귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo mejor es lo mejor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/lo-mejor-es-lo-mejor.
123
K - 6.
Don Antonio Cardona y Borja.
Lo mejor es lo mejor.
Legajo 1º 12
1/1
Lo mejor es lo mejor
Lo mejor, es lo mejor.
LO MEJOR ES LO MEJOR Fiesta que se escribió para celebrar el día del nombre de de la Reina Madre nues- tra señora Doña Mariana de Austria. Y se representó a sus Majestades, en el Salón de Palacio día de sus Reales años, veinte y dos de diciembre de mil seis- cientos y ochenta y dos. Escribióla con loa y sainetes Don Antonio de Cardona y Borja, Mayordomo del Rey Nuestro Señor y de su Consejo supremo de Aragón, Marqués de Castel Novo.
Dos Ninfas. El mes de Julio. Los cuatro elementos. El de Diciembre. España. Dos coros de música.
Píntase en la cortina una ave fénix entre las llamas. Lema latino. DESINIT, ET INCIPIT. Mote castellano. Al mundo, y al cielo asombre el portento que hoy se alaba; pues donde piensan que acaba empieza otra vez su nombre. Van bajando dos Ninfas cantando.
¡Ha del fuego!
¡Ha de la tierra!
¡Ha del aire!
¡Ha de las aguas!
Dentro.
¿Qué llamas?
Dentro.
¿Qué dices?
Dentro.
¿Qué quieres?
Dentro.
¿Qué mandas?
Adorad.
Aplaudid.
Asistid.
Aclamad.
Dentro.
¿A quién adoras?
Dentro.
¿A quién aplaudes?
Dentro.
¿A quién asistes?
Dentro.
¿A quién aclamas?
A la más divina Aurora
que a fuego, tierra, aire y aguas,
con rayos, con flores, con auras, con luces,
ilustra, matiza, mejora, aventaja.
Dentro.
Mis llamas la adoran.
Dentro.
Mis prados la aplauden.
Dentro.
Mi esfera la asiste.
Dentro.
Mis ondas la aclaman.
A la más alta deidad
que a astros, cielos, flores, plantas,
prudente, gloriosa, apacible, divina,
da leyes, da envidias, da aromas, da galas.
Dentro.
Mis llamas la adoran.
Dentro.
Mis prados la aplauden.
Dentro.
Mi esfera la asiste.
Dentro.
Mis ondas la aclaman.
Pues sepa África y Europa.
Pues sepa América y Asia.
Que a esta deidad los cuatro elementos
adoran, aplauden, asisten, y aclaman.
Ofrézcanla fruta,
la tierra con plantas, las plantas con frutos.
Háganla salva
el agua con peces, el pez con escamas.
Cántenla fugas
el aire con aves, las aves con plumas.
Háganla salva
el fuego con teas, las teas con llamas.
Porque contrarias y acordes
del fuego, aire, tierra y agua.
Porque agua, tierra, aire y fuego
den acordes y contrarias.
En peces, en plantas, en aves, en teas,
la escama, los frutos, las plumas, las llamas.
Que en presencia tan divina,
que a su vista tan soberana
la tierra no pesa, el mar no se enoja,
el aire no gime, el fuego no abrasa.
Mas suspended los aplausos,
pues más se explica el que calla;
que a tanta deidad alabar no puede
la turbación que no acierte a alabarla.
Dejad los sonoros ecos,
que aquella de quien se trata,
no hay alabanza que iguale a su nombre,
solo su nombre será su alabanza.
Acaban aquí de cantar. La cortina y se descubren, dentro el mes de Julio y España, que en medio tendrá prendida una tarjeta con el nombre de Ana; y esta se canta también y bajan al tablado.
Suelta, suelta, Sol, que mis faroles
son más que tus arreboles.
No a la porfía desentonen
vuestras voces, cuando hoy todas
sirven al aplauso acordes.
Dejad que pase, que sin causa
aquesta lid os provoque;
y la razón de cada una
expliquen vuestras razónes.
Y tú, que nos lo preguntas,
di, qué inquieres el desorden
de esta contienda, que se reciba
de tu nombre informe.
España soy, Julio, pues aquí
buscamos, pues eres noble
solio del que es objeto
de nuestras emulaciones.
Si a mí me buscan, aquí
merecen, y aquel Sol oye,
Julio soy yo, que hoy, Diosa,
no extrañes que estén discordes,
que saldrán a dar luces tantas,
que asombras tú a la noche.
Yo, pues, cuyo alto dominio
en el Zodíaco componen
del Cancro ya, o ya del León,
suscriben resplandores;
cuya infatigable tarea
da luz y vida a los hombres;
ya días, noches, meses, años
término preciso impone:
viendo que en la circular
porción, que esta antorcha doble
por distrito mío señala
con inalterable orden,
se incluye el día de hoy,
día de este heroico nombre,
que cifra en sí tantas luces,
que las tres letras conformes
que le explican, no sé, si
son tres solas, o tres soles.
A mí el celebrarle toca,
que fuera desdoro torpe
de la estación que domino,
sufrir que ambicioso ose
gozar extranjero aplauso
ajenas jurisdicciones.
Y más, cuando a la mía evidente
sé que su empeño logres;
Canta.
El marzo sus hojas,
junio sus sazones,
abril sus matices,
y mayo sus flores.
Yo, a quien también Sagitario
y Capricornio esplendores
dan, que a mi estación prendan
al afán de días y noches:
yo, que este nombre glorioso
celebra festivo el orbe,
que desde que nombre fue
del águila real del monte,
ya gigante conocida,
y después en los renombres,
admiten sus aplausos,
que pues fue el oriente noble
de esta soberana aurora,
bajo tus constelaciones,
que dadas en mis dominios
avanzar fuera el poder
de los cielos, de los celos,
que a mis furias conformes,
la real cuna así afianzan,
también sus aclamaciones;
y más cuando ofrecen, para
formar aplausos mayores:
Cantan.
Los ríos cristales,
las aves, sus voces,
los brutos, su instinto,
su ingenio los hombres.
Si a los dos agrada, y en los dos
hallo iguales las razónes;
pues tienen derecho claro
tú al horóscopo, yo al nombre;
a más de esto al culto ofreces
Soles, sazones, matices, flores.
Tú al culto ofreces también
Peces, aves, brutos, hombres.
¿Iguales son? ¡Valga el cielo!
cuando son tan superiores
mis blasones.
Eso mismo
digo de los míos, porque
si el nacer de tan augusta,
real princesa fue en el orbe
a grados de Capricornio,
digna que me le corone,
por deidad que hoy impera
en altas claras mansiones,
yo he de aplaudirla, pues debe
ceder el Can el nombre
gloriosa solicitarle.
Peces, las aves, los brutos, los hombres.
¿Y qué, cuando en la cuna
dormida, si serán entonces
astros, resplandores siempre,
imitando sus resplandores:
cuánto más bella la flor
(aun en inviernos conformes)
cuando ya el nácar despliega
que el botón le esconde?
¿no es disposición más decente
de tan augustos albores
que el signo de Capricornio
y el de León? ¿no reconoces
de esta escala del planeta
cuarto, luz siempre del orbe?
¿que este es diurno, aquel nocturno;
que este es fijo, aquel es móvil;
que este es fuego, aquel es térreo;
este de oro, aquel ignoble?
Impérame este; obediente
aquel; este veloz, torpe
y rústico el otro: en fin
mis timbres tan superiores
que la gran porción
de tu imperio recompensa
de sombras; el mío de luces:
y para que nada ignores,
sabe, que Julio domina
que en las altas mansiones
al Sirio, y al azul velo
el León rige, y el Can roe;
y aquesto mismo publican
Soles, sazones, matices y flores.
Otra vez vuelvo a decir
que iguales son razónes.
persuaden, y pues se halla
injusticia en decidirla, obre
la suerte, siendo de verdad
contienda justa. Conforme:
no asisteis los dos a un tiempo
la tarjeta; y lucháis sobre
quién ha de aplaudirla.
Sí.
Pues aquel que en el desorden
de la ansia ciega, al asir
el nombre, quedó del nombre
y de su primera letra
más cerca, ese se corone
por vencedor.
Vengo en eso.
Mira tú ahora.
Reconoce.
Parece estar Fileno a la mano derecha.
A cuál la dicha de estar
más inmediato le toque.
Eso se verá leyendo
el nombre ANA; el laurel logre
diciendo, pues del principio
más cerca está, Julio.
Pues entonen,
para aplaudir mis victorias, conmigo
el yelo, rocas, peces, las aves, los brutos, los hombres.
Sea ya, Julio, que vea
que es mío el triunfo.
Las voces
suspended, y los aplausos,
que es mío el triunfo.
Conformes,
¿no habéis los dos convenido
en que la antelación logre
el que la primer letra tenga
más cerca?
Lo que supones
es cierto.
Pues, ¿qué resta
más vecino?
Falso, ¿de dónde
lo infieres?
De que es así,
te lo persuade.
¿Qué te lo persuade?
El orden
de estas tres letras.
Pues, ¿no
por su orden no las lee?
Yerra
tu vista.
¿Cómo es posible?
Vuelve a leer y repara.
Como, ya que no ignores
tu equivocación, a leer
vuelve esa tarjeta.
A.
No equivoques
la verdad.
N.
Empezando
a leer por el fin.
Señala a Julio.
No apoyes
un error, que el fin es ese.
Este es el principio.
Errores
padeces.
Lee empezando
desde mí, y di a cuál responde.
Porque veas tu engaño, ya
leo.
Ana, ¡qué confusiones
son estas!
(Lee empezando al revés.)
Que se engañaba
yo, otra ley miré.
Pues acordes
su aplauso, que en triunfo publiquen festivas.
Olas, sazones, matices y flores.
Dime, ¿en qué consiste este
misterio tan alto? ¿Dónde,
después de las evidencias,
se encuentran las dudas, que torpes
tus potencias están, tanto
como tus sentidos, que rompe
ese denso, oscuro velo;
y así, como se compone
del principio el fin, y que
del principio el fin se forme?
Representando y cantando el coro.
El mismo nombre responda
por mí; pues sus esplendores
le inmortalizan; y para
que el tiempo nunca le borre,
y donde parece que acaba
empieza otra vez su nombre.
Y así repitan, unidos,
júbilos y admiraciones.
Al mundo y al cielo asombre
la fénix real que se alaba;
pues donde piensan que acaba
empieza otra vez su nombre.
¡Oh, pues sois en la hazaña
que iguales, que no inferiores
en la suerte, sea el triunfo
igual en entrambos; porque
uniendo vuestros aplausos
tan nobles emulaciones,
puesto que el diciembre helado
y el julio ardiente conformes
saben triunfar igualmente,
e igualmente se coronan,
que de la verdad más alta
luz y majestad del orbe,
celebren Diciembre y Julio
juntamente año y nombre.
El partido admito, Diciembre hermoso;
y para más noble
colorido, estas tres letras
tengan; es justo se copien
en papel más soberano.
¿Cómo será?
Como apropies a Carlos.
Vuela la bandera.
A Carlos la A ha tomado,
a María Luisa, que no es
de nuestras dichas; la N,
y la A segunda, forme
Mariana, que es augusta
águila que envidia el orbe;
y de esta suerte se ajusta,
que estas tres letras se gloríen
de ser, como dije antes,
más que tres solas, tres soles:
Ya pues, las voces repitan.
Digan las entonaciones
sonoras de entrambos coros.
De uno y otro coro acordes.
Cada copla de estas la canta una voz sola, y después la repiten todos cantando y bailando.
Que viva la aurora
que vence uniforme
las luces del día,
las sombras de noche,
que pues ya de Carlos
los altos blasones
llenan ambos mundos,
busquen tercer orbe.
Que en María Luisa
presto el cielo otorgue
que haya ramas altas
como perfecciones.
Que roben las damas
voluntades nobles,
que pues no la tienen,
fuerza es que la roben.
Y mientras que una comedia
es desempeño más noble
de tanta celebridad,
la una y mil veces entonen
las olas, las flores, las aves, los brutos, los hombres:
Cantando y repitiendo.
Al mundo que al cielo asombre,
la Fénix real, que hoy se alaba,
pues donde piensan que acaba
empieza otra vez su nombre.
Fin de la loa.
Comedia famosa.
Lo mejor es lo mejor.
De don Antonio de Cardona, marqués de Castel Novo.
Personas.
Publio Valerio, llamado después Publícola.
Claudia, hermana de Mucio.
Mucio Scévola.
Marcia, de Publio.
Porcena, rey.
Agripa.
Lucio Bruto.
Lelio.
Colatino.
Mario.
Servio Vindex.
Dos criados.
A toda esta jornada sirve el teatro de palacio y se oyen voces dentro.
Viva del pueblo romano
la libertad.
Pueblo aleve,
es el que a su rey se atreve.
Santo es rey, el que es tirano.
La lealtad es quien le priva.
Romanos, justos rigores
temed.
Mueran los traidores,
y el pueblo romano viva.
Salen Lucio Bruto, Colatino y acompañamiento.
Ya vencieron los leales.
Y ya quedan satisfechos,
y gloriosos.
Y deshechos
de Tarquino los parciales.
Ya Júpiter soberano
repartió con manos fieles,
para nosotros laureles
y rayos para el tirano;
y para afianzar con él
y alentar nuestro desmayo,
dio a Roma un laurel sin rayo,
y a él un rayo sin laurel.
Tú, Bruto, con mano altiva
y valor libraste cauto
a tu patria.
Viva Bruto,
y Publio Valerio viva.
Salen Publio Valerio, Mucio Scévola, Servio, Víndico y acompañamiento.
Eso sí, sea el hemisferio
de esa aclamación testigo.
Viva solo Bruto.
Amigo,
llega a mis brazos, Valerio.
Honras con exceso.
Es mucha
tu lealtad, ¿cesó el cuidado?
Ya todo está sosegado.
Refiérenos cómo.
Escucha.
Tarquino el soberbio, un tiempo
rey de Roma, a quien por justo,
cuantos su ambición, vasallos
le dio, seguro su orgullo,
a que apenas la corona
sobre las sienes se puso
cuando cayó desplomada
del peso de sus insultos.
¡Ah, sujeto rudo a torpes
vicios, ciegos abusos,
que siendo el de sus vasallos
tan cruel tirano, aun no supo
serlo tanto como fueron
los vicios tiranos suyos!
Que el rey de su voluntad
es dueño, yo no lo dudo;
mas lo es para sujetarla,
no para hacerla, y aun juzgo
que injustamente se nombra
rey quien pudiendo absoluto
ser dueño de sus pasiones,
se hace esclavo de sus gustos.
Ponderánle que importa
ser atento; que aunque un rey
será rey justo, mandando
a los hombres, es seguro
que obedeciendo a las leyes
será más rey y más justo.
Nada su barbaridad
templa; que aunque entre las brutas
tal vez el rey de las fieras
doméstico se redujo:
la ferocidad de reyes
de hombres, es tal, que presumo,
que de nadie se habrá logrado
que domesticarla supo.
No hay vida que de su saña
se mire libre; no hay culto
que su impiedad no profane;
no hay caudal que algún tributo
no le rinda a su ambición:
no hay hermosura; no hay puro
honor, de que cruel no triunfe
triunfo atroz, y errado mucho:
bueno es que a una infiel caduca
hermosura, un pecho augusto
se rinda, y que le falte
a su esfuerzo lo robusto;
y que esta misma flaqueza
le haga acariciar el yugo
de su pasión; y naciendo
de su esclavitud, su insulto,
a lo que en quedar vencido
se le dé nombre de triunfo
Lucrecia de Colatino
esposa, que aun sus descuidos
supieron vencer a Diana
en lo hermoso y en lo puro
cuya singular belleza
fue con ignorado estudio
el artífice, y taller
de todos sus infortunios.
Ésta a la barbaridad
del rey Tarquino dio asunto
para qué; pero la voz
no acierta a encontrar el rumbo
de expresar una torpeza
tal, que el destemplado vulgo
si a voces la culpó, voces
para explicarla no tuvo.
Y yo en tal fatal suceso
y tan notorio, discurro;
Solo diré que acosada
y del peligro y del susto
pasmó Lucrecia, al mirar
su agravio, y mortal trasunto;
sin luz la vista, sin alma
la voz, sin latido el pulso,
tomó un puñal, y pasando
a ser su cuerpo difunto
cándido mármol, parece
más que cadáver sepulcro.
Lo magnánimo y lo aleve
se vieron allí tan juntos,
que el delirio, y la constancia
siendo dos, fueron tan unos
que al verla morir se duda
si antes matarla supo
o el impulso de su esfuerzo
o de la ofensa el impulso.
Altérase el pueblo contra
Tarquino; muera los unos
pronuncian, los otros muera
repiten; y siendo muchos
los clamores que se escuchan
el que se oye solo es uno.
Teme el rey, y teme bien
que más cobarde le tuvo
que no el tumulto, el que fuese
justificado el tumulto.
Infeliz monarca aquel,
que los que la ley dispuso
que le teman, son los que
le tienen siempre con susto.
Culpante alguno, porque
viendo ya irritado el vulgo
no depone voluntario
el mando; yo no le culpo
que en cualquiera que tirano
usurpó el cetro absoluto
si usurparle es peligroso
deponerle no es seguro.
La voz de la libertad
por la patria Lucio Bruto
toma el primero, los nobles
le siguen los más; y alguno
que ve contra sí Tarquino
tan numeroso concurso,
cede a este primer amago
y huye tímido y confuso
quedando el pueblo romano
libre de un dominio injusto;
deshechos ya sus parciales,
restaurado el honor puro
de toda, vengado tanto
desusado ultraje, enjuto
llanto tan copioso, ufano
el valor, y glorioso el triunfo;
y bien se conoce que era
de algún irracional Bruto
la cabeza, que temía
Roma; pues sin más impulso
que sacudir la cabeza
quedó sacudido el yugo.
Otra vez me da los brazos,
noble romano, y hoy juntos
mi cariño y tu valor
formen un estrecho nudo.
Publio Valerio, hoy ceñiste
a Roma el laurel augusto.
Tú, Colatino, sabrás
conservar su verdor puro.
Mucho obró Mucio.
No hubiera
Roma, si no hubiera Mucio.
Nada por mi patria he hecho,
y el esplendor que procuro
darla, con él me he quedado;
pues lo que con él me ilustro...
¿Y de mí nadie hace caso?
¿Y que no soy Bruto? ¡Ah, mundo,
su ordinario estilo, que a solos
los dichos sean los Brutos!
¡Viva Roma!
¿Qué es aquesto?
Llegan a un lado, al paño.
La libertad pública, junto
el pueblo romano aplaude
su felicidad.
¡Tribunos
pedimos, cónsules haya!
Vuestro deseo es muy justo,
vuestra ha de ser la elección:
¿a quién nombran?
¡Lucio Bruto
nuestro primer cónsul sea,
y Colatino el segundo!
¿Y Publio Valerio?
Calla,
amigo Mucio, que escucho
¡Cielos, a un monstruo soberbio!
¡Pueblo aleve, ingrato vulgo!
Déjame que de esta infiel
muchedumbre...
No es justo
que con una venganza manches
de tu pecho el candor puro,
que siempre en lo vengativo
queda profanada el triunfo Bru_ Oh, qué ciegamente, con grato Obra el bárbaro tumulto! pues para Cónsul elige a Colatino, y no à Publio. Publ_ Lucio Bruto, el consulado logra dilatados lustros. Bru_ Tu, Publio, el Cónsul serás gozaré tu Sustituto. Publ_ Colatino, con tal Cónsul cobra Roma nuevo orgullo. Cola_ Roma mi lealtad conoce y yo su afecto no dudo. Bruc_ La elección de Bruto aplaudo, la de Colatino Culpo Vase Ser_ Despierta, y no mis lealtades te sirvan Señor de Arrullos; mira al Pueblo levantado a publio y mírate así desnudo Bru_ Ya, Valerios Romanos, supuesto que se introdujo tan de improviso esta dicha que pudo parecer Susto, bien que el cielo Varias Veces elocuente aun en lo mudo la explicó; pues le sirvieron de palabras los anuncios. fue 15 fue el primero, aquel insigne Délfico oráculo, Cuyo Soberano numen, Loxias Se llamó; y si lo traduzgo en nuestro idioma, es lo mismo que Caviloso o confuso. Consultante a la Deidad entre reverentes humos, si de Tarquino el Soberbio sería sucesor Justo? responde que el que primero o cariñoso o astuto llega estrechar a su Madre con un abrazo; tuvo muchos que el sentido literal tienen por el más seguro: yo al Alegórico inclino con un no vulgar impulso; y atendiendo a que la Tierra es nuestra Madre, discurro que abrazándola, del cielo la mente oscura contraigo: Así fue pues, y a la tierra liberal goza; y el nudo o abrazo, que la di, Padre de mi Madre hacerme supo cuando intentaba el tirano con más ambición que Culto edificar
edificar en el monte de Tarpeya, un templo augusto al Dios Júpiter abriendo las Canjas en lo profundo del Dios término, Una estatua Se halló; y aunque todos juntos los Operarios, procuran sacarla, ninguno pudo moverla; y los Agoreros declaran, que ya al injusto Tarquino, ya su Reinado el Cielo término puso. Habiendo que hallaron luego en la misma Canja, junto a la estatua Una Cabeza que aunque de Cuerpo difunto el Semblante era de Vivo Sienten, que a Roma tributo Han de rendir las naciones y que Cabeza del mundo ha de ser; y aunque este monte nombre de Tarpeya tuvo del Monte Capitolino desde entonces Se le puso. Fue el tercero Vaticinio, Dentro 16 Dentro _ cuantos el Palacio impuro Cautivan de Tarquino han de Salir. Dent. Clau. Ciego Vulgo no injuries a quien los dioses privilegian, Como injustos (Salen Claudia, Mar= Padres de la Patria. Pub. Cielos. cia y otras Vírgenes Claudia a quien ofrezco Culto llorando) no es esta, y mi hermana Marcia? Marci _ Marcia a quien almas tributo no es esta?, y Claudia mi hermana? Clau _ Como permitiendo insultos, Cómplices Venís a haceros en el bárbaro tumulto? Si en el Templo, y en Palacio logró el oráculo Sumo de la Diosa Palas, Seamos Sacerdotisas, es justo motivo para igualarnos Con un tirano? el retiro negándonos, y mandando Sacarnos de Roma, es justo, que igualmente Se gradúen la tiranía y el Culto? y que por tan delincuente acción a vista del Mundo Como sus torpes crueldades nuestros reverentes Cultos? Mas
Mas si la pena, si el ansia
de la Congoja, si el susto
con Voz que a Nuestro oído
les entorpeciere el Uso
Volved los ojos, Volved
y Veréis, no digo el puro
Candor de esas hermosuras
Miradlas llorar, y mudo
Convenza el llanto, Sino
os persuade, que astuto
Como cuando Castigan
de un Rey crudos abusos
Cometen, el que sino es
tan crudo, es más injusto?
Corregirlos, y Juzgarlos
es Justicia? Es torpe insulto
bárbara ira, Saña aleve
furor Ciego, Cruel absurdo;
y el mismo también pues quiero
obligaros, y os acuso.
Y así cese la Voz, y hable
el llanto, que ya no enjugo;
que si enmienda lo que lloro
y hace de lo que pronuncio
mas si obstante.
No el ruego
que persuada.
¿Qué escucho?
Oigo.
¡Ay de mí, infeliz!
Cielos, ¿y cuándo?
Al punto
Salgan de Roma.
Primero
bárbara plebe.
Si alguno
Se atrebiere.
Donde están Publio a un lado del tablado y Mucio al otro; Sacan las Espadas y Publio va hacia donde está Mucio, y Mucio hacia donde está Publio Claudia detiene al Uno, y Marcia al otro, y Bruto Se pone en medio
Pero Cielos! Háganse
que Se pierden Mucio, y Publio
Visto lo enmiendo: ¿qué es esto?
¿tú irritado?, ¿tú sañudo?
así Viven dos amigos?
¿Con Publio yo?
Con Mucio
Dueños, quieren negarlo
cuando el acero desnudo
¿lo publica? que demencia
rapazada, ea, el disgusto
Cese, y las manos os dad
Yo no estrago.
Yo no abuso.
Ah, perdón, Siento que Ciegos
No Convenís los dos Juntos.
A los dos
separo
Cielos yo me despeñaba
si no me detiene Bruto.
Publio - la Vida a Bruto le debo; O amigo siempre seguro [Vase] Marc - esta es mi mano Publ los brazos formen nuevo Estrecho nudo Bru - Ya asegurado este riesgo atajemos el segundo [Vase] Vosotras nobles matronas Cesad, que en aljófar puro le admiro como portento y le miro como susto; y aunque enriquecen el suelo con tan precioso dilubio deben negaran los ojos que si tesoro tan sumo se entregan al desperdicio que ha de emplearse en el culto? Clau - Noble Bruto Mar Colatino Clau - si a mis ansias Mar si al confuso desordenado clamor de mi pena Clau que no encubro Mar - que Publio Clau no me mires airados Mar atiendes sañudo Clau - en mi despecho Mar en mis Iras Clau - Verá Roma Mar verá el mundo Clau - que en claudia en lugar de cuello que sufre a yugo Injusto [ a p.te ] ay s.a el fiero marte que hay brazo para el escudo [ Vase ] Marc - que en Martia aunque es la venganza Culpa su irritado Orgullo no supo ser delincuente y ser Vengativo supo [ Vase ] Marc - que aunque osado, de su patria la libertad, pudo bruto defender; su libertad [ Vase ] tierno defender no pudo Publ - y Publio, aunque de su vida desprecia Bru detente Publio ( quiere irse Publio ) que no hagas que crezca el daño ( y le detiene Bruto ) con el remedio Publ yo cumplo con mi Dama Bru y la antepones a tu Patria Roma? Publ si Bruto! como vives de Amor libre estás cuerdo. Bru lo procuro Publ - si amante fueras que hicieras? Bru - No sé, mas yo te pregunto, si cónsul fueras que hicieras? Publ - si lo fuera aunque lo Juzgo que no dudara, lo que hacer debiera en mi punto; mas no siéndolo tampoco ( Vase Publio y todos estos ) lo que hacer me toca dudo ( Versos los an dicho el y ) Bru ( Bruto a p.te al apartarse del ) ( Tablado )
Como viejo le aconsejo,
como mozo le disculpo.
Sale un criado.
Un embajador que envía
Tarquino, os desea hablar.
Dile que bien puede entrar.
¿Qué intentará su osadía?
Vase.
Siéntanse los cónsules y sale Agripa, embajador, y se sienta también en una silla que estará prevenida.
Senado ilustre romano,
el grande, el feliz Tarquino,
que maestro de corona
cuando perdió estos dominios,
pues batallando con todas
sus pasiones, ansiado
de sus propios desengaños,
se hizo dueño de sí mismo;
no intenta no, aunque pudiera
verse al cetro restituido,
que un trono ya profanado,
no le juzga de un rey digno:
lo que pide, es, le volváis
su patrimonio, los ricos
adornos que ese palacio
ilustran: el rehusarlo
aunque él fuese delincuente,
violencia fuera, no arbitrio.
No quiere blasones de justo
o dejar a venganza;
sobre la justicia, sin
rencor, porque en el castigo
de un delirio, no parezca
que comete otro delirio:
y a esto vengo, y de vosotros
ya después de haberme oído
pende la paz o la guerra,
ser amigos o enemigos.
Con razón llamas feliz
a Tarquino, si ha sabido
dar pasos hacia su enmienda
que le deba precipicio.
No está profanado el trono,
aunque hubiera perecido
Tarquino en él, que la sangre
vertida de un cruel, indigno,
torpe, tirano, más sirve
que al escándalo, al aviso:
y al contrario, en siendo el rey
justo, piadoso, benigno
da tanto esplendor al trono
que entre sus adornos ricos
los que se ven más hollados
quedan más engrandecidos
sin que de él la tarima
le envidie; pues aunque sitio
menos elevado ocupe
como de sus pies es digno
Real solio iguala el contracto
cuanto la altura a excedido.
Que patrimonio es el suyo?
por ventura otro a tenido
que las torpezas que obro?
Y las violencias que hizo?
y que Ciudadano Romano
no es su acreedor? que linpio
onor no a experimentado
ya que no el daño, el peligro?
Digalo Roma, pues ya
se ve su capaz distrito
desierto de Ciudadanos,
y poblado de gemidos.
Digalo el humilde, el noble,
la Cavaña, el obelisco,
todo desplomado yaze
cediendo hasta el marmol fino;
pues ya es pavimento, el que
sirvio al Capitel, y al friso
de cuyas fatales Ruynas
sabe ser siempre testigo
más fiel y más permanente
el polvo que el edificio.
Buelvete y di a quien te embia
que a quien en su nombre has dicho
solo responde el senado
que la plebe, que a Tarquino
ni Amigo le ade estimar
ni ade temerle Enemigo
Y añade que aquí la Piedad
no incluye, que el Varon digno
solo la conoce, para
huir su ciego jncentibo;
y que negare en que nunca
permite un animo invicto
que entre a aconsejar el odio
en lo que resuelve el brío
Eso Responden los dos,
Todos decimos lo mismo
Levantase el embajador y los cónsules
Pues a Tarquino muy presto
del Rey Porsena assistido
le Concederan armado
lo que hoy le negan venigno
No siempre en laguerra fueron
seguros los Vaticinios
Mirad que otra defensa
se arriesga con resistiros;
pues si hoy deja adbitrio el ruego
la fuerza no deja adbitrio
Esfuerzo de injusta mano
es el vigor muy remiso
lo que a mi labio no Crees
mi espada
mi espada ha de persuadirlo.
Labio engañoso, y espada acero
tirano, tampoco activo.
En la campaña.
En la lid
lo veréis.
Sabréis que alabo
el decir y hacer.
Mirad
que cumpláis.
Lo dicho, dicho.
Y contra Roma al arma.
Alarma.
Otra vez contra Tarquino.
Vanse, y salen Lelio y Mario.
Yo en tu nombre y en el mío
palabra a Tarquino he dado
de que si hoy en el senado
ni Colatino, su tío,
ni mi padre Bruto dan
oídos a su razón
se hará la conjuración
en que muchos entrarán,
que esta austera senectud
quiere con ciega impiedad
que se llame libertad
lo que es más esclavitud.
Dices bien, porque es injusto
poder, tirana violencia
mirar por la conveniencia
y quitarnos la del gusto.
El embajador, señor,
ya de mí fiado se ha...
O yo me he engañado, o ya
ha subido, y llega aquí.
Sale Agripa.
Lelio amigo, Mario, ¿estáis
solos?
Sí; ¿qué han respondido?
Sabréislo si me escucháis.
Hablan los tres, y sale Servio.
Métese detrás de un bufete.
A Lelio me envió a llamar
Bruto, mas ¿qué llego a ver?
¿justo será obedecer?
(no, más justo es escuchar).
Si eso dicen, ¿qué esperamos?
Ved, si aceptáis el partido
que Tarquino os ha ofrecido.
¿De eso dudas?
Aceptamos.
Pues en mis manos jurad
los dos cumplirlo.
Llegan los dos a jurar en manos de Agripa, en que se trabe pleito homenaje.
En tus manos
por los dioses soberanos,
y por la suprema deidad
que en cielos y en tierra manda
juramos con pecho fino
volver el reino a Tarquino
o morir en la demanda:
y si a mi valor seguro
se opone el senado rudo,
acabar con el senado.
¿Juras lo mismo?
Seguro.
De lo que he oído colijo
que a Lelio cuadre o no cuadre
quiere que lleve su Padre en Caperuza; a buen hijo! Agri - mira que al que más esfuerzo y más obstinado. Vi [fue a tu Padre] Leb. Para mi no hay más Padre que mi gusto Agri - Advierte que es desvarío el que muestra tan ardiente desatino. Mar. mi Pariente más cercano es mi apetito Agri - Oh, cuánto Vuestra fieleza me halaga obliga y confía Leb - Verás cual es mi osadía Mar - Sabrás cual es mi fineza Agri - Y pues nada hay ya que fino Vuestro Valor no prevenga Los 3 - En hora dichosa Venga a sus Palacios Tarquino [Vanse, y sale Servio de debajo del bufete] Servio - Sea en dichosa hora no impida que el susto en mi adentro el habla; este bufete es la tabla en que he escapado la Vida Perros Viles Traidores por que os conjuráis taymados Y estáis endemoniados para que hacen conjuradores? A mi amo quiero buscar a él 22 a el mis lealtades apelen y antes que ellos se rebelen lo quiero yo revelar este es, cantare de plano: [Entra por Una puerta / y sale por otra / y sale Publio / hablan Servio y Publio / y salen Bru^o y mucio / y colatino, y acompaña/mento] Señor Pub. Servio a que has venido? Serui - escucha. Bru. este prevenido todo que si este tirano incitado contra mi intenta nuevo furor Publ - que os intiman Ser. Señor Pub - A la Corte? Ser. Señor, sí Pub - Aunque en Bruto hay leal brío y en colatino arrogancia temo les falte constancia que Uno es Padre y otro es hijo; mas Venzan las puras llamas ardientes de mi lealtad: Senado a Publio escuchad Cola - que quieres? Bru. a que nos llamas? Publ - Sois leales? Bru. no lo ignores Publ - es culpa el no serlo? Bru. es llano Publ - y es Tarquino? Bru. tirano Publ - su secuestro? Bru. Vos traidores Publ - Vuestra lealtad? Bru. mantenerla Pub - Vuestra Patria roma Bru. Amarla Publ - su tirana Sangre Bru. agraviarla quiere
quiénes se harian? Bru. Vencerla Publ -- Si le he tuviese Bru. No acabes la razón, que a el mi am.o librara. Pub. No? Bru. No. Pub. Pues di? Servio Vindex, lo que sabes Serui -- Luego Bruto que mandaste que fuese a llamar a tu hijo llegué donde juzgar pude que estaba; y hubo jun.ta tres hombres; y aunque me Vi' cerca de ellos, no fui Visto; que hablaban con tal recato y tal cuidado, y al ajeno que en los tres se conocía no atento en lo discurrido. Reparé en que uno será Agripa Embajador de Tarquino; los otros nobles Romanos Son, y p.a no ser prolijo Juraron restablecer (a Tarquino y así m.mo acabar con el Senado Y este que intentaba impedirlo Bruto -- Cesa no les nombres Calla que de Unos Viles indignos labios, ofende siempre el mas el mas el nombre del delito en su presencia dirás lo que aquí en la mesa has dicho? Serui -- Como no les desen uelto Sí diré. Bru. Pues ya que sirves que lealtad muestras, por el en mi arraigo.o Caudillo mucho has de deber de esta acción; y Constando en pleno Juicio lo que Servio Vindex dice nos darás d. todo aviso Brut -- Infinita obligación, Nunca deja a mi obediencia' arbitrio (Vase) Publ -- Por Soldado iré de Miusio porque un lance en que peligro Corren mi amigo y mi Patria mejor es Verlo que oírle. (Vase) Serui -- Sea, Servio, que es el dia del triunfo el lauro y el vítor. (Vase) Brut -- Ya pues a este nuevo riesgo; que los Dioses fingiendo Ser crueles en disponerle y en descubrirle benignos Ocurrimos, bien será, que tu Sobrino y mi hijo. (Sale Colat.o) concurran Con Bruto a hacer SELLO TERCERO, TREINTA Y CUATRO MARAVEDÍS, AÑO DE MIL SETECIENTOS Y SEIS.
asegurará este Servicio Cola - Pues bien, Cayo; dí a Lelio: (Vuelve a asir que a Mario: mas que improviso Corrado rumor que me introduce a ser Oyense ruidos Susto aun, antes que nacido? dentro) Dentro Cóns. Ninguna exención les valga prendedlos; y si se altivan y defendieren matarlos Den. Lelio - Y aun acero? Den. Mari. Y o un brío? Lelio - que os rendiste? Mar. Nos rinde? Bruto - A Lelio oigo Cola. a Mario oigo Bruto - O cuanto me ha suspenso que Sin esperar mi avío Lelio, a Mucio asista. Cola. O cuanto ver con Mucio a Mario extraño Mucio - En ejecución de vuestro (Salen Mucio, precepto obedientes fuimos, Publio, Lelio, Ma- Publio, y yo de Vindex guiados, rio preso, Servio y de no poca seguida; y acompañami- y nueva hazaña a que ento) Salvo de Roma, prendimos a otros dos, que de tan alta traición están convencidos. Bruto - Segunda vez a su Patria le asegurarasse el Asumpto: y Viene contigo Lelio? Muci - Si señor Cola. Viene contigo Mario también? Mu. No le ves? Bru - A mis brazos llega hijo; tu as obrado Como tal Lelio - Ánimo, temores míos: pues lo que mi Padre aprueba No hay que temerle. Cola. Tu sobrino. procedes Como quien eres (Abraza a Mario) Mari - Pues halla Un apoyo en mi tío mi intención, no hay que temer Muci - Cielos, ¿qué veo? Pub. ¿qué he visto? (habl. a Serui - Recátose, disimulo aquí p.te) los buenos en el Conse. Brut - Y quienes son los traidores? Muci - que dice Cielos divinos? (Ap.te) los presos son Lelio y Mario; esto ofrece a mi brío; mas que, pues son los traidores toca al Senado decirlo Cola - Mario el Preso! Cielos que oigo? (Ap.te) Bru - el preso Lelio! que he oído? (Ap.te) Cola - Es mi sangre; ah, dulce halago! (Ap.te) Bru - Es mi hijo; ah, cruel hechizo! (Ap.te) Cola - Lelio, ha de librar a Mario (Ap.te) Bru - Pueda yo más que yo mismo (Ap.te) Muci - Temo a Bruto Publ. Vencerá (Ap.te) su lealtad a su Cariño Bru
Bru - Sois Vosotros de los que prendió Mucio? Lelio Ahora lo ignoro con razón, Señor. Bru Sabéis la Causa Leli. Pues m.i designio apruebo nada aventuro en decirlo; Ser amigo (Vase de Tarquino, y desear Verle el cetro restituido Bru - y es Cierto que lo intentasteis? Leli - Y que hemos de Conseguirlo Brut- Sabéis que Tarquino fue depuesto? Leli Violencia a sido Bru - que es tirano? Leli es testimonio Bru - que gano en ley? Leli es delirio Bru - ¿que hay senado? Leli estiranía Bru - que es absoluto? Leli es capricho Bru - te afirmas en todo? Leli en todo Bru - Tu Mario? Mar. Lo mismo digo Bru - Sea llevadlos; que pues ya los dos han Correspondido al Cargo, podrá el senado (Llevan a lelio hacer de la Culpa juicio. ( y a Mario Publ - cuanto Compadezco o Bruto Varón Constante y benigno que ayas deber Hoy Cruel con tu patria o con tu hijo. (Vase Brut - Supuesto nobles Romanos que estos SELLO TERCERO, TREINTA Y CUATRO MARAVEDÍS, AÑO DE MIL SETECIENTOS Y SEIS. que estos dos hombres, bien digo, / no digo tal; pues ni aun hombre debe llamarse el yn digno, que a su Augusta Coronada Patria, Cruel, y aleve quiso deshojarla los laureles que la lealtad ha tejido. Supuesto que en estas fieras Voraces, mejor he dicho, intentaron, ya lo oísteis, y no acierto a repetirlo, que, a más de faltar palabras para expresar el delirio enmudece ya la Voz al escándalo del oído (Hace Seru.o fallo, pues, que los dos Son dignos de infame Suplicio; Y así, a entrambos les Condeno y no es, no, en Un padre, impío mi dictamen por, que nunca podrá hacerse Contra mi / siendo recta la Justicia ser delincuente el Cariño Serui - cuanto Va que ha dicho alguno / este lance yo le he visto en Comedia de d Pedro Calderon, y no ha mentido; mas
mas si esto pasó en la historia que se escribe, el referirlo no podrá llamarse hierro supuesto que no es delirio; ni podrá ser objeción pues tantas veces se han visto uniformes los sucesos en los casos más distintos. Cola_ Cielos, ¿qué haré? cuando ya sale pierde la esperanza el tiro. Conozca el senado el lustre que creyó, han delinquido gravemente lelio, y Mario muerte merecen; mas digo, siendo lelio, y Mario Nobles pudiendo ser deservicio a su patria no es mejor que perderlos Corregirlos? Atemplado el castigo; es medicamento, que Castigo; más le aprovecha a la vista que no ell Cauterio, el colirio. cuanto más sirve al ejemplo a la enmienda, al beneficio que el estrago que se acaba la Ruina que es siempre avío: Yo a que mueran; no me ajusto Bru 3/ Bru_ Pues los perdonas? Col_ No; arbitrio puede haber. Bru_ ¿Igual será? Cola_ Reprenderlos. Bru_ Es benigno. Cola_ Amenazarlos. Bru_ Es blando Cola_ Enmendarlos. Bru_ No hay camino. Cola_ Prenderlos. Bru_ Ese es piadoso. Cola_ Desterrarlos. Bru_ Es remiso. Cola_ Cadenas hay. Bru_ No escarmentaran Cola_ Rigores hay. Bru_ Serán tibios Cola_ Nada Vasta. Bru_ Nada Vasta Cola_ Pues ¿qué haré? Bru_ tu as de decirlo: no aconsejo, Cónsul soy Cónsul eres Colatino yo, con mi oficio cumplí, tu cumplirás con tu oficio Cola_ Bien está; pues medio no hay que mueran entrambos Firmo. Saca el cartapel sea; llevad la sentencia: Vase ¡Qué mal me harían resisto! del Consulado depongo levántase por hallarme de el indigno Bru_ Senadores admiráis la decisión sen_ Sí, admiramos ya Publio Valerio, Cónsul nombramos. Bru_ Solo confirmo: Publio mis brazos te esperan Pub_ tus pies están más vecinos llega arrodillándose dentro_ Viva el nuevo Cónsul Viva Publio, y Bruto. le Viva abraza
Mua - Siglos viva Pub. fiel amigo. (Abraza à Bruto Serui - Consolada tenga el alma que tal Cónsul ha elegido Bru - En señal de haber dejado la dignidad que has tenido las insignias Consulares depón, por que al tiempo mismo para tomar posesión las vista Publio Cola: Ya quito el traje que en vez de hacerme feliz, infeliz me hizo pluguiera al Cielo que nunca yo me le hubiera vestido ( Vase colatino. Y al mis mo tiempº que se ha ido des- nudando las insignias Consulares se las van poniendo a Publio y se sienta con Bruto Bru - Siéntate ahora a mi lado y usando del ejercicio que te da el senado, puedes una gracia hacer Publ - Pues que no Servio Vindex, con su patria hizo a Roma tal servicio que la preservó - de ser esclava, y a que él lo ha sido hasta hoy: desde hoy sea libre y sea el primer libertino que vote en las elecciones y el honor haya adquirido de Ciudadano Romano. Serui - libre estés de romadizos, y de y de borrascas de Amor te libre el Cielo divino; de Rayos de ojos morenos, de Agua de llanto benigno de fuego, de saña hermosa y de tierra torbellinos garbosos, que con buen aire Se andan Soplando al vedrio Bru - tu Publio, en razón que tengas renombre digno; y elijo que desde hoy todos te llamen Publícola, que es lo mismo que el amante, y honrador del Pueblo. Pub - Grave le admito y por orla del escudo, y dem: armas le dedico Bru - cuán asustado me tiene Cielo lo que hoy resolvimos que todos los que habitan el Palacio de Tarquino, hasta las mujeres, que del Templo suben al río Salgan al punto de Roma desterradas; es preciso que Publícola lo sienta; y por que Comprende el Edicto Una Dama que a su hermana; y Syra
ya andará, imagino el pregón por la ciudad. Sra Vuestro apartar Comigo con Publio yo me avendré: Amigo querido, al servicio de tu Patria importa busques luego a Colatino y aunque vieses abrasar la Ciudad, sin orden mía de su vista no te apartes. Pub[.] -- Señor si no alcanzo el designio obedeceré el Precepto sin inquirir el motivo Vasef Publ -- que Causa Bruto podrá tener? pero que ruido { Cajas y cla= es el que se oye Bru sin duda rines es el pregón, mal me animo Sale Un Criado -- Ya murieron Celio y martio Bruto -- Bien está: decid amigos sabéis que rumor es este? Criado -- es señor, que Unos ministros del senado, publicar una orden suya han querido y hay quien resiste lo intentan Publio -- que se contiende en contra { Levántanse Publio Un decreto del senado e y Bruto ¿hay leal que se oponga? Amigos no deis rodeo que viva el senado el senado? dentro se decimos: Vivan Publícola y Bruto nuestros Cónsules dignos Publ -- A valeroso Romano, y a nobles, leales Patricios; publicad el bando, Bru el cielo Vase sabio, este caso previno: esperad tened; reco preas hacer del senado burla? Publ -- eso dudas Bru se prefieres a tu interés? Publ Nada extimo Bru -- a tu afecto? Publ ya lo oíste Bru -- a tu sangre? Publ ya lo he dicho Bru -- a tu amistad? Publ eso es mucho; mas también Bru a tu Cariño? Publi -- eso es más, y aunque sabré hacerlo, no sé decirlo. Bru -- si el llanto de Una hermosura Publ -- Cesa, por que si el divino Júpiter contra mi patria se armara, a Júpiter mismo le convirtiera en cenizas calvo de sus rayos limpio: que con Roma no compite mi mismo interés mi mismo amigo mi m[isma] sangre, mi m[isma] dama ni Júpiter, ni el Olimpo Bru
Bru- Si Marcia y Claudia Pub. No acabes la razón, que a mi mismo no perdonara Bru No. Pub No. Bru- Pues publicad el Edicto Voz- Moradores de Roma Parad. (Cantan den- Prestad atención tro) a la Voz Sonora que publica, que intima mi Voz; y nadie sea osado a oponerse a la ley del Senado Si teme el Vigor. escuchad atended al pregón Manda que Salgan de Roma los que hoy moradores Son del Sitio que incluye el Palacio en que Tarquino habitó. Manda que la ley Comprenda desde el menor al mayor Sin que de Sexo, ni Sangre Valga a nadie la excepción Manda Clau Apartad, Suspended Publ- Que impide otra vez Clau. Yo (Salen Claudia Publ- Habla airada, estoy sin mi Marcia y to- Clau Publio Cónsul? sin mi estoy? das las mu- Yo que de Una injusta, de Una geres) tirana tirana Cruel opresión tanta mi infelicidad es, tan desgraciada Soy que he de esperar el remedio del que hizo la Sin razón cuando Crey que estuviera a mi queja, a mi dolor que admitía la Justicia ofrecía la Compasión. y cuando hallar lugar al senado Convencido, y así no la Vista de la hermosura el oído de la razón: hallo que más riguroso más injusto más atroz Se muestra hoy, que tú eres Cónsul. que ingrato ! que falso ! yo soy Claudia pero poco importa que piense, que tu traición y que afectando rendimientos mi favor solicito no fue fineza alevosa, sino, que tirana afición es la del injusto aleve, Y di, que solo procuro aprender
se obre con mayor rigor;
pues siempre de la hermosura
se ha de temer la traición.
Dirás ahora, infiel amante,
que el oído se engañó?
Sí diré.
Paradme, que pierda
el juicio.
Templa el dolor.
No oíste, que a las mujeres
comprende?
Sí.
Y yo no soy
mujer?
No, que no es mujer
la que es deidad superior.
Manda, que las que en el templo
hoy sacerdotisas son
salgan; que de las verdades
se ha de tener más temor.
Queda ya duda.
Y muy grande;
pues solo dice el pregón,
que salgas tú, mas no dice
que no te defienda yo.
Manda, que nadie se atreva
a dar auxilio, o favor
a quien destierra el senado
pena de su indignación.
Y dirá ahora?
Llora Claudia
Desfallezco.
Claudia, porque quiere Dios,
que aunque el senado vota, que dices
y estas lágrimas te acompañan.
mueven, Publio, a Claudia; pero
lo mejor es lo mejor.
¿Sabes que eres cónsul?
Sí.
Pues, ¿qué dudas?
Qué sé yo.
¿Sabes tú que adoro a Claudia?
Sí.
Pues, ¿qué extrañas?
Que amor
con tal violencia te arrastre,
que juzgue tu ciego error,
que con tu obligación cumples
faltando a tu obligación.
Dices bien.
No dice bien,
que en el que noble nació
el asistir a su dama
es la obligación mayor.
Sí; pero ¿la honra,
que falta a su punto?
No;
pero no se llame amante
el que con tan tibia pasión
vive, que deja que al cariño
vencerse del pundonor.
Dices bien.
No dice bien;
pues ¿cuándo el que obró
lo mejor, hacia su dama
si obra hacia sí, lo peor?
Sí; pero ¿es delito o culpa
lo que es piedad noble?
No;
mas, ¿es piedad; ni fineza
lo que es con Roma rigor?
¿Aún dudas, Publio?
¿Aún suspensa
está tu resolución?
Mira que tu hermana.
Mira,
que tu dama.
¿A ese blasón
hermoso que se reviste?
Hechizo tan superior,
que agua en los ojos el llanto,
fuego en el pecho, el arder,
aire en el labio, el suspiro,
tierra en lo inmóvil, la acción;
conspiran cuatro elementos
contra mí y en su favor
traen por sus aliados
hermosura y discreción:
que aquella atractiva, y esta
eficaz, con dulce voz
la aconseja en el oído
y manda en el corazón.
¿Otra vez al ciego encanto
se rinde ya tu valor?
¿Y tu palabra?
¿Y mi dama?
¿Y tu patria?
¿Y mi pasión?
¿Cuál es primero?
No sé;
mira, Bruto, que es rigor
querer que la razón mande
donde falta la razón.
Aparte
Cielos, ¿qué haré? Pero dar
tiempo al tiempo es lo mejor:
ya os diré que mañana
daré al Bando ejecución.
Manda que el Bando se cumpla
antes de ponerse el sol,
que en los riesgos también es
peligro la dilación.
Y manda, en fin, que si alguno
lo que el senado acordó
rompiere o dilatare,
se repute por traidor.
Moradores de Roma, parad,
prestad atención
a los ecos sonoros.
¿Cielos, que en este arbitrio
se ha de dejar al dolor?
Si pierdo a Claudia, ¿qué importa
que también me pierda yo?
Ya, Dueño hermoso, a tu lado.
Dioses, en tal confusión,
valga el engaño, supuesto
que su razón no valió.
Publio, ¿qué intentas?
Morir.
¿Si a tan bárbaro furor
se hallase medio?
¿Cuál es?
¿Si hubiese invención
para salir de tu empeño?
No es posible.
¿No? Pues yo
he de hallarla; Claudia, Marcia,
venid conmigo las dos.
¿Qué intentas, Bru?
Que queden bien
tu cariño y tu valor.
Pónese Publio al lado de las dos
¿Me defenderás? ¿Palabra
me das?
Palabra te doy
de obrar de suerte que nada
tengas que hacer tú, pasión.
Soy tu esclavo.
Seréis mi amigo.
Hermosísima prisión
del alma, ¿a mirar no vuelves
a quien te idolatra?
No.
Pues, ¿qué lo embaraza?
El llanto.
¿Y le ocasiona?
El temor.
Temor, ¿de qué?
No sé, Publio.
Amor, en tanta opresión...
Cielos, empeño tan cruel.
Trates en tanto rigor.
Socorro.
Piedad.
Consuelo.
Venid, señoras.
A Dios,
Publio.
A Dios, Claudia.
Fortuna
favorece mi intención.
Pues voy sin Claudia, ¿quién puede
dudar que sin vida voy?
Vanse Bruto, y las mujeres por una parte, y Publio por otra y acaba la jornada primera.
LA ENTRADA DE LA REYNA
SAYNETE PRIMERO
D. Inés Un Podrido D. Clara Un Mentiroso Una Vana Un Vejete Un Lunajudo
Salen Doña Inés y Doña Clara.
Querida, muy buenos días
te dé Dios.
Esta mañana
todas hemos madrugado.
¡Jesús, y qué bulla que anda
toda la noche en la calle!
Como hoy ha de ser la entrada
de la Reyna, está la gente
loca.
Grandísima aguarda.
¿Grande? y tan grande, que anoche
no menos, dijo en mi casa,
un primo de un regidor
como que no dice nada,
que la Villa se había resuelto
a hacer a este día semana.
¿Tiene ella poder para eso?
Su poder a todo alcanza,
exceptuando el acertar
el caracol de unas cañas.
¿Es muy hermosa la Reyna?
Amiga, eso es cosa rara;
no la he visto porque viene
mucha gente a estas ventanas
y la veré; porque sola
no me atrevo.
¿Por qué, Clara?
Porque su hermosura dicen
que es una cara que pasma.
¿Y qué gentes vienen aquí?
Viene un podrido, una vana,
un lunajudo, y también
ni me miréis.
Grande zambra
habrá con esto.
Salen la vana, y un vejete
Y a todos
van entrando en la estacada.
Ésta es la vana.
al vejete
Jesús,
qué mala visión de cara;
si lo supiera viniera
mucho más corta de faldas
que no es gusto, ir metiendo
polvo de gente ordinaria.
Y así, haréis que de aquel polvo
que pisen las Damas,
y a la Reina se levante
cojan un poco y le traigan
que aquel quitará, sin duda,
del esotro polvo las manchas.
Harélo así: ¿a la noche
traerán faroles, o hachas?
Hachas; graciosa pregunta.
¿Cuáles?
Las hachas bordadas.
¡Ay, gran rara loca!
Vanse el vejete y sale el Pucido
Éste
es el Pucido.
¿Que haya
racional viviente alguno
en toda aquesta comarca,
de mil leguas en contorno,
que no venga a ver la entrada
de la reina? y dirán luego,
que por qué me pudro? rara
ignorancia; pues hay quien
en edad tan despoblada
pueda decir que se huelga
sino el que se pudre? Esta es la
verdad; esta, que le digo
a Dios todas las mañanas;
bendito seáis vos, Señor,
que me pudro en vuestra gracia.
El linajudo es el que entra
ahora.
Buena anda la danza.
¡Válgame Dios! qué gran dicha
fuera el de hoy, se le alcanzaran
mis antepasados, viendo
gloriosa Reina de España
a su tataranieta
cuya ilustre, alta prosapia
suya y mía, excede a todas
tanto que de esta Real masa
Carlos Magno y don Pelayo
no fueron más que migajas.
Este que ahora llega es el
mentiroso.
Andallo pabas.
Cierto que hay cosas, que aun vistas
es disculpable el dudarlas.
Este diente negro,
y este ojo con catarata;
viniendo aquí, en el camino
tiraron una pedrada
y dándome en el cogote
saltaron con fuerza tanta
diente, y ojo a la pared,
que del impulso que llevaban,
los volvió al propio lugar
donde estaban; y no es nada
esto, pues cuando salieron
con tal violencia y pujanza
se encontraron ojo, y diente;
y de este, tan afilada
era la punta, que al ojo
le batió la catarata.
Salió una poca de sangre
pero una sangre tan blanca
que lavó al diente lo negro
volviendo entrambas alhajas
a sus propios domicilios
y las dos tan mejoradas
que sin catarata el ojo
quedó, y el diente sin mancha.
¡Santa Lucía bendita!
¿Sangre blanca? ¡Ay, tía ganha!
vuelva a otra parte la vista
que a mujeres tan hidalgas
como yo, no hay ejemplar
de que ninguno a mirarlas
se atreva, sino con tos
de sangre muy colorada.
No tema que se inficione
su noble sangre, que para
riesgos como ese, conmigo
traigo la mejor triaca.
Bien se lo pague; y ¿cuál es?
Tiende sobre ella un papel arrollado en que estará el árbol.
Es el árbol de mi casa,
que poniéndose a su sombra,
y asiéndose de sus ramas
aunque le mire un vizconde
quedará su sangre intacta.
¿Y a qué, que viniendo a ver
un ciego como este, traiga
unos ojos tan triviales
como si fuera a la Alcarria?
Nada está en su lugar, ojos
que en de nada reparan
son buenos para la margen, que no
pero no, que en la cara.
Vaya vuestra merced así de alegre
a que otros ojos le hagan
decentes para este día.
Unos me dan matraca,
digo, ¿hay quien sepa hacer ojos?
Vaya, y diga que en España
no se hace de ojos quien ve a
princesa tan delicada.
Jesús, no sé qué me ha dado.
Inés, traed un poco de agua.
¡Que haya quien quiera enfermar
vendida tan grande! Y que no haya
una buena alma siquiera
que aconseje a una cristiana
que si enferma sea con modo!
Pues, si acaso le importaba
no estar buena en todo el año,
¿no había hartos días? Gran falta
hay de buenas intenciones.
Señora, ¿está vuestra merced opilada?
Harto siento yo no estarlo,
que mis padres con gran ansia
lo han deseado.
¿Ha hecho, prima,
algún desorden?
Yo, nada;
ayer el Duque, mi primo,
me regaló con naranjas
de la China guarnecidas
de filigrana de plata,
y solo este desayuno
he tomado esta mañana.
(Sale Inés con un jarro de agua.)
Aquí está el agua, señora.
¿Qué agua es, amiga?
Agua clara.
¡A la llaneza, alano! Quítese
allá, bien puede arrojarla.
Pues, ¿de qué agua bebe vuestra merced?
¡Ay, más graciosa ignorancia!
¿Las mujeres como yo
beben sino es agua de ámbar?
De esa bebían mis abuelas.
Y yo conocí uno que estaba
hidrópico de beberla;
y era tanta la fragancia
que arrojaba de aquel cuerpo,
que cada Semana Santa
ganaba un pozo de oro,
porque a donde le llevaban,
a donde había monumentos,
que puesto a cualquier distancia,
se perfumaba el ambiente
solo con que él regoldara.
¡Plaza, plaza!
(Miran al vestuario.)
Ya, sin duda,
pasan la Reina y las damas.
¿Qué pasan? ¡Que mejor aún hablar
sepa gabacho! ¿No es crasa
ignorancia decir que
pasan Deidades tan altas?
Flores tan fragantes, tan
divinas, por más que largas
edades el tiempo ocupen
siempre duran, nunca pasan.
Jesús, qué linda es la Reina.
No me lo diga; ¡ay, tan rara
extravagancia!
Pues, de eso
se pudre Vuestra Merced.
Y con gran causa.
¿Causa el ser hermosa?
Pues
¿no es cosa desesperada
que siendo tal su hermosura
y siendo sus prendas tantas
no se haya casado el Rey
doce años antes?
¡Qué gracia!
¿De ocho años?
De ocho meses,
que a esperar a tal hallan,
los Reyes se han de casar
en la cuna o en la faja.
¡Viva, viva!
Gran caterva
de nobleza la acompaña.
(Al pisotón)
Son parientes de Vuestra Merced estos
que traen hábito en la capa.
El Señor Santiago fue
escudero de mi casa;
mire Vuestra Merced si serán ellos.
(Al pisotón)
¡Así fría, pese a su alma!
mis callos no son de bronce.
Jesús, qué cosa tan vasta;
yo hice hacer el otro día
dos callos de porcelana
que han salido bien pulidos,
y a fe que no habrá en España
callos de tan lindo gusto.
Ea, señoras, que abastan
sus locuras, no nos quiebren
las cabezas; linda gracia
es tener aquí a la Reina
enfrente de las ventanas,
y que estemos mano sobre
mano sin decir palabra.
Pues, ¿qué ha de decirla?
Muchas
cosas.
No logrará nada,
que no lo oiga con la bulla.
Cantaré, y aunque bulla haya,
llegarán allá mis voces.
con los pasos de garganta.
Muy norabuena vengas
reina del orbe
a dejar a los días
a buenas noches.
Cada vez que amaneces,
tu aurora hermosa,
temen tanto las luces
como las sombras.
Aun que dentro de ti
estabas lejos,
siempre tuviste cerca
mis deseos.
Casándose con Carlos
que aciertas juzgo,
que no es poco casando
con tu segundo.
Fin del Saynete
Segunda Jornada
Prosigue el teatro de la primera Jornada
Salen el Rey Porsena, Agripa, y acompañamiento
¿Partió ya Tarquino?
Ya
Porsena invicto ha partido
hacia allá.
Si asistido
de tropas vuelve, verá
Roma, que mi rectitud,
mi valor, y mi piedad
reduce su libertad
a mayor esclavitud;
y pues mi amparo le abona,
y aunque el Senado lo impida,
presto verá restituida
a sus sienes la corona;
pocas serán, si fiel
apadrino yo sus glorias,
para contar sus victorias
las hojas de su laurel.
Si el ser Júpiter amigo
dio a la guerra os exhorta,
Romanos, ¿eso qué importa?
siendo yo vuestro enemigo.
A Tarquino le he ofrecido
que si hiciere prisionero
a Publícola, aun del fuero
del conde destruido
ha de quedar; y así mando
al que con osado aliento
le aprisionare, o valiente.
Tú, Agripa, haz echar el bando.
¿Conócesle?
No, señor,
que aunque en Roma no le vi
cuando de orden tuya fui
de Tarquino embajador.
Hemos de entrar.
Solo os pido.
El consuelo nos negáis.
¿Cómo, villanas, cerráis
las puertas a mi afligido?
Salen un criado, Claudia, Marcia y otras mujeres.
Son romanas, señor.
Dices
verdad.
Sin razón te estragas,
pues ya no son enemigas
desde que son infelices.
De una violencia importuna
aquí arrojadas nos ves,
trayéndonos a tus pies
la desgracia o la fortuna.
Fiámonos de un engaño
con mal fundada esperanza,
con que nuestra confianza
fue cómplice en nuestro daño.
No respetan la deidad
de nuestra
diosa, señor;
¿en qué parará un rigor
que empieza por impiedad?
Lágrimas ni persuasión
no bastan, y no me espanto
que lo que no pudo el llanto
no pudiese la razón.
Al fin paga la violencia,
presto el castigo vendrá,
que en los dioses cerca está
la ira de la paciencia.
Nada obra la compasión,
que en los crueles el gemido
se detiene en el oído
y no pasa al corazón.
Por que su palacio al decoro
templo asilamos, sañudo
rigor nos saca; ¿qué pudo
hacer delincuente el voto?
Pues nuestro dolor a verle
llega tu piedad, señor.
Aprende a que es bien mayor
hacerle que recibirle.
Si buscares de estas esquivas...
Siempre piadoso te esmeras.
Haznos, señor, prisioneras.
Cuanto mejor es, cautivas.
Cesad, pues sobra el quebranto
de las lágrimas penosas,
que harto hechizo en vuestros ojos
queda, aunque falte el del llanto.
No os destierra el que procura
que dejéis la patria amada;
Roma es la que desterrada
queda de vuestra hermosura.
Viéndoos llorar, con dolor,
se inflamó mi piedad luego,
que el llanto, también es fuego,
aunque parezca licor.
Rey soy y hombre, estad gozosas,
pues seréis de mí asistidas
como rey, por afligidas,
y como hombre, por hermosas.
Yo os amparo y mi favor
no es dádiva, es artificio,
que pues yo hago el beneficio,
yo soy el que queda mejor.
Señor, que el reino aventuras
si obrar con piedad adviertes;
mueran, que al fin con su muerte
cualquier peligro aseguras.
Vil traidor, de ti me quejo.
Leal soy siempre.
Es ficción,
pues es la mayor traición
darle a su rey un mal consejo.
Mas mi piedad me complace
que mi poder, que es por ley
que más puede mejor rey
mejor rey, el que más bien hace.
Y en vosotras, afligidas,
nobles romanas, descanse
desde hoy el afán; mal dije,
no descanse, sino falte.
Patria tendréis que os hospede,
rey hallaréis que os ampare,
y porque ni aun echen menos
templo, ni altar, ni deidades,
mi pecho os dedica el templo,
él mismo os labrará altares
donde en cada uno cada una
culto logrará de imagen.
Vivas, glorioso Porcena,
tan dilatadas edades
que los más prolijos siglos
sean de tu vida instantes.
Tanto, a pesar de la envidia,
tu vida el tiempo dilate
que el número de sus años...
iguale al de tus piedades.
Jove, que desmintiendo
del sexo, el femenil traje
y deidad, fiera Palas,
el valor incontrastable
invocando entre tus huestes
cuando contra Roma marchen,
hemos de obrar tan ardientes
que digan tus capitanes
que su crueldad, en nosotras
se ha convertido en coraje:
y así...
Mas ¿qué novedad
el clarín y el ronco parche
avisan?
Cajas y clarines, y sale Criado.
Tropas romanas
en esos vecinos valles
se han descubierto; y tus guardas
a reconocerlas salen.
Publícola es gran señor,
tu defensa no dilates,
pon en batalla tus tropas,
pues se ve resuelto a darte
la batalla, el campo mueve:
tus soldados somos, sangre
generosa nos anima;
y grana que en las venas, esmalte
es glorioso, más gloriosa
será cuando se derrame.
¡Oh, cuánto ese noble aliento
ahora a mi esfuerzo añade!
Y, ¡oh, cuánto en tal hermosura
se hace lo fiero agradable!
¡Ea, valerosos toscos,
id alegres al combate,
pues tantas deidades nuevas
son hoy vuestros tutelares!
Cajas y clarines tocan.
Otra vez el bronce avisa.
Toca al arma, Clau, no retardes
a mi ira la venganza.
No más lances embaraces.
¡A las soldadas!
¡A las romanas!
¡A la batalla!
¡Al combate!
¡A la lid!
¡Viva Porsena!
¡Contra Roma el campo marche!
Vanse, sale Publícola, Servio y soldados, y se muda el teatro de bosque.
Romana causa oportuna,
lealtad, esfuerzo y vigor,
en nada que obre el valor
desagrade a la fortuna;
tantas son ya vuestras glorias,
que aunque afanen los trofeos,
no han de poder sus deseos
alcanzar ricas victorias.
Pues llegue a Claudio a perder
que Bruto hizo a mi despecho
no lo que yo hubiera hecho
sino lo que devía hacer.
Veamos si en tan importuna
adversa suerte y tiranía
lo que perdió una desgracia
lo restaura una fortuna
que si esta dicha consigo
y venzo a Porsena audaz
mi pecho quedará en paz
y Roma sin enemigo.
¿Que así tu salud postrar
quieras?
¿Por qué?
Por lo fundo.
Pues dime, ¿hay cosa en el mundo
más malsana que el pelear?
Despreciar la vida es necia
barbaridad, no es valor;
pues más poco da, en rigor
el que da lo que desprecia.
Pues tienes manos no des
lugar a temores vanos.
Yo no he menester las manos
mientras Dios me diere pies.
Muere, pues a merecer
llegaste a ser ciudadano.
¿Y qué es lo que en serlo gano
si he de dejarlo de ser?
El ser cónsul a porfía
qué le valió a Colatino
se hizo ayer el desatino
de morir de hipocondría.
Pero ¿qué nuevo accidente
tanto militar rumor
ocasiona?
Cajas y clarines y sale Troniado.
Ya, señor,
marchando contra tu gente
viene Porsena animoso
valor obstentando, y gala
a tu ejército no iguala
el suyo en lo numeroso
más bien en fieras, y hermosas
con saña, y beldad modesta
de sus tropas a la testa
dos, que sin duda son Diosas:
y si fueran menos crueles
bien Júpiter retrataran
porque entonces te libraran
de sus rayos tus laureles.
Peligrarás si las ves
cierra los ojos si llegas
porque si a mí no ciegas
sabrás de cegar después.
No me asusta ese temor,
que si no a Claudia adoro,
y otro cautiverio ignoro,
que Amor me libra de Amor.
Si este prodigio procura
mi ruina, hay la severa
hermosura, que sabrá
librarme de su hermosura.
La fuerza de la belleza
poca es; pues que a vencer
ha menester el poder
valerse de mi flaqueza.
Y así este temor destierra;
mas ya se oyen más cercanos
los ecos; ¡Ea, Romanos,
a las armas!
¡Guerra, guerra!
Entrase sacando la espada.
Seguidme, amigos, y ahora
mostrad vuestra bizarría,
que llegó ya nuestro día.
Vase metiendo entre unas matas.
También llegó mi hora
de embestir, o huir; y pues
me han de cascar según creo;
si embisto porque peleo,
si huyo porque peleé,
aquí llego a descubrir
unas matas, que modesto
me escondo entre ellas; pues esto
no es pelear, mas no es huir.
Nadie en lo verde se pierde,
que si ha de volverse rojo
con sangre el campo, yo escojo
entre lo rojo lo verde.
Tocan cajas y clarines y van pasando algunos por el tablado acuchillándose como que se da la batalla entrando unos y saliendo otros.
Rayos fabrica Belona.
Rota la vanguardia está.
¡A ellos, Romanos, que ya
desamparan la colina!
Sale Claudia retirándose con la espada en la mano y cargándola Publícola y soldados.
No huyo, aunque me retiro.
Ni yo te intento ofender.
¿Tantos contra una mujer?
Deteneos todos, que miro...
A un ingrato. Ya en mi vida
tu saña ejercer podrás.
No sé si me admira más,
si el verte, o el verte vencida.
Advierte de tu inconstancia
no hagas cargo a mi beldad,
no fue culpa tu vanidad,
y es delito mi constancia?
A mí, Bruto, por mi daño
me engañó; él tome disculpa.
No es culpa el engaño, es culpa
aver sufrido el engaño.
Esta inigma?
Toca la toga
Tienes razón;
con eso a mi queja das
que esto que en ti puede más
ve el trage que el corazón.
Sabes que por ti la vida
arriesgué?
Sí.
Que el Senado
te desterró; y violentado
fui cómplice en tu salida.
Sí.
Pues al Senado acusa,
no a mi obediencia forzada.
No mata el que hizo la espada,
sino aquel que de ella usa.
Tú a tu patria, sin recato,
haces guerra?
Ingrato, sí.
Tú las armas contra mí
pudiste tomar?
Sí, ingrato.
En vano tu voz procura
justificar tus enojos;
mas, ¡ay!, que escuchan mis ojos
las voces de tu hermosura.
¿Te quejas tú?
¿Y eso te admira?
Sí, que mi agravio es mayor.
Eres cruel.
Eres traidor.
Tengo razón.
Tengo ira.
Ira? pues no tu pasión
mi airada razón conquista;
que mucho menos irrita
la ira que la razón.
Oye, nota esa gente
que ha merecido en tu amparo
para acobardar, tu nombre;
para alentarse, tu agrado;
para pelear, tu hermosura;
y para asustar, tu brazo:
vuelve a Roma que yo ofrezco
que en los mármoles sagrados
del templo logres segura
culto tal, incienso tanto
que llegues a ser la embidia
de todos sus simulacros.
¿Será razón que a Porsena
en quien en mi desamparo
hallé acoxida, paguemos
su piedad con un engaño?
no enemigo que primero
es mi palabra que cuantos
inciensos y cuantos cultos
me ofreces fingido o falso.
Señore las Deidades, solo
me dará más soberano
que el haberlos parecido
el haberlos despreciado.
¿Pues tu patria?
La que albergue
me da es mi patria.
¿Tu hermano?
Sangre que de mí se aparta
no es mía ya.
¿De este, tu esclavo?
A ese desconozco más.
¿Ansí tratas los romanos?
Este ultraje.
¡Ah cruel, pues tiene
imperio mayor acaso
el traste del corazón!
Tú me lo habrás enseñado.
No olvides.
Antes me acuerdo.
Vuelve a Roma, dueño ingrato.
Vase.
Prisionera bien podré;
Voluntaria no, a tiranas
cielos que en mi cariño
no queda a un todo mi agravio.
No hay remedio.
No hay remedio.
¿No? pues Dioses, mayor daño
es ver con Claudia grosero
que ser conmigo tirano.
Muera yo, que con morir
triunfos logro; pues al paso
que aprisionarla era ultraje
vendirme yo será lauro
Libre estás, ya gobernar
puede tu elección, tus pasos
Obras como generoso;
que pudiera hacerte ingrato
ver Roma menos cruel
y aquí menos Cortesano
a Dios Publicola.
a Dios
Claudia; ¡oh, cuánto el pronunciarlo
cuesta!
Si acaso...
Si tú...
Piensas...
Oyes...
Que a mi campo
vuelvo gustosa...
Que he muerto...
No es verdad.
No será engaño.
Mas que a tu pena...
Mas que a
mi desgracia...
a este llanto
cree...
¿Llanto ahora? no sé
qué sienta más, Cielo Santo
del que le hayas detenido...
del que le hayas derramado.
Adiós otra vez.
Él vaya
contigo.
¡Ay, Fortuna, a cuánto
obliga el amor!
Paciencia,
cuánto vive un desdichado.
Vase y sale de entre las matas Servio.
¿Si se acabó ya esto? No,
que aún vienen allí cascando;
Publícola sigue a Claudia.
Será que se aparta en salvo:
¿y no repara en que va
empeñándose sobrado,
y en que han ofrecido premio
a quien le echare la mano?
Y allí una legión de bronces,
que más parece de diablos,
viene marchando; y aquí
se acerca Mucio. Si al paso
salgo a decir: «serviré»,
libraré mal: si no salgo
libraré el mal: mas ¿qué dudo
valor? Más temor, ¿qué hago?
Matas otra vez me fecit,
pues poniéndome así en salvo
no parecerá en mi cara
pérdida, lo demasiado.
Vuelve a las matas y salen Mucio y Soldados.
¿Dónde Publícola está?
que sin él nada consigo.
Ahora hacia el campo enemigo
solo con sus guardias va.
Mucho fía a su destino
cuando previno dar orden a
por su persona Porsena
para entregarle a Tarquino;
pero seguirle previenen
mis lealtades.
No así
te aventures, que hacia aquí
tropas enemigas vienen;
Publícola también ya
vuelve hacia aquí.
¡Cielo sagrado!
¿Qué haré? pues me hallo cortado
y ya el enemigo está
sobre mí; si ahora peleamos
desiguales, solo es dar
tiempo a que pueda llegar
Publícola, y nos perdamos.
Y a el deseo, medio hallo
a que, si quiere estrella cruel
que aquí me pierda, yo, del
vencido por perderme yo
sus finezas repetidas
pagaré con mi ardid.
Salen Agripa y soldados
Sea romana verdad,
o las armas, o las vidas.
Publícola armas no entrega,
porque nada hay que le asombre.
¿Publícola eres?
Su nombre
nunca mi valor le niega.
¿Qué es lo que llego a escuchar?
¿Y cuál podrá ser la intención
de Mucio?
Date a prisión.
No lo puedo ya escusar.
¿Tú eres el invicto? ¿El fiero?
De la verdad no discrepas,
podrá ser que algún día sepas
el valor que sale a mi acero.
Mal te salió la victoria.
No tan infeliz soy
como piensas, que quizá hoy
logro yo la mayor gloria.
Ya tú sin duda sabrás
que por ti ofrezen premio hoy.
Con saber que soy quien soy
no he menester saber más.
Ven, donde de tu prisión
galardón mi esfuerzo adquiera.
Vamos, que quizá me espera
a mí mayor galardón.
Torpes, ¿que persevere
este engaño, un día, ni un hora?
Libre yo a Publícola ahora,
y venga lo que viniere.
Vanse, y sale Servio de entre las matas.
Tan hermoso mirador
como estas matas, no tiene
el orbe; aquí mi amo viene:
Señor, apriesa, a Señor.
Salen Publícola, y soldados, y saca la espada Servio.
Pues dejo a Claudia segura
ya logre esta nueva palma:
¡Ay, Claudia!
¡Pese a mi alma!
¿Ahora con esa frescura
vienes, y con esas flores?
¿Cuando contra mil espadas
hundo el mundo a cuchilladas
te estás tú diziendo amores?
Tu voz lo que hay no recato.
Que a Mulcio preso le llevan
y si no es por mí le dejan
muerto aquí a un arrebato.
¿Qué dices?
Digo, señor,
que va prisionero.
¡Oh fiero
hado! Mucio prisionero.
Y aún no es eso lo peor.
¿Pues hay mayor daño? Servio, di;
que a Sirmo fino y modesto
vio a Publícola; y dijo esto
porque no diesen tras ti.
Siendo eso así, ¿das que aguarde
mi amistad, hoy con mi gente
librarle intento si ofende
bien que temo llegar tarde:
si esto no logra el valor
hace lo que debo hacer.
Pues di, ¿te quieres perder?
Lo mejor es lo mejor.
(Vanse, salen Porcena, Marcia, y acompañamiento, y se muda el Teatro de Bosque, en el de Palacio)
Suspende, Marcia, ese llanto
que, ¿qué importa que el cielo opuesto
armas y glorias en mis tropas
cebe su saña sangrienta,
si más que un Cielo destruye
restaura hermoso otro Cielo?
¿Qué importa que la fortuna
conceda otro vencimiento
al Senado? Si de mano
de esta injusta deidad creo
que aun se debe temer más
lo próspero que lo adverso.
Qué mal de mi pena entiende
Porcena la causa, pues la fe
que juzga que interesada
vio sentir dichas, lloro y siento
el feliz suceso de unos,
y de otros, el mal suceso:
y no es así, pues mi llanto
nace de que entre el estruendo
de la batalla a mi hermano
Publícola tan resuelto
o tan empeñado vi;
ya Mucio en su seguimiento
tan arrestado, que de ambos
la última ruina temo:
mas disimular importa
su misma aprensión siguiendo.
Dejo, señor, que mi llanto,
explique aunque mudo y tierno
el pesar de una desgracia,
cuyo impulso cruel, aun siendo
no más que susto, no hallara
resistencia en el esfuerzo.
No equivoques las desgracias,
y las desdichas que aunque pierdo
una batalla, si amante
a ver tu hermosura vuelvo,
ni he podido ganar más,
ni he podido perder menos.
Mejor podré yo decir
que en ti equivocadas veo
dichas y desgracias; pues
tu errado conocimiento
mejor lugar da a lo gentil
que a lo estimable; y aquesto
es juzgar con ceguedad.
Ciego estoy, yo lo confieso,
mas quien con razón adora
no debe llamarse ciego,
pues la vista de los ojos
se pasa al entendimiento.
Aparte.
¿Que deba a Porsena tanto
y tan mal le pague?
¡Ay de
mí! Mucio, tú la culpa tienes
de todo; pues no contento
de ser ingrato conmigo,
también ingrata me has hecho.
Irme es mejor, que es tan mal
disimulo.
¿Lloras? Presto
te vayas, que hiere más
tu ausencia que no tu ceño.
Permíteme...
No es posible.
hacer severo contigo
el interés de mi reino
me mueve, y la palabra
que a Tarquino dada tengo;
y así es fuerza asegurar
tu persona.
Deteneos,
no me embaracéis el paso
aunque seáis el rey, que yo
aún más importo.
Formio,
haced que en pausa ese estruendo
y a Publícola a una torre
llevad.
Salen Publícola y Servio paje
A eso, señor, vengo,
guiado donde manda el rey.
No hablo con vos.
Cielos, creo
que miro.
Conmigo hablan.
Mal lo entendéis; lo que ordeno
es, que a Publícola, arriba
le lleven a una torre preso.
¿Pues a mí me ha de llevar?
Pues, ¿qué sois vos?
Bueno es eso,
mandáis que preso me lleven
y lo ignoráis.
No os entiendo.
¿Ya a quién mandáis prender?
A Publícola.
Esto es cuento.
Pues yo Publícola soy.
¿Vos Publícola?
Esto es cierto.
¿Pues vos qué sois?
Yo, señor,
Publícola.
Pierdo el seso:
¿hay dos Publícolas? No hay dos.
Pues, ¿cuál es
Publícola el verdadero?
Yo.
Por solo desmenuzarlo
probé el procurar saberlo.
Si a mí me crees.
Que así quieras
perderte.
Ofenderme.
El medio
de averiguarlo no alcanzo.
De vos saber me prometo
cuál es Publícola. Ser honrado
de verdad, por deidad que os ofrezco
que os lo estimaré.
Los dos
son, señor, los embusteros:
y si yo hasta ahora he callado,
es porque soy muy modesto,
y de que otros con mi nombre
quieran honrarse me huelgo.
Pero en mí, señor, tendréis
un Publícola perpetuo.
Mirad bien lo que decís.
Quizá loco en el atrevimiento.
Si habéis de ser Publícola, ¿quién
es este que dice serlo?
Es un amigo tan fino
que por mi chico fue esfuerzo
llegar su fineza, donde
aun no llega el pensamiento.
¿Es esto así?
Aún más del nombre de Mucio
quiere usurparme el aliento.
Pues si éste dice, éste es
un hombre con tal denuedo
cuando me vio en el peligro,
como si envidiara el riesgo...
¿Cómo se llama?
No sé.
Sale Publícola.
Esa ignorancia recelo
que hace tu verdad dudosa,
y él que a su nombre asujetó,
¿cómo se llama?
No sé.
¿Qué haré, que en mi pecho riñen
confundidas mis pasiones,
pues la ira que en mi ceño
tuviera al valor, la apaga
la envidia, que a entrambos tengo?
Aparte.
Si de mí pendiera, hiciera
morir a los dos, con eso
acertara con el uno.
Vanlos llevando poco a poco y a este tiempo sale Claudia.
Ya que averiguar no puedo
la verdad, será preciso
que uno y otro vayan presos
hasta hacer más diligencias.
Ea, llevadlos.
Sabiendo
por Marcia, señor, que aquí
estabas solo...
Volvedlos,
pues el cielo te ha traído,
Claudia hermosa, a tan buen tiempo;
a allanar una duda
que a la quietud, al aumento
de mi reino, importa mucho.
Rey y señor, si merezco
ser dichosa, ¿qué mandas?
Aquí están los dos prisioneros
que Publícola uno y otro
dicen que son; fingimiento
por algún fin que no alcanzo
será, pues tú conocerles
es preciso: mira si es
Publícola alguno de ellos,
para que aplauda esta dicha
de salir de este embeleco.
Han de estar apartados Publícola y Mucio hablando los dos, y Publícola de espaldas a Claudia y Mucio de cara.
Cielos, ¿qué haré?, que ya el susto
embarga todo el aliento.
Repara bien si es aquel
de enfrente.
Aparte.
¡Valedme, cielos,
que es mi hermano!
¿Es él? Parece
que te has turbado.
Confieso
ser así, mas no lo extrañes,
porque el que miro, instrumento
fatal...
principal de mi desgracia
fue en Roma; y como le veo
se habrá asomado a los ojos
la ira que asediana el pecho.
Volved lentos aceros,
pues salisteis de este empeño.
El señor no es él?
No, señor.
Cómo se llama?
Valerio,
aunque ese que está de espaldas
será Publicola por Volucio.
Vuélvese Publicola, y dense los dos con admiración.
Qué es lo que miran mis ojos!
Qué es lo que mis ojos vieron!
Claudia, hermana, ¿aquí?
Suspendida
otra vez; Claudia, qué es esto?
Sí, señor, y con gran causa,
que siempre del paso primero
a lo ignorado, es preciso
que haya de ser lo dudoso.
Claudia ofendida, de que
en un justo, cruel destierro,
ya que no obró mi valor,
exageró mi aliento?
Sin duda que nos descubra;
mas a asombro mudo, ciego, temo.
No daré dos caracoles
por uno, dos, tres pescuezos;
aimaras del alma mía,
ahora del refrán me acuerdo,
que vale más salto de
mata que ruego de buenos.
Para asegurarle más,
fingirme irritada quiero.
Sirvan esta vez las iras
a las piedades. Violentos,
injustos, crueles, tiranos,
que contra mi vida fieros,
al más severo rigor
le apurasteis lo sangriento.
Oh que del rey más amable,
más glorioso, más excelso,
juzga esta vez la fortuna
que hizo sus prisioneros;
he de lograr mi venganza
en vuestra ruina; pero
venganza dije? Maldije,
porque el desagrado, el ceño,
la ira, el enojo, la saña,
el odio, el rencor, luciendo
merecidos, y aunque
crueles, pues pasan luego
a otro ser, que el castigar
es justicia; y así es cierto
que enviando el rigor castigo
se hace del celo violento.
Aparte.
Aparte.
Claudia se declara, si
su ardiente furor no templo.
Aunque de haberse ofendido
estamos los dos muy lejos;
pues de su ira o venganza
recelamos, ya, no el riesgo
tememos, que de su mano
aun los castigos son premios.
Bien, señora, que con esta
rendida humillación, temo
que en lugar de provocar
tus rigores, los detengo;
que el rendirme es defenderme,
por que contra un noble pecho
el obsequio más rendido
es el más seguro esfuerzo.
Pues disimula mi hermano,
disimularé. Confieso,
que aunque has sido cruel conmigo,
obligado no te tengo;
pero ese injusto, ese ingrato
que me debe...
No lo niego.
Que me ofende...
No es verdad.
Que me olvida...
Tampoco es cierto.
En su vida...
Esta no es mía.
Vengaré...
No me defiendo.
Suspende la saña, y dime
si acaso es de tu ira objeto
Publicola.
Sí, señor.
No señor, no es, sino un fiero
traidor, un fingido, un falso...
Aparte.
Pues, ¿cuál darías el fomento
de que Publicola, y vos
finjan ser, y un lo mismo?
Aparte.
Pues a Mucio no han de creer,
seguiré designio nuevo.
Pues a Publicola no han
creído, mudaré de intento.
¿No respondéis?
Yo señor...
Sale Marcia.
Que en vano busca el consuelo
una infeliz...
¡Marcia hermosa!
Ya a tus pies; ¡Dioses, qué veo!
¡Aquí, Marcia!
Aparte.
¡Gloriosa alma!
Si lo que miro no es sueño.
Pues que Marcia suspendida
se ha, como Claudia, compruebo
ser verdad que estos romanos
crueles con entrambas fueron.
Vuelve en ti, pues sé la causa,
Marcia, de tu sentimiento.
Ap.º
Alma, respirad, pues ya
no es tanto el daño.
Remedio
de tenerla, y el motivo
saber de su sentimiento.
Ap.º
Vivid, corazón; harás
muy bien, si es justa su suerte.
Para eso, escucha Marcia.
¿Qué mandas?
hablan ap.º
El regio tierno
que adora a Marcia; ¡ay de mí!
¿Pues qué viene a ver mi celo?
Ap.º
Si no puedo hablar a Claudia...
Bien lo has pensado.
Este medio
elijo, pues ignorando
que los escucho, sin recelo
hablarán, de ti fío, Claudia,
que averigües el intento
y del engaño de estos dos
romanos...
Yo te lo ofrezco.
Marcia, ven.
A Claud.ª
El rey te escucha.
¿Que para ver sus tormentos
no más haya de tener
vista y estar tan ciego?
Ap.º
Pues el rey a Marcia hechiza
de su amor valerme piensa
para librar a los dos.
Augusto irritado dueño,
si mi voz en tus oídos
la piedad que busco encuentro;
permíteme el satisfacerte.
Cataíso: no puedo
a fe, si tú a mis dudas
no satisfaces primero.
Vase
A quien manda preguntando
se responde obedeciendo.
Hablan ap[arte]
Servio, ¿qué hace, que me abraso?
¿Qué? irte a tomar el fresco.
¿Resolvióse a ver a Marcia?
Marcia voló como al viento.
Maldita sea tu voz.
Pégale
Malditos sean tus dedos.
De lo estremo de este saco
que es galán de Marcia, empero
Sale el rey al paño
Mi industria a impía fortuna
favorece a mi deseo.
¿Quién os ha dicho, traidores,
que en el claro esplendor regio
de mi sangre podían
caber infames intentos?
¿Somos Marcia y yo mujeres
que al rey que ampara, le demos
por paga de su beneficio
un desagradecimiento?
Laura, no me has entendido.
¿Qué será esto?
Bien te entiendo.
falso. Que esto que habrá dicho
y miente tu compañero,
persuadir a Marcia a que
se vuelva a obrar desentero.
En Roma, alguna disculpa
tiene; pues con tal estremo
la adoras: mas que hayas creído
que yo había de ser medio
para obligarla a que falte
al rey, a ti, y que para esto
hayan fingido este engaño,
nada es, vive el cielo,
tan grande que aunque por mi mal
me diera la muerte, es cierto
que aunquedara acreedora
mi saña, de mi despecho.
Logróse mi ardid.
Señora
repara.
¿Qué estoy oyendo?
ap[arte]
No hay que reparar, traidor.
Atiende.
Ya no te atiendo.
Mira...
Primero soy yo.
Considera...
Considero
que eres crudo.
A Marcia adora.
A mí fiel.
No lo niego.
Yo no culpo...
¿Qué?
Su amor;
sino que...
Su atrevimiento,
y ha de castigarle el rey.
Sale el rey.
Ya hará, Claudia, yo lo ofrezco.
Sabe, señor...
Nada digas,
que todo lo he estado oyendo.
No sé si lo he errado.
Ap.
¿Es
ilusión esto?
Ap.
¿Esto es sueño?
A los dos.
Y si en un amante fino
la mayor pena, el tormento
mayor, es la ausencia; ausentes
has de estar, que yo no quiero
mayor venganza que verte
donde tengan tus deseos
sin ejercicio la vista,
y con uso el pensamiento.
Salid de mi corte al punto,
que nada en perderos pierdo,
y de vuestro injusto engaño
bastantemente me vengo;
que dejo desvanecidos
tus cariños y tus ruegos.
Logróse mi industria.
Y, ¿oyes?
¿Qué adviertes?
Vase el rey y Clau.
Ya nada advierto.
Ea, llevadlos; ven, Claudia.
Vase.
¿Qué dolor no hablarle siento?
Mas paciencia, amor, que su
libertad es lo primero.
Espera.
Oye, dueño ingrato.
Este castigo...
Este premio...
¿Te mereces?
¿Han conseguido?
¿Mi confianza?
¿Mis afectos?
Venid.
Sabed.
Nada oímos.
De esta ingrata...
No atendemos.
Cautelosa...
Cruel...
Pérfida...
No os canséis, que yo obedezco
al rey; llevadlos, soldados,
hasta que en su campo mesmo
queden.
Oye.
Es en vano.
¿No hay remedio?
No hay remedio.
Pues, cielos...
Injustos dioses...
Tan crueles...
Pues severos...
Castigáis...
Ea, acabad.
Tened lástima, a lo menos.
Pues voy muriendo de amor.
Pues voy muriendo de celos.
Vanse, y se da fin a la jornada segunda.
LA PRAGMÁTICA
SAINETE SEGUNDO
Apolo Una Ausente / La Razón Un Despreciado / Un Olvidado Una Celosa
Descúbrese en un trono sentado Apolo, que le hará una mujer, y la Razón en pie.
Canta
Divino Apolo, que en trono
lúcido, deidad, excelso
presides, y alumbras tanto
globo flamante lucero.
Oráculo siempre oculto
pues cuando elocuentes, tersos
tus rayos te explican más
te entiende la vista menos.
Yo en nombre de los mortales
de otro Dios a ti me quejo
que obliga a buscar los daños
para huir de los escarmientos.
Cupido es este, ese injusto
que sabe, químico diestro,
sacar de los beneficios
los desagradecimientos.
Él que hace atrevido tanto,
que venza amante resuelto,
lo que no obró la inconstancia
no hay que esperarlo del miedo,
este, que con insaciable
furor, implacable ceño,
para aumentar los peligros
ha infamado los remedios.
Por eso, pues, tan turbado
está el humano comercio
y de pesares y gustos
tan alterados los precios:
que todo es trampas, pues
del más abonado pecho
quiebra, y con las voluntades
ya no hay que tratar de asientos.
Haya, pues, peso y medida
en todo, que en los afectos
no tendrá peso la carga
si viene la carga al peso.
No tarde el remedio, mira
que aunque ha hecho estragos violentos
jamás el cuidado; aún son
más los que el descuido ha hecho.
gracias), que me creas
más que me atiendas merezco.
Oye de tanto mortales
los míseros lamentos.
Salen un Olvidado, una Ausente, un Despreciado y una Celosa y canta el verso que le toca
¡Ay, que suspiro!
¡Ay, que padezco!
¡Ay, que me acaba!
¡Ay, que me dan muerte!
Un olvido.
Una ausencia.
Un rigor.
Unos celos.
Baja del trono Apolo y representa
Volved otra vez mortales
a explicar el dolor
¿tú qué sientes?
Un olvido.
¿Te cuesta mucho?
Un tormento.
¿Qué le vendió?
Un engaño.
¿Y qué le concertó?
Un despecho.
Canta
Al olvido le dejarás
en su ser, sintieras menos
si el olvido al que se ausente
llega a sentirle
es que hace memoria
del olvido.
¿Qué suspiras tú?
Una ausencia.
¿Dónde está el dueño?
Muy lejos.
¿Vendiola cara?
Sí, mas
estoy que más la encarezco.
Canta
Si enfermaste con la ausencia
ya has hallado tu remedio.
El que de ausente enferma
no ha de quejarse;
pues queda con ausencias
y enfermedades.
¿Tú qué lloras?
Un rigor.
¿Está tasado?
Eso siento.
¿Cuánto diste
por él?
Por él, di un empeño
y el corazón a una ingrata;
gran ingrata, que al tiempo
que yo me estaba empeñando
ella me estaba vendiendo.
Canta
Agasájala y procura
que haga escritura del precio.
Que si se obliga, aunque ahora
sea tan ingrata,
ha de pagarte al punto
que está obligada.
¿Tú de qué te quejas?
De una
falsa cadena.
¿Qué efecto
hacen?
Quitarme la vida.
¿Los compraste?
Me los dieron.
Pues, ¿para qué los tomaste?
Yo no los quería; pero
me lo metió por los ojos
un traidor ciego.
Cesará el riesgo
si tú entonces los cerraras.
Cerré, mas no fue a tiempo
que para herir, tan veloces
entran como un pensamiento.
Olvídalos, que es echarlos
a perder, el cuidar de ellos.
Son los celos alhaja
que nadie compra;
pues cuando más se cuida
de ellos, se toman.
Has oído, cómo el vendado
Dios en los humanos pechos
con nombre de paces, va
las guerras introduciendo.
Ya lo he oído, y gran abuso
a voces pide remedio:
y así mortales oíd
al legislador Supremo
la Pragmática de Amor;
y advertid, que sus decretos
mandan, y amenazan, oídles,
escuchadles, y atendedles:
y ¡ay de aquel que no esté tan
obediente, cauto y atento.
Manda, que ningún olvido
es bien que se vean patentes los yerros;
porque el que aspira a querer mucho
no se ciegue con su afecto;
pues, ¿cómo querrá con sus cinco sentidos
si viene cegando, a tener uno menos?
Que no se atrevan las feas
a ser ingratas, diciendo
que cómo es posible que pueda a ninguno
hacer buena cara quien tiene mal rostro;
Que es de incapaz que cualquier boba
desee ser hermosa, pues yerra
no han de poderles hacer las hermosas
que basta que a muchos obliguen a hacerlos.
Ningún dichoso en Amor
pueda alabarse de serlo,
que como el favor no se acerque al olvido
mejor que la voz, le agradece el silencio.
Esto es lo que Apolo manda,
y al que falte a este decreto
recto condena a que en su albedrío
labre la cárcel de su cautiverio.
Viva Apolo, oíd, Apolo viva,
que hoy prohíbe regir los cuatro elementos.
Pues llantos oíd.
des.
Firmezas del.
Agravios.
Son aguas.
Son aires.
Se entierra.
Son fuego.
Ea, mortales, desde hoy
pagaréis al Amor menos
tributos; que esto os quita
tanta carga a vuestros pechos.
Desde que Val-Amor puso
presillas tan bastas,
no solo va corrido,
sino volado.
¿Tendrá algo que pedir?
Todos quedamos contentos.
Pues el baile se acabe.
No se acabe,
mas la razón primero
debe advertiros
que cumpláis tan puntuales
estos preceptos,
que no sean ceremonias
los cumplimientos.
Fin
Del Sainete
Segundo
Prosigue el teatro de palacio
Salen Publícola, Mucio, Bruto, Servio y acompañamiento
Aquel mozo confesemos
de prisión y lealtad.
A Mucio
Otras mil veces me dad
los brazos.
A Publícola
De la estrema
de tu amor, el mío no estraña
finezas; tu amigo soy.
Abrázale
Ven, Mucio.
A tus pies estoy.
Digo, ¿que ninguno se amaña
a abrazarme?
¡Ah, buen criado!
¿Fuiste prisionero, di?
Pues, ¿si no fuera por mí
dónde hubiéramos parado?
En vano mi voz pondera
mi pena, mi confusión
al saber vuestra prisión.
¿Cómo fue?
Desta manera.
Óyese un clarín y sale un criado
Ahora acaba de llegar
un embajador.
¿De quién?
De Porsena.
Pues prevén
silla, y di que puede entrar.
Siéntanse Publícola y Bruto y ponen una silla, y sale Claudia con un velo en el rostro
Quedaos todos; mal mi amor
vuestra sujeción creyera.
Si el embajador no llega...
Ya está aquí el embajador.
Siéntase
¿Vos sois?
Yo.
No puede ser,
siendo mujer.
No te asombres.
Bien se ve que os faltan hombres
pues que os viene una mujer.
No sé qué decirme quieres,
corazón.
Tu juicio erró;
pues ¿hay empleo de que no
sean capaces las mujeres?
Para admirar sus despojos
no hay que apelar a la historia,
que se escurece la memoria
de adonde alcanzan los ojos.
Si Atlante ha causado asombro
que solo un mundo abrazó;
¿no hay mujer que sustentó
dos mundos sobre sus hombros?
¿No ha habido Semíramis airada
yendo a vengar sus enojos
que por el olvido de sus ojos
se acordó de su espada?
¿No hubo que a la más dura,
más errada obstinación,
convenció
Antes bien que no ofenderte
traigo el embozo que ignoras;
pues dejarle, traer ventajas
fuera para convencerte.
Eso no te cause enojo,
que a mí sola, sin ficción,
me convence la razón.
Y a alguien más.
¿Qué más?
A mí sola.
Descúbrese.
¿Qué es lo que llego a advertir?
La voz puedes suspender,
porque con dejarte ver
no tienes más que decir.
No el acento has de impedirme,
ya que no quisiste creerme;
y pues porfiaste en verme,
has de verme y has de oírme.
Aparte.
Mi hermana es.
¿Estará aquí
Marcia también?
Aparte.
Claudia, ¿cielos,
en Roma? Nuevos desvelos
siente el pecho.
Aparte.
Estoy sin mí.
Porceno, rey generoso,
rey amado, rey temido,
que la justicia es quien sabe
unir temor y cariño,
rey de los etruscos, honor
de los toscanos dominios,
que hoy le respetan y aplauden
pues más vasallos les hizo
que el conquistarlos osado
y el gobernarlos benigno.
En virtud de los tratados
se ha ajustado con Tarquino
y aliándose con él, más
que ambicioso, compasivo,
obligado a restituirle
al cetro está; y aunque impíos
los dioses, que una batalla
pierda Porsena, tan querido.
Reclutadas sus legiones,
forman ya un vivo monte Olimpo;
pues tanto el número es
de soldados y caudillos,
que si los tiros despiden
las puntas de acero limpio,
pueblan la región del aire
tanto, que no hallan resquicio
ni los ardores del sol
ni los rigores del frío
para penetrar el denso
monte de flechas, que unido
contra el sol sirve de sombras
y contra el hielo de abrigo.
Una ruina está en su mano,
que es su ánimo invicto
y tan piadoso, que sus armas
que conozcáis ha querido
que no son de ira forjadas,
sino para persuadiros.
Resistís a un rey,
que yo ofrezco que Tarquino
use esta desobligación
de nombre de beneficio.
Pues sois cuerdos, una enmienda
sálgale al paso al peligro;
mejor es ahora enmendaros
que después arrepentiros.
A esto Porsena me envía.
Ved qué respondéis, no altiva
rehuséis a la razón,
y cónsultéis solo al brío
de ciego; y como está siempre
con la razón tan malquisto,
más que aconsejar aciertos
sabe cometer delitos.
Ya que como embajador
a esta legacía has venido,
que no es digno de respuesta
lo que aquí has propuesto y dicho:
como a embajador respondo,
y como a Claudia te digo
que no es posible ser Claudia;
pues si te oigo, y si te miro
me persuaden mis potencias
que me engañan mis sentidos;
siendo tú.
Levántanse Claudia, Publíc. y Bruto.
La voz suspende,
pues desde el instante mismo
que hizo de mí confianza
el rey Porsena, a que sirvo
y cumplir con lo que soy,
me olvidé de lo que he sido.
Sí, pero...
Nada me digas
que he de responder presto
a mi embajada.
Yo en cuanto
a Porsena y a Tarquino
lo mismo que a Bruto oíste
eso mismo te repito;
pero en cuanto a ti...
No, en cuanto
a mí, mi voz ni mi rostro;
pues no quiero que presumas
que trayéndome el motivo
de asegurar vuestro riesgo
hice mayor tu peligro;
y digas que fui engañosa,
Vase.
y tanto que al tiempo mismo
que mi voz afecta quitarte
almas a tu ciego camino,
mis ojos al mismo tiempo
te llevan al precipicio.
Espera, Claudia, señora.
Señor, ¿has perdido el juicio?
mira que ya como extremo
y Sirtes pones a tiro,
vos otra, cuando no, sus ojos
llevarte su torbellino.
Ea, Publícola osado,
la nación fiel, la a mi ver,
oye de ver otra Patria
Cumplidos los vaticinios
de sus mudos elocuentes
doctos celestes zafiros;
con caracteres de estrellas
han escrito de propicio
tantas veces; y si a Romana
con qué gusto te recibo,
toma a de lograr el fruto
que hasta hoy te guardó el destino,
y di que fue esperanza o sombra
de Roma pasados siglos.
Y puesto que esta batalla
árbitro ha de ser preciso
o al senado, o le defraude
o le establezca el dominio;
procuremos vencer, pues
si nuevo triunfo adquirimos
queda Porsena sin fuerza
y sin apoyo Tarquino.
¡Ay Claudia mía, qué mal
domina el amor al brío!
Vase.
Nada temáis, pues yo solo,
mas mejor es, no decirlo
hasta ejecutarlo: hoy Roma,
patria amada, a mi cariño
y puede ser que a mi celo
también, has de deber fino
lograr tu seguridad
a costa de mi peligro.
Vase.
Y pues cuando el daño pide
ya remedio ejecutivo,
el negarle o dilatarle
son iguales perjuicios:
a las armas valerosos
romanos y siga hoy mismo
al afán de haber lidiado
la gloria de haber vencido.
Vase.
¡Mucho puedes, patria amada,
conmigo, pues sacrifico
mi corazón a tus glorias,
mas con qué pérdida ha sido!
Con mis pasiones; no es mucho
que si es Claudia el enemigo,
mal se compadece ser
buen amante y buen patricio.
Vase.
Si es el enemigo Laura,
no soldados aguerridos
lleven, llegad jardineros
que el campo de Claudia, es fijo
que en lugar de hallarle armado
le habemos de hallar florido.
Vase Servio.
Tocan cajas y clarines y salen Porsena, Marcia y tropas que acompañan, teatro de bosque y tienda de campaña.
Aunque espero que el senado
vendrá en lo que le he propuesto
cediendo su obstinación
a mi piedad; he resuelto
esperar hoy en campaña
puesto en batalla, el suceso
de la embajada.
Aunque juzgas
lo más razónable, temo
que la sañuda ambición,
y que el orgullo soberbio
de los romanos persuada
tanto a su injusto despecho
que esté para sus piedades
ciego su conocimiento.
No habrá ceguedad, que no halle
disculpa en mi amante pecho,
pues en la más rara hermosa
y no es el cegar entiendo
debilidad del sentido
sino fuerza del objeto.
Mas ¿cómo siendo tan grande
la de tu rigor, no el mismo
efecto en mi corazón
hace? pues tan descubierto
le miro, y es estraño
que desiguales efectos
produzcan causas iguales;
y que siéndolo tu ceño
y tu beldad, tan contrarios
en mi pecho obren, que tengo
ceguedad para las glorias
y vista para los tormentos.
No des nombre de rigor
a la atención, que supuesto
que yo una infeliz romana
soy, y tú un príncipe excelso,
cuando ves que no te admito
te estimo, y no te desprecio;
y así atendiendo a tu punto
y al mío también, resuelvo
que no pudiendo igualarte
cortés, ofenderte no quiero.
Puesto que ni con razónes
mi cariño te convenzo
superior auxilio imploro
y de eficacia a mi ruego:
Y pues que de la batalla
he de dar, es bien primero
sacrificar a los dioses
y hacer al mismo tiempo
el voto de tus rigores:
que pues que igualmente venzo
es cierto que no dará
lustre tan grande a mi esfuerzo
ser dueño de Roma, como
ser de tu hermosura dueño.
Y do voy, que al sacrificio
reverentes previniendo
el fuego, el altar, el ara
el ídolo, y el incienso
arda este, hasta que humee
tanto que su culto negro
en lugar de oscurecer
alumbre pues en el templo
más que el incendio del humo
luce el humo del incendio.
Descúbrese un pabellón como tienda de campaña, donde estará un altar con un ídolo, y un brasero con lumbre
Toda, señor, nuestra voz
ofrecemos que con ella,
ya que no más eficaz
será mayor el obsequio.
Ya señor, de su embajada
llegó Claudia. Por hablarte
quiero
y saber lo que responde
el Senado; y mientras vuelvo
quedará Agripa en mi tienda
las órdenes disponiendo
para la batalla: que hoy
si influye propicio el cielo
he de hollar el Capitolio
pacífico o sangriento.
Sale Agripa, y Criados
Vase
Dioses, cómo con vuestra ira
podrá ya mi sufrimiento
si a ella la vais inflamando
y a él le vais enflaqueciendo.
Vase
Oh cuánto de estos Romanos
verter la sangre deseo
que aun del mundo, que en mi saña
es natural lo violento:
pero lo que me han mandado
Porsena ejecutar quiero
Vase Marcial y Porsena. Agripa denota que despide al soldado o a los soldados
Pónese a escribir Agripa sobre un bufete que tendrá delante; y por la parte a donde él estuviere de espaldas sale Mucio
Ea valor, pues que pude
llegar, sin ser descubierto
a la tienda de Porsena
compraré su muerte, al precio
de mi vida; pues así
segura a mi patria dejo.
Y pues matando a Porsena
a Roma libro, mi intento
no es ejemplo de crueldad
sino de piedad ejemplo
Aquí, si yo no me engaño
está Porsena escribiendo
que él solo aquí estar pudiera
sentado, y con tal sosiego:
¿qué aguardo? Muere enemigo
de mi patria
¡Ay Júpiter, cielos!
¿Cómo permitís Soldados
arriba, traición, que me han muerto?
¡Den!
Échale una banda en la cara y dale de puñaladas
(Luchando con Mucio cae en la misma silla.)
¡Traición en mi tienda, amigos!
¡A las armas!
¡Llegad presto!
Ya no hay peligro que temo,
pues muerto a Porcena dejo.
(Salen Porcena y Marcia con acompañamiento.)
¿A dejas muerto a Porcena?
¡Ay!, mas ¿qué miro? ¿Porcena veo?
¿Qué he visto?
¡Porcena vivo!
¿Yo obraré con él? hacedlo;
por más que a la garganta
gustoso el cuchillo ofrezco;
ya, ¿para qué es el cuchillo
si enviáis delante mis celos?
¿No eres tú?
Sí, el mismo soy.
¿El que fingió?
No lo niego.
¿Ser Publícola?
Es verdad.
¿Y el que ha dado muerte...?
Es cierto.
¿A Agripa?
Sí, mas creí
dársela a ti.
(Aparte.)
¡Piedad, cielos,
que estoy sin mí!
¿Qué aguardáis?
¡Prendedle!
(Ha de estar siempre Mucio con el puñal en la mano.)
Esperad; primero
que os venguéis de mí,
vengaré yo mismo, y miento,
Mucio es el que miras, rey
Porcena, y que prisionero
fui, y Publícola fingí
ser entonces; pero esto
fue por que no peligrase
Publícola el verdadero;
el cual voluntario vino
a la prisión también, por luego
prisionero mío fue
Publícola, pues lo confieso.
(A Marcia.)
¿Luego me engañaste tú?
Señor, no.
¿Señor, no? No te entiendo.
Sí; pues negué la verdad;
no, por que al negarla, siendo
Publícola hermano mío,
no es culpable, antes bien creo
que lo fuera el confesarla,
y en cualquier lance que vemos
que es el desengaño infiel,
no puede el engaño serlo.
¿Publícola, hermano tuyo?
Sí, señor.
¿Qué escucho? ¿Luego
Laucha fue quien me engañó?
¿De mi confianza el premio
es este? Pues, cruel, vengaréme
de tu ingrato fingimiento.
Viendo yo que el de mi patria
aventurado el sosiego
(Asido de un dardo el brazo y poniéndole sobre las brasas)
por tuyo des; por un enojo
o por tu alianza; y viendo
que con su muerte aseguro
hoy su libertad, resuelvo
darle la muerte: crueldad
no fue, fue un ardiente afecto
que a instancias de mi lealtad
llegó a cegarme; que no es nuevo
que más, y mejor que la ira
llega el amor a hacer ciegos.
Disfrazado, en este traje
llegué a tu tienda; y creyendo
herirte, ese que apurar supo
la adversidad a un acero
le di la muerte; sin duda
debía de merecerlo;
que aunque en nuestro juicio acasos
parezcan muchos sucesos
nunca el nacer, y el morir
son acasos para el Cielo.
Yo, de buscarte piadoso
tan lejos estoy, que intento
que notes en mi constancia
victorias de justiciero
y así para que castigues
al que faltó a tu respecto
al que faltó a tu confianza
Castigaré yo primero.
Y pues este brazo, otorgo
por no obediente al precepto
de mi generoso aliento
nada constante advierto
ha faltado; y por su culpa
grave, siempre, las que fueron
al principio en mi pecho iras
pasarán a ser incendios.
Arda el traidor en que
padezca lo que padezco.
Y sienta el rigor de las llamas
pues es su culpa notoria
Yo le encaminé a su gloria
y él se fue hacia su ruina.
Yo al mayor triunfo le exalto
queriéndole engrandecer;
y él, pudiendo esta acción ser
hazaña, la hizo delito.
Dése, pues, ya a cenizas
sepulcro, su ardor severo;
pudo ser de mármol; pero
ahora será de llamas.
Y aunque es fatal monumento
el ejemplo lograrás,
que en la ceniza, habla más
elocuente el escarmiento.
tuviese el brío, no el dolo,
honra que harán ufanos
unidos tantos romanos,
y esto hace un romano solo.
¡Esto es morir, corazón!
Y torpe el dolor suspira.
¡Qué noble hombre, que a mi ira
le dé cabo mi admiración!
Que al ver que en aras tributas
para hazañas tan violentas,
si me asusta lo que intentas,
me pasma lo que ejecutas.
Si alguien conmigo a lidiar
llegare, debe temer
más lo que sabes perder
que lo que puedes ganar.
Destaca el más atrevido
pecho, menos asustado
del brazo que te ha quedado
que del brazo que has perdido.
Sin razón estás quejoso
de tu yerro, pues es cierto
que, si lograras el acierto,
no fueras tú tan glorioso.
Y es dicha bien singular,
y fama que a nadie se concede,
que hoy en ti, del errar quede
envidioso el acertar.
Y ya que en tus yerros logras
las más gloriosas victorias,
que al mayor esfuerzo sabes
añadir mayor esfuerzo;
porque del brío, no
quede infamado mi aliento,
libre estás; no has de morir;
con esto a igualarte vengo;
que aunque el intentar matarme
y morir fue mucho, creo
que el perdonarse la vida
no ha de parecerse menos.
Libre estás, digo otra vez;
esto por mí hacerlo debo;
que no quiero yo que digan
que el rey Porsena, pudiendo
ser generoso, ha querido
ser vengativo; ni quiero
que se presuma que yo
castigo lo que celebro.
No es piedad darte la vida,
vanidad es, que aunque es cierto
que si no
viene marchando.
A Mucio.
Espera,
que ¿no salgo a detenerle?
Vete, y diles que no les temo;
pues piadoso y liberal
reconozco tu esfuerzo.
Poco en eso me añades,
que siendo que hoy no puedo
tomar contra ti las armas,
mandando ni obedeciendo;
pues allá mejor que aquí
sabré ser tu prisionero;
que aunque no llevo cadenas,
las de mi obligación llevo,
y estas no podrá limarlas
nunca el olvido, ni el tiempo.
Valiente eres, y eres noble;
no te vas?
Sí, mas primero
permíteme que de Marcia
me despida.
Vase.
No, indiscreto,
mi constancia apurar quieras;
que aunque piadoso, o soberbio
tengo en mis iras dominio,
en mis celos no le tengo.
Ven, Marcia.
Para que hiciesen,
que encubriesen justas crueles
lo agradecida, si había
de estar quejosa tan presto?
Vase
¡Cielos, cielos airados!
¿Rey enemigo, qué has hecho?
¿Tú eres piadoso? No eres
sino tirano; supuesto
que darme la vida fue
para quitármela luego.
Vase.
Dentro tocan
cajas y clarines.
Salen Publícola,
Bruto, Servio
y acompaña-
miento.
Esto de Mucio refiere
un soldado, que ha llegado
del campo enemigo,
a su patria añadir quiere
nuevos blasones.
Su mayor
valor no llegó a admirarse.
Siempre creí que el chamuscarse
desgracia era, y no valor.
Borre de la antigüedad
las hazañas que Severo
supo, en bulto perecedero,
labrar de su inmortalidad.
Y pues ya el campo contrario
nos presenta la batalla,
que esta ribera, que media
entre las tropas romanas
y las toscanas, se duda
si las une o las aparta:
a embestir, nobles caudillos,
que a la fama dais ser y alma;
y pues hoy vuestro aliento, alientos
presta al clarín de la fama.
No temáis que el enemigo
fuerte castro a sus espaldas
tenga, una plaza, en que libre
los riesgos que le amenazan;
que aunque a este abrigo le alienta
una vez la lid trabada,
quizá formará su miedo
de su propia confianza.
Dentro cajas y clarines
¡Arma, arma! Que el enemigo
a aquella colina avanza.
Ea, amigos, hoy es el día
de afianzar a vuestra patria
su corona, y de que alfombras
sean de sus pies las contrarias;
porque la harán más gloriosa,
más real, más soberana,
que la gesta en su cabeza,
las que cubren a sus plantas.
Sacan las espadas
Vase Publ.
¡Soldados, al arma, a ella!
Vase Bru.
¡Soldados, a ellos, al arma!
Vase.
¡Que no sé yo amañarme
jamás a sacar la espada!
Pero no, mejor será
meterla que no sacarla.
Vase.
Aparecen los vencidos, / tres, del torreón. Tocan / cajas y clarines, / y dase la batalla, / y después dicen / dentro:
Seguid su alcance, pues ya
en desorden su vanguardia
se retira.
No temáis,
truscos, pues la retirada
esa plaza os asegura.
Coronad bien sus murallas.
¡Victoria por los romanos!
¡Viva Roma! ¡Publio, patria amada,
logra este nuevo laurel,
y aunque tienen ya hojas tantas
tu real cabeza, que más
que la adornan la embarazan!
Salen Publio, / la Servia y / acompañamiento.
¡Válgame Dios! Y qué bien
que parece cualquier batalla
después de ganada.
No hay
felicidad sin desgracia;
prisionero el cónsul Bruto
queda, Servio.
Fiad en sus canas,
que riendo los hombres brutos
harán dos mil patochadas.
Mucho lo siento, pero
su persona recobrarla
podremos muy fácilmente;
pues luego en la batalla
un prisionero...
Un prisionero de quien
Porsena sin repugnancia
canjeará a Bruto. ¿Qué es
que al cónsul Bruto iguala?
Cayo Flaminio, sobrino
del rey; sea, haced llamada
y del canje trataremos.
Hacen llamada y asómase un soldado / en lo alto.
Ya del campo...
Ya de la plaza...
¿Qué queréis?
Saber si el rey
gusta que el canje se haga
de los prisioneros, de esta
que de otra parte.
A la estrada
encubierta saldrá ahora
su Alteza, que es distancia
más propia para poder
responder y oír.
Su grata
real piedad, siempre unió, juzgo,
las honras con las hazañas.
Salen el rey Porsena, Claudia, Marcia, Bruto / y acompañamiento.
Cierto, que aunque sea cruda,
he de decir que no hay dama
que parezca en un estrado
como un rey en una estrada.
Pues que Vuestra Majestad
ley dorando forma en saña
de su valor, sin que en ella
tenga parte la venganza;
a vuestros pies ambicioso
llego, y a su humillada
investidura, así a mis glorias
no les falte circunstancia.
Feliz vos, que siempre exento
os miro de las desgracias,
pues que vuestro valor más
que la fortuna os ensalza.
Ya os conozco, que algún día
os desconocí.
Tirana
Claudia, tú la culpa tienes
de todas mis ruinas.
Jamás
honras, gran señor, confunden
al mismo paso que halagan.
Mucho, Publio, y a fe
que cumpliste tu palabra.
Vuestra magnanimidad
dio a mi atención enseñanzas.
Aparte
¡Ay, Claudia del alma mía,
puerto y golfo de mis ansias!
Aparte
¿Que siempre al verte he de verte
con celos, divina Marcia?
Aparte
¿Que mi pena, aun en la orilla,
tropiece con la borrasca?
Aparte
¿Que vuelva a empezar el susto
aun cuando ya el riesgo acaba?
Pues entre los prisioneros
dos, con que ninguno iguala
hay solo; el uno es Bruto,
lo es vuestro; otro, a quien ampara
sangre Flaminia, no es mío;
ved si queréis que ambos salgan
de su prisión.
En buen hora;
pero reparad que falta
otro prisionero.
¿Otro?
Otro, y de alguna importancia.
¿De importancia por sí?
Sí.
¿Quién puede
ser el prisionero?
¡Claudia!
¿Prisionera Claudia, a quien
no el sagrado ampara?
Desempeñó mi promesa
que faltó a mi confianza.
A las leyes se sujeta
un rey a dar su palabra.
No hay ley que aquí obligar pueda,
pues no deja en la campaña
oír la voz de las leyes
el ruido de las armas.
¿Cómo ha de ser prisionera
la que en vos libra sus armas?
Y ¿cómo podrá dejar
de serlo la que me engaña?
Yo, señor, no os engañé,
que es muy grande distancia
de una reserva a un engaño:
el silencio a nadie agravia,
que no es lo mismo callar
una verdad, que negarla.
Dice bien; a más de que
cómo puede ser culpada
Claudia, cuando con el mismo
cargo, no es culpada Marcia?
Es su hermana, y fue piedad
el engaño de una hermana;
pero en Claudia fue delito.
Aparte
¡Qué fácilmente que halla
el cariño una disculpa!
¡Oh cuán grande es mi desgracia,
pues a Marcia siento ver
y de Porsena disculpada!
En caso que prisionera
fuese Claudia, y yo librarla
procure, si ella no quiere
será diligencia vana.
Sí quiero, pues aunque a Roma
volver no puedo, en extrañas
provincias, mis desventuras
hallarán amparo y patria.
Ella deliberar puede,
pero sea desengañada
de que si aquí prisionera
queda hoy, morirá mañana.
Aparte
¿Qué es morir? Por esto resuelvo
este ardid, medio y traza
para ver si sacar puedo
mejor partido; pues sana
tanta en mí piedad no cabe.
Sin mí estoy, sin vida, mi alma
importa menos, que importa
el menor susto de Claudia.
Aparte
¡Hasta cuándo con mis congojas,
se han de llenar mis desgracias!
Amigo Bruto, paciencia,
que el cumplir con una dama
no es, no, faltar a un amigo.
Mi vida está asegurada,
libra ahora la que peligra;
mi prisión aunque sea larga
no importa.
no importa
A Cayo Flaminio
y Claudia doy por entregada.
Es razón, pues lo ofreci:
libre estás, mas no te afama
que esta libertad no puede
librarte de ser ingrata.
Pasa Claudia a la parte donde esta Publicola.
Ingrata seré, mas tu
mal mis atenciones pagas.
Claudia adorada, (ay que miro)
a pesar de la desgracia
en mi poder tu hermosura
mi gozo a mi triunfo iguala:
Bruto con mis armas, presto
espero librarte.
Aguarda,
no es facil que lo que ofreces
pueda cumplirlo tu espada.
La fortuna puede mucho.
Mucho, es verdad, mas no manda
en los imposibles.
Pues
quien a esto imposible llama?
Yo, pues al instante que
vuelva a entrar en esta plaza
y al punto también que vuelvas
tu a este sitio las espaldas
morira Bruto.
Que dices?
Lo que oyes.
Pues en tan alta
noble piedad, caber puede
tan rigurosa amenaza?
Si cabe, pues nunca ha sido
segun las leyes humanas
injusto aquel que se vale
del oro de sus armas:
y cuando usas tu a tu albedrio
de las ventajas que alcanzas
no extrañes que yo también
quiera usar de mis ventajas.
Publicola, aquesto se
reduce a solas palabras:
Flaminio es tu prisionero
mios lo son Bruto y Claudia
por uno yo no he de dar
dos; que ha de morir, repara,
el que quedare, tú, pues,
ya está la sentencia dada
antepón el que quisieres
o a tu amigo, o a tu dama:
este rigor aun fingido
halla en mi por repugnancia.
Que Cielos, hallara senda?
entre tan dudosas ansias?
Por Claudia está mi cariño,
por Bruto aboga mi patria:
si salvo a Claudia, me falto
a mí; si expuesto a la saña
dejo a Bruto, falto a todos
los que por padre le aclaman;
pudiendo dar más que yo
que más que yo mi constancia
queda, y a la prisión vuelva
Claudia, pues es desdichada
y pues, que infelice soy,
tanto, que como voz no hallan
las palabras, es mi llanto
el que pronuncia las palabras.
Vuélvete, Claudia; ven, Bruto.
Pues así, tirano, pagas
mi cariño? así obra quien
blasona de sangre hidalga?
es constancia ser cruel?
no adviertes, ay, que te infama
lo que abandonas, y no
te acredita lo que amparas?
mírame y verás qué hermosa
te convenzo, pues si andan
desgracia y belleza juntas,
qué hacer podrás que más que hagas;
si ha crecido mi hermosura
al paso que mi desgracia?
Nada; bien dices, que al verte
de tu llanto acompañada
revoca tierno el cariño
lo que el valor cruel manda:
Bruto, detente, no vengas
Claudia espera, no te vayas.
Pues cómo! Amigo y infiel
como mal patricio, e ingrata
tu liviandad imagina
hacer fineza la infamia?
fino serás con cualquiera
de las dos que el canje hagas
que estimas; pero si
tu resolución bastarda
libra a Claudia, y deja a Bruto
fina será, mas liviana.
Dices bien, ¡Dioses, piedad!
a Claudia
socorro, ved que ya faltan
las fuerzas, porque una vida
no puede con tantas ansias.
Bruto, ambos razón tenemos,
mas la misma razón manda
que la tuya prevalezca
y que la mía no valga:
venciste, Bruto: tu nombre
callo, que si le nombrara
él solo pudiera hacer
prevaricar mi constancia.
¿Que falte en ti la piedad
ya que el cariño te falta?
Suspende ese desperdicio
hermoso de perlas tantas,
bien se ve, que lo que valen
no sabes, pues las derramas.
Aunque aciertes no podrás
dejar de errar lo que tardas.
Mira que en el susto crece
el riesgo con la tardanza.
Su obligación.
Su cariño.
Su fe.
Su dama.
Su patria.
Este llanto.
Estos suspiros.
Esta ternura.
Estas canas.
Te obliguen.
Te muevan.
Vase
Cesa
cruel; enemigo calla
que en lugar de persuadirme
me violentas; que es tirana
la razón, si la razón
en vez de guiar arrastra.
Esto ha de ser, y a la muerte
no temo, que en su fama
exenta nunca tuvo
jurisdicción la desgracia.
y a Flaminio se entregue
y en mi poder queda Claudia.
Pues ¿cómo ingrato, a quien debes
lo que amo, te desamparas?
Ahora verás, si es injusta
Bruto tu desconfianza
o mi amistad por su elección
ni a culparla ni aprobarla
paso, y más vuelto a acordarme
que morirá Bruto.
Vanas
quedarán de mis finezas
y esta vez tus amenazas.
¿Cómo?
Como se requiere.
Un prisionero, que queda
a Flaminio y habías de darme
a Bruto por sí, mi palabra
está empeñada; pero ese
prisionero es el que falta.
(Pasa Publícola a donde están Porcena y Bruto)
No falta, que a instancias de una
amistad fina y hidalga
vengo a la prisión, porque
de la prisión Bruto salga.
¡Ah de...! ¿Por qué veo?
¡Ah, miro!
¡Cielos!
¡Qué fiero esfuerzo!
¡Amistad rara!
Ya he librado a Bruto ahora
la muerte que le esperaba,
dámela a mí, pues la vida
de mi amigo aventurada
a cualquier precio que sea
debo procurar librarla;
y habiendo de elegir uno
de dos riesgos que amenazan,
lo mejor es lo mejor.
¡Detén!
¡Espera!
¡Escucha!
¡Aguarda!
Que mi aliento...
Que mi sangre...
Que mi vida...
¡Oh, mi garganta!
¡Por Publícola se ofrezca!
Claudia hermosa, amigos, Marcia,
yo he de morir, pues yo solo
merezco la muerte por la valía,
yo solo de envidia ofrezco
morir viendo hazañas tantas:
que aun la admiración no puede
comprender más hazañas.
Vivid todos, y vivid
seguros ya de mi saña
que no es nuestra enemiga
una nación tan gallarda:
que con los peligros a pechos
hacéis leales ventajas,
y se ganen los peligros
de parte de su constancia.
Romana, ya vuestro amigo
soy, ya la guerra acabada
queda hoy; y aunque en mis pasiones
hay no sola repugnancia,
como por ser lo mejor
perdone a más de mi patria,
mi cariño, y los Tarquinos
perdonen, que mi alianza
pudo oponerse al Senado,
no al Cielo; que fiel le ampara
y constante, y porque a Roma
vuelvan
vuelvan corrientes, a Claudia
de Publícola la mano,
y Mucio se la dé a Marcia.
Y si en la lid me vencisteis
de Marte, yo en la batalla
de amor me venzo, con que
no quedo a deberos nada.
A tus plantas, rey, me postro
hoy en nombre de mi patria.
Eterno serás, pues nunca
muere quien vive a la fama.
Su piedad solo se vio
de su valor igualada.
Seréis generoso.
Seréis
digno de eterna alabanza.
Claudia, a tus pies aseguro
ser feliz.
Tuya es el alma.
Su esclavo soy.
Con mi mano
te respondo.
Y pues juradas
entre romanos y etruscos
las paces quedan, en altas
voces decid, aplaudiendo
esta feliz alianza:
vivan etruscos y romanos.
Vivan por edades largas.
Fin de la comedia.
LA RONDA
De Palacio
Sainete con que se dio fin a la fiesta
Cuatro mujeres, un galán, don Blas Manchego, dos criados, el Favor, la Esperanza, el Descuido, el Cuidado, los Celos, el Respeto.
Salen dos mujeres con capas, sombreros y linternas.
Puesto que de mi posada,
amiga, sacado me ha
tu porfía en este traje,
¿tu intención no me dirás?
Mi intención es que rondemos
a palacio, pues creo hay
más de dos mil garatuzas
que se visten el disfraz
de atenciónes respetuosas,
y se nos entran acá;
mi curiosidad me obliga
a quererlo averiguar,
y aunque
que aun el alivio en nosotras
es parte tan esencial
no es posible que haya alivio
donde no hay curiosidad.
Pues manos a la obra, allí
un bulto veo;
Ve.
Sale el favor.
Gente de villa.
Nómbrese.
De casa soy.
Llega la linterna.
No es verdad
pues no le conozco.
Soy
el favor.
A gran maldad.
Aquí el favor? Vaya al punto
fuera, a fuera.
Entra dentro el Favor y sale la esperanza con capa amarilla y debajo vestida de verde.
No hagas tal
mejor es que le encerremos
que si el favor sale allá
habrá alguien que le coja
y diga que se le dan.
Dices bien, pero aquí hay otro
espantajo; qué es?
Ay,
infeliz de mí.
Qué eres?
Llega la linterna y le enseña la capa.
El color responderá
por mí.
Pues pajizo vistes.
Desesperación serás.
Esa soy.
Quítale el embozo y vela vestida de verde.
Pero a fingida
hipócrita desleal,
verde esperanza que afectas
pálida infelicidad,
vete,
vete a la villa enemiga.
Vete infiel.
No, no es sagaz
medio que al verla salir
verán también que osó entrar;
mejor castigo prevengo.
Vete.
Dónde me arrojáis?
No has de salir de palacio,
que te has de ir a penar
viviendo entre pretendientes
perennes y obstinados,
peldaño de los Consejos,
sin atreverse a pasar
jamás que los corredores.
Ese es rigor especial.
De qué manera?
Con eso
mi vuelta facilitan.
Cómo?
Porque en cuatro días
la esperanza más tenaz,
si entre pretendientes anda,
desesperación será.
Vase.
Un hombre está aquí, y parece
que duerme.
Ha de estar el descuido recostado en el suelo durmiendo.
Déjale estar,
que será descuido, que es
siempre nos sirve más;
mas despiértale, por ver
lo que dice.
Despierte.
Oye, zagalón?
despierte.
¡Qué tal donaire!
¿Con esta flema se está?
levántese.
Linda gracia.
Acabe de despertar,
que le buscan y le esperan
la pena, el ansia, el afán.
Pase el
¡Ay, que esperen o se vayan!
¿qué piensa que se me da?
que no ha de quitarme el sueño
ninguna pasión mortal.
Cuidado
Allí veo un bulto, y si no
me engaña la oscuridad,
se recata.
Pasando sin mirar
Es el Cuidado,
que pasando sin mirar,
por si ve que en él reparan,
muy ufano quedará.
Tras eso le has conocido.
No me hables con falsedad,
que al mal es bien conocerle
para saber huir del mal.
¿Qué haremos?
Despéjale
y su conveniencia harás,
que el Cuidado aquí es delito
y afuera atención será.
¿Deidad?
Habláis conmigo.
Con vos hablo.
Esa es crueldad
nadie parecer gustosa
quiere.
¡Ay de mí!
Suspiráis.
¿Si ofende?
Buen provecho.
Ya es fuerza que al empezar
corra ya copioso el llanto.
Pase el Cuidado y salen los celos, parece una mujer con capa roja y debajo casaca pajiza, negra y azul
En vano se cansará;
¿qué consigue con correr
si el que no puede alcanzar?
Otra fantasma hay aquí,
extremos haciendo está,
pues que siente y no se queja,
será del respeto. Ya
puedes reconocerle.
¡Sí, es! el no me descubran,
os pesará.
¡Qué amenaza!
¡Qué mal modo de obligar!
¿Tú eres monstruo?
Ese nombre
de monstruo me explica ya
pues soy los Celos.
Llega la linterna y quítale el embozo de la cara
¿Los Celos
y eres mujer?
Traje
traes azul, negro y pajizo.
Ni uno ni otro extrañarás
si reparas que los celos
son la pálida mortal
envidia, la negra rabia,
la azul infelicidad.
No os deje estar aquí. Id antes.
Si me hacéis salir, lo erraré.
¿Por qué?
Porque de los celos
se podrá reparar más
de los que vengan de allá aquí
que de los que salgan de aquí allá.
No intento hacerte salir,
sino no dejarte entrar.
Asídesme, guiadme, que
los celos son ciegos.
No hay
nada aquí en qué caer.
No basta
si hubiere en qué tropezar.
Vase.
Pues todas las galerías
han quedado libres ya,
de esas humanas pasiones,
de ese cauteloso afán
que al que le ejercita menos
es a quien le cansa más.
Volvamos a la posada,
porque, sin duda, estarán
en los corredores, ciertos
sujetos, que a sus solas
buscan, hablando con dos
criados; mas su necedad
les persuade a que los dueños
son, y el uno habla no mal.
El otro es un hidalgote
manchego, gran animal,
Don Blas Gil de Palomeque;
luego que se hace llamar,
parece que ha de llevarse
una dama en haz y en faz
de la Santa Iglesia.
En fin, nos aventura
Moyoles.
Pues, amiga,
vamos alguna a escuchar.
Entran por una puerta, y salen por otra, y sale un galán y un criado.
Ya hay moro en campaña, alerta.
No llames, no, ven acá.
¿Parécete que es el dueño
de la posada esta?
No hay
duda, si yo no me engaño.
Pues apártate hacia allá,
que si viene guarda, ahora,
que al criado buscarás.
Apártase el criado y sale a la ventana una mujer, y tose el galán, y ella también.
Tenga Vmd. muy buenas noches.
Guarde Dios a Vce.
Estiman
debe
debe mucha desconfianza
que usted me conozca.
Habrá
dos horas que vcé. aquí estuvo;
y así no es muy gran señal
de cuidado el conocerle.
¿Dos horas?
Y aun tanto no ha.
No querrá el tiempo ofendido
por el cálculo vulgar
de las horas; las pasiones
con más fiel puntualidad
se miden, y así usted es cierto,
para siglos los tendrá
por horas, y a mí las horas
siglos me parecerán.
Que es la eternidad sin duda
más dura, prolija más,
más cruel, cuando se compone
de instantes la eternidad.
Siempre ha de quejarse vcé.
Tengo razón de confiar.
No, mas no la has de sentir.
¿Esa es piedad?
No es piedad,
mas no es rigor.
¿Será engaño?
Y cuando el engaño es tal
que imita a la verdad, ¿es
muy malo?
Peor será.
Diga vcé. por qué.
Porque
nunca es más perjudicial
una mentira, que cuando
se parece a una verdad.
Hacia acá vienen dos hombres.
Váyase vcé.
¿Por entrar
aguardas? Ya obedezco, pero
vendré luego.
Bien está.
(Cierra la ventana, y vase el galán y salen el
Manchego y un criado.)
No es necio.
Ni él cree serlo.
Ya viene otro.
Éste es don Blas.
¿En fin tan revuelto vienes?
Ello ha dos semanas ya
que yo salí de Tembleque
a casarme; ya en Ciudad,
por negros de sus pecados,
reparo en el ademán
tiene buen garbo y donaire.
¿Señor?
Dicho se está
una que vive en aquel
cuarto segundo, que trae
con tantos lechuguinos, una
lechuguilla de Juan
de Gofe; mas ya a la ventana
está.
está como un provincial;
ahora verás, Pedro, cómo
la hablo con claridad;
yo empiezo ya a acatarrarme,
y si no toserá,
que este catarro se pega
con mucha facilidad.
(Tose el manchego y sale a la ventana una
mujer y tose también)
Señora, beso sus manos
mil veces. Cri... ¿qué dice tal?
Pues no tienen, pero manos
muy bien se pueden besar.
¿Era hora de venir vusté?
El recatarme es piedad
para que, si de mi nota,
no os moteje, señora, el haz;
no vengo, hasta que la noche
empieza a crepusculear.
Discreto es vusté.
La Mancha
no ha tenido engendro igual.
Y galán.
Ahí le duele.
Quiérome desabrochar:
¿Oye vusté?
¿Qué dice vusté?
Hace calor, por bella.
No es señor.
Pues yo, señora,
sudo como un animal.
¿Cómo, aúste, vusté, tan poco?
¿Pues, qué hemos de reventar?
¿Esta es vida o tahona? Y esto
¿de seguir yo a mi galán?
Hablemos claro, ¿es dejarse
servir, o es martirizar?
Si vusté no tiene paciencia
¿qué asueto le tendrán?
Pues, se ha de saber que en mi monda
yo no quiero esperar más.
Resuélvase vusté, o me vuelvo
a Tembleque; ponga a Juan;
aquí no hay medio, señora,
o venga el cura, o marchar.
Note vusté, que es grosería
no esperar un poco más.
¿Quién diablos lo ha de entender?
Cuando al esperar, llaman
grosería, y grosería
al no querer esperar:
quede vusté con Dios, señora.
¿Pues tan aprisa se va?
Señora, voyme a dormir,
que es cara de Barrabás
su señor...
con haberme desposado
¿quererme usted hacer velar?
¿Has visto tan gran menguado?
Oyéndolo al tal hablar
me espanta días y noches.
Abrid, dejadnos entrar.
¿Pero qué ruido es esto?
¿Qué desatento desmán
se atreve a tanto sagrado?
Mejor es salir allá.
Éntranse y salen por otra puerta; y por otra sale el Respeto y vienen con él el Favor, el Cuidado, la Esperanza y los Celos.
¿Qué sois?
¿No me conocéis?
No.
Si queréis reparar,
veréis que soy el Respeto.
¿El Respeto?
¿Lo dudáis?
Sí; pues cuando la Esperanza,
el Favor, el dios rapaz
y los Celos con vos vienen,
mejor os podríais llamar
caos que Respeto.
En eso vos equivocáis,
que los Celos, la Esperanza,
Favor, Cuidado y la más
desordenada pasión,
viniendo conmigo, entrar
puede aquí.
¿Entrar puede?
Sí.
¿Cómo?
Ellos lo dirán.
El Favor soy, y al Respeto
no he menester; que de este real
alcázar nunca salí,
que vuestra severidad
tan encerrado me tiene,
que el más fiel, más perspicaz
desvelo, no ha conseguido
verme la cara jamás;
solo el ocio es mi ejercicio,
que insufrible es el afán
de aquel a quien por tarea
le dan una divinidad.
Cadenas arrastro, susto
de esta casa soy; si allá
del Favor se oye algún ruido,
ilusión es, no verdad.
Quédese acá, quédese acá,
que, mas no, aunque ilusión sea,
asusta el nombre,
pues suelen ser fantasmas
las ilusiones.
Pues también con el Respeto
la Esperanza entrar podrá.
¿Por qué? Por hábito de él
se sabe desfigurar
de suerte, que separando
su más pura calidad
de la terrestre grosera,
queda una materia tal
tan noble, al contraste al cabo
del ceño, y de la crueldad
que no espera merecer
y espera perseverar.
Quédese acá, quédese acá:
no es el desfigurarse
señal de falso:
sino sirve, el que sirve
desfigurado.
Y al fino amor, que al respeto
sigue, ¿y atención no dan?
No ha lugar, Cuy, responde el dicho
que con eso habrá lugar.
Como Cuy, como me verán
con alas, venda, y carcaj
y sin carcaj, venda, ni alas.
Pero, ¿cómo lo ajustan?
Con venda, por no errar;
sin ella, por no errar;
con flechas, por rendirla;
sin ellas, por más fiel paz:
vestido, por lo decente;
desnudo, por ser verdad;
con arco, por la firmeza;
reparo, para no irritar;
con alas, para así ir;
sin ellas, por no dar.
Quédese acá, quédese acá:
que al quitarse las alas
hizo el reparo
pues no ofende, el que llega
tan desalado.
Los celos acompañados
del respeto, claro está
que entrar podrán.
No está claro.
Así está, si advertís, que tan
noble pasión he quedado
que el furor, la altividad
del incendio de mis iras
se convirtió en un pesar
tan generoso, un dolor
tan noble, que no es capaz
de ser ofensa; porque
aunque es sentir y envidiar
es tan respetuosamente
¿Tú a la reina?
Mejor mi voz lo dirá.
Que excediendo sus prendas
tanto a su fama,
dicen que el desmentirla
fue acreditarla.
¿Tú a la reina madre?
Mejor mi voz lo dirá.
Que es madre del sol Carlos,
que al orbe ostenta,
da aún más rayos que hijo
que por planeta.
¿Y tú a las damas?
Mejor mi voz lo dirá.
Que hacen sin gracia alguna
reír las damas,
pues tratan mal a todos,
y esa no es gracia.
Y pues el fin del sainete
se ha logrado ya,
ojalá
que tenga el sainete fin
y que ya su prolijidad
da mucho rato que cansa.
Pues fin tiene.
¿Dónde está?
Ahora lo dirá el silencio.
Mejor mi voz lo dirá:
que se den por servidos
de Sus Majestades,
esto ha de ser, señores,
no hay que cansarse.
Finis.