귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Comprar un hombre su suerte. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/comprar-un-hombre-su-suerte.
IHS C48 María Jusepe Comprar un hombre su suerte Primera Jornada Personas D. Burguillos, Cautivos Alí moro, Celinda dama Mahomat Rey, Arlaja mora Esquife gracioso, Celayda Dos Redentores, Dos ángeles Moros, Músicos
COLECCIÓN TEATRAL ARTURO SEDÓ
Ha de pasar una nao de una parte a otra del corral y en ella han de ir don Burguillos, Celinda y Esquife y chusma.
Larga el trinquete, aferra la mesana.
Ya el viento en popa, sacude la badana.
Ya con viento feliz ofrece el norte
a otro hemisferio fácil pasaporte,
seguridad el agua nos promete.
Ya da este árbol por fruto un gallardete.
Sopla el levante, y al que en el mar se mira
navegar al poniente, ¡viva, viva!
Promete el mar con ceño lisonjero
bonanza, no borrasca al marinero.
No me pesque Neptuno por salvaje.
Dentro.
Ruego al cielo divino,
¡buen viaje, buen viaje!
Desaparece la nao y salen por el tablado músicos y moros de acompañamiento y Maomat.
Ya que ha quitado el broche
el día, que horrorosa echó la noche,
porque, haciendo la salva,
cantándola el jilguero, diga al alba:
despierta, porque baja,
antes que tú a lucir, la hermosa Arlaja,
del palacio eminente,
por ser suyo más propio este oriente
que el tuyo, cuando airoso se desvele,
con llave de cristal abrís el cielo,
cantadla ya y recíbanla suaves
cielo, mar, brutos, hombres, fieras y aves;
que dulcemente interrumpe
los militares estruendos
de aquel ruiseñor amante,
sonora prisión del viento.
Sale Arlaja y Celayda.
Deste golfo, señor mío,
siguiendo vuestro arrebol,
huyo su semblante impío,
porque el rayo de tu sol
pueda mitigar su frío;
y así la constancia mía
sigue siempre con porfía
su planta, que el aire rompe,
por la suave armonía
que dulcemente interrumpe.
Si el mar ofende, ¡ay señora!,
del mar por buscarme a mí.
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ofendido quien lo ignora;
él se quejaba de mí,
pues le he quitado el aurora,
mas el vulgo con rigor
quejas formará mejor
de mis intentos tremendos,
pues dejé por vuestro amor
los militares estruendos.
Con dos afectos penar
quiere mi amor singular.
Con dos, ¿cómo puede ser?
Porque callando un padecer,
se me convierte en penas;
pero yo de aquí adelante,
para explicar mis deseos
con fe pura, amor constante,
aprenderé los gorjeos
de aquel ruiseñor amante.
Felice tú, pues es tanta
de tu voz la admiración,
que quiere perfección santa
hoy explicar su pasión
por tus saltos de garganta.
Y así, con suave concento,
pues que la lleva su acento,
cantad y hacedle ventaja,
porque yo hacer pueda, Arlaja,
sonora prisión del viento.
Favorecido repite
presunciones de su empleo
Que mal pudiera un celoso
formar suaves acentos;
muralla hizo del rigor
contra amor siempre mi pecho,
pero del tuyo el valor
con el cerco que le ha hecho
ha de conquistar mi amor,
y así, aunque mi pecho imite
el rigor que te compite,
que amor con porfía hecha,
ya entre mi pecho ha abierto brecha,
favorecido repite.
Si mi amor pudo ganar
la plaza de tu afición,
con tan continuo penar,
fue por rendirse al blasón
de quien quiso conquistar;
y pues mereció el deseo
gozar tan feliz empleo,
mi amor, porque hoy le compita
al sol, hace que repita
presunciones de su empleo.
Bien claramente he advertido
que aquesa comparación
falso símil ha tenido,
pues que me ha dado alación
de haberme desvanecido;
gracias a amor poderoso
le podías dar cariñoso,
pues ya a mi favor floreces,
que si tú no lo agradeces
3
Que mal pudiera un celoso,
si a lograr el favor llego
de tu hermoso serafín,
la victoria al amor niego,
porque, como ciego en fin,
se repartió a ciegas ciego.
Mas porque sepan los vientos
que respiran mis alientos,
cuando ven con tu esquivez
bien poder, tercera vez,
formar suaves acentos.
Mas la bala de aquel sacre,
halcón con alas de viento,
hizo pedazos las ramas
que servían de instrumento.
Acelaron mis desvelos,
y pues lo que tu beldad
con fineza y con lealtad
he de pedir...
Dentro, D. Pedro, Luzenia y Esquife.
Favor, cielos.
El mar descubre sus huecos.
Mi pena infeliz hablo,
pues por respuesta escucho
estos lamentables ecos.
No tu pregunta desdice
esos míseros alientos.
Mas van creciendo los vientos.
¡Ay, mísero!
¡Ay, infelice!
Yo sabré qué ha sido presto.
Y yo lo sabré mejor.
Adelantaos.
Ya.
Sale Alí.
Señor.
Hermano.
Decid qué es esto.
Desde esa playa desierta,
a lo que yo he descubierto,
una nave llega al puerto,
señor, corriendo tormenta;
tanta, que airados los vientos,
en mil pedazos deshecha,
deja la azul playa hecha
teatro de sus fragmentos.
Sobre la espuma nadando,
mil despojos veo andar,
y entre tablas, ¡qué pesar!,
tres personas fluctuando,
con los embates feroces,
van a registrar estrellas
y, respirando querellas,
pronuncian míseras voces.
Mas ya puedes desde aquí
ver el fin de su ruina.
Ya no doy por mí una endrina.
¡Jesús me valga!
¡Ay de mí!
Foliación: 4 en la esquina superior derecha.
¡Qué desdicha tan severa!
A la que se deja ver,
¿quién tuviera tal poder
que sus vidas socorriera?
Ya el mar, aunque está furioso,
más afable y más cortés,
con la resaca a los pies
los echa a tierra piadoso.
Las olas que los abruman
hacen, en su infeliz seña,
que naden sobre la arena,
y que anden sobre la espuma.
La plata sirve de soga
al bulto que penetre,
y el agua letal entre,
si se ahoga o no se ahoga.
Si al socorro me aventajas,
Fortuna, seré felice.
Yo ampararé a esta infelice.
Jesús, muerto soy.
¡Muerta soy!
Cae Celinda en los brazos del Mahomat, y D. P. Burguillos en los de Arlaja, y cáese Esquife en el tablado en medio.
¡Zopazas!
Ya encontró en la tierra brazos.
Ya en mis brazos halló puerto.
Gallardo joven, por cierto.
¡Cielos, divina hermosura!
Amor, no me causes pena
con tu arpón ejecutivo,
y, siendo aqueste el cautivo,
me pongas a mí en cadena.
Ahora llego a examinar,
en mi afecto y su ventura,
+
que aunque muerta, una hermosura
tiene fuerza de matar.
Su suerte, el pecho lastima.
Mas, mal mi afecto reprimo.
Oféndale o no mi primo.
Solo me queja o no, mi prima.
Puesto que a mis pies sin vida
arrojó el astro inhumano,
que hagas te suplico, hermano,
cuidar de su infeliz vida.
Llevalde, pues su desdicha
así a mi hermana lastima,
que a un noble a piedad le anima
[Vase y llévale.]
[Llévanla.]
el ver contraria una dicha.
A mi palacio llevad
esta infeliz de amor flecha,
y una fortuna deshecha
no deshaga una deidad.
No entienda aquestos estremos
Mahomat.
Ni padecer
no llegue Arlaja a entender.
Corazón, disimulemos.
Corazón, disimulemos.
A dejar la playa hoy,
me mueve este desconsuelo.
Y a mí también, santo cielo,
muriendo por vuestra ley.
¿Saldrás mañana?
Enfadado
me ha dejado este que toco,
no saldré.
Foliación: 95
ni yo tampoco.
Ello quiere mi cuidado.
Eso deseamos los dos.
Veré si mi bien es vivo.
Veré si volcó el cautivo.
¡Piedad, cielo!
¡Piedad, cielo!
Vase.
¡Adiós!
¡Adiós!
Vase.
Cuidad de este que cayó,
no le dejéis desamparar,
para aqueso de ayudar
tengo gran cuidado yo,
y tú, infelice cuitado,
como así llegas a estar...
Señora, no puedo hablar,
juro a Dios que estoy ahogado.
Repara a qué das porfías,
pues no llegaste a morir,
yo de aquí no he de salir
hasta que pasen tres días.
Ya el corazón que te adora
aqueste convite me obliga.
Levántale.
Veré a quién causo fatiga,
esto tenemos ahora.
¿No sientes que estos son yerros
que muy bien los has de pagar?
¡Aquí de Dios, que la mar
me haya arrojado a los perros!
Lleven los diablos la tierra,
cuando el dolor me taladra
y decía entre mí: ¡quién ladra!
Pues que me hablaba sin priesa,
enturbió mi pena Rife.
Por ver quién causa esta llama,
me dirás, ¿cómo se llama?
Yo, amiga, me llamo Esquife.
¿Quién tan raro nombre usó?
Cuando mi madre paría,
a San Telmo me ofrecía,
y así Esquife me llamo.
Cierto que me causas pena.
Ya que le debo cuidado,
todo el cuerpo está quebrado,
haga que me den cadena.
Amor el pecho me ensancha,
¿de verme no te enamoras?
No soy amigo de moras.
¿Por qué?
Porque dejan mancha.
Ven a casa.
Mil letargos
me causa.
¿Qué?
Que en tal dama,
aunque duerma en buena cama,
será al fin cama de galgos.
Vanse y salen Alí y D. P. Burguillos.
Esta es mi casa.
¡Ay de mí!
Sosiega ya tus cuidados,
mientras llamo los criados,
espérame, Pedro, aquí;
y aunque sientes que es desdicha
llegar en tal tierra a estar...
Foliación visible en la esquina superior derecha: 6.
donde no agita la priesa
suele encontrarse la dicha;
y a aquellos que nobles son
la piedad da a conocer.
El valor que llego a ver
en ti, aplaude mi razón,
que es acción digna de ti,
la piedad que en ti prevengo.
Vase.
Espérame, que ya vengo.
¿Qué es lo que pasa por mí?
Fortuna, ¿aun basta el rigor?
Y si me has de maltratar,
acaba ya de matar,
o merezca tu favor;
porque el mar cuando fue tal
el furor que mostró impío
a mí, como a mi navío,
no hizo pira de cristal;
pero pues no llego a verla,
ausencia tirana, penosa,
sirena del mar ondosa,
y de alguna concha perla,
y pues juega el hado esquivo
con crueldad endurecida,
me quitó en ella la vida,
y me trujo infeliz cautivo.
Sale Arlaja.
Cautivo.
Si afeáis el bello arrebol,
vos me miráis turbado.
que a mí me ha dado el mando,
hasta el instante en que
se ejecute su elección.
Respeto...
Sobre que alaban estos tratos,
sabe un noble corazón,
quita a muerte la divina bella,
a cuidados o a fatigas,
aunque mi honor os diga,
que es fatal mi estrella;
y a la vida de la importuna
suerte, que se da a notar,
se ofrece que he de enmendar
con mi valor su fortuna.
Solo quisiera salir
de un hombre patria y estado,
que pues sois tan arriescado,
que más noble debéis oír.
Aunque el llegar a contar
un hombre su ilustre historia,
solo sirve a la memoria
de añadirle otro pesar.
Ya que a la obediencia dada,
con el alma oye atenta
que mi voz deciros intenta.
Prosigue pues, que agrada.
que escucha
la hermosura divina,
mi nombre Pedro Burguillos.
7
Y aunque pobre, gran señora,
de noble padrón nací,
en Mallorca, siendo el más
infelice mallorquín.
Con ricas mercaderías
para Valencia salí,
y tomé puerto en el Grao,
fértil y hermoso país,
que otro mejor en el mundo
no se puede descubrir.
Corrió en tiempo que Valencia
celebraba un gran festín
por saber que Barcelona
era de gozo feliz
de nuestro español monarca,
que guarde Dios siglos mil.
Vi en un balcón una dama,
mal hice en llamarla así,
donde el sol era brillante
que en él se puso a lucir;
uno era, si no, el postrer globo
de aqueste hermoso zafir,
y si el cielo era el balcón,
su dueña era un querubín.
No importaba que la alaba,
presente vos, señora, aquí,
que a vista de vos, pues,
ninguna puede lucir.
Rendido a su perfección,
tus favores pretendí,
y con lágrimas y ruegos
mi pretensión conseguí,
y en precio de tanta dicha,
dueña, el alma la rendí.
Sin pesares ni recelos
nos gozábamos, en fin,
como tórtolas amantes
que, haciendo el pico buril,
fabrican de paja y pluma
donde poder asistir
nido, que admirado deja
al del ingenio más sutil;
con arrullos y escarceos
los dos se gozan allí.
hasta que viene un ladrón
que, porque mira salir
de con la esposa al esposo,
da paseos al confín,
y en el punto, a este tiempo,
y sin poder resistir
sus celos, bate las alas,
las uñas prueba, ¡ay de mí!,
el pico afila en el suelo,
y ya empeñado en la lid,
el que del pensil fue pompa
8
quedó ejemplo del pensil,
pues de esta misma manera,
Señora, se lo advertí,
con valor y con despecho
fue lo que me pasó a mí.
Pues estando con mi dama
en un ameno jardín,
haciendo nido un laurel
y lecho unos alelís,
ruido de pasos miedosos
entre las ramas sentí.
Y queriendo cuidadoso
todo el espacio inquerir,
vi que aceleradamente
un hombre se acerca a mí.
Saqué al instante la espada,
y apenas la vio lucir
a los rayos de la luna,
cuando, con furioso ardid,
la suya sacó también,
hasta que en su pecho vil
mi acero le abrió una boca,
con que le forcé a decir:
«Inocente ofendía el cielo,
ha castigado el venir
a engañar su voluntad
con un cauteloso ardid»,
y cayendo entre las flores,
tiñó el hermoso matiz
del jazmín y la violeta.
Con engastados rubís,
apenas del susto alhucema
cobrada pude sentir,
cuando a su asiendo y a ella
hacia el mar los conduce;
y cuando ya el rubio Apolo
con rayo blando y sutil
en las nevadas sierras
que esplendor llega a esculpir,
al aire entregué las velas
del hermoso bergantín,
tan ligero navegaba
que se pudiera decir
que si no era ave, en el viento
era en los mares delfín;
pero apenas en el golfo
señoreaba gentil,
o fuese envidia del viento
por llegarle a competir,
o fuese que el mar ofendido
de que le intente oprimir
este monstruo de madera,
usando despecho vil,
contra un rendido sacude
la cristalina cerviz,
y a los vientos se desatan,
llegándose a competir
unos entre otros sobre
9
el que se ha de destruir,
y acudiendo a los tritones,
que en obsequio de su brío
con el hinchar de la espuma
se procuraba encubrir,
ya todo el cielo se enluta,
amenazándole el fin,
con que Neptuno sañudo
le intentaba consumir.
Ya no es lluvia, sino llanto,
el que el cielo abultaba,
haciendo de estrellas mil
sobre él llegaba a esparcir;
tan espesos caen los rayos,
que el más valeroso Cid
no murió a la ejecución,
porque le bastó a rendir
el relámpago brújula,
ya le coge de perfil
al barco una ola tan grande,
que en un instante me vi
carear con el firmamento,
tanto que osado adalid
buscar pretendí mi suerte,
y lo pude conseguir,
pues aun buscando la muerte.
Y quitan de la de allí,
influyera al brío las ansias
que siempre llego a sentir;
y rasgando con la proa
el que fue de aguas tauro,
surgió veloz abajo
lo que le hicieron subir,
y penetrando su centro
en el más perfecto zafir,
la riqueza vi que guarda
aquel húmedo feliz,
de la concha y de la perla,
con el coral carmesí.
En fin descubriónos tierra,
y el llegarla a descubrir
más que gusto fue pesar;
pues cual ligero neblí
que va siguiendo a la garza,
chocó contra un rebelín
que quiso labrar la diosa
para poder resistir
los combates espumosos
de ese elemento sutil.
Ya el suntuoso edificio,
dando lástima al cenit,
en mil partes se deshizo,
con que llegó a descubrir
las vigas, pernos y yertos,
de suerte que al que atendí
Foliación: 20 y 10. Manchas de humedad y tinta que transparenta del reverso en el margen izquierdo.
Hermosa garza el Mahomat
se volvió horroroso espino,
con la violencia del choque;
la nave arrojó de sí
las haciendas y personas
con que el bello serafín
del dueño adorado mío
al estrellado zafir
entre piras de alabastro
fue a descansar desde allí;
pero yo desesperado,
rompiendo aquese espeso lino,
con una tabla abrazado
a tus pies pude salir,
donde pido no piedades,
que aquesas en mi frenesí
nunca las he procurado,
porque me cansa el vivir;
solo te pido que en vez
de tener piedad de mí,
cortes en mi infeliz vida
este aliento juvenil.
Admirada me ha dejado
su desdichado sujeto;
pero no muy desdichado,
que ha sido ahora su gusto
que has venido a mi poder;
poco a poco, sentimientos,
que aunque le quiero, que sirva,
que no sepa que le quiero.
De los pies, mundial belí,
levanta, español, del suelo,
Allí le alevanta de los pies Arlaja a Pedro porque sale Alí y Celinda.
Ya queda preso. ¡Qué miro!
¡Valedme, piadosos cielos!
Aquí el esclavo con mi hermana,
solos con tanto secreto,
¿qué podrá ser?, mas ¿qué digo?
Loco estoy, estoy sin seso.
Quizá se informará de él,
de sus desdichas; yo quiero
salir a ver, pero no,
retirado saber presto
su intención, haciendo al aire,
de mi dolor mensajero.
No puede faltar en mí
el justo agradecimiento
del favor que me ofrecéis.
No me ha engañado el recelo.
Agradecimiento oí,
y favor, escucho atento.
Hasta ahora, mi favor
nadie mereció tenerlo,
sino vos; aficionada
de la ocasión que ya obtengo
dichas.
Quién duda que pasan
ya agravios, porque eran celos,
¡mataréle, vive Alá!,
puesto que no hay otro medio
si no es noble.
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Un desdichado
nunca ha encontrado consuelo,
sino para más desdicha.
Pues perded esos recelos,
que los nobles, aunque extraños,
siempre estimación tuvieron;
y puesto que vos lo sois,
habéis de tener por cierto
que no solo mi favor,
más de la que augusto imperio
goce, merecéis sin duda.
Sale Alí.
Ya se logró mi deseo.
Pues así, callad, porque...
que viene mi hermano, advierto.
Señor, seas bienvenido,
a tus pies tienes el mismo
esclavo que aquí dejaste.
Estoy de Celinda ciego,
y ella me ha ofuscado el modo
de explicar mis sentimientos;
mas de dos resoluciones,
la piadosa escoger quiero.
¿Qué dudas, qué confesiones,
hermano, en ti considero,
que me niegas el semblante
con escandaloso despego?
¡Falsa hermana, vil esclavo!
No me queda otro consuelo
sino vengarme en los dos.
No logras mi justo intento,
pues, ¿cómo me hablas así?,
¿en qué ofendido te tengo?
Nunca me admirara en ti
el disimulo compuesto,
cuando sé que en las mujeres
son propios los sentimientos.
De un esclavo sí me admiro
que sea tal su desvaneco
que intente alcanzar favores,
y que es favores pensamiento,
y que es pensamiento osadía,
y de pintarlo por el cielo
que cuantos rayos esconde
dentro del preñado seno
fueran un rasgo no más
de los que vibra mi esfuerzo
cuando levanto este brazo,
cuando levanto este acero;
mas porque en mi honor no quede
escrúpulo en ningún tiempo,
he de contentar; pero vete,
huye aquí.
Ya te obedezco.
Pendiente está el corazón.
Juzgo que el cielo piadoso
se ha mostrado a mis intentos,
pues ha juzgado mi hermano
que con licencioso afecto
su honor está profanado.
12
de el esclavo por quien muero
pues esforzallo procuro
que mi vida estriba en ello
llegándole a lo piadoso
ganándole a lo fiero
hermano y señor ya que
me ayudaron mis deseos
ya he pensado que tu honor
se engaña y en nada afrento
pero basta el desear
para que procure cuerdo
que remedie lo humano
el escrúpulo que he hecho
o quería con su sangre
mi corvo alfanje su pecho
yo sacrificar el mío
a tu gusto solo intento
y para agravio te basta
a un noble solo el recelo
y pues que también es noble
el que yo estimo por serlo
haz lo que fueres servido.
Vase.
mil años te guarde el cielo
ya has escuchado cautivo
los penetrantes acentos
que dando muerte al discurso
me están quitando el aliento
pero porque sepa el mundo
que en un generoso pecho
desterrada la crueldad
tiene la piedad su imperio
Margen superior izquierdo: 51.
A dos puntos se reduce
el desagravio que espero,
que es dar la mano a mi hermana
antes que notorio al pueblo
se haga la sospecha infame
que concebí en mi concepto;
o si no, en voraces llamas,
que excedan al elemento,
con tu muerte ha de acendrarse
de mi honor el oro legítimo.
Porque, si mi ley noticias,
no puede haber más remedio
que tu muerte y mi venganza.
Casi del lance me cuelgo,
porque a la ley se deduzca
de Mahoma, que no yerro,
dar a este esclavo a mi hermana,
cuando muchos Reyes dieron
sus hijas y sus hermanas
por lograr este trofeo,
señor.
No hay que replicar.
Advierte...
Oírte no quiero.
Que yo...
Mi cólera buscas.
No he sido...
Mi enojo temo,
y por no irritarle más...
13 / 13
Y por no imitarte mal,
solo en el cuarto me dejo.
¡Ay, hombre más infelice!
A avisar al Rey pretendo,
para que asista a las bodas
y al castigo de su yerro.
Sale Esquife.
Después que por mi desdicha
ando entre moros revuelto,
por ver si agrada mi paño
doy antes de muestra perro,
pues por esta cuadra a mi amo
por el olor sacamiento.
Casi sin aliento voy,
valedme piadosos cielos.
Vase poco a poco hasta que le encuentra Esquife.
A este madroño viviente,
sino animado pimiento,
preguntarlo determino,
sabré de un amo que tengo,
que por pelado, por aguado,
es muy parecido a un cuervo.
Y por lo ceniceño,
aparta,
quítate del paso, necio,
¿no quieres que vengue en ti
mis coléricos despechos?
Vase cerrando los ojos todo y dase de cabeza con él.
¡Aun más que yo, vive Dios!
Este moro es embustero,
pues me ha cogido en la trampa,
pero, ¿qué miro?, ¿qué veo?
Déjame besarte todo.
[Reclamo ilegible]
[Cruz en la parte superior]
No me creerás el contento
que me ha causado el hallarte,
que como te vi en el riesgo
del mar, y tan empeñado
con tu esposa a todo ruedo,
pensé que, por no poder
salir bien de aquel empeño,
habías quedado ahogado.
Mas, pues vives, no fue cierto;
di, Esquife, ¿cómo escapaste?
Un palo fue mi San Telmo.
¿Y Eufenia salió también?
Del navío, yo lo creo;
pero a tierra yo lo dudo.
¿Habrá en el mundo algún cuerdo
que epílogo de mi historia
me refiera mis sucesos?
Salir de mi casa alegre,
tomar en Valencia puerto,
enamorarme de un ángel
hermoso al paso que honesto,
a un caballero dar muerte
sobre bien fundados celos,
hacerme otra vez al mar
con sereno y feliz tiempo,
y cuando estaba engolfado
cruel el Noto y el Euro...
14
Ir amontonando espumas
con tal furia y tal recelo,
que de cabrillas poblaron
todo el azul pavimento,
chocar contra un duro escollo
donde todos perecieron,
y entre ellos Eugenia hermosa;
pues siendo así ya no quiero
ni vida ni salvación,
y desesperado intento
ser esclavo del demonio,
a quien desde aquí me ofrezco.
Amén.
¿Qué dices? ¿Qué hablas?
¿No echas de ver que no es bueno
que por un amén nomás
pierda el diablo su derecho?
Ya soy moro desde hoy.
Por Dios, que estás hecho un vaquero;
pues cuando no vieras más
que Mahoma, aquel arriero,
hizo burla de los moros
y los trató como a perros,
en su reliquia lo muestra,
que es un cascarón supuesto
que está allí como quien dice
+
Tomad todo ese hielo,
ya siento que vienen pues
a escuchar los instrumentos.
Siempre fuiste desalmado,
y así no me espanto desto,
que quien echaba mil votos
por el mucho que eche yo
reniego.
Aunque a Glauco celebren
suaves y acentos diestros,
al compás de las fuentes
los elementos.
Salen Arlaja, Mahomat y Celinda, Alí y Celayda, y acompañamiento, con el vestido de moro en faldares de plata, y la música.
Llegó el día a mi esperanza.
Quien a Alá haya devuelto
tal cumplimiento dichoso,
que en sus venturas agotó.
Y de duda y de confuso
los pasos apenas muevo,
mas en otro tiempo sintió
pudiera aqueste suceso,
pero esta cautiva hermosa
ha puesto a mis sentimientos
intermisión con lo hermoso,
abatallando mi afecto,
desdén airado mío,
pues con él a mi deseo
haces crecer, como suele
aumentar por el agua al fuego;
por divertir tus tristezas
que son grandes en extremo.
Foliación: 29 / 15
aquí te traigo a que veas
el bullicioso festejo
que los moros dar suelen
a celebración del tierno
lazo con que une dos almas
el soberano Himeneo.
Qué mal entiendes las penas
que confuso pasa el pecho,
pues que me has traído adonde
de mis dolores aumento.
¡Ay, Pedro del alma mía,
si ese feroz elemento
no te hubiese sepultado,
pudiera ser, ¡qué contento!
que gozara de tus brazos
con más justo y santo intento.
Estas honras que me hacéis
con el alma os agradezco.
A señor Esquife, diga,
¿qué siente su merced de esto?
De ver renegar a mi amo.
Juro a Dios que yo reniego,
y en efeto, a obedecerte.
Está, gran señor, resuelto;
pues prosigan los aplausos,
mientras que vista el bello
traje de Mahoma santo,
divino profeta nuestro.
Tan santo que le aseguro
que en los profundos infiernos
le habrán coronado con
unas trébedes ardiendo.
Mientras visten, vuelven a cantar.
A un esclavo dichoso
no puedo alcanzar a verle.
Como de espaldas se ha puesto.
Para dar gloria a tu fama,
con mi autoridad pretendo
ponerte el turbante heroico
de quien honra das y aumento
a esta hermosa media luna;
y a ti que logres espero
la mano de Arlaja hermosa.
Media luna y casamiento
juntos dan en esta fiera.
¿Qué dices?
Que es mal agüero.
No sé qué imagina el alma.
Que el corazón me da vuelcos.
Supuesto que nuestra ley
en esta edad os ha hecho,
dadle la mano a mi hermana.
Con gran gusto le obedezco,
lográronse ya mis dichas.
Vuelvese cara, y para dar la mano a Arlaja, ve a Celinda.
Pero ¿qué es esto que veo?
¡Santos cielos! ¿qué es lo que miro?
¿El renegado no es Pedro?
¿No es esta que miro Celinda?
Juntose la tierra y cielo.
No en balde mi corazón
se mostraba tan inquieto.
Llega, ¿de qué te has turbado?
Cuando mi mano te ofrezco
vio mi suspensión, señora...
16
atribuyas a despego,
que antes es a tu deidad
veneración y respeto;
viendo logro sin merecimientos,
luz, a traidor, a falso, a ingrato,
más que admirarme no tengo,
que quien a Dios es ingrato,
no lo ha de ser a un afecto.
El primer novio, el que cuido,
que no diga al que lo acertó
seis o siete necedades
aforradas de lo mismo.
Necedad, amiga mía,
no lo ha dicho, mas lo ha hecho.
¿Y cuáles?
El renegar.
Lo que ha hecho, mejor que eso.
Así tengas la salud.
Calla.
Ve aquí que no quiero.
Suplico a tu Majestad
que de aquí nos retiremos,
para que el banquete sea
el fin de aqueste cortejo.
Venid, esencia divina,
sol cuyos rayos venero,
luz, o si de mi vida fueran
estos pasos los postreros,
¡Oh, qué contenta que voy!
Con el logro de mi empleo,
¡oh, qué confusiones van
luchando en mi pensamiento!
¡Oh, qué suavemente puse
a mi deshonra remedio!
O si acaso en el convite
hubiera muchos torreznos,
o si el esclavo me envida,
al punto le digo: quiero.
Yo procuraré ablandar
a violencias sus desprecios.
Pondré
fin a aquestos sentimientos,
yo celebraré mi dicha
con regocijos honestos;
yo procuraré gozar
con mi industria aqueste resto.
Venid, pues.
Venid, pues.
Ya yo le sigo.
Al convite voy.
Yo voy sin seso.
Fin. Joseph Anto. Prado [rúbrica]
17
[Página en blanco]
Mas, señor, importante,
¡Oh, qué costoso ha quedado!
Con el lazo de los ingleses,
oh, que con gusanos van
luchando en aqueste Oriente.
¡Oh, qué fama alcance pude
de mi deshonra remedio!
Y si acaso en el convite
hubiera muchos potajes,
que el esclavo me llamara
al punto deciros quiero.
Y a ese caballero gallardo
a Valencia le despidan.
Yo, a acompañar sus tormentos.
Y yo celebraré mi dicha.
Con ruego que me perdonéis.
Y a la cárcel le lleven.
Y los cautivos.
Yo voy tras de él.
Línea separadora. Rúbrica y firma de Joseph Prado. Posible fin de jornada.
18
[Página en blanco]
[Página en blanco]
Jesus Maria y Jusephe
Segunda Jornada de Comprar un hombre por su suerte.
19
C48 2
Salen Pedro Burguín y Esquife.
Si mal mi duda no media,
a mover todo temor,
tú estás loco, señor,
y trazas una comedia
cuando cristiano, sin tino,
hacías cosas desalmado,
y ahora que eres renegado
estás como un capuchino.
¿Qué aguardas esos tormentos?
Declara, no seas tirano,
y pues ya no eres cristiano,
no me hagas sacramentos.
¿Estamos ya solos?
Solos estamos, que ya
no me escucha nadie.
¿No?
Pues escucha atento.
Di.
Ya te acordarás del día
infausto que renegué,
y también que me casé
para más desdicha mía,
pues desde entonces me veo
tan confuso y tan turbado
que de mí mismo olvidado
que yo soy, apenas creo.
Sello: Colección Teatral Arturo Sedo
El primer cuarteto de la página está recuadrado con una línea dibujada a mano.
Pues romero, como cuerdo,
y como cristiano obro,
si a perder me voy, me cobro,
y si me cobro, me pierdo.
¡Ay! Pues ya solos los dos,
me he llegado a declarar,
tú me tienes de ayudar,
déjame alabar a Dios.
Que fuese tu inadvertencia
tal, que se pusiese a baja,
a que fueses moro paja,
que tengas mejor conciencia.
Mas, pues quieres mi favor,
no me ayude tu ventura,
dame cualquiera costura,
y manos a la labor.
Yo quisiera, Esquife, ver
que, entre la turba ligera
que se embarca en la galera,
que fuesen sin padecer.
No es lo que te está turbando,
en más, como atrevido,
en la virtud no has leído,
la estás ahora deletreando.
Yo hice aqueste yerro advertido,
furioso y desesperado,
por el cual cielo conjurado
lloré mi fin con gemido;
porque a Celinda imaginaba
que soberbio e importuno
en sus bóvedas Neptuno
su cadáver sepultaba.
Mas es tal imaginando
que están porque más me asombre,
no ofendiendo a Dios el hombre.
Foliación visible en la esquina superior derecha: 20. Los versos 7 a 9 están enmarcados en un recuadro, lo que suele indicar un corte para la representación.
al honor créditos perdonando,
y así, me lleva a buscar
en un ligero navío
por aquese mar impío
de Dios el piadoso mar.
Y si no, mi queja igual
aumente su perdimiento
de mis suspiros el viento,
de mis ojos el raudal,
y ya que me determino,
tu suma ayuda has de ser
te quiero dar a entender
la industria que yo imagino.
Mahomat, bárbaro rey,
mágico de cien africanos,
capitán, porque inhumanos
de la católica ley
roben el sagrado imperio
y en la costa valenciana
a toda gente cristiana
la reduzca a cautiverio.
Y para eso está en la playa
un ligero bergantín
que con soplos de clarín
a todo el mar tiene a raya;
con ocasión de los remos
ya embarcar cien cristianos,
de entre todos, inhumanos,
matar los moros podemos,
y ya que me vea dueño
del buque con esta hazaña,
pasaré a mi patria, a España,
con que será desempeño
para mí, pues ya advierte
estos perros de esta suerte.
Foliación visible: 44 tachado
al alma le dieron muerte
y ha de quitarlos la vida.
Yo los metería en la trena,
dándome fiel testimonio,
y daremos al demonio,
señor, una buena cena,
y de engenia se revolvaba,
pues que nos vamos los dos
sin ella, te juro a Dios,
que será linda partida.
Pues que tú entras al espacio
donde está mi prenda amada,
se lo di, que ella informada
de lo que pasa el palacio
dejara...
¡Qué bravo toque!
Yo solo la he de traer,
sin poderlo defender
que es el rey, mi rey inroque.
Pues silencio.
¿Qué discurso?
Secreto.
Ya son agravios,
digo que en cerrar los labios
he de parecer cartuso.
Pues adiós, y mudo aquí
logro el pasaje de España,
ya ve que por esta hazaña
se acuerde el mundo de mí.
Pues si eso logras, yo espero
que te llamen las Españas
por inventador de hazañas
el Centurio hazañero,
mas cielos, ¿en qué me agravia
Foliación visible: 21 en la esquina superior derecha. En el centro aparece un 44.
a quien dé Dios esta tierra
si de amor está una guerra
por mí, señores, ¡qué agravia!
y quejándome me maltrataba
al punto todo le pesa
y viene como una oveja
a darme un jugo de cabra
Sale Alí.
si de mi vista no es yerro
juraría con efeto
que Farica con gran secreto
hablaba con este perro
Por la otra puerta Arlaja.
ya con descanso quejoso
amor que está mal pagado
pero con este criado
no estaba hablando mi esposo
entrarme quiero allá dentro
vaya la galga a espulgar
pero ¿qué negra mirar?
digo, ¡hácenme este encuentro!
detente
vendido estoy
no te vayas
Vase.
¡qué pesar!
yo no lo puedo escusar
porque en viéndote me voy
mas voy a dar mi embajada
Le detiene Arlaja asiéndole fuerza donde está.
espera
ya desespero
¿para qué me hacen cabrero
junto a la peña tajada?
embajada le oí decir
que va este criado a dar
mi sospecha, ¡qué pesar!
no me ha llegado a mentir
Sabré lo que es en efecto,
pues le vi con él hablar.
Quiero llegar a apurar
lo que le dijo en secreto.
Pues disparates imagino
e irme de aquí procuré,
para partir de aquí a fe
que no he encontrado camino.
Si mi furor inhumano...
Si mi cólera inhumana...
¿Qué es esto? ¿Aquí estás, hermana?
¿Tú aquí? ¿Qué es aquesto, hermano?
Yo quedo muy bien aviado.
Cielo, este pobre amparad,
porque de aquesta hermandad
pienso salir asaeteado.
Aquí este criado estaba
hablando con Tarif.
¡Miente,
quien díjole hablaba, miente!
Usted era el que me hablaba.
Pues él contigo, ¿qué trata?
Allá ciertas pretensiones.
¿Sobre qué?
Sobre galeones.
¿Galeones?
Oro y plata.
Dímelo.
¿Mas qué tratar?
Refiérelo.
¡Hay tal porfía!
Decirte lo que él decía
sería hablar de la mar.
22 [Foliación en esquina superior derecha]
Pues perro,
ya sedes bola.
Dalde un tormento al instante.
Si me le dan con turbante
será tormento de bola.
Digo el caso con efeto
que agora no será mengua,
como húmeda es la lengua
resbala cualquier secreto,
ni lo dices.
Ya me ladra.
No prosigues
en tu zozobra,
yo lo pondré por obra,
ya que he dado la palabra.
Dice que como tenías
hacer rosario sus manos
para amarrar los cristianos,
quiere tomar unas lías,
y en siendo de noche, y hiela
al navío sus sentidos,
que mientras estáis dormidos
él procura estar en vela;
y en esto no hace locura,
pues antes discretos
para que todos después
veáis del sueño la soltura,
él pasa a España lozano;
porque dice el pobrecito
que de ser moro está harto,
y quiere trotar cristiano;
y si extrañas su yerro
por llevar moros a todos,
pretende por varios modos
Vase.
repartirles pan de perro
y porque más encarezcas,
cuando acabe de matar,
los ha de echar a la mar,
porque son muy lindas perlas.
Esto sueño ya acrisola,
que como sé que en árabe
un morillo ya no cabe,
los quiere dar golpe en bola,
y ha dicho cuanto ha salido.
Y así le quiero pedir,
señor, que me dejes ir,
pues es que ya lo has sabido .
Y si me excusáis del daño,
al baño a trabajar voy,
y cuanto más aquí estoy
hay más que hacer en el baño.
De cólera mudo, ciego,
recela Tarif su estrago,
que va cifrada en mi mano
toda la esfera del fuego.
A esto mi esquivo se atreve,
pues si no cesan sus daños,
dele sepulcro a mis años
esa campaña de nieve,
mi voz a los cielos clame.
Pruebe mi rabia y furor.
¡Ingrato!
¡Falso!
¡Traidor!
Vive felice.
Muere infame,
quédate, Arlaja, con Dios.
23
Antes te quiero advertir...
Di, ¿qué?
Que nadie murió.
Un alma vive en los dos,
y consideren tal calma,
que si fallece en tal suerte,
dando no más que una muerte,
quedan dos cuerpos sin alma.
Aunque hoy la muerte le dé,
sola tú, si no me engaño,
ocasionaste su daño.
Yo, ¿por qué?
Escucha, porque un caso,
dan de agua lleno,
y en su líquido cristal,
un traidor, un desleal,
cauteloso echó veneno;
y el mísero que bebió
del licor, sin doble trato,
a no muy distante rato,
infelice reventó.
Esto, pues, a este cristiano
le sucedió sin ventura,
que el veneno es tu hermosura
y ha sido el cristal humano;
pues no supo, escrupuloso,
tal felicidad gozar,
y así, como a reventar,
de puro verse dichoso.
Y pruebo que si en tal dicha
no llega tu perfección,
él no tuviera ocasión
para beber su desdicha.
Considera, mira, advierte
que si en su feliz estado...
Foliación: 41
Por la voz habéis ventado
que está cercana su muerte.
[Vase.]
¿Para cuándo, santos cielos,
ardientes rayos guardáis?
¿Por qué no los arrojáis
para acabar mis desvelos?
Máteme en esta ribera
fiera que el roble encadena;
mas si no mata esta pena,
¿qué fiera hay que sea tan fiera?
Pero no muera el ingrato,
y vuelva a vivir mi vida,
porque he de andar yo perdida
con quien hallo siempre ingrato.
Y si faltan instrumentos
por mi boca y por mis ojos,
sea su vida despojos
de todos cuatro elementos.
Mi llanto, con graves plazos,
se anegue, y pues tal me miro,
vean un débil suspiro
al viento vuele en pedazos.
Y pues mira mi razón,
el fuego llegue a abrasarle,
y sepulcro en que enterrarle
ofrezca mi corazón.
Pero la muerte que aquí
aplico al esclavo cruel,
buscándola contra él,
la vengo a hallar contra mí.
Que cuando al aire le entrego,
al fuego, al agua y al viento,
me sirven de monumento
viento, agua, tierra y fuego.
[Sale Celayda.]
Oí tus gritos feroces
24
Y con Jesús te detienes
de donde mal pleito tienes,
metiéndolo todo a voces;
no tener rostro sereno,
dar voces, no haber regalo,
bien puede ello no ser malo,
pero no puede ser bueno.
David procede inhumano,
contra nuestra santa ley,
siendo a mí, a mi hermano, al rey,
falso, atrevido y tirano.
Y es justo que le prevenga
muerte, en que llegue a pagar.
Como que le han de matar,
nunca mayor mal le venga.
Siempre dije que era abuso
estar tú con él tan clueca;
distele lino en tu rueca,
con que dio en andar al uso.
No llores, porque es fiereza
el llegarte así a pudrir,
mira, déjale morir,
y haz cuenta que fue fineza.
Mas zonceras, patarata,
ya te has echado a perder,
mas los querrás proteger
la crudeza con que trata.
Déjale con Barrabás.
Eso no, que en su favor
ha de obrar siempre mi amor.
Fortuna haga lo demás,
y así a mi yerro dale espacio,
pues estoy con tal pesar.
Amor, pues sabes volar,
no me lleves tan a espacio,
no había por un picarote
de andar con tanto dolor.
y yendo a espacio su amor,
ha de andar mi amor al trote.
Señoras, por varios modos
a cualquiera hombre condeno;
que el peor es el más bueno.
¡Oh, fuego de Dios en todos!
Vase, y sale llorando Celinda, y el Rey.
Solo os quiero suplicar,
señor, pues piadoso os miro,
os vais de aqueste retiro,
porque yo pueda llorar;
presumiendo así que es verdad
que no lo puedo sufrir;
cuando va el llanto a venir
encuentra a tu majestad.
Nunca os lleguéis a ofender,
de que os vea, aunque lloráis;
porque tan hermosa estáis,
que en veros más, más que ver.
Si el sol, cuando está sereno,
algún electo quiere intentar
su agradable luz mirar,
quedará de vista ajeno.
Y así cuando su arrebol
sereno se deja ver,
no he podido comprender
la perfeción de tu sol;
porque ¿a quién no da desmayos,
si va a ver su perfeción,
la suave exhalación
de tus celestiales rayos?
25
por esto no es bien te espante
si agora a verte me adelanto
pues está en tu hermoso manto
puesta la nube delante
mas por esse atrevimiento
contra quien ofendida estaba
el sol rayos que vibrava
y no lograva su intento
no lo digo porque en mi
cordura ha de aver tan poca
mas no es mucho que esté loca
si un dolor fue el frenesí
400
porque tu pena importuna
te conduze a tal trabajo
si en un estado tan bajo
gozas tan alta fortuna
no sosiega tu despecho
ver que el ave de mas gala
con sus carnes te regala
con sus plumas aze el lecho
la estancia que he adornado
para escudar tus dos soles
forma nuebos arreboles
en mirándote el brocado
con tu luz, alfombra contento
te convida aqueste estrado
y mas cobra se ha passado
a servirte muy de assiento
decidme aquí la verdad
por qué lloráis me decid
cuanto vos queráis pedid
como no sea libertad
porque essa no os la daré
pues soy vuestro esclavo ahora
para libravos señora
Dadme libertad a mí,
que amor con grande rigor
por vos me puso el cordel,
y no es tan cruel este Argel,
como lo es el del amor.
Piedad os pido, rendido;
sed mi luz y sed mi norte,
dadme algún pasaporte
para pasar al olvido.
Ni la libertad deseo,
ni la riqueza me agrada;
llorar siempre retirada
tengo por feliz empleo.
Por mí, cautivo, es dislate;
mas no lo llegáis a estar,
habéis venido a parar
donde no hallaréis rescate.
Vos inferid el porqué:
supuesto que a mi señor
no le puedo dar favor,
¿cómo a otro se le daré?
No correspondas al trato
de mi amor con esquivez,
que aun en las damas tal vez
pide castigo lo ingrato.
Que no sois del fino gremio
aquí a deciros me atrevo,
pues de la deuda que os debo,
la queréis cobrar con premio.
Mal mi intento penetráis,
mi designio no entendéis,
no quiero que me premiéis,
solo quiero que me oigáis.
Será echarme a perder
el negarlo a permitir,
porque, en parándose a oír...
+
26
es muy fácil aprender,
pues calentura el amor,
y así en mí la viste loca.
pues si ha salido a la boca
ya vais estando mejor.
ya habéis visto si en un yelo
está una persona hablando,
y en frente va resonando
siempre retórico el eco,
conjeture su razón,
que el amor que me provoca,
aunque le oís en la boca,
que habla allá en el corazón.
por eso mismo su voz
mi misma disculpa labra,
que el eco es una palabra
que lleva el viento veloz;
y así temeré el desaire
de creer una sombra vana,
o me tendrán por liviana
pues me enamoro del aire.
pues por fuerza me querréis.
vos me ultrajáis el decoro.
será mucho si os adoro.
Sale Pedro.
¿me adoráis y me ofendéis?
advertid, mirad, señor.
ya tengo lo que quisisteis.
a qué mal tiempo venisteis.
nunca he venido a mejor.
este es el primer favor
que le debo a mi fortuna.
¡ay, suerte más importuna!
a un moro permite el cielo
que sea Pedro mi consuelo.
vuestro he, sin duda alguna.
decid presto qué queréis.
Folio 500 en la esquina superior derecha
De pesar pierdo el sentido,
ya está todo prevenido;
solo espero a que me deis
licencia.
Ya la tenéis;
y así, bien os podéis ya
a sospechar y a morir,
y a cuidar, y a padecer,
y a dos Condes detener.
Sale Alí.
Os guarde Alá, señor.
Primo, el color demudado,
¿cuál pudo ser la ocasión
quien dio mayor confusión?
¡Cielos, terrible ciudad!
¡Cielos, terrible ciudad!
La cólera me ha turbado.
Sale Arlaja.
No fue tarde mi venida.
¿Y Arlaja también?
Perdida
está el alma por quien sigo,
con sentido en lo que digo,
que no os va más que la vida.
¿Por qué suspensos estáis?
Es precisa turbación,
pues una infame traición
obliga a lo que miráis.
Ese perro a quien honráis
con favores nunca usados,
quiere, en estando embarcados,
con crueldad fiera y extraña,
pasarnos otra vez a España,
dando muerte a tus soldados.
Averiguado está ya
lo contrario, que esta fineza
es la acción de más nobleza.
27
da la vida a quien muerte da
el mismo agora dará
ved cuan preciso es el daño
a todos el desengaño
pues fue hacer burla de ti
aquel esclavo de mí
el trazar aqueste engaño
aquí es menester valor
prudencia y ingenio y cordura
porque en negarlo procura
hacer el alma otro error
ayudadme vos, señor
ya que mi discurso erró
una vez, y juzgo yo
que por mi frágil poder
sin vos bien puede caer
pero levantarse no
esto será mi consuelo
si este Pedro se ha mudado
quiera Dios que sea verdad
no desatáis este engaño
señor, o ya que estáis sin duda
como si lo he averiguado
y su suceso es como he dicho
su turbación lo ha mostrado
no es cierto que ha de turbarse
a quien sobreviene un caso
un suceso como aqueste
no, porque un pecho bizarro
en los mayores ahogos
muestra más desembarazo
y más cuando en la traición
no se conoce culpado
eso es cuando no es violento
necio en la porfía os hallo
y a vos muy propio lo prudente
pues estando aquí el culpado
Será más fácil que diga
si eso es cierto o si eso es falso.
Es verdad, y si una vez
la dicha tuve en las manos
y no las supe lograr,
habiendo considerado
que ya la vuelvo a tener,
fuera error averiguado
que yo perderla dejase.
Pues esto que estoy mirando,
moro soy en la apariencia,
pero en el alma cristiano,
y pues la fe que en ella hay
la han de publicar los labios,
ya a un celo mi obligación.
Sed testigos todos cuantos
me escucháis.
¿Qué dices, perro?
Suspende el acento ingrato,
o mi furor a tu boca
le servirá de candado.
Si este no estima su vida,
¿cómo estimará su amparo?
Señor, de aquestas locuras
vuestra alteza no haga caso,
porque todos estos días
padece delirios tantos,
que aun él mismo no se entiende,
ni atiende a lo que está hablando.
Que estúvelo, lo confieso,
pues que me entregué a un engaño.
Cielos, el alma se alegra
con lo que está aquí escuchando.
Pierda a mi esposo en buen hora,
mas sea para ganarlo
el que con pies de ligeros
Foliación: 44, 28
quisa de cristal palacios
mira si se retifica
en su disignio ostinado
señor que aquesto es locura
que luego dira al contrario
todo esto es dar dilacion
y ver si yo puedo ablarlo
por persuadirle a que escuse
el malogro de sus años
es sin duda que esta loco
que lo estube mas dudarlo
cuando ciego y sin sentidos
seguia buestros engaños
pero por la pena es cuerdo
el loco dice el adagio
y es assentada verdad
por mi sucesso lo saco
pues la pena que me daba
aqueste ynterior gusano
con el dolor de mi culpa
pudo conducir mis pasos
otra bez a la cordura
para que siga bizarro
el estandarte de cristo
como baliente soldado
pues me dijiste
no e dicho
que tu
siempre era cristiano
eras moro
(Salen dos moros.)
ea callad
que yo sabre aberiguarlo
y dar castigo tambien
a un delito tan estraño
ola
señor que nos mandas
A Tarif le dad al baño,
y entre los esclavos viles
este, como vil esclavo,
rabie de hambre, vista sarga,
de todos viva ultrajado;
que pues júdices cual loco,
la pena remitió al hado,
a cuestas, por remediarle,
ese frenesí villano;
y ansí considera bien,
o tu ventura, o tu daño,
porque si a segundo examen
en esas quimeras hallo,
sabrá consumirle el fuego,
ya que no puede el halago.
(Vase)
Dios piadoso, dad esfuerzo
para un enjuicio tan arduo.
(Vase)
Camina, no se detenga.
Ande, digo, o con un palo
se lo mandaré otra vez.
Ya yo os obedezco, hermanos,
ya en la estacada estoy puesto;
dadme, Señor, vuestro amparo,
que si le tengo, son pocos
todos aquestos contrarios.
(Vanse)
Dale el moro un bofetón y arrástrale.
A tu cuarto te retira.
¿Y a vos?
¿Por qué vas llorando?
Porque nací desdichada.
Ya que te castiga el hado,
pena, pues tú lo quisiste.
Porque lo quise es el llanto.
Pues mientes, vas vos con el Rey,
en cerrarle tú el cuarto.
(Vase)
29
llave, y permitan los cielos
no piadosos y inhumanos
que me convierta en cenizas
ardientes, furioso rayo.
Vase y sale Esquife con un azadón.
Valga el diablo el azadón,
quien le hizo para el trabajo,
quien esto inventó no vía
que era yerro el inventarlo;
sudar mucho y no beber,
qué bravo medio es guinajo;
no dormir en cuatro noches,
a esto sin pasión mirado,
¿para qué viene a ser esto?
Es para que nazca un nabo;
pues, aquí de la razón,
¿para qué es tanto cuidado,
cuando por leyes del reino
deben estar desterrados,
porque son tan revoltosos
de todo estómago humano?
Mas valiera en una viña
este trabajo emplearlo,
que a el mísero que suda
puede tolerar sudando,
con que beberá hecho vino
su sudor dentro de un año;
mas esta es la hora y el sitio
de almorzar, si no me engaño,
porque la ciudad de Cabra
a hacerme venga mi plato.
Mas miren qué rara cosa,
que cuando la cabra aguardo,
si veo que tarda un poco,
estoy por ella balando.
1700
Que tienen lealtad los perros
agora he experimentado,
pues esta perrilla a mí,
porque le hago dos halagos,
me trae de manos a boca
todo lo que es necesario;
pero ya viene.
Sale Zayda con una cesta y en ella algo que comer.
El cuerpo traigo quebrado.
No es mucho, que yo también
de aguardar estoy cansado.
Ya traigo aquí qué comer.
Venga por Dios soberano,
porque tengo ya las tripas
como santo de retablo.
Cierto que tanta hambre tienes.
Y te juro por San Pablo
que, como aquestos nomás,
si fuera de esto diez tantos,
que sin poder resistirlo,
según llega a ser mientado,
contra toda la comida
me la comiera a bocados.
Gran calor, por vida mía.
Y aun me suda el vientre sano.
Pan blanco te traigo aquí.
No escapará de mis manos,
que yo soy buen tirador
y jamás he errado el blanco.
El alcuzcuz viene aquí.
Al alcuzcuz arroz te hago,
y sé con los moros moro
y con cristianos cristiano.
Diga usted, ¿esta comida
debe de haber estudiado?
30
Porque...
Porque sabe bien.
¿Por qué no bebes un trago?
¿Y de qué el trago ha de ser?
¿De qué? De agua, mentecato.
¿Yo, agua? ¡Jesús mil veces!
¿No ves que Esquife me llamo,
y que temeré irme a pique
en haciendo agua mi vaso?
¿No basta la que bebí
en el pasado naufragio,
adonde por un tantito
no fui ración al pescado?
Mas, ¿no habrá un poco de vino?
Nosotros no lo probamos,
porque es orden de Mahoma.
Pues él no lo bebió aguado.
Pero, dejando esto aparte,
¿qué se dice de mi amo?
Que le habrán quemado.
¡Fuego!
O dado garrote.
¡Palo!
¿Es posible, Esquife mío,
que mi amor no hayas pagado?
¿Pagarle eso? No en mis días.
¿Estaba acaso borracho?
Y luego, que me quemaran,
de balde entrar.
¡Vaya el galgo!
Un tropel de gente viene.
Aunque vengan ya a caballo,
y en habiendo ya comido,
más que vengan convidados,
yo me voy antes que lleguen.
60
Y advierte, señor hidalgo,
que, sin más correspondencia,
no habrá vianda de regalo,
pues no falta aquí sediento
ni beberlas fieras, pasmado;
mas vuélvome a la tarea,
que este cavar me ha acabado.
Salen dos moros, y Arlaja, y Celinda.
Entre el fierro y este azadón,
esclavo de los esclavos,
hasta que a Alá y a Maoma
dé adoración, humillado.
Aquí sudo muy contento.
Danle.
No se muestre tan ufano,
que si el trabajo no pesa
le cargaremos de palos.
Si ya el perdón de mis yerros
de vuestro favor alcanzo,
muy poco es lo que padezco
y mucho lo que he agraviado;
solamente es mi deseo
más penas y más trabajos,
dadme pues en qué padezca
por vuestro amor, Jesús santo.
Pero si de no tenellos
son mis sentimientos tantos,
ya vengo a pasar dolor
de lo mismo que no paso.
¿Quién este esclavo será?
¡Vive Cristo, que es mi amo!
¡Jesús, qué cara que tiene!
Parece desencajado.
Amigo, escuche a un mendigo,
suspenda un poco el trabajo,
que aliviarle pretendo.
31
Ahora no puedo, hermano,
porque he hecho tierra a un secreto
que esta tarde me fiaron.
Esquife amigo, mil veces
los pies pretendo besaros,
pues por ti logro las dichas
de los tormentos que aguardo ,
dígame, ¿ha comido?
No.
Pues bese, y no sea escaso,
que supuesto que hoy es viernes,
quíteme usted los zapatos
y en los pies habrá espinacas
para que tome un bocado.
¿Qué dice, Esquife, qué dice?
¿No sabe cómo hoy es sábado?
que también hallará callos.
¿Cómo el secreto dijiste?
Yo confieso mi pecado;
mas soy para tesorero,
que no para secretario,
pero no tuve la culpa.
Señor, si hemos de hablar claro,
pues, ¿quién la tuvo?
La lengua,
que yo callé como un santo.
Pero ahora hay ocasión,
si es que quieres remediarlo.
¿Ves aquel muro, que el tiempo
no ha hecho sino mascarlo,
y a dentelladas de días
tiene comido aquel lado,
pues hasta el suelo de allí
el trecho no está muy alto,
y así saltarle podrás.
En el margen derecho hay un texto añadido marcado con una cruz (+) que parece insertarse tras el verso "y el consejo he de tomarlo". Aunque de difícil lectura, parece decir: "+ y que me huelgo / también / de que a Celinda / tu amparo / se le dé marido..." y otras palabras ilegibles.
que si te abrieres los cascos
será un lance por lo menos
que se te viene rodado.
Orán, cerca está de aquí,
tómale, pues, por sagrado,
y conseguirás dos cosas:
si caes, el romperte un brazo,
y quien, negando allá al envite,
tenerse ha de galgo,
toquen rebato las velas,
y todos comen a palos.
Dulce cosa es el vivir,
y el consejo he de tomarlo,
no tanto por eso como
porque, en poniéndome en salvo,
ablando la penitencia.
Lo digo de mis pecados,
difícil es el subir
a la brecha.
Mentecato,
si pones pies en pared,
lo conseguirás volando.
Dios mío, guiadme vos;
a vuestro gusto consagro
la vida y el albedrío,
que aunque del riesgo me aparto,
es para lograr viviendo
el perdón de yerros tantos.
Ya se fue, pero, señores,
yo quedo muy bien aviado
si ahora me dan estos perros
su pan para merendarlo;
y esto no es difícil cosa,
o, ya que están irritados,
de los recibos del otro
me den la carta de pago.
32
Dentro.
Hacia allí está.
Pues lleguemos.
Salen Maomat, Alí y moros.
Ellos son, a quien trae el diablo;
ved que está aquí el rey, volved.
También que estoy rabiando;
¡muera aqueste!
Pues buscadle.
Señor, ¿a quién le dejamos?
Buscadle en toda la casa.
Él no está en todo su espacio,
que antes de entrar le andé todo.
Él sin duda se ha escapado.
¿A quién buscan?
A Tarife.
No le han visto, están borrachos.
Pues, ¿sabéis vos dónde está?
Cierto que no le han hallado.
No.
Ni le han visto.
Tampoco.
Que suden sangre no es milagro,
que yo tampoco le he visto.
¡Y infame, loco, villano,
dadle castigo severo!
Venga, llevará cien palos
en la barriga.
¡Ay, barriga!
Señor Maomat...
¡Llevadlo!
Llévanle.
¡Cien palos en la barriga!
Cierto que es muy lindo emplasto.
Alí, luego haced que le sigan,
no se reserve el espacio
más oculto de esos montes;
por mar y tierra buscadlo.
Yo haré, señor, que le busquen.
De grande cólera rabio.
¡Vive Alá, que mis aún cenizas
han de cuidar del villano,
que he de vengar a Mahoma
por los cielos soberanos!
(Vanse.)
Sale Pedro Burguillos solo, asustado.
Combatido de varios pensamientos,
afligido de extrañas confusiones,
aún más cruel cansancio fatiga,
voy sin alma, sin vida y sin aliento.
¡Oh, humano corazón, que a las pasiones
vives siempre sujeto y obligado!
Di, ¿para qué me acuerdas un cuidado
de un amor tan injusto y tan lascivo,
si aunque vivo, no vivo?
¿Qué, en tan mísera suerte,
cuando más en dichosas libertades
de humanas glorias, si miro el sentido,
en nada se convierte
un soplo de vida de la dura muerte?
¿Qué importaba, ¡ay de mí!, que la memoria
me recuerde una gloria,
si el Dios, con eco piadoso,
con voz triste, con eco temeroso,
no hace sino decirme y acordarme
para que siempre salga victorioso:
"¿yo para qué nací? Para salvarme".
Todo en aqueste mundo, o ya nacido,
a su fin dirigido y dedicado,
el pez, la flor, el hombre, el bruto, el ave;
el pez, del pescador sale vencido,
en la red de su ingenio aprisionado;
la flor para el olfato, que suave
ella regalar sabe;
también sujeta el ave fiera y bruta
al cazador astuto,
liga, una torcida...
33 [34 tachado]
en breve cárcel vive aprisionado
otro con arcabuz al hombro agravado,
y la pólvora en llama convertida
los priva de la vida,
y nace en fin para que más me asombre
a punto fijo en que parar el hombre;
acuérdame, memoria,
que consiga en mis penas esta gloria,
cómo llega a acordarme
hoy de tan infortuna y triste historia,
yo para qué nací para salvarme.
Pues ¿para qué se estima aquesta vida
si no es bien vida cuando luego es muerte?
todo en aqueste mundo es un engaño,
el aplauso, la pompa más lucida,
la vana estimación, la feliz suerte,
venturoso quien tiene el desengaño
de tan notorio daño,
y arrepentido estoy de haber venido
huyendo de aquel riesgo conocido,
porque son mis pecados
tan grandes que aun ahora padeciera
la pena más cruel, más dura y fiera,
a número ajustados
no pudieran, Señor, quedar pagados,
pues ¿qué mucho, ay de mí, que ahora fuera
donde los padeciera?
Pues cuando fui criado
aunque debajo del primer pecado,
el día aun no me lleva a recordarme,
si por dicha me encuentra descuidado,
yo para qué nací, para salvarme.
Pues si hoy en los tormentos gloria espero,
volver a la ciudad otra vez quiero,
que la muerte que aquel riesgo me advierte
ya no viene a ser muerte.
pues si por ella logra eterna vida,
más que muerte cruel es dulce vida,
mas estoy temeroso,
que en cuanto humano a aquesto estoy forzado;
que aun con ser Dios tan sabio y tan temido,
a la muerte temió cuando sabido.
Dios mío, humano soy; que un hombre envuelto,
frágiles fuerzas tengo y puedo poco.
decid, ¿huiré este riesgo agora?
No.
¿Que "no" respondió una voz allí?
Volveré a la ciudad, responded:
Sí.
¿Quién en su vida vio tal confusión?
¿Ha sido acaso todo esto ilusión?
Permita, gran Señor, que tu bondad
de estas sombras mostrarme claridad.
Sale en una nube cantando el ángel custodio estas coplas y abájese a el lado.
Descanse el pecar un rato,
que no es bien, pecado haber,
el hombre a Dios ofender.
Descanse el pecar un rato.
Llegad, hombres, a saber
que con el llorar nomás
los pecados borraréis.
Si tanto le has ofendido
al alto y supremo Rey,
con darle la vida ahora
le podrás satisfacer;
también padeció por ti
en los años treinta y tres
sin número los trabajos,
hambre, sed y la desnudez.
34
Desaparécese.
oígalo allá en el desierto
la cuarentena también,
en el portal los pastores
y tú en Jerusalén;
que mucho harás por ti mismo
ese dolor padecer
si el padecer tantas penas
porque te salvases fue
en un siempre eterno siempre
continuo agraviar querer,
que esté tan pronto el perdón
es querer que no le esté.
Tu Custodio soy, los rumbos
sigo del salvarte, pues
yo, que te asistí, al pecar
persuado al satisfacer.
Y, oh mortales, oíd,
sabed, humanos, sabed,
las ocasiones que tengo
para persuadir a que
descanse el pecar un rato,
que no siempre ha de querer
el hombre a Dios ofender.
Espera, escucha, aguarda, fantasía,
que más que das horror das alegría;
ya todos los temores me ha quitado
ese sonoro eco que he escuchado,
a quien mil vidas, cielos, tuviera,
porque ufano y contento se las diera,
a quien padeció tanto por salvarme,
y a quien vino a librarme
de penas tales, de congojas tantas.
Registrad, montes, árboles y plantas,
este tropel de gente que ha venido,
por buscarme, de aquel abra salido;
voy para salirles al encuentro.
Parece ciego, siente en ese caso,
él es sin duda.
Rigurosos genios,
agora que me encontréis conmigo,
y así llevadme preso sin brío,
que ya en mí no hallaréis más.
El fuego amansará su denuedo.
No está mala la ganancia.
Yo erré, pero ya estoy arrepentido
del cansancio que vos cuesta.
Ya parece que viene escarmentado.
Mahoma por su cuenta le ha tomado,
allá hallará castigo de su yerro,
vaya el pícaro.
Truhán.
Infame.
Perro.
Dios mío, a padecer voy mucho,
para que lo consiga, dadme.
Fin. 2
Jesús, María y José.
35
Tercera jornada de Comprar un hombre su suerte
Salen Alí, y el rey, y el secretario, y ha de haber un dosel con dos sillas, una mesa con recado de escribir.
Ya, gran señor, obedientes
venimos a ver qué mandas.
Refiérenos tus intentos,
pues nos tienes a tus plantas.
Vuestra lealtad, vuestro amor
agradezco con el alma;
sentaos, y os referiré
cosas de grande importancia,
que para esto solamente
hice que el duán se juntara
esta tarde en mi palacio.
Pues dinos, señor, qué trazas.
La redención ha venido,
ya habéis sabido de España.
Ya desembarcó, señor,
en el puerto esta mañana.
Dad orden de que los llamen,
que hoy ha de vengar mi saña
sus injusticias feroces.
entre / el secr / rio y / balan
Ya la orden dejo dada.
¿Despachasteis los soldados
que con cuidado buscaran
a aquel infame cautivo?
Refrena la ira, y aplaca
la fiereza que te arrastra.
del castigo que merece
una traición tan extraña,
es tan grande la ofensa
que he cobrado a la cristiana
nación, que a todos quisiera
consumirlos con mi rabia.
Y para que conozcáis
si este odio tiene causa,
leed lo que aqueste moro
me refiere en esta carta.
Lee.
Señor, por esta sabrá vuestra majestad
como en todos los estados del rey católico
después de muertos, y enterrados los moros
esclavos, que hay en ellos, los desentierran,
y los arrastran, y hacen otras crueldades,
y no contentos con esto los queman,
conozca la crueldad de esta canalla
para que en los esclavos de esta nación
haga algunos ejemplares castigos, para que
con esto se aplaque la furia de esta raza.
Guarde a vuestra majestad como yo y
todos sus vasallos han menester.
Y esta ocasión me ha obligado
a procurar la venganza
en cuantos esclavos viles
hoy en mi corte se hallan.
Castas tan fementidas e indignas,
pague pues esta canalla
las crueldades de los otros.
Tiña su púrpura en grana
los pedernales de Argel,
36
Dentro.
Dejad que llegue a la sala
quien causa aqueste alboroto.
Salen los moros y traen a P. Burguillos atado.
Señor, ya tienes lograda
tu intención, pues ya traemos
humilde y preso a tus plantas
quien da causa a tus enojos.
Y pesaroso de que hayas
enviado mi fin a buscar,
cuando fuera justa causa
que yo te buscara a ti.
Ya en este cautivo hallan
buena ocasión mis rigores
para estrenar la venganza.
Desatadle aquesas manos.
Ya están, señor, desatadas.
Ya has visto que a mi poder
son las diligencias vanas,
pues si en el cielo esa antorcha
que es del día luminaria
me ofendiera, créalo
que, siendo mi furia escala,
subiera al cuarto hemisferio
y de un soplo la apagara;
mira, pues, lo que procuras,
goza quietud en tu casa
con la hermosura divina
de la bellísima Arlaja,
que también, si en esta ley
a Alá dedicas el alma,
puedes salvarte sin duda
como en la otra cristiana.
Dulce Jesús, vuestro nombre
en esta ocasión me valga;
ya vos dijisteis, Señor,
y así, que vos responda falta,
lo primero he de asentar
que en la defensa bizarra
de la Católica ley
ni dudas, no, y montan nada
para ponellas por ella
y morir en lo que manda.
Con que ya te eres pronóstico,
pues ¿cómo, di, tu ignorancia,
cuando la dejaste entonces,
aquesto no imaginabas?
Como en la cumbre de un monte
desesperado se halla,
despeñárase sin duda;
pero si otra vez se hallara
puesto en el mismo peligro,
cierto es que huirlo intentara.
Pues si ya estás despeñado,
de falsa suerte, embaza
con el despeño adelante,
pues no es posible que haya
por agora otro remedio.
Sí hay.
¿Cuál?
Que sepa el alma,
como ya se despeñó,
y con pesares y ansias
pida perdón de su culpa;
que si a Dios de veras llama,
él responderá a su ruego
con su piedad soberana;
que al brazo de su justicia
su misericordia manda;
por su justicia secreta
Por no seguir la cristiana
opinión que entre nosotros
es opinión asentada
Foliación visible: 37 en la esquina superior derecha.
Que el que procede bien, moro,
como el cristiano se salva.
¿No veis que esa es ilusión
con que el demonio os engaña,
que la mahometana seta
es infame, vil y falsa,
sin razón, sin fundamento,
y de esto es prueba más clara
ver que no admite disputa,
pues la lengua con que habla
es la del luciente acero?
¿Qué dices, loco, qué hablas?
Arroja el turbante y písalo.
Lo que oyes, y porque veas
el desprecio con que trata
mi verdad a tu mentira,
la insignia con que adornabas
tu cabeza ya es alfombra,
pues que la pongo a mis plantas
para que entre ellas la mires
deslucida y ultrajada.
Loco ignorante, ¿qué has hecho?
¿Así tu deidad ultrajas?
Por el cielo y por Alá
que has de pagar tu arrogancia,
tu loca desadoración,
a lo que tu pie maltrata,
y sé de mis pies tapete,
si el de tu sien fue almohada.
Desleal, de Alí que a su yerro
darán castigos las llamas;
que así se ha de consumir
este escándalo de África.
A la cárcel le llevad,
haced que el mesuar mañana,
en un público teatro
para escarmientos, venganza
de nuestro santo profeta,
viva en rigurosas brasas,
al viento vuele en cenizas.
Vayamos a la jornada,
supuesto que has conocido
el valor que me acompaña,
pues que me dais por castigo
lo mismo que deseaba;
y para que conozcáis
si lo deseo, porque haya
bastante leña, acaso
el dinero os hace falta,
en ese bolsillo va
cuanto mi caudal alcanza;
compradla luego con él,
para que diga la fama
en los venideros siglos,
para gloria y alabanza
de Dios, que quiso tenerme
aquesta dicha guardada:
que compró un hombre su muerte
por su fe divina y santa.
Y ahora, llevadme, amigos,
donde vuestro rey os manda,
no os detengáis, vamos luego.
¿No te aflige tu desgracia?
Antes me ha dado contento
ver mi muerte tan cercana.
¿No sientes perder la vida?
Si esta pierdo, otra me aguarda.
¿Y aquestas glorias que dejas?
Están de penas mezcladas.
¿Y la beldad de tu esposa?
Es sirena que me engaña.
Pues el fuego que te espera,
son festivas luminarias.
¿No te da horror sus rigores?
38
Antes deseo las ascuas,
pues no has de ir sin advertas,
no habrá persuasión que valga.
Claro es, porque tengo yo
de mi parte la constancia.
El que ciego está no ve
los riesgos que le amenazan.
Por eso el fuego me alumbra
a que de estas nieblas salga.
Quitadle de mi presencia.
Señor, mi auxilio me valga
para que sufra por ti
las penas que me amenazan.
Llévanle.
Extraño valor, por cierto.
Y resolución bizarra.
Qué bien parece el valor,
aunque sea en ley contraria.
El bolso no se quedó
con el dinero a tus plantas.
Secretario.
¿Qué me ordenas?
Ese bolsillo levanta,
y haz que manden al mesuar
que con el dinero traigan
la leña para el suplicio;
porque cumplimiento haga
a lo que él propio previno,
que fue que un hombre compraba
para sí su propia muerte.
¡Desvanecida arrogancia!
Sale Esquife.
Eso sí que es gracia de Dios.
Detente.
¡Amable palabra!
Que ya que vino el rescate,
la merced de Dios no falta.
Decid, ¿qué queréis, cautivo?
Vengo de ver en la plaza
a los frailes que han venido
en la redención de España;
y aquí para entre nosotros
viene muy interesada,
y en esto los he conocido,
que es una evidencia clara,
pues a atajar las cabezas
van ostentando la plata.
Mas tan ricos dicen que vienen,
luego del rescate trata,
que traen doblones fresquitos;
y aun, por ser la cosa extraña,
dicen algunos que vienen...
¿Cómo?
Pasados por agua.
¿Doblones?
No, sino huevos
mayores que calabazas.
Y estos por donde vienen,
si la vista no me engaña.
Y antes que entren, te suplico
que yo entre también en danza,
por la Virgen de los Reyes.
Quita, bobo.
Necio, aparta.
Muy buen lance habéis echado.
Ruego errado, que no valga;
que pensé que era su devoto
y a saberlo no rogara
por aquesta intercesión,
sino por las cinco llagas.
Salen Fray Ignacio y Fray Juan con hábitos de la Merced.
A tus plantas, gran señor,
venimos a ver qué mandas.
Dinos, señor, qué nos ordenas.
Al verlos crece mi rabia.
Errada está aquesta historia.
Foliación: 39
Vuelcan al revés la estampa
para deciros mi intento.
De esta vez veo mi patria.
Condenado quedo, llamas en
agora el concierto tratan,
que esto el rey por mí lo dice;
en esta ocasión me holgara
de no valer lo que peso.
Pues ¿qué intentas?
Pues ¿qué trazas?
¡Oh, infelices pasajes!
Vuestra muerte os amenaza,
la suerte, que rigurosa
pretende que mi venganza
en vuestra inocencia empiece
a satisfacerse.
¡Valía!,
aqueste caldo era gordo,
porque se me heló en la taza.
¿Quién tu furia de esa suerte
pudo, señor, provocarla?
Que no alcanzo la ocasión,
ni yo penetro la causa
de tu enojo, pues nosotros
no hemos ofendido en nada
a tu majestad heroica.
Aunque no han sido culpadas
vuestras personas en ellas,
es fuerza tomar venganza
de vuestra ley rigurosa.
Tomad, leed esa carta,
y en ella veréis que está
mi razón justificada.
¡Ay, Dios mío!, y ¿quién pudiera
dar a este perro zarazas?
Las prendas que me previenes
En el margen izquierdo, a la altura del verso 3, se lee: fra (abreviatura de Fray, en referencia a Fray Pedro Burguillos)
nuevas glorias me señala,
y por eso a mi valor
sus rigores no le espantan.
Con vuestra licencia, padre,
respondo en dos palabras:
lo primero es que la muerte
que tú por riesgo amenazas,
yo y mi compañero estamos
muy contentos de lograrla;
pero has de saber primero
que en todo aquesto te engaña
el que esta carta escribió;
que en nuestra ley sacrosanta
no caben esas crueldades,
ni nuestro heroico monarca,
el Católico Filipo
cuarto, planeta del Austria,
consintiera que en sus reinos
tal rigor se ejecutara;
ni la santa Inquisición,
tribunal que a Dios retrata
en tener misericordia
con la justicia enlazada,
tampoco lo consintiera;
y esta verdad asentada,
advierte que se ejecuta
la sentencia que está dada,
que ha de empobrecer a el Argel
y a las ciudades cercanas
en riquezas, porque
se van y huyen y guardan
innumerables cristianos,
con que es preciso que pasen
a ejecutar su instituto
donde guarden la palabra
que traen de seguridad.
G
40
los que a la redención pasan,
y si van a Tetuán,
y acaso cautivos faltan,
pueden emplear en monas,
que valen allí baratas.
Reparad, alteza, en esto,
y ved que es de importancia
para Argel aquesta gente.
Decís bien, y es cosa clara
que se perderá el comercio
si aquesta gente se agravia.
Pero ¿qué se puede hacer?
¿La sentencia revocarla?
Y, por si acaso es verdad
que aqueso en España pasa
con los esclavos de acá,
puedes mandar que se haga
la misma demostración,
que es la más cuerda venganza.
Dices bien. Agradeced
vuestra vida a que empeñada
está mi palabra real,
y ella es quien del riesgo os salva;
y haced luego, secretario,
publicar en la comarca
del principado de Argel
que luego, al punto que haya
fallecido algún cristiano,
por las calles y las plazas
a la cola de un caballo
le arrastren, y luego hagan
una hoguera y le sepulten
en pirámides de llamas.
Luego haré aquesa sentencia
por el reino publicarla.
Ya seguros os podéis
volver a vuestras posadas,
mejor será que tratemos
desde luego de las pagas
y los conciertos, porque
cada instante de tardanza
es un siglo.
Bien está.
Luego los conciertos trata,
y entrad primero conmigo;
me feriaréis una esclava
tan bella, que en todo el orbe
no ha de haber más rica alhaja.
Fuer casera, que lo sea,
siendo de tu mano dada.
Pues cómo, si esa cautiva
es de tus penas la causa,
y idólatra de sus luces
a su deidad te consagras,
con tanta brevedad quieres
de tus ojos ausentarla?
Adoro en ella una roca,
persuado una montaña,
requiebro de aquestos montes
las empedernidas entrañas,
pues monte, montaña y roca
con entereza comparadas
son suavidad, son dulzura.
Amores, penas y ansias
demás de esto, todo el día
de sus ojos se desatan
tantos raudales de perlas
que por no ver derramarlas,
aunque se desperdicien,
hacer mi fineza trata
esta fineza por ella;
pues no dudo que es la causa
el mirarse de esta suerte
cautiva en tierras extrañas.
Folio 41 visible en la esquina superior derecha.
si no es jurar el remedio,
y en quien tiene sangre falsa,
bastante es para vencerse
el ver llorar una dama;
además que la piedad
es esmalte que señala
a las reales personas,
y su poder se realza,
siendo, que pudiendo usarle,
más de la piedad se agrada.
Niña, de tu gran prudencia
es la atención, es la alabanza,
en personas poderosas
siempre es cosa argumentada
con razón, que todos juntos
de mil modos se la alaban;
pues si la acierta al revés,
también se la exagerarán.
Vamos, porque ya la noche
temerosa manto baja.
Vanse.
Señores, voyme tras ellos,
porque en sacando la plata,
puede ser que del dinero
me alcance alguna libranza.
Sale D. P. Burguillos con grillos.
¡Oh, noche, cuán larga eres y enfadosa!
pues cada instante que en tus sombras
por pasarte me cuestas un suspiro;
pues descifras mi muerte angustiosa,
el santo Job con voces quejumbrosa
su maldición te echó, y en él admiro
que fue porque en tu lóbrego retiro
en culpa le engendró su madre hermosa,
si el mal dijo por enojar tus velos.
También aquí más causa ha provocado,
para que te maldigan mis desvelos;
pues si el ciego porque fue engendrado
en culpa, o porque en sombras y recelos
eres imagen fea del pecado:
y a el corazón se avasalla
a los tormentos que espero
y con gran gusto se halla,
porque en tan dura batalla
ha salido prisionero;
y es porque discreto advierte,
piadoso y sabio Señor,
que vencida de esta suerte
se ve en logrando la muerte,
he de salir vencedor.
Pues si a mí el triunfo le espera
con una muerte tan fiera,
en lugar de voz festiva
que repita ¡viva, viva!,
diga mi voz: ¡muera, muera!
Mas solo os quiero pedir
me deis en este accidente
aliento para sufrir,
que de un soplo solamente
vos le sabéis infundir.
(Sale Arlaja.)
Apenas en calma ociosa
envuelta quedó la casa,
pues con Morfeo reposa,
cuando al fuego que me abrasa
vengo a penar temerosa.
Y a Alí veo, ¡qué pesar!
Tengo yerros tan infinitos
que esta llama llego a probar,
y el humo de sus delitos
es el que me hace llorar.
Señor, doleos de mí.
¡Qué pesar, qué desconsuelo!
42
Y hospedarme cuesta ansí aquí,
en tan mísera llaneza,
con solo el detener.
Sí.
¿Qué es esto que llego a ver?
¿Quién me respondió por vos?
Mas no lo quiero saber,
que no es decoro de Dios,
pues le dais esta mujer.
Pedro, mi señor, mi bien,
no me trates con rigor,
y dime tú agora, ¿quién
despreció, ingrato, mi amor?
Ya amante adoro un desdén.
Quien ve en estraño pavor,
si lo considera bien,
que vio al lado el favor,
allá el amor que es desdén,
y ve al desdén que es amor.
Ya aquel amor me mitiga
el último desconsuelo,
el ver que en tanta fatiga
Pedro en su intento prosiga,
me sirve de algún consuelo.
Sale un se[ñor].
No quiero escucharte yo.
Si te vengo a consolar,
¿quién tanto bien me admitió?
Pues, di, ¿tú me puedes dar
consuelo a mis penas?
No.
Que como la del portal es noche, echa el telón, que sirva de motín en las orientales, tapando luego a Pedro Burguillos y a Arlaja.
Esta voz da claridad,
no la que pusistes vos;
con ella quiero amistad,
que sin duda es voz de Dios,
pues ha dicho la verdad.
Conoce tu inadvertencia,
+
Aquesta carta por cierto
que más humana advertencia
que no tenga por incierto
de la conciencia,
cómo puedo yo engañarte
en la piedad recibida
cuando yo procuro apartarte
de la muerte por dejarte
lograr gustosa mi vida,
no testigua de mi favor
toda el alma con amor,
y por no verte penar
la opinión quise arriesgar
de todo mi casto honor.
Yo fui la que compasiva
la mano de alma te di
y fui de la paz oliva,
y al fin me quedé cautiva
por dejarte libre a ti.
Qué lágrimas me ha costado
a mis ojos por tu mal
y mi amor es tan colmado
que con ser tanto el raudal
nunca se miró anegado,
y así ten el desengaño
de que te llego a adorar
y venga mi amor tu engaño
pues el librarte de un daño
no es volverte a engañar.
Oh, ya tu voz determino
campana para mi mal,
pues tocando a mi destino
parece el sonido fino
siendo de falso metal.
Mal suceso, aunque no entiendo
del intento con que aquí
Foliación 43 en el margen superior derecho.
respondí a su duda yo,
que siempre es dudoso un sí
cuando es desengaño un no;
mi amor, que según se advierte,
es más firme que mi vida,
aunque en encontrada suerte
le ofrece el mío la muerte
y el tuyo le da la vida.
El amante que de veras
adora constantemente,
no dice con ansias fieras
a su dama eternamente
quisiera que tú le hicieras;
así mi fineza altiva,
con los que finjas engaños
arde en mi fervor más viva,
pues que sin juicio sus años
porque eternamente viva.
Fuera de que has de entender
que si intento persuadirle
al sufrir y al padecer,
que a mí me toca advertirle
y a él le toca el ceder.
En aquesto sin vaivén
siempre me has de hallar igual,
y siempre entendido ten,
aunque te suene muy mal,
que te está el morir muy bien.
Esta voz sin embeleco
me ha robado los sentidos
y en ella la tuya trueco,
en el alma siento el eco
que aquestas lágrimas mías
no han de ablandar tus tibiezas.
Con mis amantes porfías
y más que tantas finezas
valgan dos sofisterías.
Deja tan vana porfía,
y déjame que te arguya,
si por sofística hoy día
juzgas a la razón mía,
no lo puede ser la tuya.
Ya conozco tu verdad,
y así he de seguir la fiel,
que me agrada mi beldad,
más que esa piedad cruel,
aquesta cruel piedad.
Oye en mi acento veloz,
no me encantes el sentido;
procura tu muerte atroz.
para tu voz tengo oído,
sordo estoy para tu voz.
Pues mi desdicha es notoria,
amor, con cruel dolor,
llore tan trágica historia;
pues he vencido, el amor
cante alegre esta victoria.
Con las luces que atesora
el sol nos hace la salva.
Con las lágrimas que llora
el alma, he sido yo el alba,
y yo como nueva aurora.
La tristeza y alegría
al hombre ofrece en su manto,
no viva más mi porfía
en mundo que ningún llanto
puede caber en un día.
Esquife sale.
No creerás con el pesar,
que vengo a verte, señor.
44
Por ver que te han de quemar
grandísimo es mi dolor,
pero no puedo llorar;
todos te vienen buscando
más alegres que unas pascuas,
y allá el fuego centelleando,
como te queda aguardando,
está el pobre sobre ascuas.
Líneas enmarcadas y tachadas: yo como con tantas gentes / las mil cruces me hice alerta / y con gozos diferentes / dije [ilegible]
Línea tachada: por entre muchos pretendientes
Salir los quiero a buscar
para proceder más cuerdo,
que si de ir a descansar
todo este tiempo que pierdo
no lo podré restaurar.
En aquel incendio cruel
mil temores me depara
antes que por amo fiel,
allá me lo dirá él,
al freír de la tramoya.
Adiós, que la muchedumbre
del gozo me tiene ciego.
Dios con su gracia le alumbre,
porque yo, señor, al fuego
no le quiero ni por lumbre.
Dame los brazos aquí,
pues que de ti me despido,
y mira...
¿Qué dudas, di?
Juzgo de ti no me olvido,
que tú te acuerdes de mí.
Encomiendas, ¡bravo vicio!
Queda para la otra vida,
esto me saca de quicio.
Al instante se le olvida
porque hoy es día de juicio,
pues ¿hay cosa más notoria,
como dijo Grullo atento,
con acierto, aplauso y gloria,
que no es el entendimiento
lo mismo que la memoria?
Dame esperanza para que
represente con profundo
asombro del universo,
en el teatro del mundo,
el defensor de la fe;
quiero salir, pues me llama
del vulgo el desasosiego,
y si el acierto me aclama,
hoy de aqueste mismo fuego
forjará lenguas mi fama.
¡Quién se partiera con vos,
y en el cielo sin desvelo
estuviéramos los dos!
Vase.
En seña, guárdete el cielo.
Vase.
Por mí ruega, Pedro, a Dios;
si todo lo que hay no ve,
el discurso al alma ahoga.
Señora Arlaja, alégrese,
y si no, ahórquese,
pues en seña le da soga.
Mi amor trocarle pensaba.
Pero el mío, leal intento.
Vanse, y sale Esquife.
Si este pesar no me acaba,
de ti me he de vengar yo,
por eso no soy tu esclava.
¿Quién de ustedes querrá un remedio darme
para andar y correr y no cansarme?
Siempre tengo por fiesta muy molesta
cuando a patadas se ha de ver la fiesta.
45
salió mi amo al suplicio y sin engaños
entendí que era el día de sus años,
pues en su rostro no mostraba pena
y del cuello pendía una cadena.
Un perro moro a costa de sus botes
a puñadas le alzaba los bigotes,
mas por aquesto no mostraba duelo
porque era cosa que venía a pelo;
otro por agraviarle más tirano
a su rostro no más le dio de mano,
él afable le mira cuando llega,
y yo decía: "más que se la pega",
mas mi amo mostraba desenfado,
y cada moro era un sentenciado;
yo lo imaginé por cosa clara
porque era cosa que les daba en cara,
pero ya suenan a la bulla,
seguidla.
Sale Celayda.
Aguarda, espera,
y en caridad óigame.
Amiga, Dios le provea.
¿No me da a mí los oídos?
No, que dirán muchas bestias
si yo le doy los oídos,
al mirarme con sordera,
que me he enamorado, pues
perdí un sentido por ella;
no les hiciera muy bien.
Dígame, ¿hay mora que tenga
cara tan hermosa y linda
y da de cristiana señas
cuando está al fin de su vida?
Dime, ¿por qué buena pieza?
Porque siempre está ojeada,
es tan grande desvergüenza.
Quien te diera tres algar-
Esa es falta de licencia,
a cualquiera mal hablado
que ponga en su cara lengua.
Posible es que no me quieras,
es tan infeliz mi estrella
cuenta la mitad al punto
cuando juega a la primera,
por eso no quiero a nadie.
No es buena disculpa esa,
pues de falso no se puede
querer un día ni en vera,
y que me ganará el resto.
Usted parece que juega.
Cásate conmigo, india,
por un día, enhorabuena;
mas durando para siempre,
arrepentirme era fuerza,
y luego que me quemarán,
chamusquina tira fuera.
Mas yo temo otra cosita.
Siendo mi esposo, no temas.
Arayda, mira, eres loca,
y en queriendo tú, era fuerza
que el remate del turbante
me pongas en la cabeza.
Qué bobo que eres, Esquife,
eso es uso y no es afrenta,
que como puntas al aire
es gala que todos precian,
y usan el ir guarnecidas
hasta encima de las cejas.
Vete, no sea que hablando
contigo a solas me vean.
Pues, ¿qué recelo hay en eso?
46
Andan los galgos alerta,
y pensarán si me ven
junto a la madriguera,
acaso que soy conejo,
demás que es la parte aquesta,
según el ruido y las voces,
donde mi amo me espera.
Chicharrón a lo divino,
por esta cara de negra,
que yo haré que con las habas
deshagas aquesas vueltas.
Con aquesa gracia, amiga,
aunque graciosa no seas,
hechizarás todo el mundo.
Pues, perro, adiós.
Adiós, perra.
Salen unos por una puerta y otros por otra, y aparece el quemadero, y en medio atadas atrás a un palo las manos, Pedro Burguillos.
Pues que más quiso el rigor
que no mueva la clemencia,
aquese perro cautivo
arda entre llamas inmensas,
porque todos los demás
error y escarmiento tengan.
Dios para tanto dolor
te dé incontrastables fuerzas,
y con su gloriosa muerte
dés honra y gloria a tu tierra.
Aun entre llamas no te mueves,
y yo en lágrimas deshecha,
porque en el fuego y el agua
77
dos cuerpos, dos urnas tengan
dos martirios, gran señor,
y logra vuestra grandeza
yo con el dolor de verle
y él la vida que os entrega.
Como era mi amo crudo,
ojalás na más le entregan,
mas no le han de diferir
aunque más y más le cuezan,
antes ciegues que tal veas,
aunque el ir contra mi ley
da causa a que me enfurezca,
es la piedad en los nobles
deidad oculta y secreta.
Ínclito Dios de Israel,
cuya potestad eterna
jurisdicción tiene en todo,
en cielo, en el mar y tierra,
no a las ofensas que os hice
atienda vuestra grandeza,
pues un rigor en vos traduce
a la justicia en clemencia;
mas en que me perdonáis,
con fianza de piedad que tenga,
pues desde este mundo vos
sabéis perdonar ofensas,
el no poder confesar
tan grave culpa me pesa.
Absolvedme, pues mi voz
a voces os la confiesa,
y para que en este mundo
tenga alguna penitencia,
pues el confesar un hombre
47
a otros hombres que yerran
es penitencia mayor
la costa de vergüenza,
sabed que yo anduve errado,
que la ley de gracia eterna
es luz que a todos alumbra,
aunque ahora el mundo os ciega,
no os fiéis en las delicias
de este mundo, pues es fuerza
que lo que en este es de gloria
sea en el otro de pena.
Y avivad aquestas llamas,
¿quién vio que en llamas violentas
se queme primero el alma
estando el cuerpo más cerca?
¡Cómo, no aumentáis el fuego
y consumís esa fiera!
Alí, ¿has oído en tu vida
más extraordinaria queja?
Estos hombres están ciegos
en el error que profesan,
tanto, pues que aun su peligro
no les da lugar que vean.
Señor, de alquitrán y pez
toda su ropa está llena,
y arder no quiere; sin duda
que algún gran misterio encierra.
Bebe agua toda su vida,
y si la llama es discreta,
hasta que se seque el agua
no ha de pegar en la yesca;
¿pues qué le hace al fuego el agua?
No estar corriente con ella.
Las llamas, señor divino,
parece que me respetan,
y más pena passo yo
de ver que no passo pena;
no es descansar descansar
del peligro que me espera,
pues dando fin desta vida,
me lo quitáis de la eterna;
pero no, ya caigo en ello,
lágrimas mis ojos nuban,
pues como de aquella culpa
el alma no tengo absuelta
no la queréis perdonar;
taladren esas esferas
mis voces, para que Dios
aquestas lágrimas vea.
Amor, si te llamo Dios,
haz a la muerte que venga
y deshaga con mi vida
las desdichas que me cercan.
¡Oh, gran Dios de las alturas,
tu nombre alabe la tierra,
pues de los mismos dolores
sacas alegrías mesmas!
Suplico a vuestra eternidad
que aquese hombre le absuelva,
que aunque no lo ha menester,
pues mártir es de la yglesia,
no dudo que este prodigio...
48
Absuélvele, y mientras se va quemando, sale un niño con una túnica blanca por debajo del tablado y se va a la bandola. Llamas.
Dios asegura en
el poder del confesor;
bendice y hacerlo esfuerza.
Y aparece, gran Señor,
que vuestra sacra clemencia,
de mis voces compasivo,
ha perdonado la ofensa
mortal; ea, abrid los ojos
y ved que estáis en tinieblas,
y puesto que elevan feliz,
es luz que la verdad muestra.
Seguid todos esta antorcha,
pues que guía y no despeña,
y esotra es luz material
que a cualquier soplo es pavesa,
y en el abismo profundo
alumbrará eternas penas;
pero ya aquesta lazada
que la vida ahora quiebra
Átropos con filo agudo,
ya la vista titubea,
y al tacto se siente torpe,
y balbuciente la lengua;
en vuestras manos, Señor,
de los cielos y la tierra,
el espíritu encomiendo:
clemencia, Señor, clemencia.
Ya falleció aqueste monstruo;
mártir tiene ya la iglesia,
ya estaba el alma segura.
Erígale Roma fiestas.
¡Oh, que me como a mí mismo,
pues no me ahogan las penas,
este llanto de dolor!
Líneas tachadas en la parte superior de la página
En gozo el alma le vuelca.
A trueque que se quemarán.
¿Quién será servido leña?
Hazlas rajas secas y sa[...],
si no me quieras ser madera.
Van saliendo de los dos lados dos tronos de cuerdas con dos ángeles cantando lo que se sigue, y a la canal del medio trecho del tablado una imagen se eleva, el alma, y va respondiendo el coro de lo que se sigue el postrer verso.
Alabamoste por Dios,
por Señor te confesamos,
Padre, que el suelo te venera,
a ti por Dios te alabamos.
Celestes voces se escuchan,
el aire alegre resuena;
lo que a estos les da alegría
en horror en mí se trueca.
Huyamos de aqueste sitio,
que hechizos brota la tierra.
Horrores, penas y ansias,
pues batallas me presentan,
y no acaban de matarme.
Sin duda que sois de piedra.
El aire respira olores,
flores produce la tierra,
y en todas partes la luz
más que día gloria ostenta.
A ti los ángeles todos,
las potestades del cielo...
49
Reino tuyo se veneran,
a ti, por Dios, te alabamos.
A ti, Dios de las alturas,
te aclamen el Santo, Santo
todos los cielos y tierra.
A ti, por Dios, te alabamos.
El coro de los apóstoles
y el gran número alabado
de mártires y profetas,
a ti, por Dios, te alabamos.
La iglesia en toda la tierra
a ti, que eres, te ha aclamado,
Padre, eterna Majestad;
a ti, por Dios, te alabamos,
y a tu Hijo verdadero
con el Espíritu Santo;
venerado has de ser siempre.
A ti, por Dios, te alabamos.
Tú, Cristo, eres Rey de gloria
y unigénito Hijo amado
del gran Padre sempiterno,
a ti, por Dios, te alabamos.
Mientras cantan estas coplas, se bullen las ramas a sus pasos.
Prodigios son espantosos,
la vista absorta se eleva,
y el alma en las armonías
que escucha, quédanse suspensas;
y con estos, con que luego
al aire dieron las velas,
ensalzan la redención
y todos vamos en ella,
que las sacras cenizas
Mallorca como joyellas.
Da fin dichoso, señores,
aqueste humilde poeta
a la comedia, y también
a esta historia verdadera;
dadle un vítor de limosna,
pues a serviros empieza.
Fin.
Firma: Joseph Antonio de Prado.
Sello: Colección Teatral Arturo Sedo.