디지털 텍스트 El infante de Aragón
공개일: 2026년 6월 18일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El infante de Aragón. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-infante-de-aragon.
EL INFANTE DE ARAGÓN
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Así pagan los traidores lo que merecen. . Detente, para que los dos que huyen nuevas de los muertos lleven- Permitidme cabellero, que dos mil veces os bese los pies, si con humildades vidas, y almas se agradecen. Teneos, que no es razón que puesto que lo parece, no debe el que bien recibe, a quien hace lo que debe. Antes yo estoy obligado, pues dándome en que pudiese cumplir con quien soy, resultan en mi favor vuestros bienes. Cuando de vuestro valor menos noticia me diesen en peligro semejante las recibidas mercedes. En el estilo de honrarme; conociera claramente que sangre os ilustra el pecho, que virtud por alma tiene. Qué nobleza le acredita, que crédito le ennoblece, que principio le dio nombre, que patria le inclina, y mueve, que entendimiento le guía, de cuyo origen proceden palabras, y obras conformes. La misma razón me ofrece sentir de vuestro valor lo que por ellas se entiende. Y pues hasta la ciudad, cuyas torres eminentes agradecidas al Sol, lejos de aquí resplandecen. Es fuerza que vamos juntos, que déjaros no consienten ni la razón, ni el peligro, aunque como visteis, fuese salir de ella mi jornada, os suplico, si merece mi servicio este! Yo soy generoso heroe caballero Castellano, que por cosas que suceden en años al gusto humildes, como a la razón rebeldes. Me vine al Rey de Navarra, a quien en guerra que tiene con Aragón, he servido, y él me premia, y favorece, de suerte que ya la envidia de mi pribanza se ofende, que quiere tiranizar la inclinación a los Reyes. Es don Albaro Manrique mi apellido, descendiente de la gran casa de Lara, que vio en Castilla jueces antes que Reyes, y Condes, con la celebrada muerte de los Infantes, de quien fue Mudarra heroico fénix. Don Juan Manrique es mi hermano aquel valeroso y fuerte Adelantado mayor de Castilla, a quien hoy temen cuantos Africanos Moros viven desde el Tajo al Betis. Hoy sirve al Rey Castellano, que de los Alfonsos nueve el hijo, y padre a la fama añaden dos a los fiete Y yo como veis aquí: (tales son los acidentes) al Rey de Navarra sirvo, y sirvo habrá cuatro meses una dama de la Infanta; a quien hoy rinden la frente, Laura, cuantas coronan laureles por ingenio, y hermosura, aunque pretendan tenerle imiramis, y Cleopatra mas este blasón se entiende sin ofensa de la Infanta, cuya fama resplandece de la cuna en que el Sol nace, al túmulo donde muere. Ay aquí cierto Ricardo más astuto que valiente, más Ulises que Anibal, y más Pirandro que Jerjes. Entre Español, y Frances, buena mezcla pocas veces, que tengo por imposible que dos sangres se concierten. Sirve este también a Laura, no bien admitido, y este pagó los hombres que visteis que al camino me saliesen. Hoy que de cazar venía, con suceso diferente, pues siendo yo el que salí, sois vos quien matáis las liebre Alómenos si no es él, no puedo pensar que uviese ni en Navarra, ni en Castilla, hombre que matarme intente. Los dos criados que huyeron me dan pena, que no acierten a topar con los traidores, aunque ellos hivan de suerte que llevaban temerosos más cuidado de esconderse que de buscar enemigos: pero porque no os moleste mi discurso, si permite larga historia espacio breve, aquí la dejo, y os pido, pues ya es fuerza que mi guésped seáis, volviendo a Pamplona, sepa yo quien sois quien quiere que os he cobrado de oiros, honrar el alma, y la cara pero primero que intente de sus letras el treslado, habéis de hacer como suelen que sois su dueño, y que soy de callar, pena de aleve, vuestro esclavo eternamente. cuanto os dijere de mí. Cosa extraña me pedís, . Desde ahora para siempre y que a gran tiempo que tiene os doy la palabra. oculta mi pensamiento, . Basta. de vuestro ruego, y valor, a quien mi amor obedece, de vuestro nombre, y ponerme deciros quien soy, Mantique, donde mi rostro confiese los nobles, pleito homenaje mas no quiero defenderme . . Yo os escucho atentamente Yo soy (Manrique ilustre) aquel Infante de Aragón, que pasó a la santa guerra, del sacro mármol que volvió diamante U el Sol del cielo que murió en la tierra: después que al Saladino, y Tarudante vencio Ricardo Rey de Ingalaterra, su bárbaro escuadrón deshecho, y roto, entré en Jerusalén cumpliendo el voto. Allí banderas, y armas por el suelo con tierno amor, y venerable espanto, al mayor Capitán de tierra, y cielo rendimos juntos con alegre llanto: pero la envidia de aquel santo celo, entre tantas naciones pudo tanto, que en medio de este triunfo, honor, y gloria, se cayó de las manos la victoria. Volví con él, y de la gran Bretaña, donde estuve dos años, disfrazado quise por Francia dar la vuelta a España, del amor de la patria provocado: pasé el canal que las devide, y baña, mudando el nombre en forma de soldado, por ver como en riqueza y gallardía la flor de Lis a Londres competia. Dejé la Francia, y antes que la barra de mi patria Aragón viese contento, también quise en la Corte de Navarra, cansado, dilatar el pensamiento: allí la más gallarda, y más bizarra solda desca que dio bandera al viento, daba una tarde muestra al Rey Navarro, al trasponer el Sol su ardiente carro. Cuando las rejas del palacio dora, más lucido escuadrón de damas bellas, que siempre a Marte Venus enamora, y como se iva el Sol, salió con ellas: no se abre con la risa del Aurora más claro el cielo, huyendo las estrellas, como me pareció que Arminda via, y que a la tarde comenzaba el día. Suele piramidal por los antojos fuego encender el Sol, y reducidos a los opuestos unos bellos ojos, abrigar el cristal de los sentidos: ríndese toda el alma por despojos, entrando blandamente reducidos entre aquellos espíritus y rayos, al corazón dulcísimos desmayos. Ansí quedé con ver la hermosa Arminda Infanta de Navarra, y con cuidado de ver más cerca la que vi tan linda, mayores ocasiones he buscado: mas como en todas más me abrase y rinda, conocí por mi mal desengañado, provar la actividad al mismo fuego, pues más me abraso cuando más me llego. Dos meses de esta suerte entretenido, sin esperanza alguna en pena tanta, el divino imposible me ha tenido de la hermosura de la bella Infanta: viéndome pues en tanto bien perdido, después de pena, y resistencia cuanta puedes imaginar, en competencia se pusieron la vida; y el ausencia. No estaba media legua de Pamplona, cuando aquellos traidores me obligaron a defender, Manrique, tu persona, los dos huyeron, y los dos quedaron: este es el muro que el lugar corona, la historia, y el camino se acabaron a un tiempo, aunque con pena me desvío de tu amistad, a proseguir el mío. Eso no, que no es razón, mi guésped habéis de ser, si es que gustáis más de ver a la Infanta, que a Aragón. Porque vuestro pensamiento de suerte puedo ayudar, que este amor venga a llegar a dichoso casamiento. Pues está a los dos también que seréis perfeta unión de Navarra, y Aragón, y porque en paces estén. Y más si licencia dais que sepa Laura este amor. Aquí la fuerza mayor es el que vos me mostráis. Pero no pudiendo ser el casamiento posible, a ver mi amado imposible de que me sirve volver? Imposible, de qué suerte? Con mi padre el de la Infanta con guerra injusta, fue tanta la enemistad, que en su muerte mandó por su testamento, pena de su maldición, que el Rey, y ella en Aragón no tratasen casamiento. Y heredó su voluntad de suerte, que con la guerra que veis, molesta su tierra, y dura la enemistad. Si pudiesemos hacer que la Infanta de secreto os viese galán, discreto, y ella en efeto mujer. Que la misma privación la pondrá en mayor cuidado, de haber su padre mandado que no case en Aragón. Porque la mujer primera, por mandarle no comer comio, que pudiera ser que a no ser ley, no comiera. Y por la misma razón, por mandarla, aunque se abrase, que en Aragón no se case, se casará en Aragón. Iré con vos, y veremos que dispone la fortuna. Estos son. . Temblando voy. Quién hay, Pedro, que no huya de la muerte. . Señor mío, que vives! qué gran ventura! dadnos los pies. . . Qué criados, vivo estoy con vuestra ayuda. Morir contigo era justo, flaqueza fue. . Verdad pura, el ánimo estaba pronto, la vida tuvo la culpa. Besad los pies a ese hidalgo generoso, por quien dura la vida de vuestro dueño. Logren los cielos la suya, mas que pleito entre casados, y bandos en Cataluña. Ahora bien, vamos Manrique, prevenid que este oculta la traición; ya me entendéis. Mi sangre es prenda segura. Quién será, Mendo, este hidalgo? De su persona resultan luces de croico valor. Naturaleza procura que lo que encubren las almas en los rostros se descubra. De qué te parece el mío? De hombre tienes figura que huye de una pendencia. Lo mismo he visto en la tuya. Tanto rigor bella Laura? No es rigor la inclinación. Con desprecio sin razón la libertad que restaura? corre mansamente el aura dando a las flores aliento, pero esforzándose el viento hojas, y ramas deshacen, y así los desprecios hacen que mude amor pensamiento. Bien se que vuestro rigor procede tan inhumano del Manrique Castellano que merece vuestro amor: mas ya no le haréis favor, porque me dicen; y es cierto, haberle en el campo muerto enemigos que tenía en Castilla, que vivía muy libre y muy descubierto. Pero no será verdad, que cosa que me esté bien es imposible, y también quiero teneros piedad: que mi necia voluntad no admite vuestro disgusto, aunque por venganza es justo, que querer por padecer; no es querer, si no querer un hombre su propio gusto. Si don Alvaro Manrique (no lo quiera Dios) es muerto, a quien tan gran desconcierto queréis Ricardo que aplique? vos haréis que multiplique mas desdenes ofendida de ser su injusto omicida, si de eso os pensáis valer, que no puedo yo querer a quien me quita la vida. Y mirad cuanto dolor neciamente me habéis dado, pues juntos he declarado vuestro desdén, y mi amor: matarme, y querer favor mayor imposible ofrece, porque más fácil parece, y más nobleza se llama, morir por lo que se ama, y amar lo que le aborrece. No más Laura, confiada en privilegios de hermosa, que os querre yo desdeñosa, y no os querte declareda: no os declaréis tan airada que arguye facilidad, porque da la voluntad libertad para querer, pero para abborrecer no nunca se dio libertad. Mientras Manrique vivía pude esperando perderme, más muerto, y aborrecerme es hermosa tiranía: o será venganza mía, como ámaros me dejéis, el ver que me aborrecéis, que si aborrecido soy, con el enfado que os doy, vos misma me vengaréis, Que como contento ofrece el ver lo que se ha querido, se venga un aborrecido con verle quien le aborrece: y si esto pena os ofrece, con lo mismo me obligáis, pues matándome os matáis que si amada aborrecéis, más venganza me da mientras más me aborrezcáis. Si Manrique murió, mi vida es muerta, pues como vivo yo muerta mi vida? pero debe de ser muerte fingida, que no viviera yo si fuera cierta. Pero cómo en palacio está encubierta, y al alma que le adora defendida; maás por dicha de mi vive escondida que nunca mala nueva ha sido incierra. Mas como muero si vivir presumo, o por dicha viviendo de la suerte que vela que se muere, me consumo. Ya espera vida, y ya la muerte advierte, que como vive entre la luz, y el humó ni conoce la vida, ni la muerte. Si no la sabes, o Laura, de darte nuevas me pesa tan tristes. Nuevas, y tristes no serán para mi nuevas; Dan por autor a Ricardo, que muerto en el campo queda don Albaro. . Quién señora saber más presto pudiera su muerte, que quién la hizo? No sé cómo darte pueda consuelo. . Con engañarme, de que su muerte no es cierta, que si es cierta, es imposible consolarme vuestra Alteza. Llaman oráculo al alma, y con dudosas respuestas, por no lastimar las vidas tiene suspensas las penas, Pregúntole la verdad, y en aquella estrecha senda que hay desde el alma a los ojos envía lágrimas tiernas. Y cuando van a salir entre las sutiles telas, las detiene, sin querer que salgan, ni que se vuelvan. Ay de mí, qué confusión: Laura lo mejor espera, que es anticipar los males sentirlos antes que vengan. No quiera Dios que la envidia logre su injusta soberbia, que no siempre la virtud es bien que a sus manos muera. Mas yo te doy la palabra, que siendo su muerte cierta, no ha de bastar su pribanza a que de mí se defienda. Si corriendo el mal, y el bien, siempre el mal primero llega, no vienen mal mis albricias, ni que pedírtelas pueda en presencia de la Infanta. Yo te las mando por ella. Vive don Albaro, Pedro? Vive Laura, y viene cerca. Bien dices que vive Laura, pues que fue su muerte incierta. Cuéntanos Pedro el suceso. Adiós quien fuera poeta, y con estupendos versos diera a las Musas materia de pensamientos coetes, que resplandecen, y atruenan. Pero en pocos, digo así; hoy cuando el alba risueña. salió a quitar romadizos, que no Laura, a llorar perlas. Dos galgos, mi amo, y yo, y Mendo, por las riberas de ese río a buscar liebres, examinando las hierbas, y vamos mirando camas como si de damas fueran. Cuando seis hombres salieron de la sombra de una peña y acometiendo a los cinco (que los galgos también eran personas como nosotros porque en aquesta tragedia los dos se volvieron cuatro.) Buena lealtad. . Pues quisieras que murieramos a plomo. Prosigue. . En viéndolos cerca, metió don Alvaro mano, pero como tantos eran: Hiriéronle? . No señora, mas fuera su muerte cierta a no llegar un hidalgo de generosa presencia, con dos valientes criados y dos pistolas Francesas, por quien de aquellos traidores los dos en el campo quedan. Verdad es que yo volví, y hice cosas que si fueran en tiempo de don Gaíferos me adorara Melisendra. Pero ya viene Manrique, vuestra Alteza favorezca su valor, que en todo el mundo no hay quien mejor lo merezca. Si ha llegado señora a tus oídos el peligro en que estuve. . Prevenidos tuvistis a llorar tales enojos, fuera de los de Laura, algunos ojos. Tanto favor merece tal suceso, tendrale el alma eternamente impreso. A mí no quiero ya que agradecido, don Albaro os mostreis, que en fin ha sido por justa obligación mi sentimiento, al caballero si que os a librado. Perded hermosa Laura ese cuidado; conmigo le he traido, que me quiero mostrar agradecido a que por él viviese vuestro esclavo. Que le traigáis alabo, que quiero yo también agradecida tener parte Manrique en vuestra vida, y si posible fuera, que sin verle mi hermano, yo le viera, gustara de mostrarle que no ha hecho solo por vos su generoso pecho, esta valiente hazaña. Por él la mano os beso. . Y es de España? De España, aunque venía de Francia, y en su talle y cortesía muestra ser generoso caballero. Verle, y hablarle quiero. Traérele a vuestra Alteza, porque la discreción, y la nobleza juntas admire en el mayor sujeto, más galán, más gallardo, y más discreto. Qué calidad? . . El nombre, y ella encubre, más bien se echa de ver en su persona. Encubrirse parece que le abona, que más el encubrirse le descubre, pero quien fuere sea, haced que yo le vea, porque quiero premiarle de mi mano. Yré por él, no me ha salido en vano el pensamiento. . Ya Manrique puedo vivir contenta, pero no sin miedo. Mucho tengo que hablaros. . Y yo aguardo espacio, y ocasión. . . Qué hay de Ricardo? Lo que vos sospecháis. . . Oh Laura mía, que no intenta quien ama si porfía. Piega a Dios que si dijere Detente Mendo. qué quieres? Tengo que hablarte. . Ya espero. Quién es este caballero? que tú que en efeto eres a quien Mantique no encubre pensamiento, lo sabrás. De esto Pedro, no se más de que a nadie se descubre. Tan poco de mí te fías, amistad de tantos años me da tales desengaños? Injustamente porfías, que me ha encargado el secreto. lo que de tu boca oyere, que un preciado de discreto me atormente con donaire, o con cuentos una dueña, o que mujer pedigüeña. me traiga por esos aires, si perdiéndote el decoro dijere a nadie quien es, sin que licencia me des. Pues sabe que este hombre es Moro. Moro! . Y cómo, de Granada. Qué dices? . Que quiere ser Cristiano, y viene de ver a Roma ciudad sagrada en ábito conveniente, a esa croica pretensión, y estos dos criados son el uno Moro, y pariente, y el otro noble y Cristiano, que le enseña nuestra fe. Qué desatino. . Yo sé que esto que te digo es llano, porque el mismo lo contó a don Alvaro en secreto. Pues si es verdad, a que efecto de Cristiano se vistio antes del agua sagrada? Porque en el propio vestido fuera luego conocido, que es hidalgo Avencerraje. Bencerraje? . Y aún pariente del Rey, que secretamente quiere andar en este traje, y porque aguarda también una Mora que servía, para que en un mismo día juntos el agua les den. Por lo menos esto sé de Don Albaro en secreto. Pues burla, para qué efeto? nunca don Alvaro fue, Mendo de esa condición. Bien sabes que es caballero en sus discursos severo, y grave en toda ocasión, pero esto se quede aquí. Plega a Dios que venga presto la Mora. . Mira que en esto, importunado de ti, dije lo que no pensaba. Callaré pues lo juré, Qué presto principio hallé para el fin que deseaba, Todo lo que me ha pasado al Infante he referido, conque dice que yo he sido el que la vida le he dado, siendo quien por él la tiene. Mendo. . Señor. A ese hidalgo que aguarde di, que ya salgo. Voy. . . Que a propósito viene el quererle ver la Infanta: tu Pedro, has de traer aquí dos caballos. . Eso sí, que bien tu amor me adelanta; trate Mendo tus secretos, trate tus caballos yo, pues ninguno te sirvio de mejor lengua y respetos. Qué dices? . No digo nada. Habla claro. . Yo me entiendo bueno es andarme escondiendo Bencerrajes, de Granada; debo yo de haber contado tus secretos. . . Vete necio, De honrado hidalgo me precio. As bebido? o qué te han dado? Es de mi Rey el principal deseo aumentar el valor de su sobrino. Por esta carta, Embajador lo veo, y cuanto estima al Duque Balduino; no puedo de mi hermana hacer empleo, si bien en mi opinión lo determino, sin dal cuenta al Consejo, y Magistrados, persuadir Nobles, y escuchar Letrados. Castilla, y Portugal piden la Infanta. Francia, señor, anteponer se debe. En tal contienda, en diferencia tanta queréis aquí que vuestro voto aprueve? estoy sin hijos, y con pena cuanta para casar mi hermana al Reino mueve guerra con Aragón, guerra heredada, que obliga siempre a desnudar la espada. A Paris os volved, donde muy presto irá mi Embajador con la resulta de lo que pide el Rey, porque propuesto, allane lo que el Reino dificulta. Pues yo me parto, gran señor, con esto, y belando tus pies. Es la consulta del Reino justa, y aún forzosa. . Creo que no le desagrada mi deseo. Pero dejando a parte lo tratado; qué es esto de Don Albaro Manrique? que por él, y por vos me da cuidado, para que si es verdad remedio aplique, Un necio testimonio mal fundado; pero mirad que temo que replique, que está en la sala. . Pues venid con migo. Si vos le queréis bien, yo soy su amigo. . Con lo poco que entendí; no me agrada la embajada del Frances, si va fundada en lo que del presumí. Temeraria empresa intento, tanto puede, y es forzoso, en un pecho generoso un justo agradecimiento. Arminda, y Laura son estas. Cuidado, Laura, y temor me ha dado el Embajador. No están las cosas dispuestas para que te dé cuidado, que guerras, y casamientos, son diversos pensamientos de lo que has imaginado. Ay algo en que a V. Alteza le demos el parabién? No quiero que me le den, Manrique, de mi tristeza, que para mudar estado tengo mucho que pensar. Primero le quiero hablar: señor, Mendo me ha mandado que te diga con secreto, que ya está aquel Moro aquí. Qué Moro? vienes en ti? Aún te dura el mal conceto? ya Mendo me dio licencia para que en esto te hable, si eres conmigo intratable me harás perder la paciencia. No me has entendido? . . Sí aunque no sé si es error. Pues vuelvo a decir señor, que el Bencerraje está aquí. Que Bencerraje, ignorante, quién te ha quitado el juicio? Que bien pagas mi servicio con respuesta semejante; mas pues fiarme no quieres esto del Moro, no sea, que en Mendo mejor se emplea. O estoy loco, o tú lo eres. Pues no me entiendes así, decirlo en Romance quiero, digo que aquel caballero nuestro huésped está aquí. Si lo has hecho bachiller, porque estaba aquí la Infanta, puedo yo quimera tanta adivinar, y entender? Di que entre. . Voy, que algún día merecí tu confianza. Aquí generosa Arminda, pues que vuestra Alteza manda que le traiga, el caballero dicen que ha entrado en la sala: Conqué disfraz? . . De pintor que diestramente retrata. Hasta en eso muestra ser noble, pues arte tan rara escogió para disfraz? Ya aquí su Alteza os aguarda. Si merece la dichosa tierra que esos pies esmaltan de flores, como el Aurora de Abril la tierna infancia, algún dichoso, permita vuestra Alteza que de estampa sirva a mis labios humildes. Qué pintura tan gallarda; . hasta en eso descubrís el arte, ver deseaba vuestra persona. . Yo vine solo a veros de Navarra; que bien sabe vuestra Alteza cuanto enamora la fama, que pinta imaginaciones pailes haciendo al alma, con los lejos de las cosas que les muestra a luces varias. A retratarme venís, no es verdad? . Ya retratada tengo a v. Alteza. . A ver. Digo que con verla basta, que otros muchos traigo aquí, que solo de ver las damas, sin que lo entendiesen ellas, hice por Italia, y Francia. Mostrádmelos. . Estos son, muestra Fernando esa caja. Quién es esta, qué es hermosa? Esta señora es Madama de Valoís. . Que bien vestida, mucho aquel lunar la agracia. Como suelen los pintores poner su nombre en las tablas, pone la naturaleza los lunares en la cara, como que pone su nombre cuando del pincel se agrada. Está muy bien, quién es esta tan descolorida, y flaca? Una dama de Florencia, que retraté con cuartanas. Qué gorda es esta mujer. Nunca estuvo enamorada. Pues en flaquece el amor? Es cosa tan ordinaria, que si en alguna comedia es gordo el galán, no acaban de creer los que la escuchan, que celos y amor le matan. Está muy puesto en razón, que no sé como a su dama puede decir que se muere un hombre fresco de cara. Vuestra Alteza se conforma en esa opinión bizarra con el lírico Poeta. Pues qué dice? . Que las caras han de teñir en violetas. Esta parece fantasma. Es una dama Tudesca que no perdonó mañana sin que córtase devota la cólera sin naranja. Bravos pechos. Es al uso de las damas Venencianas. No hay Espáñolas? . Ninguna, porque hacen tantas mudanzas, que son todas las naciones. Ojos negros, esta es brava. También los suele haber fríos. Y azules también que abrasan, que como vigotes negros, hay ojos negros sin alma: que hosquilla es esta mujer. Debe de ser de larama; las feas todo son brío. No digas mal de ti Laura. La hermosura a vuestra Alteza. Buen ceño. . Suele ser gracia el capote de los ojos. Aquí os quiero una palabra. Tómara yo el aquí os quiero, y la palabra dejara. Quién sois? . Un hombre de bien que vino aquí por su mal, alma es todo su caudal alma sus ojos también, alma quiere que le den, y quitársela es lo cierto: está en el golfo, y el puerto, es libre, y está cautivo, es muerto, y parece vivo, es vivo, y parece muerto. Tiene por pena la gloria de lo que contempla y mira, es verdad como mentira, y fábula como historia: no tiene de si memoria, y muérese por saber si de él la podrán tener, que es menos gloria en amar padecer sin esperar, que esperar, y padecer. Es pensamiento visible que en lo imposible se empeña, y una esperanza que sueña lo que no ha de ser posible: es un posible imposible; y un ciego amor sin mudanza que malpario la tardanza, siendo su padre la fe, y niño al Limbo le fue, donde está sin esperanza. El que por naturaleza es ciego, suele llegar a caer sin tropezar, porque piensa que tropieza: tan ciego en vuestra belleza está mi amor, y después de serlo, tan loco es, que pensando en vuestros ojos, sin que vos le deis enojos a caido a vuestros pies. No quiero aquí persuadiros pues quien sois me preguntáis, los días que me costáis de lágrimas, y suspiros: mas siendo fuerza deciros quien soy, don Albaro aquí os dirá quien soy por mí, que después que en vos estoy, soy tan vuestro, que yo soy quien menos sabe de mí. Extraña resolución. Fuese en fin, porque esperaba pedirle un retrato mío. Para quién hermosa Laura? No para vos. . . Ay de mí. Que quién con pinceles almas ya tiene el original, para que quiere la estampa? Mantique. . . Señora. . Escucha este cabellero trata tan libremente de amor, que me ha dejado turbada. Díjome que me dirías quién era. . . Si tú lo mandas, y el da licencia, dos meses habrá que vino de Francia, después que la santa guerra lo ausentó de su patria, aquí te vio, y aquí muere por ti. . Tú en esto me hablas? Es tu igual, y es imposible (que fue notable desgracia, sino es que amor os concierta. Mi igual, e imposible, basta, no me hables más en él, ya sé quién es, vamos Laura. . Disgusto llevas. . . Ay triste, Arminda se parte airada. Oyes Manrique. . . Señora. Es tu guésped? . . En mi casa posa ahora. . Gran lisonja recibire si regalas al Infante de Aragón. Por gallarda, por bizarra, mil veces beso tus pies. Si alguna cosa te falta, pídela, y guarda secreto. y a Dios. . . Vivas bella Infanta, más años que el fénix solo, para que te goce España.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Confieso, Laura, el recato, no confieso el desamor. Nunca pensé que tu amor fuera con el mío ingrato. No vive mi alma en sí, como en la ley de tu gusto, luego ha sido caso injusto andar huyendo de mí. Mas como el amor es cierto no ver que todos le ven, que tiene de hombre de bien andar siempre descubierto. Al tiempo que imaginabas que tú sola lo sabias, mas con los ojos decías, que con la lengua callabas. Mucho me dijo de ti tú mismo desasosiego, porque como amor es fuego, el mismo se alumbra a sí. No callé por encubrirte mi amor, Laura, porque fue palabra que di, y guardé, pero ya quiero decirte de una vez cuanto he callado, Si de mi segura estás nunca habrás callado más que después de haber hablado. Bien sabes discreta Laura, las guerras, y enemistades que con el Rey de Aragón tuvo don Sancho mi padre. Bien sabes su testamento, y aquella cláusula sabes, que ninguno de sus hijos pueda en Aragón casarse. Esto presupuesto así, el caballero que trae Manrique a su lado siempre, es el Infante don Jayme, Del Rey de Aragón hermano, no es necesario contarte que dio la vida a Manrique, ni que de estas amistades, nació el volver a la Corte, quiero pasar adelante, y que sepas que pudieron su entendimiento, su talle, Manrique, amor, la ocasión, perderme, y enamorarme. Comenzamos a escribirnos, no en papel, porque te espantes de lo que enseña el amor, Laura, en ocasiones tales. Si no en cristales, que tienen los marcos por todas partes, de estas ventanas, a tiempo que no lo entendiese nadie, Era un alfiler la pluma, conque pudo declararse el alma en breves razones de uno y otro firme amante. Y así hallábamos los dos, cuando nadie lo estorbase, lo escrito por la mañana, pon dido por la tarde. r Ya poco dpoco atrevimiento de hablarle. No lo apruevo, ni disculpo, que aunque hay ejemplos bastantes, se debe imitar el bien, no el mal que los otros hacen. Concertamos de casarnos, y que a Aragón me llevase; cuando mi hermano, en secreto me dice, para matarme. Que Ricardo (que a Paris envió para que trate con el Rey, que su sobrino conmigo Laura se cause.) Le a escrito que ya está hecho, y que vendrá a desposarse tan presto como prevenga el veneno que me trae. Que un casamiento a disgusto, es más justo que se llame veneno, si el casamiento los mismos efetos hace. Con esto ya me descubro, porque si quieren quitarme la vida, que importa amiga que mis desventuras calle? El Rey viene. . Aquí te queda, que no quiero que me hable. . Lástima tengo de ti, mayor la tengo al infante. Hasta saber por carras de Ricardo el estado de aqueste casamiento con el Frances gallardo, a todos enembrí mi pensamiento. Señor, para la guerra me quisistis, y en la paz me olvidastis? , Siempre Mantique hallastis en mi pecho el lugar que merecistis Ladtaón l lastrióno obroo Ya gran señor, que el casamiento públicas de la infanta mi señora; te doy el parabién. Estoy contento, de que Aragón tendrá enemigo ahora que sabrá sujetar tanta arrogancia. Poco podrá contra Navarra, y Francia, deme licencia ahora vuestra Alteza, para que a la Infanta mi señora el parabién le dé. Anda en buen hora. Cansado estoy de ver siempre a su lado de Manrique este hombre, que tiene más presencia que su nombre; finalmente me enfado que digan que retrata, y nunca el lienzo, ni los pinceles trata. Cosa que haya engañado al Castellano, y algún Vellido de mi vida sea, cuando Aragón la muerte me desea; pero su intento vano sabré con informarme de secreto, que nunca teme el alma sin efeto. Don Albaro. . . Señor. Venid conmigo, que quiero hablaros. Ay Manrique amigo, muriose mi esperanza. Aquí me espera. Que tengo de esperar si no la muerte, que desdichada suerte, o nunca el bien tuviera, que no sabe que es mal quien no ha sabido el bien que llora cuando le ha perdido. Casada Arminda ya; Frandes dichoso, bien nacido Frances, bien empleado cuanto yo desdichado, porque fui venturoso; que un hombre que nacio para desdichas, solo para perderlas tiene dichas. Cuando encristal señora me escribías (que así se había de escribir amando) y tan claro mostrando el alma que tenías, tomé feliz agüero por hacerse en materia tan fácil de romperse. Oh amor que no miraste que penetras cristal, no bronce, con tus ciegas artes, que si por las dos partes se miraban las letras, que importa que tu escribas por la una, si por otra las mira la fortuna? Ansí pudo entender nuestro secreto esta enemiga, y escribirla a Francia, o como fue ignorancia que no hay amor discreto, mas quien nació para desdichas tales porque culpa fortunas, ni cristales? Yo te perdí, si la desdicha es culpa, que ni Aragón, ni yo te merecía, dulce señora mía, yo moriré en disculpa, porque es para vivir larga distancia, el cuerpo en Aragón, y el alma en Fran (cia. Deseaba hallarte a solas. Nunca más solo me hallaras, aunque me búscaras Pedro en las arenas de Arabia. Disierto soy de mí mismo, donde parece que paran las aves que visten plumas, las fuentes que corren plata, que de cuantas cosas viven en las acciones humanas, lo más disierto es un cuerpo donde peregrina el alma; sombra soy de lo que he sido. Eso tiene la mudanza del ábito, y las costumbres y como su levo tiene tan aloferto, que Alí Medoro te llamas) son de cosas tan divinas ciega ignorancias humanas; el creer, y no entender es el camino que salva, no te ciegues entendiendo. Antes no entiendo palabra de todo lo que me dices. Ya se que eres de Grañada, Y que en este traje vienes, así, porque en el te guardas mejor de tus enemigos, como porque dejar tratas la ley de aquel mal Profeta, que con su dotrina falsa ha llevado a los infiernos, Medoro, infinitas almas. No hizo aquel ignorante cosa buena, y todas malas, fundando su paraiso en mesas, camas, y zambras. Quitó el vino, y el tocino, dos elementos que bastan para sustentar el mundo mejor que el aire, y el agua. Eran mejores por dicha dátiles, higos, y pazas? Qué dices Pedro? qué traes? Conmigo es cosa excusada negar que eres Moro. . Cómo? Mendo me ha dicho que andas encubierto de esta suerte Mendo sin duda te engaña, quiero conceder con él, . pues ya sabéis lo que pasa, solo el silencio te encargo? Bueno, júrame de estatua, como dicen los poetas. Pero ansi en la pila santa te veas Medoro amigo, que me digas porque causa degolló los Bencerrajes, pues eres de aquella casta, Almanzor, que los romances que por esas calles andan, y en que me enseñé a leer, Dios sabe lo que lloraba su muerte, dicen que envidia. Así lo dice la fama, y que hoy su sangre conservan las paredes del Alambra. Vive Dios que fue mal hecho, que yo sé que los honraban los Castellanos Maestres de Santiago, y Calatraba; conociste tú a Jarisa? fue más hermosa que Arlaja? Hermosas fueron las dos. A cuál quiso más Audalla? Mira que fue Abindarráez. Por Dios que es gente gallarda, que trujeron la gineta, toros, y juegos de cañas a España, por quien se viste la nobleza Castellana márlotas, y capellares, y supo jugar las cañas, que es grande alabanza vuestra. Tú que los Moros alabas, por algún lado te tocan. Eso no, victor la mancha, mi turbante es una bota, y mis lunas, las lunadas de un pernil, mi capellar es de san Martín la capa. Mi adarga es una bodega, y una salchicha mi lanza, y perdona, que ya sé aquel romance que cantan, Caballeros Gravadinos, aunque Moros, gente hidalga, Aquí está el Pintor, señora. Retírate que es la Infanta. Para que, si nos a visto? No es hermosa? . En toda Itali no vi más hermosa Elena, puede ser Venus de España. A que habéis entrado aquí, retratáis alguna dama de Palacio? . Sí señora, hoy acabe de pintarla Muy quejosa estoy de vos, nunca me habéis retratado. Cómo Dios os ha pintado, quién puede imitar a Dios? cuando compitan los dos sobre mejorar su parte. Vence al natural el arte. Y yo señora también, tales gracias, tanto bien en vos el cielo reparte. Porque ya que verdad es que en Francia habéis de casaros, me holgara de retrataros con el vestido Frances, Navarro, y Aragones olvidaréis cuando os vais, de donde al fin hos dejáis, porque todo pensamiento se muda en el casamiento, y dicen que ya lo estáis. Lo poco que habéis tratado mi condicion; os ha hecho retratar tan mal mi pecho con el vestido trocado: hasta ahora no he mudado pensamiento ni vestido, en él de Aragón os pido que me retratéis después, que no siendo Aragones no puede ser parecido. todo Aragón, señora os agradezco el favor, y así os pintaré mejor como a su divina Aurora: ansí sale el Sol que dora sombras de la noche helada, cuando triste, y enlutada, de temores, y desmayos, volvió la espalda a los rayos de su presencia dorada. Como pájaro en el nido de su amada prenda ausente, en la cuna del Oriente mira al Sol recién nacido: y en viéndole, que vestido de oro, y de infinitas, sumas de perlas, nubes de espumas corta con los rayos bellos, como el esparce cabellos, enriza también las plumas. Y como volando al prado acude adonde la vio, y ella el parabién le dio de la vida, y del cuidado: habéis como Sol dorado en el Reino amanecido, que piensa que os ha perdido, que alguna alma por ventura triste en noche más escura, no osaba salir del nido. Mas como inclinando el vuelo los dos con igual placer llegan juntos a beber en algún manso arroyuelo: y engañoso el verde suelo encubre el lazo traidor que les puso el cazador, su prenda prende, y aleja, el pajarillo se queja con silbos, y ansias de amor, Así puede ser también que la fuerza poderosa os obligue a ser su esposa, y pierda el Reino su bien: en la jaula con desdén, entra mostrando arrogancia el pájaro, y en distancia de un mes, va canta, y esfuerza, y así vos si el Rey os fuerza, cantaréis después en Francia. Engañaos el corazón, y la poca fe también, porque nadie canta bien cuando es la jaula prisión: ejecutar la traición con el pájaro podrá el cazador, si va está el lazo determinado, mas no cantara forzado, que ausente se morira Que suele el dueño cruel hallarle muerto en el suelo de la jaula vuelto al cielo, como que se queja de él, de maravilla, y clavel va no las alas rosadas, sino en desmayo bañadas, si alegres las presumistes, que para pájaros tristes, qué importan jaulas doradas? Si de algún manso arroyuelo cristales bebieron antes, los dos pájaros amantes, qué importa el lazo en el suelo? quien muda de tierra, y cielo puede ser que alegre esté, quien muda el alma, no sé que pueda vivir contento, porque el alma es elemento que le sustenta la fe. Cadenas por armas dío el cielo a Navarra, ansí para cadenas nací, para flor de Lises no: porque más estimo yo las codenas que las flores, que pienso que son mejores en la patria las cadenas, si son las fflores ajenas, y no dan fruto de amores. Celía, que volatería es esta, o que polvareda de pájaros? . . No hay quien pueda entender su algarabia siempre que se hablan los dos. A no ser este quien es presumiera, mas después te diré cosas, por Dios dinas de eternas memorias. Pedro, metaforas son entre amantes la invención conque encubren sus historias. Tú que sientes de esto Flora? Que ha mudado tu señor de Laura el fingido amor, y que sirve a mi señora, y que este como fiel amigo, sus cosas trata Ella fuera a Laura ingrata, y mal caballero el, no lo creas. . Cómo no? no hay dama en palacio, o fuera, que no sirva. . Eso supiera mejor que vosotras yo Ocho damas he contado, que a todas las dice amores. Galantería, y savores de discretos, no cuidado. Bien os iva de secreto si la fortuna ayudara. Si el Frances no se declara tendrá mi esperanza efeto; Pedro en fin está engañado? Y a creído que soy Moro, y que me llamo Medoro, nombre que me a confirmado ser Ángelica la bella vuestra Alteza, y ser yo esclavo. La industria y engaño alabo, no las aventuras de ella, y así nuestro oculto amor se podrá mejor tratar, Medoro os quiero llamar. Sí, pero fuera mejor entre sus muchos despojos, ser yo Cristiano, y no Moro, que el soli no la luna adoro, de vuestros hermosos ojos. Y vase bien imitando su historia; o la misma es, pues es el Duque Frances, como lo fue el Conde Orlando. Ay, sea tan parecida, y lo permitan los cielos, que loco le vuelvan celos de veros a vos querido. Oh quién escribir pudiera en árboles como el Moro, su dicha. . Ya sois Medoro: Medoro, quien ama espera. Sí, pero como podré si se ausenta vuestra Alteza, escribir en la corteza, cresca mi fortuna, y fe? aunque en mandarme esperar parte de mi mal remedia. El Rey. . Parece comedia que entra un Rey siempre a estorbar. Deseo saber de quien procede cosa tan nueva, porque como está en cristal, no se conoce la letra. Vuestra Alteza esté seguro de mí, que si lo supiera, aunque tuviera la culpa, le quitara la sospecha. Qué hacías con el Pintor Arminda? . De vuestra Alteza quería hacer un retrato, y respóndeme que espera de Italia nuevas colores, que de Francia no son buenas. Parece que ya previenes. para tanta ausencia prendas, porque consuelan retratos las soledades de ausencia. Esta carta es para ti, que la respondas te ruega mi amor, que merece el Duque tu cortesía; y respuesta. Haré señor lo que mandas. . Flora aguarda, Celia espera. Qué manda tu Alteza? . Oíd, en los vidrios de las rejas ay ciertos verlos, y motes, y aunque palabras honestas, no gusto que nadie escriba sus pensamientos en ellas, que aunque me parece gala, es para galá muy necia. Y en un libro de memoria, vi que trasladaba de ellas los motes cierta persona; esto sin que nadie entienda que me ha dado pesadumbre. Por vida de vuestra Alteza que no sé quién pueda ser. No dudes, prosigue Celía. Este silencio, señor, que no presumo te muestra, quien puede ser quien escribe, cosas que te causen pena. Bien os podéis ir, yo Laura tengo una necia sospecha, mientras parece mentira, que verdad será discreta, no me atrevo a declararme. Declárese vuestra Alteza, que no es bien; siendo quien soy, que por mujer desmerezca. Ya se de muchas historias, que uiyo alguna tan secreta, que por callar se cortó en un tormento la lengua, y en tu confianza, Laura, digo? . Prosigue, no temas. Cómo sé que amor es Dios poderoso en cielo, y tierra, no me admiran sus efetos, que están las historias llenas, como de hazañas dichosas, de lamentables tragedias. Yo he visto Laura, en mi hermana, una mudanza tan nueva en su condición y gusto, que sospeché que no era sin causa lo que confirma, ver con la mortal tristeza que toma su casamiento, conque pensando que sea la causa; he dado en creer, Laura, que de amor proceda. Y como ser en Palacio este pensamiento esfuerza, imaginando quien es hombre de mayores prendas personales, y de sangre, pienso mi Laura. . Qué piensas? Que don Albaro Manrique puede ser que la merezca. Don Albaro? . Su valor, su valentía en la guerra, su bizarría en la paz, su discreción, su nobleza, no pueden enamorar? Ya que tus sospechas llegan a imaginar ese engaño, quiero porque no las tengas, decirte, que soy, señor, a quien mira, a quien desea, a quien sirve, a quien escribe, y a quien, si me das licencia, tendré presto por esposo. Con los brazos, Laura bella, mientras la doy de diamantes, haré a tu cuello cadena. Qué es esto Pedro? . La paz que el cielo nos encomienda, y pues que no es la de Francia, bueno está, de qué te quejas? Manrique es este, no quiero que hablar contigo me vea, mira que dejo mi honor, hermosa Laura, en tu lengua. . Qué le dijo? . Laura hermosa. A Laura? . Sí, que es favor. Cómo puede ser? . Señor, porque es muy posible cosa. Dejaba siempre encerrada un labrador su mujer, hacienda que no ha de ser ni olvidada, ni guardada. Y hallando en su casa un día al Barbero del lugar su padre, suele a buscar, diciéndole que tenía en su casa a su mujer, sana, y buena, el Cirujano, y respondiose el villano: padre, cómo puede ser? que siempre que salgo fuera, y a dejarla no me atrevo, cierro a mi mujer; y llevo la llave en la faldiquera, Hombre de tu entendimiento, en materia de mujer, dice cómo puede ser? Qué villano pensamiento. An de ser las principales, como las que no lo son, Tienes muy justa opinión, y pues que de ella te vales, Para que el Rey no la quiera, ni pueda abrazarla más, cierra a Laura, y llevaras la llave en la faldriquera. Y aunque es verdad que a la grave palmas, y lauros le dan, en el mundo solo Adan ni tuvo celos, ni llave. Que como no estaban hechas las galas, que en eso estuvo, ninguno en su tiempo tuvo celos de amor, ni sospechas. Que no faltaran cuidados: Honra es llave verdadera. Que si chapines uviera de oro, y de perlas bordados, Y de tabies, y lamas naguas con rumbo pomposo, yo sé que más de un celoso anduviera por las ramas. Necio, la honra que es fuerte no se puede falsear. Mucho se puede fiar de la virtud, pero advierte, si falsean cerraduras de escritorios, y prisiones, con ganzuas, e invenciones, sellos, firmas, y escrituras. Qué bronce, que duro acero, que guardas serán soldados, nadie se fie en candados, que es amor gran cerrajero. Conozco, Pedro, que amor no tiene puerta segura, y que en Laura hay hermosura, y en mi desdicha temor. Pero opinión tan valiente tengo yo de su virtud, que no habrá solicitud que la venza, aunque lo intente. Con albricias lo primero, y con tus pies lo segundo, aunque ser señor del mundo quisiera verte, y lo espero. Hoy eres Adelantado mayor de Castilla. . . Mendo, siempre de burlas me ofendo. Toma. . . El alma me has turbado En el cerco de Aljecira murió don Francisco Manrique vuestro herma- no, el pésame, y el parabién os envió juntos; a el le de díos el cielo, y a vos os guarde. El Almirante. Ay hermano. . Pesia tal, ahora sales muy necio con ay hermano? . . Desprecio parabién de tanto mal, murió el mejor caballero de Castilla, hermano en vos. Y está bien muerto por Dios a pagar de mi dinero. Y de él se puede decir por su valor, y su gala, que no hizo cosa mala sino tardarse en morir. Quita del lienzo los ojos, que ningún hijo a llorado a padre que haya heredado, o son fingidos enojos. Pues un hermano porque, si ayer eras escudero, y hoy gran señor? . . Porque quiero guardar la sangre, y la fe. Deja el sentimiento vano, pues heredas el mejor oficio, sin el valor de suceder a tu hermano. Mujeres te adorarán, que esto del adelantado, fue siempre más estimado que cuanto después las dan. Los que de alquileres viven, los que cáminos emprenden, los que compran, los que venden, y lo poetas que escriben. Plumas, solicitadores, y a gente de amores más, y oficiales que jamás cobraron bien de señores. Linda cosa adelantado, porque es esto de fiar mas difícil de cobrar que pensiones de Obispado. Ya es fuerza el ir a Castilla a tomar la posesión, Conque desmayado son as cantado esa letrilla, habla con ánimo. . Advierte que te hace en el balcón señas Laura. . . Señas son por ventura de mi muerte; no digas a nadie nada hasta que lo diga al Rey. Ni a Laura? . . No, que la le quiebro del amor, jurada. Por las señas que me hacéis, que hay alguna cosa entiendo, Laura, en que pueda serviros. Dos cosas que daros quiero, recibáis juntas. . . Señora, esperanzas, y deseos salen al camino ya, conque trocarlas podemos. Ese listón, y el papel, el papel es mío, y vuestro, y el listón es de la Infanta. dadle a Medoro. . . Bien creo que lo merece Medoro. Esto me mandó, vertiendo de dos estrellas dos soles, dos almas, cristal deshecho. Quedaos Manrique con Dios, que aquesta noche hablaremos, si el Rey no lo estorba. . . Ya poco importa. . Cómo es eso? Que el Rey no puede estorbar, que os guarde señora el cielo. Está don Albaro aquí? Es Medoro? . A parte quiero hablar contigo. . . Dejadme con Medoro, Mendo, y Pedro. Dónde iremos? . Aquí cerca hay dos mozas que requiebro. Es gente de leva, y monte? Gente es de poco dinero. Criado de Adelantado todo lo tendrá sujeto. Esto me dijo la Infanta con notable sentimiento, no sé qué habemos de hacer, siendo el casarse tan cierto, luego que venga Ricardo. En aquel balcón me dieron este listón; y un papel, veamos, si viene dentro algo que os importé, oíd. Ya de una manera temo don Albaro el bien, y el mal, el mal porque será cierto, y el bien, porque desconfío que pueda llegar a tiempo. . Con la pena que la Infanta tiene de este casamiento. se ha sangrado, y el listón conque tormento le dieron, porque confesase el brazo si era nieve, o era fuego. Manda que deis al Infante, porque dice que cayeron en el algunos rubies al aflojar el tormento. Dádiele, y decid que tenga en tal desdicha consuelo, que todo amando lo alcanzan fe, esperanza, y sufrimiento. Ay de mí. . . Pues qué queréis, puede amando un caballero, querer más que ser querido? No, mas qué importa, si pierdo lo que quiero; pues quererme aumenta el mal, y el deseo. Paréceme que os agravio, si os tengo infante encubierto lo que pensaba tener hasta hablar al Rey secreto. Mi hermano don Juan Manrique murió en Algecira. . El cielo pues que murio peleando, le dé don Alvaro, el premio, y sea V. Señoría por muchos años y buenos Adelantado mayor de Castilla, . . Cuanto heredo, y cuanto soy, será Infante para ser vasallo vuestro. Aquí se están nuestros amos. Si tan presto habemos vuelto, que te espantas? . Qué asentados brujuleando concetos, estaban los dos gorrones, vayan bonetes arriedro. La Infanta pasa al jardín. Que Venus, que amor tan bello, que linda descolorida. A ser selva como es huerto con olmos en vez de cuadros, no estaba Medoro lejos. Bien dices, ay Laura mía lo que cuesta un pensamiento. Yo me atrevo a llegar. . . Llega, dile alguna cosa presto. Quién fuera banda del brazo. Descansaran mis deseos. Cuándo habéis de retratarme? Mañana. . Y a mí? . En haciendo este retrato de Celia; nunca Manrique tan bellos vi sus ojos. . . Lo doliente de la sangría lo ha hecho. Seguirla quiero. . . Yo a Laura, aunque tengo cierto pleito que averiguar de mi amor en la sala de los celos. Manrique tocado en Laura como en imán, va siguiendo su norte. . Vamos nosotros a ver si aquellos se fueron y nos dejaron las mozas. Por Dios, Pedro, que lo hicieron como de ellos se esperaba. Fuimos unos majaderos en no echarles dos bravatas. Si digo la verdad, Pedro, tú lo dejaste de corto, y yo me vine de miedo.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Laura, yo estoy en tanto mal cobanr No pierdas la esperanza. (de. Cómo puedo dejar de estar sin miedo, si ya no hay bien que aguarde, que quien apenas sombra de ella alcanza, no pierde (aunque la pierda) la esperanza. Qué haré laura, qué haré? Pedir al cielo, (suelo. que pues no te da el bien, te dé el con Albricias hermosa Infanta. Ay Pedro, la nueva aguardo. Que ya ha venido Ricardo, y ha sido mi prisa tanta desde que las postas vi, iip que del viento las tomé, @an hasta que a tus pies llegué, y aúmel mismo viento fui. Trae del Duque poder opara casarse contigo, Medoro estaba conmigo, pero queriendo traer las nuevas, dio tal caida, que al desmayo, y al rigor, don Albaro mi señor penso que estaba sin vida. Tan alegre está Pamplona, que previene en partes varias, esta noche luminarias, sin que haya en ella persona que no diga en arrogancia, y fe de Navarro fino, viva el Duque Valduino, sobrino del Rey de Francia. Y yo, que viváis los dos, no un siglo; mas tiempo eterno. Pues correo del infierno, malas nuevas te dé Dios. A mí señora, porqué? No preguntes la ocasión, vete Pedro, que hay razón para que pena le dé a su Alteza tu embajada. Laura; yo vine inocente. Harete matar. . Detente, tú con mi humildad airada. Suele por algún siniestro padre de niño de escuela, enviarle con cautela con un papel al maestro. Recíbele con cariño, pero en leyendo el papel, dice a los que están con él, desataquen a ese niño. Pues quiero me desgarrar, que la nueva que he traido, el mismo papel ha sido para mandarme azotar. En gran peligro me veo, pues según la nueva espanta, temo que diga la Infanta, desataquen al correo. Aquí tengo de esperar, Manrique, pues ya Ricardo llegó con poder del Duque. Desde el principio lo erramos en no matarle, dudosos de que fuesen Castellanos los que intentaron mi muerte. I. Aquí está Arminda. No traigo las nuevas a vuestra Alteza, de que Ricardo ha llegado, sino las de mi desdicha, pues hoy a Aragón me parto. Deme su mano, y licencia, que para verlos casados, el ánimo falta, a quien no le perdió tantos años entre los Turcos del Asia, porque amor tierno, o airado, es de los ojos asombro de las almas desmayo. Es morir. . Pues con morir nos vengaremos entrambos. Con notable sentimiento os habemos escuchado. Mil remedios se me ofrecen, mas todos aventurando la lealtad debida al Rey. Mirarle como a tirano, y no como a Rey, pues quiere violar el derecho santo de la paz entre dos Reyes. Por esa parte, y mirando las leyes de la amistad, hallo que es justo ayudaros. Porque casados los dos se sigue la paz, quedando amigos los enemigos, y los Reinos sosegados de Navarra, y Aragón. Oh valiente Castellano, qué remedio se te ofrece? Todo ha de ser un engaño. Váyase Arminda, y reciba con buen semblante a Ricardo, pidiendo término al Rey, que sospechoso del caso querrá que con el poder le dé a Ricardo la mano; tu Laura avísame luego de lo que queda tratado. El cielo de mí se duela. A que buen tiempo ha llegado Mendo, cuando mi deseo y tu lealtad, uno claro, y otro firme, se han de ver, busca un vestido gallardo de Frances, y sabrás luego estás de que tú le tienes. Pues anda por el volando, y con recato y silencio me aguardaras en mi cuarto. Vamos, y veréis Infante, como en amistad os pago, dándoos la Infanta, y la vida, si la vida me habéis dado. . Esta pues es del Rey quédese entera y por letra de Rey previlegiada, atrevimiento, y desacato fuera, que imita a Dios la Majestad sagrada: mas esta que es de quien mi mano espera, en mil pedazos que dará rasgada, que no se vengará mi pensamiento sino parecen átomos del viento. Él se los lleve a Francia, y Valduino, el le responda, que pues no me caso en Aragón, matarme determino, que es el último fin del mal que paso: amo un hombre mi igual, fiero destino, otro me llama esposa, extraño caso, el Infante se va, que aguardas vida, o tienes por espada su partida. Muy triste señora sales. No va más triste a morir el que en funesto teatro le aguarda el desnudo acero. Qué haré yo que por ti muero, y en tu hermosura idolatro? Qué rasgabas, ay de mí, que aunque divertido estaba, aquí le estaba aguardando, . en tus acciones miraba Mendo. . Señor. . . hoy tu ingenio cuantas desdichas temí. Dos cartas me dio el traidor Ricardo, del Rey la una, la otra de mi fortuna, escrita contra mi amor. lo que has de hacer. . Que olvidado Esta rasgué para ver, si rasgándola podía de tanta desdicha mía, la causa, Infante, romper. Don Albaro me ha pedido la carta del Rey, a efeto de un engaño, el es discreto, que se la lleves te pido. Antes que intente mi hermano casarme, porque he de ser desesperada mujer, si me fuerza a dar la mano. No sé qué intenta Manrique o como habrá industria igual, que su ingenio a tanto mal, y a tanta desdicha aplique pero a llevársela voy por consolar mi esperanza. Yo, Infante, en tanta mudanza monte de firmeza soy Yo contra todo el poder del mundo, seré diamante, Yo el mismo Sol. . Yo la senda por donde sus rayos pasen. Yo Navarra por la vida. Yo Aragones por la sangre. Yo no he de ir a Francia viva. Ni yo a Aragón sin llevarte. Seré tuya, y no del Duque, aunque mil veces me maten. Dasme esa palabra? . Y muchas al cielo de no mudarme, que mujeres como yo, no quieren para mudarse. El Rey viene, a Dios. . Adiós. Tu firmeza el mundo alabe. . No hay roca en el mar tan firme como una mujer constante. , .(do No solo a mí. Ricardo, al Reino to en gran obligación has puesto. . Creo que debes el suceso a mi deseo; él solo halló de tu servicio el modo. Discreto en todo fuiste, y más en el retrato que trujiste; que gallardo es el Duque. Ser sobrino del Rey, lo menos es de Valduino. En fin caballero es de grandes partes Pienso que un Rugero, un Reinaldos señor estás mirando, un Paladín Frances, un Conde Orlando. No hay en Paris y su famosa Corte, quien más galán se porte, Príncipe de la sangre finalmente, bien quisto de la gente, puede tener por única arrogancia soldado, consejero, y par de Francia. No has oído de Ricardo, hermana Arminda, las partes del Duque tu esposo? . No. Si acertaras a escucharle, estimaras tu ventura. No estimo yo que me apartes de ti por ninguna dicha. Es forzoso que te cases, y para que luego sea he llamado al Condestable, que es bien que en tu desposorio el, y otros grandes se hallen. Llama también mis desdichas, que no pueden ser más grandes. Ya entiendo el blanco a que miras. Si me entiendes, no te canses. Deja Infantes de Aragón, que es imposible casarte con él, y es fuerza invencible que con el Duque te cases. Haz Arminda a los principios lo que los discretos hacen, que si te engaña la fama, es bien que te desengañe. Que es mejor casar en Francia Lcon Príncipe de la sangre, Que en España con un hombre, que solo tiene de Infante el ir con la Infanteria contra los Turcos alfanjes. Yo soy tu hermano, y soy Rey, esto te mando tu padre, que importa contra los dos, que Venus te inclinela Marte Entra; y verás un retrato, que quise que le colgasen donde duermes, y verás el Frantes del mejor talle, más bizarro, más hermoso, y de partes más amables que vio el Sol en cuanto cría, y baña del mar la margen. Esos retratos no son para aposento en que asisto, donde me desnudo, y visto, aún pintado no es razón: cuelga tan lindo Absalón donde las damas le vean que esas lindezas desean, que si queda en mi aposento pensará mi pensamiento que en otra parte le emplean. El soldado Aragones que tan mal te ha parecido, yo le vi por el oído, que vista de ausentes es, y en verdad que el Frances hará mucho en ser mejor: yo no le quitó el valor, será Adonis, será Marte, pero si es tan Durandarte, Velerma le tenga amor. Lo que piensa tu rigor que Manrique me aconseja, es señor, injusta queja, indigna de tu valor: yo tengo a mi patria amor, no hay en esto más secreto, obediencia te prometo si me casas en España; de mujer que desengaña, que espera un hombre discreto? Brava resolución. . Todo procede de este Manrique. . Cómo Arminda puede dejarse de casar? . Causa sería de interrómper la paz. Rey, Temo la guerra, algún secreto esta desdicha encierra. Si está el Infante en Aragón? . Sospecho que diligencia por Manrique ha hecho, y que ha venido de la tierra santa. Todo me da temor, todo me espanta. Anda, Ricardo, con Manrique un hombre, que apenas se nombre, jamás se aparta del, cosa que fuese quien matarme emprendiese. . Este es criado de Mamique. . Espera. Este es el Rey, volverme quiero fuera. Detente Pedro, adviente Castellano. Tu Alteza a mí tantas mercedes? Antes que os vais quería hacerte alguna. Sea sin que lo sepa mi fortuna. Qué importa que lo sepaé . Si lo sabe, estorbárame el bien que hacerme quieres. Yo tengo una sospecha incierta, y grave. Muchas, señor, tendrás siendo quien eres, que el alto oficio de Reinar suave, también tiene pesares, y placeres. Parecesme filósofo escudero. El ser que tú me dieres, ese quiero. Parece que me hablas confiado de tu juicio. . Yo para qué efeto? Eso preguntas? . Soy tan desdichado, que casi puedo parecer discreto. Vengamos a mi intento: gran cuidado me dio siempre Aragón, un mal conceto tengo de este hombre que anda con Manrique. Permíteme señor que te replique; es por dicha don Albaro algún hombre mal nacido, que había de traerte. quién te diese la muerte? No te asombre mi temor, y pregunta de esta suerte, que sin saber don Alvaro su nombre puede intentar mi muerte. Pues advierte de tu imaginación el grande engaño. Mil escudos te vale el desengaño. Pues el secreto acabó. . A qué efecto tanto encarecimiento? . No te espantes, si no escucha el secreto, si es secreto, que pide prevenciones semejantes: este Pintor, que con galán sujeto da honor al arte retratando amantes, es Bencerraje, y Granadino Moro, no se llama Juan, si no Medoro. Vino de Italia, y obligó a mi dueño en aquella traición, conque obligado no acertando a salir de aqueste empeño, le quiere honrar, y verle bautizado. Parece que me cuentas algún sueño. do Si el ábito, señor, te da cuidadado, presume que es disfraz contra la espada de su hermano que es Rey de Granada. Y vesle aquí que me busca, porque he dado en enseñarle la Doctrina, y hoy quedamos en los pecados mortales, porque ya los Mandamientos, y los Artículos sabe. Con el Rey está, y me pesa, porque me importaba hablarle. Hablarle quiero. . A Medoro mira que el Rey quiere hablarte. Que me manda vuestra Alteza Sabiendo que eres Infante de Granada, y el intento que tienes de bautizarte, me huelgo de conocerte, porque no es razón que andes menos que merecen Reyes, que en toda ley lo es la sangre. Beso mil veces tus pies, y pues ya mi intento sabes, esta espada, y esta vida a tus soldados añade. Bien pienso que es menester porque el Infante Don Jayme de Aragón, si no me engaño, por enojo de su padre quiere renovar con guerra pasadas enemistades. Señor, son de tal manera las mercedes que me hace que apenas hallo respuesta. Ya no quiero que te llames Medoro, si no don Juan de Navarra; ola llamadme a la Infanta, que es razón que venga también a honrarte. Señor, las obligaciones son tantas, que no es bastante a solo reconocer de ellas la mínima parte; cuanto soy, y cuanto puedo a tu servicio obligarme. De Francia llega un correo, en cuyo triste semblante algún mal suceso escribe el sentimiento que trae; mandas que entre? . Y con el mismo quiero Manrique esperarle, que ya se que la fortuna es como mujer mudable. Esta carta heroico Rey, me manda el invicto Charles poner en tu mano propia. Bien lo ha dicho, y sin turbarse. Era pequeño el papel, aguardemos adelante. Qué es esto infante? . que el Rey me ha tenido por Infante de Granada, y se ha ofrecido a honrarme, y a bautizarme, no sé cual hombre en el mundo vio confusión semejante? yo Moro? yo tan valido de mi enemigo? . . El pue carles importa. . Yo contra mí? Espera Infante, y no hables, hasta ver lo que resulta, (porque Arminda no se case) de aquesta carta fingida. Pues no es del Rey? . qué notable desdicha. . Cómo señor, que nuevas la carta trae? El Duque es muerto, Ricardo. Muerto el Frances? . No te espantes porque siempre la fortuna quiere que se desengañen las confianzas del mundo con sucesos miserables. El día que de Paris partiste ilustre Ricarte, quiso el Rey, que el desposorio del Duque se celebrase. La villa se abrasa en luces, los Príncipes de la sangre con hachas, y con libreas en fuertes bridones salen. Viva Navarra decían desempedrando las calles como cuando truena el cielo en esquivas tempestades. Porque al tiempo que las hachas vivos relámpagos hacen, las erradas plantas fingen truenos que las piedras abren. Viva Arminda hiva diciendo el Duque dichoso amante, respondiendo todos, viva, y corriendo por mil partes. Pero en este regocijo tropieza en un hombre, y cae, Valduino por las clines, sin que a detenerle basten. Llegaron las luces todos, y espira en tan breve instante, que parece que al volverlas servían para enterrarle, Llora Paris, y se vuelven lutos los alegres trajes, y los gozos himeneos en exequias funerales. No me mande vuestra Alteza que de esta tragedia pase, para que calle la lengua, y porque los ojos hablen. Bien lo ha dicho. . Diestramente Puede ser representante de Mendos en todo el mundo. Muerto el Duque? no me engañes Laura, . Así lo dicen todos. Si puede ser consolarme Arminda en esta desdicha, es porque ya no me trates con el rigor que solías, de que por fuerza te case, ya es muerto el Duque, y por ti. El cielo quiere avisarte de que no le sirves bien en estas enemistades de Navarra, y Aragón. Y será bien que su Infante las tenga conmigo, y quiera de mi propio Reino echarme? No importa, yo haré en persona la guerra luego al instante. en vautizando a Medoro. Qué dices señor? . Qué hables al Infante de Granada. Bien podéis señora darme los pies; ya no soy Medoro, el Rey quiere que me llamen don Juan de Navarra. . Y yo el parabién quiero darte con mis brazos. . No merezco tanto favor. . En honrarle recibo lisonja Arminda, que su entendimiento y talle a quererle bien provocan. Dame licencia de hablarte, pues es muerto el Duque. . Ya quiero Arminda que te cases por tu eleción, por tu gusto, ya me prevengo a escucharte. Que dice en su testamento el Rey? . Que vaya adelante la enemistad de Aragón, sin que jamás con su sangre la nuestra a la de Navarra por parentesco se enlace. No dice, si no que tú no puedas jamás casarme en Aragón. . Todo es uno. Es la diferencia grande de casarme tú, o que yo me case, para alcanzarte la maldición. . Pues qué intentas? Casarme yo por librarte de que casándome tú, como la temes te alcance. Ahora bien, y donde piensas casarte? . No quiero darte pesadumbre, tan humilde quiero obedecerte, que antes daré la mano a don Juan de Navarra, pues bien sabes que los Reyes de Castilla matrimonios semejantes han hecho por muchas veces. Estoy por licencia darte, solo por estar seguro que en Aragón no te casas. Dame la mano don Juan , Deja Arminda que lo trate con el Reino. No hay remedio. Mira Arminda lo que haces. Señora advierte? . Qué quieres? Que podrá el Reino quejarse. Que se queje, o no se queje, es mi marido el Infante de Aragón, que está presente. Presente? . Señor don Jayme ya es tiempo de descubriros. De tantas enemistades Rey, yo no fui la ocasión, más serelo de las paces puesto a tus pies. . A mis brazos vuestra Alteza se levante, que no acierto a responderle. Luego no es Avencerraje de Granada? vive Dios, Mendo; que pienso vengarme en decir. . No soy Frances. Quedo, yo quiero culparme de haber fingido la muerte del Duque, y pues fue bastante? remedio para que Arminda con el Infante se case, pido a Laura en premio. . Yo quiero a Laura y dote darte, conque en Navarra te quedes. Y para mí, no hay que darme? Una Alcaidia. Yo a Celia. Pues ya Celia, soy Alcaide. toca, y serás Alcaidesa. Porque la comedia acabe del Infante de Aragón, y de Navarra las paces.
