귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Un nuevo sol en Italia (primera parte). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/un-nuevo-sol-en-italia-primera-parte.
41 Un nuevo sol en Italia. Primera parte. Comedia famosa de don Rodrigo Pacheco. Al reverendo padre fray Dionisio de Bidmar, del orden de San Francisco, predicador, y guardián del convento de la Alhambra. Si no el merecimiento de la obra, al menos el impulso de ofrecerla debe vuestra paternidad tener por admitido, pues ya que lo uno por lo humilde no lo merezca, lo otro por lo aficio- nado no lo excusa; y si como dijo Séneca: non aurum, nec argentum etcétera, sed ipsa tribuendi voluntas, cuando el don fuera más grande, menos estimación con él solicita- ra, cuando está de mi parte lo que solamente de acepta- ción es digno; Primera parte de un nuevo sol de la Reli- gión franciscana, a vuestra paternidad dedico, primera, por ser mi voluntad para con vuestra paternidad la primera, si es lo mismo primero que más perfecto; y de un sol, ¿quién lo duda? pues se ofrece por amistad, que es el sol del mundo; sol en la presencia de Dios es el subjeto de quien mis mal limados versos ha- blan, y por tal a vuestra paternidad solo se debe, por ser luz del mundo. Vos estis lux mundi en la dignidad de perlado, acójale con el mismo afecto que a su dueño, con que el santo se dará por servido, y el autor de su amistad por paga- do; guarde Dios a vuestra paternidad los años de mi deseo, etcétera. Málaga, 12 de septiembre de 1640. Su menor y fiel amigo, don Rodrigo Pacheco.
~ Un nuevo sol en Italia ~ Comedia famosa... ~ Primera parte ~ ~ Jornada primera ~ ~ Personas de ella ~ San Juan de Capistrano Claudio, estudiante Félix, estudiante Leandro, viejo, padre de Antonia Doña Antonia, dama Celia, su criada Dos doctores Tito, lacayo Fabio, caballero Dos regidores
Sale San Juan de Capistrano, vestido a lo estudiante, de media sotanilla, y Tito, lacayo.
Buena ciudad es Perusa.
Podrá ser que buena sea
si tiene lo que desea
mi condición pegajosa.
Para ser famosa, Tito,
la ciudad, ha de tener
cuatro cosas, que a mi ver
llenan todo el apetito.
Esta, bellos templos tiene,
que a Dios lo mejor se da,
pues si en ellos Dios está
que es la gloria que conviene
al pecador; allí pida,
como en casas de oración,
a Dios presente, perdón
de la culpa cometida.
La verdad, dicen que asiento
tiene en todos los contratos,
que es milagro en varios tratos
hallar verdad por cimiento.
La justicia guarda aquí
todo aquello que es justicia,
que aborrece la malicia,
quien a Dios tiene por sí.
Damas hay que en la belleza
serafines son del cielo,
que pueden causar desvelo
a la vil naturaleza.
De mí te confieso, amigo,
que de esto solo me llena
ambición de honor, que aprueba
mi amor propio, y así digo
que solo subir deseo;
esto, por letras seguro
le tengo, estudiar procuro,
lo demás es devaneo.
¿Has dicho?
Sí.
Pues oye.
Dirás cinco necedades.
No serán sino verdades,
que Bersebú las apoye,
si no tiene cuatro cosas
esta ciudad que en grandezas
será mala cuatro veces.
¿Cuáles son?
Si lindas mozas
fregatrices no me ostenta
que me rindan siempre parias,
por mis muchas partes varias
de que el alma está contenta;
si el bodegón no me falta,
adonde pueda comer
sin dinero, como a fuer
de valiente, que exalta
siendo un cobarde, de que
a cuchilla, hiere, y mata,
y no matará una gata,
aunque atada se le dé;
luego de Candia el buen vin,
que subiendo a la cabeza,
al sentido le embeleza
viéndole la taza el fin,
y después de todo el juego
y mayor, si un hombre gana,
si pierde, por la ventana
va el bodegón, y el reniego;
su felicidad en esto
está solo resumida,
mira agora por tu vida
si es ciudad, donde no hay esto.
Aqueso dices, ¡por Dios!
¿Qué eres, vil?
Esta es mi suerte.
¿Si entonces llega la muerte?
¿Qué tal os quedaréis vos?
Como muchos que hay allá.
¿Qué buena vida llevaron?
¿Si en el infierno se hallaron?
Aparte.
Eso es malo, claro está,
que haya yo siempre encontrado,
¡con amos siempre embusteros!
unos faltos de dineros,
otros, que en santos han dado,
y este, que es mozo y galán,
¿no hay beldad que le cautive,
que tanto a lo casto vive?
Tito, sin duda de Adán
heredamos el deseo
de ser más, y subir más.
¿En eso pensando estás?
Que es vanidad, bien lo veo;
pues al estudio me aplico
subiré por él sin falta,
que quien en letras se exalta
será grande, y será rico.
Eso sí, el dale, dale
luego tira a la riqueza.
Yo temo que la pobreza
a mis pensamientos tale,
y aborrezco en tanto grado
el ser pobre, que quisiera
todo el mundo rico fuera
por no verme en tal estado;
con mis letras subiré
a tal estado, que vea
el alma lo que desea.
En las letras siempre halla
honra, y provecho.
Tal nombre
con ellas pienso alcanzar,
que solo en verme juzgar,
tiemble de mí todo el hombre.
Salen Claudio, y Félix estudiantes.
Amigo don Juan, ¿aquí?
Seáis los dos muy bien venidos,
¿en qué andáis entretenidos?
Nuevo es, don Juan, para mí
estar vos fuera de casa
no habiendo de ser a escuelas.
Bueno a fe, con las espuelas
me trajo fuego a la casa.
Como es nuevo en la ciudad,
que hoy de Capistrano vino,
mostrar a Tito convino
las calles.
Fue necedad,
que, supuesto he de vivir
siempre contigo, señor,
las aprendiera mejor
andando solo.
¿Servir
de Tito os queréis, don Juan?
Bien los dos le conocéis.
Alégrome, que tenéis
buen gusto.
Si por truhán
lo decís, no es tanto a fe.
Eres discreto, y bufón,
y así, por esa razón,
en don Juan el gusto hallé.
No sé tal.
Y pues yo sí,
porque le conozco bien.
¡Oh, mal haya el hombre, amén,
que sirve al Gran Sofí!
Es mejor que a un estudiante.
¿Ya le corres?
¿Bufón yo?
Honrado nombre le dio
Claudio a fe.
Sirva bastante
ese nombre que me dan,
para salir de Perosa.
Dejadle, que es poca cosa,
para Tito, que es galán.
En fin, ¿bufón he de ser?
Pues yo lo soy desde luego.
¡Víctor!
Tendrás sosiego
si no te corres.
A ver,
¿si tiene muelas?
¿Mordióte?
¡Qué bien hizo!
Llegad vos.
Seamos amigos los dos.
Guarda, Tito, tu cogote.
Teneos, porque si no...
¿os tenéis?
Dejadle pues.
¿Qué hay de cátedra?
Que es
vuestra sin falta, que yo
y los demás, os han dado
los votos.
¿No sé por qué?
Porque en vos, don Juan, se ve
esto, y más, y bien empleado.
Dios haga lo que más fuere
su servicio.
A Dios quedad.
¿Vais a la universidad?
Sí vamos, y si saliere
como don Juan deseamos,
tendréis en casa recado.
Vamos, que habemos tardado.
Aguardad, Félix, mas vamos.
Vanse.
Si la cátedra te llevas
rico serás desta vez.
Volando luego a juez.
Dios te dé muy buenas nuevas,
pues hablas en profecía.
Ello será lo que digo.
¡Qué bien me estuviera, amigo!
Mas todo es volatería.
Salen Doña Antonia, dama, y Celia, criada, con mantos.
¿Esto has de hacer?
Yo lo haré.
¿No reparas, señor?
Bien,
bien haya Perosa, amén,
que tal cara ha dado.
A fe,
que es linda dama.
Procura
hablarla.
Aparte.
Tan presto temo,
sí que es fuego, pues me quemo.
¡Ay de mí si el fuego dura!
Gran fuego.
Todo es calor.
Y eso me obliga a que el manto...
Ya te entiendo.
No me entiendes.
¿Que te sirve de nublado?
Haces bien, muestra ese sol
y abrace el mundo sus rayos,
y al corazón más de piedra
le pondrás cual cera blando,
y si no, ten cuenta.
¿En quién?
En el galán que papando
el aire está.
¡Qué bien dices!
¿Galán es?
Y enamorado.
Llega, señor, ¡buena flema!
Si dais licencia, adonde
serafín, a que amor llegue
con pensamientos tan altos,
que, cual Ícaro, presumo
daré al mar de mi llanto
nombre, por mi gran soberbia,
pues quise subir tan alto,
caeré como Faetón
desde ese cielo estrellado
a los pies, que humilde beso,
si antes altivo, más blando.
Caballero, si juzgáis
lo que veis por breve rato,
que soy dama de Perosa
de amoroso, o falso trato
os engañáis.
Que sois cielo
juzgo yo. Dulce retrato
del amor, pues con dos flechas,
mi pecho estáis penetrando.
Y ella es dueña o damisela
diga dama del barato
o baratillo.
¿Qué ve en mí
para ser desvergonzado?
Baste, pues, cuervo de Cristo
para un hombre de mi casto,
un pique, y otro repique.
¿Hame dado algún salario
en su caja, dueña mía?
Vive el alto Dios, bellaco,
¿Y la premática jura?
Juro pues, señor lacayo.
Eso no; miente, y remiente.
La muy...
¿Qué?
Ángel mirlado
de aquellos que se cayeron.
¿A dónde?
Del cielo más alto.
Sale Fabio, caballero.
Sigue un bien que mal me paga
un corazón lastimado,
y tan lleno de desdichas,
como de amor dulce y blando;
siempre pierdo por cobarde,
por atrevido no gano,
aunque la fortuna a veces
favorece a los osados,
ésta nunca en mí cabe,
porque soy tan desdichado,
que si voy a acometerle,
quedo en el camino helado.
Con un estudiante está,
¡vive Dios!, despacio hablando.
¿Qué gana por atrevido
lo que pierdo por villano?
Cobarde soy, pues no llego
a darle muestras que mato
solamente con la vista.
Un hombre, cual es tan bajo,
solo reparo en que Antonia
pierde el honor que le guardo,
pero los celos me acaban
y dellos muero rabiando.
Estimo el saber quién sois.
Y vos, ángel más que humano,
¿no me haréis favor de qué...
¿Qué queréis?
Digáis el barrio
en que vivís.
¿Qué os importa?
Para convertirme en mármol
adonde pongáis los pies,
y me deis después la mano.
Cuando descuidado estéis,
pienso que os daré cuidado,
entonces señor don Juan
os dará Celia recado.
Nomás, fregona del alma,
que la estás asucarando
con las palabras que dices.
Mas si salieras picado.
¿Qué espicado? ¡Voto a tal!
Que estoy más que repicado.
Adiós, mi bien.
Aparte.
Él os guarde,
qué amoroso, y qué gallardo.
Vase.
Pues, ¿qué pretendía?
Que me dieses esa mano.
La de mortero será.
Harto estoy amorterado.
Sale al encuentro Fabio a las dos.
Ya se despide, yo llego.
¿Queréis, señora, que os dé
de escudero, os sirva aquí?
No me falta a mí criado
que me acompañe siquiera.
Advertid, ángel humano,
que en vuestra beldad adoro.
Vanse.
Esos pensamientos altos,
con dejaros, atrevido,
de aquesta suerte les pago.
Vase.
Mi fortuna seguiré
por ver si llega hasta el cabo,
que no siempre la fortuna
ha de mostrar temerario
su fiero rostro, a un amor
firme, como desdichado.
Bueno estás.
Estoy confuso.
Pues, ¿de qué?
En ver que ardo
sin saber por quién me quemo.
Yo sí, que no estuve en vano
con la criada, señor.
Oh Tito amigo, oh criado
fiel, ¿quién es este ángel?
Allá te lo diré, vamos.
Morirme siento ya, siento acabarme,
cansado de vivir muerte deseo,
y aunque vivo, parezco no lo creo,
pues sufro a tanto mal atormentarme.
Tristezas, y aflisiones, por gozarme
hasen que a mi pesar, vida poseo
y así pruebo a quejarme, mas me veo
quejoso de mí mismo por quejarme,
si voy a suspirar, un espantoso
ardor del alma, me detiene el paso
trocando los efectos en furores.
Pena insufrible, tormento riguroso
pues cuando más me hielo, más me abraso,
infierno es lo que siento, o son amores.
Salen Doña Antonia, y Celia.
Toma el manto, Celia mía,
que no hay gusto sin pesar.
Tú pudiste nunca hallar
pesares, con alegría.
El gusto de hallarme allí
con don Juan de Capistrano,
me turbó Fabio villano,
con el seguirme hasta aquí.
¿Qué importa que te siguiese?
Perder mi reputasión.
Tú no pierdes openión
aunque el mundo hablar te viese,
porque te ves tú sublimada
sobre cuantas hay en Perusa,
tanto como noble, hermosa,
y como en beldad, honrada,
así que nada importó
que hasta aquí viniese Fabio,
que un hombre, nunca hace agravio
porque acaso pretendió,
tú eres libre, hacer puedes
lo que quisieres señora,
y si Fabio se enamora,
es, porque a todas excedes,
si tú no le quieres ver,
nunca señora le veas,
y si otro galán deseas
también lo puedes hacer.
Ay Celia, que este don Juan
se me ha entrado por los ojos,
señor es de mis despojos,
por discreto, y por galán,
rendida vengo.
A fe mía
que es el mozo harto gallardo.
En vivo fuego me ardo,
no amarle es descortesía,
pues él las muestras me dio
de estar de todo rendido.
¿Ponte, señora, en olvido?
¿Cómo Celia podré yo,
si estoy de todo perdida?
Con no ver, ni hablarle más.
Qué loca, y qué necia estás,
don Juan es ya mi vida.
Pues en tal caso, ¿qué haremos?
No sé Celia lo que haré.
Yo señora buscaré
alguna trasa que demos.
Vase.
Vamos, que mi padre vino.
Halle ya este don Juan,
que es su criado el galán
para mí más peregrino.
Vase, y suena dentro voces, que digan víctor.
¡Víctor don Juan!
¡Capistrano
víctor!
¡Cola!
¡La cola
el opositor mamóla
por ser soberbio, y villano!
Salen San Juan, Félix, Claudio, estudiantes, Dos doctores, y Tito lacayo.
La universidad os da
Capistrano el parabién.
Per omnia secula amen
gozas la cátedra ya.
Todos los votos han sido
don Juan de vuestra parte,
venció la ciencia, al arte
de un soberbio presumido,
largos años la gocéis
que vuestras letras meresen
pues hoy tanto resplandecen.
Las mitras que en otros veis,
A Dios se deben primero
las gracias desta merced,
vos señores me la haced
aunque luego hacerlo espero,
dar a la universidad
también las gracias por mí.
Tu humildad, el frenesí
que siempre vence humildad
de un soberbio derribó
que cual Luzbel pretendía
la silla.
Él la meresía
harto mejor que no yo,
pero pues Dios me levanta,
a su servicio importante
será.
Bastante, y es harto
tu humildad pues se adelanta
tanto a vos, para que llegues
hacerle gratos servicios,
serás terror de los vicios
y sol, que guíe a los ciegos.
Señor doctor, porque es hora
con vuestra lisencia...
Vos
la tenéis.
A Dios.
Vanse.
A Dios
que os guarde.
Pues que agora
más que Dios nunca les guarde,
y a la cátedra, colamos.
Calla necio.
Cola damos
al opositor cobarde
don Claudio, don Félix, y yo
esta noche.
Por mi vida
que ha de llevar sin medida
el vejamen.
Él se halló
todo aquello que merese,
por soberbio, y por villano.
Víctor pues mi Capistrano
ya en Perusa resplandece.
Un nuevo sol, cuyo nombre
dará luz, a Italia toda.
En vos todo se acomoda
don Juan.
Un sol que asombre,
a todo.
al mundo todo seréis,
lo que entiendo, es que me dais
vejamen, pues me alabáis,
todo amigo merecéis,
¿vamos a dar a los doctores
las gracias, don Juan, si os place?
para luego, tarde se hace,
yo a ver voy mis amores,
Vanse. Salen Leandro viejo, Doña Antonia y Celia criada.
¿qué luminarias son estas
y estas voces que se dan?
dicen, que un cierto don Juan
por quien hacen estas fiestas,
la cátedra se llevó
de derechos, que es la prima;
como Perosa le estima,
de aquesta suerte le honró;
dicen que es de Capistrano.
Aparte.
¿mas si es aqueste don Juan
el que estimo por galán
que es en letras soberano?
con estas fiestas, la noche
casi se pasó de claro,
la edad no tiene reparo,
el Alba muestra su broche.
a acostarme un poco voy.
anda, señor, pues es tarde.
Vase.
hija mía, Dios te guarde.
muy melancólica estoy,
¿amiga Celia?
¿de qué?
que me parece que han dado
de doctor cátedra, y grado
¿a don Juan?
pues por mi fe
¿qué me alegro? pues ¿qué importa
para dejar de querer?
eso, Celia, quiero ver.
pues las razones acorta,
y manda lo que quisieres.
a buscarle saldrás luego
por mitigar este fuego
pues astuta y sabia eres,
y le dirás, que esta noche
venga a verme; porque quiero
ver su amor si es verdadero.
¿iré, señora, en el coche?
no, sino tapada irás
y le darás el recado,
anda, vete por el prado
que en su casa le hallarás,
y apriesa darás la vuelta.
Vase.
voy por el manto, señora.
¿ya sabes, Celia, a qué hora?
ya lo sé.
amor resuelta está
el alma está: solo vos
podréis dar vado a mi pena,
ponedle en vuestra cadena,
y en uno juntad los dos.
Vase, y salen Dos regidores.
¿buena elección?
buena ha sido.
es docto, es justo y santo;
el cabildo le ha elegido
por uno, y otro, que espanto
ha de ser del forajido;
Justicia mayor es ya
¿de Perosa?
si él nos da
tal ejemplo, siendo juez,
¿como estudiante?
después
el tiempo nos lo dirá,
la cátedra se llevó
por más docto, y por más sabio
¿ayer?
¿y cuál?
pienso yo
la de prima.
fuera agravio
no dársela;
bien lo entendió
la universidad así.
siempre yo del entendí
que era el mayor estudiante,
en el estudio, es constante
y del siempre presumí
que el canónico derecho
y el civil, trae en la uña,
hágale pues buen provecho,
pues Juan la vara empuña
él se hará hombre de hecho,
que como es tan virtuoso,
dará muestras de famoso
juez.
como no reciba,
eso no hará, porque aúna
Dios un pecho generoso.
Sale Leandro viejo.
oh, señores,
bien venido
Leandro amigo seáis,
¿qué hay de nuevo, que ha salido
de cabildo?
si esperáis
buen juez, ya se ha elegido,
buenas nuevas os dé Dios
y no sea cual los dos,
antes de este
no será,
porque en él se mostrará
todo lo que queréis vos.
¿de qué lleva?
Capistrano.
¿el nombre?
don Juan se llama,
¿el de la cátedra es llano
que será?
el mismo, y aclama
el pueblo noble, y villano,
¿es viejo, mozo, o casado?
no tiene hasta ahora estado,
¿mas es mancebo, y galán?
pues ¿cómo vara le dan?
es sujeto sublimado,
¿ahora podrá casar?
sí, pero ¿vos no tenéis
una hija que le dar?
casarla con él podéis.
veremos si sale azar,
¿no saldrá? porque es tan santo
como galán,
es lo tanto
como gallardo, y discreto,
¿que tan buena es en efeto?
es de Perosa un espanto,
y adiós, que el juramento
¿se ha de hacer?
Vanse.
Vase.
vaya con Dios,
¿no está malo el pensamiento?
si es como dicen los dos,
tengo yo diez mil ducados
que dar, a quien los cuidados
de esta hija tome en sí;
bueno está, vamos de aquí,
los mejores, son letrados.
Sale San Juan solo.
oh cuánto ha, dulce esperanza,
que el amor os entretiene,
y cuánto ha que el gusto os viene
entre recelo, y mudanza;
si el desengaño os alcanza
sin gozar lo que esperáis,
no hay esperanza en que estáis
estriñendo, pues es cierto,
que me tenéis casi muerto
por gozar lo que aguardáis;
sale el sol, con vasos de oro
por dar al campo alegría,
pásase contento el día,
sin que tenga fin mi lloro,
este extremo siempre adoro,
mas naciendo de tal prenda,
¿quién creerá, que amor le ofenda?
pero moviendo los labios,
digan que son sus agravios,
para mi pecho de ofrenda,
aunque es la esperanza tal
que adormece mis sentidos,
júzgolos por bien perdidos,
siéndome la gloria igual;
no siento el penar, por mal,
siendo la causa tan bella,
del cielo, luciente estrella
cuya luz al cielo admira,
pues si mi pecho suspira
le ahuyenta toda querella.
si sale, y al campo va,
mirad si puedo entender
que no puedo merecer
los bienes que amor me da,
que si da gloria esta
el sol, aunque bello sale
creo, que nunca le iguale,
que si él a matarse atreve
con rayos, ella con nieve
que por ser suya, más vale;
si Apolo los campos frisa
con sus lucientes primores,
ellos le ofrecen las flores
a mi dueño, si los pisa,
las fuentes rebosan risa
entre sierpes de cristal,
solo por mostrar, igual
el contento, y alegría,
que con su salida el día
muestra en apariencia tal,
porque es tanta su hermosura,
que si el Alba vierte perlas,
el sol se para, a ofrecerlas
a tan suprema hermosura,
que por verse en tanta altura
con purpurado arrebol,
las cambia de su crisol
por reliquias de Diana,
y así alegre la mañana
le da dones con el sol,
que varia es la fantasía,
que mudable el pensamiento,
Un nuevo sol en Italia 1.a pt
es ya pesar, el contento,
y a tristeza el alegria,
que confusion alma mia
teneis? para que dudais
si para esposa le amais?
porque resistis cobarde?
de un bien haced alarde
por la gloria que ostentais,
no pareis, volad ligera,
volad altiva, volad,
y a mi dueño nuevas dad
del amor que os aligera,
ay de mi, que mejor fuera
emplear la libre idea
en otro amor? pues desea
el alma, donde salio
volver, que siento que yo
quisiera que ella posea,
brava guerra siento en mi,
una ves el alma quiere
casto amor! otra prefiere
al dueño a quien me rendi,
dos contrarios miro en mi,
con ellos tierno guerreo,
es uno el vano deseo,
otro divino me ostenta,
y en tan contraria tormenta
uno y otro me poseo
Sale Tito lacayo.
solo en el campo señor
sin ser mañana de abril?
Aparte.
Aparte.
contemplo en el sutil
lazo, de cupido amor,
confieso que mi valor
veo postrado y rendido,
como de amor lazo ha sido,
de tal suerte me ha enredado,
que me olvido de un cuidado,
y de mi mismo me olvido,
Juan, que cuenta aveis de dar
de los talentos que Dios
os ha dado? solo vos
de tal Dios se hace olvidar?
no por cierto, que es pensar
mal, pues le adoro, y amo,
quiero bien, si en el me inflamo
cesa todo el querer bien,
quien pudiera señor, quien
solo seguir un reclamo,
no se sirve a Dios casado?
Si, porque es un sacramento
todo lleno de contento,
si bien, con algun cuidado,
sere de mi esposa amado,
y mi bien, de mi querida,
prenda bella, que mi vida
sola estriba en la esperanza,
dichoso yo si le alcanza,
que sera gloria subida,
Tito, vamonos de aqui,
aguarda, que celia viene,
y el recado que contiene
sabras.
que! dices? a mi?
me busca celia? por ti
vendra? pero que ventura
si a mi fuese? gran locura
sera el pensallo.
aguarda
que merezes una albarda,
o sobre peliz de un cura,
Sale celia con manto.
como en el prado a esta ora
señor?
el alma resuelta
al llanto, la rienda suelta
porque aguarda nueva Aurora,
el paxarillo enamora
con su dulce, y tierno canto,
y al son de mi triste llanto
hace pasos de garganta,
con que los males espanta
y a mi tiene en dulce encanto,
muy vencido estais de amor,
en amar sereis la prima?
como a Antonia el alma estima
es dulce cualquier dolor,
estimad este favor
como suyo, pues me embia
a deciros, pase el dia
y a la noche en una rexa
quiere digais vuestra queja,
esta si, que es gloria mia,
tomad celia, por favores
tan grandes, que un Potosi
quisiera daros aqui,
no
De Don Rodrigo Pacheco 46
no señor.
Aparte.
tomad amores,
que otra cosa, con rigores,
o taymada, como agarra
por el hi jo de la parra
que la bolsa se la lleva,
Aparte.
ce, lacayo, no lo aprueba
no fregonilla de guarra,
Aparte.
en tanta gloria me siento
que de mi, ya no me acuerdo,
loco estoy, si fuera cuerdo
siguiera mi pensamiento,
la esperanza lleva el viento,
la posecion siempre dura,
que aunque es vana la hermosura,
y mudable la mujer,
podra Antonia firme ser
dando cura a mi locura,
Celia, decid a mi bien,
que se vaya poco a poco
porque un bien me vuelve loco?
Aparte a los dos.
y reparad vos tambien
que estoy loco.
Aparte.
tu, porquien?
por la bolsa que llevais.
en eso lacayo dais?
dice a mi dueño que ire
sin falta.
alla me vere
con ella!
Vase.
si os albardais,
Aparte.
albarda yo? vive el cielo
despejada, y vil fregona,
que eres sola la corona
del fregonil deste suelo,
a tu cara infame apelo
de la albarda que me pones,
Juro por los esfregones
con que los platos desuellas,
que he de dejar mil donzellas
por comerme cien capones,
que oras son?
las siete y media,
no se pasara este dia
como rayo!
y os aria
hacer ver esta comedia?
no por cierto, pues remedia
poco, la mucha tardanza
del dia, el mal que me alcanza
que sigue a dicha, el pesar,
pues vamos, que me ha dar
en los cascos la esperanza,
Salen al encuentro de los dos, Don felix, y Don claudio estudiantes.
tened amigo don Juan
que un bien, nunca viene solo,
Juez sois ya de aqueste polo,
que desis?
buscaros van
dos regidores agora,
y dicen que os eligio
el cabildo, y bien se vio
el gusto que en ellos mora,
con grande felicidad
vais subiendo? ayer llegais
la de prima, oy os hallais
Juez mayor de la ciudad,
Aparte.
amigos, no puedo creer
tal cosa, sin que lo vea,
el alma que lo desea
muy presto lo podra ver.
la verdad es esta,
pues
vamos señores a casa,
yo me voy hasta la plaza,
aguazil soy desta ves,
Vanse, y sale Doña Antonia sola.
Amor ciego, amor desnudo,
dulce dios, y niño tierno,
si es tu gloria triste infierno,
que el alma, abrazarme pudo,
deshaze la venda al nudo
y mira del triste pecho
el corazon, que deshecho
en vivo fuego se abraza,
tu cruda Red desenlaza,
o no sea el lazo estrecho,
En ora triste pase
por donde amor me esperava,
si en la flecha de su aljava
libre voluntad deje,
a tanto amor, tanta fee
es bien que el alma agradesca,
pues se rindio, que padesca
sin limite el corazon,
temple amor tal sin razon
para que en mi permanezca,
Diosa
Un nuevo sol en Italia, primera parte
Diosa altiva, Venus bella,
madre deste ciego Dios,
porque no le templáis vos,
dando fin a mi querella,
mi voluntad atropella
deste niño, la fiereza,
mirad diosa, que es bajeza
dar la muerte a un vil rendido,
quitad el arco a Cupido
y cesará mi flaqueza,
pero ¡ay de mí!, si la madre
deste amor, o dulce fuego,
vive también sin sosiego,
¿no es mucho que a mí me cuadre
fuego, que alimenta el padre
entre borrascas? con que esposa,
arde el uno, y mariposa
es el otro, sin quemarse,
mal podrá fuego allanarse,
que renace, y no reposa,
Celia tarda, o quien supiera
de mi corazón amante
si ha de ser firme, y constante,
porque amor se entretuviera,
¡ay de mí, que mejor fuera
no haber visto el dulce bien!,
mas bien haya amor, amén
pues me ha puesto en tanta gloria,
¿cuál cantará la victoria
amor niño? decid, ¿quién?
Sale Leandro viejo.
Antonia, mi bien.
Señor,
seas padre bien venido,
ya el cabildo ha elegido
aquí, Justicia Mayor,
hombre será de valor.
Él es mozo, santo, y justo
valiente, fuerte, y robusto,
docto, discreto, y galán,
¿el nombre señor?
Don Juan
de Capistrano.
Aparte.
Aparte.
Aparte.
¡Qué susto!
¿Cómo? ¿Qué? ¡Ay de mí triste!
¿Señor cuál? ¡Qué infausta suerte!
¿Qué tienes?
Aparte.
Un mal tan fuerte
que a mi corazón inviste,
¡qué desdicha! si resiste
a mi amor, con el oficio.
Hija, ¿qué es?
Aparte.
Aparte.
Aparte.
No ha sido vicio
padre, porque fue accidente.
Esto es hecho, justamente
a perder vendré el juicio.
Con él pienso desposarte
si a ello mi amor te allana.
Dispón, señor, que estoy llana
a tu gusto.
Y pienso darte
toda la hacienda, que en parte
de tu madre te quedó,
con aquesto pienso yo
honrar tus prendas mi bien,
voy a ver, Antonia, a quién
le hable.
Vase.
Mi bien espero.
¡Ay desdicha semejante!
¡Ay amor más mal logrado!
Amor niño no ha empezado,
que entendí verle gigante,
no es posible que triunfante
salga deste loco amor,
porque si aprende el favor
que toda Perosa le ha hecho,
me echará luego del pecho
por otro gusto mayor,
mas si no me miente el alma,
que es muy fácil el mentir,
amor, estoy por decir
que me llevaré la palma,
ando en fuego, y vivo en calma,
túrbase todo el sentido,
el corazón se ha subido
por desfogar a la boca,
todo el bien, y luego toca
lo que ya miro perdido.
Sale Celia criada.
Señora, vide a tu dueño
loco está, que amor es fuego,
vive alegre, y con sosiego,
ya todo mi amor, fue sueño.
¿Qué hay ahora? ¿tanto empeño
y das al llanto la rienda?
Nadie con amor emprenda
lo que ser podrá imposible,
¿Qué hay pues?
Un mal terrible.
Dile.
Escucha, ¡ay dulce prenda,
triste
De Don Rodrigo Pacheco 47
¿viste un pájaro gentil
todo voz, todo garganta,
que meloso nos encanta
en las mañanas de abril,
y un niño, por más sutil
piensa engañarle, deseo
que fue sueño, o devaneo,
sube el tronco, y con la mano
ya le coge, y vase ufano
dar al campo otro paseo,
fue el pajarillo mi amante,
que con su melifluo canto,
puso al alma en dulce encanto
sitio no más elegante,
niño, mi amor siempre ovante
ya pensó que le tenía,
sube (bien que lo temía)
y al echar la mano de él,
vuela, y burla, fue cruel
con su vida ya no mía,
¡ay Celia!, Juez Mayor
es ya Don Juan, en Perosa,
no podré ya ser su esposa,
por ser yo su inferior,
no querrá que goce amor
este bien que me maltrata,
Nunca el amor se dilata
si se quiere bien señora,
esta noche hasta el aurora
verás como amor te exalta.
Celia mía, ¿hablas de veras?
¿vendrá mi bien? no me engañes
es justo me desengañes
qué dijo, di; si estuvieras
tan muerta, Celia no fueras
tarda, en darme algún placer.
Ello, señora, ha de ser
esta noche, si te adora
allá lo verás señora.
Muestre el amor su poder.
Lo que importa aquí, pues vive
en solo amarte, que goces
la ocasión, y te desposes
luego allí, porque cautive
el corazón, que revive
en lo ya comunicado,
no te acorte tu cuidado,
el pajarillo no dejes
de la mano, y es bien le anejes
a tu pecho lastimado,
y si la mano de esposa
le dieres señora allí,
deja que le suba aquí,
su deseo, y tú dichosa,
para tan difícil cosa
una escala te daré
con que suba, y por mi fe,
que quedará en el garlito.
Pasito Celia, no el grito
no lo entienda amor.
¿Pues qué
ha de estorbar tu ventura?
Ella es tal que así será.
Calla, que amor te dará
el remedio con que cura.
Dispón todo con cordura
y mira que amor es fuego.
De esta vez, el niño ciego
ha de ayudar tu intención.
Si se pierde la ocasión
por perdida me doy luego.
Vanse.
Jornada segunda Personas de ella: San Juan de Capistrano. Tito, lacayo. Dos regidores. Un escribano. Doña Antonia, dama. Celia, criada. Fabio, caballero. Félix, estudiante. Don Claudio, estudiante.
Sale San Juan de Capistrano con vara, Dos regidores y Tito lacayo
gocéis la vara Juan por siglos largos
libre de envidias, sí, de lenguas mudas
tan solo para el bien, cuyos descargos
aplauden luego, muchas gentes viudas:
las dignidades, suelen ser amargos
tártagos siempre, pero con desnudas
fuerzas, saldréis de la pena extraña,
que al juez recto, nunca el oficio daña
El que de tanto honor acompañado
siempre ha vivido, sin tener oficio,
hoy que en el puesto está tan sublimado
claro está, que dará de mano al vicio:
juzgad recto señor, que en lo juzgado
daréis luego de lo que sois indicio,
que el ser Juez, un hombre, a Dios parece
pues su justicia, siempre permanece,
Agradezco señores a Perosa
la merced que me hace en levantarme,
a dignidad tan alta, y poderosa
con que quiso sin méritos honrarme:
es muy justo, y será muy justa cosa
que de paciencia, y humildad me arme,
contra las lenguas de los maldicientes,
que es varia la opinión de muchas gentes,
y así señores, para el tiempo dejo
mi modo de vivir, pues no se oculta
el hecho bueno, y malo, el mal consejo,
antes, sale a la plaza sin consulta:
a la lección, juzgar se me hizo anejo
de uno, y otro veréis lo que resulta,
porque teniendo a Dios siempre delante
en el leer, y juzgar, seré constante.
vase
Dios os prospere, y vea un grande hombre,
él os guarde, y levante al mismo estado,
hablaros quiero Juan, que vuestro nombre
hoy le quisiera ver más levantado:
aquí en secreto, aquí, y no os asombre,
aparte
nada me asombra, no, salvo un cuidado
por quien vivo sin mí, y por quien muero,
pues atento me oíd.
decid, que espero
vuestra persona Don Juan,
la nobleza que tenéis,
que es lo más que alcanzar puede
a tener hombre de bien,
la buena fama, aplaudida
de todos cuantos os ven,
la rectitud, en el modo
que siempre en vos se tiene,
vuestra lengua tan medida
que divina puede ser,
que en la conversación noble
palabra no echó a perder,
vuestras letras, que se admiran
cuantos os miran leer,
que parece ciencia infusa,
y no que adquerida fue;
han despertado el silencio
de nobles, que os quieren bien,
y desean que subáis
a más sublimado ser,
bien saben que pobre sois,
y que hasta agora os valéis,
de vuestra pluma, abogando
como algún día admiré;
y agora que sublimado
os miran, ya cual Juez,
aguardan que admiréis más
con las sentencias que deis,
Leandro pues, un caballero
que en Perosa conocéis,
noble por sangre, y cristiano,
cual vos lo habéis menester,
daros diez mil doblas quiere,
y a su hija por mujer,
un Ángel en cara, y vida
y en las costumbres Esther,
¿quién habrá pues, que no admita
tanto bien? decidme, ¿quién?
dadme el sí Don Juan amigo
y luego me respondéis,
aparte
¡válgame Dios! ¿si es Leandro
padre de todo mi bien?
¡qué dicha si fuera así!
¿el nombre?
Antonia es;
aparte
¡brava fortuna, gran dicha!
¿y para cuándo queréis,
se haga lo que me mandáis?
dentro de un año ha de ser
porque, como está su hacienda
en manos de un mercader,
aguarda se cumpla el plazo,
aparte
¿y qué despacio tenéis?
digo señor que me alegro
que tan buena esposa deis
a quien serviros desea.
yo lo aceto.
que bien haréis,
a darle la nueva voy,
decid me deje merecer
esa esposa que me dais,
vase.
y con el Don Juan quedéis,
Hermosos, lucidos cielos
verdes campos, y altos montes,
arroyuelos, mansos ríos,
perezosos, y veloces,
dulces y pintadas aves,
jilguerillos, ruiseñores,
peces, que en plata acendrada
mostráis, cual sol, los colores,
animales que pastando
en sotos, valles, y bosques,
estáis gustando de amor
los requiebros, y zozobres,
Todos dadme el parabién
pues que mi ventura es tal,
que apenas me vi mortal,
cuando vida hallé en mi bien,
pecho, en quien depositado
tengo el bien, que por bien goce,
que es el Dueño en quien revivo
del amor, dulces amores,
corazón en cuyo pecho
depositaste su nombre,
por ser mi querida prenda
de tal bien Erario noble,
alma dichosa, que has dado
la obediencia a quien te escoge
por suya, para que al mundo
pregone mi amor a voces,
Todos dadme el parabién
pues que mi ventura es tal,
que apenas me vi mortal
cuando vida hallé en mi bien,
Un nuevo sol en Italia 1a parte.
El parabién a vuecia
le doy de la vara, pues
me cabe a mí tanta parte.
Tito, si supieras bien
cuánto gusto el alma encierra,
en este pecho que ves,
otros, con gusto me dieras
mejores, que el ser Juez.
¿Qué has visto señor, que el gusto
te estoy mirando en la nuez
que nos puso Adán el viejo
en el estrecho de Veles,
has visto moro encantado
de los molinos de Fez,
que te ha dado alguna nueua
del muerto Rey portugués?
¿Has hallado algún tesoro
adonde tienes los pies,
porque tierra solo miro
y entre ella, piedras también,
adeuinas esta feta
de tu dueño? di lo que es
porque estoy atarantado
de ver mudado tu ser.
Ay Tito amigo, (¡qué gloria!)
ya mi bien, mi esposa es,
ya se acabaron mis ancias,
mi gusto vuelve a creser.
Aparte.
¿Boda tenemos? bien aya
tu gusto señor, amén,
que dello habrá que engullir,
que dello habrá que beber,
sin duda con trago tanto
un Epicuro seré,
mis tripas se llenarán,
y con mi Celia después
haremos las amistades
que esta fregona, o mujer,
por si acaso es uno todo,
es todo puro enterés,
vamos, señor, ¿qué aguardamos?
Ese hombre, ¿mira quién es?
El mayor ladrón del mundo,
y tú lo verás después.
Sale un escribano.
Gran ventura es para mí
ser Juez vuecelencia,
que cierto señor temía,
fuese quien yo presumía,
la vara gozéis aquí
en Perosa largos años
libre de embustes, y engaños,
que suele aver gran malicia
en esto de la Justicia
que causa terribles daños.
Yo fío en Dios, escribano,
como tan santo, y tan recto,
que en todo me hará perfeto
y me tendrá de su mano,
el camino es largo, y llano
para obrar, o bien, o mal,
yo pienso tomar lo tal
que al mundo dé confusión,
en seguir a la rason
hasiendo justicia ygual,
pero porque nuevo soy
en el modo que soléis
tener, me advertiréis
de cosas algunas, oy,
y porque sin duda estoy
aquí divertido, que
pienso sierto que dejé
todo mi sentido, en casa.
Diré señor lo que pasa
con fidelidad, a fe.
Con Anselmo tiene Fabio
un pleito: ¿la causa qué es?
Pleito de grande enterés,
de hasienda padese agravio
Fabio señor.
Aparte.
El resabio
muestra ya, te juro a Dios.
¿Eso no lo decís vos?
Sí señor.
Yo me remito
a lo que estuviere escrito.
Ello ha sido caso atroz,
señor: si me dais licencia,
os diré lo que conviene.
Decid pues.
Oy Fabio tiene
gran parte de aquesta herencia,
resebida.
Aparte.
Con prudencia
importa, oír, y callar.
Dice pues, que os hará dar
la mitad, porque le deis
sentencia en favor, tendréis
mucho más, si dais lugar
a que por mi mano acuda
el recibo, seréis rico
en un año, y os certifico
con verdad, grata, y desnuda,
¿que será mi lengua muda
en todo?
Aparte.
¡Bravo combate!
Lo demás será dislate,
¿que el aprovechar señor
es lo que importa?
Aparte.
¿Mejor
lo haga Dios?
Aparte.
Hecho el remate.
No deve de aver Justicia
de su parte, pues procura
su culpa, con tal locura,
no ha entrado en mí la cudicia
hasta agora, y vos villano,
idos en esto a la mano,
porque os juro por Dios vivo
que os ahorque de un pino vivo.
Guárdate amigo escribano.
Andad, y no me miréis
más la cara.
¿Mal salió
mi trasa? ¿pues se perdió
mi crédito?
¿Pues qué hacéis?
Ya me voy.
Vase el escribano.
No, no os is
que vemos en qué para.
Toma Tito allá esta vara,
que peso con ella siento:
el honor me da contento,
mas el oficio repara.
Un moderno galán gozó contento
el fruto dulce del amor sabroso,
lansas corriendo, se mostró famoso
llegando a más que pudo el pensamiento,
cudicia le llevó veloz quel viento
por burlar del amor lo más gustoso,
dejó de amar por necio, y cudicioso,
a quartos dando cortesano aliento,
dejó la garsa, el ave de rapina
y al cruzado metal hecho la guarra,
que es santo el agarrar de un escribano:
rapina moción fue, no fue divina,
divino si el dinero que él agarra,
que este solo es amor más soberano.
Bueno está.
¿Lo dices frío?
El soneto es como tuyo.
Por mío le constituyo,
y basta desir que es mío.
Bien lo muestra el desvarío
en que ay Juez reguroso,
que será larga la cuenta,
cargos el oficio aumenta,
el descargo es provechoso,
el pedir cuenta es forsoso,
cierta, y muy cierta la muerte,
el Juez, terrible, y fuerte,
pues alma, no des endicio
de cudicia en el oficio,
que será fatal tu suerte.
¡Oh qué vellaco escribano!
Él procura su interez,
triste del alma después.
Si pagase de antemano
no fuera malo.
Eso es llano
que ha de pagar en la vida,
y después a la partida,
le dará Dios, corasón
de piedra, (qué confusión)
y la pena meresida.
Un escribano sé yo
que tubo siertos amores
antes de serlo, y sus flores
cogió, según me contó,
y por no dar se acogió
a buen vivir de escribano,
y un poeta culto, a lo llano,
un soneto deo a su dama
con que aplacase su llama.
Di.
¿No es bueno?
Di villano
del concepto.
Por mi fe
que en mi cholla se formó.
Eso Tito, bien lo creo.
Soy poeta de deseo
y tal cual, muy bien sonó.
vn nueuo sol en italia 1ª pte
Emplazado estoy de amor
a tan dulce desafio,
que se pierde todo el brio
con tan supremo favor,
pierdo de todo el valor
si lo tierno considero
del bien que gozar espero
en esta dichosa noche;
A la puerta llega un coche,
Quien es, a fuera le quiero
vanse, y salen Don claudio, y Don felix estudiantes de de noche, a lo galan
Ya que la noche se llega
y nos da claudio lugar
para poder pasear,
pues dinero no se juega,
a las damas jugaremos
en el prado a questa noche?
A que apriete mas su broche
felix amigo aguardemos,
que Beatriz, y cinthia estan
aguardando por los dos,
Como aqueso sabeis vos,
sois dichoso, y sois galan
y asi no me espanta nada,
Cinthia os quiere
que decís?
que me lo ha dicho Beatriz
que es grande su camarada,
y esta noche las dos juntas
nos aguardan,
con el nombre
de felix, soy feliz hombre
pues esperanzas difuntas
resusitan!
sois galan,
y venturoso!
al contado
me pagais? buen cuidado!
mis cuidados siempre van
a la amistad dirigidos,
siempre en mi hallareis vos,
hermanos somos los dos
y amigos nada fingidos,
no viuen cerca de aqui?
Beatriz si
y cinthia?
no
pero a lo que entiendo yo
estaba con ella ally,
tened, que las dos parese
salen de la caza agora?
ellas son
el alma adora
en cinthia
y os parese
un poco burlemos dellas
sin darnos a conoser,
hagase, mas podra ser
que de nos se burlen ellas,
salen Beatriz, y cinthia Damas con mantos, tapadas
ya de todo es noche obscura
y me parese impusible
conosernos
y es pusible?
es, mas amor es locura,
a buscar a claudio vamos
que con felix estara!
amor impulsos me da
de que a los dos los hallamos
en la calle, que vendran
a tu caza, Beatriz mia,
dos señor llegan
desuia
por aqui!
ellos se iran,
quien son las dos mas fregonas
que las fregonas de antaño,
que asi lo dice su paño,
seruirse de dos personas
tan limpias como un candil
de una tauernera pobre?
basta galan que le sobre
la limpieza de un mandil,
Si son seruidas de hacer
merced a los dos lacayos,
venganse tras de los bayos
que lleuamos a beber,
lleuaran rasion de ally
para asertar el camino,
si el cuero no tiene vino
ir es locura de aqui,
cuero soy, pues vos en cueros
me teneis, cuando os da gusto,
eso no me da disgusto
ni agora me da el veros,
claudio, y felix son los dos, a fe
y vos no hablais reyna mia,
no hablo yo, por que la cara
es bastante para vos,
fregona sois de buen porte,
buen lacayo pareseis,
si vos fregona quereis
que de rasones acorte
venid con migo a mi casa.
y que me dareis alla?
para vos, bien bastara
el mandil, y la Almohaza,
ello todo ha estado bueno
claudio, y felix, pues asi,
nos,
De Don Rodrigo Pacheco 12
salen fabio, y el escriuano
no quiso resebir, o fabio amigo,
este nuevo Juez, lo que propuse
en tu prouecho, y suyo,
antes, como si fuera su enemigo,
de si me hecho corrido me traspuse,
de su presencia huyo,
enemigo mortal me constituyo
deste villano, y mas con la sentencia
que ha dado en tu presencia,
tan jnjusta, y cruel, como es tirano,
pobre me deja, y rico aquel villano
de Anselmo?
si, mas no te quejes fabio
y cierra cauto el labio
que la sentencia por lo escrito es justa,
mi letrado me dice que fue jnjusta,
pero si viuo, pagara resuelto
quitarme hazienda, y ver Anselmo suelto
vase
sale san Juan, con vara, y tito
en la misma muerte viuo,
y cuanto mas viuo, muero,
que ni la muerte se acaba
ni en la vida me sustento,
por una muerte que viue,
en vida me estoy muriendo,
muerto, por solo viuir,
y viuo, viendome muerto,
pues para que quiero vida
si con vida, viuo menos,
y de que sirue, la muerte
que viue siglos eternos,
no entiendo muerte viua,
aunque su rigor padesco,
por que mueres cuando viues,
y eres vida para muertos,
yo muero teniendo vida
con tan contrarios estremos,
que muero para viuir
y viuo, cuando me muero,
en la muerte desta vida
sin esperanzas, espero
y casi en la posesion
nunca se lo que poseo,
y como mi muerte viue,
hallo en la vida tormento,
ponsona en la medesina,
y en la triaca, veneno,
y he de viuir, y morir
a pesar de mi deseo,
que son efetos de amor,
gustos, pesares, y celos,
porque el viuir con gusto, y con reselo
son siertos vaticinios de un empleo,
y si viuiendo se aueriguan celos,
es la vida, y la muerte triste infierno,
habla con el santo
aqui viene el gentil hombre
de aquel celebre cohecho,
que tiene tan ancho el pecho
como de caco el gran nombre,
aueis ya notificado
a fabio, aquesa sentencia?
si señor!
Aparte
por su conciencia
jure el escriuano honrrado
de que la notifico
para que sea creido?
Aparte
viue Dios que estoy corrido
de no poder darle yo
a este lacayo
A él
que bueno
diga, murmura entre dientes?
Aparte
por mirar inconuenientes
es mejor callar
Aparte
A él
condeno
tanto hablar, por mejor
el hacer, que no el decir?
aquesto
Aparte.
¿Que aquesto puede sufrir
un hombre de mi valor?
Anselmo, ¿fue luego suelto?
A pesar de Fabio, sí.
Pues, ¿qué le importa? Me di,
¿que esté suelto?
Está resuelto
a pedir el agravio,
que piensa, señor, le heciste,
con la sentencia que diste.
Es muy caballero Fabio,
pida pues como quisiere,
que de libre la inocencia,
que también a su insolencia
castigaré, si la hubiere.
Al pobre Anselmo le halle
preso, amigo, injustamente.
Quiere Dios que el inocente
libre salga, y así fue.
La amenaza que me ha hecho
ese caballero puede
Dios mudar, y más que quede
de todo muy satisfecho.
Vete en paz, y no procures
dar por mí satisfacción;
sentencia fue con razón
y justicia, no me apures.
¿Vaya pues?
Vase.
¡Oh, vil lacayo!
vos pagaréis algún día.
Eso sí, por vida mía,
allá sabrá que soy rayo.
Juan, falta el amor donde el doblez asiste,
que en falsedad no vive quien bien quiere,
pues la cautela al tiempo que prefiere
a la lisura, la amistad resiste.
El valimiento, en crédito consiste,
y este rigor, si con sospechas hiere,
más desconfía, cuanto más se hiciere,
y menos disimula, si fingiste.
Antonia, aquesto miro en tu artificio,
cierto de engaño el corazón aleve,
mayores que la fe, las apariencias:
cierto el pesar, dudoso el sacrificio,
y cuando el gusto a declararse atreve
se vuelven contra mí las diligencias.
Salen Doña Antonia y Celia con mantos.
Ya que aguardar no quisiste
anoche satisfacciones,
picada de las razones
que sin oírme dijiste,
viene el alma (si bien triste)
a mostrar, ingrato amante,
que no fui nunca inconstante,
sí fiel, porque el agravio
no consiste, no, en el labio,
ni en el risueño semblante.
Anoche esperando estuve
a que vinieras, Don Juan,
y como por lo galán
un hombre vi, que le tuve
por ti (que fácil anduve,
pues debiera de aguardar
que llegara el hombre a hablar),
confieso fue devaneo
como estaba en ti el deseo.
No pude, Don Juan, callar,
llaméle, llegóse al punto,
por ti le tuve sin duda,
si mi lengua fuera muda
no viera el mal todo junto,
tuve el ánimo difunto
cuando la pendencia huí,
porque sin duda entendí
que aquel hombre me engañó,
tú fuiste el que allí vino,
y pensaste mal de mí.
Aquesta la causa fue
de tu pendencia y mi muerte,
en esto me fue la suerte
triste, pues dudas mi fe,
satisfacción no daré
más de la que puedo darte,
no afición, aquí, ni arte,
solo la verdad desnuda,
porque es bien Antonia acuda
por su honor en toda parte.
Lo dicho es en cuanto a esto,
y en cuanto a la duda que haces
de mi fe, no satisfaces
al honor que manifiesto;
soy honrada, y baste aquesto
que como tú soy tan buena,
no me veas, que es cadena
de veneno el alma ya,
vamos, Celia, bueno está,
tú mismo a ti te condena.
Aguarda.
No te he de oír.
Pues, ¿por qué?
Eres villano.
¿Tú no hablaste?
Aqueso es llano.
Amores le has de decir.
Es verdad.
Pues discurrir
puedes si tengo razón.
Ya te ha dicho el corazón
la verdad de todo.
¿Y pues?
Que me dejes ir, porque es
tarde.
Oye mi satisfacción.
No quiero.
Celia, Tito,
tened, tened a mi bien,
no se vaya.
Aparte.
¡Oh, qué desdén!
Tan sagaz, con apetito,
¿no se va por Dios bendito?
Tienta tú, Celia, y después
te daré por Dios un tres
que te saque el corazón.
Señora, aguarda, ¿es razón
que a tu amante pena des?
No hay más, prenda querida,
de todo estoy satisfecho,
viva ya dentro en tu pecho
y pierda luego la vida,
el alma tienes rendida,
que el corazón siempre es tuyo,
solo a ti me constituyo
por fiel, único, amante.
Ella no sabe inconstante
que también he sido suyo,
¿trajo lacayo el galán
de aquella noche pasada?
Bien sabrá que una estocada
di también a su farfán,
no se disculpe, que dan
puntapiés, los dos pies míos,
que en los páramos sombríos
daré juro a tal con ella,
y hecha toda masa, o pella
les llenaré los vacíos.
Oiga, lacayo cerdoso,
todo mona, o puerco espín,
¿ha tocado el San Martín?
¿Pues viene sucio, y mocoso?
Por mí misma juro, y oso
ajurar por no sé quién,
que le dé un santiamén
por esa cara lacaya,
de tal modo que sea raya
para quien es él también.
En el prado aquesta tarde
me vieras.
Iré volando
mi gusto manifestando.
Quédate a Dios.
Él te guarde.
¿Me olvidarás?
Nunca, o tarde.
¿Quedas satisfecho?
Quedo.
¿Has de faltar?
No hayas miedo.
Adiós, Juan.
Mi bien, adiós.
¿Él ha de ir?
Si queréis vos.
Pues vaya.
Iré si puedo.
Vanse, cada dos por su parte, y da fin la segunda jornada.
Un nuevo sol en Italia. 1.ª parte
Personas della
San Juan de Capistrano, Fabio, caballero, Anselmo, un paje, el rey de Secilia, doña Antonia dama, Celia criada, Tito lacayo, Leandro, su padre, Celio vandolero, otro vandolero.
Sale Anselmo solo.
Es vicio la ingratitud,
sobre todo cualquier vicio;
agradecer es virtud,
y es razón al beneficio
mostrar firme gratitud;
inocente preso estuve,
robada la hacienda tuve,
mas de aqueste injusto agravio
de que dio la causa Fabio,
con la razón me mantuve;
miró Dios con su clemencia
la grandeza del delito,
quiso probar mi paciencia,
y libróme por lo escrito
un ángel, que dio sentencia;
libre estoy, agradecido
debo estar a quien ha sido
causa de mi libertad,
pues no le hallo en la ciudad,
aún ocupación he tenido,
Fabio viene por aquí,
huir quiero la ocasión,
pues de sus manos salí,
no quiero satisfacción
del trato que me hizo a mí.
Hace que se va, y sale Fabio.
Aguarda, que pues no hallo
en la ciudad este gallo,
que tu sentencia cantó,
en ti hoy vengaré yo
la malicia de su fallo.
¿No basta, Fabio, no basta
la gran maldad que conmigo
usaste?
Mi hacienda lasta,
vive Dios, vil enemigo,
malandrín de mala casta,
que habéis vos de saber hoy
cómo vivo, y cómo estoy.
Dios acuda a mi inocencia.
Pagaréis, vil, la sentencia.
Dios me valga, muerto soy.
Echan mano a las espadas y cae muerto Anselmo.
Ya pagaste, vil villano,
los pesares que me diste;
quien cogiera al Capistrano
que tanto a mí se resiste
sin poderle ir a la mano;
al monte voy, bandoleros
hay, que serán compañeros
de aquestas mis locas furias,
que para vengar injurias
siempre son crudos y fieros.
Vase, y salen San Juan con vara, y Tito, lacayo.
Tarde llegamos al prado.
Aparte.
No tanto, que no han venido
tu esposa, ni su criada,
por quien muero, y por quien vivo;
¿qué haces tú, que no procuras
dar a tus penas alivio?
Goza pues de la ocasión
que es honra ser atrevido,
si están las palabras dadas
en los conciertos que ha habido,
y de aquí en ocho meses
ha de ser tu esposa al vivo,
¿no es mejor que te asegures
de cualquiera precipicio,
o vaivén que puedas dar,
y esto no correr peligro?
Deja concertado pues
para esta noche el oficio
y demos gatazo al padre
que arrepentido le miro,
gozada una vez tu esposa,
no podrá el viejo amigo
arrepentirse, porque
hecho se quedará, oírlo.
Bien me aconsejas, fiel
eres en todo, mi Tito,
goce yo de mi esperanza,
que en lo otro no hay peligro.
De don Rodrigo Pacheco
De aqueste coche se apean
dos gavilanes de oficio,
que por aves de rapiña
pueden pasar, por lo dicho;
podrás entender muy bien
que son damas.
¡Yo no he tenido
en mi vida mayor gloria!
¿Y ellas son, no las ves, Tito?
Salen doña Antonia y Celia.
Querido dueño mío,
las breves horas que no te vio mi alma,
perdí todo mi brío,
el corazón mostró que está en calma,
y agora con tu vista
se alegra el alma, sin que a amor resista.
Tu gracia y tu belleza,
gallarda honestidad y bizarría,
en quien naturaleza
de su saber cifró lo que sabía,
robaron de mi pecho
el libre corazón de amor deshecho,
el alma ya rendida
a tu deidad, implora dulcemente
aumentes de mi vida
con tiernos ojos, con mirar clemente,
los años, pues me siento
revivir, con tan dulce pensamiento.
Dichoso, pues que gozo
de tanta gloria, con mirar tu cara,
el corazón glorioso,
en tanto bien, contento se repara,
que de tu sol, los rayos,
vuelven en gloria todos mis desmayos,
y el tiempo que estuviste,
amada esposa, ausente de mis ojos,
el alma estuvo triste,
y lleno el corazón de mil enojos,
que en tan terrible ausencia
sobra la pena, y falta la paciencia.
Escondióse el aurora
con su luciente faz, que alegra el prado,
y el prado que te adora
por faltarle tu luz, se vio agostado,
que sobra la tristeza
faltando tanta celestial belleza.
El rubio sol ardiente
celajes de oro rompe por mirarte,
como
Vn nueuo sol en Ytalia 1a pte
como te vido ausente
triste, su luz esparce, por hallarte,
mas como te escondiste
su rubia cara parda color viste,
los álamos sombríos
de yedras trepadoras enlazados,
marchitaron sus bríos
y en triste amarillez les vi trocados,
mas ya que te apareces
con tanta gala, el prado reverdeces,
y así que le divisas,
todo se alegra, y viste de contento,
sus flores bellas pisas,
y matas de mi pena el sentimiento,
que tu serena vista
todo avasalla, y todo lo conquista.
Vuelve la faz serena,
amada Antonia, dulce prenda mía,
alivia en tanta pena,
los despojos que a ti el alma envía,
porque de aquesta suerte
darás la vida, a quien espera muerte.
Todos esos favores
el alma los merece que te adora,
pero tú, mis amores,
¿qué heciste solo, en este prado agora?
Aguardaba tu vista,
que todo lo avasalla, y lo conquista.
Y él no dice siquiera
algo de amor también, pues me despulso
en ver su vinagrera,
sino, tómele allá, que a ese pulso
verá cómo pasea
el amor, por el cuerno de Amalthea.
Aquestos bodegones,
que al derredor del prado hacen su gira,
estaban sin capones
porque eran gallos todos, no es mentira,
que tu fregonil vista
los manteles atrae, y los conquista.
El vino, en los pipotes,
vinagre se tornara, pues faltabas,
los lacayos, mil motes
me decían, porque los platos lavas,
mas como solo aspiro
a que se vuelvan monas, no les miro.
De Don Rodrigo Pacheco
Vuelve esa cara mula,
te dolerán, mi bien, mis sabañones,
y el mal que me acumula
tu pecho, lleno ya de lamparones,
verá qué tristes ojos
dan ya por agua vil, vino en despojos.
Alégrome, que tienes
gracia, para lacayo de comedia,
no quiero dar desdenes
a quien, con solo hablar, su mal remedia,
antes procuro en todo
verte, Tito, no más, puesto de lodo.
¿Qué bien que lo repicas?
Claro está, que de lodo seré puesto
si a tu lado me aplicas,
que el cornucopia veo ya compuesto
y sobre frente altiva
mitra consentidora que me esquiva.
Querida prenda mía,
esto has de hacer por mí, pues lo pretende
el amor que te envía
el alma, que en tu red cautiva prende,
daremos fin con esto
al celo que me mata, y trae molesto.
Al tiempo que la luna
trasponga con su carro, a media noche,
que antes, como importuna
alumbra con la luz su ebúrneo coche,
lograrás de tu intento
el siempre grato, dulce pensamiento.
Tu padre se aparece
al principio del prado.
Dulce dueño,
el verte siempre, que esto ha sido sueño,
mas el honor me llama,
¿aguardo?
Sí, que amor el pecho inflama.
¿Iré, desvelo mío?
Di, ¿mi divina y bella garatuza?
Vaya, si no está frío.
¿Caliente me queréis, dulce ganduza?
Allá por media noche.
Correré con mi lanza en corriche.
Vanse las dos, y sale Leandro.
Hijo, ¿cómo, o de qué suerte
se consiente tal maldad,
que está toda la ciudad
alborotada de suerte
que un motín temo en verdad?
por
Un nuevo sol en Italia, 1.ª pte.
porque Fabio a Anselmo dio
la muerte, porque salió
en su contra la sentencia;
para tan grande insolencia
el castillo Brusa halló
para su refugio, luego
a donde por compañeros
hallará los bandoleros
que favorezcan su juego;
porque son en todo fieros,
el rey Ladislao pregunta
por vos, como no se junta
la gente, y van detrás dél.
Aparte.
Aparte.
¡Oh, fiera envidia cruel!
Mis esperanzas, ya difunta,
siento en el alma, señor,
de Anselmo la muerte fiera;
su insolencia me aligera
a ver si puedo al traidor
haber de alguna manera.
Tú, Tito, te quedarás,
y en el puesto acudirás
como sabes esta noche;
porque Antonia no trasnoche,
y lo que pasa dirás.
Vela bien, amigo Tito,
y mi honor a ti le encargo;
si no velas, te haré cargo
de cualquiera vil delito.
¿Y si hubiere otro descargo
como el pasado, qué haremos?
Sin duda que nos iremos
a ser frailes.
Tito, amigo,
haré sin duda un castigo.
Como el pasado que vemos.
Padre y señor, yo me voy
a la obligación precisa.
Su presteza solemniza
el alma.
Rabiando estoy,
conviéneme andar aprisa.
Vanse los dos, y queda Tito.
Tocan cajas.
Bueno estoy, por vida mía,
no soy yo más para espía
que una mona; pues, ¿qué haremos?
Que el buen bodegón tenemos
cerca de aquí, a la vía;
noche es ya, acudiré
como rayo, al puesto donde
la bella Venus responde
a su Adonis, y dice
lo que al dicho corresponde.
Pero si el duende de antaño
(ello será grave daño)
el puesto toma primero,
le daré por el garguero,
y si no, por el redaño.
Al arma tocan aprisa,
y Perusa se alborota,
¡llevaré broquel y cota!
Sí, que es brava aquesta empresa,
por mejor tengo una bota,
que con ella, ¡voto a Dios!,
he de hacer el más atroz
castigo; si el duende viene,
que ¡ay de aquí!, aquel que tiene
ronca por vino la voz.
Vase. Tocan cajas y trompetas, y digan de dentro: «San Juan», y otros.
El camino se le ataje,
porque a Brusa se recoge.
Las hachas son necesarias,
porque ha entrado ya la noche.
Los infantes salgan todos,
y miren que no me enoje.
Ninguno se queda acá.
Sienta Fabio mis rigores.
Vuelven a tocar, y sale Fabio de noche, con coleto, espada y broquel, al modo de bandolero.
El mundo tras mí se vino,
la ciudad toda dio voces,
el cielo mostrose airado,
los templos tocan sus bronces;
cuadrillas salen tras mí
de mil caballos feroces,
la infantería se atreve
a mostrar pechos de robles,
las damas de las ventanas
con dulcísimas razones
dan muestras de su piedad,
y todos buscan mi muerte;
el rey Ladislao invicto
con mil injustos pregones
da por mi cabeza en talla
dos mil florines de cobre.
El justicia, mi enemigo,
que favorece la suerte,
sale al campo en busca mía,
que parece que es de bronce;
pero como nací fiero,
y como fiero, tan fuerte,
que soy rayo al tiempo crudo,
león fiero entre leones,
me burlaré de sus trazas,
pues cuando todos a voces
quieren acabar mi vida
que un alma fiera compone,
me he quedado en la ciudad
(que bien sé, peligro corre
mi vida, que amor no sana)
por este pecho de roble;
en esta calle pasé
(¡qué felice fue!) una noche;
hoy no más serán suspiros,
pues celos son mis temores,
hecho mármol me estaré,
si puedo todas las noches,
adorando tus paredes,
siempre aquí muerto de amores.
Sale Tito, armado ridículamente.
En el puesto estamos, Tito,
mas ¡qué fría está la noche!
La bota se me olvidó
para calentar temores.
Armado de punta en blanco,
el duende a buscar voyme,
veremos si es duende humano,
o destos duendes traidores
que solo de noche salen
por andar en corricoche,
en los techos de las casas
dando a las niñas favores;
pero este duende que agora
vengo a buscar, me conoce,
amigos somos los dos
y nos vemos por rincones.
Un bulto miro hacia allí,
él es, sin duda, que pone
miedo el miralle. ¡Jesús!
El rey, que los lamparones
cura, me valga, san Blas,
que cura de sabañones
del estrecho y del pescuezo
me dé favor; si soy hombre,
llegaré; no, que se mueve,
un gigante es, juro a nones,
ya se ha vuelto en perro, y miro
que ha dejado los calzones.
Una ventana se abre,
que mi dueño no repose
me espanto, porque su esposo
tras mi cuerpo aprisa corre,
podrá ser que otra ocasión
como la pasada goce.
¿La ventana se abrió? Malo;
llegóme cerca, turbose,
por san Prisco, el alma toda.
Sale Celia a la ventana.
Ce, ¿señor?
Aparte.
No me conoce.
Llego.
Ya es hora.
¿Pues?
Sube, porque son las doce.
¡A qué ventura igual la mía!
Gozaréla, aunque dé voces.
Echan una escala.
Como gato sube el duende.
Ay, don Juan, Dios te perdone.
Sube Fabio por la escala de cuerdas, y, al medio subir, se quiebre, y dé en el suelo.
Vase.
¡Jesús me valga!, ¿qué es esto?
¡Qué terrible dolor!
Diole
algún mal de corazón,
y dio en tierra.
Tito, amores,
¿hízose mal tu señor?
¡Oh, Celestina de flores!
¿Qué señor, ni calabaza?
Calla, calla, no des voces.
Celia, Celia, estos enredos
mi señor ya los conoce;
prevenido me tenía
para que viese si el zote
del otro día llegaba
a gozar de los favores
que de noche hace tu dueño
al dueño de mis temores.
Mi señor al campo fue,
que de Fabio las feroces
valentías son la causa,
y así, mi señor mandome...
Un nuevo sol en Italia, primera parte.
di ese recado a tu ama
para que no se trasnoche,
hallóte a ti con escala
que por ella sube un hombre,
mira agora qué será.
Que te engañaste esta noche
y que así te pareció.
¿Es el vino, mis amores?
Ande, y vuélvase a acostar
a coser con mis señores,
y si cargó de lantero
calle, y vaya, y no dé voces.
Vase.
¿Oye pandusa, alcahueta?
Yo me voy, pero las nueces
al cántaro volverán,
o no seré nada entonces.
Vase.
¿Que no era Don Juan? ¡Jesús,
que se quebrasen cordones
tan gruesos! Algún misterio
en tal suceso se asconde.
Sale el Rey de Secilia viejo, Leandro, y acompañamiento.
¿No me parece que en Perosa reino,
pues un villano a todo el poder mío
burla de aquesta suerte? Todo el reino
diera por destruir su fuerza, y brío;
yo muestras le daré, pues blancas peino
de que soy más cruel, que blando, y pío,
que eso les debe hacer alzar ufanos
en contra el inocente viles manos.
En la villa de Brufa se traspuso
porque tiene un castillo inexpugnable,
cerco una vez, esta ciudad le puso
y no le fue su dicha favorable:
tiene por muro un capitán intruso,
con bandoleros mil, que insaciable
sed, les oprime, de la sangre humana
desta gente plebeya, y cortesana.
El son de la trompeta el aire rompa,
y tremólense luego mis banderas,
y con soberbia, sí, gallarda pompa
el ejército marche en sus hileras:
mi fiera voluntad nadie interrumpa,
porque yo vasos haré de calaveras
con que la gente desta ciudad mía
beban la sangre desta gente impía.
Si a mis manos llegare el impío Fabio
tal muerte le daré, que al mundo asombre,
esta muerte de Anselmo, aqueste agravio
por ser mi capitán, y de buen nombre,
a mi corona se hizo, que un Rey sabio
porque tenga de recto el sobrenombre,
es bien, vengue del pobre, la malicia
con que le ofenden, sin temer justicia,
De Don Rodrigo Pacheco. 8.
Y a gran señor Don Juan de Capistrano,
el Justicia mayor deste partido,
en el alcance fue deste villano
que al castillo de Brufa se ha acogido:
todo el poder dejó más cortesano
por ser del pueblo todo tan querido,
no quedó caballero que no fuese
y de quererle bien las muestras diese.
Es gran letrado, y gran juez el hombre
y sobre todo me dicen virtuoso.
Él se levanta con tan gran renombre
porque en Italia quede más famoso.
Decilde que le vea, que su nombre
estimo por tan recto, y valeroso,
que le haré las mercedes que merece.
Vanse.
¡Qué el alto Dios tal yerno a mí me diese!
Salen Doña Antonia, y Celia.
Cómo se ceba la tristeza
en los males con que oprime,
y en mi bien se puede ver
cuánto la tristeza es triste,
de todos mis pensamientos
ninguno gusto recibe
mal puede tener descanso
quien de solo penas vive,
triste fue mi nacimiento
según mis desdichas dicen,
que a la que nació sin dicha
solo desdichas le siguen.
La variable fortuna
que en ser varia tiene el timbre
firme en mis males se muestra
porque mi mal se confirme,
diome confusión amarga
como al amor se permite
ser cruel, a quien sin culpa
padece solo por firme,
fueron mis pasadas glorias
bienes de duende invisibles,
volviéronseme carbón,
color que mi alma viste,
nadie se fíe de amor,
que es falso, y siempre se finge
pues cuanto más me levanta
tanto el golpe es más terrible
Todo es pena, y más tormento
todo llorar, y afligirte,
todo es clamar a los cielos
día, y noche estar tan triste,
dale vado a tus pasiones
señora, pues quien resiste
a los males que padece
es digna de un imposible,
deja que venga tu esposo
y sepa por qué te afliges,
y condenará tu temor
si es su amor constante, y firme,
¡Ay, Celia! Soy desdichada,
porque el caso fue infelice,
pues cuando esperaba el dueño
que me gobierna, y me rige,
salió de través un hombre
que parece que fue lince,
subir la escala procura,
y el tálamo más felice
él le violara sin duda
como mi corazón dice,
pues pensando ser mi esposo
siendo el tal un fiero esfinge
llevara fin a su deseo
y a mí la muerte terrible,
pues sin luz el aposento
claro está que le consigue,
pero Dios que sabe todo
a tan vil Luzbel resiste
pues quiso ganar soberbio
de mi honor el cielo firme,
y cayó como Faetón,
de la escala, el suelo mide,
Un nueuo sol en Italia 1a pte
De Don Rodrigo Pacheco
53
dando a mi honor la venganza
que cobrar era inpusible,
si tú tubiste la culpa,
el alma también lo dice,
pues pudieras ver primero
a quien llamauas.
¡Ay, triste!
¿cómo pude preuenir
tanto mal?
Sí, tú pudiste,
pero lo hecho, está hecho,
nadie en sí tanto mal mire.
Hame puesto en confusión
el atreuimiento firme
de un hombre, que así se esconde
de día, y de noche asiste
al pie de nuestra uentana,
¡Ay, Celia, que es muy pusible
que sea Fabio, que un tiempo
dio soberbio en perseguirme,
y por malquisto, y feroz
a su amor siempre maldixe,
enamoró confiado
pero cual roca fuy firme,
Si esa noche fue tu esposo
siguiendo sus pasos viles
¿cómo puede ser?
¡Ay, Celia!
el amor vence inpusibles,
pasos siento en la antesala.
Tu padre será que viue
disgustoso en uer que lloras
todo el día.
¡Es muy terrible
el mal que siento mi Celia!
Tener gusto, por él finje,
Sale Leandro viejo.
Siempre que te miro Antonia
¿te he de uer llorosa, y triste?
El corazón padre mío
es la causa que se aflije.
Si es la ausencia de Don Juan
mañana se aguarda, viue
alegre, que el tiempo vuela
que un tiempo tras otro sigue,
y para que te consueles
nueuas te daré felices
que nuestro Rey Ladislao,
por lo que de Juan le dicen,
quiere hacerle mil mercedes
con que tú bienes consigues,
pues quisiera verte Reyna.
Dios te guarde padre.
¿Anime
tu corazón estas nueuas?
Los celos son muy terribles
Sale un Paje.
Su magestad, que Dios guarde
a llamarte embía.
Viue
con cuidado, y quiere nueuas
del Capistrano felices,
adiós hija.
El cielo guarde
tu persona.
¿Si te aflijes
no darás gusto a tu esposo?
Sus celos amor me aflijen
Vanse y salen Celio vandolero, con otro, en lo alto de la muralla.
Hace el campo leuantado
del enemigo insolente,
¡Qué gana le dio a esta gente
de uenir a dar enfado
a mi exército valiente,
de furor el alma visto!
¡Yo me vengaré por Cristo!
que piensa la vil Perosa,
con su gente poderosa,
no iré como le resisto,
Un hombre asoma, que corre
por el valle como gamo,
y salta de ramo, en ramo
y con los ojos recorre
el campo.
¿Viene al reclamo
deste exército?
No viene,
antes siento temor tiene
de que le uean.
Será
alguno que venga acá,
Abrirle señor conuiene.
Vamos pues, abre la puerta
del castillo, y dentro mete
este hombre que se promete
ser de condición experta,
¿es buen mozo?
Es matasiete,
Baxan, y sale Fabio armado como vandolero.
¡A de arriba, ha del castillo!
bajad presto aquel rastrillo
Salen los dos.
¿Con tanta priesa qué es esto?
Perdonad si os soy molesto
¿quién es aquí el caudillo?
Yo lo soy, ¿qué me queréis?
Aparte.
Aparte.
Buen mancebo por mi vida
y a mi honrra está perdida
que los pies señor me deis
por la merced resebida,
¿Quién sois?
Un cauallero
de Perosa, y compañero
vuestro.
¿Pues cómo aquí
venís así?
Cuando salí...
hoye señor,
Ya te espero.
Cuando la lucida Aurora
mostrando su faz luciente,
alegría dio a las flores
que produze el campo verde,
cuando el sol tras ella sale,
dando a los montes de nieue
los rayos de su beldad,
y en oro, su plata vuelve,
entonces busqué furioso
un enemigo, que en breue
una sentencia pronuncia,
porque codicia no tiene,
la ciudad andube toda
sin que de ella nada deje
por matarle, y le escondió
algún vil peñasco aleue,
con la rabia, que alimenta
mis entrañas, más crueles,
que las de Nerón romano
que Roma quemó inosente,
con un Anselmo encontré
por quien todo el mal me viene
a quien libró mi enemigo
de cárcel, y dio mis bienes,
mi sangre toda se eló,
y vuelta de roxa en nieue,
fuego exalaron los ojos
y en cólera se resuelue,
viste un toro que en el coso
a todas partes rebuelue
los ojos, vueltos en sangre
por cojer a quien le ofende,
de aquesta suerte me vi
sin temer, de que la muerte
diese fin a mis locuras
que mil males causar suelen,
picado de la sentencia
que aquel Capistrano aleue,
firmó, ya que en él no pude
dar la muerte al inosente,
que si le cogiera, juro
por el Dios omnipotente
que govierna cielo, y tierra,
y en ella a mí me consiente,
que le bebiera la sangre
como quien el licor bebe
que veloz lleua este río
y néctar dulce parese,
como he sido tan mal quisto
en la ciudad que me ofende,
porque al vil Anselmo tube
preso, más de trienta meses,
y por otras niñerías
que ciudadanos aleues,
hasen delitos, sin serlo,
y a desirlo se me atreuen,
el común apellidaron
de toda plebeya gente,
dando voces, muera, muera,
aqueste Fabio insolente,
que este es mi nombre fatal
de quien abréis cien mil ueses
hoido, gentiles hechos,
o picardías solenes,
con el tumulto, y las voces,
procuré luego esconderme
en la caza de un amigo
de la calle de las fuentes,
como estaua él solo allí
porque acaso no se quiebre
el secreto, o diese aviso,
cruel, le di fiera muerte,
la ciudad aluorotada
con el juez, acomete
al campo, y se van tras mí
que voy serca les parese,
infantes salen apriesa,
y con ellos mil ginetes,
que corriendo más que el viento
piensan de presto cogerme,
Llegan.
Vn nueuo sol en Italia 1ª p[ar]te
llegan hasta este castillo,
y que me pesa le cerquen
y que sea yo la causa,
bien de mi error se puede.
Como a trasgo me quedaua,
cuando la noche se embuelue
con su manto negro; entonces,
armado de aquesta suerte,
salgo por todas las calles,
que, como piensan que duerme
Fabio dentro del castillo,
segura andaua la gente.
Por guardar mi vida, paso
todas las plazas y puentes
sin dar motiuo a ninguno,
porque de mi no se venguen,
a la calle de mi dama,
no mia, que dueño tiene.
No quiero decir quien es
porque la sangre me hierua
dentro del pecho feroz,
que fuego, por sangre, vierte,
mas solo decir podre
que fue dichoso en no verle
cuando contemplando estaua
en aquel Angel de nieue,
dando suspiros al cielo.
Los ojos agua le ofrecen
a la tierra que pisaua
con que hiervas reverdecen,
a quien Cinthio hermoso y bello
con fuego de rayos cueze,
cuando para mi desdicha
una ventana parece
que se abrio; voy como rayo,
o como al anzuelo el pecé;
oygo una mujer que dice
le: «Señor» (Aqui enmudese
mi lengua). Ya son las doze,
sube presto, braua suerte,
dejó colgar una escala.
A quien, gozoso, arremete
el amor que me gouierna,
o la venganza insolente,
subo, cuando estando al medio
quiso mi ventura quiebre
la escala, gruesos cordones
con que mido el suelo en breue;
salgo de alli temeroso
quasi al punto de la muerte,
por guardar la vida, que
espero el alma se vengue.
De la ciudad como rayo
salgo y en tiempo tan breue
he llegado, que sin duda
me imagino que soy duende.
Hallo que el campo leuanta
mi fiero enemigo aleue,
y que a la ciudad camina
sin orden, pero con gente.
En lo oculto me ascondi
de tantos mil cañas verdes
como tiene aqueste rio
que baña aquestas paredes;
a vuestros pies, pues, rendido,
el triste Fabio se ofrece,
por compañero fatal
de pechos tan excelentes.
Estas mis desdichas son,
este el transe que me aduierte
de mis fatales costumbres;
viua pues, viua quien vence.
Descansa, jouen dichoso,
y porque cansado vienes
entra, que el castillo es tuyo
y para tuyo le quieres.
De Perosa estas seguro,
y vengan cuantos vinieren,
que la fuerza inexpugnable
miedo al mundo, y rayos vierte.
De tan buen resibimiento
agradesido me tienes;
viva, ilustre capitan,
que a tu lado va la muerte.
Vanse, y salen el Rey, san Juan, Leandro, Tito, y acompañamiento.
Bien satisfecho me aueis
con la relacion que dais,
y mi corazón defais
con mas furor; no me deis
mas penas, pues que sabeis,
vos, don Juan, lo que procuro;
no le bastara su muro
para mi fuerza pujante,
por mas fixo, y mas constante
que lo este, no esta seguro,
y por mas inexpugnable
que esa fortaleza sea,
como el alma lo desea
tierra vil la hare palpable,
y ese Fabio inexorable
pagara la muerte fiera
de Anselmo.
(Ap.)
¡O quien pudiera,
celos, clamar a los cielos!
¡Agora, don Juan, deuelos!
Deja, señor, que mi suerte
me va llamando a la muerte.
¿Para aqui son desconsuelos?
Don Juan.
Señor.
Mirad
que conuiene que dejéis
el oficio que teneis,
y la residencia dad,
porque a mayor potestad
oy procura mi corona
levantar vuestra persona,
porque soy aficionado
a vuestras letras, y al grado
que vuestra virtud la abona.
Un vasallo vuestro soy
tan fiel, tan obediente,
que lo hare en continente.
Basta que sea por oy.
(Ap.)
Siempre a tu servicio estoy
como vasallo fiel.
¡Inconstante amor cruel,
déjame aqui, que me quieres?
Dios me libre de mujeres
y a ti te libre Dios d'el.
Habladme, Don Juan, mañana.
Tito, a la noche os espero.
Vanse todos, y queda san Juan y Tito.
¡O que gentil majadero!
Cuando el Rey a ti se allana,
estas tu puesto en la Auana
con el sentido.
¿No ves
que estoy loco? No me des
consejos, vamos de aqui.
¿Has de ir alla luego?
Si.
Mas que el Duende va otra vez.
Vanse, y salen Fabio, y los dos vandoleros.
Celio, con vuestra licencia
he de hacer este viaje,
por vengar aquel vltrage
de tan iniqua sentencia,
y tambien por ver si alcanzo
a dar aliuio a mi pena,
que es iman que en mi enagena
y sin verla no ay descanso;
es legua y media no mas,
que quien ama presto vuela,
ire siempre con cautela
si tu licencia me das.
No quisiera, Fabio amigo,
que algun mal te sucediera,
y que tal mozo viniera
a poder de su enemigo.
Lleuame contigo, Fabio,
que los dos seguros vamos,
que si algun contraste hallamos,
yo basto a vengar tu agrauio.
Yo te agradesco, señor,
la merced y amor que muestras,
bien tus promesas dan muestras
de tan inmenso valor;
a mi, señores, conuiene
el ir solo.
A Dios, mancebo.
A Dios, y lo que te deuo
al amor que el alma tiene.
Vanse, y salen san Juan, y Tito de noche.
¿Adonde vamos, señor?
¿No ves la noche que hace,
que parece que los cielos
a la tierra vil combaten?
¿No miras con luces de oro
el elemento del ayre
y las presas que el sordo
tan aturdido me traen,
el agua que llueue, sobre
quien quisiera mas un lance
de un aloque, o san martin,
que no que ella me mojase?
La noche, boca de lobo
que cubre pobres mortales
toda negra, y toda obscura
y sin sus blancos lunares,
¿quieres morirte esta noche?
Pues si vas a matarme,
no se como pueda ser
algun cristiano escaparse.
Llueua, truene, y vengan rayos,
que quizas para acabarme
alguno vendra, que celos
son peores, no me acabes;
tengo
vn nueuo sol en ytalia 1a pte
Tengo de velarla toda,
porque el monstro que pare,
en tal noche y tan terrible,
aquesta infelice calle,
ponte en esa esquina tú;
y, si alguno viene, hable,
y, si no responde, al punto,
sin temor alguno, dale.
Yo me estaré paseando,
por ver si en esta mudable
vez cosa que le culpe,
o también me desengañe.
Aparte.
¡Válgate Dios, por don Juan!
si él por valiente me trae,
vive Dios que se ha engañado,
porque no le hay más cobarde,
desde Perosa a Turquía.
¡Por Dios que echamos buen lance!
¿No era mejor, Tito amigo,
ser agora un gentil fraile?
Motilón, digo, señores,
de aquellos que tienen llaves
de bodega y refitorio,
que ellos son solos los padres.
¿Un bulto viene? ¿Es el duende?
Si no es él, a mí me maten,
con una bota de Candia
que me hará muy buena sangre.
¡Válgate Dios! Era un perro
que parecía un gigante.
Otro bulto viene allá,
a don Juan le cabrá parte.
Si en aquella fatal noche
fue pusible se engañase
este loco. Ser bien puede,
porque no parece nadie.
¡Dichoso yo si así fuese!
Sale Fabio por medio dellos.
No sé si he llegado tarde,
no, que miro en una esquina
un bulto, y otro a esta parte.
Este se pasea aquí,
el otro está como un zaíno
mirando si viene alguno
para salir a avisalle.
Este, sin falta, es don Juan.
Echado habemos buen lance.
Muera este vil que me sigue,
acabe su vida, acabe.
Hacia mí se viene un hombre,
quien es, de largo se pase,
o se tenga a la justicia.
¿De la justicia te vales?
Porque entiendas, Capistrano,
tan falso como cobarde.
¿Quién soy? Mira que soy Fabio,
que solo vengo a matarte.
Eso será si pudieres,
que a Dios tengo de mi parte.
Al infierno tengo yo
que me ayude y que me ampare.
Riñen un poco, y cae un rayo y mata a Fabio.
¿Santo Tomás, santa Clara,
san Alonso? El santo fraile
que es contra los rayos, venga,
y me dé el sentido, que hable.
Señor, señor, ¿qué es aquesto?
Que me llevan por los aires,
no más de noche, no más,
yo me voy a meter fraile.
Secretos son tus juicios,
Dios eterno inescrutable,
a quien mató, diste muerte,
vida a mí para llamarte.
Dios me tiene de su mano,
sin duda quiere ampararme,
para algún muy grande efecto
sin duda quiere guardarme.
Este es Fabio, Tito amigo.
Dios le mató, porque pague
la muerte del inocente.
Barrabás le lleve y trague.
Llevemos los dos el cuerpo
a ponelle en otra calle,
porque no diga Perosa
que en esta fue tal desastre.
Por este señor se dice:
quien tal hace, que tal pague.
Mejor fuera que dijeran:
este murió como fraile.
Vanse, y llevan el cuerpo, y salen el Rey, Leandro y acompañamiento.
En tan temeraria noche,
con tantos truenos y rayos,
¿quieres despachar, señor?
Dese aviso al secretario,
¿qué importa la noche, este
todo el mundo amenazando,
para el despacho de pobres?
Furia el cielo está mostrando,
según veo.
Importa poco,
que esto de pagar trabajos
padecidos en la guerra,
es bien saber premiarlos
en todo tiempo.
Don Juan
viene apriesa.
Es tan soldado,
como en las letras que tiene
maravilloso letrado.
Sale don Juan, y Tito, de noche.
Aunque de noche, señor,
te traigo nuevas de un caso
peregrino.
Don Juan, decid.
Salí la ciudad rondando,
y en una calle encontré
con el maldito de Fabio,
conocióme y conocíle,
y con las armas entrambos,
fuertes nos acometimos,
cuando el cielo manda un rayo
que le mate, diole, y cae
a mis pies, casi rozando.
El suceso es milagroso.
Pagó con la vida Fabio
la muerte del inocente.
El cielo le dio su pago,
merecéis grandes mercedes,
de nos tendré gran cuidado.
Beso vuestros pies mil veces.
Vamos agora al despacho.
El nuevo sol en Italia,
ilustre y sacro senado,
en otra segunda parte
mostrará más nuevos rayos.
Vanse.
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