النص الرقمي لـ Auto Sacramental (Emp: Señor galán embozado)
تاريخ النشر: 18 يونيو 2026
البيانات الوصفية للعمل
- الإسناد التقليدي
Obra atribuida a Diego Ramos del Castillo.
- الإسناد الأسلوبي
تتيح تحليلات القياس الأسلوبي ربط هذا العمل بالملف التأليفي لـ Diego Ramos del Castillo, إذ تظهر بعض أعماله في المراتب الأولى، وإن لم يكن ذلك بصورة حاسمة.
- النوع الأدبي
- Auto
- حالة النص
- Transcripción automática de impreso
- المصدر
- El texto procede de la transcripción automática de la edición incluida en Autos sacramentales y al nacimiento de Christo, con sus loas y entremeses (Madrid, Antonio Francisco de Zafra, a costa de Juan Fernández, 1675), conservada en el Institut del Teatre, signatura 57.486.
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الترخيص
صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Señor galán embozado). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/auto-sacramental-emp-senor-galan-embozado.
AUTO SACRAMENTAL (EMP: SEÑOR GALÁN EMBOZADO)
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Cantan, y sale por una parte el Olvido, admirándose de la música.
Señor galán embozado,
¿para qué se nos disfraza?
¿Pues le conocen por Cristo
aunque más cubre la cara?
¡Válgame el cielo! ¿Qué voces
en el aire organizadas
son suspensión del oído,
cuando dulcemente halagan?
Sale la Devoción por otra parte, admirándose también.
Bien sé que tiene misterio
salir hoy con esa gala,
y que a una dama enamora
a quien quiere como al alma.
¿Qué sonorosos acentos
pueblan las regiones vagas?
Que con métrica armonía
de canoras consonancias
suspenden toda atención;
pues admiran por extrañas;
o la tierra al cielo sube,
o el cielo a la tierra baja.
Feliz fuera mi fortuna,
y dichoso me aclamara,
si del abismo saliera
en que mis dudas se hallan.
Sin igual fuera mi dicha,
si conociera la causa
de efectos que en laberintos
de dudas tienen el alma.
¿Mas quién en este retiro?
¿Quién en esta sierra opaca?
¿Solución dará a mis dudas?
¿Limitará mi ignorancia?
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Bajaré a ese valle umbroso,
quizá en su amena distancia
organizarán los aires
algún eco entre las ramas,
que me anuncie a quién celebran
con tal placer las montañas.
Discurriré los espacios
de este pensil de esmeralda,
quizá algún habitador
de estas rústicas cabañas
me sacará del abismo
en que fluctúan mis ansias.
Reparan el uno en el otro.
¿Pero quién oye mis voces?
¿Mas quién sigue mis pisadas?
¿Deidad bella, tú en el monte
entre murtas y espadañas?
¿Tú en la selva hermoso Adonis
la gentileza así ultrajas?
¿Cómo en el agreste campo,
bajas tu garbosa gala?
Después que la asistes tú,
ya no es campo esta montaña,
corte sí, donde por reina
todas las flores te aclaman:
pues viéndote, tienen vida,
luz el sol, y risa el alba:
si atienden a tus mejillas
las rosas más coloradas
se ponen, y es de vergüenza
de no poder limitarlas.
El clavel que carmín viste
en esta amena comarca,
cuando contempla tus labios,
se queda como una grana.
¿Qué arroyuelo de corrido
mirando a tus manos blancas
a la sierra no se va,
llorando hilos de plata?
De muy cándido el jazmín
hasta ahora blasonaba,
mas ya arruinado le veo
después que vio tu garganta.
Todo el campo se hermosea
con que le pisen tus plantas
pues tantas flores produce,
cuantas huellas tú le estampas;
todos, en fin, te saludan,
todos te tributan parias,
estas selvas como a Flora,
y estos bosques, como a Diana.
Feliz mil veces me aclamo,
pues hoy logro dicha tanta,
viendo en esfera de flores
todo el sol en forma humana.
Cuanto valgo, humilde rindo,
Venus hermosa, a tus plantas,
tuya es ya mi voluntad,
pues que te venera el alma
por móvil de sus acciones:
y así como dueño, manda.
¿Qué impulso te ha conducido
a esta desierta campaña,
donde en palestra de rosas
tienen continua batalla
la azucena, y el jazmín?
Merezca saber la causa.
Grande obligación engendran
atenciones cortesanas
en un generoso pecho
a quien la nobleza esmalta:
y así, no hay duda que fuera
desatenta, y poco urbana,
si a tus preceptos omisa
neciamente me negara.
Yo soy, pues, la Devoción,
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que a esta mansión solitaria
me traen las ingratitudes
con que me veo olvidada
en la ciudad, donde vive
la lisonja acreditada;
pero si no te molestas,
atiende, sabrás la causa.
Ya creo que sabrás cuán celebrada
fui de los hombres en la edad pasada:
y con cuantos festejos aplaudida,
estimada de todos, y querida;
pues a voces lo aclama
el clarín acentuoso de la fama.
Mas fue tal mi subida,
que temí, y con razón, esta caída;
pues siendo mis blasones tan lucidos,
me miro despreciada, y con olvidos
sola, y desamparada
cuando fui de memorias coronada:
y así llora, y suspira mi gemido
cuando atiendo a quien soy, y a quien he sido:
que no hay mayor tormento
que bajar a ser pobre el opulento.
Como no hay quien me admita ya en poblado
me retiré a este prado,
donde veo las aves
alternando suaves
motetes, que consagran en su acento
al que le ha dado ser al firmamento,
a quien agradecidas
al ser que gozan sus felices vidas,
devotas, y celosas,
sacrifican festejos cuidadosas.
Aquí la humilde planta
parece, que con muda lengua canta
el aplauso, y loores
que debe al que conserva sus verdores.
La más mendiga fuente
perlas tributa al mar en su corriente;
porque el cristal que mueve
del mar origen tuvo, y como debe,
en aljófar la paga le mejora
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de tanta tersa plata, a que es deudora,
y en fe de que obligada se confiesa,
por la fértil maleza,
cuidadosa la paga le remite,
hasta el undoso reino de Anfitrite,
siendo su mensajero un arroyuelo
que discurre veloz el verde suelo,
con tal prisa saltando,
que de correr aljófar va sudando,
porque conozca el hombre
que es satisfacer deudas su renombre;
y que pagar procura,
que no hacerlo, pudiendo, es gran locura
aquel que está obligado
a quien el ser, y la honra le ha prestado:
los árboles han puesto sus anhelos
en subir presuntuosos a los cielos
por pagar el tributo
que al criador le deben en su fruto:
y no hay cosa criada
que no celebre a Dios con lengua harpada;
los prados sacrifican
aromas en la flor que le dedican:
y a su deidad perenne
cada cual le consagra lo que tiene.
Pues si las plantas, árboles, y flores,
los arroyos plateados, ruiseñores,
si los montes, y fuentes lisonjeras,
los brutos, aves, peces, y las fieras
en celebrar han puesto su cuidado
al que aqueste universo ha fabricado;
dándoles ser distinto,
a los hombres razón, al bruto instinto,
hermosura a las plantas,
y a tan distintas cosas, cosas tantas,
¿cómo el hombre se olvida,
y de aquellos festejos se descuida?
Y pudiendo, no paga,
viendo que a ejecución la parca amaga.
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Ver esto me ha causado los lamentos,
y ignorar el motor de estos acentos,
que con dulce armonía
estos páramos puebla de alegría.
Pero pues tan propicio te he hallado,
no temo se me oponga adverso el hado.
A aquestas soledades me retira
la ingratitud, que en la ciudad se mira;
pues soy tan despreciada,
y de todos estoy tan olvidada,
que aun la menor memoria se ha perdido
de este culto, que fue tan aplaudido,
del soberano Pan sacramentado
a donde el Dios de amor se ha disfrazado.
Pues laméntese el hombre, que dormido
ha puesto en estos cultos tanto olvido;
pues puede ser que de omisiones tales
se nos hayan seguido tantos males
como hasta hoy padecemos,
quizá por los descuidos que tenemos,
cuando el lugar más pobre, en este día
demostraciones hace de alegría.
Este el designio es que me ha guiado
al retiro silvestre de este prado:
y así, pues sangre ilustre te acompaña
ampara una mujer, que en la montaña
tu patrocinio implora,
cuando su adversa, y triste suerte llora.
Aparte el Olvido.
Ya no es mi fortuna adversa,
ya no es mi suerte contraria,
pues acaso he conseguido
lo que a concilio buscaba.
Disfrazarela mi intento,
porque viva descuidada
de la ruina que la espera;
y así un engaño me valga.
A ella.
Lo mismo que has referido,
hermosa Venus me pasa,
y pues tu intento, y el mío
a un mismo fin se consagran,
examinemos las grutas
de esta cumbre agigantada,
que los llantos de la aurora
bebe en búcaros de nácar:
quizá algún habitador,
de esta desierta campaña
el origen nos dirá
de confusión tan extraña:
ven, si gustas que te sirva.
Tiéneme tan obligada,
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tu trato cortés, que fuera
mi correspondencia ingrata,
si a disposiciones tuyas
desatenta me excusara.
Aparte.
Llorará su infausto fin,
siendo ultraje de la parca,
y impediré que se ostente
de memorias coronada,
pues a vista del Olvido
son sus pretensiones vanas.
A ella.
En asistir tu persona
será eterna mi constancia:
sígueme, pues.
Vase el Olvido.
Ya te sigo;
ampare el cielo mi causa.
Va a entrarse, repara y detiénese.
Mas, ay de mí, ¿dónde voy?
No acierto a mover las plantas,
proseguir quiero, y no puedo,
qué temores me acobardan,
que tímido el corazón
se recela y sobresalta.
Si es inspiración divina,
que con presagios me habla,
por anunciarme algún daño
futuro, que me amenaza.
¿No puede ser que de este hombre
las caricias fuesen falsas,
y lisonjero pretenda
en mi honor alguna mancha?
Si, pues como a sus lisonjas
fui yo tan fácil y liviana,
que sin prevenir el riesgo
di crédito a sus palabras,
y no temí hacer testigos
a las flores de mi infamia.
Sabiendo que a la hermosura
se vincula la desgracia,
y para temer prudente,
la menor presunción basta:
seguiré otro rumbo, puesto
que mi dicha ha sido tanta,
que he discurrido lo que
tan neciamente ignoraba.
Pues siempre ha sido cordura
volverle al riesgo la espalda:
sean mi custodia fiel
estas frondosas retamas.
Vase, y sale el Olvido.
Cuidadoso mi desvelo
y absorto elado suerte avara,
pues no sé cómo, ni dónde
se ha ocultado esta tirana:
pues hice reparo apenas
que de mi lado faltaba,
cuando discurrí del bosque
las sendas más retiradas,
y conseguir no he podido
de sus huellas una estampa.
Hasta el más remoto clima
he de seguir sus pisadas;
buscaréla, aunque el abismo
la sepulte en sus entrañas.
Suenan instrumentos dentro.
Mas un instrumento suena
si el oído no me engaña.
Canta música.
Vanos serán los anhelos
de intento tan mal nacido;
puesto que la Devoción
hoy triunfará del Olvido.
Pues como en ira me abraso
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el cielo permite, ¡oh rabia!,
que un ciego vil fuerte pena
consiga; el dolor me mata:
premio a tan humilde ofrenda,
un áspid me muerde el alma.
¿No es mi poder sin segundo?
Pues con cautelosas trazas
de mentidas apariencias
hice que tributen parias
tantas diversas naciones,
en el metal, oro y plata,
al Tártaro Leviatán:
díganlo sectas tan varias
como por mí han erigido
a falsos ídolos aras,
negándole el sacrificio
a la deidad soberana,
que es principio sin principio,
pues es causa de las causas.
Pues el Olvido de que
solo a un Dios, que hizo de nada
esta fábrica del orbe
deben cultos y alabanzas:
ciegos en la noche obscura
les tiene de su ignorancia.
¿Qué elogios no solemnizan
los timbres de mis hazañas?
¿Qué lauros no me coronan?
¿Qué vítores no me ensalzan?
Por mí la lisonja vive
en el mundo acreditada:
y como de oficio hay quien
se sustenta con usarla.
Las torres de vanidad
que en el mundo se levantan,
¿de dónde tuvieron origen?
¿Quién fue su primera basa?
¿No es olvidar su principio?
Sí, porque si contemplaran
el primer ser que tuvieron
conocieran que fue nada,
y como pavón la pompa
abatieran de las alas:
pues ¿cómo dice el acento
de esta voz más que inhumana
que de todos mis anhelos
la intención veré frustrada?
Mas ¿qué temor me suspende?
¿Qué suspensión me acobarda?
¿Pueden fantásticas voces
de un poco de aire formadas
rendir mi orgulloso aliento,
y avasallar mi arrogancia?
En mausoleo de olvidos
hoy quedará sepultada;
pero ¿cómo me detengo,
y no sigo sus pisadas?
Dé pues su funesto fin
principio a mis esperanzas;
siendo su vida despojo
de un amago de mi espada.
Vase el Olvido, y sale el Afecto y Devoción.
Pues que te he referido
las penas que mi pecho han combatido,
hasta que del acaso conducida
halló amparo y asilo en ti mi vida,
si algún favor, Afecto, te merezco,
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termíname las penas que padezco,
con hacerme saber qué te ha movido
a que los valles hayas discurrido,
y quién de regocijos ha poblado
los más profundos cóncavos del prado.
Pues vivo solo atento a darte gusto,
oye, si no te sirve de disgusto.
De estas músicas voces que has oído,
motivo mi dictamen solo ha sido,
por aplaudir tus inmortales glorias,
a emulación feliz de las historias;
y conociendo que el Olvido osado
intentó darte muerte disfrazado,
cuando cuerda temiste,
y con razón de su cautela huiste,
yo, aunque estaba distante,
previne el riesgo que te tuvo errante;
y con paso ligero
vine a ser en tus penas compañero;
y a asistirte cual Argos vigilante,
hasta verte triunfante
de las sangrientas lides
que de este monstruo trazan los ardides.
Estas las causas son que me han movido,
y las que a tu presencia me han traído.
Justo fue mi recelo,
y ahora conozco que piadoso el cielo
del riesgo me libró, pues el Olvido
era aquel que con disfraz mentido
ansioso procuraba
verter en mí el veneno que ocultaba;
mas ya que llego a verte
no temo adversidades de la suerte.
Pues la aspereza, Devoción, talemos
de esta arboleda fértil, y bajemos
a ese pensil sereno,
más de placeres que de flores lleno,
quizá hallaremos un zagal piaduso,
de los que habitan el país umbroso,
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que nos guíe al camino, o la vereda
que conducirnos a poblado pueda.
Suena música dentro.
Mas qué sonoro acento
de melodía puebla el vago viento:
atentamente oigamos
desde la sombra de estos verdes ramos;
mas antes de este monte,
que es columna inmortal del horizonte,
registraré los escondidos senos,
que en sus bosques amenos
coger quiero unas flores,
para adornar la Iglesia, y sin temores
puedes aquí quedarte.
Afecto, ve con Dios, gustoso partes,
que yo aquí divertida
quedaré en esta fábrica lucida,
donde reina el clavel y la mosqueta,
y fragancias exhala la violeta.
Contemplaré el cristal de aquella fuente,
que es de plata corriente;
mas del sueño me siento combatida,
y en paréntesis breve aquesta vida
rendida se confiesa,
al feudo que ofreció naturaleza:
sírvanme de sagrado estas retamas,
o fiel custodia sus frondosas ramas.
Sácase una silla cubierta de ramos, donde se duerme la Devoción. Cantan dentro y sale el Olvido, reparando a la música.
Aunque al asalto del sueño
se rindió la Devoción,
no ha de lograr el Olvido
su maligna pretensión.
Aunque al asalto del sueño, etcétera.
¿Quién en voz atrevida
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habrá en el orbe, que mi intento impida?
Y a mi valor se oponga presuntuoso,
sin temer el impulso valeroso
de aqueste brazo fuerte,
único sustituto de la muerte.
En este monte pienso que asistiría,
y la música dijo que dormía:
o brujulearé la selva,
hasta que aquí el Afecto a verla vuelva;
mas si la fantasía no me finge,
en la palestra umbrosa está la esfinge
que persigo furioso
con aliento arrestado y animoso:
¿quién me suspende el brazo?
Llegue a su vida el infeliz ocaso,
y en túmulo de horrores se sepulte,
porque el Olvido su memoria oculte.
Tenga fin con su muerte su memoria,
que en su muerte mi vida está y mi gloria.
Devoción entre sueños.
¿Por qué, Olvido, me matas,
y con tantos rigores me maltratas?
Afecto al paño.
Si no miente el oído, y me he engañado,
la Devoción presumo que he escuchado.
Que me ha hablado entre sueños, me parece;
sí, que suya es la voz que se me ofrece.
No me hieras, detente,
pues me atiendes sin culpa y inocente.
Muere alevosa fiera,
que quien muerte me causa, es bien que muera:
rinde el orgullo de tu intento loco.
Despierta.
Piadosos cielos, vuestro asilo invoco.
Sale el Afecto.
Detén el brazo airado,
que sacrílegamente has levantado.
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deja la empresa de tu loco intento,
o serán estas flores monumento
que en túmulo fragante
tu soberbia sepulten arrogante.
¿En qué la Devoción, di, te ha ofendido?
¿Que a ultrajarla te inclinas atrevido?
La razón que me obligas,
ni ruego ha de empeñarse en que la digas,
porque a quien la pregunta,
este acero responde con la punta.
A tan loca y osada demasía,
valeroso respondo con la mía.
¿Tú a mi valor te opones?
Hable el acero y callen las razones.
Porque intenta tu anhelo
impedir el devoto y santo celo
con que la Devoción se ha dedicado
a festejar a un Dios Sacramentado,
¿a quién honra, alabanza y bendiciones
consagran los cristianos corazones?
porque en honrar su nombre
ha vinculado su cuidado el hombre.
Pues ya que a aqueste punto hemos llegado,
pregunto: ¿Dios no ha dado
honor, ser, existencia y perfecciones
a todo lo criado?
Son razones
que enseña el natural conocimiento.
Pues contra lo que has dicho así argumento:
Todas cuantas perfecciones
las criaturas encierran:
honor, bondad y hermosura,
como de causa primera
tienen su origen de Dios,
por cuya infinita ciencia,
toda ella misma goza
los renombres de perfecta.
Luego es superfluo decir
que las criaturas puedan
dar honra a su Criador,
no necesitando de ella;
pues es evidente que
su deidad no fuera inmensa
si de honores semejantes
necesitara su esencia;
puesto que no hay perfección
que ab eterno no asistiera
a su piedad infinita,
porque si no, Dios no fuera,
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o se le diera de infinito
alguna nueva excelencia;
y fuera imperfección grande
si de alguna careciera.
Concedo el antecedente,
y digo a la consecuencia:
Verdad es que dio principio
la divina omnipotencia
a cuantas cosas contiene
en cielos, aire, mar y tierra.
Esta fábrica del orbe
de perfección y belleza
les vistió, y así al formarlas
le parecieron muy buenas.
Así del Génesis consta:
Vidit Deus cuncta quae fecerat,
dice, et erant valde bona;
pero esta razón no niega
que deba darse honra a Dios,
no porque de ella carezca,
sino en reconocimiento
que del poder de su diestra
tuvieron el ser que gozan,
y así aquesto lo confiesan
con aplausos y loores,
con regocijos y fiestas,
no porque las necesita,
sí, porque se manifiestan
las criaturas humildes
hechuras de su grandeza;
y aún no hace mucho el hombre,
pues después de otras finezas
debe a su divino amor
la de quedarse en la tierra,
y en la mesa del altar
dar su carne verdadera,
por dar vida al que la come,
pues de muerte le preserva.
Contra aquesto se me ofrece
otra duda: es razón cierta
que quien dice carne, dice
corrupción, muerte y miseria.
Luego si Cristo pretende
librarnos de muerte eterna
con darnos este manjar:
¿cómo es posible que pueda
con la carne, si la muerte
tiene por naturaleza?
Yo le satisfaré, Afecto,
permíteme esta licencia.
Concedo que es la verdad
lo que arguyes, si se entiende
de la carne por sí sola,
pero si se uniere a aquesta
la divinidad, no hay duda
que en divina la convierta,
como sucede a la naranja,
siendo amarga su corteza
por su virtud el azúcar
hace que lo amargo pierda,
y transformada en almíbar
sacia el gusto y le deleita.
Así nuestra carne, aunque
venenosa y mortal sea,
por la hipostática unión
de la divinidad queda
dulce, agradable y suave;
y el ardiente fuego templa
de su natural calor,
causa porque la largueza
de Cristo nos da en el pan
hoy su carne verdadera,
por librarnos del veneno
de aquella culpa primera.
Aguarda, porque me causa
dificultad la propuesta.
¿Cómo puedo creer que el pan
en su carne se convierta?
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¿Cúya es esta obra, me di,
que yo creo verdadera?
¿Quién duda que fue de Dios?
Luego es clara consecuencia
que o no es todopoderoso,
o si lo es, que pudo hacerla.
Yo de su poder no dudo,
mas el modo me hace fuerza.
Respóndeme: ¿cuál es más,
de nada dar existencia,
o transformar lo que es algo
en otra cosa diversa?
Claro es que es más darle ser
a lo que antes nada era,
que darle a un ser otro ser;
pues que la naturaleza
da ser a unas cosas de otras,
y unas de otras se engendran,
y la corrupción de unas
es generación de otras: esta
es una de las verdades
que en la física se enseñan.
Pues si todo esto conoces,
¿qué dudas de su potencia?
No hay cosa a Dios imposible,
pues no hay cosa que no pueda;
y su poder infinito
pudo hacer que se convierta
el pan en su misma carne
y el vino en su sangre mesma:
pues omnia quae voluit fecit,
si dio ser a toda aquella
fábrica del universo,
y con su infinita ciencia
al cielo adornó de luces,
vistió de plantas la tierra,
dio ardientes llamas al fuego,
al aire aves, que le peinan,
y al mar peces que le giran,
a quien con freno de arenas
sujetó porque no intente
señorearse de la tierra;
y esto con un fiat solo
lo crio, sin que materia
presupusiese, de donde
principiara sus esencias;
pues de nada les dio ser.
¿Cuánto mayor excelencia
es el criarlas de nada,
que transubstanciar aquellas,
que son algo en otra cosa?
Quien pudo hacer cielo y tierra,
aves, peces, plantas, flores,
sol, luceros, luna, estrellas,
y hombres, de nada, queriendo;
es razón constante y cierta,
que pudo hacer del pan carne,
puesto que nada antes era.
Y todo con su palabra
fue dicho, pues dijo: Sea
esto luz, aquello mar,
cielo aquello, aquello tierra;
y al imperio de su voz
luego salió a su presencia,
cuanto aquesta arquitectura
de todo el orbe hermosea.
Pues siendo esto así, ¿qué dudas?
que cuando al pan en la cena
dijo: Esto es carne, fue carne;
si es menos con evidencia
que la que es uno sea otro,
que ser lo que nada era
cielo, estrellas, sol y luna,
agua, viento, fuego y tierra.
Es verdad, pero...
Detente,
no osadamente se atreva
con audacia pertinaz
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con audacia pertinaz
a prorrumpir más tu lengua
dudas, que son tan erróneas
contra la suma grandeza.
Y pues a tantas razones
vencimiento no confiesas,
lo que ellas no te persuaden,
conseguirá la violencia.
Rinde el presuntuoso orgullo
de tan altiva soberbia.
Ni temo tus arrogancias,
ni tus iras me amedrentan.
Arrodíllase echando la espada a los pies.
Pero ya rendido estoy,
a tus plantas, no me hieras,
pues perdonar al rendido
efecto es de la nobleza.
Confieso que fui el motivo
de que Devoción y fiestas
de ese soberano pan
tantos olvidos padezcan.
Mas si hasta aquí fui el motor,
humildemente una promesa
te hago, de que Cuidado
me llamen cuantos me atiendan,
y transformado en acierto,
seré quien más las fomenta.
Levanta, yo te perdono,
si lo prometido observas.
Pues si quieres inferir
de esta verdad evidencias,
guía donde tú gustares,
porque empiece mi obediencia.
Caminemos al convento
de la seráfica estrella,
donde con decente culto,
con más que amante fineza,
con reverentes aplausos,
devota, humilde y atenta
una pobre religiosa
al pan divino festeja,
con la pompa que es posible
a sus limitadas fuerzas.
Mas ten, que impensadamente
hemos llegado a la iglesia,
y si no miente el oído,
es música la que suena.
Pues entremos, que aguardan [ilegible] .
Vamos pues.
Seguid mis huellas.
Vanse, y cantan dentro lo que se sigue, y vuelven a salir.
Cierto que vuestros secretos
no hay, Señor, quien los entienda,
pues tenéis los accidentes
cuando es el alma la enferma,
vos estáis sacramentado.
Ya están en la procesión.
Pues luego al instante empieza.
Jayán bizarro y valiente,
a quien el infierno tiembla,
pues postrado a vuestro nombre
por su señor os confiesa.
Antídoto suave y dulce,
en quien el alma defensa
tiene contra los achaques
que causó la culpa fiera:
premiad el ardiente celo,
la constancia y permanencia
con que este ilustre convento
en festejaros se emplea.
Recibid la voluntad
de quien dedica estas fiestas,
admitid su amante afecto;
perdonad su insuficiencia.
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Y vos, ilustre auditorio,
símbolo de la nobleza,
de quien pregona la fama
tantas heroicas proezas;
los defectos perdonad
de quien, con pluma grosera,
quiso volar al Olimpo
de tan eminente empresa,
que es de generosos pechos
callar las faltas ajenas.
Que con esto quedaremos.
Obligados de esta deuda.
Ufanos con el perdón,
que es lo que más nos alienta.
Con ánimo de serviros,
según el deseo anhela.
Si nos concedéis benignos.
Perdón, piedad y clemencia.
Cuando en vosotros buscamos.
Favor, amparo y defensa.
Final del auto de Ramos antes de la cenefa. Bajo la cenefa comienza otra obra: Auto sacramental al nacimiento del hijo de Dios, por Antonio de Castilla, natural de Úbeda; NO se integra en la transcripción del auto2364.
