귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El tesoro de la iglesia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-tesoro-de-la-iglesia.
✝
AUTO Sacramental Alegórico EL TESORO DE LA IGLESIA De Don Sebastián de Gadea Para el día del Corpus del año de 1691 en la Ciudad de Granada.
Personas. La Iglesia, 1.ª dama. La Fe, 2.ª dama. La Mentira, 3.ª La Verdad, 4.ª El Orden, barba. El Tiempo. Ley Natural, barba. El Deseo, gracioso. El Hombre, 1.er galán. El Mal, 2.º galán. El Bien, 3.er galán. El Matrimonio, 4.º El Bautismo, dama. La Confirmación, dama. La Penitencia, hombre. La Comunión, dama. La Extremaunción, hombre. Música.
El theatro para ambos autos se ha de adornar en el primer cuerpo de entradas del vestuario, de jardinería y el inmediato encima dejando lugar a las tramoyas de bastidores de perspectivas de montes, selvas, mar, río, y de una ciudad y si puede en ella fingirse una perspectiva de la carrera de Jenil y todo mezclado, y guarnecido con el velado de selvas y jardines: y cubiertos los bastidores con coronas que puedan correr a su tiempo y demás del theatro de sedas Granada se descubra en ellas. Y sale la Iglesia de dama bizarra cantando y la Fee con venda en la frente escuchándola.
Aunque perdió el hombre reo
el tesoro de la gracia
para su mayor desgracia
le conserva en el deseo.
Y así se consuela aun siendo trofeo
y aun siendo cautivo respira
porque del hombre en la vida mortal
o todo sea bien, todo sea mal,
toda verdad o toda mentira.
Todo sea bien, todo sea mal.
Sacra militante Iglesia
a quien coronan la invicta
frente de Amana las cumbres
de Hermón y Sanir las cimas,
cuya pía, heroica planta
impiden entre tejidas
de triunfos y de trofeos
las palmas y las olivas;
tú, cuya belleza pura
entre las hermosas hijas
de Sión remontas, como
el lirio entre las espinas;
tú, pues, que al divino Esposo
con la saeta propicia
que un tierno lastimar, que un
mirar halagüeño vibra
el corazón penetraste
para cuya dulce herida
le sobró a tus bellos ojos
aun la mitad de la vista.
Suspende a mi ruego el paso
que a unirme a tu fantasía
y a mi generoso concepto
de tu afecto me obliga
a llamarme y a traerme
de tu dulce voz asida:
de tu misterioso himno
aprisionada, a dar vista
a esa ciudad floreciente,
Metrópoli Granadina:
desde el margen del Jenil
en cuya fértil orilla
es confusión la hermosura
es la amenidad perfida:
por que en su voz arrebatada
me suspenda, y suspendida
me arrebate el claro norte
boreal de tu armonia
no es mucho cuando el esposo
en sus Canticos afirma
que en vez de voces panales
sus roxos labios destilan
si pretendes que tus pasos
(siguiendo la Cancion misma)
parayso de Granadas
sean entre las delicias
de esa amena Ciudad, de esa
pompa del Abril florida:
vistosa empresa biendo
que aun la estampa menos fixa
de tus pies flores produce
cuando buela, o las pisa:
si quieres Iglesia que aura ligera
aguarda virtud divina
que oy que es aquel dia grande
que mis cultos solemnizan
el mayor misterio suyo
a la primer fiesta mia
si su yman atractivo Canto
no te comboca te ynclina
aquel que en su obsequio me ayude
tu profundidad altiba
a componer oy la Ydea
mas rara mas exquissita
y mas singular de cuantas
aplaudieron repetidas
en representadas scenas
las teatrales noticias
pues el oydo del orbe
jamas hallado se mira
con la agudeza, si con
la nobedad no se alivia
Es verdad pero ese Canto
cuya dulce tirania
a aquel monte y a ese rio
a mober y atar obliga
su establidad del zentro
su corriente de la orilla
explica el Concepto acaso
que me prebienes. Iglesia Jeroglifica
brebe en la fatal deslumbre
acuerda aquella Ruyna
por cuyo infiel debaneo,
por cuya accion fementida
Vanse
Aunque perdio el ombre reo
el tesoro de la gracia
para su mayor desgracia
le conserba en el desseo
Tan se consuela aun viendo trofeos
que aun riendo cautivo respira,
porque del hombre en la vida mortal
todo sea bien, todo sea mal,
todo verdad y todo mentira.
Porque del hombre, etcétera.
Sí, pero aquesta tragedia
deste cantón repetida,
¡oh, inmaculada hermosura!,
aun otra voz la publica
por evidencias en su historia,
es en tu argumento enigma
que no entiendo.
Pues escucha,
y no la duda prolija
nos usurpe el tiempo que
debe ocupar la noticia.
Dices bien, di, que ya atenta
segunda vez suspendida.
La augusta Iberia, esposa
amada de Héspero, hija
hermosa de Tubal, que cuatro
veces nieta esclarecida
de aquel patriarca grande,
que de la mortal desdicha
del género humano, y
de la universal ruina
del diluvio preservada,
fue naufragante reliquia.
Esta, pues, beldad heroica,
fundó esa ciudad que miras;
llamándola Hiberia,
su nombre en ella eterniza:
después: mas mi voz en vano
sacar en limpio imagina
del borrador de los siglos
observación tan antigua.
Y así de tan arduo origen
dejo para otras fatigas
el que anden en sus silencios
tropezando las noticias:
hoy solo de un asumpto
a la introducción precisa
sin hacer alarde inútil
de letras, a que no libra
de la objeción de superflua
la autoridad de eruditas.
Ese populoso monte
a cuyas nevadas cimas
segundos árboles deben
las claridades del día,
esa eminente montaña
que continuo abril cultiva,
que eterno mayo produce,
cuya parda frente altiva
de edificios coronada
Cuya falda guarnecida
de flores y con sus aromas
olores tanto anima,
que el aire que las percibe
tan difusos los retira
que antes desde las distancias
de esos contornos registra
sus fragancias el olfato
que sus almenas la vista.
De esta, pues, Iliberia antes
hoy Granada se apellida
no ya porque en esa hermosa
abierta montaña fiera
en dos populosos cascos
se deja ver dividida
sino porque se compone
de dos dicciones distintas
que son Gar y Nata que
quieren en lengua primera
y en árabe idioma quieren
decir cueva de Doctrina.
Embaraza un rato el discurso
(¡oh fe sacra!) para unirlas
después, déjame soltar
desenlazadas las líneas
de esa fábrica admirable
esa hermosa maravilla
tal que mereció ocupada
de que Dios la Soberanía
el hombre, digo, mejor
mundo menor o más bien diría
mundo mayor; pues trasunto
racional, imagen viva
le copió a su Autor Supremo
las semejanzas Divinas
bien que apenas de sus manos
su candidez salió limpia
su inocencia salió pura,
cuando se manchó en sí misma;
pues a su primer aliento
armó la mujer caricias
contra él, la Culebra lazos
componiendo de una y una
un traidor doblez y una
inobediencia sencilla.
Pecó el hombre en fin, y al punto
la gracia desaparecida
la mentira halló en su engaño
la verdad en su desdicha
en su pérdida el bien
el mal halló en su malicia
a cuya tragedia, a cuyo
golpe, a cuya alevosía
quedó sin alma, quedó sin saber
Sin saber cómo detenga
en tan contrarios efectos
bien, mal, verdad y mentira.
Sin la gracia, pues, el hombre,
de la original justicia
perdió el tesoro, ¡qué pena!
y con él, ¡qué fiero mal!
perdió el corazón también,
pues siempre correr se miran
tesoros y corazones
con una fortuna misma.
Porque el tesoro perdió,
y el pecho con tan crecida
plenitud, que según Pablo
y a los Hebreos publica,
superabundó la gracia
bien que abundó la malicia,
he de hacer que a restaurarle
sea mayor la medida
del hallazgo, siendo la
de la pérdida infinita.
Aquel tesoro escondido
que el evangelista
Mateo dice semejante
al reino del cielo, afirma,
aunque las comparaciones,
más comunes en su enigma,
misteriosamente oculta
la divinidad explican
en el campo de la humildad,
humanidad escondida,
también hay autoridades
que iluminadas divisan
en su parábola a Cristo
oculto en la eucaristía;
con que ya en la introducción
de mi concepto los animas.
Ciudad, caso misterioso,
nombre exento de doctrina,
hombre que un tesoro rico
porque lo perdió lo estima
y sus pérdidas renueva
en sus lágrimas antiguas,
y tesoro a quien el reino
de los cielos se asimila;
esto supuesto, ya es hora,
¡oh, sacra fe!, que las líneas
que dejó el discurso sueltas
las ponga el concepto unidas,
y así corriendo al asunto
ya las sutiles cortinas
de la alegoría desata,
que aquella ciudad ínclita
o aquel pequeño campo
de la Iglesia significa
la ciudad que tantas veces
llaman las letras divinas,
y siendo congregación
de fieles que se rubrica
con la sangre del Cordero,
muy bien su visión simbólica,
Granada, en la de sus granos,
que visten púrpura lívida.
Demos pues también que habiendo
la metáfora continua
hasta adonde de los tropos
la licencia es permitida,
que el hombre en estos distritos
fue criado, pues que digan
no falta que de Granada
a la población antigua
de la Damascena tierra
fundó racional semilla;
demos que en el Paraíso
de sus distritos abría,
de donde, porque en la fuente
de la culebra enemiga
bebió, rompiendo el precepto,
le destierra la justicia,
gemiendo que desposada
del esplendor de la monarquía,
con sus prisiones tenaces
sin llave más le cautiva
en tanto que triste llora
de su ovejero las dichas,
breves, que fueron más que
sus lágrimas infinitas;
esa ciudad, ese campo
donde la Iglesia milita,
el hallazgo le previene
dentro de sus calles mismas,
desde su entrada hasta donde
su primera plaza dista.
Atención, oh ingenio, cuanto
dudes, al bulto de la idea,
Granada, aun en el teatro
material que le dedica,
la carrera del Genil
hoy lo ha de ser de la vida
del hombre a quien propiamente
el curso de un río imita,
pues la mortal vida humana
como el agua se desliza.
Organizado el asunto
de lo que hoy ofrece divina,
mis músicas te convocan,
es a que en la más precisa
ocasión que lo merezca,
con sueldo al hombre asistas,
para que el rico tesoro
hallar felice consiga.
Bien dije hallar, pues entre otras
la autoridad más meliflua
dice que hallarle es excelente,
pues es lo que escondido se halla,
solo la linterna oscura
de la fe lo determina.
Esta es pues la artificiosa
máquina, esta es la exquisita
idea, esta es la sutil
eminente alegoría
en que Granada al tesoro
soberano solemniza,
reverente, misteriosa
guarda y célebre publica.
El cual siendo de la fama
voz, del aplauso armonía,
del orbe asombro, aliento
de la religión, envidia
de la infidelidad, timbre
de la gracia, honor del día,
al mismo Dios del hombre
restauración pueda digna
ser triunfo y gloria tuya,
y gloria triunfante mía.
Atenta, Sagrada Iglesia,
te he escuchado, y no me admira
que a Granada por asunto
de su gran festejo elijas,
cuando el Soberano Esposo
en las dulces armonías
de su epitalamio aplaude
florido el lecho, que abrían
mostrando que con acechos
de ocultas alegorías
le celebres, si te enseña
esta tu amorosa vista
a mirarle por canceles,
a verte por celosías.
Y pues en representable
bulto tu ardid solicita
que su resplandor matice
lo que mi sombra ilumina,
dificulta, estrecha, enlaza,
e introduce su crítica,
dará asunto al argumento,
porque hoy según tus promesas
de la fe el oscuro velo
Suenan dentro instrumentos.
a de ser luz del enigma.
Y así, pero, ¿qué instrumentos
se escucha con armonía
tan triste que, hiriendo el aire,
hasta el oído lastima?
Lamento dulce es que el hombre
te va haciendo compañía,
oy que desterrado sale
de las amenas delicias
del paraíso, que a aquese
ameno país imita.
Dentro.
¡Ay de mí!
Escucha.
Dentro.
¡Ay de que
con ansia fatal
verdad hizo el mal
y mentira el bien!
¡Qué triste canto!
¡Qué dulce
dolor!
Mas la alegoría
por sincopar de su dura
captividad la esquiva
prisión, el ynmenso plazo
que los siglos determinan,
que incluya de los ynstantes
la abreviatura concisa.
Pues no, no nos detengamos,
sino cada uno assista
a dar relieve al concepto
que la ydea le organiza.
Dizes bien. Vamos, pues que a
ambas lástimas incita
del hombre el clamor, no es justo
que, la atención suspendida
deste por oýr sus males,
desvirtúe sus dichas.
Pues a Dios, Iglesia.
A Dios, que ya
voy a franquear propicias
de esa gran ciudad las puertas.
Yo, del tesoro a que abra,
también iré a hacer patentes
sus riquezas escondidas,
por que en él encuentre el hombre...
Por que experimente día...
en él, el bien sea verdad.
En que sea el mal mentira.
Por más que gimiendo cante:
Por más que llorando diga:
¡Ay de que
con ansia fatal
verdad hizo el mal
y mentira el bien!
Vanse, y salen el Mal, de galán, deteniendo al Hombre, que saldrá vestido de pieles, el cual se rendirá al Bien, que saldrá de galán, y el Deseo, de villano.
Déjame, mal tirano,
bien fugitivo, espera.
En breve, hombre, tu instancia persevera
en detenerme, Bien; a mí, en seguirme en vano.
Si hoy que tu horror te asombra,
y hoy que en culpa el alma te anochece,
soy bien, que como sombra desparece.
Soy mal, que te persigue como sombra.
Aunque sombra seáis, deste enemigo
huya, y a ti te siga.
Suelta, hombre; tenle, deseo, que es devaneo.
Tenle tú, que tenerle tu deseo
cosa más que inhumana
será que no comer teniendo gana.
Déjame, mal, si ya contra tus tiros
no quieren darme aliento mis suspiros.
Bien, espera, si ya que huyes no comprendo
que sigan mis lágrimas corriendo.
Si desde que leíste en tu sentencia,
más que letras, congojas,
de aquel árbol mortífero en las hojas,
por aprender del bien y el mal la ciencia,
en aquel libro verde,
a tu linaje mísero enseñando
que se conoce cuando
se llora el mal, y el bien cuando se pierde,
déjame, pues no ya me has conocido
como bien, sino como bien perdido.
Si desde que en la fuente
de la culebra, infausto delincuente,
del paraíso te arrojó tu ultraje
mismo, por qué licencia
(a alegoría de alada inclemencia)
de un ángel el celo hasta el coraje
en cuyo ardiente fuego caldeada
un querubín acicaló la espada
porque en su guerra, a que la entrada impida,
dos veces la enojada luz despida,
si desde entonces, pues, tu mal me veo,
tanto que me produjo tu deseo,
cómo, hombre, determinas
agarrarte del mal a que te inclinas,
y así, a aquesta cadena
que en la fragua forjó de tu malicia
una astucia al ardor de una caricia,
a que tu peso arrastrarte te condena
sea del pie.
¡Ay de mí!
Infame rostro,
más te la ha de poner.
¿Qué?
Tu deseo,
que fue el que en el delito
de un bocado, incluyó mal e infierno.
Será ponerle más desenfrenado,
si es cadena con breves el bocado.
Enlaza la al pie, Deseo suave, que no asombre
si es sudario el que aprisiona al hombre.
Haceros enemigo,
tú eres efeto de mi castigo.
Dale el Mal al Deseo una cadena y se la pone al pie al Hombre.
Sí, y que sufras, gruesa
una voz cuando tantas yo te llena.
O vierta el corazón ya por los ojos
viéndome en mis enojos
de un bien desposeído,
de un mal aprisionado,
de un tesoro infinito despojado
y preso de un deseo fementido.
Llore yo, y sea de suerte
que me estorbe una lágrima el gemido
y al perpetuo ruido
de mi cadena mi dolor despierte
manantial de un llanto, mis querellas
sean triste quebrando mis prisiones,
y al duro golpe de sus eslabones
despida el alma líquidas centellas.
¡Ah, gran Dios, en tanto
si no satisfacción disculpa el llanto!
¡Ay de mí! ¡Bien, qué pesar! ¡Mal, qué horror! ¡Deseo, qué yerro!
Que no es bien, Verdad, mal que haces...
Que no te ausentas, Verdad, que no satisfaces
que es a mísero compaña su destierro.
Salen la Mentira por el lado donde está el Bien y la Verdad por donde está el Mal de damas bizarras.
¡Cielos! ¿Qué es lo que miro?
¿No eres tú la Verdad?
¡Ah!
¿Qué te enlaza
con el mal contra mí?
Tu error humano y triste,
mas porque a su crueldad tu celo asiste
y a que con el mal cumplió mi amenaza.
¡Ay, Mentira! El Bien por que suspira
el alma, ¿por qué la ausentas?
¡Altiva,
porque en aquella cruza
y aficionada el Bien dio en la mentira!
Atención a la mira.
Y a la mira atención.
Que un error fatal
Verdad hizo el mal
y mentira el Bien.
Y a la mira atención.
Atención a la mira.
Que venda la falsedad
fatal.
que haga el bien verdad,
que haga el mal mentira.
Y aunque hoy tus arrojos
tu dolor suspira,
creer la mentira
te hizo abrir los ojos.
Si lloras enojos
de más ciega ira,
a tu mal prevén.
Y ten a la mira...
Y a la mira ten...
Que tu error fatal
verdad hizo el mal,
y mentira el bien.
Llora que a tu error (pues porque se aplaque)
solo es a tu achaque
remedio el dolor.
Los ciegos mejor
con tal llanto ven,
que a colirio aspira.
Y a la mira ten...
Y ten a la mira...
Que vendrá otra edad
que haga el bien verdad,
y haga el mal mentira.
Ay mentira, ¡oh qué el viento tanto fatigas!
Ay Verdad, ¡oh qué el alma tanto desvelas!
Tú me castigas cuando me consuelas,
tú me consuelas cuando me castigas.
Yo haré cierto el anuncio. Ven.
Y yo cumplido.
Yo infeliz mentí, yo mentido.
Temamos que el rumor de tus pasiones
te recuerda el yerro y el dolor me olvida,
quédate en este sitio, Deseo, ¿en qué guarida
desterrados nos pones?
Aunque el hombre que yerra
y a su deseo el golfo es de la tierra
pudiera darle de destierro el nombre,
porque la tierra no es patria del hombre,
prosiguiendo a la metáfora el camino
hoy al claustrar espacio todo el sino
de los Basilios, ven, tu arena prevenga
que ese sitio no a algún yerro convenga,
y de impropiedad mal. No es yerro
que a los Basilios llaman el destierro.
Quédate hombre, y infeliz a ser venganza
del mal en los afanes de esta afrenta.
Quédate, que aunque el bien de ti se ausenta
en su lugar te deja su esperanza.
La Verdad su promesa se afianza.
A costa de sus daños
la mentira te deja sus engaños.
Y mientras gime, espera, llora, aspira.
Las dos cantan y los dos se van.
Y den a la mira,
y a la mira ten,
que tu horror fatal,
Verdad hizo el mal,
y mentira el bien,
y a la mira ten,
y den a la mira,
que vendrá otra edad
que haga el bien Verdad
y haga el mal mentira.
Vanse.
Quedas bueno, Hombre, en tal vaivén.
Como sin alma, y contigo
quedo, Deseo enemigo.
Mira con quién. ¡Ay de quién!
Tuyo mi deseo fue.
También fui yo tu Deseo,
pero ahora que te veo
tan pobre, me enmendaré,
pues con el hombre encontrado
su deseo siempre ansioso
al mal conduce al dichoso
y al remedio al desdichado.
¡Ay de mí, que a estos destierros
quiso la ingratitud mía
heredar una Monarquía,
y da theatro a aquestos yerros,
que podrá en tan pobre y bajo
estado vencer un mal!
Del trabajo hacer caudal,
y comer de su trabajo
más teme, que allí a su pena
dejó dar a palos fiero
el mal.
Sin duda su acero
le sobró de mi cadena.
Dame una, que la maldición
vea, que a su afán me humilla,
pues sujetarse al cuchillo
es sobornar el perdón.
Deseo cantando.
Cávabale
con el azadonillo
y cávale
con el azadón.
Como a música de mi llanto
canto vulgar se divierte.
Mira, esta azada es tan fuerte
que puede romper un canto;
y no lo acuses, como el
azor, que romper anhela
la prisión, y de la pihuela
repicar el cascabel.
Si más que Caínes al con-
denar su afán, me maravillo,
Y dale
y dale
el pobre para sufrillo
hace el trabajo canción.
con el azadoncillo
con el azadón.
De mi pobreza te vengas.
No hago tal, que según creo,
para que tengas deseo,
es menester que no tengas.
Mas, por instantes, pasamos
de una en otra edad gigantes.
Los siglos de esos instantes
vamos discurriendo.
Vamos.
Del lodo a ser rey de todo
me estrenó la creación.
Tal instante su ambición
te volvió a poner de lodo.
De la culebra en las quiebras
de su frente tropecé.
Y te engañó un áspid que
sabe más que las culebras.
Sin paraíso me veo
del deseo en un oprobio.
Es verdad, sin paraíso,
pero no sin el deseo.
Y desde el querubín humanamente
defiende la ardiente espada.
Que en su ermita fue bañada
del fuego de San Antón.
Desde allí mi infiel delito
dio en el destierro después.
Y aunque es San Ventura, es
tu destierro en San Benito.
Aquí el bien en la memoria,
que en la posesión el mal,
doblan mi dolor mortal.
Con que descubriste historia
lo que en discurrir sacamos,
solo es:
¿Qué deseo?
Nada.
Pues volvamos a la azada.
Pues a la azada volvamos.
Rompe el campo, que no te asombre,
pues el tesoro perdido,
que diz que en el campo escondido
está, y lo ha de hallar el hombre.
Será timbre, que no es baldón,
cavar para descubrillo.
Canta
Eso sí, y más si a martillo
se vuelve cada terrón.
Y dale, etcétera.
Sale el Tiempo con alas como le pintan y rodean- do el tablado canta estas coplas
Suspende ombre ambicioso
la vana y necia porfía
la rústica tarea
tributas al afán, no al interés
Aquel volable tiro,
del tiempo soy de aquel
en cuyos exes mueven
su prisa el mal, su negligencia el bien
A acelerarse vengo
el que puedas deber
el tesoro que buscas
no a la solicitud sino a la fee
Ya en uno y otro siglo
y así una y otra ley
mi veloz curso al paso
de tu deseo leve has correr
Pues descubrir el tiempo
saue aun aquello que
entre calladas sombras
llegaron los misterios a esconder
Aguarda escucha
qué intentas
hombre, quieres detener
la velocidad del tiempo
Sale
no quiero sino ir tras él
Sale la Ley natural, con báculo Vestido de Pieles y barba larga al encuentro
Esperad que ahora a mí
me toca seguirle
que
eres, Venerable anciano
aun que al verte para que
te obedezca a la noticia
la razón no a menester
Dices bien, que es mi obediencia
tu razón, porque yo, la ley
soy natural que pasando
mi edad siglo al tiempo de
Pues antes oh ley amable
por que comigo también
yo vaya en tu alcance mira
si puede tu senectud
aliviarme de esta cadena
la prisión infame que es
al alma y a un mismo, siendo
solo embarazo del pie
Mirad si podéis quitarle
el yerro que trae
llega la Ley natural a quitar la cadena al hombre y a ayudarle el Deseo y no pueden
Sí haré
Ayúdale tú, Deseo
Ya le ayudo mas ya ves
que no puedo
Si la ataste,
por que no puedes
Porque
siempre
Siempre del deseo humano
la jurisdicción infiel
ya sabes, hombre, que solo
ligar puede, y no absolver.
Ni aunque más lo intento en mí
hay valor para romper
tus hierros.
¡Ay de mí! Infe-
lice, a Dios te queda.
Pues
os le dejáis todavía
con su cadena cruel,
dadle antes de iros el gusto
de decirle, si sabéis,
de un tesoro que ha perdido
el hombre.
Señas vi de él.
¿Dónde?
No sé si en el fuego
del sacrificio de Abel
y de Isaac, aquí a la sombra
del humo volvió a esconder.
En tanto que lo restauro,
antes que te ausentes, ley
natural, te pide el hombre
que algún socorro le des
a su necesidad.
Toma
este pan.
¡Qué alivio en él
me dejas!
En él te dejo
el pan de Melchisedech.
Volando a su fin camina
la ley anciana. Deseo, ¿no ves
que siempre hacia el acabarse
suele volar la vejez?
Presto feneció su edad.
¡Viva el Gran Dios de Israel!
¡Viva!
Sale la Ley Escrita en traje de hebreo con bengala y barba entrecana.
El báculo en la mano
y la sandalia en el pie,
todos proseguid festiva
y con solemne placer
os prevenid diligentes
al tránsito del Phase,
para que abreviando siglos,
y conmigo, que soy la Ley
Escrita, a la natural
sigáis, porque os acerquéis
al tiempo de que las nubes
lluevan a la humana sed,
encarnado su rocío,
cándido su llover.
Ley Escrita de aquel pueblo
un tiempo escogido, en que
en lámina fue de piedra
el dedo de Dios pincel.
Si en tu valor hay clemencia,
si en tu clemencia hay poder,
poder y clemencia a un tiempo
me valgan hoy. Leyes, para que
rompa la dura
prisión, el lazo cruel
de esta cadena que arrastro.
Llega y lo desataré,
aunque sea de diamante,
de diamante sin duda es
su yerro, pues mi valor
no le puede deshacer;
solo le podrá la sangre
de un cordero labrar.
Pues
ya que en mi terror, ¡ay, triste!,
tuvo la humana altivez
fuerzas para atar el lazo
que no ha podido vencer,
porque no ha sido ocioso
tu encuentro a mi suerte hoy,
ley escrita, dime si acaso
en tus términos saber
has podido de un tesoro
que perdí.
Sí, y quedo a fe
de ese tesoro a firmar
que le vi más de una vez,
o a lo menos su figura.
¿Dónde para? Que a por él
vamos con cadena y todo.
Dale una rebanada de pan.
Vase.
Sin duda presumo que
lo hallará tu cautiverio
en el banquete del rey
Asuero, y de Baltasar
en la cena; mas porque
ya mi favor por balde
y que te pierdan no es bien,
en el todo, mi piedad
gran miseria hoy corre,
deso a tu alivio el socorro
del ázimo pan que fue
de la provisión, toma
y verás bañada de él,
óleo que la flor de harina
fragancia del gusto es,
y queda en paz, que a cumplir
las semanas de Daniel
voy, ya que ha de ser mi ocaso
el oriente de otra ley.
Llévame contigo, espera,
ley escrita.
Déjale,
que el esperar no me gusta.
amén en la ley de Moisés.
Pues ya que la Majestad
de la real frente fïere
al sudor de la labranza,
vamos a regar con él
la tierra.
Esa agua no es buena,
porque no es agua de pie.
Aguarde, que arrebol
flamante, que luz nobel,
sacudiendo alas pesadas,
sombras de una borrasca,
tan de golpe se aparece
que del luciente tropel
la avenida a rebosar
los horizontes se ven.
¿Qué será?
Mira, Deseo,
allí al súbito placer
entonar el ruiseñor,
purpurear el clavel,
el corderillo saltar
y el arroyuelo correr.
Ya lo miro, mas con eso
que aún no ha amanecido, ver
para nosotros.
Adonde
a saber la causa iré.
Dentro.
Ven, hombre amante.
Solícito ven.
Y a la luz se abatió.
De que lo podrás saber.
Bien dices, que es al cantar;
mas y al resplandecer,
dirá, que voz de los ojos,
luz de los oídos fue.
Sale la Iglesia y dice estos versos paseando el tablado hasta entrarse dentro.
Ven, hombre amante.
Ya.
Ya cumplió el dichoso día
el tiempo inmortal, de que
puedes tu tesoro hallar
y tus prisiones perder.
Ya el tiempo que la mejor vida
regenerándose de
por la estola del segundo
del primer Adán la piel.
La Iglesia, ley que hoy pretendo
incluir en mi la red,
todo mi rebaño, toda
mi congregación, a mi fiel
la ley de gracia en mi oriente,
desbaratando el tropel
de las sombras, ya aclarando del...
del orbe la oscura tez
amaneció, y no solo
a lucir, sino a vencer;
pues quiso que sea
el divino Juez,
si fue ley el mal,
el remedio ley.
Alma es soberana de esa
ciudad misteriosa, a que
que hace la alegoría
deste concepto mi dosel,
que donde para el tesoro
que buscas verás poner
el despojo, Granada;
todo el caudal que, para que
le halles, la dispensación,
la gracia que alienta la fe.
Pues suele un rico
tesoro, tal vez,
sin disposición
y sin luz perder
el arte a descubrirle,
y para hallarlo más bien
observarás la receta
que mi voz te anuncia, que es
que le busques en Granada
penetrando a ese primer
calle, y baja siete estados,
siendo encontrar agua del
primero señal tan cierta
que carácter ha de ser;
que siete estados son donde
alguno hay en que
echaron el resto
amor y poder.
Ea, mortal venturoso,
bota el humano bajel
a las aguas, pues no siempre
tribulación han de ser.
Que por río y ciudad de fe
que recibe el Santo Rey
Jesús que imperio indiano
la ciudad de Dios placer.
Ea, mortal venturoso,
vuelvo a decir otra vez,
prevén el cuidado, alegre;
prevén el alma, prevén
el corazón al incendio
de tan alta, inmensa sed,
la inspiración buscando,
que mueve la voz, que
te llama, atento. Camina,
corre, fino, y vuela, fiel.
desafiando a las estampas
del sol impresión hacen.
En una oída voz,
infeliz, no te des...
Ven, hombre, a mi voz,
solícito ven,
que el tesoro hoy,
siendo ya de un modo
para todos todo,
todo es para ti.
Vase la Magdalena y canta dentro el coro
Vase
Ligera, sagrada y pura,
militante Verdad, pues
tras tu voz, si antes suspenso,
hoy arrebatado iré.
Adelántate, Deseo,
siguiéndola, en tanto que
puedo al paso los estorbos
de mis prisiones vencer.
Adelántate, pues calzas
plumas, volando Deseo,
por servirte arrepentido
de que, si antes pude ser
del mal un deseo, ya
soy un deseo del bien.
Cielos, ¿quién puede ayudarme
a llevar la pesadez
de yerros, con que en la tierra
prendiendo un frágil ser,
áncora infeliz son de este
mortal náufrago bajel?
Sale la Verdad
Yo, que a llevarla piadosa
no solo te ayudaré,
mas los llevaré por ti.
Ayúdale a llevar la cadena
¡Ay, Verdad! ¿Tú habías de ser
aquella virtud divina
que antes condenó juez
a aquestos yerros al hombre,
para llevarlos después?
Ven presto, lisonjeando
con tu diligencia el bien.
Ven, hombre, a mi voz,
solícito ven.
Voy, pero ya a las orillas
del Genil llegamos, Verdad, pues
su cristal puro es la puerta
de esa ciudad: llama a él,
que la franqueará el Bautismo.
Llegue a pulsarla mi sed.
¡Ah, del tálamo felice
de la Sulamitis fiel!
¡Ah, de la Sibiritana,
florida Jerusalén!
A del nido Inmaculado
de la Paloma sin hiel
A del militante centro
de la Iglesia Santa
Sale el Bautismo vestido de blanco y se hara una dama con una tarjeta en el brazo izquierdo que diga el Bautismo
Quien
llama
el Hombre que ha llegado
a tu humbral liquido
Y que
pide a la Iglesia
el Bautismo
Llega los dos
A tus pies
te ruego que me desates
de esta cadena y me des
para buscar un tesoro
la entrada en ese vergel
Ven que con una ablucion
de agua desatare
tu yerro que no pudieron
una ley y otra romper
A ti mi fe te acoja y yo
mortal te apadrinare
hasta donde el Bien te espera
para que empieces a ver
del tesoro las señales
cumplidas en el primer
estado de tu bajeza
que es allar agua que tambien
fue el anuncio del que aljofar
dara para tu solazar
Bien sera Verdad
pues hallo el agua por cual
oy que en ella fia
Bautismo
no hay que temer
cuando la verdad me guarda
la una orilla y otra el Bien
El Indeleble caracter
ven a lograr de la fe
Ven que la gracia te espera
diciendo una gota ven
Ven hombre a mi voz
solicito ven
que el tesoro asi
siendo ya de un modo
para todos todo
todo es para ti
Vanse y salen el mal y la mentira cada uno por su puerta
Que nueva luz visible
hoy la lobreguez
del orbe inunda que en ella conozco
aun siendo yo el mal el semblante del Bien
Que alegre armonia
cielos escuche
que suena a verdad en el júbilo, cuando
todo es mentira el humano placer.
Del hombre la culpa
corrí y inficioné,
su género todo ya en el lugar donde
el robo, la guerra, la hambre, la sed.
Treinta mil deidades
mentí a la altivez
del gentil idólatra y hice hasta un tronco
postrar inclinado el esquivo laurel.
Y no hay mortal.
No humano bien que
conmigo se hallase sin vos al mentir.
Canta en la Iglesia.
Contigo se viene a el padecer.
Ya ora en su grey.
Espero anegar con su sangre el martirio.
Y yo falsear con mis dogmas su fe.
Mas de su destierro,
rompiendo la ley,
el hombre parece que falta.
Es así.
Ven, hombre, a mi voz, solo a Dios ven.
¿Oyes, Mal?
Sí, pero
al hombre no ves
hallar el gentil Bautismo en su puerta,
el bien esperar, la verdad, y irse con él.
Sale, Mentira, óyese
a mis
avisos pues,
no se han atrevido, llegando a la gruta,
a desagraviar el enojo del ver
sus amores ardientes.
Y ¿qué es menester
que al entrar siguiéndole hasta esa ciudad,
en ella el Bautismo la entrada nos dé?
Pues, al agua.
Al agua,
yo a su campo iré,
hoy a que sumergido con mi mal adolezca.
Yo a introducir a mi zizaña consuma.
Pues aprisa vamos.
Vamos, Bautismo.
Vuelve a salir el Bautismo.
¿Qué queréis?
Entrar por tu puerta, Bautismo.
Venid,
y estad advertidos entrambos los dos
de que os repulso,
enfermo y mentido, si viene el mayor,
el mal que se usa en el traje del bien.
Vanse los tres y sale la Iglesia, y el hombre entre el Bien, la Verdad y el Deseo y al lado de la Iglesia el Bautismo (con mucha gala que ha de ser el vestido blanco todo guarnecido de plata, ha de ser así).
Ya anegada la culpa
del hombre, arregló la tela
blanca del nuevo, te viste.
la bautismal inocencia
ya, oh gentil, el bautismo
te dio, en cuya valedera afueras
fénix de sus aguas logras
regeneración más bella.
Y pues a su baño puro
te puso a la diferencia
que, de esclavo del demonio,
a hijo de Dios te eleva,
pues a los lumbrales puros
y adentro sagradas puertas
llegas, a uso de tal agua
hoy en esa ciudad entras.
Siendo en tu concepción misma
muy bien llamarla pudiera
de aguas vivas pozo y fuente,
de los jardines amena,
y así a gozar sus delicias
ven. Hombre, la soberana Iglesia
a representar tus fieles
viene la naturaleza
del hombre en mí, deseando
debajo de sus banderas
militar siempre bien. Pues cauto
goza este bien y conserva,
la espiritual niñez
adquirida, y las vendas
ignora de los errores.
Y yo haré que nunca sepas
y de la verdad no apartar
tu razón. Iglesia, bien te aconsejan
que en esta temporal dicha
durarás hasta la eterna.
Y porque el bien no te deje,
de la verdad no te ausentas.
Deseo y Siento, de este
suceso, deseo sano hay que sienta
y a fe que vienes galán,
aunque por suplir a la fiesta
del bautismo hacer adorno
de no vivir sin cadena.
Salen el Bautismo, el Mal y la Mentira
Bautismo hay, Bautismo está de
actualmente representar;
acude, Perdón.
Ésa es la mentira,
no es el mal, Bautismo, ved que a la Iglesia
aguarda, venid, Mal, y asid le.
Ay de mí, que por él tropiezan.
Alzad, que no hagan caída
la que adeza reverencia.
Ambos de desbautizarse
tienen...
Al tropezar, caen de rodillas a los pies de la Iglesia el Mal y la Mentira, y caen y la Iglesia los levanta
tienen cara a fe de bestias.
Se apartan los dos.
Aunque el llegar tropezando
me aflige.
Aunque me amedrenta
el entrar cayendo.
El orbe
todo reconozca.
Entienda
que familiar contraria
voy a servirme, el mal entra.
Hoy entra a ser la mentira
boticaria en la iglesia.
Siendo vid a su concordia.
Siendo a su nave tormenta.
Mas el hombre, según veo,
de no conocernos, da señas,
o lo finge.
Como quieres
que caiga, que su advertencia
en nosotros, si le asisten
la Verdad y el Bien. Por tenga
con los dos Iglesia Santa,
que traen grave sospecha
y de ser gente de mala fe.
Mira, Verdad, si penetras
su ánimo.
Sí hace.
Hombre,
cómo te va con la nueva
perfección.
Como que pasa
a la luz de las tinieblas,
bien que una ley reconozco
en mis miembros, que flaqueza
no se rinde, o es repugnancia
que al alma hace resistencia.
Yo tengo a este mal remedio.
Ya lo aguardo.
Sale la Confirmación, de dama bizarra, con su tarja.
Pues ya llegas
al humilladero o adarve,
el sitio de la obra nueva
del Genil, que es a sus aguas
fortificada defensa;
en cuyo hermoso paseo
encontrarás que te espera.
Di, ¿quién?
La Confirmación,
pues si en estotra ribera
del río el Bautismo hallaste,
precisamente era fuerza
hallar la Confirmación
en la que es su fortaleza.
El bofetón agradece
que te perdona, Mal. Si pena,
mira, o siente, revienta de envidia.
Qué ventura, Dios, qué grandeza.
Ya estás, hombre, en el segundo
estado con que te acercas
al hallazgo del tesoro
que buscas; y pues ya llevas
del Bautismo recibido
del Genil, en la agua tersa
de la Confirmación en
lo estable de tu obra nueva.
prosigue tu feliz vida
y ya estás en la carrera.
(Ábrese el tablado desde que llegan al cenit descubierto el
bastidor o la perspectiva de la ciudad y
de la carrera)
Ya con más aliento el norte
me vuelve de tu belleza
la carrera de la vida,
no es calle, Deseo, bella.
Bella es y alegre, si no
parara en ser cosa vieja.
Aguarda, mortal, suspende
el grosero paso, que esa
parte boreal del norte,
que es más que en lo que destemplan
sus cataratas heladas,
y más que sus sombras ciega
a aquesos dos sacramentos,
y los demás de la Iglesia
en sus teatros impugna,
con las que doctas escuelas
ella y la ortodoxa
llaman fementidas sectas,
y así, porque hasta que logres
mayor reflexión...
La lengua
suspende, calla, infiel, calla,
cesa, temeraria, cesa,
que aun
que aun menos inficionada
voz, lastima la pureza
de mi oído, y si tú, aleve
apóstata, no enfrenas
la fe, te embocaré, que más
que pía contra ti veda,
desenvainando la espada
de fe, la oliva suspensa.
Yo, cuando...
Nomás, prosigue
tú el camino.
El alma tiembla.
Sí, pero aunque en el Bautismo
se lave y rehaga cabeza,
y se fortifique en la
Confirmación, que supuesta
la fragilidad del hombre
absolverá de las nuevas
manchas, de las actuales
caídas...
(Sale la Penitencia con crisma de tal y la otra de hombre)
La Penitencia,
que de las angustias sale
a ser de esa dolencia
remedio.
¿De las angustias?
Sí, que en su templo se expresa
el ejemplar de tu dolor,
que hasta el corazón penetra,
pues tan grande como el mar
fue su contrición acerba;
dígalo esa clara fuente
en medio.
en medio de la carrera
para el cristal que rebosa
son lágrimas las que engendran.
Con tan eficaz remedio,
¿qué peligra, sacra Iglesia,
pues el mediodía solo
puede hacer que el mal se pierda?
No hará, porque despechado...
No hará, porque yo revuelta...
levantaré contra ti,
Iglesia, la mayor fuerza
de tus milicias, bandas,
que no es mucha a llana empresa,
mucha, mucho atrevimiento,
que presuma mi soberbia
alterar sus huestes cuando
amotino las estrellas.
Y yo de la apostasía
audaz, en la ligereza
sutil de de falaces plumas,
armaré mayor violencia
en que tu Iglesia zozobre,
con que tu nave se pierda,
y el hombre prevarique,
o a lo menos su constancia
vacile titubeando
en sí
advierta o si no advierta,
gane en odio de este gremio.
Paguen su horror.
En su ofensa.
Vanse.
¡Al arma, furias, al arma!
¡Guerra contra el hombre, guerra!
Absorto quedo.
Los dos
su alcance seguid aprisa,
tú, Verdad, alumbrando todas
mis escolásticas fuerzas,
que su bien mis saludables
consejos que los convenzan,
los desbaraten y opriman,
y sin dejarles que puedan
hacer hoy partido, presos
los traed a mi presencia.
Vase.
Volando voy a servirte.
Vase.
Alas calzaré a la empresa.
Y tú, mortal, no te asustes
que mi nave puede verla
combatida, pero no
zozobrada, a la tormenta;
del cuarto estado a la estancia
pasa y dime lo que en ella
ves.
Solo a una cruz
en medio de la carrera
doy vista.
Sale el Matrimonio de galán con su vara.
Pues en el ser
de esa cruz verás que encuentras...
¿Cuál estado sale?
El Matrimonio.
que en conyugal conveniencia,
con sus lazadas, propague
la humana naturaleza.
Pues ¿qué importa que en los tres
sacramentos que te cercan
te laves, te fortifiques
y cures, si no te aumentas?
Aunque el amor te suaviza,
matrimonio, mucho pesa
su cruz, de eso no pesará mucho,
si para llevar a cuestas,
como es de piedra la cruz,
fuesen los hombros de piedra;
mas aquesta cruz hechiza,
no la tengo por ligera.
Con yugo tal, matrimonio,
¿qué más, si dura por penas?
Calla, necio, que esta cruz
tiene el alivio tan cerca,
que a un paso al hombre el castillo
le dará la fortaleza,
porque, pues subiese,
lo que a detenerse alienta
el paso.
Vendrá a ser este.
Continúa.
Persevera.
Camina.
Esperad, que entrada
es a la que llego.
De esta,
Hombre, la puerta real nombran.
La puerta mejor de veras
del Orden Sacerdotal;
pues si a mi primer cabeza,
con culto real, venerado,
le intitula Dios, yo creyera
que es real, por tener corona.
Llega a sus umbrales.
Llega.
Sale el Orden Sacerdotal.
¿Qué queréis, que el Orden soy?
Que el camino que llevas
la humana vida, me enseñes,
y quién, para que pueda
el tesoro hallar que busco.
Aunque yendo con la Iglesia
todos sobramos, pues todos
nos incluimos en ella,
haré que halles un tesoro
en que, a un tiempo, su riqueza
toda sea para todos,
y toda para ti sea.
Ya este concepto otra vez
oí, pero me hace fuerza
el que, a un tiempo, sea de uno
y de muchos.
Espera,
que yo te explicaré cómo
pueda ser.
pueda ser, una experiencia
dime, cuando atento miras
esas dilatadas vegas,
enteramente tus ojos
no gozan de su belleza?
Sí.
Y por eso las disfrutan,
que no puedan verla
y gozarla toda otros
muchos de la suerte misma?
No.
Luego ejemplo tan feliz
te advierte con evidencia
que puedes hallar tesoro
de calidad tan inmensa,
que todos a un tiempo y uno
solo, todo lo posea.
Pues en rastro de tus pasos,
al acierto de mis huellas.
Ya te sigo, pero aquí
más difíciles se encuentran
ya las calles, y con menos
claridad que en la carrera;
bien que entre el opaco velo
que la obscuridad blanquea,
más atinada camina
la planta cuando más ciega; que
que si no es este deseo, tan presto
de los yerros no se acuerda.
Esta es la cerrajería
donde con llave unida
cuando se le antoja aun
de día la noche cierra.
Quién me dará aquí luz?
Yo.
Fe divina.
Tú eres la Fe?
Sí, que habiendo
hombre llegado a mi puerta,
salgo con mi luz oscura
a guiar tus pasos.
Esta
es tu puerta.
Sale la Comunión de dama con su túnica
Sí, porque es
la puerta de las orejas.
Donde soy la Comunión,
que te daré en una oblea
divino manjar con que
eterno el vivir mantengas.
Y qué de cosas humildes
son las que mirar se dejan
en tus puertas, Fe, clavadas?
Lo que has advertido en ellas,
obras son que porque abusan
de la ley que las arregla
y del sello que las marca, en sus
en sus dinteles suspensas
a ser infames trofeos
mi gobernación condena.
Ya, hombre, ya has llegado
al término de la idea
que propuse al argumento.
Y de él dirá...
¿Qué plaza es esta?
La plaza de Vivarrambla.
Sale el Bautismo
Ya veo que en la grandeza
y en los primores que hospeda
el aplauso se dilata
y la admiración se estrecha.
Aquí has de hallar el tesoro
siendo campo de la Iglesia
que la Comunión te ofrece
y la Fe te manifiesta.
Ya le espero. Deseo, haced que dé el
plazo, si no os basta esta,
que en vez de hallarla el Deseo
va perdiendo la paciencia.
Antes, pues da fin la plaza
al concepto en su palestra,
mi último Sacramento
hallarás.
¿Cuál es?
La Extrema
que al término de la vida
humana os dé defensa.
Pues si en diversos estados
te ha expuesto la Iglesia,
Bautismo para que lave;
para que te fortalezca
Confirmación; para que
te cure, la Penitencia;
para que te críes, la
Comunión; para que crezcas
el Matrimonio; y el Orden
Sacro en fin para que sepas.
También soy la Extremaunción
te expone para que diestra
te purifique y te arme
para la mortal pelea.
Está bien, pero porque
la objeción salvemos, sepa
qué proporción tiene, que
el santo óleo se aparezca
hoy en la plaza que nombran
de la Vivarrambla.
Esta
es corriente.
Es corriente, y aun común
sentir en Divinas letras
que el Torrente que es lo mismo
que la Rambla, representa
el término triste en que
la humana vida se acerca
a los pálidos umbrales
del morir, donde si entra
con gracia a Torrente vivo,
a ser viva Rambla llega;
y siendo la Extremaunción
Sacramento de mi Iglesia,
que administra, que confiere
gracia en la era postrera,
bien la viva Rambla es, sino
que lo expone sin violencia.
Y así, pero ¿qué ruido
es este? ¿qué estruendo suena?
Suena ruido
Salen por una parte la Verdad con la mentira, y por otra el Bien con el mal
Solo diré, atenta escucha.
De mí lo oirás, oye atenta.
Y a pureza soberana
la tienes, a tus pies sujeta.
A tus plantas yace postra,
oh Soberana pureza.
Esta de la Apóstata,
falaz infiel Comunera,
esta contra ti implacable,
dura facción de estrella,
pues habiéndole seguido
y el bien con que a mi aconsejas
en mí la verdad que instruyes.
Al ultraje de verse, trajo a ella.
Y en que consumar, sufro.
Venida, ven que proterva
Venida, mal, mi rabia me anega.
Llegad, frenesí, mi furor me anega.
Preséntalos a la fe,
pues causa de la fe es esta,
y para que en su Tribunal
yo juzgue con mi sentencia.
Ya están ambos a tus plantas.
Han entrado por tus puertas
estas dos, Iglesia Santa.
Tú le has de dar la respuesta.
Doy fe que en el libro de
El Bautismo
El Bautismo si tan expresas
sus partidas dudo, son muy lindas
partidas las de fee, pues fuera
buen sacrilegio, ¿qué causa
os mueve a alterar la Iglesia?
El ser durísima carga
hacerme ¡ay de mí! que crea
que en los Siete Sacramentos
haber eficacia pueda
con que el embite de su mal
un enfermo convalezca.
Los méritos de la sangre
de un hombre Dios le costean.
Y que restaure es posible
con la comunión, ¡qué pena!
en un bocado, ¡qué rabia!
el tesoro, ¡mal se alienta!
el corazón, que perdió
en el Paraíso. Fee necia
¿cómo hacer posible quieres
tú que en un bocado pueda
perderlo y no restaurarlo
en otro, y pues en la idea
de la alegoría ya
los velos se transparentan
hombre Cristo es el tesoro
que con abundancia inmensa
se da en la Cruz como precio
como comida en la mesa.
Como precio reconcilia
con Dios la naturaleza
y como comida lo une
con cada individuo de ella.
De la eterna muerte a ti
como precio te reserva
y también como comida
te administra vida eterna.
Como precio te redime
el alma y te la sustenta
como celestial comida.
Como precio hace a la fiera
culpa que huya de ti, y como
comida que en aras de ella
es la justificación.
En fin que te desempeña
como precio, y de la gloria
como comida es la prenda.
Ya el alma, fee soberana,
me anuncia a tal bien y atenta
para gozarle advertido
sale a los ojos ciega
Pues de fee a lograr el triunfo
del misterio que celebra
por ruego madre divina o maría
A encantos que se apresura
que esos dos aunque el torpe
ladrido del Norte ciega
arrastran infiel tropheo
de mi carro las cadenas
de que redimió el hombre
Id, y quitad de la presencia
de los dos ese profeta
y amarradlos a esas puertas
donde se duelan las penas
sin fee y obras sin creencia
Vase la Voz
Grandes en los ministros
Se ve o de fee cualquiera
mas vayan los Sacramentos
por que la moral escuela
sabe que en ellos misterio
ay entre forma y materia
Venid todos, Ya obedecemos
¡Oh! muera yo en tal afrenta
pero viva el mal si el viva
la mentira aunque yo muera.
Vanse los dos con los sacramentos
Ya que a ese Sacramentado
Pan ¡oh inmaculada Iglesia!
rendida mi fee conoce
y mi religión venera
dime, debajo del sello
breve de su blanca oblea
qué señas contiene de
ser tesoro que preseas
oculta, y valor guarda
y déxale a tu advertencia
que le enseñe al oído
y por que la vista las crea
Yo te haré que registre al tesoro
feliz de rasgos de aquellas
accidentales especies
Oro en la naturaleza
divina, en la humana plata
Diamantes en su firmeza
en su amor Topacios, en
su sangre rubíes y perlas
a sus lágrimas, Zafiros
en ser de su gloria prendas.
Y en medio de tantos bienes
se esconde de manifiesta,
y en medio de ser compendio
de superiores riquezas,
es el mayor bien, pero es la
comida más verdadera,
porque cumplido el anuncio
mires bien, venturoso adviertas
que el mal llega a ser mentira
y a ser verdad el bien llega.
Ya, ya oigo sus glorias
la alma, aun cuando las ligeras,
pero, ¿cuando el triunfo, plaustro
tú no ocupas, oh iglesia?
Porque es de la fe el misterio,
mío el culto, y así esfuerza
que sea ella quien triunfe
y que sea yo quien festeja.
Ya conduciendo su pompa
los sacramentos se acercan.
Cuyo carro la fe ocupa,
que es del sacramento esfera.
Y a los lados con prisiones
a aquellas dos buenas piezas
les vienen prestando chispas
a los rayos de sus ruedas.
Van saliendo del medio del teatro un carro triunfal, y en él la Fe con un cáliz y una hostia en una mano, y tirando del carro los siete sacramentos con siete bandas o colonias; el Bautismo blanca; la Confirmación dorada; la Penitencia morada; la Comunión encarnada; la Extremaunción noguerada; el Orden Sacerdotal verde; y pajiza el Matrimonio, y a los lados con cadenas presos al carro a un lado el Mal y a otro la Mentira, y de esta suerte llega el carro desde dentro hasta en medio del tablado frente a frente, y al entrarse vuelve a zaga a la misma parte, para que se pueda hacer con facilidad y hermosura, y esparcirse en el tablado las personas que le tiran sin embarazarse unos a otros.
Los versos que cantan Mentira y Mal, el estribillo lo dirá primero representando el Mal y luego todo cantado la Mentira, y acompañamiento del músico el estribillo, y con él irán cantando y el Mal representando:
Escuchad.
Escuchad, que el hombre
hoy logra, ya advierta
la carrera de la vida
y el premio de la carrera.
escuchad por que
en su maravilla encierra
el Tesoro de la Iglesia
se halla en el triunfo mayor de la fe.
¡Ay! que a la angustia, a la saña,
al cruel tiro,
se desvanece el aliento,
y aun no es suspiro.
Lloré mi mal, perjuro,
la despojada, la oprimida frente,
que vea yo al avaro
con mi injuria y pasmo
helado tras sudar, temblar ardiente.
El lamentable estruendo
de la cadena el son siga, y no estorbe
el yugo sacudiendo,
haga cuando se encorbe
mi altiva cerviz titubear el orbe.
¡Ay! que a la angustia...
Callad, pérfidos, y tú,
hombre, en quien hoy representa
de Granada el gran teatro
toda la naturaleza.
Ya en este augusto misterio
hoy el cobro halles, en que notas
que perdiste en un principio;
y así emplea en su riqueza
el espacio del deseo,
el valor del alma emplea;
pues hoy cumpliendo el asunto,
y en él se te manifiesta
el Tesoro que del cielo
bajó a esconderse en la tierra.
Feliz yo, que hoy la dicha
que gano aumente a aquesta
con la que perdí. ¡Ay de mí! Pues miras
que a encumbrar tu recompensa
del alma a un tiempo, que la dicha
es abundancia y es deuda.
Para que la reconozcas,
nunca seré en tu fe muerta.
Y seré verdad a quien
tu razón siempre obedezca.
Y a que el bien siempre siga.
Y a que la pura inocencia
conservare del Bautismo.
Y yo el confirmarte en ella.
Y así siempre justa, ociosa
dejarás la Penitencia.
Y en la comunión verás
que inmortal vida sustentas.
Inmortal vida si el orden
sacerdotal la franqueas.
Logrando en el matrimonio
su generación la creencia.
De esta ventura, Deseo, con que
hoy tu deseo se queda
pasando a ser posesión
sin la unción y con la extrema.
Pues, aunque tan oprimida
la embraveza mi soberbia,
y a turbar estas verdades
aún mi mentira se atreva.
Con tan poderoso auxilio
no habrá fealdad que tema.
Pues prosiga el sacro triunfo.
Llene la equidad excelsa
de su aclamación.
Vase retirando el carro.
Y en tanto,
senado ilustre, que a vuestra
piedad heroica el infierno,
que el perdón le deis os ruega
para el primer auto, y para el
para el segundo paciencia.
Y usurpándole los ecos
a la acorde diferencia
del canto, alegres repitan
las aclamaciones nuestras.
Escuchad que el hombre
que hoy logra para tierra
la carrera de la vida
y el premio de la carrera.
Escuchad porque
en su maravilla se encierra,
el tesoro de la Iglesia
se halla en el triunfo mayor de la fe.
Conclúyese el auto y córrense las cortinas hasta comenzar el segundo. Córrese.