El año santo de Roma
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En un marco alegórico de peregrinación espiritual, el Hombre inicia su camino de vida entre dos sendas y, guiado por Amor y su Albedrío, se orienta hacia el Año Santo y la puerta del perdón, identificados con la Iglesia y el altar. Durante el viaje por caminos ásperos, desiertos, fuentes, mesones y un palacio ilusorio del Mundo, se le unen figuras como Temor, Culto, Obediencia, Perdón, Castidad y Verdad, mientras Luzbel, la Lascivia y el Mundo procuran desviarlo. Tras caer en el engaño mundano y quedar junto a la sepultura, el Hombre sólo puede levantarse mediante temor, confesión, perdón y gracia, recupera las virtudes perdidas y alcanza finalmente el templo, el jubileo y la enseñanza de que cualquier año es santo para bien hacer y bien obrar.
