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Texto digital de Con música y por amor

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Con música y por amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/con-musica-y-por-amor.

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CON MÚSICA Y POR AMOR

Pag. 1

Con música y por amor. Comedia de don Antonio de Zamora.

Pag. 2

Con música y por amor.

Comedia en 2 jornadas.

La 1ª parece de D. Antonio Zamora.

Y la 2ª de D. José Cañizares.

Leg.º 4.º S 5-6

Pag. 3

Jornada primera

1 Jornada de la comedia de Con Música y por Amor Personas de la 1.ª Jornada Anfitrión Ceto joven galán Leombas Lisíbas, } Etescron Pantemo zagal barba el Amor Marte Vulcano Tres Cíclopes Gayo zagal rústico Mosqueta zagala rústica Soldados Átomos Tezamira amazona Hebe zagala Venus cuatro Ninfas Talía Polimnia Terpsícore Melpómene Euterpe Clío Urania Calíope Erato Soldados y zagales Músicos

Jornada primera

Pag. 4

Cabecera: Jhs (con Musica y por Amor) Maria t. N Joseph

Margen izquierdo: Letra.

Cantan Amphión, Orfeo, Magestad, Arquitectura, Pintura, Todos.

No nuestro vuelo

cortando un cielo desampare un cielo,

volved, volved a iluminar la tierra

porque logre mi intento.

Acabándose de ocultar todas las tramoyas, las demás personas, y en conclusa la loa, se muda el teatro en bosque salpicado de peñas. En el foro se verá el río Leteo y en la última enramada el Citerón, monte corpulento, sonando cajas y clarines.

Margen izquierdo: dentro tambores

Voces.

Guerra, guerra,

sale, soldados, bajo orgullo ciego

a la porfía intrépida del fuego.

Dentro Jefe.

Tened, tened la saña,

pues veis que de mi cuenta me destierra

el temor.

Margen izquierdo: dentro voces

Unos.

Fuego, fuego.

Otros.

Guerra, guerra.

Anfión.

Guerra, guerra, otra vez repite el monte,

pero qué nuevo portento

que si yo no estoy ciego, esta es la umbría

inculta estancia de la selva mía.

Margen izquierdo: Mirando al foro

Orfeo.

¿No es aquel el Leteo? Sí.

¿No es aquel Citerón? También.

Uno atlante de esmeralda

y otro cristal que a su falda

argenta el florido pie.

¿No es aquel? No es aquel.

¿No es aquel el Leteo? Sí.

¿No es aquel Citerón? También.

Pero en qué suspende mi desvelo

el reparo de parlerías mudas

en averiguar mi atención salga

tan rara novedad.

Salen huyendo Basto y Menguilla, zagales rústicos.

Los 2.

Baco me valga.

Pag. 5

Anfión.

¿Qué es aquesto, zagales?

Ruf.

Bien, por necio,

teniendo el susto más allá de muerto

¿quiere usted en un punto

que reviva la chispa de un difunto?

Anfión.

¿De qué huís, dejando los villajes?

Mag.

De un ejército entero de salvajes.

Dos versos tachados e ilegibles.

Ruf.

Pero ¡ay, pobre de mí! Porque si tardo

ni un lado en escapar.

Dent. Leon.

Mujer, aguarda,

y no, por más que vueles

a dar nueva excepción a tus laureles,

pienses de mí librarte.

Sale Febe, huyendo.

Febe.

¡Piedad, cielos!

Y no a tantos bajos monstruelos

despojo infame aliento, al ceño de la fiera

qué beldad tan infeliz.

Anfión.

Zagala, espera.

Febe.

¿A quién, puesto de la parte de mi muerte

me embarga el curso?

Anfión.

A quien murió de verte.

Febe.

Déjame ir.

Anfión.

Dime antes, si es que ha sido

(Desemboza)

Anfión.

la hermosa madre del rapaz Cupido,

vences el sol, o la blanqueza eres

en que se hacen dudosas las mujeres.

Febe.

Después de forzada, lisonjero...

Ruf.

No me la requiebre. Callaré yo,

porque es la queridita de su hermano.

Anfión.

¿Qué es lo que quieres?

Ruf.

Yo...

Anfión.

Calla, villano.

Febe.

Zagal, en cuyos brazos, al encontrar vengo

mi amparo, de la fiera de que yo me ofendo,

no mi fuga embaraces; ven.

(Éntrase Febe huyendo y Amp. tras ella)

Anfión.

¡Ven, rápido cometa!

Corta la selva, vuela, que te he de seguir.

Dent. Ceto.

Huidas no hay de mí, en tan necio aprieto...

mi justo amparo.

Por el mismo lado por donde se fueron Febe y Amphion, aunque por distinto bastidor, sale Ceto, joven zagal, con un venablo en la mano. Por el de enfrente Leonides, general, como vestido de pieles, con arco de armería tracia al hombro, y algunos soldados en el mismo traje con chuzos. Crúzanse de frente.

Ceto.

¡Ah, de las matas!

Leonid.

Di, ¿de qué sirve? Di.

Ceto.

No huyas.

Leonid.

No huyas,

pues dar sabrá mi amor por bien perdida

mi vida en la defensa de tu vida.

Mag.

Presto no guardaremos el pellejo.

Ruf.

No es chanza; adiós, Hebe.

Mag.

Adiós, parejo.

Leonid.

Zagal, cuyo valor librar procura

al bello esplendor de una hermosura,

si morir quieres, presto...

Cala uno la flecha, otro arbola el venablo, y entre los dos se interpone Thetamira, amazona, con arco y flechas, saliendo con ella los más soldados que puedan con el mismo traje que Leonides, con troncos desramados en la mano.

Thet.

¿Qué es esto?

Leonid.

Esto es nuevo culto

que a mi belleza suma vida indulto.

Ceto.

Esto es segunda Bárbara Belona,

por lo que entre su favor una dama que le salva dando un amor,

dictan cuál de los dos asombros a tu aliento

poco trofeo elige de la fiera

por un zagal que me rinde ofendido

si advirtiera un nuevo despojo.

Leonid.

Thetamira, la ocasión no en mis desvelos,

ajena prenda el amor, formales celos.

Gallarda Thetamira,

que no es nueva perfección tuya

que porque Cadmo, príncipe famoso,

disfrutando dominios y suspiros

Pag. 6

Leonid.

de Temis, su deidad labró arrogante

esa de aquí ciudad poco distante,

tan en nuestro perjuicio, que para ella

no solo nuestros ritos atropella,

sino que en fuerte brío, o valor o arte,

más resguarda en el dragón de Marte

mi intrépida arrogancia (al verle ausente)

capitaneando el vulgo de su gente,

hacer polvo desea

la presunción de la ciudad Cadmea

sin más armas, que temidos

mudos venablos, de arrancados troncos,

pues aun falta el clarín de sus ecos roncos.

Porque extrañas, las temo, mirando que le amo y que

que ese rapaz pastor muriendo pague

la osadía de ser quien me ofenda

que como a todas esa quinta encienda

que en el cristal bravío del Teseo

se está mirando nuevo Narciso.

Ceto.

Y en esa fiera

ni mi tenaz celo, ni mi ardor pureza

creer estorbarle su inigual empeño

menos da a mi celo, de alevoso ceño

informaré mejor que así se enyela.

Nict.

Sí, pues que la envidio, despacio sana

Ceto.

Esa feliz, y cercana quinta, amena

que hoy deheso, y al coraje estrena

mandan de tebe fue Zagala hermosa

aquella sola deidad para ser Diosa

dignísima de ser la

y al ver que ama venganza la que es queja

muriendo de la llama altiva

por la maleza iba

de este bosque según su ademán me dijo

cuanto en mal tan prolijo

seguida y perseguida

de ese que llamaba Perfección y vida

creció desvelos el tormento suyo

bien de las voces, que me dijo arguyo

que al ver su resistencia

solamente amanece de la Cadmea

segundo Anfión de la luz más pura

que es muy para adorada su hermosura

reduciendo a acasos la batalla

en una confusión.

Nict.

Villano calla

que el celoso coraje no desmientes,

Temis.

Pues mientes si a fin tú solo mientes.

Nict.

Cesa temeridad

que y pues aun duces; no solo he creído

si pues es a despecho de mi mal

mas piadoso el valor de Atalanta

de Apolo y de mi parte

de Atenas aquel para ampararte

Cadmo que si con el socorro tarda

encomendó de mi ciudad la guarda

que yo pues no mudada se mantiene

haré temblar a él si acaso él viene

Ceto.

Cuánto os engaña vuestro orgullo ciego

Nict.

Te doy la vida, y me provocas fuego

Ceto.

Está bien

Nict.

Vete pues

Aquel páramo

y me acerco al tronco de los ramos

todo pereza.

crecen mis duelos

no más

Ceto.

Y esa es piedad?

Nict.

Nada, estos son celos.

Ceto.

Pues teme que

aquellos triunfe quien perezas llora

Leon.

Creo mío

Pag. 7

Met.

calla infausto

que aun los requiebros

dadme un hacha

maleza enrredar el bosque de mi planta

lasiva que de mí alimentando tristes congojas

aun el lijero estorvo de las ojas

Leomed.

que consigue un favor, o cuánto yerra

Solo.

guerra guerra

y canta Metanira una hacheta enramada. Al entrarse los detiene Marte que baja armado con lanza y escudo y sobre un caballo blanco con alas, y canta al se parar de frente en el medio

Marte.

Guerra Guerra sanas

fuego, fuego enojos y

Pero, ved qué vemos

que lo que hay solo es del logro al despecho

solo es lidiar a despechos del logro

Leom.

Guerrero Dios, y

Metan.

Marte altivo

cómo nos suspendes?

Met.

cómo

no añades el ardor

en vez de avivar el logro otro

Cantan y danzan todos.

Cant.

Mart como quiero

si guerrero ha de ser

ha de triunfar el encono y se

que con arte

si a la saña

la campaña

de troncos ha armado solo

mis sospechas

mudaran contra las flechas

en los escudos los troncos

decid: alado

viento pesado

seguid el norte vosotros

que al arrullo yo

volaré

Y su desdoro

Texto insertado en el margen izquierdo: + Confesando auras / que hay zelos al despecho / solo es librar a despechos del logro

Metan.

Ya te obedecemos Pero

ya que en el Oriente presto

A leve encina viene

son alijeros los topos

ronqueras donde nos llenas

Mar.

donde atropellando estorvos

que entorpezcan fabricar

de los chaparros

en el taller de Vulcano

consiga daros piadoso, Pues

voluntarios armas siendo

de Phenisa las que escudo

Presumid ante

en mi fragua con mi fuelle

imponed a los jactanciosos

con desentrañar corales

enrrostrar los arroyos

Leom.

bien haces, vaya, mi ofensa y

Met.

dices bien, viva, mi oprobio

Sold.

Marte viva

Mar.

no digais

sino encontramos elogios

Muera Temor, y

Marcha a lo lejos

Todos.

Venus Muera

Met.

o qué mal Cielos arrojó

de mí una sospecha

Leom.

o cuánto

aun las cóleras adoro

Mar.

y de metanira

y en aquel

continuo clarín lozano

que despues de cantar dulce

habiendo de quedar ronco

de la Mancha nos avisa

del contrario

Sin cesar la marcha se va acercando

Ant. y Leom.

Y no es desdoro

vencerte la espalda

Mar.

no

en un marcial pecho

tanto es retirarse cauto

como batallar furioso

Todos.

cobardía

Mar.

mas amor es

Todos.

cobardía

Vamos

Pag. 8

Página izquierda tachada en su totalidad: Marte con dichos reyes. que destorbar todo el logro, a despecho volver a gritar a despechos del odio Ocultase Marte y todos como yéndose se muda el teatro en campaña compuesta de peñascos, cavernas y ruinas de disfraces; de por adentro se ofrecen cajas y pínfanos de campaña, y salen Partenio y Lindo, soldados; descubriendo Festimundo y sale Ulises a la romana con bastón. Partenio. Soldados, donde vais Lindo. a dejar soldados a morir tan a la ligera que perezca con mi vida la de tantos con mis cuidados Partenio. advierte que un General por un ímpetu ardiente no ha de aventurar su gente Lindo. dejame, Partenio, o mal de mi furor satisfecho Soldado. General, tú implicas mi indignación Lindo. en mí Partenio. caiga a la razón a pesar el despecho Soldado. para Lindo. en vano el ruego [...] esta que ni [...] desmayos Partenio. Vuelve y repórtate a mí tributan todos despojos Lindo. y que asi intentas Partenio. que te a la vista del enemigo disminuir su caudal? Lindo. y Lera... Partenio se que dejando encomendada a esta ciudad a mi espada Cadmo el día que él se ve ausente, y de su igual ve partiremos me valiendo acero por dos veces ese fiero hado bárbaro avaro, Dúo. volver por mi fama pues [...] fuerza [...] la honra es la que se desea la vida la que no se ama. Notas marginales: Ocultase / Marte y / se muda / el teatro / en / campaña / y minas / de disfraces / de por adentro / cajas y / pínfanos de / campaña / y Lindo, y / salen Ulises / con bastón Dependese / y que se ambienten / el tirar todos

Todos.

Viva Babilonia!

Entranse siguiendo a Marte y por el lado contrario salen como descubriéndolos Lindo General, Festino, Gestón Capitán, Partenio Pastor, varios soldados y cajas fenece

Lindo.

No prosiga

la marcha, y dando guarnición

párese a punto de guerra

la gente.

Partenio.

pues qué te obliga

tiendas a suspender?

Lindo.

el designio con que vamos

hacer por entre los ramos

Partenio, alcanzado a ver

desde la empinada altura

que domina la maleza

mas un joven, ay de mí!

relámpagos de deidad.

Partenio.

pues bien esa novedad

que puede importarse a ti

si en tan desigual partido

Lindo.

no hay medio

poder tener

esperanza de vencer

o fuerza de ser vencido.

Festino.

bien dices, o triunfa o muere

Lindo.

ese intento es, Festino

Partenio.

mira que en sola una accion

exponer un reino quiere

tu esfuerzo, y que un General

por un resabio ardiente

no ha de aventurar su gente

Lindo.

en su estrella tan fatal

yo solo, Partenio, sé

que dejando encomendada

a esta ciudad a mi espada

Cadmo el día que él se ve

Pag. 9

Lico.

ausente, y en igual lid

venció mi valiente acero,

por dos veces, ese fiero

nudo bárbaro atado;

debo volver por mi fama,

pues en la marcial tarea,

la honra es la que se desea,

la vida la que no se ama;

demás de que la ciudad

no muralla qué defensa

puede hacer, en tan inmensa

apuesta de crueldad,

que no sea acometer

hasta vencer, o morir;

y pues, solo el argüir

es dilación del hacer,

demos tras él...

Parténope.

Considera

en una ruina segura

no es valor, sino locura.

Lico.

No porfíes.

Parténope.

¿De manera

que nada te templa?

Lico.

Nada.

Parténope.

Pues al arma, que aunque teso

en mí no inútil el ceño

de que se embote la espada.

Lico.

Espera.

Parténope.

¡Ay, Anfión!

¡Ay, Ceto!, que pues nuestro

ser, más padre que maestro,

desde que aún educarnos

se propuso, me aflige

el haberos de dejar.

Efeto. Toca tambor a marchar.

Lico.

Y tú cuidas que los ves;

voy, pues ya despido el ánimo;

voy a que, picando el acero,

al bosque le busco dentro

del acampamento. ¡Sus,

al empeño,

y a la palestra!

Tachado: sal. a la bat. / 300 / Part. a ti potente / Jove. si igual auxilio / no enmienda la piedad dia / no vengues en mi despues / lo q no a errado mi amor.

Parténope.

¡Oh, tú, potente

Jove!, si igual auxilio

no enmienda la piedad mía,

no vengues en mí después

lo que no ha errado mi amor.

Con la marcha se van, quedando solo Parténope. Al entrarse le detienen, saliendo por tres partes de distintas, Ceto, Anfión y Hebe, y detrás Zefa y Mag.

Hebe.

¡Parténope!

Ceto.

¡Padre!

Anfión.

¡Señor!

Parténope.

Hebe, Anfión, Ceto, pues

¿dónde, de esa manera,

los tres a buscar consuelo entráis?

Parténope.

¡Ay, infelice de mí!,

que aunque yo darósle quiera,

no es posible.

Los tres.

¿De qué suerte?

Parténope.

Como aquel marcial acento,

aunque no es lo que más siento,

me lleva a buscar mi muerte.

(Vase)

Hebe.

Oye.

Anfión.

Escucha.

Ceto.

Aguarda.

Zefa.

En vano

al vejete siguen.

Ceto.

Amigo, hermano Anfión,

¡qué mal el dolor resisto,

de que quiso la fortuna

que guardase en prenda

mi oculta belleza,

y de la suerte importuna

en la palestra marcial

dispone el cielo también

que no sea el querer bien

disculpa para obrar mal.

Pag. 10

Tebe.

En tanto que en un yelo yo

cuido de la vida para que respiro.

Anfión.

Yo ya te he dicho que no,

y mas osado, y robusto

a bista de tu ardiente,

lo prefiera tu mi aliento,

lo que es honra a lo que es gusto.

Amõ.

advierte

Anfión.

antes es mi fama

Amõ.

y mira

Amõ.

muy nada ay que ver

Anfión.

que faltas a una mujer,

Ceto.

que aventuras a una Dama.

Gus.

y sobre cual muere primero

ay pleito

Morg.

callad necios.

Tebe.

vuestro valor competido,

o como me adula! Pero

como siento en igual pena

ver que de mi se desvia?

Amõ.

ay! infausta tebe mia!

Anfión.

soy triste Hermosura ajena!

Tebe.

Asi pagais mis desvelos

sin amparar mi temor?

Ceto.

es de amor!

Anfión.

no ay, es celos.

Tebe.

pues esperad, que antes que

quedeis los dos a reñir

me he de ir yo.

Los 2.

se ausenta?

Tebe.

si,

que aunque lo sienta mi fee

no ha de decir la memoria,

que en lisonja de dos necios

por hacer de un cariño

he estorbado una Victoria.

Gus. y Morg.

dice muy bien. vamos ama.

Tebe.

nadie me siga, Ceto. adios,

quedaos tan bien, adios,

adios Amphion.

Vase

Ceto.

y a coronar los dos

Gus.

de laureles vuestra fama.

vase

Amõ.

que se le hizo ocultar

como encanto y de repente?

Anfión.

tan bella es, como valiente.

Amõ.

tan osada es como hermosa.

Tira el venablo

Gus.

ay va

Ceto.

que el tiempo dira bien presto

quien es Ciego.

Tomando el venablo que traia y se le oculta

Morg.

Bueno va esto

mas pues nos dejan aca

escondete para ver

Gus.

que ace estotro Rapazon

Escondese cada uno a un lado, y quedando solos Amphion, y Amor, poco a poco se van sin ver el uno al otro, y una con otra se atraviesan dos flechas, saliendo por espaldas un corazon de cera y de oro.

Amor.

Amigo o Rapazon.

Ya llego el tiempo de hacer

publico al mundo que en do

soy Jove Inmenso, y Rayo

Mas ay que un nuebo desmayo

al corazon as infundido

Porque te he de amar,

desde el punto que te vi.

ahora cantan...

Anfión.

no logre mi fee

mal cabe querer la dama

de un hermano, y de un amigo

sin ser villano. Mas que digo

en tan nuebo frenesi

ahora que aborrece.

Cant. am.

Ay

Anfión.

y vuelvo a penar

Cant. amph.

Yo

sonoro cisne de Jove

como canto ya

en el choro de Acaia,

la ruina de Semela

y estar celoso, y amar.

Pag. 11

En el margen izquierdo aparece la palabra "Gloria" tachada.

Cant. amph.

Respirar, aunque atentas

al logro de su saña,

pues sobre el ardiente

globo que te ilumina

para hablarte, las flores

conmuto en las ansias.

Baja Cupido.

Cantan los dos.

para que ocupa

de que sepan, y vanos, aleves,

y obrar como finas.

Tachado: Anf. qué dices? Cupido baja a ese asiento

Anfión.

que olvidando tus penas

eleves tus campañas.

Cupido.

Advierte que el orbe

que a deidad obligas

cobrando otro portento

el fiero reptil viva,

y pues a otra Britania,

su cielo te encamina,

sube a mi trono.

Anfión.

Vamos.

Los dos.

Porque no ignores que deja

para que ocupa

de que sepan, y vanos, aleves,

y obrar como finas.

Suben en el globo los dos, y mientras suben poco a poco, salen de donde están escondidos Jusfón y Margarita.

Jusfón.

No has visto como un muchacho

con alas de golondrina

se le lleva?

Tachado en el margen: ilegible.

Margarita.

Más que aquí anda

la bruja falsa.

Jusfón.

Calla simple, que pues parlas

es una gran golosina

para contar el suceso

tomemos aldas en cinta.

Margarita.

Espera, que aun en el aire

repiten sus gargantas:

Ocultándose.

Cantan los dos.

para que ocupa

de que sepan.

Margarita.

Ya se fueron.

Jusfón.

Pues volón.

Margarita.

Anda, que es bruja.

Jusfón.

Ande golosina,

y manos a la obra.

Margarita.

Vamos.

Cantan los dos y Margarita otra vez. Repitan.

Cantan los dos.

para que ocupa.

Sello de la Biblioteca Nacional de España.

Pag. 12

Al mismo se muda el teatro en armería calada de perspectiva, calles cubiertas su fábrica de paredes de todo género de armas, con una mesa en medio que mantienen cuatro ninfas, sátiros o sirenas; el foro está partido en dos arcos correspondientes. En el de mano diestra se verá un pedazo de jardín que remata en un cenador donde estarán Venus y 4 ninfas. En el de la siniestra, unos arcos interiores que van a parar en una fragua donde estarán Vulcano y sus tres cíclopes; y sale Marte armado de alcaucer. Metan, y demás soldados.

Marte.

Pues todo se facilita

al imperio de mi voz,

En el margen derecho, junto a los versos anteriores: Voces dentro

Metan.

deja que al ver tan distinta

y bella confusión, acierte

de sosegarse la vista.

Soldado.

¿Qué admiras?

Temid.

En tres partes

su fábrica dividida;

después que cesan los dos

altos incendios que brillan,

las armas, fragua y vergel

hacen a su perspectiva

el murmullo de las hojas,

desmintiendo a las chispas.

Metan.

Allí, si no nos engaña

la distancia que media,

con sus ninfas Venus, todo

cuanto florece domina.

Temid.

Y allí de Vulcano al mando,

en su fogosa herrería,

sus tres sayones las flechas

que después templan, fabrican.

Marte.

Pues de una y otros me intento

valer, las cláusulas mías

los llamen.

Temid y Metan.

Nuestra atención,

por no estorbar, no respira.

Canta Marte.

¡Ah del taller cavernoso!

Pag. 13

Adela adusta o fiera

en el chiste de Juno

Canta Marte.

abrasar puede o marchitar,

las flechas y balas intrépida arroja,

los dardos que pone al ejército armada.

A de la fragante espesura,

de la hermosa madre de amor

dispuesta. Qué, ¿o marcial?

las hojas que el soplo del ábrego riza.

Vulcano llama a Venus, y Marte, mientra, tiene

Cantan la música y 2.

Venus, deja esta fértil estancia florida,

Marte, oye, dejad entrambos,

para un lance que apura,

de la fragua las fatigas

y del vergel las delicias,

pues en lances que os cruzo

conmueve mi armonía.

Repiten. Vulcano, y Venus tablado, el uno por Cíclopes en hombros, y Venus los otros Ninfas.

Cantan, y salen al mismo tiempo en un peñasco grande, el uno con arcos y flechas, al sarao, y nunca se hace... o los dos logres, que iguales asistan, de entrambas deidades. Cíclopes y ninfas.

Vulcano.

Oh deidad poderosa.

Voz porque en ella se admita

franquea la voz... en la mar sup. los senados caudados

Venus.

Oh, de mi armonía,

sepa ya qué queréis,

profunda mansión rompió

las pisadas líneas.

Sepa qué intentas.

Marte.

Que para victoria nueva,

que ya ven en las armas tuya

puesta en preceptos la ira,

franqueéis, desnudéis tus pechos.

Venus.

Y pues el rencoroso alivia

ved que de mi hijo el poder

Marte.

Cupido irrita

en favor de Cadmo, no.

Venus.

No,

sino de cierta caricia

que quiere estando celosa

obligarla a estar más fina.

Marte.

Eso lo dirá el efecto.

500

Marte.

después del peso y gota

el pecho, el yelmo y adarga,

templadas corazas brocan,

arneses, yelmos y escudos,

flechas, espadas y picas,

Vulcano.

Están bien. Y porque veas

que nada hay que se resista,

ha de ser vanidad mía

Brontes y Estérope.

Los tres.

Señor.

Vulcano.

A prisa

las alas, fabricad las flechas,

que o vientos a son de preas

a las paredes de acero

o empavesan, o entapizan.

Los tres.

La acción responda.

Repartidos por varias partes entran y salen batiendo, a la musa, otros forjando las espadas, para que después van dando a León los soldados, las ninfas.

Venus.

Vosotras,

porque yo también le sirva,

León.

En mi misma enemiga

metan el estado estas tus quejas

León.

Que con ser no escuchadas

Vulcano.

Llegan donde repartidas

las espadas

para tu nueva conquista

Pag. 14

Venus.

A los tonos de fieras

mientras que a las orden dejan.

Tachado: Y repiten los demas, se van / de flores brutas con plumas, des / Metan y Leonides.

Margen izquierdo: Canta Venus, Marte y Ninfas, adornando todos el pecho para que prendan los plumeros todos.

Música.

Armese, armese la venganza,

armese, armese la osadia.

Para que a un tiempo

Tachado: Vense unas...

Leon.

Temed el vengarse a un tiempo,

preven y buelvan.

Met.

Si, desnudo el pecho supo

exponerse, ¿que hara el dia?

en el auto a un tiempo se adornan y se fortifican

Mar. y Mus.

Armese, armese la venganza,

armese, armese la osadia.

Leon.

En el cristalino espejo,

donde ciego haran mis iras,

que del imperio, el espanto,

vea copiada su ruina.

Todos los Mus. Solo.

Armese,

que nuevo valor se infunde

al pecho.

Meta.

Espera, a la vista

de igual furor, con mas causa,

aliento.

Margen izquierdo: Dando dentro voces feminas, cajas, trompetas.

Mar.

¿A que fin es esto,

como de los contrarios

obstinada la porfia,

sin duda avanza la furia?

Leon., Celio.

Dentro de esa estatua umbria

mueran todos.

Todos.

Todos mueran.

Puestos Metaura, Leonido y los suyos de la vanda izquierda, salen con las espadas desnudas hasta dar carga a los soldados y rayales fenicios, poniendose enmedio Venus, Vulcano y Ninfas.

Vulcano.

¡Donde deslumbrada atina!

Mortal tropa, cuya propia

ceguedad os encamina.

Venus.

A mis aras muchas veces

perdeis, a la estatua mia,

el respeto.

Leon.

Como ciegos

estamos a esa obscura ruina

fiera caverna, y no alcanzo.

Celio, Licas e Ismeno.

Pero, ya esta ofendida

la deidad, perdone Venus,

que no ha quedar con vida

ningun osado.

Margen izquierdo: quieren embestirse Met., Leon. y suyos. Mas cayendo bien apriesa (600)

Vulcano.

Y den que hacer

unos a otros.

Venus.

Vengar una ofensa permita

este ultraje. Mas, ¿que aguardo,

que de nubes denegridas

no pueble los ayres?

Aqui empieza la tempestad y suben de atras escotillones, que ha de haber, tres cupidillos volantes, y en los ombros traen unas nubes obscuretas que, cruzando diagonalmente, confunden el teatro; y por entre ellas lidian unos y otros, van mezclandose hasta retirarse los fenicios.

Marte.

Aunque

la tempestad nos impida,

¡a ellos, asirios!

Leon.

¡Fenicios, a ellos!

Met.

La tierra oprimida

del peso, en negros vapores

vagos estorbos respira.

Celo.

¡Que horror!

Bart.

¡Que susto!

Solo Amor.

Al arma, arma.

Solo feniz.

A la venganza.

Canta Venus.

¡Que piedad, si asustadas mis ninfas

a la invacion de callados incendios,

confunden el ayre quajadas cenizas!

Pag. 15

Entranse unos tras otros

Ellos, Músicos.

El piélago brame,

el abismo gima,

confúndase el viento

y apáguese el día.

Asid.

¡Oh Cielos! Pues todo

Marte.

es espanto, asombro y grima,

segundos de mi campaña,

igual cuestión se decida.

Inmeneo.

Bien dices.

Momos.

Eso pretendo.

Unos.

A la selva.

Otros.

A la marina.

Todos.

¡Piedad, piedad!

Venus.

A tu fragua

ve, Vulcano, de mi ira;

mientras yo me restituyo

al vergel.

Vulcano.

Sí, pero unidas

las voces aquí resuenen,

entre tanto que allí lidian.

Vuelan Venus e Inmeneo.

Ellos.

El piélago brame,

el abismo gima,

confúndase el viento

y apáguese el día. 620

Cae 2.ª Mientras se retiran por este lado Vulcano y los 3 cíclopes, Venus y sus 2 ninfas, escondiéndose los Cupidos por los varios calados de la mutación, sin cesar dentro las voces hasta que al dúo secunda *. 590 380 970

* Cae la mutación de ruinas de edificios, chozas y barracas, con la ciudad de Tebas en el último término de la lejanía compuesta de variedad de fábricas humildes y magníficas. Y por mano diestra se va dejando ver Amphión en un carro dorado, encubierta con varios pedazos y preseas de nácar, floridas; cantando al compás de la lira, y tras él, como atraída o arrastrada, parada de peñascos, cantan pastores, rústicos y varias fieras.

Pastores, rústicos y varias fieras.

Seguid las dulces finezas,

llore con dulzuras de un dolor,

que aunque vuestra fiereza aleve

por el hechizo se mueve

de los suspiros de amor.

Anfión.

Pero ¿dónde, mi siempre adorada,

bellísima Hebe,

entre el bélico espanto, aún nota

su luz anochece?

Mas si, acaso, mi hermano idolatra

porque quieres, porque quieres,

consolarle esperanza con verla,

sin ver que la pierdes,

¡Ay dolor! que al beber de mis celos

el trago ardiente,

solo en quejas pronuncia mi pena:

Dentro varios pastores.

¡Deidades, valedme!

Huyen soldados a la ciudad.

Soldados y Pastores.

¡Venus, piedad!

Cazadores.

¡Cielo, piedad, Júpiter!

Anfión.

¡Infeliz de mí! ¡Qué portento

hizo mi estrella que encuentre

en la queja de los aires

el golpe de los reveses!

Pero si, en fin, la quietud

es culpa del carro, deje

el portátil lecho, y vea

qué nuevo susto sucede,

que obliga a decir, llorando:

Vase ocultándose el carro en la parte opuesta, quedando el paraje a oscuras por el tablado.

Pag. 16

Margen izquierdo:

Al entrarse le detienen Isindas y soldados

Al lado contrario le detienen Partenio y Zagales

Ásense Ceto, Jebe, Inf., Morg. y Grif a él

Texto principal de la página izquierda:

Tachado: sol. y lin. atados

Sol. y Isin.

Amphión, detente.

Anfión.

Pues tú eres mi hermano,

y aqueste paso me cierras,

Ceto habla

Zag. y Par.

Amphión, aguarda.

Anfión.

En vano embargar pretendes

mi curso.

Ceto y Jeb.

Espera, Amphión.

Anfión.

Sí haré, pues contigo viene

en la razón que me arrastra

la beldad que me suspende.

Mas sepa yo, ¿cuya causa

en desbaratados tropeles

corren la selva?

Inf.

Ahora estamos

con dimes y con diretes,

¡ay, tal flema!

Morg.

Flema, calla.

Grif.

Flema, que callar bien se entiende.

Anfión.

¿Duda es esto?

Isind.

Esto es

que en asalto tan inclemente

echando el último resto

en la mesa de la suerte,

a impulsos de nuevas armas

con que los pechos defienden

en la gruta y la campaña

nuestros ardimientos vencen

Leónides y Metanira.

Part.

Esto es pérdida la gente,

retardados los socorros

banderiza ya la plebe,

y en fin sin recurso estar

tan en brazos de la muerte

que aun con lo que se respira

nos parece que se muere.

Anfión.

¡Ah, adversa fortuna!

Ceto.

En fin,

esto es fiar solamente

en tu amparo nuestras vidas.

Anfión.

¿Cómo lo que tantos pierden

podrá uno defender solo?

Jebe.

Tú eres Amphión, y no eres

el favorecido hijo

de Jove, aunque semideidad,

en tu lira con que hechizas

el poder con que suspendes.

Anfión.

Y más porque a lo noble

no estimule lo valiente,

¿qué puedo hacer?

Ceto.

Y no al despecho

queremos que se le encomiende

el triunfo, sino a la industria.

Anfión.

¿Qué decís?

Isind. y Sol.

Que en vano quieres

aún escucharle.

Tachado: Amph. Atentos mirad.

Part.

Nadie

te escucha.

Anfión.

¿Quién? ¿Yo?

Jebe.

Advierte

que entre los prodigios que obras

esta ha de ser nuevamente

la mayor de tus hazañas.

Isind.

Y pues de la ciudad aprieta,

mientras el cielo te ampara,

o ampararse o guarecerse

nuestra confusión, y más

que ya murada se arriesgue,

como asimismo puedes tú

defenderla y defenderte

desigual peligro, soldados,

velad.

Anfión.

El paso suspende.

Part.

Seguidme, zagales.

Anfión.

Espera.

Ceto.

De un hermano no te mueve

el ruego.

Anfión.

Un desaire busca

quien un imposible emprende.

Todos.

A la ciudad.

Inf.

Adiós, hijo,

que te darán las nueces.

Morg.

Paciencia.

De bravo mozo

fían, el que no nos quemen.

Marcha a lo lejos

Isind.

Y pues ya aquella lejana

marcha, que el aire enrojece,

sordina es de nuestra ruina

que empezamos a...

Pag. 17

Friso.

Ay pobrete,

que con seña de vizcaya

os quieren sacar las riendas.

Anfión.

Cesad, hordas, Partenio,

Zeto.

donde vais,

adonde estorves

defendiendo vras. vidas,

el mayor de los laureles;

advirtiendo aunque. por todos

hacer la presa puedes,

que Yo se la pido, mira

lo que con los nobles valen

los ruegos de las mujeres.

Pues Yo

Parten.

en vano es detenerse.

Hord.

Venid todos.

Zeto.

Y los ecos,

Mus. y coros.

Mus. y coros.

Por ir a Atenas, Mueven

Numen, de la Justizia;

las saetas, escupen

entre quejas humanas

llamas, y a zelos.

Por varias roturas fabricadas entran todos quedando Solo Amphion.

que ade tener la Ciudad segun sus

Anfión.

Ahora q.e, ciegos Cielos,

se aia en empeño tan fuerte,

solo asta ahora y solicitando

el que un general me ruegue,

un Maestro me persuada,

un hermano me amoneste,

y una Patria me premie.

vamos solos, a que me empeñe

una dama a q.n rendido

ame; mas, si me aborrece,

que importa, q.e Yo animoso

buelba a su favor los desdenes?

Mas, si quiere a otro, crea

cuantas inmortales sierpes

derrama esa voz; tampoco

importa. que a que deje

de seruirla? Pues q.n nunca

sufrio celos, ni los tiene,

que aze; en seruir se repasa

con lo mismo que se ofende;

el que celoso procura

lisonjear a la que quiere,

es solo q.n se enamora;

digo, q.e solo airoso sirue,

pues acierto digno es

suponer las atenciones

a los intereses.

Pues, ea, industrias, q.e medio

habra, de q.e favor queden

cant ne de celos / los desvelos / descansen / amor y intentar / descansar su fineza / que el porsaro / amarg.s Cielos / de la ira / se rretira / que a amaya la padece / que no de celos

Cubrese vn Ycaro terraqueo / abriendo de dos flechas vn / varando poco a poco el amor, tra / yendo dejar vn... / Baja a escombrarse / un fresnillo dorado ... y va poco a poco / ziendo en la copa del vn / jandose. q.e muere / cant. amor / Amor

Baja desp.o el Amor, q.e de un alambre va fiando el amor, tra-yendo en la popa de vn Aguila Pequeña Zerafin de nieve y oro

Amor y Mus.

Anfión.

Sagrada Deidad celeste,

cuyos reflejos me alumbran,

solo, para que me zieguen

que solicitas:

Amor.

Que sepas,

por que en tus dudas alientes

lo que te es facil.

detienete, ahora explendes,

desciende, desciende amor

de varia deidad, sentir

sin que mal te mouiera

la temprana Primauera

de mis fragrancias de Abril.

Anfión.

y sin error, q.e se de por ofendido

y de Venus el enojo,

Amor.

advierte, aunque. seas q.n solo te bastaras,

pues, hijo del sol eres,

luzero q.e mi un fiel solo ser q.e quieres,

y para verlo, di: no es el empeño

defender de las coleras de vn cielo

a Tebas?

Cant. Amor.

y por q.e adelante

con mas radiante

ornato se enciende,

desciende, desciende.

Cant.

Y vean q.e a

confundo el espanto

la modestia defiende

desciende, desciende.

les da a Amph. y aquel callado se esconde el rostro en la pared, o puerta

Pag. 18

Anfión.

Cupido.

las voces de tu canto

no atrajeron a sí con nuevo espanto

cuantos riscos la prolija campaña

Anfión.

del valle a la montaña

déjalo a los peñascos

Cupido.

Pues de ellos ha de ser, agora asombra vivienda

muralla a la ciudad

Anfión.

Cómo es posible

si no se halla quien el duro inaccesible

tesón de tanta piedra labrar pueda

Cupido.

El acaso ha de ser quien favor suceda

invocando en sus fatigas

el soberano auxilio de las Musas

Y pues de aquí al Parnaso si veloces

llegar pueden enteras nuestras voces

llamadlas las dos

Anfión.

Ya haré en tu ruego desvelo

ni el logro dudo ni el laurel recelo

Mientras el dúo se van bajando en ocho jartabones de nubes floridas Talía, Polimnia, Terpsícore, Melpómene, Euterpe, Clío, Urania, Calíope con mazos y cinceles por en medio la otra nube correspondiente baja Erato con regla, compás y plomada mostrándose todas las tramoyas concurriendo hasta dejarlas en el tablado

Anfión.

Dioses del prado

Cupido.

Diosas de amor

Anfión.

Musas del numen

Cupido.

Ninfas del sol

sincopando distancias de nieve

pues venid en las alas que presta su voz

Las 4 de un lado y Erat.

Sagrado Cupido

Las 4 del otro lado y Erat.

hechizo Amphion

Las 9.

Ya al eco obedientes tocamos alegres

al festín dulce al sagrado Helicón

Pues para eso somos

Los 2.

Pues para eso sois

Los 4.

Dioses del prado Diosas de amor

Musas del numen Ninfas del sol

Erat.

Y pues por ser Erato cuyo bando

es de triunfos de amor clarín sonoro

las 8 Musas mando de mi choro

Cupido.

Deidades que del sacro

nido del Parnaso veis, Erat destreza

para elevar celosa fortaleza

labrar la adusta bárbara dureza

de suerte que en un punto

quede murada

Erat.

Tanto asunto

bien Cupido fiero. nuestra asistencia

Las 8.

responderá por todas la obediencia

Anfión.

Yo desde este pequeño pardo nido

las piedras picaré que bajarán mías

Cupido.

Y Yo las colocaré donde seguro

pare su estruendo el bárbaro vecino

Erat.

Y yo antes que los dos arando en ellas

purpúreas líneas con mis ninfas bellas

haré la división por una y otra con cincel

Cupido y Amph.

al golpeado tesón

Música.

cinceles

Cupido.

Pues ea Erato a qué esperan tus fatigas

Las 9.

pues tú nos mandas solo a que mitigas

Sentado Apolo en un poyo pequeño que abra a mano izquierda en otra cant. Amphion tocando la Lira y en el ínterin va Erato midiendo y lineando los peñascos de suerte que al fin del área estén prontos a trabajar

Anfión.

Al afán a la labor

Cupido.

al trabajo a la fatiga

Los 2.

que en quien ley del sol obliga

puede fabricar amor

Los 2 y las 9.

Al afán a la labor

al trabajo a la fatiga

Repartidas en varios puestos del tablado labran las piedras y a compás de los golpes, de suerte que reduciéndose a medida las va colocando Cupido en la muralla que delante de la ciudad se ha de formar compuesta. (Van bajando dos torreones)

Cant Erat.

para que a un paso labren

picos y presas

Las 8.

A la tarea

Erat.

ha de amor los cinceles

de las saetas

Anfión.

Ay que derriban

Las 9.

A la estrofa

Anfión.

ay que pedernales

Pag. 19

Cant. Cho.

Vencen las invasiones

De la belleza

las 8.

a la lanca

Cho.

que mal sauen los Pechos

alzar defensa

Anfión.

es que yntenta

las 8.

a la fatiga

Anfión.

relevar de las Armas

mandar las Vidas

Cant. Vrania.

Ya en las nuevas Murallas

quedan atentas

las 8.

a la lanca

Vran.

Toma vuelo el obsequio

Anfión.

O que fineza

Anfión.

las voces mias

las 8.

a la fatiga

Anfión.

pues tocadas Resuenan

sonoras oyan

los 4.

al afan a la lanca

al triunfo a la fatiga

que en su yugo dividen

poder fabrica Amor

Marcha cerca.

Dent. Leon.

Pues Ya desde aqui Avistamos

la ciudad, la Marcha cese

Arma, Guerra, Ynvacion

tocan y demas Armas Callan y se suspenden frente la Ciudad

Salen Leonides, y Metano con espadas desnudas

Metano.

O Jove

q el estorbo delos Vientos, Y Cuna

q asta Ahora a vn indignas

tu recinto as recatado

Leonid.

Pero que miras cuydado

Falta mas q Ves admiras en

Voces.

que os admira y suspende?

Otros.

que os enfrena

leoni.

no ves vn nuebo obelisco

a quien devino Jove Rico

labrar una y Otra almena

Met.

no veis en el pasmo q alla

mi muerta credulidad

ser sombra dela ciudad

El bulto dela Muralla

Voz.

sera engano

Otros.

es ilusion

los 2.

digo bien q sera ya

Pues q dudo darla a

tantas defensas

leonid.

Conq amph mio:

Zagal vn solo as Podido

Hacer tan nuebo Portento

Cupido.

si que ayudado su intento

del Poder de Cupido

Metan.

Aunque obra sea divina

suspenderse es en vano

q Pues no dio Vulcano

en su Fragua ofizina

a dar Picos y arietes con

desagravio su Ydea

q Amor ala invazion

leand.

Someterla sera empresa

Ya que en vuestra piedad

a quien logre nras esperanzas

Voz.

herid Juezes ardidas

Otra.

que el que cayga en pavor azecha

Por dos Nubes pntas vajan Marte, y Venus mientra descienden los d la muralla cantan Ambas deydades

Venus y Mar.

a Thebas

Cupid amph y Vran.

no temais

Mar y Venu.

a Thebas

Cupid Amor y amph.

q es del yelo de los mortales

Venus y Mar.

pues el hado alentar las deja

Amph Cupid y Vran.

a Thebas

Venus y Mar.

no temais

Cupido.

en tu Marte alienta inceso

Mar.

Pues coronas una azaña

Anfión.

Venus de animar tu saña

Venus.

y yo q busco vn desempene

Cupid y Amph.

Vaya Pues dejad Ver el ardor

como avn q del golpe herido

su muro en acero crudo

se desvanezca su centro Amor

Música.

amor

Tocando caxas los Soldados Picos Y arietes llegan a q- rer derribar el muro Y al primer golpe se sumen hunden todos la Muralla dentro

Pag. 20

Apolo.

burlaron, amor no diste el acento

temed, si de un espanto profundo

para prodigio segundo

respira sonoro el viento

Anfión.

Baste ya, no desespere

si de una deidad airada

el airoso desempeño

Met.

por que el ocioso

león a otros prosiga la saña

Vuelven a querer dar el segundo golpe, y los vuelven a suspender Mart. y Venus que bajan. Por el primer término de los bastidores en nubes correspondientes a los 8 cartabones de las Musas. Cantan los 2. Mart. Suspéndase el odio. Venus deténgase el tiro.

Cantan los 2.

que no hay enconados hados humanos

que puedan vencer amorosos hechizos

Marte.

Y pues yo, que avivo pías aras

solo adorando el portento deshecho

por más que afán de altiveces eche

mi irritado dragón su arrojo alivia

Venus.

Y pues yo, de este asombro a la vista

cedo mi sagrado rencor solícito

aunque asombre mi estrella y luces

el ver profanar los alcázares míos

Marte.

Suspéndase el odio

Met.

rindo mis duras armas

nunca recelar quien quiso

que se establezcan las paces

entre amor, y finezas

Todos.

y todos decimos lo mismo,

Venus.

Pues yo, y que todos aplaudan

tan inefable prodigio

Por los dos lados de la ciudad salen Jebe, Ceto, Liro, Partenis y zagales. Paso mosqueta

Anfión.

quien de la mayor beldad

es llave de esta ciudad

muro con el arrojo

de una lira, y un acento

Jebe.

Ya sin pavor de las fieras

nos amparan vuestras murallas

a escalar almenas los brutos

Part.

Pues no menos a Thebas

sabe que ha convenido

cede el enojo contrario

Mag.

si a hechizos divinos

Gref.

Tú podrás dar voto

pues entiendes el oficio

Liro.

Raro caso

Ceto.

Y extraño asombro

Anfión.

Y supuesto que yo he sido

quien quede acreedor al premio

uno solo solicitar aspiro

Part.

cuál.

Anfión.

el que de Jebe logre

la mano en arras de mi cariño

Todos.

¿a quién? herm. ¿Pues?

Anfión.

A Ceto mi hermana fida

yo sé bien que lo es llano.

en darle este esposo, y doy

quede memoria a los siglos

la que antes Ciudad Cadmea

de honor suyo y lauro nuevo

se llame Thebas.

Ceto.

hados dichosos.

Jebe.

feliz mi destino.

Liro.

y toda mi feliz

dicha se deba

Anfión.

que nos hizo el cielo amigos

Todos.

A Thebas.

Anfión.

Musas.

Mart. y Ven.

a las delicias del Prado

los dos acompañaremos

este vuelo.

Todos.

alto y firme.

de contento.

Pag. 21

Júpiter.

Oíd, dadme atención,

porque me vengo, me vengo.

Vuelven a tomar las piochas las nueve pastoras en orden, divididas a las de Venus, y Marte se van acercando paso a paso a Lidia, y con el último se entran unos y se esconden otros, quedando en el tablado solo Júpiter y Metanira, y cerrando el primer acto.

Texto tachado en el original: Idem. Las líneas que discurrió hizo el ingenio el acento, oiga en sutiles términos, diciendo que a sus liras y rompa y bailen representando. Bajar la cortina. Música a 4. Todas. Pues músico y amante logró un divino, sin dejar de celoso mostrar lo fino. Anfión. Viva, viva, viva Cupido.

En el margen izquierdo: 380, 4000

finis

Fin de la Jornada 1ª de la Zarzuela Con Música y por Amor. De Don Antonio Zamora.

C. H. De Don Joseph Cañizares 18. Segunda Jornada de la Comedia Zarzuela Intitulada Con Música y por amor.

Jornada segunda

Pag. 22

De don José Cañizares.

Segunda jornada de la zarzuela Con música y por amor.

Personas: Orfeo, papel cantado. Aristeo, galán, príncipe griego. Cleomides, capitán. Polígone. Licas. Tiburón, segundo gracioso, criado de Aristeo. Aqueronte, barquero del abismo. La ninfa Eris. Coro de Apolo. Soldados. Eurídice, dama. Júpiter, dios. Apolo, dios. Plutón, dios del abismo. Proserpina, diosa del abismo. Fenisa, zagala. Chusco, gracioso zagal. [Palabra tachada] Gilena, graciosa. La Noche. Los doce signos. Coro de Júpiter. Coro de Plutón. Zagales.

El teatro ha de ser de muelle, puerto de mar con su muelle y atarazana con fábrica de navíos, barracas de pescadores, torreones y faroles en las dos puntas inmediatas al foro, y de foro adentro ha de ser mar por donde se ve venir fluctuando una armada de bajeles grandes con sus popas doradas, flámulas y gallardetes, y el principal de ellos con voces en que se vengan ejecutando todas las faenas de una borrasca, y después de haber dado los bordos con uno y otro costado a toda su escala van.

Pag. 23

Desembarcando así deste como de los demás barcos a Cleónides, Antígono, Arcas, Tiburón y soldados vestidos todos a la romana con petos y celadas, con penachos de plumas, lanzas y rodelas, al son de cajas y clarines, al tiempo que al de la música va descendiendo por el aire Júpiter sobre un águila de oro, pendiente de punta a punta del teatro de varios rayos, como reflejos de gasas blancas y listones rojos interpolados, y dicen =

Aristeo.

Antes que las naves choquen

con las dos puntas que siendo

brazos del muelle, comprimen

del mar el líquido cuerpo,

amaina.

Voces.

Aferra de entena.

Unos.

Dioses, piedad.

Otros.

Favor, cielos.

Dentro Mus.

Vuelvan en buen hora

a gozar contentos,

en unión dichosa,

de Tracia el obsequio.

Tachado: la hermosa Liríope y el célebre trofeo

Cleón.

Presteza con el timón

para salvarnos, corriendo

del aire al airado arbitrio.

Tiburón.

Mal haya el caballo inquieto

en quien es la mayor falta

el ser de más movimiento.

Voces.

Hiza, hiza.

Otros.

Amaina, amaina.

Antíg.

En vano es el defendernos

de las cóleras del golfo,

si a las ráfagas del euro

arrebatado el velamen,

rotas las jarcias, deshechos

los reparos, nos contrastan

las ondas.

Dan en tierra.

Aristeo.

Jove supremo,

yo voto a la deidad tuya

víctimas, aras e incienso,

porque las ondas aplaques.

Todos.

Piedad, Júpiter excelso.

Al margen: estatua

Canta Júpiter.

No porque a mi culto

se aumente en mi templo

la hoguera y el himno, la ofrenda y la llama

parando los mares, aplaco los vientos;

sino es porque quiero,

deudor de la vida que a Júpiter debe,

que en no darle muerte le pague Aristeo.

Y así a tanto empeño,

cesen las sañas, cesen

del mar soberbio,

calmen las iras, calmen

los elementos.

Al margen: arroja

Aristeo.

Amigos, ¿no veis el aire,

rojos y blancos reflejos,

vestirse así como suele

al crepúsculo primero?

Pag. 24

Aristeo.

De presunciones del día

teñíase el rostro del cielo.

Cleo.

Suprema deidad ocupa

sobre las ondas del viento

una góndola dorada,

ascua del sol, pues vistiendo

resplandor deslumbra a rayos

cuanto va cegando a incendios.

Todos.

A tierra, a tierra llegamos

que explica tanto portento.

Coplas)

Canta.

Ju.

Que Júpiter quiere

probar que hay afecto,

que adule sus penas

y ampare sus celos;

pues no sé qué quiero,

salvar a Aristeo que acude, y le adora.

Lince.

Condúcele a que logre mi intento.

Ju.

Y así, a tanto empeño,

cesen las sañas, cesen

del mar soberbio, etcétera.

De Orfeo en los brazos

del hado el decreto

me impide que logre

la dicha que pierdo,

pues no solo quiero

que en otro poder el destino se venza,

sino es de mi daño labrar mi remedio.

Líneas tachadas: Y así a tanto empeño / cesen las sañas, cesen / del mar soberbio

Ju.

Calmen las iras, calmen

los elementos.

Encúbrese la tramoya y saltan en tierra.

Aristeo.

Ya, amparados del inmenso

poder de Júpiter, huellan

nuestras escuadras el puerto.

Ya es tiempo de que desvele

mi empresa, a que en tanto leño

marcial argonauta inundo

las vagas ondas que pueblo.

Ya sabéis que ciego amante

de Eurídice fui, encubierto

pastor en Tracia, adorando

en competencia de Orfeo.

Claro es que con más fineza

pues fue con menor aprecio

su milagrosa hermosura;

y ya sabéis que en despecho

de mi amor, rendida más

al sonoro primer dueño

de su música, que nunca

tan verdad hizo el concepto

como oí de rendir las almas

Pag. 25

Aristeo.

Pues las usurpó Liobdeto

a Orfeo, hijo venturoso

de aquel corazón ciego,

para sanear el desaire,

a satisfacerme vengo

hoy para tan alto fin,

el mar de bajeles pueblo,

con ánimo de que Tracia

satisfaga a sangre y fuego

mi ultraje, y segundo Paris,

llevarme robada emprendo

en Eurídice el amable

motivo de mi tormento.

Y pues el día que al logro

de tanta dicha me arriesgo,

por más que Neptuno opone

crespas montañas de hielo

contra mí, en el mar serena

Jove la saña del cierzo,

quién duda que en mi favor

piensa declararse el cielo,

y más al oír que dello

como anuncio su decreto.

Dentro grita de pastores y zagales y música.

Dentro Mus.

Vuelvan en buen hora

a gozar contentos

en unión dichosa

de Tracia el obsequio,

la hermosa Eurídice y el célebre Orfeo.

Aristeo.

¿Qué es esto?

Cleo.

Esto es, gran señor,

de ese vaticinio cierto.

(Mirando adentro)

Aristeo.

Vaga, numerosa tropa

de festivos, placenteros

zagales descubro.

Cleo.

Y si

bien de las señas me acuerdo,

de los dos, Orfeo viene,

señor, y Eurídice entre ellos.

Licas.

Pues manos a la labor,

róbese a diestro y siniestro,

ya que a eso somos venidos.

Aristeo.

Ya, fortuna, no me quejo

de ti, pues con dos acasos

favoreces los deseos,

y pues, aunque maltratadas,

volver las naves podemos

al mar, y pasan tan cerca

que se puede a corto riesgo

lograr nuestro intento, amigos;

porque quizás acudiendo

al rumor, no nos impidan

estos bárbaros groseros

nuestra intención, repartíos,

tú, Cleonidas, conduciendo

los soldados que eligieres

Pag. 26

Aristeo.

Apenas el clarín hueco

haga señal por las playas,

abrasando y encendiendo

de chozas y de cabañas

los edificios groseros,

entrad talando el bosque.

Antígono, a sangre y fuego,

destruye su deleitable

población, y tú, acudiendo

Licas al mar, asegura

la retirada, y tú...

Tiburón.

Quedo,

que yo no soy para nada.

Briseo.

Tú has de quedarme asistiendo

escondido entre estas ramas.

Tiburón.

¡Esmero par de conejos!

Cleo.

Pues, soldados valerosos,

a la facción.

Licas.

Al puerto, amigos.

Antígono.

A la campaña,

valerosos compañeros.

Unos.

A la playa.

Otro.

Al bosque.

Unos.

Al llano.

Otros.

A la choza.

Unos.

Al risco.

Todos.

Al puerto.

Tiburón.

Señor, a la cazapera.

Briseo.

Amor, ya está echado el resto,

a la suerte, ahora he de ver

cuánto a tus piedades debo.

Escóndense Briseo y Tiburón y salen coronados de flores con ramos de flores en las manos e instrumentos pastoriles de sonajas, adufes y palillos diferentes zagales y zagalas cantando y bailando chusco gracioso el uno, graciosa Fenisa zagala, Menandro, Batilo zagal y detrás Orfeo y Eurídice.

Música.

Vuelvan en buen hora

agora contentos

en unión dichosa,

y a Tracia el obsequio

la cámara envidie del célebre Orfeo.

Voces.

Orfeo y Eurídice vivan,

pues generosos dueños.

Tonada. Canta Orfeo.

Orfeo.

Nobles, festivos zagales,

a quien postrado confieso

la deuda del culto de Eurídice bella,

pues solo por ella

los dones admito, los triunfos acepto,

a obrar un nuevo milagro

de amor con música vengo,

y no sé en qué empresa más lustre se espera,

que en ver que yo viva

esclavo feliz del prodigio más bello,

y pues al templo a dar gracias

de ver que hoy a Tracia vuelvo.

Pag. 27

Orfeo.

Con solo las bellas zagalas camina,

pues de Proserpina

ningún hombre puede asistir en el templo.

Seguidla entretanto,

que al bosque de Febo

también a rendir mi holocausto apacible,

ausente, camino del bien de mi dueño.

Aristeo.

¿Lo oyes?

Tiburcio.

Nada se me escapa.

Aristeo.

Pues mejor es que esperemos

a que solas las zagalas

queden.

Tiburcio.

Más seguro es eso

para lograr sin peligro

la emboscada.

Eurídice.

Amado Orfeo,

ya que el hado me permite,

después de tan largo tiempo

de ausencia, esta dulce unión

que la gozo y no la creo,

procura restituirte

a mi vista sin que, atentos

a tu fervor, los instantes

acusen a los deseos.

Orfeo.

Dulcísimo dueño mío,

tú verás que al punto vuelvo,

pues, si vivo en ti, no hay duda

que, para no estar muriendo,

anhelaré tu presencia.

Vase.

Menandro.

Zagales, solas dejemos

a Eurídice y las zagalas,

para que puedan con eso

al templo de Proserpina

llegar.

Chusco.

De Diosa reniego

que, aun en los ritos mujer,

huye de los hombres cestos.

¿No es verdad, Filena?

Filena.

Yo solo

sé que a aquello que más quiero

suelo torcer el hocico.

Chusco.

Las más ninfas tienen eso.

Zagal 1.

Vamos hacia el soto.

Zagal 2.

Vamos,

pero vamos repitiendo.

Ellos y Música.

Vuelvan en buen hora

a gozar contentos.

Vanse los zagales y quedan solas Eurídice, Fenisa y zagalas.

Eurídice.

Fenisa.

Fenisa.

¿Qué mandas?

Eurídice.

Cuánto

quedar contigo agradezco,

porque lo que siento amando,

lo desquite discurriendo.

Pag. 28

Fenisa.

Infeliz de quien negada

vive aun al leve remedio

de su alivio.

Pbu.

Ahora, señor, es ocasión.

Briso.

Ya te entiendo.

Eurídice.

¿No te parece que hice

propia elección en Orfeo

de lo que a la altivez mía

dictaba mi pensamiento?

Más amante, más rendido,

más generoso, más cuerdo

amante vistes jamás;

pues sabe pisar atento

la línea de proceder,

sin las altiveces de dueño.

Fenisa.

Es cierto, Eurídice, mas

así averiguar pretendo

si aun vive en su pecho alguna

chispa del pasado fuego,

Aristes...

Eurídice.

¿Qué pronuncias?

Fenisa.

Que en algún tiempo Aristes

amaste.

Eurídice.

Sella el labio,

¿cómo, sin temer mi ceño,

tal me acuerdas, pues no sabes

que aun del Júpiter supremo

amada correspondí

con desaires sus extremos?

Pues quien desdeña celestes

soberanos rendimientos,

cómo de humanas pasiones

impresionara su ceño

ese despreciado joven,

de quien si acaso me acuerdo

solo es porque a su memoria

vengue mi aborrecimiento?

Muerto yace para mí.

Sale Aristeo.

Aristeo.

No mucho, si considero

que aunque muere a tu fiereza,

renace a su atrevimiento.

Eurídice.

¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?

Aristeo.

¿Qué miras, ingrato dueño?

Una violencia a que injusto

da motivo tu desprecio.

Zagales.

Hombres armados el bosque

aborta, huyamos.

Vanse.

Pbu.

¿Qué es eso

de huyamos? Pues, como dicen,

¡por Dios, que a río revuelto

ganancia de enamorados!

Ase a Ismena y esta a coces.

Ismena.

¡Santos cielos,

que me comen, que me engullen!

Dentro.

Fenisa.

Venid a favorecernos,

zagales destas montañas.

Otra.

Pastores destos desiertos,

mirad que a Eurídice roban.

Todas.

¡Al puerto, todas, al puerto!

Sello: Biblioteca Nacional de España

Pag. 29

Eurídice.

En vano harás intentos

ejecutar mi despecho.

Aristeo.

Ni tú evitar la violencia

ultrajando el rendimiento.

Eurídice.

Eso es traición.

Aristeo.

Es fineza.

Eurídice.

Es tiranía.

Aristeo.

Es afecto.

Eurídice.

Es injusticia.

Aristeo.

Es amor.

Eurídice.

¡Esposo, señor Orfeo!

Aristeo.

No le nombres si no quieres

que, añadiéndome los celos

a la desesperación,

me precipite más ciego.

Llen.

¿No quiere soltarme?

Abun.

No.

Cáscale.

Llen.

Pues tome.

Abun.

¡Ay, Dios, que me ha muerto!

Anda con trescientos diablos.

Éntranse dándose golpes.

Llen.

¡Pastores, zagales, presto,

que se llevan a Eurídice!

Eurídice.

Divino Apolo supremo,

pues padre de Orfeo tanto

te toca su honor, mi ruego

favorece.

En el aire canta Apolo.

Apolo.

Date auxilio.

Aristeo.

Oye, espera, mas ¿qué es esto?

Huye Eurídice, y al quererla seguir Aristeo brota de repente la tierra un vapor que se la encubre, el cual poco a poco se va dilatando por el aire.

Aristeo.

¿Qué vaga, improvisa nube,

exhalado vapor denso

de los poros de la tierra,

me la ha ocultado en el viento?

Abu.

Del mismo amor que eres basto,

para que de verte necio,

quede ella desvanecida.

Aristeo.

Pues aunque la oculte el viento

de la tierra, he de seguirla.

En el aire canta Apolo.

Apolo.

No podrás, que yo añadiendo

niebla a niebla y rayo a rayo

te la encubro y la defiendo.

En el aire canta Cupido.

Cupido.

Sí podrás, pues yo rasgando

los claros azules velos,

la detengo y te persuado.

Aristeo.

Sacros númenes opuestos,

¿qué queréis de mí?

Abu.

Dejarnos

hechos unos majaderos.

Por los dos extremos del aire bajan Apolo y Cupido en dos tronos, esmeros de flores, y llegando al tablado vuelven a subir recogiendo a trozos la niebla que oculta a Eurídice, hasta que desaparecen por el viento y cantan.

Pag. 30

Canta Apolo.

Si Eurídice de Apolo se ampara

con nueva osadía

teme teme tu ruina

Coro de Apolo.

teme tu ruina

Canta Júpiter.

Si a Eurídice evitas no es posible

del hado el decreto

sigue sigue tu afecto

Cantan los dos.

que entre miedo y valor basta solo

que digan los ecos

en las dulces empresas felices

de amor y de celos

teme teme tu ruina sigue sigue tu afecto

Los dos, coros.

teme teme tu ruina sigue tu afecto

en las dulces empresas felices

de amor y de celos

Canta Apolo.

Si al reflejo del sol esa llama

no encubre su fuego

y labra Vesubios en pavesas

tan torpes incendios

Canta Júpiter.

Si de ser tu atrevido previene

la dicha que espero

yo sabré con forzar los acasos

lograr los trofeos

Apolo.

teme tu ruina

Júpiter.

sigue sigue tu afecto

en las dulces empresas felices

de amor y de celos

Coro de Apolo.

teme teme tu ruina

Coro de Júpiter.

sigue sigue tu afecto

Ambos coros.

en las dulces empresas felices

de amor y de celos

27

Canta Apolo.

No te empeñes queriendo acusar

tirano y grosero

oye

en labras de tu ciega osadía

mi digno escarmiento

Canta Júpiter.

Sigue y busca a Eurídice que a todo

mi amparo te ofrezco

que el tirano y grosero es quien ama

dudando y temiendo

Canta Apolo.

Teme sigue teme teme &c.

Canta Júpiter.

Sigue sigue tu afecto

Los dos.

en las dulces empresas felices

de amor y de celos

Coros.

Teme teme tu ruina sigue tu afecto

en las dulces &c.

Aristeo.

Entre temer y seguir

seguir elijo supuesto

que aunque no lo premia amor

mi venganza desempeño

haga señal el clarín

al estrago que resuelvo

arda todo pues yo ardo

Tiburcio.

quemar, que es maña de fuegos

Aristeo.

y busquemos a Eurídice

en tanto que dice el eco

Cantan Júpiter y Apolo.

teme teme tu ruina sigue sigue tu afecto

Pag. 31

Dentro voces.

¡A la playa, al llano, al mar,

acudid, acudid presto!

Coros Júpiter y Apolo.

En las dulces empresas felices

de amor y de celos.

Cajas, clarines y voces.

¡Arma, arma, guerra, guerra,

traición, traición, fuego, fuego!

Con esta repetición de música y voces se entran tristes y huyen, y se ocultan las tramoyas, y mudándose el teatro de bosque frondoso se descubre Orfeo sentado sobre un peñasco corpulento que llegue a la mediación, y ha de ser florido con varias fuentes que se despeñan de él, y en la cima un árbol copado con frutas de oro que le sirve de dosel; el suelo lo más posible ha de vestir de hierbas y flores, y mientras va cantando se va poblando el viento de varias y hermosas aves, como que le están oyendo, moviendo alas y picos. Por la tierra se vienen caminando varios troncos y fieras que le rodean como absortos y atraídos de su canto; a sus espaldas, en la lontananza, se descubren varias poblaciones pequeñas de chozas Tachado: "Pagi". cabañas pajizas que a un tiempo han de arder, y en el último horizonte un sol pequeño como que se va poniendo, y canta:

Canta Orfeo.

Fieras que el monte habitáis,

aires que troncos mecéis,

aves que el aura surcáis,

fuentes que el prado corréis,

oíd.

Eco.

Oíd.

Orfeo.

cantad.

Eco.

Cantad.

Orfeo.

volad.

Eco.

Volad.

Orfeo.

temed.

Eco.

Temed.

Orfeo.

Pues de Orfeo a la voz obedientes

los aires, las fieras, las aves, las fuentes,

al cielo pasar,

Eco.

Pasar,

Orfeo.

o los ríos mover,

Eco.

Mover,

Orfeo.

milagros de amor,

Eco.

De amor,

Orfeo.

que es quien me da el ser,

Eco.

El ser,

exhalando en suspiros amantes,

ausente un instante de su Eurídice,

cromáticos dulces pasajes sonoros,

que explican mi mal al bien de mi bien.

Coro.

Oíd, volad, cantad, temed,

cromáticos dulces pasajes sonoros,

que explican mi mal al bien de mi bien.

Canta Orfeo, repita.

¡Oh, qué cortés el eco,

alma invisible de peñasco rudo,

desde el cóncavo hueco

la voz me vuelve que imitar me pudo!

Mas, sí, que a los amantes

son de Eurídice bella

las sílabas que formo más distantes;

que nada perder quiero que hable de ella,

¡oh, generosa estrella!,

la que agora me trujo

el mejor rayo del mejor influjo;

aves, fieras y troncos,

de mi voz atraídos...

Pag. 32

17

Apolo.

Vuelva a ver si acaso

mi bien ausente de mi afecto huye.

Dentro Eurídice.

¡Ay, mísera de mí, ay infelice!

Orfeo.

Pero, Cielos, ¿qué he oído?,

que infausta voz asusta mi sentido;

a ver discurra ciego

quién dueño es desta queja.

Dentro.

Fuego, fuego.

Orfeo.

Pero ¿cómo podré, si en la campaña

un volcán miro ser cada cabaña?

Patrio monte, helo,

y Eurídice quejas, ¡válgame el cielo!,

olvidase, ¡ay de mí!, restituida,

puede a sus llamas exponer su vida.

¡Oh, cuánto, Cielos, el amante yerra,

que no acude a ampararla!

Dentro.

Guerra, guerra.

Orfeo.

Más ansias sucediéronse a esta parte;

a escándalo de horror, furias de Marte

repite el viento, que a ruinas dispone.

A lo lejos.

Voces dentro.

Descoge la mayor.

Otros.

Carga el trinquete,

que antes que nos perdamos

al arbitrio del mar corriendo vamos.

Orfeo.

¿Qué es esto? Fuego, tierra, mar y viento,

compitiendo entre sí cada elemento,

allí una queja suena.

Pag. 33

Orfeo.

Aquí amenaza militar sirena,

allá un incendio tala la montaña,

saca del golfo para la campaña

una armada del viento combatida.

Sale Chusco.

Chusco.

Orfeo.

Orfeo.

Chusco, ¿qué es?

Chusco.

Salva la vida,

antes que esa confusión

con que a un mismo tiempo talan

los bosques con el incendio,

los villajes con las armas,

te alcance.

Orfeo.

Pues, ¿quién motiva este horror?

Chusco.

¡Pese a mi alma!

Eres tú la causa, y sales

con esa zanca de araña.

Orfeo.

¿Yo la ocasión?

Chusco.

¿Quién lo duda?

Pues Aristeo en venganza

de que Eurídice te elija

por esposo, y a él le haya

despreciado, ha conducido

una poderosa armada

en tu ofensa.

Orfeo.

¡Ay de mí, triste!

Chusco.

Esto es ya público.

Orfeo.

Calla, villano.

Chusco.

¿Cómo que calle?

Cuando Eurídice asustada

y perdida en esos bosques

se ha ido...

Orfeo.

¿Dónde?

Chusco.

A cazar gangas.

Orfeo.

Será infame que me asombre.

Dentro.

Aristeo.

No quede tronco ni rama

que, en despique de mi injuria,

no se abrase.

Voces.

¡Al arma, al arma!

Orfeo.

Traidor, espera, que yo

borraré la infame hazaña

que emprendes.

Dentro.

Eurídice.

¡Cielos, favor!

Chusco.

Esta es Eurídice.

Orfeo.

Aguarda,

espera, que ya en tu auxilio

me presta el viento sus alas.

Dentro.

Aristeo.

Todos menos Eurídice

mueran.

Orfeo.

Esta voz me llama

a satisfacer mis celos.

Dentro.

Eurídice.

Zagales, no hay quien me valga.

Orfeo.

Pero este asombro, a cumplir

con mi pasión, me arrebata.

Aristeo.

¡Eurídice!

Orfeo.

¡Muera este eco!

Eurídice.

¡Orfeo!

Orfeo.

¡Viva esta ansia!

Aristeo.

¡Mi bien!

Orfeo.

¡Muera quien me injuria!

MSS/15534

Sello: Biblioteca Nacional de España

Pag. 34

Eurídice.

Señor.

Orfeo.

Viva quien me halaga.

Chusco.

¿Qué resuelves?

Orfeo.

¿Qué sé yo?

Que en dos iguales distancias,

de dos iguales impulsos,

de ira, amor, fineza y rabia,

cuando allí mi injuria

me convoca, aquí me arrastra

mi pasión; allí me invitan

mis celos, aquí me llaman

mis cariños, sin que pueda

más que decir...

Cleo.

¡Todo arda!

Salen Cleónides, Antígono, Licas y soldados con espadas desnudas y hachas encendidas, y van talando los troncos y abrasando las chozas y cabañas, y hacen la apariencia de arder.

Ant.

¡Mueran todos!

Orfeo.

¡Ah, villanos!

Chusco.

Lleven los diablos, sin pausa,

que a esto has esperado.

Licas.

Orfeo

es este cautivo, ¡vaya al mar!

Orfeo.

Traidores, no es fácil,

mientras de rústicas armas

aqueste tronco me sirva.

Ant.

Rinde preso.

Chusco.

Si me alcanzas.

Antg.

¿Que no ves el prodigio

con que los cielos le amparan?

Licas.

Contra nuestro batallón,

de fieras rústica escuadra

se opone.

Cleo.

Aunque en nuestra injuria

piedras esgriman y ramas,

en vez de lanzas y flechas,

sigámosle.

Voces dentro y todos.

¡Al arma, al arma!

Sale Euri.

Eurídice.

¡Ay de mí, infeliz, que sola

y perdida en la intrincada

maleza, desde que pude

libertarme de la tirana

violencia con que Aristeo

por obligarme me mata,

ciega y confusa camino

oyendo por partes varias,

ruido de incendio a una parte,

a otra, estruendos de batalla,

a otra, náuticas faenas!

Deidad que empezaste grata

a favorecerme, dime

si entre confusiones tantas...

Pag. 35

Eurídice.

¿Hallaré a mi Orfeo?

Canta Júpiter en el aire.

Júpiter.

No.

Eurídice.

¿No? Pues la estrella contraria

quiere que le pierda.

Canta Júpiter.

Júpiter.

Sí.

Eurídice.

¿Qué es lo que escuchan mis ansias?

¿De qué suerte?

Va pasando Júpiter por el aire en un carro tirado de dos cisnes que van moviendo los picos y las alas y del seno va arrojando áspides que en llegando al tablado saltan y se mueven.

Carro de áspides.

Repitiendo canta Júpiter.

Júpiter.

Consiguiendo,

ya que por partes contrarias

un esposo y un amante

mi ventura impedir hayan,

que ni uno ni otro te encuentre.

Lejos.

Orfeo.

¡Eurídice!

Eurídice.

Alegrías, alma,

que este es mi esposo.

Más lejos dentro.

Aristeo.

¡Eurídice!

Eurídice.

Qué pesar, que quien me llama

es Aristeo.

Repite canta Júpiter.

Júpiter.

Qué importa,

si quien te hallare te halla,

cumplida ya del destino

la inmutable amenaza,

para su amor sin vida,

para su piedad sin alma,

a cuyo efecto mi diestra,

a quien esta acción se encarga,

estos áspides sembrando

en la verde yerba blanda

que pisas, a la verdad

el concepto que afianza,

cuanto es más fineza ver

muerta que ajena a su dama.

Coro de Júpiter y Música.

Cuanto es más fineza ver

muerta que ajena a su dama.

Eurídice.

¡Ay de mí, infeliz! ¿Qué flecha

al contacto de mi planta,

hiriéndome el corazón,

hiela, oprime, enciende y pasma?

Canta Júpiter.

Júpiter.

La que ha de hacer que, pasando

a las elíseas estancias,

de tu amante librada

y de tu esposo robada,

mi amor te consiga, aunque

tan cruel remedio le valga,

diciendo el viento en disculpa

de fineza tan tirana...

Arieta = Si llora desvelos

Pag. 36

Júpiter.

del áspid aleve

que el pecho te inflama,

qué puede hacer, qué puede hacer amante

quien ama.

Ansias que de fieros

fuegos severos

encienda su celo y pasme su llama,

qué puede hacer, qué puede hacer

amante quien ama

si llora desvelos.

Eurídice.

Qué letargo es este, Cielos,

que tan violento arrebata

la vida que

Sale Orfeo.

Orfeo.

Esposa mía,

feliz el que de tanta

confusión libre te encuentre,

mas qué es esto, tú turbada,

tú inquieta.

Eurídice.

Ay, di, qué, cuándo.

Orfeo.

Respira, qué tienes, habla.

Eurídice.

Mal podré si una congoja

que apenas (suerte inhumana)

me deja (dolor cruel)

decirte (la voz me falta)

que al pasar (qué parasismo)

por esta selva (qué rabia)

de un áspid (qué desaliento)

herido el pie (qué desgracia)

fallezco al torpe letargo,

voz, aliento.

Adiós, Orfeo.

Cae Euri (y desaparece por debajo del tablado).

Folio 15 tachado en el margen superior derecho.

Orfeo.

Ay de mí,

oye, espera, escucha, aguarda,

adónde desvanecida

tu ser la esfera taladras

de la tierra.

Música dentro, Coro de Júpiter.

Música.

Dónde esfuerce

el concepto que afianza

cuánto es más fineza ver

muerta que ajena a su dama.

Orfeo.

Dónde esfuerce

el concepto que afianza

cuánto es más fineza ver

muerta que ajena a su dama.

Canta en tiple.

Oh, Cielos, ¿para cuándo

son los rayos que Júpiter fulmina?

Caigan sobre mis hombros desplomando

la máquina del orbe cristalina,

sus ejes sempiternos,

y a los lagos avernos

llegue mi canto, ya que a sus rigores

llorar la vida por quien canto y muero.

Dos líneas tachadas e ilegibles al final de la página.

Pag. 37

Se asume que interviene Orfeo, al ser continuación de su lamento en la página anterior.

En un vuelo rápido, cantando baja Iris.

Orfeo.

Porque estrella impía

se apaga mi día

en su amanecer,

tirano, alevoso destino, ¿por qué?

mas ay, no lo digas, que a solo diré,

porque a sus luceros

los astros severos

no logran lucir, sino apagan su ardor,

porque siendo herida

de un áspid mi vida

sin vida se ve,

tirano, alevoso destino, ¿por qué?

mas ay, que a tanta belleza

consiga pasar del nacer hasta el ser,

porque injusta suerte

padezco esta muerte

y aún vivo después,

tirano, alevoso destino, ¿por qué?

mas ay, no lo digas, que a solo diré,

porque a este tormento

es poco un aliento

y un corto morir no es gran padecer,

mas ay, despecho mío,

qué remedio en mi pena

es lamentar el daño

si el dolor no se enmienda;

cese desde hoy el sacro

numen de mis cadencias,

que está entre la dulzura

desairada la queja,

vago espíritu bello, hermoso,

sin quien mi vida cesa,

desea vida, y es muerte

que por costumbre alienta;

aguarda, que contigo arrojado

desde esas altas peñas

al mar para seguirte se huya

mi ser, su ser desprecia;

muera quien ha perdido

todo su bien.

Iris.

No muera,

que aún morir camino

de que a vivir vuelva.

Orfeo.

Iris supremo,

embajador sagrado

de los dioses, ¿qué intentas?

Iris.

Obedecer de Apolo

la benigna sentencia;

él, como padre tuyo,

que te cure me ordena,

de un luciente alcázar

medida latitud a la mansión Letea,

sígueme.

Orfeo.

¿Cómo es fácil

que dos humanos puedan

resistir de su incendio

la celestial hoguera?

Iris.

No resistas, al remedio te espera.

Pag. 38

de final

Can. Orfe.

Iris bella,

ponderar el arrojo

no es nuestra la empresa.

Instrumentos

Cant. Yris.

Ya se oye la armonía

con que van dando vuelta

los inmortales ejes

de las sacras esferas.

Can. Orfe.

Al rojo, al incendio,

de en las breves fracturas

de sus azules puertas

son trémulos resquicios

las diurnas estrellas.

Can. Yris.

De la eclíptica ardiente

por la abrasada senda

de los signos que pisa

las imágenes quema.

Can. Orfe.

Al pértigo del carro,

¡oh, con cuánta violencia

el freno y de bronce

la cólera sujeta!

Cant. Yris.

Qué mucho si al chasquido

del látigo en su diestra

se estremecen los orbes

de los otros planetas.

Can. Orfe.

Pues que de esta estancia

Can. Yris.

estamos ya tan cerca,

Los dos.

que en su cóncavo advierta

nuestras voces requieran.

Cant. Yris.

¡A del flamante palacio del día!

Cant. Orfeo.

¡A del alcázar de la luz primera!

Borrador en el margen superior derecho: Lleguen, requieran, respiren ardiente 17 Planetas Tachado: a quien los alientos astros, luceros, estrellas 35 celestes hogueras Tachado: a quien de permita su blanda influencia Planetas y signos, estrellas y astros, gran padre del mundo, gran dios de las ciencias.

Musi. Yris.

Escucha mis voces.

Orfeo.

Atiende a mis quejas.

Al margen: X en tanto que entre continuo y acorde

Los dos.

En tanto que como celestes aguas

los globos eternos el polo rodean.

Música.

¿Quién llama? ¿Quiénes?

¿Quién viene? ¿Quién llega?

Y en tanto

la multitud de centellas y rayos

intenta lucir a sus ojos expuesta.

Los dos.

Abrid, abridnos las puertas,

que ni incendios ni rayos deslumbran

a quien ilumina mayor influencia.

Música.

Abrid, abridles las puertas,

que ni rayos ni incendios deslumbran

a quien ilumina mayor influencia.

Mientras estos dos últimos versos del canto han entrado por una puerta y salido por otra Iris y Orfeo, y se descubre el palacio del Sol, el cual ha de ser todo de columnas de fuego transparente, y en medio un globo grande azul, por encima del cual viene caminando en su carro.

Pag. 39

Mutación\nTirado de cuatro caballos blancos el Sol, y en el aire\nse han de dejar ver en seis estrellas que le estén movi\nendo continuamente de sus signos. Y otras seis en pedes\ntales escalonados transparentes, también distribuidas si\nmétricamente en el cielo. Los cuatro primeros bastidores\nhan de ser de nubes tocadas de oro.

Mutación = Vuela = [en el margen]

Orfeo.

Ya en el alcázar del Sol,

o te aguarda, espera,

y un mar que solo en él me anega,

que de tanto alumbrar ciega

me deja. Pero, ¿qué digo?

Calle, admire, goce y vea.

Apolo.

Venturoso hijo mío,

para quien generosa mi

sin esperar la aurora,

la juventud del día,

hace que otra nazca antes que muera.

Coro.

Cuando por ti se quedan

sin noche los campos, sin sombras los aires,

los orbes sin nieblas.

Apolo.

De tu pena movido,

a dar alivio vengo a tu dolencia,

Coro.

Pues ruego es fuerza,

forzoso precepto será.

a darte esplendores [tachado]

te ruega, el obsequio le obliga a la fineza [tachado]

que el poder conceda [tachado]

Apolo.

En los elíseos campos,

ausente de Eurídice la belleza,

esfuerza que penetres

del abismo las lóbregas cavernas,

donde amante muevas

las furias insanas, los jueces airados,

las Parcas tremendas.

Canta Apolo = [tachado]

Que mi albor que te haga Coro = [tachado]

y adonde junto a mí teman las furias [tachado]

a Cares que te guíe por la oscura cueva [tachado]

del báratro infernal hasta las puertas [tachado]

Coro = en cuya materia [tachado]

de mármol y bronce compiten [tachado]

primor y dureza [tachado]

Apolo.

Para tan grave asunto

como tu amor aspira,

toma esta celeste lira,

en quien asiste junto

el músico Linos su dulce encanto,

penetra, pisa el lóbrego reino del espanto,

verás cuánto se inclina,

baje el Plutón, y afable Proserpina

a tu ruego amoroso.

Orfeo.

Oh feliz mil veces, Febo poderoso,

quien de Eurídice bella

vuelva a gozar la luz.

Apolo.

Por ti, y por ella.

Ara = templa la lira, el Sol guarnece [tachado]

templa, templa [tachado]

Pag. 40

Número en el margen superior izquierdo: 84

Bloque de texto tachado: Templa, templa la lira de Apolo porque tan solo se le da vencer de la sombría el nocturno poder del Ocaso, del sacro arrebol porque a Orfeo cede el vano del Báratro espantoso solamente se le da vencer desengaños. Música. Clarín, cajas y una voz adentro.

Música.

Si de envidia el sol, etcétera.

Areta.

Templa, templa de Apolo la lira

con los tiernos conceptos de amor,

que en el reino fatal de la ira,

si fineza y piedad

quien de liras amantes inspira

solo triunfa de olvido y rigor.

Repiten.

Templa, templa de Apolo la lira

con los tiernos conceptos de amor.

Orfeo.

Poderoso padre mío,

en mis dedos fías una

mísera cifra, mi pasión;

desciendo a la tierra en donde

con la lira y con mi voz

logre el lauro por querer,

a mí oyéndome vos,

supuesto que ha de ser.

Música.

Templa, templa la de Apolo la lira

con los tiernos conceptos de amor,

que en el reino fatal de la ira, quien de liras

amantes inspira

solo triunfa de olvido y rigor.

Templa, templa, etcétera.

Acábase cantando a coros con esta última repetición, yendo desapareciendo las doce hermosuras de los signos, el tablado dando vuelta por donde se abre el carro, subiendo por el aire, y el gabinete de alcázar de luz, dividiéndose a trechos, y corriéndose la mutación entera de bosque y fachada de templo, y bajan.

Dentro cajas, clarín y voces.

Voces.

¡Viva el valiente Aristeo!

Líneas tachadas: Momo: entre mientras esa aclamación Chusco: en tanto que a aquella salva Momo: aun amo que dos medios Chusco: aun señor que me dio el diablo

Momo.

Aplaude con su rumor.

Chusco.

Festeja con su algazara.

Momo.

El diablillo de aquel

que duende, hielo del alma,

estrago del corazón,

Chusco.

saltimbanqui del desaliento,

pues por ti, de hoz y de coz,

se ha entrado el desasosiego

dentro de la inclinación.

Momo.

Oye, don terrible soldado,

Chusco.

escucha a un pobre pastor,

Momo.

que de su valiente afecto...

Pag. 41

Chusco.

Pintar de medroso amor

Filen.

desde que me aparté solo

del numeroso escuadrón

de zagales y soldados

que juntos festejan hoy

a Aristeo que en la ausencia

de Tifeo a la porción

de Tracia, Asiria, y rastedes

me siguen ambos a dos

gozando de la pasión

presumiendo

esfuerzo de la razón

que me quieren

Tiburcio.

explicarte

que desde que mi valor

llegó a estas playas y en ellas

me distes un corazón

estoy tan mal tal dentro de mí

que parece que no estoy

Chusco.

lo que a que mi inclinación

va padeciendo hervores

Tiburcio.

Pues no has de atender a ese

desvalido picarón

criado de un matadero

que dicen que le perdió el hato

de amores de una mujer

Chusco.

Pues tus quejas no, es no

de los que amando fantasmas

rinden el seso al temor

Tiburcio.

quiéreme de paz en paz

Chusco.

admíteme de antuvión

Canta Filis.

Para un mal humor

un amor mendigo

Zéfiro farfantón

desengáñense

que no es ese no

el que advierte que duele apercibido

a la perfeción

Si usted de limosna

me pide un favor

téngole pagado con un hito mío

Perdone por Dios

desengáñense

Si usted por tremendo

lo propio anhela

en vez majero de susto es remedo

de la opilación

desengáñense

Tiburcio.

sino mirara que llega

a no ver -

Chusco.

a no mirar -

Chusco y Tibu.

que llega Átropa y nos

siquiera impide que me vengara

Filen.

¡ay, que dudo! ¡ay, qué tonto!

Por una parte al son de la marcha sale Cleónides pontífice, con picas soldados, y detrás Aristeo con manto imperial, coronado de laurel y armado el pecho; y por otra, con cajas destempladas, salen Ismenia y Flora, las zagalas, y detrás Menandro barba con una fuente de plata y en ella unas palomas. Voces: ¡Viva el valiente Aristeo y generoso campeón!

Pag. 42

En el margen superior derecho de la página derecha: 22 / 39

Coro.

Llegue norabuena

al templo del sol

Música.

Supuesto que Orfeo

le esconde el temor

y Aristeo trueca el ceño

en compasion

dediquese oi

el mayor aplauso al heroe mayor

Aristeo.

Habitadores de Tracia

pues aveis echo eleccion

de mi amparo y vuestra patria

me elije por protector

o por la ausencia o muerte de

Orfeo logro

pues desde el dia que hirio

a su esposa el aspid (cielos

no renoveis mi dolor)

en fee de que el

primer paso del dominio

deve ser la religion

jurad a que sacrifique

al templo augusto del sol

para que tenga propicia

su deidad

Fenisa.

Fiad que oi de esso

sabed oi príncipe memoria

de que ayer fuisteis pastor

bien discurristeis con cuánta

gustosa satisfacion

podra dejarme este dia

Aristeo.

Calla Fenisa que soi

tan infeliz ciego que a la fineza

prefiero la obstinacion

mas io enmendare de entrambos

el destino y el error

Mora.

Pues a mi cuando ostentando

llegais al templo quereis

que a de servir de oblacion

volved a cantar el himno

Fenisa.

Repita la aclamacion

Todos.

Viva el valiente Aristeo

generoso campeon

Acotación parcialmente ilegible escrita entre las dos columnas: queda [ilegible] y sale / Orfeo con la lira que le / dio Apolo en la mano

Sale Orfeo con la lira que le dio Apolo en la mano

Música.

Supuesto que Orfeo

le esconde el temor

Orfeo.

Supuesto que a Orfeo

le esconde el temor

Música.

y Aristeo el ceño trueca en compasion

Orfeo.

y Aristeo &a

Música.

dediquese oi el mayor aplauso

al heroe mayor

Orfeo.

dediquese oi el mayor &a=

que es esto cielos que escucho

Sale.

Chusco.

en fin mi amo el valenton

por querer a su mujer

estado y vida perdio

pero a tamaña simpleza

tal castigo

Orfeo.

aun dudandome vio

un punto mi ingrata patria

ausente, y mi aclamacion

trueca en

Pag. 43

Orfeo.

Pero allí miro un pastor,

de él me informaré, ¡ah, villano!

Chusco.

¿Quién me llama? Mas, ¡válgame un millón!

Orfeo.

¡Villano!

Chusco.

¿Qué asomo o qué diablo?

Orfeo.

Espera.

Chusco.

Paso, temblor.

Orfeo.

¿De quién huyes?

Chusco.

¿No es usted el Orfeo que murió

de amores de su mujer?

Pues, casero fantasmón,

¿qué es lo que quieres de mí?

Orfeo.

Decirte que vivo estoy;

y aunque aspiro a remediarte,

y pues te hallé

a tan buen tiempo, veloz

me sigue.

Chusco.

¿Adonde caminas?

El siguiente bloque fue añadido en el margen izquierdo para sustituir el texto tachado que le sigue.

Orfeo.

A aquella respiración

de la tierra, boca oscura,

por donde asombros diviso;

el monte es, según las señas

que me dio mi padre el Sol,

la que junto al templo busco.

Chusco.

¡Qué es lo que intentas!

Tachado en el cuerpo principal: Orfeo: a aquella respiración de la tierra boca obscura al baratro por donde asombros tia.. Fileno: es espeso el monte o selva Orfeo: Pues entra en monte es según las señas que me dio mi Padre el Sol y pues va a buen tiempo esta fiera es esta

Chusco.

¿Dónde entras?

Orfeo.

Ven conmigo.

Chusco.

¿Adonde?

Orfeo.

Al orco.

Chusco.

Al orco, a la horca di tú, ladrón.

Orfeo.

Es al báratro infernal.

Chusco.

Pues eso es mucho peor,

que irse a lo barato es irse

a mantilla y real de a dos,

y suele salir más caro.

Orfeo.

Entra, pues.

Chusco.

¡Válgame Dios!

Entran por la boca de la gruta y, mientras vuelven a salir, se descubre la mutación de la noche hasta el primer foro, que será una vista de estrellas, resplandecientes bastidores y bambalinas; y va pasando el carro de la Noche con la luna transparente en el respaldo, tirado de dos búhos, esparcido un manto negro lleno de estrellas que en él se columbren, y, rasgándose una tela, descubiertas las puertas del abismo de bronce, con medallones, dinteles y figuras con cuellos de serpientes, y Coro que canta:

Coro.

Poco importa que fuego prevengas,

tu intrépido ardor.

Orfeo.

¡Qué espantosa obscuridad!

Chusco.

¡Qué terrible mutación!

Canta Noche.

No te espante, Orfeo,

su medroso horror;

que Apolo, al deseo obediente, se ofrece a guiarte;

no, no, no, que ya acude a pagarte,

penetrando la tierra, tu amor.

Pag. 44

Sol que suple la falta del Sol mas no que la acuda

Orfeo.

Pero, ¿qué lívidos rayos,

como que la luna entra,

por algún resquicio ilustran

el viento, aunque de este espacio

con temor?

Cantan.

No pienses que Apolo

intentar tan solo

prestar un favor,

no, no, no, que aún más aspiro,

pues me manda que venga a mostrar

lo que de esa puerta el semblante feroz,

no, no, no, que aún más aspiro.

Orfeo.

A la escasa luz descubro

de bronce las altas puertas, que

son de sólido bronce.

Chocan en ellas,

con la pulida labor

compite el adusto adorno.

Miedo infunden en mí.

Con milagroso hechizo

de mi acento valeroso

postrar su rigor,

la más insigne ocasión.

Cantan.

¡Ah del oscuro alcázar,

de la adusta, fúnebre mansión,

de la pena y el llanto,

del pesar, la fatiga y el horror!

Música.

¿Quién turba la estación de su pena,

quién pisa los palacios de Plutón?

Orfeo.

Un amante atrevido,

Los acentos cantados

se rompan al impulso de mi voz,

y el bronce inexorable

vénzase al fuego de mi amante ardor.

Música.

Ceda del abismo el seno,

se rasga a la dulcísima canción

de un amante ahínco,

que a tanta hazaña solo basta amor.

Al ruido de algunos truenos que imitan el estampido de abrirse las puertas de metal, se abren, y se manifiesta un foso, el río Leteo y barca de Aqueronte, y en la lontananza, con tres bastidores de cada lado, y el último frontis abierta la muralla, se ven los campos elíseos muy hermosos; y sale Aqueronte, barquero, con un remo en la mano.

Aqueronte.

Entra, Orfeo, que ningún

mortal, sino este, logró

pasar viviendo

a las viviendas esa barca.

Orfeo.

Ven, fiero monstruo.

Chusco.

Eso no, señor;

dese principio al infierno;

con tan solo por tener pendón,

se puede elegir un sastre.

Aqueronte.

Pues, ¿no tienes temor,

mientras a tu amo esperas,

estarte en y te daré diversión?

Chusco.

¿Qué quieres, con Can Cerbero

jugar un rato?

Por Dios, proeza, afán de romano,

guiar este bote con ese pulmón.

Pag. 45

Chusco.

¿Para qué más, qué es aquello

Ache.

que miras?

Chuscolín.

Un escuadrón

de gentes, ¿quién es aquel

que atraviesa la valla?

Ache.

Un habladentoyador.

Chuscolín.

¿Y aquel espíritu magruto

que desde aquí viendo estoy?

Ache.

Es una dueña que aún trae

el infierno en confusión.

Chuscolín.

¿Y aquel?

Ache.

Es un envidioso.

Chuscolín.

¿Y aquel?

Ache.

Un adulador.

Chuscolín.

¿Y el de acullá?

Ache.

Un embustero.

Chuscolín.

¿Y el de acá acá?

Ache.

Un fanfarrón.

Chuscolín.

Jesús, pues acá está todo el mundo,

que allá me he dejado yo.

¿Y aquel?

Ache.

Una enamorada.

Chuscolín.

Más que te entro dentro,

porque...

Ache.

Por preguntador pasa.

Chuscolín.

¡Ah, señor infierno, detente!,

dices bien, mas lo mere-

ces penar. Pobre mundo, no habrá

quien vaya al cielo.

Vase.

Ache.

Huyóse.

Cerrad las puertas.

Huye Chusco, éntrase Aqueronte y, mudándose el tea-

tro en mutación la escena de los campos elíseos, muéstrese el

muro, adornados de flores, árboles, leones, fuen-

tes deleitosas y cuadros Tachado: en medio del tablado. Sobre el renglón: calles pasarán 2.

Cupidillos se verán. Plutón y Proserpina en su trono

de majestad rojo con medallones de Cupidos de oro

con tres gradas y en la última de rodillas Orfeo con

la lira y en dos hechos tronos asimismo de oro ba-

jan por el aire tomando las puntas del pabellón Jú-

piter y Apolo. Cantan.

Canta.

Orfeo.

Plutón.

Cantan.

Los dos.

Plutón.

Canta.

Apolo.

Compadécete

Canta.

Júpiter.

No atiendas a su clamor.

Proserpina.

Di, Orfeo, ¿qué osado impulso

te trae al abismo?

Canta.

Apolo.

Que es mi

Júpiter.

Que es mi

Los dos.

Puede vencerte a un Dios, con dos vencer

con armas de otro Dios.

Orfeo.

Monarca poderoso,

Los dos.

Y pues puedes sujeto

Orfeo.

préstame en tu atención

Orfeo.

no solo grato oído,

sino de una tierna propicia compasión

de

Mi pecho enamorado

a la saña de un áspid

mi Eurídice perdió,

un alma y una vida

que era mía,

pues este lamentaba dolorido...

Pag. 46

Orfeo.

no su espíritu pido,

que esta jurisdición

del mío que está en ella,

tenerle libre de ti mientras animo,

dame a mi amada esposa,

acuérdate, señor,

cuando por Proserpina

arder Trinacria,

vivo volcán, tu ardor te temió.

Pluto.

qué dulcísima violencia.

Proserpina.

qué poderosa tu acción.

Los dos.

quién infunde en tus acentos

poder tan extraño.

Orfeo.

amor, amor que mal pudiera

aun Dios, vencer sin armas de otro Dios.

Canta.

Apolo.

a rendirle fui.

Canta.

Júpiter.

no le ha de rendir, no.

Pluto.

venciste, Orfeo, venciste,

asumo que no

puedo a la sonora fuerza

resistir de su canción.

Proserpina.

ni yo, ya tu esposa es tuya.

Orfeo.

mas te la doy,

con condición de que, mientras

no mires el resplandor

del sol, no vuelvas a verla

el rostro.

Júpiter.

corrido estoy.

Orfeo.

y la condición acepto.

Apolo.

y triunfo tan superior

voy a celebrar.

Júpiter.

yo airado solo

huiré de esa aclamación.

Orfeo.

yo a gozar mi amada bien,

hecha la hazaña mayor

con esa música.

Diciendo.

Música.

que solo ha triunfado amor,

porque otro no pudiera,

aun Dios, vencer con armas de otro Dios.

ocúltase la mutación de los campos elíseos y corriendo se la de la loa Tachado: que es de bosque. Escrito arriba: que sirva a este acto que es de salón magnífico Tachado: como que es templo en el foro ha de tener una estatua Tachado: de Apolo. Escrito arriba: como que es templo . Salen Aristeo, Menandro, Cleónidas, Antígono, Licas, Ismenia, Albina, Tiburón, soldados, y tocan cajas y clarines.

Dentro.

¡viva Aristeo, soldados,

nuestro invicto protector!

Zaga.

haced ecos, ¡Aristeo viva!

Música.

viva,

y dedíquese hoy

el mayor aplauso al héroe mayor.

Tachado: sus cobardes voces no viva sino es Orfeo

Zagal.

no viva sino es Orfeo.

Aristeo.

tened, que voz

osadamente atrevida

las nuestras interrumpe.

Por la boca de la escotilla sale Momo.

Momo.

la de quien viene a pediros

albricias de este postillón,

desde el infierno correo de los dioses.

Todos.

¿qué dices?

Tachado: Momo = que allá va eso

Tachado: Orfeo, las tres ánades cantando con intención.

Pag. 47

Todos.

De sacar a su mujer

convenciendo asombros

a los dioses infernales,

y según va, a los dos

veréis presto por acá.

Silvio.

Qué disparate.

Fileno.

Qué error.

Coridón.

Qué delirio.

Licas.

Qué locura.

Aristeo.

¿Vienes, villano, traidor,

a burlarte de nosotros?

Momo.

Si no es verdad, ¿qué es mentira?

Chispa.

Esta es verdad, puro adiós.

Menalcas.

Dejad de pleitos y volviendo

Músicos.

Dejad que se oiga la canción.

Salen Orfeo y Eurídice.

Orfeo.

¡Qué encanto milagroso!

Como sacar del abismo

a mi esposa, mi atención

hoy halla en esta región.

Eurídice.

Zagales de esta región,

Orfeo.

como el día que mi acento

Eurídice.

como el día que mi amor

Orfeo.

el mayor triunfo consigue,

Eurídice.

canta, y su dicha logra,

Orfeo.

librando del hondo abismo

Eurídice.

volviendo a gozar del sol.

Orfeo.

A mi esposa.

En el margen derecho: X Coridón = de júbilo llenos / os hallo con la armonía / endulzando la aflicción

Eurídice.

Por mi Orfeo.

Aristeo.

¿Orfeo, con su Eurídice?

Otros.

Qué espanto.

Otros.

Qué admiración.

Menalcas.

Que solo piadoso en disculpa.

Aristeo.

Tente, que el asombro mayor,

prodigio que así nos enseña

quien de amante se precia,

solo con [?] obrar bizarro

puede salir vencedor.

Orfeo, este fue el engaño

que por muerto te juzgó,

y pues que triunfante sales

con tu esposa, logras hoy

la mayor gloria generosa,

contribuye a mi honor

dando la mano a Fenisa.

Fenisa.

Feliz mil veces soy.

Todos.

Aplaudan todos tu victoria.

Orfeo.

Generoso campeón,

a obras como quien [?] preside.

Otros.

Y del rumor que os persigue

Tachado: X Repitan festivos todos

Tachado: Orfeo = resuene

Cantan, y bailan.

Coro.

Viva, viva la gala del uso del sol.

Pag. 48

Casaslla.

Viva la gala del cielo, del

Zagala.

Pues que del abismo sale veloz.

Casaslla.

Pues que del abismo sale veloz.

Música.

Viva la gala del sol

Zagala.

Este sí que es digno de la aclamación.

Música.

Viva la gala del

Casaslla.

Este sí que es digno de la aclamación.

Zagala.

Pues por él repite el eco a una voz.

Casaslla.

Pues por él repite el eco a una voz.

Música.

De Luis Fernando en honor

ceñir el laurel espere

quien mayor hazaña hiciere

con música y por amor.

Mena.

Tened, ¿qué es esto, no veis

deshacerse de resplandores

la esfera de luz veloz?

Cleoni.

Y cuántas deidades

esta festiva invención

empezaron en la loa

descienden en las mentidas

plantas del viento descienden.

Todos.

Diciendo al coro

Vuelvan a bajar el trono con la majestad en la forma que estuvo en la loa la Representación, la Poesía, la Pintura y la Perspectiva, saliendo entras paños ya asidas sus sillas, y presentándose a la vista los dos Imperios de Tierra y Mar en un león y un pez de plata, y cantan.

Música.

De Luis Fernando en honor

ceñir el laurel espere

quien mayor hazaña hiciere

con música y por amor.

Representación.

Ya es tiempo célebre Orfeo,

Pintura.

Ya es tiempo célebre Orfeo,

Castilla.

Ya es hora, invicto Anfión,

Poesía.

de que en el empeño mayor

Castilla.

de que en la empresa mayor

Coros.

deis cuenta del encargo

Líneas tachadas y reemplazadas en el margen derecho: deis cuenta de como habéis desempeñado el honor y vos en el glorioso asunto que a vosotros se encargó quien debe ceñir el sacro triunfante laurel de tanto aplauso, los dos esfuerza, gane quien más tire con el obsequio el laurel el digno laurel.

Anfión.

Yo

Orfeo.

Yo

Majestad.

Eso es volverse al principio.

Poesía.

No es tal, pues pudo mi voz

atrayendo lo insensible

dar a las piedras acción.

Orfeo.

No es tal, pues logró mi acento

penetrando la región

del abismo, hacer posible

lo mayor consiguió .

Anfión.

Pues a festejos tanto

Orfeo.

Pues a tanta obligación

Anfión.

Solo el que proezas hace

lograr quedará el galardón .

Orfeo.

Solo el que y en su logro mayor

aquieta su fiera condición

logra de su amante ambición.

Anfión.

Yo he salido victorioso.

Orfeo.

Yo he quedado vencedor.

Majestad.

Parad suspendidos los ecos

qué engaño, qué presunción

a bastarda persuasión

Pag. 49

Majestad.

que ninguno de los dos

pueda hallar a tanto bien asunto

competente aclamación.

A que tú, que un imposible vences,

tú, que un prodigio ofreces,

hacen más unidos ambos

que cumplir con el menor

motivo de la alegría,

quedando de quien nos demostración

que aun dentro de lo imposible

quepa, ni en bulto pienso.

Y así, con quedar iguales,

os contentad, mientras yo

hallo la cuestión rehúse

a un concepto a otro mejor.

Pues es de Luis en aplauso

reduzco la decisión,

diciendo en unidos ecos:

Representan Coros, Clarín, Música =.

De Luis Primero en honor,

solo ensayan este día

de Filipo y de María

la grandeza y el amor.

Tachado: Con esta repetición a pasando Castramoya

Repitiendo esta copla van desapareciendo unas por el aire y otras por la tierra, y quedan los veinte y cuatro. Grande danza, que en habiéndola ejecutado dan fin =