귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La honra que está más bien. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-honra-que-esta-mas-bien.
J.
Aurelio,
Gollete,
Laura,
Flora,
Ricardo,
Roberto,
Floro,
Leonisa,
Corroilo,
Rollizo,
Fabio,
Rugero,
Olimpia.
Salen Aurelio de camino, y Gollete criado.
Buenos la habemos quedado,
en efeto, la trincada,
después de bien festejada,
acabó lo mal guardado.
Con aquel garbo y bizarría
encubrió la cortesía,
solo al oro codiciosa;
pues la ciudadana moza,
picarona, bebedora,
que me dieron a los dos
una mamona babosa.
Mira bien si te ha quedado
con qué comprar de comer,
que mi estómago ha de moler
las piedras que da el enfado.
¿No respondes? ¿Estás mudo?
Advierte que son las doce,
y que agosto nos coce,
enfrente el sol desnudo.
¿Qué tengo de responderte,
atrevido, necio, loco,
si a estimarse tiene en poco
una ventura tan fuerte?
Llegué, como viste, anoche
del laberinto despechado,
donde me dio aquel enfado,
al apearme del coche,
que incierto que voy creyendo
que el valor de los vestidos
fueron los que, huidos,
después me han perdido;
pues de noche lastimarse
fue fácil el escaparse,
pero estar sin sosegarse...
Un golpe, ¿quién lo creyera?
pues cierto está el engaño,
por feos los abroches,
cuando a caminar las noches,
que siempre por nuestro daño.
Yo apostaré que tendremos
algún mozo concertado
para poner en recado
lo que en el baúl tenemos.
bien predestinó mi ruego
básteosle al punto abrazar
pues si pudiese aplacar
aqueste amoroso fuego
podrá ser que entretenido
con esta injusta pasión
el nudo del corazón
quede asaz divertido
visteis aquel ángel hermoso
aquella deidad humana
hermosura soberana
por quien no tengo reposo
de que pues que prometido
joya, cadena ni dinero
sabrás que por el herrero
aunque esté el mal en gozo
pudiera pues todo era
suyo no llevarlo ansí
porque en ella perdí
todo cuanto yo espero
quiero ver como lo pinto
con mucho encarecimiento
pues si pudiese el intento
tornarme a este laberinto
salen Laura y Flora y pónense a escuchar
Viste al alba lustrosa entre las flores
golosear la abeja las muy bellas
en tanto que desata sus estrellas
saliendo le saludan los colores
y tras ella vertiendo resplandores
llegar el sol y coronarse de ellas
y el cielo despejado induce a vellas
da umbría a la tierra los vapores
de aquesta suerte anoche en dulces lazos
goloseando como abeja anduve
las flores que el aurora me ofrecía
el sol bello ya asome entre mis brazos
sirvió la ausencia de atrevida nube
y para mí llegó la noche fría
pues solo aquel es día
en que la goza el alma enamorada
pues cuando se le va sin ella es nada
Armar traición a un ladrón
señor Aurelio he temido
para que en dulces prisiones
le echéis los mismos grillos
de aquesta criada mía
con el ardid que ha urdido
a las peores del coche
al uno y al otro vimos
de la manera que el rayo
no perdona a este zafiro
o como el veneno mata
en ojos del basilisco
o como la piedra arrojada
de eminente edificio
o como ligera garra
del saltador atrevido
de aquesta suerte ¡ay de mí!
llegáis apenas os miro
cuando olvidado rigor
por mi señor os admito
Muestras estoy de enamora-
preguntadlo a mis suspiros
con aqueste breve rato
de ausencia ha sido infinito
Que advertid que una mujer
jamás confiesa el delito
que una sílaba desnuda
como vos habréis oído
da su pasión más oculta
más menesterosos indicios
de que su amor me sirvió
pues ahora he medido
las horas que os he llevado
no sin misterio lo digo
fueron para dos efectos
y diferentes sentidos
Parece que no lo advertís
que os traigo a los que quiso
mi amor, y para prenderos
pues sabéis las dos traído
por otras muchas mejores
Aurelio, los que han querido
que toda el alma y sentidos
la voluntad y sentido
no los despreciéis Aurelio
ya que por dueño os elijo
y a mis finas quejas
pues no es menester decillo
Es muy injusto que el alma
y prenda del corazón
dime necia enojosa
pregúntaselo al amor
entre enredados pámpanos
mi muerte pronosticas
las luces de tus rayos
cortados de su sol
solo un breve candor
al alba que reía
pero ver que os ofendía
vence a mi resplandor
no es poca valentía
antes parece traición
salir con armas dobladas
a quien solo os espera
para dar vida a las plantas
y voy para donde muerte
os fuerza valer de dos
que mentir serenas vistas
de trasparentes color
el mismo brío al gato
con capa de adoración.
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La muerte da el basilisco
solo a vista a quien le mira,
pero dar vida y dar muerte
a quien lo causa no tuvo.
La pistola de dos bocas
es de grande estimación,
pues tira balas diferentes
y la batería es mayor.
Si mi pecho es vuestro blanco,
no gastéis la munición
tirando tiros al aire;
matad al que se murió.
Elegid vuestros pasos
como suele el tornasol,
que esto en las yerbas se ve,
aprovechar la ocasión.
Si la planta se enamora
del más lucido arrebol,
es que la fuerza de su estrella
sigue su inclinación.
Así vuestros ojos bellos,
mi opuesto vital imperio,
que en ellos miro la luz,
que sin ellos ciega estoy.
Yo doy por bien empleadas
las que os pagué en rigor,
siendo yo, señora, vuestro,
de todo lo es el señor.
Guardadlas enhorabuena
por vuestra satisfación,
que de dos tan bellas manos
tendréis mayor favor.
Que quien os paga buenas obras
y a esta dichosa afición
el que de un rendido amor
será propio emperador.
Basta, señor, que a Flora
ahora da picas conmigo,
no le parece que yo
al día traiga la aurora,
y no mediando sus luces
doy requiebros y arrumacos,
como si tantas mujeres
gastado todas tibiezas
no les cortara este brío,
este talle y esta cara,
pues anoche la topaba
una mujer en embozo,
al descubrirse el engaño
de dos mozas amoladas
que si rompen nacaradas,
que un gato romano
tiene de rey negro acaso
respeto de marido,
o digamos de casado,
muda de cualquier fracaso
con el corvo navarro
de un moro enamorado,
no hay para mí algún bocado
de las bodas del paraíso.
Pues si no se ha de quejar
que se baje enhoramala,
Dios me emplee en migajas,
y mienta que le martiriza,
si llenado el barrigón
con los caballos de un amo,
de la almohaza el rechazo
a otra puede llevar;
miren el feote señor
que dice que es un galán,
como si yo le midiera
en la balanza del amor,
que aun gracias a Dios que es noche.
39 714
Del suelto pie la bastarda,
aunque, señor disfrazado,
fuera locura de noche,
que margen puede dar
los amorosos ensayos,
si te muerden los celos
los años que ha de tener;
gollete, si solo en noche ha estribado,
mi sentido ha de tenelle,
gran fuerza ha de traelle,
que en el suelo soy criado,
y pues el amor los guía,
valeroso a su lado,
que a mujer rinda a través
por pensar si te consigo.
Y así no abraza honrada
desnudas con regatazos,
que sintiere algún floro
lugar de la retirada,
y a industrias no ha probado,
más de envidias he sabido
que a mujer que ha enamorado
se le ha de traer de rebozo,
que suspire de miserillas
tales manías traemos,
palos a mate sufrimos,
sin que les ciegue como pollos.
Yo, mi querido Aurelio,
pues ya la posesión y dulce imperio
loca mi alma te ha dado,
razón será que sepas de mi estado,
calidad y persona,
porque en prendas, mi bien, que suerte aprisiona,
y antes que te cautiven,
adviertas las prisiones en que vives,
yo soy Laura, la única,
que hoy tiene Atenas en lugar de diva,
tan rica como noble,
a quien puesto lo ufano que redoble,
porque riquezas y galas
a tu persona sola no se igualan,
hija de Ascanio el viejo,
honra de esta república y espejo,
que de deudos ufanos
Por cierto, Laura divina,
tan nuevamente admirado
que me parece un mundo
el correr más la cortina.
Pues assí me determino,
lo que pretendes haga,
para que te satisfaga,
este amoroso azidente.
pues vemos que de repente
jamás se curó la llaga;
pero quiérote advertir
que, si te llego a querer,
lo que gustares has de hazer;
porque, si puedes vivir
sin asco despedir,
ni malos ratos de dar,
porque vendremos a estar
en este despeñadero,
ahogarte has en el caldero
sin poderlo remediar.
mira bien en tu intento,
y antes que en mí te enredes,
olvida lo de este hombre,
porque me causa tormento;
advierte que el sufrimiento
algunas vezes se acaba;
y que a los que agradan dan,
si enfada, buelve agria;
no te quieras infetar,
de señora a ser esclava;
no porfíes, no te trate
con el posible decoro.
siendo el dichoso Medoro,
que entre ojos me retrate,
o rabia del amor que bate,
que no resista al embate.
estaráis víspera cansado,
tan tierno y enamorado,
que, de darte a ti cuidado,
verás cómo yo me irrito.
con esto ríes, que agrada,
alegre podré vivir,
y te podré servir,
este gusto que dependo.
podrá ser que de enfadado
el gusto mude enojado;
lo peor vaya buscando;
como al casado acaeze,
que sigue y no lo merece,
y anda siempre sirviendo.
solo quiero que me ignores;
que la honra es tan sutil
como escarcha en abril,
brotan a gustos flores,
y aquellas que son peores,
como están recatadas,
vanse dando de honradas,
viciosas emboçadas,
o por el vulgo ignorante
son tenidas por honradas.
dice Laura.
una novilla a manchas remendada
de roja piel y de erizada frente
tan altiva, briosa e inpaciente,
que pone inbidias a la demas vacada
a ymitacion del soto que es talada
adoracion del toro mas valiente
por unica porfia y preminente
la amorosa suele ser mancebada
muy esforçando los bramidos,
del torazo manchado llegaban;
si olbida los retozos de becerra,
el porque ya los tiene conocidos,
pasando de inozente a ser bellaca,
y pues de su gusto a todos los destierra
y la amorosa guerra
le rinde un amor ansioso a un prado
aviéndose a su gusto acomodado.
aunque esta vez has podido
averiguar todas tus dudas,
que si tú no te mudas
serás solo el escogido.
solo una cosa te pido,
que si celos me dieres
no tomes enojo despues;
que muger enamorada,
suele quando es picada
dar todo al trabés.
denme amores paravien
del mas venturoso amante
del mas firme y mas constante
sin celos y sin desden.
tambien he medido pues
de los ciegos amores,
aun que me sacan colores.
divertillo quiero pues,
ya que siento los cocheros.
satisfaçion me obliga
a mi aficion porque enfrasca,
saboreate de lo que trasca,
a prisa, aprieta barriga.
mucho Jollete me obligas,
la honra que me as librado,
que eres onbre abonado.
las uñas afila aprisa,
que me veras mascarilla
y quedaremos almorzando
banquetes.
salen Carrasco y Rosillo, cocheros.
suelta el baúl, ropa vieja,
el baúl he de soltar.
¿por qué le quieres mirar?
porque mío primero fue.
yo fui el que le llebe.
yo le ate atras del coche.
deja que le desabroche.
creo he de azerlo yo,
poniéndome a recaudo
con lo que trabaje anoche.
dime, ¿por qué an de clamar?
dexémonos de partir,
o sera fuerça reñir,
y que pensays que es mio.
de todo disgusto mio.
pero cada uno diga
le deje al no perder
lo que a pedirle le obliga
por premio de su fatiga
y el que probare mejor
el que adquiere la cosa solicita
con el trabajo lo que adquiere y quiere
es sin duda que al otro le prefiere
por efeto la razón así limita
del modo que la piedra calamita
aun al yerro pesado que rehuyere
así a la tierra el rayo siempre hiere
del sol que los vapores alza y quita
yo el baúl desaté por que le vieses
y para que a mi gusto le llevases
le vacié de aljófar dos o tres veces
y para que mejor lo conservases
con espacioso fin por que midieres
lugar donde escondido le dejases
qué inporta el adquirir si no se guarda
y si se guarda todo está bien echo
pues con lo adquirido tiene buen provecho
y sin él qualquiera se acobarda
dada esta masa hermosa, mas gallarda
de altivo corazón y noble pecho
guarda, asconde en el invidioso lecho
esperando invencible aunque se tarda
da flores la tierra, da vida por el mayo
ni imita la hormiga que se sustenta
pero el avariento que ha llegado
ni ve los intereses altivos al soslayo
cubre el pecho y a todos lo ostenta
con ver que lo que tiene está guardado
ya es bien claro, se ve
que de ver el que fui ferido
pues he temido el ruido
que en mi contra se lleve
yo consintiendo porras
y menester marrajo
que griten se va un ladrón
pues a poco lo llevan
gentes andan con vozes
que tengan la prisión
meted mano al puñal
y dale a Aurelio en el gollete
no has de hablar mal, cernícalo
que a mí me puede hazer
pues que llegando a desear
el mudo que hizo repelo
detén el brazo alevoso
que te han de matar crueles
apúntale, rodela
que el tiempo es llegado
pues es el mi tocado
golpéale a garrotazos
detened, falsos ladrones
como a nuevo recelo
aunque en ellos no advertimos
por el tino discurrimos
a donde yremos, a do
fui a buscalle a el Alejo
llego luego a su cuydado
diziendo que ha levantado
por que al trinco tal le dexa
revestido del interés
extrajo la daga alzado
arriba con arma en ti
no miráis que habiendo parecido
el gollete o el cogote
será mejor os matara
por que la embriaguez
comienza a apellidar
es posible, ¡vive Dios!
que a todos he de matar yo
y aunque vamos, ¿qué estraza?
nadie lo llega a entender
buscan quien le ha de gozar
mas espera que ha salido
el alba con su doradillo
esta que mira y que llora
si es mi Rosana el aurora
a mis brazos llegue el sol
que luciendo en el crisol
dirá que cerca está el día
al más dichoso que honra
y adora a la del crisol
sale Flora
mi señor, mi amado dueño
no miréis este embozado
quitadle, señor, el velo
veréis todo arrodillado
estimad este cuydado
en mi vida o conbiene
a ti, señor cortesano
por que a ti, señor, me he dado
suplícote, señor, di adiós
no dudes que a ti viene el día
cortés pero peligroso
ya que mires el perigallo
este me ha rendido a él
ya que al grande don Cayo
y aunque llego mezclador
porque quizás ha llegado
a ser ruin o nublado
de vuelta peregrina
dichoso por lo que lloro
aunque a todos los engaña
tomad, Flora, la mitad
no tardéis este tesoro
sea para vos el oro
gracia, esencia, y deidad
que tiene tal calidad
que asegura oy el fabor
esta bela del amor,
y a mi me basta la bela,
entre tanto que amor buela
a spheras mas superiores,
que eres el blanco donde tira
amor el dulce trofeo,
blanco para mi deseo,
por quien el alma suspira,
por este blanco me guio,
y sin que de en el bano,
anda conmigo tan ufano,
que el blanco he venido a ser,
para llegar a gozar
que es mi dicha en lo blanco.
Anda y ve con un roncad asno,
que as de ser reído que a lo escusado,
en todo te recataras,
que el lo dejo, y quedo a brio,
en su prencipio el desbario,
el pretender mi recato,
mostrarse a bozes ingrato,
quedando a escuras si bera el
y perdiera en mi todo el caudal,
que me a de salir barato,
que a ausencias le he presenciado,
de mi vida a lo que he andado.
a mi dueño ni he querido,
mas con mi gusto, y soy atento,
que a otra respondo con tiento,
porque si el oro tomara,
pudiera ser culpa estraña,
y sirvo con trato doble,
y aunque rinda a lo inoble,
y me saliera a la cara,
quedad con Dios que advertido
que a la noche baila bella,
y dudosa la atropella.
no estoy de callallo sufrido
con aquesto ya he vertido
aquel secreto prolijo
que le aveis como a amigo,
el recato os encomiendo,
no hagáis ruido, mas cuidado,
que tras el alguacil sigo.
Vanse todos.
Salen Fabio, Rugero, y Olimpia.
Vengan naipes, y bufete,
que me quiero desperezar
que un principio habéis de ganar
para un rato de juguete,
sin mas temores asista
en que vitorioso luche,
llegad aquí la tramoia,
del más remiso Cupido,
que aunque al juego he venido,
mi gusto en burlas se apoca.
Ya os tengo dicho, Rugero,
que no me habéis de hablar de amores
que mi gusto es solo flores
que recién dan por febrero,
y asi por ser caballero,
afecta vuestra peticion,
que si bien el alma se inclina,
jamas me aveis de tratar
de quererme enamorar,
porque al amor yo he de odiar.
yo que su fuego no estimo
sintiendo ruina de amor.
a quien que agrada vida
tengo de amor, y de vida,
si aqui me llega a ofender
del limite tengo apartado
que no lo deve en mi estado,
con falsos justos desmientos
que de los cimientos fundados,
yo se de que ai bolando,
sobre nuebes y arreboles,
ajusta los caracoles
y a resplandecientes luzeros
el todo inoble el deseo
todo para entornasoles
quiero embozar la dama,
que ahora vido deshonor,
probar quiero el favor
de la que mi edad difama,
ardid atiza la llama.
los sospiros que he dados,
no duermas ni me de vos
que el trato de aquestas flores,
si para en macetas amores,
también pagada de olores.
Sacan paje, naipes y bufete.
tornad pues este aqui,
llega el bufete a las sillas
y veras las maravillas
que haze el naipe para mi.
en toda mi vida vi,
muger más bizarra oy creo,
que es posible que es tan briosa
se muestre de tal beldad,
y que sin tener piedad,
mate siendo tal fiera.
envidemos esta cadena,
que es oro el más acendrado,
con este cupido alado
que le trae a la medida.
la más graciosa prenda,
da acá y barajo bien
no se mezcle algún desdén,
pon el naipe para alzallo,
que yo por mi quiero dallo.
del el as que a mi me vale.
solas veinte ha envidado,
que mire al juego gane.
ahora va al pique,
pues la suerte es conocida,
si es el juego ya enfada,
cómo hacer a mí me agrada,
que lo haga, mucho agrada,
me viene tan al caso,
queda el perder algazara,
ay muy poco, o casi nada.
Setenta tengo en la mano,
gallarda suerte he medido,
a mi dicha corono,
que me atice el envido.
si el naipe recorriendo,
os mostrais tan liberal,
a las manos de cristal,
mas que muchos lo puran,
haciendo en ellas mi pedestal.
y al fin todo mi caudal
miren vos señor Rugero
que os temo mucho, por Dios,
y así se enojen los dos.
esto me pareze de oro
por ella suspiro y muero
pero no podrá el dejalla,
que del fuego la batalla
y vencerá el amor
que nueva encubre el favor
dado las honras ostrezas,
que de mi alma, a esclavo rindo.
que vos no lo ignoráis,
si en vuesas manos tenéis
el modo de miraros,
por enviarnos pretexto;
por oíros, o gustáis dello,
temeroso llego a vello,
perdí yo en mi imaginación.
Pues a mano ya no va,
que queden recelos al viento,
dichoso yo si lo cierto
de mi amoroso desvelo
penas en dulces abrigos,
si tan bien en mí se prueba,
pues de aquesta manera
el temor que un tiempo amaba,
apura adonde le llama.
Lleva albricias, farol,
que en mis brazos cobro el sol
del más sacro firmamento.
Licencia de enamorarme
os doy por un breve rato,
por daros este barato,
y que podáis culparme,
pues que quiero desquitarme
del amor en que he vivido;
que a ver nuestro rigor,
fuera castigo si advierte
la muerte que os he de dar,
que en este bolsillo va,
el precio de la cadena
que de todo me despena;
que la gocéis ahora
a los dos mi bendición,
que ha de ser el perdido,
pues en el juego de amor
el perder saca a polo.
Casi me tenéis rendida,
pero dudo de estos lazos,
mucho habéis de ver en amar,
a entrambos de más alivio,
milagro es en esta vida
pueden arrimar la escala,
con que el corazón he ganado,
al honor que han guardado,
porque el mundo bien mirado
han de honrarlos por malos.
Váyanse todos.
Segunda jornada.
Salen Ricardo y Floro
acompañando a Laura.
Suplícoos, buenos mancebos,
que me dejéis de acompañar,
que en tan público lugar
mostrar vuestro amor parece.
Si amáis a Laura bella,
que entiendo de mis amores
si vos en toda ocasión
ponéis ofensa en mi estrella.
Que do voy hoy me seguís
que de un hombre pernicioso,
pues como mi presunción,
a de qué mi buen vestir,
o al casto padre y señor,
pues por vos mi honor a ver
qué han de decir los de la villa.
Que con vosotros he venido,
a mi vista se han metido
que son envidias que más obligo.
Más que a un hombre he sentido
que me alzáis de mi sentido.
Buenos mancebos he reñido,
que a vosotros no os toca mi honor;
no os preciáis de hacer valor,
a que mi honor le ha...
han de permitir que llore,
aunque provista de honor.
Dejad que para guiar bien
ya que por valeroso
no digáis pues me habéis visto,
al dejaros si desdén
que aunque fiero rigor me ofrece,
le ofrece y más gravedad
envidiando su majestad.
Y preciar de no perder,
y no repareis en fiaros,
pues me ven tan a mi queja,
aunque me vean señas dar.
Ni vuelva atrás mi memoria
a la vanidad afrentada
que apenas la he mirado.
De muchos valéis, mancebo;
en el jardín le he dejado,
este la corta por que llora a solas,
aquí la dejo por vida,
pose por muchas manos recatada,
que dando siempre a cada dolorosa
al que llega a vernos venturosa,
cayendo en manos de quien es guardada.
De aquesta suerte, Laura, sois más bella,
si en discretas siempre merece vida,
la rosa parece cuando doncella,
el amor la ha visto recién nacida,
y por ser recatada se atropella,
temor que ha de durar toda la vida.
Muchas a la salida,
con el recelo de hombre rudo,
gozándose infinito de este modo,
ni gozará de su beldad
encubriendo maridos,
en casa retirada.
En vano protegeréis
amores tan mal pagados,
que sus pechos encontrados
mal lo quitaros podréis.
Apóntese a un lado grande
un recibo de harto estado
todo escuchando.
Bien está señor riendo,
que esta belleza heredad
muerta para vos guardada,
aunque se resista el mundo.
Por cierto, señor Aurelio,
que de mozo tan regido,
y parece avasallado
de un humor tan severo,
no tiene el amor imperio
sobre vos como en los más,
amándole sacrificios
en la flor de su persona,
sólo amor nos aficiona,
y lo de amor burláis,
y al parecer permitida,
que el melancólico trato
es muestra, señor, de ingrato,
llegado a ser su homicida;
para enojos una celada,
afamada de Lucinda,
a la prisión que os aguarda,
abrid los ojos ciegos,
que si los tapáis, tendréis
cerrada al amor la puerta.
Como me veis no amar,
y de que no puedo amar,
parece os ha de ser castigo;
y de mí propio me espanto,
y aun sin amor navío
que al mar de amor se confía,
que bien puede ir fiado
de estar fuerte enamorado
por los rigores que espera.
Sale Laura tapada.
¿Cuál es de vuestras mercedes
el señor Aurelio aquí?
Yo soy el que merece
mandarme a una o a otra, que...
a la bizarría le debe
un velo que a todos roba;
que no porque la hermosura
menos piedad la desdora,
sino porque a esta traición
viniendo a dar velo a la cara.
Si de un bravo te admiras,
de empeños que de él dirás.
Que has cobrado brío y alientos,
y a solas sois mi tesoro;
pero di, ¿por qué suspiras?
A vos os he de nombrar
y mostraros el nombre.
Que yo no agravio a un hombre,
y no hay miedo del pecho;
sólo falta que sea hombre.
No te ofendo.
Yo me quejo.
¿Qué me quieres?
Que me obligues,
aunque me meta en tu embozo,
con tu amoroso pago.
Yo remiraré si contigo...
Que a ti ahora he venido a ver.
No te puedo obedecer.
Pues, ¿por qué?
Porque no puedo.
¿Tienes a otra dama miedo?
No te puedo responder.
Señor, el encogimiento
trae a Aurelio divertido;
yo creo que no habéis tenido
jamás de amor pensamiento,
gustos ajenos consiento,
mandadme que vos os creéis,
que al presumirlo tendréis
la sujeción en la mano,
que si de ver vivos poco
a los varones pláticos
esta formidable ira.
Jamás tan bien presumido
podéis estar tan ufano.
Y un rostro que a mí imponen,
veréis cómo os obedece
la vida que al alma ofrece.
Mi señor, que vuestra labor,
que al amor todo el oficio,
y habréis mucha menester,
si la llegáis a ofrecer,
y acaso os la piden del.
Vélvese Aurelio.
Como rebozado estáis,
y más inquieto os mostráis,
gente viene por la calle,
la vista al suelo bajáis.
Llegáis a mí, vos partáis;
esto ha de ser imposible
hacérmelo invisible,
o dejarle con la capa;
pues sin ocupación,
pues vos vendréis,
pues si ella un favor.
Primero advierta la bajeza,
primero advierte la faz,
si alivia la ofensa.
Que el amor cuando se ofende,
que al vivir en el engaño,
primero el pecho se rinde,
primero a la desdicha,
primero rinde el amor.
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De mis dolores más lisonjeros,
que no sé si alabe o cuente,
sin poder llegar a llorar,
trayendo el juicio loco,
y agora que a sirte toco,
y te hallo bien ocupado,
siento tener nuevo cuidado
de ti, de Laura y de mí.
Sale Flora.
Aunque ves que llego aquí
de nada atenta al recado
que mi señora me ha dado,
no sé cómo te lo diga,
que una amorosa fatiga
como es de amor la brasa
a su centro penetra y pasa
las entrañas, sin poder esperar,
y más a lo que vengo a hablar con-
tigo, obedeciendo, te he hallado
a un señor tan bien ocupado
que me ha dado qué pensar,
Laura, y no sé si adivina
si este tu gran Gollete
pues te he hallado de juguete
con la señora doña Moína,
que de mi amor determina,
o me ha obligado a proceder
que la llegue a conocer,
y porque a mí no me la cuente,
que la he de cortar la cara
si la llego a conocer.
Llegue a esto pues,
tenga ese, y no me enoje,
que si la cojo el tocado
la he de dejar el copete mirlado,
porque soy una vizcaína,
porque sin rigor cobro...
cubierta con un manto
sin que llegase a parar,
en que a mí le podrá dar
el mozo le traía la carta,
puesto que debe de ser recado,
y él diciendo haberte visto
me lo dijo a mí, y por tanto
y esto parece encanto,
tan amiga, atenta Flora
en tu divina aurora
como primero llegaste.
Amor es un fiero fuego
y el que no hace luego
sin hallar ningún contraste,
tú me dirás, necio Gollete,
que me dices una cosa,
llégate acá, hermosa, hermosa,
¿quién te dio este billete?
Métele Laura la mano en el seno.
Con la diestra Laura te
le dio, y es carta que
le lleva, que al revés
con deciros mi lealtad,
que pues digo la verdad
de noche no me des...
que aunque es un mancebito envuelto
en no sé qué de sirgo
con balones de...
una blanca con encarnado
y a ti se te ha entregado,
ahora, ¡oh, mi señora Flora!
tú me pagas mis quejas,
saca del faldón las nueces,
que ahora que mi duelo advierte
que la hambre de mi ojete
se la he de contar.
53 / 728
Y a los muertos envidio,
seis mil duelos o penas
mucho más que yo do,
diciéndole mi ruego,
el honor todo lo pasa,
y aunque es dado al arrojado,
ha de venir a mi mandado
a beber del que guiso,
que al ver el que quiso
me ha de tener muy lindo,
pues cría en raciones y trajes
dándole a todo su importante,
no la deslumbre el diamante
aunque oro parece,
bien de que lo podréis ver,
que aunque os parece recatada
y blanca y rosada,
es doncella de a mil por oro,
y a mi ver que tenga esposo
para hacerse más guardada.
Aurelio, si de vos,
que si en este papel venía
la causa de mi dolor,
yo os suplicara por favor
que le leyeseis primero,
pues advertid que mi pena
que mi mayor gloria ofenda,
así tengo de ir primero.
No os alborotéis, señora,
que el hado a mi cuidado
trae hoy disimulado,
pues el amor os da favor,
él ayuda a vuestro lloro,
solo he temido una cosa,
por haberos despertado,
que aunque veo que ha estado,
si me llegaren a ver
me despoje de mi honor,
tanto, Laura, que florezca,
que aunque parece un gran
dolor vivir...
mi honor más ofendido,
mi inocencia ha manchado,
muerto me has dejado,
y el pecado en el que vivo
de voluntad no a honor,
han vendido a mi valor,
que ha de ser de lo que vi
que ha de ver amor me jure.
Vase.
Sale Ricardo.
¡Oh, qué extraño y fuerte
dolor de un corazón muy metido
en su amor que no se advierte,
de que en un punto se pierde
la honra que siempre ha tenido,
que a oídas de sus intentos
ha venido a decir,
que tengo de abrir un puerto,
de que en sus oídos vierto
con que he de morir a cuentos,
he de morir a cuentos
siéndole el intereso
donde vuelo mi embarazo,
de ellos meteré mi brazo,
y en ellos me he disimulado
donde el cielo me ha vinculado
vuela aire ligero...
+
De los batidos que trae,
y deudas que no yo cobro,
es imposible que a vosotros
no os pueda ser bien dudoso.
De vejez se queja el aura
que lo que en el libre gozo,
¡ay, que me quemo, me quemo,
como no toco a fuego!
Sale Floro.
Fiaste de tus partes falsas,
y estás en tu salud dudoso.
Lisonjeaisme en balde,
que hago partidos a un
que quitan a un hombre el brazo,
que aunque mi brazo no temo,
que si fui el Polifemo
sintiendo el mesmo ardor,
si llegáis, podrá ser
que más de dentro me quemo.
¡Ay, que me quemo, me quemo,
como no toco a fuego!
Vase.
Qué necio causó tu asombro,
que así obligue a un pastor,
que digo que con razón
al amor le llaman necio.
Lisonja de amor propio
perdió, fingiendo hazañuelas,
que en no alabar la belleza
en vuestra retirada
sin que repare su duda,
como mujer la atropella.
Vase.
Sale Fabio, Rugero y Olimpia.
¿Qué es esto, mi alma adora?
¿Qué tenéis, mi bien, agora?
Después de un enojo grave,
con todo, a la gozaréis,
que estos, de amor inatentos,
entran en sus juegos
al son de sus tormentos.
Que riendo me ando yo por
meterme a mí en su juego;
como vivo de monja,
mandad otra vez al fuego,
que no hay para burlas asaz.
Dadle a la luz alegría,
de mi dolor en el ciego,
otra vez quiero perder.
Porque si vos me ganáis,
segundo sol me digáis
que adoraré de barato,
hablando a vueltas de rato.
Los pies de un moro agarro,
no os admiréis del dueño,
que es parentesco de amor,
y el lisonjearos obliga
a efetos propios del daño.
Que como trae el engaño,
entre perlas escondido,
así parece dormido.
Los que andan enamorados,
trayendo siempre robados
con efetos los sentidos,
porque podáis ser creídos,
pues a mirar me volvéis,
y de mí vos acordáis.
Yo soy el que vos matáis;
dulce ociosidad de amor,
yo dudo que os rinda.
Aquí tenéis un rendido,
la vida os ha ofrecido
porque mudéis de intento.
Rugero, ¿qué me decís?
Es vuestra honra tan alta,
que un ánimo desmayado,
receloso del proceso...
Yo soy limpia y hermosa,
la que os libre de aprietos,
con la vida por trofeo.
Si tengo algo de bueno,
es vuestra mi libertad,
sin poder que mi dolor...
¿Qué me da que diga el vulgo
que mató vuestro becerro?
Interés que os igualo,
aunque de amor inmenso,
aunque abonarme pudiera,
pienso que solo el desprecio.
Y cuáles sois a todos,
sin duda que juzguéis necio,
que como pez en el agua
tiene en el gran elemento,
y como el vidrio,
que quebrado no hay remedio,
no hallándose cosa alguna
que junte los dos estremos.
El que es de ser honrado,
mas no lo habiendo sido,
¿qué atrevimientos os dan,
si no podéis ser sufrido?
Podrá ser que al desengaño,
los que os presumen mintiendo
declaren aquesta verdad
a los demás del tiempo.
Esto es, que en toda ocasión,
que ser buena no pretendo,
más que los pechos
de mi honor agradecido,
que después de ocasiones
a pedirme injustos celos,
ganado vuestros acentos,
os finge enemigo dueño.
A lo que el ánimo ha inclinado,
el cuidado que os detiene,
sin mirar que vuestra honra
en respeto de un ruego,
a mí me da cuidado,
el ser libre más subido,
que a un honor más que dado,
no le corre obligación,
ni podrá tener razón
de darse por ofendido.
Que aunque la honra en respeto
que está atento sin pasión,
el término es engaño,
que a do le vi el soberano,
desnudo de aquel bosquejo,
causado, no sé si por
su amor o su resplandor,
vio el lienzo aseado.
El impío que darle pudo,
pareciendo que es mejor,
como la ayuda del rey,
que en el cabo, esa jornada,
que aunque es escogida espada,
es fuerza pierda de ley.
Si el brazo que rige el vuelo,
cobarde mete el acero
del corazón mío,
pero asustado volviendo,
parece que está vidiendo
del dueño do se desvió,
del mismo en donde se desvió,
de su condición bizarra.
ni temeridad me agarra
si fui prima a vuestro decoro
ya tal vez respondo y lloro
a un gran verdad criada
sabiendo vuestra recatada
y honrada condición
señor llego a poco
de gran dote pregonada
que un yerro tan bien
que mas luego que apostara
que lo conjura y llorara
donde mi falta abatió
si me dije alguna me
no le he acudido
antes de tener marido
cae el mundo en chasco boto
y sin miedo a el que ha roto
pórtase con vivido
y la mocedad liviana
se altiva y subióla
sin reparar en que son
a quien ve, mas ya allana
y como pica invidiosa
que a cualquier que se consuela
por el que llegara a él
esto es grande delito
que aunque va en el sobrescrito
borroso, que llego a perder
así a la plata la comparo
que si en peso tiene guardada
se ha de comer tocada
allá, me entiendes por aco
Gregorio es mi dueño claro
y mi error luego he enmendado
y a el honroso te vido
y lo que se me detiene
parece que fuese loca
y sale amor en podrida
y así sois de parecer
que ni nos somos extraños
a ver el tiempo no pasáis
rompiendo las puertas
que la moza es menester
tener muchos los recelos
de negros y de sus desvelos
y al sol que se la robaba
burlóle después de que el día
entróse la noche de celos
Sale Aurelio.
¿estáis suspenso en ora
y vos Fabio bien asido
días ha estado dilatada
acostarse a la aurora
y desde que nació la hora
perdonad si mi recato
os ha mostrao ingrata
o me falta de cortesía
sino porque os quería
daros hoy un malrato
tráigoos el alma
de una mora imaginada
que toda la traigo llagada
sin dejonla reposar
pues llego así a dejar
tres años que está de aquí
retirado siempre así
y a polo a esta pasión
por su cuerda alárgola,
andando puro de mí
por eso os vengo a buscar
viendo que de costumbre
ha dado esta pesadumbre
porque me podréis perdonar
como lo de razonar
que en plática dilatada
con vejación regalada
cada uno procura
por si el remedio se mejora
ya que a mí todo me enfada
aunque un desatino mío
ya vos podéis estar en medio
a no tener de por medio
a cierta pasión que he yo
por mi soledad pido
el remedio que buscáis
aunque con fetos obligáis
en llegar la cortesía
a aplicar consolaría
mas de lo que vos miráis
una que asoma en retrato
apenas a naturaleza
tan alta elevación males
dice que se engañó
unos agravios que el ciego
ya llamando será pintados
puso los alborozados
como con la desventura
al que de estar muy nueva
dando luz muchos picados
verse ahora retratado
Aurelio os engañéis
una pasión que tenéis
y de colores un rato
por un muro tan ingrato
abierta a naturaleza
en vos y no adivinoreza
que en llegándole a mirar
que a mí os podrá dar pesar
remediando en tristezas
a mil almas del amor
mil siglos de la beldad
porque causa enfermedad
y solo procede a mí
unas disculpas buenas
la enfermedad que es penosa
y en vos es tan peligrosa
da de bajar extrañeza
creéis que al paso displaza
que la busco al madrugar
nunca se ha de recatar
que u queréis más que un amor
que asoma a mucho de vos
a vos que sois engradecido
tantos a el olvido
que a nadie llega a mirar
por más atreverme a volar
que ni llego ni he de
burlado pudiera
como el pájaro al picar
pues en eso es el engaño
que la amorosa pasión
robó toda la razón
costo por modo extraño
no es sin honra mi daño
sino porque el retratar
tal beldad me ha de deslucir
que a la vista muy cativa
deba agradecer la priva
sin viendo descostarse
amor os da de vecino
todo el abatido sino
y una amargura mía pusiera
que por nada de aviento
el rayo que cae sangriento
vacía el ánimo morado
víboras está pisando.
juego es un vidrio tramposo
el naipe trae señalado
y con ira desgobierna
la voluntad a los sentidos,
pero ya que estáis dormidos
pudiera aquesta advertencia
y aunque en una asistencia
todas os parezcan dudas
por más que te disculpaba
en ellos siempre verás
que si vuelve y no ruegas
ligero aparta verdades
y al fin que amor ha querido
ni me ha de ser favor
pues a mí me importará
el ser aborrecido.
pues ahora os he oído
que tenéis tan grandes iras
y para que el resplandor
de la llama que os abrasa
no salga fuera de casa
encubridle el valor.
y dichosa quien llamase
la que de adorada ha estado
que si por él hacéis tanto
más has de oír en mi llanto,
pero quiero retirarme
a vuestra noble condición
de toda conversación
que me parece acertado
que el andar tan estirado
es fuerza de la pasión,
baste ya la penitencia
por no merecer tal cielo,
porque creo que de vuelo
os llevará la paciencia
si no tenéis resistencia
para aqueste rigor,
pero mirado mejor
al alma aun apuráis
y con aquesto andráis
en vuestro pecho al amor.
yo mi afición he ofrecido
mas porque verdad os fiese
pues con vos aunque supiere
abrir un laberinto,
a mí mesmo os pido
que así no lo imaginéis,
mas que me importunéis
que todo amoroso empleo
de creerlo no podréis,
porque si yo lo merezco
metido a amor en lo hondo
él llega a estimar en poco
el mal que ahora padezco,
pues para embozo me ofrezco
del corazón empezado,
llegar sin haber andado
a la cumbre de afición
y discurrir sin razón
lo que mi error ha imaginado.
ahora bien, habéis vencido,
apretaros el cordel
que el paso que es tan fiel
con igualdad lo impedido,
y aunque a mí me veáis asido
no tiene disculpa,
libre ando alguna vez,
ahora no le he sabido
que es a veros oído
embatido la altivez.
señora mi amor confío,
al campo quiero salir
por si puedo divertir
aquesta melancolía,
fíolo a como quien le fía
aquesto mi padecer
así a mi justo poder,
que para decirlo ha estado
por alabarle enamorado
que está bien lo llego a ver
a un baluarte regio,
pues quiero irme a apear
que en este ninguno ha habido
que no muriera ofendido
con el caballo recio
el arnés de la cabeza,
que él es caballero firme,
la mano has de prevenir
podrá ser que en la ocasión
venga a ver mi entretención.
buen traguito regirá
así el ansia del calor,
y como me ves nublado
el sol revestiré
que aunque encubrir no podré
los huí de tanto rayo
basta a servir de mayo
por el prado dividido
volviendo a darles la vida
a las flores del desmayo.
licencia en los pájaros,
señora tus bienes mido,
podré ver que divertido
el gusto, llegáis a holgaros,
y entre verdores ensayos
a la batalla de amor,
siendo vos mi vencedor
saldré yo el aventurero
y llevando mi acero
que le deis algún favor.
en cadena del olvido
vidos a un que figuro
finezas en su talle
por haberla vos perdido,
que el rapaz atrevido
dará un teso flechazo,
peligroso su reparo
aunque estorba a su brazo,
y entre las alas abierto
su libertad me llevó.
guardadla, señor Rugero
que ahora muy bien guardalla
porque pude servir de malla
en la batalla que espero
bueno, que perder me muero
y con la amorosa enmienda
en la carroza asentada
de mi honor va divertida
la pasada mejor vida
que tengo por más honrada.
Tercera jornada
+
Salen Laura y Flora.
¡Oh, quién pudiera, Flora, haber nacido
de algún arbolillo de esa manera,
o de carne que evitase el primer vestido,
porque el vestimento no lo sintiera;
o como pajarillo que del nido
sale con tan solícita carrera,
cortando las esferas de zafiros por el viento,
guiado de un mismo pensamiento!
Entre todos el hombre es el más malo,
ninguno me parece a mí que es bueno;
llega a mirar aquel can de regalo,
y a fiera a quien no mate el veneno,
que no sospecho lúcido intervalo;
si metiera las manos en el seno,
dime si hallaste alguno que no fuera
mucho peor que la enemiga fiera.
No hay animal que a otro menosprecie,
por feroz que se muestre y enojado,
ni se hallará que alguno le desprecie
al que llega con otro defecto humillado,
y sintiendo dentro de una especie
sólo el hombre del hombre es despreciado;
intenta cautelas con varios modos
con que vengar y disgustar a todos.
El uno del demás pretende levantarse,
el abajando quiere engrandecerse,
el grande a todos cielos empinándose,
y el empinado allí da a desvanecerse;
nadie al propio procura de mirarse,
ni llega hombre ninguno a conocerse,
como pavo, que abriendo ruedas tantas
caen los vuelos mirándose las plantas.
+
verás al más compuesto que se derriba,
procurando encubrirlo con modestia,
al soberbio preciándose de altivo
tratándose en aqueso como bestia,
al poderoso ser muy intrativo,
chupando al pobre y dándole molestia,
y al juez que, torciendo la justicia,
interpreta las leyes su malicia.
Los señores que tienen sus vasallos,
por haberlos comprado con tramoyas,
procuran cada instante desollallos
para nuevos juegos y altas joyas,
y llegan después a contemplallos,
parecen estremos a las cebollas,
que, siendo todos cuerpos divertidos,
andan en vicios sólo entretenidos.
Nadie guarda lealtad, fe ni palabra,
pues quien ha de decir verdad en cara,
el más amigo al otro descalabra
deslustrando la envidia más hermosa;
quien vive bien envidia se le labra,
quien hace mal se tiene por graciosa,
el padre engaña al hijo más querido,
y a su mujer el más leal marido.
La fealdad se repara con afeite,
dando lustre a la cara más sarnosa;
todo lo gasta el hombre en un deleite,
sin que para esto se perdone cosa;
las perlas se distilan con aceite,
es primero la hacienda poderosa,
todo es embuste, enredo y desatino,
un pecado apoya diestro apadrino.
Desde que sale el sol por la mañana
hasta que vuelve a verse el otro día
¿hay hombre que por sola una mañana
fingirá una tan presta hipocresía
y más si entre las luces de Diana
puede encajar alguna fullerida
sin oficio, salario ni trabajo
hará que corra por dos mil el Tajo?
Ahora mirad Aurelio que acabado
de dar a su pobre padre viejo
la muerte, que he tenido tanto enfado
que dudo ya de recebir consejo
que he de hacer que el juicio se ha turbado
llegádole a partir aqueste espejo
que es furiosa es viva y rematada
muerta, perdida, loca, enamorada.
Mira pareces fiera
enojada oh Aurelio
o es posible si el imperio
de mi libertad le doy
y no veo al blanco donde voy
pero vamos si es que
no ves, cuando lo mire
que a la postre repartió
y que sola me dejó
como la grulla en pie.
Vase.
Loca y furiosa ha salido
mucho puede un accidente
si el modo de dar a uno
llega a perder el sentido
o sin tierra ha venido
Aurelio por aplacar
el accidente y templar
de Laura mi dulce dueño
pues con esto que es un sueño
se pudiera remediar.
Vase.
Salen Roberto viejo y Cleomín su hija.
Aurelio está divertido
vamos a verle Cleomín
que amor me da mucha pena
pues su poder no ha fingido
aunque un mozo a edad venido
pero dime que se halla
si en él no vi ninguna mudanza
por dicha está enamorado.
Pues en una muerta diosa
tendrá un amor como Dios.
Vamos señor en buen hora
que el alma de gozo llena
no lo quiere diferir
ni es menos su sufrir
viendo a su ninfa en su encanto
que fiera si ser vencida
alguna vana deidad
claro está que es crueldad
no dejarla enternecida.
Vanse.
Sale Floro.
En lágrima semejante
pueden ver mayor rigor
que este rendido de amor
aqueste furioso amante
que el libre se ha puesto a nado
y a lo vivo impaciente
tanto en no verla lo siente
que pienso no ha de salir
que la ocasión descubrió
de un amoroso misterio.
Yo lo fío que es moza
Laura, no tienes crueldad
que inmensa y vana beldad
parece mucho a la rosa
si en el árbol vistosa
y en llegar do la cogen
está bella para ver
el que llega a picar
o te habrá de inquietar
o inferir grande dolor.
El amor señor es veneno
que por la vista se bebe
y así goza quien se atreve
con todo al valeroso
engendra luego en el seno
el áspid que en el invierno
anda dormido y despierto
del letargo venenoso
no puede tener reposo
tal vez parece estar muerto.
Suele fingir en el llanto
algún alivio y estento
ha llegado el enternecimiento
del fuego tanto que cuanto
la tira a darle un encanto
otra beldad se le ascondió
que es un ciego dolor
más clava con la razón
la ansia del corazón
y en un juicio volver.
Remedio bien cometido
en cada una orar te pide
si para agradar quien le bebe
el amor se ha encendido
muy pocos hay que su remedio
al amor no ha concedido
en Laura o lo no callado
loca por razón de celos
y así puedo disculpar
a este pobre enamorado
será fácil entretenerlos
quede recelando del que
no hay gusto con mucho afeite
según entrambos veo
su límite es el deseo
como buena puedes ver.
Si en llegando a amanecer
al lado de un marido,
por más que se haya afeitado,
la vendrán a desconocer.
Que Belisa es minucia
que habrá demasiatigada,
Filis, y de conocida
porque de útil me aprecio,
creo a mí en grado Lucrecia.
Belisa en lo que peca es
que habiendo andado al revés,
pues miradla por detrás,
parece mona cava
que engaña a todos después.
Salen Roberto y Leonisa.
¿Vienes cansada, Leonisa?
No, señor, bien he llegado,
pero ¿cuál es tu cuidado
en que aquesta se tapiza?
Como a Leonor no la viso,
pues los criados veo,
y a mi hermano no le veo,
juzgo de mucha sangre.
Pero si te tengo a ti,
más buscaré mejor pleo,
si en algo os puedo servir,
si en algo os puedo agradar,
podréis luego comandar
que de serviros he admitir.
Mucho deseo poder,
perdón, bella Leonisa,
del alba lucero vista,
y del prado la mejor flor,
alta deidad de amor,
fiera e invencible.
Mira a Leonisa.
Por mis oídos he visto,
aquella ilustre ciudad,
labrada de mil misterios,
y respetada en
gallardos edificios,
en los templos mucha honra,
hoy en bienes de fortuna,
que ella misma lo dice,
noble por los caballeros,
y la ilustre condición
que la diestra gallardía
que de su fama autores
son los de mayor hacienda
que invitan al disfrute
de una airosa primavera,
brotando gracias e imperios,
más de padres y abuelos,
dándome en la mocedad,
a todos aquellos que pueden
a un hombre noble bastar,
por honras y mi casa,
sin que envidie jamás,
que un infelice hombre,
note en un casamiento.
Diome fortunas dos hijos,
tan iguales que a la par,
que iban creciendo a temas,
cuanto pude desear.
Faltáronme en aqueste tiempo
robando con su rostro,
que de voluntad te ofrecía
en mi dichosa virtud.
Lloré su temprana muerte,
porque en la flor de su edad,
se desojó con mi mal,
del oscuro mar.
Muerto al fin que nos recibe,
que al ofrecerse a la parca
del mal del noble cuerpo,
por signos muriendo hablan.
Con los menos indicios
dejome la mitad,
haciéndolos fuertemente,
mordiose al espirar,
dándome en esto a entender,
que los suspiros estimo,
como prendas de mi vida,
pues librada en amor,
y a mí me quitó el luto,
me has querido mirar,
amor, que a solo un retrato,
que en un lienzo difunto.
Acaeció cierto día,
que Aurelio, viéndola por
un mozo mío que aquí
ahora vengo a buscar,
galanteando a una hermana,
un caballero galán,
solo por la vana gloria
de haberla enamorada.
Y aunque cómplice,
no diese a murmurar,
pues no teniendo marido,
no le añade gozo.
Despreciándole, dijo,
que estaba en todas igual,
tan palabras le decía,
y suspiros di muchos.
Envidióse el paladín,
y por un ay no daban
corridos de haberlo todo,
tanto tiempo sin gozar.
Y de la primer necedad
y goza en un nuevo lugar,
quedose esclavo triste,
realiza a la par,
a quien su indolencia
de estarse mi yo acá,
ya se había vuelto muerte,
como gloria podrá,
que le viendo loco,
ea, traed los caballos,
olvidad aqueste vicio,
y montarelos a pelo,
si por bien no quiere dallos,
échales, dice, los callos,
que una garza ha de volar,
y se quiere remontar,
haciendo notables giros,
que de un vuelo da los tiros,
al nido pueda llegar.
Pareció que despertado,
con tan bella claridad,
y si va a decir verdad,
hoy, dormido o soñado,
sin duda que deslumbrado
con tan lucido arrebol,
a los rayos del sol,
palacio escureciendo,
que ha vuelto simulado,
como el oro en el crisol.
Dad, señora, la mano.
391
tejid la corona de amor,
podrá ser que este favor
de todo le haga sano.
Adiós, Carlos, que me afano,
y tengo de me vestir
y hablar con mi señora,
que me mata el recelo,
para que en dulces abrazos
donde agora le reciba.
Como si acaso Aurelio
Amigo, señor mío,
hombre gallardo y de brío,
que merece un imperio,
está en casa un monasterio
en todo tan recatado,
que a muchos he reparado
falta no se le conoce.
Mil años señor goce.
Viéndole bien empleado,
di si están los dos aquí
gozando libertad airosa,
que la gozan más preciosa.
¿Qué queja tener podéis,
gozos que reemplacéis?
Un amor puro y divino
que a los astros predomina,
pues que le estáis gozando.
Da vuelta el mundo y prosiguiendo,
hasta llegar a la China,
como los demás ruidos.
Yo valgo para un virrey.
Yo un amor pidiendo estoy
con que rendiros a vos,
esta verdad sabe Dios.
Pues ¿cómo a mí me dejéis?
Y ¿por qué a mí me miráis?
Que un loco habla desvarios.
Ya permitió Dios
que bebáis mis lágrimas.
¿De qué te quejas? Di.
Fiero condena mi amor.
Luego podré deciros.
Que si es mujer y vencéis
la ventura que para mí
vemos que sube a estado,
y de puro enamorado
por su esposo ha admitido
siendo aquí favorecido
con todo su libertado,
burlasteis de don...
Salen Lauro y Flora.
Dame, Flora, aqueste espejo.
¿Qué has de hazer con el señor?
Estoy tan enfadado agora,
que muero por darle un tufo;
que un amigo he ofendido
y me ha sabido tan mal,
que si no fuera por él
perdida anduviera agora;
si agora me diera favor,
ni me ofendieran sus tiros.
En derechura he llegado,
Juan se asoma y viene.
Mira que mucho se opone,
el que se ofende rindiendo;
y el que lleva es leonado,
señal de todo gozoso;
tiene poder absoluto
para rendir voluntades,
pero donde hay libertades,
llevóme mi mal esquivo;
libre fui, yo no lo niego;
abro los ojos, sí, por Flora,
pues he visto su fiero amor.
742
domar este basilisco
de los hombres destierro,
sacando a mi Aurelio solo,
que del uno al otro polo
apura mi mayor honestidad
por discreto y por leal
do el amor el norte y polo.
Sale Aurelio y pónense por detrás del espejo.
¡Ay, Dios! Flora, ¿no le ves?
¿No sentís un ruido?
El juicio está perdido.
Oyóle tras mí al revés,
el mismo ruido es
que es amor que en vuestros pechos
fuego siento en este pecho,
y si mirado le vivo
al fuego todo le atibo
que no será de provecho.
Fuego, fuego, que me abraso,
fuego, fuego, que me quemo;
corramos al fuego presto,
pues por el contado paso
soy yo salamandra y no acaso.
No, señor, no sois vos,
sino a mí, la que me dio Dios
presente esto y no me he ido.
¡Oh, qué mentira ha parido!
Mi Aurelio, ¿cómo quiere
esa loca fantasía
matarme con la agonía,
porque me desespere,
con el desdén que tuviere,
y de un golpe la cavele?
Salta con gran ligereza,
así ha de hazer un niño amado,
vete y déjame doblado
en mis ojos la tristeza.
Mejor será que me vaya
antes que apiades de mí.
Salir, Aurelio, de aquí,
que pienso que lo debéis,
pero advierte que me río
que lo tomas tú de vicio,
porque te pienso rendir
sin dar risa a los dos,
no habiendo más que un Dios,
sin ti no puedo vivir.
Así lo podréis hazer
porque no me quiere el cielo
para alivio de este anhelo,
y vivir a tu plazer,
ya que esto llego a ver.
Solo en oírlo me asombra,
que si por muerto me nombra,
aquesta turbia ausencia,
sin irte de mi presencia,
téngote como a sombra.
Mejor los hombres pagáis
a las que más enamoradas
que nos tenéis por enfadadas
mientras más nos celebráis
a todas hazéis engaños
traidoras al más servir,
y como vivir podáis
con una u otra cualquiera
salís de aquesta manera,
vida y gustos que tenéis,
vete y auséntate de acá,
como aquel arrebol.
en desperdicios de sol.
Viendo que tu sol eclipsa
esos, quedo como abeja
volando, con el rigor
de la ausencia y del amor.
Podrá ser que en mis balidos,
si llegan a tus oídos,
me busques como pastor.
No me hablo, ni lo he de hacer,
aunque importara mi vida;
que, si la tengo perdida,
aquí no podrá parecer
que sin vos no puede ser
que vivir una hora pueda;
y pues la ausencia lo veda,
como amarte elegiré,
carta os daré y recado,
trayendo un suspiro, dormida,
que, sintiendo pesares
del corazón interior,
a vos os dará la flor,
y a mí gustos a millares.
En que me escribas me vaya,
que el amor en mí no desmaya;
y amantes creciendo, fíjate,
en mis hombros te has de atar.
Estaréis como atalaya.
Olimpia, señora, llega;
ella el manto te ha prevenido.
Así te tengo creído,
aunque colérica y suya.
Aquí aguarda la legua,
vete, y luego volverás.
Andando, como al compás,
aunque si el punto de...
que te quisieres mover,
aunque intentes no podrás.
Vase Aurelio. Sale Olimpia.
Llegas, Laura, enhorabuena.
Como he podido venir;
mil días ha, a no te ver,
con vos, señora, una pena
que os he de referir.
Sois tan discreta y llena
de prudencia y de virtud,
que a la agreste, ingrata multitud
de los sentidos me admira;
vengo a hacer prueba de esa
para volver con salud,
¡qué hermosa y bella que sois!
todo os parece tan bien.
Que me queráis lisonjear,
si os miro, no lisonjeáis,
que todo lo bello obligáis,
es lo propio de lo bello,
que en las cintas y el cabello,
esas lazadas airosas
son grillos y son prisiones
para el que llega a vello.
Siempre, Olimpia, me miráis
con buenos ojos; y ahora
os agrado; pues, señora,
que esta pobre casa honráis,
decid lo que me mandáis,
que siempre seréis servida;
todo en serviros lo empleo,
pues habéis de declararos
mucho más que hoy en ser breve.
Yo, Laura, que así te veo,
tengo esperanza que ahora
te has de apiadar de mi pecho,
que no deja de provecho
a las alas del corazón
la pluma de la razón.
Faltábanme parecidas,
me trataban de ofendidas,
que poco a poco creció
que solo en el duro
que daré a la despedida.
Sin temor de mi enojo,
calor, lumbre, desvelos;
aunque los traten de antojos
que no ha tenido, señora,
que dan un lamentable favor,
que siendo antes fortalezas
que me pueden llegar a vello.
Siempre que el alma de cera
se parecía, que a rodeos
que muriera por la de ellos,
que la misma que me maltrata
promete mi consuelo,
aunque me tiene muriendo,
que acaban mis desventuras.
En fin, la muerte dilata
con modo extraordinario
todo lo contrario;
ya que me da el cielo
poder, do en ti y en mí luego,
bien, aunque de ordinario
Olimpia el paso me da,
que si me desvío
aparentes desconsuelos,
que los que dentro del pecho están
un pasado dolor va
de amor elevado.
Muerta mi presunción,
alguna alteración reciba,
y a ti mi amor se atreva,
despreciará la razón.
De altercaciones frías
las piernas tiemblan que ahora,
que en los debidos recatos
se me hiela, a hielo, el brío,
porque en estos desvaríos
me dan un no sé qué calor,
mezclándose con temor
de recatados desvelos,
aunque te parece celos,
temor, Olimpia, es amor.
Dime ahora la verdad;
amigas somos las dos,
y, os parece, a Dios,
en la rara beldad,
que pareció crueldad
el que con temor y así
ninguno se engañó
a lo que este encubrirse,
y a Pitecio llegaré
lo que te he confiado.
De mi voluntad el alma,
ya que ha venido,
el que es mi libertad,
A tu pecho quiero que fíes
que adviertas que mortales
y de presto encogidos,
teniendo el primer lugar
los amores por la patria,
de qué naturaleza
en mi pintura laberinto,
pues que procedió serena
tras los asaltos perdidos.
Ya que se burló de todos,
que del cielo lo mismo
por tus pies me metí
de enamorar a Delio.
Por mí sí que luego comienza;
si bien con recato abrió
y a mí consintiendo ande
me digas de Basilio.
Sin que ponga en el deshonor
el honor que he perdido
sin pena el vulgo infame.
Atrevido basilisco,
que como mira desmata;
así infinitas ha dicho
que ante a mi amor la muerte
que mis ojos inadvertidos.
Entró en mi casa un fiero
caballero, noble, rico,
libre, que por su persona
merece puestas altivas,
galante como cortés,
castigo de sus delitos;
muchas veces amagó
con cortesanía de burlas.
Sufrió como el ingrato
a los golpes del martillo,
que tales endura, pero
su amor osado he admitido;
como la gota en la piedra
del encumbrado edificio,
que si menudita cayendo,
taladra aunque sea un risco;
como soga que al pozo
del caldero el precipicio
canales hace atrevida
al brocal por más sufrido;
así yo de confiada,
sin prevenir el peligro,
desnudo el pecho de acero,
si bien de cruel advertido,
no sé cómo te lo diga,
pues entró por los resquicios
un no sé qué de piedad
dando puerta a los oídos,
díjome tantas ternezas
que entre infinitos suspiros,
a la fuerza del amor,
rindió los castillos
por su injusta vitoria,
y a su libre albedrío.
Hoy estoy al temor
ufana de haber venido,
con todo eso primero
pida al rendirme partidos
la libertad le declaro
y de mi fama el peligro
y él solícito responde,
hasta verse mi marido,
no sé si llegue a creer
se cumpla aquesto conmigo.
Siento en mi enojo posesión,
hombres tan mal advertidos
a sus mujeres acuerdan
las faltas de sus principios,
sin reparar, los cuitados,
que de este modo infinitos
deshonras a sus mujeres
y hacen a ellos lo mismo,
que maravilla se haga.
Moriré y diré que es mío,
para que en dulces abrazos
le pueda gozar mil siglos.
Con atención he escuchado,
¡Olimpia, monstro amor!
cómo truecas el dolor,
la relación que me has dado
que aunque en preguntarte he tardado,
para solo quiero ver
que es tan bello proceder,
y cualquier consejo te importa
que en enfermedad tan corta
solo aplico dieta; al ver
no te admires, ni espantes
de tu primer libertad,
que luego dice verdad
el honor en los amantes
y como el labrar diamantes
con sangre se suele hacer,
así viene a acontecer
en la honra mal guardada.
Que aunque sea más ingrata
no se ha llegado a topar
en su mocedad liviana,
se provee de ligereza
con llama por belleza,
la flor del almendro temprano,
sale la aurora lozana,
y a poco a poco subiendo,
va en brasas disminuyendo,
hasta que llegado el sol,
viste de un arrebol
los pasos le va rigiendo;
mucho la obra aprovecha
en el principio y el fin;
sin lazos en destruir
con las atrevidas sospechas
que como vuela la flecha,
sin que se sienta matar,
de este modo viene a estar,
en la lengua proferida,
cuando, llegada atrevida,
la pretende deslustrar.
Este caso ten consejo,
que así lo pienso yo hacer,
que el marido a la mujer
sirve como de espejo,
que luego viudo y viejo,
cuando se mira atrevido
en el gallardo marido,
vendrá a ser lastimado
en un dueño recatado
que lo ha de tener en olvido.
Pero advierte que un nombre,
has de temer de tu engaño
misma medida su empeño,
por dormido que esté el hombre,
en un trance te asombre,
grato, mas rostro airado.
Que el marido que es honrado,
llega luego a conocer
si es honrada la mujer,
o del pie va cojeando;
porque mucho vale ser discreta,
una mujer apartada,
porque lo pondrá del todo,
girando como veleta,
y la que estuviere inquieta
obra lo que no es muy bien,
porque aquel que mira dónde
ha de pensar el marido
que si le tiene ofendido
aunque no sepa con quién.
La mujer que a su marido
y el marido a la mujer,
están a ver y creer,
y el amador advertido,
en el honesto vestido,
la que honrada se atreve,
que a lo primero fue,
distraída aprovecha;
es bien que todo lo pierda.
Y porque tocando al mío,
que este es mi parecer,
perdona si te he enfadado,
que en mi lección me he dado,
de todo su proceder;
porque un modo de efeto
aun maldigo a tu partido,
porque si tú le has oído,
él es un puto, mi señora,
que por el alma la adora.
Salva de mi marido,
que mil mudanzas o turbaciones,
que en efeto y condiciones,
dejé juicio aventurado,
que mi consejo alcanzado,
sin indicios de libertad.
[Cruz en el margen izquierdo]
por vuestra disconformidad,
si nuestro trato es de deudos,
no huviera injustos desvelos,
sino una eterna enfermedad.
A seguiros, moço, quiero,
dichosa io si lo sigo,
q el ser esclava del amigo,
q de mi ser es primero,
vuelve a ser verdadero;
y así libertad apura,
q esta falta será la postrera,
q aun en mí no e de tener,
si es verdad q en vos a de obrar
no volviendo a ser quien eras;
q a un ruego mío, o sol,
con testigos del rigor,
y pues q es tan mi error,
no por un vado me anegues,
q en las aguas de tu sol
torno los cielos y el sol,
y el frío y el calor,
de todo mi lealtad,
aunq de la voluntad
abraso de puro sol.
Aquí, alma, me tienes,
rendida como as de ver aquí,
y los pasos q e de dar
a la piedad de tus desdenes,
en los males y en los bienes;
amigo, de ser no te admires,
ni de verme te retires,
dame la mano, q bien
tu mano por prenda fiel
a q dichoso te mires.
Para q quieras, mujer,
q libre me e de ver,
y no presumo, mi bien, io
llegar a nadie a querer;
a ti; pues la as de ver,
q si as de andar muriendo,
q de faltar no e podido.
Asistiéndote, te amo,
y io, señora, q te amo,
allándote aquí, te adoro,
y io q menos de ti,
q viví libre y honrada,
gentileza es ser casada;
vivirás dentro de mí,
oh, dirás q libre fui,
y diré q tú libre fuiste,
onrada, y siempre viviste;
y adelante pondrás
quien más onrada viví,
dirá: onrada veniste.
Salen todos los de la comedia, rob., jul., leo., irmano., rob. amigo.
A mi respeto rígido,
tal reportero traigo.
Llegado nos an a boca
en este jardín de flores,
q allí no está impedido,
q siempre nuestro cuidado
es más sano y sin fatiga;
el amor aquí se diga,
y aunq bien sea escondido,
y io digo porq vos
sois siempre la preferida,
y a los dos ofrezco mi vida,
q estos muchachos dos
amándolo como dios,
a pedir de la mano,
aunq seas cortesano,
no os tengáis en humano el ser,
pues no puedo merecer
un ángel tan soberano;
me animo alegre, y ofrezco,
porq advirtiendo amor mío,
del dueño q antevio,
con quien trato no merezco,
es hacer mucho padecer;
pues si el médico ignora
q vuestro mal curara,
o, dame, señora, la mano,
[Numeración en el margen derecho, 1748]
Q por lo mucho q gano,
io en el alma la pondré,
y en efeto mi respeto
de pedírsela a su padre,
y porq más le cuadre,
a él quiero estar subgeto,
pues no he visto cobro sino muero,
de amores con q me aflije,
en mi alegría colije,
q Ricardo me a de dar
su hija, porq de
si le parece a Leonila.
A mí tan bien me parece,
aquesto mi mano lo ofrece,
porq aquel mozo apriesa.
El alma se va en ella,
q acepto esta soberana
merced y mi suerte ufana,
pues fuiste tú liberal,
q su mano de cristal
diré, goze por la mano;
Y vos, Olimpia, acabad
de hazerme a mí venturoso,
si he de ser vuestro esposo,
arrimad la onestidad.
Aunq mi libertad
y en lo vivo noticiaba,
en nada no reparaba,
y aora mi gusto gano,
con miedo os doy esta mano,
recibidme por esclava.
Para mí también es gozo,
nuera, y Olimpia ermosa,
y de casta tan neta,
el noble Aurelio q
y vos a Julio deis
el parabién de casaros,
q no pudiera emplearos
en mejor bien la fortuna;
ni en condición como una,
el mundo llame invitos,
y tú lloras soledad,
como mal pobre gollete,
q soy como un ramillete.
No os reparéis,
si pides, monedas.
Q te tengo de ofrecer,
sino esta mano, muger;
avenuncio demasías,
q una tripa de por sí.
Por arras te de ofrecer,
io solo he de festejar
bodas de estos hermanos,
pues todos quedáis ufanos,
no tenéis más q esperar,
a mi hermano quiero dar.
Dexando el parabién,
y a mí todos me le den
de suerte tan venturosa,
pues tiene su autor disculpa,
La honra q está más bien.
[Rúbrica]