귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor convierte las piedras. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/amor-convierte-las-piedras.
Zarzuela Cantada y Representada, Título Amor convierte las Piedras Personas Pigmaleón Venus Marte Zéfalo Vulcano Lagarto
Óyese estruendo de guerra y sale Marte y Lagarto.
Al estruendo marcial tiemble la tierra
de mi enojo incitada.
Dicen dentro.
Guerra, guerra.
Ejecútese el fuego de mi saña,
el bélico rumor de la campaña
asuste; pues los cóncavos más huecos,
solo se escuchen lamentables ecos
en los montes; heridos
de arrancadas voces, y gemidos.
y del polvo, y horror nube preñada
condensándose vaya tan cerrada,
que a la región llegando de mi fuego,
vomite rayos de mi enojo ciego:
tiemble del mundo, pues la mayor parte
a las iras de un dios, a las de Marte.
¿Qué furor es aquese que te inflama?
¿Tienes celos, señor, de alguna dama?
Mas dirásme que soy un inocente;
pues jamás se ha rendido el que es valiente;
y donde amor no hay, celos tampoco:
mas no fueras valiente a no ser loco.
Calla, Lagarto, no me acuerdes, calla
la lid de mi furor, que en la batalla
de mi afecto y rencor crece la ira
por no apagar la llama, que respira
intrépido mi aliento
por hallarme sujeto a un rendimiento.
Ese es amor; mas ¿cómo a Marte pudo
vencer estando armado, Amor desnudo?
Esa es mi pena, aquese mi desvelo;
pues, siendo yo planeta, a quien el cielo
De mi aliento temblara,
a no ser mi valor quien le amparara.
Un rapaz apocado, siendo mío,
que arrastre mi pasión a mi albedrío.
Amor, y soldado, ¡adiós!
Tú serás pobre en extremo,
pues que junto a la pasión
los desamparados vemos.
Pero dime dónde vamos
con este marcial estruendo.
A Pafo, ciudad famosa
de Chipre;
¿pues a qué efecto?
Si no me echas a perder,
lo que contarte deseo
te lo diré.
De tu voz
pendiente está mi silencio.
Escucha.
Ya voy contigo,
como a espacio caminemos.
A aquesa ciudad de Pafo,
que ilustra a este antiguo reino
de Chipre, siendo gigante
que engarzado en lo excelso
de ese risco se desvía
de la tierra como es cielo.
Es de Venus posesión
aquel divino protemplo
en quien la naturaleza
gastó todo lo perfecto
mas no le costó al estudio
mucho su hermosura, puesto
que era fuerza el ser hermosa
si ilustres sus padres fueron
la blanca espuma del mar
y la intervención del cielo.
Haber sido esta ciudad
feliz en lograr su imperio
fue porque el hado dispuso
que en ella tomase puerto
en una concha o bajel
de su hermosura compuesto,
pues eran remos los brazos
de blanco marfil tan terso
que se dudara en el agua
cual era cristal más bello;
las velas, que al Oriente daba,
era el hermoso cabello,
que en defensa de la envidia
de azabache se le hicieron.
La frente era plaza de armas
por lo espaciosa en extremo;
arcos las cejas, los ojos
era lucidos santelmos.
Timón la nariz, la boca,
con ser un rasgo pequeño,
era el valor del bajel
por gastar buenos alientos.
Los dientes de popa a proa
eran gallardetes, siendo
dos bellas sartas de aljófar;
árbol mayor era el cuerpo
en lo gentil, aunque era
tan delgado por el medio,
que fue mucho el no quebrarse.
Áncoras los pies pequeños,
y tan breves que dudaron
si tomar tierra pudieron.
Esta, pues, deidad hermosa,
tomó tierra en Pafo, siendo
admiración su hermosura
de los humanos; pues, ciegos,
idólatras la adoraron
al instante que la vieron.
Hasta el cielo aquesta fama
llegó, pues hubo en el cielo
quien envidió su hermosura,
pues las discordias nacieron.
Yo, hasta entonces que no había
de este hechizo lisonjero
de amor sabido, no hizo
operación el veneno
de la voz de su hermosura;
y, aun en ocio contento,
una mañana bajé
de ese trono que poseo,
a ejercitar en las fieras
lo bélico de mi esfuerzo
(aquesta ciudad de Pafo),
y, estando el monte corriendo,
por señas que fue un dragón
de mi brazo vil trofeo,
mas de paso te le pinto
para pagarte lo atento.
Yace del risco en esa ruda falda,
que a trechos se guarnece de esmeralda,
un hermoso repecho,
donde una boca o una cueva ha hecho
el agua con rudeza,
por adonde bosteza
melancólico el risco
del peso de tener tan obelisco.
Entra por ella un arroyuelo helado,
aquí despide luego atropellado,
confirmando que es boca, pues su nieve
tan aprisa la escupe, que la bebe
la atención en la vista, pues se eleva,
cuando veo que sale de la cueva
corpulento un dragón, susto del monte,
pues pasmaba su aspecto el horizonte.
Los ojos, dos hogueras, con estruendo
rayos vibran que siempre están ardiendo,
formidable del cuerpo la estatura,
de escamas verdes era la armadura.
cuando abierto la boca amenazaba
parecía que fiero un arco armaba
y con saña no poca
era la lengua flecha de la boca
apenas me miró cuando arrogante
dando pasos palante
de acometerme fue la intención sola
pues esgrime el montante de la cola
con tal furia, que a un golpe troncó un pino
y cayendo trinchera a hacerle vino
disgustóme el furor y si hablo cierto
de que al verme no más no hubiera muerto
y sacando el acero mi ardimiento
tan gran golpe le di, que el fiero aliento
casi, casi perdió; pues si se apura
le falseé de la espalda la armadura
viéndose herido pues tanto se irrita
que veneno vomita
y con furia, rencor con ira tanta
colérico se empina y se levanta
a vengarse de mí que con presteza
le partí tan de presto la cabeza
que en dos partes la lengua dividida
como tan presto le faltó la vida
injurias exhalaba
y con cada mitad me amenazaba
mas no creyendo cierto
que del todo había muerto
otra vez me acomete con estrago
mas quedóse difunto en el amago
aplaudí la victoria pues me siento
del mar en una orilla a quien sediento
la cerca cristalino
asaltándola siempre de continuo
siendo al batirla con violencia suma
balas el agua, pólvora la espuma
esparzo pues la vista cuidadoso
por el mar proceloso
cuando veo que surcan los cristales
del húmido elemento tan iguales
cándidos dos cisnes, que tiraban
un carro en que llevaban
una deidad tan bella, que el desvelo
tuvo el mar por el cielo
pues en plaustro tan bello pudo solo
Siendo luz celestial el ser Apolo,
que midiendo la Eclítica a los cielos,
de las ondas formaba paralelos
y abollando la plata transparente
del cielo de su vista, que era Oriente,
hacia mí se encamina paso a paso,
como muerto me veía hacia el Ocaso.
Toman tierra los cisnes, y yo ciego
adorar su hermosura también llego,
e ignorando quién era me asegura
que era Venus la voz de su hermosura.
Pero apenas mariposa
en su luz festejó el riesgo,
cuando al torno de la llama
devané mi muerte luego;
pero al verla suspendido,
fuese novedad o afecto,
se acercó la voluntad
y retrocedió el respecto.
Dísela mi amor rendida,
y fui labrando halagüeño,
con el buril de mis ansias,
la dureza de su pecho.
Ya me escucha más afable
y mi Majestad sabiendo
me corresponde que hace
el delito menos feo
los méritos, que en Amor
siempre se doran los hierros.
Ya Venus es mía aunque
con la pensión de los celos
de no ser propia y ser mía
que de Vulcano aquel fiero
Dios, que a la fragua inclinado
siendo divino fue herrero.
Mas es propio en la fealdad
el inclinarse a los hierros
es esposa, y aunque tanto
el verla empleada siento
no son los celos tan grandes
al ver sin merecimiento
a Vulcano; pues que borra
en ella todo el afecto.
Pero notará cualquiera
cómo logrando sus tiernos
cariños dejo llevarme
de este furor de mi incendio,
pues es la causa, que ayer
supe allá en mi quinto cielo
que a Praxíteles, que es
un raro escultor, tan diestro
que imitar el cielo supo
en dos estatuas de Venus,
le ferió Pigmaleón,
que siendo príncipe excelso
de Sicilia conquistó
aqueste apacible reino,
una estatua de las dos
para colocarla templo,
su estimación o de amor
que esto investigar no pudo,
pues de lo interior del alma
solo Júpiter es dueño.
Aquesto a Pafo he venido
a saber si tiene afecto
a Venus, o de su imagen
quiere gozar los reflejos,
o Venus le corresponde,
que aunque es soberano efecto
¿Qué me ha menester a mí
para poderme vencer?
Él es en fin un delito,
en cuyo desasosiego
es el idólatra un ciego
y el ídolo el apetito;
es una torpe fealdad,
cuyo imperio se asegura
la fuerza de la hermosura,
siendo una fragilidad.
Ese odio del Amor
tu riesgo está amenazando,
pues el que se anda guardando
es quien peligra peor.
Por eso de sus antojos
mi razón huir procura.
No está el riesgo en la hermosura,
que está el peligro en tus ojos.
En vano me persuades
a amar, cuando mi albedrío,
con la libertad que goza,
bien hallado está conmigo;
y más con el desengaño
de saber que no hay prodigio
en Pafo y mujer que sea
firme en amor; pues el rito
de Venus guardan de suerte
que hacen la inconstancia oficio,
y así yo de Praxíteles
una estatua he conseguido
en quien el arte apurado
se ve, en estar tan al vivo
que en su perfección a veces
empleo mis desvaríos.
¿No has visto a Venus?
Jamás.
Pues guárdate de su hechizo.
Vete, que quiero quedarme
solo.
Vase.
En todo te sirvo.
Corre una cortina y se ha de descubrir solo una estatua de Venus.
El velo a la estatua corro.
¡Qué perfección, qué prodigio!
Lo mudo parece en ella
que está violento o remiso.
Si como imitar el arte
supiera con artificio
Dar alma a la perfección
quitara al cielo el oficio;
al mirar sus perfecciones
quedo siempre suspendido.
Descúbrese sobre un trono Cupido.
Quédase mirando la estatua en tanto que canta.
Canta.
Dispara la flecha.
Yo soy el dios alado
que en campos de zafir
esa región habito
del uno al otro cenit.
A mi imperio se rinde
cuanto quiero rendir,
y solo aqueste humano
se intenta resistir.
Pero de su delito
castigo tomo así,
a ese mármol helado
le haré adorar gentil.
Esta flecha abrasar
podrá su pecho vil,
y al fuego y a aquel hielo
vendrá ciego a morir.
Vase.
¿Qué nuevo accidente es este
que, elevado en ese frío
mármol, por la vista siento?
que se entró en el pecho mío
de la piedra la frialdad
se comunica a mí mismo
pues cuando a un fuego me abraso
a otro hielo me derrito
y de accidentes contrarios
no acierto a hacer silogismos
hacia la estatua conduce
mi pasión a mi albedrío
y ya no se hallan los ojos
sin obrar como sentidos
mirarla antes me bastaba
y ahora verla solicito
que es entre el ver y el mirar
el ver cuidado preciso
ya a la lengua de los ojos
a la voz hurta su oficio
y de la cárcel del pecho
se articulan los suspiros
estatua en quien apurar
al primor el arte pudo
rompe el precepto a lo mudo
pues eres tan singular
Tal vez la divinidad
se suele obligar del ruego;
de aquesto nace mi saña,
mi ira, desasosiego,
mi coraje y mi rencor.
Mas si son ciertos mis celos,
encendiéndose mi enojo
a los soplos de mi aliento,
he de abrasar toda Pafo,
y con mi coraje ofrezco
no dejar a la memoria
las cenizas del incendio.
Tienes razón de quejarte,
pero guarda esos alientos
para Vulcano.
¿Por qué,
siendo cobarde?
Que es valiente, porque siempre
echa chispas un herrero;
pero que Venus te quiera
no es mucho.
Di, ¿por qué, necio?
Porque siempre da un valiente
Él no puede darla, es cierto,
sino es agua cerrajas.
Deja las burlas, supuesto
que ves que tus disparates
me echan a perder el tiempo
de ver, de Pigmaleón,
apurados mis recelos.
Vamos, señor, mas aguarda,
¿no es cojo Vulcano?
Aqueso ignoras, ¿sí?
Pues di, ¿cómo,
siendo tan noble infante,
quiere por dama a quien es
mujer del diablo cojuelo?
Es bella.
Pero no quita
que él la haya tiznado.
En eso
se acredita su hermosura
en ser desgraciada.
Es cierto,
pues la bellota mejor
siempre come el más ruin puerco.
A los lados del teatro se oye ruido de instrumentos.
Al mismo tiempo sale Pigmalión y cantan a dos coros.
¿Viste al amor?
Sí le vi.
¿Sabes que su engaño?
Sí sé.
Que es tirano.
No lo dudo.
¿Sabes que es ciego?
También.
Pues ¿por qué,
siendo tirano su imperio,
obedecen a su ley?
¿Viste una hermosura?
Sí.
¿Sabes que obliga ?
Sí sé.
¿Que inclina el hado?
Es verdad.
¿Que fuerza amarla?
También.
Pues ¿por qué
te admira que le obedezcan
cuando hace hermosa la ley?
No cantéis más, que es rigor
el que sé el argumento.
siempre de amor cuando siento
que haya quien tenga amor.
que el amor le cause enojos
a Vuestra Alteza, condeno,
cuando es un dulce veneno
que se bebe por los ojos,
es una dulce armonía
de la vida, y es con calma
la concordancia del alma,
de la sangre simpatía.
No abone de ese traidor
lo dulce, pues con estragos
los golpes en los amagos
esconde siempre el amor.
Él es un tósigo grave,
un hechizo tan vehemente,
una pena que se siente,
pero explicar no se sabe,
un mal que se anda conmigo
sin dejar nunca al cuidado,
y habiéndose en mí engendrado
es mi mayor enemigo,
cuyo absoluto poder
es tan limitado en mí
si solo te falta hablar,
hablar, porque la afección
al verte con atención
cuando adorarte se inclina,
siendo en toda tan divina,
no te halle una imperfección.
No a mi afecto seas esquiva,
habla pues me ves rendido,
que es fuerza tener sentido
estando al temple tan viva.
Mucho tu hermosura priva
con Amor, pues te da palma;
mas lo que me tiene en calma
es el que estés sin sentir,
con alma para rendir,
y para matar sin alma.
Mas, ¿cómo dejarme llevo
de este ciego desvarío?
Mas, ¡ay!, ¿que no está en mi mano?
Mas, ¿huyendo no me libro?
Sí, mas en esta prisión
tienen los pies puestos grillos.
Vase.
¿Si este es amor? No, que a un mármol
fuera ciego desvarío.
¿Ay, sí? Que la inclinación
también suele ser destino.
¿La razón no persuade?
Sí; ¿pues cómo yo me rindo?
Mas la razón del amor
se deja llevar sin tino.
Pero cerrando los ojos
huiré de aqueste enemigo,
cuyas fuerzas se componen
de una pasión y un hechizo.
Sale Venus cantando.
Amor, niño vendado,
hechizo lisonjero,
que lo tirano ocultas
en el halago mismo;
polilla de la vida,
engaño manifiesto,
pues nunca halló la mano
lo que ofreció el deseo.
¿Por qué, siendo tu madre,
triunfaste de mí, haciendo
esclavo mi albedrío
del hierro de mi afecto;
pero ya que tirano
rendir mi deidad has hecho,
pues la razón me quitas
borra el conocimiento.
Pero, ¿qué es lo que miro?
¿No es Marte el que estoy viendo?
Sí, pues lo manifiesta
el susto de mi pecho.
Salen Marte y Lagarto.
Yendo a examinar mi duda
feliz he encontrado a Venus,
la caricia de su halago
ha de borrar mis recelos;
ten cuenta tú, si Vulcano
viene...
Para eso es bueno
Lagarto.
Porque...
Porque el aceite para el pelo
de lagarto es bueno, y tú
quieres que le crezca espeso.
Vase.
Como invicto Marte llegas,
tan tibio a mis ojos siendo,
fuego en que templar solías
de tus iras los afectos.
Cantado.
Si acaso te hace ingrato
conocer que te quiero,
mira que en un rendido
no luce el vencimiento.
Representado.
Pero si acaso te enoja
este amante rendimiento,
te quitaré la ofensa
Cantado.
para comprarte lo atento,
pues tanto te idolatro
que, si te estorba, ofrezco
el alma que respiro
Representado.
que se la lleve el viento.
El dolor que te entristece
olvida, Venus, que siento
que anochezca en tu semblante
Cantado.
lo que amanece en tu cielo,
pues esas blancas perlas
que veo en tus luceros
crepúsculos del día
parecen desde lejos.
Representado.
Pues esta tibieza en mí
no es no quererte, supuesto
Representado.
que son hijos del amor
los partos del sentimiento.
Cantado.
Pues siempre la hermosura
en sí tiene tal riesgo,
que en dejarse ver solo
se está el peligro viendo.
Representado.
Marte, la desconfianza
es discreción, mas sin tiempo
se hacen paso a los agravios
mal pedidos unos celos.
Cantado.
Y más cuando mi amor
te quiere tan atento,
que el pensamiento frágil
en ti firme se ha hecho.
Representado.
No dudo de tu verdad
lo incontrastable, mas temo
el que rinda a tu hermosura
holocaustos el deseo,
Cantado.
pues es tan peligroso
de amor el mar inmenso,
que la nave echa a pique
el aire de los celos.
Representado.
Pues si tranquilo hallas
el mar de mis afectos,
previene la borrasca
el desear el riesgo.
Canta.
Perdona que al Amor,
como enfrían los celos,
la lengua del dolor
se deshizo en el yelo.
Canta.
Yo ese temor te estimo,
pues son los celos, veo,
adonde se acrisola
el oro del afecto.
Canta.
Hermosa Venus mía,
imán en que el efecto
de atraer mi amor no quita
ser diamante mi pecho,
yo te adoro rendido.
Canta.
Pues yo, Marte, te quiero
tanto, que te idolatro, aun me olvido,
porque de ti me acuerdo.
Canta.
Pues si me das la vida,
yo el alma te prometo.
Canta.
Grande es el sacrificio,
pues es mucho tu aliento.
Canta.
En fin, ¿que has de ser mía?
Dichosa seré en serlo.
Pues confirmen los brazos
aqueste nudo estrecho.
Sale Lagarto.
Dices bien, que el amor,
con maña, aunque es tan tierno,
la fuerza de su hechizo
en los brazos ha puesto.
Señor, señor,
que Vulcano viene.
¿Por cuánto un contento
no le eclipsará un azar?
Vete, Marte.
Ya mi esfuerzo
no puede sufrir la fuga.
Vete, que mi honor arriesgas.
Amor y honor en el mundo,
¡qué de cobardes ha hecho!
Vamos, que si tú eres Marte,
él trae un martillo.
Presto, que llega.
Anda, que viene
con más de dos mil herreros;
no hagas ruido con las armas.
que parecemos tudescos.
Vanse.
Milagro será que el ruido
no haya escuchado este fiero
hombre, en quien tiranizada
libertad y vida tengo.
Sale Vulcano.
Venus...
Vulcano...
Di quién
estaba contigo, haciendo
con la fuga del temor
el delito manifiesto.
¿Conmigo?
Sí, no lo niegues;
pues en el engaño, haciendo,
das mayor la circunstancia
para ocasionar mi incendio.
Pues quédese en embrión
lo que concebiste, ciego,
pues te hallarás ofendido
si sale la voz del pecho;
puesto que el sol de mi honor
la niebla está deshaciendo.
En vano ocultar procuras
el áspid entre lo secreto,
de tu traición, cuando a mí
me ha tocado ya el veneno.
Tú te engañas.
Es verdad.
Es ilusión.
Es muy cierto,
pues yo...
Pues yo,
¿qué has de hacer?
Tomar venganza en tu pecho;
¿y tú?
Vase.
Huir de tu furor
para vengarme primero.
Vase.
Yo haré mi agravio y venganza
a los dioses manifiesto,
pues ya sé que Marte es
aquese dios bandolero
quien atrevido me ofende,
mas contra él valerme intento
de Pigmalión; pues si
sus armas me da, ofrezco
subir, si fuere forzoso,
a darle muerte a los cielos.
Salen Pigmalión y Zéfalo.
Darse todo a una pasión,
advierte que es ceguedad;
la pena el dolor alivia
no acordándose del mal.
Si el sanar de mi dolencia
olvido me ha de costar,
con el dolor vivir quiero,
pues el remedio es mortal.
¿A tu pena no hay alivio?
No, Zéfalo, no la hay.
¿No es posible?
No es posible.
Comunícala y verás
cómo convaleces luego,
si al viento, señor, la das...
Manifestada una herida
siempre suele doler más.
¿Es tu mal amor?
Sí es;
pues poco importa ocultar
de amor el fuego, si siempre
la llama viéndose está.
Como temí tu peligro,
en prevenirte, sagaz,
que amor solo sabe herir,
pero nunca reparar.
No me atormentes, te pido.
Alivio podré quizás
darte.
Con que me dejes,
con eso me sedarás.
Vase.
Ya obedezco, pero siento
que des fuerzas a tu mal.
Corre el velo a la estatua.
Águila de aqueste sol,
la luz pretendo apurar;
cada vez que a verla llego
crece en ella la beldad,
que es que la llama de amor
encendiéndose va más.
Bella estatua, de quien duda
si estás viva mi tormento,
habla; pues tu entendimiento
una retórica es muda,
ablándese ese inconstante
rigor a tanta fineza,
pues que labra dureza
de un diamante otro diamante.
Si es el amor definido
recíproca simpatía,
falta su filosofía,
pues te niega, así, el sentido.
Si en tu perfección faltó
alma para hablarme afable,
porque tu hermosura hable
toda un alma te doy yo;
pero, ¡ay de mí!, dime a mí
si podré esperar siquiera
que hables, compaña.
Dentro.
Espera.
¿Que puedes mudarte?
Dentro.
Sí.
¡Cielos!, si mi desconsuelo
que han respondido confío,
y que sea feliz yo,
¿quién hacerlo puede?
Dentro.
El cielo.
El cielo pues mi esperanza
ya no puede ser injusta,
pues es en el hombre justa
del cielo la confianza.
Marte sale.
Como todo está posible
al poder de mi deidad,
pude llegar hasta aquí
mis celos a averiguar.
aqueste es Pigmalión,
y absorto en la estatua está
de Venus, con el silencio
adorando su verdad.
Mataréle.
¡Hermoso asombro,
quien llega a examinar
de qué dueño eres retrato,
pues solo adorando está
tu efigie mi amor, tan ciego,
sin conocer quién serás!
A la estatua solo adora,
menos son mis celos ya;
pero si una sombra obliga,
también celos puede dar.
Mas, si del alma que adoro
copia eres, u original,
si me rindes con la sombra,
con la luz viva, ¿qué harás?
Antes te daré yo muerte
que lo llegues a lograr.
Sale Céfiro.
Hablarte Vulcano entra.
Entre, pues.
Embarazar
es forzoso mi venganza.
y pues que mi agravio ya
he sabido, en cualquier tiempo
podré venirle a matar.
Ir a ver a Venus quiero,
pues aquí Vulcano está,
que, ya que no tiene culpa
de mi enojo, es crueldad
que padezca mis ausencias
cuando yo la debo más.
Sale Vulcano.
Vase.
Vulcano.
Pigmalión,
dame los pies.
Estarás
mejor en mis brazos, llega.
Mira hacia la estatua.
En todo tu majestad
ostentas, pero ¿qué miro?
De Venus, torpe deidad,
¿no es la copia aquella estatua?
¿Dónde iré que no he de hallar
otro agravio? Ya no quiero
valerme de este mortal,
porque si también me ofende
de mi enemigo será.
Ofenderme y no vengarme
pues el que infame y sagaz
se vale de su ofensor,
consiente su agravio ya.
¿Qué dices? Él se ha quedado
al ver la estatua, mortal,
que el velo no se correse;
mas ¿qué le puede admirar?
¿A qué vienes?
Solo a verte,
de mis celos el volcán
revienta.
Mira si tengo
qué hacer por ti.
Nada ya.
Solo su rudeza puede
este efecto ocasionar.
Júpiter te guarde.
Vase.
Adiós, yo me quiero retirar,
que en mi pasión es tormento
oír una necedad.
Pues en nadie encuentro ayuda
para poderme vengar,
coger a Marte y a Venus
en el delito será
mejor y quejarme luego.
a los dioses de mi mal
porque tan nefanda culpa
la lleguen a castigar,
pues en mi fragua de hierro
tal cautela he de forjar
que se hallen para el castigo.
Vase.
Sale Venus cantando.
Canta.
Vaya de música y júbilo,
porque de mi ciego error
se desmesure lo fúnebre
con animar la canción.
Vaya de suaves cláusulas,
para que logre la voz
de una ausencia con el cántico
adormecer el dolor;
sin que parezca lo célebre
descuido, sino es razón
que el descanso en el anhelito
fortalecerle es mejor;
de esperar a Marte el gozo
alivie el metro veloz
tomando aliento pacífico
en esta respiración.
Mas de aquese peñasco que erigido
abotona
el cuello orgánico,
hacia el valle desciende llevando
a todos la vista.
Canta.
Sale Marte.
Llega Marte a mis brazos, que amante
sin ti parecía,
como el alma me falta, que adoro,
que estaba sin vida.
Mariposa, a abrasarme en tus rayos,
ya llega la vista,
porque el fuego de amor se conserve
con estas cenizas.
Al calor de mi llama amorosa,
ser Fénix podrás,
y si mueres de amarme, de amarte
también resucitas.
A la fuerza que ocultan tus ojos
rendido me miras,
pues son astros que fuerzan a amarte,
y estrellas que inclinan.
De tu gala al hechizo me siento
yo también rendida,
mas triunfar no fue mucho si tienes
tanta bizarría.
Las cuestiones amantes paren
a nuestras caricias.
y palomas los tiernos halagos
a la voz conciban.
En aquesta esmeralda que mulle
el prado florida,
al descanso y a la lid amante
mi amor te convida.
Ya me siento, porque halles regazo
en mi pasión misma.
Mucho temo acercarme a un fuego
sin que me derritas.
Luego es yelo tu amor.
El respecto
es yelo que entibia.
En la dicha que logro aún no pienso
que logro la dicha.
Pues si el mérito quitas al gusto
el gusto le quitas;
mas, ¿qué ruido aqueste es?
Sale Lagarto.
¡Ay, mi temor no fue impropio!
¿Quién eres? Di.
Soy el propio
Lagarto de San Ginés.
¿Quién te causa esos cuidados?
Qué recelar,
mi malicia
teme, os coja la justicia
aquí por amancebados.
Conmigo no habla la ley
del rigor, ya nos enfadas.
Aunque traes armas vedadas,
no eres criado del rey;
vete, señor.
Pues, villano,
¿qué temes? Di.
Que por hierro
Vulcano os dé pan de perro.
Yo nunca temí a Vulcano.
Toma, señor, mi consejo,
que es un borracho.
¿Estás loco?
Por lo herrero lo es un poco,
porque vende hierro viejo;
que aquí ha de venir sé yo.
¿Quién lo ha dicho?
Aparte.
Ello ha de ser
un astrólogo que ayer
la estrella de Venus vio.
Si él supiera de mi mengua
que él en la fragua me entró
porque confesase yo;
calenté tanto la lengua,
que dije que aquí muy fino
con Venus estaba hablando,
y que ella se estaba dando
de las astas con Tarquino.
Por si es que viene Vulcano,
haz, Lagarto, centinela.
Vase.
Nunca he querido ser cabo,
por no estar jamás en vela.
Mas yo lo haré, quiera el cielo
no los coja en ratonera.
Canta.
Catre sea otra vez
aquesta verde selva,
cuya florida alfombra
es copia de Amaltea.
Canta.
Luz soy, que a los embates
del aire, de mi ofensa
que voy a morir vivo,
a tu aliento, pavesa.
Canta.
No temas, Venus mía,
el que nadie te ofenda.
Canta.
No temo yo el peligro,
la razón me amedrenta;
el corazón parece
que algún presagio espera,
y, batiendo las alas,
huir del pecho intenta.
Canta.
Pues desconfías, dudas
del valor que me alienta.
Canta.
El miedo es que mi afecto
no arriesgarte quisiera.
Canta.
Siéntanse los dos.
Deja aquesa zozobra
y borre mi fineza
de amor el sobresalto
del pecho en que me albergas.
Canta.
Corrida estoy que haga
mi temor tal vileza,
que, estando tú en mi pecho,
temer nada pudiera.
Canta.
¿No estás de estar conmigo,
no estás de estar conmigo
gustosa?
Canta.
Van adormeciéndose y con cadencias cantan.
Y muy contenta
de ver a mi blandura
rendida tu dureza.
Mas un dulce letargo...
discurre por mis venas
labrándome un sosiego
al rendir mis potencias.
También en mí está obrando
del beleño la fuerza.
¡Ay, Marte, dueño mío!
¡Ay, Venus, dulce prenda!
Que estás en mi memoria.
Que te tengo en mi idea.
Tan vivo que te miro.
Tan vivo que me elevas.
Que el sueño te retrata.
Quédanse dormidos.
Que el sueño te bosqueja.
Sale Vulcano.
Cíclopes, pues a Morfeo
he debido que los venza
el sueño, para que cobre
venganza de mis ofensas,
aquesa red que sutil
de hierro labró mi ciencia
poned presto, para que
en ella cogerlos pueda,
y, dando cuenta a los dioses,
vean maldad tan proterva,
y fulminando el delito...
me venguen de mis ofensas,
siendo fiscales las luces
de esa lámpara febea,
que, alumbrando a su delito,
el adulterio se vea.
Dentro voces.
Ya la red puesta dejamos.
¡Ah de la divina esfera!
¡Ah de su recta justicia!
¡Altas deidades supremas,
Vulcano os convoca a que
castiguen aquesta ofensa
mía, y del cielo, pues veis
que lo sacro no os respeta!
Despiertan Venus y Marte.
¿Qué es esto?
¿Qué miro?
Sale Lagarto.
¿Qué grita es esta,
pues la vela en que yo estaba
me apagó el sueño en conciencia?
Para vengar mis agravios
así os prende mi cautela.
Aguarda, que aqueste rayo
motivará... pero ¿qué es esta
opresión que me detiene?
De hierro una red.
A mi fuerza
la haré pedazos.
En vano
podrá tu valor romperla.
Aquí, traidores, los dioses
castigarán mis afrentas.
¿A vista del cielo, yo,
he de pasar tal vergüenza?
Sin duda Venus es mona,
y Vulcano es abadera,
pues la coge con su amante
en la red de esta manera;
mas cogerlos en la red
es porque son buenas pescas.
Tocar y sale Zéfalo.
Infame es el que su agravio
por ajena mano venga;
y así, muera yo a tus manos
antes que el cielo lo sepa.
Que yo no he de beber la sangre
que de Júpiter heredas.
Ah, no quiere ser verdugo,
que a la justicia os entrega;
pobre Marte, que a dormir
vas hoy a casa de abuela.
A gran padre de los dioses,
Júpiter, oye mis quejas,
porque de mi agravio en vuestro
tribunal deis la sentencia;
pero el cuerpo del delito
ya a Apolo se manifiesta.
Llama tú al corregidor,
que él te hará justicia.
Para aclarar nuestras culpas
el sol sus rayos aumenta.
Dioses, doleos de mí,
pues sabéis que el amor fuerza.
Tocan cajas y sale Pigmalión y Zéfalo.
Ya que el castigo es forzoso,
fuera mejor el que fuera
donde no les diese el sol.
Pero atabales no suenan,
si son las bulas...
¿Qué es esto?
¿Qué admiración es aquella?
En esa región del aire
cajas se oyen y trompetas.
Ya convocan los humanos
a vernos aquí.
¡Qué pena!
Sin duda que algún edicto
promulgar el Cielo intenta.
Pero aquí Vulcano está,
y en una red con violencia
está oprimido allí Marte.
Y Venus también.
¿Es esta
Venus? El original
es de la estatua, más ciega.
Si he adorado su hermosura
no la humanidad que ostenta.
¡Cuánto va que aquí nos coge
la vasa de la moneda!
Atraviese el teatro en una nube una mujer cantando. Si no fuere posible, entre, cante.
Escuchad la sentencia, mortales,
que intima mi voz
contra Venus y Marte en castigo
de su adoración.
Por haber incurrido en la culpa
de adúlteros hoy,
cuyo hierro de amor no se dora
la humana pasión,
la justicia de Júpiter manda,
cuyo recto dios
en tener el dominio en los rayos
se ve su rigor,
a que a vista de tantos mortales
se mire su error,
y después las cavernas habiten
del fiero Plutón.
Mas Mercurio, pidiendo a los dioses
piedad, consiguió,
suavizando el rigor del castigo,
indulto y perdón.
Mas por dar de Vulcano, a su agravio,
la satisfacción,
que era injusto dejarle ofendido
y libres los dos,
haciendo a Venus planeta luciente,
ordena su voz
el que solo de noche en castigo
alumbre su ardor.
Y que a Marte de Venus Apolo
divida la unión
con su esfera; porque al dicho delito
le embarace el sol.
Y Diana también, por premiar
de Pigmalión
de una estatua los castos afectos,
la da vida, y
Para que de Himeneo en los brazos
logre su favor,
y conozca que vence imposibles
el culto de amor,
y a mi voz de estos hierros se rompa
la ardua prisión;
que si esclavos sus hierros los hace,
ya sobra el rigor.
Oíd el pregón,
que al decreto divino del cielo, publica mi voz.
¡Raro prodigio!
¡Qué asombro!
Ya he vengado mis ofensas.
Vase.
Cobarde, mal lo has logrado,
pues voy a ser en mi esfera
tu castigo.
Vase.
Y yo también,
alumbrar divina estrella,
subiendo de día alta al cielo.
Vase.
Que yo abrasarme iré de pena,
aun más que en la fragua mía,
de mis celos en la hoguera.
Y yo en la tierra me quedo
Sale una mujer.
Según la fábula cuenta,
a ser gallo, aunque peor
el ser capón me estuviera.
Y yo animada efigie soy,
que al calor de tus finezas,
Diana me ha dado vida.
Y yo, quien a su belleza
se rinde, aquesta es mi mano,
porque alegoría tenga
la fábula que dedica
el rendimiento a esta fiesta.
Si con la estatua te casas,
fuerza es tener mal de piedra.
Y aquí, Senado discreto,
da fin aquesta zarzuela,
adonde prueba el ingenio
que amor convierte las piedras.