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Texto digital de Amor convierte las piedras

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Zarzuela
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Amor convierte las piedras. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/amor-convierte-las-piedras.

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AMOR CONVIERTE LAS PIEDRAS

Jornada primera

Pag. 1

Zarzuela Cantada y Representada, Título Amor convierte las Piedras Personas Pigmaleón Venus Marte Zéfalo Vulcano Lagarto

Óyese estruendo de guerra y sale Marte y Lagarto.

Marte.

Al estruendo marcial tiemble la tierra

de mi enojo incitada.

Dicen dentro.

Voz.

Guerra, guerra.

Marte.

Ejecútese el fuego de mi saña,

el bélico rumor de la campaña

asuste; pues los cóncavos más huecos,

solo se escuchen lamentables ecos

en los montes; heridos

de arrancadas voces, y gemidos.

Pag. 2

Marte.

y del polvo, y horror nube preñada

condensándose vaya tan cerrada,

que a la región llegando de mi fuego,

vomite rayos de mi enojo ciego:

tiemble del mundo, pues la mayor parte

a las iras de un dios, a las de Marte.

Lagarto.

¿Qué furor es aquese que te inflama?

¿Tienes celos, señor, de alguna dama?

Mas dirásme que soy un inocente;

pues jamás se ha rendido el que es valiente;

y donde amor no hay, celos tampoco:

mas no fueras valiente a no ser loco.

Marte.

Calla, Lagarto, no me acuerdes, calla

la lid de mi furor, que en la batalla

de mi afecto y rencor crece la ira

por no apagar la llama, que respira

intrépido mi aliento

por hallarme sujeto a un rendimiento.

Lagarto.

Ese es amor; mas ¿cómo a Marte pudo

vencer estando armado, Amor desnudo?

Marte.

Esa es mi pena, aquese mi desvelo;

pues, siendo yo planeta, a quien el cielo

Pag. 3

Marte.

De mi aliento temblara,

a no ser mi valor quien le amparara.

Un rapaz apocado, siendo mío,

que arrastre mi pasión a mi albedrío.

Lagarto.

Amor, y soldado, ¡adiós!

Tú serás pobre en extremo,

pues que junto a la pasión

los desamparados vemos.

Pero dime dónde vamos

con este marcial estruendo.

Marte.

A Pafo, ciudad famosa

de Chipre;

Lagarto.

¿pues a qué efecto?

Marte.

Si no me echas a perder,

lo que contarte deseo

te lo diré.

Lagarto.

De tu voz

pendiente está mi silencio.

Marte.

Escucha.

Lagarto.

Ya voy contigo,

como a espacio caminemos.

Marte.

A aquesa ciudad de Pafo,

que ilustra a este antiguo reino

de Chipre, siendo gigante

Pag. 4

Marte.

que engarzado en lo excelso

de ese risco se desvía

de la tierra como es cielo.

Es de Venus posesión

aquel divino protemplo

en quien la naturaleza

gastó todo lo perfecto

mas no le costó al estudio

mucho su hermosura, puesto

que era fuerza el ser hermosa

si ilustres sus padres fueron

la blanca espuma del mar

y la intervención del cielo.

Haber sido esta ciudad

feliz en lograr su imperio

fue porque el hado dispuso

que en ella tomase puerto

en una concha o bajel

de su hermosura compuesto,

pues eran remos los brazos

de blanco marfil tan terso

que se dudara en el agua

Pag. 5

Marte.

cual era cristal más bello;

las velas, que al Oriente daba,

era el hermoso cabello,

que en defensa de la envidia

de azabache se le hicieron.

La frente era plaza de armas

por lo espaciosa en extremo;

arcos las cejas, los ojos

era lucidos santelmos.

Timón la nariz, la boca,

con ser un rasgo pequeño,

era el valor del bajel

por gastar buenos alientos.

Los dientes de popa a proa

eran gallardetes, siendo

dos bellas sartas de aljófar;

árbol mayor era el cuerpo

en lo gentil, aunque era

tan delgado por el medio,

que fue mucho el no quebrarse.

Áncoras los pies pequeños,

y tan breves que dudaron

si tomar tierra pudieron.

Pag. 6

Marte.

Esta, pues, deidad hermosa,

tomó tierra en Pafo, siendo

admiración su hermosura

de los humanos; pues, ciegos,

idólatras la adoraron

al instante que la vieron.

Hasta el cielo aquesta fama

llegó, pues hubo en el cielo

quien envidió su hermosura,

pues las discordias nacieron.

Yo, hasta entonces que no había

de este hechizo lisonjero

de amor sabido, no hizo

operación el veneno

de la voz de su hermosura;

y, aun en ocio contento,

una mañana bajé

de ese trono que poseo,

a ejercitar en las fieras

lo bélico de mi esfuerzo

(aquesta ciudad de Pafo),

y, estando el monte corriendo,

por señas que fue un dragón

Pag. 7

Marte.

de mi brazo vil trofeo,

mas de paso te le pinto

para pagarte lo atento.

Yace del risco en esa ruda falda,

que a trechos se guarnece de esmeralda,

un hermoso repecho,

donde una boca o una cueva ha hecho

el agua con rudeza,

por adonde bosteza

melancólico el risco

del peso de tener tan obelisco.

Entra por ella un arroyuelo helado,

aquí despide luego atropellado,

confirmando que es boca, pues su nieve

tan aprisa la escupe, que la bebe

la atención en la vista, pues se eleva,

cuando veo que sale de la cueva

corpulento un dragón, susto del monte,

pues pasmaba su aspecto el horizonte.

Los ojos, dos hogueras, con estruendo

rayos vibran que siempre están ardiendo,

formidable del cuerpo la estatura,

de escamas verdes era la armadura.

Pag. 8

Marte.

cuando abierto la boca amenazaba

parecía que fiero un arco armaba

y con saña no poca

era la lengua flecha de la boca

apenas me miró cuando arrogante

dando pasos palante

de acometerme fue la intención sola

pues esgrime el montante de la cola

con tal furia, que a un golpe troncó un pino

y cayendo trinchera a hacerle vino

disgustóme el furor y si hablo cierto

de que al verme no más no hubiera muerto

y sacando el acero mi ardimiento

tan gran golpe le di, que el fiero aliento

casi, casi perdió; pues si se apura

le falseé de la espalda la armadura

viéndose herido pues tanto se irrita

que veneno vomita

y con furia, rencor con ira tanta

colérico se empina y se levanta

a vengarse de mí que con presteza

le partí tan de presto la cabeza

Pag. 9

Marte.

que en dos partes la lengua dividida

como tan presto le faltó la vida

injurias exhalaba

y con cada mitad me amenazaba

mas no creyendo cierto

que del todo había muerto

otra vez me acomete con estrago

mas quedóse difunto en el amago

aplaudí la victoria pues me siento

del mar en una orilla a quien sediento

la cerca cristalino

asaltándola siempre de continuo

siendo al batirla con violencia suma

balas el agua, pólvora la espuma

esparzo pues la vista cuidadoso

por el mar proceloso

cuando veo que surcan los cristales

del húmido elemento tan iguales

cándidos dos cisnes, que tiraban

un carro en que llevaban

una deidad tan bella, que el desvelo

tuvo el mar por el cielo

pues en plaustro tan bello pudo solo

Pag. 10

Marte.

Siendo luz celestial el ser Apolo,

que midiendo la Eclítica a los cielos,

de las ondas formaba paralelos

y abollando la plata transparente

del cielo de su vista, que era Oriente,

hacia mí se encamina paso a paso,

como muerto me veía hacia el Ocaso.

Toman tierra los cisnes, y yo ciego

adorar su hermosura también llego,

e ignorando quién era me asegura

que era Venus la voz de su hermosura.

Pero apenas mariposa

en su luz festejó el riesgo,

cuando al torno de la llama

devané mi muerte luego;

pero al verla suspendido,

fuese novedad o afecto,

se acercó la voluntad

y retrocedió el respecto.

Dísela mi amor rendida,

y fui labrando halagüeño,

con el buril de mis ansias,

la dureza de su pecho.

Pag. 11

Marte.

Ya me escucha más afable

y mi Majestad sabiendo

me corresponde que hace

el delito menos feo

los méritos, que en Amor

siempre se doran los hierros.

Ya Venus es mía aunque

con la pensión de los celos

de no ser propia y ser mía

que de Vulcano aquel fiero

Dios, que a la fragua inclinado

siendo divino fue herrero.

Mas es propio en la fealdad

el inclinarse a los hierros

es esposa, y aunque tanto

el verla empleada siento

no son los celos tan grandes

al ver sin merecimiento

a Vulcano; pues que borra

en ella todo el afecto.

Pero notará cualquiera

cómo logrando sus tiernos

cariños dejo llevarme

Pag. 12

Marte.

de este furor de mi incendio,

pues es la causa, que ayer

supe allá en mi quinto cielo

que a Praxíteles, que es

un raro escultor, tan diestro

que imitar el cielo supo

en dos estatuas de Venus,

le ferió Pigmaleón,

que siendo príncipe excelso

de Sicilia conquistó

aqueste apacible reino,

una estatua de las dos

para colocarla templo,

su estimación o de amor

que esto investigar no pudo,

pues de lo interior del alma

solo Júpiter es dueño.

Aquesto a Pafo he venido

a saber si tiene afecto

a Venus, o de su imagen

quiere gozar los reflejos,

o Venus le corresponde,

que aunque es soberano efecto

Pag. 13

Pigmalión.

¿Qué me ha menester a mí

para poderme vencer?

Él es en fin un delito,

en cuyo desasosiego

es el idólatra un ciego

y el ídolo el apetito;

es una torpe fealdad,

cuyo imperio se asegura

la fuerza de la hermosura,

siendo una fragilidad.

Zéfalo.

Ese odio del Amor

tu riesgo está amenazando,

pues el que se anda guardando

es quien peligra peor.

Pigmalión.

Por eso de sus antojos

mi razón huir procura.

Zéfalo.

No está el riesgo en la hermosura,

que está el peligro en tus ojos.

Pigmalión.

En vano me persuades

a amar, cuando mi albedrío,

con la libertad que goza,

bien hallado está conmigo;

y más con el desengaño

Pag. 14

Pigmalión.

de saber que no hay prodigio

en Pafo y mujer que sea

firme en amor; pues el rito

de Venus guardan de suerte

que hacen la inconstancia oficio,

y así yo de Praxíteles

una estatua he conseguido

en quien el arte apurado

se ve, en estar tan al vivo

que en su perfección a veces

empleo mis desvaríos.

Zéfalo.

¿No has visto a Venus?

Pigmalión.

Jamás.

Zéfalo.

Pues guárdate de su hechizo.

Pigmalión.

Vete, que quiero quedarme

solo.

Vase.

Zéfalo.

En todo te sirvo.

Corre una cortina y se ha de descubrir solo una estatua de Venus.

Pigmalión.

El velo a la estatua corro.

¡Qué perfección, qué prodigio!

Lo mudo parece en ella

que está violento o remiso.

Si como imitar el arte

supiera con artificio

Pag. 15

Pigmalión.

Dar alma a la perfección

quitara al cielo el oficio;

al mirar sus perfecciones

quedo siempre suspendido.

Descúbrese sobre un trono Cupido.

Quédase mirando la estatua en tanto que canta.

Canta.

Dispara la flecha.

Cupido.

Yo soy el dios alado

que en campos de zafir

esa región habito

del uno al otro cenit.

A mi imperio se rinde

cuanto quiero rendir,

y solo aqueste humano

se intenta resistir.

Pero de su delito

castigo tomo así,

a ese mármol helado

le haré adorar gentil.

Esta flecha abrasar

podrá su pecho vil,

y al fuego y a aquel hielo

vendrá ciego a morir.

Vase.

Pigmalión.

¿Qué nuevo accidente es este

que, elevado en ese frío

mármol, por la vista siento?

Pag. 16

Pigmalión.

que se entró en el pecho mío

de la piedra la frialdad

se comunica a mí mismo

pues cuando a un fuego me abraso

a otro hielo me derrito

y de accidentes contrarios

no acierto a hacer silogismos

hacia la estatua conduce

mi pasión a mi albedrío

y ya no se hallan los ojos

sin obrar como sentidos

mirarla antes me bastaba

y ahora verla solicito

que es entre el ver y el mirar

el ver cuidado preciso

ya a la lengua de los ojos

a la voz hurta su oficio

y de la cárcel del pecho

se articulan los suspiros

estatua en quien apurar

al primor el arte pudo

rompe el precepto a lo mudo

pues eres tan singular

Pag. 17

Marte.

Tal vez la divinidad

se suele obligar del ruego;

de aquesto nace mi saña,

mi ira, desasosiego,

mi coraje y mi rencor.

Mas si son ciertos mis celos,

encendiéndose mi enojo

a los soplos de mi aliento,

he de abrasar toda Pafo,

y con mi coraje ofrezco

no dejar a la memoria

las cenizas del incendio.

Lagarto.

Tienes razón de quejarte,

pero guarda esos alientos

para Vulcano.

Marte.

¿Por qué,

siendo cobarde?

Lagarto.

Que es valiente, porque siempre

echa chispas un herrero;

pero que Venus te quiera

no es mucho.

Marte.

Di, ¿por qué, necio?

Lagarto.

Porque siempre da un valiente

Pag. 18

Lagarto.

Él no puede darla, es cierto,

sino es agua cerrajas.

Marte.

Deja las burlas, supuesto

que ves que tus disparates

me echan a perder el tiempo

de ver, de Pigmaleón,

apurados mis recelos.

Lagarto.

Vamos, señor, mas aguarda,

¿no es cojo Vulcano?

Marte.

Aqueso ignoras, ¿sí?

Lagarto.

Pues di, ¿cómo,

siendo tan noble infante,

quiere por dama a quien es

mujer del diablo cojuelo?

Marte.

Es bella.

Lagarto.

Pero no quita

que él la haya tiznado.

Marte.

En eso

se acredita su hermosura

en ser desgraciada.

Lagarto.

Es cierto,

pues la bellota mejor

siempre come el más ruin puerco.

A los lados del teatro se oye ruido de instrumentos.

Pag. 19

Al mismo tiempo sale Pigmalión y cantan a dos coros.

Coro 1.

¿Viste al amor?

Coro 2.

Sí le vi.

Coro 1.

¿Sabes que su engaño?

Coro 2.

Sí sé.

Coro 1.

Que es tirano.

Coro 2.

No lo dudo.

Coro 1.

¿Sabes que es ciego?

Coro 2.

También.

Coro 1.

Pues ¿por qué,

siendo tirano su imperio,

obedecen a su ley?

Coro 2.

¿Viste una hermosura?

Coro 1.

Sí.

Coro 2.

¿Sabes que obliga ?

Coro 1.

Sí sé.

Coro 2.

¿Que inclina el hado?

Coro 1.

Es verdad.

Coro 2.

¿Que fuerza amarla?

Coro 1.

También.

Coro 2.

Pues ¿por qué

te admira que le obedezcan

cuando hace hermosa la ley?

Pigmalión.

No cantéis más, que es rigor

el que sé el argumento.

Pag. 20

Pigmalión.

siempre de amor cuando siento

que haya quien tenga amor.

Zéfalo.

que el amor le cause enojos

a Vuestra Alteza, condeno,

cuando es un dulce veneno

que se bebe por los ojos,

es una dulce armonía

de la vida, y es con calma

la concordancia del alma,

de la sangre simpatía.

Pigmalión.

No abone de ese traidor

lo dulce, pues con estragos

los golpes en los amagos

esconde siempre el amor.

Él es un tósigo grave,

un hechizo tan vehemente,

una pena que se siente,

pero explicar no se sabe,

un mal que se anda conmigo

sin dejar nunca al cuidado,

y habiéndose en mí engendrado

es mi mayor enemigo,

cuyo absoluto poder

es tan limitado en mí

Pag. 21

Pigmalión.

si solo te falta hablar,

hablar, porque la afección

al verte con atención

cuando adorarte se inclina,

siendo en toda tan divina,

no te halle una imperfección.

No a mi afecto seas esquiva,

habla pues me ves rendido,

que es fuerza tener sentido

estando al temple tan viva.

Mucho tu hermosura priva

con Amor, pues te da palma;

mas lo que me tiene en calma

es el que estés sin sentir,

con alma para rendir,

y para matar sin alma.

Mas, ¿cómo dejarme llevo

de este ciego desvarío?

Mas, ¡ay!, ¿que no está en mi mano?

Mas, ¿huyendo no me libro?

Sí, mas en esta prisión

tienen los pies puestos grillos.

Pag. 22

Vase.

Pigmalión.

¿Si este es amor? No, que a un mármol

fuera ciego desvarío.

¿Ay, sí? Que la inclinación

también suele ser destino.

¿La razón no persuade?

Sí; ¿pues cómo yo me rindo?

Mas la razón del amor

se deja llevar sin tino.

Pero cerrando los ojos

huiré de aqueste enemigo,

cuyas fuerzas se componen

de una pasión y un hechizo.

Sale Venus cantando.

Venus.

Amor, niño vendado,

hechizo lisonjero,

que lo tirano ocultas

en el halago mismo;

polilla de la vida,

engaño manifiesto,

pues nunca halló la mano

lo que ofreció el deseo.

¿Por qué, siendo tu madre,

triunfaste de mí, haciendo

Pag. 23

Venus.

esclavo mi albedrío

del hierro de mi afecto;

pero ya que tirano

rendir mi deidad has hecho,

pues la razón me quitas

borra el conocimiento.

Pero, ¿qué es lo que miro?

¿No es Marte el que estoy viendo?

Sí, pues lo manifiesta

el susto de mi pecho.

Salen Marte y Lagarto.

Marte.

Yendo a examinar mi duda

feliz he encontrado a Venus,

la caricia de su halago

ha de borrar mis recelos;

ten cuenta tú, si Vulcano

viene...

Lagarto.

Para eso es bueno

Lagarto.

Marte.

Porque...

Lagarto.

Porque el aceite para el pelo

de lagarto es bueno, y tú

quieres que le crezca espeso.

Vase.

Venus.

Como invicto Marte llegas,

tan tibio a mis ojos siendo,

Pag. 24

Venus.

fuego en que templar solías

de tus iras los afectos.

Cantado.

Venus.

Si acaso te hace ingrato

conocer que te quiero,

mira que en un rendido

no luce el vencimiento.

Representado.

Venus.

Pero si acaso te enoja

este amante rendimiento,

te quitaré la ofensa

Cantado.

Venus.

para comprarte lo atento,

pues tanto te idolatro

que, si te estorba, ofrezco

el alma que respiro

Representado.

Venus.

que se la lleve el viento.

Marte.

El dolor que te entristece

olvida, Venus, que siento

que anochezca en tu semblante

Cantado.

Marte.

lo que amanece en tu cielo,

pues esas blancas perlas

que veo en tus luceros

crepúsculos del día

parecen desde lejos.

Representado.

Marte.

Pues esta tibieza en mí

no es no quererte, supuesto

Pag. 25

Representado.

Marte.

que son hijos del amor

los partos del sentimiento.

Cantado.

Marte.

Pues siempre la hermosura

en sí tiene tal riesgo,

que en dejarse ver solo

se está el peligro viendo.

Representado.

Venus.

Marte, la desconfianza

es discreción, mas sin tiempo

se hacen paso a los agravios

mal pedidos unos celos.

Cantado.

Venus.

Y más cuando mi amor

te quiere tan atento,

que el pensamiento frágil

en ti firme se ha hecho.

Representado.

Marte.

No dudo de tu verdad

lo incontrastable, mas temo

el que rinda a tu hermosura

holocaustos el deseo,

Cantado.

Marte.

pues es tan peligroso

de amor el mar inmenso,

que la nave echa a pique

el aire de los celos.

Representado.

Venus.

Pues si tranquilo hallas

Pag. 26

Venus.

el mar de mis afectos,

previene la borrasca

el desear el riesgo.

Canta.

Marte.

Perdona que al Amor,

como enfrían los celos,

la lengua del dolor

se deshizo en el yelo.

Canta.

Venus.

Yo ese temor te estimo,

pues son los celos, veo,

adonde se acrisola

el oro del afecto.

Canta.

Marte.

Hermosa Venus mía,

imán en que el efecto

de atraer mi amor no quita

ser diamante mi pecho,

yo te adoro rendido.

Canta.

Venus.

Pues yo, Marte, te quiero

tanto, que te idolatro, aun me olvido,

porque de ti me acuerdo.

Canta.

Marte.

Pues si me das la vida,

yo el alma te prometo.

Canta.

Venus.

Grande es el sacrificio,

pues es mucho tu aliento.

Canta.

Marte.

En fin, ¿que has de ser mía?

Pag. 27

Venus.

Dichosa seré en serlo.

Marte.

Pues confirmen los brazos

aqueste nudo estrecho.

Sale Lagarto.

Venus.

Dices bien, que el amor,

con maña, aunque es tan tierno,

la fuerza de su hechizo

en los brazos ha puesto.

Lagarto.

Señor, señor,

que Vulcano viene.

Marte.

¿Por cuánto un contento

no le eclipsará un azar?

Venus.

Vete, Marte.

Marte.

Ya mi esfuerzo

no puede sufrir la fuga.

Venus.

Vete, que mi honor arriesgas.

Marte.

Amor y honor en el mundo,

¡qué de cobardes ha hecho!

Lagarto.

Vamos, que si tú eres Marte,

él trae un martillo.

Venus.

Presto, que llega.

Lagarto.

Anda, que viene

con más de dos mil herreros;

no hagas ruido con las armas.

Pag. 28

Lagarto.

que parecemos tudescos.

Vanse.

Venus.

Milagro será que el ruido

no haya escuchado este fiero

hombre, en quien tiranizada

libertad y vida tengo.

Sale Vulcano.

Vulcano.

Venus...

Venus.

Vulcano...

Vulcano.

Di quién

estaba contigo, haciendo

con la fuga del temor

el delito manifiesto.

Venus.

¿Conmigo?

Vulcano.

Sí, no lo niegues;

pues en el engaño, haciendo,

das mayor la circunstancia

para ocasionar mi incendio.

Venus.

Pues quédese en embrión

lo que concebiste, ciego,

pues te hallarás ofendido

si sale la voz del pecho;

puesto que el sol de mi honor

la niebla está deshaciendo.

Vulcano.

En vano ocultar procuras

el áspid entre lo secreto,

Pag. 29

Vulcano.

de tu traición, cuando a mí

me ha tocado ya el veneno.

Venus.

Tú te engañas.

Vulcano.

Es verdad.

Venus.

Es ilusión.

Vulcano.

Es muy cierto,

pues yo...

Venus.

Pues yo,

¿qué has de hacer?

Vulcano.

Tomar venganza en tu pecho;

¿y tú?

Vase.

Venus.

Huir de tu furor

para vengarme primero.

Vase.

Vulcano.

Yo haré mi agravio y venganza

a los dioses manifiesto,

pues ya sé que Marte es

aquese dios bandolero

quien atrevido me ofende,

mas contra él valerme intento

de Pigmalión; pues si

sus armas me da, ofrezco

subir, si fuere forzoso,

a darle muerte a los cielos.

Salen Pigmalión y Zéfalo.

Pag. 30

Zéfalo.

Darse todo a una pasión,

advierte que es ceguedad;

la pena el dolor alivia

no acordándose del mal.

Pigmalión.

Si el sanar de mi dolencia

olvido me ha de costar,

con el dolor vivir quiero,

pues el remedio es mortal.

Zéfalo.

¿A tu pena no hay alivio?

Pigmalión.

No, Zéfalo, no la hay.

Zéfalo.

¿No es posible?

Pigmalión.

No es posible.

Zéfalo.

Comunícala y verás

cómo convaleces luego,

si al viento, señor, la das...

Pigmalión.

Manifestada una herida

siempre suele doler más.

Zéfalo.

¿Es tu mal amor?

Pigmalión.

Sí es;

pues poco importa ocultar

de amor el fuego, si siempre

la llama viéndose está.

Zéfalo.

Como temí tu peligro,

en prevenirte, sagaz,

Pag. 31

Zéfalo.

que amor solo sabe herir,

pero nunca reparar.

Pigmalión.

No me atormentes, te pido.

Zéfalo.

Alivio podré quizás

darte.

Pigmalión.

Con que me dejes,

con eso me sedarás.

Vase.

Zéfalo.

Ya obedezco, pero siento

que des fuerzas a tu mal.

Corre el velo a la estatua.

Pigmalión.

Águila de aqueste sol,

la luz pretendo apurar;

cada vez que a verla llego

crece en ella la beldad,

que es que la llama de amor

encendiéndose va más.

Bella estatua, de quien duda

si estás viva mi tormento,

habla; pues tu entendimiento

una retórica es muda,

ablándese ese inconstante

rigor a tanta fineza,

pues que labra dureza

de un diamante otro diamante.

Si es el amor definido

Pag. 32

Pigmalión.

recíproca simpatía,

falta su filosofía,

pues te niega, así, el sentido.

Si en tu perfección faltó

alma para hablarme afable,

porque tu hermosura hable

toda un alma te doy yo;

pero, ¡ay de mí!, dime a mí

si podré esperar siquiera

que hables, compaña.

Dentro.

Voz.

Espera.

Pigmalión.

¿Que puedes mudarte?

Dentro.

Voz.

Sí.

Pigmalión.

¡Cielos!, si mi desconsuelo

que han respondido confío,

y que sea feliz yo,

¿quién hacerlo puede?

Dentro.

Voz.

El cielo.

Pigmalión.

El cielo pues mi esperanza

ya no puede ser injusta,

pues es en el hombre justa

del cielo la confianza.

Marte sale.

Marte.

Como todo está posible

al poder de mi deidad,

pude llegar hasta aquí

mis celos a averiguar.

Pag. 33

Marte.

aqueste es Pigmalión,

y absorto en la estatua está

de Venus, con el silencio

adorando su verdad.

Mataréle.

Pigmalión.

¡Hermoso asombro,

quien llega a examinar

de qué dueño eres retrato,

pues solo adorando está

tu efigie mi amor, tan ciego,

sin conocer quién serás!

Marte.

A la estatua solo adora,

menos son mis celos ya;

pero si una sombra obliga,

también celos puede dar.

Pigmalión.

Mas, si del alma que adoro

copia eres, u original,

si me rindes con la sombra,

con la luz viva, ¿qué harás?

Marte.

Antes te daré yo muerte

que lo llegues a lograr.

Sale Céfiro.

Zéfalo.

Hablarte Vulcano entra.

Pigmalión.

Entre, pues.

Marte.

Embarazar

es forzoso mi venganza.

Pag. 34

Marte.

y pues que mi agravio ya

he sabido, en cualquier tiempo

podré venirle a matar.

Ir a ver a Venus quiero,

pues aquí Vulcano está,

que, ya que no tiene culpa

de mi enojo, es crueldad

que padezca mis ausencias

cuando yo la debo más.

Sale Vulcano.

Vase.

Pigmalión.

Vulcano.

Vulcano.

Pigmalión,

dame los pies.

Pigmalión.

Estarás

mejor en mis brazos, llega.

Mira hacia la estatua.

Vulcano.

En todo tu majestad

ostentas, pero ¿qué miro?

De Venus, torpe deidad,

¿no es la copia aquella estatua?

¿Dónde iré que no he de hallar

otro agravio? Ya no quiero

valerme de este mortal,

porque si también me ofende

de mi enemigo será.

Ofenderme y no vengarme

Pag. 35

Vulcano.

pues el que infame y sagaz

se vale de su ofensor,

consiente su agravio ya.

Pigmalión.

¿Qué dices? Él se ha quedado

al ver la estatua, mortal,

que el velo no se correse;

mas ¿qué le puede admirar?

¿A qué vienes?

Vulcano.

Solo a verte,

de mis celos el volcán

revienta.

Pigmalión.

Mira si tengo

qué hacer por ti.

Vulcano.

Nada ya.

Pigmalión.

Solo su rudeza puede

este efecto ocasionar.

Vulcano.

Júpiter te guarde.

Vase.

Pigmalión.

Adiós, yo me quiero retirar,

que en mi pasión es tormento

oír una necedad.

Vulcano.

Pues en nadie encuentro ayuda

para poderme vengar,

coger a Marte y a Venus

en el delito será

mejor y quejarme luego.

Pag. 36

Vulcano.

a los dioses de mi mal

porque tan nefanda culpa

la lleguen a castigar,

pues en mi fragua de hierro

tal cautela he de forjar

que se hallen para el castigo.

Vase.

Sale Venus cantando.

Canta.

Venus.

Vaya de música y júbilo,

porque de mi ciego error

se desmesure lo fúnebre

con animar la canción.

Vaya de suaves cláusulas,

para que logre la voz

de una ausencia con el cántico

adormecer el dolor;

sin que parezca lo célebre

descuido, sino es razón

que el descanso en el anhelito

fortalecerle es mejor;

de esperar a Marte el gozo

alivie el metro veloz

tomando aliento pacífico

en esta respiración.

Mas de aquese peñasco que erigido

abotona

Pag. 37

Venus.

el cuello orgánico,

hacia el valle desciende llevando

a todos la vista.

Canta.

Sale Marte.

Venus.

Llega Marte a mis brazos, que amante

sin ti parecía,

como el alma me falta, que adoro,

que estaba sin vida.

Marte.

Mariposa, a abrasarme en tus rayos,

ya llega la vista,

porque el fuego de amor se conserve

con estas cenizas.

Venus.

Al calor de mi llama amorosa,

ser Fénix podrás,

y si mueres de amarme, de amarte

también resucitas.

Marte.

A la fuerza que ocultan tus ojos

rendido me miras,

pues son astros que fuerzan a amarte,

y estrellas que inclinan.

Venus.

De tu gala al hechizo me siento

yo también rendida,

mas triunfar no fue mucho si tienes

tanta bizarría.

Marte.

Las cuestiones amantes paren

a nuestras caricias.

Pag. 38

Venus.

y palomas los tiernos halagos

a la voz conciban.

Marte.

En aquesta esmeralda que mulle

el prado florida,

al descanso y a la lid amante

mi amor te convida.

Venus.

Ya me siento, porque halles regazo

en mi pasión misma.

Marte.

Mucho temo acercarme a un fuego

sin que me derritas.

Venus.

Luego es yelo tu amor.

Marte.

El respecto

es yelo que entibia.

Venus.

En la dicha que logro aún no pienso

que logro la dicha.

Marte.

Pues si el mérito quitas al gusto

el gusto le quitas;

mas, ¿qué ruido aqueste es?

Sale Lagarto.

Venus.

¡Ay, mi temor no fue impropio!

¿Quién eres? Di.

Lagarto.

Soy el propio

Lagarto de San Ginés.

Marte.

¿Quién te causa esos cuidados?

Pag. 39

Lagarto.

Qué recelar,

mi malicia

teme, os coja la justicia

aquí por amancebados.

Marte.

Conmigo no habla la ley

del rigor, ya nos enfadas.

Lagarto.

Aunque traes armas vedadas,

no eres criado del rey;

vete, señor.

Marte.

Pues, villano,

¿qué temes? Di.

Lagarto.

Que por hierro

Vulcano os dé pan de perro.

Marte.

Yo nunca temí a Vulcano.

Lagarto.

Toma, señor, mi consejo,

que es un borracho.

Venus.

¿Estás loco?

Lagarto.

Por lo herrero lo es un poco,

porque vende hierro viejo;

que aquí ha de venir sé yo.

Marte.

¿Quién lo ha dicho?

Aparte.

Lagarto.

Ello ha de ser

un astrólogo que ayer

la estrella de Venus vio.

Si él supiera de mi mengua

Pag. 40

Lagarto.

que él en la fragua me entró

porque confesase yo;

calenté tanto la lengua,

que dije que aquí muy fino

con Venus estaba hablando,

y que ella se estaba dando

de las astas con Tarquino.

Marte.

Por si es que viene Vulcano,

haz, Lagarto, centinela.

Vase.

Lagarto.

Nunca he querido ser cabo,

por no estar jamás en vela.

Mas yo lo haré, quiera el cielo

no los coja en ratonera.

Canta.

Marte.

Catre sea otra vez

aquesta verde selva,

cuya florida alfombra

es copia de Amaltea.

Canta.

Venus.

Luz soy, que a los embates

del aire, de mi ofensa

que voy a morir vivo,

a tu aliento, pavesa.

Canta.

Marte.

No temas, Venus mía,

el que nadie te ofenda.

Canta.

Venus.

No temo yo el peligro,

Pag. 41

Venus.

la razón me amedrenta;

el corazón parece

que algún presagio espera,

y, batiendo las alas,

huir del pecho intenta.

Canta.

Marte.

Pues desconfías, dudas

del valor que me alienta.

Canta.

Venus.

El miedo es que mi afecto

no arriesgarte quisiera.

Canta.

Siéntanse los dos.

Marte.

Deja aquesa zozobra

y borre mi fineza

de amor el sobresalto

del pecho en que me albergas.

Canta.

Venus.

Corrida estoy que haga

mi temor tal vileza,

que, estando tú en mi pecho,

temer nada pudiera.

Canta.

Marte.

¿No estás de estar conmigo,

no estás de estar conmigo

gustosa?

Canta.

Van adormeciéndose y con cadencias cantan.

Venus.

Y muy contenta

de ver a mi blandura

rendida tu dureza.

Mas un dulce letargo...

Pag. 42

Venus.

discurre por mis venas

labrándome un sosiego

al rendir mis potencias.

Marte.

También en mí está obrando

del beleño la fuerza.

Venus.

¡Ay, Marte, dueño mío!

Marte.

¡Ay, Venus, dulce prenda!

Venus.

Que estás en mi memoria.

Marte.

Que te tengo en mi idea.

Venus.

Tan vivo que te miro.

Marte.

Tan vivo que me elevas.

Venus.

Que el sueño te retrata.

Quédanse dormidos.

Marte.

Que el sueño te bosqueja.

Sale Vulcano.

Vulcano.

Cíclopes, pues a Morfeo

he debido que los venza

el sueño, para que cobre

venganza de mis ofensas,

aquesa red que sutil

de hierro labró mi ciencia

poned presto, para que

en ella cogerlos pueda,

y, dando cuenta a los dioses,

vean maldad tan proterva,

y fulminando el delito...

Pag. 43

Vulcano.

me venguen de mis ofensas,

siendo fiscales las luces

de esa lámpara febea,

que, alumbrando a su delito,

el adulterio se vea.

Dentro voces.

Voces.

Ya la red puesta dejamos.

Vulcano.

¡Ah de la divina esfera!

¡Ah de su recta justicia!

¡Altas deidades supremas,

Vulcano os convoca a que

castiguen aquesta ofensa

mía, y del cielo, pues veis

que lo sacro no os respeta!

Despiertan Venus y Marte.

Marte.

¿Qué es esto?

Venus.

¿Qué miro?

Sale Lagarto.

Lagarto.

¿Qué grita es esta,

pues la vela en que yo estaba

me apagó el sueño en conciencia?

Vulcano.

Para vengar mis agravios

así os prende mi cautela.

Marte.

Aguarda, que aqueste rayo

motivará... pero ¿qué es esta

opresión que me detiene?

Venus.

De hierro una red.

Pag. 44

Marte.

A mi fuerza

la haré pedazos.

Venus.

En vano

podrá tu valor romperla.

Vulcano.

Aquí, traidores, los dioses

castigarán mis afrentas.

Venus.

¿A vista del cielo, yo,

he de pasar tal vergüenza?

Lagarto.

Sin duda Venus es mona,

y Vulcano es abadera,

pues la coge con su amante

en la red de esta manera;

mas cogerlos en la red

es porque son buenas pescas.

Tocar y sale Zéfalo.

Marte.

Infame es el que su agravio

por ajena mano venga;

y así, muera yo a tus manos

antes que el cielo lo sepa.

Vulcano.

Que yo no he de beber la sangre

que de Júpiter heredas.

Lagarto.

Ah, no quiere ser verdugo,

que a la justicia os entrega;

pobre Marte, que a dormir

vas hoy a casa de abuela.

Pag. 45

Vulcano.

A gran padre de los dioses,

Júpiter, oye mis quejas,

porque de mi agravio en vuestro

tribunal deis la sentencia;

pero el cuerpo del delito

ya a Apolo se manifiesta.

Lagarto.

Llama tú al corregidor,

que él te hará justicia.

Marte.

Para aclarar nuestras culpas

el sol sus rayos aumenta.

Venus.

Dioses, doleos de mí,

pues sabéis que el amor fuerza.

Tocan cajas y sale Pigmalión y Zéfalo.

Lagarto.

Ya que el castigo es forzoso,

fuera mejor el que fuera

donde no les diese el sol.

Pero atabales no suenan,

si son las bulas...

Zéfalo.

¿Qué es esto?

Pigmalión.

¿Qué admiración es aquella?

En esa región del aire

cajas se oyen y trompetas.

Marte.

Ya convocan los humanos

a vernos aquí.

Venus.

¡Qué pena!

Zéfalo.

Sin duda que algún edicto

Pag. 46

Zéfalo.

promulgar el Cielo intenta.

Pigmalión.

Pero aquí Vulcano está,

y en una red con violencia

está oprimido allí Marte.

Zéfalo.

Y Venus también.

Pigmalión.

¿Es esta

Venus? El original

es de la estatua, más ciega.

Si he adorado su hermosura

no la humanidad que ostenta.

Lagarto.

¡Cuánto va que aquí nos coge

la vasa de la moneda!

Atraviese el teatro en una nube una mujer cantando. Si no fuere posible, entre, cante.

Voz.

Escuchad la sentencia, mortales,

que intima mi voz

contra Venus y Marte en castigo

de su adoración.

Por haber incurrido en la culpa

de adúlteros hoy,

cuyo hierro de amor no se dora

la humana pasión,

la justicia de Júpiter manda,

cuyo recto dios

en tener el dominio en los rayos

se ve su rigor,

Pag. 47

Voz.

a que a vista de tantos mortales

se mire su error,

y después las cavernas habiten

del fiero Plutón.

Mas Mercurio, pidiendo a los dioses

piedad, consiguió,

suavizando el rigor del castigo,

indulto y perdón.

Mas por dar de Vulcano, a su agravio,

la satisfacción,

que era injusto dejarle ofendido

y libres los dos,

haciendo a Venus planeta luciente,

ordena su voz

el que solo de noche en castigo

alumbre su ardor.

Y que a Marte de Venus Apolo

divida la unión

con su esfera; porque al dicho delito

le embarace el sol.

Y Diana también, por premiar

de Pigmalión

de una estatua los castos afectos,

la da vida, y

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Apolo.

Para que de Himeneo en los brazos

logre su favor,

y conozca que vence imposibles

el culto de amor,

y a mi voz de estos hierros se rompa

la ardua prisión;

que si esclavos sus hierros los hace,

ya sobra el rigor.

Oíd el pregón,

que al decreto divino del cielo, publica mi voz.

Pigmalión.

¡Raro prodigio!

Zéfalo.

¡Qué asombro!

Vulcano.

Ya he vengado mis ofensas.

Vase.

Marte.

Cobarde, mal lo has logrado,

pues voy a ser en mi esfera

tu castigo.

Vase.

Venus.

Y yo también,

alumbrar divina estrella,

subiendo de día alta al cielo.

Vase.

Vulcano.

Que yo abrasarme iré de pena,

aun más que en la fragua mía,

de mis celos en la hoguera.

Lagarto.

Y yo en la tierra me quedo

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Sale una mujer.

Lagarto.

Según la fábula cuenta,

a ser gallo, aunque peor

el ser capón me estuviera.

Mujer.

Y yo animada efigie soy,

que al calor de tus finezas,

Diana me ha dado vida.

Pigmalión.

Y yo, quien a su belleza

se rinde, aquesta es mi mano,

porque alegoría tenga

la fábula que dedica

el rendimiento a esta fiesta.

Lagarto.

Si con la estatua te casas,

fuerza es tener mal de piedra.

Pigmalión.

Y aquí, Senado discreto,

da fin aquesta zarzuela,

adonde prueba el ingenio

que amor convierte las piedras.