
a lo que apoya su firma
crédito aunque pues de muerto
a de dar ya vnque tan mal
siendo mi amigo y mi deudo
le pague siempre en seruirme
su cuydado airado leo
lo que me escribe
Fajardo
de mi ciencia y de la fee
con que te sirvo forzado
seguridades te aconsejo
con el abiso presente
que jusgo será el postrero
que te recedes (seruyra
muestra de lealtad)
yo llego
o llyso cuya tutela
me confiaste
instrumento
Lee.
Este puñal de su muerte
será;
pues asido y firme,
iré a matarle.
Mas ya,
o el miedo sea o respeto
de la majestad, neutral
y remiso me suspendo.
Lee.
Tiene, porque le conozcas,
adusto el color y el pelo;
crespo, erizado y escuro;
grave y feroz en su aspecto.
Parece que muevo un monte
en cada planta que muevo.
Lee.
Peregrino se llame,
porque en su estrella le advierto;
Peregrino (aquestas señas
me dicen quién es).
¡Qué imperio
en mi fineza han hallado
aquellas canas! ¡Qué afecto
a este que puede más
que yo, el paso y el acero
se animen!
Lee.
Y aunque en quitarle
la vida ha de estar perplejo,
y los planetas predicen
que ha de guardarse de este tiempo,
de otro fracaso el cuidado
no se asegure.
¡Seleuco
muera!
Los que me acompañan
quieren las guardas rompiendo
hacer lo que yo no pude;
y a salirles al encuentro
no sé qué fuerza me arrastra,
ni sé por qué guardar quiero
al mismo que a matar vine.
Entrase dentro dando la espalda.
De esta traición ya penetro
la causa.
Sale Lisandro.
A estar a tu lado
la novedad de este riesgo
me trae.
Salen Irene y Fénix.
Retirarte importa,
pues los que cómplices fueron
en los tumultos, tu muerte
intentan;
su atrevimiento
rechaza y castiga ya.
Unos sin conocernos,
quien se ha asido de otros,
rastrear el paso sangriento
de los traidores que ayuda;
también el polvo en nublados
temiendo el rey que aqueste...
Ya espero
saber a quién debo tanto.
Vuelve a salir Peregrino quitándose la máscara.
A mí, aunque a tus pies confieso
que vine a ser tu homicida,
y trocando los afectos
sin saber la causa, en vez
del homicidio, ya emprendo
la defensa, y de los propios
que contra ti me trujeron
te libro, a vista de muchos,
socorrido del esfuerzo
de otro brazo; aunque informarte
de las señas de mi dueño
no podré.
Sale Hipólito y Moscatel quitándose las máscaras.
Hipólito soy,
y así tu vida defiendo.
Y yo Moscatel, tu socio.
A darte salí dispuesto
esa carta, hallando franca
una puerta que no puedo
decir quién la abrió; y mi dicha
me pudo traer a tiempo
de ayudar a socorrerte,
y admirado de ver que el cielo
aquí a Peregrino en traje,
al que miraba tan opuesto,
habiendo extrañado en él
dos impulsos tan diversos
y contrarios...
Sepa el mundo
que el misterio...
Asombro muevo.
¡Qué mucho!
¡Prodigio extraño!
A verificarlo llego
de este aviso del cielo,
que haré después manifiesto
a todos, y cualquier seña
de las que en su rostro veo,
con las que me da la carta
que se han conformado, acierto,
y es la más fuerte el hallarle
defensor cuando resuelto
venía a ser parricida.
Juicio que en su nacimiento
hizo Dios, y así absorto,
como a ídolo del suelo
le doy mil brazos.
Y yo,
de admiración y amor lleno,
los recibo.
Por los astros,
te hallo, y también por ellos
otro desengaño alcanzo.
Pues Hipólito con esto
puede dar la mano a Fénix.
Lisandro, mis intentos
desvanecen con tan raros
inopinados afectos
las celestes influencias.
Por menor suerte no tengo
que creas mi fe, Lisandro.
Ya estoy de ti satisfecho.
De tanto celoso estorbo
reparos los astros fueron.
Solo pudiera bastar
sus cielos contra los celos.
De Lisandro sea Irene.
Todos quedarán con esto
bien, y el poeta mejor,
si le perdonáis sus yerros.
Fin.