النص الرقمي لـ El agua de mejor vida
تاريخ النشر: 25 يونيو 2026
البيانات الوصفية للعمل
- الإسناد التقليدي
- الإسناد الأسلوبي
- لا يشير إلى أي مؤلف غير حاسم
- النوع الأدبي
- Auto
- حالة النص
- Transcripción automática de manuscrito (HTR + LLM)
- المصدر
- El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/17 448 7).
تنبيه
قد يتضمن أخطاء أو سهوًا. إذا كانت لديك طبعة أفضل، فنرجو أن تتواصل معنا لإدراج التحديثات.
الترخيص
صيغة استشهاد مقترحة
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El agua de mejor vida. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-agua-de-mejor-vida.
EL AGUA DE MEJOR VIDA
Pag. 1
La Sabiduría
La Malicia
La Naturaleza
San Juan Baptista
El Mundo
El Apetito
La Fragilidad
El Auxilio
El Demonio
El Sacerdocio
La Penitencia
Otro sacerdote
Sale el Demonio.
Deleznable porción, frágil ruina,
Pag. 2
de cuanto en ti se funda, a sí se inclina.
Cimiento sin cimiento,
aunque te fortalezca el escarmiento,
achaque del valor, fiera acogida
de tus torpes engaños de la vida,
exhalación sin luz, caduca sombra,
fragilidad humana.
Sale la Fragilidad.
¿Quién me nombra?
Pobladora infeliz del centro obscuro,
respira mi mortal aliento impuro,
idolatrada contraria, la más fuerte
madre del daño, hermana de la muerte,
abrasadora llama,
ah digo, Malicia.
Sale la Malicia.
¿Quién me llama?
¿Quién pudiera estar, se ocupa
Fragilidad, antes sido
Pag. 3
quien de avalarse llegue,
sino aquel dragón impío,
cuya infestada ponzoña
cuyo cuerpo nocivo
en vano se derramara
contra el hombre, si imagino
que en cuantos raros trofeos
mi rencor ha producido,
si yo el precepto formo,
tú le has falto prescrito.
Ni quien pudiera a Malicia
triunfante en sus designios,
sino quien te necesita
para afianzar los grillos
con que el género humano
yace en mi poder cautivo,
pues le labra la misma
Pag. 4
los hierros, cuando averiguo
delito no cometiera
a purgar lo que es delito,
pues sentando que yo
sin las dos nunca he valido
por mí, y que el hombre en vosotras
tiene el mayor enemigo,
oidme.
Ya te atendemos.
Porque, pues.
Ya prosigo.
Pecó el hombre y pecó el Ángel,
siendo entrambos delitos
contra Dios, uno pudo
merecer y otro castigo.
¿Qué extraños argumentos
tantas veces repetidos
Pag. 5
os proponga, porque siendo
el fin a que dirigidos
van siempre sus sentimientos
que pena uno mismo,
como de un principio nacen,
siempre tendrán un principio.
Qué harto será que varíe
los medios el arbitrio.
Pecó el hombre y pecó el Ángel,
segunda vez lo repito,
y entrambos desigual fortuna,
que aunque fueron infinitos
sus yerros por su malicia
respecto del ofendido,
tan grande piedad el hombre
en Dios halló, que quiso,
¡feliz culpa! o feliz
pecado al que al referido
Pag. 6
me abriga el dolor que fuente
de tanto reparo digo?
¿De qué tal halla tu enojo
tan desigual parado,
que cualquiera de la envidia
en que me abraso, motivo
de su pena, que aunque
mayor fuese el género mío,
le vincen sus clemencias
contra mayores delitos,
no porque yo le pierda
la quiero, o la solicito,
porque estoy tan obstinado,
tan ciego y endurecido,
que si pudiera causar
en algún miembro ileso
la variedad fuerza solo
del género que he concebido.
Pag. 7
la segunda y en el modo
tan extraño, y peregrino,
que en el reparo del hombre
ha puesto Dios, pues tan fino
le fecha tales cuidados,
llega a costarle, que digo,
que fuera menos dichoso
si viniera más presto sido.
Quién es el hombre, o Dios,
con todo aquesto repito,
para que le magnifiquéis?
¿Por qué causa, o qué motivo
ha de merecer el lado
de tu corazón divino?
Si esto logra el delincuente,
qué deja para el amigo?
Y más sabiendo, la pena,
que vendrá tiempo, ha de vivir.
Pag. 8
que Dios, bien lo argumento,
se ha de vestir hábito de hombre,
humano, ¡oh pese a mí!,
y de su carne vestido,
en cuya cierta esperanza
el hombre desvanecido
jura triunfar de mis armas,
jura aniquilar mis bríos.
Y aunque esto en lo general
es el sentimiento mío,
hay a veces circunstancias
de tan raros requisitos,
que ofende la circunstancia
más que el dolor ha ofendido.
Entre las que me atormentan
es que el llanto repetido
del hombre, por todo Egipto,
Pag. 9
clame a Dios en dulces himnos,
diciéndole que le espera
como agua, así lo dijo
Isaías, cuando pide
que los nublados imperios
lluevan al Justo, y los aires
que le esperen entremezclados,
como lluvia, y David luego,
como sobre el vellocino
cae la lluvia, venid vos
y recibid, sois el bendito
rocío del cielo con que
a voces sus venidas
agua de salud le llaman,
y que vase para su alivio.
Mas el que buscando desea
hombre Dios, llegar a siglo
en que haya una criatura
Pag. 10
tan pura, que en el oficio
de madre conserva intacto
el esplendor claro y limpio,
naciendo de clara virgen
este pimpollo divino,
a quien se añade el secreto
de este misterio escondido
a mi ciencia, pues alcanzo
que ha de ser, y no distingo
cómo, ni cuándo, este fino
las circunstancias que opino,
las medidas en que muere
y las tenga en que viva.
Tocando estos misterios
con un texto donde he visto
que en la bendición que hecha
Isaac, dice a sus dos hijos,
Pag. 11
que en el reino del cielo
y en el fin que humano nativo
a la tierra para siempre
puso su nombre bendito,
no sé qué extraño concepto
de aquel juicio está formando,
que aborto, mundo y serpiente
padeciendo mismo abismo,
me faltarán los tormentos
a sobrarme los sentidos.
Doblemos aquí la hoja,
que en lo que yo obstante
a dilatar la venida,
presto el sentimiento mío.
No solo ya declarado
del hombre soy enemigo,
del alma, más de su vida
yo soy tan vengativo,
que a los que le doblaron cejos
Pag. 12
además me han rendido
en pago los vuestros engaños
tan crueles y tan impíos,
que nuestros contrarios puedan
no ser tan bien los riesgos,
aunque por tal alimento
diese caduco cadáver
quien mis rencores excita
la fuerza del ceño mío,
y contra su sangre fatal
que basta hacer que coman de ella
no ha de estar sanado,
pues no sé qué lugo miro
en ella, de que sea sangre
de un justo, quien del dominio
de mí y de la redima,
con que basta apurar almas.
La humana sangre no es fácil
Pag. 13
ver esta crueldad que animo,
tal vez la naturaleza
entre males y martirios,
patrimonio que adquirió
con aquel primer delito,
y tal vez dar de un veneno
tan vulgar como preciso,
que es la sangre, del cual
el mismo beneficio
alivia, y cuando se yerra
suele matar el alivio.
Yo, al ver que vierte su sangre
tal complacencia recibo
que aun posible apareciera
en ella el incendio mío.
Los filósofos mal guiados,
como idólatras rendidos,
me obedecen, y en el templo
de Esculapio en sacrificios,
Pag. 14
orden infame, y yo
imitador tuyo glorioso,
pero en medio de este engaño
un imperio peregrino
ha difundido en mí recelo
que es en vulgar apellido
el agua de la vida, este
naciendo varón prodigio,
el remedio universal,
a que se añade una sed
tan opuesta a la sangre
que nace en ella su oficio,
con tanto secreto se hace
que aun yo saber no he podido
de qué se compone, aunque
con infalible ha dicho
que se hace de tierra virgen
y del gracioso rocío
Pag. 15
del cielo, otros que expriman
de un madero, otros han dado
que del sol resplandeciente,
y otros que de todo un mixto,
y a que mayor sin presumo
quedan tan animales vivos
de un universal remedio
que agua de la vida ha sido
su nombre, que en tierra virgen
nace, y del siempre benigno
rocío del cielo, y que
ser de un madero ha sudado,
humano y celestial unido,
todas las señas distingue
desdoblando aquello ya
que mi temor le previno
de aquella agua deseada.
Pag. 16
de que mi celo ha nacido,
pues la Fragilidad
eres, y del Apetito
eres legítima esposa.
Y pues mi malicia ha sido
tu mayor incendio,
y hallas en el discurso
de la gran naturaleza
en ella introducidos
los vicios del alma y cuerpo,
domésticos enemigos,
y pues tú, oh cruel Malicia,
siempre opuesta a los auxilios
de Dios y acciones vivas,
que nosotros nunca ha oído,
juntos a lograr vinimos
los fines del principio.
Vía libre resolución
Pag. 17
hagamos en que el delito
de la gran naturaleza
sea venial, pues lo ha sido
siempre la enfermedad, aunque
me llame, pues es preciso
que en el lodo Esculapio
busque su mal el alivio.
Impide tú que del agua
llegue el valor a sus oídos,
y puede una fiebre, si
la misma persona que supo
sea fiebre maligna,
con sus vapores malignos
arda abrasada en mi ceño,
corran de su sangre ríos,
y veamos si una agua
de tantos requisitos
Pag. 18
que débil librarla pueda,
y veamos si consigue
lo que uno como rayo
difunde como rocío.
Con atención he escuchado
tus temores repetidos,
y aunque darme no dejen
sin embargo estoy, y he sido
tan parcial de tus intentos
que te ofrezco en mi servicio
hacer cuanto pueda, ya que
o si mi esposo el Apetito
lo mismo haga, aunque es
tan loco y desvanecido
que no es fácil sujetarle
pues todo, por su capricho,
se gobierna.
Pag. 19
A mí sí toca,
pues si desde su principio
fui entonces la primera causa,
ya viene a ser duelo mío
mantener lo que he empezado
y así cruel determino
cuando la naturaleza
en aquel nuevo continuo
quiera curarse, por mi mano
carga de cuyo castigo
no se aparte.
Pues el alma
que para el incendio mío
le vine a disponer espera.
Pues de este sitio
te retira, no nos vea.
Pag. 20
habla, que como ya fuimos
ella enfermedad que llora,
y llorara los motivos
con sobresaltos nos mira.
Ahora está en el retiro
del jardín del mundo
su esfera, puesto que el ser
que de hija de Dios su culpa,
hija del mundo la hizo,
borrando la bella imagen
que Dios niña esculpido,
llorando sus sentimientos
hasta que llegue el alivio
de su esperado remedio.
No lo crea su abismo,
que antes la dejaré yo muerte.
Pues como se ha de encaminar
Pag. 21
que tenga, se logra lo referido.
Pues yo me vuelvo al abismo,
que donde quedan las dos
no hace falta mi arbitrio.
Vase.
Pues a introducirme voy
en los ojos que, teñidos,
siendo limpia del llanto,
con suspensión del rocío.
Yo a la vista está
a que aquelos infirmados,
pues que el acero del daño
halle el daño y no el alivio.
Con música y acompañamiento salen el Mundo, la Naturaleza llorando, quedándose con ellos Fragilidad y Malicia, y sale el Auxilio debajo.
Pag. 22
Música.
La que nace a padecer
ansias, tormentos y angustias,
llore penas, sienta culpas.
Naturaleza amada,
hija querida, prenda idolatrada,
¿qué tienes que, sujeta
a la luz se atrevió de tu belleza?
¿Qué te falta, señora?
No es mucho cuanto en mí mi fe atesora.
Si este mundo tu padre, bien lo fundo,
no es patrimonio tuyo todo el mundo.
¿Qué apeteces? ¿Qué deseas?
¿Fue acaso amor de fuerzas?
¿Por qué lloras? ¿Qué tienes? ¿Qué ansias?
Desde el instante, desde el triste día
que en el jardín, adonde fui criada,
comí de aquella fruta envenenada,
Pag. 23
tan enferma me siento, tan vencida
siento el mal, y combatida,
que es en mí cada aliento
un abrigo, un pesar, y un sentimiento,
darme el manjar que mortal fatiga,
el aliento acompaña cuando digo.
La que nace a padecer.
Cuando el continuo dolor
de pesar y sentimiento
la gran naturaleza,
porque se acerca el remedio,
estará a la mira mi esfera,
para su mayor provecho
un buen deseo.
Aquí está el ángel y es tiempo
de prevenir de mi astucia.
Pag. 24
Todo el infierno vencemos,
que ella me propone siempre,
aunque tú tropa, pues es cierto
que el ánimo propio lo prefiero
que el propio diablo tenemos
si está muda.
No, señor.
¿Quién para mi estado?
El andar de un cuidado
me suspende a un todo esto.
Anda, ha entrado y de qué viene?
Porque en todo el día entero
se ha dejado ver la cara.
A que vengo del infierno
quien le mal entra a versos.
Aquel la primera vez supo
Pag. 25
que la he cogido en variedad,
porque llame a aquel remedio
con que se cura, la sana,
se blanquean los lienzos,
y de agua ninguna ha hablado.
Con el diablo.
Así lo creo,
que la mujer propia siempre
parece que habla con ellos.
Trate ahora de callar,
y que no nos descubran menos.
Vamos, que hay que reír después.
El partido acepto.
Tan grande, tanto dolor,
tanto mal, tanto tormento,
¿no ha de haber remedio en mí?
Del cielo solo le espero.
Llega tú, Apetito mío.
Pag. 26
Si apetece algo, y luego
llega tu Fragilidad,
mira si entre lo contento
del mundo alguno te agrada.
Dame brazos con esposo.
Señora, ¿apeteces algo?
En el ardor que padezco,
es la sed que más me aflige,
y así solo agua apetezco.
Agua apetece; cuidado.
Agua quiere; venga presto,
mas no era mejor aloja.
Que propio es en los enfermos
este ansia por el agua,
y es la sed grande en extremo.
Con este ejemplo me explico
como el acaudalado cuerpo
la fuente desea.
Pag. 27
cura el alma, y pues veo
que los dos del bien,
Malicia y Apetito,
aquí entran mi pensamiento,
no reconoce prima
que mi sin flaca sujeta
como tú por tu flaqueza
en este estado se ha puesto.
Siempre la que se halla
mayor daño, que provecho:
cuanto mejor es que trates
de curarte, y que llamemos
un médico, pues acaso
conoce su don experto
que pida la vida humana
alivio, y deducir después
que Dios quiere sangrar
que el remedio sea el remedio
de tu salud.
Eso no,
naturalmente aborrezco.
Hace señas a la Fragilidad que calle.
Pag. 28
Siendo efecto sangrarme,
pues continuamente vemos
que de las sangrías muchos
al apetito perdieron.
No me hagáis señas, que no
he de consentir con veras.
Aunque aún enferma, sangrase
y alivio manifiesto
para el cuerpo, aunque el alma
lo sintiera si es cierto
que para aplacar la fragilidad
de que enojada tenemos
buena en sangre las aras
siempre ha tenido obsequio.
Conjural malicio, como
manifiestas tus intentos.
Quizá los cielos quieran
que tenga fin el molesto
achaque que la maltrata.
Pag. 29
Y dejara llegar el tiempo
de cierto sacrificio
a san futuro misterio.
Ya te oyes, Filósofo,
maldita la cosa entiendo,
solo sé que el Apetito
soy, cuyo ardiente deseo
sin distinguir mal o bien
lo más gustoso apetezco.
Dinos apetecen los sanos,
agua quieren los enfermos,
y yo lo apetezco todo.
Además que si diciendo
están que el sujeto está flaco,
no era ponerle a más riesgo
sangrarle.
Eso quiero yo.
Agua de aquella es remedio.
Pag. 30
Sea un agua que le alivie,
inspirándole mi aliento
el agua de mejor vida,
en el conocido riesgo
que padece, si curarse
intenta, y en el desierto
de Judea vive un sabio
el cual aplica un remedio
que es un agua de la vida.
Ya yo del no tenía tiempo,
porque como al apetito
le place todo lo nuevo,
sé que el hombre prodigioso
se llama a lo que primo.
Juan, este cura con agua
que llama de vida.
Cierto.
Pag. 31
El recelo ha sido.
A este sujeto llamaremos,
para que te cure.
Quien salga
por buen acuerdo,
este género de curas
extrañas, lo más derecho,
no es la común medicina?
A este apetito indiscreto
todo lo nuevo le agrada.
Mujer de dos mil aquello,
más que ordinario, que vidrios,
si no miras procurando
no quieres que remedio busque
sea nuevo, o sea viejo.
Pues para que reconozcas
Pag. 32
Qué origen miran, malas,
de qué es esa agua?
Yo solo
sé que hace muchos portentos,
paralíticos, leprosos
sana, resucita muertos,
y no pienses que es mentira,
porque esto es el Evangelio.
¿Cómo consiste en tal agua?
Ni yo en sangría consiento.
Aguardad, que habiendo oído
nuestra contienda, queriendo
que la gran naturaleza
tenga alivio en su mal, tampoco
no ha de quedar diligencia
que no se intente; al momento
Fragilidad, parte tú.
Pag. 33
En busca de este propuesto
médico, vete, Apetito,
y llama de ese desierto
ese sabio que nos dice,
y de ambos lados oyendo
las razones, se podrá
seguir el mejor acuerdo.
Pues entretanto que los buscan
volveré yo a mis lamentos,
si bien en vano la aguardo
cuando advierto en David leo,
que en los hijos de los hombres
no hay salud.
Quizá del cielo
será este agua, pues también
del mismo profeta advierto
que como agua derramada
le espera.
Pag. 34
Pues con el vuelo
a Dios enferma estoy,
sanadme, Señor eterno,
misericordia, que están
tan conturbados mis huesos,
como turbada mi alma,
hasta cuando Dios inmenso
ha de durar la fatiga
de los males que padezco.
Y entretanto que el cura llega,
vuelva a repetir el eco.
La que nace a padecer.
Parte al desierto, Apetito,
que yo iré en tu seguimiento.
Fragilidad, ya me entiendes,
cuidado y avisa luego.
Vanse todos, quedan el Apetito y Fragilidad.
Pag. 35
Pues que a sendos recados
los dos nos remitieron,
y que estamos obligados
a ley de casados buenos,
a mirar las conveniencias
nuestras más que sus preceptos,
vamos tratando primero
de lo que importa, pues creo
que nunca vino mejor
lo de perdone el enfermo.
Fragilidad y Apetito
somos tan vivos, que pienso
que entre dos en una carne
se hizo el matrimonio nuestro.
Ya empezaréis a decir
mil necedades.
Concedo
que lo sean más, ya ves
que he de caminar, y puesto
que siendo yo el Apetito
Pag. 36
No se extrañará que recelo
si por tu propio que salga
a mí, salud, pues que quiero
almorzar, y así decidme
si tenéis puesto el puchero.
El puchero se quebró.
Pues a la olla decid luego.
Se quebró el jarro.
Pobre de mí, si aún aquellos
que tienen fines mujeres
les suele pasar lo mismo,
que era mi agua por mujer.
La Fragilidad le dieron,
mas ya que lo quebráis todo,
que yo pensaba cierto
que vuestro natural frágil
solo quebrar mandamientos,
decidme si aún ha quedado
Pag. 37
algún pedazo de queso.
El queso le llevó el gato.
¿A mí?
Como lo oís.
Aún diablo que me lleve.
Sale el Demonio.
¿Fragilidad, qué haces de nuevo?
¿Has visto qué bien mandado
es el diablo del infierno?
Que ya lo que se temió
sucedió, porque ese médico
logró apetecer el agua
de la vida.
Ya se ha puesto
otra objeción otra vez,
y ya hicimos que apetezca
cuanto pueda dársele, puesto
sea nuevo, o sea viejo.
Lo después que este llame,
con que ambos a un mismo tiempo
nos mandó nos aburcar.
Pag. 38
Y pues yo ya ahí te encuentro,
mira ahora que me ordene.
Que consiste que al desierto
va del Filósofo en busca.
Vamos en forma de pueblo
a averiguar, si es preciso,
el ponderado remedio
de este agua de la vida.
Para el camino, por cierto,
qué bien van letrados
semie ayuno.
Cuando nació
de mi astucia y de mi engaño
no ha sido tú el que atravieso?
Cuando te vio la cara,
porque al ver yo el bien cierto
que antes que te apeteciera,
apetecía ser presto,
lindo, galán, colorado,
dulce, estremado y verme.
Pag. 39
Calla, y sigue de camino,
que los dos desconocemos
a lo largo.
Bien haré,
pues es este el prendimiento?
Donde queda la malicia.
El filósofo está en acecho.
Ya en la palabra cuidado,
está en averiguemos
si hay agua que manar pueda
de mortífero veneno,
como en la naturaleza
introdujo mi ardimiento.
Si yo me puedo escapar,
non peccabis in aeternum.
Vase y descúbrese un carro de la Sabiduría y un trono a sus pies San Juan.
Sabiduría inmensa de un Dios trino.
Pag. 40
Principio sin principio que increado
eres luz, eres vida, árbitro divino
del cielo, y suma en el glorificado,
bien a quien la tiniebla no convino,
sin el que nada fue bien ni criado,
verbo eterno, Dios grande, omnipotente,
que más alto serás de fuente.
Sabed, amaos bien, que naciste
así por quien te eligió
el mayor de los nacidos,
mi Bautista y Precursor.
Cuando desde el nuncio
esparto de mi atención
la naturaleza enferma,
de un dolor que no dobló,
y que vayan al mundo
el tiempo ya le cumplió
quise venirse delante.
Pag. 41
Sabiduría yo.
Ya presiento los caminos
de mi peregrinación,
dando testimonio al mundo
de la luz del mejor sol.
Que en mí permanece,
no es que tú más dado
del testimonio has de ser
de la luz de mis aspectos.
El bautismo y penitencia
que has predicado tu voz
ya de la naturaleza
a los oídos llegó.
Doble, aunque ahora
no llegó la consumación
su redención, porque falta
para ella aquel ruido y yo.
En cuanto humano el buen vaso,
preparándola irá antes
con los aguas, los gérmenes.
Pag. 42
pura virtud superior,
de que saque del achaque
de la culpa al pecador,
a la vida de esta gracia,
vida de ella, pues este es
agua de vida será.
Y así, cuando me cante
con la forma que de parte,
cuando haga su instrucción,
quien se baptiza y cree,
quedará sano, y quien no,
morirá en la enfermedad
de eterna condenación.
Ciérrase el carro y baja al tablado San Juan.
Él dicho será el que va
en el nombre del Señor,
y a quien del gran mensaje
del Jordán a quien pobló.
Pag. 43
Del Jordán a quien pobló
en soledades el Abril,
tronco a tronco y flor a flor,
brillo la dichosa estación,
suponiendo que voló
el tiempo, y se llega el día,
date principio mi voz
a los sagrados misterios,
que hoy en mi predicación
salgo a revelar al mundo
si de la luz del mejor sol
y el monte recibía ecos
cuando escuché en mi canción.
Del Jordán, sabia divina,
quien llama, quien es.
Escuchen atendidos.
Penitencia mortales.
Mortales penitencia.
Pag. 44
Mortales hombres ,
mucho mal os pena
ya se ha llegado el día
del más feliz consuelo,
ya desciende del cielo
quien cure la dolencia.
Penitencia mortales.
Penitencia mortales, a 4.
Ya el Verbo divino
desde el Empíreo baja,
ya el cándor le guarnece
del blanco vellocino,
ya en raudal cristalino
riega su omnipotencia.
Penitencia mortales.
Penitencia, a 4.
La de aquel mal transparente
a quien por su pecado
el hombre condenado
esclavo es de la muerte,
con más piadosa suerte
Pag. 45
Abra la omnipotencia.
Penitencia.
Penitencia, a 4.
Van como escuchando saliendo la Fragilidad, el Apetito, la Malicia, el Auxilio y el Demonio.
Puesto que os convida
a aliviar vuestros males
del agua de la vida
ya la fuente nacida,
del agua de la clemencia.
Penitencia.
Penitencia, a 4.
Vivid a los cristales.
Del agua de la vida.
Ya la fuente es nacida.
Del agua de clemencia.
Penitencia, mortales.
Mortales, penitencia.
Es este auxilio el que yo
vengo a buscar al desierto.
Pag. 46
Sí.
Que es este adyuvante
el que mi temor busca.
La sospecha ensangrentada
en lugar solitario.
Deja hablar al experto.
Llega y dale tu embajada.
Mas filósofo galeno
que predicas por divina
esta nueva medicina,
según de tu labio
suena aplauso sabio y pro,
agua al mal que más aprieta,
y para que quien reciba
tu doctrina, ese río,
siendo en esto diferente
de lo que el río practica.
Pag. 47
Que entre la fuente y ponzoña,
y entre la ponzoña y fuente
la naturaleza hermosa
mía, mira por tu cuenta,
que de una dolencia impropia
ha dado en lo de achacosa,
pues que sospecho
quitó esta alameda .
Pienso con esta emboscada
sitio sano y solitario,
si soy por ventura un hombre
que salud y vida da.
En mí esa gracia no da,
pero ves que es a su nombre.
Pues yo debo ver si
un remedio singular.
Eso solo le ha de dar
quien viene después de mí.
La parte es conveniente.
Pag. 48
¿Y este?
¿Sí que te espanta?
Que sin humana ayuda
se haga el de penitente.
Lo que a los ojos me vendo,
y mis obras oigo y veo,
soy de mi sano deseo.
¡Ay, muy raro entendimiento!
¿Si oyes acaso el misterio?
No soy el remedio .
¿Eres tú profeta?
No.
¿O Elías?
No soy Elías.
Por quien nos envía harto
tu respuesta averigua.
Quien no merece desatar
Pag. 49
a la cinta del zapato
de aquel que después de mí
a salvar el mundo viene.
Si la salud nos previene,
y yo su precursor fui,
que está en el mundo aseguro,
y que no le conocía,
que en él la vida tendría,
y que yo con agua curo.
No vengo a este mi intento,
que algún engaño le fragua.
Si soy quien cura con agua,
no os busco a vos solamente.
Yo vine a esta diligencia,
venidme al punto siguiendo.
Si para mejor ser dichoso.
Penitencia.
Pues donde está esperando
Pag. 50
El que tu voz nos previene,
¿cuándo vendrá?
No viene.
¿Por qué?
Porque ya ha venido.
Que contra rara paciencia
respondas a tus extremos
de una palabra, acabemos.
Vase San Juan cantando Penitencia, a 4.
Mi mujer se quedó en casa,
al médico no ha llamado;
yo voy muy despachado.
La Natural hallará.
Tiempo, cara, mal carta,
llegar a dar singular,
que os hemos de hacer temblar
solo con algún veneno.
Vanse todos y queda solo el Demonio.
Pag. 51
Para que cielos me privan ,
para que espere sagradas
me adornasteis de las ciencias,
que al mejor tiempo me faltan.
Si tuve tan a mi vista
vuestra providencia sacra,
revelando a mis fuertes
con señales que en los rayos
esos extraños sucesos,
que en este siglo me pasan,
ha de procurar mi rabia,
si es posible, averiguarlas.
Espejo fuera el desierto,
hecho teatro la selva,
de que en mi lugar ni tiempo
no hay aunque vea toscas
consecuentes sucedan.
Pag. 52
Este diverso no queda
ardid, pues solo es la idea
averiguar la eficacia
del agua de mejor vida.
De ella solo hablan mis artes,
que agua creo será esta,
que tanto me acobarda,
dejo arrumbar la ofensa,
que este elemento me causa.
Pues siempre he reconocido
que la dama Dios por arma
contra el pecado, el diluvio,
lo ahoga, cuando anegado
vio sus campañas el mundo.
No esto en un arca
se sitió con su familia,
y pues hay aguas que salvan
Pag. 53
al justo, y al delincuente
castiga, mérito alcanza,
dejo aquí también
lo que significa un arca.
Hasta de tanto naufragio
dejó una paloma blanca,
que con pacífica oliva
el emblema soberana
dejó de Dios el espíritu,
volando sobre las aguas.
Dejo que del mar bermejo
los cristales amparan
a los hebreos y dieron
fiera copa y franca
al pueblo de Dios amada,
y dejó una nube sacra
que tras salir de servidumbre
les guía, dejó que blanda
Pag. 54
hienda en cruz una piedra,
su raudal se desbaja.
Dejo a Rebeca que presea
la barro de aquel claro,
dejo los de la piscina,
dejo que el curso paran,
las del Jordán también dejo,
que formas aguas amargas
volvía sólidas dulces,
y las que con sal mezcladas
de salud, hizo Eliseo,
y las prosigue Naamán
lavar a Saamán de Siria,
porque su lepra sanase.
Dejo la nube de Elías
en forma de humana planta,
que al mundo en tributo escasea.
Pag. 55
y dejo las que la vara
de Aarón en sangre volviera,
pero ¿por qué he de dejarlas?
¿brillando misterios entrambas?
Pues que quiero decir nada,
ay de mí que dicen mucho,
pues todas con bienes claros
son del agua de la vida.
Que me estremece y me espanta,
¿qué agua creo será esta?
Repita otra vez mi rabia:
¿qué agua de vida ser pueda
y este sabio al predicar
que con las señas se busque
a costa y con tan raro
precio se va rasgando
rasgando aquí mis artes?
Pag. 56
Que el no sé qué me duda,
pues el mismo lo declara,
que después de él viene otro
y aunque ha venido adelante,
pensando este, si ha venido,
y si sus profetas claman
que como agua le esperan
cuando esta fuente clara
se oculta. ¿Y cuándo cierto
a que mi temor aguarda?
¿Que a averiguarlo no parte?
Y antes que llegue, sagrada
la gran naturaleza
no procuró yo intentarla.
Si será más el delirio
ver fuera viejo me espante,
que nacido en Belén y en quien
Pag. 57
murió sin que se hablase,
juzgué que real era
porque a Herodes abarca
de Jerusalén movía,
a la crueldad muy extrema,
que esto en humanos pechos
poco en fin me sobresalta.
Mas creo que Dios vengas bueno
a nacer en pobres pajas,
envuelto en vil cendal,
ejecutad, porque basta
la pureza de luminante
sin que tanto se humanara,
mas ay de mí, que divina
por más soberbia abajada,
mas Dios ama la humildad
tanto y la pobreza ama.
Pag. 58
que a los soberbios humilla,
y a los humildes ensalza.
Mas pues ahora este bien
en un desierto se halla,
en el pedir ardiente
ni esta industria no basta
volver al dulce aplauso,
y pues el Mundo me aguarda
como médico y a estorbo
por filósofo que sana
con el agua de la vida,
iré allá, ni que mi vara
ofenda al derecho, viendo
que mis voces seduzcan,
en medio siendo de engaño,
pues esto aparienta y falla.
Pag. 59
Y mi ángel del mal soberbia
defiende sombras espesas,
y quien se hace mil rayos,
mientras que médico se haga.
Veré entre y cuando quiera
darle el agua mi chama,
para que la manifieste,
y en tanto que se declara
hará en riesgos mi enojo
ardiente guerra en venganza.
Vase y salen el Mundo, la Naturaleza enferma y acompañamiento.
¿Para qué es el doctor
de tanto mal y tristeza?
Busca la naturaleza
la fuente del Salvador.
Pag. 60
Es también que a sus ojos
alumbra la prometida
agua de la mejor vida,
sean dos fuentes sus ojos,
el alma salga de despojos
pues entra en fieros rigores.
¿Para qué es el dolor
de tanto mal?
Están justo mi dolor
sin dar prueba sus penas,
que no es bastante el consuelo,
porque solo la esperanza
del esperado remedio,
en él puede aliviar
el Mundo natural soy,
su padre, porque formada
fue del limo de la tierra,
por Dios la formó en que enlaza.
Pag. 61
Se nombra cuando mi hija,
nacida de mis entrañas,
no extraño que de salud
desee que aunque me llaman
del nombre encierra esto,
se entiende por las mundanas
dichas, cuyos engaños
aún que dentro en mí se hallan,
aquí no represento
con que vence lo que tardan
los que a buscar los dos fueron.
Salen el Auxilio y el Apetito.
Sea Dios en esta casa.
Aspecto bien venido.
Salen la Fragilidad y la Malicia.
Licencia, señora, aguarda
el médico para entrar.
Ay, diabólica malsana,
que yo allá me los desaté.
Pag. 62
Pensando en las mudanzas,
que me afán alcanzando
algún diablo en esta anda,
porque médico es este.
¿Quién mete en eso albedrío?
Es el templo de Esculapio.
Orca de verdades calla.
Informa a Naturaleza
aspecto de la llamada,
de la suave doctrina
que va el sabio, que me llamas.
Albricias haya, que ya
los medios que esperabas
han llegado.
Pues ¿por qué
no entran, señor, que ya tardan?
Porque mi miedo dice
que lo que tú esperabas
Pag. 63
por filósofo aun andas,
de aquellos a quienes vayas
a las plantas el cabello
dejando vuelta la calva,
te engañas, porque es un joven
de tanta hermosura y gracia,
y de una voz tan sonora,
tan dulce, tan entonada,
tan sutil, tan apacible,
que se penetra hasta el alma.
Penitencia, mortales,
si vuestra sanas,
porque el agua se debe
buscar con agua.
Sale el Demonio siendo toda enfermedad en médico, medio facha.
Pues es hecho en que se halla
Pag. 64
Que suele veros el lobo
rápida de la oveja blanca.
Naturaleza achacosa
cuya salud interesada
dejo la aspira engañosa
de una serpiente tirana.
Haz penitencia, si quieres
verte entre males aliviada.
Porque al agua se debe
buscar con agua.
Esperad, que no quiero solo
buscar para acertarla,
ni es justo que averigüemos
años señal de ignorancia,
pues ni ciencia, ni experiencia
causé en ellos, se fija
la salud que tanto importa
y puesto que aún me llama
Pag. 65
de salud a mi cargo
tomaré.
Serpiente ingrata,
si para sí sola tienes
cómo presumir darla.
Ya que siendo espíritu yo
de lo que conmigo hablas,
solo era el Mundo lo que
quisieremos que sepa, pasa.
Aquesto justo fue que
cómo tu voz me maltrata.
No ha mandado Dios que cures
al médico.
Que lo manda es cierto,
que tú lo sepas es la duda.
Aunque sus obras conozco,
me espanto porque otra cuestión se trata.
Pag. 66
Que hipócrates y salud
de esta ciencia los monarcas
eran gentiles, que a Dios
ignoraron y adoraban
su muda deidad
en simulacros y estatuas.
Luego de su ciencia aún
la más parte no alcanza.
Que eran gentiles es cierto,
pero que en su ciencia haya
tenido su parte no es
consecuencia, que se saca
ligeramente, pues
toma esa que Dios haya
dejádolos en la triste
ceguedad de su ignorancia.
Honra la es otra el
que enfermos de muchas almas
Pag. 67
morales o mortales que
tuviesen, les revelara
las extrañas propiedades
que hay en piedras y en plantas,
y aunque esto no es de mi asunto
porque no deje sentada
la ignorancia, que tuviste,
de que en parte te alabanza,
de esta ligera te respondo
que tú presumir estabas
que sepa el mundo y sepa
la naturaleza humana
que el Altísimo crió
la medicina y ampara
a sus profetas, porque
acierten a ejecutarla,
ya se gana tal vez
que está en el más sabio se halla.
Pag. 68
Ni es por ignorancia suya,
ni su suficiencia contraria,
sino porque Dios cuando
criò como primera causa,
porque todos le conocen,
dar la salud y quitarla,
siendo esto cierto, ¿por qué
tan extraño engaño fraguas?
Sí.
Esperad, detenéos,
que aunque del cielo la causa
no le produjo vuestra
no es bien hecho que a batalla
la que es ley de mi gente pase,
y pues aquí ambos se hallan,
mejor es que en una junta
se averigüen las contrarias
razones, que a los dos mueven.
Pag. 69
Yo me abono a que se haga.
Que este mujer, o demonio,
hacen esta escena a casa.
Oye el Misterio, oye y calla,
pues se meta en varajas.
En barajas soy yo sota,
como fui casi soldada.
Alivie mi mal el cielo.
Que yo siendo el Mundo, nada
haré más que ser teatro
y de vuestra lid campaña.
Ahora que la primera
noticia desesperada
salud llega a mis oídos,
sea mejor mi esperanza.
Ahora que el mejor riesgo
es de que quede frustrada
la ruina de mi malicia,
alarma apriesa al arma.
Pag. 70
Llegadnos más asuntos
y danos la baja
relación de su dolencia,
de qué procede y qué causa
la originó, esto entendido,
pondréis a remediarla
según el achaque fuere.
Ay de mí, que al ver que entabla
la ara de su doctrina
por empezar humillada
a confesar tantos males,
no sé qué me sobresalta.
Malharía con la vergüenza,
mostrar agora a que haga
la relación imperfecta
o al menos paliada.
Refiere su mal, pues ese
el medio es de quedar sana.
Mira que adoro del Mundo.
Pag. 71
Estás aunque el mal te acana,
manifiesta tu flaqueza,
inspira el de tu constancia.
Mira el estado en que estás,
no calles el daño nada,
pues el que le llaga oculta
no quiere aliviar la llaga.
Así lo haré, o que encontrados
vientos el pecho combaten.
Saben lo que parecemos
los dos de esta junta honrada.
¿Qué?
Las muletas de dos dores.
¿Y tú pareces la albarda?
Ya sabes cómo en el sitio
de aquella mi primer patria,
tomé una manzana undía,
y que esta estaba infectada
de un áspid también sabes.
Pag. 72
Que entré por mi desgracia,
fui presa, mudé ayes,
y salí tan obligada
de una estancia de aire pura
a otra provechosa estancia.
He sentido desde entonces
en mi salud tal mudanza,
que lo que antes vida alegre
congojoso y amargada,
falto a la comida,
mal duermo, seca o legaña,
he cobrado que no puedo
sin el sudor de mi cara
comer de pan un bocado.
Y si bebo el llanto el agua
de sentidos y potencias,
la república alterada,
el desorden me atormenta,
y aquella viva alterada
Pag. 73
en vez de obrar la razón
la voluntad lo arrastra,
un conocimiento a los ojos
padece de fuerza tanta,
que en su dolor no es posible
alcan el rostro a las claras
luces del sol, y la vista
tan débil y desmayada,
tengo que a mil ceguedades
es preciso que me traiga.
Tal flaqueza en los pies siento,
que torpe y desalentada
no hay culpa en que no tropiece,
ni hay flaqueza en que no caiga.
El trabajo me fatiga,
el ocio me cansa,
los calores me molestan,
y los fríos me traspasan,
no hay parte en todo mi cuerpo
Pag. 74
Que no esté expuesto a la sana
disposición algún daño,
lo que más me maltrata
es una sed insaciable,
que hidrópicamente amarga.
No hay cosa que la refrigere,
con lo cual tan depravada
se ve hoy mi naturaleza,
que el último fin apurada,
aunque esté todo el conjunto
de mis males y miserias
parando a especificarlos,
me parece que se halla
de siete achaques mortales
esta fábrica viciada.
Un vahído es la soberbia,
con que tan enajenada
me suelo hallar de mí misma,
que suele hacerme que caiga.
Hidropesía en la codicia
estoy, pues nada me sacia.
La indignación concupiscente
Pag. 75
en el temor me enciende,
un temblor me da la ira,
que el pecho me despedaza.
Una torpe apoplejía
la culpa que me causa,
estoy con la envidia llena,
pálida y aniciada,
y un letargo es la pereza,
que el cuerpo todo me embarga.
Siendo estos los siete achaques
que me oprimen y contrastan,
y en fin como dice Job,
tan en extremo estoy flaca,
que la piel toca a los huesos
y los labios, que de nacar
blasonaron dulces,
pegados, ni hablar pueden.
Tened pues piedad
de mi triste y desgraciada,
siquiera los que de amigos
Pag. 76
Mis dos blancas,
viendo marchita esta flor,
viendo esta hermosura ajada,
viendo sin vida esta vida,
viendo arruinada esta alcázar,
esta fábrica deshecha,
y esta pompa dejada.
Ese mal que te atormenta,
ese dolor que te acana,
de calentura maligna
son señales declaradas,
y pues ni habla primero
se ha, pues en mí se halla
la enfermedad tan notoria,
y en las ciencias la ventaja,
dejo que según informa
la naturaleza humana,
que de un bocado le vino
su mal consecuencia clara,
que nace de plenitud.
Pag. 77
La sangre infecionada,
causa aquellos accidentes,
y así, mi voto es sangrarla.
La razón es evidente,
en sacarle sangre se halla
su mal si esta no se vierte,
y las venas no se rasgan,
será abrigar en el cuerpo
la ponzoña que la mata.
Sana la naturaleza,
nace bajo la desgracia
su sangre de tu culpa,
con que aun las leyes que llaman
de justicia lo aprueban,
pues la ley del duelo manda
que las manchas de la sangre
solo con la sangre salgan,
y aves que la Antigüedad
tu vida, pues tan cercada,
la contempló de dolores.
Pag. 78
Ha, buen amigo.
Pues si tanto mal la acana,
que busca riñón valor
tener puede un poco de agua.
Eso aún me fica,
porque es tan grande y tan alta
de esta agua la virtud,
que el ofensivo producido
aunque esta agua, que yo uso,
obra por virtud extraña,
que el nombre de que me envía
la providencia santa,
es forma de medicina,
que por sí tenga enfermedad,
a los sordos, pues vemos
que en el agua común se hallan
Pag. 79
cualidades que la ilustran,
pues quitó el caso Monarca,
como el Mundo divide
del agua de las aguas,
y capas en los cielos, pues
con que la esfera que alcanza
el Mundo fue suspendida
de ella por eso llenada,
con que ya de celestial
algunos visos alcanza.
Su fuerza es maravillosa,
pues en producir las plantas
es tan poderosa que
los filósofos juzgaban,
hablo de los que ignoraron
esa causa de las causas,
que era principio de todo.
Ella allana las montañas,
refrigera, cría peces.
Pag. 80
El mayor incendio apaga,
superior a la tierra,
a la más inmunda avienta,
lava y limpia, pero estas
son virtudes ordinarias,
que por sí no eran bastantes
a la enfermedad tirana,
que los mortales padecen,
mas si bien dispuesta el alma
con lágrimas, suspiros,
con fe ardiente en las palabras,
la naturaleza pide
la que yo voy que prepara
para el agua de la vida,
que por esto estará exaltada,
pues solo falta aplicarle
verdadera fe, que en la llama
de un amor ha de prender,
para que en su incendio salga
Pag. 81
la última destilación,
espre en tan triste amigo,
que ha de quedar a sus males
sana, salva y perdonada.
Aunque uno receta fuerte,
cuando otro quiere sangrarla.
Si la pide y si la lloro.
Espera, bastante aguarda,
no es causa natural,
sino sobrenatural causa
seré en percibir que el
principio de las segundas
de los demás demás.
Aquí al ingenio me salgo,
que contra esta medicina
quiero argüir.
Pues que arguyas o la.
Sobre que no puede ser
Pag. 82
El remedio de que hablas,
universal, de esa fuente
te arguyo, regla es sentada
de buena filosofía,
sin que en ella duda haya,
que el contrario con contrario
se cura, y cuando se halla
con contrarios accidentes,
naturaleza viciada,
que opera así la vida,
donde ay una que la abraza,
en los siete que a propósito
a quienes los médicos llaman
ya égida, ya epiquía ,
por la división de entrambos.
Siendo uno solo el remedio,
no es la consecuencia clara
que lo que a un mal aprovecha,
al mal que es contrario daña.
Ya he dicho que obra en virtud
superior, mas porque sepas
de esa duda en natural
filosofía, es bien vais
respondiendo en que consiste
esta humana vida humana.
En los vitales espíritus.
Pag. 83
Pues ¿adónde se hallan?
El corazón los engendra,
y la sangre los derrama
por todo el cuerpo.
¿Los males
que éstos en la sangre causan?
Unos la hiel encienden y abrasan,
otros la corrompen, con que
los espíritus que enlazan
con ella vician, y estanquen
hasta la muerte se causa.
Luego si en este remedio
mi voz le predicaba,
el menor de los espíritus,
sin que en esta duda haya,
pues es el espíritu santo,
tendrá una fuerza alta,
le purifique la sangre,
que una infirmada
será de fácil sin duda,
y aunque en sí sean contrarias
las causas de los achaques,
igualmente las combata,
además que otra razón
tengo, del cual afirma
vemos que sean opuestos.
Pag. 84
los achaques, si se halla
que todos efectos son
de aquella infeliz causa,
si ésta cesara, ¿no es fuerza
los efectos cesaran?
Sí, mas con astuta presunción
hace mayor repugnancia
no a enfermedad ninguna;
para cesar no ha
de hacer crisis, terminando
por algún modo en que haga
evacuación acto. Tú
te opones cuando cerradas
vienen además las puertas
por donde tanto mal salga.
No hago tal; antes le advierto
que en lágrimas desatado,
desecha en suspiros tiernos,
la culpa a los labios salga;
y siempre la calentura
que pica en el llano sana,
pero aquí es terminación
por sudor, que es el que causa
la memoria de la culpa.
Que tales efectos haga
el agua que has predicado
es imposible, pues no halla
Pag. 85
mi estudio en todo lo humano
ingredientes que causaran
unidos esos efectos.
Medio humano es quien los causa,
aunque divino a humanarse
le obligaron mis ansias,
sin que el ser divino deje.
Ya hace evidencia para
lo que empezaba sospecha.
Tus razones ponderadas
no me convencen, que yo
sé que sin sangre esta mancha
no se ha de poder lavar,
y así, mientras no se sangra,
no ha de recobrar salud.
Que sangre ha de restaurarla
es cierto, pero no suya.
Pues, ¿cuya?
De quien os vaya
a ser la salud del Mundo.
Luego ya entre son contrarias
tus razones, pues si sangre
la cura, le sobra el agua.
No sobra, que aquella sangre
dará al cristal eficacia;
cuando es obrada será,
siendo fuente de la gracia,
y fuente de siete caños.
¿Porque más claro no hablas?
Pag. 86
Porque Dios a otros arcanos,
cuando esté perfeccionada
su publicación, reserva.
No es sino que al declararla
temes que yo te convenza;
mas el Mundo, que se halla
en vista de una cuestión
que es de tan grande importancia,
¿por qué no insta lo declaren?
Eso quiere, que engañada
la Naturaleza tomes
veneno en vez de triaca.
El Mundo sólo desea
ver que sus prospera y sana
la humana Naturaleza,
y como se lo logran,
quedará muy contento.
Pues como lo estás aguardas
con un remedio ignorado,
haz que lo diga; instancia,
y di que el agua propuesta
tu hija no ha de tomarla
sin saberla.
A ti lo hace;
mas es fuerza me aguarda
a que desee saberla.
Sin saber sus circunstancias
no ha de tomarla mi hija.
Pag. 87
Así la razón es vana
la esperanza de salud.
Pues, ¿cómo de mí se nombra
la ha de recibir?
Por fe.
Oid, y pues nos hablando
viene en tan misterioso estado
que el remedio que esperaba
el Mundo le desconfíe,
porque se cumplan las sacras
profecías, yo a tus pies,
humildemente postrada,
te pido le manifiestes,
para que cobre en mi ansia
del agua de mejor vida.
Sí haré, porque el que en mí habla
a los párvulos revela
lo que a los soberbios guarda;
y así como hagáis se ausente
el que para calumniarla
desea sólo saberla,
me allano a manifestarla.
Eso dejádmelo a mí.
Vamos fuera, camaradas.
Cielos, ¿qué misterio es éste
que encubre tanto? ¡Ah, rabia!
Yo me vi, por si ella
resuelve tomar el agua,
no tendré en ella poder.
Pag. 88
Pero guardaré no caiga
en mi mano otra vez,
pues le juro por las sacras
esferas, por los abismos,
que aunque ahora quede sana
de habituales achaques,
tanto haré que la combatan
que lo que antes fue veneno
será veneno y venganza.
¿Ven, Malicia?
Pues, ¿qué intentas?
De Jerusalén tetrarca
no es Herodes Antipas,
el que está con su cuñada
enlazado en viles nudos.
Los dos, con accidente sana,
no aborrecen a esta luz
porque su voz afea
este delito; pues de ellos
más venenos se valgan,
lo alegórico pasemos
a literal; y antes que día
dado a la Naturaleza
el agua que a mí me abrasa,
perfeccionada en la sangre
de que por antonomasia
la fuente de siete caños
su voz misteriosa llama,
haré le quiten la vida.
Así que darle venganza.
Pag. 89
Ya que hemos quedado solos,
salgan a mis labios, salgan,
del agua de mejor vida
las maravillas sudadas.
En el árbol de la vida
la Naturaleza incauta
perdió la salud, y pues
que de vida se llamaba,
de vida es bien que el remedio
que sea, y aunque se haga
delineando la redención
en otro árbol que cercana
está ya a Dios, deseo
cumplir una esperanza
que dio en solo salud
que en él sólo se halla.
No ignoraréis cuando amores
entre profetas lo aclaman,
que el Verbo, que es de Dios hijo,
como lluvia al mundo baja;
también le afirman que Dios
por su piedad soberana
lo ofrece, puesto que dice
que varón su palabra,
que es el Verbo, como lluvia.
Ya esta promesa se halla
cumplida, ya el Verbo vino
mortal, y ya aquel que causa
Pag. 90
las manchas del mundo llega
en este desierto árida
venid a enseñarse
al pie de aquella montaña,
el Cordero que del mundo
los pecados quita, el agua
es él y es la del Jordán,
bautizo yo por su gracia.
Agua es y agua de vida,
y es, como Isaías declara,
la fuente del Salvador
con júbilo se alcanza;
éste el gozo de aguas vivas
y éste, en fin, es quien me manda
le he levítico al leproso
purificado que guarde
en él la original culpa,
y ésta es la que Dios os manda
que compréis con fe y con manto,
y ésta es la fuente sagrada
que nació en Belén y que
a salvar el mundo baja.
¿Y que yo con llanto pido?
Esperad una palabra,
que cuando en los desiertos
el bautista señalaba
al Cordero Dios y hombre,
de treinta años que se saca
de la Biblia, pues que lugar
Pag. 91
ni tiempo señalaba
en este discurso, ya
el apetito que extrañas
cosas se le antojan siempre,
os nos predica la sacra
agua que nació en Belén
yo ofrezco manifestarla
en su nacimiento; quiero
que nos la muestre infanta
en el nacimiento mismo,
y con lo que allí se hallaren
serán los ingredientes.
¿Quién vola si os agrada?
Sí haréis, volviendo los tiempos
atrás esa pobre casa,
es el portal de Belén;
el que en el pesebre se halla
es el Verbo divino,
la fuente que dichas mana;
María es la tierna Virgen
que ha producido esta planta.
Tierna Virgen que nació
así el secreto que canta
con fervor tenía a todos.
De éstas vengo yo tirana.
¿Qué milagro es que le sigas?
Es que como va no falta
agua, no estima cuanto.
Aquel de las flores llama.
Pag. 92
es el virginal espejo
de María que le guarda,
y su mía cuna divino
son los ángeles que cantan.
Gloria a Dios y paz al hombre,
pues Dios a ser hombre baja.
Salto y brinco de contento.
Con agua tal aliñada,
¿qué daré yo de mis males?
Mas ¿por qué en dármela tardas?
Eso es lo que te la pido.
Yo la pido arrodillada.
¿Quieres recibirla?
Quiero.
¿Qué traes de Iglesia?
Calla, necio.
Pues, ¿por qué quitarme
que yo el monaguillo haga?
Porque aún no es tiempo
que ceremonias tan sacras
se ejecuten.
Así un donoso.
Ven a la fuente.
A turbada
como traiga a ella me acerco.
Sale Malicia.
Juan el Bautista te llama.
Cause la casa aquesta
aquí un buen romance llaman.
A mi duda me queréis dar
la corona deseada.
Vamos pues.
Pues, ¿cómo así
me dejas, cuando esperaba
de tu mano la salud?
Pag. 93
Porque es disposición alta
del que me envió; en aquel
la salud depositada,
ésta recurre a la fuente,
que en ella verás lograr
tus intenciones, pues ya te he dicho
no soy yo quien puede darla,
aunque suya soy en su nombre.
¿Pues mano ha de administrarla
faltando tú?
Siete caños
tiene esa fuente de gracia;
recurre a ella, que en ella
di cuanto desea el alma.
Curioso tú, que me guías,
a lo menos, como tardas
en conducirme.
¿Por qué
esas premiosas ansias?
Entre los dos de Dios
tan eficaces, tan claras,
que a los que algún accidente
vi a la fuente embaraza,
crees ardiente deseo
logrará las dichas altas
del Bautismo, que después
se llame.
Tan grande
la fuerza es de ese deseo
que pierden en su demanda
mil vidas.
Ese de sangre
será, y tendrá la eficacia
misma.
Digo, seremos
fuente es la que caminas.
Pag. 94
¿A qué se reduce ésta?
A una fuente,
que porque quede sentada
a los venideros siglos
la virtud que está encerrada
en esta divina fuente
de aguas vivas, en la estancia
feliz adonde nació
el mismo crio una agua
aun hoy se conserva dando
salud de dolencias varias,
aun a los mismos infieles,
cuya noticia aunque extraña
graves autores afirman;
y pues ya visteis que nazca,
como agua el que de la vida
divino río pasa,
ahora es justo que paséis
a ver este río exaltado
y en su mayor perfección.
¿Cómo ha de ser?
Como haga
suyo el triunfo, pasando
desde la cuna hasta el ara.
¿Qué ves?
Un sangriento trono,
una deidad ultrajada,
aunque entre oprobios y heridas
campea su esencia alta.
¿Quién más ves?
Siete caudales
que de su pecho desata,
cuya feliz corriente
el mundo inundan de gracias.
Pues toma de tus males
Pag. 95
ve que las circunstancias
verás que a todo remedio,
y puesto que te aquejaban
siete órdenes achaques,
siete remedios te aguardan.
Lo primero que desea
el Mundo es se vinculara
quien eternamente esté
administrando a la humana
Naturaleza el licor
de esta fuente soberana,
pues sin médico que aplique
el remedio se habría el agua
el saber tomarle a tiempo.
Sale un Sacerdote.
Eso en la fuente se halla,
pues en uno de sus siete
raudales la orden sagrada
del sacerdocio, en quien queda
la Iglesia feliz fundada.
Pues si a ver médico vienes,
me ves en tales ansias;
dame el agua de la vida
que tanto desea el alma.
¿Quiero recibirla?
Quiero.
Dígame, señor, y encarga
mi oficio de monaguillo.
Ahora.
Sí.
Pues qué distancia
hay de esta agua de la vida
a la que Juan predicaba?
Que aquella preparatoria
fue cuando ésta es consumada.
Pag. 96
Eso no lo entiendo, que dice
mucho en sola una palabra.
No faltará quien lo entienda.
Vamos.
Ya doy a tus plantas
con fe.
Bien vienes así;
recobra en ella la gracia.
Bautízala.
Ay Dios mío, que la que
la caverna sale.
Pues enero
que te admira, que te espanta.
Es que yo pensé que había
de volver.
No te engañas,
que de esta fuente saldrá
en peinada y en pañada
otro sacramento.
Hija,
¿cómo te sientes ya?
Sana.
Ven, séñal de que lo está
esta vestidura blanca
la adorne.
Qué hermosa queda.
Y más preparada
del nuevo aliento que cobra
quien de esta fuente clara
confirma el raudal, siguiendo
tu salud.
Eso se llama
confirmación, según pienso.
Mas digo, se queda en casa
mi mujer, porque con ella
nunca habrá males que valga.
La humana fragilidad
nunca de nosotros falta,
pues será el saber vencerla
Pag. 97
la victoria que alcanzada
a Jerusalén triunfante,
nos lleve, que es nuestra patria.
La dificultad está
en vencerla.
Si llegan
conmigo a los brazos, luego
no volverá tan ufana.
Ninguno que así se quiere.
Nuestra es la confianza,
combatir con sus propias fuerzas;
mas por si en esa batalla
le vencieren el terreno
con diluvio de aguas amargas
de el remedio de este daño,
y aquella justa le aguarda.
En el brazo se descubre una cueva, y en ella la Penitencia.
La Penitencia, siguiendo
la metáfora empezada
de ser agua, en la del llanto
copioso raudal desata
para que laves tus culpas.
Pues de tal que cause
a fe que no la apetezca.
Si la eligieras, hallaras
que es el único remedio
de la salud.
Voluntaria
ha de ser la penitencia.
Sí hará, pero no me agrada.
Cuando la salud se cobra,
el modo de conservarla
siempre es lo más importante.
Pag. 98
Y así a los humanos faltan
dos cosas: el medio es una
con que se conserve gracia
siempre en sucesivo aumento
el género humano.
Salga
a aclarar el remedio
el matrimonio que alcanza
virtud como sacramento
y este raudal le declara.
Amor mío, más que ésta
es pérdida duplicada.
¿Por qué?
Porque matrimonio
y penitencia son sustancias
que no parecen de
hospitalidad tan declarada.
Sabes, mujer, lo que digo:
que en matrimonio acabará
una comedia en común,
mas un auto es cosa extraña.
Proseguid, que es la segunda.
La segunda, una vianda,
es como dulce alimento
siempre la conserva sana.
Descubre el otro carro con un altar, con una hostia y un cáliz.
De mi cuerpo y de mi sangre
en aquella mesa forma
en donde le ofrezco
más agua que ha de gustarla
Pag. 99
sana, estando para que
se convierta su sustancia
en saludable alimento,
y ésta en la postrera entrada,
en peregrinación viático es
que por manda y prendas
de amor le deja de postas.
Obra de amor la más alta,
misterio de los misterios,
gracia inmensa de las gracias,
cuando te ofenden mis culpas
de esa suerte me restauras.
Bendito sea tu amor,
que yo en el mar anegada
de rugidos sólo intento
verme ya libre y alentada
de estas humanas pasiones
para unirme en unión blanda
contigo en el cielo.
Y porque
unidas a esas bodas vayas,
aun en la mancha pequeña
de las demás manchas,
y las impresiones feas
de las culpas confesadas
mortales, este raudal
Pag. 100
Por último de la unión santa
su amor te previene con que,
si siete males llorabas,
siete remedios te quedan.
Con que mis fuerzas postradas
en vano querrán vencerla.
Con que si el mundo la amada
Naturaleza no empieza
a tener vida en el agua.
Con que se acaba la fiesta,
puesto que ya está oleada.
Aunque mudando el metro,
la canción bullicia entonada.
Pues llevando el árbol
de tanto mal y tristeza,
busca la Naturaleza
las fuentes del Salvador.
