à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La conversión de San Pablo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-conversion-de-san-pablo.
Jornada primera, en la cual entra Saulo con su jineta en la mano y dos capitanes con él; quéjase desta manera muy enojado y airado.
Con tal hambre y sed me siento
de la gente bautizada
que aun la sangre derramada
no basta a darme contento.
Árdeseme el pecho mismo
y en el alma estoy pesante
porque no tengo delante
todo junto el cristianismo.
¿Qué quiere esa gente infiel
con tan nuevo y falso modo
perturbar al mundo todo
estando yo vivo en él?
No quiero pasar por ello
ni sufrir tan gran afrenta
sino que la gente sienta
que abraso al mundo sobre ello.
A muchos prender yo he hecho,
Esteban fue apedreado,
mas estoy encarnizado
y pide más sangre el pecho.
Que me meto en un estrecho
y el alma no se contenta
con matar diez ni cuarenta
si a todos no los acecho.
Y es una cosa que espanta
esta que se ha notado en ellos,
que en matando a alguno dellos
un ciento se me levanta.
La tierra está inficionada
desta gente peregrina
y ansí su falsa doctrina
en Damasco está sembrada.
Y por tanto determino,
para satisfacción mía,
hacer hoy, en este día,
a Damasco mi camino,
y si acaso a alguna dellas
por mi desventura hallo,
a la cola del caballo
lo traeré de los cabellos.
Aquí entra un paje del pontífice a dar un recado a Saulo y dice desta manera.
Señor Saulo, a visitaros
el pontífice me envía,
y a deciros que querría
hoy, en todo caso, hablaros.
¿Qué me querrá decir?
¿Hay algún cristiano preso?
No sabré deciros eso,
más de lo que agora oí:
que el pueblo se va perdiendo,
porque esta gente cristiana,
de noche y a la mañana,
su ponzoña va extendiendo,
y no hay hacerle resistencia,
porque a do menos pensamos,
cada momento hallamos
sembrada esta pestilencia.
¿Sembrada está? En este pecho.
Antes que vuelva a esta tierra,
si no les hiciere guerra
la mayor que haya hombre hecho,
yo quiero ya señalarme.
No quiero más detenerme,
vengan todos a ofenderme,
venga su Cristo a probarme.
Y quien por amigo se diere,
a punto se ponga luego
y vamos botando fuego
a donde cristianos hubiere.
Y quien no pensare seguirme
ni obedecer lo que digo,
por su mortal enemigo
desde aquí puede escribirme.
Saulo, la jornada es tal,
que por sí a cualquiera obliga
a que te acompañe y siga
tu bandera y autoridad;
y dende aquí nos ofrecemos
a servirte y ayudarte,
y nunca jamás faltarte,
aunque las vidas dejemos.
Y ¿qué peligro puede haber,
por más que la suerte acuda,
contra una gente desnuda
de fuerzas y de poder?
Vístase de furia el cielo,
júntese su Dios con ellos,
que yo haré que a él y a ellos
se los trague vivo el suelo.
Y veis a mi señor do viene,
y entiendo que en busca vuestra,
y aun en el semblante muestra
el descontento que tiene.
Aquí entra el pontífice, y dice:
De lo que ofensa se ha hecho,
este pueblo tan infiel,
que ansí con rigor cruel
procuras darlo deshecho.
Traigo un nudo en la garganta
y la paciencia se me apoca
en ver que una gente loca
tenga ya estimación tanta,
y que ni basten castigos
ni aprovechen amenazas,
que en medio de nuestras plazas
estén nuestros enemigos.
Señor Saulo, ¿qué hazéis?
¿Tan disimulado estáis?
Porque remedio no dais
a la perdición que veis.
No basta para ahogarme,
sino que por ese modo
me dejéis a perder del todo
con tal suerte de hablarme.
Estoy blasfemando al cielo
porque no tengo poder
para hacer la tierra arder
y abrasar a todo el suelo.
Señor, que el daño es grave
y crece más cada día;
hágase carnicería,
acábese, o no se acabe.
Yo no; vuestro pensamiento
revuelvo, trabo y rodeo,
y un solo remedio veo,
que es partir de aquí al momento.
Yo quiero tomar la empresa,
y a Damasco partir quiero,
y, si primero no muero,
a él tengo de hacer presa.
Y vuestras cartas se muden,
para que, en hallando cristianos,
atados de pies y manos
los traiga a Jerusalén.
Vamos a escribirlas luego;
partiros heis esta tarde,
porque se me enciende y arde
este pecho en vivo fuego.
Y para mejor prendellos
llevaréis a estos amigos.
No irán sino por testigos
del mal que haré en ellos.
Agora se salen todos, y desde a un poco vuelve a entrar Saulo y sus capitanes y algunos soldados, y todos con sus armas y a punto de guerra, y Saulo viene en su caballo, y cantan este villancico siguiente:
A la guerra, caballeros,
sin tardanza,
¡sus, sus, al arma, ordenanza!
Cada cual mire por sí,
no pierda golpe oportuno,
no perdonéis a ninguno
según el orden que os di.
Alcanzad, corred, seguid
sin tardanza,
¡sus, sus, al arma, ordenanza!
dice Saulo.
Cielo airado, no podías,
aunque das en perseguirme,
de mi propósito firme
hacerme bolver atrás;
que aunque te muestres esquivo
todo es trabajar en vano,
que no ha de quedar cristiano
grande ni pequeño bivo.
Sea mujer, o sea varón,
o infante que mame el pecho,
han de entrar todos ahecho
en cadenas y en prisión.
Que ansí me ofende y enoja
este infame y nuevo nombre,
que viendo pasar un hombre
que es cristiano se me antoja
en gentes deste jaez,
que ansí dan a su simiente,
es muy grave inconviniente
no acaballos de una vez.
Y si en Damasco halláis
quien os haga resistencia?
Robáisme la paciencia
de ver en lo que habláis.
Es apretarme la soga,
¿quien se atreverá, decí,
a contradezirme a mí
en toda la sinagoga?
Especialmente que yo,
por no verme en ese estado,
traygo un despacho sellado
que el pontífice me dio,
que con él y mi presencia
por dondequiera que vaya
haré estar el mundo a raya
y que me dé la obediencia.
Y a la valija lo pasan,
que no va bien en el seno,
porque va de fuego lleno
y me lo abrasará ansí.
Yendo Saulo muy ayrado y encolerizado a hacer su jornada, aparécese Cristo agora escondido con un estruendo grande de truenos, donde a este punto Saulo caya del caballo en tierra tendido, y dice Cristo.
Saulo, Saulo, ¿adónde vas?
¿Por qué perseguirme quieres?
¡Ay de mí, Señor! ¿Quién eres?
¿Dónde estoy y dónde estás?
¡Oh, qué nuevo resplandor!
¡Oh, qué luz tan viva y clara!
Muéstrame, Señor, tu cara,
conózcate yo, Señor.
Soy Jesús, que de valiente,
contra quien tú vas derecho,
y es dar cozes sin provecho
contra el aguijón, que es fuerte.
Y que tu fortaleza es poca,
ya bien que vas con vista altiva,
pero mi palabra viva
rinde el pecho si le toca,
y la vista del cuerpo
Señor, tan alto regalo
y merced tan sin igual,
parece que viene mal
con un subjeto tan malo.
Pero tú, Señor, podrás
desbaratarme del todo,
y tornarme a hacer de modo
como a ti te agrade más.
Amigos, ¿estáis aquí?
Aquí estamos, ¿no nos veis?
Ay, en hora buena estéis,
que buena me ha sido a mí.
Hacedme en esto amistad,
mostradme esta cortesía,
que me sirváis hoy de guía
hasta entrar en la ciudad.
¡Oh, señor!, pues ¿qué tenéis,
que ansí habéis perdido el tino?
O ponedme en el camino,
si llevar no me queréis.
¡Oh, caso de admiración,
oh, soberanos despojos!
Cegome la luz los ojos
porque viese el corazón;
y a esta luz no podré vella,
y es justa la pena mía,
que quien con ella no vía
muy bien es que esté sin ella.
Tal golpe, si no me engaño,
no debió de hacer provecho.
Al alma llegó derecho,
pero no me hizo daño.
porque la divina mano
como rayos me tocan,
y ansí el alma me abrasan,
y dejóme el cuerpo sano.
Andemos, señor, andemos,
que por aquí es la ciudad.
Pague os Dios tal amistad,
vamos luego, caminemos.
Agora se salen Saulo y los dos capitanes y gente, y entra Ananías sacerdote y dice:
Soberano, eterno Dios,
en quien adoro y creo,
que sois justo, bien lo veo,
para disputar con vos,
mas, Señor, justa también
esta querella parece,
porque el mal del bien no crece
y en el mal no crece el bien.
Vemos crecer sus haziendas,
su ganado paze y cría,
y auméntase cada día
la riqueza de sus tiendas,
y si vuestras manos le tocan,
es, Señor, con dulce modo,
y hales sucedido todo
a medida de su boca,
y de aquí ha venido ya
que esta vuestra Iglesia santa
está con fatiga tanta
como vos sabéis que está,
y de mil cabos la rodean
lobos que contra ella son,
que todos su destruición
con gran cuidado desean,
y que tienen por gran ventura
topar con algún cristiano,
y en aviéndolos a la mano
toman dél venganza dura.
Y pienso, y bien se me alcanza,
que si vos, Señor, queréis,
esta tormenta podéis
convertilla en gran bonanza,
mas témome que os ofende
algún pecado en la tierra,
y eso es quien os hace guerra,
y a vuestro favor defiende;
y si soy el negligente,
en mí solo sea el castigo,
no se vengue el enemigo
a costa de tanta gente.
Aquí torna segunda vez a aparezer Cristo y dice:
Ananías, ¿qué es de ti?
¿Qué me queréis, Señor mío?
Es un loco desvarío
el que vas pensando en ti,
y que si los malos florezen,
dáseles su fiesta allá,
vuestras guardas son acá
las de los que allá padezen,
y si mi Iglesia es per[seguida]
no ha sido sola esta vez
porque desde su niñez
fue siempre muy combatida
y alabóse y gozóse ella
que aunque perseguida ha sido
a lo menos no han podido
sujetalla ni vencella
y mi muy querido Abel
que por ser mozo tan justo
y un varón de eso a mi gusto
empezó mi iglesia de él
y pensó su traidor hermano
que en matándole sería
deshecha la iglesia mía
y engañóse el pecho vano
y así que si hay quien la siga
también hay quien la defienda
y si hay quien su mal pretenda
también hay quien la ofendiga
y déxate de esas querellas
porque son vanas y locas
y con lo que en ellas tocas
podrás responder de ellas
En casa de Judas ve
que en el barrio de Comora
hallarás orando agora
un varón que te diré
Saulo por nombre se llama
es de Tarsis natural
verás un hombre mortal
convertido en viva llama
Ay, Señor, que solo el nombre
me espanta y me pone miedo
porque a lo que se ha sabido
es demonio que no es hombre
y mas yo iré pues lo mandas
con ánimo firme y fuerte
para recibir la muerte
que de eso se quieren onras
Amigo mucho te engañas
en hablar de esa manera
mas tú juzgas lo de fuera
y yo penetro las entrañas
ve donde te digo y sabe
que ya Saulo es obra mía
y no digas mal del día
fasta que la luz se acabe
que ese mesmo de quien tienes
tan temerosa opinión
es un vaso de elección
es un tesoro de bienes
por él, mi sangre por él
mi vida por él he dado
y mil siglos han pasado
que tengo cuidado de él
pero yo te desengaño
que cuando sus labios abra
dé más fruto su palabra
que dio su cuchillo daño
y ve que está confuso y ciego
y te espera cuidadoso
y está en el cuerpo lloroso
por templar del mal el fuego
ve con priesa, Ananías
cúmplele ya su esperanza
que con esta confianza
se está sin comer tres días
y di que se alegre y sin miedo
pues yo mi favor le envío
y diles, él queda por mío
y también por suyo quiero.
Agora desapareze Cristo y
quedase Ananías solo y dice.
Alábenos, Dios eterno,
vuestras amadas criaturas,
pues en entrañas tan duras
mostráis el pecho tan tierno;
y es tanta vuestra clemencia,
que pudiendo con justicia
castigar nuestra malicia
buscáis nuestra penitencia.
¡Oh, mi Saulo!, Saulo hermano,
cómo habéis trocado bien
furioso en Jerusalén
y en Damasco humilde y llano.
De vuestro pecho que espanta,
de vuestra condición fiera,
Saulo amigo, ¿quién creyera
humildad tan presta y tanta?
Mas, ¡ay!, que el humano pecho,
más subido y alto está
cuando a Dios se rinde y da,
y queda en amor deshecho.
A buscar voy esta casa,
y voy de toparos cierto,
si acaso no os tiene muerto
este fuego que os abrasa;
mas pues Dios os tiene a cargo,
confiado estoy en Dios
que me ha de poner con vos
sin que pase el tiempo largo.
Agora se va Ananías y entra
Saulo, y ponese de rodillas,
mientras cantan este villan-
cico siguiente.
Vos queréisme a mí, Dios mío,
gran consuelo es para mí,
siendo yo quien perseguía
vuestro nombre fieramente,
y caudillo de la gente
que sigue vuestra bandera,
tan mudado me vea,
que no me conozco a mí;
descontento y es regalo,
gran consuelo es para mí.
Levántase Saulo y dice.
Divino Redentor del alma mía,
soberana clemencia milagrosa,
o voz suave, dulce y amorosa,
poderosa a encender el alma fría.
Desbocado, sin ti, Señor, corría
por una tierra frágil y ruinosa,
adonde el alma triste y peligrosa
se acercaba al infierno cada día.
Aquí me tienes, Señor,
aunque así en tiniebla oscura,
con firmeza estoy segura
de que me darás favor.
Solo en ti, mi Dios, espero,
que eres el remedio sano,
porque sin el de tu mano
ni me vengo ni me quiero.
¡Ay, ciego engaño engañoso!
Que duro camino tan...
¡Ay, humanas fantasías,
que me han hecho andar a escuras!
Agora entra Ananías y dice.
Saulo, hermano, el mismo Dios
que con su brazo divino
os derribó en el camino,
me encamina hacia vos,
y que de mi parte os dé
la sanidad de sí mismo;
os dé vista, os dé bautismo,
y con él su gracia y fe.
¡Oh, señor, los pies me dad!
No es razón que pidáis eso.
Vuestras santas manos beso.
Como a hermano me abrazad.
Ya, señor, se me cayeron
las telas que me tapaban,
y estos ojos que cegaban
no han visto desque se abrieron.
Mas si agora solo desean,
que sois su tesoro y bien,
los ojos que a vos no ven,
¿qué podrán mirar que vean?
Padre amado, ¿qué haré
para lo que a Dios le debo?
En este camino nuevo
enseñadme qué note.
Bien es conocer la llaga,
porque el remedio busquéis,
y pues la deuda sabéis,
Saulo, procurad la paga.
Padre, fue grave mi mal,
y para el bien fuerza falta,
que a satisfacción tan alta
fue pequeño mi caudal.
Ese es el más cierto modo
por do saldréis en pureza,
de conocer la flaqueza
y entregarse a Dios del todo.
Pues que me aconsejáis vos,
¿qué puedo hacer agora?
No me pase una sola hora
sin servir a tan buen Dios.
Es menester que primero
os informéis en la fe.
Los misterios bien los sé,
mas comunicallos quiero.
¡Dichosa vuestra alma y rica,
que en tal tiempo a quien se ha dado
don tan alto y señalado
que a pocos se comunica!
Y pues estáis ya dispuesto,
el bautismo quiero daros;
vos empezad a aparejaros,
fuente y agua traigan presto.
Agora entran con todo recado de fuente y jarro, y toallas para el bautismo de Saulo. Cantan estos y danzan:
Oíd, oíd, los vivientes,
lo que de Saulo se suena,
que de enemigo se ordena
hoy por doctor de las gentes.
Y mira que el alma se abrasa
de sed, echa agua sobre ella,
que yo sé que dará en ella,
aunque del cuerpo no pasa.
¡Oh, razón discreta y clara!
¡Oh, dichosa nuestra prima!
que ya con lengua confiesa
la virtud de esta agua clara.
Agora le echa el agua Ananías, en lugar de bautismo; y tocan los ministriles, y la música, y prosigue Ananías y dice:
Y la Iglesia es gran razón,
pues que tal hijo se ha hallado,
por honra del bautizado,
nos dé grande colación.
Cesa sed de bien obrar,
como es alto el que la da,
que si el pozo que allí está,
es la colación, sin falta.
La enhorabuena le demos,
antes de la colación,
con gran dulzor y canción,
antes que a tomalla entremos.
Villancico con que acaban.
Si de tan bravo enemigo
tal apóstol saca Dios,
qué patrón y qué defensa,
Santa Iglesia, tendréis vos.
Y si al que de antes perseguía
vuestro nombre con espanto,
le habéis humillado tanto
que es luz que vuestra fe guía;
y si ya nada podía
apartalle deste Dios,
qué patrón y qué defensa,
Santa Iglesia, tendréis vos.
Fin de la cuarta comedia.