à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Hasta la satisfacción. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/hasta-la-satisfaccion.
Hasta la satisfacción comedia original en tres actos.
Autógrafo 3
Hasta la satisfacción.
Comedia original de don Andrés de Baeza.
Legajo 15
10
H 18 +
Hasta la Satisfacción
Las personas
Don Pedro, galán.
Don Lope.
Un Capitán, su camarada.
Don Alonso.
Don Enrique, viejo.
Doña Bernarda, dama primera.
Doña Laura, dama segunda.
Francisca, criada.
Jigote, gracioso.
Jornada primera. Salen don Lope y un Capitán su camarada
¿Que os haga perder el juicio
esta mujer?
Ya lo veo,
pero tengo de ganancia
el conocer que le pierdo.
¿Qué prevenciones de coche,
de tapices, de aderezos,
de jaeces y caballos
es aquesta? Si en efeto
no habéis querido torear
hoy, en las fiestas que ha hecho
Sevilla por Barcelona
restaurada, anteponiendo
venir a esta quinta a ver
a vuestra dama, sospecho
que ha sido a verla nomás.
Ya sabéis del mal que muero;
ya sabéis cómo rebelde
sustenta altivo imperio
del rigor, contra mi vida
Bernarda, absoluto dueño
de mi albedrío.
En las fiestas
de toros no entráis por eso,
¿Don Lope?
¿Qué me decís?
Cuando no ha querido verlos,
porque supo que yo entraba
en la plaza, sentimiento
que sobre todo el dolor,
la extrañeza, y el despego
con que esta mujer me abrasa,
aumentó a mi amor incendios;
con cuyo dolor, más vivas
mis ceguedades, sabiendo
desde esta mañana, que hoy
se retiraba al recreo
Deste jardín, Don Enrique
con su casa, y ese fiero
basilisco de mi vida,
dispuse (¡oh, discursos ciegos
de mi pasión!) con partido
mi criado al jardinero
desta quinta, que me diese
lugar de entrar aquí dentro
un toro, y tenerle donde
le dé libertad a tiempo
que pueda aquesa tirana
verme, haciéndolo dispuesto
de suerte que todo acaso
parezca (porque temiendo
desta quinta abierta, aquella
puerta que cae frontero
del camino, y de la cruz
del campo (como lo ha hecho)
ha de fingir que entró acaso
el toro; esto consiguieron
con el jardinero el oro
y con mi amor el desprecio,
que aunque conducir aquí
su ferocidad me ha puesto
en tantas dificultades,
como sabéis, en efeto,
¿qué no vencieron pasiones,
intereses qué no hicieron?
Esto supuesto, también
por disimular honesto
el venir yo hasta aquí, sin
que se note el fundamento
de mi venida (aunque soy
parcial destos caballeros,
padre y hermano de aquella
ocasión de mi tormento),
hice hoy que la visitase
mi hermana, con que vinieron
juntas las dos en su coche;
y porque disimulemos
más la presunción de jaques
y de dones, es intento
de poder fingir que voy
a Carmona, de mis deudos
+ llamado a hallarme también
en sus fiestas;
de toda mi libertad,
ponerme a caballo quiero
y haced que suelten el bruto.
Y en fin, ¿qué intentáis con esto?
Darla a entender, que aunque huya
de mis finezas, las tengo
tan constantes en mi amor
que la siguen; y en efeto
¿Queréisla galantearla
solicitando, muriendo,
adorarla, persuadirla,
más gallardo, más atento,
mientras más me aborreciere.
¡Amante sois de otro tiempo!
También en este hay finezas.
Al fin queréis (ya os entiendo)
que aquí os vea vuestra ingrata
desde aquel balcón, resuelto
hacer una bizarría?
No es mucho según me veo,
Damas hay que las obligan
las valentías, si es destos
el capricho de la vuestra
quizá acertéis el hierro
de tan loco desvarío,
Yo me abraso, todo esto
es una pasión asida
del alma, y pues el severo
rigor de su tiranía
nunca han podido torcerlo
mis persuasiones, mis ansias,
mis atenciones, mis ruegos,
mis halagos, mis finezas,
mis porfías, mis anhelos,
condenada en todas partes
la fe de mi amor, apelo
a la desesperación
que es juez que por lo menos
sabrá quitarme la vida
cuando no me dé el remedio,
fuera de que ya ha llegado
mi mal al rigor postrero.
¿Por qué llamáis? ¿Qué aguardan?
Un don Pedro de Toledo,
caballero de la corte,
con quien casarla.
¡Ay de ello!
Esta novedad me tiene,
más loco, ¡celos!, resuelto
a hacer todo cuanto fuere
de parte de mi amor ciego.
¿Qué caballo traes?
El rucio.
Es valiente.
Tengo
satisfacción de él.
Pues alto,
la Quinta esta tarde hacemos
plaza mayor de Madrid;
que soy vuestro amigo y deudo
sabéis, y lo que os estimo.
Poneos en él, porque quiero
hacer la seña en que salga
el toro al jardín.
Vase don Lope.
Portentos
son, amor, tus ceguedades.
El Capitán hace señas con el pañuelo hacia el vestuario.
Adiós: ya el mayor remedio
es el despeño mayor.
En él, después de haber hecho
la seña, se han retirado
del balcón las damas; pienso
que ha de malograr don Lope
la ocasión, pues no han de verlo.
Ya salió el toro al jardín.
¡Qué feroz! Mas, ¡vive el cielo!,
¿qué es lo que miro? ¡Terrible
ha sido acaso el suceso!
Apenas salió al jardín
aquel animado trueno,
que a un tiempo esgrime dos rayos,
cuando iban también saliendo
las damas, turbadas huyen.
¡Vive Dios, que ya el empeño
don Lope, lo que empezó
por finezas y galanteos,
Dentro voces de mujeres.
Huyamos, señoras.
Huye.
Muerta soy.
Valedme, cielos.
¡Ay, suceso semejante! ¡Terrible!
Dentro Uno.
Derribole.
Otros.
Que le ha muerto.
Dentro voces confusas, voz distinta.
Hala, hala,
por la puerta
de la Cruz del Campo, dentro
de la Quinta se arrojó.
En el manuscrito, los siguientes dos versos y la acotación se copiaron antes de las voces de dentro, pero se indicó con llamadas su lugar correcto aquí.
Vase, sacando la espada.
Fuerza es ya exponer al riesgo
el valor y la fortuna.
El siguiente fragmento aparece tachado en el manuscrito: Dentro Jigote. Jigote. El toro está hecho un ciervo; aquí de Baeza, Sahagún, de Vibar, Barillas, pliego, el Almirante, y Cerralbo, Barrancas, y Gómez Diego. Dentro Uno. Uno. Brava fortuna. Otro. Hombre heroico. Otro. Lindo valor. Otro. Gran suceso.
Sale don Pedro de camino con hábito de Calatrava, y trae a Bernarda turbada como vuelta de un desmayo.
Aparte.
Perded, señora, el temor;
cobrad el perdido aliento,
no pueda más destas fuentes
el cristal que mi deseo.
Un prodigio es de hermosura.
Ciega y turbada os confieso
que os he debido la vida;
si bien el no conoceros
ha turbado mi recato.
Sale don Alonso con Laura de la misma suerte.
Laura, señora, mi dueño,
ya estás fuera del peligro.
Helado el corazón tengo.
Sale don Enrique viejo muy alborotado.
¡Hija! ¡Bernarda! ¿Bernarda?
¿Dónde estás?
Señor, del riesgo
libre, pero del asombro
no puedo decir lo mesmo,
no acierto a volver en mí.
Sabed el daño que se ha hecho
A don Pedro.
aquel hombre a quien mató
el caballo: caballero,
cuyo valor y fortuna
hoy se han competido,
Sale Jigote de camino con la espada desnuda.
Esto
es hecho, mi amo mató
el toro, dénsele luego
a mí, que cien cuchilladas
le pegué después de muerto.
Sale don Lope enfadado, el Capitán, Francisca criada y Laura.
¡Hermano!
Señor don Lope.
Corrido estoy, vive el cielo,
mis deseos me han burlado.
Vuestros delirios lo hicieron.
¿Luego vos, señor don Lope,
sois?
¿Quién duda?
¡Cómo es esto!
¿Os habéis hecho algún daño?
No, no, señor, nada siento;
sucediome mal, matome
el caballo, y yo.
Poco, peor
en la cuadra, no es posible
don Lope dejar de haberos
lastimado la caída.
Excusado es, que no tengo
daño alguno recibido,
y es correrme.
El ardimiento
de vuestro pecho animoso
siempre ha de quedar venciendo.
¿Qué habrá sido esto, señores?
¿O quién ha querido hacernos
aquellas fiestas de toros
cuando por no querer verlos
mis señores se han venido
a esta quinta?
Inserción marginal indicada con una cruz (+):
Y si este es el cuento,
que ese caballero dio
consigo todo en el suelo
con gentil talle, y su caballo,
un rucio rodado, hicieron
que a él embistió el toro, y que yo,
muy cerquita dél de lejos,
de la primer cuchillada
a cien varas del pescuezo
desjarretéle en el aire,
y después...
Aparta, necio.
Tachado: d. Enriq. Mientras hay más confusión Cap. de dónde este animal, este inmenso con alma salió, don Lope.
Señor Capitán, ¿sabéislo?
saliendo don Lope y yo
en su coche al campo, a efecto
de hacer mal a aquel caballo
probándole, de este fiero
bruto, el alboroto oímos
en vuestra quinta, y viniendo
no sabemos otra cosa
mas de haber visto el suceso.
En este campo debió
de quedarse del encuentro
desta mañana,
A don Pedro.
El peligro
fue grande; y vos, caballero,
¿quién sois? ¿de dónde veníais
en tal ocasión y tiempo
que evito, que he conocido
darme la vida que os debo
en la de Bernarda?
Dicha
ha sido en mí, que agradezco
al cielo, el haber llegado
aquí en ocasión que haceros
pude este agasajo; y dicha
adquirida de mi empleo
en serviros: de Madrid
vengo a Sevilla, y atento
a la diversión de ver
los alcázares soberbios
de esa andaluza Babilonia,
y de aquese epílogo excelso
de todo el orbe, pues casi
le tributa todo entero,
llegaba a esta quinta, cuando
anhelados de allá dentro
escuché entre un alboroto
los delicados acentos
del labio de una mujer
que rasgando el aire fueron
Esos toques del oro
de mi sangre descubriendo
siguiendo el impulso
que me lleva a los deseos
de favorecerlas, pues
arrojándome al momento
de un caballo en que venía
que juzgué llegar primero
que en pos de su ligereza
en alas de mi ardimiento;
llegué al fin en ocasión
que uno de los caballeros
vistiendo un rayo del Betis
neblí sin plumas, que haciendo
lesión al jardín volaba
en el aire de sí mesmo
en cuyo hipogrifo errante
procuraba osado y diestro
desmentir un toro cuanto
pudiesen salvar el riesgo
estas damas que turbadas
tropezaban en su miedo,
si no fue que allí parciales
las flores y el susto, hicieron
tejidas redes todos
de fragrancia y de afectos
por prenderlas y quitarlas
para mayor lucimiento
del jardín, todas las flores
de su hermosura, y fue cierto,
pues al huir enlazadas
al ansia el color perdiendo
cuando no las azucenas
(porque las conservó el hielo
en sus mejillas) dejaron
los claveles por lo menos;
burlóle dos o tres veces
el caballero el intento
al bruto feroz, que errando
los golpes chocaba al viento,
y burlado, pareció
que quiso vengarse ardiendo
sino en su sombra, en el polvo
que levantaba del suelo,
y abrasado entre sí mismo
abortando y escupiendo
en sangre y espuma ardores
de su coraje soberbio,
haciendo entonces del polvo
nubes, entre ellas revuelto
Me pareció torbellino
que estaba nevando incendios,
quedando el rucio valiente
libre, y de los movimientos
de su industria, tan altivo,
tan loco, tan descompuesto
que divididas las venas
móviles de todo el peso
de su máquina con alma
hecho un torno todo el cuello
del arca corvada un arco
y una muralla del pecho,
desde el codón, que tejido
con el aire errante, al verlo
por lo blanco, y por las ondas
era río, hasta lo crespo
del copete, que rizando
una pluma en cada pelo,
escarapelando en copos
La pompa volante a trechos
de las crines; así el rucio
se juzgara, y todo entero
entero un monte, vestido
de arboledas, cuando a viento
le titubea las ramas
estándose el monte quedo.
Embistióle el toro ofendido
otra vez, aunque dispuesto
el caballero, rompió
un garrochón, dando el quiebro
del asta a este quinto globo,
rayo que juzgo le dieron
en la armería de Marte
Cíclopes, pero celestes,
pues no bajó de la esfera;
y la otra mitad blandiendo
en la muralla del bruto,
como llevaba en el hierro
una colonia encarnada,
me pareció ver el cielo
en guerras de amor, copiosa
bandera de vencimiento;
hirióle al fin, y la herida
fue preñez que abortó luego
un golfo de bermellón
de una montaña de fuego.
Pero sucedióle mal,
si tuvo logro el encuentro;
si pudieran encontrarse
dos montes, (salvo el portento
del hipérbole y el venado)
quedara entonces deshecho,
así los dos animales
agora chocando a un tiempo,
deshecho el monte andaluz
del caballo dio en el suelo,
que nublado por lo ruano
arrojado, no cayendo,
presumí que se estrelló
algún pedazo del cielo.
Después de haberle escondido,
quizás porque le temieron,
hasta el alma cada harpón,
desde la punta al extremo,
aquí el venado, herido
más ufano, y aun más necio.
Si acaso naturaleza
suele hacer brutos discretos,
disuadió a menor empresa
los bárbaros ardimientos,
a esta dama encaminó
la furia; aquí considero,
si quiso ser de mejor
Europa robador fiero.
Yo entonces de mi valor
asistido, pero ciego
de mirar en él tan vil,
tan cobarde atrevimiento,
que aun en el sentir de un bruto
averigüé por defecto,
con una mujer hermosa
usar estilos groseros.
Le salí al paso, esperéle,
embistióme, hurtéle el cuerpo,
dile la capa; pero el golpe,
al paso, y yo al punto volviendo,
a impulsos de una beldad
de dos puntas y un acierto,
vertió el coraje en ardores,
abortó la furia en fuegos,
escupió el alma en bramidos,
sudó la vida en alientos,
y el desvanecido risco,
no agradecido al riesgo.
Volví a esta dama, y la hallé
del susto y desasosiego
tan muerta, que la ignoré
el corazón en el pecho.
Aquesta fue la ocasión,
perdonadme, no lo niego,
de poner a vuestros ojos
en mis brazos todo un cielo.
La dicha fue mía, y acaso,
si (acaso es dicha) un suceso
mirad si me mandáis algo
en que os sirva, porque quiero
ponerme a caballo, que
he de entrar anocheciendo
en Sevilla.
Ya tenéis
posada, porque pretendo,
sino pagaros la deuda
(porque no es posible hacerlo),
daros a entender que sé
usar agradecimientos,
que es la tela que se viste
la fineza de un afecto
obligado y noble, aunque
de hoy a mañana espero
un caballero que viene
de Madrid a ser mi deudo,
siendo esposo de mi hija.
¿Quién es ese caballero?
Aun no le conozco. Es hijo
de don Carlos de Toledo,
y es que con un tío suyo
se fue desde muy pequeño
a Flandes, donde ha tenido
por la guerra ilustres puestos.
Tiene el hábito también
de Calatrava. Os prometo
que me dicen que es bizarro
y de grandes prendas. Esto
no importa, que vos también
seréis mi huésped.
Aparte.
Es cuento
que a aquesta casa venimos.
¿Le conocéis?
A un don Pedro,
su pariente, mirad
si le conozco.
Aparte.
Es el mesmo.
¡Vive a Cristo!
De tal suerte
obligaciones os tengo
mayores.
Aparte.
Doña Bernarda
con quien a casarme vengo,
tiene quien haga en su quinta
villanos atrevimientos;
¿quién ponga delante de ella
listones a un toro? Bueno;
pues quien lo hizo no estaba
con don Enrique, yo intento
satisfacerme.
Decidnos
vuestro nombre, que no es menos
mi deseo de serviros.
Aparte.
Aparte.
Este he de pegar.
Precepto
de mi obligación en mí
es solo ya obedeceros.
Cautelas ha de haber hasta
averiguar lo que temo.
Yo soy don Juan de la Cueva.
Aparte.
Si se mudara el pellejo
como el nombre, que mi amo
haya dado en embustero.
Grandes consecuencias hacen
apellido y valor vuestro.
Os habéis de honrar mi casa;
no hay réplica.
Yo lo acepto
por ser el obedeceros
linaje de rendimiento;
y porque solos dos días
Sevilla me espera, y luego
a Cádiz he de pasar.
Y a mí a fe que me es consuelo.
Aparte.
Solo aguardo les falten treguas
a mis ansias los descuentos.
Apartaos, despedíos.
Bien decís, que es mucho fuego,
celos, y desesperado.
En vuestro coche podemos
irnos juntos.
Señor don
Enrique, mirad si tengo
en qué serviros.
Señor
don Lope, en fin compitieron
el valor y la inconstancia
de la fortuna.
Eso es cierto.
La estimación del caballo
no podré satisfaceros,
pero intento equivocarla
con presentaros mi overo.
Servíos de él.
El cielo os guarde.
No tendrá en mi poder precio
con mi estimación, por ser
de vuestra mano, ni espero
poderme desempeñar.
Lo estáis con muchos extremos.
Gran muestra es de la fineza
en que me estáis, poniendo
la prenda que me dejáis.
Mi hermana estará luciendo
asombros de mi venida,
doña Bernarda.
No apruebo
el hipérbole; id con Dios.
Adiós.
Vanse don Lope y el Capitán.
Adiós, caballeros.
Aparte.
Este hombre me ha desvelado.
Sus acciones hacen celos;
como a las puertas de amor,
antes de entrar os encuentro.
¿Qué enredos son los que intentas?
Señor...
Calla, yo me entiendo.
¿A tu suegro engañar quieres?
Mal sabes lo que es un suegro.
Señor don Juan de la Cueva.
Señor don Enrique.
Bueno;
todos aparte, y con parte,
y yo sin parte, ¡perdiendo!
Margen izquierdo: Vanse don Pedro, don Enrique y don Alonso, y salen las mujeres.
¿Has visto hombre tan galán
en tu vida?
Aparte.
Bien lo temo,
que sobre darme la vida,
si no es al contrario, ves
en él muchas prendas raras,
resistencias de un deseo.
Bizarro talle, a fe mía,
mucha parte en los afectos
tiene lo galán.
¿Qué dice?
Que es galán.
Sí,
por extremo.
Aparte.
Él le ha parecido bien.
A doña Laura, ¿qué es esto?
Parece que lo he sentido.
¿Y qué? (¡Ay, tal error!) Por cierto
que no. No, no es muy galán;
así, así.
¿Cómo?
No entiendo
tu gusto, pues eso niegas.
Con ese conocimiento
le pagas un beneficio;
mírale bien.
Aparte.
Yo me quemo.
Mas, ¿qué digo? Yo no sé
lo que me está sucediendo.
También dirás que no es
valiente.
Tachado: bernard.
Eso no lo puedo
negar, que anduvo bizarro.
¿Y lo cortés? ¿El despejo
en el hacer y el decir?
Os alabo al madrileño,
norte, sol de las almas,
norte sano de los cuerpos,
tengo buen gusto, soy franca.
Tienes razón.
Ello es bueno;
mas, ¿qué me dices también...?
Que es entendido
confieso,
que a su talle y bizarría
no debe nada su ingenio.
Alto presumo yo.
Aparte.
Aparte.
Ah, yo,
doña Laura, no me entiendo.
Muy despacio le has mirado,
y aquesta mujer me ha muerto.
Pero ¿yo quiero a este hombre?
Para sentir, no le quiero:
pues si no le quiero, ¿cómo
puedo sentir? Pero miento:
yo le debo de querer,
pues que me abraso de celos.
¿Qué discurres?
¡Yo!
Aparte.
Si hubiera
de tener celos, ¡qué error!
Este silencio hablador
de Bernarda me los diera.
Aparte.
Natural es el querer.
No son vanos mis recelos.
Aparte.
¿Qué es esto? Primero celos
que amor! ¿Cómo puede ser!
Vamos.
Vamos.
Ya entraremos
en Sevilla, siendo de noche.
Hola, prevenid el coche
y dos caballos.
Aparte.
Busquemos
ocasión.
A mi señora
doña Laura dejarás,
Bernarda, en su casa.
Aparte.
Mas
se debe a mi amante ahora.
En efeto es de su casa;
¿quién es este caballero?
Aparte.
¡Ay, tal cuidado!
Dale don Alonso un ramo de flores a Laura, que recibe cortésmente a el irse, y queda Jigote, que detiene a Francisca.
Aparte.
Ahora quiero
darla el papel, que deparó
la ocasión. Entre estas flores
va:
Señora, en nuestra esfera...
Honrad las flores siquiera.
(Vase.)
Recibidlas como olores,
recibidlas por conceptos
del alma (¡amor, ya te arrojas!),
y os advierto que en sus hojas
van escritos mis afectos.
Antes me escuche, Usiría.
Cuatro o cinco sinrazones
tiene, lacayo.
Las razones
el lodo borra que decías.
Dime un nombre, no dé el
del título.
Obediente estoy,
yo sola en el mundo soy
una Francisca sin efes,
¿y el tuyo?
Bigote.
Así,
Bigote?
Desde criatura
y nunca por tu hermosura
tan picado como aquí.
No te como.
Lindo enfado,
cuando darte gusto espero,
¿tragarásme?
No, que quiero
amante más estofado,
picas alto.
Puede ser.
Tu amo, el que quiero yo.
Con eso se declaró
tu vanidad,
Soy mujer;
Mas tú me tocas a mí.
Pues si yo te toco, danza.
No sé hacer una mudanza
aunque más haga.
Vase.
Yo sí,
mas si quieres agradarme,
(esto es cosa cierta)
por tu señor estoy muerta;
tú has de resucitarme.
Yo le vi, y apenas era
la primer vez que le vi,
cuando sin saber de mí
perdí el juicio a la primera.
No quiero más hermosuras
que su talle y su valor,
que yo por un matador
me descarto de figuras;
por él me siento morir,
yo le adoro, no te asombre,
que en este juego del hombre
es lo mejor el espil.
Robóme el alma, y alabo
que tú has de aplacar mi fuego,
porque has de ser mi alca... luego,
sino letricas al cabo.
Confuso.
Vase.
Alca... con cinco letricas
al cabo; ¡ay duda tan mala!
Alca... ¿si será alcabala?
Pero mal discurso aplicas.
Alca... ¡ay mayor confusión!
Alca...
Alca... ¿uil?
Alca... sí, es alcaparrón;
alca... que deduce un pobrete,
alca... nzo? no habrá un buen
alca... bién.
¡Boto a Dios, que es alcahuete!
¡Ah, pícara entre letrados,
buitres, la que estás demás,
tú, y tú lo has de ser, as.
La hornera de pecados,
tú lo serás, tú lo seas,
tú lo fuiste; ¡cuántas artes
hay, y abra, sí! Juntas partes
tan mal como deletreas,
¡hecho estoy un perro, un moro!
Y mi mayor perdición
es que se letree con
tan poquísimo decoro.
Salen don Lope, y el Capitán dentro ruido de coche.
Para, para.
Esta es mi hermana.
Don Diego, vedme después.
Vase.
Pues adiós.
Adiós, Inés,
mas rebelde, mas tirana
mi fortuna que el rigor
de Bernarda, yo me abraso;
ansias, mirad lo que paso,
porque más culpe en mi amor
mi estrella.
Sello de la Biblioteca Nacional.
Sale Laura.
No más segura
fuera de Sevilla. Hermano...
¿Qué tienes?
No en vano
el enojo que te procura
tu pretensión he temido.
Siempre juzgo que estarás
lastimado.
Laura, estás
engañada; mas rendido
me tiene el fiero tormento
de otro fuego peregrino,
ya por más de algún indicio
echado el argumento.
Laura trae un ramo de flores que le dio don Alonso, y repara en él don Lope.
¿Son flores estas?
Sí.
Flores
traes, Laura, de la quinta.
De tu amigo, bien distinta.
En mí es la de sus rigores,
pues dura tanto; di, ¿quién
te dio ese ramo?
Bernarda
me le dio.
Dámele.
Aparte.
¡Aguarda,
válgame Dios!
¿Es también
el negármele rigor
tuyo?
Aparte.
En él, si no me engaño,
viene un papel. (¡Lance extraño!)
de don Alonso; otro en él.
¿No me le das?
¿Para qué
le quieres?
Para aumentar
con sus flores mi pesar.
¡Qué ignorancia!
Culparé
que me le niegues.
Aparte.
Mortal estoy;
¿esta estimación
he de hacer de él?
¡Qué atención
tan necia para mi mal!
Acaba.
Aparte.
Sin vida estoy.
¿Por unas flores, hermana,
que se han de morir mañana,
me niegas la vida hoy?
Turbada.
Las flores aquí sospecho...
Quítale el ramo.
Con eso me has abrasado
más. Cansada estás.
¿Airado
conmigo, señor?
Hace pedazos el ramo.
Allí cae el ramo deshecho, cae un papel y repara en él.
Deshecho,
como tengo el corazón;
así se llevará el viento
las ansias de mi tormento
en mi desesperación.
Pero ¿qué es esto?
Aparte.
Esto ha sido
mi desdicha.
¿Dentro del
ramo, encubierto, un papel?
¡Vive el cielo, que ha tenido
causa el resistirle!
Ya
es forzoso, hermano, yo...
Sí;
no te alborotes, no,
que el papel nos lo dirá.
Mi perdición se restaura.
Vencido ha tu rigor;
si en la guerra de mi amor
salgo sin lauro y con Laura,
buenos versos.
Si acaso tu recelo,
estando yo sin culpa...
¡Vive el cielo,
que en tu sangre...
Mi honor, mientras no expliques
mi engaño aquí...
De don Alonso Enríquez
es la letra, y él dice que ha avenido
tu rigor. ¡Tú, villana! ¡Él, atrevido!
Detente, que yo aquí mi honor no acierto
a procurarle lado, herido, muerto,
el corazón.
¿Traidora, aun te han faltado
disculpas?
Claro está, que ni le he dado
ocasión, ni en mí hay culpa, y pague el cielo
que este...
Calla, ¡oh, mi rabia!
Soy de hielo;
yo veré tu disculpa, si la tienes.
y ha de ser desvarío cierto.
Vase cerrando / y así la puerta.
tienta la puerta.
Abriendo sale don Lope / con las flores y un papel.
Si previenes,
señor, darme la muerte,
la puerta me ha cerrado, lance fuerte.
¿Qué intentará mi hermano,
si su rigor tirano
ejecución tendrá contra mi vida?
Mi mal, sin duda, es cierto, soy perdida.
Ya no tengo remedio, ay, más atroces
injurias de mi estrella; daré voces.
Aun para hacerlo el ánimo cobarde
me ha faltado. Si el ciego de la tarde
huyó de mí por darme el que padezco,
cielos, no le merezco;
pues si acaso he querido
a don Alonso, en mí mi amor ha sido
con recato tan grave
que ni yo lo he sabido, ni él lo sabe;
mas solo culpo la ignorancia mía,
pues sabiendo el peligro que temía
en el ramo de flores,
no le guardé; ¡qué errores
no previene el amor y qué pesares!
Todas las flores se me han vuelto azares.
Mas ya vuelve mi hermano, yo soy muerta.
hace el ramo de las mis- / mas flores con un pa- / pel dentro
Repórtate y advierte
que has de saber primero que tu muerte
pagarle a don Alonso las finezas,
que excusen las tibiezas;
por ti le he respondido
atento y advertido,
y de tu parte entre las mismas flores
este papel le han de llevar.
¡Rigores
que prevenís aquí! Mi hermano vuelve
el ramo a don Alonso, él se revuelve
a sus temeridades.
Ya está hecho,
el ramo que te vuelvas
en mi pecho
sin alma.
Laura, entra y despedida
quedarás en tu cuarto.
Vase.
Voy sin vida.
cierra don Lope / la puerta por / donde se fue Laura.
Sale el Capitán.
Quede allí; honor, no te alabes
que habían de estar en vigor
estas joyas del honor
debajo de muchas llaves,
mas qué llaves, qué atenciones,
honor, pueden ganar palma
si no hay llaves para el alma
y ofenden las intenciones;
buenos habemos quedado
honor, veisme aquí perdido,
de Bernarda aborrecido,
de don Alonso agraviado.
Don Lope, amigo.
Yo, honor,
ciego y ofendido, así...
Vos sin responderme a mí,
vos demudado el color,
amigo...
(haceros rigores
de mi tormento), en sabiendo
lo que me está sucediendo
no extrañaréis mis errores,
habladme claro.
Ya veis
lo que ha intentado mi amor
por deshacer el rigor
de Bernarda; ya sabéis
que de una criada suya
alentado mi tormento
(que engaña cualquier fomento
a un ciego deseo) en cuya
fe me pierdo, había intentado
darla una música, ciego,
cosa que siempre, don Diego,
vos me lo habéis estorbado.
por la atención y respeto
de mi casa, pero ya
que todo perdido está
¿qué queréis?
Que tenga efeto
esta noche.
¿Queréis dar
la música?
Esto ha de ser;
si puede satisfacer
lo que siento, publicar
mi amor, pues aunque engañada
presumo (a mi error dispuesto)
que desahogo con esto
mi vanidad estragada.
No os entiendo: ¿ese error
a qué efeto?
Pues le sigo
hay bastante causa, amigo.
Mirad.
No está mi dolor,
ya no, para aconsejarme
(aunque mis males se duden)
sino para que me ayuden
solamente a despeñarme;
y agora (a fiero tormento)
habéis de dar estas flores
donde os diré...
¿Hay más errores?
Yo no alcanzo vuestro intento.
Seguidme, y de mi abrasado
pesar sabréis la ocasión.
Con razón o sin razón
siempre estoy a vuestro lado.
Vanse.
Salen Bernarda y Francisca.
¿Eso dices?
Sí, al mirarle
juzgo yo que no sentía
dentro de mi fantasía
ningún impulso de amarle,
y cuando empecé a alabarle
inclinada a Laura, hallé
no sé, ¡ay de mí! qué sentí
dentro de mí, luego yo
¿sé que le tuve el amor? no;
¿sé que tengo celos? sí;
y si es que no puede ser
primero celos que amor
si yo le tuve, en rigor
no le llegué a conocer,
los celos sí, al padecer
aquel ardor que sentí:
¿es cierto que colegí
cuando el alma me encendió:
¿del amor los celos? no:
¿amor de los celos? sí,
y si ninguno ha sentido
antes del amor los celos
a mí solamente, ¡cielos!,
agora me ha sucedido,
conque si amor he tenido,
y celos y amor en mí
según lo que el alma argüí
de ambos efetos sintió;
¿quieres que lo calle?
No,
¿quieres que lo diga?
Sí.
Un hielo quemando es
el amor, y los celos son
el ardor, y la pasión
de quien se quema en él; pues
así mi pena al través,
verás quemando ser amor
el hielo en mí, cuyo ardor
es fuego que no admiré,
porque no vi, y remiré
hasta que sentí el dolor;
yo, Francisca, estoy creyendo
que el amor (y es evidente)
pues solo amor, no se siente,
con celos sí, y suponiendo
Salen don Pedro y don Alonso y Jigote.
Aquesta razón entiendo,
porque en mí he conocido
que amor solo es un rendido
al instinto ignorante;
y esto en un amante
es un pesar entendido.
Pero don Juan y mi hermano
salen al patio.
Es recreo
que sin duda en él afea
los rigores del verano
Sevilla.
Con parras, fuentes,
nieve y jardines.
¡Reparas
aquí muchos hacen casa
con azulejos!
¡Prudentes
son tus chanzas! Allí está
mi hermana, esperadme aquí
que tengo que hablarla.
Don Alonso aparte con Bernarda y Francisca. Echemos de nosotros este don Pedro fastidio. Salen embozados don Lope y el Capitán.
Allí
todo se ejecutará
a lo que aquí hemos entrado,
si en el patio he visto a don
Alonso, que mi atención
oyó, y que aquí ha faltado
de luces, que retiradas
están detrás del cancel;
ya le he visto, si es aquel,
solo a vos tengo fiadas
las acciones de mi honor,
con una seña embozado
haréis lo que os he ordenado
desde aquí.
Retíranse detrás del paño don Lope y el Capitán. Y al mismo tiempo, yéndose don Alonso, se pone don Pedro en el puesto donde estaba don Alonso.
Verás mi amor
en todo.
Vase.
Esperad, don Juan,
mientras por el broquel entro.
Señora, desde aquí dentro
le acechemos.
Al paño las dos.
El Capitán a don Pedro que está embozado.
Don Pedro se llega al Capitán.
Toma el ramo don Pedro confuso y el Capitán como encubriéndose con el embozo y simulando la voz.
Allá van
esas tretas.
¿Caballero?
¿Qué me mandáis?
Vase.
Estas flores
son para vos; y favores
con advertencias primero
que os las entrego de parte
de doña Laura de Lara.
Adiós.
¡Oíd! ¡Cosa rara!
¿Viste, sin escucharle,
y un caso semejante?
Sacándome hacia lo oscuro,
que viene a ser, si lo apuro,
alcahuete vergonzante,
lleguemos a la luz.
¿Qué es?
Un ramo de flores.
Prenda
de dama,
que así lo entienda
querrás; ¡yo en Sevilla!
¿Pues?
Oye.
Atiende.
Esto será
amor nuevo que restaura
los gustos.
¿Que doña Laura
de Lara, a mí?
¡Cómo!
¿Habrá
sobre esto alguna disputa?
Si te ha dado algún dinero,
¿faltará un amor florero
que te despache a frutas?
¿Quién podrá ser?
¿Viste tan
poca vergüenza en tu vida
de mujer?
Yo estoy corrida
de pensarlo.
Es muy galán;
parecióle bien, y tanto
que ha perdido el juicio, e yo
que le estoy perdiendo
Yo
lo entiendo.
Pues no es encanto.
Quizá en las flores habrá
más enigma: este es clavel,
y estos alelís.
Hallan un papel en el ramo de flores.
¿Y aquel
blanco señor qué será?
Un papel es.
El blanco es
de las flores.
¡Ah, traidora
amiga! Un papel.
Señora,
¿qué es aquello?
¿No lo ves?
¡Ah, Juliana! Yo me abraso.
Abierto está.
Pues si está
abierto, entra a leer.
Ya
no hay más que hacer.
¡Ay tal caso!
(Lee.)
Mañana en San Diego quiero
verle el acero y la cara
al rayo del sol primero,
para matarle le espero
no más. Don Lope de Lara.
¡Desafío en verso!
Amores son.
A fe que traen con él
las flores lindo papel,
y el papel muy lindas flores.
Quedo yelo.
¿Para qué
quieres los favores
que habéis destos?
¿Yo?
¿Yo?
(Sale.)
No sé
qué aguardo.
No estoy en mí.
¿Dónde vais?
¿No lo ves
lo que contiene el papel?
He de reventar.
Pues él
es tan honrado que creo
que se le dará.
¿Señora?
¡A lindo tiempo!
Aparte.
Señor don Juan,
blasonar mi amor
de premiado puede ahora.
No estorvará el veneno
de una duda.
Aparte.
Yo no sé
por dónde empiece. ¿Por qué
escondéis el papel? Bueno.
¿De mí?
Pues ¿por qué?
Intratables
serán del papel efetos,
que es propiedad de discretos
esconderse; ¿son cobrables
sus letras?
Aún todavía
dudo acetarlas.
¿Por qué?
Por no pagar.
Yo lo haré
por ser de una amiga mía;
dádmele.
Señora...
Aparte.
¡Ah, loca pasión!
Antes yo pudiera
ser la mejor medianera,
eso a Francisca le toca.
A ser lo que juzgáis, sin
duda os le diera; mas yo,
ni le entenderéis,
¿No?
No.
¿Qué? ¿Viene escrito en latín?
Pues no ha estudiado mucho
aquesa dama, en quereros
desde que os quiere.
Por veros
errar el juicio, os escucho,
ya solo
me le negáis.
En fin,
pues ¿cómo pudiera
quien nada os negó, si fueras
señora, lo que pensáis,
¿pues que tan mal entendida
me juzgáis?
A causa que
no puedo darle, sino es
(cuando os he dado mi vida)
posible, pues no os le doy
agora, después señora
cuanto soy,
(Muerta estoy.)
después de agora
no le quiero.
Señora,
Aparte.
¿para con él
corrida, amor me ha burlado?
pues quien el alma os ha dado
también os diera un papel,
sí,
(Enojada.)
(Yéndose.)
ya no hay más que decir,
sino que me enamoréis
y que atrevido penséis,
y aqueso os he de sufrir,
Francisca, ha sido grosero
vuestro estilo, pero yo,
vamos de aquí,
Oíd.
Tarde.
Tomadle.
Ya no le quiero.
¡Qué es esto!
Muy bien lo doy
a entender,
Al ir a tomar Bernar. / da el papel y sale don Alonso / y se queda confusa
(Vuelve Bernarda.)
oís, oís.
Dadmele pues,
pero oís,
¡qué es esto!
Aquí se estrechó
todo.
Señor don Alonso.
Este papel me pedía,
efecto que presumía.
Lo que contiene
Aparte.
Un responso
en canturía.
(Toma el papel don Alonso y lee aparte.)
Mi señora
doña Bernarda,
Aparte.
¡Qué es esto!
Cielos.
Que dio en tierra presto;
Aparte.
allana remedio agora
el mismo papel,
Aparte.
de celos
todo mi fuego ha quedado.
Vanse don Alonso y don Pedro.
Bernarda, pierde cuidado:
venid don Juan;
Aparte.
¡Piedad cielo!
¡Qué es esto!
Aparte.
¿Aturdida os hallo?
Menor al lance este enredo.
Con mayores dudas quedo.
Con más confusiones voy.
Sé cuántas son cinco, y, sí, sí, alabo
que el perífrasis penetras,
tú me has hecho hombre de letras,
¿Entiendes?
Sí, y el asno al cabo.
Jesús, María, José.
Salen Bernarda y Francisca.
Con mil encarecimientos
me ha pedido quel Pacheco
de suerte que pueda hablarte
esta noche, o en tu cuarto,
o donde quisiere, para
engañarlos por mi mano.
Señora, a don Juan le debes
la vida, y en esto hallo
que está el pobre caballero
perdido de enamorado
por ti.
Aparte.
¡Atrevida! ¡Villana!
¿Eso me dices? Pues, ¿cuándo
te atreves? ¡Ay, don Juan!
Como no ha mucho rato
que le pedías un papel
y con mil afectos varios
diste a entender...
¿Hay mayor
atrevimiento? ¿Qué aguardo?
¿Qué vistes en mí?
(Yéndose.)
Señora,
sosiégate; si te he dado
disgusto en esto, no solo
no hablo más en el caso,
pero mientras esté en casa
ese caballero, hago
juramento de no verte;
guárdete el cielo.
Aparte.
¡Ah, pecado!
¡Y cuántos ays me dejas
en mi alma! Toma abrazo;
¡oyes, oyes!
(Volviendo.)
¿Qué me mandas?
Mira semejantes casos
Vuélvale las espaldas doña Bernarda a Francisca, y se va Francisca tras ella.
No se proponen franquezas,
si don Juan, de lo arrogado
el llegármelo a decir,
a mí, no era necesario,
considera tú, si puedo
hacerlo; y considerado;
basta: lo que tú quisieres,
pues si ya te has declarado
conmigo, para qué son
afectos, tornar las alas
que acá fuera son venenos
y allá dentro son regalos.
Aunque quisiera pagarle
a don Juan, cómo esperamos
a que se asombre aquí injusta
mi padre, que de la mano
una cosa que por cartas
muy de secreto ha tratado
ponderándome las gracias
de tal caballero; tanto
que remitiendo a la vista
lo encarecido, no ha dado
tiempo a mi deseo, para
que solicite un retrato,
siendo quien soy? Cómo puedo
con este empeño:
Excusado
melindre: esta noche tuvo
cartas tu padre, y mi amo
de ese caballero, en que
le escribe, que está despacio
en Madrid por cierta causa,
y que hasta ser avisado
no le espere, con lo cual
tarde ha venido su estado;
en fin, media noche es ya;
yo señora voy, y llamo
a don Juan, como que sale
de mí, y déjame su agrado
a mí la fineza, y tú
podrás hacer en entrando
de aquello de que has recelado?
qué loco, qué temerario,
mi decoro! Quién dejó
la puerta abierta? Un gato
verás, y otras maravillas
te harán Lucrecia; y notando
que desvaneciste un si es
no es, tantito ablandando,
porque del día de fiestas
es víspera el de san Juan,
al caso voy:
Oye, espera;
con un hombre que ha llegado
hoy a mi casa, he de hacer
un arrojo tan contrario
al respeto que me debo
a mí misma, di?
Es el caso
que se va a Cádiz mañana
y dice, que malogrando
esta ocasión, perderá
la vida; qué estás dudando?
Mañana se va?
Sin falta.
Pues por eso he de excusarlo,
que para tan poco tiempo
es culpa aventurar tanto;
Y sus ansias, y sus fuegos?
Y mi fama, y mi recato?
Qué arriesgas? si no te das
por entendida.
Aparte.
(Vase.)
Ay tirano
veneno, que introducido
el alma me has abrasado,
déjame:
voy:
y a don Lope
esperanzas que dé en vano
a tu amor, las puedes dar
al viento, porque volaron;
esto, el que a don Juan me inclinas
no sé qué astro voluntario,
si acaso en ti de influencias
hay para alcahueta astro;
sirve a don Juan.
Bien conozco
que este pesar que me ha dado
Laura, en quien culpo perdidas
(mis pensamientos tiranos)
ha nacido de un temor,
de un recelo, de un amago,
cuyo golpe acá en el alma
le temo de imaginarlo;
(que al amago me duele
muy lastimada la traigo)
Digo que mi pesar nace
de un celo, desvelado
sentimiento de que Laura
le dé ocasión publicando
su afecto a don Juan; y que
por ella no haga reparo
en mí, sí: pero qué digo!
ciega estoy; pues he llegado
a culpar la liviandad
de Laura, sin ver mi engaño;
Es más en Laura la culpa,
que un recelo y máquinas
en mí! ¡Qué un vano temor
más como vanidad llamo
lo que yo no le dieron
de Laura celos
iguales!
de Laura al verle en mi cuarto
cuando se le dio don Juan
esta noche? Yo no alcanzo
qué pudo ser eso, cielos,
dudas, temor,
confusiones, yo no me hallo,
pues es la duda mayor
no poder averiguarlo.
Yo al fin me rindo caído,
con lástima de mí en cuanto
de ti nació en mí un temor,
mas poco a poco ansias mías
ansias, afectos, engaños,
zozobras, quejas, impulsos,
y arroyuelos del recato
cada uno de por sí
pude (¡ay de mí!) vadearlos,
todos juntándose harán
un golfo, que al naufragio
peligre en él el bajel,
respóndame mar airado.
A un lado embozada Bernarda y por otro salen Francisca, Jigote y don Pedro.
Bien expuesto en la estacada.
A quien le viene más largo.
¿Francisca aquello de las
cinco letricas al cabo?
¿Eh?
La vine, y vi, mas dudo
el vencer, me has obligado.
¿Francisca?
¿Con eso sales
agora al cabo de rato?
No vi en el hablar mujer
tan lucida por los cabos.
Yo pienso que hice por ti
mucho en esto.
Así lo alcanzo,
yo lo busqué, yo lo quise,
pero agora que he llegado
quisiera no haber venido.
No te entiendo.
Pues veráslo.
¿Cómo?
Así; una mariposa
vive (Francisca) anhelando
por el fuego donde muere;
pues ¿quién duda que en estando
en el peligro, quisiera
no haberle solicitado?
Esto me está sucediendo,
pues ya será el excusallo
fuerza, porque mi amor
se ha visto; Bigote, vamos.
¿Te vas?
Allá arriba.
¿Arriba?
¿Vienes?
Vanse Francisca y Jigote.
Vete con mil diablos,
que no tengo por partido
ir con las idas por alto.
Bernarda severa como que no ve a don Pedro, cada uno a su parte.
Dudas, por disimularme,
ya que habemos empezado,
hice una carta fingida
para don Enrique, dando
a entender que de Madrid,
por precisos embarazos,
no he salido, y que hasta que
le avise pierda el cuidado.
Como turbándose
de esperar me; esto supuesto
(aunque estoy desafiado
para mañana, por causas
que ni averiguo, ni alcanzo
pues don Alonso ha dispuesto
salir a mi lado al campo
con las mismas confusiones.
Como al fin dispuso el caso
que lo llegase a saber)
venzan engaños, a engaños,
que engaños vendrán a ser
mis recelos si son vanos.
Yo llego.
¡Cielos! ¿qué es esto!
Yo confuso! Yo turbado!
¡Señora! ¡Francisca! Fuese.
Ya, sí; solos me dejaron,
pero ¿qué importa? Yo llego:
yo estoy muerto; ¡ay, mas extraño
temor! ¿qué dudo, qué temo,
pues yo estoy enamorado
desta mujer? No: el respeto
puede: ¡qué necio reparo!
¡Señora! No, no me oye,
pues agora, sí, que aguardo,
sin que me sienta me vuelvo,
que en mi atrevimiento labro
su enojo. Con ellos suelen
nacer afectos llevados
a aborrecer.
Vase yendo, pisando quedo, y volvi- endo la cara como que quiere irse sin que le sienta, y Bernarda disimulando que le ve, y al ver que se va, habla.
¿Quién es? ¡Ola!
¡Francisca! ¿Inés?
Vuelve don Pedro.
Yo;
¡Pues cuándo!
Yo, señora, entraba,
Vos,
señor don Juan, en mi cuarto
a estas horas! Pues ¿estaba
abierto aquí?
Se dejaron
sin duda abierto, señora.
Ya que sucedió acaso,
¿vos qué buscáis?
(Si me declaro
Aparte.
la irrito más, y me pierdo)
Yo, señora,
buscaba
buscaba,
¿Qué andáis buscando
rodeos?
Buscaba, yo
¿Qué?
Os adoro:
¿Cómo? ¿cuándo?
Digo; venía:
¿Por qué?
Por una luz; porque estando
sin ella en mi cuarto
Así
luz os falta, no me espanto,
que venís ciego; llevad
ésta, don Juan.
Toma Bernarda una bujía, y dásela a don Pedro y él se va con la luz y ella mirán- dole.
(y la intención. Aparte)
En el cuarto
perdonad.
Andad con Dios;
Yo llevado
de una turbación, ¡yo!
Aparte.
¡Ah, cobarde! ¿te vas?
Aparte.
Soñando
estoy; ¡amor como niño
me tratas! Pero ¿qué trato?
Ni ¿qué temor? Yo me vuelvo
desta suerte,
(Deja caer la bujía)
¿De las manos
se os cae la luz? ¿A dónde
lleváis la atención?
En algo
que no me deja acordar
de otra cosa.
Gran cuidado
es en el papel de Laura?
(¡Ola, Inés!)
Excusado,
que sin ella puede ser
que acierte a deciros algo,
de lo que siento, aunque juzgo
que con la luz veo tanto
como sin ella; después
que os vi; al fin, yo vengo a daros
aquel papel que os negaba.
A buen tiempo; ya pasaron
esos deseos que fueron
curiosidad; pero cuando
me duraran todavía
pasara por el engaño
de que me deis por aquel,
otro; pero ya estamos
que no me importa; advertid
que si os pareció cuidado
os engañasteis, guardad
vuestro papel.
Aparte.
Discurramos
dudas mías.
Sale Francisca con luz, y Jigote.
Aparte.
Qué galán
tan corto.
Dentro instrumentos de música.
¿No has reparado
señora, en los instrumentos
que a ratos que están templando
en la calle? Vos aquí,
¿señor don Juan? Si al amago
de la música venís,
el gusto bueno le alabo,
obrase bien porque toda
la música se ha arrimado
a estas rejas.
Ya lo escucho,
¿por quién será?
No es el canto
sin ser que es por la viuda
que vive en frente.
El recato
del mundo, ¿quieres que sea
la causa?
Fuera milagro,
tanto lastima el amor
como las tocas.
Aparte.
Ya entramos
dadas a vuestra experiencia,
señora, no embarazaros
quiero, pues con la atención
de la fineza el cuidado
querréis pagar.
Quedo, quedo,
señor don Juan, que no paso
por aquesta presunción
fácil que os está engañando;
¿qué atención ni qué fineza?
Oíd la música. Vamos
Jigote.
Agora no quiero
yo que os vais; que vais dudando
y no ha de haber opiniones
en mi opinión; y esto hago
por quién yo soy, no por vos;
en la puerta de mi cuarto
retira, y llégale una silla
al señor don Juan, en tanto
que en la calle cantan.
Cierto
que el tener seguro el campo,
llego la silla, ¿y qué más?
Siéntase don Juan y Bernarda.
Aparte.
Yo en obsequio no reparo
ahora en mí, siendo quien sois,
pero si gustáis me allano
a obedeceros.
Logróme
lo que estaba deseando.
Qué hermosa es en el silencio
esta armonía, punteado
toca uno divinamente.
Este es sastre, no hay dudarlo,
que a él le toca el puntear
y todo se hace arañando;
Aparte.
¿Qué será esta novedad?
Aparte.
Si es don Lope buenas vamos.
Aparte.
Cielos, apagad mis dudas
al golpe de un desengaño.
Dentro cantan.
Hermosísima Bernarda,
con la esperanza el morir
es apenas una vida
a pique de glorias mil.
Al primer tapón zurrapas.
Bien está, y estáis dudando
por quién es la fiesta.
Eso
es la fiesta.
¡Ay tal encanto!
Bernarda dijo.
Bernarda dijo.
Señora, soñamos.
Pues, ¿qué encanto ni qué sueño,
cuando lo dice tan claro?
Mas yo, señora, ¿qué importa
que lo haya oído?
Mi amo
sabe guardar un secreto
como una fiera, si acaso
esta es fiesta de guardar.
Señor don Juan, yo lo extraño
que a mí nadie me pretende,
ni galantea, ni acecha,
ni sé entender por qué, ni cómo,
puede ser esto.
Aparte.
Levántase don Juan y luego Bernarda.
Aparte.
Yo hago
más admiración de ver
que conmigo disculparos
queráis, ni satisfacerme;
señora, esto es excusado;
a ser yo vuestro galán,
parece (en buen tiempo echamos
penas, para no admitiros.)
Esto, señora, excusado
está aquí nomás: (¡por Dios
que estaba bueno!)
Antes trato
de que no os vais sin saber
que no soy parte, ni he dado
ocasión a esta locura,
ni lo entiendo, ni lo alcanzo,
y no por vos, por mí sí,
habéis de ir desengañado
con mi verdad.
Aparte.
Señora,
¿a mí? ¿para qué? excusadlo,
que no quiero saber nada;
id con Dios, pues ¿qué milagro,
de que tengáis un amante,
que le estén animando
favores? porque a mí ¿qué
me importa que esté pagado
de vos ni favorecido,
ni querido, ni ufano,
ni tan gustoso, ni tan,
ni que se le lleve el diablo,
porque a mí ¿qué se me da?
Algo será, pues me abraso.
Sosegaos, don Juan, y hacedme
una merced, o agravio,
sentaos, que me importa hacer
esto.
Señor,
Señor, haced.
¿No basta que os agasaje
este caballero?
Aparte.
Siéntanse como antes.
¡Ay casos,
cómo los que me suceden!
Sentaos, esto os ruego.
Aparte.
Haré.
Reviento del corazón.
Perdido está.
Pues buscadlo.
Dentro cantan
Sola una dicha, Bernarda,
puede hacerme el más feliz,
si la esperanza algún siglo
da la posesión al fin.
Vase levantando don Pedro y tras él Bernarda
Cruda música; Bernarda
viene echando como un Cid,
muchos años le gocea.
Que yo me voy. (¡Amor,
déjelos! Pero, ¿qué celos?
¡Yo celos! No estoy en mí.)
¡Ay mayor atrevimiento!
¡Ay engaño más ruin!
¿Yo, don Juan? Viven los cielos,
Francisca, que es esto así.
Yo, señora, no lo entiendo.
¿No lo entiendes? Pues yo sí,
y soy un poquito menos
entendido.
¿Habrá más vil
traición, ni mayor engaño?
¡Aguardad, don Juan, oíd!
¿Pues a mí qué me queréis?
No; pero me importa.
Sí;
pues a mí no, no me importa
ni esto. (Yo he de salir
de aquí a deshacer mis celos.)
Delante de vos, aquí
ha de oír este villano,
atrevido como ruin,
culpa mía, ni un indicio
ha publicado.
¿Le abrís
la ventana?
Si no gustas,
volveos.
(Ya lo entendí,
¡ah, mujeres, todas unas!)
¡Acabad, volved, abrid!
(Quiere abrir, pero no quiere
decir lo que iba a decir).
Yo me quemo, yo voy muerto;
¿cuándo ha habido amor en mí
para estos celos? ¿Qué es esto?
¿Quieres que te diga, di,
la verdad? ¿Quieres?
Sí, dila.
Que estaba muerto por ti;
que te di entrada en el alma;
que te amé cuando te vi;
que te adoré, que te quise
más que a mi vida, y al fin,
con estos celos, con este
pesar, con este infeliz
desengaño de mi amor,
todo aquello que escribí
en mi alma, se ha borrado;
color, estampa y matiz;
que fue fácil, porque estaba
recién escrito. Y así,
con esto adiós para siempre.
Al irse por aquella puerta que cerró Francisca, dan golpes, y vuelve a ella y detiénese don Pedro
Llamaron, Francisca.
Sí;
a la puerta de tu cuarto.
Dentro
Abre, Francisca.
¡Ay de mí!
Mi hermano es este. Don Juan,
que no hay por dónde salir.
¡Perdida soy!
Llamando
Abre, acaba.
Ya todo esto está un tris.
Yo temo que, hecho bigote,
me dejen; ¡y por San Gil!
Don Juan, no hay otro remedio
sino esconderos aquí
en mi recámara, presto.
Eso no haré.
¿Qué decís?
¡Pues mi vida! ¡Pues mi honor!
bueno es querer reducir
mi pesar y esquivándole
a tal acción.
Llamando cada vez más recio.
Dentro.
¡Ola!
abrid.
Con vos estoy. (¿Sin alma?)
Señor mío.
¿No advertís
que es toda mi perdición?
Pues agora, ¿estas hay?
¡Pléguele a Cristo con tu alma!
Señor.
¡Don Juan! (¡qué infeliz!)
pues hacéislo por mi amor
la señora de su casa.
Vos lo veréis.
Llaman.
Presto.
¡Ay, ansias!
Por vos lo haré, aunque morir...
Yo lo hiciera más fácilmente.
Ampáreme San Quintín
debajo de este bufete.
Muerta voy, señor, a abrir.
Escóndese don Pedro. Jigote se mete debajo de un bufete. Abre Francisca la puerta que cerró y sale don Alonso en jubón, con la espada desnuda, en la cinta el broquel y una pistola.
Bernarda, ¿vestida estás?
¡Y un tantán! (Falsa, así
acabo de confirmar
la infamia, aunque con oír
esta música, atrevido
escándalo.)
Por unir
unos lazos, divertidas
en la labor (¡ay de mí!)
no se ha acostado.
Yo, hermano,
Ya se acaba de vestir
mi padre, que lo ha escuchado
todo.
Aunque vestida aquí
me has hallado, los balcones
Vase yendo hacia donde entró don Pedro.
están cerrados;
yo sé de ir
a mirar los de allá dentro
para ver si es esto así.
Y después, a quien se atreva
a mi casa...
¡Yo perdí
la vida, que ha de encontrar
a don Juan!
Más vale huir,
señora.
Ven, y llamemos
a los de casa.
Seguir
a las que huyen es cosa
santísima para mí.
A un tiempo se entra don Alonso por donde don Pedro; las mujeres por donde salió don Alonso. Jigote sale de debajo del bufete y las sigue. Don Pedro sale por otra parte.
Acá viene don Alonso;
al respeto he de acudir
del decoro de su hermana,
de él, de su padre y de mí,
y verme con los que cantan
por este balcón; y así
cumplo conmigo, y con todos,
y con mis celos.
Vase don Pedro como arrojándose por un balcón, y sale don Alonso.
Vase.
Aquí
está abierto un balcón; pero
ruido en la calle oí.
Mas vive el cielo, que es
de cuchilladas, y al fin
casi estragado mi honor
por... mas ¿qué digo? Salir
me esfuerzan, ¿qué espero? Ha, leyes
del honor, yo voy sin mí.
Dentro ruido de cuchilladas.
Salen acuchillando a don Pedro, don Lope, el capitán y otros de la música.
Dejádmele a mí, que yo
basto.
Y yo sobro, aunque crea,
cayendo de alto, que sea
algún diablo que cayó.
Dentro.
Romped esa puerta.
En el margen izquierdo: Vanse don Lope, el Capitán, y los demás, y salen don Enrique, don Alonso, Jigote, y criados con hachas.
Cae don Pedro.
El pecho
tiene el mundo a mi ardor, hasta
morir.
Vámonos, que basta
esto que dejamos hecho.
Huyeron.
Sí.
¿No determinas
el rumor de los talones?
Músicos vi, o capones,
pero aquestos son gallinas;
en tiple huyen, ¡vive Dios!
No os vais, cobardes, que aún puedo
venir...
Aparte.
¡Mi amo! ¡Y tal enredo!
¡Señor don Juan! Pues ¿con vos
ha sido? ¿Vos a esta hora
fuera de casa?, ¿que no
os dejé acostado yo?
Vuestra confusión ignora,
claro, después, señor,
que me dejasteis, salí,
por serme forzoso, y si
no os di cuenta, fue en rigor
no poder; y ahora viniendo,
estos hombres me estorbaron
la calle, y me acuchillaron.
Esto ha sido.
Aparte.
Ya lo entiendo.
Pues mirad si estáis herido,
que presumo que os hallé.
Caí, es verdad, suerte fue,
no estoy herido.
Aparte.
¡Por Dios!
estoy... ¡vive Dios!
Pues
entrad, don Juan.
Vamos.
A don Alonso.
Vamos,
Alonso; y después volvamos
a buscarlos, que ya es
forzoso en mi honor, o sea
sin que lo entienda don Juan.
Buenos mis males están,
¿qué más causará una fea?
¿No más llamas en Troya?
Mi amo se echó del balcón
por no ofender la opinión
de Bernarda, de tramoya
fue la fineza; con esto
se habrán las dos sosegado
porque las habrá dejado
el susto con paz, y quieto,
mas don Enrique y su amigo
salen solos, y se van
la calle arriba; a qué van
no sé lo que me colijo.
¡Otro! pero vive Dios
que es mi amo, lo que pasa
dudo en esta infame casa;
iré a seguirle, y va
a su casa, y no a la
de la vecindad.
Las últimas tres líneas de Jigote reemplazan al siguiente texto tachado: a los / dos. / yo le sigo; y en la vecindad / aquí déjelo, / mientras pasar desta calle.
En el margen izquierdo: Sale Laura con una bujía, y toca suelta.
Cómo pudiera espirar
mi fuego, ¡válgame Dios!
y también desde esta casa
que volvió el rostro a su ofensa?
Fiero de mi hermano temo
su vida, y de mi venganza
yo no alcanzo la enmienda
de mi error, que impertinente
celo, y de su inconstancia;
me quedo aquí en el balcón,
mas, si don Alonso fuera
un hombre que ha bajado
en la calle desta ciudad
y mi pena adivina, que a
mi deseo...
En el margen superior izquierdo:
¿Sois hembra o macho?
Engañada
voy; oye.
O estoy borracho
o, si sois hembra,
hembra macho
seréis, porque andáis erradas.
¿Quién
me cecea hacia aquí?
Yo.
¿Qué letra es esa? que yo no
sé deletrear muy bien.
¿Las sevillanas se emplean
conmigo? ¿Amor lindo censo?
Que todas me llaman pienso
porque todas me cecean.
¿Oís?
Hablad más veloz.
¿Qué?
Que alcéis la voz os pido.
Que como nunca os he oído
os conoceré en la voz.
Tachadura de varios versos entre Laura y Jigote. Se lee parcialmente: "que me dais dolor de oídos / ... / solo un eco / responda ... / ... al embuste, qué he de hacer? / el hago, que al cabo / pueda ahogar, me duele"
Mi deseo me engañó,
¿quién sois? Hablad.
Bueno, a fe;
ni sé quién soy, ni quién fue
el padre que me parió.
Llegaos más.
Aparte.
Tal no imagines.
No podré, aunque lo mandáis.
¿Por qué no llegáis?
Porque no tengo en chapines.
Mas, sin duda, sois perdida
infanta encantada, o vieja
de los yermos de Saleja,
la turbada mano asida
tenéis, mi valor movedes,
yo os sacaré de agravios,
bajad, infanta, y lo haré;
bajad, que os ampararé
como tengáis buenos bajos.
Baje, digo, alta alteza,
y dígame quién la encantó;
mas no baje, que una infanta
no ha de hacer una bajeza.
Salen don Lope y el Capitán, habiendo visto hablar a Jigote con Laura.
Inserción en el margen inferior izquierdo con cruz de llamada:
Ya no hay que esperar, amigo,
un hombre es, que está hablando
en mis celos, y afrentando
mi fama.
Pues sois testigo
no hay que aguardar,
mil pesares
le abrasen.
Llegan metiendo mano a él, dale, huye Jigote y síguele riéndose.
Así me dan
sin pedirles, un Roldán
soy por pies.
Vanse aquí.
¡Ay, más azares!
Mi hermano fue, es cosa cierta,
que hablar me vio inadvertida;
él me ha de quitar la vida:
mas ya vuelve, yo soy muerta.
Ya entra en casa; esperando
mi muerte me cubre un hielo,
mas dos hombres (¡piedad, cielo!)
por la calle van pasando,
¡Ah, caballeros!
Salen don Enrique y don Alonso embozados y Laura los llama.
¿Quién es?
¡Mi señora doña Laura!
¿Señora?
Aquí se restaura
mi vida: señores, pues
a tal tiempo os ha traído
el cielo, amparadme: entrad
a darme la libertad
de la vida.
Quítase de la ventana.
¿Has entendido
semejante caso?
Extremos.
¿Está abierto?
Sí.
Entremos,
que este empeño nuestro es.
Sale Laura en tapapiés huyendo de don Lope, que trae la daga en la mano.
Serán de don Lope extremos.
Hermano, señor, detén
el impulso del rigor.
Se defienden don Alonso y don Enrique.
Hoy se ha de lavar mi honor
con tu sangre.
Si no hay quien
lo defienda.
¿Quién os dé
luz de cómo os engañáis?
¿Cómo es esto?
Ciego estáis.
¿Don Alonso aquí? Este fue
más indicio de mi agravio,
pero ¿qué indicio? Evidencia:
Ciñe don Lope a don Enrique como apaciguándole.
¡Yo soy, don Lope!
Paciencia,
¿qué hay que esperar, cuando labio
de ofendido?
Sale poniéndose al lado de don Lope el Capitán, y vanse riñendo, quedando Laura en el tablado sola.
Aquí estoy yo,
con vos por estar iguales.
A costa de muchos males
mi desdicha me libró,
mi casa queda abrasada
en el lance más tirano
por las furias de mi hermano,
y yo, perdida y turbada,
no sé (huyendo del rigor
que me amenaza homicida)
en qué ha de parar mi vida,
dónde ha de empezar mi honor;
gran ruido siento; perder
la vida será partido;
honor, ¿qué me ha sucedido?
Cielos, ¿quién me ha de valer?
Salen don Diego y Jigote.
Por aquí fueron.
Señor.
(a don Diego)
Gente,
amparad, caballero,
una mujer, que no espero
más remedio en el rigor
de quien me sigue.
Se enmienda,
huyendo el lance severo;
id, y advertid que primero
que pase quien os ofenda
me harán pedazos. Bigote,
pon en salvo antes que todo
a esa dama.
No hay más modo
ni moda, que mi bigote.
Vamos, veréis con recato
cómo, Bigote, os escondes
donde no os vea el sol.
¿Dónde?
Será en la calle del Gato.
Vanse Jigote y Laura.
Disparan dentro una pistola.
¿Hay discurso más extraño
que el de esta noche? Mas no
viene nadie; ¿de qué huyo?
Pero oigo, si no me engaño,
hacia allí mucho rumor
de armas y gente: si fuera
don Enrique, pues ¿qué espera
si lo duda mi valor?
Yo voy: mas dos hombres vienen
por la calle apresurados,
don Enrique es.
Salen don Alonso y don Enrique.
Mil cuidados
a un tiempo se me previenen en
el pasar el Asistente.
De ronda lo remedió
todo.
Al fin no respetó
mis canas el imprudente
de don Lope.
A todo esto como que van andando y don Diego siguiéndolos recatado.
Herido quedas.
Un hombre y todos al fin
nos escapamos; y sin
que el Asistente nos pueda
conocer, pues divertido
con la herida que da en cara
de don Lope...
¿Esto nos pasa?
Hijo, yo voy sin sentido.
y con esto y por quitar
escrúpulos a mi honor,
antes que viera el fulgor
del sol, tengo de sacar
a Bernarda de Sevilla,
vaya a Madrid a casarse,
con eso ha de remediarse.
A tiempo llegó expedida,
Don Carlos, pues he tenido
esta carta hoy, y puedo,
que don Pedro de Toledo
de la corte no ha salido;
ahora deba, señor,
Aparte.
buscar a Laura.
(¡Ay de mí,
con ella el alma perdí!)
Por su vida y por su honor
nos toca volver, pues ya
de nosotros se amparó,
a buscarla es fuerza;
yo
lo he de hacer.
¿Quién dudara
que a parar venga a mi casa,
pues sabe que la amparamos
y que empeñados estamos?
Ya solo el riesgo me abrasa
de Laura.
Vanse.
Seguir los quiero
y acabaré de saber
qué ha llegado a suceder
aquí, según lo que infiero.
Vase.
Salen Jigote y Laura como antes, con una toca embozado el rostro.
No se os dé, señora, un cuarto
de todo el mundo en aqueste,
que es el cuarto de mi amo,
por señas que otro no tiene;
¡En casa de don Alonso
me han traído!
Aquí se pierde
todo, que viene Francisca.
(Con todas sus cinco efes)
escondeos, señora mía,
porque no será decente
que me cojan aquí con
una mujer,
¿Que a esto llegues,
mi desdicha?
Retírase Laura.
Sale Francisca furiosa y Jigote la detiene.
¿Dónde vas?
Aparta, servil.
Detente.
Yo he de entrar.
¿A qué has de entrar?
A ver una o dos mujeres,
¿qué es mujeres? Mujercillas
que escondes aquí.
¡Hola! ¡Vuelve!
¿Qué se entiende mujercillas?
Cuando de entrarlas yo tuviere
mujeranas, mujeronas,
de mujerónimas, pese
a su alma, mujerazas
vuelvo a decir, con un teme
de bigote, y dos montantes
en la cinta, y dos broqueles;
pero la cólera amansa,
hermosa Francisca, y vete,
que esto ha sido chancear,
y engañarte en la que entiendes
que no son mujeres.
¿No?
Yo lo he de ver.
No te empeñes,
que no son mujeres.
¿Pues qué son?
Hembras.
¡Ah, insolente!
Soy pecador.
Pues por estas
poquitas que ha de sacarme
en casa, y ahora mi ama
lo debe saber.
Vase.
Aparte.
Como este
quien vio caso semejante;
señor hidalgo antes que de
avisar a mi señora
doña Bernarda: (del huésped
es este criado) y yo
no sé lo que me sucede,
porque él es sin duda quien
me envió aquí, y si me viesen
Bernarda aquí y don Alonso
que dirán, mientras no entienden
lo que me está sucediendo!)
Sale don Pedro.
¡Jigote!
¡Señor!
¿Dónde tienes
aquella dama?
Señor
en la capacha,
no pienses
que estoy de burlas, a causa,
aquí está.
¿Es hermosa?
un jeme
de boca tiene, que aún no
le falta un palmo, aunque viene
con un rebozo en el rostro
y no la he visto: ¿qué quieres?
saber que son sus fortunas,
consolarla, y ofrecerme
a servirla: y ver si puedo
ya te busca,
Señora,
de las mercedes
que me hacéis la vida espero,
que vuestros riesgos me empeñen
espero yo;
pues oídme
Salen acechando al paño doña Bernarda y Francisca.
vuestro soy;
ya es evidente
el recelo de tus celos;
con don Juan habla.
que llegue
a ver esto por mis ojos!
la primera noche mete
dama don Juan! fuego en el;
y el picarón alcahuete
que mesurado que está
él tendrá otra, no se niegue;
reventando estoy de celos
de pensarlo, sin poderte
ver de mis ojos, que somos
de calidad las mujeres,
que a aquel que más olvidamos
si sabemos que a otra quiere
luego por él nos morimos;
conque ya juzgarse puede
que antes de amar tener celos
es en nosotras corriente;
aprended hombres!
Francisca,
o mi ceguedad me miente!
o estoy soñando! O aquella:
si desengañarme quieres
que lo estoy viendo y no acabo
de creerlo!
Pues ¿qué infieres?
no es Laura aquella? repara,
mírala Francisca! advierte!
no son sus manos, y talle?
Santíguase.
Jesús! ve aquí!
eso no crees?
no ves que es ella, no ves
el guardapiés que ella suele
traer en su casa?
ay caso
más increíble! ay más fuerte
resolución de mujer,
¡Señora, que me enloqueces!
que una mujer de mis prendas
con tanto extremo se deje
arrastrar de una pasión,
aquí dentro! de esta suerte
¿hay liviandad más terrible?
¡Ay pesares más crueles
que los celos que me abrasan
toda el alma! sin poderse
remediar ya? yo estoy muerta;
Francisca, yo he de perderme,
amiga, esto ha de costarme
la vida, porque le quiebre
a esta villana mujer
la vergüenza que no tiene,
y ese hombre burlador
de mis sentidos, ¿qué quiere
de mi vida? que me finge
pasiones falsas, y viene
a hacer finezas por mí
tan grandes, como deberle
hoy el honor y haber
y la vida muchas veces;
y todas estas finezas
obligarme a que me empeñe
de agradecida, y después
de estar declarada aleve,
dejarme con la pasión,
la ofensa, el desaire, hacerse
a mis ansias, a mis males,
a mis celos, a mi muerte;
corazón mío ved que
¡tantos contrarios me vencen!
ten cuenta en aquesta puerta
para avisarme quién entre
porque mi padre y mi hermano
no han venido.
¿qué resuelves?
Sale.
esto:
traidor caballero,
ingrato, (pero qué fuerte
pasión, con ella no supe
lo que me hice,
retírase al paño Jigote con Laura
esconderte
nos importa, no te des
por entendida, aunque empiecen
a ser necios.
¿qué será esto?
¿qué buscáis? ¿ni qué os suspende?
¿yo, señor don Juan, yo? nada;
vine...
¿aquí vos?
Aparte.
si pretende
que me vuelva, sí, y aun no
procura satisfacerme)
¿pues no habláis señora?
acaso
entré, buscaba
¿qué?
Aparte.
¡ay muerte
con más ansias, yo me abraso.)
¿qué buscáis?
Aparte.
¡qué me sucede!
¡sin sentido estoy!) buscaba
una luz.
Aparte.
¿quién vio más fuerte
disparate? ella está ciega)
¿luz buscáis?
pues os parece
¿que puede ser otra cosa?
Dala Don Pedro una bujía y ella se va yendo con ella muy poco a poco
no señora: esta os ofrece
mi corazón con las suyas
quizá porque no le quemen
quedaos con Dios.
A Jigote, aparte.
¡oyes!
por esa mujer no se atreve
mi amor a lograr aquesta
ocasión;
pues no lo dejes.
por eso, que estotra no
la conoce,
Deja caer la luz y vuélvese.
Aparte.
Aparte.
Desta suerte
¡Me voy que mando en mis celos!
Villano; pero detente,
atrevida lengua.
Escucha,
señora, pues que me vence
mi amor, a que malpagado
por mí a los atropelle,
cuando no puedes pagarme.
¿Qué paga? qué: pero advierte
que te oye tu dama;
¿Quién?
Tu dama.
¿Qué dama?
¿Duermes?
¿O quieres darme a entender
que estoy ciega?
Cuando pienses
que aquella mujer me toca,
yo sabré satisfacerte,
porque en mi vida la he visto;
¿Qué dices? ¿pues eso quieres
negarme? Viven los cielos
que la conozco, y que, entiende
que te importa callar, o
que me harás que me despeñe;
mas a mí eso ¡qué me importa!
Laura queriendo llegar y Jigote deteniéndola.
Yo he de llegar.
¿Qué te mueve?
Mi honor.
Deja que se arañen.
Vive Dios señora que este
suceso, ha sido un acaso.
¿Acaso ha sido?
Sí, y puedes
creer que ni la conozco,
ni cómo, ni de qué suerte
ni a qué efeto, ni por dónde
ha entrado aquí.
¡Ay más rebelde
modo de fingir! no, en nada
flores, recados, papeles;
y agora
Frutos de aquellas
flores.
Es el fruto verde.
¿Nos vamos?
Claro está.
Dime,
¿qué satisfacciones quieres?
Aparte.
¿Satisfacciones yo? A mí
no hay por qué satisfacerme;
pues ¿es milagro que tengas
una dama? ¿y que la entres
en tu cuarto? ¿y que la quieras
mucho? ¿y que la lisonjees
con finezas? ¿Ni que esté
tan pagada que te eleves,
ni querida, ni adorada,
ni que el diablo se la lleve?
porque a mí ¿qué se me da?
Algo será si es mi muerte.
Aparta,
¡mi bien! ¡mi dueño!
¡Aparta!
Que te confiese
mi amor, ¿no basta? perdido
por ti.
¿Qué es esto?
Mil veces
digo que te adoro.
¡Ah, falso!
Digo que te adoro.
Mientes.
Digo que soy tuyo.
¿Cuándo?
Agora,
¿Y no más?
Y siempre
que quisieres.
¿Yo? Ni quiero;
ni lo creo,
Aparte.
(Aquí padece
mucho mi honor, si Bernarda
me ha conocido).
No intentes
detenerme.
Pues no has de ir
enojada.
Acá se tiene
más vergüenza.
Yo por mí
he de volver.
(Llega Laura quitándose el rebozo.)
¡Ay, que viene
tu padre y tu hermano, presto
señoras!
Presto, no lleguen.
Vamos por aquí, Francisca.
Pero, ¿cómo? ¿y que se quede
don Juan con ella?
Eso es fuerza.
¿Se quedan los dos?
Sí.
Vase.
¡Haréme
a mis celos y a mis ansias!
¿Y tú, bergante, cuál tienes
escondida?
Di por cuál
preguntas, que tengo veinte.
Vase.
Yo te lo diré a su tiempo.
¿Cómo ha de satisfacerse
aquí mi honor, caballero?
¿Por qué lo decís?
Hacedme
merced de que don Alonso
sepa que estoy aquí, y quede
mi crédito con su hermana
mejor.
Jigote, tú puedes
avisar a don Alonso.
Vase.
Voy al instante.
¿De suerte
que don Alonso os conoce?
Y ha sido para que llegue
mi honor a estas opiniones
y al peligro de la muerte
mi vida, pues ya perdida
me obliga a que la desprecie
mi desdicha.
¿Aun no queréis
decirme lo que os sucede?
Son tantos, señor, mis males
que no sé por dónde empiece,
aunque vuestra cortesía
me obligue.
Sale Jigote.
Todo es lo siguiente:
esta noche don Alonso
y su padre (ellos se entienden)
se han encerrado a consulta
y nadie a llamar se atreve
a la sala donde están;
las criadas no parecen,
ni su ama, porque entiendo
que mandaron recogerse
toda la casa; señora,
tened (mientras amanece)
paciencia en este cuartel;
y habed que quien más no puede
se da a cuartel.
Con extremo
lo siento, por lo que pierde
mi opinión (¡ay tal desdicha!).
Aparte.
Señora, lo que pudiere
haré por vos. Recogeos
aquí, mientras que se puede
disponer avisar a alguien
de la casa; (que padece
también mi amor en los celos
de Bernarda).
amor me ofende
busca a Francisca
no es fácil,
pero es forzoso
ha de haber,
Sí, vamos,
vamos, y apelo
a la tercera siguiente.
Jornada Tercera de Hasta la satisfacción
Salen don Pedro y Jigote como de noche.
anda, acaba
¿estás durmiendo?
¿dónde he de ir con lo que pasa,
a a oscuras toda la casa
y casa que no la entiendo?
visto lo que ves, a dudar;
ve donde Francisca está
¿a estas horas? estará
señor en las recogidas.
mientras esté esta mujer
en mi cuarto, no he de entrar
en él;
¿es por obligar
a Bernarda?
ha de saber
mis finezas: pero no,
no vayas (Bernarda tiene
amante, que es que previene
méritos, el que perdió
dicha; aquí me abraso.) ea,
acaba, llama.
¡hay tal cosa!
hable mi rabia celosa,
Bernarda mis ansias veas,
¿celos tú? linda locura,
¿amas?
¿yo?
pues ¿de qué han sido?
de que esté favorecido
otro de tanta hermosura,
luego ¿has llegado a querella?
yo no entiendo mis desvelos,
mas desde que tuve celos
estoy perdido por ella;
yo no alcanzo mi dolor,
yo mismo no sé de mí;
en toda mi vida vi
celos primero que amor;
si dividido estuviera
algo el fuego del carbón,
sin la activa anhelación
del soplo no le encendiera;
yo vi a Bernarda y segura
el alma en su libertad,
solo advertí su beldad,
solo admiré su hermosura;
su hermosura y el amor
(todo es uno) el fuego era,
mi pecho el carbón, (esfera
tibia, a vista del ardor)
cerca los dos rayo y calmas,
otros amantes desvelos
fueron soplo de unos celos
con que el fuego llegó al alma.
Yo no apruebo este donaire
(que hay cosas de aire, con don)
porque eso es decir que son
los celos cosa de aire;
pero linda cosa es
para ser uno querido
¡dar celos!
Yo he padecido
sus efectos al revés,
pues con Francisca he de hacer
esta experiencia.
La busca
en su aposento,
es que me ofusca
el temor.
¿Qué hay que temer?
¿Qué? Ser cubo de algún pozo
sin soga, esto: o por hallar
de Francisca el cuartel, dar
con el del bazo, o el mozo
salir con mudos pasitos;
o será lindo desdique
ver al señor don Enrique
pedirme su honra a gritos,
y merezco que me abra
en abriéndome, al llamar,
porque le voy a sacar
sin cédula ni palabra;
ella divertida, y yo
abrasándome?
¿Soñando
te había de estar aguardando
para quererte a ti?
No.
Pues ¿a qué, qué culpa viene
a tener?
Ninguna; aguarda;
no tiene culpa Bernarda,
mi estrella infeliz la tiene;
pero haz esto:
¿Es pretendella?
¿no dices que has de dejarla?
Sí, pero antes quiero hablarla
para despedirme della;
Si está de Dios, bodegón,
pues aquí te espero,
(Va andando a tiento medroso)
(da contra una pared)
Espera;
tentando voy, no quisiera
caer en la tentación,
temblar de miedo me siento,
vamos poco a poco, honrosas
tentaciones; que estas cosas
se han de hacer con mucho tiento.
Cada pie al andar se engaña
en la duda a que se asienta,
porque yo no sé si es esta
tierra firme, o nueva España;
agora diré al eco donde
está aqueste cardenal,
¡ay!
¿Qué te has hecho?
Hecho no;
me he deshecho las narices.
No será nada.
¡Eso dices!
Pero en tu servicio yo
siempre estaré, y me verás
roto. Sí.
¿Por qué razón?
Porque estos deshechos son
los que tú siempre me das.
Anda, acanalla.
Anda y vuelve.
Cuartel
de Francisca, ¿dónde eres?
Señor, señor.
¿Qué quieres,
loco?
Al pasar por aquel
corredor, miedo me da,
¿De un corredor qué temes?
¿No ves que si es corredor
aunque huya, me alcanzará?
Anda, cobarde.
Llama, escucha y vuelve.
¡Oh, pecados
míos! ¿Dónde con pobreza
me rompan esta cabeza
voy por mis pasos contados?
Una puerta encontré, tomo,
y llamo, ya que desisto,
¡señor!
¿Qué hay?
¡Vive Cristo
que somos perdidos!
¿Cómo?
(coge aliento)
Como llamé a un aposento,
y me respondió una voz
con trabajo,
y es don Enrique, y ya siento
que abren y salen,
Pues
retírate.
Sale Francisca y andan a tiento los dos.
Yo no acierto
la vuelta.
Pasos advierto,
sí, y aun llamaron; ¿quién es?
Cada sombra hace un retablo.
La idea, ya está en un tris
dar en la red de San Luis.
Encuéntranse Francisca y Jigote.
¡Jesús! ¿Quién me tentó?
El diablo.
¿Quién anda aquí? ¿Quién?
Bigote,
¿no oyes que es Francisca?
Ahora
la conocí: tentadora
yo soy.
Lindo macacote.
¿Y tu amo?
¿Qué le quieres?
Otra le quiere, que yo
no le quiero; y ya llegó
la pena entre los placeres,
mi ama con dolor tanto
la verás (si a entrar te animas)
que se le anegan las niñas
de sus ojos en su llanto,
y turbado el arrebol
verás en su rosicler
que aun antes de amanecer
está lloviendo con sol,
verás más (cara de azófar)
para mayor maravilla
que un pañuelo de blandilla
te está bordando de aljófar,
Pues qué, ¿qué hay?
Terrible noche,
y me admiro que andad vueltas
que están abriendo las puertas,
sacando mulas y coche.
Pues ¿qué novedad ahora
se ofrece?
Si he de decilla
es sacarnos de Sevilla
a casar a mi señora.
¿Luego?
Luego.
Qué locuras;
¿sin haber amanecido
la llevan?
Pienso que ha sido
por dejarla el gusto a oscuras;
esa música atrevida
de esta noche, fue ocasión
de toda esta alteración.
¿Vaste?
Sí.
Gentil partida;
¿están tus amos vestidos?
Y aun revestidos están.
Di, Francisca, ¿llevarán
a Bernarda?
Sin sentido
está mi amo; miren que
pregunta aquella;
por ella
vamos todos,
Fiera estrella;
¿y di, Francisca, podré
antes verla?
Eso será
imposible; y aun aquí
temo que estéis.
Yo perdí
toda la esperanza ya;
Capa. 4
Idos de aquí, que presumo
que hacia allí gente he sentido.
Retíranse los dos y sale Bernarda llorando.
Todo el aliento me falta
porque en el pecho oprimido
con mis ansias, él me ahoga
y solo el dolor respiro:
y a mi dolor, ¿qué le debo?
Nada; pues así averiguo
que con el aliento muero
y que con el dolor vivo,
cuando, ay, me fuera el morir
dicha, y vivir es martirio.
¿Francisca?
Aquí estoy, señora.
Ya ves el celoso arbitrio
de mi padre,
Ya estoy viendo
que poeta sucesivo
a aquellas dos descompuestas
coplitas (por el aliño)
nos quiere echar de repente;
Pues yo estoy resuelta
Dilo.
A hablar a ese caballero
que para matarme vino
a ser huésped de mi alma;
¿Y a solo aqueso has salido
desde tu cuarto hasta aquí?
Sí, porque es menos peligro
el ir yo a hablarle a su cuarto
que venir don Juan al mío,
y esto ha de ser al instante
mientras están divertidos
mi padre y mi hermano en lo
forzoso para partirnos
de Sevilla, que será
antes que haya amanecido,
vamos; tú tendrás cuidado
con la puerta.
es desatino,
¿no ves el riesgo, señora,
sobre los que han sucedido?
¿si viera que me faltaba?
y, fuera deso, en tu altivo
pundonor, (y más estando
con otra dama ofendido
tu amor) irle tú a buscar
es gran yerro;
bien has dicho,
mucho mayor yerro es este,
sí, que el de haberle querido
y habérselo declarado;
verdad es; pero ¿no has visto
echar, Francisca, en el agua
de un estanque cristalino
una piedra, a cuyo golpe
alrededor forma un sitio
o círculo el agua misma,
y de aquel nace al proviso
otro mayor, y de aquel
otro, y otro, y sucesivos
otros muchos, cada uno
mayor que el de su principio?
Pues de aquesta suerte son
estos yerros o delirios
de una pasión amorosa,
que, sin poder resistirlos,
en haciéndose el primero
nacen muchos de aquel mismo,
y todos mayores; pues
si todos los yerros míos
nacen del primero que hice
y al fin ya mi amor le hizo,
¿cómo quieres que resista
el mayor que es el que sigo?
no dilatemos más esto
por tu vida.
te imagino
tan resuelta, que quisiera
escusar el temor mío
con la brevedad del riesgo;
sígueme, y Dios sea conmigo.
acá presumo que vienen.
Mudan puestos.
pues vamos a nuestro nido,
que allá si nos dan el pago
las haremos el vecino.
¿entras llorando?
y ya casi,
Francisca, me he arrepentido
de temor y de vergüenza.
¡Ay, amor, qué desvaríos
previenes! (haz que don Juan
me hable primero; imagino
que no estoy en mí).
¿Jigote?
Señor.
yo estoy tan repartido
en mi dicha y mi dolor
que yo no sé de mí mismo,
habla tú primero.
es bueno
Jigote para principio.
¿a Jigote?
tú no me hables.
¿a mí tampoco, cariño?
¿cariño? ya no se usan,
Francisca, en aqueste siglo
valonas ni voluntades
cariñanas.
¿tal desvío
con mi amor? no vi en mi vida
Jigote más desabrido.
Estoy hoy muy mal guisado.
Señor don Juan, advertiros
quiero que viene mi ama
a veros con gran peligro,
y a despedirse. Jigote,
ponte en esa puerta, y fijo
el sentido en la otra puerta.
Que siempre me hayas traído
mendigando tus favores
de puerta en puerta el sentido;
a despedirse?
Ah, señora,
si no fuera el despediros
ausencias,
De qué?
De qué!
De la voluntad.
Colijo
que cuando una voluntad
se despide, es el olvido
la ceremonia, y ahora
me acuerdo de vos (qué digo?)
con tantas veras (ya es fuerza?)
que aunque quiera divertirlo
como esta dama (mas esto
no es del caso).
Aunque es hechizo
vuestro afecto, que pudiera
engañarme, no le admito;
pues si fueran esos celos
si de veras dueño mío
Dueño mío?
Qué más dicha?
No equivoquéis el estilo,
que ya sé que tenéis dueño
y que no os dará cobijo
por ningún precio.
Señora,
con cualquiera va vendido.
En todo estáis engañada
y aunque no espero el alivio
de que me lo agradezcáis,
de ese engaño determino
satisfaceros.
Aparte.
Cobarde,
y creed que habéis venido
aquí, es la mayor fineza
que me debéis: desvarios
es mal lograrlos, y así
aunque me cueste el deciros
cuál es la causa, pasar
por el dolor de sentirlo
por la prisa que me están
dando los temores míos
digo de una vez: siento
de una vez, que me desvío
de una (pero sin el alma)
y que es tan agradecido
mi amor que os paga que os debo
la vida, y que por vos vivo,
pero si muero por vos
y el darme la vida ha sido
para quitarme la vida
más que piedad fue castigo;
y si dije que decir,
y sentir, lo que repito,
y lo que siento, lo harías
de una vez, mentí, pues miro
que viviendo por vos, donde
reconozco el beneficio,
y muriendo por vos, cuando
dentro en mi pecho averiguo
que los medios de mi vida
son un corazón partido,
llevo que sentir de muchas
lo que de una vez he dicho;
yo hallé mi muerte en mi vida;
y a Dios, don Juan, que esto ha sido
solo advertiros que sé
Conocer lo que recibo,
y perderos,
En mi dicha
solamente desconfío.
¿Y en tu gusto? Espera, dime,
¿te despides?
¿No lo has visto?
¿Dejas a Sevilla?
Es fuerza.
¿No te he de ver?
Es preciso.
¿Qué te obliga?
La obediencia
de mi padre.
¿Pues qué ha sido
la causa?
Mi poca dicha.
¿Y a qué te lleva?
Imagino
que a casarme, o a matarme,
pues me voy sin mi albedrío.
¡A casarte!
Eso presumo,
porque lo temo.
¿Has sabido
con quién te casa?
También
lo ignoro, que aunque su arbitrio
lograra en Madrid, agora
ciego y resuelto le miro
a menor dilación, para
su enojo, y el pesar mío.
¿Luego a Madrid no te lleva?
No sé; aunque todo es martirio
para mí, tan desdichada
me supongo, que imagino
que no dilate mi muerte
tanto.
Aparte.
Si acaso ofendido
Don Enrique del acoso
que anoche de la marquesa hizo
dispone que con Bernarda
¿se case? O si por lo mismo
del escándalo huyendo
quiere sacar del peligro
su honor, casando a Bernarda
¿con otro? pues es preciso
que considerando hoy
público este desvarío
en Sevilla, no se atreva
a efectuarlo conmigo.
¡Agora, agora sí, celos,
que como ajena cobro
la posesión, en deseos
se convierten los desvíos!)
¿Qué os suspendéis? ved si tengo
Don Juan algo en qué serviros,
porque estoy con sobresalto
aquí; adiós, que yo...
Perdido
me dejas entre mis ansias.
Aguarda,
es grande el peligro.
¿Qué peligro? Poco sabes
cuánto mayor es el mío
si me dejas; ¿y me dejas?
No;
¿No te ausentas?
Sí;
¿Y digo,
ausentarte, no es dejarme?
¿no es matarme?
No;
Pues dilo,
¿qué viene a ser?
Ausentarme,
y dejarte no es lo mismo,
supuesto que yo me ausento,
y no te dejo.
¿Has querido
de darme mayor dolor
¿con eso? más que decirlo
dulce muerte de mi vida
lo menos fácil ha sido;
si soy dichoso, ya es tiempo,
solos estamos, testigo
es solamente mi amor;
¿me quieres? pero ¿qué digo?
mucho pido; a que es menos
por dicha te he merecido
algún amor?
Desta suerte,
te diré cuánto: ¿no has visto
que lleno un vidrio de agua
vierte, como en desperdicio,
la demás agua que le echan?
pues de aquesta suerte ha sido
mi corazón, que ya lleno
de mi amor, es lo vertido
lo que te he dicho; que fue
lo que no cupo en el vidrio
de mi corazón amante;
pues juzga, si esto es lo dicho,
cuánto será lo que cabe
dentro del corazón mío.
Adiós.
mi muerte, o mi vida,
(no sé si muero, o si vivo)
que me llevas toda el alma.
¿pues qué he de hacer?
no admitirlo;
ser mía;
y a falso amante
es mucho para sufrido,
pues que anhelos mentirosos
son los tuyos, que fingidos
afectos, cuando esa dama
que escondes te ha desmentido;
basta ya el engaño, dime
que me aborreces,
Sale Laura.
no digo
sino que te adoro; ahora
lo verás,
sí, que es preciso
a mi honor satisfacerte,
Bernarda.
plegue de Cristo
que se vienen hacia acá
dos bultos hechos ovillos
devanados por las sombras
de la noche hilo a hilo;
verdad es, señores, presto.
si es mi padre, y me ha vendido
mi ceguedad,
aquí dentro,
Bernarda.
¿podemos irnos
a mi cuarto?
¿cómo, si entran
acá?
a que este es el garlito
del amor, señoras mías;
no hay más remedio: entrad
chito.
Vanse escondiendo Bernarda, Laura y Francisca.
Salen por otra parte Don Enrique y Don Alonso.
¡Faltar Bernarda! ¿qué es esto?
sobre no haber parecido
Laura!
prudencia, y valor,
¡qué prudencia!
¡ay honor mío!
Bernarda no está en su cuarto
ni en toda la casa!
indicio
fue esta noche:
abierto el cuarto
de don Juan está,
y vestido
Don Juan!
¡El cielo me valga!
porque aquí ha de ser preciso
todo mi valor,
aquí
falta por ver no más
hilo
(yo estoy sin mí, pero basta
que tú Alonso estés conmigo,)
Señor don Juan,
pues Señor
don Enrique,
acá venimos
siguiendo un hombre que entró
aquí, y no podemos irnos
sin verle, que nos importa
mucho, don Juan,
pues ha sido
engaño vuestro, que aquí
no ha entrado tal hombre
digo
que es fácil vencer la duda,
de un cuidado presumido
saldremos averiguado,
quieren entrar y estórbalos D. Pedro
esperad: basta deciros
yo, que no hay nadie acá dentro;
Aparte.
declárolo en resistirlo.
Aparte.
él lo resiste, esto es hecho
apartad, que esto es preciso,
tanto, vive Dios, que
si lo estorbáis,
ese estilo
Señor don Alonso extraño
mucho en vos, y más conmigo;
decirlo yo era bastante
mas si porque lo resisto
os incita alguna duda
(cuya sentencia averiguo
en vos, que la privación
es imán del apetito;)
advertid que en mí también
estorbarlo habrá tenido
causa; mas esto es primero
(aunque es forzoso sentirlo)
una mujer está dentro
que aquesta noche ser quiso
mi huéspeda; aquesta fue
la ocasión de no admitiros
la entrada: Bigote, entrad
si gustáis,
Aparte.
Vase por donde ellas.
yo he de lucirlo
cuanto pudiere)
Aparte.
¿hay mayores
Judas?
Aparte.
sale Jigote sacando a Laura, al querer ellos entrar
aquí aun no averiguo
ni entiendo lo que discurro!)
¿dónde voy?
Aparte.
como delito
tenéis aquí a la vergüenza
(yo no sé lo que me finjo
por salvar mi dama, en daño
de la otra y más que un olvido
me ha hecho dar en otro yerro
porque esta mujer me dijo
o dio a entender que era dama
de don Alonso)
¿qué miro?
¿Laura con don Juan así?
¡si me faltan los sentidos!
Aparte.
ya no sé cómo lo enmiende,
¿no es particular muy lindo?
Santíguase.
¡oh mundo! ¡quién de ti fía!
Aparte.
¡qué es lo que me ha sucedido!
yo declaro estos enredos,
mi honor sin culpa perdido
con quien más le he menester!)
mayor es ahora el motivo
de mi recelo,
la entremos,
Aparte.
ya entrar no es de resistirlo:
ser de Bernarda no puedo,
ni ella de correr peligro,
¿cómo ajustaremos esto?
al ir a entrar los detiene Laura hablándoles ap.e
¡que pueda mi honor sufrirlo!
esperad: oídme,
Aparte.
¿aparte?
¡esto va perdido! digo
Salen don Lope y el Capitán con máscaras y otros tres o cuatro disfrazados.
Señor,
ya yo estoy dispuesto
a todo.
(Terciando la capa)
Ventura ha sido
hallar tan temprano abiertas
las puertas: mientras reñimos
los dos, vosotros robad
por las señas que os he dicho
esa mujer, que faltando
mi hermana, con mis indicios
en culpa de don Alonso,
solo queda el duelo mío
satisfecho de esta suerte:
Don Lope y el Capitán riñen con don Enrique, don Alonso y don Juan como entreteniendo su defensa mientras los otros disfrazados se llevan a Laura.
¿Qué villanos, qué atrevidos
a mi casa se atreven?
Muerta soy, cielos divinos,
yo no entiendo mis desdichas,
de coraje pierdo el juicio.
Vanse acuchillando, queda Jigote riñendo con el aire y salen turbadas Bernarda y Francisca.
Libre puedes salir.
Mortal me siento:
con don Juan riñen.
Lindo movimiento.
(Él solo)
Si es aquesta desdicha haber sabido
que estaba dentro yo, todo es perdido,
Otros hombres entraron; yo no entiendo
el lance, y así en duda vamos yendo
a tu cuarto al instante
porque te hallen en él.
(Vanse las dos.)
Nuevo flamante
es aqueste revés, gran cuchillada
de un hombre puede hacer una ensalada
que hay hombres que se pican tan mohínos
que pueden pasar plaza de pepinos.
Raro ángulo obtuso; este altibajo
si estuviera en Toledo fuera Tajo
pero en Sevilla estoy, y así pobrete
si no es Guadalquivir, es Tagarete.
Aunque estuviera allí el mismo Carranza
le cosía un Bigote con la panza.
Raro es mi valentía;
no en balde madre mía
fuisteis vos mondonguera dos veranos
pues paristeis un hijo hombre de manos;
toma frasquilla, tómalo al momento
este corte de puntas represento,
y a fe que se pudiera
hacer guarnición de estas a cualquiera
que yo sé cierto amigo presumido
que echó puntas de acero en un vestido.
Sale Francisca.
Hermoso asunto
de la afabilidad. ¿Con pies?
Difunto
hallo en el pecho el corazón de miedo:
¿y vio en el mundo semejante enredo
como aquí ha sucedido?
a tales horas nos ha amanecido:
¿qué quiso ser tanto hombre disfrazado
en mi casa y mi calle, que han robado
a Laura; que metiéndola en un coche
huyeron de la luz como la noche?
¿Y cómo se deshizo la pendencia?
Porque la disfrazada competencia
huyó sagaz, y mi señor prudente
viendo del barrio alborotarse gente
y que una dueña a voces le decía
que mi señora parecido había
(que era lo que buscaba) luego al punto
muda la pena, y el color difunto
por no poner en opinión su fama
con los que acechan; y volvióse; y a mi ama
del susto (no lo ignoro)
del riesgo de su amante o su decoro
sirviéndola de hielo una almohada
como un ángel la hallaron desmayada
en su estrado, con que más sosegados
están mis amos, aunque acuchillados;
mi señor don Alonso está perdido
de celos, de don Juan no sé qué ha sido.
Solo sé que mi amo aguardando
que vuelva del desmayo; están tratando
de dar con nuestros cuerpos en San Diego
donde tiene un pariente religioso
mi amo; y desde allí mañana, o luego
da con nosotros celoso, sospechoso,
impertinente, loco,
¿dónde?
yo no lo sé,
ni yo tampoco.
¿Será en Madrid?
¡pluguiera a Dios y fuera,
que estoy por ver la Corte de manera
que ya por verla veo
que no cabe en Sevilla mi deseo,
allá hay para vivir de varios modos
un cuarto grande donde caben todos,
si no que le da sol a todas horas;
no le dará de noche
¿el caso ignoras?
no hay noche allá en Madrid,
¿qué bobería?
donde está siempre el Sol, siempre es de día,
ya sé Pigote que es Madrid esfera
del planeta mayor que reverbera,
que eterno viva y mande
Felipe cuarto el grande:
todo eso sabes, pero no has sabido
(según has repetido)
¿cómo se llama nuestro Rey?
¿qué es eso?
¡Felipe cuarto dije!
pues no es eso;
¿Felipe no?
no: advierte
desde que por aciertos de su suerte,
ganó, merece, y goza a Mariana
luz española, y Fénix alemana
mudó una letra en dicha, y ya se dice
en vez de don Felipe, don Felice.
Buen capricho por cierto;
pero mucho en las cosas me divierto
cuando no a poca costa,
San Diego nos espera por la posta;
a quien no lleva los afectos mudo
Reyes, palacio, Corte,
no lo dudo.
adiós Pigote dulce cuyo plato
se me acabó tan presto;
adiós ingrato
carnero verde hembra.
adiós picado
picadillo de amor,
adiós guisado
sin sal,
adiós pescado.
adiós truchuela;
adiós luz
adiós olla
Vanse
adiós cazuela.
Salen don Lope y el Capitán.
Ya don Lope habrá cesado
la troya de vuestro ardor
con la robada Bernarda;
aunque dicen que llegó
desmayada, los amigos
a quien se les encargó
el robo, yo no la he visto
de vergüenza; pero vos
¿no vais a verla?
No, amigo,
que de acordarme que soy
dichoso por fuerza, pierdo
los sentidos; y no, no
quiero verla; y fuera de esto
tan arrepentido estoy
de haberla dado tal susto
a Bernarda, en la acción
de robarla, que confieso
que fue indigno de mi amor
y de mi sangre; mas juzgo
que quien cercado me vio
de un agravio, de una infamia,
de un ansia, de una traición,
de unos celos, de una rabia,
me disculpará el error,
pues jamás de un hombre ciego
fue la primera intención;
ya está hecho, y ha de ser
(pues que todo se perdió)
lo que intento: a este jardín
de San Diego, (ciego estoy)
la he traído, porque espero
aquí a su hermano.
Ya yo
estoy en eso, don Lope,
pues a reñir dos a dos
vengo a vuestro lado, como
don Alonso os avisó
que sacarais un padrino
(que en efeto es la elección
del desafiado, y pudo)
mas decidme, ¿qué intención
es la vuestra de tener
aquí a su hermana?
Faltó
mi aleve hermana, o mi muerte,
de mi casa, y cuando son
evidentes los indicios
de que ha sido el agresor
de mi agravio don Alonso,
hoy es mi resolución,
pues el robarle a Bernarda
a todo resto logró
mi atrevimiento ofendido,
para más satisfacción
mía, he de mostrarle aquí
a su hermana, vive Dios,
para matarle después.
Qué soberbia presunción
os ha dado vuestra sangre,
naturaleza y valor;
mas ya, vive Dios, amigo,
que estamos en la ocasión,
porque allí en dos bayos hilos
de Guadalquivir y el Sol
llegan dos hombres.
Y ya
se arrojan ambos a dos
de los caballos, y vienen
donde estamos.
El acción
de reñir en la campaña
cuerpo a cuerpo, es la mayor
donde se ven los quilates
del oro del corazón.
Salen don Alonso y don Pedro.
Luego que los dos salimos,
es sin duda que partió
mi padre en su coche, y viene
derecho a San Diego, con
toda su casa; y así
para reñir es mejor
apartarnos de este sitio.
La advertencia y atención
ha sido buena.
Aparte.
Y después
tengo que ajustar con vos,
si nos da lugar la dicha
de la primera ocasión,
(¡Ah, fementida mujer!
¡Ah, Laura ingrata! ¿Quién vio
en viudandad, qué esperanza
le queda?)
Esa prevención
deseo ya. ¿Caballeros?
¡Oh, caballeros!
Ya sois
vencedores en habernos
ganado la antelación.
Eso importa poco.
Ea,
vamos al caso.
Aquí no
ha de ser.
Más adelante
es más oculto.
El valor
en lo más oculto luce.
Vamos, pues, que ya llegó
el tiempo de que os obligue,
con cierta satisfacción,
a reñir con mayor causa.
Aparte.
¿Quién es mi competidor
destos dos? ¡Digo! ¿Quién es
don Lope de Lara?
Yo.
Pues vamos los dos delante,
que hemos de reñir los dos,
porque aquí nuestros padrinos:
Yo no he de reñir con vos,
mi duelo es con don Alonso
solamente.
¿Cómo no,
si soy yo el desafiado?
Pues ¿quién os desafió?
Don Lope de Lara.
¿A quién?
A mí.
Yo le escribí a don
Alonso un papel; por señas
que un ramo se le llevó
como fruto de sus flores.
Don Juan, sin duda fue error
daros a vos el papel,
porque a mí se me escribió.
Sin duda que anoche al darle
la sombra nos engañó;
No lo dudo cuando a mí
me costó la confusión
de las dudas de la causa,
pero ya en el campo estoy
y he de reñir.
Estimar
que este gusto se os logró;
yo estoy aquí, y reñiré
hasta no más, voto a Dios.
Él os guarde lo que fuere
servido.
Aparte.
Siempre extrañó
mi discurso el yerro.
Aquí
os haré restitución
de una prenda; ¡Hola!, sacad
a esta señora.
Aparte.
¿Quién vio
tal capricho? Mas que quiere
que le dé en esta ocasión
la mano a su hermana, buen
donaire para mi honor.
Salen dos criados, en cuerpo, sin espadas, sacando a Laura, medrosa, y al ponérsela don Lope delante a don Alonso, conoce que es Laura.
En pago de mis agravios,
aleve amigo y traidor,
devuelvo a tu hermana; aquí
la tienes, que mi valor...
Pero ¿qué miro? ¡Ah villana!
¿Laura, tú?
Aquí se perdió
mi vida.
Conmigo solo
se ha de romper este ardor.
Defendiendo a Laura, riñen dos a dos.
Mi propia hermana robaron
de casa de mi ofensor,
rayos serán mis ofensas.
Sale Jigote.
Yo he seguido a mi señor,
el coche de don Enrique
llega corriendo veloz,
con seis mulas, que esto solo
evita esta perdición;
¡Ah, cochero!
Dentro.
Para, para.
Salen todos de camino.
Para, para, ¡zapario!
¡Alonso! ¡Don Juan! ¡Don Lope!
¿Qué es esto?
Cobrar mi honor.
Deteneos, que yo salgo
a vuestra satisfacción.
No la tengo, si no es dando
la mano luego (¡Ah, rigor
de mi estrella!) a esta mujer
vuestro hijo, que ofendió
todo mi ser, y quitando
después la vida a los dos.
A todo os satisfaré.
desta suerte: pues llegó
a tal estado este lance,
recupere su opinión
vuestra hermana, siendo esposa
de mi hijo; y ya que aún no
os juzgáis por satisfecho
con eso, en vez de la acción
de que lo asusten sus vidas
(que en la presente ocasión
fuera difícil, don Lope,
sí, ¡por Dios!) no quiero yo
que deseéis vos de quedar
muy airoso, cuando soy
vuestro amigo, y así dadle
la mano a Bernarda.
amor
bueno me dejas)
ya, hijo,
Laura es tu esposa.
eso no
es posible por ahora.
aquí está la perdición
¿de qué suerte no es posible?
¿eso dices?
sí, señor.
Riñen don Lope y don Enrique, sosiegan.
pues no hay más medio en mi fama.
don Lope, siempre el valor
le guardó sus privilegios
al fuero de la razón.
el valor bien puede ser,
pero los agravios no.
esperad: ¿pues por qué, hijo,
niegas esta obligación
al afecto y a la sangre
de Laura? di.
por mi honor.
¡por mi honor! ¿pues pierde en eso
el nuestro?
sí.
esto bastó:
ahora riñamos, don Lope.
Riñen.
perdido estoy;
muerta soy.
Métense en medio Laura y detiénense.
deteneos y no padezca
tanto mi reputación
como vuestras vidas; baste,
don Alonso, tu rigor,
pues ¿por qué causa me ofende
tu falsa imaginación
con tan injusto desdoro
de mi fama? ¿esa es acción
de caballero?
don Juan,
Laura, que te mereció,
se puede satisfacer.
si es ese engaño tu error,
sin culpa estoy.
es verdad,
que si esta dama llegó
a mi cuarto, fue que, huyendo
de su hermano, se valió
acaso de mí en la calle
donde anoche me encontró,
que salía de vuestra casa
solo siguiendo a los dos;
yo no la he visto en mi vida;
yerro es otra presunción
cuando anoche entré en Sevilla.
y tanta perla ensartó
que juzgué que era su llanto
perlería, y era amor,
porque está por vos perdida,
y mi amo se la halló.
sí, mas vos mismo dijistes
cuando anoche la sacó
Bigote de vuestro cuarto,
que era vuestra dama.
error
fue suyo por sacar a otra,
porque como se amparó
de mí esta dama, yo en cuanto
A cumplir mi obligación
(no teniendo del suceso
conocimiento) a los dos
resistía que la vieran
y lo hiciera, que en acción
semejante, dondequiera
yo siempre he de ser quien soy.
Los celos son ceguedad
tuyo soy, Laura.
Pegó.
Pero ha de darle don Lope
la mano a Bernarda.
No
es posible por ahora.
Pues ¿cómo no? cuando vos
escandalizáis mi calle
con músicas, y el error
de otros extremos.
Aqueso
no os puede ofender, que yo
siempre he sido aborrecido
de vuestra hija, y aun por
desesperado y perdido
la fuerza de mi pasión
me solicitaba extremos
ciegos contra su rigor.
A Madrid llevo a mi hija
para casarla con don
Pedro de Toledo, pero
para la satisfacción
del vulgo en vuestras acciones,
¿cómo ha de quedar mi honor
y el del ausente don Pedro
de Toledo, estimación
que aquí corre por mi cuenta?
Solamente sé que yo
no he de casarme con ella,
y yo entiendo mi razón.
Esas dudas nos agravian
y así es fuerza.
Francisca. ¿Tú no has de ser mi novio? Jigote. No es posible por ahora; si clamara al cielo mi honor, por supuesto, señor don Lope. + Don Lope
Aquí entro yo.
Teneos; ¿es verdad, don Lope,
y el engañarme,
que jamás os admitió
Bernarda como habéis dicho?
Antes despreciado estoy
y aborrecido de suerte
que le cuenta al corazón,
evidencias tiene ello.
Pues, caballeros, yo soy.
¿Quién?
Don Pedro de Toledo.
Aunque don Juan me fingió
mi curiosidad ayer:
y aquestas cartas, señor
don Enrique Enríquez, traigo
de mi padre para vos,
las que anoche recibisteis
yo las fingí tan bien, por
que perdierais el cuidado
de esperarme.
Declaro.
¿Don Pedro?
Bernarda es mía,
por satisfecho me doy
del extremo de don Lope
(señor don Lope, yo soy
cierto, porque a mí me importa)
quien se arrojó del balcón
anoche.
Feliz mañana.
Da la mano.
Bernarda.
Da la mano.
Laura.
¿Quién vio
mayor dicha?
Yo logré
cuanto quise.
Así quedó
ajustado a la vuelta
de Sevilla.
Y el perdón
que solo deja la duda
hasta la satisfacción.
Firma
Omnia mea scripta submito sub correctione sacrosanctae Matris ecclesiae Catholicae Romanae