à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El grifo herrado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-grifo-herrado.
Personas Lucifer, que es el Grifo Malicia Juventud Libertad Género humano Locura El pecado = Jorge Mateos Cristo Alma Entendimiento Memoria Voluntad Consideración Gracia Penitencia
Sale Lucifer, que es el Grifo, vestido justo negro con su cola y máscara con pico, y el vestido plumado con guantes con uñas y polainas con uñas; y la Malicia de villano.
Malicia, en fuego me abraso,
¿qué mucho si eres el fuego?
Entre el dolor que no taso,
la invidia me tiene ciego.
Con luz no darás paso,
que por estarte en tu trece
la luz, en ti no amanece.
Ofusco a los hombres vanos
la luz del cielo en mis manos
cuando en mí les anochece.
Por las tinieblas que exhalas
como grifo volador,
que con más, que de alas,
eres al hombre ofensor
y en tu ofensa te señalas;
que como la Escitia fría
los grifos feroces cría
para defensa del oro,
así guardas por decoro
del cielo y su monarquía.
Que el hombre, de gozo sabio,
rayos escupan las nieves
con envidias en su agravio.
Como eres bueno, hablas aleves.
Calla, no muevas el labio,
escúchame mi querella.
Y di, ¿cuándo saldrás de ella?
Sus puros rigores temí.
Por siempre jamás amén
has de padecer en ella.
Sabrás que el Hijo del Hombre...
Ya, ya, Cristo quieres decir.
Calla, que es rayo su nombre.
Pues que te hizo morir,
no es mucho el nombre te asombre.
Este tiene una doncella
que relumbra como estrella...
Y es villana.
En sus doseles
borda y pinta con pinceles
el mismo retrato de ella.
Con sus colores la arreas.
Con que mi furia bravea.
A la que con mano franca
dejó relumbrante y blanca,
y a ti negro de Guinea.
Pues soy fuego...
Una centella,
mas despabilóte de ella
Dios.
El verme autoriza...
Antes cubrió la ceniza
de la culpa que entró en ella.
Y así se puede decir:
tizón que cubrió la brasa,
que Dios, tornando a vivir,
porque no falte en su casa
fuego con que te freír,
deja a Dios, y al alma deja,
y prosigue con tu queja.
¿Cómo quieres que no me vista
del fuego que me conquista,
si caso al alma festeja
la ropa que trae vestida,
le gustare, será esposa
de este Rey que la convida?
Al fuego, cual mariposa
que va a la vela encendida.
Mi monte vendrá a pisar,
porque me quiero gloriar
que soy el grifo herrado
de la doncella que ha dado
a Dios, sujeto de amar.
Sí.
Cual su vencedor,
una negra piedra de Sísifo
en tu reino de dolor,
sin la doncella eres grifo.
para siempre herrador.
Herrador, que en nada aciertas,
por bajarlo todo a oscuras,
herrador que desconciertas
al herrar con las criaturas
y a todas las desconciertas;
Si en el monte de Seir
la vistió Cristo de luz,
en los rayos de Aqueronte
mi rayo la trayo al monte
donde yo soy avestruz;
que es novelera, es ingrata,
es mujer, que a quien la adora
olvida, su ser remata,
es de cera que el sol dora
y por horas se retrata.
Es vela que el aire mueve,
hidrópica que se bebe
el mar, que apetece amar,
camaleón en buscar
viento, que en gustos pruebe;
El tarandro que su piel
a cualquier color se arroja,
libro que lo escrito en él
queda en blanco si se moja;
la memoria que hace en él
aquella es la inclinación
desta dama en conclusión;
la memoria de su esposo
borrallo y será forzoso
que ponga en mí su afición.
Vamos, sígueme.
¡Oh, maldito,
industrioso cazador!
Borraste del bien infinito.
Sí, que eres el borrador
de cualquiera bien escrito.
Vase y entra el Alma muy cubierta de blanco, y el Entendimiento de barba, y la Memoria y la Voluntad con los huesos debajo los brazos.
Memoria mía.
Señora.
Mi Entendimiento.
Mi Reina.
Mi Voluntad.
Señora mía,
¿qué me quieres y me mandas?
Esclavo soy de tu esposo,
como tal sirvo en tu casa,
sujeto estoy a su gusto,
con mi voluntad esclava,
que esto a su príncipe le debo
por lo mucho que te ama,
en cuyo fuego de amor
vive cual la salamandria,
aunque cual príncipe eterno
me dio exenciones hidalgas
para que elija mi gusto
del de mi amor me arrebata.
Mucho, Voluntad, os debo;
en mí es la Voluntad muy sana
cuando sigue la razón
y entre sus brazos descansa.
Entendimiento, pues,
espero que desengañas.
Y yo, quien mude sus pasos.
gran despertador del alma
y para que no te olvides
del anillo y de las galas
que en el tálamo te dio
mi memoria en tres abraza.
Todos tres somos distintos
y los tres somos un mapa
de la esencia de Dios trino
que es una y en tres se aparta;
y cuando esta nuestra unión
con la razón anudada
la casa del albedrío
se vuelve cielo de casa,
pero, dejando esto aparte,
Alma hermosa y lozana,
qué alegre se fue tu esposo
viendo en ti belleza tanta
en tus ojos de paloma
junto.
Los rayos del alma,
que sois vos, Entendimiento,
en cuya luz tras de él vaya,
que mientras vos tenéis ojos
pisarán flores mis plantas.
Y te diré yo que entre ellas
hay áspid que te amenaza.
Yo, juzgo de parte propia,
que el diamante se labra
con la sangre de sus venas
mientras vives en su gracia.
Potencias mías, la paz
es centro donde descansan
mis pasiones, y con ella
no hay pasiones que me batan.
Recógete, Alma.
Escuchad:
qué música al valle baja
de la montaña del cielo.
Serán de tu esposo cartas.
Sale la Consideración con vaquero atornasolado, y sacará una cruz con los pasos de la pasión acompañada de ángeles y música.
Al monte de luz
sube a veloz paso,
porque allí no vuela
el grifo herrado;
huye de las fuentes
de narciso vanas,
porque son espejos
con que el mundo engaña;
sube, tras mí al monte,
con mi cruz te aguardo,
porque allí no vuela
el grifo herrado.
Este sonido es celestial.
Alerta, Alma.
Alma, despierta.
Con mi reloj te concierta.
Camina a compás igual.
Oh, mi consideración,
cómo vienes.
Muy gozosa
de ver que estás más hermosa
que los cedros de Sión.
Gracias a mi esposo doy.
¡Habladle!
Sí, por ley,
pues de la boca del Rey
uno de los grandes soy;
cuando más vuela que el viento,
parto a llevar tu embajada.
Guardo las llaves doradas,
entro y salgo en su aposento,
trepo con vuelo profundo
inaccesibles escalas,
porque son de oro mis alas,
libres del peso del mundo.
Llego al centro donde estás,
pues donde mi esposo habita...
Consideración bendita,
alegres nuevas me das,
¿qué de mí tiene memoria?
Su néctar santo me ceba
y, cual fénix, me renueva
la memoria de mi gloria;
dentro de ella considero
que, en carne pasible, gustó
darle al hombre paraíso
tomando él este madero;
adonde crucificado
vendido, esclavo por él
le quitó el hierro cruel,
y le puso en su costado.
Cómo quieres, alma dichosa,
que no esté tu esposo en ti,
si tu memoria por mí
dentro de Cristo reposa.
De su santa inteligencia
jamás aparto mis labios
haciendo discursos sabios
pues la verdadera ciencia
Christus comienza el renglón
de mi entendimiento luz
en el libro de la cruz
de Cristo y de su pasión;
aquí puedes estudiar
pues ciencia divina y grave
porque es solo quien bien sabe
el que se sabe salvar.
De ahí sacarás dechado
de amar, que es voluntad mía
amándole noche y día
por lo mucho que te ha amado;
si a Adán un hueso sacó
para formar a su esposa
de materia más costosa
tu esposo a ti te formó;
pues el Adán soberano
porque quilates con él
sacó tu materia de él
entre rigor inhumano,
y su carne, en quien estribas,
queriendo a ti parecer
vino velada a comer
porque eternamente vivas.
En él viven mis potencias
Con fervor,
no le pagamos su amor
porque es sin intercadencias;
conserva aquesta belleza
por cual, Alma, su adorado
venga todo trocado
oro de sus cabezas,
y como el cabrito tierno
por las peñas do se eleve,
aunque por montes de nieve
en el rigor del invierno;
que traes de fino calzado
con que pisarás estrellas
siguiendo tus plantas bellas
esperas venir a tu Amado;
¿Y qué me manda hacer
porque limpia con él coma?
En tus ojos de paloma
por Norte le has de tener,
y para que más adviertas
escucha.
Potencias mías,
escuchad mi alegría.
Por mis ventanas abiertas.
Tu sacro y divino Esposo
vino a casarse contigo
de los reinos soberanos
donde es príncipe infinito;
halló la aldea del mundo
llena de cardos y espinas
primicias que dio su culpa
a su Minotauro bruto,
labróla sudando sangre
con crudos de oro los linos
cuyas flores envidiaron
sus divinos paraninfos,
porque el monte de su luz
brota siete arroyos limpios
y en él cogen vino y pan
los que se llaman sus hijos.
Adjudicóte esta renta
porque con dote tan rico
alimentarte pudieses
cual Esposa de Dios mismo,
hizo una casa de campo
sobre aquel alto monte Olimpo
para que vivas con él
guardada como en castillo,
adonde su viña labres
con divinos ejercicios,
porque quien no labra en ella
la vida trae a peligro.
Que quiere que admite al cielo
ver, su Salomón divino
que contigo se desposa,
pues con tal gracia te hizo,
y tú misma dirás dél
que sus ojos encendidos
son cual el vino oloroso
conficionado en jacintos;
serás la doncella llamada
que en las cumbres deste risco
relumbre más que la estrella
Ariadna, ni Calisto.
Mas un monstruo te pretende
soberbio, feroz, altivo,
que llaman El Grifo Herrado
mora por ti.
Ya lo miro,
potencias mías, subamos
a este monte;
ya subimos,
tras la consideración
que nos tiene suspendidos.
Cantan y vanse.
El alma hermosa
labra la vida,
tendrá incogida
del cielo graciosa.
Vanse y sale Lucifer.
En el monte de la cruz
se sube; prepare el daño,
para que contra mi engaño
no le pueda faltar luz;
que es Olimpo inaccesible
donde mi niebla no alcanza,
mas no le faltó esperanza
a mi valor invencible;
porque a vista de los muros
de la consideración,
la batirá la ocasión
que no están de ella seguros;
pues a David, que miraba
divertido, de sosiego
del agua le hizo fuego
con que el pecho le abrasaba.
De las poderosas manos
de Dios me la ha de hurtar,
si a la ocasión deja entrar
en sus pensamientos vanos.
Entra la Malicia, y la Ocasión de mujer, y la Inventiva con un cuero verde y plumas.
Los ladrones te he juntado
para que hagan el robo,
que andas, Luzbel, como lobo
tras del polvo del ganado;
aquí traigo esta gitana
que se llama la Ocasión.
¿Y es la madre del ladrón?
Tú me darás puerta llana;
sí, que soy ladrón de casa,
dentro vivo, en ella estoy,
la carne del alma soy
y la ocasión de su brasa.
Ábrele la puerta al vicio.
Si en ella yo entrare el pie,
con la casa me alzaré
y abrasaré su edificio.
A la sierra de mis males,
monte que toca en los cielos,
donde siete mongibelos
brotan llamas infernales,
me traed esta doncella
por quien un Etna estoy hecho;
pues mi honor y mi provecho
se lo ha dado Dios a ella.
La corona de mis sienes,
a matices soberanos,
se labra Dios con sus manos.
para coronar sus sienes,
mas si salgo con mi empresa
y entrare en mi monarchia,
combertire su alegria
en mi llanto, que no zessa.
¿Que te ha hecho este alma?
Nada.
¿Pues por que tan mal la guias?
Solo por que de Dios es
su rretrato y su prenda amada,
porque cual el toro esquiuo
que en la plaza se encona
amage al hombre de paso
porque no ha podido al viuo;
ansi mi enojo cruel
sobre el alma ba a parar
pues yo no puedo tomar
de Dios la venganza en el.
Y ansi le haueis de pintar
los rregalos, las comidas
y las rriquezas de Midas
que a sus sueños ban a parar.
Mis rreynos le descubrid
Babilonias, con que asisto
cual yo se las mostre a Cristo
cuando se las ofreci.
Decid que los mismos tengo
mas granados que Nabal
que con migo verna mal
a ygualarme con el vengo;
Decid que la embidia mia
por mis ojos fuego llora
porque a otro galan adora
y que de mi se desuia.
Decid que mi gula viene
Adermonte muy seguro
adonde el Dios Epicuro
tantos Tantalos mantiene;
mi ira, monte de fuego,
le enseñad con sus corrientes
que son de sangre sus fuentes
y de mis venganzas rriego;
mi luxuria, campo ameno
entre cortinas la vea
donde apazienta Medea
sus puercos de que esta lleno;
mi monte abaro profundo
de quien codizia es Atlante
mire concurso triumphante
con los tessoros del mundo;
mi pereza, Mongibelo
de flores, cama le de
porque entre flores este
y jamas arrime al cielo;
la sierra que os he pintado
abraza estos montes siete,
La ocasion se la promete
con la jubentud al lado.
De vuestras manos lo fio,
cubrid de brazos la sierra.
Vuelo, en tu niebla te encierra.
Si, porque es el zentro mio
al pie del monte me quedo.
Vase
Sí, que como eres ladrón
eres cobarde y lebrón,
y es cobarde estado y miedo
muy vano este intento.
Calla,
villano.
Digo
que en vano a roballa va.
Pues ¿qué empresa intentará
que no la acabe conmigo?
Contigo.
Juventud soy,
a quien el mal está anejo.
Paja verde, mal consejo.
Y aun porque sin él estoy,
¿qué consejo, o qué prudencia
quieres que tenga el grifo herrado,
sino el que de mí ha tomado?
Buen letrado de experiencia,
pues el pleito que tomó
por el reino de los cielos
le diste de Ícaro vuelos
con que se los abrasó.
Sí, porque en la primavera
de mi verde juventud
le igualé a la beatitud
del mismo Dios en su esfera;
fui la fuente de Narciso
que a su rostro le fui espejo,
tras cuyo vano consejo
le arrojé del paraíso;
tras cuya locura vana
a muchos de su linaje
a los infiernos los traje
de su esfera soberana;
y a la primera mujer
con mi juventud lozana
echó el diente a la manzana
y a todo el mundo a perder;
que con lo verde que llevo
no hay alma que no persiga,
que la libertad es fuego
y la juventud es cebo.
Y tú, cara de burona,
¿dónde vas?
¿Burona yo?
Bravamente se ha apodado;
Mira, pues, quién me baldona:
Antes te ha honrado, Ocasión,
que como carne oncera
matas en la madriguera
y en el vivar al lebrón;
que el grifo caza enristenas
en ti, conejos cobardes,
igual carne asada ardes;
Con que los hocicos quemas.
Calla, villano insolente,
que soy la carne de Adán
a quien los humanos dan
lauros que ciñen su frente.
Sí, mas no la carne nueva
con que Adán se halló vestido
la primera vez que vido
junto a sí a su mujer Eva;
llegaste al árbol hermoso.
De la gracia salpresada,
pero diote una picada
nuestra sierpe ponzoñosa
donde quedaste a las manos
de su boca corrompida,
y desde aquella herida
estás llena de gusanos;
y ya, eres mala cecina,
no carne fresca;
Villano,
yo te asentaré la mano.
Picarte has, que soy lezina,
y te tengo de frezar,
hasta que la sangre brote,
mala carne del sacerdote
que mató al rey Baltasar.
Pues si desde el rey al papa
soy gangrena, y me solapa...
¿Quién?
Oficinas vulcanas,
con que abro puertas, ventanas
que la honestidad cerró.
A los ojos de David
quité el cerrojo y llave
con que miró a Bersabé,
y quedó vencido en lid.
Aunque era muro fundado
sobre el monte de la vida,
al talle y a la medida
del mismo Dios fue cortado;
y al alma, aunque esté subida
sobre el monte de la luz,
al fuego de mi arcabuz
la veré el brío rendida.
Juventud, el arma toca,
que sin ti no valgo nada.
Dificultosa es la entrada
para subir a esta roca.
Allá tengo de subir.
Eso del subir se borre;
cayó el abad de la torre
y sangre vino a escupir.
Estatua que miró Lot,
¿qué dices?
¡Qué endiosadas
alas, en el cielo tocadas,
de la torre de Membrot!
Si cayó el grifo herrado
de adonde subir prometes,
y vosotros, sus leves
vasallos, con el Alado,
¿cómo procuráis subir,
siendo vanos, a la altura?
Seguidme.
El diablo procura...
¿Quieres en el agua escribir?
Vanse y salen el Alma y la Penitencia y la Gracia.
Divina Esposa, cuyas hebras de oro
enlazaron al Verbo entre sus hijos
por la gracia en que gozas, que atesora
el yelo de la culpa, y sus garrotes;
no marchite la flor de tu belleza
su absintio amargo; huye sus hechizos.
Al Hércules divino, en fortaleza
te abraza, si contigo llega a abrazos
el monstruo de la tierra y su braveza.
Mi monte penitente cubran lazos
para cazarte en ellos, cual paloma
a quien espera el esposo en mis regazos.
Jesús divino, al palo eres asido,
en este altar que fundas con mi esfera,
donde galán, por verte, aquí se asoma;
en mí la virtud suya te renueva,
para darte el maná de sus favores
queda la eterna vida verdadera.
No el que comió Israel, cuando murmura,
hecho de cristal rubio paso allano
al duro faraón, libre y seguro;
ni el que a Elías le dio, aunque soberano,
pisando de este monte las espinas
que son al justo flores del verano;
la Gracia te dirá...
Gracias divinas
doy a mi Esposo santo, pues me ceba
con el maná de sus divinas minas;
el gozo celestial tras sí me lleva
en cuyo monte santo, y casa santa
el Jordán de la gracia me renueva.
Con mi Esposo santo se levanta
a la esfera mayor donde él se asienta,
hazaña que este amor celebra y canta;
con su carne y su sangre te alimenta,
en tanto que en el monte peregrina
pasares de sus áspides exenta.
Mi Gracia, grata voy, tú me encamina,
que si el Josué, cual sol diurno,
vence la eclíptica para que te ilumina.
Entran Ocas., Sober. y Malicia
¿Quién me ha alterado?
El dragón serpentino
al encuentro te sale, hurta al viento
los pies para huir.
Este camino, ¿adónde va?
No busques locura
al fuego de Sodoma.
Ca, Medea, tu hechizo en piedra
has de volver la estatua.
Dama hermosa.
Responde, no sea ingrata tu belleza.
Cierra los labios.
Niña.
Temerosa
me acoso al monte, ¡se vuelve yedra!
Sube tras mí.
Ya subo.
En mí reposa.
Vanse asidas, entra en la de la Penitencia
La caza se beba engañosa fiera.
Pues yo la cazaré, si al monte baja,
aunque esté más entera que una piedra.
Vete otra vez a traerme la baraja.
La tempestad abaratar, que la pandilla
del hijo con el fuego suyo ataja.
Mientras subiere al monte he de seguirla.
Saúl seré, de aquese escudo fuerte
a fin quitalla de su trono y silla.
La espada esgrimiré de la muerte,
como la desecha si en la muralla
de penitencia va para ofenderla.
Vamos tras della,
su fuego ha de abrasalla;
trepa por ese muro.
Arriba.
Arriba.
que fuego sale del farol divino.
Ábrese una cortina, aparecerá Cristo arrimado a una cruz, habrá altar con calaveras, y estará allí Memoria, Entendimiento y Voluntad, y la Gracia con un cáliz, suena una matraca, y caigan los vicios en tierra.
Cantan los serafines
por la victoria,
que saca de los vicios
la bella historia.
Gracia, daldes la comida
a las potencias, que van
cansadas con el afán
de la carne, su homicida.
Que un pan, y con peces
harta tanta multitud,
lleguen, que mi virtud
le excede infinitas veces,
esta es la inmensa porción
que les doy en mi despensa,
para que hagan la defensa
de mi peregrinación;
refortalecido con él
tome vigor su flaqueza,
basta, que sin la corteza
vean que estoy dentro dél.
Ya tengo puesta la mesa,
con el pan, que Amor amasó.
Yo no soy digno.
Ni yo.
¿Quién tanta gloria interesó?
Suenan aspas, y levántanse los vicios.
Muy mal nos fue en esta guerra:
yo he quedado como atún,
y sin decir Ego,
nos hizo medir la tierra.
¡Oh, qué brava fortaleza!
No dije yo, que al volver
no había más de traer
las casas en la cabeza.
Sale Lucifer.
¡Derribaré aquestos cielos
con fuego de mis suspiros,
que son ordinarios tiros
que arrojo a sus paralelos,
que pueda una mujer flaca,
sin fuerza, potencia, y brío,
vencer los combates míos
y en ellos mis fuerzas opaca,
Áspides exhala el pecho,
por los aires esparcidos,
decid, ¿qué, quedáis vencidos
y todo mi ardor deshecho?
Son relámpagos y truenos
las fábricas que tú fraguas,
que en vez de abundantes aguas,
echan vientos de sus senos.
Corre, vuelve a porfiar.
Fuego de nuevo atiza.
O la he de volver ceniza,
o la tengo de abrasar.
Vestirme he de cazadora,
y en hábito de villana
con que de la sierra llana
de estos brazos desquiciadora.
Y yo, que soy el deseo,
con la fuerza que le imprimes,
la haré dar mil vaivenes
fingiéndome otro Teseo.
No me he de cansar.
Reposa.
En el mal tengo reposo.
Vamos.
Procura el esposo
para quemar a la Esposa.
Vanse y sale la Voluntad con un venablo y deteniéndola el Entendimiento =
Tente, Voluntad ligera.
No te me pongas delante,
entendimiento.
Ignorante,
no abras el postigo. Espera,
deja que salga de aquí.
Mira que es temeridad,
que como eres Voluntad
llevas al Alma tras ti;
y la pones sobre el muro
de Babilonia y Sodoma;
volverás la de paloma
áspid del Infierno obscuro.
Ver vengo quien la inquieta
estando en silencio a solas,
que cual navío con las olas
del mar, la bate y la aprieta.
Y sospecho que un ave es,
ferocísima que vuela.
El grifo, que se desvela
porque la entrada le dejas,
y él la procura robar
su pudor en breves. Bien lo sabes.
Aquí le prevengo, aguardas,
sal a abrir desta puerta
tengo de dejalle en calma;
Huye la ocasión al Alma,
si no quieres verla difunta.
Un monstruo tan espantoso
no ha de pisar estas faldas
guarnecidas de esmeraldas
que a la Esposa dio el Esposo.
Voluntad, di, ¿quién podrá
quitalle al grifo su vuelo
porque el camino del cielo
impide a quien pasa allá
quien es; la ordinaria guerra
que el Apóstol escribe,
que dentro de sí traya
mientras que vive en la tierra;
y Job dice, que el vivir
es milicia muy temida,
y ansí tu locura impida
querer su vuelo impedir.
Mis brazos no torcerás
aunque me sirves de efeto,
ni el grifo, ni tu consejo
no me volverán atrás.
Ésta es mi resolución,
la voluntad resoluta.
Comió la vianda bruta,
original perdición;
ya la contemplo en ti.
Quédate, grueso, sedoso
Adonis, que sin consejo
va a buscar su jabalí;
llore el Alma, cual yo lloro
la ruina de su invención,
y miro a Jerusalén
profanado su tesoro;
y miro que va en prisión
a los babilonios muros,
pues a los pozos oscuros
la llevan en conclusión.
Loca estás, y como viejo
pesado, caduco, y vete,
quien en mi oficio se mete
se infame, pues yo te dejo;
quédate con la memoria
a hacer bizantinelas.
Vase.
En vana memoria, vela,
si está en tu mano su gloria.
¿Quieres, Alma, entretenerse
en esta montaña un poco,
sin aqueste viejo loco
que espera desvanecerse?
Solo para contemplar
entre estos mirtos y flores
los requiebros y favores
del que pretende adorar,
y está dándome alboradas
dentro de la fantasía.
Ya será faltando al día
el sol, las hebras doradas,
mas ¿quién baja por el valle?
Entran la Juventud y la Ocasión de villanas.
Ocasión la lisonjea.
¿Quién va allá?
¡Qué buen talle!
Serrana, ¿eres desta aldea?
Sí, hidalgo.
Sale el Alma y la Consideración.
Dime, hermano,
¿por qué me has bajado al llano?
Porque ve de la manera
que desta huerta florida
exhala el zéfiro manso.
Loco, ¿qué mayor descanso
que estar de la gracia asida?
Muy grande es la quietud
de aqueste divino monte,
mas suena en este horizonte
quien te estraga la virtud.
Al Alma, sabré quién es
quien te causa este temor.
La curiosidad mayor
es; que en tu centro, ves,
di, caballo desbocado,
¿no miras que los despeñas?
Ya que he visto aquestas breñas,
vuélveme en paz a mi Amado;
Mira esta serrana hermosa,
que suspende cualquier pena.
Nuevas Troyas y esta Elena
entre su llama forzosa.
Princesa, muy bien venida
seas a nuestra montaña.
Su hermosura es extraña.
Por estar de ti vestida,
que como tienes del sol
en tus ojos los reflejos
como divinos trebejos,
en mí estampan su arrebol.
Dale los brazos, que a mí
muerto de amores me tiene.
Un Joab en ellos viene.
Mis brazos, veslos aquí.
Descansa en ellos un poco,
mientras busco tu ofensor.
Oh, mi vida y matador
le has sido.
Escárchate, loco.
No la dejes.
Vase.
Vuelvo al punto.
Pues tu gusto lo interesa,
hazlo ansí.
Hecho ha presa
en el cuerpo y alma junto.
Dime, serrana divina,
qué monte es este y quién eres.
Lámina de los placeres,
toda la belleza humana
en mí se cifra y apura,
pues la humana hermosura
en mí nace y en mí para;
y pues a saber te inclinas,
dama de Jerusalén,
te quiero decir también
mis partes, que son divinas.
Yo soy hermana carnal
del gran rey de Xericó.
Del que del cielo cayó.
De allá es su estirpe real;
vago tras de una porfía
d'aqueste monte profundo,
donde entre él y yo del mundo
tenemos su monarquía;
y se llama el Grifo herrado,
porque reina en la región
donde no llega Faetón,
en un palacio encantado,
donde el arpa de Orfeo
suena dentro de sus venas,
con que suspende las penas
que yo enciendo en el deseo,
tras cuyo son y destreza
hace Herodías mil danzas.
Si tras della te abalanzas,
tú volverás sin causa.
Quien eres, huye de ruina;
Mi jornada es y es tan triste
que jamás el gusto viste
del color de mi alegría,
siempre aspira a contemplar
Lo que a mí me representa,
sin haber dado a Dios cuenta,
¿cómo me puedo alegrar?
En mí, que engendro contentos,
cual lo muestro en mi diviso,
de mosquitos hago guiso
cuando me miran atentos.
Mira que el fin del deleite
en tormento eterno para,
que trae el engaño cara,
en mascarada de afeite.
No perturbes la alegría
del alma; que la entristeces,
que en ver que su gusto empeces,
muestras tu descortesía.
Goza de la primavera
de tu verde juventud,
que es centro de la salud,
donde el gusto reverbera.
Aquí pisarás coral,
esmeraldas, amatistas,
y la piedra que en las listas
del oro, es al lirio igual;
vestirás púrpura y viso,
y cubrirte has de escarlata,
toda escarchada de plata,
bordada al moderno uso.
Verás Absalones bellos,
y narcisos, que la fuente
dejarán por ver su frente,
siendo la piedra imán dellos,
que en este monte Cáucaso,
de la primavera verde,
ningún contento se pierde,
que sin él no darás paso.
En Calvario todo es hueso,
calaveras, disciplinas;
ver a tu Rey por cortinas
tras de trabajos, espinas;
asómate y considera.
Huye, desvía.
Quita,
que quien la alegría evita
no es amigo, sino fiera.
Asómanse músicos por lo alto.
Anda, que se pone
el lucero de la noche,
anda, que se pone.
Anda, niña hermosa,
que la noche cierra
y espera tus brazos
el Rey de Tinieblas.
Anda, que te aguarda
en cama de perlas
los gustos del mundo
te llaman a voces:
anda, que se pone
el lucero de la noche,
anda, que se pone.
Ya debe ser el Rey,
Ocasión, dame la mano.
Es Rey de gusto, mi hermano,
y galán a toda ley.
Sus músicas son fingidas,
como las que matan,
y estos son como sirenas.
que estas razones despidas,
quédate en esa muralla,
que al punto vuelves a faltar;
la guarda se van a hablar,
que salida no se halla.
Vanse, y queda la Consideración.
¡Oh bella imagen, oh retrato bello
de aquel divino Apolo soberano!
Borrada queda de molde humano
del libro de la vida, luz, destello;
el grifo le esculpió su blanco cuello,
en su imagen de fuego y humo vano,
un aviso celestial le salió vano,
que le faltó vaho para encendello.
Danzad, ánima liviana, no hay consejo
bastante a su remedio, echó la llave
al que pudo tomar del santuario;
su esposo la remedie, a él la dejo,
que solo quiere, puede, ayuda y sabe
enfrenar su locura al albedrío.
Vase, y sale Cristo con vaquero y manto.
Por excesos de mi amor,
en amar al alma incluyo,
pues me vestí el sayal suyo
y su encarnado color,
y es tan grande mi afición
que por solo enamoralla
del cielo bajé a buscalla
al monte de mi pasión;
mi afecto lo descubrí,
y en un pecho soberano,
para que en traje humano
se hallase dentro en mí.
Digan los demás pastores
lo que me vino a costar
el avenirme a quitar
la vida por sus amores;
la ingratitud de su bien
es tan grande en esta ingrata
que segunda vez me mata
su menosprecio y desdén.
Mirad si hay mayor afrenta
para este esposo, si al cabo
me deja por un esclavo
que la maltrata y la atormenta;
a mi ofensa me ofendió,
y a su servicio de arrimo,
pues soy su Dios y la estimo
en tanto como costó;
soy su esposo, y me enlacé
con ella, este cuello hermoso,
y al fin la busco cual esposo,
aunque adúltera me fue;
soy padre, y hace que aguije
a enfrenar sus desatinos,
porque en mis brazos divinos
descanse y se regocije.
Soy pastor, cuido, y la vido
al interés de su robo
para quitársela al lobo
en cuyas garras la ha asido.
Soy rey, que me asiento a cuentas
con ella, con que me abono,
pues infinito perdono
el talento de mis rentas.
¡Mi Dios!
Sosiégate, ¿qué hay?
Tiemblo.
Detente y reposa.
Pido favor por tu esposa,
por quien eres tú y no más,
que eres la suma concordia
y Dios de amor en amar.
¿A qué me pides rogar?
Sale mi misericordia.
Sale la Misericordia.
Suplico a tu gran clemencia,
mire que es de humana red
entreviva esta enlazada
la espada de mi potencia.
Mira que si esta se pierde
que no se pierde por ti.
Al encuentro le salí
para que de mí se acuerde,
que esta perdición llore
sobre el muro de Sion
y por esta perdición
gotas de sangre sude,
y agora pisando espinas
la busco con el calor
que no repara mi amor,
pican mis plantas divinas.
A mis ángeles mandé
que en palmas fuesen sus vías
y ahora en las palmas mías
la traye, y la sustente.
Aquí la pondré en mis brazos
para recibirla abiertos,
con que de sus desconciertos
jamás le echará mis lazos.
Que eres Dios, se echa de ver
pues la sales a buscar.
No hay límite en el amar,
que es mi amor, no se ha de ver.
Represéntale el castigo
que mi justicia amenaza.
Suya, mi Dios, es la traza.
Sígueme.
Tras de ti sigo.
Vanse y sale Lucifer de galán, con el Alma de la mano, y la Malicia, Ocasión, y músicos, y bailarines con sonajas.
E la, señore, e la,
que nengun non foy por ela;
menina fermosa,
mas bela que o zeo,
en as vossas chamas,
deste amor ardendo,
vino añoso buy
que arde como sebo;
co el se regala,
fayle folgemos,
cantathos cantigas
como a nosa Reyna;
e la, señore, e la,
que nengun non foy por ela.
¿Qué te parece, alma mía,
de mi reino?
Todo es gloria.
Parece gloria a la entrada,
mas en infierno se torna.
Los Elíseos campos de oro,
donde no llegan lisonjas,
que hay arenas de oro puro
con girasoles y alfombras;
las márgenes deste río
tienen claveles y rosas,
árboles que llevan frutas
del viento que las azota;
aquel fénix del Arabia
en sus cimas se remoza.
Ocasión, dame tus brazos,
pues por ti lo gozo.
Toma.
Que te abraza la culebra
y te muerde con la cola.
Soy tu Narciso,
esos ojos me enamoran,
que son las fuentes y espejos
de mi gusto.
Sí que es sombra
el gusto que ofreces.
Ay, Soberbia,
qué gusto conforma.
Soy enmielado de humor.
Sí, lamentona y lisonja,
que cantan mientras te aduermen
los sentidos, que te roban.
Mi reino es de plata y oro,
que soy el Midas que a rota
escupo enfadado el oro,
el duende, y carbón se torna.
Soy de contado, el deleite,
y no en esperanzas locas;
Pintado como los platos
de estío, galano en alcorzas.
Quiero decir, que soy
para que cual luna hermosa
puedas relumbrar en mí,
cual piedra de mi corona;
Sí relumbras, que le
has puesto fuego a la broza.
En este monte nubloso
tengo bestias que me adoran
mi estatura llega a los cielos;
Y hay china que la trastorna.
En estas peladas peñas
hay cabritos que retozan;
Que dan pieles con que engañan
los tragos, que la alaban.
Hay aquí rinocerontes
que derriban con sus trompas
la pirámide más torreada
que el rey de la ley las ponja;
llámanme por arrogante
usurpador de las honras
que yo se las doy al mundo
dél, a quien a mí se postra;
y un día a la pobre esposa
recompensé con mis sobras
que como pobre en el mundo
ayunaba entre unas rocas:
llámome el Grifo Herrado
porque yerto, en las mazmorras
a mis esclavos sangrientos
ciegamente hago deshora.
Lleguemos a esta reina,
a quien mi hermano corona:
Que relumbra como estrella
no dirá, quien la conozca;
Desvelóse la niña
y porque se duerma
no murmuran las fuentes
ni el viento suena;
Desvelóse la niña, o
que desvela amor
cególes los ojos
por ellos se entró;
desvelada la tiene
y porque se duerma
no murmuran las fuentes
ni el viento suena.
Siéntanse en tres sillas / y está ya en medio, y la / Ocasión la asida de la / mano, y duérmese al son / de la música =
¿Qué está en los brazos del sueño?
Con el deleite en la boca;
Si su esposo no la toca,
yo seré su esposo y dueño;
ya ha bebido un veneno
las aguas del olvido;
Entre flores se ha dormido;
Flores, cual caer la hoja
a la flor de su alma angosta
entre mi fuego encendido;
Vase.
Sácanme esclavos luego,
vístela de mi librea,
porque el Alma ha de ver
en lo que para el placer,
maten celos de su ver
en tanto que una leg...
Dormida a pierna tendida
que a fe que duerme un poco
adonde recibe el halago
como pringue de lechón.
Mira el Alma que va perdida.
Téngase quien la ha llegado
un trago de ley bebiendo
que a la luz mozo de ciego
Que vas a parar al fuego
teme el Juez enojado.
Temor, su porfía para.
Malicia, déjalla ya.
Sale el Temor con ropa negra y preñada de llamas, con una hacha negra ardiendo.
Si yo padezco, se abra.
Embistiendo al Grifo la cara;
Sale Castigo vestido de demonio, y la Libertad y el Deseo humano, y la Locura vestidos de cautivos herrados los rostros, y el Deseo comiendo arena en una esportilla de palma y la Locura con unas estopas breadas que echan humo y la Libertad con una plomada de pez y resina ardiendo que hierra arrojando fuego.
Abrasar gente avara,
pues ¿no tenéis la comida
que os da el Grifo merecida?
Ay de mí, que me abraso,
Arena me da.
A mí, humo.
A mí, su llama encendida.
No os faltará en vuestra vida;
en tu caso, tente loca,
humo, y fuego por la boca:
al eterno, sin redención;
Justos nuestros males son;
Y es muy justo vuestro afán,
Olvidéme de mi pan,
Yo de mi pan me olvidé,
guerra creo;
Yo sé de fe,
y fuego y humo me dan;
Castigo, cierra la puerta,
que con tu furia crecida
despierta el Alma dormida
ya suena el seño, despierta.
Esclavos del Grifo, alerta.
Ala, Paulo,
El pan de vida
dejamos por la comida
que nos dan manjar infinito;
Mal haya yo.
Y maldito yo también.
Y yo.
Éntralos azotando el castigo, y despierta el alma.
Ea, al fuego homicida.
Qué es esto.
Qué sueño ha sido,
Verdadera visión,
estos mis deleites son
que al Infierno me van tirando,
comer el pan convertido
en humo, en fuego, en arena
aquel Grifo me condena
como a sumas, vil, esclava;
Qué fiero sueño,
No soñaba,
una vi la eterna pena;
Espera, pondréos la ropa
de la galera del mar
donde habéis de ir a remar
con el fuego siempre en popa,
Dejadme,
Amiga, de copas
en tu pecho os imagino
que loca cuando se asoma
de los humanos deleites
suspiros dais por aliento,
a vuestro Esposo divino.
Vuelve a salir Lucifer como grifo.
¡Oh, mi alma!
Mientes, perro,
que estoy de mí mismo ajeno,
ya ves que eres un esclavo,
cieno y pozo, y feo más negro.
Más negro dueño y negra vida
he hallado en tu regalo.
Deja el bien y a ver tómalo
cual, lo que has desvanecida.
Despierta, memoria amada,
entendimiento despierta.
Voluntad, te abro la puerta
y en mi casa te dio entrada.
La puerta tienes cerrada
laberinto muy oscuro,
diamantino es el muro,
no has de salir.
El deseo
es mi Esposo en quien yo vivo
a quien llamo, a quien procuro.
De aquí a tu Esposo tene
una distancia infinita,
que esta mi tierra maldita
en alto monte de Gelboé,
adonde yo pongo el pie
no esperes que el suyo asiente
porque él reina en el oriente
y yo reino en el ocaso.
Es luz, él me dará paso
por el monte, que es mi norte.
En un pozo te encadeno.
¡Ay mí! ¡Mi Dios, dadme luz!
Mas en el reino yo, fiero avestruz,
que morirá de luz ajena.
Encerrela en mis cavernas
que esconden lágrimas tiernas,
adiós, que de yelo hecho
ha de derretirle el pecho,
mira cómo la gobiernas.
Vase y entra la Memoria limpiándose los ojos. Se levanta.
Del sueño me levanto,
imagen de la muerte que represento,
tiemblo, muero de espanto,
parece que el alma está en este tormento
en el poder del Grifo
que atormenta en sus reinos a Sísifo;
oh, doncella divina,
que por dormirme yo en los campos verdes
te fiaste de un Grifo
a quien, donde a Dios a vernos pierdes,
mas ya despierto llamo
a Dios, con los suspiros que derramo.
Sale el Entendimiento palpando.
Ciego, como topas,
quedé, después que pisó esta montaña
negra de nieblas frías,
adonde el Grifo herrado al alma engaña
con sus glorias lascivas
que huyen como sombras fugitivas,
adonde vive esclava
en torpes vicios años de su vida,
¡ay, triste flaqueza humana!
mi vista para siempre va perdida.
¿Quién pisa aqueste monte
ceñido de las aguas de Aqueronte?
Un ciego desdichado,
que pasando a Calvario erró el camino,
en este monte vedado.
donde piso las faldas de Apenino
tienen por guarnecidas
quedan en cuerpo y lloran mil heridas
sepa quien sois, amigo.
Yo, Entendimiento humano, soy memoria
del bien, cual sois testigo,
que al Alma aconsejé para su gloria
siguió a Tirso en Castalia,
donde bebió los zumos de Tesalia.
¡Oh, memoria divina! Esos brazos me dad,
que un dormido camina.
Tomad mis brazos,
que mucho que haya dado en estos lazos.
Voluntad liviana,
que la luz me quitaste soberana,
¿adónde vas?
Al valle,
y sierras del deleite lisonjero,
donde piensa buscalle
el Alma al Grifo herrado, horrible, fiero,
que ya llama atrevida.
Va a vivir un llagado arrepentido;
y llórele sus enojos
y viendo entre el deleite el desengaño,
por entre los cerrojos
del postigo de culpa y de su daño,
le daremos señales
que le sirvan de avisos celestiales.
¡Hola! ¿quién pisa este muro?
¿Quién camina en romería?
Entra la malicia con una porra.
Pues hasta que venga el día
aquí no hay paso seguro,
que jamás, aunque dé el sol,
estos peñascos invencibles
no quieren ver su arrebol,
y es vedada la salida
por el Rey de aquesta tierra.
¿Y quién el camino cierra
le manda quitar la vida?
¿La vida manda quitar?
La vida, pues.
Caso fuerte.
Es Rey que a todos da muerte,
y no puede vida dar.
¿Y quién sois vos?
Un pastor
que en aquesta sierra habita,
y que engordo cabras, que mata
el Rey mi señor.
Y cuán gordas las tengo
en los prados del deleite,
fritas se las do, en aceite,
con que su casa mantengo.
Pues dinos, pastor cruel,
que bien hayas, que matáis
las vacas de entre estas hayas,
¿cuyas son?
¡Bien sois novel
en venir por esta tierra!
¡Dormidos venís, y errados!
Dejaranos disculpados,
pues bien preguntar qué es ella.
Pues son del Grifo herrado,
del que tiene una doncella
que relumbra como estrella
en este monte encantado:
y diz que era de un señor
todo su gusto y regalo,
y él la robó, que es malo,
y no se probó peor;
y a fe que se ha zumbado.
como el sol, si ahora veis
que no la conoceréis,
porque en hábito de esclava
Dejadnosla buscar.
Ahora queréis remedialla,
tarde viene el animal
al remedio, a la señora;
pues no tienes entendimiento,
su norte, su blanco escudo,
su claridad y su día,
su claro conocimiento,
pues, ¿para qué tan de prisa
dais de manos en el fuego
del grifo, y ahora ciego
en buscalla os ocupáis?
Pues sin licencia mía
tus malicias siempre van
desnudas de discreción.
Ser ladrón sabe robar.
Villano, dame la mano.
Sale Lucifer.
¿Ques lo que pides, villano?
La mano te la he de dar,
a carne cruda me oléis.
A fe que os he de asar,
porque vengáis a pagar
por donde lo merecéis.
¿Quién sois?
Buscar la doncella vienen.
Sois espías
del Rey de las Jerarquías.
Somos dos hermanos de ella.
Hermanos, pues en mi casa
estaréis en mi servicio.
Inútil es para oficio
está, mas con luz escasa,
uno ciego, otro dormido,
¿cómo te hemos de servir?
Que no dejéis de dormir
es lo que os mando y os pido;
venid conmigo, y veréis
a vuestra hermana que como esposa...
Vanse.
Al paso debéis por esotra
os lleva, no la hablaréis;
la memoria le recuerde
el bien que perdido tiene,
al entendimiento viene,
con luz con que no se pierde,
mas el grifo las pondrá
donde ni luz ni memoria
tengan de Dios y su gloria,
porque en suspirando está.
Vanse la Malicia, y aparece el Pecado velándola con un venablo, que es el de la voluntad, y estará atada a una reja el Alma.
Que muero en estas prisiones,
dulce esposo de mi alma,
un rayo de vuestra luz
este monstruo fiero parta.
Calla, que te haré pedazos.
No tienes licencia santa,
pecado que solo sirves
de ser espantosa guarda.
Tu voluntad se entró en mí,
y me ha entregado sus armas,
que la engañó la ocasión,
y la libertad que engañan;
tapa la boca, no hables.
El cielo me la destapa,
a quien demando socorro,
¡aquí de Dios, que me matan!
Sale la Voluntad.
Gracias al cielo que he visto
Un rayo de luz mi cara,
quedéme atada al entrar
en esta sierra encantada
donde las nieblas del grifo
perpetuamente se acampan,
hasta que el sol de justicia
el iris de paz señala.
¡Ay de mí!
Hacia aquí suena
la voz de mi triste hermana.
¿Quién va allá?
Un monstro espantoso.
Dame puerta franca;
tus armas tengo en mis manos,
y rindiendo yo tus armas
defenderé la cautiva
que entregaste voluntaria.
¿Yo voluntaria? Ladrón,
dame, arrepentido, el alma,
y sentirás fuertes mis brazos,
que entre ellos haré que salgas.
Hermana mía, que muero,
y en verte tengo esperanza
que has de volverme a mi esposo
adonde viva en su gracia.
No hay esperanza.
Sí la hay;
deshace, huye, aparta.
¡Oh, voluntad poderosa,
quién contra tus fuerzas basta!
Ásense y cae el Pecado.
Ya la guarda está vencida.
Hermana, ponte mis alas
y hasta el monte de la cruz
no pares, mientras retarda
mi braveza contra el grifo.
Hurtaré al viento las plantas.
A mi esposo gracias doy
que me dio luz por do salga.
Vase.
Ya queda la puerta abierta
a nuestros hermanos, llama
para que huyan contigo.
Éntranse y se cierran la cortina.
¿Quién alborota mi casa?
Yo, que a romper la prisión
adonde mi hermana estaba
encantada en los deleites
que en tormento eterno pararán.
Creyó tus falsas ofertas,
y ha visto que son falsas
y cual fuego van contigo
cuanto prometes y mandas.
¡Oh, voluntad, qué de triunfos
les quitas a mis hazañas!
Si de los cielos me quejo,
son infinitas mis causas,
pues una voluntad leve,
que es cual arista cual pasa,
cual vela que el aire azota,
y cual ondas del agua,
baste a romperme mis muros
y dejarme sin esclava;
mas porque sepa el efecto
que lo que quiere y que ama
lo aborrezco como a él mismo,
villanos de mi montaña,
salid fuera.
Salen dos salvajes.
¿Qué nos quieres?
Que matéis a esta que pasa
por este monte encantado
por el tributo que me pagan.
prantos cobran al salir.
Vanse con más culebras.
¡Muera!
Muera,
justo pago
de mis culpas escondidas,
a quien ofendí este valga.
Vamos, que el esposo viene;
pues si un poco se tardara
se acordara del culebro
que llevaba en las espaldas.
Vanse, y queda la Voluntad.
Dadme la mano, Dios mío,
pues a quien os la demanda
no la negáis, cual amigo
en cuya amistad no falta.
A vuestras puertas estoy;
Entra Cristo.
A quien a mi puerta llama
siempre las hallará abiertas,
pues jamás están cerradas;
cinco son, y todas cinco
tienen llagas, y no tablas,
para que puedan entrar
a todas horas las almas.
Levanta, que a levantar
las caídas y desgracias
vine al mundo.
Eres el muro
desta piedra que así abrazas;
y porque gustas de oír
las culpas por perdonallas,
te quiero decir las mías.
Dilas, y el perdón aguarda.
Estaba una esposa
dentro de un alcázar
de gracia vestida,
más bella que el sol;
su fuente de cruz
le daba las aguas,
aguas que ver quiso
la Samaritana.
Comiendo del pan
que de oro en las nieblas
masó la doncella,
concebida en gracia;
y vuestra madre santa,
pura, más que el sol;
y más relumbraba
que esta esposa en bulto
que no tenga manchas.
Ya que este villano
a quien Grifo llaman,
de verla envidioso
procuró roballa;
rondóle la puerta
con fiestas y galas,
porque la ocasión
cualquier muro asalta;
y desvanecido
procuró alegralla,
con que al Grifo viese,
¡qué vista tan mala!
Quísela volver,
y echóle las garras,
y con la ocasión
dejóse su esclava.
viéndola perdida,
venirse las guardas,
y ella se voló
a su santo alcázar;
y mi culpa confieso.
¿Escuchan que cantan
dentro en mis andenes
versos y alabanzas?
Cuando vuelve la esposa
a su esposo limpia,
el cielo se alegra
y se regocija.
Entra el Alma bizarra, la Penitencia, Memoria y Entendimiento.
Mi príncipe soberano,
vuestra arrepentida esposa
viene a pediros perdón,
a vuestra gracia se torna;
ya trae sus madejas de oro,
más que las del sol hermosas,
que al oro hacen ventaja
si con los ojos llorosas.
Príncipe mío, pequé,
perdón os pido, mi gloria,
que os ofendí, y os dejé,
que os olvidé, vuelta loca,
que me fui de vuestra casa,
que dejé de ser señora,
que fui esclava del esclavo
que cubren vuestras mazmorras;
enfermé, ovejuela soy,
David que el pecado llora
a vista de vuestros ojos,
y pido misericordia.
Limpiad, esposa, los ojos,
que cual a simple paloma
os doy por cinco agujeros
que en esta piedra se forman;
entraos en ellos, que quiero
que veáis cómo se goza
mi amor de haberos ganado
cuando más perdida os llora;
y como al pródigo quiero
daros anillo y estola,
y en vez de ternera daros
mi carne entre el pan de gloria.
Vuestros hermanos, potencias,
con vos y conmigo coman,
que salen de cautiverio
hambrientos, con fuerzas pocas.
Eres Dios, y como Dios
muestras ser misericordia.
De un amor que es infinito
das muestras en estas obras.
Los ángeles te den gracias,
que las nuestras son muy cortas.
Y con esto damos fin
al grifo, que al alma doma,
al camino de los cielos,
cierta y verdadera historia.
Fin del auto del grifo herrado