à> Date de publication: 22 août 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Con música y por amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/con-musica-y-por-amor.
Con música y por amor. Comedia de don Antonio de Zamora.
4ª
Con música y por amor.
Comedia en 2 jornadas.
La 1ª parece de D. Antonio Zamora.
Y la 2ª de D. José Cañizares.
Leg.º 4.º S 5-6
Jornada primera
1 Jornada de la comedia de Con Música y por Amor Personas de la 1.ª Jornada Anfitrión Ceto joven galán Leombas Lisíbas, } Etescron Pantemo zagal barba el Amor Marte Vulcano Tres Cíclopes Gayo zagal rústico Mosqueta zagala rústica Soldados Átomos Tezamira amazona Hebe zagala Venus cuatro Ninfas Talía Polimnia Terpsícore Melpómene Euterpe Clío Urania Calíope Erato Soldados y zagales Músicos
Cabecera: Jhs (con Musica y por Amor) Maria t. N Joseph
Margen izquierdo: Letra.
No nuestro vuelo
cortando un cielo desampare un cielo,
volved, volved a iluminar la tierra
porque logre mi intento.
Acabándose de ocultar todas las tramoyas, las demás personas, y en conclusa la loa, se muda el teatro en bosque salpicado de peñas. En el foro se verá el río Leteo y en la última enramada el Citerón, monte corpulento, sonando cajas y clarines.
Margen izquierdo: dentro tambores
Guerra, guerra,
sale, soldados, bajo orgullo ciego
a la porfía intrépida del fuego.
Tened, tened la saña,
pues veis que de mi cuenta me destierra
el temor.
Margen izquierdo: dentro voces
Fuego, fuego.
Guerra, guerra.
Guerra, guerra, otra vez repite el monte,
pero qué nuevo portento
que si yo no estoy ciego, esta es la umbría
inculta estancia de la selva mía.
Margen izquierdo: Mirando al foro
¿No es aquel el Leteo? Sí.
¿No es aquel Citerón? También.
Uno atlante de esmeralda
y otro cristal que a su falda
argenta el florido pie.
¿No es aquel? No es aquel.
¿No es aquel el Leteo? Sí.
¿No es aquel Citerón? También.
Pero en qué suspende mi desvelo
el reparo de parlerías mudas
en averiguar mi atención salga
tan rara novedad.
Salen huyendo Basto y Menguilla, zagales rústicos.
Baco me valga.
¿Qué es aquesto, zagales?
Bien, por necio,
teniendo el susto más allá de muerto
¿quiere usted en un punto
que reviva la chispa de un difunto?
¿De qué huís, dejando los villajes?
De un ejército entero de salvajes.
Dos versos tachados e ilegibles.
Pero ¡ay, pobre de mí! Porque si tardo
ni un lado en escapar.
Mujer, aguarda,
y no, por más que vueles
a dar nueva excepción a tus laureles,
pienses de mí librarte.
Sale Febe, huyendo.
¡Piedad, cielos!
Y no a tantos bajos monstruelos
despojo infame aliento, al ceño de la fiera
qué beldad tan infeliz.
Zagala, espera.
¿A quién, puesto de la parte de mi muerte
me embarga el curso?
A quien murió de verte.
Déjame ir.
Dime antes, si es que ha sido
(Desemboza)
la hermosa madre del rapaz Cupido,
vences el sol, o la blanqueza eres
en que se hacen dudosas las mujeres.
Después de forzada, lisonjero...
No me la requiebre. Callaré yo,
porque es la queridita de su hermano.
¿Qué es lo que quieres?
Yo...
Calla, villano.
Zagal, en cuyos brazos, al encontrar vengo
mi amparo, de la fiera de que yo me ofendo,
no mi fuga embaraces; ven.
(Éntrase Febe huyendo y Amp. tras ella)
¡Ven, rápido cometa!
Corta la selva, vuela, que te he de seguir.
Huidas no hay de mí, en tan necio aprieto...
mi justo amparo.
Por el mismo lado por donde se fueron Febe y Amphion, aunque por distinto bastidor, sale Ceto, joven zagal, con un venablo en la mano. Por el de enfrente Leonides, general, como vestido de pieles, con arco de armería tracia al hombro, y algunos soldados en el mismo traje con chuzos. Crúzanse de frente.
¡Ah, de las matas!
Di, ¿de qué sirve? Di.
No huyas.
No huyas,
pues dar sabrá mi amor por bien perdida
mi vida en la defensa de tu vida.
Presto no guardaremos el pellejo.
No es chanza; adiós, Hebe.
Adiós, parejo.
Zagal, cuyo valor librar procura
al bello esplendor de una hermosura,
si morir quieres, presto...
Cala uno la flecha, otro arbola el venablo, y entre los dos se interpone Thetamira, amazona, con arco y flechas, saliendo con ella los más soldados que puedan con el mismo traje que Leonides, con troncos desramados en la mano.
¿Qué es esto?
Esto es nuevo culto
que a mi belleza suma vida indulto.
Esto es segunda Bárbara Belona,
por lo que entre su favor una dama que le salva dando un amor,
dictan cuál de los dos asombros a tu aliento
poco trofeo elige de la fiera
por un zagal que me rinde ofendido
si advirtiera un nuevo despojo.
Thetamira, la ocasión no en mis desvelos,
ajena prenda el amor, formales celos.
Gallarda Thetamira,
que no es nueva perfección tuya
que porque Cadmo, príncipe famoso,
disfrutando dominios y suspiros
de Temis, su deidad labró arrogante
esa de aquí ciudad poco distante,
tan en nuestro perjuicio, que para ella
no solo nuestros ritos atropella,
sino que en fuerte brío, o valor o arte,
más resguarda en el dragón de Marte
mi intrépida arrogancia (al verle ausente)
capitaneando el vulgo de su gente,
hacer polvo desea
la presunción de la ciudad Cadmea
sin más armas, que temidos
mudos venablos, de arrancados troncos,
pues aun falta el clarín de sus ecos roncos.
Porque extrañas, las temo, mirando que le amo y que
que ese rapaz pastor muriendo pague
la osadía de ser quien me ofenda
que como a todas esa quinta encienda
que en el cristal bravío del Teseo
se está mirando nuevo Narciso.
Y en esa fiera
ni mi tenaz celo, ni mi ardor pureza
creer estorbarle su inigual empeño
menos da a mi celo, de alevoso ceño
informaré mejor que así se enyela.
Sí, pues que la envidio, despacio sana
Esa feliz, y cercana quinta, amena
que hoy deheso, y al coraje estrena
mandan de tebe fue Zagala hermosa
aquella sola deidad para ser Diosa
dignísima de ser la
y al ver que ama venganza la que es queja
muriendo de la llama altiva
por la maleza iba
de este bosque según su ademán me dijo
cuanto en mal tan prolijo
seguida y perseguida
de ese que llamaba Perfección y vida
creció desvelos el tormento suyo
bien de las voces, que me dijo arguyo
que al ver su resistencia
solamente amanece de la Cadmea
segundo Anfión de la luz más pura
que es muy para adorada su hermosura
reduciendo a acasos la batalla
en una confusión.
Villano calla
que el celoso coraje no desmientes,
Pues mientes si a fin tú solo mientes.
Cesa temeridad
que y pues aun duces; no solo he creído
si pues es a despecho de mi mal
mas piadoso el valor de Atalanta
de Apolo y de mi parte
de Atenas aquel para ampararte
Cadmo que si con el socorro tarda
encomendó de mi ciudad la guarda
que yo pues no mudada se mantiene
haré temblar a él si acaso él viene
Cuánto os engaña vuestro orgullo ciego
Te doy la vida, y me provocas fuego
Está bien
Vete pues
Aquel páramo
y me acerco al tronco de los ramos
todo pereza.
crecen mis duelos
no más
Y esa es piedad?
Nada, estos son celos.
Pues teme que
aquellos triunfe quien perezas llora
Creo mío
calla infausto
que aun los requiebros
dadme un hacha
maleza enrredar el bosque de mi planta
lasiva que de mí alimentando tristes congojas
aun el lijero estorvo de las ojas
que consigue un favor, o cuánto yerra
guerra guerra
y canta Metanira una hacheta enramada. Al entrarse los detiene Marte que baja armado con lanza y escudo y sobre un caballo blanco con alas, y canta al se parar de frente en el medio
Guerra Guerra sanas
fuego, fuego enojos y
Pero, ved qué vemos
que lo que hay solo es del logro al despecho
solo es lidiar a despechos del logro
Guerrero Dios, y
Marte altivo
cómo nos suspendes?
cómo
no añades el ardor
en vez de avivar el logro otro
Cantan y danzan todos.
Mart como quiero
si guerrero ha de ser
ha de triunfar el encono y se
que con arte
si a la saña
la campaña
de troncos ha armado solo
mis sospechas
mudaran contra las flechas
en los escudos los troncos
decid: alado
viento pesado
seguid el norte vosotros
que al arrullo yo
volaré
Y su desdoro
Texto insertado en el margen izquierdo: + Confesando auras / que hay zelos al despecho / solo es librar a despechos del logro
Ya te obedecemos Pero
ya que en el Oriente presto
A leve encina viene
son alijeros los topos
ronqueras donde nos llenas
donde atropellando estorvos
que entorpezcan fabricar
de los chaparros
en el taller de Vulcano
consiga daros piadoso, Pues
voluntarios armas siendo
de Phenisa las que escudo
Presumid ante
en mi fragua con mi fuelle
imponed a los jactanciosos
con desentrañar corales
enrrostrar los arroyos
bien haces, vaya, mi ofensa y
dices bien, viva, mi oprobio
Marte viva
no digais
sino encontramos elogios
Muera Temor, y
Marcha a lo lejos
Venus Muera
o qué mal Cielos arrojó
de mí una sospecha
o cuánto
aun las cóleras adoro
y de metanira
y en aquel
continuo clarín lozano
que despues de cantar dulce
habiendo de quedar ronco
de la Mancha nos avisa
del contrario
Sin cesar la marcha se va acercando
Y no es desdoro
vencerte la espalda
no
en un marcial pecho
tanto es retirarse cauto
como batallar furioso
cobardía
mas amor es
cobardía
Vamos
Página izquierda tachada en su totalidad: Marte con dichos reyes. que destorbar todo el logro, a despecho volver a gritar a despechos del odio Ocultase Marte y todos como yéndose se muda el teatro en campaña compuesta de peñascos, cavernas y ruinas de disfraces; de por adentro se ofrecen cajas y pínfanos de campaña, y salen Partenio y Lindo, soldados; descubriendo Festimundo y sale Ulises a la romana con bastón. Partenio. Soldados, donde vais Lindo. a dejar soldados a morir tan a la ligera que perezca con mi vida la de tantos con mis cuidados Partenio. advierte que un General por un ímpetu ardiente no ha de aventurar su gente Lindo. dejame, Partenio, o mal de mi furor satisfecho Soldado. General, tú implicas mi indignación Lindo. en mí Partenio. caiga a la razón a pesar el despecho Soldado. para Lindo. en vano el ruego [...] esta que ni [...] desmayos Partenio. Vuelve y repórtate a mí tributan todos despojos Lindo. y que asi intentas Partenio. que te a la vista del enemigo disminuir su caudal? Lindo. y Lera... Partenio se que dejando encomendada a esta ciudad a mi espada Cadmo el día que él se ve ausente, y de su igual ve partiremos me valiendo acero por dos veces ese fiero hado bárbaro avaro, Dúo. volver por mi fama pues [...] fuerza [...] la honra es la que se desea la vida la que no se ama. Notas marginales: Ocultase / Marte y / se muda / el teatro / en / campaña / y minas / de disfraces / de por adentro / cajas y / pínfanos de / campaña / y Lindo, y / salen Ulises / con bastón Dependese / y que se ambienten / el tirar todos
Viva Babilonia!
Entranse siguiendo a Marte y por el lado contrario salen como descubriéndolos Lindo General, Festino, Gestón Capitán, Partenio Pastor, varios soldados y cajas fenece
No prosiga
la marcha, y dando guarnición
párese a punto de guerra
la gente.
pues qué te obliga
tiendas a suspender?
el designio con que vamos
hacer por entre los ramos
Partenio, alcanzado a ver
desde la empinada altura
que domina la maleza
mas un joven, ay de mí!
relámpagos de deidad.
pues bien esa novedad
que puede importarse a ti
si en tan desigual partido
no hay medio
poder tener
esperanza de vencer
o fuerza de ser vencido.
bien dices, o triunfa o muere
ese intento es, Festino
mira que en sola una accion
exponer un reino quiere
tu esfuerzo, y que un General
por un resabio ardiente
no ha de aventurar su gente
en su estrella tan fatal
yo solo, Partenio, sé
que dejando encomendada
a esta ciudad a mi espada
Cadmo el día que él se ve
ausente, y en igual lid
venció mi valiente acero,
por dos veces, ese fiero
nudo bárbaro atado;
debo volver por mi fama,
pues en la marcial tarea,
la honra es la que se desea,
la vida la que no se ama;
demás de que la ciudad
no muralla qué defensa
puede hacer, en tan inmensa
apuesta de crueldad,
que no sea acometer
hasta vencer, o morir;
y pues, solo el argüir
es dilación del hacer,
demos tras él...
Considera
en una ruina segura
no es valor, sino locura.
No porfíes.
¿De manera
que nada te templa?
Nada.
Pues al arma, que aunque teso
en mí no inútil el ceño
de que se embote la espada.
Espera.
¡Ay, Anfión!
¡Ay, Ceto!, que pues nuestro
ser, más padre que maestro,
desde que aún educarnos
se propuso, me aflige
el haberos de dejar.
Efeto. Toca tambor a marchar.
Y tú cuidas que los ves;
voy, pues ya despido el ánimo;
voy a que, picando el acero,
al bosque le busco dentro
del acampamento. ¡Sus,
al empeño,
y a la palestra!
Tachado: sal. a la bat. / 300 / Part. a ti potente / Jove. si igual auxilio / no enmienda la piedad dia / no vengues en mi despues / lo q no a errado mi amor.
¡Oh, tú, potente
Jove!, si igual auxilio
no enmienda la piedad mía,
no vengues en mí después
lo que no ha errado mi amor.
Con la marcha se van, quedando solo Parténope. Al entrarse le detienen, saliendo por tres partes de distintas, Ceto, Anfión y Hebe, y detrás Zefa y Mag.
¡Parténope!
¡Padre!
¡Señor!
Hebe, Anfión, Ceto, pues
¿dónde, de esa manera,
los tres a buscar consuelo entráis?
¡Ay, infelice de mí!,
que aunque yo darósle quiera,
no es posible.
¿De qué suerte?
Como aquel marcial acento,
aunque no es lo que más siento,
me lleva a buscar mi muerte.
(Vase)
Oye.
Escucha.
Aguarda.
En vano
al vejete siguen.
Amigo, hermano Anfión,
¡qué mal el dolor resisto,
de que quiso la fortuna
que guardase en prenda
mi oculta belleza,
y de la suerte importuna
en la palestra marcial
dispone el cielo también
que no sea el querer bien
disculpa para obrar mal.
En tanto que en un yelo yo
cuido de la vida para que respiro.
Yo ya te he dicho que no,
y mas osado, y robusto
a bista de tu ardiente,
lo prefiera tu mi aliento,
lo que es honra a lo que es gusto.
advierte
antes es mi fama
y mira
muy nada ay que ver
que faltas a una mujer,
que aventuras a una Dama.
y sobre cual muere primero
ay pleito
callad necios.
vuestro valor competido,
o como me adula! Pero
como siento en igual pena
ver que de mi se desvia?
ay! infausta tebe mia!
soy triste Hermosura ajena!
Asi pagais mis desvelos
sin amparar mi temor?
es de amor!
no ay, es celos.
pues esperad, que antes que
quedeis los dos a reñir
me he de ir yo.
se ausenta?
si,
que aunque lo sienta mi fee
no ha de decir la memoria,
que en lisonja de dos necios
por hacer de un cariño
he estorbado una Victoria.
dice muy bien. vamos ama.
nadie me siga, Ceto. adios,
quedaos tan bien, adios,
adios Amphion.
Vase
y a coronar los dos
de laureles vuestra fama.
vase
que se le hizo ocultar
como encanto y de repente?
tan bella es, como valiente.
tan osada es como hermosa.
Tira el venablo
ay va
que el tiempo dira bien presto
quien es Ciego.
Tomando el venablo que traia y se le oculta
Bueno va esto
mas pues nos dejan aca
escondete para ver
que ace estotro Rapazon
Escondese cada uno a un lado, y quedando solos Amphion, y Amor, poco a poco se van sin ver el uno al otro, y una con otra se atraviesan dos flechas, saliendo por espaldas un corazon de cera y de oro.
Amigo o Rapazon.
Ya llego el tiempo de hacer
publico al mundo que en do
soy Jove Inmenso, y Rayo
Mas ay que un nuebo desmayo
al corazon as infundido
Porque te he de amar,
desde el punto que te vi.
ahora cantan...
no logre mi fee
mal cabe querer la dama
de un hermano, y de un amigo
sin ser villano. Mas que digo
en tan nuebo frenesi
ahora que aborrece.
Ay
y vuelvo a penar
Yo
sonoro cisne de Jove
como canto ya
en el choro de Acaia,
la ruina de Semela
y estar celoso, y amar.
En el margen izquierdo aparece la palabra "Gloria" tachada.
Respirar, aunque atentas
al logro de su saña,
pues sobre el ardiente
globo que te ilumina
para hablarte, las flores
conmuto en las ansias.
Baja Cupido.
para que ocupa
de que sepan, y vanos, aleves,
y obrar como finas.
Tachado: Anf. qué dices? Cupido baja a ese asiento
que olvidando tus penas
eleves tus campañas.
Advierte que el orbe
que a deidad obligas
cobrando otro portento
el fiero reptil viva,
y pues a otra Britania,
su cielo te encamina,
sube a mi trono.
Vamos.
Porque no ignores que deja
para que ocupa
de que sepan, y vanos, aleves,
y obrar como finas.
Suben en el globo los dos, y mientras suben poco a poco, salen de donde están escondidos Jusfón y Margarita.
No has visto como un muchacho
con alas de golondrina
se le lleva?
Tachado en el margen: ilegible.
Más que aquí anda
la bruja falsa.
Calla simple, que pues parlas
es una gran golosina
para contar el suceso
tomemos aldas en cinta.
Espera, que aun en el aire
repiten sus gargantas:
Ocultándose.
para que ocupa
de que sepan.
Ya se fueron.
Pues volón.
Anda, que es bruja.
Ande golosina,
y manos a la obra.
Vamos.
Cantan los dos y Margarita otra vez. Repitan.
para que ocupa.
Sello de la Biblioteca Nacional de España.
Al mismo se muda el teatro en armería calada de perspectiva, calles cubiertas su fábrica de paredes de todo género de armas, con una mesa en medio que mantienen cuatro ninfas, sátiros o sirenas; el foro está partido en dos arcos correspondientes. En el de mano diestra se verá un pedazo de jardín que remata en un cenador donde estarán Venus y 4 ninfas. En el de la siniestra, unos arcos interiores que van a parar en una fragua donde estarán Vulcano y sus tres cíclopes; y sale Marte armado de alcaucer. Metan, y demás soldados.
Pues todo se facilita
al imperio de mi voz,
En el margen derecho, junto a los versos anteriores: Voces dentro
deja que al ver tan distinta
y bella confusión, acierte
de sosegarse la vista.
¿Qué admiras?
En tres partes
su fábrica dividida;
después que cesan los dos
altos incendios que brillan,
las armas, fragua y vergel
hacen a su perspectiva
el murmullo de las hojas,
desmintiendo a las chispas.
Allí, si no nos engaña
la distancia que media,
con sus ninfas Venus, todo
cuanto florece domina.
Y allí de Vulcano al mando,
en su fogosa herrería,
sus tres sayones las flechas
que después templan, fabrican.
Pues de una y otros me intento
valer, las cláusulas mías
los llamen.
Nuestra atención,
por no estorbar, no respira.
¡Ah del taller cavernoso!
Adela adusta o fiera
en el chiste de Juno
abrasar puede o marchitar,
las flechas y balas intrépida arroja,
los dardos que pone al ejército armada.
A de la fragante espesura,
de la hermosa madre de amor
dispuesta. Qué, ¿o marcial?
las hojas que el soplo del ábrego riza.
Vulcano llama a Venus, y Marte, mientra, tiene
Venus, deja esta fértil estancia florida,
Marte, oye, dejad entrambos,
para un lance que apura,
de la fragua las fatigas
y del vergel las delicias,
pues en lances que os cruzo
conmueve mi armonía.
Repiten. Vulcano, y Venus tablado, el uno por Cíclopes en hombros, y Venus los otros Ninfas.
Cantan, y salen al mismo tiempo en un peñasco grande, el uno con arcos y flechas, al sarao, y nunca se hace... o los dos logres, que iguales asistan, de entrambas deidades. Cíclopes y ninfas.
Oh deidad poderosa.
Voz porque en ella se admita
franquea la voz... en la mar sup. los senados caudados
Oh, de mi armonía,
sepa ya qué queréis,
profunda mansión rompió
las pisadas líneas.
Sepa qué intentas.
Que para victoria nueva,
que ya ven en las armas tuya
puesta en preceptos la ira,
franqueéis, desnudéis tus pechos.
Y pues el rencoroso alivia
ved que de mi hijo el poder
Cupido irrita
en favor de Cadmo, no.
No,
sino de cierta caricia
que quiere estando celosa
obligarla a estar más fina.
Eso lo dirá el efecto.
500
después del peso y gota
el pecho, el yelmo y adarga,
templadas corazas brocan,
arneses, yelmos y escudos,
flechas, espadas y picas,
Están bien. Y porque veas
que nada hay que se resista,
ha de ser vanidad mía
Brontes y Estérope.
Señor.
A prisa
las alas, fabricad las flechas,
que o vientos a son de preas
a las paredes de acero
o empavesan, o entapizan.
La acción responda.
Repartidos por varias partes entran y salen batiendo, a la musa, otros forjando las espadas, para que después van dando a León los soldados, las ninfas.
Vosotras,
porque yo también le sirva,
En mi misma enemiga
metan el estado estas tus quejas
Que con ser no escuchadas
Llegan donde repartidas
las espadas
para tu nueva conquista
A los tonos de fieras
mientras que a las orden dejan.
Tachado: Y repiten los demas, se van / de flores brutas con plumas, des / Metan y Leonides.
Margen izquierdo: Canta Venus, Marte y Ninfas, adornando todos el pecho para que prendan los plumeros todos.
Armese, armese la venganza,
armese, armese la osadia.
Para que a un tiempo
Tachado: Vense unas...
Temed el vengarse a un tiempo,
preven y buelvan.
Si, desnudo el pecho supo
exponerse, ¿que hara el dia?
en el auto a un tiempo se adornan y se fortifican
Armese, armese la venganza,
armese, armese la osadia.
En el cristalino espejo,
donde ciego haran mis iras,
que del imperio, el espanto,
vea copiada su ruina.
Armese,
que nuevo valor se infunde
al pecho.
Espera, a la vista
de igual furor, con mas causa,
aliento.
Margen izquierdo: Dando dentro voces feminas, cajas, trompetas.
¿A que fin es esto,
como de los contrarios
obstinada la porfia,
sin duda avanza la furia?
Dentro de esa estatua umbria
mueran todos.
Todos mueran.
Puestos Metaura, Leonido y los suyos de la vanda izquierda, salen con las espadas desnudas hasta dar carga a los soldados y rayales fenicios, poniendose enmedio Venus, Vulcano y Ninfas.
¡Donde deslumbrada atina!
Mortal tropa, cuya propia
ceguedad os encamina.
A mis aras muchas veces
perdeis, a la estatua mia,
el respeto.
Como ciegos
estamos a esa obscura ruina
fiera caverna, y no alcanzo.
Pero, ya esta ofendida
la deidad, perdone Venus,
que no ha quedar con vida
ningun osado.
Margen izquierdo: quieren embestirse Met., Leon. y suyos. Mas cayendo bien apriesa (600)
Y den que hacer
unos a otros.
Vengar una ofensa permita
este ultraje. Mas, ¿que aguardo,
que de nubes denegridas
no pueble los ayres?
Aqui empieza la tempestad y suben de atras escotillones, que ha de haber, tres cupidillos volantes, y en los ombros traen unas nubes obscuretas que, cruzando diagonalmente, confunden el teatro; y por entre ellas lidian unos y otros, van mezclandose hasta retirarse los fenicios.
Aunque
la tempestad nos impida,
¡a ellos, asirios!
¡Fenicios, a ellos!
La tierra oprimida
del peso, en negros vapores
vagos estorbos respira.
¡Que horror!
¡Que susto!
Al arma, arma.
A la venganza.
¡Que piedad, si asustadas mis ninfas
a la invacion de callados incendios,
confunden el ayre quajadas cenizas!
Entranse unos tras otros
El piélago brame,
el abismo gima,
confúndase el viento
y apáguese el día.
¡Oh Cielos! Pues todo
es espanto, asombro y grima,
segundos de mi campaña,
igual cuestión se decida.
Bien dices.
Eso pretendo.
A la selva.
A la marina.
¡Piedad, piedad!
A tu fragua
ve, Vulcano, de mi ira;
mientras yo me restituyo
al vergel.
Sí, pero unidas
las voces aquí resuenen,
entre tanto que allí lidian.
Vuelan Venus e Inmeneo.
El piélago brame,
el abismo gima,
confúndase el viento
y apáguese el día. 620
Cae 2.ª Mientras se retiran por este lado Vulcano y los 3 cíclopes, Venus y sus 2 ninfas, escondiéndose los Cupidos por los varios calados de la mutación, sin cesar dentro las voces hasta que al dúo secunda *. 590 380 970
* Cae la mutación de ruinas de edificios, chozas y barracas, con la ciudad de Tebas en el último término de la lejanía compuesta de variedad de fábricas humildes y magníficas. Y por mano diestra se va dejando ver Amphión en un carro dorado, encubierta con varios pedazos y preseas de nácar, floridas; cantando al compás de la lira, y tras él, como atraída o arrastrada, parada de peñascos, cantan pastores, rústicos y varias fieras.
Seguid las dulces finezas,
llore con dulzuras de un dolor,
que aunque vuestra fiereza aleve
por el hechizo se mueve
de los suspiros de amor.
Pero ¿dónde, mi siempre adorada,
bellísima Hebe,
entre el bélico espanto, aún nota
su luz anochece?
Mas si, acaso, mi hermano idolatra
porque quieres, porque quieres,
consolarle esperanza con verla,
sin ver que la pierdes,
¡Ay dolor! que al beber de mis celos
el trago ardiente,
solo en quejas pronuncia mi pena:
¡Deidades, valedme!
Huyen soldados a la ciudad.
¡Venus, piedad!
¡Cielo, piedad, Júpiter!
¡Infeliz de mí! ¡Qué portento
hizo mi estrella que encuentre
en la queja de los aires
el golpe de los reveses!
Pero si, en fin, la quietud
es culpa del carro, deje
el portátil lecho, y vea
qué nuevo susto sucede,
que obliga a decir, llorando:
Vase ocultándose el carro en la parte opuesta, quedando el paraje a oscuras por el tablado.
Margen izquierdo:
Al entrarse le detienen Isindas y soldados
Al lado contrario le detienen Partenio y Zagales
Ásense Ceto, Jebe, Inf., Morg. y Grif a él
Texto principal de la página izquierda:
Tachado: sol. y lin. atados
Amphión, detente.
Pues tú eres mi hermano,
y aqueste paso me cierras,
Ceto habla
Amphión, aguarda.
En vano embargar pretendes
mi curso.
Espera, Amphión.
Sí haré, pues contigo viene
en la razón que me arrastra
la beldad que me suspende.
Mas sepa yo, ¿cuya causa
en desbaratados tropeles
corren la selva?
Ahora estamos
con dimes y con diretes,
¡ay, tal flema!
Flema, calla.
Flema, que callar bien se entiende.
¿Duda es esto?
Esto es
que en asalto tan inclemente
echando el último resto
en la mesa de la suerte,
a impulsos de nuevas armas
con que los pechos defienden
en la gruta y la campaña
nuestros ardimientos vencen
Leónides y Metanira.
Esto es pérdida la gente,
retardados los socorros
banderiza ya la plebe,
y en fin sin recurso estar
tan en brazos de la muerte
que aun con lo que se respira
nos parece que se muere.
¡Ah, adversa fortuna!
En fin,
esto es fiar solamente
en tu amparo nuestras vidas.
¿Cómo lo que tantos pierden
podrá uno defender solo?
Tú eres Amphión, y no eres
el favorecido hijo
de Jove, aunque semideidad,
en tu lira con que hechizas
el poder con que suspendes.
Y más porque a lo noble
no estimule lo valiente,
¿qué puedo hacer?
Y no al despecho
queremos que se le encomiende
el triunfo, sino a la industria.
¿Qué decís?
Que en vano quieres
aún escucharle.
Tachado: Amph. Atentos mirad.
Nadie
te escucha.
¿Quién? ¿Yo?
Advierte
que entre los prodigios que obras
esta ha de ser nuevamente
la mayor de tus hazañas.
Y pues de la ciudad aprieta,
mientras el cielo te ampara,
o ampararse o guarecerse
nuestra confusión, y más
que ya murada se arriesgue,
como asimismo puedes tú
defenderla y defenderte
desigual peligro, soldados,
velad.
El paso suspende.
Seguidme, zagales.
Espera.
De un hermano no te mueve
el ruego.
Un desaire busca
quien un imposible emprende.
A la ciudad.
Adiós, hijo,
que te darán las nueces.
Paciencia.
De bravo mozo
fían, el que no nos quemen.
Marcha a lo lejos
Y pues ya aquella lejana
marcha, que el aire enrojece,
sordina es de nuestra ruina
que empezamos a...
Ay pobrete,
que con seña de vizcaya
os quieren sacar las riendas.
Cesad, hordas, Partenio,
donde vais,
adonde estorves
defendiendo vras. vidas,
el mayor de los laureles;
advirtiendo aunque. por todos
hacer la presa puedes,
que Yo se la pido, mira
lo que con los nobles valen
los ruegos de las mujeres.
Pues Yo
en vano es detenerse.
Venid todos.
Y los ecos,
Mus. y coros.
Por ir a Atenas, Mueven
Numen, de la Justizia;
las saetas, escupen
entre quejas humanas
llamas, y a zelos.
Por varias roturas fabricadas entran todos quedando Solo Amphion.
que ade tener la Ciudad segun sus
Ahora q.e, ciegos Cielos,
se aia en empeño tan fuerte,
solo asta ahora y solicitando
el que un general me ruegue,
un Maestro me persuada,
un hermano me amoneste,
y una Patria me premie.
vamos solos, a que me empeñe
una dama a q.n rendido
ame; mas, si me aborrece,
que importa, q.e Yo animoso
buelba a su favor los desdenes?
Mas, si quiere a otro, crea
cuantas inmortales sierpes
derrama esa voz; tampoco
importa. que a que deje
de seruirla? Pues q.n nunca
sufrio celos, ni los tiene,
que aze; en seruir se repasa
con lo mismo que se ofende;
el que celoso procura
lisonjear a la que quiere,
es solo q.n se enamora;
digo, q.e solo airoso sirue,
pues acierto digno es
suponer las atenciones
a los intereses.
Pues, ea, industrias, q.e medio
habra, de q.e favor queden
cant ne de celos / los desvelos / descansen / amor y intentar / descansar su fineza / que el porsaro / amarg.s Cielos / de la ira / se rretira / que a amaya la padece / que no de celos
Cubrese vn Ycaro terraqueo / abriendo de dos flechas vn / varando poco a poco el amor, tra / yendo dejar vn... / Baja a escombrarse / un fresnillo dorado ... y va poco a poco / ziendo en la copa del vn / jandose. q.e muere / cant. amor / Amor
Baja desp.o el Amor, q.e de un alambre va fiando el amor, tra-yendo en la popa de vn Aguila Pequeña Zerafin de nieve y oro
Amor y Mus.
Sagrada Deidad celeste,
cuyos reflejos me alumbran,
solo, para que me zieguen
que solicitas:
Que sepas,
por que en tus dudas alientes
lo que te es facil.
detienete, ahora explendes,
desciende, desciende amor
de varia deidad, sentir
sin que mal te mouiera
la temprana Primauera
de mis fragrancias de Abril.
y sin error, q.e se de por ofendido
y de Venus el enojo,
advierte, aunque. seas q.n solo te bastaras,
pues, hijo del sol eres,
luzero q.e mi un fiel solo ser q.e quieres,
y para verlo, di: no es el empeño
defender de las coleras de vn cielo
a Tebas?
y por q.e adelante
con mas radiante
ornato se enciende,
desciende, desciende.
Y vean q.e a
confundo el espanto
la modestia defiende
desciende, desciende.
les da a Amph. y aquel callado se esconde el rostro en la pared, o puerta
Sí
las voces de tu canto
no atrajeron a sí con nuevo espanto
cuantos riscos la prolija campaña
del valle a la montaña
déjalo a los peñascos
Pues de ellos ha de ser, agora asombra vivienda
muralla a la ciudad
Cómo es posible
si no se halla quien el duro inaccesible
tesón de tanta piedra labrar pueda
El acaso ha de ser quien favor suceda
invocando en sus fatigas
el soberano auxilio de las Musas
Y pues de aquí al Parnaso si veloces
llegar pueden enteras nuestras voces
llamadlas las dos
Ya haré en tu ruego desvelo
ni el logro dudo ni el laurel recelo
Mientras el dúo se van bajando en ocho jartabones de nubes floridas Talía, Polimnia, Terpsícore, Melpómene, Euterpe, Clío, Urania, Calíope con mazos y cinceles por en medio la otra nube correspondiente baja Erato con regla, compás y plomada mostrándose todas las tramoyas concurriendo hasta dejarlas en el tablado
Dioses del prado
Diosas de amor
Musas del numen
Ninfas del sol
sincopando distancias de nieve
pues venid en las alas que presta su voz
Sagrado Cupido
hechizo Amphion
Ya al eco obedientes tocamos alegres
al festín dulce al sagrado Helicón
Pues para eso somos
Pues para eso sois
Dioses del prado Diosas de amor
Musas del numen Ninfas del sol
Y pues por ser Erato cuyo bando
es de triunfos de amor clarín sonoro
las 8 Musas mando de mi choro
Deidades que del sacro
nido del Parnaso veis, Erat destreza
para elevar celosa fortaleza
labrar la adusta bárbara dureza
de suerte que en un punto
quede murada
Tanto asunto
bien Cupido fiero. nuestra asistencia
responderá por todas la obediencia
Yo desde este pequeño pardo nido
las piedras picaré que bajarán mías
Y Yo las colocaré donde seguro
pare su estruendo el bárbaro vecino
Y yo antes que los dos arando en ellas
purpúreas líneas con mis ninfas bellas
haré la división por una y otra con cincel
al golpeado tesón
cinceles
Pues ea Erato a qué esperan tus fatigas
pues tú nos mandas solo a que mitigas
Sentado Apolo en un poyo pequeño que abra a mano izquierda en otra cant. Amphion tocando la Lira y en el ínterin va Erato midiendo y lineando los peñascos de suerte que al fin del área estén prontos a trabajar
Al afán a la labor
al trabajo a la fatiga
que en quien ley del sol obliga
puede fabricar amor
Al afán a la labor
al trabajo a la fatiga
Repartidas en varios puestos del tablado labran las piedras y a compás de los golpes, de suerte que reduciéndose a medida las va colocando Cupido en la muralla que delante de la ciudad se ha de formar compuesta. (Van bajando dos torreones)
para que a un paso labren
picos y presas
A la tarea
ha de amor los cinceles
de las saetas
Ay que derriban
A la estrofa
ay que pedernales
Vencen las invasiones
De la belleza
a la lanca
que mal sauen los Pechos
alzar defensa
es que yntenta
a la fatiga
relevar de las Armas
mandar las Vidas
Ya en las nuevas Murallas
quedan atentas
a la lanca
Toma vuelo el obsequio
O que fineza
las voces mias
a la fatiga
pues tocadas Resuenan
sonoras oyan
al afan a la lanca
al triunfo a la fatiga
que en su yugo dividen
poder fabrica Amor
Marcha cerca.
Pues Ya desde aqui Avistamos
la ciudad, la Marcha cese
Arma, Guerra, Ynvacion
tocan y demas Armas Callan y se suspenden frente la Ciudad
Salen Leonides, y Metano con espadas desnudas
O Jove
q el estorbo delos Vientos, Y Cuna
q asta Ahora a vn indignas
tu recinto as recatado
Pero que miras cuydado
Falta mas q Ves admiras en
que os admira y suspende?
que os enfrena
no ves vn nuebo obelisco
a quien devino Jove Rico
labrar una y Otra almena
no veis en el pasmo q alla
mi muerta credulidad
ser sombra dela ciudad
El bulto dela Muralla
sera engano
es ilusion
digo bien q sera ya
Pues q dudo darla a
tantas defensas
Conq amph mio:
Zagal vn solo as Podido
Hacer tan nuebo Portento
si que ayudado su intento
del Poder de Cupido
Aunque obra sea divina
suspenderse es en vano
q Pues no dio Vulcano
en su Fragua ofizina
a dar Picos y arietes con
desagravio su Ydea
q Amor ala invazion
Someterla sera empresa
Ya que en vuestra piedad
a quien logre nras esperanzas
herid Juezes ardidas
que el que cayga en pavor azecha
Por dos Nubes pntas vajan Marte, y Venus mientra descienden los d la muralla cantan Ambas deydades
a Thebas
no temais
a Thebas
q es del yelo de los mortales
pues el hado alentar las deja
a Thebas
no temais
en tu Marte alienta inceso
Pues coronas una azaña
Venus de animar tu saña
y yo q busco vn desempene
Vaya Pues dejad Ver el ardor
como avn q del golpe herido
su muro en acero crudo
se desvanezca su centro Amor
amor
Tocando caxas los Soldados Picos Y arietes llegan a q- rer derribar el muro Y al primer golpe se sumen hunden todos la Muralla dentro
burlaron, amor no diste el acento
temed, si de un espanto profundo
para prodigio segundo
respira sonoro el viento
Baste ya, no desespere
si de una deidad airada
el airoso desempeño
por que el ocioso
león a otros prosiga la saña
Vuelven a querer dar el segundo golpe, y los vuelven a suspender Mart. y Venus que bajan. Por el primer término de los bastidores en nubes correspondientes a los 8 cartabones de las Musas. Cantan los 2. Mart. Suspéndase el odio. Venus deténgase el tiro.
que no hay enconados hados humanos
que puedan vencer amorosos hechizos
Y pues yo, que avivo pías aras
solo adorando el portento deshecho
por más que afán de altiveces eche
mi irritado dragón su arrojo alivia
Y pues yo, de este asombro a la vista
cedo mi sagrado rencor solícito
aunque asombre mi estrella y luces
el ver profanar los alcázares míos
Suspéndase el odio
rindo mis duras armas
nunca recelar quien quiso
que se establezcan las paces
entre amor, y finezas
y todos decimos lo mismo,
Pues yo, y que todos aplaudan
tan inefable prodigio
Por los dos lados de la ciudad salen Jebe, Ceto, Liro, Partenis y zagales. Paso mosqueta
quien de la mayor beldad
es llave de esta ciudad
muro con el arrojo
de una lira, y un acento
Ya sin pavor de las fieras
nos amparan vuestras murallas
a escalar almenas los brutos
Pues no menos a Thebas
sabe que ha convenido
cede el enojo contrario
si a hechizos divinos
Tú podrás dar voto
pues entiendes el oficio
Raro caso
Y extraño asombro
Y supuesto que yo he sido
quien quede acreedor al premio
uno solo solicitar aspiro
cuál.
el que de Jebe logre
la mano en arras de mi cariño
¿a quién? herm. ¿Pues?
A Ceto mi hermana fida
yo sé bien que lo es llano.
en darle este esposo, y doy
quede memoria a los siglos
la que antes Ciudad Cadmea
de honor suyo y lauro nuevo
se llame Thebas.
hados dichosos.
feliz mi destino.
y toda mi feliz
dicha se deba
que nos hizo el cielo amigos
A Thebas.
Musas.
a las delicias del Prado
los dos acompañaremos
este vuelo.
alto y firme.
de contento.
Oíd, dadme atención,
porque me vengo, me vengo.
Vuelven a tomar las piochas las nueve pastoras en orden, divididas a las de Venus, y Marte se van acercando paso a paso a Lidia, y con el último se entran unos y se esconden otros, quedando en el tablado solo Júpiter y Metanira, y cerrando el primer acto.
Texto tachado en el original: Idem. Las líneas que discurrió hizo el ingenio el acento, oiga en sutiles términos, diciendo que a sus liras y rompa y bailen representando. Bajar la cortina. Música a 4. Todas. Pues músico y amante logró un divino, sin dejar de celoso mostrar lo fino. Anfión. Viva, viva, viva Cupido.
En el margen izquierdo: 380, 4000
finis
Fin de la Jornada 1ª de la Zarzuela Con Música y por Amor. De Don Antonio Zamora.
C. H. De Don Joseph Cañizares 18. Segunda Jornada de la Comedia Zarzuela Intitulada Con Música y por amor.
De don José Cañizares.
Segunda jornada de la zarzuela Con música y por amor.
Personas: Orfeo, papel cantado. Aristeo, galán, príncipe griego. Cleomides, capitán. Polígone. Licas. Tiburón, segundo gracioso, criado de Aristeo. Aqueronte, barquero del abismo. La ninfa Eris. Coro de Apolo. Soldados. Eurídice, dama. Júpiter, dios. Apolo, dios. Plutón, dios del abismo. Proserpina, diosa del abismo. Fenisa, zagala. Chusco, gracioso zagal. [Palabra tachada] Gilena, graciosa. La Noche. Los doce signos. Coro de Júpiter. Coro de Plutón. Zagales.
El teatro ha de ser de muelle, puerto de mar con su muelle y atarazana con fábrica de navíos, barracas de pescadores, torreones y faroles en las dos puntas inmediatas al foro, y de foro adentro ha de ser mar por donde se ve venir fluctuando una armada de bajeles grandes con sus popas doradas, flámulas y gallardetes, y el principal de ellos con voces en que se vengan ejecutando todas las faenas de una borrasca, y después de haber dado los bordos con uno y otro costado a toda su escala van.
Desembarcando así deste como de los demás barcos a Cleónides, Antígono, Arcas, Tiburón y soldados vestidos todos a la romana con petos y celadas, con penachos de plumas, lanzas y rodelas, al son de cajas y clarines, al tiempo que al de la música va descendiendo por el aire Júpiter sobre un águila de oro, pendiente de punta a punta del teatro de varios rayos, como reflejos de gasas blancas y listones rojos interpolados, y dicen =
Antes que las naves choquen
con las dos puntas que siendo
brazos del muelle, comprimen
del mar el líquido cuerpo,
amaina.
Aferra de entena.
Dioses, piedad.
Favor, cielos.
Vuelvan en buen hora
a gozar contentos,
en unión dichosa,
de Tracia el obsequio.
Tachado: la hermosa Liríope y el célebre trofeo
Presteza con el timón
para salvarnos, corriendo
del aire al airado arbitrio.
Mal haya el caballo inquieto
en quien es la mayor falta
el ser de más movimiento.
Hiza, hiza.
Amaina, amaina.
En vano es el defendernos
de las cóleras del golfo,
si a las ráfagas del euro
arrebatado el velamen,
rotas las jarcias, deshechos
los reparos, nos contrastan
las ondas.
Dan en tierra.
Jove supremo,
yo voto a la deidad tuya
víctimas, aras e incienso,
porque las ondas aplaques.
Piedad, Júpiter excelso.
Al margen: estatua
No porque a mi culto
se aumente en mi templo
la hoguera y el himno, la ofrenda y la llama
parando los mares, aplaco los vientos;
sino es porque quiero,
deudor de la vida que a Júpiter debe,
que en no darle muerte le pague Aristeo.
Y así a tanto empeño,
cesen las sañas, cesen
del mar soberbio,
calmen las iras, calmen
los elementos.
Al margen: arroja
Amigos, ¿no veis el aire,
rojos y blancos reflejos,
vestirse así como suele
al crepúsculo primero?
De presunciones del día
teñíase el rostro del cielo.
Suprema deidad ocupa
sobre las ondas del viento
una góndola dorada,
ascua del sol, pues vistiendo
resplandor deslumbra a rayos
cuanto va cegando a incendios.
A tierra, a tierra llegamos
que explica tanto portento.
Coplas)
Canta.
Que Júpiter quiere
probar que hay afecto,
que adule sus penas
y ampare sus celos;
pues no sé qué quiero,
salvar a Aristeo que acude, y le adora.
Condúcele a que logre mi intento.
Y así, a tanto empeño,
cesen las sañas, cesen
del mar soberbio, etcétera.
De Orfeo en los brazos
del hado el decreto
me impide que logre
la dicha que pierdo,
pues no solo quiero
que en otro poder el destino se venza,
sino es de mi daño labrar mi remedio.
Líneas tachadas: Y así a tanto empeño / cesen las sañas, cesen / del mar soberbio
Calmen las iras, calmen
los elementos.
Encúbrese la tramoya y saltan en tierra.
Ya, amparados del inmenso
poder de Júpiter, huellan
nuestras escuadras el puerto.
Ya es tiempo de que desvele
mi empresa, a que en tanto leño
marcial argonauta inundo
las vagas ondas que pueblo.
Ya sabéis que ciego amante
de Eurídice fui, encubierto
pastor en Tracia, adorando
en competencia de Orfeo.
Claro es que con más fineza
pues fue con menor aprecio
su milagrosa hermosura;
y ya sabéis que en despecho
de mi amor, rendida más
al sonoro primer dueño
de su música, que nunca
tan verdad hizo el concepto
como oí de rendir las almas
Pues las usurpó Liobdeto
a Orfeo, hijo venturoso
de aquel corazón ciego,
para sanear el desaire,
a satisfacerme vengo
hoy para tan alto fin,
el mar de bajeles pueblo,
con ánimo de que Tracia
satisfaga a sangre y fuego
mi ultraje, y segundo Paris,
llevarme robada emprendo
en Eurídice el amable
motivo de mi tormento.
Y pues el día que al logro
de tanta dicha me arriesgo,
por más que Neptuno opone
crespas montañas de hielo
contra mí, en el mar serena
Jove la saña del cierzo,
quién duda que en mi favor
piensa declararse el cielo,
y más al oír que dello
como anuncio su decreto.
Dentro grita de pastores y zagales y música.
Vuelvan en buen hora
a gozar contentos
en unión dichosa
de Tracia el obsequio,
la hermosa Eurídice y el célebre Orfeo.
¿Qué es esto?
Esto es, gran señor,
de ese vaticinio cierto.
(Mirando adentro)
Vaga, numerosa tropa
de festivos, placenteros
zagales descubro.
Y si
bien de las señas me acuerdo,
de los dos, Orfeo viene,
señor, y Eurídice entre ellos.
Pues manos a la labor,
róbese a diestro y siniestro,
ya que a eso somos venidos.
Ya, fortuna, no me quejo
de ti, pues con dos acasos
favoreces los deseos,
y pues, aunque maltratadas,
volver las naves podemos
al mar, y pasan tan cerca
que se puede a corto riesgo
lograr nuestro intento, amigos;
porque quizás acudiendo
al rumor, no nos impidan
estos bárbaros groseros
nuestra intención, repartíos,
tú, Cleonidas, conduciendo
los soldados que eligieres
Apenas el clarín hueco
haga señal por las playas,
abrasando y encendiendo
de chozas y de cabañas
los edificios groseros,
entrad talando el bosque.
Antígono, a sangre y fuego,
destruye su deleitable
población, y tú, acudiendo
Licas al mar, asegura
la retirada, y tú...
Quedo,
que yo no soy para nada.
Tú has de quedarme asistiendo
escondido entre estas ramas.
¡Esmero par de conejos!
Pues, soldados valerosos,
a la facción.
Al puerto, amigos.
A la campaña,
valerosos compañeros.
A la playa.
Al bosque.
Al llano.
A la choza.
Al risco.
Al puerto.
Señor, a la cazapera.
Amor, ya está echado el resto,
a la suerte, ahora he de ver
cuánto a tus piedades debo.
Escóndense Briseo y Tiburón y salen coronados de flores con ramos de flores en las manos e instrumentos pastoriles de sonajas, adufes y palillos diferentes zagales y zagalas cantando y bailando chusco gracioso el uno, graciosa Fenisa zagala, Menandro, Batilo zagal y detrás Orfeo y Eurídice.
Vuelvan en buen hora
agora contentos
en unión dichosa,
y a Tracia el obsequio
la cámara envidie del célebre Orfeo.
Orfeo y Eurídice vivan,
pues generosos dueños.
Tonada. Canta Orfeo.
Nobles, festivos zagales,
a quien postrado confieso
la deuda del culto de Eurídice bella,
pues solo por ella
los dones admito, los triunfos acepto,
a obrar un nuevo milagro
de amor con música vengo,
y no sé en qué empresa más lustre se espera,
que en ver que yo viva
esclavo feliz del prodigio más bello,
y pues al templo a dar gracias
de ver que hoy a Tracia vuelvo.
Con solo las bellas zagalas camina,
pues de Proserpina
ningún hombre puede asistir en el templo.
Seguidla entretanto,
que al bosque de Febo
también a rendir mi holocausto apacible,
ausente, camino del bien de mi dueño.
¿Lo oyes?
Nada se me escapa.
Pues mejor es que esperemos
a que solas las zagalas
queden.
Más seguro es eso
para lograr sin peligro
la emboscada.
Amado Orfeo,
ya que el hado me permite,
después de tan largo tiempo
de ausencia, esta dulce unión
que la gozo y no la creo,
procura restituirte
a mi vista sin que, atentos
a tu fervor, los instantes
acusen a los deseos.
Dulcísimo dueño mío,
tú verás que al punto vuelvo,
pues, si vivo en ti, no hay duda
que, para no estar muriendo,
anhelaré tu presencia.
Vase.
Zagales, solas dejemos
a Eurídice y las zagalas,
para que puedan con eso
al templo de Proserpina
llegar.
De Diosa reniego
que, aun en los ritos mujer,
huye de los hombres cestos.
¿No es verdad, Filena?
Yo solo
sé que a aquello que más quiero
suelo torcer el hocico.
Las más ninfas tienen eso.
Vamos hacia el soto.
Vamos,
pero vamos repitiendo.
Vuelvan en buen hora
a gozar contentos.
Vanse los zagales y quedan solas Eurídice, Fenisa y zagalas.
Fenisa.
¿Qué mandas?
Cuánto
quedar contigo agradezco,
porque lo que siento amando,
lo desquite discurriendo.
Infeliz de quien negada
vive aun al leve remedio
de su alivio.
Ahora, señor, es ocasión.
Ya te entiendo.
¿No te parece que hice
propia elección en Orfeo
de lo que a la altivez mía
dictaba mi pensamiento?
Más amante, más rendido,
más generoso, más cuerdo
amante vistes jamás;
pues sabe pisar atento
la línea de proceder,
sin las altiveces de dueño.
Es cierto, Eurídice, mas
así averiguar pretendo
si aun vive en su pecho alguna
chispa del pasado fuego,
Aristes...
¿Qué pronuncias?
Que en algún tiempo Aristes
amaste.
Sella el labio,
¿cómo, sin temer mi ceño,
tal me acuerdas, pues no sabes
que aun del Júpiter supremo
amada correspondí
con desaires sus extremos?
Pues quien desdeña celestes
soberanos rendimientos,
cómo de humanas pasiones
impresionara su ceño
ese despreciado joven,
de quien si acaso me acuerdo
solo es porque a su memoria
vengue mi aborrecimiento?
Muerto yace para mí.
Sale Aristeo.
No mucho, si considero
que aunque muere a tu fiereza,
renace a su atrevimiento.
¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?
¿Qué miras, ingrato dueño?
Una violencia a que injusto
da motivo tu desprecio.
Hombres armados el bosque
aborta, huyamos.
Vanse.
¿Qué es eso
de huyamos? Pues, como dicen,
¡por Dios, que a río revuelto
ganancia de enamorados!
Ase a Ismena y esta a coces.
¡Santos cielos,
que me comen, que me engullen!
Dentro.
Venid a favorecernos,
zagales destas montañas.
Pastores destos desiertos,
mirad que a Eurídice roban.
¡Al puerto, todas, al puerto!
Sello: Biblioteca Nacional de España
En vano harás intentos
ejecutar mi despecho.
Ni tú evitar la violencia
ultrajando el rendimiento.
Eso es traición.
Es fineza.
Es tiranía.
Es afecto.
Es injusticia.
Es amor.
¡Esposo, señor Orfeo!
No le nombres si no quieres
que, añadiéndome los celos
a la desesperación,
me precipite más ciego.
¿No quiere soltarme?
No.
Cáscale.
Pues tome.
¡Ay, Dios, que me ha muerto!
Anda con trescientos diablos.
Éntranse dándose golpes.
¡Pastores, zagales, presto,
que se llevan a Eurídice!
Divino Apolo supremo,
pues padre de Orfeo tanto
te toca su honor, mi ruego
favorece.
En el aire canta Apolo.
Date auxilio.
Oye, espera, mas ¿qué es esto?
Huye Eurídice, y al quererla seguir Aristeo brota de repente la tierra un vapor que se la encubre, el cual poco a poco se va dilatando por el aire.
¿Qué vaga, improvisa nube,
exhalado vapor denso
de los poros de la tierra,
me la ha ocultado en el viento?
Del mismo amor que eres basto,
para que de verte necio,
quede ella desvanecida.
Pues aunque la oculte el viento
de la tierra, he de seguirla.
En el aire canta Apolo.
No podrás, que yo añadiendo
niebla a niebla y rayo a rayo
te la encubro y la defiendo.
En el aire canta Cupido.
Sí podrás, pues yo rasgando
los claros azules velos,
la detengo y te persuado.
Sacros númenes opuestos,
¿qué queréis de mí?
Dejarnos
hechos unos majaderos.
Por los dos extremos del aire bajan Apolo y Cupido en dos tronos, esmeros de flores, y llegando al tablado vuelven a subir recogiendo a trozos la niebla que oculta a Eurídice, hasta que desaparecen por el viento y cantan.
Si Eurídice de Apolo se ampara
con nueva osadía
teme teme tu ruina
teme tu ruina
Si a Eurídice evitas no es posible
del hado el decreto
sigue sigue tu afecto
que entre miedo y valor basta solo
que digan los ecos
en las dulces empresas felices
de amor y de celos
teme teme tu ruina sigue sigue tu afecto
teme teme tu ruina sigue tu afecto
en las dulces empresas felices
de amor y de celos
Si al reflejo del sol esa llama
no encubre su fuego
y labra Vesubios en pavesas
tan torpes incendios
Si de ser tu atrevido previene
la dicha que espero
yo sabré con forzar los acasos
lograr los trofeos
teme tu ruina
sigue sigue tu afecto
en las dulces empresas felices
de amor y de celos
teme teme tu ruina
sigue sigue tu afecto
en las dulces empresas felices
de amor y de celos
27
No te empeñes queriendo acusar
tirano y grosero
oye
en labras de tu ciega osadía
mi digno escarmiento
Sigue y busca a Eurídice que a todo
mi amparo te ofrezco
que el tirano y grosero es quien ama
dudando y temiendo
Teme sigue teme teme &c.
Sigue sigue tu afecto
en las dulces empresas felices
de amor y de celos
Teme teme tu ruina sigue tu afecto
en las dulces &c.
Entre temer y seguir
seguir elijo supuesto
que aunque no lo premia amor
mi venganza desempeño
haga señal el clarín
al estrago que resuelvo
arda todo pues yo ardo
quemar, que es maña de fuegos
y busquemos a Eurídice
en tanto que dice el eco
teme teme tu ruina sigue sigue tu afecto
¡A la playa, al llano, al mar,
acudid, acudid presto!
En las dulces empresas felices
de amor y de celos.
¡Arma, arma, guerra, guerra,
traición, traición, fuego, fuego!
Con esta repetición de música y voces se entran tristes y huyen, y se ocultan las tramoyas, y mudándose el teatro de bosque frondoso se descubre Orfeo sentado sobre un peñasco corpulento que llegue a la mediación, y ha de ser florido con varias fuentes que se despeñan de él, y en la cima un árbol copado con frutas de oro que le sirve de dosel; el suelo lo más posible ha de vestir de hierbas y flores, y mientras va cantando se va poblando el viento de varias y hermosas aves, como que le están oyendo, moviendo alas y picos. Por la tierra se vienen caminando varios troncos y fieras que le rodean como absortos y atraídos de su canto; a sus espaldas, en la lontananza, se descubren varias poblaciones pequeñas de chozas Tachado: "Pagi". cabañas pajizas que a un tiempo han de arder, y en el último horizonte un sol pequeño como que se va poniendo, y canta:
Fieras que el monte habitáis,
aires que troncos mecéis,
aves que el aura surcáis,
fuentes que el prado corréis,
oíd.
Oíd.
cantad.
Cantad.
volad.
Volad.
temed.
Temed.
Pues de Orfeo a la voz obedientes
los aires, las fieras, las aves, las fuentes,
al cielo pasar,
Pasar,
o los ríos mover,
Mover,
milagros de amor,
De amor,
que es quien me da el ser,
El ser,
exhalando en suspiros amantes,
ausente un instante de su Eurídice,
cromáticos dulces pasajes sonoros,
que explican mi mal al bien de mi bien.
Oíd, volad, cantad, temed,
cromáticos dulces pasajes sonoros,
que explican mi mal al bien de mi bien.
¡Oh, qué cortés el eco,
alma invisible de peñasco rudo,
desde el cóncavo hueco
la voz me vuelve que imitar me pudo!
Mas, sí, que a los amantes
son de Eurídice bella
las sílabas que formo más distantes;
que nada perder quiero que hable de ella,
¡oh, generosa estrella!,
la que agora me trujo
el mejor rayo del mejor influjo;
aves, fieras y troncos,
de mi voz atraídos...
17
Vuelva a ver si acaso
mi bien ausente de mi afecto huye.
¡Ay, mísera de mí, ay infelice!
Pero, Cielos, ¿qué he oído?,
que infausta voz asusta mi sentido;
a ver discurra ciego
quién dueño es desta queja.
Fuego, fuego.
Pero ¿cómo podré, si en la campaña
un volcán miro ser cada cabaña?
Patrio monte, helo,
y Eurídice quejas, ¡válgame el cielo!,
olvidase, ¡ay de mí!, restituida,
puede a sus llamas exponer su vida.
¡Oh, cuánto, Cielos, el amante yerra,
que no acude a ampararla!
Guerra, guerra.
Más ansias sucediéronse a esta parte;
a escándalo de horror, furias de Marte
repite el viento, que a ruinas dispone.
A lo lejos.
Descoge la mayor.
Carga el trinquete,
que antes que nos perdamos
al arbitrio del mar corriendo vamos.
¿Qué es esto? Fuego, tierra, mar y viento,
compitiendo entre sí cada elemento,
allí una queja suena.
Aquí amenaza militar sirena,
allá un incendio tala la montaña,
saca del golfo para la campaña
una armada del viento combatida.
Sale Chusco.
Orfeo.
Chusco, ¿qué es?
Salva la vida,
antes que esa confusión
con que a un mismo tiempo talan
los bosques con el incendio,
los villajes con las armas,
te alcance.
Pues, ¿quién motiva este horror?
¡Pese a mi alma!
Eres tú la causa, y sales
con esa zanca de araña.
¿Yo la ocasión?
¿Quién lo duda?
Pues Aristeo en venganza
de que Eurídice te elija
por esposo, y a él le haya
despreciado, ha conducido
una poderosa armada
en tu ofensa.
¡Ay de mí, triste!
Esto es ya público.
Calla, villano.
¿Cómo que calle?
Cuando Eurídice asustada
y perdida en esos bosques
se ha ido...
¿Dónde?
A cazar gangas.
Será infame que me asombre.
Dentro.
No quede tronco ni rama
que, en despique de mi injuria,
no se abrase.
¡Al arma, al arma!
Traidor, espera, que yo
borraré la infame hazaña
que emprendes.
Dentro.
¡Cielos, favor!
Esta es Eurídice.
Aguarda,
espera, que ya en tu auxilio
me presta el viento sus alas.
Dentro.
Todos menos Eurídice
mueran.
Esta voz me llama
a satisfacer mis celos.
Dentro.
Zagales, no hay quien me valga.
Pero este asombro, a cumplir
con mi pasión, me arrebata.
¡Eurídice!
¡Muera este eco!
¡Orfeo!
¡Viva esta ansia!
¡Mi bien!
¡Muera quien me injuria!
MSS/15534
Sello: Biblioteca Nacional de España
Señor.
Viva quien me halaga.
¿Qué resuelves?
¿Qué sé yo?
Que en dos iguales distancias,
de dos iguales impulsos,
de ira, amor, fineza y rabia,
cuando allí mi injuria
me convoca, aquí me arrastra
mi pasión; allí me invitan
mis celos, aquí me llaman
mis cariños, sin que pueda
más que decir...
¡Todo arda!
Salen Cleónides, Antígono, Licas y soldados con espadas desnudas y hachas encendidas, y van talando los troncos y abrasando las chozas y cabañas, y hacen la apariencia de arder.
¡Mueran todos!
¡Ah, villanos!
Lleven los diablos, sin pausa,
que a esto has esperado.
Orfeo
es este cautivo, ¡vaya al mar!
Traidores, no es fácil,
mientras de rústicas armas
aqueste tronco me sirva.
Rinde preso.
Si me alcanzas.
¿Que no ves el prodigio
con que los cielos le amparan?
Contra nuestro batallón,
de fieras rústica escuadra
se opone.
Aunque en nuestra injuria
piedras esgriman y ramas,
en vez de lanzas y flechas,
sigámosle.
¡Al arma, al arma!
Sale Euri.
¡Ay de mí, infeliz, que sola
y perdida en la intrincada
maleza, desde que pude
libertarme de la tirana
violencia con que Aristeo
por obligarme me mata,
ciega y confusa camino
oyendo por partes varias,
ruido de incendio a una parte,
a otra, estruendos de batalla,
a otra, náuticas faenas!
Deidad que empezaste grata
a favorecerme, dime
si entre confusiones tantas...
¿Hallaré a mi Orfeo?
Canta Júpiter en el aire.
No.
¿No? Pues la estrella contraria
quiere que le pierda.
Canta Júpiter.
Sí.
¿Qué es lo que escuchan mis ansias?
¿De qué suerte?
Va pasando Júpiter por el aire en un carro tirado de dos cisnes que van moviendo los picos y las alas y del seno va arrojando áspides que en llegando al tablado saltan y se mueven.
Carro de áspides.
Repitiendo canta Júpiter.
Consiguiendo,
ya que por partes contrarias
un esposo y un amante
mi ventura impedir hayan,
que ni uno ni otro te encuentre.
Lejos.
¡Eurídice!
Alegrías, alma,
que este es mi esposo.
Más lejos dentro.
¡Eurídice!
Qué pesar, que quien me llama
es Aristeo.
Repite canta Júpiter.
Qué importa,
si quien te hallare te halla,
cumplida ya del destino
la inmutable amenaza,
para su amor sin vida,
para su piedad sin alma,
a cuyo efecto mi diestra,
a quien esta acción se encarga,
estos áspides sembrando
en la verde yerba blanda
que pisas, a la verdad
el concepto que afianza,
cuanto es más fineza ver
muerta que ajena a su dama.
Cuanto es más fineza ver
muerta que ajena a su dama.
¡Ay de mí, infeliz! ¿Qué flecha
al contacto de mi planta,
hiriéndome el corazón,
hiela, oprime, enciende y pasma?
Canta Júpiter.
La que ha de hacer que, pasando
a las elíseas estancias,
de tu amante librada
y de tu esposo robada,
mi amor te consiga, aunque
tan cruel remedio le valga,
diciendo el viento en disculpa
de fineza tan tirana...
Arieta = Si llora desvelos
del áspid aleve
que el pecho te inflama,
qué puede hacer, qué puede hacer amante
quien ama.
Ansias que de fieros
fuegos severos
encienda su celo y pasme su llama,
qué puede hacer, qué puede hacer
amante quien ama
si llora desvelos.
Qué letargo es este, Cielos,
que tan violento arrebata
la vida que
Sale Orfeo.
Esposa mía,
feliz el que de tanta
confusión libre te encuentre,
mas qué es esto, tú turbada,
tú inquieta.
Ay, di, qué, cuándo.
Respira, qué tienes, habla.
Mal podré si una congoja
que apenas (suerte inhumana)
me deja (dolor cruel)
decirte (la voz me falta)
que al pasar (qué parasismo)
por esta selva (qué rabia)
de un áspid (qué desaliento)
herido el pie (qué desgracia)
fallezco al torpe letargo,
voz, aliento.
Adiós, Orfeo.
Cae Euri (y desaparece por debajo del tablado).
Folio 15 tachado en el margen superior derecho.
Ay de mí,
oye, espera, escucha, aguarda,
adónde desvanecida
tu ser la esfera taladras
de la tierra.
Música dentro, Coro de Júpiter.
Dónde esfuerce
el concepto que afianza
cuánto es más fineza ver
muerta que ajena a su dama.
Dónde esfuerce
el concepto que afianza
cuánto es más fineza ver
muerta que ajena a su dama.
Oh, Cielos, ¿para cuándo
son los rayos que Júpiter fulmina?
Caigan sobre mis hombros desplomando
la máquina del orbe cristalina,
sus ejes sempiternos,
y a los lagos avernos
llegue mi canto, ya que a sus rigores
llorar la vida por quien canto y muero.
Dos líneas tachadas e ilegibles al final de la página.
Se asume que interviene Orfeo, al ser continuación de su lamento en la página anterior.
En un vuelo rápido, cantando baja Iris.
Porque estrella impía
se apaga mi día
en su amanecer,
tirano, alevoso destino, ¿por qué?
mas ay, no lo digas, que a solo diré,
porque a sus luceros
los astros severos
no logran lucir, sino apagan su ardor,
porque siendo herida
de un áspid mi vida
sin vida se ve,
tirano, alevoso destino, ¿por qué?
mas ay, que a tanta belleza
consiga pasar del nacer hasta el ser,
porque injusta suerte
padezco esta muerte
y aún vivo después,
tirano, alevoso destino, ¿por qué?
mas ay, no lo digas, que a solo diré,
porque a este tormento
es poco un aliento
y un corto morir no es gran padecer,
mas ay, despecho mío,
qué remedio en mi pena
es lamentar el daño
si el dolor no se enmienda;
cese desde hoy el sacro
numen de mis cadencias,
que está entre la dulzura
desairada la queja,
vago espíritu bello, hermoso,
sin quien mi vida cesa,
desea vida, y es muerte
que por costumbre alienta;
aguarda, que contigo arrojado
desde esas altas peñas
al mar para seguirte se huya
mi ser, su ser desprecia;
muera quien ha perdido
todo su bien.
No muera,
que aún morir camino
de que a vivir vuelva.
Iris supremo,
embajador sagrado
de los dioses, ¿qué intentas?
Obedecer de Apolo
la benigna sentencia;
él, como padre tuyo,
que te cure me ordena,
de un luciente alcázar
medida latitud a la mansión Letea,
sígueme.
¿Cómo es fácil
que dos humanos puedan
resistir de su incendio
la celestial hoguera?
No resistas, al remedio te espera.
de final
Iris bella,
ponderar el arrojo
no es nuestra la empresa.
Instrumentos
Ya se oye la armonía
con que van dando vuelta
los inmortales ejes
de las sacras esferas.
Al rojo, al incendio,
de en las breves fracturas
de sus azules puertas
son trémulos resquicios
las diurnas estrellas.
De la eclíptica ardiente
por la abrasada senda
de los signos que pisa
las imágenes quema.
Al pértigo del carro,
¡oh, con cuánta violencia
el freno y de bronce
la cólera sujeta!
Qué mucho si al chasquido
del látigo en su diestra
se estremecen los orbes
de los otros planetas.
Pues que de esta estancia
estamos ya tan cerca,
que en su cóncavo advierta
nuestras voces requieran.
¡A del flamante palacio del día!
¡A del alcázar de la luz primera!
Borrador en el margen superior derecho: Lleguen, requieran, respiren ardiente 17 Planetas Tachado: a quien los alientos astros, luceros, estrellas 35 celestes hogueras Tachado: a quien de permita su blanda influencia Planetas y signos, estrellas y astros, gran padre del mundo, gran dios de las ciencias.
Escucha mis voces.
Atiende a mis quejas.
Al margen: X en tanto que entre continuo y acorde
En tanto que como celestes aguas
los globos eternos el polo rodean.
¿Quién llama? ¿Quiénes?
¿Quién viene? ¿Quién llega?
Y en tanto
la multitud de centellas y rayos
intenta lucir a sus ojos expuesta.
Abrid, abridnos las puertas,
que ni incendios ni rayos deslumbran
a quien ilumina mayor influencia.
Abrid, abridles las puertas,
que ni rayos ni incendios deslumbran
a quien ilumina mayor influencia.
Mientras estos dos últimos versos del canto han entrado por una puerta y salido por otra Iris y Orfeo, y se descubre el palacio del Sol, el cual ha de ser todo de columnas de fuego transparente, y en medio un globo grande azul, por encima del cual viene caminando en su carro.
Mutación\nTirado de cuatro caballos blancos el Sol, y en el aire\nse han de dejar ver en seis estrellas que le estén movi\nendo continuamente de sus signos. Y otras seis en pedes\ntales escalonados transparentes, también distribuidas si\nmétricamente en el cielo. Los cuatro primeros bastidores\nhan de ser de nubes tocadas de oro.
Mutación = Vuela = [en el margen]
Ya en el alcázar del Sol,
o te aguarda, espera,
y un mar que solo en él me anega,
que de tanto alumbrar ciega
me deja. Pero, ¿qué digo?
Calle, admire, goce y vea.
Venturoso hijo mío,
para quien generosa mi
sin esperar la aurora,
la juventud del día,
hace que otra nazca antes que muera.
Cuando por ti se quedan
sin noche los campos, sin sombras los aires,
los orbes sin nieblas.
De tu pena movido,
a dar alivio vengo a tu dolencia,
Pues ruego es fuerza,
forzoso precepto será.
a darte esplendores [tachado]
te ruega, el obsequio le obliga a la fineza [tachado]
que el poder conceda [tachado]
En los elíseos campos,
ausente de Eurídice la belleza,
esfuerza que penetres
del abismo las lóbregas cavernas,
donde amante muevas
las furias insanas, los jueces airados,
las Parcas tremendas.
Canta Apolo = [tachado]
Que mi albor que te haga Coro = [tachado]
y adonde junto a mí teman las furias [tachado]
a Cares que te guíe por la oscura cueva [tachado]
del báratro infernal hasta las puertas [tachado]
Coro = en cuya materia [tachado]
de mármol y bronce compiten [tachado]
primor y dureza [tachado]
Para tan grave asunto
como tu amor aspira,
toma esta celeste lira,
en quien asiste junto
el músico Linos su dulce encanto,
penetra, pisa el lóbrego reino del espanto,
verás cuánto se inclina,
baje el Plutón, y afable Proserpina
a tu ruego amoroso.
Oh feliz mil veces, Febo poderoso,
quien de Eurídice bella
vuelva a gozar la luz.
Por ti, y por ella.
Ara = templa la lira, el Sol guarnece [tachado]
templa, templa [tachado]
Número en el margen superior izquierdo: 84
Bloque de texto tachado: Templa, templa la lira de Apolo porque tan solo se le da vencer de la sombría el nocturno poder del Ocaso, del sacro arrebol porque a Orfeo cede el vano del Báratro espantoso solamente se le da vencer desengaños. Música. Clarín, cajas y una voz adentro.
Si de envidia el sol, etcétera.
Templa, templa de Apolo la lira
con los tiernos conceptos de amor,
que en el reino fatal de la ira,
si fineza y piedad
quien de liras amantes inspira
solo triunfa de olvido y rigor.
Templa, templa de Apolo la lira
con los tiernos conceptos de amor.
Poderoso padre mío,
en mis dedos fías una
mísera cifra, mi pasión;
desciendo a la tierra en donde
con la lira y con mi voz
logre el lauro por querer,
a mí oyéndome vos,
supuesto que ha de ser.
Templa, templa la de Apolo la lira
con los tiernos conceptos de amor,
que en el reino fatal de la ira, quien de liras
amantes inspira
solo triunfa de olvido y rigor.
Templa, templa, etcétera.
Acábase cantando a coros con esta última repetición, yendo desapareciendo las doce hermosuras de los signos, el tablado dando vuelta por donde se abre el carro, subiendo por el aire, y el gabinete de alcázar de luz, dividiéndose a trechos, y corriéndose la mutación entera de bosque y fachada de templo, y bajan.
Dentro cajas, clarín y voces.
¡Viva el valiente Aristeo!
Líneas tachadas: Momo: entre mientras esa aclamación Chusco: en tanto que a aquella salva Momo: aun amo que dos medios Chusco: aun señor que me dio el diablo
Aplaude con su rumor.
Festeja con su algazara.
El diablillo de aquel
que duende, hielo del alma,
estrago del corazón,
saltimbanqui del desaliento,
pues por ti, de hoz y de coz,
se ha entrado el desasosiego
dentro de la inclinación.
Oye, don terrible soldado,
escucha a un pobre pastor,
que de su valiente afecto...
Pintar de medroso amor
desde que me aparté solo
del numeroso escuadrón
de zagales y soldados
que juntos festejan hoy
a Aristeo que en la ausencia
de Tifeo a la porción
de Tracia, Asiria, y rastedes
me siguen ambos a dos
gozando de la pasión
presumiendo
esfuerzo de la razón
que me quieren
explicarte
que desde que mi valor
llegó a estas playas y en ellas
me distes un corazón
estoy tan mal tal dentro de mí
que parece que no estoy
lo que a que mi inclinación
va padeciendo hervores
Pues no has de atender a ese
desvalido picarón
criado de un matadero
que dicen que le perdió el hato
de amores de una mujer
Pues tus quejas no, es no
de los que amando fantasmas
rinden el seso al temor
quiéreme de paz en paz
admíteme de antuvión
Para un mal humor
un amor mendigo
Zéfiro farfantón
desengáñense
que no es ese no
el que advierte que duele apercibido
a la perfeción
Si usted de limosna
me pide un favor
téngole pagado con un hito mío
Perdone por Dios
desengáñense
Si usted por tremendo
lo propio anhela
en vez majero de susto es remedo
de la opilación
desengáñense
sino mirara que llega
a no ver -
a no mirar -
que llega Átropa y nos
siquiera impide que me vengara
¡ay, que dudo! ¡ay, qué tonto!
Por una parte al son de la marcha sale Cleónides pontífice, con picas soldados, y detrás Aristeo con manto imperial, coronado de laurel y armado el pecho; y por otra, con cajas destempladas, salen Ismenia y Flora, las zagalas, y detrás Menandro barba con una fuente de plata y en ella unas palomas. Voces: ¡Viva el valiente Aristeo y generoso campeón!
En el margen superior derecho de la página derecha: 22 / 39
Llegue norabuena
al templo del sol
Supuesto que Orfeo
le esconde el temor
y Aristeo trueca el ceño
en compasion
dediquese oi
el mayor aplauso al heroe mayor
Habitadores de Tracia
pues aveis echo eleccion
de mi amparo y vuestra patria
me elije por protector
o por la ausencia o muerte de
Orfeo logro
pues desde el dia que hirio
a su esposa el aspid (cielos
no renoveis mi dolor)
en fee de que el
primer paso del dominio
deve ser la religion
jurad a que sacrifique
al templo augusto del sol
para que tenga propicia
su deidad
Fiad que oi de esso
sabed oi príncipe memoria
de que ayer fuisteis pastor
bien discurristeis con cuánta
gustosa satisfacion
podra dejarme este dia
Calla Fenisa que soi
tan infeliz ciego que a la fineza
prefiero la obstinacion
mas io enmendare de entrambos
el destino y el error
Pues a mi cuando ostentando
llegais al templo quereis
que a de servir de oblacion
volved a cantar el himno
Repita la aclamacion
Viva el valiente Aristeo
generoso campeon
Acotación parcialmente ilegible escrita entre las dos columnas: queda [ilegible] y sale / Orfeo con la lira que le / dio Apolo en la mano
Sale Orfeo con la lira que le dio Apolo en la mano
Supuesto que Orfeo
le esconde el temor
Supuesto que a Orfeo
le esconde el temor
y Aristeo el ceño trueca en compasion
y Aristeo &a
dediquese oi el mayor aplauso
al heroe mayor
dediquese oi el mayor &a=
que es esto cielos que escucho
Sale.
en fin mi amo el valenton
por querer a su mujer
estado y vida perdio
pero a tamaña simpleza
tal castigo
aun dudandome vio
un punto mi ingrata patria
ausente, y mi aclamacion
trueca en
Pero allí miro un pastor,
de él me informaré, ¡ah, villano!
¿Quién me llama? Mas, ¡válgame un millón!
¡Villano!
¿Qué asomo o qué diablo?
Espera.
Paso, temblor.
¿De quién huyes?
¿No es usted el Orfeo que murió
de amores de su mujer?
Pues, casero fantasmón,
¿qué es lo que quieres de mí?
Decirte que vivo estoy;
y aunque aspiro a remediarte,
y pues te hallé
a tan buen tiempo, veloz
me sigue.
¿Adonde caminas?
El siguiente bloque fue añadido en el margen izquierdo para sustituir el texto tachado que le sigue.
A aquella respiración
de la tierra, boca oscura,
por donde asombros diviso;
el monte es, según las señas
que me dio mi padre el Sol,
la que junto al templo busco.
¡Qué es lo que intentas!
Tachado en el cuerpo principal: Orfeo: a aquella respiración de la tierra boca obscura al baratro por donde asombros tia.. Fileno: es espeso el monte o selva Orfeo: Pues entra en monte es según las señas que me dio mi Padre el Sol y pues va a buen tiempo esta fiera es esta
¿Dónde entras?
Ven conmigo.
¿Adonde?
Al orco.
Al orco, a la horca di tú, ladrón.
Es al báratro infernal.
Pues eso es mucho peor,
que irse a lo barato es irse
a mantilla y real de a dos,
y suele salir más caro.
Entra, pues.
¡Válgame Dios!
Entran por la boca de la gruta y, mientras vuelven a salir, se descubre la mutación de la noche hasta el primer foro, que será una vista de estrellas, resplandecientes bastidores y bambalinas; y va pasando el carro de la Noche con la luna transparente en el respaldo, tirado de dos búhos, esparcido un manto negro lleno de estrellas que en él se columbren, y, rasgándose una tela, descubiertas las puertas del abismo de bronce, con medallones, dinteles y figuras con cuellos de serpientes, y Coro que canta:
Poco importa que fuego prevengas,
tu intrépido ardor.
¡Qué espantosa obscuridad!
¡Qué terrible mutación!
No te espante, Orfeo,
su medroso horror;
que Apolo, al deseo obediente, se ofrece a guiarte;
no, no, no, que ya acude a pagarte,
penetrando la tierra, tu amor.
Sol que suple la falta del Sol mas no que la acuda
Pero, ¿qué lívidos rayos,
como que la luna entra,
por algún resquicio ilustran
el viento, aunque de este espacio
con temor?
No pienses que Apolo
intentar tan solo
prestar un favor,
no, no, no, que aún más aspiro,
pues me manda que venga a mostrar
lo que de esa puerta el semblante feroz,
no, no, no, que aún más aspiro.
A la escasa luz descubro
de bronce las altas puertas, que
son de sólido bronce.
Chocan en ellas,
con la pulida labor
compite el adusto adorno.
Miedo infunden en mí.
Con milagroso hechizo
de mi acento valeroso
postrar su rigor,
la más insigne ocasión.
¡Ah del oscuro alcázar,
de la adusta, fúnebre mansión,
de la pena y el llanto,
del pesar, la fatiga y el horror!
¿Quién turba la estación de su pena,
quién pisa los palacios de Plutón?
Un amante atrevido,
Los acentos cantados
se rompan al impulso de mi voz,
y el bronce inexorable
vénzase al fuego de mi amante ardor.
Ceda del abismo el seno,
se rasga a la dulcísima canción
de un amante ahínco,
que a tanta hazaña solo basta amor.
Al ruido de algunos truenos que imitan el estampido de abrirse las puertas de metal, se abren, y se manifiesta un foso, el río Leteo y barca de Aqueronte, y en la lontananza, con tres bastidores de cada lado, y el último frontis abierta la muralla, se ven los campos elíseos muy hermosos; y sale Aqueronte, barquero, con un remo en la mano.
Entra, Orfeo, que ningún
mortal, sino este, logró
pasar viviendo
a las viviendas esa barca.
Ven, fiero monstruo.
Eso no, señor;
dese principio al infierno;
con tan solo por tener pendón,
se puede elegir un sastre.
Pues, ¿no tienes temor,
mientras a tu amo esperas,
estarte en y te daré diversión?
¿Qué quieres, con Can Cerbero
jugar un rato?
Por Dios, proeza, afán de romano,
guiar este bote con ese pulmón.
¿Para qué más, qué es aquello
que miras?
Un escuadrón
de gentes, ¿quién es aquel
que atraviesa la valla?
Un habladentoyador.
¿Y aquel espíritu magruto
que desde aquí viendo estoy?
Es una dueña que aún trae
el infierno en confusión.
¿Y aquel?
Es un envidioso.
¿Y aquel?
Un adulador.
¿Y el de acullá?
Un embustero.
¿Y el de acá acá?
Un fanfarrón.
Jesús, pues acá está todo el mundo,
que allá me he dejado yo.
¿Y aquel?
Una enamorada.
Más que te entro dentro,
porque...
Por preguntador pasa.
¡Ah, señor infierno, detente!,
dices bien, mas lo mere-
ces penar. Pobre mundo, no habrá
quien vaya al cielo.
Vase.
Huyóse.
Cerrad las puertas.
Huye Chusco, éntrase Aqueronte y, mudándose el tea-
tro en mutación la escena de los campos elíseos, muéstrese el
muro, adornados de flores, árboles, leones, fuen-
tes deleitosas y cuadros Tachado: en medio del tablado. Sobre el renglón: calles pasarán 2.
Cupidillos se verán. Plutón y Proserpina en su trono
de majestad rojo con medallones de Cupidos de oro
con tres gradas y en la última de rodillas Orfeo con
la lira y en dos hechos tronos asimismo de oro ba-
jan por el aire tomando las puntas del pabellón Jú-
piter y Apolo. Cantan.
Canta.
Plutón.
Cantan.
Plutón.
Canta.
Compadécete
Canta.
No atiendas a su clamor.
Di, Orfeo, ¿qué osado impulso
te trae al abismo?
Canta.
Que es mi
Que es mi
Puede vencerte a un Dios, con dos vencer
con armas de otro Dios.
Monarca poderoso,
Y pues puedes sujeto
préstame en tu atención
no solo grato oído,
sino de una tierna propicia compasión
de
Mi pecho enamorado
a la saña de un áspid
mi Eurídice perdió,
un alma y una vida
que era mía,
pues este lamentaba dolorido...
no su espíritu pido,
que esta jurisdición
del mío que está en ella,
tenerle libre de ti mientras animo,
dame a mi amada esposa,
acuérdate, señor,
cuando por Proserpina
arder Trinacria,
vivo volcán, tu ardor te temió.
qué dulcísima violencia.
qué poderosa tu acción.
quién infunde en tus acentos
poder tan extraño.
amor, amor que mal pudiera
aun Dios, vencer sin armas de otro Dios.
Canta.
a rendirle fui.
Canta.
no le ha de rendir, no.
venciste, Orfeo, venciste,
asumo que no
puedo a la sonora fuerza
resistir de su canción.
ni yo, ya tu esposa es tuya.
mas te la doy,
con condición de que, mientras
no mires el resplandor
del sol, no vuelvas a verla
el rostro.
corrido estoy.
y la condición acepto.
y triunfo tan superior
voy a celebrar.
yo airado solo
huiré de esa aclamación.
yo a gozar mi amada bien,
hecha la hazaña mayor
con esa música.
Diciendo.
que solo ha triunfado amor,
porque otro no pudiera,
aun Dios, vencer con armas de otro Dios.
ocúltase la mutación de los campos elíseos y corriendo se la de la loa Tachado: que es de bosque. Escrito arriba: que sirva a este acto que es de salón magnífico Tachado: como que es templo en el foro ha de tener una estatua Tachado: de Apolo. Escrito arriba: como que es templo . Salen Aristeo, Menandro, Cleónidas, Antígono, Licas, Ismenia, Albina, Tiburón, soldados, y tocan cajas y clarines.
¡viva Aristeo, soldados,
nuestro invicto protector!
haced ecos, ¡Aristeo viva!
viva,
y dedíquese hoy
el mayor aplauso al héroe mayor.
Tachado: sus cobardes voces no viva sino es Orfeo
no viva sino es Orfeo.
tened, que voz
osadamente atrevida
las nuestras interrumpe.
Por la boca de la escotilla sale Momo.
la de quien viene a pediros
albricias de este postillón,
desde el infierno correo de los dioses.
¿qué dices?
Tachado: Momo = que allá va eso
Tachado: Orfeo, las tres ánades cantando con intención.
De sacar a su mujer
convenciendo asombros
a los dioses infernales,
y según va, a los dos
veréis presto por acá.
Qué disparate.
Qué error.
Qué delirio.
Qué locura.
¿Vienes, villano, traidor,
a burlarte de nosotros?
Si no es verdad, ¿qué es mentira?
Esta es verdad, puro adiós.
Dejad de pleitos y volviendo
Dejad que se oiga la canción.
Salen Orfeo y Eurídice.
¡Qué encanto milagroso!
Como sacar del abismo
a mi esposa, mi atención
hoy halla en esta región.
Zagales de esta región,
como el día que mi acento
como el día que mi amor
el mayor triunfo consigue,
canta, y su dicha logra,
librando del hondo abismo
volviendo a gozar del sol.
A mi esposa.
En el margen derecho: X Coridón = de júbilo llenos / os hallo con la armonía / endulzando la aflicción
Por mi Orfeo.
¿Orfeo, con su Eurídice?
Qué espanto.
Qué admiración.
Que solo piadoso en disculpa.
Tente, que el asombro mayor,
prodigio que así nos enseña
quien de amante se precia,
solo con [?] obrar bizarro
puede salir vencedor.
Orfeo, este fue el engaño
que por muerto te juzgó,
y pues que triunfante sales
con tu esposa, logras hoy
la mayor gloria generosa,
contribuye a mi honor
dando la mano a Fenisa.
Feliz mil veces soy.
Aplaudan todos tu victoria.
Generoso campeón,
a obras como quien [?] preside.
Y del rumor que os persigue
Tachado: X Repitan festivos todos
Tachado: Orfeo = resuene
Cantan, y bailan.
Viva, viva la gala del uso del sol.
Viva la gala del cielo, del
Pues que del abismo sale veloz.
Pues que del abismo sale veloz.
Viva la gala del sol
Este sí que es digno de la aclamación.
Viva la gala del
Este sí que es digno de la aclamación.
Pues por él repite el eco a una voz.
Pues por él repite el eco a una voz.
De Luis Fernando en honor
ceñir el laurel espere
quien mayor hazaña hiciere
con música y por amor.
Tened, ¿qué es esto, no veis
deshacerse de resplandores
la esfera de luz veloz?
Y cuántas deidades
esta festiva invención
empezaron en la loa
descienden en las mentidas
plantas del viento descienden.
Diciendo al coro
Vuelvan a bajar el trono con la majestad en la forma que estuvo en la loa la Representación, la Poesía, la Pintura y la Perspectiva, saliendo entras paños ya asidas sus sillas, y presentándose a la vista los dos Imperios de Tierra y Mar en un león y un pez de plata, y cantan.
De Luis Fernando en honor
ceñir el laurel espere
quien mayor hazaña hiciere
con música y por amor.
Ya es tiempo célebre Orfeo,
Ya es tiempo célebre Orfeo,
Ya es hora, invicto Anfión,
de que en el empeño mayor
de que en la empresa mayor
deis cuenta del encargo
Líneas tachadas y reemplazadas en el margen derecho: deis cuenta de como habéis desempeñado el honor y vos en el glorioso asunto que a vosotros se encargó quien debe ceñir el sacro triunfante laurel de tanto aplauso, los dos esfuerza, gane quien más tire con el obsequio el laurel el digno laurel.
Yo
Yo
Eso es volverse al principio.
No es tal, pues pudo mi voz
atrayendo lo insensible
dar a las piedras acción.
No es tal, pues logró mi acento
penetrando la región
del abismo, hacer posible
lo mayor consiguió .
Pues a festejos tanto
Pues a tanta obligación
Solo el que proezas hace
lograr quedará el galardón .
Solo el que y en su logro mayor
aquieta su fiera condición
logra de su amante ambición.
Yo he salido victorioso.
Yo he quedado vencedor.
Parad suspendidos los ecos
qué engaño, qué presunción
a bastarda persuasión
que ninguno de los dos
pueda hallar a tanto bien asunto
competente aclamación.
A que tú, que un imposible vences,
tú, que un prodigio ofreces,
hacen más unidos ambos
que cumplir con el menor
motivo de la alegría,
quedando de quien nos demostración
que aun dentro de lo imposible
quepa, ni en bulto pienso.
Y así, con quedar iguales,
os contentad, mientras yo
hallo la cuestión rehúse
a un concepto a otro mejor.
Pues es de Luis en aplauso
reduzco la decisión,
diciendo en unidos ecos:
De Luis Primero en honor,
solo ensayan este día
de Filipo y de María
la grandeza y el amor.
Tachado: Con esta repetición a pasando Castramoya
Repitiendo esta copla van desapareciendo unas por el aire y otras por la tierra, y quedan los veinte y cuatro. Grande danza, que en habiéndola ejecutado dan fin =