La comedia arranca en Madrid, adonde llega don Gerónimo de Leiva tras una larga ausencia motivada por haber matado años atrás, en una riña de pelota, a don Félix de Ribera, caballero burgalés. Vuelto rico de Lima y acompañado de su criado Calbete, don Gerónimo se siente atraído en seguida por una dama tapada que ve entrar en la iglesia y después cerca del convento de la Magdalena. Poco después socorre en la calle a un caballero acosado por varios hombres, y descubre con sorpresa que el favorecido es don Lope de Ribera, hijo del hombre a quien él dio muerte. Don Lope, que había llegado a Madrid buscando a su enemigo para vengar a su padre, queda a la vez obligado por la ayuda recibida y resuelto a mantener su desafío; por ello ambos aplazan su combate para una cita detrás del Retiro. Antes de que puedan batirse, intervienen nuevas casualidades: aparece don Fernando de Ribera, padre de doña Elena y pariente mayor del linaje, y también don Antonio de Castro, amigo reciente de don Gerónimo, hombre festivo y enemigo declarado de la idea del matrimonio, a quien su tío don Fernando quiere casar con Elena. Mientras tanto se va aclarando que la dama tapada era la propia doña Elena, que aquella mañana había pensado entrar monja para librarse de un casamiento impuesto con don Antonio, pero que al ver en la iglesia al forastero queda vivamente impresionada por él.
En la primera mitad de la acción se enreda un sistema de identidades fingidas, visitas secretas y sospechas domésticas. Para evitar que se descubra de inmediato quién es, don Gerónimo acepta presentarse ante don Fernando y don Lope con el nombre fingido de don Sancho de Meneses. Al mismo tiempo, Calbete averigua la casa de las damas y sirve de intermediario amoroso entre su amo y las criadas, mientras Elena, confiada ya a su prima Violante, reconoce que se ha enamorado del forastero y que su decisión de hacerse monja se ha desvanecido. Don Antonio, por su parte, lleva a la familia a la comedia en el Retiro y trata de cortejar a Elena, pero lo hace sin verdadero deseo de casarse y con una torpeza cómica que subraya su obsesión contra suegros y cuñados. En torno a la salida al Retiro y a los encuentros posteriores, se multiplican los equívocos: Elena y don Gerónimo logran hablarse, se cruzan papeles y recados, y el galán entra varias veces en casa de don Fernando gracias a la complicidad de Lucía. Esas entradas nocturnas, unidas a la ocultación de luces, puertas abiertas entre aposentos y la ignorancia de quién corteja exactamente a quién, hacen que don Fernando sospeche por el honor de sus hijas y que recaiga sobre don Antonio la presión de casarse con Elena, pues es a él a quien el viejo encuentra de noche en el cuarto de su hija, aunque la situación no queda plenamente aclarada.
En la tercera jornada el conflicto se acerca al desenlace. Han pasado unos quince días y don Fernando insiste cada vez más en casar cuanto antes a don Antonio con Elena, mientras don Lope sigue pendiente de su venganza y don Gerónimo procura mantener su amor secreto. Don Antonio, desesperado ante la perspectiva del matrimonio, idea incluso una estratagema burlesca para librarse de su futuro suegro fingiendo que viene apestado cuando vuelva de Getafe, lo que muestra hasta qué punto teme la boda. Sin embargo, el nudo principal se deshace cuando don Gerónimo vuelve a entrar en casa de las damas y es finalmente reconocido por un papel amoroso y por la confesión de su verdadero nombre. Don Fernando quiere vengar entonces la muerte de su hermano y también el agravio que cree hecho a su casa, mientras don Lope reclama para sí el derecho de desafiarle; pero don Antonio interviene como mediador y desvía de forma decisiva el conflicto. Como él no quiere a Elena ni desea casarse, propone que, para salvar el honor de la joven y apaciguar a todos, ella dé la mano a don Gerónimo, de quien además se dice que desea el enlace y aporta una gran riqueza traída de Lima. Aceptada esta salida, cesan las venganzas: Elena se casa con don Gerónimo y Violante queda prometida a don Lope. Don Antonio, aunque no logra escapar del todo a los vínculos familiares, celebra sobre todo haber evitado para sí el matrimonio que tanto aborrece, y la obra concluye con la restitución del honor y con un cierre cómico de bodas dobles.