إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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<إلى clإلىss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" tإلىrget="_blإلىnk" rel="noopener noreferrer" إلىriإلى-lإلىbel="عرض تفاصيل ترخيص Creإلىtive Commons CC BY-NC 4.0">صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El esclavo a lo divino y mártir de Zaragoza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-esclavo-lo-divino-y-martir-de-zaragoza.
+ Dedicación con que ofrecí y dediqué al librero amigo, llamado Francisco Lamberto, este Auto de San Lamberto mártir, que compuse a instan- cia suya y de su nombre. + + Décima + Por este sancto bendito dos historias he juntado tan cortas que me han forzado componer su Auto chiquito, si con amor infinito le puedo fiel dedicar voluntad le ha de ampliar, y pues sabéis que esto es cierto, Lamberto, al santo Lamberto, aquí podéis celebrar. F. + Hallará el curioso lector las dos historias en Villegas, primera parte del Flos sanctorum suyo, en los santos de España = la primera dice por título = los innumerables mártires de Zaragoza = la segunda dice = San Lamberto mártir. + + folio 434 +
+ Auto nuevo del bienaventurado santo, San Lamberto mártir + Intitulado, el Esclavo a lo divino. + + Compuesto por el licenciado Francisco de Roxas, natural + de Madrid = a instancia de un amigo llamado Francisco Lamberto = en 21 de diciembre de 1640. + Son personas + Daciano, presidente gentil. Urbino, su privado gentil. San Lamberto, esclavo. Cislauro, gentil. Clismenia, su mujer, gentil. Filisplata, su doncella gentil. Livio de Oro, lacayo gentil. Lampiño, pastor simple. Satán. Engaño. Y los músicos. Un Papa y su mayordomo, se ahorran.
+ Salen Cislauro, Clismenia y Livio de Oro. +
No tiene mala presencia.
Y aun parezco como un mayo.
¿Qué oficio servís?
Lacayo.
Dícelo el talle.
Paciencia,
que más quiero acomodarme
que despreciarme baldío.
¿Quién os fía?
Yo confío
que mis obras han de honrarme
como os agradéis de mí,
que si bien causan temor
Criados de Valdeflor
De buena parte nací,
y sabré dar tan buena cuenta
que encarecerlo no es justo.
Digo que me ha dado gusto.
Sospecho que honra presenta,
y que en materia de trato
Indias le pueden fiar;
yo mismo me he de afianzar
que el ser fiel cuesta barato.
Y una vez estando en Cuenca,
cierto quídam bachiller
de hurtado vino a tener
pensión, y en Valdepenca.
Alargueta, cuyos cargos son de bienes rapadizos, que a espaldas vueltas, postizos golpes, le dan sus descargos.
Un alfiler que se halle.
Más que yo estaba seguro.
Como haya vino y puro...
Ya tardas en concertalle,
que sin duda a tus caballos
los traerá que sean de ver.
Concierto no pienso hacer,
porque solo en el tratallos
el buen servicio parece;
y quien sirve a buen señor,
él mismo da por valor
más que el vasallo merece.
Y el concierto y fiel decoro,
de su discreción da indicio.
¿El nombre?
A vuestro servicio.
Yo me llamo Lirio de Oro,
que en ciertas guerras mi madre
a mi padre acompañando,
en hábito de hombre, y dando
valor y esfuerzo a mi padre,
por ser de edad, hizo un hecho
tan esforzado y valiente,
rompiendo a un castillo un puente,
que fue laurel de su pecho.
Y desde entonces, blasón,
porque el soldado arriesgado
a hechos de buen soldado
se conquista el galardón.
Pero en fortuna y su rueda
no faltó quien le envidió,
y fiero le despintó,
que en fin jamás está queda.
Costó a los dos tierno lloro,
y por alivio mi madre,
dando licencia mi padre,
me nombraron Lirio de Oro,
que porque a la envidia asombre,
ya que al fin se le quitaron,
por su consuelo gustaron
de ver el lirio en mi nombre.
Una historia ha sido bella.
Decid, ¿no os fuera mejor
la milicia?
Mi señor,
nació lacayil mi estrella,
cuando paro en una esquina
de un bodegón, y me importa,
o hasta el alma me consorta,
la tripa vuelve divina,
y si quedo condenado
tras las ermitas que surca...
al gran persiano o al turco
no dudo que acometiera;
este oficio me alboroza.
Tenéis capricho y caudal.
No estaréis conmigo mal,
y más aquí en Zaragoza,
donde, muchos si hay cristianos
a quien tenemos por viles,
hay generosos gentiles.
Y ellos nos mofan por vanos,
trayendo en palmas a aquel
crucificado en la cruz.
O en efecto están sin luz
de nuestros dioses...
O huyen de él,
y asientan sus esperanzas...
Daciano se lo dirá.
A que de ellos les pondrá,
hechas harnero, las panzas.
Vamos, Cislaura.
Clismenia,
para la heredad querría
un hortelano.
Sería
traelle, una acción muy tierna,
que los árboles y plantas
parece que quejas dan.
Vanse.
Enviándole, aliviarán
querellas tales y tantas.
Entran Daciano y Urbino.
Temerarios están estos cristianos.
Y estos de Zaragoza son villanos.
Que te admires de vello no me admiro.
Daciano, gran señor, yo que lo miro
según su padecer y su floreo,
con vello y admirarlo, no lo creo.
¿Que no teman un Júpiter airado?
¿Que si quiere mostrarse de enojado
a rayos, a centellas y tronidos,
puede en polvos dejarlos convertidos?
Ni ofrecen sacrificios a Diana.
Menos a Venus, cuya flor lozana
a cuantos son amantes valedores
su hermosura les da dos mil favores.
Pues un Baco, un Saturno...
Un Héctor, Marte,
respetado y temido en toda parte.
Están ciegos, señor, tráelos absortos
su Dios muerto en la cruz, y ellos devotos
no se atreven a nuestros dioses dignos,
mas solo a cometer mil desatinos;
porque dejarse dar de los sayones
tan tremendos y tantos desgarrones,
tantos azotes, tan sangrientos palos,
y burlar de los dioses como malos,
siendo por quien la dicha y bien tenemos,
es locura tenaz, llena de extremos.
¿Y cuando en las calderas derretidas
de plomo y pez, adonde arriesgan vidas?...
¿Y al ecúleo tormento y la catasta,
y nada de esto a reducilles basta?
En rabia y en furor estoy ardiendo.
Y de vello me admiro.
No lo entiendo;
Urbino, a cuantos hay dentro en mi casa,
pues saben todos lo que en esto pasa,
les avisad con pecho de tirano,
por mis emperadores Diocleciano
y Maximiano, prósperos y fuertes,
so pena de les dar las mismas muertes,
que me traten tormentos exquisitos.
Sus hechos han de ser más que inauditos.
Entra San Lamberto de pardo, con caperuza en la mano, azadón y espuerta al hombro, y sale Cislauro.
Supuesto que os he comprado,
me labraréis la heredad.
Esclavo soy, pero honrado,
dudo que habrá en la ciudad
quien me gane en el agrado,
y aunque buen amo he perdido,
porque en efeto murió,
mejor le tengo adquirido,
porque quien a mí me informó
las partes me ha encarecido,
que tenéis grande nobleza,
que sola vuestra riqueza,
apenas otros la igualan,
que tenéis montes que talan,
ganados mil, su maleza,
granjas, viñas, sotos, prados,
en villas de alrededores,
gañanes, que a su cuidado
alientan varios pastores,
que os valen muchos ducados,
y ansí tened esperanzas,
que la heredad donde voy,
os dará buenas andanzas,
que pues vuestro esclavo soy,
mostrarélo en sus labranzas,
en la huerta y el jardín.
Servidme bien, porque al fin
bien lo sabré agradecer,
que amor obliga a ser
muy pródigo, y otro en fin.
De mi cuidado estad cierto.
Que al punto os partáis advierto.
Si algo herrare al fin soy hombre.
En fin, ¿Lamberto es el nombre?
Tu esclavo el nombre, Lamberto.
Reverencia.
Entrad, y haréis recado.
Entra Clismenia y Filisplata.
A punto está la comida.
¿Es el esclavo comprado?
Clismenia, sí.
Su venida
confieso que me ha alegrado,
que parece de valor,
noble y gran trabajador.
Nada en él lo contradice.
Y quien mejor se lo dice,
es del esclavo el sudor.
Y nuestra heredad se mejora.
Hablan Cislauro y Clismenia para sí.
Aparte.
Cada punto y cada hora,
veráse por experiencia,
que soy hombre de conciencia
en el servir, mi señora.
Y ¡ay!, ¿por qué me realzo,
siendo basura, por qué
de tanto esplendor me calzo?
Perdón, mi Dios, si pequé,
tu amor bendigo y ensalzo.
Mi Jesús, agora ignoro
la ley que guarda en su pecho,
la vía no la de oro,
que cristiano, si esto es hecho,
os pienso guardar decoro;
solo en vuestro amor confío,
permitid que mi albedrío
a solo vos se sujete,
no la destrucción le inquiete
de tanto mártir tan pío,
que oigo que el gran Daciano
a los cristianos persigue.
Rey eterno y soberano,
si conviniere, mitigue
tanto furor vuestra mano.
Filisplata, ¿esta firmeza
de placer?
Y aun de alegría.
Vamos, que ya se nos llega,
Lamberto.
Si hacéis la guía,
será doblada mi empresa.
Vanse.
Sale Lirio de oro, lacayo.
Retírase.
Por Filisplata muero
después que entré en su casa, ¡vive Apolo!,
que rabio y desespero
de una fruta de celos, pero solo
lo estoy a un pastorino
de un pastor que lo llaman el Lampino.
Hoy viene de una aldea
que la llaman Xaulín, donde mi amo
con gran gozo, si campea,
yo solo con mis celos rujo y bramo,
porque de fruta ornata
trae él, le da pensión a Filisplata.
De cierto peregrino
del dios Mercurio, por verdad forzosa
supe que del camino
le faltaba de andar muy poca cosa,
al limpiar los caballos,
de secreto a los dos he de escuchallos.
Mas vale la doncella
que toda el ama setecientas veces,
a su hermosura bella
amor, aunque lacayo, me encareces,
pues le guardo decoro,
a Filisplata ríndese a Lirio de oro.
Mas pienso que ha venido,
que le siento en los dichos.
Entra Filisplata que trae agarrado del faldón a Lampino, el cual sale muy a lo tosco de pastor con una cesta de fruta, vacía.
Abrázale.
Mi Lampino querido,
¿qué me traes?
¿Cómo puedo sino a voces
sufrir el mal que siento?
Mas paso.
¿Qué te traigo? Mi jumento,
que de Xaulín cansado
y ronca, en el pesebre amarradilla.
Mucho me has olvidado.
Yo no, que si viene la cestilla
vacía, yo so bruto,
acá en el alma te conservo el fruto.
sabañones.
No obstante,
que cuando por acá diere otra vuelta...
¡Holacá! ¿Y el amante?
En mi presente venida...
Alma revuelta.
Que hablando por buen modo,
mi señor sin pensar lo pescó todo.
Pues dime, ¿qué traías?
Unos pocos de blancos naterones
con otras niñerías.
¿Y qué más?
Y también melocotones.
¿Que nada me has guardado?
¡Qué ha de dar un lampiño y mal barbado!
Ya te he dicho el suceso.
Quien bien ama y bien quiere, más alcanza.
Va a abrazarla y Filisplata, pisado el sayo, le detiene.
¿Soy tuyo?
Sin duda iba a vender una esperanza.
Abrázanse.
Muy bien a amar me enseñas,
que dádivas al fin quebrantan peñas.
Tengo de ser tu esposo.
Si Livio de oro nos mirara a entrambos...
¡Vil amor cauteloso!
¿Tengo yo por ventura los pies cambos?
¡Dios Jano, vive el cielo,
¿vendréla a conquistar, o estorbarélo?
Pero dame paciencia.
Que ser mi esposo, mi Lampiño, entiendes...
¿Tan mala es mi presencia?
Mientras no me regalas, más me ofendes.
Pero contino agrada
no el parecer,
¿Pues qué?
La hacienda honrada.
Ya sabes que soy rico,
y que mis bueyes y otras posesiones
a ti sola dedico;
dime algunas razones,
que estoy por ti mirloso.
Un Lampiño vacío y enfadoso.
Vamos, que mi dueño
querrá saber de allá y de los casales.
Mi palabra te empeño.
Veloz, si no das más, muy poco vales.
De perseguiros juro.
Dura estás, Filis.
Vanse los dos.
Y tú, Lampiño, duro.
Y queda Livio de oro.
Por las estatuas en valor mercurias,
estrépito y terror del fiero Marte,
que aquí y en Roma y en cualquiera parte
he de entrampar de amor tantas injurias;
de mis hados serán tristes penurias,
sirviendo no alcanzar industria y arte,
mas si puedo, oh rapaz, alcances darte,
no gastarán de Júpiter las furias.
¿Cómo, que Filisplata tan ingrata
al tosco ser de un sin valor Lampiño
mereciendo ser diosa en celio coro?
Pues, que quiera o no quiera Filisplata,
por la torre Babel, si me emberriño,
que ha de esmaltarse, solo en Livio de oro,
o soy, o no me entiendo,
o a cámaras de amor me voy muriendo.
Entra Filisplata, como acabando de comer.
Entra a comer Lirio de Oro,
mal se descubre un pesar
si siempre se disimula,
ceñudo me muestra ya.
No he visto más lindo ceño,
pero ya entiendo el disfraz,
¿y la espalda me vuelve?
Mi vista pena le da.
Lirio de Oro a comer entra
donde me quiere llevar.
Que...
Díselo.
Dilo.
Celi celorum.
El as.
Que a todo amanso le pica.
Partióse.
¿Quién?
El zagal.
Aparte.
Lampiño de nombre y casta,
lindo tiempo he de gastar
si a los dos les causo celos,
y en tanto sabré mirar
de los dos quién más me importa,
que en casamiento y tornas
Lampiño, y to rico,
más que enamorará
con su gracia y nombre de Oro
a la mujer más sagaz,
fuera de que el dote alegre
si su favor nos le dará,
que es de ricos y de nobles
a sus vasallos honrar.
De verme triste, no dudé, que a él
que, medio no sé qué mal,
que me he suspendido un rato,
preguntóme si el zagal
¿se ha ido? Dándole estaban
señores, al alabar
de comer, no sé qué fruta,
no sé si partido habrá.
Yo lo creo, que en mujeres
hay poco que preguntar,
porque en cosa que es de gusto
siempre encubren la verdad.
Verdad es, que no estoy cierta.
Yo sí que lo habré de estar,
de que le dio parasismo
verme triste, cara atrás.
¿Tan por fingida me tienes?
Si tú con Lampiño, ¡ay!,
que estoy para no decillo...
Acaba.
Con gran solaz,
burlándole, a tus amores,
siendo un zafio, un azacán,
tan sola, que al dios más rudo
celos pudieras causar,
y agora me tratas...
Quedo,
habla paso.
¿Quién podrá
dar crédito a tus caluñas?
Sale Lampiño con alforjas vacías y una manzana en la mano.
Dásela.
Filisplata, toma allá.
esta que señor me ha dado,
mas Lirio de Oro, ¿está acá?
alivio de oro
Sé discreto, disimula,
que aquesto es chocarrear.
Cielos, que ansí lo ha sentido,
¿hame venido a llamar
que entre a comer, Filisplata,
cuando Lampiño se va?
tírala del vaso a Filisplata
Pues que me despido, agora
¿quiere algo?
Tenga allá.
pellizca Lirio de Oro a Filisplata, y Lampiño rempújale y restalla la onda desciñéndosela, y luego Lirio de Oro a Lampiño, y Lampiño restalla la onda
Lampiño, más cortesía.
Lirio de Oro, tense atrás.
La manzana estimo en mucho.
Con ella te engañará,
que el engaño es tan antiguo
que en las historias de Adán
hay mujer, manzana, y sierpe.
abrázala
Por Saturno que me están
las ansias doblando a celos,
mas por mi firme amistad
y mi partida, te pido
los brazos, solo en señal
de que soy muy tuyo.
Arredro.
Vete mi Lampiño en paz.
Latín sabéis, voto al sol,
que si os viera por allá...
Lindamente los desvelo.
Mas no es justo dar lugar
a que los dos se maltraten,
y los amos despertarán
de la siesta, vense quedo.
Él no se llegue tanto allá,
Lirio de Oro, presto.
Yo me llego.
Casi la quiere abrazar.
Pues él, ¿qué hizo?
restallando la onda
Yo voyme,
lo callo, tírase atrás.
Entran Cislauro con gabán y montera de color, y Clismena melancólica, en cuerpo
¿Agora melancolías,
con ese mal te levantas?
Que las traigo ha muchos días,
y muchas veces son tantas
que digo mil fantasías;
pero no, Cislauro, dejo
a tiempos de reportarme.
Quiero darte un buen consejo.
Ya tú querrás alegrarme,
y a un amor añejo,
que ya sabes que el varón
que a su mujer quiere bien
el aliviarla es razón;
que entre casados no es bien
disgustos, pena, o pasión.
Con tener vasallos tantos,
riqueza tanto crecida,
tengo el corazón en llantos,
Pruebas de pluma en el margen izquierdo.
No sé qué tiene esta vida
que toda parece encanto,
y tal vez por darte, que es justo,
disimulo y hago
que tengo brillante el gusto;
mas aunque te satisfago,
sabe el cielo mi disgusto
y a solas suelo llorar
sin que entienda de qué viene.
Músicos he de llamar
otra vez, y si conviene,
con baile se han de alegrar;
y más que se harán tras esto
fiestas a Palas y Juno,
y entonces echaré el resto;
mas porque aquese importuno
humor se acabe más presto,
vamos a ver la heredad
que Lamberto nos procura
tener con tanta beldad,
fruta y flores, rara holgura,
otorgada libertad
al vendido corazón
de tu secta tan maldita.
Eso mismo es mi intención.
Tu esposo lo solicita
ansí en continua afición.
Y logre yo muchos años,
mi Clismenia, no te dé pena.
Desecha miedos y engaños;
Vanse.
ya parto hasta el alma, llena
de gustos y desengaños.
Corren una cortina, y aparece Daciano sentado en una silla, y a un lado en pie está descaperuzado Urbino, y músicos al otro lado, que canten. Suenan la guitarra sin cantar, y luego dicen:
Levántase de la silla.
Y no cantéis, amigos,
que son mis pesares
porque los cristianos
llevan adelante
el morir por su Dios,
y aunque en varias partes
les doy mil martirios,
yo le soy cobarde
y esto me consume,
¿no ha de acabarme?
Cantan.
¿Acabar? ¿Qué es esto?
Tañed de alegrías.
Cese la música.
Al tiempo que el sol se esparce
por las solitarias tierras,
las plantas escaramuzan
al son del aire que vuela;
y calandrias y ruiseñores,
puestos en varias riberas,
alegres le hacen la salva
cantando dulces endechas,
y las fuentecillas sonoras
que esmaltan la blanca arena
regocijan verdes prados,
montes, cercados y selvas.
Cuando los zagales
por varias sierras
van cantando letrillas
de peña en peña.
y rabio, grito, bramo,
gran virrey, no trates
ansí tu buen pecho,
oye el consolarte,
si los falsos dioses
honran lo que haces
donde el resto echas
de tus crueldades
admitiendo siempre
industrias y artes,
de diversos modos
con que atormentarles
¿qué sientes? ¿qué admiras?,
di, ¿qué te combate
si tu celo abonan
sus altas deidades,
si estimas consejos
pregonen en calles
públicos edictos,
que cuantos gustaren
del cristiano bando,
y de otras ciudades
con mujer y hijos
lleven sus ajuares
sin pena ninguna,
y tú, si te aplace
tiendas y escuadrones
fuertes capitanes
de secreto puestos,
y cuando ellos marchen
al campo seguro,
Zaragoza mande
cerrarles las puertas
porque si se hallaren
el cuchillo al cuello,
no se vuelva nadie
a ampararse de ella,
que si ansí lo haces
media Zaragoza
matarás al instante
porque luego digan
los innumerables
mártires, y sean
tus lauros triunfantes.
levántase de la silla
Viva Urbino, viva,
a tus plantas graves
echarme quisiera
por avisos tales.
gran señor, no intentes
poco será darte
esta silla, llega
oh, y bien que me abraces.
señor, no merezco
abrácanse
acaba
esto baste
que el verte contento
mi fe satisface.
los dioses te honren
y ellos sean quien paguen
tus arduos arbitrios
que ellos son bastantes.
parto más alegre
cuanto dices y haces
me ofreces un gusto.
vuelve a cantar la música
cantad alegrías.
Volved, volved, alegrías,
que quiero vivir,
que quiero vivir,
que tristezas acortan y alaban
la vida de mil en mil.
Vanse.
Entra San Lamberto, y aparece un altar a una parte del tablado, adornado de ramos, con Cristo y nuestra Señora, y Lamberto puesto a un lado, dice hincado de rodillas.
Echa flores.
En este altar tan de amores
amor divino echa redes;
rey sois, hacednos mercedes,
Jesús, a los pecadores;
ya dieron fin mis labores;
paciencia, hermana heredad,
que en aquesta soledad
un rato le hurto al día,
Jesús, sagrada María,
Lamberto os pide piedad.
Que son muchos mis pecados,
mas pues sois mi redentor,
oh Jesús, por vuestro amor
los pienso ver perdonados,
y de mis pobres cuidados
el jardín os da estas flores;
muchos fieles con rigores
grandes tormentos padecen;
mis Reyes, si os enternecen,
daldes de vuestros favores.
Padre eterno y soberano,
vuestro esclavo insiste aquí
tras de pedir para sí,
porque bien en que tanto gano,
pues es cualquiera mi hermano;
y tanta la tiranía,
daldes favor, vida mía,
que en vos su constancia está,
mas tal padre, ¿qué no hará
donde está Cristo y María?
Salen Satán y el Engaño, y van algo distantes de él.
Anda, Engaño, que reviento
sabiendo las nuevas altas
deste esclavo, que es mío;
en mi reino, luminarias,
aunque en el eterno arden siempre,
pusiera...
¿Qué te acobarda?
¿Sabes tú quién es Lamberto?
Y a verlo...
Escucha y calla,
que a mi pesar ha de ser
mártir santo, y son tan raras
sus virtudes, que me estrujo
de puro coraje y rabia;
decirte más...
No te alteres,
que otras mayores estatuas
han dado consigo en tierra.
Si la del Pilar le ampara...
Si Cristo es su fuerte escudo...
Desta ponzoñosa aljaba
flechas de error y mentira,
que yo alentaré tus ansias.
Yo comienzo.
Levántase en pie S. Lamberto.
¿Qué visiones
son estas que me amenazan?
Mas, ¿si son ardides estos
que los tiranos ensayan
para que cobre temor
un cristiano?
Tira y clava.
Engaño, qué diestro acierto, y
con veneno van tiradas.
Eulalia de Barcelona,
si siendo hermosa y muchacha
fue desgarrado su cuerpo,
y en cal viva amortajada,
hecho tizón su cabeza
con ferocísimas llamas
de aceite y plomo deshecho,
y con pedazos de jarros
trillada su carne pura,
y a dos antorchas gallardas
tostados sus bellos ojos,
Daciano vil, ¿qué me espanta?
Siendo mujer, yo varón,
en quien consisten más amplas
fuerzas, valor, y porfía,
mayor vigor, más constancia,
y no porque mártir me elijo,
mas ¿qué digo?, yo soy nada,
lodo, miseria, aire, y escoria,
aunque en Dios todo se alcanza.
Contra el pecho de humildad
tírale luego una lanza,
Engaño.
Ya se la tiro.
¡Qué horrenda furia me amaga!
¡Jesús mío, Gran María,
favor! Si Daciano manda
allá en Alcalá de Henares
cortar las tiernas gargantas
de San Justo y San Pastor,
que tan niños, que aun hoy los llaman
los rapacillos del cielo,
y si en secreto los mata,
y es porque de ellos se teme,
¿a quién no animan y ensalzan
el corazón? ¡Ea, miedos,
ya desterrados del alma!
¿Qué hacemos, Engaño? Tira,
Engaño, tira.
Ya pasa,
Satán, su pecho, otro arpón.
Engaño, que se me escapa.
Gigante, altivo y soberbio,
¿qué me incitas, qué me agravias?
Que si Dios mártir me quiere
tu presunción valdrá nada,
mas yo vil, yo un gusanillo,
mas si temores me plantas
delante mis tristes ojos,
quien me esfuerza es Santa Engracia,
si aquí, oh gran Zaragoza,
fue por Daciano azotada,
descoyuntada al ecúleo,
sus carnes tan escarpiadas,
con uñas de acero agudas,
que al verse por sus entrañas
los hígados le rompieron
y a cuatro colas atada
de sus caballos, fue vista
por la ciudad arrastrada
hasta que un clavo en la frente
la hizo de Dios esclava,
¿qué me dijiste, traidor?,
si soy esclavo, ¿qué tratas
de contrastarme con tiros?,
que un esclavo sirve y calla.
Y guerra que nos va venciendo,
tírale muchas y varias.
Tu mandamiento ejecuto.
Saca una cruz del pecho y muéstrasela.
Vase.
Que se me queman y abrasan
mis carnes; vete, lascivia,
que soy casto; di, ¿en qué andas,
soberbia?; gula, ¿qué quieres?;
mentira, di, ¿quién te llama?
Avaricia, no te escucho;
ira infernal, destemplanza,
envidia, yo os aborrezco;
pereza, vete a tu alcázar,
d'esta heredad te destierras.
¡Jesús!, que de salamandras
y cuervos y lagartijas,
serpientes fieras y habadas
tengo en malos pensamientos!,
mas aguardad, vil canalla.
Huyen con ruido de pitos.
Engaño, ¿qué nos destruye?
vente tras mí.
Vanse.
Allá me aguarda.
Y vuelve a salir San Lamberto y dice a la cruz.
Soneto.
Vase.
Espada santa, soberano cedro
donde la misma muerte fue vencida,
árbol de eterno bien, árbol de vida
por cuya vida por momentos medro;
árbol donde la culpa de San Pedro
quedó por Dios y hombre redimida,
árbol que dio en fruto la comida
que a Satanás venció, diciendo: «¡Arredro!»;
pues en manos de Dios sois vencedora,
y en las mías también habéis vencido
a los contrarios que mis pasos siguen,
sed, cruz, mi protectora y defensora,
que si de vos estoy favorecido,
vencidos tengo a los que me persiguen.
¡Oh, cruz, árbol del cielo,
descanso de Jesús, honra del suelo!
Entra Livio de Oro.
Retírase.
Celoso estoy de aquella Filis Plata
que lavandera se hace, llamar quiero,
que si es verdad que con amor me trata
y yo la explico que por ella muero,
a mí o Lampiño es fuerza ser ingrata;
mas ya vienen, lo que hay saber espero;
si él llega de la aldea, aquí me abscondo;
descubriré el disfraz, tomas del fondo.
Sale Lampiño con alforjas al cuello, que vengan en la de atrás las cosas que se irán diciendo y un billete dentro; traiga un cayado o porra en la mano, y salga tras él Filis Plata.
Hoy a la heredad se han ido.
¿Y la cesta?
Trátanse de manos.
Queda adentro,
que por si el amo al encuentro,
Filis, me hubiera salido, voy
de mi mano la asiendo,
con la fruta en el escaño
primero, y con este engaño
al disimulo me eché.
Estas, donde en la de atrás
te traigo.
Lampiño, entiendo.
En fin, que si no es trayendo,
¿no me has de querer?
¡Vamos!
¿Oíste el refrán bizarro
Aparte.
Volcán, hecho de enojos
por el desván de estos dos.
que sin unto no anda el carro?
Tal vez a andar se le mide.
Mas entonces chirriando,
va de secura gritando,
y como no le dan, pide.
No en pergeño estas mujeres
de tu ciudad Zaragoza,
¿Y allá en Jaulín?
Cualquier moza,
menos que a dos alfileres
y un pellizco, o paloma,
no hay cadena de eslabón.
¿Qué? ¿Se mueren de afición?
Dejémoslo.
Bueno está.
Y aun a ochavo de tostones
se empadronan cada día.
¿Son hermosas?
Como el día.
¿Y se dirán?
Y qué bueno,
y que al alfiler y aun dedal.
¿Y sabeslo tú decir?
Y cómo, ¿quieres oír?
Sí.
Pues oye, aunque soy un mármol.
Aparte.
Júpiter, Mercurio, dios,
ya que hablando se entretienen,
a mis dientes les convienen
y a mí, burlar de los dos,
de las alforjas le saco
el presente, y si yo puedo
poco a poco, chitón, miedo,
que pienso que hay bota y Baco.
Va sacando y comiendo, y lo que toma echa en la faltriquera.
Haz cuenta que eres aquella
a quien me inclino a querer.
Ya yo te sabré responder.
¡Ce!
Da acá.
Mi luz, mi estrella,
Come.
¡Bello jamón de tocino!
¡Bien haya amor tan fiambre!
Desta vez despico el hambre,
y más después con el vino,
que ya la bota he topado.
Sois mi bien.
Vos mi consuelo.
Vos mi gloria.
Saca la bota y bebe.
Vos mi anzuelo.
Vos mi amor.
Vos mi cuidado.
bebe.
A vos, mi sol,
vos mi alegría,
vos mi mayo,
bebe.
vos mi abril,
vos mi luz,
vos mi candil,
vos mi norte,
vos mi día,
come.
a vos, pella de manjar blanco.
No hay otra como vos, bella.
¿Quién tal amante atropella?
saca camuesas.
Yo, porque le dio en blanco.
¿A olvidarme?
Es imposible.
¿Llevaré lauro?
queso.
Y aun palma.
¿Dónde hago vida?
En el alma.
bebe y cuelga la bota de la pretina.
¡Qué fino es amor!
Terrible.
ábrele, y léele en voz.
Papel.
eya.
lee repitiendo.
eya.
vase Livio moro.
Ese billete encontré,
ayúdeme un gran piostre,
no es malo papel por postre,
abierto le leeré.
«A Filisplata me quería
y temo que me olvidó,
por un lacayo que yo
ver entre alarbe querría».
Cuánto he comido, vinagre
se me ha vuelto y aun revuelto,
otro le escribo resuelto,
o con tinta o con almagre.
«A Filisplata me quería
y temo que me olvidó,
por un lacayo que yo
ver entre alarbe querría».
Y aguardad.
¿Qué conjeturas
sacas de mi resquebrar?
¿Qué puedes amar, recelar?
Lampiño, aun las piedras duras...
dase un golpe en el pecho, y pone el dedo en la frente.
Si las toronjas
hablaran por mí...
Esto es hecho.
¿Qué temes?
Yo me sospecho
que me tratas con lisonjas.
Aunque de incrédulo fueras
un necio que yo sabía,
no es muy moderna alquimia
mujeres ser lisonjeras.
¡Por vida de Filisplata!
entra Livio moro con otro billete y échale a Lampiño en la alforja, y dos piedras.
Detente, que ya te creo.
Vase.
Aquí verán mi deseo,
que es quien secretos relata.
Entremos, descansarás.
Tus ojos me tienen preso,
que no me canso confieso,
mas vamos y allá verás
si vale aquesta merienda.
De hoy más, aunque disimulo...
Vanse.
por los cantones retulo
que quien presenta, pretenda,
entran Cislauro, con vestido de campo, y Clismenia lo mismo, con rebociño de color verde, banda encarnada, sombrerillo con plumas = y salga San Lamberto en cuerpo, sin caperuza atando un manojo de yerbas
esta vez que hemos venido
con fiesta y gozo a la güerta
Lamberto, es cosa muy cierta,
que has de ser aborrecido
¿cómo?
porque hemos sabido
que eres del cristiano bando
dime el porqué, dónde, o quándo
así en descanso reposas
sabiendo que a nuestros dioses
el sol los está adorando
si tu discreción consiste
tu buen trabajo, y desvelo
con que nos dabas consuelo
hasta nueva que espantaste?
mal, Lamberto, lo adviertes.
de mi buen celo os advierto
y porque cristiano soy
en vuestra presencia estoy
gozoso en ser descubierto
pues di Lamberto el porqué
estás tan en ser cristiano?
señor, el mundo no adora
dioses de piedra ni de mármol
que cuando la adoración
se hubiera de dar, mirando
la dignidad, al Autor
su Artífice, es caso claro
que con más ley se debía
por dos causas
yo aguardo
porque les dio el ser a ellos
con el cincel al labrarlos
¿y la segunda?
por hombre,
que vale más que no un palo,
pero, ni al hombre se debe,
solo al Autor sacrosanto
cuyas son las criaturas
por ser obras de su mano
que es Padre y Cabeza, y ellos
pies, porque son sus vasallos:
y bien adorar al hombre
su hechura, y dejar en blanco
a Dios, que es el criador?
pues si a los dioses bajamos
de bronce, repara y mira
si es mío o suyo el engaño
con ser más decente, al hombre,
(aunque no es justo) adorarlo,
dime si los dioses son
solo en especie de mármol
bronce o palo, como dices
cómo nos descubren tantos
presagios en paz, y en guerra?
y en sus oráculos altos
nos dicen cuánto queremos?
lindo rocín.
lindo asno.
Y porque os trata como a ciego
con mil embustes y engaños
aquel que en ellos asiste
y en ellos os habla ingrato,
que es el demonio,
hácese cruces San Lamberto
abomino
de Dios crucificado
que los cristianos adoran;
Lamberto vil, ¿quién malo
si en una cruz le pusieron
por embustero y por falso?
por ironía y burla
¿Vase a nacer a un pesebre
y arcángeles le adoraron?
Y tomó carne siendo Dios
en el vientre soberano
de María, Madre y Virgen,
antes, después y en el parto,
por rescatar a los hombres
cautivos, entre los lazos
de la culpa, nacer quiso
humilde siempre, y mostrando
el camino de verdad,
donde sufrió mil trabajos
por enseñarla y decirla,
que la verdad cuesta tanto;
y como a un Dios infinito
convino infinito pago,
¡ay, Adán!, ¿a quién bastaba
satisfacello y pagallo
sino Dios, con sus industrias?
¿Luego Dios murió?
Y en vano,
que era un hombre malhechor.
Y hoy más le levantaron,
que él murió solo en cuanto hombre,
¿De espinas le coronaron?
¿Dieronle caña por cetro?
¿Qué Rey, qué Dios,
más que esclavo?
aparte
¡Ay, espinas de mis culpas,
lancetas de mis pecados!
¡Qué bien sangrastis a Cristo
de cabeza, pies y manos!
Fue la sangre del cerebro
ofrecernos bienes altos,
que dádivas de tal Rey
han de ser de precio tanto;
las santas manos heridas,
para cuando esteva airado
Dios castigar a los hombres
que estén sin fuerza sus brazos;
los pies hechos agujeros
para que por sus pecados
no se le vayan por pies,
que herido, va paso a paso.
¿Alabe aquel bofetón
en Dios, oprobrios tan raros?
En ese y en otros muchos
adquirió triunfos más altos,
y a tanto fue su paciencia
que piense de aquel costado
a tan fiera lanza abierto...
¡Ay semejantes desgarros!
Y que al ciego le otorgó vista,
del agrior, y pagando
le vino a dar bien por mal,
descubrió de sus palacios
las joyas de sus riquezas,
pues de su pecho emanaron
siete santos sacramentos,
que si bien de enamorado
quiso partirse, y quedarse
en el sacramento santo
en que se da en pan y vino,
estos siete relicarios
dejó a su querida esposa
la santa iglesia, admirando
ella, tan raras finezas,
el hombre, tales regalos,
y en fin se quiso encerrar
¿en un sepulcro?
Y prestado,
miren que el Rey de los cielos
fue la acción prodigio raro,
que para solos tres días
fuese servido aceptarlo,
pues al cabo de los tres
resucitó.
Blasfemando
te miro.
Cierra esa boca,
esclava vil, ya me ardo
en llamas, por darse aquí.
Por esta vez reportaos,
Cislaura, y vos, vil Lamberto,
si en eso otra vez te hallo,
fiero esclavo, más clemencia
me obliga, si no, remato.
Vanse los dos, queda San Lamberto, y cantan dentro.
Esclavo soy, pero cuyo
yo bien lo diré yo,
que cuyo soy me mando
que no niegue que soy suyo.
Repite.
Glosa.
Esclavo soy, pero cuyo
yo bien lo diré yo,
que cuyo soy me mando
que no niegue que soy suyo.
Esclavo soy, pero cuyo
a muerte fui condenado
y esclavo, y por lo de Adán
el clavo, y sed me han dado,
que sus descuidos dirán
en qué mi suerte ha parado;
mas ya, si a él me concluyo
por su clemencia, y me arguyo
hijo en su gracia y amor,
podré cantar sin temor:
esclavo soy, pero cuyo.
Eso bien lo diré yo,
siendo mi padre y mi bien,
diré que nació en Belén
y que el llorar de sus ojos
fue por borrar mis enojos,
y en decirlo, diré bien.
En el margen superior izquierdo de la primera columna hay algunas palabras tachadas o pruebas de pluma, ilegibles salvo "loco Dios".
Mirando adentro.
os diré que en pajas se echó,
que yelos fuertes sufrió,
no, que tal bien no me cuadre,
mas que me hizo obras de padre,
yo bien lo diré, yo,
que cuyo soy me mandó.
Como mi padre en efeto
me amó, y como discreto
Señor, del cielo imperial,
porque le sirva leal
quiso rendirme a precepto.
Su santa ley adoro,
el padre que me engendró
y los que le sirven fieles,
y así sepan los crueles
que cuyo soy me mandó,
que no niegue que soy suyo.
Que Daciano se entretenga
en adquirir pensamientos
al fiel que a sus manos venga
de géneros de tormentos,
si se los dan, que los tenga,
mas si en tal signo me influyo
que de Dios, ni su ley, huyo,
yo quedaré victorioso,
que Dios me manda amoroso
que no niegue que soy suyo.
Vase.
Salen Lampiño y Filisplata, que trae un plato con dos guijarros y un billete encima.
¿Tú vienes a mi presencia,
y este tu convidar?
Tú, bien me puedes culpar,
mas exculpar mi inocencia.
¿Quién dijo...?
¿Quién?
El lacayo,
viniendo cierta mañana:
dolo hay donde hay manzana.
¿Qué es dolo?
Abrasarte un rayo.
Al lirio de oro traidor,
de quien tal burla sospecho,
que si no es él nadie ha hecho
tan endiablado rigor.
Plegue a Palas que se vea
en la horca perneando
y de las patas tirando
otra Filis, vieja y fea.
Apártase.
Y de amantes presumiendo,
¿dar meriendas de este modo?
¿Y este de amores el todo
para quebrarme los dientes?
Los amantes, de marfil
llaman a los de su dama;
de piedra tu amor los llama,
mira tu enigma sutil.
Los cristianos, de su Dios
cuentan...
Como ayunes, medras.
...que un diablo le ofreció piedras.
¿Yo diablo?
Pues, ¿qué sois vos?
Un Lampiño que acariño.
La ninfa más agraciada
entre dos platos nonada,
y aun por esto sois lampiño.
Abrid el papel, a ver
si es delirio de oro o mío.
Ábrale.
Ábrole con lindo brío.
¿Le creíste?
Lea en voz.
Papel.
Sí, que sé leer.
Filisplata me quería,
y temo que me olvidó
por un lampiño a quien yo
cruzar la cara querría.
¿Cómo?
¿Cómo? Si soy fiel,
se habla de gorja;
la merienda de la alforja
me rapio, y otro papel,
que su respuesta lo dice,
mas fue mi amenaza blanda.
Miren el diablo en qué anda,
el caso es bien solemnice.
¿Creerálo ya?
En contingencia,
aunque os quiero disculpar.
Como que le duelen las tripas.
Tú bien me puedes culpar,
mas que manchar mi inocencia...
¡Ay, que no sé qué me ha dado!
¿Qué sentís?
Si he de decirlo...
¿Qué es cruzar caras?
Un chirlo.
¿Qué es chirlo?
Un tajo bien dado.
¡Ay, pese a tal, que anda el miedo
y me duele la barriga!
No hay amenaza que obliga.
¿Trae la del perrillo?
Quedo,
os andad, y sin temor,
que Lirio de Oro es persona
que poco en mal se entona.
¿Saldréis por mi fiador?
Temores mi pena esmaltan,
¡ay, que me voy por seis pipas!
Paciencia, querida, y tripas,
dos agujetas me faltan.
Moveréle a gran clemencia.
Pues juro de me enmendar.
Ya os disculpo.
En el culpar
fuera manchar mi inocencia.
Vanse.
Salen Satán y el Engaño, el uno hace al Papa Adriano Sexto, y el otro un mayordomo, y acompañamiento haya.
Vuestra gran santidad, oh, Adriano Sexto,
en fin se parte a España.
Será presto,
que me importan negocios de importancia.
Mi mayordomo, haced con vigilancia
todo aquello que os tengo encomendado.
Harélo, gran pastor, con gran cuidado.
Al punto vuelvo a Roma, que querría
Si la buena jornada se me goza,
a la vuelta pasar por Zaragoza,
que hay mártires sin número y pretendo
las reliquias que al cielo le encomiendo,
su santidad al punto lo disponga,
que por mi bien podrá su gran destino
el ponerse por obra y en camino.
Vanse.
Salen a bailar algunos, los músicos cantan, y salgan Clismenia que se sienta en una almohada con su alfombra, a un lado, salgan Filisplata, y Lampiño, y Lirio de Oro, con castañuelas.
Todo disgusto se vaya,
que tengo melancolía.
Hoy, ya no, señora mía,
que se celebra a la maya
Venus, la fiesta grandiosa,
Y aquí se ha de celebrar.
Alto, a bailar.
Y a un cantar.
La obediencia es justa cosa.
Letra. Cantan y bailan.
De cuando en cuando, señala Lirio de Oro con Filisplata, en el baile.
A la Venus graciosa
le rinden fiesta,
con tan rara hermosura
serán muy buenas.
Olorosas flores
de estas verdes selvas,
alegrad los campos
con risa, belleza,
que en tan dulce día
y en sus faldas puestas.
Con tan rara hermosura
serán muy buenas.
Arpas y laúdes,
acordad las cuerdas,
alegrad con voces
dulces filomenas,
que entre pajarillos
dan su real presencia.
Con tan rara hermosura
serán muy buenas.
Cesan todos.
Todo lo han hecho muy bien,
y es justo que se agradezca.
¿No discurro bien las patas?
Con Lirio, nadie eche piernas.
Y es diestro.
Soy en el aire
un volatín.
De Ginebra.
Filisplata el resto ha echado.
Yo lo afirmo.
Yo soy bestia.
Y metiéndole den a lodo.
Mis labios tus plantas besan.
a Lirio y Lampiño
Daré novias a los dos
yo no seré Clismenia.
Vanse.
Entra Cisauro.
Soneto.
Con el pregón que el gran Daciano ha dado,
vengo atemorizado y todo absorto,
tanto que, si a mí mismo no me exhorto,
he de quedar sin duda disgustado.
Vase.
La ciudad, Zaragoza, se ha alterado,
mas si con mi salud a mí me importo,
haré por ser a su lealtad, no corto,
con que estaré a su gusto, disculpado.
Manda que los esclavos se le entreguen
para solicitarlos a su gusto
en favor de los dioses, y gran mandato,
y pues no será bien que se le nieguen,
a mi Lamberto insisto en lo que es justo,
mas si se está en sus trece, yo le mato,
costome mi dinero,
si ha de morir allá, matarle quiero.
Sale Lampiño solo.
Cuando baile a mi señora,
Alivio de Oro, y a mí
prometió casar, y ansí
la suerte mi dicha ignora,
bien veo que está inclinada
Filisplata a Alivio de Oro.
Yo también, aunque la adoro,
siento tenerla enfadada;
hame incitado el amor
a que dél no desespere,
que aquello que bien se quiere
suele costar más dolor.
Y así, con señora quiero
mi pecho comunicar,
quizás me la querrá dar
viendo que en su gusto espero,
si no, será cosa ingrata,
desistir por el temor;
sabrá mi constante amor
al de menos, Filisplata.
Allá voy, mas no me atrevo
con tan sobrado cariño.
¿De qué te temes, Lampiño,
de que tiene en casa el cebo?
¿Y no es mudable la mujer?
Sí es, eso bastará,
voy, pardiez, mas no querrá,
que es una roca en querer.
Y ahora bien, ya es importuna
mi fe, mi celo, y porfía,
mas ¿no dicen cada día
que ayuda siempre fortuna
al atrevido? Pues calla,
temor, serás comedido,
que, o gano por atrevido,
o me quedo de la agalla.
Vase.
Entra Cislauro y Alivio de Oro, y salga San Lamberto descaperuzado y en cuerpo.
¿Y eso pregonó Daciano?
Aparte.
Alivio de Oro, a toda prisa
cierra de la heredad las puertas,
esto señala haber riñas.
Y háganlo los altos dioses.
Vase.
No hayas miedo que le aflijan,
Cislauro, sus amenazas
a aquel que en su Dios confía.
Lamberto, si puede ser,
dejemos locas porfías,
de qué sirve ser cristiano
sabiendo ya por noticia
que a los dioses se les debe
honor, incienso y caricias
y que es llevaros forzoso,
siéndolo, donde castigan
con tormentos tan atroces
como escucháis cada día,
supuesto que sois tan cuerdo
una intención se me brinda,
y dinero tal me costasteis
que si palabras tan pías
no os sirviesen de humillaros
tanta plata y oro obliga.
De rodillas Lamberto, mirando al cielo.
Mi dulce y manso cordero
que a la víctima divina
del ara de la cruz
fuisteis, Jesús de mi vida,
con obediencia y paciencia
tal, que a las estrellas mismas
dejasteis más que admiradas
y a la mayor jerarquía;
sí, y una voluntad
que ya os consagre mis días,
socorro, pues sois el dueño
de mi alma, cuerpo y vida.
Sí, y llegada la hora
cúmplase vuestra justicia,
que en misericordias vuestras
se ahogarán las culpas mías.
Reina del cielo y patrona
de las almas que confían
en vuestra ayuda, socorro,
socorro, Reina María.
Arcángeles soberanos
de esas ciudades empíreas,
santos, que gozáis del cielo,
socorro en hora tan rica.
Contrarios, yo os doy perdón.
¿Qué respondes, que me incitan
a cólera tus tardanzas?
Que ya tu esclava es mi vida.
¿Luego en eso estás agora?
Y estaré mientras que viva.
Pues ven conmigo a esta peña.
Ásele de los cabezones y desenvaina la espada y llévale adentro. Y sale Livio de oro, y dice mirando adentro.
Vase.
En tus manos, Dios bendito,
mi espíritu te encomiendo.
O de esta vez la espada afila
en su rebelde garganta.
Dentro los dos, en voz.
¡Jesús, Jesús, gran María,
valedme aquí!
En voz.
¡Aquesto es hecho!
Admiraciones conquistan.
Mis ojos, ¿qué es lo que veo?
Degollado y con su misma
cabeza, Lamberto parte,
puesta en sus manos altivas.
Tras él voy, veré si es sueño,
si es encanto, o maravilla.
Vase.
Sale San Lamberto con una cabeza en sus manos ensangrentada, y como que está sin cabeza degollado.
Soneto.
Jesús, de tierra y cielo real cabeza
cuyo orden gobierna noche y día,
cabeza de los ángeles, María
después de Dios, en la mayor alteza,
Juan, su cabeza dio con gran franqueza,
Pedro, a la Iglesia fue cabeza pía,
la cabeza de Pablo saltó un día
confesando la fe con gran firmeza.
Y si el aragonés enclava el clavo
con la cabeza a fuerzas de su gusto
y más, si en la cabeza razón tiene,
con mi cabeza, ¡a ley de firme!, y clavo,
metí mi clavo, testarudo y justo,
hasta morir, resolución solemne,
mi escritura lo reza,
pues lleva a lo de Dios pies y cabeza.
Vase.
Sale el papa Adriano sexto, y el mayordomo, que trae una reliquia engastada en plata, con un tafetán, y algún acompañamiento.
¿Y diez y siete mil se dicen
los mártires?
Y hoy se nombran
los innumerables.
Basta,
¡oh, singular Zaragoza
que con lirios tan bizarros
te estima, premian y honoran
los cielos!
Dos maravillas
nuevas, es justo que oiga
su santidad.
Ya lo escucho.
Como al matar tanta copia
se les cerraron las puertas
y al campo se hicieron sordos,
entre los muertos cristianos
murieron algunas tropas
de los idólatras fieros;
y como todos en pompa
quemados, fueron cenizas,
Dios, que a sus mártires honra
manda a los ángeles, que
aparten unas de otras
y las santas, hicieron pellas,
que blancas más que las rosas
llevaron a Santa Engracia
en cuya iglesia, hoy, reposan.
A ti gran Dios, gracias muchas,
saber pretendo la otra,
que el glorioso San Lamberto
÷ descúbrela, bésala, y dásela de rodillas ÷
cuya reliquia te otorgan
los fieles de esta ciudad,
viendo que vuelve a Roma
de su amo degollado
por su firmeza notoria,
de la constancia en la fe,
llevó su cabeza propia
él por sí mismo, hasta echarse
entre las carnes preciosas
de tantos mártires divinos,
casos que admiran y asombran.
prodigios, que al cielo mueven
y a los planetas arroban.
casos, por cierto admirables,
y es justo que
memoria toda
de este esclavo de los cielos
Lamberto, que siglos goza.
÷ bésala ÷
Dios admirable en tus santos,
por tal joyel y victorias
de tanto privado tuyo
que a Roma llegue, me otorga;
y a tus fieles les concede
consuelo en tanta deshonra,
a quien quedo agradecido
por tan angélica joya.
÷ Salen Clismenia, Cislauro, Filisplata, Lirio de oro y Lampiño ÷ por otra puerta ÷
Cislauro, tú, lo dispón,
que yo no quiero zozobras;
Lirio de oro quiere a Filis,
el Lampiño se congoja,
disponlo a tu parecer.
÷ de rodillas ÷
Señor Cislauro, perdona,
que a Filisplata la quiero
sin más ajuar ni ropas.
Hacienda tengo bastante,
÷ reverencia ÷
si mis servicios son cosa
que pueda obligarte, pido,
ella diga, y lo disponga,
que es suya, su libertad,
y su voluntad muy propia;
claro está que a Filisplata
un Lirio de oro le importa.
Has escogido discreta,
y si Lampiño solloza
con una sobrina mía
le haré seguras las bodas.
Beso, Clismenia, tus pies.
De mis rentas caudalosas
pienso partir con entrambos.
Doy a tus plantas, mi boca,
esta es mi mano.
Esta es tuya.
Dando fin, según historias,
al esclavo a lo divino
y mártir de Zaragoza.
÷ fin ÷
Su Autor, de edad de 50 años ÷ sub correctione S. S. ÷