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Texto digital de Lo mejor es lo mejor

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo mejor es lo mejor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/lo-mejor-es-lo-mejor.

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LO MEJOR ES LO MEJOR

Pag. 1

123

K - 6.

Don Antonio Cardona y Borja.

Lo mejor es lo mejor.

Legajo 1º 12

1/1

Pag. 2

Lo mejor es lo mejor

Lo mejor, es lo mejor.

Pag. 3

LO MEJOR ES LO MEJOR Fiesta que se escribió para celebrar el día del nombre de de la Reina Madre nues- tra señora Doña Mariana de Austria. Y se representó a sus Majestades, en el Salón de Palacio día de sus Reales años, veinte y dos de diciembre de mil seis- cientos y ochenta y dos. Escribióla con loa y sainetes Don Antonio de Cardona y Borja, Mayordomo del Rey Nuestro Señor y de su Consejo supremo de Aragón, Marqués de Castel Novo.

Pag. 4

Dos Ninfas. El mes de Julio. Los cuatro elementos. El de Diciembre. España. Dos coros de música.

Píntase en la cortina una ave fénix entre las llamas. Lema latino. DESINIT, ET INCIPIT. Mote castellano. Al mundo, y al cielo asombre el portento que hoy se alaba; pues donde piensan que acaba empieza otra vez su nombre. Van bajando dos Ninfas cantando.

Ninfa 1.

¡Ha del fuego!

Ninfa 2.

¡Ha de la tierra!

Ninfa 1.

¡Ha del aire!

Ninfa 2.

¡Ha de las aguas!

Dentro.

Fuego.

¿Qué llamas?

Dentro.

Tierra.

¿Qué dices?

Dentro.

Aire.

¿Qué quieres?

Dentro.

Agua.

¿Qué mandas?

Ninfa 1.

Adorad.

Ninfa 2.

Aplaudid.

Ninfa 1.

Asistid.

Ninfa 2.

Aclamad.

Dentro.

Fuego.

¿A quién adoras?

Dentro.

Tierra.

¿A quién aplaudes?

Dentro.

Aire.

¿A quién asistes?

Dentro.

Agua.

¿A quién aclamas?

Ninfa 1.

A la más divina Aurora

que a fuego, tierra, aire y aguas,

con rayos, con flores, con auras, con luces,

ilustra, matiza, mejora, aventaja.

Dentro.

Fuego.

Mis llamas la adoran.

Dentro.

Tierra.

Mis prados la aplauden.

Dentro.

Aire.

Mi esfera la asiste.

Dentro.

Agua.

Mis ondas la aclaman.

Ninfa 2.

A la más alta deidad

que a astros, cielos, flores, plantas,

prudente, gloriosa, apacible, divina,

da leyes, da envidias, da aromas, da galas.

Dentro.

Fuego.

Mis llamas la adoran.

Dentro.

Tierra.

Mis prados la aplauden.

Dentro.

Aire.

Mi esfera la asiste.

Dentro.

Agua.

Mis ondas la aclaman.

Ninfa 1.

Pues sepa África y Europa.

Ninfa 2.

Pues sepa América y Asia.

Las dos.

Que a esta deidad los cuatro elementos

Todos.

adoran, aplauden, asisten, y aclaman.

Pag. 5

Primera.

Ofrézcanla fruta,

Dentro tierra.

la tierra con plantas, las plantas con frutos.

Segunda.

Háganla salva

Dentro agua.

el agua con peces, el pez con escamas.

Cuarta.

Cántenla fugas

Dentro aire.

el aire con aves, las aves con plumas.

Tercera.

Háganla salva

Dentro fuego.

el fuego con teas, las teas con llamas.

Primera.

Porque contrarias y acordes

del fuego, aire, tierra y agua.

Segunda.

Porque agua, tierra, aire y fuego

den acordes y contrarias.

Todas.

En peces, en plantas, en aves, en teas,

Todas.

la escama, los frutos, las plumas, las llamas.

Primera.

Que en presencia tan divina,

Segunda.

que a su vista tan soberana

Primera.

la tierra no pesa, el mar no se enoja,

Segunda.

el aire no gime, el fuego no abrasa.

Primera.

Mas suspended los aplausos,

pues más se explica el que calla;

que a tanta deidad alabar no puede

la turbación que no acierte a alabarla.

Segunda.

Dejad los sonoros ecos,

que aquella de quien se trata,

no hay alabanza que iguale a su nombre,

solo su nombre será su alabanza.

Acaban aquí de cantar. La cortina y se descubren, dentro el mes de Julio y España, que en medio tendrá prendida una tarjeta con el nombre de Ana; y esta se canta también y bajan al tablado.

Julio.

Suelta, suelta, Sol, que mis faroles

son más que tus arreboles.

España.

No a la porfía desentonen

vuestras voces, cuando hoy todas

sirven al aplauso acordes.

Dejad que pase, que sin causa

aquesta lid os provoque;

y la razón de cada una

expliquen vuestras razónes.

Julio.

Y tú, que nos lo preguntas,

di, qué inquieres el desorden

de esta contienda, que se reciba

de tu nombre informe.

España.

España soy, Julio, pues aquí

buscamos, pues eres noble

solio del que es objeto

de nuestras emulaciones.

Si a mí me buscan, aquí

merecen, y aquel Sol oye,

Julio.

Julio soy yo, que hoy, Diosa,

España.

no extrañes que estén discordes,

que saldrán a dar luces tantas,

que asombras tú a la noche.

Julio.

Yo, pues, cuyo alto dominio

en el Zodíaco componen

del Cancro ya, o ya del León,

suscriben resplandores;

Pag. 6

Primavera.

cuya infatigable tarea

da luz y vida a los hombres;

ya días, noches, meses, años

término preciso impone:

viendo que en la circular

porción, que esta antorcha doble

por distrito mío señala

con inalterable orden,

se incluye el día de hoy,

día de este heroico nombre,

que cifra en sí tantas luces,

que las tres letras conformes

que le explican, no sé, si

son tres solas, o tres soles.

A mí el celebrarle toca,

que fuera desdoro torpe

de la estación que domino,

sufrir que ambicioso ose

gozar extranjero aplauso

ajenas jurisdicciones.

Y más, cuando a la mía evidente

sé que su empeño logres;

Canta.

Música.

El marzo sus hojas,

junio sus sazones,

abril sus matices,

y mayo sus flores.

Invierno.

Yo, a quien también Sagitario

y Capricornio esplendores

dan, que a mi estación prendan

al afán de días y noches:

yo, que este nombre glorioso

celebra festivo el orbe,

que desde que nombre fue

del águila real del monte,

ya gigante conocida,

y después en los renombres,

admiten sus aplausos,

que pues fue el oriente noble

de esta soberana aurora,

bajo tus constelaciones,

que dadas en mis dominios

avanzar fuera el poder

de los cielos, de los celos,

que a mis furias conformes,

la real cuna así afianzan,

también sus aclamaciones;

y más cuando ofrecen, para

formar aplausos mayores:

Cantan.

Música.

Los ríos cristales,

las aves, sus voces,

los brutos, su instinto,

su ingenio los hombres.

España.

Si a los dos agrada, y en los dos

hallo iguales las razónes;

pues tienen derecho claro

Pag. 7

Julio.

tú al horóscopo, yo al nombre;

a más de esto al culto ofreces

Julio y coro.

Soles, sazones, matices, flores.

España.

Tú al culto ofreces también

Diciembre y coro.

Peces, aves, brutos, hombres.

Julio.

¿Iguales son? ¡Valga el cielo!

cuando son tan superiores

mis blasones.

Diciembre.

Eso mismo

digo de los míos, porque

si el nacer de tan augusta,

real princesa fue en el orbe

a grados de Capricornio,

digna que me le corone,

por deidad que hoy impera

en altas claras mansiones,

yo he de aplaudirla, pues debe

ceder el Can el nombre

gloriosa solicitarle.

Todos.

Peces, las aves, los brutos, los hombres.

Julio.

¿Y qué, cuando en la cuna

dormida, si serán entonces

astros, resplandores siempre,

imitando sus resplandores:

cuánto más bella la flor

(aun en inviernos conformes)

cuando ya el nácar despliega

que el botón le esconde?

¿no es disposición más decente

de tan augustos albores

que el signo de Capricornio

y el de León? ¿no reconoces

de esta escala del planeta

cuarto, luz siempre del orbe?

¿que este es diurno, aquel nocturno;

que este es fijo, aquel es móvil;

que este es fuego, aquel es térreo;

este de oro, aquel ignoble?

Impérame este; obediente

aquel; este veloz, torpe

y rústico el otro: en fin

mis timbres tan superiores

que la gran porción

de tu imperio recompensa

de sombras; el mío de luces:

y para que nada ignores,

sabe, que Julio domina

que en las altas mansiones

al Sirio, y al azul velo

el León rige, y el Can roe;

y aquesto mismo publican

Julio y coro.

Soles, sazones, matices y flores.

España.

Otra vez vuelvo a decir

que iguales son razónes.

Pag. 8

España.

persuaden, y pues se halla

injusticia en decidirla, obre

la suerte, siendo de verdad

contienda justa. Conforme:

no asisteis los dos a un tiempo

la tarjeta; y lucháis sobre

quién ha de aplaudirla.

Los dos.

Sí.

España.

Pues aquel que en el desorden

de la ansia ciega, al asir

el nombre, quedó del nombre

y de su primera letra

más cerca, ese se corone

por vencedor.

Los dos.

Vengo en eso.

Julio.

Mira tú ahora.

Fileno.

Reconoce.

Parece estar Fileno a la mano derecha.

Julio y Fileno.

A cuál la dicha de estar

más inmediato le toque.

España.

Eso se verá leyendo

el nombre ANA; el laurel logre

diciendo, pues del principio

más cerca está, Julio.

Julio.

Pues entonen,

para aplaudir mis victorias, conmigo

el yelo, rocas, peces, las aves, los brutos, los hombres.

Fileno.

Sea ya, Julio, que vea

que es mío el triunfo.

Julio.

Las voces

suspended, y los aplausos,

que es mío el triunfo.

España.

Conformes,

¿no habéis los dos convenido

en que la antelación logre

el que la primer letra tenga

más cerca?

Julio.

Lo que supones

es cierto.

España.

Pues, ¿qué resta

más vecino?

Fileno.

Falso, ¿de dónde

lo infieres?

Julio.

De que es así,

te lo persuade.

España.

¿Qué te lo persuade?

Julio.

El orden

de estas tres letras.

España.

Pues, ¿no

por su orden no las lee?

Julio.

Yerra

tu vista.

España.

¿Cómo es posible?

Vuelve a leer y repara.

Julio.

Como, ya que no ignores

tu equivocación, a leer

vuelve esa tarjeta.

España.

A.

Julio.

No equivoques

la verdad.

España.

N.

Julio.

Empezando

a leer por el fin.

Señala a Julio.

España.

No apoyes

un error, que el fin es ese.

Julio.

Este es el principio.

España.

Errores

padeces.

Julio.

Lee empezando

desde mí, y di a cuál responde.

España.

Porque veas tu engaño, ya

leo.

Pag. 9

España.

Ana, ¡qué confusiones

son estas!

(Lee empezando al revés.)

Julio.

Que se engañaba

yo, otra ley miré.

Julio.

Pues acordes

su aplauso, que en triunfo publiquen festivas.

Julio y coro.

Olas, sazones, matices y flores.

España.

Dime, ¿en qué consiste este

misterio tan alto? ¿Dónde,

después de las evidencias,

se encuentran las dudas, que torpes

tus potencias están, tanto

como tus sentidos, que rompe

ese denso, oscuro velo;

y así, como se compone

del principio el fin, y que

del principio el fin se forme?

Representando y cantando el coro.

Julio.

El mismo nombre responda

por mí; pues sus esplendores

le inmortalizan; y para

que el tiempo nunca le borre,

y donde parece que acaba

empieza otra vez su nombre.

Y así repitan, unidos,

júbilos y admiraciones.

Coro.

Al mundo y al cielo asombre

la fénix real que se alaba;

pues donde piensan que acaba

empieza otra vez su nombre.

España.

¡Oh, pues sois en la hazaña

que iguales, que no inferiores

en la suerte, sea el triunfo

igual en entrambos; porque

uniendo vuestros aplausos

tan nobles emulaciones,

puesto que el diciembre helado

y el julio ardiente conformes

saben triunfar igualmente,

e igualmente se coronan,

que de la verdad más alta

luz y majestad del orbe,

celebren Diciembre y Julio

juntamente año y nombre.

Julio.

El partido admito, Diciembre hermoso;

y para más noble

colorido, estas tres letras

tengan; es justo se copien

en papel más soberano.

Diciembre.

¿Cómo será?

Julio.

Como apropies a Carlos.

Pag. 10

Vuela la bandera.

España.

A Carlos la A ha tomado,

a María Luisa, que no es

de nuestras dichas; la N,

y la A segunda, forme

Mariana, que es augusta

águila que envidia el orbe;

y de esta suerte se ajusta,

que estas tres letras se gloríen

de ser, como dije antes,

más que tres solas, tres soles:

Ya pues, las voces repitan.

Diosa.

Digan las entonaciones

Julio.

sonoras de entrambos coros.

Diosa.

De uno y otro coro acordes.

Cada copla de estas la canta una voz sola, y después la repiten todos cantando y bailando.

Canta voz.

Que viva la aurora

que vence uniforme

las luces del día,

las sombras de noche,

que pues ya de Carlos

los altos blasones

llenan ambos mundos,

busquen tercer orbe.

Que en María Luisa

presto el cielo otorgue

que haya ramas altas

como perfecciones.

Que roben las damas

voluntades nobles,

que pues no la tienen,

fuerza es que la roben.

España.

Y mientras que una comedia

es desempeño más noble

de tanta celebridad,

la una y mil veces entonen

las olas, las flores, las aves, los brutos, los hombres:

Cantando y repitiendo.

Todos.

Al mundo que al cielo asombre,

la Fénix real, que hoy se alaba,

pues donde piensan que acaba

empieza otra vez su nombre.

Fin de la loa.

Jornada primera

Pag. 11

Comedia famosa.

Lo mejor es lo mejor.

De don Antonio de Cardona, marqués de Castel Novo.

Personas.

Publio Valerio, llamado después Publícola.

Claudia, hermana de Mucio.

Mucio Scévola.

Marcia, de Publio.

Porcena, rey.

Agripa.

Lucio Bruto.

Lelio.

Colatino.

Mario.

Servio Vindex.

Dos criados.

A toda esta jornada sirve el teatro de palacio y se oyen voces dentro.

Pag. 12

Primero.

Viva del pueblo romano

la libertad.

Segundo.

Pueblo aleve,

es el que a su rey se atreve.

Primero.

Santo es rey, el que es tirano.

Tercero.

La lealtad es quien le priva.

Primero.

Romanos, justos rigores

temed.

Segundo.

Mueran los traidores,

y el pueblo romano viva.

Salen Lucio Bruto, Colatino y acompañamiento.

Primero.

Ya vencieron los leales.

Segundo.

Y ya quedan satisfechos,

y gloriosos.

Tercero.

Y deshechos

de Tarquino los parciales.

Bruto.

Ya Júpiter soberano

repartió con manos fieles,

para nosotros laureles

y rayos para el tirano;

y para afianzar con él

y alentar nuestro desmayo,

dio a Roma un laurel sin rayo,

y a él un rayo sin laurel.

Colatino.

Tú, Bruto, con mano altiva

y valor libraste cauto

a tu patria.

Dentro.

Viva Bruto,

y Publio Valerio viva.

Salen Publio Valerio, Mucio Scévola, Servio, Víndico y acompañamiento.

Publio.

Eso sí, sea el hemisferio

de esa aclamación testigo.

Viva solo Bruto.

Bruto.

Amigo,

llega a mis brazos, Valerio.

Publio.

Honras con exceso.

Bruto.

Es mucha

tu lealtad, ¿cesó el cuidado?

Publio.

Ya todo está sosegado.

Bruto.

Refiérenos cómo.

Publio.

Escucha.

Tarquino el soberbio, un tiempo

rey de Roma, a quien por justo,

cuantos su ambición, vasallos

le dio, seguro su orgullo,

a que apenas la corona

sobre las sienes se puso

cuando cayó desplomada

del peso de sus insultos.

¡Ah, sujeto rudo a torpes

vicios, ciegos abusos,

que siendo el de sus vasallos

tan cruel tirano, aun no supo

serlo tanto como fueron

los vicios tiranos suyos!

Que el rey de su voluntad

es dueño, yo no lo dudo;

mas lo es para sujetarla,

no para hacerla, y aun juzgo

que injustamente se nombra

rey quien pudiendo absoluto

ser dueño de sus pasiones,

se hace esclavo de sus gustos.

Pag. 13

Publio.

Ponderánle que importa

ser atento; que aunque un rey

será rey justo, mandando

a los hombres, es seguro

que obedeciendo a las leyes

será más rey y más justo.

Nada su barbaridad

templa; que aunque entre las brutas

tal vez el rey de las fieras

doméstico se redujo:

la ferocidad de reyes

de hombres, es tal, que presumo,

que de nadie se habrá logrado

que domesticarla supo.

No hay vida que de su saña

se mire libre; no hay culto

que su impiedad no profane;

no hay caudal que algún tributo

no le rinda a su ambición:

no hay hermosura; no hay puro

honor, de que cruel no triunfe

triunfo atroz, y errado mucho:

bueno es que a una infiel caduca

hermosura, un pecho augusto

se rinda, y que le falte

a su esfuerzo lo robusto;

y que esta misma flaqueza

le haga acariciar el yugo

de su pasión; y naciendo

de su esclavitud, su insulto,

a lo que en quedar vencido

se le dé nombre de triunfo

Lucrecia de Colatino

esposa, que aun sus descuidos

supieron vencer a Diana

en lo hermoso y en lo puro

cuya singular belleza

fue con ignorado estudio

el artífice, y taller

de todos sus infortunios.

Ésta a la barbaridad

del rey Tarquino dio asunto

para qué; pero la voz

no acierta a encontrar el rumbo

de expresar una torpeza

tal, que el destemplado vulgo

si a voces la culpó, voces

para explicarla no tuvo.

Y yo en tal fatal suceso

y tan notorio, discurro;

Pag. 14

Publio.

Solo diré que acosada

y del peligro y del susto

pasmó Lucrecia, al mirar

su agravio, y mortal trasunto;

sin luz la vista, sin alma

la voz, sin latido el pulso,

tomó un puñal, y pasando

a ser su cuerpo difunto

cándido mármol, parece

más que cadáver sepulcro.

Lo magnánimo y lo aleve

se vieron allí tan juntos,

que el delirio, y la constancia

siendo dos, fueron tan unos

que al verla morir se duda

si antes matarla supo

o el impulso de su esfuerzo

o de la ofensa el impulso.

Altérase el pueblo contra

Tarquino; muera los unos

pronuncian, los otros muera

repiten; y siendo muchos

los clamores que se escuchan

el que se oye solo es uno.

Teme el rey, y teme bien

que más cobarde le tuvo

que no el tumulto, el que fuese

justificado el tumulto.

Infeliz monarca aquel,

que los que la ley dispuso

que le teman, son los que

le tienen siempre con susto.

Culpante alguno, porque

viendo ya irritado el vulgo

no depone voluntario

el mando; yo no le culpo

que en cualquiera que tirano

usurpó el cetro absoluto

si usurparle es peligroso

deponerle no es seguro.

La voz de la libertad

por la patria Lucio Bruto

toma el primero, los nobles

le siguen los más; y alguno

que ve contra sí Tarquino

tan numeroso concurso,

cede a este primer amago

y huye tímido y confuso

quedando el pueblo romano

Pag. 15

Publio.

libre de un dominio injusto;

deshechos ya sus parciales,

restaurado el honor puro

de toda, vengado tanto

desusado ultraje, enjuto

llanto tan copioso, ufano

el valor, y glorioso el triunfo;

y bien se conoce que era

de algún irracional Bruto

la cabeza, que temía

Roma; pues sin más impulso

que sacudir la cabeza

quedó sacudido el yugo.

Bruto.

Otra vez me da los brazos,

noble romano, y hoy juntos

mi cariño y tu valor

formen un estrecho nudo.

Colatino.

Publio Valerio, hoy ceñiste

a Roma el laurel augusto.

Publio.

Tú, Colatino, sabrás

conservar su verdor puro.

Bruto.

Mucho obró Mucio.

Publio.

No hubiera

Roma, si no hubiera Mucio.

Mucio.

Nada por mi patria he hecho,

y el esplendor que procuro

darla, con él me he quedado;

pues lo que con él me ilustro...

Servio.

¿Y de mí nadie hace caso?

¿Y que no soy Bruto? ¡Ah, mundo,

su ordinario estilo, que a solos

los dichos sean los Brutos!

Dentro.

¡Viva Roma!

Bruto.

¿Qué es aquesto?

Llegan a un lado, al paño.

Dentro.

La libertad pública, junto

el pueblo romano aplaude

su felicidad.

Dentro.

¡Tribunos

pedimos, cónsules haya!

Bruto.

Vuestro deseo es muy justo,

vuestra ha de ser la elección:

¿a quién nombran?

Dentro.

¡Lucio Bruto

nuestro primer cónsul sea,

y Colatino el segundo!

Mucio.

¿Y Publio Valerio?

Publio.

Calla,

amigo Mucio, que escucho

¡Cielos, a un monstruo soberbio!

¡Pueblo aleve, ingrato vulgo!

Mucio.

Déjame que de esta infiel

muchedumbre...

Publio.

No es justo

que con una venganza manches

de tu pecho el candor puro,

que siempre en lo vengativo

Pag. 16

queda profanada el triunfo Bru_ Oh, qué ciegamente, con grato Obra el bárbaro tumulto! pues para Cónsul elige a Colatino, y no à Publio. Publ_ Lucio Bruto, el consulado logra dilatados lustros. Bru_ Tu, Publio, el Cónsul serás gozaré tu Sustituto. Publ_ Colatino, con tal Cónsul cobra Roma nuevo orgullo. Cola_ Roma mi lealtad conoce y yo su afecto no dudo. Bruc_ La elección de Bruto aplaudo, la de Colatino Culpo Vase Ser_ Despierta, y no mis lealtades te sirvan Señor de Arrullos; mira al Pueblo levantado a publio y mírate así desnudo Bru_ Ya, Valerios Romanos, supuesto que se introdujo tan de improviso esta dicha que pudo parecer Susto, bien que el cielo Varias Veces elocuente aun en lo mudo la explicó; pues le sirvieron de palabras los anuncios. fue 15 fue el primero, aquel insigne Délfico oráculo, Cuyo Soberano numen, Loxias Se llamó; y si lo traduzgo en nuestro idioma, es lo mismo que Caviloso o confuso. Consultante a la Deidad entre reverentes humos, si de Tarquino el Soberbio sería sucesor Justo? responde que el que primero o cariñoso o astuto llega estrechar a su Madre con un abrazo; tuvo muchos que el sentido literal tienen por el más seguro: yo al Alegórico inclino con un no vulgar impulso; y atendiendo a que la Tierra es nuestra Madre, discurro que abrazándola, del cielo la mente oscura contraigo: Así fue pues, y a la tierra liberal goza; y el nudo o abrazo, que la di, Padre de mi Madre hacerme supo cuando intentaba el tirano con más ambición que Culto edificar

Pag. 17

edificar en el monte de Tarpeya, un templo augusto al Dios Júpiter abriendo las Canjas en lo profundo del Dios término, Una estatua Se halló; y aunque todos juntos los Operarios, procuran sacarla, ninguno pudo moverla; y los Agoreros declaran, que ya al injusto Tarquino, ya su Reinado el Cielo término puso. Habiendo que hallaron luego en la misma Canja, junto a la estatua Una Cabeza que aunque de Cuerpo difunto el Semblante era de Vivo Sienten, que a Roma tributo Han de rendir las naciones y que Cabeza del mundo ha de ser; y aunque este monte nombre de Tarpeya tuvo del Monte Capitolino desde entonces Se le puso. Fue el tercero Vaticinio, Dentro 16 Dentro _ cuantos el Palacio impuro Cautivan de Tarquino han de Salir. Dent. Clau. Ciego Vulgo no injuries a quien los dioses privilegian, Como injustos (Salen Claudia, Mar= Padres de la Patria. Pub. Cielos. cia y otras Vírgenes Claudia a quien ofrezco Culto llorando) no es esta, y mi hermana Marcia? Marci _ Marcia a quien almas tributo no es esta?, y Claudia mi hermana? Clau _ Como permitiendo insultos, Cómplices Venís a haceros en el bárbaro tumulto? Si en el Templo, y en Palacio logró el oráculo Sumo de la Diosa Palas, Seamos Sacerdotisas, es justo motivo para igualarnos Con un tirano? el retiro negándonos, y mandando Sacarnos de Roma, es justo, que igualmente Se gradúen la tiranía y el Culto? y que por tan delincuente acción a vista del Mundo Como sus torpes crueldades nuestros reverentes Cultos? Mas

Pag. 18

Claudia.

Mas si la pena, si el ansia

de la Congoja, si el susto

con Voz que a Nuestro oído

les entorpeciere el Uso

Volved los ojos, Volved

y Veréis, no digo el puro

Candor de esas hermosuras

Miradlas llorar, y mudo

Convenza el llanto, Sino

os persuade, que astuto

Como cuando Castigan

de un Rey crudos abusos

Cometen, el que sino es

tan crudo, es más injusto?

Corregirlos, y Juzgarlos

es Justicia? Es torpe insulto

bárbara ira, Saña aleve

furor Ciego, Cruel absurdo;

y el mismo también pues quiero

obligaros, y os acuso.

Y así cese la Voz, y hable

el llanto, que ya no enjugo;

que si enmienda lo que lloro

y hace de lo que pronuncio

mas si obstante.

Dentro.

No el ruego

que persuada.

Publio.

¿Qué escucho?

Mucio.

Oigo.

Marcia.

¡Ay de mí, infeliz!

Claudia.

Cielos, ¿y cuándo?

Dentro.

Al punto

Salgan de Roma.

Publio.

Primero

bárbara plebe.

Mucio.

Si alguno

Se atrebiere.

Donde están Publio a un lado del tablado y Mucio al otro; Sacan las Espadas y Publio va hacia donde está Mucio, y Mucio hacia donde está Publio Claudia detiene al Uno, y Marcia al otro, y Bruto Se pone en medio

Bruto.

Pero Cielos! Háganse

que Se pierden Mucio, y Publio

Visto lo enmiendo: ¿qué es esto?

¿tú irritado?, ¿tú sañudo?

así Viven dos amigos?

Mucio.

¿Con Publio yo?

Publio.

Con Mucio

Bruto.

Dueños, quieren negarlo

cuando el acero desnudo

¿lo publica? que demencia

rapazada, ea, el disgusto

Cese, y las manos os dad

Publio.

Yo no estrago.

Mucio.

Yo no abuso.

Bruto.

Ah, perdón, Siento que Ciegos

No Convenís los dos Juntos.

A los dos

separo

Mucio.

Cielos yo me despeñaba

si no me detiene Bruto.

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Publio - la Vida a Bruto le debo; O amigo siempre seguro [Vase] Marc - esta es mi mano Publ los brazos formen nuevo Estrecho nudo Bru - Ya asegurado este riesgo atajemos el segundo [Vase] Vosotras nobles matronas Cesad, que en aljófar puro le admiro como portento y le miro como susto; y aunque enriquecen el suelo con tan precioso dilubio deben negaran los ojos que si tesoro tan sumo se entregan al desperdicio que ha de emplearse en el culto? Clau - Noble Bruto Mar Colatino Clau - si a mis ansias Mar si al confuso desordenado clamor de mi pena Clau que no encubro Mar - que Publio Clau no me mires airados Mar atiendes sañudo Clau - en mi despecho Mar en mis Iras Clau - Verá Roma Mar verá el mundo Clau - que en claudia en lugar de cuello que sufre a yugo Injusto [ a p.te ] ay s.a el fiero marte que hay brazo para el escudo [ Vase ] Marc - que en Martia aunque es la venganza Culpa su irritado Orgullo no supo ser delincuente y ser Vengativo supo [ Vase ] Marc - que aunque osado, de su patria la libertad, pudo bruto defender; su libertad [ Vase ] tierno defender no pudo Publ - y Publio, aunque de su vida desprecia Bru detente Publio ( quiere irse Publio ) que no hagas que crezca el daño ( y le detiene Bruto ) con el remedio Publ yo cumplo con mi Dama Bru y la antepones a tu Patria Roma? Publ si Bruto! como vives de Amor libre estás cuerdo. Bru lo procuro Publ - si amante fueras que hicieras? Bru - No sé, mas yo te pregunto, si cónsul fueras que hicieras? Publ - si lo fuera aunque lo Juzgo que no dudara, lo que hacer debiera en mi punto; mas no siéndolo tampoco ( Vase Publio y todos estos ) lo que hacer me toca dudo ( Versos los an dicho el y ) Bru ( Bruto a p.te al apartarse del ) ( Tablado )

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Bruto.

Como viejo le aconsejo,

como mozo le disculpo.

Sale un criado.

Criado.

Un embajador que envía

Tarquino, os desea hablar.

Colatino.

Dile que bien puede entrar.

Bruto.

¿Qué intentará su osadía?

Vase.

Siéntanse los cónsules y sale Agripa, embajador, y se sienta también en una silla que estará prevenida.

Agripa.

Senado ilustre romano,

el grande, el feliz Tarquino,

que maestro de corona

cuando perdió estos dominios,

pues batallando con todas

sus pasiones, ansiado

de sus propios desengaños,

se hizo dueño de sí mismo;

no intenta no, aunque pudiera

verse al cetro restituido,

que un trono ya profanado,

no le juzga de un rey digno:

lo que pide, es, le volváis

su patrimonio, los ricos

adornos que ese palacio

ilustran: el rehusarlo

aunque él fuese delincuente,

violencia fuera, no arbitrio.

No quiere blasones de justo

o dejar a venganza;

sobre la justicia, sin

rencor, porque en el castigo

de un delirio, no parezca

que comete otro delirio:

y a esto vengo, y de vosotros

ya después de haberme oído

pende la paz o la guerra,

ser amigos o enemigos.

Bruto.

Con razón llamas feliz

a Tarquino, si ha sabido

dar pasos hacia su enmienda

que le deba precipicio.

No está profanado el trono,

aunque hubiera perecido

Tarquino en él, que la sangre

vertida de un cruel, indigno,

torpe, tirano, más sirve

que al escándalo, al aviso:

y al contrario, en siendo el rey

justo, piadoso, benigno

da tanto esplendor al trono

que entre sus adornos ricos

los que se ven más hollados

quedan más engrandecidos

sin que de él la tarima

le envidie; pues aunque sitio

menos elevado ocupe

como de sus pies es digno

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Bruto.

Real solio iguala el contracto

cuanto la altura a excedido.

Que patrimonio es el suyo?

por ventura otro a tenido

que las torpezas que obro?

Y las violencias que hizo?

y que Ciudadano Romano

no es su acreedor? que linpio

onor no a experimentado

ya que no el daño, el peligro?

Digalo Roma, pues ya

se ve su capaz distrito

desierto de Ciudadanos,

y poblado de gemidos.

Digalo el humilde, el noble,

la Cavaña, el obelisco,

todo desplomado yaze

cediendo hasta el marmol fino;

pues ya es pavimento, el que

sirvio al Capitel, y al friso

de cuyas fatales Ruynas

sabe ser siempre testigo

más fiel y más permanente

el polvo que el edificio.

Buelvete y di a quien te embia

que a quien en su nombre has dicho

solo responde el senado

que la plebe, que a Tarquino

ni Amigo le ade estimar

ni ade temerle Enemigo

Colatino.

Y añade que aquí la Piedad

no incluye, que el Varon digno

solo la conoce, para

huir su ciego jncentibo;

y que negare en que nunca

permite un animo invicto

que entre a aconsejar el odio

en lo que resuelve el brío

Agripa.

Eso Responden los dos,

Dentro.

Todos decimos lo mismo

Levantase el embajador y los cónsules

Agripa.

Pues a Tarquino muy presto

del Rey Porsena assistido

le Concederan armado

lo que hoy le negan venigno

Bruto.

No siempre en laguerra fueron

seguros los Vaticinios

Agripa.

Mirad que otra defensa

se arriesga con resistiros;

pues si hoy deja adbitrio el ruego

la fuerza no deja adbitrio

Colatino.

Esfuerzo de injusta mano

es el vigor muy remiso

Agripa.

lo que a mi labio no Crees

mi espada

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Agripa.

mi espada ha de persuadirlo.

Bruto.

Labio engañoso, y espada acero

tirano, tampoco activo.

Agripa.

En la campaña.

Bruto.

En la lid

Agripa.

lo veréis.

Bruto.

Sabréis que alabo

el decir y hacer.

Agripa.

Mirad

que cumpláis.

Bruto.

Lo dicho, dicho.

Agripa.

Y contra Roma al arma.

Bruto.

Alarma.

Otra vez contra Tarquino.

Vanse, y salen Lelio y Mario.

Lelio.

Yo en tu nombre y en el mío

palabra a Tarquino he dado

de que si hoy en el senado

ni Colatino, su tío,

ni mi padre Bruto dan

oídos a su razón

se hará la conjuración

en que muchos entrarán,

que esta austera senectud

quiere con ciega impiedad

que se llame libertad

lo que es más esclavitud.

Mario.

Dices bien, porque es injusto

poder, tirana violencia

mirar por la conveniencia

y quitarnos la del gusto.

Lelio.

El embajador, señor,

ya de mí fiado se ha...

Mario.

O yo me he engañado, o ya

ha subido, y llega aquí.

Sale Agripa.

Agripa.

Lelio amigo, Mario, ¿estáis

solos?

Lelio.

Sí; ¿qué han respondido?

Agripa.

Sabréislo si me escucháis.

Hablan los tres, y sale Servio.

Métese detrás de un bufete.

Servio.

A Lelio me envió a llamar

Bruto, mas ¿qué llego a ver?

¿justo será obedecer?

(no, más justo es escuchar).

Lelio.

Si eso dicen, ¿qué esperamos?

Agripa.

Ved, si aceptáis el partido

que Tarquino os ha ofrecido.

Lelio.

¿De eso dudas?

Mario.

Aceptamos.

Agripa.

Pues en mis manos jurad

los dos cumplirlo.

Llegan los dos a jurar en manos de Agripa, en que se trabe pleito homenaje.

Lelio.

En tus manos

por los dioses soberanos,

y por la suprema deidad

que en cielos y en tierra manda

juramos con pecho fino

volver el reino a Tarquino

o morir en la demanda:

y si a mi valor seguro

se opone el senado rudo,

acabar con el senado.

Agripa.

¿Juras lo mismo?

Mario.

Seguro.

Servio.

De lo que he oído colijo

que a Lelio cuadre o no cuadre

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quiere que lleve su Padre en Caperuza; a buen hijo! Agri - mira que al que más esfuerzo y más obstinado. Vi [fue a tu Padre] Leb. Para mi no hay más Padre que mi gusto Agri - Advierte que es desvarío el que muestra tan ardiente desatino. Mar. mi Pariente más cercano es mi apetito Agri - Oh, cuánto Vuestra fieleza me halaga obliga y confía Leb - Verás cual es mi osadía Mar - Sabrás cual es mi fineza Agri - Y pues nada hay ya que fino Vuestro Valor no prevenga Los 3 - En hora dichosa Venga a sus Palacios Tarquino [Vanse, y sale Servio de debajo del bufete] Servio - Sea en dichosa hora no impida que el susto en mi adentro el habla; este bufete es la tabla en que he escapado la Vida Perros Viles Traidores por que os conjuráis taymados Y estáis endemoniados para que hacen conjuradores? A mi amo quiero buscar a él 22 a el mis lealtades apelen y antes que ellos se rebelen lo quiero yo revelar este es, cantare de plano: [Entra por Una puerta / y sale por otra / y sale Publio / hablan Servio y Publio / y salen Bru^o y mucio / y colatino, y acompaña/mento] Señor Pub. Servio a que has venido? Serui - escucha. Bru. este prevenido todo que si este tirano incitado contra mi intenta nuevo furor Publ - que os intiman Ser. Señor Pub - A la Corte? Ser. Señor, sí Pub - Aunque en Bruto hay leal brío y en colatino arrogancia temo les falte constancia que Uno es Padre y otro es hijo; mas Venzan las puras llamas ardientes de mi lealtad: Senado a Publio escuchad Cola - que quieres? Bru. a que nos llamas? Publ - Sois leales? Bru. no lo ignores Publ - es culpa el no serlo? Bru. es llano Publ - y es Tarquino? Bru. tirano Publ - su secuestro? Bru. Vos traidores Publ - Vuestra lealtad? Bru. mantenerla Pub - Vuestra Patria roma Bru. Amarla Publ - su tirana Sangre Bru. agraviarla quiere

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quiénes se harian? Bru. Vencerla Publ -- Si le he tuviese Bru. No acabes la razón, que a el mi am.o librara. Pub. No? Bru. No. Pub. Pues di? Servio Vindex, lo que sabes Serui -- Luego Bruto que mandaste que fuese a llamar a tu hijo llegué donde juzgar pude que estaba; y hubo jun.ta tres hombres; y aunque me Vi' cerca de ellos, no fui Visto; que hablaban con tal recato y tal cuidado, y al ajeno que en los tres se conocía no atento en lo discurrido. Reparé en que uno será Agripa Embajador de Tarquino; los otros nobles Romanos Son, y p.a no ser prolijo Juraron restablecer (a Tarquino y así m.mo acabar con el Senado Y este que intentaba impedirlo Bruto -- Cesa no les nombres Calla que de Unos Viles indignos labios, ofende siempre el mas el mas el nombre del delito en su presencia dirás lo que aquí en la mesa has dicho? Serui -- Como no les desen uelto Sí diré. Bru. Pues ya que sirves que lealtad muestras, por el en mi arraigo.o Caudillo mucho has de deber de esta acción; y Constando en pleno Juicio lo que Servio Vindex dice nos darás d. todo aviso Brut -- Infinita obligación, Nunca deja a mi obediencia' arbitrio (Vase) Publ -- Por Soldado iré de Miusio porque un lance en que peligro Corren mi amigo y mi Patria mejor es Verlo que oírle. (Vase) Serui -- Sea, Servio, que es el dia del triunfo el lauro y el vítor. (Vase) Brut -- Ya pues a este nuevo riesgo; que los Dioses fingiendo Ser crueles en disponerle y en descubrirle benignos Ocurrimos, bien será, que tu Sobrino y mi hijo. (Sale Colat.o) concurran Con Bruto a hacer SELLO TERCERO, TREINTA Y CUATRO MARAVEDÍS, AÑO DE MIL SETECIENTOS Y SEIS.

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asegurará este Servicio Cola - Pues bien, Cayo; dí a Lelio: (Vuelve a asir que a Mario: mas que improviso Corrado rumor que me introduce a ser Oyense ruidos Susto aun, antes que nacido? dentro) Dentro Cóns. Ninguna exención les valga prendedlos; y si se altivan y defendieren matarlos Den. Lelio - Y aun acero? Den. Mari. Y o un brío? Lelio - que os rendiste? Mar. Nos rinde? Bruto - A Lelio oigo Cola. a Mario oigo Bruto - O cuanto me ha suspenso que Sin esperar mi avío Lelio, a Mucio asista. Cola. O cuanto ver con Mucio a Mario extraño Mucio - En ejecución de vuestro (Salen Mucio, precepto obedientes fuimos, Publio, Lelio, Ma- Publio, y yo de Vindex guiados, rio preso, Servio y de no poca seguida; y acompañami- y nueva hazaña a que ento) Salvo de Roma, prendimos a otros dos, que de tan alta traición están convencidos. Bruto - Segunda vez a su Patria le asegurarasse el Asumpto: y Viene contigo Lelio? Muci - Si señor Cola. Viene contigo Mario también? Mu. No le ves? Bru - A mis brazos llega hijo; tu as obrado Como tal Lelio - Ánimo, temores míos: pues lo que mi Padre aprueba No hay que temerle. Cola. Tu sobrino. procedes Como quien eres (Abraza a Mario) Mari - Pues halla Un apoyo en mi tío mi intención, no hay que temer Muci - Cielos, ¿qué veo? Pub. ¿qué he visto? (habl. a Serui - Recátose, disimulo aquí p.te) los buenos en el Conse. Brut - Y quienes son los traidores? Muci - que dice Cielos divinos? (Ap.te) los presos son Lelio y Mario; esto ofrece a mi brío; mas que, pues son los traidores toca al Senado decirlo Cola - Mario el Preso! Cielos que oigo? (Ap.te) Bru - el preso Lelio! que he oído? (Ap.te) Cola - Es mi sangre; ah, dulce halago! (Ap.te) Bru - Es mi hijo; ah, cruel hechizo! (Ap.te) Cola - Lelio, ha de librar a Mario (Ap.te) Bru - Pueda yo más que yo mismo (Ap.te) Muci - Temo a Bruto Publ. Vencerá (Ap.te) su lealtad a su Cariño Bru

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Bru - Sois Vosotros de los que prendió Mucio? Lelio Ahora lo ignoro con razón, Señor. Bru Sabéis la Causa Leli. Pues m.i designio apruebo nada aventuro en decirlo; Ser amigo (Vase de Tarquino, y desear Verle el cetro restituido Bru - y es Cierto que lo intentasteis? Leli - Y que hemos de Conseguirlo Brut- Sabéis que Tarquino fue depuesto? Leli Violencia a sido Bru - que es tirano? Leli es testimonio Bru - que gano en ley? Leli es delirio Bru - ¿que hay senado? Leli estiranía Bru - que es absoluto? Leli es capricho Bru - te afirmas en todo? Leli en todo Bru - Tu Mario? Mar. Lo mismo digo Bru - Sea llevadlos; que pues ya los dos han Correspondido al Cargo, podrá el senado (Llevan a lelio hacer de la Culpa juicio. ( y a Mario Publ - cuanto Compadezco o Bruto Varón Constante y benigno que ayas deber Hoy Cruel con tu patria o con tu hijo. (Vase Brut - Supuesto nobles Romanos que estos SELLO TERCERO, TREINTA Y CUATRO MARAVEDÍS, AÑO DE MIL SETECIENTOS Y SEIS. que estos dos hombres, bien digo, / no digo tal; pues ni aun hombre debe llamarse el yn digno, que a su Augusta Coronada Patria, Cruel, y aleve quiso deshojarla los laureles que la lealtad ha tejido. Supuesto que en estas fieras Voraces, mejor he dicho, intentaron, ya lo oísteis, y no acierto a repetirlo, que, a más de faltar palabras para expresar el delirio enmudece ya la Voz al escándalo del oído (Hace Seru.o fallo, pues, que los dos Son dignos de infame Suplicio; Y así, a entrambos les Condeno y no es, no, en Un padre, impío mi dictamen por, que nunca podrá hacerse Contra mi / siendo recta la Justicia ser delincuente el Cariño Serui - cuanto Va que ha dicho alguno / este lance yo le he visto en Comedia de d Pedro Calderon, y no ha mentido; mas

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mas si esto pasó en la historia que se escribe, el referirlo no podrá llamarse hierro supuesto que no es delirio; ni podrá ser objeción pues tantas veces se han visto uniformes los sucesos en los casos más distintos. Cola_ Cielos, ¿qué haré? cuando ya sale pierde la esperanza el tiro. Conozca el senado el lustre que creyó, han delinquido gravemente lelio, y Mario muerte merecen; mas digo, siendo lelio, y Mario Nobles pudiendo ser deservicio a su patria no es mejor que perderlos Corregirlos? Atemplado el castigo; es medicamento, que Castigo; más le aprovecha a la vista que no ell Cauterio, el colirio. cuanto más sirve al ejemplo a la enmienda, al beneficio que el estrago que se acaba la Ruina que es siempre avío: Yo a que mueran; no me ajusto Bru 3/ Bru_ Pues los perdonas? Col_ No; arbitrio puede haber. Bru_ ¿Igual será? Cola_ Reprenderlos. Bru_ Es benigno. Cola_ Amenazarlos. Bru_ Es blando Cola_ Enmendarlos. Bru_ No hay camino. Cola_ Prenderlos. Bru_ Ese es piadoso. Cola_ Desterrarlos. Bru_ Es remiso. Cola_ Cadenas hay. Bru_ No escarmentaran Cola_ Rigores hay. Bru_ Serán tibios Cola_ Nada Vasta. Bru_ Nada Vasta Cola_ Pues ¿qué haré? Bru_ tu as de decirlo: no aconsejo, Cónsul soy Cónsul eres Colatino yo, con mi oficio cumplí, tu cumplirás con tu oficio Cola_ Bien está; pues medio no hay que mueran entrambos Firmo. Saca el cartapel sea; llevad la sentencia: Vase ¡Qué mal me harían resisto! del Consulado depongo levántase por hallarme de el indigno Bru_ Senadores admiráis la decisión sen_ Sí, admiramos ya Publio Valerio, Cónsul nombramos. Bru_ Solo confirmo: Publio mis brazos te esperan Pub_ tus pies están más vecinos llega arrodillándose dentro_ Viva el nuevo Cónsul Viva Publio, y Bruto. le Viva abraza

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Mua - Siglos viva Pub. fiel amigo. (Abraza à Bruto Serui - Consolada tenga el alma que tal Cónsul ha elegido Bru - En señal de haber dejado la dignidad que has tenido las insignias Consulares depón, por que al tiempo mismo para tomar posesión las vista Publio Cola: Ya quito el traje que en vez de hacerme feliz, infeliz me hizo pluguiera al Cielo que nunca yo me le hubiera vestido ( Vase colatino. Y al mis mo tiempº que se ha ido des- nudando las insignias Consulares se las van poniendo a Publio y se sienta con Bruto Bru - Siéntate ahora a mi lado y usando del ejercicio que te da el senado, puedes una gracia hacer Publ - Pues que no Servio Vindex, con su patria hizo a Roma tal servicio que la preservó - de ser esclava, y a que él lo ha sido hasta hoy: desde hoy sea libre y sea el primer libertino que vote en las elecciones y el honor haya adquirido de Ciudadano Romano. Serui - libre estés de romadizos, y de y de borrascas de Amor te libre el Cielo divino; de Rayos de ojos morenos, de Agua de llanto benigno de fuego, de saña hermosa y de tierra torbellinos garbosos, que con buen aire Se andan Soplando al vedrio Bru - tu Publio, en razón que tengas renombre digno; y elijo que desde hoy todos te llamen Publícola, que es lo mismo que el amante, y honrador del Pueblo. Pub - Grave le admito y por orla del escudo, y dem: armas le dedico Bru - cuán asustado me tiene Cielo lo que hoy resolvimos que todos los que habitan el Palacio de Tarquino, hasta las mujeres, que del Templo suben al río Salgan al punto de Roma desterradas; es preciso que Publícola lo sienta; y por que Comprende el Edicto Una Dama que a su hermana; y Syra

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ya andará, imagino el pregón por la ciudad. Sra Vuestro apartar Comigo con Publio yo me avendré: Amigo querido, al servicio de tu Patria importa busques luego a Colatino y aunque vieses abrasar la Ciudad, sin orden mía de su vista no te apartes. Pub[.] -- Señor si no alcanzo el designio obedeceré el Precepto sin inquirir el motivo Vasef Publ -- que Causa Bruto podrá tener? pero que ruido { Cajas y cla= es el que se oye Bru sin duda rines es el pregón, mal me animo Sale Un Criado -- Ya murieron Celio y martio Bruto -- Bien está: decid amigos sabéis que rumor es este? Criado -- es señor, que Unos ministros del senado, publicar una orden suya han querido y hay quien resiste lo intentan Publio -- que se contiende en contra { Levántanse Publio Un decreto del senado e y Bruto ¿hay leal que se oponga? Amigos no deis rodeo que viva el senado el senado? dentro se decimos: Vivan Publícola y Bruto nuestros Cónsules dignos Publ -- A valeroso Romano, y a nobles, leales Patricios; publicad el bando, Bru el cielo Vase sabio, este caso previno: esperad tened; reco preas hacer del senado burla? Publ -- eso dudas Bru se prefieres a tu interés? Publ Nada extimo Bru -- a tu afecto? Publ ya lo oíste Bru -- a tu sangre? Publ ya lo he dicho Bru -- a tu amistad? Publ eso es mucho; mas también Bru a tu Cariño? Publi -- eso es más, y aunque sabré hacerlo, no sé decirlo. Bru -- si el llanto de Una hermosura Publ -- Cesa, por que si el divino Júpiter contra mi patria se armara, a Júpiter mismo le convirtiera en cenizas calvo de sus rayos limpio: que con Roma no compite mi mismo interés mi mismo amigo mi m[isma] sangre, mi m[isma] dama ni Júpiter, ni el Olimpo Bru

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Bru- Si Marcia y Claudia Pub. No acabes la razón, que a mi mismo no perdonara Bru No. Pub No. Bru- Pues publicad el Edicto Voz- Moradores de Roma Parad. (Cantan den- Prestad atención tro) a la Voz Sonora que publica, que intima mi Voz; y nadie sea osado a oponerse a la ley del Senado Si teme el Vigor. escuchad atended al pregón Manda que Salgan de Roma los que hoy moradores Son del Sitio que incluye el Palacio en que Tarquino habitó. Manda que la ley Comprenda desde el menor al mayor Sin que de Sexo, ni Sangre Valga a nadie la excepción Manda Clau Apartad, Suspended Publ- Que impide otra vez Clau. Yo (Salen Claudia Publ- Habla airada, estoy sin mi Marcia y to- Clau Publio Cónsul? sin mi estoy? das las mu- Yo que de Una injusta, de Una geres) tirana tirana Cruel opresión tanta mi infelicidad es, tan desgraciada Soy que he de esperar el remedio del que hizo la Sin razón cuando Crey que estuviera a mi queja, a mi dolor que admitía la Justicia ofrecía la Compasión. y cuando hallar lugar al senado Convencido, y así no la Vista de la hermosura el oído de la razón: hallo que más riguroso más injusto más atroz Se muestra hoy, que tú eres Cónsul. que ingrato ! que falso ! yo soy Claudia pero poco importa que piense, que tu traición y que afectando rendimientos mi favor solicito no fue fineza alevosa, sino, que tirana afición es la del injusto aleve, Y di, que solo procuro aprender

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Claudia.

se obre con mayor rigor;

pues siempre de la hermosura

se ha de temer la traición.

Claudia.

Dirás ahora, infiel amante,

que el oído se engañó?

Publio.

Sí diré.

Claudia.

Paradme, que pierda

el juicio.

Publio.

Templa el dolor.

Claudia.

No oíste, que a las mujeres

comprende?

Publio.

Sí.

Claudia.

Y yo no soy

mujer?

Publio.

No, que no es mujer

la que es deidad superior.

Dentro, Voz.

Manda, que las que en el templo

hoy sacerdotisas son

salgan; que de las verdades

se ha de tener más temor.

Claudia.

Queda ya duda.

Publio.

Y muy grande;

pues solo dice el pregón,

que salgas tú, mas no dice

que no te defienda yo.

Dentro, Voz.

Manda, que nadie se atreva

a dar auxilio, o favor

a quien destierra el senado

pena de su indignación.

Claudia.

Y dirá ahora?

Llora Claudia

Publio.

Desfallezco.

Claudia, porque quiere Dios,

que aunque el senado vota, que dices

y estas lágrimas te acompañan.

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Bruto.

mueven, Publio, a Claudia; pero

lo mejor es lo mejor.

¿Sabes que eres cónsul?

Publio.

Sí.

Bruto.

Pues, ¿qué dudas?

Publio.

Qué sé yo.

¿Sabes tú que adoro a Claudia?

Bruto.

Sí.

Publio.

Pues, ¿qué extrañas?

Bruto.

Que amor

con tal violencia te arrastre,

que juzgue tu ciego error,

que con tu obligación cumples

faltando a tu obligación.

Publio.

Dices bien.

Claudia.

No dice bien,

que en el que noble nació

el asistir a su dama

es la obligación mayor.

Publio.

Sí; pero ¿la honra,

que falta a su punto?

Claudia.

No;

pero no se llame amante

el que con tan tibia pasión

vive, que deja que al cariño

vencerse del pundonor.

Publio.

Dices bien.

Bruto.

No dice bien;

pues ¿cuándo el que obró

lo mejor, hacia su dama

si obra hacia sí, lo peor?

Publio.

Sí; pero ¿es delito o culpa

lo que es piedad noble?

Bruto.

No;

mas, ¿es piedad; ni fineza

lo que es con Roma rigor?

Claudia.

¿Aún dudas, Publio?

Marcia.

¿Aún suspensa

está tu resolución?

Mira que tu hermana.

Claudia.

Mira,

que tu dama.

Publio.

¿A ese blasón

hermoso que se reviste?

Hechizo tan superior,

que agua en los ojos el llanto,

fuego en el pecho, el arder,

aire en el labio, el suspiro,

tierra en lo inmóvil, la acción;

conspiran cuatro elementos

contra mí y en su favor

traen por sus aliados

hermosura y discreción:

que aquella atractiva, y esta

eficaz, con dulce voz

la aconseja en el oído

y manda en el corazón.

Bruto.

¿Otra vez al ciego encanto

se rinde ya tu valor?

¿Y tu palabra?

Publio.

¿Y mi dama?

Bruto.

¿Y tu patria?

Publio.

¿Y mi pasión?

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Bruto.

¿Cuál es primero?

Publio.

No sé;

mira, Bruto, que es rigor

querer que la razón mande

donde falta la razón.

Aparte

Bruto.

Cielos, ¿qué haré? Pero dar

tiempo al tiempo es lo mejor:

ya os diré que mañana

daré al Bando ejecución.

Dentro Voz.

Manda que el Bando se cumpla

antes de ponerse el sol,

que en los riesgos también es

peligro la dilación.

Y manda, en fin, que si alguno

lo que el senado acordó

rompiere o dilatare,

se repute por traidor.

Moradores de Roma, parad,

prestad atención

a los ecos sonoros.

Publio.

¿Cielos, que en este arbitrio

se ha de dejar al dolor?

Si pierdo a Claudia, ¿qué importa

que también me pierda yo?

Ya, Dueño hermoso, a tu lado.

Bruto.

Dioses, en tal confusión,

valga el engaño, supuesto

que su razón no valió.

Publio, ¿qué intentas?

Publio.

Morir.

Bruto.

¿Si a tan bárbaro furor

se hallase medio?

Publio.

¿Cuál es?

Bruto.

¿Si hubiese invención

para salir de tu empeño?

Publio.

No es posible.

Bruto.

¿No? Pues yo

he de hallarla; Claudia, Marcia,

venid conmigo las dos.

Publio.

¿Qué intentas, Bru?

Bruto.

Que queden bien

tu cariño y tu valor.

Pónese Publio al lado de las dos

Publio.

¿Me defenderás? ¿Palabra

me das?

Bruto.

Palabra te doy

de obrar de suerte que nada

tengas que hacer tú, pasión.

Publio.

Soy tu esclavo.

Bruto.

Seréis mi amigo.

Publio.

Hermosísima prisión

del alma, ¿a mirar no vuelves

a quien te idolatra?

Claudia.

No.

Publio.

Pues, ¿qué lo embaraza?

Claudia.

El llanto.

Publio.

¿Y le ocasiona?

Claudia.

El temor.

Publio.

Temor, ¿de qué?

Claudia.

No sé, Publio.

Publio.

Amor, en tanta opresión...

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Claudia.

Cielos, empeño tan cruel.

Marcia.

Trates en tanto rigor.

Publio.

Socorro.

Claudia.

Piedad.

Marcia.

Consuelo.

Bruto.

Venid, señoras.

Claudia.

A Dios,

Publio.

Publio.

A Dios, Claudia.

Bruto.

Fortuna

favorece mi intención.

Publio.

Pues voy sin Claudia, ¿quién puede

dudar que sin vida voy?

Vanse Bruto, y las mujeres por una parte, y Publio por otra y acaba la jornada primera.

LA ENTRADA DE LA REYNA

SAYNETE PRIMERO

D. Inés Un Podrido D. Clara Un Mentiroso Una Vana Un Vejete Un Lunajudo

Salen Doña Inés y Doña Clara.

Inés.

Querida, muy buenos días

te dé Dios.

Clara.

Esta mañana

todas hemos madrugado.

Inés.

¡Jesús, y qué bulla que anda

toda la noche en la calle!

Clara.

Como hoy ha de ser la entrada

de la Reyna, está la gente

loca.

Inés.

Grandísima aguarda.

Clara.

¿Grande? y tan grande, que anoche

no menos, dijo en mi casa,

un primo de un regidor

como que no dice nada,

que la Villa se había resuelto

a hacer a este día semana.

Inés.

¿Tiene ella poder para eso?

Clara.

Su poder a todo alcanza,

exceptuando el acertar

el caracol de unas cañas.

Inés.

¿Es muy hermosa la Reyna?

Clara.

Amiga, eso es cosa rara;

no la he visto porque viene

mucha gente a estas ventanas

y la veré; porque sola

no me atrevo.

Inés.

¿Por qué, Clara?

Clara.

Porque su hermosura dicen

que es una cara que pasma.

Inés.

¿Y qué gentes vienen aquí?

Clara.

Viene un podrido, una vana,

un lunajudo, y también

Pag. 35

Clara.

ni me miréis.

Inés.

Grande zambra

habrá con esto.

Salen la vana, y un vejete

Clara.

Y a todos

van entrando en la estacada.

Ésta es la vana.

al vejete

Vana.

Jesús,

qué mala visión de cara;

si lo supiera viniera

mucho más corta de faldas

que no es gusto, ir metiendo

polvo de gente ordinaria.

Y así, haréis que de aquel polvo

que pisen las Damas,

y a la Reina se levante

cojan un poco y le traigan

que aquel quitará, sin duda,

del esotro polvo las manchas.

Vejete.

Harélo así: ¿a la noche

traerán faroles, o hachas?

Vana.

Hachas; graciosa pregunta.

Vejete.

¿Cuáles?

Vana.

Las hachas bordadas.

Inés.

¡Ay, gran rara loca!

Vanse el vejete y sale el Pucido

Clara.

Éste

es el Pucido.

Podrido.

¿Que haya

racional viviente alguno

en toda aquesta comarca,

de mil leguas en contorno,

que no venga a ver la entrada

de la reina? y dirán luego,

que por qué me pudro? rara

ignorancia; pues hay quien

en edad tan despoblada

pueda decir que se huelga

sino el que se pudre? Esta es la

verdad; esta, que le digo

a Dios todas las mañanas;

bendito seáis vos, Señor,

que me pudro en vuestra gracia.

Clara.

El linajudo es el que entra

ahora.

Inés.

Buena anda la danza.

Linajudo.

¡Válgame Dios! qué gran dicha

fuera el de hoy, se le alcanzaran

mis antepasados, viendo

gloriosa Reina de España

a su tataranieta

cuya ilustre, alta prosapia

suya y mía, excede a todas

tanto que de esta Real masa

Carlos Magno y don Pelayo

no fueron más que migajas.

Clara.

Este que ahora llega es el

mentiroso.

Inés.

Andallo pabas.

Mentiroso.

Cierto que hay cosas, que aun vistas

Pag. 36

Mentiroso.

es disculpable el dudarlas.

Mentiroso.

Este diente negro,

y este ojo con catarata;

viniendo aquí, en el camino

tiraron una pedrada

y dándome en el cogote

saltaron con fuerza tanta

diente, y ojo a la pared,

que del impulso que llevaban,

los volvió al propio lugar

donde estaban; y no es nada

esto, pues cuando salieron

con tal violencia y pujanza

se encontraron ojo, y diente;

y de este, tan afilada

era la punta, que al ojo

le batió la catarata.

Salió una poca de sangre

pero una sangre tan blanca

que lavó al diente lo negro

volviendo entrambas alhajas

a sus propios domicilios

y las dos tan mejoradas

que sin catarata el ojo

Mentiroso.

quedó, y el diente sin mancha.

Vana.

¡Santa Lucía bendita!

¿Sangre blanca? ¡Ay, tía ganha!

vuelva a otra parte la vista

que a mujeres tan hidalgas

como yo, no hay ejemplar

de que ninguno a mirarlas

se atreva, sino con tos

de sangre muy colorada.

Linajudo.

No tema que se inficione

su noble sangre, que para

riesgos como ese, conmigo

traigo la mejor triaca.

Vana.

Bien se lo pague; y ¿cuál es?

Tiende sobre ella un papel arrollado en que estará el árbol.

Linajudo.

Es el árbol de mi casa,

que poniéndose a su sombra,

y asiéndose de sus ramas

aunque le mire un vizconde

quedará su sangre intacta.

Podrido.

¿Y a qué, que viniendo a ver

un ciego como este, traiga

unos ojos tan triviales

como si fuera a la Alcarria?

Nada está en su lugar, ojos

que en de nada reparan

son buenos para la margen, que no

Pag. 37

Podrido.

pero no, que en la cara.

Vaya vuestra merced así de alegre

a que otros ojos le hagan

decentes para este día.

Mentiroso.

Unos me dan matraca,

digo, ¿hay quien sepa hacer ojos?

Podrido.

Vaya, y diga que en España

no se hace de ojos quien ve a

princesa tan delicada.

Vana.

Jesús, no sé qué me ha dado.

Clara.

Inés, traed un poco de agua.

Podrido.

¡Que haya quien quiera enfermar

vendida tan grande! Y que no haya

una buena alma siquiera

que aconseje a una cristiana

que si enferma sea con modo!

Pues, si acaso le importaba

no estar buena en todo el año,

¿no había hartos días? Gran falta

hay de buenas intenciones.

Linajudo.

Señora, ¿está vuestra merced opilada?

Vana.

Harto siento yo no estarlo,

que mis padres con gran ansia

lo han deseado.

Mentiroso.

¿Ha hecho, prima,

algún desorden?

Vana.

Yo, nada;

ayer el Duque, mi primo,

me regaló con naranjas

de la China guarnecidas

de filigrana de plata,

y solo este desayuno

he tomado esta mañana.

(Sale Inés con un jarro de agua.)

Inés.

Aquí está el agua, señora.

Vana.

¿Qué agua es, amiga?

Inés.

Agua clara.

Vana.

¡A la llaneza, alano! Quítese

allá, bien puede arrojarla.

Inés.

Pues, ¿de qué agua bebe vuestra merced?

Vana.

¡Ay, más graciosa ignorancia!

¿Las mujeres como yo

beben sino es agua de ámbar?

Linajudo.

De esa bebían mis abuelas.

Mentiroso.

Y yo conocí uno que estaba

hidrópico de beberla;

y era tanta la fragancia

que arrojaba de aquel cuerpo,

que cada Semana Santa

ganaba un pozo de oro,

porque a donde le llevaban,

a donde había monumentos,

que puesto a cualquier distancia,

se perfumaba el ambiente

solo con que él regoldara.

Dentro.

¡Plaza, plaza!

(Miran al vestuario.)

Linajudo.

Ya, sin duda,

pasan la Reina y las damas.

Pag. 38

Podrido.

¿Qué pasan? ¡Que mejor aún hablar

sepa gabacho! ¿No es crasa

ignorancia decir que

pasan Deidades tan altas?

Flores tan fragantes, tan

divinas, por más que largas

edades el tiempo ocupen

siempre duran, nunca pasan.

Vana.

Jesús, qué linda es la Reina.

Podrido.

No me lo diga; ¡ay, tan rara

extravagancia!

Vana.

Pues, de eso

se pudre Vuestra Merced.

Podrido.

Y con gran causa.

Vana.

¿Causa el ser hermosa?

Podrido.

Pues

¿no es cosa desesperada

que siendo tal su hermosura

y siendo sus prendas tantas

no se haya casado el Rey

doce años antes?

Vana.

¡Qué gracia!

¿De ocho años?

Podrido.

De ocho meses,

que a esperar a tal hallan,

los Reyes se han de casar

en la cuna o en la faja.

Den.

¡Viva, viva!

Clara.

Gran caterva

de nobleza la acompaña.

(Al pisotón)

Inés.

Son parientes de Vuestra Merced estos

que traen hábito en la capa.

Linajudo.

El Señor Santiago fue

escudero de mi casa;

mire Vuestra Merced si serán ellos.

(Al pisotón)

Podrido.

¡Así fría, pese a su alma!

mis callos no son de bronce.

Vana.

Jesús, qué cosa tan vasta;

yo hice hacer el otro día

dos callos de porcelana

que han salido bien pulidos,

y a fe que no habrá en España

callos de tan lindo gusto.

Clara.

Ea, señoras, que abastan

sus locuras, no nos quiebren

las cabezas; linda gracia

es tener aquí a la Reina

enfrente de las ventanas,

y que estemos mano sobre

mano sin decir palabra.

Vana.

Pues, ¿qué ha de decirla?

Clara.

Muchas

cosas.

Vana.

No logrará nada,

que no lo oiga con la bulla.

Clara.

Cantaré, y aunque bulla haya,

llegarán allá mis voces.

Pag. 39

Clara.

con los pasos de garganta.

Canta.

Muy norabuena vengas

reina del orbe

a dejar a los días

a buenas noches.

Inés.

Cada vez que amaneces,

tu aurora hermosa,

temen tanto las luces

como las sombras.

Clara.

Aun que dentro de ti

estabas lejos,

siempre tuviste cerca

mis deseos.

Inés.

Casándose con Carlos

que aciertas juzgo,

que no es poco casando

con tu segundo.

Fin del Saynete

Jornada segunda

Pag. 40

Segunda Jornada

Prosigue el teatro de la primera Jornada

Salen el Rey Porsena, Agripa, y acompañamiento

Porsena.

¿Partió ya Tarquino?

Agripa.

Ya

Porsena invicto ha partido

hacia allá.

Porsena.

Si asistido

de tropas vuelve, verá

Roma, que mi rectitud,

mi valor, y mi piedad

reduce su libertad

a mayor esclavitud;

y pues mi amparo le abona,

y aunque el Senado lo impida,

presto verá restituida

a sus sienes la corona;

pocas serán, si fiel

apadrino yo sus glorias,

para contar sus victorias

las hojas de su laurel.

Si el ser Júpiter amigo

dio a la guerra os exhorta,

Romanos, ¿eso qué importa?

siendo yo vuestro enemigo.

A Tarquino le he ofrecido

que si hiciere prisionero

a Publícola, aun del fuero

Pag. 41

Porsena.

del conde destruido

ha de quedar; y así mando

al que con osado aliento

le aprisionare, o valiente.

Tú, Agripa, haz echar el bando.

¿Conócesle?

Agripa.

No, señor,

que aunque en Roma no le vi

cuando de orden tuya fui

de Tarquino embajador.

Den.

Hemos de entrar.

Porsena.

Solo os pido.

Den.

El consuelo nos negáis.

Porsena.

¿Cómo, villanas, cerráis

las puertas a mi afligido?

Salen un criado, Claudia, Marcia y otras mujeres.

Criado.

Son romanas, señor.

Claudia.

Dices

verdad.

Porsena.

Sin razón te estragas,

pues ya no son enemigas

desde que son infelices.

Claudia.

De una violencia importuna

aquí arrojadas nos ves,

trayéndonos a tus pies

la desgracia o la fortuna.

Marcia.

Fiámonos de un engaño

con mal fundada esperanza,

con que nuestra confianza

fue cómplice en nuestro daño.

Claudia.

No respetan la deidad

de nuestra

Claudia.

diosa, señor;

¿en qué parará un rigor

que empieza por impiedad?

Marcia.

Lágrimas ni persuasión

no bastan, y no me espanto

que lo que no pudo el llanto

no pudiese la razón.

Claudia.

Al fin paga la violencia,

presto el castigo vendrá,

que en los dioses cerca está

la ira de la paciencia.

Marcia.

Nada obra la compasión,

que en los crueles el gemido

se detiene en el oído

y no pasa al corazón.

Claudia.

Por que su palacio al decoro

templo asilamos, sañudo

rigor nos saca; ¿qué pudo

hacer delincuente el voto?

Marcia.

Pues nuestro dolor a verle

llega tu piedad, señor.

Claudia.

Aprende a que es bien mayor

hacerle que recibirle.

Marcia.

Si buscares de estas esquivas...

Claudia.

Siempre piadoso te esmeras.

Marcia.

Haznos, señor, prisioneras.

Pag. 42

Claudia.

Cuanto mejor es, cautivas.

Porsena.

Cesad, pues sobra el quebranto

de las lágrimas penosas,

que harto hechizo en vuestros ojos

queda, aunque falte el del llanto.

No os destierra el que procura

que dejéis la patria amada;

Roma es la que desterrada

queda de vuestra hermosura.

Viéndoos llorar, con dolor,

se inflamó mi piedad luego,

que el llanto, también es fuego,

aunque parezca licor.

Rey soy y hombre, estad gozosas,

pues seréis de mí asistidas

como rey, por afligidas,

y como hombre, por hermosas.

Yo os amparo y mi favor

no es dádiva, es artificio,

que pues yo hago el beneficio,

yo soy el que queda mejor.

Agripa.

Señor, que el reino aventuras

si obrar con piedad adviertes;

mueran, que al fin con su muerte

cualquier peligro aseguras.

Porsena.

Vil traidor, de ti me quejo.

Agripa.

Leal soy siempre.

Porsena.

Es ficción,

pues es la mayor traición

darle a su rey un mal consejo.

Mas mi piedad me complace

que mi poder, que es por ley

que más puede mejor rey

mejor rey, el que más bien hace.

Y en vosotras, afligidas,

nobles romanas, descanse

desde hoy el afán; mal dije,

no descanse, sino falte.

Patria tendréis que os hospede,

rey hallaréis que os ampare,

y porque ni aun echen menos

templo, ni altar, ni deidades,

mi pecho os dedica el templo,

él mismo os labrará altares

donde en cada uno cada una

culto logrará de imagen.

Claudia.

Vivas, glorioso Porcena,

tan dilatadas edades

que los más prolijos siglos

sean de tu vida instantes.

Marcia.

Tanto, a pesar de la envidia,

tu vida el tiempo dilate

que el número de sus años...

Pag. 43

Marcia.

iguale al de tus piedades.

Claudia.

Jove, que desmintiendo

del sexo, el femenil traje

y deidad, fiera Palas,

el valor incontrastable

invocando entre tus huestes

cuando contra Roma marchen,

hemos de obrar tan ardientes

que digan tus capitanes

que su crueldad, en nosotras

se ha convertido en coraje:

y así...

Porsena.

Mas ¿qué novedad

el clarín y el ronco parche

avisan?

Cajas y clarines, y sale Criado.

Criado.

Tropas romanas

en esos vecinos valles

se han descubierto; y tus guardas

a reconocerlas salen.

Claudia.

Publícola es gran señor,

tu defensa no dilates,

pon en batalla tus tropas,

pues se ve resuelto a darte

la batalla, el campo mueve:

tus soldados somos, sangre

generosa nos anima;

y grana que en las venas, esmalte

es glorioso, más gloriosa

será cuando se derrame.

Porsena.

¡Oh, cuánto ese noble aliento

ahora a mi esfuerzo añade!

Y, ¡oh, cuánto en tal hermosura

se hace lo fiero agradable!

¡Ea, valerosos toscos,

id alegres al combate,

pues tantas deidades nuevas

son hoy vuestros tutelares!

Cajas y clarines tocan.

Agripa.

Otra vez el bronce avisa.

Porsena.

Toca al arma, Clau, no retardes

a mi ira la venganza.

Marcia.

No más lances embaraces.

Porsena.

¡A las soldadas!

Claudia.

¡A las romanas!

Porsena.

¡A la batalla!

Claudia.

¡Al combate!

Porsena.

¡A la lid!

Claudia.

¡Viva Porsena!

Porsena.

¡Contra Roma el campo marche!

Vanse, sale Publícola, Servio y soldados, y se muda el teatro de bosque.

Publio.

Romana causa oportuna,

lealtad, esfuerzo y vigor,

en nada que obre el valor

desagrade a la fortuna;

tantas son ya vuestras glorias,

que aunque afanen los trofeos,

Pag. 44

Publio.

no han de poder sus deseos

alcanzar ricas victorias.

Pues llegue a Claudio a perder

que Bruto hizo a mi despecho

no lo que yo hubiera hecho

sino lo que devía hacer.

Veamos si en tan importuna

adversa suerte y tiranía

lo que perdió una desgracia

lo restaura una fortuna

que si esta dicha consigo

y venzo a Porsena audaz

mi pecho quedará en paz

y Roma sin enemigo.

Servio.

¿Que así tu salud postrar

quieras?

Publio.

¿Por qué?

Servio.

Por lo fundo.

Pues dime, ¿hay cosa en el mundo

más malsana que el pelear?

Despreciar la vida es necia

barbaridad, no es valor;

pues más poco da, en rigor

el que da lo que desprecia.

Publio.

Pues tienes manos no des

lugar a temores vanos.

Servio.

Yo no he menester las manos

mientras Dios me diere pies.

Publio.

Muere, pues a merecer

llegaste a ser ciudadano.

Servio.

¿Y qué es lo que en serlo gano

si he de dejarlo de ser?

El ser cónsul a porfía

qué le valió a Colatino

se hizo ayer el desatino

de morir de hipocondría.

Publio.

Pero ¿qué nuevo accidente

tanto militar rumor

ocasiona?

Cajas y clarines y sale Troniado.

Criado.

Ya, señor,

marchando contra tu gente

viene Porsena animoso

valor obstentando, y gala

a tu ejército no iguala

el suyo en lo numeroso

más bien en fieras, y hermosas

con saña, y beldad modesta

de sus tropas a la testa

dos, que sin duda son Diosas:

y si fueran menos crueles

bien Júpiter retrataran

porque entonces te libraran

de sus rayos tus laureles.

Peligrarás si las ves

cierra los ojos si llegas

porque si a mí no ciegas

Pag. 45

Criado.

sabrás de cegar después.

Publio.

No me asusta ese temor,

que si no a Claudia adoro,

y otro cautiverio ignoro,

que Amor me libra de Amor.

Si este prodigio procura

mi ruina, hay la severa

hermosura, que sabrá

librarme de su hermosura.

La fuerza de la belleza

poca es; pues que a vencer

ha menester el poder

valerse de mi flaqueza.

Y así este temor destierra;

mas ya se oyen más cercanos

los ecos; ¡Ea, Romanos,

a las armas!

Dentro.

¡Guerra, guerra!

Entrase sacando la espada.

Publio.

Seguidme, amigos, y ahora

mostrad vuestra bizarría,

que llegó ya nuestro día.

Vase metiendo entre unas matas.

Servio.

También llegó mi hora

de embestir, o huir; y pues

me han de cascar según creo;

si embisto porque peleo,

si huyo porque peleé,

aquí llego a descubrir

unas matas, que modesto

me escondo entre ellas; pues esto

no es pelear, mas no es huir.

Nadie en lo verde se pierde,

que si ha de volverse rojo

con sangre el campo, yo escojo

entre lo rojo lo verde.

Tocan cajas y clarines y van pasando algunos por el tablado acuchillándose como que se da la batalla entrando unos y saliendo otros.

Dentro.

Rayos fabrica Belona.

Otro.

Rota la vanguardia está.

Otro.

¡A ellos, Romanos, que ya

desamparan la colina!

Sale Claudia retirándose con la espada en la mano y cargándola Publícola y soldados.

Claudia.

No huyo, aunque me retiro.

Publio.

Ni yo te intento ofender.

Claudia.

¿Tantos contra una mujer?

Publio.

Deteneos todos, que miro...

Claudia.

A un ingrato. Ya en mi vida

tu saña ejercer podrás.

Publio.

No sé si me admira más,

si el verte, o el verte vencida.

Claudia.

Advierte de tu inconstancia

no hagas cargo a mi beldad,

Pag. 46

Claudia.

no fue culpa tu vanidad,

y es delito mi constancia?

Publio.

A mí, Bruto, por mi daño

me engañó; él tome disculpa.

Claudia.

No es culpa el engaño, es culpa

aver sufrido el engaño.

Publio.

Esta inigma?

Toca la toga

Claudia.

Tienes razón;

con eso a mi queja das

que esto que en ti puede más

ve el trage que el corazón.

Publio.

Sabes que por ti la vida

arriesgué?

Claudia.

Sí.

Publio.

Que el Senado

te desterró; y violentado

fui cómplice en tu salida.

Claudia.

Sí.

Publio.

Pues al Senado acusa,

no a mi obediencia forzada.

Claudia.

No mata el que hizo la espada,

sino aquel que de ella usa.

Publio.

Tú a tu patria, sin recato,

haces guerra?

Claudia.

Ingrato, sí.

Publio.

Tú las armas contra mí

pudiste tomar?

Claudia.

Sí, ingrato.

Publio.

En vano tu voz procura

justificar tus enojos;

mas, ¡ay!, que escuchan mis ojos

las voces de tu hermosura.

Claudia.

¿Te quejas tú?

Publio.

¿Y eso te admira?

Claudia.

Sí, que mi agravio es mayor.

Publio.

Eres cruel.

Claudia.

Eres traidor.

Publio.

Tengo razón.

Claudia.

Tengo ira.

Publio.

Ira? pues no tu pasión

mi airada razón conquista;

que mucho menos irrita

la ira que la razón.

Oye, nota esa gente

que ha merecido en tu amparo

para acobardar, tu nombre;

para alentarse, tu agrado;

para pelear, tu hermosura;

y para asustar, tu brazo:

vuelve a Roma que yo ofrezco

que en los mármoles sagrados

del templo logres segura

culto tal, incienso tanto

que llegues a ser la embidia

de todos sus simulacros.

Claudia.

¿Será razón que a Porsena

en quien en mi desamparo

hallé acoxida, paguemos

su piedad con un engaño?

Pag. 47

Claudia.

no enemigo que primero

es mi palabra que cuantos

inciensos y cuantos cultos

me ofreces fingido o falso.

Señore las Deidades, solo

me dará más soberano

que el haberlos parecido

el haberlos despreciado.

Publio.

¿Pues tu patria?

Claudia.

La que albergue

me da es mi patria.

Publio.

¿Tu hermano?

Claudia.

Sangre que de mí se aparta

no es mía ya.

Publio.

¿De este, tu esclavo?

Claudia.

A ese desconozco más.

Publio.

¿Ansí tratas los romanos?

Claudia.

Este ultraje.

Publio.

¡Ah cruel, pues tiene

imperio mayor acaso

el traste del corazón!

Claudia.

Tú me lo habrás enseñado.

Publio.

No olvides.

Claudia.

Antes me acuerdo.

Publio.

Vuelve a Roma, dueño ingrato.

Vase.

Claudia.

Prisionera bien podré;

Voluntaria no, a tiranas

cielos que en mi cariño

no queda a un todo mi agravio.

Publio.

No hay remedio.

Claudia.

No hay remedio.

Publio.

¿No? pues Dioses, mayor daño

es ver con Claudia grosero

que ser conmigo tirano.

Muera yo, que con morir

triunfos logro; pues al paso

que aprisionarla era ultraje

vendirme yo será lauro

Libre estás, ya gobernar

puede tu elección, tus pasos

Claudia.

Obras como generoso;

que pudiera hacerte ingrato

ver Roma menos cruel

y aquí menos Cortesano

a Dios Publicola.

Publio.

a Dios

Claudia; ¡oh, cuánto el pronunciarlo

cuesta!

Claudia.

Si acaso...

Publio.

Si tú...

Claudia.

Piensas...

Publio.

Oyes...

Claudia.

Que a mi campo

vuelvo gustosa...

Publio.

Que he muerto...

Claudia.

No es verdad.

Publio.

No será engaño.

Claudia.

Mas que a tu pena...

Publio.

Mas que a

mi desgracia...

Claudia.

a este llanto

cree...

Publio.

¿Llanto ahora? no sé

qué sienta más, Cielo Santo

del que le hayas detenido...

Pag. 48

Publio.

del que le hayas derramado.

Claudia.

Adiós otra vez.

Publio.

Él vaya

contigo.

Claudia.

¡Ay, Fortuna, a cuánto

obliga el amor!

Publio.

Paciencia,

cuánto vive un desdichado.

Vase y sale de entre las matas Servio.

Servio.

¿Si se acabó ya esto? No,

que aún vienen allí cascando;

Publícola sigue a Claudia.

Será que se aparta en salvo:

¿y no repara en que va

empeñándose sobrado,

y en que han ofrecido premio

a quien le echare la mano?

Y allí una legión de bronces,

que más parece de diablos,

viene marchando; y aquí

se acerca Mucio. Si al paso

salgo a decir: «serviré»,

libraré mal: si no salgo

libraré el mal: mas ¿qué dudo

valor? Más temor, ¿qué hago?

Matas otra vez me fecit,

pues poniéndome así en salvo

no parecerá en mi cara

pérdida, lo demasiado.

Vuelve a las matas y salen Mucio y Soldados.

Mucio.

¿Dónde Publícola está?

que sin él nada consigo.

Soldado.

Ahora hacia el campo enemigo

solo con sus guardias va.

Mucio.

Mucho fía a su destino

cuando previno dar orden a

por su persona Porsena

para entregarle a Tarquino;

pero seguirle previenen

mis lealtades.

Soldado.

No así

te aventures, que hacia aquí

tropas enemigas vienen;

Publícola también ya

vuelve hacia aquí.

Mucio.

¡Cielo sagrado!

¿Qué haré? pues me hallo cortado

y ya el enemigo está

sobre mí; si ahora peleamos

desiguales, solo es dar

tiempo a que pueda llegar

Publícola, y nos perdamos.

Y a el deseo, medio hallo

a que, si quiere estrella cruel

que aquí me pierda, yo, del

vencido por perderme yo

sus finezas repetidas

pagaré con mi ardid.

Pag. 49

Salen Agripa y soldados

Agripa.

Sea romana verdad,

o las armas, o las vidas.

Mucio.

Publícola armas no entrega,

porque nada hay que le asombre.

Agripa.

¿Publícola eres?

Mucio.

Su nombre

nunca mi valor le niega.

Soldado.

¿Qué es lo que llego a escuchar?

¿Y cuál podrá ser la intención

de Mucio?

Agripa.

Date a prisión.

Mucio.

No lo puedo ya escusar.

Agripa.

¿Tú eres el invicto? ¿El fiero?

Mucio.

De la verdad no discrepas,

podrá ser que algún día sepas

el valor que sale a mi acero.

Agripa.

Mal te salió la victoria.

Mucio.

No tan infeliz soy

como piensas, que quizá hoy

logro yo la mayor gloria.

Agripa.

Ya tú sin duda sabrás

que por ti ofrezen premio hoy.

Mucio.

Con saber que soy quien soy

no he menester saber más.

Agripa.

Ven, donde de tu prisión

galardón mi esfuerzo adquiera.

Mucio.

Vamos, que quizá me espera

a mí mayor galardón.

Soldado.

Torpes, ¿que persevere

este engaño, un día, ni un hora?

Mucio.

Libre yo a Publícola ahora,

y venga lo que viniere.

Vanse, y sale Servio de entre las matas.

Servio.

Tan hermoso mirador

como estas matas, no tiene

el orbe; aquí mi amo viene:

Señor, apriesa, a Señor.

Salen Publícola, y soldados, y saca la espada Servio.

Publio.

Pues dejo a Claudia segura

ya logre esta nueva palma:

¡Ay, Claudia!

Servio.

¡Pese a mi alma!

¿Ahora con esa frescura

vienes, y con esas flores?

¿Cuando contra mil espadas

hundo el mundo a cuchilladas

te estás tú diziendo amores?

Publio.

Tu voz lo que hay no recato.

Servio.

Que a Mulcio preso le llevan

y si no es por mí le dejan

muerto aquí a un arrebato.

Publio.

¿Qué dices?

Servio.

Digo, señor,

que va prisionero.

Publio.

¡Oh fiero

hado! Mucio prisionero.

Servio.

Y aún no es eso lo peor.

Pag. 50

Publio.

¿Pues hay mayor daño? Servio, di;

que a Sirmo fino y modesto

vio a Publícola; y dijo esto

porque no diesen tras ti.

Publio.

Siendo eso así, ¿das que aguarde

mi amistad, hoy con mi gente

librarle intento si ofende

bien que temo llegar tarde:

si esto no logra el valor

hace lo que debo hacer.

Servio.

Pues di, ¿te quieres perder?

Publio.

Lo mejor es lo mejor.

(Vanse, salen Porcena, Marcia, y acompañamiento, y se muda el Teatro de Bosque, en el de Palacio)

Porsena.

Suspende, Marcia, ese llanto

que, ¿qué importa que el cielo opuesto

armas y glorias en mis tropas

cebe su saña sangrienta,

si más que un Cielo destruye

restaura hermoso otro Cielo?

¿Qué importa que la fortuna

conceda otro vencimiento

al Senado? Si de mano

de esta injusta deidad creo

que aun se debe temer más

lo próspero que lo adverso.

Marcia.

Qué mal de mi pena entiende

Porcena la causa, pues la fe

que juzga que interesada

vio sentir dichas, lloro y siento

el feliz suceso de unos,

y de otros, el mal suceso:

y no es así, pues mi llanto

nace de que entre el estruendo

de la batalla a mi hermano

Publícola tan resuelto

o tan empeñado vi;

ya Mucio en su seguimiento

tan arrestado, que de ambos

la última ruina temo:

mas disimular importa

su misma aprensión siguiendo.

Dejo, señor, que mi llanto,

explique aunque mudo y tierno

el pesar de una desgracia,

cuyo impulso cruel, aun siendo

no más que susto, no hallara

resistencia en el esfuerzo.

Porsena.

No equivoques las desgracias,

y las desdichas que aunque pierdo

una batalla, si amante

a ver tu hermosura vuelvo,

Pag. 51

Porsena.

ni he podido ganar más,

ni he podido perder menos.

Marcia.

Mejor podré yo decir

que en ti equivocadas veo

dichas y desgracias; pues

tu errado conocimiento

mejor lugar da a lo gentil

que a lo estimable; y aquesto

es juzgar con ceguedad.

Porsena.

Ciego estoy, yo lo confieso,

mas quien con razón adora

no debe llamarse ciego,

pues la vista de los ojos

se pasa al entendimiento.

Aparte.

Marcia.

¿Que deba a Porsena tanto

y tan mal le pague?

¡Ay de

mí! Mucio, tú la culpa tienes

de todo; pues no contento

de ser ingrato conmigo,

también ingrata me has hecho.

Irme es mejor, que es tan mal

disimulo.

Porsena.

¿Lloras? Presto

te vayas, que hiere más

tu ausencia que no tu ceño.

Marcia.

Permíteme...

Porsena.

No es posible.

Pag. 52

Porsena.

hacer severo contigo

el interés de mi reino

me mueve, y la palabra

que a Tarquino dada tengo;

y así es fuerza asegurar

tu persona.

Publio.

Deteneos,

no me embaracéis el paso

aunque seáis el rey, que yo

aún más importo.

Porsena.

Formio,

haced que en pausa ese estruendo

y a Publícola a una torre

llevad.

Salen Publícola y Servio paje

Publio.

A eso, señor, vengo,

guiado donde manda el rey.

Porsena.

No hablo con vos.

Mucio.

Cielos, creo

que miro.

Publio.

Conmigo hablan.

Porsena.

Mal lo entendéis; lo que ordeno

es, que a Publícola, arriba

le lleven a una torre preso.

Publio.

¿Pues a mí me ha de llevar?

Porsena.

Pues, ¿qué sois vos?

Publio.

Bueno es eso,

mandáis que preso me lleven

y lo ignoráis.

Porsena.

No os entiendo.

Publio.

¿Ya a quién mandáis prender?

Porsena.

A Publícola.

Mucio.

Esto es cuento.

Publio.

Pues yo Publícola soy.

Porsena.

¿Vos Publícola?

Publio.

Esto es cierto.

Porsena.

¿Pues vos qué sois?

Mucio.

Yo, señor,

Publícola.

Porsena.

Pierdo el seso:

¿hay dos Publícolas? No hay dos.

Pues, ¿cuál es

Publícola el verdadero?

Mucio y Publícola.

Yo.

Porsena.

Por solo desmenuzarlo

probé el procurar saberlo.

Mucio.

Si a mí me crees.

Publio.

Que así quieras

perderte.

Mucio.

Ofenderme.

Porsena.

El medio

de averiguarlo no alcanzo.

De vos saber me prometo

cuál es Publícola. Ser honrado

de verdad, por deidad que os ofrezco

que os lo estimaré.

Servio.

Los dos

son, señor, los embusteros:

y si yo hasta ahora he callado,

es porque soy muy modesto,

y de que otros con mi nombre

quieran honrarse me huelgo.

Pero en mí, señor, tendréis

un Publícola perpetuo.

Porsena.

Mirad bien lo que decís.

Publio.

Quizá loco en el atrevimiento.

Porsena.

Si habéis de ser Publícola, ¿quién

es este que dice serlo?

Publio.

Es un amigo tan fino

que por mi chico fue esfuerzo

llegar su fineza, donde

Pag. 53

Publio.

aun no llega el pensamiento.

Porsena.

¿Es esto así?

Mucio.

Aún más del nombre de Mucio

quiere usurparme el aliento.

Porsena.

Pues si éste dice, éste es

un hombre con tal denuedo

cuando me vio en el peligro,

como si envidiara el riesgo...

Porsena.

¿Cómo se llama?

Mucio.

No sé.

Sale Publícola.

Porsena.

Esa ignorancia recelo

que hace tu verdad dudosa,

y él que a su nombre asujetó,

¿cómo se llama?

Publio.

No sé.

Porsena.

¿Qué haré, que en mi pecho riñen

confundidas mis pasiones,

pues la ira que en mi ceño

tuviera al valor, la apaga

la envidia, que a entrambos tengo?

Aparte.

Agripa.

Si de mí pendiera, hiciera

morir a los dos, con eso

acertara con el uno.

Vanlos llevando poco a poco y a este tiempo sale Claudia.

Porsena.

Ya que averiguar no puedo

la verdad, será preciso

que uno y otro vayan presos

hasta hacer más diligencias.

Ea, llevadlos.

Claudia.

Sabiendo

por Marcia, señor, que aquí

estabas solo...

Porsena.

Volvedlos,

pues el cielo te ha traído,

Claudia hermosa, a tan buen tiempo;

a allanar una duda

que a la quietud, al aumento

de mi reino, importa mucho.

Claudia.

Rey y señor, si merezco

ser dichosa, ¿qué mandas?

Porsena.

Aquí están los dos prisioneros

que Publícola uno y otro

dicen que son; fingimiento

por algún fin que no alcanzo

será, pues tú conocerles

es preciso: mira si es

Publícola alguno de ellos,

para que aplauda esta dicha

de salir de este embeleco.

Han de estar apartados Publícola y Mucio hablando los dos, y Publícola de espaldas a Claudia y Mucio de cara.

Claudia.

Cielos, ¿qué haré?, que ya el susto

embarga todo el aliento.

Porsena.

Repara bien si es aquel

de enfrente.

Aparte.

Claudia.

¡Valedme, cielos,

que es mi hermano!

Porsena.

¿Es él? Parece

que te has turbado.

Claudia.

Confieso

ser así, mas no lo extrañes,

porque el que miro, instrumento

fatal...

Pag. 54

Claudia.

principal de mi desgracia

fue en Roma; y como le veo

se habrá asomado a los ojos

la ira que asediana el pecho.

Volved lentos aceros,

pues salisteis de este empeño.

Porsena.

El señor no es él?

Claudia.

No, señor.

Porsena.

Cómo se llama?

Claudia.

Valerio,

aunque ese que está de espaldas

será Publicola por Volucio.

Vuélvese Publicola, y dense los dos con admiración.

Claudia.

Qué es lo que miran mis ojos!

Publio.

Qué es lo que mis ojos vieron!

Mucio.

Claudia, hermana, ¿aquí?

Porsena.

Suspendida

otra vez; Claudia, qué es esto?

Claudia.

Sí, señor, y con gran causa,

que siempre del paso primero

a lo ignorado, es preciso

que haya de ser lo dudoso.

Publio.

Claudia ofendida, de que

en un justo, cruel destierro,

ya que no obró mi valor,

exageró mi aliento?

Sin duda que nos descubra;

mas a asombro mudo, ciego, temo.

Servio.

No daré dos caracoles

por uno, dos, tres pescuezos;

aimaras del alma mía,

ahora del refrán me acuerdo,

que vale más salto de

mata que ruego de buenos.

Claudia.

Para asegurarle más,

fingirme irritada quiero.

Sirvan esta vez las iras

a las piedades. Violentos,

injustos, crueles, tiranos,

que contra mi vida fieros,

al más severo rigor

le apurasteis lo sangriento.

Oh que del rey más amable,

más glorioso, más excelso,

juzga esta vez la fortuna

que hizo sus prisioneros;

he de lograr mi venganza

en vuestra ruina; pero

venganza dije? Maldije,

porque el desagrado, el ceño,

la ira, el enojo, la saña,

el odio, el rencor, luciendo

merecidos, y aunque

crueles, pues pasan luego

a otro ser, que el castigar

es justicia; y así es cierto

Pag. 55

Claudia.

que enviando el rigor castigo

se hace del celo violento.

Aparte.

Aparte.

Mucio.

Claudia se declara, si

su ardiente furor no templo.

Aunque de haberse ofendido

estamos los dos muy lejos;

pues de su ira o venganza

recelamos, ya, no el riesgo

tememos, que de su mano

aun los castigos son premios.

Bien, señora, que con esta

rendida humillación, temo

que en lugar de provocar

tus rigores, los detengo;

que el rendirme es defenderme,

por que contra un noble pecho

el obsequio más rendido

es el más seguro esfuerzo.

Claudia.

Pues disimula mi hermano,

disimularé. Confieso,

que aunque has sido cruel conmigo,

obligado no te tengo;

pero ese injusto, ese ingrato

que me debe...

Publio.

No lo niego.

Claudia.

Que me ofende...

Publio.

No es verdad.

Claudia.

Que me olvida...

Publio.

Tampoco es cierto.

Claudia.

En su vida...

Publio.

Esta no es mía.

Claudia.

Vengaré...

Publio.

No me defiendo.

Porsena.

Suspende la saña, y dime

si acaso es de tu ira objeto

Publicola.

Publio.

Sí, señor.

Claudia.

No señor, no es, sino un fiero

traidor, un fingido, un falso...

Aparte.

Porsena.

Pues, ¿cuál darías el fomento

de que Publicola, y vos

finjan ser, y un lo mismo?

Aparte.

Publio.

Pues a Mucio no han de creer,

seguiré designio nuevo.

Mucio.

Pues a Publicola no han

creído, mudaré de intento.

Porsena.

¿No respondéis?

Publio.

Yo señor...

Sale Marcia.

Marcia.

Que en vano busca el consuelo

una infeliz...

Porsena.

¡Marcia hermosa!

Marcia.

Ya a tus pies; ¡Dioses, qué veo!

Publio.

¡Aquí, Marcia!

Aparte.

Mucio.

¡Gloriosa alma!

Si lo que miro no es sueño.

Porsena.

Pues que Marcia suspendida

se ha, como Claudia, compruebo

ser verdad que estos romanos

crueles con entrambas fueron.

Vuelve en ti, pues sé la causa,

Marcia, de tu sentimiento.

Pag. 56

Ap.º

Marcia.

Alma, respirad, pues ya

no es tanto el daño.

Porsena.

Remedio

de tenerla, y el motivo

saber de su sentimiento.

Ap.º

Marcia.

Vivid, corazón; harás

muy bien, si es justa su suerte.

Porsena.

Para eso, escucha Marcia.

Marcia.

¿Qué mandas?

hablan ap.º

Mucio.

El regio tierno

que adora a Marcia; ¡ay de mí!

¿Pues qué viene a ver mi celo?

Ap.º

Publio.

Si no puedo hablar a Claudia...

Marcia.

Bien lo has pensado.

Porsena.

Este medio

elijo, pues ignorando

que los escucho, sin recelo

hablarán, de ti fío, Claudia,

que averigües el intento

y del engaño de estos dos

romanos...

Claudia.

Yo te lo ofrezco.

Porsena.

Marcia, ven.

A Claud.ª

Marcia.

El rey te escucha.

Mucio.

¿Que para ver sus tormentos

no más haya de tener

vista y estar tan ciego?

Ap.º

Claudia.

Pues el rey a Marcia hechiza

de su amor valerme piensa

para librar a los dos.

Publio.

Augusto irritado dueño,

si mi voz en tus oídos

la piedad que busco encuentro;

Pag. 57

Publio.

permíteme el satisfacerte.

Porsena.

Cataíso: no puedo

a fe, si tú a mis dudas

no satisfaces primero.

Vase

Publio.

A quien manda preguntando

se responde obedeciendo.

Hablan ap[arte]

Mucio.

Servio, ¿qué hace, que me abraso?

Servio.

¿Qué? irte a tomar el fresco.

Mucio.

¿Resolvióse a ver a Marcia?

Servio.

Marcia voló como al viento.

Mucio.

Maldita sea tu voz.

Pégale

Servio.

Malditos sean tus dedos.

Porsena.

De lo estremo de este saco

que es galán de Marcia, empero

Sale el rey al paño

Claudia.

Mi industria a impía fortuna

favorece a mi deseo.

¿Quién os ha dicho, traidores,

que en el claro esplendor regio

de mi sangre podían

caber infames intentos?

¿Somos Marcia y yo mujeres

que al rey que ampara, le demos

por paga de su beneficio

un desagradecimiento?

Publio.

Laura, no me has entendido.

Porsena.

¿Qué será esto?

Claudia.

Bien te entiendo.

Claudia.

falso. Que esto que habrá dicho

y miente tu compañero,

persuadir a Marcia a que

se vuelva a obrar desentero.

En Roma, alguna disculpa

tiene; pues con tal estremo

la adoras: mas que hayas creído

que yo había de ser medio

para obligarla a que falte

al rey, a ti, y que para esto

hayan fingido este engaño,

nada es, vive el cielo,

tan grande que aunque por mi mal

me diera la muerte, es cierto

que aunquedara acreedora

mi saña, de mi despecho.

Porsena.

Logróse mi ardid.

Publio.

Señora

repara.

Mucio.

¿Qué estoy oyendo?

ap[arte]

Claudia.

No hay que reparar, traidor.

Publio.

Atiende.

Claudia.

Ya no te atiendo.

Publio.

Mira...

Claudia.

Primero soy yo.

Publio.

Considera...

Claudia.

Considero

que eres crudo.

Publio.

A Marcia adora.

Claudia.

A mí fiel.

Publio.

No lo niego.

Pag. 58

Claudia.

Yo no culpo...

Publio.

¿Qué?

Claudia.

Su amor;

Publio.

sino que...

Claudia.

Su atrevimiento,

y ha de castigarle el rey.

Sale el rey.

Porsena.

Ya hará, Claudia, yo lo ofrezco.

Claudia.

Sabe, señor...

Porsena.

Nada digas,

que todo lo he estado oyendo.

Claudia.

No sé si lo he errado.

Ap.

Publio.

¿Es

ilusión esto?

Ap.

Mucio.

¿Esto es sueño?

A los dos.

Porsena.

Y si en un amante fino

la mayor pena, el tormento

mayor, es la ausencia; ausentes

has de estar, que yo no quiero

mayor venganza que verte

donde tengan tus deseos

sin ejercicio la vista,

y con uso el pensamiento.

Salid de mi corte al punto,

que nada en perderos pierdo,

y de vuestro injusto engaño

bastantemente me vengo;

que dejo desvanecidos

tus cariños y tus ruegos.

Claudia.

Logróse mi industria.

Publio.

Y, ¿oyes?

Mucio.

¿Qué adviertes?

Vase el rey y Clau.

Porsena.

Ya nada advierto.

Ea, llevadlos; ven, Claudia.

Vase.

Claudia.

¿Qué dolor no hablarle siento?

Mas paciencia, amor, que su

libertad es lo primero.

Mucio.

Espera.

Publio.

Oye, dueño ingrato.

Mucio.

Este castigo...

Publio.

Este premio...

Mucio.

¿Te mereces?

Publio.

¿Han conseguido?

Mucio.

¿Mi confianza?

Publio.

¿Mis afectos?

Agripa.

Venid.

Publio.

Sabed.

Agripa.

Nada oímos.

Publio.

De esta ingrata...

Agripa.

No atendemos.

Publio.

Cautelosa...

Mucio.

Cruel...

Publio.

Pérfida...

Agripa.

No os canséis, que yo obedezco

al rey; llevadlos, soldados,

hasta que en su campo mesmo

queden.

Publio.

Oye.

Agripa.

Es en vano.

Publio.

¿No hay remedio?

Agripa.

No hay remedio.

Publio.

Pues, cielos...

Mucio.

Injustos dioses...

Publio.

Tan crueles...

Mucio.

Pues severos...

Publio.

Castigáis...

Agripa.

Ea, acabad.

Mucio.

Tened lástima, a lo menos.

Publio.

Pues voy muriendo de amor.

Mucio.

Pues voy muriendo de celos.

Vanse, y se da fin a la jornada segunda.

Pag. 59

LA PRAGMÁTICA

SAINETE SEGUNDO

Apolo Una Ausente / La Razón Un Despreciado / Un Olvidado Una Celosa

Descúbrese en un trono sentado Apolo, que le hará una mujer, y la Razón en pie.

Canta

Razón.

Divino Apolo, que en trono

lúcido, deidad, excelso

presides, y alumbras tanto

globo flamante lucero.

Oráculo siempre oculto

pues cuando elocuentes, tersos

tus rayos te explican más

te entiende la vista menos.

Yo en nombre de los mortales

de otro Dios a ti me quejo

que obliga a buscar los daños

para huir de los escarmientos.

Cupido es este, ese injusto

que sabe, químico diestro,

Razón.

sacar de los beneficios

los desagradecimientos.

Él que hace atrevido tanto,

que venza amante resuelto,

lo que no obró la inconstancia

no hay que esperarlo del miedo,

este, que con insaciable

furor, implacable ceño,

para aumentar los peligros

ha infamado los remedios.

Por eso, pues, tan turbado

está el humano comercio

y de pesares y gustos

tan alterados los precios:

que todo es trampas, pues

del más abonado pecho

quiebra, y con las voluntades

ya no hay que tratar de asientos.

Haya, pues, peso y medida

en todo, que en los afectos

no tendrá peso la carga

si viene la carga al peso.

No tarde el remedio, mira

que aunque ha hecho estragos violentos

jamás el cuidado; aún son

más los que el descuido ha hecho.

Pag. 60

Razón.

gracias), que me creas

más que me atiendas merezco.

Oye de tanto mortales

los míseros lamentos.

Salen un Olvidado, una Ausente, un Despreciado y una Celosa y canta el verso que le toca

Olvidado.

¡Ay, que suspiro!

Ausente.

¡Ay, que padezco!

Despreciado.

¡Ay, que me acaba!

Celosa.

¡Ay, que me dan muerte!

Apolo.

Un olvido.

Ausente.

Una ausencia.

Despreciado.

Un rigor.

Celosa.

Unos celos.

Baja del trono Apolo y representa

Apolo.

Volved otra vez mortales

a explicar el dolor

¿tú qué sientes?

Olvidado.

Un olvido.

Apolo.

¿Te cuesta mucho?

Olvidado.

Un tormento.

Apolo.

¿Qué le vendió?

Olvidado.

Un engaño.

Apolo.

¿Y qué le concertó?

Olvidado.

Un despecho.

Canta

Apolo.

Al olvido le dejarás

en su ser, sintieras menos

si el olvido al que se ausente

llega a sentirle

es que hace memoria

del olvido.

¿Qué suspiras tú?

Ausente.

Una ausencia.

Apolo.

¿Dónde está el dueño?

Ausente.

Muy lejos.

Apolo.

¿Vendiola cara?

Ausente.

Sí, mas

estoy que más la encarezco.

Canta

Apolo.

Si enfermaste con la ausencia

ya has hallado tu remedio.

El que de ausente enferma

no ha de quejarse;

pues queda con ausencias

y enfermedades.

Apolo.

¿Tú qué lloras?

Despreciado.

Un rigor.

Apolo.

¿Está tasado?

Despreciado.

Eso siento.

Apolo.

¿Cuánto diste

por él?

Despreciado.

Por él, di un empeño

y el corazón a una ingrata;

gran ingrata, que al tiempo

que yo me estaba empeñando

ella me estaba vendiendo.

Canta

Apolo.

Agasájala y procura

que haga escritura del precio.

Que si se obliga, aunque ahora

sea tan ingrata,

ha de pagarte al punto

que está obligada.

Apolo.

¿Tú de qué te quejas?

Celosa.

De una

falsa cadena.

Apolo.

¿Qué efecto

hacen?

Celosa.

Quitarme la vida.

Apolo.

¿Los compraste?

Celosa.

Me los dieron.

Apolo.

Pues, ¿para qué los tomaste?

Celosa.

Yo no los quería; pero

Pag. 61

Celosa.

me lo metió por los ojos

un traidor ciego.

Apolo.

Cesará el riesgo

si tú entonces los cerraras.

Celosa.

Cerré, mas no fue a tiempo

que para herir, tan veloces

entran como un pensamiento.

Apolo.

Olvídalos, que es echarlos

a perder, el cuidar de ellos.

Canta.

Son los celos alhaja

que nadie compra;

pues cuando más se cuida

de ellos, se toman.

Razón.

Has oído, cómo el vendado

Dios en los humanos pechos

con nombre de paces, va

las guerras introduciendo.

Apolo.

Ya lo he oído, y gran abuso

a voces pide remedio:

y así mortales oíd

al legislador Supremo

la Pragmática de Amor;

y advertid, que sus decretos

mandan, y amenazan, oídles,

escuchadles, y atendedles:

y ¡ay de aquel que no esté tan

obediente, cauto y atento.

Canta.

Manda, que ningún olvido

Pag. 62

Canta.

es bien que se vean patentes los yerros;

porque el que aspira a querer mucho

no se ciegue con su afecto;

pues, ¿cómo querrá con sus cinco sentidos

si viene cegando, a tener uno menos?

Que no se atrevan las feas

a ser ingratas, diciendo

que cómo es posible que pueda a ninguno

hacer buena cara quien tiene mal rostro;

Que es de incapaz que cualquier boba

desee ser hermosa, pues yerra

no han de poderles hacer las hermosas

que basta que a muchos obliguen a hacerlos.

Ningún dichoso en Amor

pueda alabarse de serlo,

que como el favor no se acerque al olvido

mejor que la voz, le agradece el silencio.

Esto es lo que Apolo manda,

y al que falte a este decreto

recto condena a que en su albedrío

labre la cárcel de su cautiverio.

Canta.

Viva Apolo, oíd, Apolo viva,

que hoy prohíbe regir los cuatro elementos.

Aires.

Pues llantos oíd.

Suspiros.

des.

Firmezas.

Firmezas del.

Agravios.

Agravios.

Ríos.

Son aguas.

Vientos.

Son aires.

Des.

Se entierra.

Celosa.

Son fuego.

Apolo.

Ea, mortales, desde hoy

pagaréis al Amor menos

tributos; que esto os quita

tanta carga a vuestros pechos.

Canta.

Desde que Val-Amor puso

presillas tan bastas,

no solo va corrido,

sino volado.

Leli.

¿Tendrá algo que pedir?

Todos.

Todos quedamos contentos.

Cantan todos.

Pues el baile se acabe.

Apolo.

No se acabe,

mas la razón primero

debe advertiros

que cumpláis tan puntuales

estos preceptos,

que no sean ceremonias

los cumplimientos.

Fin

Del Sainete

Segundo

Jornada tercera

Pag. 63

Prosigue el teatro de palacio

Salen Publícola, Mucio, Bruto, Servio y acompañamiento

Publio.

Aquel mozo confesemos

de prisión y lealtad.

A Mucio

Bruto.

Otras mil veces me dad

los brazos.

A Publícola

Publio.

De la estrema

de tu amor, el mío no estraña

finezas; tu amigo soy.

Abrázale

Bruto.

Ven, Mucio.

Mucio.

A tus pies estoy.

Servio.

Digo, ¿que ninguno se amaña

a abrazarme?

Bruto.

¡Ah, buen criado!

¿Fuiste prisionero, di?

Servio.

Pues, ¿si no fuera por mí

dónde hubiéramos parado?

Bruto.

En vano mi voz pondera

mi pena, mi confusión

al saber vuestra prisión.

¿Cómo fue?

Publio.

Desta manera.

Óyese un clarín y sale un criado

Criado.

Ahora acaba de llegar

un embajador.

Bruto.

¿De quién?

Criado.

De Porsena.

Bruto.

Pues prevén

silla, y di que puede entrar.

Siéntanse Publícola y Bruto y ponen una silla, y sale Claudia con un velo en el rostro

Claudia.

Quedaos todos; mal mi amor

vuestra sujeción creyera.

Bruto.

Si el embajador no llega...

Claudia.

Ya está aquí el embajador.

Siéntase

Bruto.

¿Vos sois?

Claudia.

Yo.

Bruto.

No puede ser,

siendo mujer.

Claudia.

No te asombres.

Bruto.

Bien se ve que os faltan hombres

pues que os viene una mujer.

Publio.

No sé qué decirme quieres,

corazón.

Claudia.

Tu juicio erró;

pues ¿hay empleo de que no

sean capaces las mujeres?

Para admirar sus despojos

no hay que apelar a la historia,

que se escurece la memoria

de adonde alcanzan los ojos.

Si Atlante ha causado asombro

que solo un mundo abrazó;

¿no hay mujer que sustentó

dos mundos sobre sus hombros?

¿No ha habido Semíramis airada

yendo a vengar sus enojos

que por el olvido de sus ojos

se acordó de su espada?

¿No hubo que a la más dura,

más errada obstinación,

convenció

Pag. 64

Claudia.

Antes bien que no ofenderte

traigo el embozo que ignoras;

pues dejarle, traer ventajas

fuera para convencerte.

Publio.

Eso no te cause enojo,

que a mí sola, sin ficción,

me convence la razón.

Claudia.

Y a alguien más.

Publio.

¿Qué más?

Claudia.

A mí sola.

Descúbrese.

Publio.

¿Qué es lo que llego a advertir?

La voz puedes suspender,

porque con dejarte ver

no tienes más que decir.

Claudia.

No el acento has de impedirme,

ya que no quisiste creerme;

y pues porfiaste en verme,

has de verme y has de oírme.

Aparte.

Mucio.

Mi hermana es.

Publio.

¿Estará aquí

Marcia también?

Aparte.

Mucio.

Claudia, ¿cielos,

en Roma? Nuevos desvelos

siente el pecho.

Aparte.

Publio.

Estoy sin mí.

Claudia.

Porceno, rey generoso,

rey amado, rey temido,

que la justicia es quien sabe

unir temor y cariño,

rey de los etruscos, honor

de los toscanos dominios,

Pag. 65

Claudia.

que hoy le respetan y aplauden

pues más vasallos les hizo

que el conquistarlos osado

y el gobernarlos benigno.

En virtud de los tratados

se ha ajustado con Tarquino

y aliándose con él, más

que ambicioso, compasivo,

obligado a restituirle

al cetro está; y aunque impíos

los dioses, que una batalla

pierda Porsena, tan querido.

Reclutadas sus legiones,

forman ya un vivo monte Olimpo;

pues tanto el número es

de soldados y caudillos,

que si los tiros despiden

las puntas de acero limpio,

pueblan la región del aire

tanto, que no hallan resquicio

ni los ardores del sol

ni los rigores del frío

para penetrar el denso

monte de flechas, que unido

contra el sol sirve de sombras

y contra el hielo de abrigo.

Una ruina está en su mano,

que es su ánimo invicto

y tan piadoso, que sus armas

que conozcáis ha querido

que no son de ira forjadas,

sino para persuadiros.

Resistís a un rey,

que yo ofrezco que Tarquino

use esta desobligación

de nombre de beneficio.

Pues sois cuerdos, una enmienda

sálgale al paso al peligro;

mejor es ahora enmendaros

que después arrepentiros.

A esto Porsena me envía.

Ved qué respondéis, no altiva

rehuséis a la razón,

y cónsultéis solo al brío

de ciego; y como está siempre

con la razón tan malquisto,

más que aconsejar aciertos

sabe cometer delitos.

Bruto.

Ya que como embajador

a esta legacía has venido,

que no es digno de respuesta

lo que aquí has propuesto y dicho:

Pag. 66

Bruto.

como a embajador respondo,

y como a Claudia te digo

que no es posible ser Claudia;

pues si te oigo, y si te miro

me persuaden mis potencias

que me engañan mis sentidos;

siendo tú.

Levántanse Claudia, Publíc. y Bruto.

Claudia.

La voz suspende,

pues desde el instante mismo

que hizo de mí confianza

el rey Porsena, a que sirvo

y cumplir con lo que soy,

me olvidé de lo que he sido.

Publio.

Sí, pero...

Claudia.

Nada me digas

que he de responder presto

a mi embajada.

Publio.

Yo en cuanto

a Porsena y a Tarquino

lo mismo que a Bruto oíste

eso mismo te repito;

pero en cuanto a ti...

Claudia.

No, en cuanto

a mí, mi voz ni mi rostro;

pues no quiero que presumas

que trayéndome el motivo

de asegurar vuestro riesgo

hice mayor tu peligro;

y digas que fui engañosa,

Vase.

Claudia.

y tanto que al tiempo mismo

que mi voz afecta quitarte

almas a tu ciego camino,

mis ojos al mismo tiempo

te llevan al precipicio.

Publio.

Espera, Claudia, señora.

Servio.

Señor, ¿has perdido el juicio?

mira que ya como extremo

y Sirtes pones a tiro,

vos otra, cuando no, sus ojos

llevarte su torbellino.

Bruto.

Ea, Publícola osado,

la nación fiel, la a mi ver,

oye de ver otra Patria

Cumplidos los vaticinios

de sus mudos elocuentes

doctos celestes zafiros;

con caracteres de estrellas

han escrito de propicio

tantas veces; y si a Romana

con qué gusto te recibo,

toma a de lograr el fruto

que hasta hoy te guardó el destino,

y di que fue esperanza o sombra

de Roma pasados siglos.

Pag. 67

Publio.

Y puesto que esta batalla

árbitro ha de ser preciso

o al senado, o le defraude

o le establezca el dominio;

procuremos vencer, pues

si nuevo triunfo adquirimos

queda Porsena sin fuerza

y sin apoyo Tarquino.

¡Ay Claudia mía, qué mal

domina el amor al brío!

Vase.

Mucio.

Nada temáis, pues yo solo,

mas mejor es, no decirlo

hasta ejecutarlo: hoy Roma,

patria amada, a mi cariño

y puede ser que a mi celo

también, has de deber fino

lograr tu seguridad

a costa de mi peligro.

Vase.

Bruto.

Y pues cuando el daño pide

ya remedio ejecutivo,

el negarle o dilatarle

son iguales perjuicios:

a las armas valerosos

romanos y siga hoy mismo

al afán de haber lidiado

la gloria de haber vencido.

Vase.

Publio.

¡Mucho puedes, patria amada,

conmigo, pues sacrifico

mi corazón a tus glorias,

mas con qué pérdida ha sido!

Con mis pasiones; no es mucho

que si es Claudia el enemigo,

mal se compadece ser

buen amante y buen patricio.

Vase.

Servio.

Si es el enemigo Laura,

no soldados aguerridos

lleven, llegad jardineros

que el campo de Claudia, es fijo

que en lugar de hallarle armado

le habemos de hallar florido.

Vase Servio.

Tocan cajas y clarines y salen Porsena, Marcia y tropas que acompañan, teatro de bosque y tienda de campaña.

Porsena.

Aunque espero que el senado

vendrá en lo que le he propuesto

cediendo su obstinación

a mi piedad; he resuelto

esperar hoy en campaña

puesto en batalla, el suceso

Pag. 68

Porsena.

de la embajada.

Marcia.

Aunque juzgas

lo más razónable, temo

que la sañuda ambición,

y que el orgullo soberbio

de los romanos persuada

tanto a su injusto despecho

que esté para sus piedades

ciego su conocimiento.

Porsena.

No habrá ceguedad, que no halle

disculpa en mi amante pecho,

pues en la más rara hermosa

y no es el cegar entiendo

debilidad del sentido

sino fuerza del objeto.

Mas ¿cómo siendo tan grande

la de tu rigor, no el mismo

efecto en mi corazón

hace? pues tan descubierto

le miro, y es estraño

que desiguales efectos

produzcan causas iguales;

y que siéndolo tu ceño

y tu beldad, tan contrarios

en mi pecho obren, que tengo

ceguedad para las glorias

y vista para los tormentos.

Marcia.

No des nombre de rigor

a la atención, que supuesto

que yo una infeliz romana

soy, y tú un príncipe excelso,

cuando ves que no te admito

te estimo, y no te desprecio;

y así atendiendo a tu punto

y al mío también, resuelvo

que no pudiendo igualarte

cortés, ofenderte no quiero.

Porsena.

Puesto que ni con razónes

mi cariño te convenzo

superior auxilio imploro

y de eficacia a mi ruego:

Y pues que de la batalla

he de dar, es bien primero

sacrificar a los dioses

y hacer al mismo tiempo

el voto de tus rigores:

que pues que igualmente venzo

es cierto que no dará

lustre tan grande a mi esfuerzo

ser dueño de Roma, como

ser de tu hermosura dueño.

Y do voy, que al sacrificio

reverentes previniendo

Pag. 69

Porsena.

el fuego, el altar, el ara

el ídolo, y el incienso

arda este, hasta que humee

tanto que su culto negro

en lugar de oscurecer

alumbre pues en el templo

más que el incendio del humo

luce el humo del incendio.

Descúbrese un pabellón como tienda de campaña, donde estará un altar con un ídolo, y un brasero con lumbre

Marcial.

Toda, señor, nuestra voz

ofrecemos que con ella,

ya que no más eficaz

será mayor el obsequio.

Porsena.

Ya señor, de su embajada

llegó Claudia. Por hablarte

quiero

y saber lo que responde

el Senado; y mientras vuelvo

quedará Agripa en mi tienda

las órdenes disponiendo

para la batalla: que hoy

si influye propicio el cielo

he de hollar el Capitolio

pacífico o sangriento.

Sale Agripa, y Criados

Vase

Marcial.

Dioses, cómo con vuestra ira

podrá ya mi sufrimiento

si a ella la vais inflamando

y a él le vais enflaqueciendo.

Vase

Agripa.

Oh cuánto de estos Romanos

verter la sangre deseo

que aun del mundo, que en mi saña

es natural lo violento:

pero lo que me han mandado

Porsena ejecutar quiero

Vase Marcial y Porsena. Agripa denota que despide al soldado o a los soldados

Pónese a escribir Agripa sobre un bufete que tendrá delante; y por la parte a donde él estuviere de espaldas sale Mucio

Mucio.

Ea valor, pues que pude

llegar, sin ser descubierto

a la tienda de Porsena

compraré su muerte, al precio

de mi vida; pues así

segura a mi patria dejo.

Y pues matando a Porsena

a Roma libro, mi intento

no es ejemplo de crueldad

sino de piedad ejemplo

Aquí, si yo no me engaño

está Porsena escribiendo

que él solo aquí estar pudiera

sentado, y con tal sosiego:

¿qué aguardo? Muere enemigo

de mi patria

Agripa.

¡Ay Júpiter, cielos!

¿Cómo permitís Soldados

arriba, traición, que me han muerto?

¡Den!

Échale una banda en la cara y dale de puñaladas

Pag. 70

(Luchando con Mucio cae en la misma silla.)

Dentro.

¡Traición en mi tienda, amigos!

¡A las armas!

Dentro.

¡Llegad presto!

Mucio.

Ya no hay peligro que temo,

pues muerto a Porcena dejo.

(Salen Porcena y Marcia con acompañamiento.)

Porsena.

¿A dejas muerto a Porcena?

Mucio.

¡Ay!, mas ¿qué miro? ¿Porcena veo?

Marcia.

¿Qué he visto?

Mucio.

¡Porcena vivo!

¿Yo obraré con él? hacedlo;

por más que a la garganta

gustoso el cuchillo ofrezco;

ya, ¿para qué es el cuchillo

si enviáis delante mis celos?

Porsena.

¿No eres tú?

Mucio.

Sí, el mismo soy.

Porsena.

¿El que fingió?

Mucio.

No lo niego.

Porsena.

¿Ser Publícola?

Mucio.

Es verdad.

Porsena.

¿Y el que ha dado muerte...?

Mucio.

Es cierto.

Porsena.

¿A Agripa?

Mucio.

Sí, mas creí

dársela a ti.

(Aparte.)

Marcia.

¡Piedad, cielos,

que estoy sin mí!

Porsena.

¿Qué aguardáis?

¡Prendedle!

(Ha de estar siempre Mucio con el puñal en la mano.)

Mucio.

Esperad; primero

que os venguéis de mí,

vengaré yo mismo, y miento,

Mucio es el que miras, rey

Porcena, y que prisionero

fui, y Publícola fingí

ser entonces; pero esto

fue por que no peligrase

Publícola el verdadero;

el cual voluntario vino

a la prisión también, por luego

prisionero mío fue

Publícola, pues lo confieso.

(A Marcia.)

Porsena.

¿Luego me engañaste tú?

Marcia.

Señor, no.

Porsena.

¿Señor, no? No te entiendo.

Marcia.

Sí; pues negué la verdad;

no, por que al negarla, siendo

Publícola hermano mío,

no es culpable, antes bien creo

que lo fuera el confesarla,

y en cualquier lance que vemos

que es el desengaño infiel,

no puede el engaño serlo.

Porsena.

¿Publícola, hermano tuyo?

Marcia.

Sí, señor.

Porsena.

¿Qué escucho? ¿Luego

Laucha fue quien me engañó?

¿De mi confianza el premio

es este? Pues, cruel, vengaréme

de tu ingrato fingimiento.

Mucio.

Viendo yo que el de mi patria

aventurado el sosiego

Pag. 71

(Asido de un dardo el brazo y poniéndole sobre las brasas)

Mucio.

por tuyo des; por un enojo

o por tu alianza; y viendo

que con su muerte aseguro

hoy su libertad, resuelvo

darle la muerte: crueldad

no fue, fue un ardiente afecto

que a instancias de mi lealtad

llegó a cegarme; que no es nuevo

que más, y mejor que la ira

llega el amor a hacer ciegos.

Disfrazado, en este traje

llegué a tu tienda; y creyendo

herirte, ese que apurar supo

la adversidad a un acero

le di la muerte; sin duda

debía de merecerlo;

que aunque en nuestro juicio acasos

parezcan muchos sucesos

nunca el nacer, y el morir

son acasos para el Cielo.

Yo, de buscarte piadoso

tan lejos estoy, que intento

que notes en mi constancia

victorias de justiciero

y así para que castigues

al que faltó a tu respecto

al que faltó a tu confianza

Castigaré yo primero.

Y pues este brazo, otorgo

por no obediente al precepto

de mi generoso aliento

nada constante advierto

ha faltado; y por su culpa

grave, siempre, las que fueron

al principio en mi pecho iras

pasarán a ser incendios.

Arda el traidor en que

padezca lo que padezco.

Y sienta el rigor de las llamas

pues es su culpa notoria

Yo le encaminé a su gloria

y él se fue hacia su ruina.

Yo al mayor triunfo le exalto

queriéndole engrandecer;

y él, pudiendo esta acción ser

hazaña, la hizo delito.

Dése, pues, ya a cenizas

sepulcro, su ardor severo;

pudo ser de mármol; pero

ahora será de llamas.

Y aunque es fatal monumento

el ejemplo lograrás,

que en la ceniza, habla más

elocuente el escarmiento.

Pag. 72

Porsena.

tuviese el brío, no el dolo,

honra que harán ufanos

unidos tantos romanos,

y esto hace un romano solo.

Mucio.

¡Esto es morir, corazón!

Y torpe el dolor suspira.

Porsena.

¡Qué noble hombre, que a mi ira

le dé cabo mi admiración!

Que al ver que en aras tributas

para hazañas tan violentas,

si me asusta lo que intentas,

me pasma lo que ejecutas.

Si alguien conmigo a lidiar

llegare, debe temer

más lo que sabes perder

que lo que puedes ganar.

Destaca el más atrevido

pecho, menos asustado

del brazo que te ha quedado

que del brazo que has perdido.

Sin razón estás quejoso

de tu yerro, pues es cierto

que, si lograras el acierto,

no fueras tú tan glorioso.

Y es dicha bien singular,

y fama que a nadie se concede,

que hoy en ti, del errar quede

envidioso el acertar.

Y ya que en tus yerros logras

las más gloriosas victorias,

que al mayor esfuerzo sabes

añadir mayor esfuerzo;

porque del brío, no

quede infamado mi aliento,

libre estás; no has de morir;

con esto a igualarte vengo;

que aunque el intentar matarme

y morir fue mucho, creo

que el perdonarse la vida

no ha de parecerse menos.

Libre estás, digo otra vez;

esto por mí hacerlo debo;

que no quiero yo que digan

que el rey Porsena, pudiendo

ser generoso, ha querido

ser vengativo; ni quiero

que se presuma que yo

castigo lo que celebro.

No es piedad darte la vida,

vanidad es, que aunque es cierto

que si no

Pag. 73

Porsena.

viene marchando.

A Mucio.

Porsena.

Espera,

que ¿no salgo a detenerle?

Vete, y diles que no les temo;

pues piadoso y liberal

reconozco tu esfuerzo.

Mucio.

Poco en eso me añades,

que siendo que hoy no puedo

tomar contra ti las armas,

mandando ni obedeciendo;

pues allá mejor que aquí

sabré ser tu prisionero;

que aunque no llevo cadenas,

las de mi obligación llevo,

y estas no podrá limarlas

nunca el olvido, ni el tiempo.

Porsena.

Valiente eres, y eres noble;

no te vas?

Mucio.

Sí, mas primero

permíteme que de Marcia

me despida.

Vase.

Porsena.

No, indiscreto,

mi constancia apurar quieras;

que aunque piadoso, o soberbio

tengo en mis iras dominio,

en mis celos no le tengo.

Ven, Marcia.

Marcia.

Para que hiciesen,

que encubriesen justas crueles

lo agradecida, si había

Pag. 74

Marcia.

de estar quejosa tan presto?

Vase

Mucio.

¡Cielos, cielos airados!

¿Rey enemigo, qué has hecho?

¿Tú eres piadoso? No eres

sino tirano; supuesto

que darme la vida fue

para quitármela luego.

Vase.

Dentro tocan

cajas y clarines.

Salen Publícola,

Bruto, Servio

y acompaña-

miento.

Bruto.

Esto de Mucio refiere

un soldado, que ha llegado

del campo enemigo,

a su patria añadir quiere

nuevos blasones.

Publio.

Su mayor

valor no llegó a admirarse.

Servio.

Siempre creí que el chamuscarse

desgracia era, y no valor.

Bruto.

Borre de la antigüedad

las hazañas que Severo

supo, en bulto perecedero,

labrar de su inmortalidad.

Y pues ya el campo contrario

nos presenta la batalla,

que esta ribera, que media

entre las tropas romanas

y las toscanas, se duda

si las une o las aparta:

a embestir, nobles caudillos,

que a la fama dais ser y alma;

y pues hoy vuestro aliento, alientos

presta al clarín de la fama.

Publio.

No temáis que el enemigo

fuerte castro a sus espaldas

tenga, una plaza, en que libre

los riesgos que le amenazan;

que aunque a este abrigo le alienta

una vez la lid trabada,

quizá formará su miedo

de su propia confianza.

Dentro cajas y clarines

Dentro.

¡Arma, arma! Que el enemigo

a aquella colina avanza.

Publio.

Ea, amigos, hoy es el día

de afianzar a vuestra patria

su corona, y de que alfombras

sean de sus pies las contrarias;

porque la harán más gloriosa,

más real, más soberana,

que la gesta en su cabeza,

las que cubren a sus plantas.

Sacan las espadas

Vase Publ.

Publio.

¡Soldados, al arma, a ella!

Vase Bru.

Bruto.

¡Soldados, a ellos, al arma!

Vase.

Servio.

¡Que no sé yo amañarme

jamás a sacar la espada!

Pag. 75

Servio.

Pero no, mejor será

meterla que no sacarla.

Vase.

Aparecen los vencidos, / tres, del torreón. Tocan / cajas y clarines, / y dase la batalla, / y después dicen / dentro:

Dentro 1.º.

Seguid su alcance, pues ya

en desorden su vanguardia

se retira.

Dentro 2.º.

No temáis,

truscos, pues la retirada

esa plaza os asegura.

Dentro 3.º.

Coronad bien sus murallas.

Dentro Todos.

¡Victoria por los romanos!

¡Viva Roma! ¡Publio, patria amada,

logra este nuevo laurel,

y aunque tienen ya hojas tantas

tu real cabeza, que más

que la adornan la embarazan!

Salen Publio, / la Servia y / acompañamiento.

Servio.

¡Válgame Dios! Y qué bien

que parece cualquier batalla

después de ganada.

Publio.

No hay

felicidad sin desgracia;

prisionero el cónsul Bruto

queda, Servio.

Servio.

Fiad en sus canas,

que riendo los hombres brutos

harán dos mil patochadas.

Publio.

Mucho lo siento, pero

su persona recobrarla

podremos muy fácilmente;

pues luego en la batalla

un prisionero...

Publio.

Un prisionero de quien

Porsena sin repugnancia

canjeará a Bruto. ¿Qué es

que al cónsul Bruto iguala?

Publio.

Cayo Flaminio, sobrino

del rey; sea, haced llamada

y del canje trataremos.

Hacen llamada y asómase un soldado / en lo alto.

Soldado.

Ya del campo...

Publio.

Ya de la plaza...

Soldado.

¿Qué queréis?

Publio.

Saber si el rey

gusta que el canje se haga

de los prisioneros, de esta

que de otra parte.

Soldado.

A la estrada

encubierta saldrá ahora

su Alteza, que es distancia

más propia para poder

responder y oír.

Publio.

Su grata

real piedad, siempre unió, juzgo,

las honras con las hazañas.

Salen el rey Porsena, Claudia, Marcia, Bruto / y acompañamiento.

Servio.

Cierto, que aunque sea cruda,

he de decir que no hay dama

que parezca en un estrado

como un rey en una estrada.

Pag. 76

Publio.

Pues que Vuestra Majestad

ley dorando forma en saña

de su valor, sin que en ella

tenga parte la venganza;

a vuestros pies ambicioso

llego, y a su humillada

investidura, así a mis glorias

no les falte circunstancia.

Porsena.

Feliz vos, que siempre exento

os miro de las desgracias,

pues que vuestro valor más

que la fortuna os ensalza.

Ya os conozco, que algún día

os desconocí.

Publio.

Tirana

Claudia, tú la culpa tienes

de todas mis ruinas.

Publio.

Jamás

honras, gran señor, confunden

al mismo paso que halagan.

Porsena.

Mucho, Publio, y a fe

que cumpliste tu palabra.

Publio.

Vuestra magnanimidad

dio a mi atención enseñanzas.

Aparte

Publio.

¡Ay, Claudia del alma mía,

puerto y golfo de mis ansias!

Aparte

Mucio.

¿Que siempre al verte he de verte

con celos, divina Marcia?

Aparte

Claudia.

¿Que mi pena, aun en la orilla,

tropiece con la borrasca?

Aparte

Marcia.

¿Que vuelva a empezar el susto

aun cuando ya el riesgo acaba?

Publio.

Pues entre los prisioneros

dos, con que ninguno iguala

hay solo; el uno es Bruto,

lo es vuestro; otro, a quien ampara

sangre Flaminia, no es mío;

ved si queréis que ambos salgan

de su prisión.

Porsena.

En buen hora;

pero reparad que falta

otro prisionero.

Publio.

¿Otro?

Porsena.

Otro, y de alguna importancia.

Publio.

¿De importancia por sí?

Porsena.

Sí.

Publio.

¿Quién puede

ser el prisionero?

Porsena.

¡Claudia!

Publio.

¿Prisionera Claudia, a quien

no el sagrado ampara?

Porsena.

Desempeñó mi promesa

que faltó a mi confianza.

Publio.

A las leyes se sujeta

un rey a dar su palabra.

Porsena.

No hay ley que aquí obligar pueda,

pues no deja en la campaña

oír la voz de las leyes

el ruido de las armas.

Pag. 77

Publio.

¿Cómo ha de ser prisionera

la que en vos libra sus armas?

Porsena.

Y ¿cómo podrá dejar

de serlo la que me engaña?

Claudia.

Yo, señor, no os engañé,

que es muy grande distancia

de una reserva a un engaño:

el silencio a nadie agravia,

que no es lo mismo callar

una verdad, que negarla.

Publio.

Dice bien; a más de que

cómo puede ser culpada

Claudia, cuando con el mismo

cargo, no es culpada Marcia?

Porsena.

Es su hermana, y fue piedad

el engaño de una hermana;

pero en Claudia fue delito.

Aparte

Bruto.

¡Qué fácilmente que halla

el cariño una disculpa!

¡Oh cuán grande es mi desgracia,

pues a Marcia siento ver

y de Porsena disculpada!

Publio.

En caso que prisionera

fuese Claudia, y yo librarla

procure, si ella no quiere

será diligencia vana.

Claudia.

Sí quiero, pues aunque a Roma

volver no puedo, en extrañas

provincias, mis desventuras

hallarán amparo y patria.

Porsena.

Ella deliberar puede,

pero sea desengañada

de que si aquí prisionera

queda hoy, morirá mañana.

Aparte

Publio.

¿Qué es morir? Por esto resuelvo

este ardid, medio y traza

para ver si sacar puedo

mejor partido; pues sana

tanta en mí piedad no cabe.

Sin mí estoy, sin vida, mi alma

importa menos, que importa

el menor susto de Claudia.

Aparte

Claudia.

¡Hasta cuándo con mis congojas,

se han de llenar mis desgracias!

Publio.

Amigo Bruto, paciencia,

que el cumplir con una dama

no es, no, faltar a un amigo.

Bruto.

Mi vida está asegurada,

libra ahora la que peligra;

mi prisión aunque sea larga

no importa.

Pag. 78

Bruto.

no importa

Publio.

A Cayo Flaminio

y Claudia doy por entregada.

Porsena.

Es razón, pues lo ofreci:

Publio.

libre estás, mas no te afama

que esta libertad no puede

librarte de ser ingrata.

Pasa Claudia a la parte donde esta Publicola.

Claudia.

Ingrata seré, mas tu

mal mis atenciones pagas.

Publio.

Claudia adorada, (ay que miro)

a pesar de la desgracia

en mi poder tu hermosura

mi gozo a mi triunfo iguala:

Bruto con mis armas, presto

espero librarte.

Porsena.

Aguarda,

no es facil que lo que ofreces

pueda cumplirlo tu espada.

Publio.

La fortuna puede mucho.

Porsena.

Mucho, es verdad, mas no manda

en los imposibles.

Publio.

Pues

quien a esto imposible llama?

Porsena.

Yo, pues al instante que

vuelva a entrar en esta plaza

y al punto también que vuelvas

tu a este sitio las espaldas

morira Bruto.

Publio.

Que dices?

Porsena.

Lo que oyes.

Publio.

Pues en tan alta

noble piedad, caber puede

tan rigurosa amenaza?

Porsena.

Si cabe, pues nunca ha sido

segun las leyes humanas

injusto aquel que se vale

del oro de sus armas:

y cuando usas tu a tu albedrio

de las ventajas que alcanzas

no extrañes que yo también

quiera usar de mis ventajas.

Publicola, aquesto se

reduce a solas palabras:

Flaminio es tu prisionero

mios lo son Bruto y Claudia

por uno yo no he de dar

dos; que ha de morir, repara,

el que quedare, tú, pues,

ya está la sentencia dada

antepón el que quisieres

o a tu amigo, o a tu dama:

este rigor aun fingido

halla en mi por repugnancia.

Publio.

Que Cielos, hallara senda?

Pag. 79

Publio.

entre tan dudosas ansias?

Por Claudia está mi cariño,

por Bruto aboga mi patria:

si salvo a Claudia, me falto

a mí; si expuesto a la saña

dejo a Bruto, falto a todos

los que por padre le aclaman;

pudiendo dar más que yo

que más que yo mi constancia

queda, y a la prisión vuelva

Claudia, pues es desdichada

y pues, que infelice soy,

tanto, que como voz no hallan

las palabras, es mi llanto

el que pronuncia las palabras.

Vuélvete, Claudia; ven, Bruto.

Claudia.

Pues así, tirano, pagas

mi cariño? así obra quien

blasona de sangre hidalga?

es constancia ser cruel?

no adviertes, ay, que te infama

lo que abandonas, y no

te acredita lo que amparas?

Claudia.

mírame y verás qué hermosa

te convenzo, pues si andan

desgracia y belleza juntas,

qué hacer podrás que más que hagas;

si ha crecido mi hermosura

al paso que mi desgracia?

Publio.

Nada; bien dices, que al verte

de tu llanto acompañada

revoca tierno el cariño

lo que el valor cruel manda:

Bruto, detente, no vengas

Claudia espera, no te vayas.

Bruto.

Pues cómo! Amigo y infiel

como mal patricio, e ingrata

tu liviandad imagina

hacer fineza la infamia?

fino serás con cualquiera

de las dos que el canje hagas

que estimas; pero si

tu resolución bastarda

libra a Claudia, y deja a Bruto

fina será, mas liviana.

Publio.

Dices bien, ¡Dioses, piedad!

Pag. 80

a Claudia

Publio.

socorro, ved que ya faltan

las fuerzas, porque una vida

no puede con tantas ansias.

Bruto, ambos razón tenemos,

mas la misma razón manda

que la tuya prevalezca

y que la mía no valga:

venciste, Bruto: tu nombre

callo, que si le nombrara

él solo pudiera hacer

prevaricar mi constancia.

Claudia.

¿Que falte en ti la piedad

ya que el cariño te falta?

Publio.

Suspende ese desperdicio

hermoso de perlas tantas,

bien se ve, que lo que valen

no sabes, pues las derramas.

Bruto.

Aunque aciertes no podrás

dejar de errar lo que tardas.

Claudia.

Mira que en el susto crece

el riesgo con la tardanza.

Bruto.

Su obligación.

Claudia.

Su cariño.

Bruto.

Su fe.

Claudia.

Su dama.

Bruto.

Su patria.

Claudia.

Este llanto.

Bruto.

Estos suspiros.

Claudia.

Esta ternura.

Bruto.

Estas canas.

Claudia.

Te obliguen.

Bruto.

Te muevan.

Vase

Publio.

Cesa

cruel; enemigo calla

que en lugar de persuadirme

me violentas; que es tirana

la razón, si la razón

en vez de guiar arrastra.

Esto ha de ser, y a la muerte

no temo, que en su fama

exenta nunca tuvo

jurisdicción la desgracia.

y a Flaminio se entregue

y en mi poder queda Claudia.

Bruto.

Pues ¿cómo ingrato, a quien debes

lo que amo, te desamparas?

Publio.

Ahora verás, si es injusta

Bruto tu desconfianza

o mi amistad por su elección

ni a culparla ni aprobarla

paso, y más vuelto a acordarme

que morirá Bruto.

Publio.

Vanas

quedarán de mis finezas

y esta vez tus amenazas.

Porsena.

¿Cómo?

Publio.

Como se requiere.

Pag. 81

Porsena.

Un prisionero, que queda

a Flaminio y habías de darme

a Bruto por sí, mi palabra

está empeñada; pero ese

prisionero es el que falta.

(Pasa Publícola a donde están Porcena y Bruto)

Publio.

No falta, que a instancias de una

amistad fina y hidalga

vengo a la prisión, porque

de la prisión Bruto salga.

Bruto.

¡Ah de...! ¿Por qué veo?

Claudia.

¡Ah, miro!

Porsena.

¡Cielos!

Mucio.

¡Qué fiero esfuerzo!

Marcia.

¡Amistad rara!

Publio.

Ya he librado a Bruto ahora

la muerte que le esperaba,

dámela a mí, pues la vida

de mi amigo aventurada

a cualquier precio que sea

debo procurar librarla;

y habiendo de elegir uno

de dos riesgos que amenazan,

lo mejor es lo mejor.

Bruto.

¡Detén!

Claudia.

¡Espera!

Titu.

¡Escucha!

Marcia.

¡Aguarda!

Bruto.

Que mi aliento...

Marcia.

Que mi sangre...

Mucio.

Que mi vida...

Claudia.

¡Oh, mi garganta!

Todos.

¡Por Publícola se ofrezca!

Publio.

Claudia hermosa, amigos, Marcia,

yo he de morir, pues yo solo

merezco la muerte por la valía,

yo solo de envidia ofrezco

morir viendo hazañas tantas:

que aun la admiración no puede

comprender más hazañas.

Porsena.

Vivid todos, y vivid

seguros ya de mi saña

que no es nuestra enemiga

una nación tan gallarda:

que con los peligros a pechos

hacéis leales ventajas,

y se ganen los peligros

de parte de su constancia.

Romana, ya vuestro amigo

soy, ya la guerra acabada

queda hoy; y aunque en mis pasiones

hay no sola repugnancia,

como por ser lo mejor

perdone a más de mi patria,

mi cariño, y los Tarquinos

perdonen, que mi alianza

pudo oponerse al Senado,

no al Cielo; que fiel le ampara

y constante, y porque a Roma

vuelvan

Pag. 82

Porsena.

vuelvan corrientes, a Claudia

de Publícola la mano,

y Mucio se la dé a Marcia.

Y si en la lid me vencisteis

de Marte, yo en la batalla

de amor me venzo, con que

no quedo a deberos nada.

Bruto.

A tus plantas, rey, me postro

hoy en nombre de mi patria.

Publio.

Eterno serás, pues nunca

muere quien vive a la fama.

Claudia.

Su piedad solo se vio

de su valor igualada.

Marcia.

Seréis generoso.

Bruto.

Seréis

digno de eterna alabanza.

Publio.

Claudia, a tus pies aseguro

ser feliz.

Claudia.

Tuya es el alma.

Bruto.

Su esclavo soy.

Marcia.

Con mi mano

te respondo.

Bruto.

Y pues juradas

entre romanos y etruscos

las paces quedan, en altas

voces decid, aplaudiendo

esta feliz alianza:

vivan etruscos y romanos.

Todos.

Vivan por edades largas.

Fin de la comedia.

LA RONDA

De Palacio

Sainete con que se dio fin a la fiesta

Cuatro mujeres, un galán, don Blas Manchego, dos criados, el Favor, la Esperanza, el Descuido, el Cuidado, los Celos, el Respeto.

Salen dos mujeres con capas, sombreros y linternas.

Mujer 1.

Puesto que de mi posada,

amiga, sacado me ha

tu porfía en este traje,

¿tu intención no me dirás?

Mujer 2.

Mi intención es que rondemos

a palacio, pues creo hay

más de dos mil garatuzas

que se visten el disfraz

de atenciónes respetuosas,

y se nos entran acá;

mi curiosidad me obliga

a quererlo averiguar,

y aunque

Pag. 83

Mujer 2.

que aun el alivio en nosotras

es parte tan esencial

no es posible que haya alivio

donde no hay curiosidad.

Mujer 1.

Pues manos a la obra, allí

un bulto veo;

Mujer 2.

Ve.

Sale el favor.

Favor.

Gente de villa.

Mujer 2.

Nómbrese.

Favor.

De casa soy.

Llega la linterna.

Mujer 2.

No es verdad

pues no le conozco.

Favor.

Soy

el favor.

Mujer 1.

A gran maldad.

Aquí el favor? Vaya al punto

fuera, a fuera.

Entra dentro el Favor y sale la esperanza con capa amarilla y debajo vestida de verde.

Mujer 2.

No hagas tal

mejor es que le encerremos

que si el favor sale allá

habrá alguien que le coja

y diga que se le dan.

Mujer 1.

Dices bien, pero aquí hay otro

espantajo; qué es?

Esperanza.

Ay,

infeliz de mí.

Mujer 2.

Qué eres?

Llega la linterna y le enseña la capa.

Esperanza.

El color responderá

por mí.

Mujer 2.

Pues pajizo vistes.

Desesperación serás.

Esperanza.

Esa soy.

Quítale el embozo y vela vestida de verde.

Mujer 2.

Pero a fingida

hipócrita desleal,

verde esperanza que afectas

pálida infelicidad,

vete,

vete a la villa enemiga.

Mujer 1.

Vete infiel.

Mujer 2.

No, no es sagaz

medio que al verla salir

verán también que osó entrar;

mejor castigo prevengo.

Vete.

Esperanza.

Dónde me arrojáis?

Mujer 2.

No has de salir de palacio,

que te has de ir a penar

viviendo entre pretendientes

perennes y obstinados,

peldaño de los Consejos,

sin atreverse a pasar

jamás que los corredores.

Esperanza.

Ese es rigor especial.

Mujer 1.

De qué manera?

Esperanza.

Con eso

mi vuelta facilitan.

Mujer 2.

Cómo?

Esperanza.

Porque en cuatro días

la esperanza más tenaz,

si entre pretendientes anda,

desesperación será.

Vase.

Mujer 1.

Un hombre está aquí, y parece

que duerme.

Ha de estar el descuido recostado en el suelo durmiendo.

Mujer 2.

Déjale estar,

que será descuido, que es

siempre nos sirve más;

mas despiértale, por ver

lo que dice.

Despierte.

Mujer 1.

Oye, zagalón?

Pag. 84

Mujer 1.

despierte.

Descuido.

¡Qué tal donaire!

Mujer 2.

¿Con esta flema se está?

levántese.

Descuido.

Linda gracia.

Mujer 2.

Acabe de despertar,

que le buscan y le esperan

la pena, el ansia, el afán.

Pase el

Descuido.

¡Ay, que esperen o se vayan!

¿qué piensa que se me da?

que no ha de quitarme el sueño

ninguna pasión mortal.

Cuidado

Mujer 1.

Allí veo un bulto, y si no

me engaña la oscuridad,

se recata.

Pasando sin mirar

Mujer 2.

Es el Cuidado,

que pasando sin mirar,

por si ve que en él reparan,

muy ufano quedará.

Mujer 1.

Tras eso le has conocido.

Mujer 2.

No me hables con falsedad,

que al mal es bien conocerle

para saber huir del mal.

Mujer 1.

¿Qué haremos?

Mujer 2.

Despéjale

y su conveniencia harás,

que el Cuidado aquí es delito

y afuera atención será.

Mujer 1.

¿Deidad?

Cuidado.

Habláis conmigo.

Mujer 2.

Con vos hablo.

Cuidado.

Esa es crueldad

Mujer 2.

nadie parecer gustosa

quiere.

Cuidado.

¡Ay de mí!

Mujer 2.

Suspiráis.

Cuidado.

¿Si ofende?

Mujer 2.

Buen provecho.

Cuidado.

Ya es fuerza que al empezar

corra ya copioso el llanto.

Pase el Cuidado y salen los celos, parece una mujer con capa roja y debajo casaca pajiza, negra y azul

Mujer 2.

En vano se cansará;

¿qué consigue con correr

si el que no puede alcanzar?

Otra fantasma hay aquí,

extremos haciendo está,

pues que siente y no se queja,

será del respeto. Ya

puedes reconocerle.

Mujer 1.

¡Sí, es! el no me descubran,

os pesará.

Mujer 2.

¡Qué amenaza!

¡Qué mal modo de obligar!

¿Tú eres monstruo?

Celos.

Ese nombre

de monstruo me explica ya

pues soy los Celos.

Llega la linterna y quítale el embozo de la cara

Mujer 2.

¿Los Celos

y eres mujer?

Mujer 1.

Traje

traes azul, negro y pajizo.

Celos.

Ni uno ni otro extrañarás

si reparas que los celos

son la pálida mortal

envidia, la negra rabia,

la azul infelicidad.

Pag. 85

Mujer 1.

No os deje estar aquí. Id antes.

Celos.

Si me hacéis salir, lo erraré.

Mujer 1.

¿Por qué?

Celos.

Porque de los celos

se podrá reparar más

de los que vengan de allá aquí

que de los que salgan de aquí allá.

Mujer 2.

No intento hacerte salir,

sino no dejarte entrar.

Celos.

Asídesme, guiadme, que

los celos son ciegos.

Mujer 1.

No hay

nada aquí en qué caer.

Celos.

No basta

si hubiere en qué tropezar.

Vase.

Mujer 2.

Pues todas las galerías

han quedado libres ya,

de esas humanas pasiones,

de ese cauteloso afán

que al que le ejercita menos

es a quien le cansa más.

Volvamos a la posada,

porque, sin duda, estarán

en los corredores, ciertos

sujetos, que a sus solas

buscan, hablando con dos

criados; mas su necedad

les persuade a que los dueños

son, y el uno habla no mal.

El otro es un hidalgote

manchego, gran animal,

Don Blas Gil de Palomeque;

luego que se hace llamar,

parece que ha de llevarse

una dama en haz y en faz

de la Santa Iglesia.

En fin, nos aventura

Moyoles.

Mujer 1.

Pues, amiga,

vamos alguna a escuchar.

Entran por una puerta, y salen por otra, y sale un galán y un criado.

Mujer 2.

Ya hay moro en campaña, alerta.

Galán.

No llames, no, ven acá.

¿Parécete que es el dueño

de la posada esta?

Criado.

No hay

duda, si yo no me engaño.

Galán.

Pues apártate hacia allá,

que si viene guarda, ahora,

que al criado buscarás.

Apártase el criado y sale a la ventana una mujer, y tose el galán, y ella también.

Galán.

Tenga Vmd. muy buenas noches.

Mujer 3.

Guarde Dios a Vce.

Galán.

Estiman

debe

Pag. 86

Galán.

debe mucha desconfianza

que usted me conozca.

Mujer 3.

Habrá

dos horas que vcé. aquí estuvo;

y así no es muy gran señal

de cuidado el conocerle.

Galán.

¿Dos horas?

Mujer 3.

Y aun tanto no ha.

Galán.

No querrá el tiempo ofendido

por el cálculo vulgar

de las horas; las pasiones

con más fiel puntualidad

se miden, y así usted es cierto,

para siglos los tendrá

por horas, y a mí las horas

siglos me parecerán.

Que es la eternidad sin duda

más dura, prolija más,

más cruel, cuando se compone

de instantes la eternidad.

Mujer 3.

Siempre ha de quejarse vcé.

Galán.

Tengo razón de confiar.

Mujer 3.

No, mas no la has de sentir.

Galán.

¿Esa es piedad?

Mujer 3.

No es piedad,

mas no es rigor.

Galán.

¿Será engaño?

Mujer 3.

Y cuando el engaño es tal

que imita a la verdad, ¿es

muy malo?

Galán.

Peor será.

Mujer 3.

Diga vcé. por qué.

Galán.

Porque

nunca es más perjudicial

una mentira, que cuando

se parece a una verdad.

Mujer 3.

Hacia acá vienen dos hombres.

Váyase vcé.

Galán.

¿Por entrar

aguardas? Ya obedezco, pero

vendré luego.

Mujer 3.

Bien está.

(Cierra la ventana, y vase el galán y salen el

Manchego y un criado.)

Mujer 1.

No es necio.

Mujer 2.

Ni él cree serlo.

Mujer 1.

Ya viene otro.

Mujer 2.

Éste es don Blas.

Criado.

¿En fin tan revuelto vienes?

Manchego.

Ello ha dos semanas ya

que yo salí de Tembleque

a casarme; ya en Ciudad,

por negros de sus pecados,

reparo en el ademán

tiene buen garbo y donaire.

Criado.

¿Señor?

Manchego.

Dicho se está

una que vive en aquel

cuarto segundo, que trae

con tantos lechuguinos, una

lechuguilla de Juan

de Gofe; mas ya a la ventana

está.

Pag. 87

Manchego.

está como un provincial;

ahora verás, Pedro, cómo

la hablo con claridad;

yo empiezo ya a acatarrarme,

y si no toserá,

que este catarro se pega

con mucha facilidad.

(Tose el manchego y sale a la ventana una

mujer y tose también)

Manchego.

Señora, beso sus manos

mil veces. Cri... ¿qué dice tal?

Mujer 4.

Pues no tienen, pero manos

muy bien se pueden besar.

Mujer 4.

¿Era hora de venir vusté?

Manchego.

El recatarme es piedad

para que, si de mi nota,

no os moteje, señora, el haz;

no vengo, hasta que la noche

empieza a crepusculear.

Mujer 4.

Discreto es vusté.

Manchego.

La Mancha

no ha tenido engendro igual.

Mujer 4.

Y galán.

Manchego.

Ahí le duele.

Quiérome desabrochar:

¿Oye vusté?

Mujer 4.

¿Qué dice vusté?

Manchego.

Hace calor, por bella.

Mujer 4.

No es señor.

Manchego.

Pues yo, señora,

sudo como un animal.

Mujer 4.

¿Cómo, aúste, vusté, tan poco?

Manchego.

¿Pues, qué hemos de reventar?

¿Esta es vida o tahona? Y esto

¿de seguir yo a mi galán?

Hablemos claro, ¿es dejarse

servir, o es martirizar?

Mujer 4.

Si vusté no tiene paciencia

¿qué asueto le tendrán?

Manchego.

Pues, se ha de saber que en mi monda

yo no quiero esperar más.

Resuélvase vusté, o me vuelvo

a Tembleque; ponga a Juan;

aquí no hay medio, señora,

o venga el cura, o marchar.

Mujer 4.

Note vusté, que es grosería

no esperar un poco más.

Manchego.

¿Quién diablos lo ha de entender?

Cuando al esperar, llaman

grosería, y grosería

al no querer esperar:

quede vusté con Dios, señora.

Mujer 4.

¿Pues tan aprisa se va?

Manchego.

Señora, voyme a dormir,

que es cara de Barrabás

su señor...

Pag. 88

Manchego.

con haberme desposado

¿quererme usted hacer velar?

Mujer 1.

¿Has visto tan gran menguado?

Mujer 2.

Oyéndolo al tal hablar

me espanta días y noches.

Voces dentro.

Abrid, dejadnos entrar.

Mujer 1.

¿Pero qué ruido es esto?

Mujer 2.

¿Qué desatento desmán

se atreve a tanto sagrado?

Mujer 1.

Mejor es salir allá.

Éntranse y salen por otra puerta; y por otra sale el Respeto y vienen con él el Favor, el Cuidado, la Esperanza y los Celos.

Mujer 1.

¿Qué sois?

Respeto.

¿No me conocéis?

Mujer 1.

No.

Respeto.

Si queréis reparar,

veréis que soy el Respeto.

Mujer 1.

¿El Respeto?

Respeto.

¿Lo dudáis?

Mujer 1.

Sí; pues cuando la Esperanza,

el Favor, el dios rapaz

y los Celos con vos vienen,

mejor os podríais llamar

caos que Respeto.

Respeto.

En eso vos equivocáis,

que los Celos, la Esperanza,

Favor, Cuidado y la más

desordenada pasión,

viniendo conmigo, entrar

puede aquí.

Mujer 1.

¿Entrar puede?

Respeto.

Sí.

Mujer 1.

¿Cómo?

Respeto.

Ellos lo dirán.

Favor.

El Favor soy, y al Respeto

no he menester; que de este real

alcázar nunca salí,

que vuestra severidad

tan encerrado me tiene,

que el más fiel, más perspicaz

desvelo, no ha conseguido

verme la cara jamás;

solo el ocio es mi ejercicio,

que insufrible es el afán

de aquel a quien por tarea

le dan una divinidad.

Cadenas arrastro, susto

de esta casa soy; si allá

del Favor se oye algún ruido,

ilusión es, no verdad.

Canta 1.ª.

Quédese acá, quédese acá,

que, mas no, aunque ilusión sea,

asusta el nombre,

pues suelen ser fantasmas

las ilusiones.

Esperanza.

Pues también con el Respeto

la Esperanza entrar podrá.

Pag. 89

Zarzuela.

¿Por qué? Por hábito de él

se sabe desfigurar

de suerte, que separando

su más pura calidad

de la terrestre grosera,

queda una materia tal

tan noble, al contraste al cabo

del ceño, y de la crueldad

que no espera merecer

y espera perseverar.

Canta.

Quédese acá, quédese acá:

no es el desfigurarse

señal de falso:

sino sirve, el que sirve

desfigurado.

Cupido.

Y al fino amor, que al respeto

sigue, ¿y atención no dan?

Mujer 1.

No ha lugar, Cuy, responde el dicho

que con eso habrá lugar.

Cupido.

Como Cuy, como me verán

con alas, venda, y carcaj

y sin carcaj, venda, ni alas.

Mujer 1.

Pero, ¿cómo lo ajustan?

Cupido.

Con venda, por no errar;

sin ella, por no errar;

con flechas, por rendirla;

sin ellas, por más fiel paz:

vestido, por lo decente;

desnudo, por ser verdad;

con arco, por la firmeza;

reparo, para no irritar;

con alas, para así ir;

sin ellas, por no dar.

Canta.

Quédese acá, quédese acá:

que al quitarse las alas

hizo el reparo

pues no ofende, el que llega

tan desalado.

Celos.

Los celos acompañados

del respeto, claro está

que entrar podrán.

Zarzuela.

No está claro.

Celos.

Así está, si advertís, que tan

noble pasión he quedado

que el furor, la altividad

del incendio de mis iras

se convirtió en un pesar

tan generoso, un dolor

tan noble, que no es capaz

de ser ofensa; porque

aunque es sentir y envidiar

es tan respetuosamente

Pag. 90

Mujer 1.

¿Tú a la reina?

Respeto.

Mejor mi voz lo dirá.

Canta.

Que excediendo sus prendas

tanto a su fama,

dicen que el desmentirla

fue acreditarla.

Mujer 1.

¿Tú a la reina madre?

Respeto.

Mejor mi voz lo dirá.

Canta.

Que es madre del sol Carlos,

que al orbe ostenta,

da aún más rayos que hijo

que por planeta.

Mujer 1.

¿Y tú a las damas?

Respeto.

Mejor mi voz lo dirá.

Canta.

Que hacen sin gracia alguna

reír las damas,

pues tratan mal a todos,

y esa no es gracia.

Mujer 1.

Y pues el fin del sainete

se ha logrado ya,

Respeto.

ojalá

que tenga el sainete fin

y que ya su prolijidad

da mucho rato que cansa.

Pag. 91

Mujer 2.

Pues fin tiene.

Lis.

¿Dónde está?

Mujer 1.

Ahora lo dirá el silencio.

Mujer 2.

Mejor mi voz lo dirá:

Canta.

que se den por servidos

de Sus Majestades,

esto ha de ser, señores,

no hay que cansarse.

Finis.