إلى> تاريخ النشر: 22 أغسطس 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El agua de mejor vida. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-agua-de-mejor-vida.
Mss 16841
Yg - 333
Mss. 16841
Hob
El agua de mejor vida =
Auto sacramental de Calderón.
Leg. 12
1
5-7
Sale el Demonio.
Deleznable porción, frágil ruina
de cuanto en ti se funda, a ti se inclina,
cimiento sin cimiento,
aunque te fortalezca el escarmiento,
achaque del valor, fiera acogida
de los torpes engaños de la vida,
exhalación sin luz, caduca sombra,
¿Fragilidad humana?
¿Quién me nombra?
Pobladora infeliz del centro oscuro,
respiración mortal de aliento impuro,
de la verdad contraria la más fuerte,
madre del daño, hermana de la muerte,
abrasadora llama,
a ti digo, Malicia.
Sale Fragilidad.
¿Quién me llama?
Sale la Malicia.
¿Quién pudiera, oh torpe, o ciega
Fragilidad, haber sido
quien diera a valerse lugar
sino aquel Dragón impío,
cuya infestada ponzoña,
cuyo tóxico nocivo
en vano se derramara
contra el hombre, si imagino
que en cuantos raros tropiezos
mi rencor ha producido,
si yo el precipicio formo
tú le traes al precipicio;
ni quien pudiera, oh Malicia,
invocarte en sus designios
sino quien te necesita
para afianzar los grillos
con que hoy el género humano
yace en mi poder cautivo,
pues le labra la malicia
los buenos, cuando averigüe
delito no cometerá
a ignorar lo que es delito,
y así sentando que yo
sin las dos nunca he valido
por mí, y que el hombre en vosotras
tiene el mayor enemigo,
advierte, oídme.
Ya te atendemos.
Prosigue, pues.
Aquí al referirlo.
Ya prosigo;
pecó el hombre, y pecó el Ángel,
y siendo entrambos delitos
contra Dios, uno piedades
mereció, y otro castigos;
y no extrañéis que argumento
tantas veces repetido
os proponga, porque siendo
el fin a que dirigidos
van siempre mis sentimientos
y mis penas, uno mismo
como de un principio nacen
siempre tendrán un principio,
que harto será que varíe
los medios el artificio.
Pecó el hombre, y pecó el Ángel
(segunda vez lo repito)
con tan desigual fortuna
que aunque fueron infinitos
sus yerros, por su malicia
respeto del ofendido,
tan grande piedad el hombre
en Dios halló, que hay quien dijo:
¡oh, feliz culpa!, ¡oh, feliz
pecado!
me ahoga el dolor, que fuiste
de tanto reparo digno!
Dos quejas halla mi enojo
en tan desigual partido,
que cualquiera es de la envidia
en que me abraso, motivo.
Es la primera, que aunque
mayor fuese el yerro mío,
le vencen a su clemencia
con los mayores delitos;
no porque yo la piedad
la quiero, o la solicito,
porque estoy tan obstinado,
tan ciego, y endurecido,
que si pudiera causar
en mis tormentos alivio,
la vanidad fuera sola
del yerro que he cometido.
La segunda es en el modo
tan extraño, y peregrino
que en el reparo del hombre
ha puesto Dios, pues tan finos
afectos, tales cuidados
llega a costarle, que digo,
que fuera menos dichoso
si hubiera más justo sido.
¿Quién es el hombre, Señor,
con Job a voces repito,
para que le magnifiques?
¿Por qué causa, o qué motivo
ha de merecer el lado
de tu corazón Divino?
Si esto logra el delincuente,
¿qué deja para el amigo?
Y más sabiendo (¡ah, pesares!)
que vendrá tiempo (¡ah, delirios!)
que Dios (¡tiemblo al pronunciarlo!)
se ha de ver (¡rabio al decirlo!)
humanado (¡oh, pese a mí!)
y de su carne vestido,
en cuya cierta esperanza
el hombre desvanecido
piensa triunfar de mis armas,
piensa amancillar mis bríos.
Y aunque este en lo general
es el sentimiento mío,
hay a veces circunstancias
de tan raros requisitos
que ofende la circunstancia
más que el dolor ha ofendido.
Entre las que me atormentan
es que el llanto repetido
del hombre, por los Profetas
clame a Dios en dulces himnos,
diciéndole que le espera
como agua, así lo dijo
Isaías cuando pide
que las nubes del Empíreo
lluevan al Justo, y Job dice
que le espera enternecido
como lluvia, y David luego,
como sobre el vellocino
cae la lluvia, ¡venid vos!,
y Ezequiel, sois el bendito
rocío del cielo, con que
a voces todos unidos
agua de salud le llaman
que baje para su alivio.
Otra es que, habiendo de ser
hombre Dios, llegará siglo
en que haya una criatura
tan pura, que en el ocaso
de madre conserve intacto
el esplendor claro, y limpio
naciendo de Tierra virgen
este pimpollo Divino,
a que se añade el secreto
de este misterio escondido
a mi ciencia, pues alcanzo
que ha de ser, y no distingo
cómo, ni cuándo, estas son
las circunstancias, que gimo
las envidias en que muero
y las iras en que vivo.
Y careando estos misterios
con un texto donde he visto
que en la bendición, que echa
Isaac, dice a sus dos hijos
que en el rocío del cielo
y en el pingüe humor nativo
de la Tierra para siempre
fuesen sus nombres benditos
no sé qué extraño concepto
de agua, y Tierra he discurrido
que absorto, mudo, y suspenso
padeciendo nuevo abismo
me faltarán los tormentos,
a sobrarme los sentidos.
Doblemos aquí la hoja,
que entre que yo solicito
a desdoblarla vendrá
presto el sentimiento mío.
No solo ya declarado
del hombre soy enemigo
del alma, mas de su vida
yo soy, y tan vengativo
que a los que idolatra ciegos
Adoración me han rendido,
en pago les vuelvo engaños
tan crueles y tan impíos,
que muchos bárbaros pueblos
me sacrifican los hijos;
y aunque es vital alimento
de ese caduco edificio,
quien mis rencores excita,
la fuerza del ceño mío
es contra su sangre, y tal,
que hasta hacer que corran ríos
de ella, no he de estar sanado;
pues no sé qué luces miro
en ella, de que sea sangre
de un Justo, quien del dominio
de mi poder la redima,
con que basta apurar alivios.
La humana sangre no es fácil
cese esta crueldad, que animo,
y al ver la naturaleza
entre males y martirios,
patrimonio que adquirió
con aquel primer delito;
y al ver usar de un remedio
tan vulgar como preciso,
que es la sangría, del cual
el incauto beneficio
alivia, y cuando se yerra
suele matar el alivio;
yo, al ver que vierte su sangre,
tal complacencia recibo
que, a ser posible, apagara
en ella el incendio mío.
Los filósofos más grandes,
como idólatras rendidos,
me obedecen, y en el templo
de Esculapio en sacrificios,
Arden infames llamas,
a su culto fue gloria,
pero en medio de este engaño
un ingenio peregrino
ha discurrido un remedio
que es en vulgar apellido
agua de la vida, este
haciendo raros prodigios
es remedio universal,
a que se añade haber sido
tan opuesto a la sangría
que hace sin ella su oficio,
con tanto secreto se hace
que aun yo saber no he podido
de qué se compone, aunque
con vulgaridad han dicho
que se hace de tierra virgen
y del piadoso rocío
del cielo, otros que es humor
de un madero, otros han dicho
que de los rayos del sol,
y otros que de todo un mixto,
yo, que a mayor fin presumo,
que dan traslados vivos
de un universal remedio
que agua de la vida ha sido
su nombre, que en tierra virgen
nace, y del siempre benigno
rocío del cielo, y que
ser de un madero ha podido
humor, o el sol humanado
todas las señas distingo,
desdoblando aquella hoja
que mi temor se previno
de aquella agua deseada
de que un santo ha nacido
y pues tú, Fragilidad,
eres, y del Apetito
eres legítima esposa,
y pues tú, Malicia, has sido
mi más interior incendio,
y os halláis en el servicio
de la gran Naturaleza
y con ella introducidos
sois los dos del alma y de cuerpo
domésticos enemigos,
y pues tú, oh cruel Malicia,
siempre opuesta a los auxilios
de Dios, sus acciones vicias,
y en nosotros nunca ha habido
tiempo ni lugar, unamos
los fines y los principios.
Una breve reflexión
hagamos en que el delito
de la gran Naturaleza
sea su mal, pues lo ha sido
siempre inclinada, y a que
me llame, pues es preciso
que en el Ídolo Esculapio
busque su mal el alivio,
impide tú que del agua
llegue el valor a sus oídos,
y pues de una fiebre es
la metáfora que sigo,
sea fiebre maliciosa,
con tus vapores malignos
arda abrasada en sus venas,
corran de su sangre ríos,
y veamos si mucha agua
de tan altos requisitos
que de mí lograrla pueda
y veamos si benigno
el que temo como rayo
desciende como rocío.
Con atención he escuchado
tus temores repetidos,
y aunque a mí nada me toque
sin embargo soy, y he sido
tan parcial de tus intentos,
que te ofrezco en tu servicio
hacer cuanto pueda, y que
por mí espero el Apetito
lo mismo haga, aunque es
tan loco y desvanecido
que no es fácil sujetarle
pues solo por su capricho
se gobierna.
A mí se toca,
pues si desde su principio
fui entonces la primera causa
ya viene a ser duelo mío
mantener lo que he empezado
y así cruel determino
que cuando la Naturaleza
en aquel su mal continuo
quiera curarse, en tus manos
caiga, de cuyo castigo
no escapará.
Pues al arma,
que para el incendio mío
tirano, del agua espera
socorro.
Pues de ese sitio
te retira, no nos vea.
hablan, que como ya fuimos
de la enfermedad que llora,
y llorará los motivos,
con sobresalto nos mira.
Ahora está en el retiro
de los jardines del Mundo,
su padre, puesto que el piso
que de hija de Dios su culpa
hija del Mundo la hizo,
borrando la bella imagen
que Dios había esculpido,
llorando sus sentimientos
hasta que llegue el alivio
de su esperado remedio.
No logrará su designio,
que antes la daré yo muerte.
Pues, ¿cómo se ha de excusar
que hemos de lograrlo, espero?
Pues yo me vuelvo al abismo,
que donde quedan las dos
no hace falta mi asistiros.
Pues yo a introducirme voy
en los aires, que festivos,
siendo lisonjas del viento,
son suspensión del oído.
Vase.
Y yo a la vista estaré,
a que cuando sus gemidos
busque el alivio del daño,
halle el daño y no el alivio.
Con música y acompañamiento salen el Apetito, el Mundo y la Naturaleza llorando, y mézclanse con ellos Fragilidad y Malicia, y sale el Auxilio detrás.
La que nace a padecer
ansias, tormentos, y angustias,
llore, gima, sienta, sufra.
¡Oh Naturaleza amada,
hija querida, prenda idolatrada!
¿Qué tienes? ¿Qué tristeza
a la luz se atrevió de tu belleza?
¿Qué te falta, señora?
¿No es tuyo cuanto en mí mi fe atesora?
¿No es el Mundo tu padre? Bien lo fundo;
¿no es patrimonio tuyo todo el Mundo?
¿Qué apeteces? ¿Qué cosa
puede haber a un amor dificultosa?
¿Por qué lloras? ¿Qué tienes, hija mía?
Desde el infausto, desde el triste día
que en el jardín, adonde fui criada,
comí de aquella fruta envenenada,
tan enferma me siento y tan rendida
y tanto de mis males combatida,
que es en mí cada aliento
un ahogo, un pesar, y un sentimiento.
Así no extrañes que en mortal fatiga
el acento acompañe, cuando diga:
La que nace a padecer, etcétera.
Viendo el continuo dolor,
el pesar, el sentimiento
de la gran Naturaleza,
y que se acerca el remedio,
estar a la mira importa
para inspirar en su pecho
un buen deseo.
Ahora, alto,
está el Auxilio, y el tiempo
de prevenirle mi astucia.
todo el infausto veneno.
Y ella, mi propia mujer,
aunque impropia, pues es justo
que llamas propia lo propio
que el propio diablo sabemos.
Si está mala,
malos años.
Aunque para mí es alhaja
el buen día de enviudar,
mas dejando a un lado esto,
¿dónde ha estado y de qué viene?
porque en todo el día entero
se ha dejado ver la cara.
¿De qué vengo? Del infierno,
quién le mete en ser curioso.
La primera vez es punto
que la he cogido en verdad,
porque si huele a aquel remedio
con que se cura la sarna
o se blanquean los lienzos,
y diga con quién ha hablado.
Con el Diablo.
Así lo creo,
que la mujer propia siempre
parece que habla con ellos.
Trate ahora de callar
y que no nos echen menos
los amos, que hay que reñir
después.
El partido acepto.
¿Y en fin de tanto dolor,
tanto mal, tanto tormento
no ha de haber remedio en mí?
Del Cielo solo le espero.
Llega mi Apetito y mira
si apetece algo, y luego
llega su fragilidad.
Mira si entre los contentos
del mundo alguno le agrada.
Darále bravos consejos.
¿Señora, apeteces algo?
En el ardor que padezco
es la sed que más me aflige,
y así solo agua apetezco.
¿Agua apetece? Cuidado.
Agua quiere, venga presto,
mas, ¿no era mejor aloja?
Qué propio es en los enfermos
este ansia por el agua
y es la sed grande en extremo.
Con este ejemplo me explico:
como el acosado ciervo
la fuente desea, así
busca el alma refrigerio.
Así lo dice David.
Aquí entra mi fingimiento.
¿No reconoces, señora,
que en un tan flaco sujeto
como tú, pues tu flaqueza
en este estado te ha puesto,
siempre el agua te ha de hacer
mayor daño, que provecho?
¿Cuánto mejor es que trates
de curarte, y que llamemos
un médico, pues a uno
conozco yo tan experto
que toda la idolatría
adora, y dedica templos?
Puede ser que una sangría
que él te ordene sea el remedio
de tu salud.
(Hácele señas la Fragilidad que calle.)
Eso no,
naturalmente aborrezco
siendo Apetito, sangrarme,
pues continuamente vemos
que de las sangrías muchos
el apetito perdieron;
no me hagáis señas, que no
he de consentir barbero.
Aunque a un enfermo sangrarle
es alivio manifiesto
para el cuerpo, aun para el alma
lo es también si considero
que para aplacar las iras
del que enojado tenemos
bañar en sangre las aras
siempre fue debido obsequio.
Infernal malicia, cómo
manifiestas tus intentos.
Quieran los cielos, quieran,
que tenga fin el molesto
achaque que la maltrata,
y de pasar llega el tiempo
del cruento sacrificio
a sacrificios incruentos.
Yo de esas filosofías
maldita la cosa entiendo;
solo sé que el Apetito
soy, cuyo ardiente deseo,
sin distinguir mal o bien,
lo más gustoso apetece:
vino apetecen los sanos,
agua quieren los enfermos,
y yo lo apetezco todo.
Además, que si diciendo
estáis que el sujeto es flaco,
¿no era ponerla a más riesgo
sangrarla?
Eso quiero yo.
Lo que de agua es su deseo
sea un agua que le alivie,
inspirándole mi aliento,
el agua de mejor vida.
En el conocido riesgo
que padeces, si curarte
intentas, en el desierto
de Judea vive un sabio,
el cual aplica un remedio
que es un agua de la vida.
Ap.
Ya yo de él noticia tengo,
porque como a el apetito
le place todo lo nuevo,
sé que es hombre prodigioso
y se llama a lo que pienso
Juan, este cura con agua
que llama de vida.
Cierto
el recelo ha sido.
A este,
si gustas, le llamaremos
para que te cure.
¿Que haya
quien tenga por buen acuerdo
este género de curas
extrañas? Lo más derecho
¿no es la común medicina?
A este apetito indiscreto
todo lo nuevo le agrada.
Mujer de dos mil aquéllos,
más quebradiza que vidrio,
si nos miras pereciendo,
¿no quieres que remedio busque,
sea nuevo, o sea viejo?
Pues para que reconozcas
que eres un gran majadero,
de qué es ese agua?
Yo solo
sé que hace muchos portentos,
paralíticos, leprosos
sana, resucita muertos,
y no pienses que es mentira
porque esto es el Evangelio.
Yo no consiento en tal agua.
Ni yo en sangría consiento.
Aguardad, que habiendo oído
vuestra contienda, y queriendo
que la gran Naturaleza
tenga alivio en mal tan fiero,
no ha de quedar diligencia
que no se intente; al momento,
Fragilidad, parte tú
en busca de ese propuesto
Médico; vete, Apetito,
y llama de ese desierto
ese Sabio, que nos dices,
y de ambos a dos oyendo
las razones, se podrá
seguir el mejor acuerdo.
Pues en tanto que los buscan
volveré yo a mis lamentos,
si bien en vano la aguardo
cuando atenta en David leo
que en los hijos de los hombres
no hay salud.
Quizá del Cielo
será este agua, pues también
del mismo Profeta advierto
que como agua derramada
se espera.
pues con el vuelo
a decir: enferma estoy.
Sáname, Señor eterno,
misericordia, que están
tan conturbados mis huesos
como turbada mi alma,
hasta cuándo, Dios inmenso,
ha de durar la fatiga
de los males que padezco.
Y, en tanto que el día llega,
vuelva a repetir el eco:
la que nace a padecer, etcétera.
Parte al desierto, Apetito,
que yo iré en tu seguimiento.
Fragilidad, ya me entiendes,
cuidado, y avisa luego.
Vanse todos, y quedan el Apetito y Fragilidad.
Puesto que a sendos recados
los amos nos remitieron,
y que estamos obligados
a ley de criados buenos
a mirar las conveniencias
nuestras más que sus preceptos,
vamos tratando, mujer,
de lo que importa, pues creo
que nunca vino mejor
lo de perdone el enfermo.
Fragilidad y Apetito
somos tan uno, que pienso
que, entre dos, en una carne
se hizo el matrimonio nuestro.
Ya empezaréis a decir
mil necedades.
Concedo
que lo sean, mas ya ves
que he de caminar, y puesto
que, siendo yo el Apetito...
no se extrañará por nuevo
o por impropio que tenga
hambre, sabed pues que quiero
almorzar, y así, decidme,
¿si tenéis puesto el puchero?
el puchero se quebró.
¡pese al alma de mi abuelo!
¿y hay vino?
se quebró el jarro.
pobre de mí, si aun aquellos
que tienen firmes mujeres
les suele pasar lo mismo,
¿qué hará a mí, a quien por mujer
la fragilidad le dieron?
Mas ya que lo quebráis todo,
y que yo pensaba, necio,
que vuestro natural frágil
solo quiebra mandamientos,
decidme si habrá quedado
¿algún pedazo de queso?
el queso le llevó el gato.
¿tocino?
comiólo el perro.
¿habrá un Diablo que me lleve?
Fragilidad, ¿qué hay de nuevo?
¡ha visto qué bien mandado
es el Diablo del infierno!
que ya lo que se temió
sucedió, porque este necio
le hizo apetecer el agua
de la vida.
Sale el Demonio.
ya se ha puesto
esa obsesión otra vez,
y ya he dicho que apetezco
cuanto pueda darme gusto,
sea nuevo, o sea viejo.
Yo dispuse que te llame
conque ambos a un mismo tiempo
nos mandó iros a buscar.
y pues yo ya ahí te encuentro,
mira ahora qué me ordenas.
Que con ese, que al desierto
va del filósofo en busca,
vamos en forma de pueblo
a averiguar si es preciso
el ponderado remedio
de este agua de la vida.
Para el camino, por cierto,
qué buen par de camaradas
se me arriman.
¿Cuándo, necio,
de mi astucia y de mi engaño
no has sido tú el medianero?
Cuando te ves la cara,
porque, al ver yo, es bien cierto
que, antes que te apeteciera,
apeteciera ser tuerto,
zurdo, calvo, corcovado,
chico, estevado y bermejo.
Calla, y sigue su camino,
que los dos le seguiremos
a lo largo.
Bien, a fe,
¿pues es este el prendimiento?
¿Dónde queda la Malicia?
Del Auxilio está en acecho.
Ya en la palestra cuidadosos
estamos, averigüemos
si hay agua que curar pueda
tan mortífero veneno
como en la naturaleza
introdujo mi ardimiento.
Si yo me puedo escapar,
non peccabis in aeternum.
Vase, y descúbrese en un carro la Sabiduría y en un trono a sus pies San Juan.
Sabiduría inmensa de un Dios trino,
Principio sin principio que increado
eres luz, eres vida, Autor divino
de cielo y tierra, en él glorificado,
luz a quien la tiniebla no convino,
sin el cual nada fue hecho, ni creado,
Verbo eterno, Dios grande omnipotente,
¿qué más a tu siervo diligente?
Canta.
Amado bien, que naciste
a ser por quien se eligió
el mayor de los nacidos,
mi Bautista y Precursor.
Mirando desde el inmenso
espacio de mi atención
la naturaleza enferma
de un dolor y otro dolor,
y que de bajar al mundo
el tiempo ya se cumplió,
quise vinieses delante
a decir llegaba yo,
y a prevenir los caminos
de mi peregrinación,
dando testimonio al mundo
de la luz del mejor sol.
Que en mí les amanecía,
no eres tú luz, mas dador
del testimonio has de ser
de la luz de mi esplendor.
El Bautismo y Penitencia
que ha predicado tu voz,
ya de la naturaleza
a los oídos llegó.
Por ti envía, y aunque ahora
no llegó la consumación,
su redención, porque falta
para ella que muera yo.
En cuanto humano, es bien vayas
preparándola a mi amor,
y en las aguas en que quieres
poner virtud superior,
de que saquen del achaque
de la culpa al pecador
a la vida de esta gracia;
usa de ella, pues desde hoy
agua de vida será,
y aplicando su candor
con la forma que dejare
cuando haga su institución,
quien se bautiza, y cree,
quedará sano, y quien no
morirá en la enfermedad
de eterna condenación.
Ciérrase el carro, y baja al tablado San Juan.
Bendito será el que va
en el nombre del Señor,
y ya que de las riberas
del Jordán a quien pobló
en verdores el abril,
tronco a tronco, y flor a flor,
piso la dichosa estancia,
suponiendo que voló
el tiempo, y se llega el día,
dará principio mi voz
a los sagrados misterios,
que si en mi predicación
salgo a revelar al Mundo
de la luz del mejor sol,
y el monte respira en ecos
cuanto escuche en mi canción.
¿Quién llama? ¿quién es?
Escuchen, atiendan,
penitencia, mortales,
mortales, penitencia.
Canta Malicia del Mundo, Fragilidad de la Tierra.
Penitencia, mortales,
mortales, penitencia.
Mortales, sin recelo,
vuestro mal os desvía,
ya se ha llegado el día
del más feliz consuelo,
ya desciende del cielo
quien cure la dolencia.
Penitencia, mortales, etcétera.
Penitencia, mortales, etcétera.
Ya el rocío divino
desde el Empíreo baja,
y ya el candor le cuaja
del blanco vellocino,
ya en raudal cristalino
riega su omnipotencia.
Penitencia, mortales, etcétera.
Penitencia, etcétera.
Ya de aquel mal tan fuerte,
a quien por su pecado
el hombre condenado
esclavo es de la muerte,
con más piadosa suerte
libra la omnipotencia.
Penitencia, etcétera.
Penitencia, etcétera.
Y puesto que os convida
a aliviar vuestros males
del agua de la vida
ya la fuente es nacida
del agua de la clemencia,
Penitencia, mortales, etcétera.
Penitencia, etcétera.
Van como escuchando, saliendo la Fragilidad, el Apetito, la Malicia, el Auxilio y el Demonio.
Venid a los cristales
del agua de la vida
ya la fuente es nacida
del agua de clemencia,
penitencia, mortales.
Mortales, penitencia.
¿Es este auxilio el que yo
vengo a buscar al desierto?
Sale San Juan.
¿Qué es este adviento,
el que mi temor busco?
La sospecha averiguada
está, llegar solicito.
Deja hablar al Apetito.
Llega, y dale tu embajada.
Mozo filósofo y sabio
que predicas por divina
esa nueva medicina,
según oí de tu labio;
tú que aplicas sabio, y pío
agua al mal que más aprieta,
y para cualquier receta
tu botica es este río,
siendo en esto diferente
a lo que el siglo practica,
que en ti la fuente es botica,
y en él la botica es fuente:
la Naturaleza hermosa,
mi señora por ser hembra,
que de una dolencia indina
ha dado en sed hidrópica,
yo, pues que soy su apetito,
y quiero verla aliviada,
vengo con esta embajada
y a saber solicito
¿si sois por ventura un hombre
que salud y vida da?
En mí esa gracia no hay,
pero vengo yo en su nombre.
¿Pues yo de tu voz oí
un remedio singular?
Ese solo le ha de dar
quien viene después de mí.
Apurarle es conveniente.
¿Es este?
Sí, ¿qué te espanta?
Que, sin ser Semana Santa,
su traje es de penitente.
Yo, que a lo mismo he venido,
y tus obras oigo y veo,
hoy de ti saber deseo.
¡Ay, más raro entremetido!
¿Eres acaso el Mesías?
No soy el Mesías yo.
¿Eres tú profeta?
No.
¿O Elías?
No soy Elías.
Por quien nos enviaste,
tu respuesta averiguar.
Quien no merece tocar
a la cinta del zapato
de aquel que, después de mí,
a salvar el mundo viene.
Él la salud nos previene,
y yo su precursor soy;
que está en el mundo aseguro,
y que no le conocéis,
que en él la vida tenéis
y que yo con agua curo.
No responda este insolente,
que algún engaño le fragua.
Si sois quien cura con agua,
yo os busco a vos solamente.
Yo vine a esta diligencia,
venidme al punto siguiendo.
Sí haré, mas será diciendo:
¡Penitencia!, etc.
Pues, ¿adónde está escondido?
El que tu voz nos previene,
¿o cuándo vendrá?
No viene.
¿Por qué?
Porque ya ha venido.
Que con tan rara paciencia
respondáis a los extremos
de una culebra, acabemos.
Mi mujer se quedó en casa,
al médico no ha llamado,
yo voy mejor despachado.
La malicia le hallará.
Vase San Juan cantando: Penitencia, etcétera.
Y aunque cara mal harta,
llegará tan singular,
que os hemos de hacer temblar
solo con agua bendita.
Vanse todos, y queda solo el Demonio.
Para qué, cielos impíos,
para qué, esferas sagradas,
me adornasteis de las ciencias
que al mejor tiempo me faltan,
y si encubrís a mi vista
vuestra providencia sacra,
recurramos a mis fuertes
conjeturas, que en las raras
cosas, extraños sucesos
que en este siglo me pasan,
ha de procurar mi industria
si es posible averiguarlas;
y pues ya para el derecho
hecha he dejado la salva
de que en mi lugar, ni tiempo
no hay, aunque vea trocadas
cosas, que antes sucedieron.
este discurso no guarda
orden, pues solo es la idea
averiguar la eficacia
del agua de mejor vida.
De ella solo hablen mis ansias,
qué agua, cielos, será esta
que tanto aún me acobarda,
dejo a un lado la ojeriza
que este elemento me causa.
Pues siempre he reconocido
que la toma Dios por arma
contra el pecado; el Diluvio
lo diga, cuando anegadas
vio sus campañas el mundo
y Noé solo en un arca
se salvó con su familia;
y pues hay agua que salva
al justo y al delincuente
castiga, misterio alcanza.
Y dejo, ¡ay de mí!, también
lo que significa un arca
tabla de tanto naufragio;
dejo una paloma blanca
que con pacífica oliva
es emblema soberana;
dejo de Dios el Espíritu,
volando sobre las aguas;
dejo que del mar Bermejo
los cristales anegaran
a los tiranos, y dieran
feliz acogida y franca
al Pueblo de Dios amado;
y dejo una nube sacra
que al salir de servidumbre
les guía, dejo que blanda
(Repita otra vez con rabia.)
herida en cruz una piedra
en raudales se deshaga,
dejo a Ezequiel que prevea
lavatorio de aguas claras,
dejo las de la Piscina
dejo que el curso pararan,
las del Jordán también dejo
que si otras aguas amargas
un leño volviese dulces
y las que con sal mezcladas
de salud, hizo Eliseo,
y las otras en que manda
lavar a Naamán de Siria
porque su lepra sanara,
dejo la nube de Elías
en forma de humana planta
que al mundo hambriento socorre,
y dejo las que la vara
de Aarón en sangre volvió,
pero ¿por qué he de dejarlas
hallando misterio en todas?
pues ¿qué quieren decir? ¿nada?
¡ay de mí, que dicen mucho!
pues todas emblemas claras
son del agua de la vida
que me estremece, y me pasma,
¿qué agua, cielos, será esta?
que agua de vida ser pueda
y este sabio al predicarla
que con lágrimas se busque
aconseja, y con tan raras
preces me ha respondido,
hagan alto aquí mis ansias
que él no es Mesías no hay duda,
pues él mismo lo declara
que después de él viene, dice,
y aunque ha venido, adelanta:
pues ¿dónde está, si ha venido?
y si sus Profetas claman
que como agua le esperan,
¿en dónde esta fuente clara
se oculta? y, cuando sea cierto,
¿a qué mi temor aguarda?
¿que a averiguarlo no parte?
y antes que llegue su gracia
a la gran naturaleza,
¿no procuro yo infestarla?
Sí será, mas el delirio
de un joven viejo me espanta
que nació en Belén, y en quien
muchas señales se hallan
de las que recelo yo,
por quien a Herodes Tetrarca
de Jerusalén moví
a la crueldad más extraña
que cupo en humano pecho;
todo, en fin, me sobresalta,
mas creer que Dios venga al mundo
a nacer en pobres pajas,
envuelto en viles adornos,
es ceguedad, porque basta
la fineza de humanarse
sin que tanto se humanara;
mas ¡ay de mí! ¡qué desvaríos
por mi soberbia abrasada!
mas Dios ama la humildad
tanto, y la pobreza ama,
62
31
que a los soberbios humilla
y a los humildes ensalza.
Mas pues ahora este joven
en un desierto se halla,
iré al yermo a tentarle,
y si esta industria no basta,
volveré al duelo aplazado;
y pues el Mundo me aguarda
como médico, y a esotro
por filósofo, que sana
con el agua de la vida,
iré allá, sin que mi traza
ofenda al decreto, viendo
que mis iras se disfrazan
en médico siendo el daño;
pues esta apariencia es falsa,
y un ángel de luz tal vez
disimulan sombras opacas,
y quien se hace ángel, no es
mucho que médico se haga.
Iré en fin, y cuando quiera
darle el agua, mi eficacia
hará que la manifieste;
y en tanto que se declara,
arda en rigores mi enojo,
arda mi furia en venganzas.
Vase, y salen el Mundo, la Naturaleza enfermiza, y acompañamiento.
Para que cese el dolor
de tanto mal y tristeza,
busca la Naturaleza
la fuente del Salvador.
En tanto que a mis enojos
alivia la prometida
agua de la mejor vida,
sean dos fuentes mis ojos;
el alma salga en despojos,
pues en tan fiero rigor,
para que cese el dolor
de tanto mal, etcétera.
Ella y Músicos.
Es tan justo tu dolor,
son tan precisas tus ansias,
que no oso darte el consuelo,
porque solo la esperanza
del esperado remedio
en algo puede aliviarlas.
El mundo material soy,
tu padre, porque tomada
fue del limo de la tierra
por Dios la porción en que alma
se infundió, querida mi hija,
nacida de mis entrañas;
no extrañes que tu salud
desee, que aunque me llaman
del hombre enemigo, esto
se entiende por las mundanas
delicias, cuyos engaños,
aunque dentro en mí se hallan,
a ti ahora no represento.
Conque viendo lo que tardan
los que a buscar los dos fueron...
Sea Dios en esta casa.
Apetito, bien venido.
Licencia, señora, aguarda
el médico para entrar.
Salen el Auxilio y el Apetito.
Salen la Fragilidad y la Malicia.
¡Ay, diablura más extraña!
que yo allá me los dejase
pensando en las musarañas,
y que me han alcanzado,
algún diablo en esto anda.
¿No ves qué médico es este?
¿Quién mete en esto al besnayo?
Y del templo de Esculapio.
Boca de verdades, calla.
Informa a Naturaleza,
Apetito, de la blanda
y de la suave doctrina
que va el sabio, que ni llamas.
Albricias, hija, que ya
los médicos, que esperabas,
han llegado.
Pues ¿por qué
no entran, Señor, que ya tardan?
Porque primero decirte
quiero que si los esperabas
por filósofo aun anciano
de aquellos a quien les vaya
a las barbas el cabello
dejando escueta la calva,
te engañas, porque es un joven
de tanta hermosura y gracia
y de una voz tan sonora,
tan dulce, tan entonada,
tan sutil, tan apacible
que se penetra hasta el alma.
Penitencia, mortales,
si vivir tratan,
porque el agua se debe
buscar con agua.
Sale San Juan cantando.
Sale el Demonio.
Siendo gota la enfermedad,
en médico me disfraza
mi astucia, pero no es nuevo,
pues hay texto en que se halla.
que suele vestir el lobo
la piel de la oveja blanca.
Naturaleza achacosa,
cuya salud enfermada
dejó la astucia engañosa
de una serpiente tirana,
haz penitencia, si quieres
verte en tu mal aliviada;
porque al agua se debe
buscar con agua.
Canta.
Esperad, que no a vos solo
os buscan para curarla,
ni es justo que a vuestros pocos
años, señal de ignorancia
(pues ni ciencia, ni experiencia
cabe en ellos) se fía
la salud que tanto importa;
y puesto que a mí me llama
yo su salud a mi cargo
tomaré.
Serpiente ingrata,
si para sí no la tiene,
¿cómo presume de darla?
Ya que siendo espíritu yo,
¡alto, que conmigo hablas!
solo oirá el Mundo lo que
quisiéremos que oiga; pasa
a que si es justo juzgar,
¿cómo su voz me maltrata?
¿No ha mandado Dios que honres
al médico?
Que lo manda
escrito, que tú lo seas
es la duda.
Aunque me hayas
conocido, negarás
ya que esta cuestión se trata
que Hipócrates y Galeno
de esta ciencia los monarcas
eran gentiles, que a Dios
ignoraron, y adoraban
a mi mentida deidad
en simulacros y estatuas;
luego de su ciencia a mí
la mayor parte me alcanza.
Que eran gentiles es cierto,
pero que en su ciencia hayas
tenido tú parte no es
consecuencia que se saca
legítimamente, pues
una cosa es que Dios haya
dejádolos en la triste
ceguedad de su ignorancia,
y contra la fe, y otra el
que en premio de muchas altas
morales virtudes que
tuviesen, les revelara
las extrañas propiedades
que hay en piedras y hay en plantas.
Y aunque esto no es de mi asunto,
porque no dejes sentada
la proposición que hiciste
de que a ti parte te alcanza,
de esta manera te respondo
que tu presunción es falsa;
y aun sepa el mundo, y sepa
la naturaleza humana
que el altísimo crió
la medicina y ampara
a sus profesores, porque
acierten a ejecutarla;
y si se yerra tal vez
que esto en el más sabio se halla
Ni es por ignorancia suya
ni de tu influencia contraria,
sino porque Dios guarda
en sí como primer causa,
porque todos le conozcan
dar la salud y quitarla.
Siendo esto cierto, ¿por qué
tan extraño engaño fraguas?
Yo sí.
Esperad, deteneos,
que aunque del cielo la causa
no he podido penetrar,
no es buen hecho que a batalla
la que es hija de ingenio pase,
y pues aquí ambos se hallan,
mejor es que en una junta
se averigüen las contrarias
razones, y que a los dos muevan.
Yo me allano a que se haga.
¿Que esta mujer o demonio
trajere esta cisma a casa?
Oye el simplón, oiga y calle,
y no se meta en barajas.
En barajas soy yo sota
como su carimurtada.
Alivie mi mal el cielo.
Que yo, siendo el mundo, nada
haré más que ser teatro
y de vuestra lid campaña.
ahora que la primera
noticia desesperada
salud llega a sus ondas,
sea mayor mi eficacia.
ahora que el mayor riesgo
es de que quede frustrada
la hazaña de mi maña,
¡alarma a mis alas, al arma!
Llegadnos unos asientos
y Naturaleza haga
relación de su dolencia,
de qué procede, y qué causa
la originó, esto entendido
pasaréis a remediarla
según el achaque fuere.
¡Ay de mí! que al ver que entabla
la cura de su dolencia
por empezar humillada
a confesar tantos males,
¿no sé qué me sobresalta?
Con la vergüenza
ínstale ahora a que haga
la relación imperfecta
o a lo menos paliada.
Refiere su mal, que ese
el medio es de quedar sana.
Mira que a vista del Mundo
estás, aunque el mal te acaba,
manifestar tu flaqueza
injuria es de tu constancia.
Mira el estado en que estás;
no calles del daño nada,
pues el que las llagas oculta
no quiere aliviar la llaga.
Así lo haré: ¡oh qué contrarios
vientos el pecho contrastan!
¿Saben lo que parecemos
los dos de esta junta honrada?
¿Qué?
Las mulas de los Dolores.
Y tú pareces la albarda.
Ya sabes cómo en el sitio
de aquella mi primer patria
comí una manzana un día,
y que esta estaba infestada
de un áspid, también sabes;
que entonces por mi desgracia
fue preciso mudar aire;
y salí desabrigada
de una estancia de aires puros
a otra procelosa estancia;
he sentido desde entonces
en mi salud tal mudanza
que lo que antes vida alegre
congoja es y continuada
tal asco a la comida,
maldición sea, o desgana,
he cobrado que no puedo
sin el sudor de mi cara
comer de pan un bocado;
y si bebo el llanto, el agua
de sentidos y potencias;
la república alterada,
el desorden me atormenta
y aquella unión alterada
en vez de obrar la razón
la voluntad los arrastra
un corrimiento a los ojos
padezco de fuerza tanta
que en su dolor no es posible
alzar el rostro a las claras
luces del sol; y la vista
tan débil y desmayada
tengo que a mil ceguedades
es preciso que me traiga;
tal flaqueza en los pies siento
que torpe y desalentada
no hay culpa en que no tropiece,
no hay flaqueza en que no caiga.
El trabajo me fatiga,
el ejercicio me cansa,
los calores me molestan
y los fríos me traspasan;
no hay parte en todo mi cuerpo
que no esté expuesto a la saña
de algún dolor, algún daño.
Y lo que más me maltrata
es una sed insaciable
que hidrópicamente amara,
no hay cosa que la refresque,
con lo cual tan depravada
se ve hoy mi naturaleza,
que el último fin aguarda.
Y aunque este es todo el conjunto
de mis males y mis ansias,
pasando a especificarlas,
me parece que se halla
de siete achaques mortales
esta fábrica viciada.
Un vaguido es la soberbia,
con que en tan enajenada
me suelo hallar de mí misma,
que suele hacerme que caiga.
Hidrópica en la codicia
soy, pues nada me sacia;
La indigna concupiscencia
en calenturas me abrasa,
un temblor me da la ira
que el pecho me despedaza.
Una torpe apoplejía
la cuya gula me causa,
estoy con la envidia aleve
pálida y atriciada,
y un letargo es la pereza,
que el cuerpo todo me embarga.
Siendo estos los siete achaques
que me oprimen y contrastan.
Y en fin, como dice Job,
tan en extremo estoy flaca,
que la piel toca a los huesos
y los labios, que de nácar
blasonaron a los dientes,
pegados, ni echar el habla
pueden; tened, pues, piedad
de mí, triste y desdichada,
siquiera los que de amigos
mos, (¡ay Dios!) blasonabas
viendo marchita esta flor,
viendo esta hermosura ajada,
viendo sin vida esta vida,
viendo arruinado este alcázar,
esta fábrica de sedas
y esta pompa despojada.
Ese mal que te atormenta,
ese dolor que te acana
de calentura maligna
han señales declaradas,
y pues aun hablar primero
me toca, pues en mí se halla
la antigüedad tan notoria
y en las ciencias la ventaja,
digo que según mi forma
la naturaleza humana,
que de un bocado le vino
su mal, consecuencia es clara
que nace de plenitud,
y la sangre inficionada
causa aquellos accidentes,
y así mi voto es sangrarla.
La razón es evidente,
en su carne y sangre se halla
su mal, si esta no se vierte
y las venas no se rasgan,
será abrigar en el pecho
la ponzoña que la mata.
Sana la Naturaleza
nació, si acaso la desgracia
en su sangre de su culpa,
con que aun las leyes que llaman
de política lo aprueban,
pues la ley del duelo manda
que las manchas de la sangre
solo con la sangre salgan.
Y aun ves que es arriesgar
su vida, pues tan cercada
la contemplo de dolores,
quisiera lisonjearla
que muera.
¡Ha, buen amigo!
Pues de tanto mal la acaba,
¿qué fuerza ni qué valor
tener puede un poco de agua?
Eso aún me toca
a mí,
porque es tan grande y tan alta
de este agua la virtud,
que es ofensa ponderarla.
Y aunque este agua que yo uso
obra por virtud extraña,
que el nombre del que me envía
le da providencia santa,
es tan de mediana
que por sí tenga encerradas
altas virtudes, pues vemos
que en el agua común se hallan
excelencias que la llaman,
pues cuando el sacro Monarca
crió el mundo, dividió
a las aguas de las aguas
y dignas en los Cielos puso,
con que la porción que alcanza
al mundo fue descendida
desta porción elevada,
con que ya de celestial
algunos usos alcanza.
Su fuerza es maravillosa,
pues en producir las plantas
es tan poderosa que
los filósofos juzgaban
(hablo de los que ignoraron
esa causa de las causas)
que era principio de todo;
ella allana las montañas,
refrigera una peste,
El mayor incendio apaga,
es superior a la fuerza,
de la más inmunda mancha
lava y limpia; pero estas
son virtudes ordinarias
que por sí no eran bastantes
a la enfermedad tirana
que los mortales padecen;
mas si bien dispuesta el alma
con lágrimas en los ojos,
con fe ardiente en las palabras,
la Naturaleza pide
la que yo veo, que prepara
para el agua de la vida
que presto estará exaltada,
pues solo le falta aplicarle
un madero, que en la llama
de un amor ha de prender
para que en su incendio salga
la última desolación,
espere en tan tristes ansias
que ha de quedar a sus males
sana, salva y perdonada.
Aunque uno receta fuente
cuando otro quiere sangrarla.
Ni la pide y se la lloro.
Espera, detente, aguarda,
no es causa natural,
sino sobrenatural causa.
Serve en Bercebú, que el
príncipe de las escuadras
de los demonios, demás
que contra esa medicina
quiero argüir.
Pues ¿qué aguardas?
(Aquí al ingenio me valga)
Sobre que no quede a ser
El remedio de que hablas
y mueves, de esta suerte,
de arduo, regla es sentada
de buena filosofía
sin que en ella duda haya
que el contrario con contrario
se cura, y cuando se halla
con contrarios accidentes
naturaleza viciada,
pues genera ahí la cólera,
donde hay ira que la abrasa
en los siete que a propósito
a quien los médicos llaman
ya Epiala, y Lipiria,
y por la desunión de entrambas,
siendo uno solo el remedio,
no es la consecuencia clara
que lo que a un mal aprovecha
al mal que es contrario daña?
Ya he dicho que obra en virtud
superior, mas porque salgas
de esa duda en natural
filosofía, es bien: vayas
respondiendo en qué consiste
esta nuestra vida humana.
En los vitales espíritus.
¿Y esos adónde se hallan?
El corazón los engendra
y la sangre los derrama
por todo el cuerpo.
Y los males,
¿qué efecto en la sangre causan?
Unos la hielan y enfrían,
otros la encienden que abrasan,
otros la corrompen con que
los espíritus que enlazan
con ella vicio, y extingue,
y aun la muerte se la causa.
Luego si en este remedio
de nuestra voz grechicana
el menor de los espíritus
(sin que en ello duda haya,
pues es el Espíritu Santo)
tendrá con fuerza alta
que repurifique la sangre
que estaba mencionada,
será de efecto sin duda;
y aunque en sí sean contrarias
las causas de los achaques,
igualmente las contrasta;
además que otra razón
tengo de igual eficacia,
demos que sean opuestos.
los achaques, si se halla
que todos efectos son
de aquella infelice causa,
si esta cesara, ¿no es fuerza
y los efectos cesaran?
Si más eso a otros principios
hace mayor repugnancia,
no hay enfermedad ninguna
para cesar no haya
de haber crisis terminando
por algún modo en que haga
evacuación; a esto, tú
te opones cuando cerrada
vienes a dejar las puertas
por donde tanto mal salga.
No hago tal, antes le advierto
y en lágrimas desatada
desecha en sus píos tiernos
la culpa a los labios salga,
y siempre la calentura
y pica en el labio sana;
pero aquí es terminación
por sudor, que es el que causa
la memoria de la culpa.
Que tales efectos haga
el agua que tú predicas
es imposible, pues no halla
mi estudio en todo lo humano
ingredientes que causaran
unidos esos efectos.
Medio humano es quien los causa,
que aunque divino a humanarse
le obligaron más ansias,
sin que el ser divino deje.
Ya en esa epidemia pasa
lo que empezaba a sospechar. Calle:
tus razones ponderadas
no me convencen, que yo
sé que sin sangre esta mancha
no se ha de poder lavar,
que así mientras no se sangra
no ha de recobrar salud.
Que sangre ha de restaurarla
es cierto; pero no suya.
Pues ¿cura?
De quién os valga
a ser la salud del mundo.
Luego ya en ti son contrarias
tus razones, que si sangre
la cura, le sobra el agua.
No sobra, que aquella sangre
para al cristal eficaz,
cuando exaltada se vea
siendo fuente de la gracia
y fuente de siete caños.
¿Por qué más claro no hablas?
Porque Dios a otros obreros
cuando esté perfeccionada
su publicación reserva.
No es sino que al declararla
temes que yo te convenza;
mas el Mundo, que se halla
a vista de una cuestión
que es de tan grande importancia,
porque no insta lo declares
sino quiere que engañada
la Naturaleza tomes
veneno en vez de triaca.
El Mundo solo desea
ver feliz, próspera y sana
la humana Naturaleza,
y como no se logrará
el quedar muy contento.
Pues ¿cómo lograrlo aguardas
con un remedio ignorado?
Hagas lo diga, a instancia,
o di que el agua propuesta
tu hija no ha de tomarla
sin saberla.
Así lo haré;
(no sé qué fuerza me arrastra,
a que desee saberla),
sin saber sus circunstancias
no ha de tomarla mi hija.
Si no la recibe, es vana
la esperanza de salud.
Aparte.
Pues ¿cómo de mí ignorada
la ha de recibir?
Por fe.
Oíd, y pues no os ablanda
verme en tan mísero estado
que el remedio que esperaba
el Mundo le desconoce
porque se cumplan las sacras
profecías? Yo a tus pies,
humildemente postrada,
te pido la manifiestes
para que logre en mis ansias
del agua de mejor vida.
A San Juan.
Sí haré, porque el que en mí habla
a los párvulos revela
lo que a los soberbios guarda.
Y así como hagáis se ausente
el que para calumniarla
desea solo saberla,
me allano a manifestarla.
Eso dejádmelo a mí.
Vamos fuera, camaradas.
¡Cielos! ¿Qué misterio es este
que encubrió tanto a mi rabia?
Yo me iré, porque si ella
resuelve tomar el agua,
no tendré en ella poder
pero guárdese, no caiga
en mis manos otra vez,
pues le juro por las sacras
esferas, por los abismos,
y aunque ahora quede sana
de habituales achaques,
tanto haré que la combatan
y lo que antes fue rencor
será rencor y venganza.
Pues ¿sin intentar...?
De Jerusalén que tras ella
no es Herodes Antípatro
el que está con su cuñada
enlazado en viles redes,
los dos con ardiente saña
no aborrecen a este Juan?
Porque su voz afea
este delito; pues de ellos
mis rencores se valgan,
lo al edicto pasando
a literal, y antes que haya
dado a la Naturaleza
el agua que a mí me abrasa,
perfeccionada en la sangre
del que por antonomasia
la fuente de siete caños
su voz misteriosa llama,
haré le quiten la vida.
Así quedaré vengada.
Vánse el Demonio y Malicia juntos.
Ya que hemos quedado solos,
salgan a mis labios, salgan
del agua de mejor vida
las maravillas sagradas
en el orbe de la vida.
La Naturaleza incauta
perdió la salud, y puesto
que de vida se llamaba
de vida, es bien que el remedio
que sea; y aunque se haga
del mundo la redención
en otro árbol, que cercana
está ya, a Dios deseos
cumplidos, vuestra esperanza
que Dios es solo salud
y en él solo se halla.
No ignoraréis cuándo a voces
tantos profetas lo aclaman,
que el Verbo, que es de Dios hijo,
como lluvia al mundo baja.
También lo afirman que Dios,
por su piedad soberana,
lo ofrece, puesto que dice
que pasará su palabra,
que es el Verbo como lluvia.
Ya esta promesa se halla
cumplida, ya el Verbo vino
mortales, ya aquel que lava
Las manchas del mundo llega,
en este desierto anda;
venid, os enseñaré,
al pie de aquella montaña,
el cordero que del mundo
los pecados quita; el agua
es él, y en la del Jordán
bautizó yo por su gracia;
agua es y agua de vida,
y es como Isaías declara,
la fuente del Salvador,
y con júbilo se alcanza;
este el pozo de aguas vivas,
y este en fin es quien me manda;
y el Levítico al leproso
purificó figurada
en él la original culpa;
y esta es la que Dios os manda
que compréis con fe y con manto;
y esta es la fuente sagrada
que nació en Belén y que
a salvar el mundo baja.
Lo que yo con llanto pido.
Esperad más palabra,
y cuando que los desiertos
el Bautista señalaba
al cordero Dios y hombre
de treinta años que se saca
de la historia mas pues que
lugar ni tiempo se guarda
en este discurso y soy
el Apetito que extrañas
cosas se le antojan siempre,
y nos predica la sacra
águila, que nació en Belén
y ofreció manifestarla
en su nacimiento, quiero
que nos la muestre sin falta
en el nacimiento mismo
y con los que allí se hallaban
que serán los ingredientes
quiero verla si es abrasada.
Libraréis volviendo los tiempos
atrás esa pobre casa
es el portal de Belén
de que en el pesebre se halla
es el Rocío divino
la fuente que dichas mana
María es la trevia Virgen
que ha producido esta planta.
Trevia Virgen y Rocío,
ya sé el secreto que en tanta
confusión tenía, a todos
Descúbrese en un carro un nacimiento y al pie dél sobre una fuente.
Si le estás viendo vestidura,
¿qué milagro es que le sepas?
Es que como tú no faltas,
agua no estimar saberlo.
Aquel de las flores blancas
es el virginal esposo
de María que la guarda
y entre esas dulces voces
son los ángeles que cantan.
Gloria a Dios y paz al hombre,
pues Dios a ser hombre baja.
Salto y brinco de contento.
Con agua tal aliviada
quedaré yo de mis males;
¿mas por qué en dármela tardas?
Espero a que tú la pidas.
Ya la pido arrodillada.
¿Quieres recibirla?
Quiero.
Que traiga a la Iglesia
Calla, necio.
Pues ¿por qué quitarme
que yo el monaguillo haga
quisieren?
Porque aun no es tiempo
que ceremonias tan sacras
se ejecuten.
Soy un tonto.
Ven a la fuente.
Turbada,
como cierva a ella me acerco.
Juan el Bautista te llama.
Caérse la casa a cuestas,
esto en buen romance llaman.
Sin duda me quiere dar
la corona deseada.
Vamos, pues.
Sale Malicia.
Pues ¿cómo así
me dejas, cuando esperanza
de tu mano la salud?
Porque es disposición alta
del que me envió, en aquel
la salud depositada;
esta recurre a la fuente
y en ella verás lograda
tu intención, pues ya te he dicho
no soy yo quien puede darla,
aunque tengo yo en su nombre.
¿Qué mano ha de administrarla,
faltando tú?
Siete caños
tiene esa fuente de gracia;
recurre a ella, que en ella
hay cuanto desea el alma.
Auxilio, tú que me guías
a lo mejor, ¿cómo tardas
en conducirme?
Vánse Músicos y la Malicia.
¿Por qué
esas presurosas ansias
son a los ojos de Dios
tan eficaces, tan gratas,
que a los que algún accidente
o a la fuente embaraza,
en ese ardiente deseo
logrará las dichas altas
del bautismo, que de fuego
se llame?
Tan abrasada
la fuerza es de este deseo
que perdiera en su demanda
mil vidas.
Ese de sangre
será, y tendrá la eficacia
misma.
Diga, Señor,
¿y fuente es la que arrimada
a el pervertirla?
Una fuente
que porque quede sentada
a los venideros siglos
la matriz que está encerrada
en ella, divina fuente
de aguas vivas, en la Francia
feliz adonde nació,
el mismo crió, cuya agua
aun hoy se conserva dando
salud de dolencias varias,
aun a los mismos infieles,
cuya noticia aunque extraña
graves autores afirman
y que ya viste que nazca
como agua el que de la vida
divino vaso pasa,
ahora es justo que pases
a ver este agua exaltada
en su mayor perfección.
¿Cómo ha de ser?
Como haga
su viaje el tiempo pasando
desde la cuna hasta el ara.
¿Qué veis?
En sangriento trono
una deidad ultrajada,
aunque entre oprobios herida,
campea su esencia alta.
¿Qué más ves?
Descúbrese en otro carro una fuente con majestad, y en ella al pie sentada la Sabiduría con siete cintas encarnadas que le salgan del pecho.
Siete raudales
que de su pecho desata
a más felices corrientes
el mundo inundan de gracia.
Pues ahora de tus males
repite las circunstancias.
Verás que a todos remedia,
y puesto que te aquejaban
siete varios achaques,
siete remedios te aguardan.
Lo primero que desea
el mundo es se vinculara
quien eternamente esté
administrando a la humana
naturaleza el licor
de esta fuente soberana;
pues sin médico que aplique
el remedio, se arriesgara
el saber tomarle a tiempo.
Eso en la fuente se halla,
pues es uno de sus siete
raudales la orden sagrada
del sacerdocio, en quien queda
la Iglesia feliz fundada.
Sale un Sacerdote.
Pues si a ser médico vienes
y me ves en tales ansias,
dame el agua de la vida.
Tanto desea el alma.
¿Quieres recibirla?
Quiero.
Déjame, señor, y encaja
mi oficio de monaguillo
¿ahora?
Sí.
Pues ¿qué distancia
hay desde agua de la vida
a la que San Juan predicaba?
Que aquella grey anatoma,
que cuando esta es consumada
Yo no lo entiendo, que dice
mucho en sola una palabra.
No faltará quien lo entienda.
Vamos.
¡Dadas a tus plantas
con fe!
Bien vienes así,
recobra en ella la gracia
de su Dios que habías perdido.
¡Ay, Dios mío! ¿Y la agua
la cabeza?
Pues en eso
que te admira, que te espanta.
Es que yo gente que bebía
de devota.
(Bautízala)
No te engañas
que de esta fuente saldrá
en bebida y en vianda
otro sacramento.
Hija,
cómo te sientes ya.
Sana.
Y en señal de que le da
esta vestidura blanca
la adorne.
¡Qué hermosa queda!
Y porque más reforzada
del nuevo aliento que cobras
quedes de esta fuente clara,
confirma el caudal segundo
tu salud.
(Échale un velo)
Eso se llama
confirmación, según pienso.
Mas Dios se queda en casa
mi mujer, porque con ella
nunca habrá salud que valga.
La humana fragilidad
nunca de nosotros falta,
pues será el saber vencerla
La victoria que alcanzada
a Jerusalén triunfante,
nos lleve que es nuestra patria.
La dificultad está
en vencerla.
Si llegaras
con miedos a los brazos, juzgo
no vuelvas tan ufana,
y así si quiere.
Ninguno
No lícita es la confianza
contra ti en sus propias fuerzas
mas gozoso en esta batalla
las vencieras. El terreno
conducto de aguas amargas
da el remedio de este daño
y aquella fuente le guarda.
La Penitencia siguiendo
la metáfora empezada
de ser agua, en la del llanto
copioso caudal desata
para que laves tus culpas.
Fuego de tal, y qué cara,
a fe que no la apetezca.
(En el 3.º carro se descubre una cueva y en ella la Penitencia)
Si la eligieras, hallarás
que es el único remedio
de la salud.
Voluntaria
ha de ser la Penitencia.
Si es tal, ya no me agrada.
Cuando la salud recobra
el modo de conservarla
siempre es lo más importante.
(Vanse)
Y aun a los humanos faltan
dos cosas. El medio, es una
con que se conserve y para
siempre en su salud aumento
el género humano.
A hablar el remedio,
el matrimonio que alcanza
virtud como sacramento,
y este raudal lo declara.
Señor mío, mas que esta
es perdida duplicada.
¿Por qué?
Porque matrimonio
y penitencia en sustancia
son uno y parecen dos.
Fragilidad tan desalada.
Sabes, mujer, lo que dijo:
que en matrimonio acabara.
Una comedia es común,
mas un auto es cosa extraña.
Proseguid, ¿qué es la segunda?
La segunda una vianda
es uno dulce alimento
siempre la conserva sana.
De mi cuerpo y de mi sangre
en aquella mesa franca
esa vianda le ofrezco,
mas ciega que ha de gustarla
sana estando, para que
se convierta su sustancia
en saludable alimento;
y esta en la postrer jornada
de su peregrinación
viático es que por manda
y prendas de amor le deja.
Descúbrese el dicho carro con un altar con una hostia y un cáliz.
Obra de amor la más alta,
misterio de los misterios,
gracia inmensa de las gracias,
cuando te ofenden mis culpas,
de esa suerte me restauras,
¡bendito sea tu amor!
De rodillas.
Y yo en el mar anegada
de suciedad solo intento
verme y libre y desatada
de estas humanas pasiones,
para unirme en unión blanda
contigo en el cielo.
Canta el dicho Sacerdote.
Y porque
impida a esas bodas vayas,
aun sin la mancha pequeña
de las veniales manchas,
y las impresiones feas
de las culpas confesadas
mortales, este caudal
Óleo de la unción santa
su amor te previene, con que,
si siete males llorabas,
siete remedios te quedan.
Conque mis fuerzas postradas,
en vano querrán vencerla.
Conque del mundo la amada
Naturaleza hoy empieza
a tener vida en el agua.
Conque se acaba la fiesta,
puesto que ya está oleada.
Conque mudando el metro,
la canción vuelva entonada.
Porque lavando el dolor
de tanto mal y tristeza,
busca la Naturaleza
las fuentes del Salvador.