digitanler Text von El esclanvo an lo divino y mártir de Zanrangozan | BITESO
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digitanler Text von El esclanvo an lo divino y mártir de Zanrangozan

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El esclavo a lo divino y mártir de Zaragoza. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-esclavo-lo-divino-y-martir-de-zaragoza.

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EL ESCLAVO A LO DIVINO Y MÁRTIR DE ZARAGOZA

Stanrt

Jornada primera

Pang. 1

+ Dedicación con que ofrecí y dediqué al librero amigo, llamado Francisco Lamberto, este Auto de San Lamberto mártir, que compuse a instan- cia suya y de su nombre. + + Décima + Por este sancto bendito dos historias he juntado tan cortas que me han forzado componer su Auto chiquito, si con amor infinito le puedo fiel dedicar voluntad le ha de ampliar, y pues sabéis que esto es cierto, Lamberto, al santo Lamberto, aquí podéis celebrar. F. + Hallará el curioso lector las dos historias en Villegas, primera parte del Flos sanctorum suyo, en los santos de España = la primera dice por título = los innumerables mártires de Zaragoza = la segunda dice = San Lamberto mártir. + + folio 434 +

+ Auto nuevo del bienaventurado santo, San Lamberto mártir + Intitulado, el Esclavo a lo divino. + + Compuesto por el licenciado Francisco de Roxas, natural + de Madrid = a instancia de un amigo llamado Francisco Lamberto = en 21 de diciembre de 1640. + Son personas + Daciano, presidente gentil. Urbino, su privado gentil. San Lamberto, esclavo. Cislauro, gentil. Clismenia, su mujer, gentil. Filisplata, su doncella gentil. Livio de Oro, lacayo gentil. Lampiño, pastor simple. Satán. Engaño. Y los músicos. Un Papa y su mayordomo, se ahorran.

+ Salen Cislauro, Clismenia y Livio de Oro. +

Clismenia.

No tiene mala presencia.

Livio.

Y aun parezco como un mayo.

Cislauro.

¿Qué oficio servís?

Livio.

Lacayo.

Clismenia.

Dícelo el talle.

Livio.

Paciencia,

que más quiero acomodarme

que despreciarme baldío.

Cislauro.

¿Quién os fía?

Livio.

Yo confío

que mis obras han de honrarme

como os agradéis de mí,

que si bien causan temor

Pang. 2

Criados de Valdeflor

Lirio.

De buena parte nací,

y sabré dar tan buena cuenta

que encarecerlo no es justo.

Clismenia.

Digo que me ha dado gusto.

Cislauro.

Sospecho que honra presenta,

y que en materia de trato

Indias le pueden fiar;

yo mismo me he de afianzar

que el ser fiel cuesta barato.

Y una vez estando en Cuenca,

cierto quídam bachiller

de hurtado vino a tener

pensión, y en Valdepenca.

Alargueta, cuyos cargos son de bienes rapadizos, que a espaldas vueltas, postizos golpes, le dan sus descargos.

Clismenia.

Un alfiler que se halle.

Lirio.

Más que yo estaba seguro.

Cislauro.

Como haya vino y puro...

Clismenia.

Ya tardas en concertalle,

que sin duda a tus caballos

los traerá que sean de ver.

Lirio.

Concierto no pienso hacer,

porque solo en el tratallos

el buen servicio parece;

y quien sirve a buen señor,

él mismo da por valor

más que el vasallo merece.

Y el concierto y fiel decoro,

de su discreción da indicio.

Cislauro.

¿El nombre?

Clismenia.

A vuestro servicio.

Lirio.

Yo me llamo Lirio de Oro,

que en ciertas guerras mi madre

a mi padre acompañando,

en hábito de hombre, y dando

valor y esfuerzo a mi padre,

por ser de edad, hizo un hecho

tan esforzado y valiente,

rompiendo a un castillo un puente,

que fue laurel de su pecho.

Y desde entonces, blasón,

porque el soldado arriesgado

a hechos de buen soldado

se conquista el galardón.

Pero en fortuna y su rueda

no faltó quien le envidió,

y fiero le despintó,

que en fin jamás está queda.

Costó a los dos tierno lloro,

y por alivio mi madre,

dando licencia mi padre,

me nombraron Lirio de Oro,

que porque a la envidia asombre,

ya que al fin se le quitaron,

por su consuelo gustaron

de ver el lirio en mi nombre.

Clismenia.

Una historia ha sido bella.

Cislauro.

Decid, ¿no os fuera mejor

la milicia?

Lirio.

Mi señor,

nació lacayil mi estrella,

cuando paro en una esquina

de un bodegón, y me importa,

o hasta el alma me consorta,

la tripa vuelve divina,

y si quedo condenado

tras las ermitas que surca...

Pang. 3

Lirio.

al gran persiano o al turco

no dudo que acometiera;

este oficio me alboroza.

Clismenia.

Tenéis capricho y caudal.

Cislauro.

No estaréis conmigo mal,

y más aquí en Zaragoza,

donde, muchos si hay cristianos

a quien tenemos por viles,

hay generosos gentiles.

Livio.

Y ellos nos mofan por vanos,

trayendo en palmas a aquel

crucificado en la cruz.

Clismenia.

O en efecto están sin luz

de nuestros dioses...

Cislauro.

O huyen de él,

y asientan sus esperanzas...

Clismenia.

Daciano se lo dirá.

Livio.

A que de ellos les pondrá,

hechas harnero, las panzas.

Clismenia.

Vamos, Cislaura.

Cislauro.

Clismenia,

para la heredad querría

un hortelano.

Clismenia.

Sería

traelle, una acción muy tierna,

que los árboles y plantas

parece que quejas dan.

Vanse.

Cislauro.

Enviándole, aliviarán

querellas tales y tantas.

Entran Daciano y Urbino.

Daciano.

Temerarios están estos cristianos.

Urbino.

Y estos de Zaragoza son villanos.

Daciano.

Que te admires de vello no me admiro.

Urbino.

Daciano, gran señor, yo que lo miro

según su padecer y su floreo,

con vello y admirarlo, no lo creo.

Daciano.

¿Que no teman un Júpiter airado?

¿Que si quiere mostrarse de enojado

a rayos, a centellas y tronidos,

puede en polvos dejarlos convertidos?

Urbino.

Ni ofrecen sacrificios a Diana.

Daciano.

Menos a Venus, cuya flor lozana

a cuantos son amantes valedores

su hermosura les da dos mil favores.

Urbino.

Pues un Baco, un Saturno...

Daciano.

Un Héctor, Marte,

respetado y temido en toda parte.

Urbino.

Están ciegos, señor, tráelos absortos

su Dios muerto en la cruz, y ellos devotos

no se atreven a nuestros dioses dignos,

mas solo a cometer mil desatinos;

porque dejarse dar de los sayones

tan tremendos y tantos desgarrones,

tantos azotes, tan sangrientos palos,

y burlar de los dioses como malos,

siendo por quien la dicha y bien tenemos,

es locura tenaz, llena de extremos.

Daciano.

¿Y cuando en las calderas derretidas

de plomo y pez, adonde arriesgan vidas?...

Urbino.

¿Y al ecúleo tormento y la catasta,

y nada de esto a reducilles basta?

Daciano.

En rabia y en furor estoy ardiendo.

Urbino.

Y de vello me admiro.

Daciano.

No lo entiendo;

Urbino, a cuantos hay dentro en mi casa,

pues saben todos lo que en esto pasa,

les avisad con pecho de tirano,

Pang. 4

Daciano.

por mis emperadores Diocleciano

y Maximiano, prósperos y fuertes,

so pena de les dar las mismas muertes,

que me traten tormentos exquisitos.

Urbino.

Sus hechos han de ser más que inauditos.

Entra San Lamberto de pardo, con caperuza en la mano, azadón y espuerta al hombro, y sale Cislauro.

Cislauro.

Supuesto que os he comprado,

me labraréis la heredad.

San Lamberto.

Esclavo soy, pero honrado,

dudo que habrá en la ciudad

quien me gane en el agrado,

y aunque buen amo he perdido,

porque en efeto murió,

mejor le tengo adquirido,

porque quien a mí me informó

las partes me ha encarecido,

que tenéis grande nobleza,

que sola vuestra riqueza,

apenas otros la igualan,

que tenéis montes que talan,

ganados mil, su maleza,

granjas, viñas, sotos, prados,

en villas de alrededores,

gañanes, que a su cuidado

alientan varios pastores,

que os valen muchos ducados,

y ansí tened esperanzas,

que la heredad donde voy,

os dará buenas andanzas,

que pues vuestro esclavo soy,

mostrarélo en sus labranzas,

en la huerta y el jardín.

Cislauro.

Servidme bien, porque al fin

bien lo sabré agradecer,

que amor obliga a ser

muy pródigo, y otro en fin.

San Lamberto.

De mi cuidado estad cierto.

Cislauro.

Que al punto os partáis advierto.

San Lamberto.

Si algo herrare al fin soy hombre.

Cislauro.

En fin, ¿Lamberto es el nombre?

San Lamberto.

Tu esclavo el nombre, Lamberto.

Reverencia.

Cislauro.

Entrad, y haréis recado.

Entra Clismenia y Filisplata.

Filisplata.

A punto está la comida.

Clismenia.

¿Es el esclavo comprado?

Cislauro.

Clismenia, sí.

Clismenia.

Su venida

confieso que me ha alegrado,

que parece de valor,

noble y gran trabajador.

Filisplata.

Nada en él lo contradice.

San Lamberto.

Y quien mejor se lo dice,

es del esclavo el sudor.

Clismenia.

Y nuestra heredad se mejora.

Hablan Cislauro y Clismenia para sí.

Aparte.

San Lamberto.

Cada punto y cada hora,

veráse por experiencia,

que soy hombre de conciencia

en el servir, mi señora.

Y ¡ay!, ¿por qué me realzo,

siendo basura, por qué

de tanto esplendor me calzo?

Perdón, mi Dios, si pequé,

tu amor bendigo y ensalzo.

Pang. 5

San Lamberto.

Mi Jesús, agora ignoro

la ley que guarda en su pecho,

la vía no la de oro,

que cristiano, si esto es hecho,

os pienso guardar decoro;

solo en vuestro amor confío,

permitid que mi albedrío

a solo vos se sujete,

no la destrucción le inquiete

de tanto mártir tan pío,

que oigo que el gran Daciano

a los cristianos persigue.

Rey eterno y soberano,

si conviniere, mitigue

tanto furor vuestra mano.

Clismundo.

Filisplata, ¿esta firmeza

de placer?

Filisplata.

Y aun de alegría.

Clismundo.

Vamos, que ya se nos llega,

Lamberto.

San Lamberto.

Si hacéis la guía,

será doblada mi empresa.

Vanse.

Sale Lirio de oro, lacayo.

Retírase.

Lirio.

Por Filisplata muero

después que entré en su casa, ¡vive Apolo!,

que rabio y desespero

de una fruta de celos, pero solo

lo estoy a un pastorino

de un pastor que lo llaman el Lampino.

Hoy viene de una aldea

que la llaman Xaulín, donde mi amo

con gran gozo, si campea,

yo solo con mis celos rujo y bramo,

porque de fruta ornata

trae él, le da pensión a Filisplata.

De cierto peregrino

del dios Mercurio, por verdad forzosa

supe que del camino

le faltaba de andar muy poca cosa,

al limpiar los caballos,

de secreto a los dos he de escuchallos.

Mas vale la doncella

que toda el ama setecientas veces,

a su hermosura bella

amor, aunque lacayo, me encareces,

pues le guardo decoro,

a Filisplata ríndese a Lirio de oro.

Mas pienso que ha venido,

que le siento en los dichos.

Entra Filisplata que trae agarrado del faldón a Lampino, el cual sale muy a lo tosco de pastor con una cesta de fruta, vacía.

Abrázale.

Filisplata.

Mi Lampino querido,

¿qué me traes?

Lirio.

¿Cómo puedo sino a voces

sufrir el mal que siento?

Mas paso.

Lampiño.

¿Qué te traigo? Mi jumento,

que de Xaulín cansado

y ronca, en el pesebre amarradilla.

Filisplata.

Mucho me has olvidado.

Lampiño.

Yo no, que si viene la cestilla

vacía, yo so bruto,

acá en el alma te conservo el fruto.

Pang. 6

Livio.

sabañones.

Lampiño.

No obstante,

que cuando por acá diere otra vuelta...

Livio.

¡Holacá! ¿Y el amante?

Lampiño.

En mi presente venida...

Filisplata.

Alma revuelta.

Lampiño.

Que hablando por buen modo,

mi señor sin pensar lo pescó todo.

Filisplata.

Pues dime, ¿qué traías?

Lampiño.

Unos pocos de blancos naterones

con otras niñerías.

Filisplata.

¿Y qué más?

Lampiño.

Y también melocotones.

Filisplata.

¿Que nada me has guardado?

Livio.

¡Qué ha de dar un lampiño y mal barbado!

Lampiño.

Ya te he dicho el suceso.

Filisplata.

Quien bien ama y bien quiere, más alcanza.

Va a abrazarla y Filisplata, pisado el sayo, le detiene.

Lampiño.

¿Soy tuyo?

Livio.

Sin duda iba a vender una esperanza.

Abrázanse.

Lampiño.

Muy bien a amar me enseñas,

que dádivas al fin quebrantan peñas.

Tengo de ser tu esposo.

Filisplata.

Si Livio de oro nos mirara a entrambos...

Livio.

¡Vil amor cauteloso!

¿Tengo yo por ventura los pies cambos?

¡Dios Jano, vive el cielo,

¿vendréla a conquistar, o estorbarélo?

Pero dame paciencia.

Filisplata.

Que ser mi esposo, mi Lampiño, entiendes...

Lampiño.

¿Tan mala es mi presencia?

Filisplata.

Mientras no me regalas, más me ofendes.

Lampiño.

Pero contino agrada

no el parecer,

Filisplata.

¿Pues qué?

Lampiño.

La hacienda honrada.

Ya sabes que soy rico,

y que mis bueyes y otras posesiones

a ti sola dedico;

dime algunas razones,

que estoy por ti mirloso.

Filisplata.

Un Lampiño vacío y enfadoso.

Vamos, que mi dueño

querrá saber de allá y de los casales.

Lampiño.

Mi palabra te empeño.

Filisplata.

Veloz, si no das más, muy poco vales.

Livio.

De perseguiros juro.

Lampiño.

Dura estás, Filis.

Vanse los dos.

Filisplata.

Y tú, Lampiño, duro.

Y queda Livio de oro.

Livio.

Por las estatuas en valor mercurias,

estrépito y terror del fiero Marte,

que aquí y en Roma y en cualquiera parte

he de entrampar de amor tantas injurias;

de mis hados serán tristes penurias,

sirviendo no alcanzar industria y arte,

mas si puedo, oh rapaz, alcances darte,

no gastarán de Júpiter las furias.

¿Cómo, que Filisplata tan ingrata

al tosco ser de un sin valor Lampiño

mereciendo ser diosa en celio coro?

Pues, que quiera o no quiera Filisplata,

por la torre Babel, si me emberriño,

que ha de esmaltarse, solo en Livio de oro,

o soy, o no me entiendo,

o a cámaras de amor me voy muriendo.

Pang. 7

Entra Filisplata, como acabando de comer.

Filisplata.

Entra a comer Lirio de Oro,

mal se descubre un pesar

si siempre se disimula,

ceñudo me muestra ya.

Lirio.

No he visto más lindo ceño,

pero ya entiendo el disfraz,

¿y la espalda me vuelve?

Mi vista pena le da.

Filisplata.

Lirio de Oro a comer entra

donde me quiere llevar.

Lirio.

Que...

Filisplata.

Díselo.

Lirio.

Dilo.

Filisplata.

Celi celorum.

Lirio.

El as.

Filisplata.

Que a todo amanso le pica.

Lirio.

Partióse.

Filisplata.

¿Quién?

Lirio.

El zagal.

Aparte.

Filisplata.

Lampiño de nombre y casta,

lindo tiempo he de gastar

si a los dos les causo celos,

y en tanto sabré mirar

de los dos quién más me importa,

que en casamiento y tornas

Lampiño, y to rico,

más que enamorará

con su gracia y nombre de Oro

a la mujer más sagaz,

fuera de que el dote alegre

si su favor nos le dará,

que es de ricos y de nobles

a sus vasallos honrar.

De verme triste, no dudé, que a él

que, medio no sé qué mal,

que me he suspendido un rato,

preguntóme si el zagal

¿se ha ido? Dándole estaban

señores, al alabar

de comer, no sé qué fruta,

no sé si partido habrá.

Lirio.

Yo lo creo, que en mujeres

hay poco que preguntar,

porque en cosa que es de gusto

siempre encubren la verdad.

Filisplata.

Verdad es, que no estoy cierta.

Lirio.

Yo sí que lo habré de estar,

de que le dio parasismo

verme triste, cara atrás.

Filisplata.

¿Tan por fingida me tienes?

Lirio.

Si tú con Lampiño, ¡ay!,

que estoy para no decillo...

Filisplata.

Acaba.

Lirio.

Con gran solaz,

burlándole, a tus amores,

siendo un zafio, un azacán,

tan sola, que al dios más rudo

celos pudieras causar,

y agora me tratas...

Filisplata.

Quedo,

habla paso.

Lirio.

¿Quién podrá

dar crédito a tus caluñas?

Sale Lampiño con alforjas vacías y una manzana en la mano.

Dásela.

Lampiño.

Filisplata, toma allá.

Pang. 8

Lampiño.

esta que señor me ha dado,

mas Lirio de Oro, ¿está acá?

alivio de oro

Filisplata.

Sé discreto, disimula,

que aquesto es chocarrear.

Lirio.

Cielos, que ansí lo ha sentido,

¿hame venido a llamar

que entre a comer, Filisplata,

cuando Lampiño se va?

tírala del vaso a Filisplata

Lampiño.

Pues que me despido, agora

¿quiere algo?

Filisplata.

Tenga allá.

pellizca Lirio de Oro a Filisplata, y Lampiño rempújale y restalla la onda desciñéndosela, y luego Lirio de Oro a Lampiño, y Lampiño restalla la onda

Lirio.

Lampiño, más cortesía.

Lampiño.

Lirio de Oro, tense atrás.

Filisplata.

La manzana estimo en mucho.

Lirio.

Con ella te engañará,

que el engaño es tan antiguo

que en las historias de Adán

hay mujer, manzana, y sierpe.

abrázala

Lampiño.

Por Saturno que me están

las ansias doblando a celos,

mas por mi firme amistad

y mi partida, te pido

los brazos, solo en señal

de que soy muy tuyo.

Lirio.

Arredro.

Filisplata.

Vete mi Lampiño en paz.

Lampiño.

Latín sabéis, voto al sol,

que si os viera por allá...

Filisplata.

Lindamente los desvelo.

Mas no es justo dar lugar

a que los dos se maltraten,

y los amos despertarán

de la siesta, vense quedo.

Lampiño.

Él no se llegue tanto allá,

Lirio de Oro, presto.

Lirio.

Yo me llego.

Lampiño.

Casi la quiere abrazar.

Lirio.

Pues él, ¿qué hizo?

restallando la onda

Lampiño.

Yo voyme,

lo callo, tírase atrás.

Entran Cislauro con gabán y montera de color, y Clismena melancólica, en cuerpo

Cislauro.

¿Agora melancolías,

con ese mal te levantas?

Clismenia.

Que las traigo ha muchos días,

y muchas veces son tantas

que digo mil fantasías;

pero no, Cislauro, dejo

a tiempos de reportarme.

Cislauro.

Quiero darte un buen consejo.

Clismenia.

Ya tú querrás alegrarme,

Cislauro.

y a un amor añejo,

que ya sabes que el varón

que a su mujer quiere bien

el aliviarla es razón;

que entre casados no es bien

disgustos, pena, o pasión.

Clismenia.

Con tener vasallos tantos,

riqueza tanto crecida,

tengo el corazón en llantos,

Pang. 9

Pruebas de pluma en el margen izquierdo.

Clismenia.

No sé qué tiene esta vida

que toda parece encanto,

y tal vez por darte, que es justo,

disimulo y hago

que tengo brillante el gusto;

mas aunque te satisfago,

sabe el cielo mi disgusto

y a solas suelo llorar

sin que entienda de qué viene.

Músicos he de llamar

otra vez, y si conviene,

con baile se han de alegrar;

y más que se harán tras esto

fiestas a Palas y Juno,

y entonces echaré el resto;

mas porque aquese importuno

humor se acabe más presto,

vamos a ver la heredad

que Lamberto nos procura

tener con tanta beldad,

Clismenia.

fruta y flores, rara holgura,

Cislauro.

otorgada libertad

al vendido corazón

de tu secta tan maldita.

Clismenia.

Eso mismo es mi intención.

Tu esposo lo solicita

ansí en continua afición.

Y logre yo muchos años,

Cislauro.

mi Clismenia, no te dé pena.

Desecha miedos y engaños;

Vanse.

Clismenia.

ya parto hasta el alma, llena

de gustos y desengaños.

Corren una cortina, y aparece Daciano sentado en una silla, y a un lado en pie está descaperuzado Urbino, y músicos al otro lado, que canten. Suenan la guitarra sin cantar, y luego dicen:

Levántase de la silla.

Daciano.

Y no cantéis, amigos,

que son mis pesares

porque los cristianos

llevan adelante

el morir por su Dios,

y aunque en varias partes

les doy mil martirios,

yo le soy cobarde

y esto me consume,

¿no ha de acabarme?

Cantan.

Urbino.

¿Acabar? ¿Qué es esto?

Tañed de alegrías.

Cese la música.

Músicos.

Al tiempo que el sol se esparce

por las solitarias tierras,

las plantas escaramuzan

al son del aire que vuela;

y calandrias y ruiseñores,

puestos en varias riberas,

alegres le hacen la salva

cantando dulces endechas,

y las fuentecillas sonoras

que esmaltan la blanca arena

regocijan verdes prados,

montes, cercados y selvas.

Cuando los zagales

por varias sierras

van cantando letrillas

de peña en peña.

Pang. 10

Daciano.

y rabio, grito, bramo,

Urbino.

gran virrey, no trates

ansí tu buen pecho,

oye el consolarte,

si los falsos dioses

honran lo que haces

donde el resto echas

de tus crueldades

admitiendo siempre

industrias y artes,

de diversos modos

con que atormentarles

¿qué sientes? ¿qué admiras?,

di, ¿qué te combate

si tu celo abonan

sus altas deidades,

si estimas consejos

pregonen en calles

públicos edictos,

que cuantos gustaren

del cristiano bando,

y de otras ciudades

con mujer y hijos

lleven sus ajuares

sin pena ninguna,

y tú, si te aplace

tiendas y escuadrones

fuertes capitanes

de secreto puestos,

y cuando ellos marchen

al campo seguro,

Zaragoza mande

cerrarles las puertas

porque si se hallaren

el cuchillo al cuello,

no se vuelva nadie

a ampararse de ella,

que si ansí lo haces

media Zaragoza

matarás al instante

porque luego digan

los innumerables

mártires, y sean

tus lauros triunfantes.

levántase de la silla

Daciano.

Viva Urbino, viva,

a tus plantas graves

echarme quisiera

por avisos tales.

Urbino.

gran señor, no intentes

Daciano.

poco será darte

esta silla, llega

oh, y bien que me abraces.

Urbino.

señor, no merezco

abrácanse

Daciano.

acaba

Urbino.

esto baste

que el verte contento

mi fe satisface.

Daciano.

los dioses te honren

y ellos sean quien paguen

tus arduos arbitrios

que ellos son bastantes.

Urbino.

parto más alegre

Daciano.

cuanto dices y haces

me ofreces un gusto.

vuelve a cantar la música

Urbino.

cantad alegrías.

Pang. 11

Músicos.

Volved, volved, alegrías,

que quiero vivir,

que quiero vivir,

que tristezas acortan y alaban

la vida de mil en mil.

Vanse.

Entra San Lamberto, y aparece un altar a una parte del tablado, adornado de ramos, con Cristo y nuestra Señora, y Lamberto puesto a un lado, dice hincado de rodillas.

Echa flores.

San Lamberto.

En este altar tan de amores

amor divino echa redes;

rey sois, hacednos mercedes,

Jesús, a los pecadores;

ya dieron fin mis labores;

paciencia, hermana heredad,

que en aquesta soledad

un rato le hurto al día,

Jesús, sagrada María,

Lamberto os pide piedad.

Que son muchos mis pecados,

mas pues sois mi redentor,

oh Jesús, por vuestro amor

los pienso ver perdonados,

y de mis pobres cuidados

el jardín os da estas flores;

muchos fieles con rigores

grandes tormentos padecen;

mis Reyes, si os enternecen,

daldes de vuestros favores.

Padre eterno y soberano,

vuestro esclavo insiste aquí

tras de pedir para sí,

porque bien en que tanto gano,

pues es cualquiera mi hermano;

y tanta la tiranía,

daldes favor, vida mía,

que en vos su constancia está,

mas tal padre, ¿qué no hará

donde está Cristo y María?

Salen Satán y el Engaño, y van algo distantes de él.

Satán.

Anda, Engaño, que reviento

sabiendo las nuevas altas

deste esclavo, que es mío;

en mi reino, luminarias,

aunque en el eterno arden siempre,

pusiera...

Engaño.

¿Qué te acobarda?

Satán.

¿Sabes tú quién es Lamberto?

Engaño.

Y a verlo...

Satán.

Escucha y calla,

que a mi pesar ha de ser

mártir santo, y son tan raras

sus virtudes, que me estrujo

de puro coraje y rabia;

decirte más...

Engaño.

No te alteres,

que otras mayores estatuas

han dado consigo en tierra.

Satán.

Si la del Pilar le ampara...

Engaño.

Si Cristo es su fuerte escudo...

Satán.

Desta ponzoñosa aljaba

flechas de error y mentira,

que yo alentaré tus ansias.

Engaño.

Yo comienzo.

Pang. 12

Levántase en pie S. Lamberto.

San Lamberto.

¿Qué visiones

son estas que me amenazan?

Mas, ¿si son ardides estos

que los tiranos ensayan

para que cobre temor

un cristiano?

Satán.

Tira y clava.

Engaño.

Engaño, qué diestro acierto, y

con veneno van tiradas.

San Lamberto.

Eulalia de Barcelona,

si siendo hermosa y muchacha

fue desgarrado su cuerpo,

y en cal viva amortajada,

hecho tizón su cabeza

con ferocísimas llamas

de aceite y plomo deshecho,

y con pedazos de jarros

trillada su carne pura,

y a dos antorchas gallardas

tostados sus bellos ojos,

Daciano vil, ¿qué me espanta?

Siendo mujer, yo varón,

en quien consisten más amplas

fuerzas, valor, y porfía,

mayor vigor, más constancia,

y no porque mártir me elijo,

mas ¿qué digo?, yo soy nada,

lodo, miseria, aire, y escoria,

aunque en Dios todo se alcanza.

Satán.

Contra el pecho de humildad

tírale luego una lanza,

Engaño.

Engaño.

Ya se la tiro.

San Lamberto.

¡Qué horrenda furia me amaga!

¡Jesús mío, Gran María,

favor! Si Daciano manda

allá en Alcalá de Henares

cortar las tiernas gargantas

de San Justo y San Pastor,

que tan niños, que aun hoy los llaman

los rapacillos del cielo,

y si en secreto los mata,

y es porque de ellos se teme,

¿a quién no animan y ensalzan

el corazón? ¡Ea, miedos,

ya desterrados del alma!

Satán.

¿Qué hacemos, Engaño? Tira,

Engaño, tira.

Engaño.

Ya pasa,

Satán, su pecho, otro arpón.

Satán.

Engaño, que se me escapa.

San Lamberto.

Gigante, altivo y soberbio,

¿qué me incitas, qué me agravias?

Que si Dios mártir me quiere

tu presunción valdrá nada,

mas yo vil, yo un gusanillo,

mas si temores me plantas

delante mis tristes ojos,

quien me esfuerza es Santa Engracia,

si aquí, oh gran Zaragoza,

fue por Daciano azotada,

descoyuntada al ecúleo,

sus carnes tan escarpiadas,

con uñas de acero agudas,

que al verse por sus entrañas

Pang. 13

San Lamberto.

los hígados le rompieron

y a cuatro colas atada

de sus caballos, fue vista

por la ciudad arrastrada

hasta que un clavo en la frente

la hizo de Dios esclava,

¿qué me dijiste, traidor?,

si soy esclavo, ¿qué tratas

de contrastarme con tiros?,

que un esclavo sirve y calla.

Satanás.

Y guerra que nos va venciendo,

tírale muchas y varias.

Engaño.

Tu mandamiento ejecuto.

Saca una cruz del pecho y muéstrasela.

Vase.

San Lamberto.

Que se me queman y abrasan

mis carnes; vete, lascivia,

que soy casto; di, ¿en qué andas,

soberbia?; gula, ¿qué quieres?;

mentira, di, ¿quién te llama?

Avaricia, no te escucho;

ira infernal, destemplanza,

envidia, yo os aborrezco;

pereza, vete a tu alcázar,

d'esta heredad te destierras.

¡Jesús!, que de salamandras

y cuervos y lagartijas,

serpientes fieras y habadas

tengo en malos pensamientos!,

mas aguardad, vil canalla.

Huyen con ruido de pitos.

Satanás.

Engaño, ¿qué nos destruye?

vente tras mí.

Vanse.

Engaño.

Allá me aguarda.

Y vuelve a salir San Lamberto y dice a la cruz.

Soneto.

Vase.

San Lamberto.

Espada santa, soberano cedro

donde la misma muerte fue vencida,

árbol de eterno bien, árbol de vida

por cuya vida por momentos medro;

árbol donde la culpa de San Pedro

quedó por Dios y hombre redimida,

árbol que dio en fruto la comida

que a Satanás venció, diciendo: «¡Arredro!»;

pues en manos de Dios sois vencedora,

y en las mías también habéis vencido

a los contrarios que mis pasos siguen,

sed, cruz, mi protectora y defensora,

que si de vos estoy favorecido,

vencidos tengo a los que me persiguen.

¡Oh, cruz, árbol del cielo,

descanso de Jesús, honra del suelo!

Entra Livio de Oro.

Retírase.

Livio.

Celoso estoy de aquella Filis Plata

que lavandera se hace, llamar quiero,

que si es verdad que con amor me trata

y yo la explico que por ella muero,

a mí o Lampiño es fuerza ser ingrata;

mas ya vienen, lo que hay saber espero;

si él llega de la aldea, aquí me abscondo;

descubriré el disfraz, tomas del fondo.

Sale Lampiño con alforjas al cuello, que vengan en la de atrás las cosas que se irán diciendo y un billete dentro; traiga un cayado o porra en la mano, y salga tras él Filis Plata.

Pang. 14

Filisplata.

Hoy a la heredad se han ido.

¿Y la cesta?

Trátanse de manos.

Lampiño.

Queda adentro,

que por si el amo al encuentro,

Filis, me hubiera salido, voy

de mi mano la asiendo,

con la fruta en el escaño

primero, y con este engaño

al disimulo me eché.

Estas, donde en la de atrás

te traigo.

Filisplata.

Lampiño, entiendo.

Lampiño.

En fin, que si no es trayendo,

¿no me has de querer?

Filisplata.

¡Vamos!

¿Oíste el refrán bizarro

Aparte.

Livio.

Volcán, hecho de enojos

por el desván de estos dos.

Filisplata.

que sin unto no anda el carro?

Lampiño.

Tal vez a andar se le mide.

Filisplata.

Mas entonces chirriando,

Lampiño.

va de secura gritando,

Filisplata.

y como no le dan, pide.

Lampiño.

No en pergeño estas mujeres

de tu ciudad Zaragoza,

Filisplata.

¿Y allá en Jaulín?

Lampiño.

Cualquier moza,

menos que a dos alfileres

y un pellizco, o paloma,

no hay cadena de eslabón.

Filisplata.

¿Qué? ¿Se mueren de afición?

Lampiño.

Dejémoslo.

Filisplata.

Bueno está.

Lampiño.

Y aun a ochavo de tostones

se empadronan cada día.

Filisplata.

¿Son hermosas?

Lampiño.

Como el día.

Filisplata.

¿Y se dirán?

Lampiño.

Y qué bueno,

y que al alfiler y aun dedal.

Filisplata.

¿Y sabeslo tú decir?

Lampiño.

Y cómo, ¿quieres oír?

Filisplata.

Sí.

Lampiño.

Pues oye, aunque soy un mármol.

Aparte.

Livio.

Júpiter, Mercurio, dios,

ya que hablando se entretienen,

a mis dientes les convienen

y a mí, burlar de los dos,

de las alforjas le saco

el presente, y si yo puedo

poco a poco, chitón, miedo,

que pienso que hay bota y Baco.

Va sacando y comiendo, y lo que toma echa en la faltriquera.

Lampiño.

Haz cuenta que eres aquella

a quien me inclino a querer.

Filisplata.

Ya yo te sabré responder.

Lampiño.

¡Ce!

Filisplata.

Da acá.

Lampiño.

Mi luz, mi estrella,

Come.

Livio.

¡Bello jamón de tocino!

¡Bien haya amor tan fiambre!

Desta vez despico el hambre,

y más después con el vino,

que ya la bota he topado.

Filisplata.

Sois mi bien.

Lampiño.

Vos mi consuelo.

Filisplata.

Vos mi gloria.

Saca la bota y bebe.

Lampiño.

Vos mi anzuelo.

Filisplata.

Vos mi amor.

Lampiño.

Vos mi cuidado.

Pang. 15

bebe.

Livio.

A vos, mi sol,

Lampiño.

vos mi alegría,

Filisplata.

vos mi mayo,

bebe.

Livio.

vos mi abril,

Filisplata.

vos mi luz,

Lampiño.

vos mi candil,

Filisplata.

vos mi norte,

Lampiño.

vos mi día,

come.

Livio.

a vos, pella de manjar blanco.

Lampiño.

No hay otra como vos, bella.

Filisplata.

¿Quién tal amante atropella?

saca camuesas.

Livio.

Yo, porque le dio en blanco.

Lampiño.

¿A olvidarme?

Filisplata.

Es imposible.

Lampiño.

¿Llevaré lauro?

queso.

Livio.

Y aun palma.

Lampiño.

¿Dónde hago vida?

Filisplata.

En el alma.

bebe y cuelga la bota de la pretina.

Livio.

¡Qué fino es amor!

Filisplata.

Terrible.

ábrele, y léele en voz.

Papel.

eya.

lee repitiendo.

eya.

vase Livio moro.

Livio.

Ese billete encontré,

ayúdeme un gran piostre,

no es malo papel por postre,

abierto le leeré.

«A Filisplata me quería

y temo que me olvidó,

por un lacayo que yo

ver entre alarbe querría».

Cuánto he comido, vinagre

se me ha vuelto y aun revuelto,

otro le escribo resuelto,

o con tinta o con almagre.

«A Filisplata me quería

y temo que me olvidó,

por un lacayo que yo

ver entre alarbe querría».

Y aguardad.

Lampiño.

¿Qué conjeturas

sacas de mi resquebrar?

Filisplata.

¿Qué puedes amar, recelar?

Lampiño.

Lampiño, aun las piedras duras...

dase un golpe en el pecho, y pone el dedo en la frente.

Filisplata.

Si las toronjas

hablaran por mí...

Lampiño.

Esto es hecho.

Filisplata.

¿Qué temes?

Lampiño.

Yo me sospecho

que me tratas con lisonjas.

Filisplata.

Aunque de incrédulo fueras

un necio que yo sabía,

no es muy moderna alquimia

mujeres ser lisonjeras.

¡Por vida de Filisplata!

entra Livio moro con otro billete y échale a Lampiño en la alforja, y dos piedras.

Lampiño.

Detente, que ya te creo.

Vase.

Livio.

Aquí verán mi deseo,

que es quien secretos relata.

Filisplata.

Entremos, descansarás.

Lampiño.

Tus ojos me tienen preso,

que no me canso confieso,

mas vamos y allá verás

si vale aquesta merienda.

Filisplata.

De hoy más, aunque disimulo...

Pang. 16

Vanse.

Filisplata.

por los cantones retulo

que quien presenta, pretenda,

entran Cislauro, con vestido de campo, y Clismenia lo mismo, con rebociño de color verde, banda encarnada, sombrerillo con plumas = y salga San Lamberto en cuerpo, sin caperuza atando un manojo de yerbas

Cislauro.

esta vez que hemos venido

con fiesta y gozo a la güerta

Lamberto, es cosa muy cierta,

que has de ser aborrecido

San Lamberto.

¿cómo?

Cislauro.

porque hemos sabido

que eres del cristiano bando

dime el porqué, dónde, o quándo

así en descanso reposas

sabiendo que a nuestros dioses

el sol los está adorando

Clismenia.

si tu discreción consiste

tu buen trabajo, y desvelo

con que nos dabas consuelo

hasta nueva que espantaste?

Cislauro.

mal, Lamberto, lo adviertes.

San Lamberto.

de mi buen celo os advierto

y porque cristiano soy

en vuestra presencia estoy

gozoso en ser descubierto

Cislauro.

pues di Lamberto el porqué

estás tan en ser cristiano?

San Lamberto.

señor, el mundo no adora

dioses de piedra ni de mármol

que cuando la adoración

se hubiera de dar, mirando

la dignidad, al Autor

su Artífice, es caso claro

que con más ley se debía

por dos causas

Cislauro.

yo aguardo

San Lamberto.

porque les dio el ser a ellos

con el cincel al labrarlos

Cislauro.

¿y la segunda?

San Lamberto.

por hombre,

que vale más que no un palo,

pero, ni al hombre se debe,

solo al Autor sacrosanto

cuyas son las criaturas

por ser obras de su mano

que es Padre y Cabeza, y ellos

pies, porque son sus vasallos:

y bien adorar al hombre

su hechura, y dejar en blanco

a Dios, que es el criador?

pues si a los dioses bajamos

de bronce, repara y mira

si es mío o suyo el engaño

con ser más decente, al hombre,

(aunque no es justo) adorarlo,

Clismenia.

dime si los dioses son

solo en especie de mármol

bronce o palo, como dices

cómo nos descubren tantos

presagios en paz, y en guerra?

y en sus oráculos altos

nos dicen cuánto queremos?

Pang. 17

Cislauro.

lindo rocín.

Clismenia.

lindo asno.

San Lamberto.

Y porque os trata como a ciego

con mil embustes y engaños

aquel que en ellos asiste

y en ellos os habla ingrato,

que es el demonio,

hácese cruces San Lamberto

Cislauro.

abomino

de Dios crucificado

que los cristianos adoran;

Clismenia.

Lamberto vil, ¿quién malo

si en una cruz le pusieron

por embustero y por falso?

por ironía y burla

Cislauro.

¿Vase a nacer a un pesebre

y arcángeles le adoraron?

San Lamberto.

Y tomó carne siendo Dios

en el vientre soberano

de María, Madre y Virgen,

antes, después y en el parto,

por rescatar a los hombres

cautivos, entre los lazos

de la culpa, nacer quiso

humilde siempre, y mostrando

el camino de verdad,

donde sufrió mil trabajos

por enseñarla y decirla,

que la verdad cuesta tanto;

y como a un Dios infinito

convino infinito pago,

¡ay, Adán!, ¿a quién bastaba

satisfacello y pagallo

sino Dios, con sus industrias?

Clismenia.

¿Luego Dios murió?

Cislauro.

Y en vano,

que era un hombre malhechor.

San Lamberto.

Y hoy más le levantaron,

que él murió solo en cuanto hombre,

Clismenia.

¿De espinas le coronaron?

Cislauro.

¿Dieronle caña por cetro?

¿Qué Rey, qué Dios,

Clismenia.

más que esclavo?

aparte

San Lamberto.

¡Ay, espinas de mis culpas,

lancetas de mis pecados!

¡Qué bien sangrastis a Cristo

de cabeza, pies y manos!

Fue la sangre del cerebro

ofrecernos bienes altos,

que dádivas de tal Rey

han de ser de precio tanto;

las santas manos heridas,

para cuando esteva airado

Dios castigar a los hombres

que estén sin fuerza sus brazos;

los pies hechos agujeros

para que por sus pecados

no se le vayan por pies,

que herido, va paso a paso.

Cislauro.

¿Alabe aquel bofetón

Clismenia.

en Dios, oprobrios tan raros?

San Lamberto.

En ese y en otros muchos

adquirió triunfos más altos,

y a tanto fue su paciencia

que piense de aquel costado

a tan fiera lanza abierto...

Clismenia.

¡Ay semejantes desgarros!

San Lamberto.

Y que al ciego le otorgó vista,

Pang. 18

San Lamberto.

del agrior, y pagando

le vino a dar bien por mal,

descubrió de sus palacios

las joyas de sus riquezas,

pues de su pecho emanaron

siete santos sacramentos,

que si bien de enamorado

quiso partirse, y quedarse

en el sacramento santo

en que se da en pan y vino,

estos siete relicarios

dejó a su querida esposa

la santa iglesia, admirando

ella, tan raras finezas,

el hombre, tales regalos,

Cislauro.

y en fin se quiso encerrar

¿en un sepulcro?

Clismenia.

Y prestado,

miren que el Rey de los cielos

San Lamberto.

fue la acción prodigio raro,

que para solos tres días

fuese servido aceptarlo,

pues al cabo de los tres

resucitó.

Cislauro.

Blasfemando

te miro.

Clismenia.

Cierra esa boca,

Cislauro.

esclava vil, ya me ardo

en llamas, por darse aquí.

Clismenia.

Por esta vez reportaos,

Cislaura, y vos, vil Lamberto,

Cislauro.

si en eso otra vez te hallo,

fiero esclavo, más clemencia

me obliga, si no, remato.

Vanse los dos, queda San Lamberto, y cantan dentro.

Música.

Esclavo soy, pero cuyo

yo bien lo diré yo,

que cuyo soy me mando

que no niegue que soy suyo.

Repite.

Glosa.

San Lamberto.

Esclavo soy, pero cuyo

yo bien lo diré yo,

que cuyo soy me mando

que no niegue que soy suyo.

Esclavo soy, pero cuyo

a muerte fui condenado

y esclavo, y por lo de Adán

el clavo, y sed me han dado,

que sus descuidos dirán

en qué mi suerte ha parado;

mas ya, si a él me concluyo

por su clemencia, y me arguyo

hijo en su gracia y amor,

podré cantar sin temor:

esclavo soy, pero cuyo.

Eso bien lo diré yo,

siendo mi padre y mi bien,

diré que nació en Belén

y que el llorar de sus ojos

fue por borrar mis enojos,

y en decirlo, diré bien.

Pang. 19

En el margen superior izquierdo de la primera columna hay algunas palabras tachadas o pruebas de pluma, ilegibles salvo "loco Dios".

Mirando adentro.

San Lamberto.

os diré que en pajas se echó,

que yelos fuertes sufrió,

no, que tal bien no me cuadre,

mas que me hizo obras de padre,

yo bien lo diré, yo,

que cuyo soy me mandó.

Como mi padre en efeto

me amó, y como discreto

Señor, del cielo imperial,

porque le sirva leal

quiso rendirme a precepto.

Su santa ley adoro,

el padre que me engendró

y los que le sirven fieles,

y así sepan los crueles

que cuyo soy me mandó,

que no niegue que soy suyo.

Que Daciano se entretenga

en adquirir pensamientos

al fiel que a sus manos venga

de géneros de tormentos,

si se los dan, que los tenga,

mas si en tal signo me influyo

que de Dios, ni su ley, huyo,

yo quedaré victorioso,

que Dios me manda amoroso

que no niegue que soy suyo.

Vase.

Salen Lampiño y Filisplata, que trae un plato con dos guijarros y un billete encima.

Filisplata.

¿Tú vienes a mi presencia,

y este tu convidar?

Lampiño.

Tú, bien me puedes culpar,

mas exculpar mi inocencia.

Filisplata.

¿Quién dijo...?

Lampiño.

¿Quién?

Filisplata.

El lacayo,

viniendo cierta mañana:

dolo hay donde hay manzana.

Lampiño.

¿Qué es dolo?

Filisplata.

Abrasarte un rayo.

Lampiño.

Al lirio de oro traidor,

de quien tal burla sospecho,

que si no es él nadie ha hecho

tan endiablado rigor.

Plegue a Palas que se vea

en la horca perneando

y de las patas tirando

otra Filis, vieja y fea.

Apártase.

Filisplata.

Y de amantes presumiendo,

¿dar meriendas de este modo?

¿Y este de amores el todo

para quebrarme los dientes?

Los amantes, de marfil

llaman a los de su dama;

de piedra tu amor los llama,

mira tu enigma sutil.

Los cristianos, de su Dios

cuentan...

Lampiño.

Como ayunes, medras.

Filisplata.

...que un diablo le ofreció piedras.

Lampiño.

¿Yo diablo?

Filisplata.

Pues, ¿qué sois vos?

Lampiño.

Un Lampiño que acariño.

Pang. 20

Filisplata.

La ninfa más agraciada

entre dos platos nonada,

y aun por esto sois lampiño.

Lampiño.

Abrid el papel, a ver

si es delirio de oro o mío.

Ábrale.

Filisplata.

Ábrole con lindo brío.

¿Le creíste?

Lea en voz.

Papel.

Lampiño.

Sí, que sé leer.

Filisplata me quería,

y temo que me olvidó

por un lampiño a quien yo

cruzar la cara querría.

Filisplata.

¿Cómo?

Lampiño.

¿Cómo? Si soy fiel,

se habla de gorja;

la merienda de la alforja

me rapio, y otro papel,

que su respuesta lo dice,

mas fue mi amenaza blanda.

Miren el diablo en qué anda,

Filisplata.

el caso es bien solemnice.

Lampiño.

¿Creerálo ya?

Filisplata.

En contingencia,

aunque os quiero disculpar.

Como que le duelen las tripas.

Lampiño.

Tú bien me puedes culpar,

mas que manchar mi inocencia...

¡Ay, que no sé qué me ha dado!

Filisplata.

¿Qué sentís?

Lampiño.

Si he de decirlo...

¿Qué es cruzar caras?

Filisplata.

Un chirlo.

Lampiño.

¿Qué es chirlo?

Filisplata.

Un tajo bien dado.

Lampiño.

¡Ay, pese a tal, que anda el miedo

y me duele la barriga!

Filisplata.

No hay amenaza que obliga.

Lampiño.

¿Trae la del perrillo?

Filisplata.

Quedo,

os andad, y sin temor,

que Lirio de Oro es persona

que poco en mal se entona.

Lampiño.

¿Saldréis por mi fiador?

Temores mi pena esmaltan,

¡ay, que me voy por seis pipas!

Paciencia, querida, y tripas,

dos agujetas me faltan.

Filisplata.

Moveréle a gran clemencia.

Lampiño.

Pues juro de me enmendar.

Filisplata.

Ya os disculpo.

Lampiño.

En el culpar

fuera manchar mi inocencia.

Vanse.

Salen Satán y el Engaño, el uno hace al Papa Adriano Sexto, y el otro un mayordomo, y acompañamiento haya.

Mayordomo.

Vuestra gran santidad, oh, Adriano Sexto,

en fin se parte a España.

Papa.

Será presto,

que me importan negocios de importancia.

Mi mayordomo, haced con vigilancia

todo aquello que os tengo encomendado.

Mayordomo.

Harélo, gran pastor, con gran cuidado.

Papa.

Al punto vuelvo a Roma, que querría

Pang. 21

Papa.

Si la buena jornada se me goza,

a la vuelta pasar por Zaragoza,

que hay mártires sin número y pretendo

las reliquias que al cielo le encomiendo,

su santidad al punto lo disponga,

que por mi bien podrá su gran destino

el ponerse por obra y en camino.

Vanse.

Salen a bailar algunos, los músicos cantan, y salgan Clismenia que se sienta en una almohada con su alfombra, a un lado, salgan Filisplata, y Lampiño, y Lirio de Oro, con castañuelas.

Clismenia.

Todo disgusto se vaya,

que tengo melancolía.

Filisplata.

Hoy, ya no, señora mía,

que se celebra a la maya

Venus, la fiesta grandiosa,

Clismenia.

Y aquí se ha de celebrar.

Lampiño.

Alto, a bailar.

Lirio.

Y a un cantar.

Músico.

La obediencia es justa cosa.

Letra. Cantan y bailan.

De cuando en cuando, señala Lirio de Oro con Filisplata, en el baile.

Canta.

A la Venus graciosa

le rinden fiesta,

con tan rara hermosura

serán muy buenas.

Olorosas flores

de estas verdes selvas,

alegrad los campos

con risa, belleza,

que en tan dulce día

y en sus faldas puestas.

Con tan rara hermosura

serán muy buenas.

Arpas y laúdes,

acordad las cuerdas,

alegrad con voces

dulces filomenas,

que entre pajarillos

dan su real presencia.

Con tan rara hermosura

serán muy buenas.

Cesan todos.

Clismenia.

Todo lo han hecho muy bien,

y es justo que se agradezca.

Lampiño.

¿No discurro bien las patas?

Filisplata.

Con Lirio, nadie eche piernas.

Clismenia.

Y es diestro.

Lirio.

Soy en el aire

un volatín.

Lampiño.

De Ginebra.

Lirio.

Filisplata el resto ha echado.

Clismenia.

Yo lo afirmo.

Lirio.

Yo soy bestia.

Clismenia.

Y metiéndole den a lodo.

Músico.

Mis labios tus plantas besan.

a Lirio y Lampiño

Clismenia.

Daré novias a los dos

yo no seré Clismenia.

Vanse.

Entra Cisauro.

Soneto.

Cislauro.

Con el pregón que el gran Daciano ha dado,

vengo atemorizado y todo absorto,

tanto que, si a mí mismo no me exhorto,

he de quedar sin duda disgustado.

Pang. 22

Vase.

Cislauro.

La ciudad, Zaragoza, se ha alterado,

mas si con mi salud a mí me importo,

haré por ser a su lealtad, no corto,

con que estaré a su gusto, disculpado.

Manda que los esclavos se le entreguen

para solicitarlos a su gusto

en favor de los dioses, y gran mandato,

y pues no será bien que se le nieguen,

a mi Lamberto insisto en lo que es justo,

mas si se está en sus trece, yo le mato,

costome mi dinero,

si ha de morir allá, matarle quiero.

Sale Lampiño solo.

Lampiño.

Cuando baile a mi señora,

Alivio de Oro, y a mí

prometió casar, y ansí

la suerte mi dicha ignora,

bien veo que está inclinada

Filisplata a Alivio de Oro.

Yo también, aunque la adoro,

siento tenerla enfadada;

hame incitado el amor

a que dél no desespere,

que aquello que bien se quiere

suele costar más dolor.

Y así, con señora quiero

mi pecho comunicar,

quizás me la querrá dar

viendo que en su gusto espero,

si no, será cosa ingrata,

desistir por el temor;

sabrá mi constante amor

al de menos, Filisplata.

Allá voy, mas no me atrevo

con tan sobrado cariño.

¿De qué te temes, Lampiño,

de que tiene en casa el cebo?

¿Y no es mudable la mujer?

Sí es, eso bastará,

voy, pardiez, mas no querrá,

que es una roca en querer.

Y ahora bien, ya es importuna

mi fe, mi celo, y porfía,

mas ¿no dicen cada día

que ayuda siempre fortuna

al atrevido? Pues calla,

temor, serás comedido,

que, o gano por atrevido,

o me quedo de la agalla.

Vase.

Entra Cislauro y Alivio de Oro, y salga San Lamberto descaperuzado y en cuerpo.

San Lamberto.

¿Y eso pregonó Daciano?

Aparte.

Cislauro.

Alivio de Oro, a toda prisa

cierra de la heredad las puertas,

Alivio.

esto señala haber riñas.

Y háganlo los altos dioses.

Vase.

San Lamberto.

No hayas miedo que le aflijan,

Cislauro, sus amenazas

a aquel que en su Dios confía.

Pang. 23

Cislauro.

Lamberto, si puede ser,

dejemos locas porfías,

de qué sirve ser cristiano

sabiendo ya por noticia

que a los dioses se les debe

honor, incienso y caricias

y que es llevaros forzoso,

siéndolo, donde castigan

con tormentos tan atroces

como escucháis cada día,

supuesto que sois tan cuerdo

una intención se me brinda,

y dinero tal me costasteis

que si palabras tan pías

no os sirviesen de humillaros

tanta plata y oro obliga.

De rodillas Lamberto, mirando al cielo.

San Lamberto.

Mi dulce y manso cordero

que a la víctima divina

del ara de la cruz

fuisteis, Jesús de mi vida,

con obediencia y paciencia

tal, que a las estrellas mismas

dejasteis más que admiradas

y a la mayor jerarquía;

sí, y una voluntad

que ya os consagre mis días,

socorro, pues sois el dueño

de mi alma, cuerpo y vida.

Sí, y llegada la hora

cúmplase vuestra justicia,

que en misericordias vuestras

se ahogarán las culpas mías.

Reina del cielo y patrona

de las almas que confían

en vuestra ayuda, socorro,

socorro, Reina María.

Arcángeles soberanos

de esas ciudades empíreas,

santos, que gozáis del cielo,

socorro en hora tan rica.

Contrarios, yo os doy perdón.

Cislauro.

¿Qué respondes, que me incitan

a cólera tus tardanzas?

San Lamberto.

Que ya tu esclava es mi vida.

Cislauro.

¿Luego en eso estás agora?

San Lamberto.

Y estaré mientras que viva.

Cislauro.

Pues ven conmigo a esta peña.

Ásele de los cabezones y desenvaina la espada y llévale adentro. Y sale Livio de oro, y dice mirando adentro.

Vase.

San Lamberto.

En tus manos, Dios bendito,

mi espíritu te encomiendo.

Livio.

O de esta vez la espada afila

en su rebelde garganta.

Dentro los dos, en voz.

San Lamberto.

¡Jesús, Jesús, gran María,

valedme aquí!

En voz.

Cislauro.

¡Aquesto es hecho!

Livio.

Admiraciones conquistan.

Pang. 24

Pobre.

Mis ojos, ¿qué es lo que veo?

Degollado y con su misma

cabeza, Lamberto parte,

puesta en sus manos altivas.

Tras él voy, veré si es sueño,

si es encanto, o maravilla.

Vase.

Sale San Lamberto con una cabeza en sus manos ensangrentada, y como que está sin cabeza degollado.

Soneto.

San Lamberto.

Jesús, de tierra y cielo real cabeza

cuyo orden gobierna noche y día,

cabeza de los ángeles, María

después de Dios, en la mayor alteza,

Juan, su cabeza dio con gran franqueza,

Pedro, a la Iglesia fue cabeza pía,

la cabeza de Pablo saltó un día

confesando la fe con gran firmeza.

Y si el aragonés enclava el clavo

con la cabeza a fuerzas de su gusto

y más, si en la cabeza razón tiene,

con mi cabeza, ¡a ley de firme!, y clavo,

metí mi clavo, testarudo y justo,

hasta morir, resolución solemne,

mi escritura lo reza,

pues lleva a lo de Dios pies y cabeza.

Vase.

Sale el papa Adriano sexto, y el mayordomo, que trae una reliquia engastada en plata, con un tafetán, y algún acompañamiento.

Papa.

¿Y diez y siete mil se dicen

los mártires?

Mayordomo.

Y hoy se nombran

los innumerables.

Papa.

Basta,

¡oh, singular Zaragoza

que con lirios tan bizarros

te estima, premian y honoran

los cielos!

Mayordomo.

Dos maravillas

nuevas, es justo que oiga

su santidad.

Papa.

Ya lo escucho.

Mayordomo.

Como al matar tanta copia

se les cerraron las puertas

y al campo se hicieron sordos,

entre los muertos cristianos

murieron algunas tropas

de los idólatras fieros;

y como todos en pompa

quemados, fueron cenizas,

Dios, que a sus mártires honra

manda a los ángeles, que

aparten unas de otras

y las santas, hicieron pellas,

que blancas más que las rosas

llevaron a Santa Engracia

en cuya iglesia, hoy, reposan.

Papa.

A ti gran Dios, gracias muchas,

saber pretendo la otra,

Mayordomo.

que el glorioso San Lamberto

Pang. 25

÷ descúbrela, bésala, y dásela de rodillas ÷

Mayordomo.

cuya reliquia te otorgan

los fieles de esta ciudad,

viendo que vuelve a Roma

de su amo degollado

por su firmeza notoria,

de la constancia en la fe,

llevó su cabeza propia

él por sí mismo, hasta echarse

entre las carnes preciosas

de tantos mártires divinos,

Papa.

casos que admiran y asombran.

Mayordomo.

prodigios, que al cielo mueven

y a los planetas arroban.

Papa.

casos, por cierto admirables,

y es justo que

Mayordomo.

memoria toda

de este esclavo de los cielos

Lamberto, que siglos goza.

÷ bésala ÷

Papa.

Dios admirable en tus santos,

por tal joyel y victorias

de tanto privado tuyo

que a Roma llegue, me otorga;

y a tus fieles les concede

consuelo en tanta deshonra,

a quien quedo agradecido

por tan angélica joya.

÷ Salen Clismenia, Cislauro, Filisplata, Lirio de oro y Lampiño ÷ por otra puerta ÷

Clismenia.

Cislauro, tú, lo dispón,

que yo no quiero zozobras;

Lirio de oro quiere a Filis,

el Lampiño se congoja,

disponlo a tu parecer.

÷ de rodillas ÷

Lampiño.

Señor Cislauro, perdona,

que a Filisplata la quiero

sin más ajuar ni ropas.

Hacienda tengo bastante,

÷ reverencia ÷

Lirio.

si mis servicios son cosa

que pueda obligarte, pido,

Cislauro.

ella diga, y lo disponga,

que es suya, su libertad,

y su voluntad muy propia;

Filisplata.

claro está que a Filisplata

un Lirio de oro le importa.

Clismenia.

Has escogido discreta,

y si Lampiño solloza

con una sobrina mía

le haré seguras las bodas.

Lampiño.

Beso, Clismenia, tus pies.

Cislauro.

De mis rentas caudalosas

pienso partir con entrambos.

Lirio.

Doy a tus plantas, mi boca,

Filisplata.

esta es mi mano.

Lirio.

Esta es tuya.

Cislauro.

Dando fin, según historias,

Clismenia.

al esclavo a lo divino

Cislauro.

y mártir de Zaragoza.

÷ fin ÷

Su Autor, de edad de 50 años ÷ sub correctione S. S. ÷

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