إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
البيانات الوصفية للعمل
تنبيه
قد يتضمن أخطاء أو سهوًا. إذا كانت لديك طبعة أفضل، فنرجو أن تتواصل معنا لإدراج التحديثات.
الترخيص
يُقدَّم هذا المحتوى بموجب ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0. يُسمح بإعادة استخدامه مع الاستشهاد؛ ولا يُسمح بالاستخدامات التجارية.
<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Espada, caballo y pintura. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/espada-caballo-y-pintura.
Jornada primera = Espada, caballo y pintura
El granduque de Florencia. Don Félix. Segundo. Don Nuno. Tercero. Blanca. Primera dama. El pintor [ilegible].
La duquesa. Segunda. Inés. Criada. 4 Tristán. Gracioso. Crispín. Segundo gracioso. Rugero. Viejo barba.
Sale el granduque de Florencia, Don Félix, Rugero viejo, y Don Nuno, con acompañamiento =
Señor, a quien he servido
con tal celo y lealtad
como se ve, a la amistad
que en la guerra he conseguido,
y a tus pies llego ufano
porque en este grande riesgo
puesto en el rigor ciego
que gané con mi mano.
Y para colmo de tantas
honras como te debo,
espero alcanzar de nuevo
hábito de estar a tus plantas.
Esta es la más preeminente
En el margen derecho, bajo un sello de biblioteca, se repite el título: Espada, caballo y pintura.
que valga mi estimación
Ilustre amigo, pariente,
subís antes, obsequios pues
Mirando vuestra fineza
en el sol, la corona
vengo a tener a los pies.
Cuando con tantos reclamos
acrecentáis mi fortuna
que sustenta su edificio,
pedid, pedid sin temor,
porque cuanto apetecéis
puede el adeudo a tener
a sus llaves, en mi amor.
Mas esperad, porque agora
desluciendo su arrebol
una aurora sale el sol,
porque es blanca su aurora.
Sale Duque con acompañamiento, Blanca, Elvira, Inés y Tristán.
¡Oh, en hora buena, señora,
seáis venida a mis ojos!
pues que viendo los abriles
de aqueste dueño quedo yo,
a buen tiempo a sus venidas
que...
pudo mostrarme esa que
en quemas, aplausos logre.
Y más, siendo ansí, Rufero,
no había menester abonos
con los que merecen mucho.
Mirándolos.
Suspéndese.
Ya que de heroico
os merezco lo que os pido,
es que permitáis que esposos
Lleguen, señor, a mis hijos
Elvira y Blanca. Yo os trayo
por mi parte este amigo.
Y quién, que más me reporto,
merece a Blanca y Elvira?
¡Yo!
Callad, no busco a Dios,
o despide al precipicio
agora, agora socorro.
Cómo hasta en mis celos
de mi amor, si en uno do
a su Blanca que de pena,
y a Elvira que de oprobios,
intento darme a mí mismo,
vengan con ellos.
Yo solo
la obediencia a mi padre.
Rindo el gusto
y yo le postro
Ay Ruino hay más que esperar.
Vees, cuán ansiosos amantes, Inés.
Sí, bestia.
Pues si se casan
aunque les serán demonios
¡Ah! pero no basto. Es lindo
zángano, reámer, que todo
trata de que otros concluyan,
sin concluir sus negocios.
Pero no basto, es puerco
y procura dadivoso,
plagar las entradas que
reputen famas. Nosotros
Más que estuviese jaranoso
que, de dos en dos, a Ruino
no preguntase a qué aspira.
¡Válgame y infeliz! ¿cómo
el no sabello me puede
respetar, que hoy me infamo,
a lograr de las verdades
la baldaquessa, pregonan
mi cuidado, así sumiento
que me sumiese San Bruno.
¿Qué me respondéis, señor?
En ordenarme estáis dudoso.
Aquesta merced os pido
como vasallo.
Y yo, y todos.
Yo, por dar gusto a mi padre.
Yo, porque obediencias logro.
Yo lo pido como esposa.
Ya lo otorgo, ya lo otorgo.
¿Qué más queréis? Mas repone
que, aun siquiera a Paternóster,
no le daréis a mi todo.
El fallo echo a pique.
El monstruo, con perlas, notas, color,
apela a lo azul.
¡Nosotros
nos daremos lindo verde!
Ea, porque sea el gozo
cumplido, las manos luego
os dad.
Esperad un poco,
porque el día que se casan
dos vasallos, a quien amo,
velaré a mi Tolomeo
con Risas. Bien lo dispongo.
Del mayor pingajo a mí
Ayastras. Es fracaso.
Señor, a mi parecer
nos traen fiestas, me estorbo
a mi pena, pues dilatan
los males, mayor estorbo.
Si de la fiesta, en las bodas
para entristecer en los novios.
Dad lugar a que en aplausos
den ofendidos, venturosos
hijos nos traen. Su Alteza
pues para este intento, a solas
quiero hablaros.
(Vase)
Salgamos,
como del duque conozco
la intención.
(Vase)
Esto va mal.
(Vase)
Yo mis desdichas lloro.
(Vase)
Y yo mis pesares temo.
(Vase)
Confuso voy.
(Vase)
Yo dudoso.
(Vase)
Llegó el plazo fatal, es ya la
infortunio la victoria, envidio.
¿Estamos, Rufo, solos?
Sí, señor, ya estamos solos.
Quíteme a mí Su Alteza,
mirad si en este entorno
nos escucha algún criado.
No siempre anda descuidoso.
A gran duque de Parma
que me llama el mundo
todos a que le nombren darán
desde el un al otro polo.
No rindo a vos mi enseñanza
señor a mis canas, solo
les debo aquesta merced.
Pues como vasallo propio
Ya, señor, mereced, no de
pecho, un Argos cuidadoso.
Confieso que eres mi lince,
y cuando me escuches no adviertas
en los oídos no más
pongas la atención, que poco
importará encomendado
en la ceguedad que lloro,
que atento me des oídos,
y si no me apartas los ojos.
Deja, señor, advertirlo,
que os tiene en tantos agravios,
que mi lealtad os previene.
Dados, y ruidos, de modo,
que mi miente ciego
Una noche, cuando Febo
en nevados promontorios
juzgó al mar pequeña tumba
para ser, sumándose luego
por divertir mis pesares
hacia jardines frondosos
de Aranjuez bajé, de penas
de las flores, los cogollos
haciendo el botón sepulcro,
cada cual, se miran todos
en lánguida amarillez,
por mirar de Febo hermoso
los rayos. En su cenit,
cuando, disipé a mi asombro,
vuestros divinos luceros
hayan vestido graciosos.
Y sus luces también de sombras
haciendo, que ciego el globo
celeste de sola una estrella
no pestañee los ojos,
si en nuestro abismo las flores
con retiros, con embozos,
su paternal sentimiento
les enseñan a su modo,
pues siendo de astros y flores
el sol padre, fuera impropio
cuando lo siente la una,
que no lo lloren los otros.
Desta suerte discurriendo
estaba, cuando medrosos
pasos siento, que ofenden
del alto soto o destron
ornado, más pinto y encubierto,
cecear a Favonio,
mudo, porque entre las hojas
no es dar balbeando soplos
mis atenciones, quieta una
me acreditaron. A poco
continuaron. De las vueltas
dellas me ofrezco, aunque estorbo,
en lo espeso de las ramas,
descubrí de un traje rojo.
Cada paso y menos sueltos
sin reparar, animosos
en tajos, que da la noche
en sombra a atajar, medrosos
aquellos pasos, y de espada
a los del ánimo del otro.
Embarazado tropiezo
con la oscuridad, del modo
que, cuando entendí topar
el desengaño dudoso,
me hallé más, pues para afuera
del jardín la puerta oyo
cerrar, con que allí no puedo
saber a quién llego. Yo, de
profanar de mi palacio
el sacro vedado coto,
estoy suspenso; el suceso
que me tiene cuidadoso
que oí pisadas es cierto,
que por el jardín al medio
estaba, entrar en mi palacio
no lo dudo, aunque dudoso
por el dueño de la acción
a discurrir me dispongo.
Fantasmas no se me aseguran,
ni me asegura tampoco
que este delito el amor
lo haya causado, mas con
esto había de ser, por vida
de aquestos árboles hermosos,
donde del sol los caballos
descubren la tirana
que si indicios encontrara
de ver alguno, aunque con mis ojos
sea el primero que quite
la corona que a los hombros
dosel abaje, de suerte
que al cuello lazo nudos
podrá el celo y regaños
servirle cuanto supongo
que es temeridad, que es fuerza
que sea mayor, luego yo
pues lo que ha de ser la vida
la muerte ha de darle todo.
Pero mientras lo averiguo,
he de callar mis enojos,
he de empezar para mí,
y entre tanto a los dos protervos
os mando que uno tratéis
porque al turbador alevoso,
como el rayo entre las luces,
he de resolver en polvo
lo que más se encubriere.
Con lo que aquí veneno, yo
aspiro oculto en las flores,
y encubierto en el embozo
de la amistad, sobre dar
castigo aspiro
Paso, tente recatado,
no pases a tantas cosas
secreto, más que te encargo
cuando por tus ditas solas
debes temer que se entienda
caso tan escandaloso.
Toma esta llave y de noche
has de examinarme presto
este jardín, sombra a sombra,
planta a planta, tronco a tronco.
Porque se acaben mis dudas,
porque se empiecen mis miedos,
porque el honor desengañes,
porque me enseñes el modo
con que puedas descifrar
este enigma misterioso,
este laberinto, este
en que me pierdo y me cobro
considerando que nada
hay oculto, que al fin todo
con el tiempo y la industria
se sabe y se dispone.
Cauto ha de ir mi amante,
quiera el silencio solo
testigo de aqueste intento
que siendo príncipe Troylo,
mostrándome liberal
en honras con unos y otros,
dando premios al humilde,
y al soberbio dando asombros,
podrá sin queja servir.
Intenta algún ansioso
serme traidor, que se enmiende
a mi templanza animoso.
Pues a tanta sinrazón
no habrá ninguno tan loco
que desprecie las mercedes
por llevarse los oprobios.
Vase.
En un mar de confusiones
me deja, y aunque en dos golfos
dudar puedo, si mis hijos
simulo, o no, o no me asombro,
mas la nave de mi fama
no temo se vaya a fondo,
que las tormentas de honor
vence el valor de los nobles.
Sale Blanca por donde se va Rufelo.
Detente, padre y señor.
¡Oh, inatención inescusable!
que mi pena, que por ser nueva,
y no tiene, con mi escusa,
pues salgan ya los agravios
que padezco en mi seno
en lágrimas a los ojos,
y en suspiros a los labios.
Era, la obra en efeto
porque hubiese la luna
en verde orla la buscaba
No prisión, sino clausura
este convento, mas clara,
pues en la esfera umbría
arrebató lucimientos
que de nubes la circundan.
Asistiendo a la duquesa
estaba yo, y qué locura
darle nombre de asistencias
a envidia de su hermosura.
Un alboroto, un navío
oí, de voces confusas,
seguía la duquesa entonces,
que torpe, andando, y resuelta,
con cuanto vistió la modestia
y desnudando la angustia.
Tomé una luz, mas asombras,
solícito mi cuidado
que aun saber dar al recato
no parece bien desnuda.
Llegué, mas a los balcones
del tercero, dan las muchas
confusiones, muchas voces,
y se reducen a una
diciendo: ¡Ciegos vasallos,
aquellos leales buscaba
mi persona, si no engaña!
al rey es, lo que se escucha,
desde este balcón oí,
a que se toque, acudan
a amparar vuestras lealtades,
¡ay cielos!, saben que sufría,
rayos esgrimir de aceros,
y a qué tal su desventura
que en una noche tan clara
se tienen por otra.
Escusa
de contarme lo que anoche
fue don Vela, de quien fortuna
tan desastrada sufrió,
que le dio don Nuño ayuda,
y al quebrársele la espada
que el duque le dio otra suya,
porque a mi pena la llama
O se haríase otra junta,
en fin, que los embajadores
vinieron con la suya.
Alcanzóselo el duque,
que, como la guerra dura
de Inglaterra y de Francia...
Pero, entre desdichas, las
que tienen estas que bajan,
para contarme las suyas.
Es, señor, que no he dado
cuidado, ocasión alguna,
a que nieblas a mi honor
se atrevan, y esto por nunca
sucediera su ocasión.
De suerte tus aseguras
que no la es edad.
Jamás
ocasionaron las puras
luces de mi santa nieblas.
Pues si son las que ya juzga
mi temor patentes estas,
¿qué importará que suban?
Prosigue, Blanca, porque...
Pues esta noche sentí alguna
turbación me trujo, y cuanto
pudo ayudarle la mucha
que tuvo entre dos cuidados,
porque quisieren dudo turbar
del infame su amor.
La primera vez dudado,
padece el alma turbada
cuando la muerte le anuncian,
para aquesta consecuencia
de su fiereza se unía,
que aquello a quien apartarle
pudo, entonces le dio ayuda
para declamar la mía.
Con dos turbaciones juntas,
me dijo Blanca de tiempo
que rompa el horror profundo
cárceles de mi silencio,
si tus ojos no me alumbran
yo ofrezca a tus ojos
de las lluvias
de las mías, para que
son las lágrimas que en lluvias
no dan corrientes al...
Lloren, lloren pues, escuchen,
que si no me desinfama
por ellos, solo fluía,
porque más valdrá ahogarme
que, si en llanto se disminuyen,
y que no quede raudal
para andar mi honor a oscuras,
si el cuidado de su alteza.
de su majestad augusta;
y si el obsequio me ha faltado,
la de entre compostura
es causa de provocar,
a templar, se más acuda,
mira, pues que de mi honor
es la candidez tan pura,
como la rosa que apenas
abrir la sed madruga,
y cuando libre albor, sol
allí con mayor recato
encogida en la clausura
del botón, se está, hasta tanto
que el sol, tocando la punta,
dudes a tiños y colores,
a sus hojas, que vestiduras
son de aquel cogollo infante
que aun broto de cuna ni pluma,
a los hielos se levanta,
y abatido se sepulta.
Pues si esto es verdad, señor,
sufra su dureza, sufra,
sus cuidados, porque soy
prenda tan áspera y dura,
que mi dadiva la ablandan
y ternezas la aseguran,
porque sin el ser mi fama
soy como la piedra bruta,
que nací en roca como todas,
y se labra como ninguna.
Esto es en fin lo que pasa,
si yo le debo a mis burlas,
si le tengo lo se provoca,
si me defiende me asegura,
si le despido, se queja,
si tengo honor tiene astucia,
es poderoso, amante,
yo mujer y sin ventura.
Ahí mi dueño basta, es señor y tu vasallo,
tiene amor, tengo hermosura,
despegos tengo, el pasiones,
tengo valor, el ternura,
sus furias me no consigo
a resistir sus locuras.
De las dos ocasiones
hace diligencias muchas, y podrían acaso tantas,
Mejoraste, vi en su cara
y sobre todo, señor,
en palacio lo murmuran,
la duquesa lo recela,
casarme, señor, procura,
mi desdén calza de plomo,
su amor viste de pluma.
Habilítame consejos
porque, Blanca, está dispuesta.
Blanca, Blanca, no desmayes,
que todo el tiempo lo muda;
el fiero tempestuoso remolino
al mundo inunda,
el mar corriendo tormenta,
que al embate la nave suelta,
rústica quilla a su costa,
y en fe de su paz segura
se desentona a la plata,
se desenriza su espuma,
siente impulsos de honor,
como el almendro se asusta,
siente tormentas de llama,
como la nave fluctúa,
las atenciones que el duque
te debe a mi edad caduca
se mudarán con el tiempo.
Tenme atención, que es dura
la ley, que es ley de mi honor,
que honra y apuesto a su furia,
lo sigue sin justa razón.
Y tanta borrasca, en fin,
y entre aquestas dilaciones,
no te des, Blanca, por viuda,
a recato de los cuidados,
ni a las señales del...
lo que los astros des...
que si del mal te aseguras,
lo que publica el pavor
con que las...
del eclipse del sol
cuando le empaña la luna,
mas, supuesta la airosa,
tendiendo luego las plumas
mañanas que entre las pardas
nubes descubren risueñas,
imita al sol, que viagora
bebes, como el aura rabiosa
asombran, después la pureza
se acrisola luz más pura,
se desengaña que el sol.
No desmayes, que es fruta
el pavor.
Pues no desmaya,
triste señor, no desmaya
el que en ansias vivas...
sublaron antiguo ilustra.
A Blanca, es menester
embates de la fortuna.
La arena que me es fina.
¿De qué?
De que pone las dudas,
está a tentar a mi aliento.
Blanca, pues nada te turba.
Yo doy por consejo
que si te pones a alguna
ocasión en que peligre
tu honor, que con veras acuda
a la antigüedad pasada;
que si porfías no se usan,
menos turbará su fama,
para que viva segura,
rendir a una punta el sujeto,
que no a un amor. Tuvimos duda.
Vase.
Sentenciado se fue,
¡ay, don Vela! por ti buscan
remedio a todos mis males;
mas las estrellas caducas
del jardín de su noche,
aliviarán las ternuras
de este amor. Si de mí sois
sangre de noche, pues que nunca
hubisteis de entreteneros
de tan amantes locuras,
a vernos capas airosas
hacen sombra al mismo sol.
Vase.
Sale Inés, y Crispín, criado de don Vela.
Cansado de mí, de sí,
entre dos luces me mira,
la candileja asombra,
enojado está con causa
de no dar reparo a mi
pena, de qué bando o cuándo
con quién dan a Crispín celos.
Sale Tristán.
Siempre en mi
Vela tan quedo, derecho
presume que se le debe
la voluntad; y más quien
que es des... Crispín con sombra
para que de él se compues-
ta, porque hombre que se pone
color para nada es bueno.
Sino es para asomar
el amor, a consumirse en sí.
Allí está.
Esto es bueno.
No se le dan a los celos
mendingos... en palacio
como quien trae un palio.
un guante, Inesilla.
Si acaso yo no soy fiera,
dejo caer al descuido
algún papel, abra el envés,
en que diga "Navidad".
Ya lo ha visto, es un grosero.
Porque no sea fregura,
le cantará... le...
Y no en toda tu mano,
que para esta basta un dedo.
De eso le toca a Crispín.
¿Quién vio más fiero aprieto?
Las cintas de mis zapatos,
y también mis alfileres.
Este escarpín, a buenas manos,
se le ha de...
Aquesto al pecho.
Pues es archivo de nuevas mudas,
lo depositó el pingüino;
y si como reacciona
en el durísimo suelo
fuera en alguna conseja,
también dirán lo mismo;
y porque mejor lo entienda,
el bofetón que le pego,
para confirmarle, muero.
Es muy bien echado, el guapetón,
no es bueno mi dueño el que le diste.
Crispín, en cuatro maneras
hallaste para el ejemplar
sobre que le has hecho; y vengar
aquel bofetón que me salta
del doctor.
Aquesto es bueno
porque ande siempre derecho.
Porque llevas a Meca, pues
esa... de Roma,
sobrada nariz notoria.
Si este bofetón con palo
me toca vengar, el que lo...
me lo ha de decir después.
Tengo de pensar en ello.
So buen que le estorbó...
me diste.
No hay apucheros,
... sobre el canillo
con que me hace... me dice lo...
y para que evite tan...
sabed que...
Vase.
Ya lo he pensado y perdíos,
llamame quien puede
vengaros de la que fue infamia
que va hoy de todo el hueco.
Moza que al baquiano obligue
a bengar dalles asi unos
si uenierais por mi quenta
yo supiera con Vn leño
sin que me animaran pinxarme
de te aueriguar los lomos
quien tal hace que tal pague
dize Vn antiguo proberuio
y yo me pelo y lo digo
poquedad buestra me espeta.
vase
Mas que las bofetadas
si uienen pegadas a tiempo
que avn que me duelen me saben
mas que perdiz, o conejo
mas enamorada estoy
de vn Iapon que no pretendo
yo los hombres de algodon
que balentones los quiero
porque de vn hombron y padre
fuego en quien escupe al cielo
Sale don bela tentando a escuras
La confusion de la noche,
y el beer que todo el Palacio
en mucho silencio duerme
me a ynduzido a yerros tantos
bien conozco que don Nuno
y yo con gran Riezgo entramos
en Palacio cuando estan
los casamientos tratados
cuando el Duque con festines
los celebra y en fin cuando
entre enojos que nos hacen
esta espada cuya oja traygo
desde el Riezgo en que don Nuno
me dio la Vida a garacos
paga con traiciones, blanca
amor, y traición, amando
Pues la lealtad me condena
da a aquella culpa el descargo
porque a delitos de Zelo
no da sentencias de Marmol
si abra don Nuno Salido
esperarle quiero Vn Rato
en aquella Galeria
que cuando los dos entramos
por la puerta del Jardin
guardo la llaue aguardando
es forzoso con el una
como se esta tan de espazio
pero Rumor e sentido
este que da sobre saltos
me esta dando el Corazón
si el miedo lo abra Causado
es cierto que al mas baliente
la traición le causa espanto
+ Sale el Duque tentando.
Los balcones del terrero
presumo que están cerrados;
¡oh, qué escuro que está todo!
Con los desvelos que paso,
a pensar a Blanca vengo.
Hacia mí confusos pasos
se acercan; ¿si es la Duquesa?
Mas no, porque asegurado
lo dejo todo; ¿si es Blanca?
¿Sois vos?
Pero mintió el tacto,
que es hombre. ¡Válgame el cielo!
Y la espada le he empuñado.
¡Muere, traidor!
¡Ay de mí,
que es este el Duque! Huyamos.
Fortuna, ya que el acero
he perdido, que en la mano
no te llevara...
¡Traición!
¡Hola, luces a este cuarto!
¿Qué he de hacer? Mas un balcón
de estos ha de ser mi amparo,
pues no topo con la puerta;
y nací tan desdichado
que truje la espada abierta
aquesta vez en mi daño,
porque fácilmente el Duque
me la sacara del lado.
Por este que está entreabierto
y se ve este cuarto bajo,
saldré al jardín, pues en él,
si no salía ocultado,
podré estar de este peligro...
Querer salir es en vano,
que en esta puerta he de estar
los aires acuchillando.
Sale Inés con luz.
Pida Alteza, gran señor,
con ímpetus tan gallardos
desvanece el aire en sombras.
Sombra fue; ¡ah, cielo santo!
Deja esta luz y no digas
a nadie lo que ha pasado.
Vase.
La Duquesa está celosa
de Blanca, y yo estoy velando
sus celos; voy a avisarla
aunque diga lo contrario
el Duque.
Pero, ¿qué veo?
¿Si es verdad? ¿Si estoy soñando?
Esta no es la espada, es la
que di a don Vela. No hay duda,
como en mi mano desnuda
la vengo a ver. ¡Ay de mí!
la trajo ceñida el llano,
pues el dedo deshumano
con muda elocuencia advierte
que es merecedor de muerte
quien fue a tal favor villano.
El que pinta la justicia
de esta suerte no la pone,
y dar castigo supone
al que obrare con malicia;
esta al que la trae no indicia
que obra como traidor.
rigor,
en culpa tan asentada,
que le castigue la espada
que pudo hacerle agresor.
Pero mejor es dejarla,
y buscarle con la ama
que quien la trajo podrá,
habiendo su insignia hallada
en este bufete, que halla
mi enojo, quiero ponella,
para que después don Bela,
si esta noche desenoja
mi deshonor, esta hoja
volver a leella.
A buscarle quiero ir,
que aun no es de dar esta empresa.
Mas si topo a la duquesa,
¿qué la tengo de decir?
Quién es no puede saber,
que todo está ya cerrado,
y así quiero recatado
esta llave doble echar,
y doblándola doblar
desvelos a mi cuidado.
Sale don Nuño al paño.
Ya es tarde, pero ¿qué ves?
El duque está levantado.
Si habrá don Bela salido...
Como saliere yo me valgo
de matar aquesta luz.
¡Viven los cielos, vasallo,
traidor y mal caballero!
Da a sacar la espada y cáesele.
Para defenderme saco
la espada. Mas ¡ay de mí!,
se me cayó de turbado
en el suelo.
¡Ah de mi guarda!
No la topo.
¿No hay en tanto
que me asistan quien responda?
Pero con otra he topado
que está en aqueste bufete;
tomarla quiero y tentando...
ver si encuentro
con la puerta, +
pero este balcón se halla
entreabierto, y dél podré
saltar al jardín que es bajo.
Y fue dicha que don Vela
la llave me haya dejado.
Paseéase don Vela, y salen la Duquesa, Blanca, Elvira.
En el margen izquierdo, sobre un parche de papel, se lee: y se asombran al ruido. Duq.a, Blanca, Elvira. Blan. La puerta llamaban, a ver lo que a sucedido por a...
Qué confusiones, qué encantos
son estos?
Dónde, señor,
tan ciego, tan deslumbrado?
Alguna desdicha temo.
Estatua soy de alabastro.
Con el acero ofendido,
con el semblante indignado,
palpitante el corazón,
nada cierto y todo caos,
sois confusión de vos mismo,
sois de vos mismo contrario.
Dónde está vuestro enemigo?
con vuestra sombra lidiando
debéis de estar, más que a ver
a vuestras plantas postrado,
os suspende de esta suerte. +
Áspid, sí, pues recatado,
toda la flor envenena,
para matar con engaños,
Cómo a estas horas abierto
está un balcón?
Oh, qué claro
se ve lo que yo imagino.
Mucho temo.
Nada alcanzo.
Qué confusiones son estas?
Aparte.
que en un punto hayan parado
por mí tantas cosas juntas!
Pero en todo discurramos.
Quién sería, quién sería
este hombre que a mi lado
pudo tan presto trocar
esta espada? Mas si acaso
fue ilusión el parecerme
que fue la que yo a don Vela he dado?
A don Vela, sí; bien pudo,
que en los recelos que traigo
de Blanca, no fuera mucho
discurrirlo e imaginarlo,
porque de la fantasía
en ilusiones hay casos
donde aprehendemos y vemos
lo mismo que imaginamos.
18
Mas si no en este bufete,
después de haberla quitado
de la cinta a un hombre a oscuras,
la dejó, como apagando
luego la luz en el suelo;
al traer otra la hallo;
mas si el ruido que oí,
sin dubda que no fue acaso,
que él propio la vio caer
por echarse temeroso
más presto por el balcón;
y apurando más el caso,
¿por quién pudo entrar, por quién?
Si fue por Blanca, más blanco
no siempre han de ser mis celos.
De aqueste temor villano,
no pudo entrar por Laura,
si bien pudo, pues sintamos
otra cosa, pensamiento.
Pero si es más soberano,
mas esto no puede ser,
porque si iba por asalto,
con nubes empaña el sol,
como es limpio, puro y casto.
Su pureza no consiente
esta mancha, pues en campos
de copos que el viento llueve,
de mal peinados penachos,
desvaneciendo las sombras,
viso a viso y rayo a rayo,
trueca lo rubí en diamante,
y en armiño lo topacio.
¿Cómo, señor, vos conmigo
tan suspenso y elevado,
vos entre vos las razones
aun no las fiáis del labio?
Disimularé mis celos
hasta que averigüe el caso.
La suspensión que he tenido
no os tiene que dar cuidado,
porque ya mi fantasía
ha conocido su engaño.
Como siempre receloso
me trae aqueste embarazo
de la guerra, y de traiciones
ninguno sea asegurado;
tropecé con esa espada,
y temiendo aquel amago
que en el aire me amenaza,
pues el tiro en otro erraron
los traidores que una noche
desvela; el pronunciarlo
me ofende, porque un traidor,
hasta en la memoria, ¡oh cuánto
me asusta!, y quisiera ahora
hacerle dos mil pedazos.
Porque el recelo más alto
no es del caso, aunque hace al caso;
en fin, ya mi fantasía
conoce que algún criado
se le ha caído supuesto,
que no encuentro más presagio
que estar un balcón abierto.
Veo un acero arrojado
en el suelo, con que juzgo
que todo habrá sido engaño;
pues asegurado estoy
de mis pensamientos vanos.
No son, señor, fantasías
las que veis, cuando os hallo
que hacéis campaña de Marte
la que de Venus regalo
fue en tiempo; pero, mirad,
ya que queréis disfrazado
darme a beber el veneno,
que es mi pecho tan bizarro
que no se rinde a la pena,
aunque se enternezca el llanto;
y si rondáis cuidadoso
galanteos de palacio,
que puede ser que encontréis
alguno que os dé cuidado,
harto con esto os he dicho,
pues sois discreto, miraldo.
Solo me faltaba ahora
estos celos.
Tropezando
viene de dar. Peligros a estos,
suframos, amor, suframos.
A la Duquesa no entiendo.
¡Oh, qué celos tan cansados!
No quita los ojos de ella.
De tus ojos soberanos,
¡ay, Blanca!, abate la mano,
depón el rigor al arco.
En el semblante le leo
su pensamiento. Ea, vamos,
quitemos esta ocasión;
acompañadme a mi cuarto.
Si el duque topó a don Bela...
Si a don Nuño habrá encontrado...
Para castigar traición,
tan impropia en un vasallo,
disimularé mis celos,
encubriré mis agravios.
Para templar este fuego
que voraz me está abrasando,
las lágrimas de mis ojos
se emplearán en el llanto.
Para asegurar mis miedos
haré que don Bela cauto...
por unos días reprima
sus pasiones con recato.
Yo, precisa en adorar
a don Nuño, quiero tanto,
que no miraré mis riesgos
hasta mirarme en sus brazos.
Ea, cautelas, a fingir.
Ea, ardores, a templaros.
Ea, miedos, atenuaros.
Ea, amor, a despeñaros.
¡Qué de pesares que llevo!
¡En qué de incendios me abraso!
Fin desta jornada
2ª de espada, caballo y pintura.
Buena, cuanto quisiere dar.
Jornada segunda. De Espada, caballo y pintura.
Salen don Nuño y don Lelo.
¿Adónde, sor Lelo, adónde
dais estatua de vos mismo,
un cuidado a otro cuidado
y un sentido a otro sentido?
Cuando los dos madrugamos
a desmentir el indicio
de anoche, y estar suspenso
acreditáis el delito.
Concedo la desdicha,
ya de aquel riesgo salimos,
y se cobró vuestro acero,
y el animal, aunque de brío,
se perdió. Quien nos culpare
póngase en el lance mismo
que yo; adoré el consejo
que él me diera, que es difícil
estar atizando el fuego
a estarse quemando vivo.
Moderad vuestras acciones,
un criado está de aviso
en la antecámara; el duque
dicen que no se ha vestido.
El gran duque de Florencia
que, mostrándose conmigo
tantas veces generoso,
rendirme dos veces quiso
por el trato y, señor,
porque si acá en nuestro estilo
el dar es acción heroica
en un príncipe es preceto,
que los
don Nuño, en este tiempo
detuve a mí, no sé
una noche en el terrero,
voy al gran rico
de las pistolas, la espada
que trujisteis, y yo he visto
a vuestro lado.
Parad
el discurso que ,
que estoy gozando, por ver
la vida, en que el peligro
no era justo, y detenerme
que a mí me mueve por .
que no lo repita ,
y queriendo vos repetirlo
quedo obligado a esta deuda,
y quedamos tan amigos
que en amistad igualamos
a Cástor y Pólux, signos
que en amistad colocaron
en el globo de zafiro.
En esta ocasión, en esta,
la espada que agora ciño
me dio el duque, y una vez,
hablando a solas conmigo,
dijisteis, si bien me acuerdo,
que por un jardín florido
entrabais a ver a Elvira;
y sin ver vuestra ,
atendiendo a vuestro ruego,
a vuestro lado seguiros
quise, aunque vi en vuestros pasos
tan peligroso camino,
que no quise que entendierais,
mirando os resuelto y fino,
que os evitara el despeño
por negarme al precipicio.
A Palacio, en fin, entramos,
Siendo esta dama el disinio
de vuestro amor, y yo apenas
en confusos laberintos
de flores nos engolfamos,
cuando a pocos pasos miro
en un estanque de nieve
que de rosas prevenido
era estatua de claveles,
la que de alabastro fino,
una ninfa soberana
de las que nos pinta Ovidio
en sus selvas fabulosas;
mas, por lo encarecido,
bajar se mire una diosa.
Tampoco así lo acredito;
una mujer vi no más,
todo con esto lo he dicho.
¿Quién es aquella mujer,
dije, que vierte perlas,
y las rosas por corales
conchas se quieren hacer,
y para dar a entender
con su idioma sus enojos,
partidas en llantos rojos
y deshechas en congojas,
por mirar la entre sus hojas,
hacen de sus hojas ojos?
Aquella es Blanca de Velasco,
dijisteis, cuyo prodigio
de belleza, aliento humano
no se niega a lo divino.
Mas, aquella que en blancura,
copo a copo, armiño a armiño,
la compite...
Deteneos,
porque a Apeles o Lisipo,
y todo lo finge mi dama,
a Cloris di mis suspiros;
mas aquella que en candores
desea imitarla se atreve,
es su hermana por quien bebe
el viento el alma en ardores.
Veisla en el baño de flores
como, tendida de espaldas,
nada, y la ofrecen guirnaldas
todas las que el baño fingen;
pues es que al cansarse Elvira,
la dan cama de esmeraldas.
Aquella fue la ocasión
primera de vuestro hechizo.
Pasad, don Bela, adelante.
Prosigo.
Viento en popa nuestro amor,
mares incultos corrimos.
Sale Tristán.
Vos queriendo a Elvira, y yo
a Blanca, tan siempre finos,
que en amorosos coloquios
más de alguna noche vimos
acostarse el sol clavel
y levantarse jacinto,
mas esto con tal decoro
que jamás he merecido
tocar aquel milagroso
copo de cristal, racimo
de la palma más hermosa
que mantiene alberchigos,
cuando anoche peligramos
de aquesta espada a los filos,
aunque clara la evidencia
quedó dudoso el indicio.
Ya veis mi error y el vuestro,
y ya veis que ofendido
ha de castigar el duque
nuestras locuras, desvaríos,
sintiendo que su palacio
profanamos, pues miro
imposible nuestro amor,
que, esperando regocijos,
nuestras bodas se dilatan,
con que del duque he entendido
que quiere a Blanca, a inquirir os
que es por Elvira habéis dicho.
Celosos los dos estamos,
la duquesa está sin juicio,
Blanca muere en sus congojas,
Elvira nos culpa tibios,
cuando su padre, austero,
apresura con cariños
el casarnos, como padre
viniendo en vanos desvíos.
Pero ya viene Tristán.
¿Qué hay, Tristán?
Sale el duque.
Que ya me han dicho
que quiere ver al duque,
mas, a lo que yo malicio,
él desnudará en la espada
la verdad de nuestros bríos.
Vase.
Pues yo quiero adelantarme
antes que vos
porque no tengan los dos
descréditos los indicios.
Como pasa por el cuarto
de la duquesa, y malino
que estará...
Espera, que allí,
arrancando de un suspiro
de esos cuadros, nos llama,
como al conde no he visto.
Supuesto que advierte a la...
Habla tú, Costandico,
que en la voz yo los malles
es solo para decirlo
si don Soto ha de hacer
de aquesta ventura avisos.
De me daba ya pues que tienes
tú tantos empeños conmigo
que me deja el de anoche
quedo tan turbado y vencido
cuanto sé de mi dudara
ya en mí, Blanca, averiguo.
Si cuando salgo de verte
aquí mi sol examino
adonde el riesgo menor
fue de mi vida el peligro,
pues solo el no conocerme
el duque pudo a su arbitrio
dejarme a la fortuna,
es mucho que en el martirio
de mi sino dé sospechas
de celos.
No me pidas
que yo estando no con
hacer los bastardos del
duque, ya de mi amor
nace aqueste desabrigo.
A fieras tan ponzoñosas
que aun naciendo sin instinto
quitan la vida amparados,
siendo fieros basiliscos
que si a sí mismos se miran
se dan la muerte a sí mismo.
No cuando libre de un riesgo
me has dado, señor, alivio,
sea a costa de un pesar.
Celos tienes, y al pedirlos
no puedo satisfacerte
dirás tú, cuando me obligo
tan fina, como mi dama
no asegura el amor mío,
como viéndome abrasar
con la llama que ha encendido
la noche de una sospecha
al aurora evito yo el guido
ser días sin diosa del sol.
Porque cuando el cocodrilo
llora... fiera engañosa
quiere privarme el sentido,
porque el áspid entre flores
se embosca si le piso,
porque si se llega a mí
me dice: "dueño mío",
el duque, aquí de mi pena
intento que desvarío
será deja, mas no importa,
de aquestos a los que obligo
no para imitar a Circe.
siguiendo de aquel sol los visos,
sino como que el lucero
que en sí rinde mi albedrío,
goces felices años,
que en sus brazos más estimo
el reflejo de una estrella
que de todo un cielo el viso.
Bien pudiera, cariñosa,
con ternezas y suspiros
decirte aquestas razones,
pero has de ser mi marido,
y no quiero en ningún tiempo
fiar; que a mujer es hábito
el halago muchas veces,
aunque para condición
sean las satisfacciones
que me des tú contigo,
si es verdad o si es mentira
lo que siento o lo que finjo;
que en mujeres como yo
aun el dudar es delito,
cuando falta a la evidencia
la traición en los cariños.
(Vase)
Suspiró, ¿qué imperio tiene?
Sin duda por mí se dijo,
fuese y dejóme sin alma.
Pues echo un cuerpo de Cristo,
que un hombre tan desalmado
por qué ha de ser tan sufrido.
Vamos al cuarto del duque.
Pues despacha de camino
en la red de amor a Blanca,
o la suelta el enemigo.
Para la lid se previene
que puede asestarle un tiro;
y téngalo a bien o a mal,
supuesto que amor lo enreda,
aunque no de buena seda,
te tengo de hablar moral:
consejo al duque en nuestro do-
olvido, señor, a Blanca,
que Blanca vale una blanca
y el duque vale un ducado.
Con esto se dan suspiros,
porque es razón mal fundada
que el duque se desespere.
con ello. Ciegos tiros.
pero disteis en dos tales.
sale el duque don Juan y todos los de dentro
¿Por qué no nos vemos?
Acabadme de vestir,
un volcán tengo en el pecho.
Aparte
Yo el toisón, señor, os pongo,
que algún día, yo me acuerdo,
cuando asilabanse con mis hombros,
pusisteslos en los vuestros.
En cuanto Rutero dice
las quejas suben al cielo,
cuando sordos mis oídos
en bronce la cera han vuelto.
Dadme la espada, y los guantes,
a don Bela echo de menos.
Aquí los tiene su Alteza,
como en lo suyo el sombrero.
Aquesto ha de serme, lo mío...
no puedo saber, no puedo,
si es engaño que he pensado,
si industria contra mis celos.
¿No me dijo que bajaba?
que a doña Isabela viniendo
al falso es cierta ocasión
be, es engaño que el acero
que me disteis, generoso.
Bien lo agüí, señor, yo siendo
suyo me
Bien decís, mas otras
dádivas tengo que daros.
a don Bela
Qué mal disimula el Duque.
Un caballo os quiero dar,
no porque en daros le quiero
ostentarme generoso,
que en mi gran deseo lo menos
dar un caballo.
Señor,
ya la distancia contemplo
que hay de un príncipe a un vasallo,
y que tu amor solo ha hecho
estas dádivas por dar
a mis servicios el premio.
Pues ya que el caballo os doy,
de paso pintaros quiero
las propiedades que tiene.
Es morcillo y es de cuerpo
fantástico, en lo invencible
que es de pies y manos presto.
Franco parece en lo osado,
español en lo soberbio;
pues se corre como sombra,
es por querer a lo inculto
remontarse, cuando altivo
parte el rayo y garra...,
mas si desbocado corre
de las riendas al precepto
su metal de en las acciones
y no alazán rompiendo
os despeñe tan bozal,
que os arrastre por los suelos.
Quien bien un caballo rige,
porque es razón natural
que se enmiende el que corrige.
Con que de aquí se colige,
de este bruto en los ardores,
que el que enmienda sin sabores,
de un caballo desbocado,
sus errores ha enmendado,
pues enmienda otros errores.
Aquel que con más primor
a caballo suele andar,
puede alguna vez errar,
mas luego enmienda su error;
quien llevado de su ardor,
diestro no le templa a rienda,
que pide su error enmienda,
y el que de andar por altivo,
cualquier da tras el estribo,
un hombre también la rienda.
Aquesta lición en suma
con él os da mi experiencia,
porque a vuestra violencia,
loca en la silla os presuma,
rompa el ala, bañe en espuma;
y tal, que el freno nevado
que en vos sabéis templado
corregirle es evidente,
que ha de parar obediente.
Aunque corra desbocado
entre el consejo y las honras,
las liciones y el respeto,
no sé lo que estime más,
porque si en honras quedo,
desvanecerme también;
si del consejo aprovecho,
mi altivez del principio
aseguro mi despeño.
Un efeto es de templanza,
de ceguedad otro efeto;
aquel asegura humilde,
lo que este arriesga soberbio.
Con que declaro en mis dudas,
que mi estimación no aviendo,
desestimo más que nada,
puede igualarse que menos,
quisiera estimar las honras
de lo que estimo el consejo.
En la pintura del bruto
declara el Duque sus celos.
O como de sus razones
las ceguedades penetro.
Agora es buena ocasión
de hablar al Duque, yo quiero
valerme de mi desgarro.
A dónde vas, quita, necio.
De balde, ¿quién sois?
Yo soy
un lacayo de escudero.
De don Nuño mi señor
que sin más ni más me meto
de hoz y de coz con los Duques.
¿Y qué pretendéis?
Pretendo
ser gentil hombre.
¿De qué?
De la boca.
Pues sujeto
tenéis vos para ese oficio.
Señor, del caballo
gentil hombre quiero ser,
mas ha de ser añadiendo
otra ración al caballo,
pues conseguimos en ello
que un sustento me dé,
y yo le dé su sustento.
Tomadle, diamante hijo
del sol.
Júpiter su abuelo,
cuando le vendí le libré
de la venta de un platero,
que por andar siempre atado
me sale aqueste despecho
de pedir.
¿Y vos quién sois?
Un hombre tan bien compuesto
que libro de para naides
me intitulo.
No lo entiendo.
Yo tengo achaques de lindo,
porque soy señor de aquellos
que el bigote traen en pena
y por sacarle un poquillo
se acuestan con bigoteras
y se levantan con hierros.
Y como toda mi vida
han de narciso mezquinos,
soy libro de para naides,
pues para mí me encuaderno.
Buen humor gastáis.
El Duque
no le conoce que aun eso
no gasta y para gastar...
¿No me dais un diamante vos
para ayuda de la emprenta
de mi gala?
Yo os le ofrezco
en otra ocasión.
Don Nuño,
sacad buenos escarmientos
de mis temores.
Don Bela,
mi amor no repara en riesgos.
A don Bela y a don Nuño
buscaréis los casamientos;
he de abreviar.
Acabamos,
que pasar al cuarto quiero.
A la duquesa por ver,
a Blanca, por quien me muero.
vase.
Denme los cielos templanza.
vase.
Denme paciencia los cielos.
vase.
Den a mis canas prudencia.
vase.
Muy buen aliño tenemos,
señora gala.
vase.
A mi Inés
y a mi diamante me atengo.
vanse.
Sale Blanca y Elvira.
Elvira, ¿aquesto ha de ser?
¿Que he de reprimir mi amor
por conservarle?
Mi ardor
siempre es fuerza de arder,
porque llegar a querer
con tanta comodidad
no es voluntad, voluntad
es la que en celos por no mirar.
Yo he de probar que es mentira
eso con esta verdad:
voluntad no se llama
la que, teniendo presente
el riesgo, no le previene
el peligro del que ama;
la que cuerda se templó
del incendio de su llama,
por conservar el que ama,
es así que es voluntad;
porque la seguridad
por galanteo en la dama,
no es fineza del amor.
Cuando el riesgo llega a ver,
por un rato de placer
aventurar el favor;
que la fineza mayor
es saberle conservar;
y así yo, que llego a amar,
aunque llore mi belleza,
aunque llore su fineza,
yo no le he de aventurar;
la mariposa que ciega
se abalanza a la llama,
tanto más su ardor inflama
cuanto al incendio se llega;
y cuando al fuego se entrega,
si templar supiera su ardor,
se conservara; que al amor
le pintan lince, aunque ciego,
porque con la nieve el frío
pueda templar el calor.
Cuando en el viento arder,
lo que de un soplo encender,
lo que de un soplo apagar.
así, míos, al soplar
a semejanza del fuego, en que esquivo
se apaga y se enciende al brío
con que reprimirle quiero,
pues vivo de lo que muero
y muero de lo que vivo.
Sigue tus opiniones,
que yo sigo mi opinión,
porque no es tener razón
el darme tantas razones.
Sale Inés.
Su alteza está en los balcones
del parque, y a las dos llama,
porque la cantéis.
Mi llama
el instrumento templando
a emplazarse mejor.
Cantando
se puede templar quien ama.
Vanse.
Ya dio en ser avispón,
pero al tibio metal, tan
uno es puerco, otro es galán;
Sale Cristóbal.
yo tendré buen San Martín,
y pues que mi amor desechas,
porque de otro te apagas,
te echas en brío peinado
por ser mías estas desdichas,
porque en buenos bor...
que a mi afición
dicen malas lenguas
que te tengo amor.
De reloj puntual,
temor y reloj,
me cuentas las horas
más los cuartos no.
Con aqueste traje
que Francia inventó
mi gala por ti
es un galalón,
por ti fingís de las
del dejarme ir por
ser la racionera
tu destilación.
Como un pino de oro
me dicen que soy,
que el oro es galán,
marido el vellón.
Él será el del gasto,
yo el del buen bidón,
que cualquier mujer
que se dona a dos,
es común de dos,
a usted le notifico
que no me canse su afán,
pues que no soy muy galán,
basta con que quiera a Dios.
Si el galán no es generoso
y el desairado es andado
el galán es desairado
y el desairado es airoso
y porque se satisfaga
ya desengaños serenos
porque se paga mi amor
solo de aquel que le paga
Solo la llaneza alabo
moza parece de cintas
vase
sale Crispín.
Ahora corre por mi cuenta
a galantear a lo bobo
del enemigo el primer
consejo se ha de tomar
mira que te he de matar
hombre por esta cruz
Qué es esto Crispín qué es esto
conmigo estás demasiado
con un galán tan mirado
por qué has de hablar descompuesto
y aunque el reñir es delito
y no reñir por mujeres
si tanto apretar me quieres
reñiré de lo bonito
mas con tu licencia voy
a mi tema oh galantes
a dar lección a la pared
que es solo lo que yo doy
vase
Vaya en buen hora y trasnoche
porque más que es catarro
siquiera aunque me coja el catarro
pagarle a mi dama el coche
vase
sale El Duque.
Oh qué hermosa variedad
este mirador me ofrece
aun triste que bien parece
del jardín la amenidad
hermosuras diferentes
ves en vivos y colores
cuando se miran las flores
al espejo de las fuentes
allí el clavel superior
yace ansia de la rosa
no por ser ella más hermosa
sino por ser ella flor
allá la hiedra se enlaza
con la pared por trepar
siempre lo que lleva a enramar
un balcón con quien se abraza
porque están con tal unión
que duda el muro de piedra
si el balcón es de la hiedra
o la hiedra del balcón
ya con sus damas a él
la duquesa se ha asomado
un balcón le dará agrado
cuando la hiedra dosel
pero Blanca un instrumento
templa allí para cantar
oh quien pudiera olvidar
lo que alumbra el pensamiento
mas suspendan mi sentido
en elevada atención
si ecos del corazón
penetran por el oído
Cante
La ventura del olvido
no la merecí jamás,
que siempre he querido más
lo que olvidar he querido.
Fortuna, para alcanzar,
me borra en mi dolor,
la ventura del amar
es olvidarse de amor.
Si amor se puede olvidar,
pero mi amor ha nacido
en todo tan desdichado
que aunque olvidar he querido,
la memoria no ha alcanzado
la ventura del olvido.
Que alcanzo cuanto quiero,
como señor soberano,
y parezcalo ahora in fiera
que se le fuera de mi mano
lo que alcanzar quisiera.
Fortuna encontrada estás,
merezca a Blanca mi amor,
abáteme un poco más
ya que por ser gran señor
no la merecí jamás.
Si de más a menos fuera
fortuna en suerte tan corta,
quien alcanza lo que quiere,
el estado ¿qué le importa?
cuando lo que busca adquiere.
Tomar a los malos das
y lo menos a los buenos,
de mi parte en eso estás
pues me das por lo menos
que siempre he querido más.
Cuando tan perdido estoy,
que me olvido de mi ser,
va a sanarme siempre hoy
que más llegaré a perder
si siempre soy el que soy.
Blanca me tiene perdido,
porque oyéndola cantar
me acuerda de lo que he sido,
con que no puedo olvidar
lo que olvidar he querido.
Más que sonoro clarín
música de Marte eleva
con sus marciales acentos
a toda la región etérea.
Sale Ruy.
Ese cisne de los aires
que los ánimos inquieta
entre su armonía esconde
de los tiros muertas fieras.
Sale Don Vela.
Ese que de metal ave
es de los vientos sirena
Sale D. Nuno.
Anuncio fue de la ruina
de tus vasallos sangrienta,
ese escándalo del orbe
se acione o abeja
más que presagio
aviso ha sido, señor,
de que el francés atropella
tus estados, y que viene
saqueando todas tus tiendas.
Correo ha sido que dice
que por tierra y mar te cerca
blandiendo el pino en el mar
y la cuchilla en la tierra.
Pues campana ha talado,
sus naves vienen soberbias,
parece que encogen las alas
como riendo las velas.
Vuelve los ojos y mira
de la ira diferencia
y levanta los pendones
y tu azuzas las banderas.
Y tú, si a caballo subes
en el terrero nos muestras
con follajes carmesíes
cómo las crines se peinan.
El de Marte solo escucha
las cajas y las trompetas.
Y tú de orfeón o más,
D. Bela. El enemigo batiendo alojamientos corona en escuadrones y toma como ande a las lágrimas dos.
las músicas y las cuerdas.
Rimbomban señor tus parches
Gima el bronce
Francia tema
Viendo tu aliento
Callad,
para contar una pena
que de los que se conjuran
que a un disfrazado siquiera
no me deis el veneno.
Ay del reino donde llegan
a faltar al que de as...
el lisonjero a la oreja
que a peticiones llegaron
tan claras como malas las nuevas.
Señor, no desmayes
contra la furia francesa
deja jardines de Chipre
o de ser monarca deja.
No es tiempo de flores, este,
cuando las balas se encuentran.
Callad, callad, no otra vez
llegue a enmendar vuestra lengua
lo que erró mi sentimiento;
¿no soy hombre? ¿Soy de piedra?
A uno creéis mi cuidado,
oh, lisonjeros del mundo, necios,
que por que obrase un mal
cuando obra bien no le crean
que con sola una obra mala
se echa a perder muchas buenas
pero dejadme, dejadme
Vase.
y a solas sus males sienta.
Vase.
Hagamos lo que me debes.
Vase.
Ay, Blanca, lo que me cuestas.
Qué ciego debo de estar,
pues los que juzgan con venda
me guían del precipicio;
sin duda que estoy muy cerca.
De un mudo historias nos dicen
que, mirando en su presencia
que daban muerte a su padre,
habló; de otro ciego cuentan
que cobró la vista oyendo
una infelice tragedia
de su hijo. Pero yo +
en desdicha tan sangrienta,
mudo del encanto de amor,
ciego del de una belleza,
ni para ver ojos tengo,
ni para hablar cobro lengua.
Venus me llama a la paz,
Marte me llama a la guerra.
+ Y aunque mis voces las dejen / al cielo, firme y ciego a ver / que de mofar mi intento / que mil faroles anudan.
Abre Celia y ve a un tiempo.
Dos ansias diferentes
a un mismo tiempo me llevan;
a Celia me he de entregar,
aunque el amor me suspenda;
mas he de perder a Blanca.
Aquí, aquí, de mi fineza
que me confunden las dudas;
amor, celos, ya la fuerza
se rindió, pero a los celos
quien no se rinde y sujeta.
Y aunque en mal tan rotundo,
vasallos, coronas e imperio
la aventurase a un reino
por lo que se diera a un mundo.
Al cuarto de la duquesa
quiero entrar.
Quien en esto halla
Duque, valga mi locura.
Sale Blanca por donde ha de entrar el duque a su cuarto a tiempo que el duque va a abrir la puerta de su cuarto de Blanca.
hacia
Muy ciega venís.
Qué es, duque, ¿tenéis juicio?
Tachado: Duque. En de desvarío Blanca. De vuestra locura Duque. No os espantéis Blanca. Ni vos de mi culpa
Un sol, ¿qué es lo que vi?
A los brazos del duque
alto al regocijo.
Oh, sí.
Cielo, ¿en qué andamos? ¿Qué es esto?
siendo materia tan baja
no despeñe al principio
por pisarle la cerviz.
¿A dónde va vuestra alteza
tan triste, sin advertir
que la tristeza en el rostro
es esclavitud que allí
naturaleza imprimió
para podernos decir
los pesos que el corazón
encubre dentro de sí?
Comunicados los males
se alivian. ¿Qué nueva es, di,
es este que a vuestros rayos
puso de sombras tapiz?
Decid vuestro mal, por Blanca,
o por mí o vos la decid.
Pues escuchad mi cuidado
por vos, por ella y por mí.
Desde aquellos miradores
que miran en el nadir,
ocultos del sol los rayos
en su dorado zenit,
estaba yo descuidada
cuando una barquilla vi,
a quien ya le da la caza
poderoso bergantín.
Tropezó en algún escollo
al tiempo que descubrió
no pudo del hilo allanarse
que es extraño país;
dudas padecieron. Como los,
siendo garza y el neblí,
lo que pudo tropezar
le pudo también rendir.
¡Qué efecto que exactos cielos
unos extremos ponden aquí!
Aquesto a mí me toca
porque si su dama al fin
se sale quejosa de lid,
Aquesta barquilla humilde
que huyendo llevó tras sí
ese tigre de alta costa,
por no creer de mí,
que no importa que tropiece
quien sabe tan bien asir.
(Vase)
Con desengaño tan claro
vuestra pasión reprimid,
harto, Blanca, nos ha dicho
por vos, por ella y por mí.
Conmigo son testigos
que ocasión, señora, os di
Porque el monstruo, por vil,
mirad cómo andáis,
porque, si bien lo advertís,
no es mucho que os tuerza el rostro
si a vos os tuerce el chapín.
Columnas del firmamento
en que os tendéis, abatid
sobre este mísero obelisco
la fábrica de zafir,
pase de su ardiente esfera
el rayo que exhala, sí,
descienda a cruzar el pecho
y en lo eminente erijase
a pesar de mi estrella,
caiga veloz sobre mí
para cuando es el estruendo
de las balas que en abril
en el cañón de las nubes
dad fuego a su polvorín
y poneros a crueles
disparad, desabrid,
exhalaciones, centellas,
ya en topacios, ya en rubís,
y toda esa artillería
de la campaña turquí
conspíranse en mi muerte,
hagan mi vida feliz.
¡Gran duque de Florencia!
Pues, ¿cómo olvidas así
los blasones que mi padre
añadió a tu imperio, di?
Que un triunfo puede fallar
en conquistar, sin rendir
una mujer, por tan nada
a tu fortuna y al fin
has de llegar a vencerte
en este principio, y
la majestad desairada,
no andes siempre; porque en mí
siempre has de ver la constancia
que has conocido hasta aquí.
Ya vence, de ti, señor,
que un príncipe siempre en ti
afectos y compasiones
propios de su principio.
Y no ruego a los cielos
que, cuando quieras subir,
en el un dragón armado
para hacer con franca lid.
Cruz en el margen superior izquierdo
que el caballo como yo
tan bien se apropió de sí
que arroja el timón de la rienda
y se tira porque al fin
nunca le quedas cabal
y agarrado a la crin
por tu cara arboladuras
que se llega a sumergir
en las ondas que remueve
que te dé sangriento fin
que mal te sucede todo.
Pero, ¡qué de esto!, ¡ay de mí!
yo me llevo de mi pena
so los ojos abatir
si es que sabe el corazón
el llegado Coronil.
No me burlo, pues que de esto
mal es que nací
humilde contra el ciprés
soberbio para resistir
no me puedo, siendo solo,
aprender de dél, mas sí
que la planta de mi amor
tiene fuerte en raíz
y en estado de enero
no las consiente mi amor
dile y imita el ciprés
al que que oprimir
le quieren en sus ramas
la mal domada cerviz
pues es señor, pues en
no se llegan a cumplir
mis maldiciones que espero
que se ha de ver en mi ardid
cómo vencer a señor
no porque él no es tan ruin
harto puede hacer, mas solo
porque llegas al buril
de aquesta acción a vencerse
la que es piedra en el sufrir
esmeralda en esperar
y diamante en resistir
que aun siendo así, que lo formó
te vencerás, conque di
pues solo, viva lince, los
mi amante, ¡qué feliz!
mi hermano. Aplaque, por Dios,
don Nuño suba en ti
mi padre, o no le precio
y un mancebo torne a oír
Claro, mi luz, como andáis,
porque, si bien lo advertís,
no es mucho que a fuerza el rostro
trabaje a fuerza de imaginar.
Fin.
+ 39 Jornada Tercera Pintura, espada y caballo De Don Cristóbal Arias de Ribera
40
Salen don Vela y don Nuño, cada uno por su puerta.
¡Oh, Vela! A buscaros iba.
Y yo buscándoos a vos.
De un cuidado persuadido.
Discurriendo en un temor.
Para confesar un mal.
Para que hallemos los dos.
Pues es el pesar tan uno.
Pues del uno y otro arpón
somos blancos a quien tira.
Blancos somos, que acertó.
Toda la luz de una estrella.
Todo el incendio de un sol.
Decidme vuestro disgusto,
que en aqueste mirador,
artificiosa atalaya
de cuanto Abril dibujó,
en aquesta galería
adonde, diestro, el pintor
tantas almas dio al pincel
cuantos colores pulió,
seguros hablar podemos.
No sé cuál será mejor,
o hacer alarde del mal,
o en más acertada acción
fiarle de mi silencio;
que quien mejor discurrió
por la facultad de penas
en política lección,
con negarles el acento
mejor rumbo descubrió;
solo asegurar podré,
que el más cortesano amor,
si se permite al sosiego
ya no lo parece; y yo
tan firmemente idolatro,
que al informaros la voz,
de los ahogos del alma,
a pesar de mi dolor,
poco retórico el labio,
sin aliño la razón,
deslucieran mi concepto;
Y así procurando estoy
con no decir lo que siento
explicarme, pues hallo,
más créditos el silencio,
menos aplausos la voz.
Ya sabéis que nuestras bodas
el Duque las dilató;
siendo excusa en su licencia
lo que llama prevención,
y lo que yo ya recelo
en la recíproca unión
del lazo, de una coyunda,
del cariño de un listón,
solicitaba piadoso
se lograse nuestro amor;
que donde es tan uno el gusto
nunca las almas son dos.
Ya sé que el Duque, remiso
de una en otra suspensión,
ni nos concede este alivio,
ni nos niega este favor;
Y sé que habiéndole dicho,
que la armada que volvió
a ser de esa hermosa playa
movediza población,
necesitaba que fuese
a castigar su valor,
de tantos rebeldes cuellos
las cervices que domó,
Cruz en el margen superior de la página izquierda.
olvidado de sí mismo,
negándose a su opinión,
ni le despierta el clarín,
ni le provoca el tambor;
proseguid, que atento escucho.
Y después digo que girasol
de la luz más peregrina
de cuantas el cielo vio,
o ya ese hermoso planeta
en matutino esplendor
a los balcones de oriente
saque el dorado farol,
o en la mitad del cenit,
con quien igual repartió
árbitro del hemisferio
de sus rayos la porción,
haciendo rueda los giros,
que flecha en cerco su ardor,
de tanta encendida pluma
parezca ardiente pavor;
o que en urna espumosa
le previenen pabellón
en transportines de nácar
ninfas del marino Dios.
Cruz en el margen superior de la página derecha.
En el margen superior derecho se lee: 3. En el margen derecho: 100.
¿qué mucho, amigo, si en Blanca
tantos los méritos son,
que le defraudan al gusto
la parte de la elección,
pues siendo deuda estimarla
quien más fino la adoró,
aun más que con su albedrío
cumplió con su obligación;
ponderado aqueste afecto
porque no os parezca, no,
que son tibiezas del gusto
caprichos del pundonor,
os busco para deciros,
que el Duque si se inclinó
o fuese Blanca o Elvira,
el imán de su afición,
aunque nunca profanase
con el deseo menor
en las aras de su culto
tanta votiva oblación,
es intempestivo arrojo,
y loca resolución,
sin dar lugar al examen
desposarse, quien oyó
el trueno, y de aquel gemido
que por la vaga región
del aire en sílabas roncas
mal formado artículo,
si despreciando el aviso,
se ciega a la admiración
y que del futuro rayo
la amenaza no temió;
pues dilatarlo nosotros
cuando Rujero pidió
que lograse la esperanza
su dicha en la posesión,
y solo para este efecto
su diligencia ajustó,
de algunos inconvenientes
el embarazo mayor,
aunque es forzoso el hacerlo,
el modo dificultó
mi juicio, discurrid agora
cuál os parece mejor.
Hablan aparte.
Sale Rujero.
Hoy se ha de lograr mi intento,
y de males tan prolijos
asegúrenme dos hijos
solo con un casamiento,
Elvira y Blanca el estado
tomarán que yo deseo,
siendo de mi honor trofeo
el quedar asegurado;
que si el Duque divertido
por alguna acaso está,
siempre el cuidado será
por cuenta de su marido.
¿Qué hay, don Nuño? ¿Qué hay, don Vela?
Señor, ¿qué es lo que mandáis?
Aparte.
Tristes parece que estáis.
Hoy con honrada cautela
he de afianzar mi sosiego
del pundonor satisfecho.
Un volcán tengo en el pecho.
Un Lípari soy de fuego.
Parece que algún disgusto
os dan estas dilaciones.
Son siempre las prevenciones
muy enemigas del temor, justo.
Yo os estimo ese cuidado,
y os agradezco el deseo;
porque acredito el empleo
el buscarle apresurado.
Y tanto lugar alcanza
esa fineza en mi afecto,
que hoy han de tener efecto
logros de vuestra esperanza.
Digo, hijos, que, prudente,
que en trémulos desmayos
del sol apague sus rayos
en las aguas de occidente
solicito que a una quinta,
que en la contrapuesta orilla
es octava maravilla
de Chipre copia sucinta;
donde con diversas flores
sus lienzos vegetativos
jamás responden esquivos
al toque de las colores,
adonde con gala suma
y con fragrancia sutil
son lisonjas del abril
tanta matizada pluma.
Vamos los tres, y procuro,
que abreviando dilaciones,
logréis en ejecuciones
todo lo que os aseguro.
Hasta que las estrellas
vistoso esmalte del cielo
dibujen el azul velo
con su desorden más bellas,
en la marina hallaréis
un barco ya prevenido.
Sale el Duque al paño, por la parte que cae la fábula de Faetón
Rugero está aquí escondido.
Quiero escuchar.
Ya sabéis
nuestra obediencia y cuidado.
Repara en el Duque.
Pues adiós; pero ¿qué advierto?
el Duque escucha encubierto.
Sin duda agora ha llegado.
y ya que es él quien me atiende
sin ofender su presencia
le he de decir mi dolencia
lo que su poder me ofende.
A mi ofensa, ¡vive el cielo!
que ni imaginara yo,
que a deslucir se atrevían
de mis triumphos el blasón,
que en deslucir procuraron
aun con la sombra menor
estragar la candidez
del blanco de mi opinión.
Todo entregado a la ira
de una y otra obstinación
rayo había de forjarme
en la esfera del valor,
y al desabrochar la nube
con estrago y con furor,
escandalizar el aire
que en sus senos me abriga.
Y siempre joven el brío
se remozará mi ardor,
pues Mongibelo en sus años
en nieves fuego escupió;
eso sí llueve el castigo,
y pague su presunción
a vista del escarmiento
lo que a su orgullo debió.
Al margen derecho: Como que se enfurece con el discurso y va llegando al cuadro que está encima del Duque.
Sale el Duque.
¿Rugero tan descompuesto?
¿Qué motivo ocasionó
a la templanza del juicio
tan fantástica ilusión?
Cotejando las pinturas
que están aquí, gran señor,
dijo don excedía
a todas este Phaetón;
dijo lo mismo don Nuño,
y neutral en su opinión
alabé lo colorido,
mas el pensamiento no;
discurrí en su precipicio,
y con esta aprehensión
ponderé que un atrevido
que con alas vistió...
En el margen superior de la página izquierda hay una cruz.
sus altivos pensamientos,
y a la más pura religión
con sacrílegos deseos,
desatento, profano,
siempre tocó el escarmiento,
pues siempre en su ruina halló
costosos los desengaños.
En caduca persuasión,
replicó entonces don Vela
que ya marchito el ardor
de mis años no aprobaba
lo bizarro de la acción;
y cual suele el pedernal,
cuyo yelo retocó
en repetidos combates
el acerado eslabón,
escupir entre centellas
tanto salpicado ardor
que en ese zafir
son errante guarnición,
en lo helado de mi pecho
llamas brotó el corazón
del Etna, que lento asiste
en los poros del valor;
y a que vos entrasteis
la cólera pronunció.
Eso sí, llore el castigo,
y pague su presunción
a vista del escarmiento.
Lo que a su orgullo debió;
esta, señor, fue la causa,
pero ya a despachar voy
el decreto en las consultas
que vuestra alteza firmó,
que como siempre el serviros
fue precisa obligación,
me hallo aquí violentado.
(Vase.)
(Aparte.)
Bien, Rugero, sé que yo,
que agravios de un poderoso
se explican por alusión.
(Aparte.)
Si don Vela en sus temores
a Rugero le informó,
y es el disfraz de sus quejas
aquesta comparación;
pues ya que es esta pintura
quien don Vela mereció,
entre todas las demás,
el voto en vuestra elección.
En la esquina superior derecha: 7 46
En la esquina superior derecha: 47
Aparte.
que siempre ha sido acertada
(bien lo dice mi pasión),
a quien con igual dictamen
también don Nuño aprobó,
y al discurrir soberano
de nuevo ocasiona
también sentidos conceptos
por de mi parte os la doy,
que en prados de voluntad
el más seguro crisol
es sin ceremonia alguna
corresponder al amor.
Vuestra Alteza, Dios le guarde,
siempre de suerte me honró,
que no le dejo al deseo
en qué emplear su atención.
Justo lugar en mi gracia
vuestro mérito alcanzó,
y en cuanto aquesta pintura
oíd lo que siento yo.
Era del alba la estación florida,
entre sus brazos daba nueva vida
ese rubio planeta y de su coche
a las cortinas desplegaba el broche,
cuando Faetón con bárbara osadía
pide a Apolo que presida el día
su juventud lozana
al primer esplendor de la mañana,
rogando humilde que una vez le deje
surcar las zonas, y regir el eje,
mide las riendas, y a una mano fía
de cuatro frenos la fatal porfía,
en la otra la pértiga tremola,
pulsa atrevido de una y otra cola
la inquietud de rizados tornasoles,
perdiendo la senda de arreboles,
lleva la luz por nuevos horizontes,
confúndense los valles y los montes,
ignorando las señas pues ya raya
en breve tiempo, el sol la playa,
llega la luz a ser ardor, y luego
aquese ardor se comunica en fuego
y por breves instantes
Lo que era adorno de los prados antes,
la azul violeta, la encarnada rosa,
se miran mariposa,
porque al contacto de flamantes rayos,
en mortales ensayos,
si por su clima ya Faetonte pasa,
hacen estrago entre ceniza y brasa;
llamas sacude el mar en sus confines;
yesca es de plata, dejan los delfines
del hondo centro húmedas alcobas,
y encrespando las crenchas de sus obas
escarcean el campo cristalino
con rumbo incierto, con fatal destino;
mas, ¿para qué en discursos me detengo,
de que en su ruina persuadir prevengo,
que fueron de Erídano los raudales
la una urna le previno de cristales.
Línea tachada: que ocasionó su loco atrevim.to
infeliz escarmiento
que ocasionó su loco atrevimiento.
El Sol domina por la cuarta esfera,
y siempre aquel que competirle quiera,
o ya examine su distrito ardiente,
o acechando su curso refulgente,
atrevido igualdades solicite,
arrojado a las ondas de Anfitrite,
hallará de su pena merecida
el severo suplicio de la vida,
pues mudamente dice esa pintura
en lo que para aquel que se aventura.
Vase.
El duque, don Vela, ha hablado
con equívoco sentido.
Y la metáfora ha sido
la pena de su cuidado;
¿Qué resolver?
Prevenidos,
después en el parque estemos,
que allí determinaremos
lo que importare, advertidos.
Pues id, don Vela, con Dios.
Él os guarde.
Aparte.
Vase.
Yo he de ver
a Elvira, porque el placer
de saber cuál de las dos
es quien al duque le empeña
en su amorosa pasión
no permite dilación.
que conocida es la seña
de que es Blanca a quien adora.
Y así mi pecho,
basta que esté satisfecho
de los pesares que lloro,
examine en su disgusto
qué estado tiene su amor;
porque es lo más el honor,
porque es lo menos el gusto.
Vase.
A A
Salen Tristán e Inés, ponga unas bujías en un bufete.
Inés, de esperanzas se mejora
mi amor; pues, por mis pedazos,
tan muerta estás, que ya vienes
con la candela en la mano;
mira, Inés, el que me adores
es deuda de mi cuidado,
que yo soy hombre de fe,
si Crispín hombre de manos.
Señor Tristán, yo no creo
que esté de mí enamorado,
que nunca ha servido bien
aquel que sirve a dos amos.
49
A A.
Sale Blanca a una reja del parque, y el Duque por una puerta de noche.
Oficiosa la noche
a emulaciones de día,
taladra la sombra fría
con los clavos de su coche.
Ya que en lúgubre esplendor
todo el dosel atezado
a las flores le ha borrado
de sus galas el color.
Quiero atenta en estas rejas
ver si don Vela ha llegado.
De aquel desdén adorado
quiero repetir mis quejas.
Oh, si en el parque estuviese.
Oh, si en aquestos balcones
la hallasen mis confusiones.
Va llegando el Duque a la reja.
Pasos parece que siento.
Aparte.
Blanca está aquí, qué pesar,
pues el llegarla a hallar
me ha costado un escarmiento;
mas en mi mal solicito
que conozca mi asistencia.
400
En el margen superior izquierdo aparece una O y una cruz.
porque tenga una evidencia
que disculpe mi delito.
Blanca hermosa, qué ocasión,
si ya no es por accidente,
te obliga que hagas oriente
la esfera deste balcón.
Aparte.
Aun mi fortuna deshecha,
aquí recato la voz,
que ha de advertir más atroz
el indicio en su sospecha.
A divertir, gran señor,
ocios de la fantasía
salí a aquesta galería.
¿Tocan arpa?
Ruiseñor,
entre cláusulas suaves,
sonoro hechizo del viento,
con la voz y el instrumento
que suspende las aves.
Cantan.
No se enmendará jamás
de amarte mi corazón,
que culpas de la razón
cada día crecen más.
Los versos discurren bien,
demás de estar bien cantados.
Pues los sentía glosados
al mote de tu desdén,
y ya que de su rigor
tan segura copia han dado,
dale la voz al oído,
que los repite mi amor.
No se enmendará jamás
de amarte mi corazón,
que culpas de la razón
cada día crecen más.
Tan firme, Blanca, te adoro
y tan constante te quiero,
que vivo de lo que muero,
porque animo lo que lloro;
impaciente en tu decoro
mi amor acusando estás;
pero nunca hallarás
que retroceda si arguyo,
que el delito de ser tuyo
no se enmendará jamás.
Tanto en el rigor te empeñas
como en los efectos yo,
porque a los dos nos abrió
amor con distintas señas;
yo quiero, tú me desdeñas,
y de uno y otro arpón
tan varios efectos son
de oro y plomo ocasionado;
que solo hace cuidado
de amarte mi corazón.
De suerte siento ofenderte
si es ofensa el adorarte,
que a ferias de no enojarte,
fuera lisonja la muerte
mas vivir, y no quererte
arguye contradición;
bien te merece el perdón
si al preguntar cuál ha sido
la causa, te ha respondido
que culpas de la razón.
Crecen, Blanca, mis amores
al paso de tu desdén,
y aun amor es él por quien
se califican mayores.
A imitación de las flores
siempre en lágrimas te bañas,
y en los suspiros que das
de tu rigor es el arma
que con el agua y el viento
cada día crecen más.
alabo lo bien escrito,
mas advierta vuestra alteza
que el faltar a su fineza
es acierto y no delito.
La duquesa.
Llega Inés a la reja.
Señora, tu padre llama.
Yo soy Argos de mi fama,
perdone vuestra alteza.
Vase.
A pesares ya se ha ido.
¡Qué breves que son las glorias,
dejando a las memorias
los recuerdos de que anida!
Pues ya que aqueste tormento
me mata sin resistencia,
a buscarle a mi dolencia
desahogos; porque inventa
(de la majestad sea mengua)
para templar mis enojos,
que lo publiquen los ojos
y lo confiese la lengua.
Vase.
Sale Tristán y Inés; ponga unas bujías en un bufete.
De esperanzas se mejora
aquel que sirve a dos amos;
luego es consecuencia llana,
que quien de sí cuida tanto
divertido con sí propio,
siempre se hallará ocupado.
Sale Crispín.
No es nada con lo que topo,
¿es de veras o burlamos?
Mas que si reparo en puntos
rompe el diablo su zapato.
¿Por qué no respondes?,
¿no ves que te está llamando
el señor Crispín, y merece
que le hagan todo agasajo?
Sacando su jácara cuadra
estaba Tristán y cuando...
Bien su brizna de turbada
y su punta de arrumaco.
Dime, mujer, ven acá,
respondíme como he oído,
¿de endurecerme el copete,
y a empedrarme todo el casco
de conducirse tu destino?
(Como de golilla he hablado)
¿dónde pongo los ojos?
¿No te he dicho, no has notado,
que en señal de devoción
también he puesto las manos?
Pues como con un hombre...
Si me halla este mentecato,
y topando en el bigote
que está también levantado,
Le descompone por cerro,
si es sobre aqueso riñamos.
A Inés, sin duda, sois muy civil;
pues con estilo aliñado,
quien el polvo me sacude
me despierta en el halago.
Cristóbal a solas, Tristán.
Adelante.
Ya sabe...
No me he enseñado.
Que esa mujer...
¿Quién lo niega?
Es una...
De las de ogaño.
Empero, no digo nada,
el corazón me da saltos.
Temblando estoy, juro a Dios.
Que sea yo tan arrojado.
Toda mi vida deseo
el verlos descalabrados.
El uno porque se manche,
otro porque se limpie algo.
Mas la Duquesa atraviesa
por el salón de palacio.
¿Quiere usted irse conmigo?
Como no sea a reñir, vamos.
Vanse.
Sale la Duquesa.
Mirad si veis a Rujero
y decid que yo le llamo.
Vase Inés.
Es de mi amor tan grave el sentimiento,
es de mi ahogo tan atroz la pena,
que aun el mismo rigor que me condena
por lisonjas me pasa su tormento.
Mal no discurre que a mi bien atento
y así de alivio la conoce ajena,
con cualquiera desdicha que se estrena
procura cese mi vital aliento.
Mas, ¡ay de mí!, que celos declarados
(tan voraces la llama con que encienden)
inhabilitan todos los remedios.
El Duque, divertido en sus cuidados,
adora a Blanca, y mientras más me ofenden,
mi fin no llega porque no hallo medios.
Parece que algún rumor
trae ruido, o ha ocasionado.
Ruido dentro.
Sale Blanca.
Señora, pues la piedad
siempre ha hallado su sagrado,
a donde indulten las culpas
generosos simulacros;
Vuestra Alteza, Dios le guarde,
en quien la dicha ha logrado
con lo amable de sus partes
los favores de su mano,
interceda con el Duque,
mi señor, que más templado
en los rigores se porte;
que si repara en los claros
cristales de esa belleza,
diminuyendo lo enojado,
le borra vuestra hermosura
de la ira el menor rasgo.
Estaban en el jardín,
¿quién duda que sería acaso?
No niego que fue delito.
Elvira y don Nuño hablando,
El verso siguiente presenta inserciones y correcciones en el manuscrito.
y Su Alteza, Dios le guarde, que de dicha
los tiene presos mandando
que a Elvira tenga mi padre
y en la torre de palacio
tenga don Vela a don Nuño.
Señora, pues ya alcanzaron
para casarse licencia
de Vuestras Altezas, cuando,
disfrazados los favores,
los diferencia el recato,
interceded los perdone;
pues, en algo disculpado,
está siempre en los amantes
el obrar más temerario.
Yo haré lo que me pedís,
aunque parece excusado;
que con el Duque sois vos
quien suele hablar más despacio.
Vase.
Yo haré lo que me pedís,
aunque parece excusado;
que con el Duque sois vos
quien suele hablar más despacio.
¡Oh, a pesar del sufrimiento,
que por no romper el claustro
de la lealtad se sufoca,
que a vista del agravio
con estruendoso gemido,
Escóndese.
más activo, más ufano,
había de reventar
por la mina de los labios.
Yo, que atenta a mi decoro
también mi honor he murado,
que siempre he desvanecido
de su poder los asaltos,
avasallada de un pesar me miro,
¡oh, pesia a los hados!
Que al destino de mi estrella,
desdichas predominaron.
Mas el Duque y don Vela
pasan por aqueste cuarto.
Quiero negarme a sus dos.
Salen don Vela y el Duque.
Blanca allí se ha recatado;
que me querrá el Duque a solas.
Aparte.
Yo vengo determinado.
Respiremos, corazón;
y aqueste mortal contagio,
si me ha de acabar, no sea
tan mudamente contrario,
que me reboce el alivio
lo que me descubre el daño.
¡Don Vela!
Príncipe invicto.
¿Qué mandáis?
Yo os he llamado,
a fiaros un secreto.
Tu hechura soy y tu esclavo.
¿Haréis por mí una fineza?
Mi vida y cuanto valgo
está, señor, a esos pies.
En la lealtad de un vasallo
tan noble, vive
el afecto.
Lo que tardo,
señor, en obedecer,
es lo que vos en mandarlo.
Pues con esa confianza
he de trasladar al labio
lo que aun me negaba a mí
de mi propio recatado.
que siendo alcaide el silencio
aun la lima de los años,
de las prisiones del pecho
jamás rozó los candados.
Y así eran siempre mis ecos
bien o mal significados,
suspiros que mi dolor
iba llamando a pedazos.
Ya sabéis que ha muchos días,
que habiendo solicitado
Rutero, que yo le diese
licencia para casaros,
vos y Nuño os casareis
con sus hijas, no ha logrado
por algunos accidentes
bastantes a dilatarlo
esta merced.
Sí, señor.
Y que todas ignorando
mis designios extrañabais
el que tuviese embarazo.
Sin saber que yo de Blanca
ciego sigo los rayos
con infeliz galanteo
desde el oriente al ocaso.
Soy amante mariposa,
que por verla me abraso.
En la esfera de su luz,
tan sin sentir el estrago
de la vida, que otra vez
Fénix de las llamas que ardo,
le repito entre cenizas
la vida que le consagro.
¡Quién vio desdicha mayor!
¿El Duque se ha declarado
con doña Vela?
¿Qué esto escucho?
¡Despacio, penas, despacio!
Y es lección la de mi amor
que en su favor no haya hallado
lugar, porque mi fineza
no admitida de su halago,
despreciada de su gusto,
mayor mérito ha alcanzado.
Que a vista del desdén
me confieso enamorado.
En el margen derecho: 700
Resucite mi esperanza.
Algún aliento he cobrado.
Pues pensar que yo conmigo
me he de mostrar tan tirano,
que les permita a los ojos
el verla ajena, es engaño;
primero ese azul zafir
con la tropa de sus astros
en desordenada ruina
traerá su máquina abajo,
y del reino de neptuno
los líquidos alabastros
chocarán en las estrellas
todo ese vulgo escamado.
Pues declararme en mi pena
a Rubero por ayo,
por pariente le estimo
lo que debo a su cuidado,
y cuando está la duquesa
tan de parte de su agravio,
que del reloj de sus celos
es el semblante la mano,
si es ofensa de su sangre
es indecencia en mi estado,
y será dejar a Blanca
algo malquista al recato;
y así para que no tenga
yo afrenta, ni el sagrado
del pundonor de Rubero,
ni la duquesa alterando
esté, todas mis acciones,
ni en Blanca el más atinado
discurrir de la censura
de su malicia halle blanco,
entre tantas confusiones
solo un remedio he hallado,
y es el que vos dilatéis
(que es el modo de acertarlo)
las bodas, porque con eso:
vos estaréis más aliviado,
la duquesa sin sospechas,
Rubero estará pensando,
que en mí jamás fue intención
lo que fue en el sobresalto;
de Blanca nadie dirá
que mi amor ha ocasionado.
siendo solo aqueste medio
el que acomoda a los cuatro.
¡Ay, mujer tan infeliz!
Que a mí aquesto me suceda,
y que Blanca retirada
sea testigo de mi pena,
que solicite yo propio
el camino de mi ofensa
y para salir a él
fuesen de su estudio sendas.
Los favores que me hacía
con generosa largueza,
sin duda que aquella espada
que me dio una vez su alteza
la esgrimió contra mi vida
pues que ya sus filos prueba;
o como de aquel caballo
desenfrenadas las riendas
aluden que su altivez
es quien todo lo atropella;
del lienzo de la pintura
desta tarde, ¿quién creyera
que lo que es fábula en él
fuese en mi mal experiencia,
pues determinarme yo
a casarme. ¿Qué intenta
el duque? que se divida
el nudo que amor estrecha,
sino es delirio del juicio,
es una vana quimera,
que persuade a imposibles
al uso de la certeza.
Mas ¿qué teme mi valor?
Doña Blanca es en su esfera
como el sol, que no se empaña
aunque la nube se acerca;
primero es mi honor que nadie.
¿En qué os resolvéis, don Vela?
Mas advertid que primero,
antes que la voz prefiera
en destemplados arrojos
resolución poco cuerda,
le examinéis al discurso,
lo que traslada a la lengua.
porque si, poco advertido,
con hipócrita soberbia
no determináis hacer
lo que os pido, la violencia
de un poderoso ofendido
os mostrará lo que yerra
quien en fe de su capricho
hace del peligro tema.
800
Señor, que vos me mandéis
que ponga a las plantas vuestras
la vida, y cuanto yo puedo,
de mi obligación en deuda;
mas querer que con infamia,
aun al pronunciar la lengua
destrozos de la opinión,
en su idioma tropieza;
lo dilate con Ruvero,
que él, con toda priesa
procura que se efectúe,
pues vos le distis licencia;
eso no, mejor será
que, cortando mi cabeza,
un verdugo le embarace
al tálamo la tragedia.
¡Ah, de la guarda! ¡A soldados!
Sale uno de la compañía
¿Qué nos manda vuestra Alteza?
Que traigáis aquí a Ruvero.
Blan. el duque que es lo que intenta
¿Qué es lo que el alma recela?
Cumpla yo con lo que debo
y la desdicha suceda.
Sacan a D. Nuño preso.
Señor, a tus pies postrados.
Pues una de dos, D. Vela:
o hacer lo que os he mandado,
o en aquesa fortaleza
de palacio ha de morir.
D. Nuño, ya sabéis la deuda
que una vida una noche,
solo a su brazo confiesa;
discurrid agora atento
en balanza contrapuesta.
aquí amor, aquí amistad,
cuál es la que menos pesa.
Válgame Dios, si el don Nuño,
quien en aquella pendencia,
por mostrarse tan mi amigo,
hoy esta vida se alienta,
¿no debo, en este peligro,
socorrerle? Sí, mas fuera
costarme todo mi honor
anteponer mi fineza,
porque se salve un amigo,
el que mi dama se pierda.
Amigo, no os embarace,
en cualquiera conveniencia,
mi vida, que sois tan dueña
que por ella la perdiera.
Dudas resolver imagino,
que viene aquí la duquesa.
Detrás de aquellos canceles,
excusaré que me vea.
Al irse a esconder donde está Blanca, le detiene don Velasco, y el duque tiene que detenerse.
Ya ha pasado al otro cuarto
mi señora la duquesa.
Pues ¿por qué me detenéis?
Venid, que está en esta pieza.
Sale Blanca.
Una mujer desdichada,
de los males tan a prueba
que no hay uno que la acabe,
donde hay tantos que la cercan.
Vos, señor, tan olvidado
que, siendo en armas y letras
prudente Trajano en unas,
y en otras invicto César,
todo os dais a una pasión.
No venza, señor, no venza
a tantos gloriosos triunfos
hazaña que es tan grosera;
de la voluntad no siempre
el albedrío se queja,
y una vez a la razón
Cruz en el margen superior
tantas sinrazones cedan
no es crédito del amor
que atrevido atropella
del sujeto a quien adora
respetos que se veneran,
en vano honras previene,
que le ciñan la cabeza
y en verdes frondosos lazos
se eternicen de diademas,
el que a sus mismos afectos
que tiernos viven a cuenta
del mejor cariño, grave
no les asiste la prenda;
mayor victoria es la propia
que contra las mismas fuerzas
desapropiada se indigna,
y enajenada pelea;
Costeadle a vuestra fama
a merced de una terneza
(siendo padrones eternos
las memorias venideras)
otra vida, a quien el mármol
lámina siempre pequeña
general aliento esfuerce
donde se graben, y quepan;
no quiero representaros
agostadas de sus venas
la sangre de rango noble,
ascendiente, que no intenta
ganaros mi confianza
con las virtudes ajenas;
solo será memorial
el estado en vuestra alteza
porque estéis reconvenido
con glorias que son tan vuestras;
Don Vela Señor me quiere,
y yo a sus partes atenta
para fines tan honestos
abrí al galanteo la puerta,
como queréis vos que deje
con ignominiosa afrenta,
su pundonor ultrajado,
su crédito con sospechas.
En la esquina superior derecha: 61
De rodillas
el que me quiera constante
viene a ser lisonja vuestra,
antes si no me estimara
fuera en vuestro gusto ofensa;
venceos, señor, a vos mismo,
y yo esta vez os merezca,
por mujer y por rendida,
el puerto en tantas tormentas.
Sale Rugero con Elvira.
Aquí traigo, gran señor,
al suplicio de la pena,
a Elvira, y este puñal
para que en rubia sangrienta...
pero, Blanca, ¿qué suceso...?
Sale la Duquesa.
A pedirle a vuestra alteza
que perdone de don Nuño...
Elvira le dé la mano
a don Nuño, y vos, don Vela,
también se la dad a Blanca;
porque de este modo tenga
vuestro delito perdón,
y perdón las faltas nuestras.
Y aquí de las tres jornadas
os piden los tres poetas,
cada cual su vítor solo.
al piadoso mosquetero,
porque falta a la comedia
salta liebre, según pienso,
tal vez donde no se piensa.
En el margen derecho hay unos números: 938 y 860.
fin
quidquid dixerim sub correctione Matris Ecclesiae subjicio.