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Texto digital de El grifo herrado

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El grifo herrado. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-grifo-herrado.

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EL GRIFO HERRADO

Jornada primera

Pag. 1

Personas Lucifer, que es el Grifo Malicia Juventud Libertad Género humano Locura El pecado = Jorge Mateos Cristo Alma Entendimiento Memoria Voluntad Consideración Gracia Penitencia

Sale Lucifer, que es el Grifo, vestido justo negro con su cola y máscara con pico, y el vestido plumado con guantes con uñas y polainas con uñas; y la Malicia de villano.

Lucifer.

Malicia, en fuego me abraso,

Malicia.

¿qué mucho si eres el fuego?

Lucifer.

Entre el dolor que no taso,

la invidia me tiene ciego.

Malicia.

Con luz no darás paso,

que por estarte en tu trece

la luz, en ti no amanece.

Lucifer.

Ofusco a los hombres vanos

la luz del cielo en mis manos

cuando en mí les anochece.

Malicia.

Por las tinieblas que exhalas

como grifo volador,

que con más, que de alas,

eres al hombre ofensor

y en tu ofensa te señalas;

Pag. 2

Malicia.

que como la Escitia fría

los grifos feroces cría

para defensa del oro,

así guardas por decoro

del cielo y su monarquía.

Lucifer.

Que el hombre, de gozo sabio,

rayos escupan las nieves

con envidias en su agravio.

Malicia.

Como eres bueno, hablas aleves.

Lucifer.

Calla, no muevas el labio,

escúchame mi querella.

Malicia.

Y di, ¿cuándo saldrás de ella?

Lucifer.

Sus puros rigores temí.

Malicia.

Por siempre jamás amén

has de padecer en ella.

Lucifer.

Sabrás que el Hijo del Hombre...

Malicia.

Ya, ya, Cristo quieres decir.

Lucifer.

Calla, que es rayo su nombre.

Malicia.

Pues que te hizo morir,

no es mucho el nombre te asombre.

Lucifer.

Este tiene una doncella

que relumbra como estrella...

Malicia.

Y es villana.

Lucifer.

En sus doseles

borda y pinta con pinceles

el mismo retrato de ella.

Malicia.

Con sus colores la arreas.

Lucifer.

Con que mi furia bravea.

Malicia.

A la que con mano franca

dejó relumbrante y blanca,

y a ti negro de Guinea.

Lucifer.

Pues soy fuego...

Malicia.

Una centella,

mas despabilóte de ella

Dios.

Lucifer.

El verme autoriza...

Malicia.

Antes cubrió la ceniza

de la culpa que entró en ella.

Y así se puede decir:

tizón que cubrió la brasa,

que Dios, tornando a vivir,

porque no falte en su casa

fuego con que te freír,

deja a Dios, y al alma deja,

y prosigue con tu queja.

Lucifer.

¿Cómo quieres que no me vista

del fuego que me conquista,

si caso al alma festeja

la ropa que trae vestida,

le gustare, será esposa

de este Rey que la convida?

Malicia.

Al fuego, cual mariposa

que va a la vela encendida.

Lucifer.

Mi monte vendrá a pisar,

porque me quiero gloriar

que soy el grifo herrado

de la doncella que ha dado

a Dios, sujeto de amar.

Malicia.

Sí.

Lucifer.

Cual su vencedor,

Malicia.

una negra piedra de Sísifo

en tu reino de dolor,

sin la doncella eres grifo.

Pag. 3

Lucifer.

para siempre herrador.

Herrador, que en nada aciertas,

por bajarlo todo a oscuras,

herrador que desconciertas

al herrar con las criaturas

y a todas las desconciertas;

Si en el monte de Seir

la vistió Cristo de luz,

en los rayos de Aqueronte

mi rayo la trayo al monte

donde yo soy avestruz;

que es novelera, es ingrata,

es mujer, que a quien la adora

olvida, su ser remata,

es de cera que el sol dora

y por horas se retrata.

Es vela que el aire mueve,

hidrópica que se bebe

el mar, que apetece amar,

camaleón en buscar

viento, que en gustos pruebe;

El tarandro que su piel

a cualquier color se arroja,

libro que lo escrito en él

queda en blanco si se moja;

la memoria que hace en él

aquella es la inclinación

desta dama en conclusión;

la memoria de su esposo

borrallo y será forzoso

que ponga en mí su afición.

Vamos, sígueme.

Malicia.

¡Oh, maldito,

industrioso cazador!

Lucifer.

Borraste del bien infinito.

Malicia.

Sí, que eres el borrador

de cualquiera bien escrito.

Vase y entra el Alma muy cubierta de blanco, y el Entendimiento de barba, y la Memoria y la Voluntad con los huesos debajo los brazos.

Alma.

Memoria mía.

Memoria.

Señora.

Alma.

Mi Entendimiento.

Entendimiento.

Mi Reina.

Alma.

Mi Voluntad.

Voluntad.

Señora mía,

¿qué me quieres y me mandas?

Entendimiento.

Esclavo soy de tu esposo,

como tal sirvo en tu casa,

sujeto estoy a su gusto,

con mi voluntad esclava,

que esto a su príncipe le debo

por lo mucho que te ama,

en cuyo fuego de amor

vive cual la salamandria,

aunque cual príncipe eterno

me dio exenciones hidalgas

para que elija mi gusto

del de mi amor me arrebata.

Alma.

Mucho, Voluntad, os debo;

en mí es la Voluntad muy sana

cuando sigue la razón

y entre sus brazos descansa.

Voluntad.

Entendimiento, pues,

espero que desengañas.

Memoria.

Y yo, quien mude sus pasos.

Pag. 4

Memoria.

gran despertador del alma

y para que no te olvides

del anillo y de las galas

que en el tálamo te dio

mi memoria en tres abraza.

Entendimiento.

Todos tres somos distintos

y los tres somos un mapa

de la esencia de Dios trino

que es una y en tres se aparta;

y cuando esta nuestra unión

con la razón anudada

la casa del albedrío

se vuelve cielo de casa,

pero, dejando esto aparte,

Alma hermosa y lozana,

qué alegre se fue tu esposo

viendo en ti belleza tanta

en tus ojos de paloma

junto.

Alma.

Los rayos del alma,

que sois vos, Entendimiento,

en cuya luz tras de él vaya,

que mientras vos tenéis ojos

pisarán flores mis plantas.

Memoria.

Y te diré yo que entre ellas

hay áspid que te amenaza.

Voluntad.

Yo, juzgo de parte propia,

que el diamante se labra

con la sangre de sus venas

mientras vives en su gracia.

Alma.

Potencias mías, la paz

es centro donde descansan

mis pasiones, y con ella

no hay pasiones que me batan.

Entendimiento.

Recógete, Alma.

Alma.

Escuchad:

qué música al valle baja

de la montaña del cielo.

Memoria.

Serán de tu esposo cartas.

Sale la Consideración con vaquero atornasolado, y sacará una cruz con los pasos de la pasión acompañada de ángeles y música.

Música.

Al monte de luz

sube a veloz paso,

porque allí no vuela

el grifo herrado;

huye de las fuentes

de narciso vanas,

porque son espejos

con que el mundo engaña;

sube, tras mí al monte,

con mi cruz te aguardo,

porque allí no vuela

el grifo herrado.

Entendimiento.

Este sonido es celestial.

Memoria.

Alerta, Alma.

Voluntad.

Alma, despierta.

Memoria.

Con mi reloj te concierta.

Entendimiento.

Camina a compás igual.

Alma.

Oh, mi consideración,

cómo vienes.

Consideración.

Muy gozosa

de ver que estás más hermosa

que los cedros de Sión.

Alma.

Gracias a mi esposo doy.

Pag. 5

Entendimiento.

¡Habladle!

Consideración.

Sí, por ley,

pues de la boca del Rey

uno de los grandes soy;

cuando más vuela que el viento,

parto a llevar tu embajada.

Guardo las llaves doradas,

entro y salgo en su aposento,

trepo con vuelo profundo

inaccesibles escalas,

porque son de oro mis alas,

libres del peso del mundo.

Llego al centro donde estás,

pues donde mi esposo habita...

Alma.

Consideración bendita,

alegres nuevas me das,

¿qué de mí tiene memoria?

Memoria.

Su néctar santo me ceba

y, cual fénix, me renueva

la memoria de mi gloria;

dentro de ella considero

que, en carne pasible, gustó

darle al hombre paraíso

tomando él este madero;

adonde crucificado

vendido, esclavo por él

le quitó el hierro cruel,

y le puso en su costado.

Consideración.

Cómo quieres, alma dichosa,

que no esté tu esposo en ti,

si tu memoria por mí

dentro de Cristo reposa.

Entendimiento.

De su santa inteligencia

jamás aparto mis labios

haciendo discursos sabios

pues la verdadera ciencia

Christus comienza el renglón

de mi entendimiento luz

en el libro de la cruz

de Cristo y de su pasión;

aquí puedes estudiar

pues ciencia divina y grave

porque es solo quien bien sabe

el que se sabe salvar.

Voluntad.

De ahí sacarás dechado

de amar, que es voluntad mía

amándole noche y día

por lo mucho que te ha amado;

si a Adán un hueso sacó

para formar a su esposa

de materia más costosa

tu esposo a ti te formó;

pues el Adán soberano

porque quilates con él

sacó tu materia de él

entre rigor inhumano,

y su carne, en quien estribas,

queriendo a ti parecer

vino velada a comer

porque eternamente vivas.

Alma.

En él viven mis potencias

Pag. 6

Memoria.

Con fervor,

Entendimiento.

no le pagamos su amor

porque es sin intercadencias;

Consideración.

conserva aquesta belleza

por cual, Alma, su adorado

venga todo trocado

oro de sus cabezas,

y como el cabrito tierno

por las peñas do se eleve,

aunque por montes de nieve

en el rigor del invierno;

que traes de fino calzado

con que pisarás estrellas

siguiendo tus plantas bellas

esperas venir a tu Amado;

Alma.

¿Y qué me manda hacer

porque limpia con él coma?

Consideración.

En tus ojos de paloma

por Norte le has de tener,

y para que más adviertas

escucha.

Alma.

Potencias mías,

escuchad mi alegría.

Memoria.

Por mis ventanas abiertas.

Consideración.

Tu sacro y divino Esposo

vino a casarse contigo

de los reinos soberanos

donde es príncipe infinito;

halló la aldea del mundo

llena de cardos y espinas

primicias que dio su culpa

a su Minotauro bruto,

labróla sudando sangre

con crudos de oro los linos

cuyas flores envidiaron

sus divinos paraninfos,

porque el monte de su luz

brota siete arroyos limpios

y en él cogen vino y pan

los que se llaman sus hijos.

Adjudicóte esta renta

porque con dote tan rico

alimentarte pudieses

cual Esposa de Dios mismo,

hizo una casa de campo

sobre aquel alto monte Olimpo

para que vivas con él

guardada como en castillo,

adonde su viña labres

con divinos ejercicios,

porque quien no labra en ella

la vida trae a peligro.

Que quiere que admite al cielo

ver, su Salomón divino

que contigo se desposa,

pues con tal gracia te hizo,

y tú misma dirás dél

que sus ojos encendidos

son cual el vino oloroso

conficionado en jacintos;

serás la doncella llamada

que en las cumbres deste risco

Pag. 7

Consideración.

relumbre más que la estrella

Ariadna, ni Calisto.

Mas un monstruo te pretende

soberbio, feroz, altivo,

que llaman El Grifo Herrado

mora por ti.

Alma.

Ya lo miro,

potencias mías, subamos

a este monte;

Entendimiento.

ya subimos,

Memoria.

tras la consideración

que nos tiene suspendidos.

Cantan y vanse.

Música.

El alma hermosa

labra la vida,

tendrá incogida

del cielo graciosa.

Vanse y sale Lucifer.

Lucifer.

En el monte de la cruz

se sube; prepare el daño,

para que contra mi engaño

no le pueda faltar luz;

que es Olimpo inaccesible

donde mi niebla no alcanza,

mas no le faltó esperanza

a mi valor invencible;

porque a vista de los muros

de la consideración,

la batirá la ocasión

que no están de ella seguros;

pues a David, que miraba

divertido, de sosiego

del agua le hizo fuego

con que el pecho le abrasaba.

De las poderosas manos

de Dios me la ha de hurtar,

si a la ocasión deja entrar

en sus pensamientos vanos.

Entra la Malicia, y la Ocasión de mujer, y la Inventiva con un cuero verde y plumas.

Malicia.

Los ladrones te he juntado

para que hagan el robo,

que andas, Luzbel, como lobo

tras del polvo del ganado;

aquí traigo esta gitana

que se llama la Ocasión.

Lucifer.

¿Y es la madre del ladrón?

Ocasión.

Tú me darás puerta llana;

sí, que soy ladrón de casa,

dentro vivo, en ella estoy,

la carne del alma soy

y la ocasión de su brasa.

Lucifer.

Ábrele la puerta al vicio.

Inventiva.

Si en ella yo entrare el pie,

con la casa me alzaré

y abrasaré su edificio.

Lucifer.

A la sierra de mis males,

monte que toca en los cielos,

donde siete mongibelos

brotan llamas infernales,

me traed esta doncella

por quien un Etna estoy hecho;

pues mi honor y mi provecho

se lo ha dado Dios a ella.

La corona de mis sienes,

a matices soberanos,

se labra Dios con sus manos.

Pag. 8

Lucifer.

para coronar sus sienes,

mas si salgo con mi empresa

y entrare en mi monarchia,

combertire su alegria

en mi llanto, que no zessa.

Malicia.

¿Que te ha hecho este alma?

Lucifer.

Nada.

Malicia.

¿Pues por que tan mal la guias?

Lucifer.

Solo por que de Dios es

su rretrato y su prenda amada,

porque cual el toro esquiuo

que en la plaza se encona

amage al hombre de paso

porque no ha podido al viuo;

ansi mi enojo cruel

sobre el alma ba a parar

pues yo no puedo tomar

de Dios la venganza en el.

Y ansi le haueis de pintar

los rregalos, las comidas

y las rriquezas de Midas

que a sus sueños ban a parar.

Mis rreynos le descubrid

Babilonias, con que asisto

cual yo se las mostre a Cristo

cuando se las ofreci.

Decid que los mismos tengo

mas granados que Nabal

que con migo verna mal

a ygualarme con el vengo;

Decid que la embidia mia

por mis ojos fuego llora

porque a otro galan adora

y que de mi se desuia.

Decid que mi gula viene

Adermonte muy seguro

adonde el Dios Epicuro

tantos Tantalos mantiene;

mi ira, monte de fuego,

le enseñad con sus corrientes

que son de sangre sus fuentes

y de mis venganzas rriego;

mi luxuria, campo ameno

entre cortinas la vea

donde apazienta Medea

sus puercos de que esta lleno;

mi monte abaro profundo

de quien codizia es Atlante

mire concurso triumphante

con los tessoros del mundo;

mi pereza, Mongibelo

de flores, cama le de

porque entre flores este

y jamas arrime al cielo;

la sierra que os he pintado

abraza estos montes siete,

Car.

La ocasion se la promete

con la jubentud al lado.

Lucifer.

De vuestras manos lo fio,

cubrid de brazos la sierra.

Malicia.

Vuelo, en tu niebla te encierra.

Lucifer.

Si, porque es el zentro mio

al pie del monte me quedo.

Vase

Pag. 9

Malicia.

Sí, que como eres ladrón

eres cobarde y lebrón,

y es cobarde estado y miedo

muy vano este intento.

Juventud.

Calla,

villano.

Malicia.

Digo

que en vano a roballa va.

Juventud.

Pues ¿qué empresa intentará

que no la acabe conmigo?

Malicia.

Contigo.

Juventud.

Juventud soy,

a quien el mal está anejo.

Malicia.

Paja verde, mal consejo.

Juventud.

Y aun porque sin él estoy,

¿qué consejo, o qué prudencia

quieres que tenga el grifo herrado,

sino el que de mí ha tomado?

Malicia.

Buen letrado de experiencia,

pues el pleito que tomó

por el reino de los cielos

le diste de Ícaro vuelos

con que se los abrasó.

Juventud.

Sí, porque en la primavera

de mi verde juventud

le igualé a la beatitud

del mismo Dios en su esfera;

fui la fuente de Narciso

que a su rostro le fui espejo,

tras cuyo vano consejo

le arrojé del paraíso;

tras cuya locura vana

a muchos de su linaje

a los infiernos los traje

de su esfera soberana;

y a la primera mujer

con mi juventud lozana

echó el diente a la manzana

y a todo el mundo a perder;

que con lo verde que llevo

no hay alma que no persiga,

que la libertad es fuego

y la juventud es cebo.

Malicia.

Y tú, cara de burona,

¿dónde vas?

Ocasión.

¿Burona yo?

Juventud.

Bravamente se ha apodado;

Ocasión.

Mira, pues, quién me baldona:

Juventud.

Antes te ha honrado, Ocasión,

que como carne oncera

matas en la madriguera

y en el vivar al lebrón;

que el grifo caza enristenas

en ti, conejos cobardes,

igual carne asada ardes;

Malicia.

Con que los hocicos quemas.

Ocasión.

Calla, villano insolente,

que soy la carne de Adán

a quien los humanos dan

lauros que ciñen su frente.

Malicia.

Sí, mas no la carne nueva

con que Adán se halló vestido

la primera vez que vido

junto a sí a su mujer Eva;

llegaste al árbol hermoso.

Pag. 10

Malicia.

De la gracia salpresada,

pero diote una picada

nuestra sierpe ponzoñosa

donde quedaste a las manos

de su boca corrompida,

y desde aquella herida

estás llena de gusanos;

y ya, eres mala cecina,

no carne fresca;

Ocasión.

Villano,

yo te asentaré la mano.

Malicia.

Picarte has, que soy lezina,

y te tengo de frezar,

hasta que la sangre brote,

mala carne del sacerdote

que mató al rey Baltasar.

Ocasión.

Pues si desde el rey al papa

soy gangrena, y me solapa...

Malicia.

¿Quién?

Ocasión.

Oficinas vulcanas,

con que abro puertas, ventanas

que la honestidad cerró.

A los ojos de David

quité el cerrojo y llave

con que miró a Bersabé,

y quedó vencido en lid.

Aunque era muro fundado

sobre el monte de la vida,

al talle y a la medida

del mismo Dios fue cortado;

y al alma, aunque esté subida

sobre el monte de la luz,

al fuego de mi arcabuz

la veré el brío rendida.

Juventud, el arma toca,

que sin ti no valgo nada.

Juventud.

Dificultosa es la entrada

para subir a esta roca.

Ocasión.

Allá tengo de subir.

Malicia.

Eso del subir se borre;

cayó el abad de la torre

y sangre vino a escupir.

Ocasión.

Estatua que miró Lot,

¿qué dices?

Malicia.

¡Qué endiosadas

alas, en el cielo tocadas,

de la torre de Membrot!

Si cayó el grifo herrado

de adonde subir prometes,

y vosotros, sus leves

vasallos, con el Alado,

¿cómo procuráis subir,

siendo vanos, a la altura?

Ocasión.

Seguidme.

Juventud.

El diablo procura...

Malicia.

¿Quieres en el agua escribir?

Vanse y salen el Alma y la Penitencia y la Gracia.

Penitencia.

Divina Esposa, cuyas hebras de oro

enlazaron al Verbo entre sus hijos

Pag. 11

Penitencia.

por la gracia en que gozas, que atesora

el yelo de la culpa, y sus garrotes;

no marchite la flor de tu belleza

su absintio amargo; huye sus hechizos.

Al Hércules divino, en fortaleza

te abraza, si contigo llega a abrazos

el monstruo de la tierra y su braveza.

Mi monte penitente cubran lazos

para cazarte en ellos, cual paloma

a quien espera el esposo en mis regazos.

Jesús divino, al palo eres asido,

en este altar que fundas con mi esfera,

donde galán, por verte, aquí se asoma;

en mí la virtud suya te renueva,

para darte el maná de sus favores

queda la eterna vida verdadera.

No el que comió Israel, cuando murmura,

hecho de cristal rubio paso allano

al duro faraón, libre y seguro;

ni el que a Elías le dio, aunque soberano,

pisando de este monte las espinas

que son al justo flores del verano;

la Gracia te dirá...

Alma.

Gracias divinas

doy a mi Esposo santo, pues me ceba

con el maná de sus divinas minas;

el gozo celestial tras sí me lleva

en cuyo monte santo, y casa santa

el Jordán de la gracia me renueva.

Gracia.

Con mi Esposo santo se levanta

a la esfera mayor donde él se asienta,

hazaña que este amor celebra y canta;

con su carne y su sangre te alimenta,

en tanto que en el monte peregrina

pasares de sus áspides exenta.

Alma.

Mi Gracia, grata voy, tú me encamina,

que si el Josué, cual sol diurno,

vence la eclíptica para que te ilumina.

Entran Ocas., Sober. y Malicia

Soberbia.

¿Quién me ha alterado?

Penitencia.

El dragón serpentino

al encuentro te sale, hurta al viento

los pies para huir.

Ocasión.

Este camino, ¿adónde va?

Gracia.

No busques locura

al fuego de Sodoma.

Malicia.

Ca, Medea, tu hechizo en piedra

has de volver la estatua.

Ocasión.

Dama hermosa.

Soberbia.

Responde, no sea ingrata tu belleza.

Penitencia.

Cierra los labios.

Ocasión.

Niña.

Alma.

Temerosa

me acoso al monte, ¡se vuelve yedra!

Penitencia.

Sube tras mí.

Alma.

Ya subo.

Gracia.

En mí reposa.

Vanse asidas, entra en la de la Penitencia

Malicia.

La caza se beba engañosa fiera.

Ocasión.

Pues yo la cazaré, si al monte baja,

aunque esté más entera que una piedra.

Malicia.

Vete otra vez a traerme la baraja.

Pag. 12

Malicia.

La tempestad abaratar, que la pandilla

del hijo con el fuego suyo ataja.

Ocasión.

Mientras subiere al monte he de seguirla.

Envidia.

Saúl seré, de aquese escudo fuerte

a fin quitalla de su trono y silla.

Malicia.

La espada esgrimiré de la muerte,

como la desecha si en la muralla

de penitencia va para ofenderla.

Ocasión.

Vamos tras della,

Envidia.

su fuego ha de abrasalla;

trepa por ese muro.

Malicia.

Arriba.

Envidia.

Arriba.

Malicia.

que fuego sale del farol divino.

Ábrese una cortina, aparecerá Cristo arrimado a una cruz, habrá altar con calaveras, y estará allí Memoria, Entendimiento y Voluntad, y la Gracia con un cáliz, suena una matraca, y caigan los vicios en tierra.

Música.

Cantan los serafines

por la victoria,

que saca de los vicios

la bella historia.

Cristo.

Gracia, daldes la comida

a las potencias, que van

cansadas con el afán

de la carne, su homicida.

Que un pan, y con peces

harta tanta multitud,

lleguen, que mi virtud

le excede infinitas veces,

esta es la inmensa porción

que les doy en mi despensa,

para que hagan la defensa

de mi peregrinación;

refortalecido con él

tome vigor su flaqueza,

Cristo.

basta, que sin la corteza

vean que estoy dentro dél.

Gracia.

Ya tengo puesta la mesa,

con el pan, que Amor amasó.

Entendimiento;.

Yo no soy digno.

Memoria y Voluntad;.

Ni yo.

Voluntad;.

¿Quién tanta gloria interesó?

Suenan aspas, y levántanse los vicios.

Envidia.

Muy mal nos fue en esta guerra:

Malicia.

yo he quedado como atún,

y sin decir Ego,

nos hizo medir la tierra.

Ocasión.

¡Oh, qué brava fortaleza!

Malicia.

No dije yo, que al volver

no había más de traer

las casas en la cabeza.

Sale Lucifer.

Lucifer.

¡Derribaré aquestos cielos

con fuego de mis suspiros,

que son ordinarios tiros

que arrojo a sus paralelos,

que pueda una mujer flaca,

sin fuerza, potencia, y brío,

vencer los combates míos

y en ellos mis fuerzas opaca,

Áspides exhala el pecho,

por los aires esparcidos,

decid, ¿qué, quedáis vencidos

y todo mi ardor deshecho?

Malicia.

Son relámpagos y truenos

las fábricas que tú fraguas,

que en vez de abundantes aguas,

echan vientos de sus senos.

Pag. 13

Lucifer.

Corre, vuelve a porfiar.

Inf.

Fuego de nuevo atiza.

Ocasión.

O la he de volver ceniza,

o la tengo de abrasar.

Vestirme he de cazadora,

y en hábito de villana

con que de la sierra llana

de estos brazos desquiciadora.

Ind.

Y yo, que soy el deseo,

con la fuerza que le imprimes,

la haré dar mil vaivenes

fingiéndome otro Teseo.

Lucifer.

No me he de cansar.

Ocasión.

Reposa.

Lucifer.

En el mal tengo reposo.

Ocasión.

Vamos.

Mat.

Procura el esposo

para quemar a la Esposa.

Vanse y sale la Voluntad con un venablo y deteniéndola el Entendimiento =

Entendimiento.

Tente, Voluntad ligera.

Voluntad.

No te me pongas delante,

entendimiento.

Entendimiento.

Ignorante,

Voluntad.

no abras el postigo. Espera,

deja que salga de aquí.

Entendimiento.

Mira que es temeridad,

que como eres Voluntad

llevas al Alma tras ti;

y la pones sobre el muro

de Babilonia y Sodoma;

volverás la de paloma

áspid del Infierno obscuro.

Voluntad.

Ver vengo quien la inquieta

estando en silencio a solas,

que cual navío con las olas

del mar, la bate y la aprieta.

Y sospecho que un ave es,

ferocísima que vuela.

Entendimiento.

El grifo, que se desvela

porque la entrada le dejas,

y él la procura robar

su pudor en breves. Bien lo sabes.

Voluntad.

Aquí le prevengo, aguardas,

sal a abrir desta puerta

tengo de dejalle en calma;

Entendimiento.

Huye la ocasión al Alma,

si no quieres verla difunta.

Voluntad.

Un monstruo tan espantoso

no ha de pisar estas faldas

guarnecidas de esmeraldas

que a la Esposa dio el Esposo.

Entendimiento.

Voluntad, di, ¿quién podrá

quitalle al grifo su vuelo

porque el camino del cielo

impide a quien pasa allá

quien es; la ordinaria guerra

que el Apóstol escribe,

que dentro de sí traya

mientras que vive en la tierra;

y Job dice, que el vivir

es milicia muy temida,

y ansí tu locura impida

querer su vuelo impedir.

Voluntad.

Mis brazos no torcerás

aunque me sirves de efeto,

ni el grifo, ni tu consejo

no me volverán atrás.

Pag. 14

Entendimiento.

Ésta es mi resolución,

la voluntad resoluta.

Comió la vianda bruta,

original perdición;

ya la contemplo en ti.

Quédate, grueso, sedoso

Adonis, que sin consejo

va a buscar su jabalí;

llore el Alma, cual yo lloro

la ruina de su invención,

y miro a Jerusalén

profanado su tesoro;

y miro que va en prisión

a los babilonios muros,

pues a los pozos oscuros

la llevan en conclusión.

Voluntad.

Loca estás, y como viejo

pesado, caduco, y vete,

quien en mi oficio se mete

se infame, pues yo te dejo;

quédate con la memoria

a hacer bizantinelas.

Vase.

Entendimiento.

En vana memoria, vela,

si está en tu mano su gloria.

Voluntad.

¿Quieres, Alma, entretenerse

en esta montaña un poco,

sin aqueste viejo loco

que espera desvanecerse?

Solo para contemplar

entre estos mirtos y flores

los requiebros y favores

del que pretende adorar,

Voluntad.

y está dándome alboradas

dentro de la fantasía.

Ya será faltando al día

el sol, las hebras doradas,

mas ¿quién baja por el valle?

Entran la Juventud y la Ocasión de villanas.

Juventud.

Ocasión la lisonjea.

Voluntad.

¿Quién va allá?

Ocasión.

¡Qué buen talle!

Voluntad.

Serrana, ¿eres desta aldea?

Ocasión.

Sí, hidalgo.

Sale el Alma y la Consideración.

Alma.

Dime, hermano,

¿por qué me has bajado al llano?

Voluntad.

Porque ve de la manera

que desta huerta florida

exhala el zéfiro manso.

Consideración.

Loco, ¿qué mayor descanso

que estar de la gracia asida?

Voluntad.

Muy grande es la quietud

de aqueste divino monte,

mas suena en este horizonte

quien te estraga la virtud.

Al Alma, sabré quién es

quien te causa este temor.

Consideración.

La curiosidad mayor

es; que en tu centro, ves,

di, caballo desbocado,

¿no miras que los despeñas?

Alma.

Ya que he visto aquestas breñas,

vuélveme en paz a mi Amado;

Voluntad.

Mira esta serrana hermosa,

que suspende cualquier pena.

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Consideración.

Nuevas Troyas y esta Elena

entre su llama forzosa.

Ocasión.

Princesa, muy bien venida

seas a nuestra montaña.

Alma.

Su hermosura es extraña.

Ocasión.

Por estar de ti vestida,

que como tienes del sol

en tus ojos los reflejos

como divinos trebejos,

en mí estampan su arrebol.

Voluntad.

Dale los brazos, que a mí

muerto de amores me tiene.

Consideración.

Un Joab en ellos viene.

Alma.

Mis brazos, veslos aquí.

Voluntad.

Descansa en ellos un poco,

mientras busco tu ofensor.

Consideración.

Oh, mi vida y matador

le has sido.

Voluntad.

Escárchate, loco.

Consideración.

No la dejes.

Vase.

Voluntad.

Vuelvo al punto.

Alma.

Pues tu gusto lo interesa,

hazlo ansí.

Consideración.

Hecho ha presa

en el cuerpo y alma junto.

Alma.

Dime, serrana divina,

qué monte es este y quién eres.

Ocasión.

Lámina de los placeres,

toda la belleza humana

en mí se cifra y apura,

pues la humana hermosura

en mí nace y en mí para;

y pues a saber te inclinas,

dama de Jerusalén,

te quiero decir también

mis partes, que son divinas.

Yo soy hermana carnal

del gran rey de Xericó.

Consideración.

Del que del cielo cayó.

Ocasión.

De allá es su estirpe real;

vago tras de una porfía

d'aqueste monte profundo,

donde entre él y yo del mundo

tenemos su monarquía;

y se llama el Grifo herrado,

porque reina en la región

donde no llega Faetón,

en un palacio encantado,

donde el arpa de Orfeo

suena dentro de sus venas,

con que suspende las penas

que yo enciendo en el deseo,

tras cuyo son y destreza

hace Herodías mil danzas.

Consideración.

Si tras della te abalanzas,

tú volverás sin causa.

Ocasión.

Quien eres, huye de ruina;

Alma.

Mi jornada es y es tan triste

que jamás el gusto viste

del color de mi alegría,

siempre aspira a contemplar

Pag. 16

Consideración.

Lo que a mí me representa,

sin haber dado a Dios cuenta,

¿cómo me puedo alegrar?

Ocasión.

En mí, que engendro contentos,

cual lo muestro en mi diviso,

de mosquitos hago guiso

cuando me miran atentos.

Consideración.

Mira que el fin del deleite

en tormento eterno para,

que trae el engaño cara,

en mascarada de afeite.

Juventud.

No perturbes la alegría

del alma; que la entristeces,

que en ver que su gusto empeces,

muestras tu descortesía.

Goza de la primavera

de tu verde juventud,

que es centro de la salud,

donde el gusto reverbera.

Aquí pisarás coral,

esmeraldas, amatistas,

y la piedra que en las listas

del oro, es al lirio igual;

vestirás púrpura y viso,

y cubrirte has de escarlata,

toda escarchada de plata,

bordada al moderno uso.

Verás Absalones bellos,

y narcisos, que la fuente

dejarán por ver su frente,

siendo la piedra imán dellos,

que en este monte Cáucaso,

de la primavera verde,

ningún contento se pierde,

que sin él no darás paso.

Consideración.

En Calvario todo es hueso,

calaveras, disciplinas;

ver a tu Rey por cortinas

tras de trabajos, espinas;

asómate y considera.

Consideración.

Huye, desvía.

Ocasión.

Quita,

que quien la alegría evita

no es amigo, sino fiera.

Asómanse músicos por lo alto.

Música.

Anda, que se pone

el lucero de la noche,

anda, que se pone.

Anda, niña hermosa,

que la noche cierra

y espera tus brazos

el Rey de Tinieblas.

Anda, que te aguarda

en cama de perlas

los gustos del mundo

te llaman a voces:

anda, que se pone

el lucero de la noche,

anda, que se pone.

Alma.

Ya debe ser el Rey,

Ocasión, dame la mano.

Ocasión.

Es Rey de gusto, mi hermano,

y galán a toda ley.

Consideración.

Sus músicas son fingidas,

como las que matan,

y estos son como sirenas.

Pag. 17

Alma.

que estas razones despidas,

quédate en esa muralla,

que al punto vuelves a faltar;

Consideración.

la guarda se van a hablar,

que salida no se halla.

Vanse, y queda la Consideración.

Consideración.

¡Oh bella imagen, oh retrato bello

de aquel divino Apolo soberano!

Borrada queda de molde humano

del libro de la vida, luz, destello;

el grifo le esculpió su blanco cuello,

en su imagen de fuego y humo vano,

un aviso celestial le salió vano,

que le faltó vaho para encendello.

Danzad, ánima liviana, no hay consejo

bastante a su remedio, echó la llave

al que pudo tomar del santuario;

su esposo la remedie, a él la dejo,

que solo quiere, puede, ayuda y sabe

enfrenar su locura al albedrío.

Vase, y sale Cristo con vaquero y manto.

Cristo.

Por excesos de mi amor,

en amar al alma incluyo,

pues me vestí el sayal suyo

y su encarnado color,

y es tan grande mi afición

que por solo enamoralla

del cielo bajé a buscalla

al monte de mi pasión;

mi afecto lo descubrí,

y en un pecho soberano,

para que en traje humano

se hallase dentro en mí.

Digan los demás pastores

lo que me vino a costar

el avenirme a quitar

la vida por sus amores;

la ingratitud de su bien

es tan grande en esta ingrata

que segunda vez me mata

su menosprecio y desdén.

Mirad si hay mayor afrenta

para este esposo, si al cabo

me deja por un esclavo

que la maltrata y la atormenta;

a mi ofensa me ofendió,

y a su servicio de arrimo,

pues soy su Dios y la estimo

en tanto como costó;

soy su esposo, y me enlacé

con ella, este cuello hermoso,

y al fin la busco cual esposo,

aunque adúltera me fue;

soy padre, y hace que aguije

a enfrenar sus desatinos,

porque en mis brazos divinos

descanse y se regocije.

Soy pastor, cuido, y la vido

al interés de su robo

para quitársela al lobo

en cuyas garras la ha asido.

Soy rey, que me asiento a cuentas

con ella, con que me abono,

pues infinito perdono

el talento de mis rentas.

Consideración.

¡Mi Dios!

Cristo.

Sosiégate, ¿qué hay?

Consideración.

Tiemblo.

Cristo.

Detente y reposa.

Consideración.

Pido favor por tu esposa,

por quien eres tú y no más,

que eres la suma concordia

y Dios de amor en amar.

Cristo.

¿A qué me pides rogar?

Sale mi misericordia.

Sale la Misericordia.

Pag. 18

Consideración.

Suplico a tu gran clemencia,

mire que es de humana red

Cristo.

entreviva esta enlazada

la espada de mi potencia.

Consideración.

Mira que si esta se pierde

que no se pierde por ti.

Cristo.

Al encuentro le salí

para que de mí se acuerde,

que esta perdición llore

sobre el muro de Sion

y por esta perdición

gotas de sangre sude,

y agora pisando espinas

la busco con el calor

que no repara mi amor,

pican mis plantas divinas.

A mis ángeles mandé

que en palmas fuesen sus vías

y ahora en las palmas mías

la traye, y la sustente.

Aquí la pondré en mis brazos

para recibirla abiertos,

con que de sus desconciertos

jamás le echará mis lazos.

Consideración.

Que eres Dios, se echa de ver

pues la sales a buscar.

Cristo.

No hay límite en el amar,

que es mi amor, no se ha de ver.

Represéntale el castigo

que mi justicia amenaza.

Consideración.

Suya, mi Dios, es la traza.

Cristo.

Sígueme.

Consideración.

Tras de ti sigo.

Vanse y sale Lucifer de galán, con el Alma de la mano, y la Malicia, Ocasión, y músicos, y bailarines con sonajas.

Música.

E la, señore, e la,

que nengun non foy por ela;

menina fermosa,

mas bela que o zeo,

en as vossas chamas,

deste amor ardendo,

vino añoso buy

que arde como sebo;

co el se regala,

fayle folgemos,

cantathos cantigas

como a nosa Reyna;

e la, señore, e la,

que nengun non foy por ela.

Lucifer.

¿Qué te parece, alma mía,

de mi reino?

Alma.

Todo es gloria.

Malicia.

Parece gloria a la entrada,

mas en infierno se torna.

Alma.

Los Elíseos campos de oro,

donde no llegan lisonjas,

que hay arenas de oro puro

con girasoles y alfombras;

las márgenes deste río

tienen claveles y rosas,

árboles que llevan frutas

del viento que las azota;

aquel fénix del Arabia

en sus cimas se remoza.

Ocasión, dame tus brazos,

pues por ti lo gozo.

Ocasión.

Toma.

Malicia.

Que te abraza la culebra

y te muerde con la cola.

Lucifer.

Soy tu Narciso,

esos ojos me enamoran,

que son las fuentes y espejos

de mi gusto.

Malicia.

Sí que es sombra

el gusto que ofreces.

Alma.

Ay, Soberbia,

qué gusto conforma.

Pag. 19

Lujuria.

Soy enmielado de humor.

Mati.

Sí, lamentona y lisonja,

que cantan mientras te aduermen

los sentidos, que te roban.

Lujuria.

Mi reino es de plata y oro,

que soy el Midas que a rota

escupo enfadado el oro,

Mati.

el duende, y carbón se torna.

Lujuria.

Soy de contado, el deleite,

y no en esperanzas locas;

Mati.

Pintado como los platos

de estío, galano en alcorzas.

Lujuria.

Quiero decir, que soy

para que cual luna hermosa

puedas relumbrar en mí,

cual piedra de mi corona;

Mati.

Sí relumbras, que le

has puesto fuego a la broza.

Lujuria.

En este monte nubloso

tengo bestias que me adoran

mi estatura llega a los cielos;

Mati.

Y hay china que la trastorna.

Lujuria.

En estas peladas peñas

hay cabritos que retozan;

Mati.

Que dan pieles con que engañan

los tragos, que la alaban.

Lujuria.

Hay aquí rinocerontes

que derriban con sus trompas

la pirámide más torreada

que el rey de la ley las ponja;

llámanme por arrogante

usurpador de las honras

que yo se las doy al mundo

dél, a quien a mí se postra;

Lujuria.

y un día a la pobre esposa

recompensé con mis sobras

que como pobre en el mundo

ayunaba entre unas rocas:

llámome el Grifo Herrado

porque yerto, en las mazmorras

a mis esclavos sangrientos

ciegamente hago deshora.

Ocasión.

Lleguemos a esta reina,

a quien mi hermano corona:

Mati.

Que relumbra como estrella

no dirá, quien la conozca;

Música.

Desvelóse la niña

y porque se duerma

no murmuran las fuentes

ni el viento suena;

Desvelóse la niña, o

que desvela amor

cególes los ojos

por ellos se entró;

desvelada la tiene

y porque se duerma

no murmuran las fuentes

ni el viento suena.

Siéntanse en tres sillas / y está ya en medio, y la / Ocasión la asida de la / mano, y duérmese al son / de la música =

Lujuria.

¿Qué está en los brazos del sueño?

Mati.

Con el deleite en la boca;

Lujuria.

Si su esposo no la toca,

yo seré su esposo y dueño;

ya ha bebido un veneno

las aguas del olvido;

Ocasión.

Entre flores se ha dormido;

Lujuria.

Flores, cual caer la hoja

a la flor de su alma angosta

entre mi fuego encendido;

Pag. 20

Vase.

Lujuria.

Sácanme esclavos luego,

vístela de mi librea,

porque el Alma ha de ver

en lo que para el placer,

maten celos de su ver

en tanto que una leg...

Malicia.

Dormida a pierna tendida

que a fe que duerme un poco

adonde recibe el halago

como pringue de lechón.

Temor.

Mira el Alma que va perdida.

Malicia.

Téngase quien la ha llegado

un trago de ley bebiendo

que a la luz mozo de ciego

Temor.

Que vas a parar al fuego

teme el Juez enojado.

Malicia.

Temor, su porfía para.

Temor.

Malicia, déjalla ya.

Sale el Temor con ropa negra y preñada de llamas, con una hacha negra ardiendo.

Malicia.

Si yo padezco, se abra.

Embistiendo al Grifo la cara;

Sale Castigo vestido de demonio, y la Libertad y el Deseo humano, y la Locura vestidos de cautivos herrados los rostros, y el Deseo comiendo arena en una esportilla de palma y la Locura con unas estopas breadas que echan humo y la Libertad con una plomada de pez y resina ardiendo que hierra arrojando fuego.

Castigo.

Abrasar gente avara,

pues ¿no tenéis la comida

que os da el Grifo merecida?

Locura.

Ay de mí, que me abraso,

Deseo.

Arena me da.

Locura.

A mí, humo.

Libertad.

A mí, su llama encendida.

Castigo.

No os faltará en vuestra vida;

en tu caso, tente loca,

humo, y fuego por la boca:

al eterno, sin redención;

Locura.

Justos nuestros males son;

Castigo.

Y es muy justo vuestro afán,

Locura.

Olvidéme de mi pan,

Deseo.

Yo de mi pan me olvidé,

guerra creo;

Locura.

Yo sé de fe,

y fuego y humo me dan;

Malicia.

Castigo, cierra la puerta,

que con tu furia crecida

despierta el Alma dormida

ya suena el seño, despierta.

Castigo.

Esclavos del Grifo, alerta.

Malicia.

Ala, Paulo,

Locura.

El pan de vida

dejamos por la comida

que nos dan manjar infinito;

Libertad.

Mal haya yo.

Deseo.

Y maldito yo también.

Locura.

Y yo.

Éntralos azotando el castigo, y despierta el alma.

Castigo.

Ea, al fuego homicida.

Libertad.

Qué es esto.

Malicia.

Qué sueño ha sido,

Alma.

Verdadera visión,

estos mis deleites son

que al Infierno me van tirando,

comer el pan convertido

en humo, en fuego, en arena

aquel Grifo me condena

como a sumas, vil, esclava;

Malicia.

Qué fiero sueño,

Alma.

No soñaba,

una vi la eterna pena;

Malicia.

Espera, pondréos la ropa

de la galera del mar

donde habéis de ir a remar

con el fuego siempre en popa,

Alma.

Dejadme,

Malicia.

Amiga, de copas

en tu pecho os imagino

que loca cuando se asoma

Pag. 21

Malicia.

de los humanos deleites

suspiros dais por aliento,

a vuestro Esposo divino.

Vuelve a salir Lucifer como grifo.

Lucifer.

¡Oh, mi alma!

Alma.

Mientes, perro,

que estoy de mí mismo ajeno,

ya ves que eres un esclavo,

cieno y pozo, y feo más negro.

Lucifer.

Más negro dueño y negra vida

he hallado en tu regalo.

Alma.

Deja el bien y a ver tómalo

cual, lo que has desvanecida.

Despierta, memoria amada,

entendimiento despierta.

Lucifer.

Voluntad, te abro la puerta

y en mi casa te dio entrada.

La puerta tienes cerrada

laberinto muy oscuro,

diamantino es el muro,

no has de salir.

Alma.

El deseo

es mi Esposo en quien yo vivo

a quien llamo, a quien procuro.

Lucifer.

De aquí a tu Esposo tene

una distancia infinita,

que esta mi tierra maldita

en alto monte de Gelboé,

adonde yo pongo el pie

no esperes que el suyo asiente

porque él reina en el oriente

y yo reino en el ocaso.

Alma.

Es luz, él me dará paso

por el monte, que es mi norte.

Lucifer.

En un pozo te encadeno.

Alma.

¡Ay mí! ¡Mi Dios, dadme luz!

Mas en el reino yo, fiero avestruz,

que morirá de luz ajena.

Lucifer.

Encerrela en mis cavernas

que esconden lágrimas tiernas,

adiós, que de yelo hecho

ha de derretirle el pecho,

mira cómo la gobiernas.

Vase y entra la Memoria limpiándose los ojos. Se levanta.

Memoria.

Del sueño me levanto,

imagen de la muerte que represento,

tiemblo, muero de espanto,

parece que el alma está en este tormento

en el poder del Grifo

que atormenta en sus reinos a Sísifo;

oh, doncella divina,

que por dormirme yo en los campos verdes

te fiaste de un Grifo

a quien, donde a Dios a vernos pierdes,

mas ya despierto llamo

a Dios, con los suspiros que derramo.

Sale el Entendimiento palpando.

Entendimiento.

Ciego, como topas,

quedé, después que pisó esta montaña

negra de nieblas frías,

adonde el Grifo herrado al alma engaña

con sus glorias lascivas

que huyen como sombras fugitivas,

adonde vive esclava

en torpes vicios años de su vida,

¡ay, triste flaqueza humana!

mi vista para siempre va perdida.

Memoria.

¿Quién pisa aqueste monte

ceñido de las aguas de Aqueronte?

Entendimiento.

Un ciego desdichado,

que pasando a Calvario erró el camino,

en este monte vedado.

Pag. 22

Entendimiento.

donde piso las faldas de Apenino

tienen por guarnecidas

quedan en cuerpo y lloran mil heridas

sepa quien sois, amigo.

Memoria.

Yo, Entendimiento humano, soy memoria

del bien, cual sois testigo,

que al Alma aconsejé para su gloria

siguió a Tirso en Castalia,

donde bebió los zumos de Tesalia.

Entendimiento.

¡Oh, memoria divina! Esos brazos me dad,

que un dormido camina.

Memoria.

Tomad mis brazos,

que mucho que haya dado en estos lazos.

Entendimiento.

Voluntad liviana,

que la luz me quitaste soberana,

¿adónde vas?

Memoria.

Al valle,

y sierras del deleite lisonjero,

donde piensa buscalle

el Alma al Grifo herrado, horrible, fiero,

que ya llama atrevida.

Va a vivir un llagado arrepentido;

y llórele sus enojos

y viendo entre el deleite el desengaño,

por entre los cerrojos

del postigo de culpa y de su daño,

le daremos señales

que le sirvan de avisos celestiales.

Malicia.

¡Hola! ¿quién pisa este muro?

Memoria.

¿Quién camina en romería?

Entra la malicia con una porra.

Malicia.

Pues hasta que venga el día

aquí no hay paso seguro,

que jamás, aunque dé el sol,

estos peñascos invencibles

no quieren ver su arrebol,

y es vedada la salida

por el Rey de aquesta tierra.

Memoria.

¿Y quién el camino cierra

le manda quitar la vida?

Entendimiento.

¿La vida manda quitar?

Malicia.

La vida, pues.

Entendimiento.

Caso fuerte.

Malicia.

Es Rey que a todos da muerte,

y no puede vida dar.

Memoria.

¿Y quién sois vos?

Malicia.

Un pastor

que en aquesta sierra habita,

y que engordo cabras, que mata

el Rey mi señor.

Y cuán gordas las tengo

en los prados del deleite,

fritas se las do, en aceite,

con que su casa mantengo.

Entendimiento.

Pues dinos, pastor cruel,

que bien hayas, que matáis

las vacas de entre estas hayas,

¿cuyas son?

Malicia.

¡Bien sois novel

en venir por esta tierra!

¡Dormidos venís, y errados!

Entendimiento.

Dejaranos disculpados,

pues bien preguntar qué es ella.

Malicia.

Pues son del Grifo herrado,

del que tiene una doncella

que relumbra como estrella

en este monte encantado:

y diz que era de un señor

todo su gusto y regalo,

y él la robó, que es malo,

y no se probó peor;

y a fe que se ha zumbado.

Pag. 23

Malicia.

como el sol, si ahora veis

que no la conoceréis,

porque en hábito de esclava

Memoria.

Dejadnosla buscar.

Malicia.

Ahora queréis remedialla,

tarde viene el animal

al remedio, a la señora;

pues no tienes entendimiento,

su norte, su blanco escudo,

su claridad y su día,

su claro conocimiento,

pues, ¿para qué tan de prisa

dais de manos en el fuego

del grifo, y ahora ciego

en buscalla os ocupáis?

Entendimiento.

Pues sin licencia mía

tus malicias siempre van

desnudas de discreción.

Malicia.

Ser ladrón sabe robar.

Memoria.

Villano, dame la mano.

Sale Lucifer.

Lucifer.

¿Ques lo que pides, villano?

La mano te la he de dar,

a carne cruda me oléis.

Malicia.

A fe que os he de asar,

porque vengáis a pagar

por donde lo merecéis.

Lucifer.

¿Quién sois?

Malicia.

Buscar la doncella vienen.

Lucifer.

Sois espías

del Rey de las Jerarquías.

Memoria.

Somos dos hermanos de ella.

Lucifer.

Hermanos, pues en mi casa

estaréis en mi servicio.

Entendimiento.

Inútil es para oficio

está, mas con luz escasa,

uno ciego, otro dormido,

¿cómo te hemos de servir?

Lucifer.

Que no dejéis de dormir

es lo que os mando y os pido;

venid conmigo, y veréis

a vuestra hermana que como esposa...

Vanse.

Malicia.

Al paso debéis por esotra

os lleva, no la hablaréis;

la memoria le recuerde

el bien que perdido tiene,

al entendimiento viene,

con luz con que no se pierde,

mas el grifo las pondrá

donde ni luz ni memoria

tengan de Dios y su gloria,

porque en suspirando está.

Vanse la Malicia, y aparece el Pecado velándola con un venablo, que es el de la voluntad, y estará atada a una reja el Alma.

Alma.

Que muero en estas prisiones,

dulce esposo de mi alma,

un rayo de vuestra luz

este monstruo fiero parta.

Pecado.

Calla, que te haré pedazos.

Alma.

No tienes licencia santa,

pecado que solo sirves

de ser espantosa guarda.

Pecado.

Tu voluntad se entró en mí,

y me ha entregado sus armas,

que la engañó la ocasión,

y la libertad que engañan;

tapa la boca, no hables.

Alma.

El cielo me la destapa,

a quien demando socorro,

¡aquí de Dios, que me matan!

Sale la Voluntad.

Voluntad.

Gracias al cielo que he visto

Pag. 24

Voluntad.

Un rayo de luz mi cara,

quedéme atada al entrar

en esta sierra encantada

donde las nieblas del grifo

perpetuamente se acampan,

hasta que el sol de justicia

el iris de paz señala.

Alma.

¡Ay de mí!

Voluntad.

Hacia aquí suena

la voz de mi triste hermana.

Pecado.

¿Quién va allá?

Voluntad.

Un monstro espantoso.

Pecado.

Dame puerta franca;

tus armas tengo en mis manos,

y rindiendo yo tus armas

defenderé la cautiva

que entregaste voluntaria.

Voluntad.

¿Yo voluntaria? Ladrón,

dame, arrepentido, el alma,

y sentirás fuertes mis brazos,

que entre ellos haré que salgas.

Alma.

Hermana mía, que muero,

y en verte tengo esperanza

que has de volverme a mi esposo

adonde viva en su gracia.

Pecado.

No hay esperanza.

Voluntad.

Sí la hay;

deshace, huye, aparta.

Pecado.

¡Oh, voluntad poderosa,

quién contra tus fuerzas basta!

Ásense y cae el Pecado.

Voluntad.

Ya la guarda está vencida.

Hermana, ponte mis alas

y hasta el monte de la cruz

no pares, mientras retarda

mi braveza contra el grifo.

Alma.

Hurtaré al viento las plantas.

Alma.

A mi esposo gracias doy

que me dio luz por do salga.

Vase.

Voluntad.

Ya queda la puerta abierta

a nuestros hermanos, llama

para que huyan contigo.

Éntranse y se cierran la cortina.

Lucifer.

¿Quién alborota mi casa?

Voluntad.

Yo, que a romper la prisión

adonde mi hermana estaba

encantada en los deleites

que en tormento eterno pararán.

Creyó tus falsas ofertas,

y ha visto que son falsas

y cual fuego van contigo

cuanto prometes y mandas.

Lucifer.

¡Oh, voluntad, qué de triunfos

les quitas a mis hazañas!

Si de los cielos me quejo,

son infinitas mis causas,

pues una voluntad leve,

que es cual arista cual pasa,

cual vela que el aire azota,

y cual ondas del agua,

baste a romperme mis muros

y dejarme sin esclava;

mas porque sepa el efecto

que lo que quiere y que ama

lo aborrezco como a él mismo,

villanos de mi montaña,

salid fuera.

Salen dos salvajes.

Salvaje 1º.

¿Qué nos quieres?

Lucifer.

Que matéis a esta que pasa

por este monte encantado

por el tributo que me pagan.

Pag. 25

Lucifer.

prantos cobran al salir.

Vanse con más culebras.

Salba.

¡Muera!

Lucifer.

Muera,

Voluntad.

justo pago

de mis culpas escondidas,

a quien ofendí este valga.

Lucifer.

Vamos, que el esposo viene;

Salba.

pues si un poco se tardara

se acordara del culebro

que llevaba en las espaldas.

Vanse, y queda la Voluntad.

Voluntad.

Dadme la mano, Dios mío,

pues a quien os la demanda

no la negáis, cual amigo

en cuya amistad no falta.

A vuestras puertas estoy;

Entra Cristo.

Cristo.

A quien a mi puerta llama

siempre las hallará abiertas,

pues jamás están cerradas;

cinco son, y todas cinco

tienen llagas, y no tablas,

para que puedan entrar

a todas horas las almas.

Levanta, que a levantar

las caídas y desgracias

vine al mundo.

Voluntad.

Eres el muro

desta piedra que así abrazas;

y porque gustas de oír

las culpas por perdonallas,

te quiero decir las mías.

Cristo.

Dilas, y el perdón aguarda.

Voluntad.

Estaba una esposa

dentro de un alcázar

de gracia vestida,

más bella que el sol;

su fuente de cruz

le daba las aguas,

aguas que ver quiso

la Samaritana.

Comiendo del pan

que de oro en las nieblas

masó la doncella,

concebida en gracia;

y vuestra madre santa,

pura, más que el sol;

y más relumbraba

que esta esposa en bulto

que no tenga manchas.

Ya que este villano

a quien Grifo llaman,

de verla envidioso

procuró roballa;

rondóle la puerta

con fiestas y galas,

porque la ocasión

cualquier muro asalta;

y desvanecido

procuró alegralla,

con que al Grifo viese,

¡qué vista tan mala!

Quísela volver,

y echóle las garras,

y con la ocasión

dejóse su esclava.

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Voluntad.

viéndola perdida,

venirse las guardas,

y ella se voló

a su santo alcázar;

y mi culpa confieso.

Cristo.

¿Escuchan que cantan

dentro en mis andenes

versos y alabanzas?

Música.

Cuando vuelve la esposa

a su esposo limpia,

el cielo se alegra

y se regocija.

Entra el Alma bizarra, la Penitencia, Memoria y Entendimiento.

Penitencia.

Mi príncipe soberano,

vuestra arrepentida esposa

viene a pediros perdón,

a vuestra gracia se torna;

ya trae sus madejas de oro,

más que las del sol hermosas,

que al oro hacen ventaja

si con los ojos llorosas.

Alma.

Príncipe mío, pequé,

perdón os pido, mi gloria,

que os ofendí, y os dejé,

que os olvidé, vuelta loca,

que me fui de vuestra casa,

que dejé de ser señora,

que fui esclava del esclavo

que cubren vuestras mazmorras;

enfermé, ovejuela soy,

David que el pecado llora

a vista de vuestros ojos,

y pido misericordia.

Cristo.

Limpiad, esposa, los ojos,

que cual a simple paloma

os doy por cinco agujeros

que en esta piedra se forman;

entraos en ellos, que quiero

que veáis cómo se goza

mi amor de haberos ganado

cuando más perdida os llora;

y como al pródigo quiero

daros anillo y estola,

y en vez de ternera daros

mi carne entre el pan de gloria.

Vuestros hermanos, potencias,

con vos y conmigo coman,

que salen de cautiverio

hambrientos, con fuerzas pocas.

Alma.

Eres Dios, y como Dios

muestras ser misericordia.

Entendimiento.

De un amor que es infinito

das muestras en estas obras.

Memoria.

Los ángeles te den gracias,

que las nuestras son muy cortas.

Voluntad.

Y con esto damos fin

al grifo, que al alma doma,

al camino de los cielos,

cierta y verdadera historia.

Fin del auto del grifo herrado