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цифровой текст Auto Sacramental (Emp: Señor galán embozado)

Дата публикации: 18 июня 2026 г.

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El texto procede de la transcripción automática de la edición incluida en Autos sacramentales y al nacimiento de Christo, con sus loas y entremeses (Madrid, Antonio Francisco de Zafra, a costa de Juan Fernández, 1675), conservada en el Institut del Teatre, signatura 57.486.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Auto Sacramental (Emp: Señor galán embozado). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/auto-sacramental-emp-senor-galan-embozado.

AUTO SACRAMENTAL (EMP: SEÑOR GALÁN EMBOZADO)

Pag. 325

Cantan, y sale por una parte el Olvido, admirándose de la música.

Música

Señor galán embozado,

¿para qué se nos disfraza?

¿Pues le conocen por Cristo

aunque más cubre la cara?

Olvido

¡Válgame el cielo! ¿Qué voces

en el aire organizadas

son suspensión del oído,

cuando dulcemente halagan?

Sale la Devoción por otra parte, admirándose también.

Música

Bien sé que tiene misterio

salir hoy con esa gala,

y que a una dama enamora

a quien quiere como al alma.

Devoción

¿Qué sonorosos acentos

pueblan las regiones vagas?

Que con métrica armonía

de canoras consonancias

suspenden toda atención;

pues admiran por extrañas;

o la tierra al cielo sube,

o el cielo a la tierra baja.

Olvido

Feliz fuera mi fortuna,

y dichoso me aclamara,

si del abismo saliera

en que mis dudas se hallan.

Devoción

Sin igual fuera mi dicha,

si conociera la causa

de efectos que en laberintos

de dudas tienen el alma.

Olvido

¿Mas quién en este retiro?

Devoción

¿Quién en esta sierra opaca?

Olvido

¿Solución dará a mis dudas?

Devoción

¿Limitará mi ignorancia?

Pag. 326

Olvido

Bajaré a ese valle umbroso,

quizá en su amena distancia

organizarán los aires

algún eco entre las ramas,

que me anuncie a quién celebran

con tal placer las montañas.

Devoción

Discurriré los espacios

de este pensil de esmeralda,

quizá algún habitador

de estas rústicas cabañas

me sacará del abismo

en que fluctúan mis ansias.

Reparan el uno en el otro.

Olvido

¿Pero quién oye mis voces?

Devoción

¿Mas quién sigue mis pisadas?

Olvido

¿Deidad bella, tú en el monte

entre murtas y espadañas?

Devoción

¿Tú en la selva hermoso Adonis

la gentileza así ultrajas?

¿Cómo en el agreste campo,

bajas tu garbosa gala?

Olvido

Después que la asistes tú,

ya no es campo esta montaña,

corte sí, donde por reina

todas las flores te aclaman:

pues viéndote, tienen vida,

luz el sol, y risa el alba:

si atienden a tus mejillas

las rosas más coloradas

se ponen, y es de vergüenza

de no poder limitarlas.

El clavel que carmín viste

en esta amena comarca,

cuando contempla tus labios,

se queda como una grana.

¿Qué arroyuelo de corrido

mirando a tus manos blancas

a la sierra no se va,

llorando hilos de plata?

De muy cándido el jazmín

hasta ahora blasonaba,

mas ya arruinado le veo

después que vio tu garganta.

Todo el campo se hermosea

con que le pisen tus plantas

pues tantas flores produce,

cuantas huellas tú le estampas;

todos, en fin, te saludan,

todos te tributan parias,

estas selvas como a Flora,

y estos bosques, como a Diana.

Feliz mil veces me aclamo,

pues hoy logro dicha tanta,

viendo en esfera de flores

todo el sol en forma humana.

Cuanto valgo, humilde rindo,

Venus hermosa, a tus plantas,

tuya es ya mi voluntad,

pues que te venera el alma

por móvil de sus acciones:

y así como dueño, manda.

¿Qué impulso te ha conducido

a esta desierta campaña,

donde en palestra de rosas

tienen continua batalla

la azucena, y el jazmín?

Merezca saber la causa.

Devoción

Grande obligación engendran

atenciones cortesanas

en un generoso pecho

a quien la nobleza esmalta:

y así, no hay duda que fuera

desatenta, y poco urbana,

si a tus preceptos omisa

neciamente me negara.

Yo soy, pues, la Devoción,

Pag. 327

Devoción

que a esta mansión solitaria

me traen las ingratitudes

con que me veo olvidada

en la ciudad, donde vive

la lisonja acreditada;

pero si no te molestas,

atiende, sabrás la causa.

Ya creo que sabrás cuán celebrada

fui de los hombres en la edad pasada:

y con cuantos festejos aplaudida,

estimada de todos, y querida;

pues a voces lo aclama

el clarín acentuoso de la fama.

Mas fue tal mi subida,

que temí, y con razón, esta caída;

pues siendo mis blasones tan lucidos,

me miro despreciada, y con olvidos

sola, y desamparada

cuando fui de memorias coronada:

y así llora, y suspira mi gemido

cuando atiendo a quien soy, y a quien he sido:

que no hay mayor tormento

que bajar a ser pobre el opulento.

Como no hay quien me admita ya en poblado

me retiré a este prado,

donde veo las aves

alternando suaves

motetes, que consagran en su acento

al que le ha dado ser al firmamento,

a quien agradecidas

al ser que gozan sus felices vidas,

devotas, y celosas,

sacrifican festejos cuidadosas.

Aquí la humilde planta

parece, que con muda lengua canta

el aplauso, y loores

que debe al que conserva sus verdores.

La más mendiga fuente

perlas tributa al mar en su corriente;

porque el cristal que mueve

del mar origen tuvo, y como debe,

en aljófar la paga le mejora

Pag. 328

Devoción

de tanta tersa plata, a que es deudora,

y en fe de que obligada se confiesa,

por la fértil maleza,

cuidadosa la paga le remite,

hasta el undoso reino de Anfitrite,

siendo su mensajero un arroyuelo

que discurre veloz el verde suelo,

con tal prisa saltando,

que de correr aljófar va sudando,

porque conozca el hombre

que es satisfacer deudas su renombre;

y que pagar procura,

que no hacerlo, pudiendo, es gran locura

aquel que está obligado

a quien el ser, y la honra le ha prestado:

los árboles han puesto sus anhelos

en subir presuntuosos a los cielos

por pagar el tributo

que al criador le deben en su fruto:

y no hay cosa criada

que no celebre a Dios con lengua harpada;

los prados sacrifican

aromas en la flor que le dedican:

y a su deidad perenne

cada cual le consagra lo que tiene.

Pues si las plantas, árboles, y flores,

los arroyos plateados, ruiseñores,

si los montes, y fuentes lisonjeras,

los brutos, aves, peces, y las fieras

en celebrar han puesto su cuidado

al que aqueste universo ha fabricado;

dándoles ser distinto,

a los hombres razón, al bruto instinto,

hermosura a las plantas,

y a tan distintas cosas, cosas tantas,

¿cómo el hombre se olvida,

y de aquellos festejos se descuida?

Y pudiendo, no paga,

viendo que a ejecución la parca amaga.

Pag. 329

Devoción

Ver esto me ha causado los lamentos,

y ignorar el motor de estos acentos,

que con dulce armonía

estos páramos puebla de alegría.

Pero pues tan propicio te he hallado,

no temo se me oponga adverso el hado.

A aquestas soledades me retira

la ingratitud, que en la ciudad se mira;

pues soy tan despreciada,

y de todos estoy tan olvidada,

que aun la menor memoria se ha perdido

de este culto, que fue tan aplaudido,

del soberano Pan sacramentado

a donde el Dios de amor se ha disfrazado.

Pues laméntese el hombre, que dormido

ha puesto en estos cultos tanto olvido;

pues puede ser que de omisiones tales

se nos hayan seguido tantos males

como hasta hoy padecemos,

quizá por los descuidos que tenemos,

cuando el lugar más pobre, en este día

demostraciones hace de alegría.

Este el designio es que me ha guiado

al retiro silvestre de este prado:

y así, pues sangre ilustre te acompaña

ampara una mujer, que en la montaña

tu patrocinio implora,

cuando su adversa, y triste suerte llora.

Aparte el Olvido.

Olvido

Ya no es mi fortuna adversa,

ya no es mi suerte contraria,

pues acaso he conseguido

lo que a concilio buscaba.

Disfrazarela mi intento,

porque viva descuidada

de la ruina que la espera;

y así un engaño me valga.

A ella.

Olvido

Lo mismo que has referido,

hermosa Venus me pasa,

y pues tu intento, y el mío

a un mismo fin se consagran,

examinemos las grutas

de esta cumbre agigantada,

que los llantos de la aurora

bebe en búcaros de nácar:

quizá algún habitador,

de esta desierta campaña

el origen nos dirá

de confusión tan extraña:

ven, si gustas que te sirva.

Devoción

Tiéneme tan obligada,

Pag. 330

Devoción

tu trato cortés, que fuera

mi correspondencia ingrata,

si a disposiciones tuyas

desatenta me excusara.

Aparte.

Olvido

Llorará su infausto fin,

siendo ultraje de la parca,

y impediré que se ostente

de memorias coronada,

pues a vista del Olvido

son sus pretensiones vanas.

A ella.

Olvido

En asistir tu persona

será eterna mi constancia:

sígueme, pues.

Vase el Olvido.

Devoción

Ya te sigo;

ampare el cielo mi causa.

Va a entrarse, repara y detiénese.

Devoción

Mas, ay de mí, ¿dónde voy?

No acierto a mover las plantas,

proseguir quiero, y no puedo,

qué temores me acobardan,

que tímido el corazón

se recela y sobresalta.

Si es inspiración divina,

que con presagios me habla,

por anunciarme algún daño

futuro, que me amenaza.

¿No puede ser que de este hombre

las caricias fuesen falsas,

y lisonjero pretenda

en mi honor alguna mancha?

Si, pues como a sus lisonjas

fui yo tan fácil y liviana,

que sin prevenir el riesgo

di crédito a sus palabras,

y no temí hacer testigos

a las flores de mi infamia.

Sabiendo que a la hermosura

se vincula la desgracia,

y para temer prudente,

la menor presunción basta:

seguiré otro rumbo, puesto

que mi dicha ha sido tanta,

que he discurrido lo que

tan neciamente ignoraba.

Pues siempre ha sido cordura

volverle al riesgo la espalda:

sean mi custodia fiel

estas frondosas retamas.

Vase, y sale el Olvido.

Olvido

Cuidadoso mi desvelo

y absorto elado suerte avara,

pues no sé cómo, ni dónde

se ha ocultado esta tirana:

pues hice reparo apenas

que de mi lado faltaba,

cuando discurrí del bosque

las sendas más retiradas,

y conseguir no he podido

de sus huellas una estampa.

Hasta el más remoto clima

he de seguir sus pisadas;

buscaréla, aunque el abismo

la sepulte en sus entrañas.

Suenan instrumentos dentro.

Olvido

Mas un instrumento suena

si el oído no me engaña.

Canta música.

Música

Vanos serán los anhelos

de intento tan mal nacido;

puesto que la Devoción

hoy triunfará del Olvido.

Olvido

Pues como en ira me abraso

Pag. 331

Olvido

el cielo permite, ¡oh rabia!,

que un ciego vil fuerte pena

consiga; el dolor me mata:

premio a tan humilde ofrenda,

un áspid me muerde el alma.

¿No es mi poder sin segundo?

Pues con cautelosas trazas

de mentidas apariencias

hice que tributen parias

tantas diversas naciones,

en el metal, oro y plata,

al Tártaro Leviatán:

díganlo sectas tan varias

como por mí han erigido

a falsos ídolos aras,

negándole el sacrificio

a la deidad soberana,

que es principio sin principio,

pues es causa de las causas.

Pues el Olvido de que

solo a un Dios, que hizo de nada

esta fábrica del orbe

deben cultos y alabanzas:

ciegos en la noche obscura

les tiene de su ignorancia.

¿Qué elogios no solemnizan

los timbres de mis hazañas?

¿Qué lauros no me coronan?

¿Qué vítores no me ensalzan?

Por mí la lisonja vive

en el mundo acreditada:

y como de oficio hay quien

se sustenta con usarla.

Las torres de vanidad

que en el mundo se levantan,

¿de dónde tuvieron origen?

¿Quién fue su primera basa?

¿No es olvidar su principio?

Sí, porque si contemplaran

el primer ser que tuvieron

conocieran que fue nada,

y como pavón la pompa

abatieran de las alas:

pues ¿cómo dice el acento

de esta voz más que inhumana

que de todos mis anhelos

la intención veré frustrada?

Mas ¿qué temor me suspende?

¿Qué suspensión me acobarda?

¿Pueden fantásticas voces

de un poco de aire formadas

rendir mi orgulloso aliento,

y avasallar mi arrogancia?

En mausoleo de olvidos

hoy quedará sepultada;

pero ¿cómo me detengo,

y no sigo sus pisadas?

Dé pues su funesto fin

principio a mis esperanzas;

siendo su vida despojo

de un amago de mi espada.

Vase el Olvido, y sale el Afecto y Devoción.

Devoción

Pues que te he referido

las penas que mi pecho han combatido,

hasta que del acaso conducida

halló amparo y asilo en ti mi vida,

si algún favor, Afecto, te merezco,

Pag. 332

Devoción

termíname las penas que padezco,

con hacerme saber qué te ha movido

a que los valles hayas discurrido,

y quién de regocijos ha poblado

los más profundos cóncavos del prado.

Afecto

Pues vivo solo atento a darte gusto,

oye, si no te sirve de disgusto.

De estas músicas voces que has oído,

motivo mi dictamen solo ha sido,

por aplaudir tus inmortales glorias,

a emulación feliz de las historias;

y conociendo que el Olvido osado

intentó darte muerte disfrazado,

cuando cuerda temiste,

y con razón de su cautela huiste,

yo, aunque estaba distante,

previne el riesgo que te tuvo errante;

y con paso ligero

vine a ser en tus penas compañero;

y a asistirte cual Argos vigilante,

hasta verte triunfante

de las sangrientas lides

que de este monstruo trazan los ardides.

Estas las causas son que me han movido,

y las que a tu presencia me han traído.

Devoción

Justo fue mi recelo,

y ahora conozco que piadoso el cielo

del riesgo me libró, pues el Olvido

era aquel que con disfraz mentido

ansioso procuraba

verter en mí el veneno que ocultaba;

mas ya que llego a verte

no temo adversidades de la suerte.

Afecto

Pues la aspereza, Devoción, talemos

de esta arboleda fértil, y bajemos

a ese pensil sereno,

más de placeres que de flores lleno,

quizá hallaremos un zagal piaduso,

de los que habitan el país umbroso,

Pag. 333

Afecto

que nos guíe al camino, o la vereda

que conducirnos a poblado pueda.

Suena música dentro.

Afecto

Mas qué sonoro acento

de melodía puebla el vago viento:

atentamente oigamos

desde la sombra de estos verdes ramos;

mas antes de este monte,

que es columna inmortal del horizonte,

registraré los escondidos senos,

que en sus bosques amenos

coger quiero unas flores,

para adornar la Iglesia, y sin temores

puedes aquí quedarte.

Devoción

Afecto, ve con Dios, gustoso partes,

que yo aquí divertida

quedaré en esta fábrica lucida,

donde reina el clavel y la mosqueta,

y fragancias exhala la violeta.

Contemplaré el cristal de aquella fuente,

que es de plata corriente;

mas del sueño me siento combatida,

y en paréntesis breve aquesta vida

rendida se confiesa,

al feudo que ofreció naturaleza:

sírvanme de sagrado estas retamas,

o fiel custodia sus frondosas ramas.

Sácase una silla cubierta de ramos, donde se duerme la Devoción. Cantan dentro y sale el Olvido, reparando a la música.

Música dentro

Aunque al asalto del sueño

se rindió la Devoción,

no ha de lograr el Olvido

su maligna pretensión.

Olvido

Aunque al asalto del sueño, etcétera.

¿Quién en voz atrevida

Pag. 334

Olvido

habrá en el orbe, que mi intento impida?

Y a mi valor se oponga presuntuoso,

sin temer el impulso valeroso

de aqueste brazo fuerte,

único sustituto de la muerte.

En este monte pienso que asistiría,

y la música dijo que dormía:

o brujulearé la selva,

hasta que aquí el Afecto a verla vuelva;

mas si la fantasía no me finge,

en la palestra umbrosa está la esfinge

que persigo furioso

con aliento arrestado y animoso:

¿quién me suspende el brazo?

Llegue a su vida el infeliz ocaso,

y en túmulo de horrores se sepulte,

porque el Olvido su memoria oculte.

Tenga fin con su muerte su memoria,

que en su muerte mi vida está y mi gloria.

Devoción entre sueños.

Devoción

¿Por qué, Olvido, me matas,

y con tantos rigores me maltratas?

Afecto al paño.

Afecto

Si no miente el oído, y me he engañado,

la Devoción presumo que he escuchado.

Olvido

Que me ha hablado entre sueños, me parece;

sí, que suya es la voz que se me ofrece.

Devoción

No me hieras, detente,

pues me atiendes sin culpa y inocente.

Olvido

Muere alevosa fiera,

que quien muerte me causa, es bien que muera:

rinde el orgullo de tu intento loco.

Despierta.

Devoción

Piadosos cielos, vuestro asilo invoco.

Sale el Afecto.

Afecto

Detén el brazo airado,

que sacrílegamente has levantado.

Pag. 335

Afecto

deja la empresa de tu loco intento,

o serán estas flores monumento

que en túmulo fragante

tu soberbia sepulten arrogante.

¿En qué la Devoción, di, te ha ofendido?

¿Que a ultrajarla te inclinas atrevido?

Olvido

La razón que me obligas,

ni ruego ha de empeñarse en que la digas,

porque a quien la pregunta,

este acero responde con la punta.

Afecto

A tan loca y osada demasía,

valeroso respondo con la mía.

¿Tú a mi valor te opones?

Olvido

Hable el acero y callen las razones.

Afecto

Porque intenta tu anhelo

impedir el devoto y santo celo

con que la Devoción se ha dedicado

a festejar a un Dios Sacramentado,

¿a quién honra, alabanza y bendiciones

consagran los cristianos corazones?

porque en honrar su nombre

ha vinculado su cuidado el hombre.

Olvido

Pues ya que a aqueste punto hemos llegado,

pregunto: ¿Dios no ha dado

honor, ser, existencia y perfecciones

a todo lo criado?

Afecto

Son razones

que enseña el natural conocimiento.

Olvido

Pues contra lo que has dicho así argumento:

Todas cuantas perfecciones

las criaturas encierran:

honor, bondad y hermosura,

como de causa primera

tienen su origen de Dios,

por cuya infinita ciencia,

toda ella misma goza

los renombres de perfecta.

Luego es superfluo decir

que las criaturas puedan

dar honra a su Criador,

no necesitando de ella;

pues es evidente que

su deidad no fuera inmensa

si de honores semejantes

necesitara su esencia;

puesto que no hay perfección

que ab eterno no asistiera

a su piedad infinita,

porque si no, Dios no fuera,

Pag. 336

Olvido

o se le diera de infinito

alguna nueva excelencia;

y fuera imperfección grande

si de alguna careciera.

Afecto

Concedo el antecedente,

y digo a la consecuencia:

Verdad es que dio principio

la divina omnipotencia

a cuantas cosas contiene

en cielos, aire, mar y tierra.

Esta fábrica del orbe

de perfección y belleza

les vistió, y así al formarlas

le parecieron muy buenas.

Así del Génesis consta:

Vidit Deus cuncta quae fecerat,

dice, et erant valde bona;

pero esta razón no niega

que deba darse honra a Dios,

no porque de ella carezca,

sino en reconocimiento

que del poder de su diestra

tuvieron el ser que gozan,

y así aquesto lo confiesan

con aplausos y loores,

con regocijos y fiestas,

no porque las necesita,

sí, porque se manifiestan

las criaturas humildes

hechuras de su grandeza;

y aún no hace mucho el hombre,

pues después de otras finezas

debe a su divino amor

la de quedarse en la tierra,

y en la mesa del altar

dar su carne verdadera,

por dar vida al que la come,

pues de muerte le preserva.

Olvido

Contra aquesto se me ofrece

otra duda: es razón cierta

que quien dice carne, dice

corrupción, muerte y miseria.

Luego si Cristo pretende

librarnos de muerte eterna

con darnos este manjar:

¿cómo es posible que pueda

con la carne, si la muerte

tiene por naturaleza?

Devoción

Yo le satisfaré, Afecto,

permíteme esta licencia.

Concedo que es la verdad

lo que arguyes, si se entiende

de la carne por sí sola,

pero si se uniere a aquesta

la divinidad, no hay duda

que en divina la convierta,

como sucede a la naranja,

siendo amarga su corteza

por su virtud el azúcar

hace que lo amargo pierda,

y transformada en almíbar

sacia el gusto y le deleita.

Así nuestra carne, aunque

venenosa y mortal sea,

por la hipostática unión

de la divinidad queda

dulce, agradable y suave;

y el ardiente fuego templa

de su natural calor,

causa porque la largueza

de Cristo nos da en el pan

hoy su carne verdadera,

por librarnos del veneno

de aquella culpa primera.

Olvido

Aguarda, porque me causa

dificultad la propuesta.

¿Cómo puedo creer que el pan

en su carne se convierta?

Pag. 337

Afecto

¿Cúya es esta obra, me di,

que yo creo verdadera?

Olvido

¿Quién duda que fue de Dios?

Afecto

Luego es clara consecuencia

que o no es todopoderoso,

o si lo es, que pudo hacerla.

Olvido

Yo de su poder no dudo,

mas el modo me hace fuerza.

Afecto

Respóndeme: ¿cuál es más,

de nada dar existencia,

o transformar lo que es algo

en otra cosa diversa?

Olvido

Claro es que es más darle ser

a lo que antes nada era,

que darle a un ser otro ser;

pues que la naturaleza

da ser a unas cosas de otras,

y unas de otras se engendran,

y la corrupción de unas

es generación de otras: esta

es una de las verdades

que en la física se enseñan.

Devoción

Pues si todo esto conoces,

¿qué dudas de su potencia?

No hay cosa a Dios imposible,

pues no hay cosa que no pueda;

y su poder infinito

pudo hacer que se convierta

el pan en su misma carne

y el vino en su sangre mesma:

pues omnia quae voluit fecit,

si dio ser a toda aquella

fábrica del universo,

y con su infinita ciencia

al cielo adornó de luces,

vistió de plantas la tierra,

dio ardientes llamas al fuego,

al aire aves, que le peinan,

y al mar peces que le giran,

a quien con freno de arenas

sujetó porque no intente

señorearse de la tierra;

y esto con un fiat solo

lo crio, sin que materia

presupusiese, de donde

principiara sus esencias;

pues de nada les dio ser.

¿Cuánto mayor excelencia

es el criarlas de nada,

que transubstanciar aquellas,

que son algo en otra cosa?

Quien pudo hacer cielo y tierra,

aves, peces, plantas, flores,

sol, luceros, luna, estrellas,

y hombres, de nada, queriendo;

es razón constante y cierta,

que pudo hacer del pan carne,

puesto que nada antes era.

Y todo con su palabra

fue dicho, pues dijo: Sea

esto luz, aquello mar,

cielo aquello, aquello tierra;

y al imperio de su voz

luego salió a su presencia,

cuanto aquesta arquitectura

de todo el orbe hermosea.

Pues siendo esto así, ¿qué dudas?

que cuando al pan en la cena

dijo: Esto es carne, fue carne;

si es menos con evidencia

que la que es uno sea otro,

que ser lo que nada era

cielo, estrellas, sol y luna,

agua, viento, fuego y tierra.

Olvido

Es verdad, pero...

Afecto

Detente,

no osadamente se atreva

con audacia pertinaz

Pag. 338

Afecto

con audacia pertinaz

a prorrumpir más tu lengua

dudas, que son tan erróneas

contra la suma grandeza.

Y pues a tantas razones

vencimiento no confiesas,

lo que ellas no te persuaden,

conseguirá la violencia.

Rinde el presuntuoso orgullo

de tan altiva soberbia.

Olvido

Ni temo tus arrogancias,

ni tus iras me amedrentan.

Arrodíllase echando la espada a los pies.

Olvido

Pero ya rendido estoy,

a tus plantas, no me hieras,

pues perdonar al rendido

efecto es de la nobleza.

Confieso que fui el motivo

de que Devoción y fiestas

de ese soberano pan

tantos olvidos padezcan.

Mas si hasta aquí fui el motor,

humildemente una promesa

te hago, de que Cuidado

me llamen cuantos me atiendan,

y transformado en acierto,

seré quien más las fomenta.

Afecto

Levanta, yo te perdono,

si lo prometido observas.

Olvido

Pues si quieres inferir

de esta verdad evidencias,

guía donde tú gustares,

porque empiece mi obediencia.

Afecto

Caminemos al convento

de la seráfica estrella,

donde con decente culto,

con más que amante fineza,

con reverentes aplausos,

devota, humilde y atenta

una pobre religiosa

al pan divino festeja,

con la pompa que es posible

a sus limitadas fuerzas.

Mas ten, que impensadamente

hemos llegado a la iglesia,

y si no miente el oído,

es música la que suena.

Devoción

Pues entremos, que aguardan [ilegible] .

Olvido

Vamos pues.

Afecto

Seguid mis huellas.

Vanse, y cantan dentro lo que se sigue, y vuelven a salir.

Música

Cierto que vuestros secretos

no hay, Señor, quien los entienda,

pues tenéis los accidentes

cuando es el alma la enferma,

vos estáis sacramentado.

Olvido

Ya están en la procesión.

Devoción

Pues luego al instante empieza.

Afecto

Jayán bizarro y valiente,

a quien el infierno tiembla,

pues postrado a vuestro nombre

por su señor os confiesa.

Olvido

Antídoto suave y dulce,

en quien el alma defensa

tiene contra los achaques

que causó la culpa fiera:

premiad el ardiente celo,

la constancia y permanencia

con que este ilustre convento

en festejaros se emplea.

Recibid la voluntad

de quien dedica estas fiestas,

admitid su amante afecto;

perdonad su insuficiencia.

Pag. 339

Afecto

Y vos, ilustre auditorio,

símbolo de la nobleza,

de quien pregona la fama

tantas heroicas proezas;

los defectos perdonad

de quien, con pluma grosera,

quiso volar al Olimpo

de tan eminente empresa,

que es de generosos pechos

callar las faltas ajenas.

Devoción

Que con esto quedaremos.

Olvido

Obligados de esta deuda.

Afecto

Ufanos con el perdón,

que es lo que más nos alienta.

Devoción

Con ánimo de serviros,

según el deseo anhela.

Olvido

Si nos concedéis benignos.

Todos

Perdón, piedad y clemencia.

Afecto

Cuando en vosotros buscamos.

Todos

Favor, amparo y defensa.

Final del auto de Ramos antes de la cenefa. Bajo la cenefa comienza otra obra: Auto sacramental al nacimiento del hijo de Dios, por Antonio de Castilla, natural de Úbeda; NO se integra en la transcripción del auto2364.