Juez de los divorcios
Autoridad que preside la audiencia, escucha las demandas de los matrimonios y, con tono entre serio y cómico, se niega a conceder divorcios sin causa ni prueba suficiente.
Miguel de Cervantes Saavedra
تاريخ نشر الملخص: 18 يونيو 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una audiencia judicial que probablemente se sitúa en un entorno urbano castellano del Siglo de Oro, varias parejas acuden ante el juez de los divorcios para pedir separación por vejez, enfermedad, pobreza, ociosidad, celos y mala convivencia. Mariana y su anciano marido, doña Guiomar y el Vejete, doña Aldonza y un cirujano, y finalmente un ganapán con su mujer pendenciera exponen en orden sus agravios, pero ninguno obtiene una ruptura inmediata porque el juez exige pruebas y rehúsa decidir solo por las quejas. La obra termina con una invitación a celebrar la reconciliación de otros esposos y con un canto que afirma que, en el matrimonio, incluso el peor acomodo suele presentarse como preferible al divorcio.
La acción se desarrolla ante el juez de los divorcios, que escucha sucesivamente a varios matrimonios desavenidos. El primer pleito lo protagonizan Mariana y su marido, un hombre muy viejo y achacoso. Ella pide con grandes voces que la descasen porque se ve obligada a cuidarlo como si fuera enfermera, soportando sus dolencias, su mal aliento y la ruina de su propia juventud al lado de un anciano. El marido replica que él es la verdadera víctima, pues lleva más de veinte años sufriendo los gritos, insolencias y empujones de su mujer, que además domina la hacienda doméstica. Aunque ambos manifiestan un cansancio extremo y el marido incluso propone retirarse cada uno a un monasterio y repartirse los bienes, el juez no encuentra causa suficiente para conceder el divorcio y los manda seguir juntos, recordando que deben sobrellevar las cargas del matrimonio.
A continuación comparecen doña Guiomar y el llamado Vejete, segundo matrimonio en litigio. Ella presenta a su marido como un inútil, un “leño” incapaz de trabajar ni de procurar sustento para la casa: pasa el tiempo oyendo misa, murmurando en la Puerta de Guadalajara, frecuentando casas de juego y pretendiendo ser poeta sin provecho alguno. El marido admite gran parte de esas acusaciones e incluso declara que desearía verse libre, porque su pobreza y su condición de casado le cierran el acceso a oficios y acomodos; sin embargo, aprovecha para denunciar el mal carácter de doña Guiomar, sus celos, sus impertinencias y su exigencia de respeto fundada solo en su honestidad. El diálogo entre ambos revela un matrimonio consumido por la miseria, el resentimiento y la falta de estima mutua. Pese a las confesiones y reproches cruzados, el juez interrumpe el proceso sin sentenciar, porque llegan nuevos demandantes y porque entiende que tales causas deben probarse formalmente.
El tercer caso enfrenta a un cirujano con doña Aldonza de Minjaca. Ambos se detestan abiertamente: él enumera cuatro razones para apartarse de ella y ella responde que tendría cuatrocientas, entre ellas el haber sido engañada al casarse creyéndolo médico, así como los celos desmedidos del marido. El juez, desbordado por la violencia verbal de ambos, remite también este pleito a prueba. Después comparece un ganapán que cuenta cómo, tras prometer casarse con una mujer “errada” cuando estaba enfermo, cumplió su palabra y tomó por esposa a una antigua mujer pública a la que puso a vender en la plaza; pero ella ha resultado pendenciera y agresiva con clientes y vecinas, de modo que él vive siempre dispuesto a defenderla y a pagar las consecuencias de sus riñas. También en este caso el juez aplaza la resolución y decide recibir a prueba todas las demandas. La pieza concluye cuando llega una invitación festiva de otra pareja anteriormente reconciliada por el juez; este acude con gusto, mientras un escribano observa con ironía que los pleitos de divorcio alimentan a los oficiales de la audiencia. Un canto final resume la moraleja del entremés: entre casados, aun un mal arreglo vale más que el mejor divorcio.
Autoridad que preside la audiencia, escucha las demandas de los matrimonios y, con tono entre serio y cómico, se niega a conceder divorcios sin causa ni prueba suficiente.
Primera demandante; mujer joven en comparación con su marido anciano, a quien acusa de convertir su vida matrimonial en una carga de cuidados, enfermedades y sufrimiento.
Esposo viejo y achacoso que se defiende afirmando que él padece los gritos, la dureza y el dominio económico de Mariana.
Segunda esposa demandante; censura la inutilidad, la ociosidad y la falta de recursos de su marido, con quien mantiene una convivencia marcada por el desprecio mutuo.
Marido de doña Guiomar, probablemente hidalgo pobre; admite su escasa capacidad práctica, pero denuncia el carácter celoso y desabrido de su mujer y solicita también la separación.
Esposa del tercer pleito, enfrentada a su marido con odio manifiesto; lo acusa de engaño profesional y de celos excesivos.
Marido de doña Aldonza de Minjaca; pide el divorcio alegando incompatibilidad extrema y rechazo absoluto hacia su mujer.
Último demandante; trabajador de carga que explica su matrimonio con una mujer de pasado marginal y se queja de su violencia y continua conflictividad en la plaza.
No se identifica con plena seguridad por su nombre en el texto conservado; aparece caracterizada indirectamente como placera pendenciera, soberbia y agresiva con clientes y vecinas.
Figura secundaria de la audiencia que introduce una observación final irónica sobre el provecho económico que los pleitos de divorcio dan a escribanos y procuradores.
Espacio central y casi único de la acción representada, donde comparecen sucesivamente los matrimonios y se escenifican sus conflictos.
Ámbito doméstico inferido de manera clara en los relatos de los personajes; allí se producen la enfermedad, la pobreza, las discusiones, los celos y el desgaste cotidiano del matrimonio.
Lugar urbano mencionado por doña Guiomar para caracterizar la ociosidad de su marido, que pasa allí las mañanas oyendo novedades y murmurando.
Espacios frecuentados por el marido de doña Guiomar, importantes para mostrar su improductividad y su incapacidad para sostener el hogar.
Espacio de trabajo de la mujer del ganapán, donde riñe con compradores y vecinas y desde donde se extiende el conflicto matrimonial.
Lugar mencionado al final, fuera de escena, adonde el juez es invitado para celebrar la paz restablecida de otra pareja y que sirve de contrapunto festivo al resto de pleitos.
Toda la obra gira en torno a esposos que piden divorcio por incompatibilidad, cansancio, rechazo mutuo y convivencia imposible.
Varios personajes se quejan de haber hallado en su cónyuge algo muy distinto de lo esperado: un anciano enfermo, un marido inútil, un falso médico o una mujer de mal carácter.
El primer pleito muestra cómo la decrepitud física y la obligación de cuidar al otro se convierten en fuente de resentimiento y desesperación.
La miseria doméstica pesa especialmente en el caso de doña Guiomar y el Vejete, donde la incapacidad del marido para ganar dinero agrava el conflicto.
Los litigantes se reprochan celos infundados, gritos, violencia verbal y temperamentos insoportables, elementos que impiden la paz familiar.
El juez insiste en que no basta la simple aversión entre los cónyuges y que las causas deben probarse por escrito y con testigos antes de dictar sentencia.
El desenlace y la canción final sostienen que, dentro de la lógica moral y jurídica de la pieza, un mal acomodo entre casados se considera mejor que la ruptura definitiva.