La Peregrina
Protagonista de la obra; joven alma devota que abandona el mundo y recorre un camino espiritual hasta entrar en la Religión, concebida como Jerusalén santa.
Félix Persio Bertiso
요약 공개일: 2026년 6월 18일
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco alegórico de desiertos, sendas y ermitas, una joven Peregrina abandona el mundo para encaminarse hacia la Jerusalén santa, identificada en la obra con la vida religiosa. Durante su viaje, probablemente concebido como proceso de vocación y entrada conventual, el Mundo intenta seducirla con riquezas y placeres, pero el Ángel de la guarda y las virtudes de la Pobreza, la Castidad y la Obediencia la sostienen contra los vicios. La acción culmina a las puertas de la ciudad sagrada, donde la Peregrina entra en la Religión como esposa de Cristo y consuma su victoria espiritual sobre Babilonia, el engaño y las pompas terrenas.
La obra presenta a una joven Peregrina que ha emprendido un camino espiritual hacia la Jerusalén santa, identificada explícitamente con la vida religiosa. Al comienzo, el Mundo, personificado como señor de los deleites terrenos, intenta apartarla de su propósito con una larga seducción: le ofrece placeres, riquezas, honras, vestidos, músicas, banquetes y la obediencia de todas las naciones, invitándola a seguirle a su quinta o corte. La Peregrina, aunque turbada y sola en el desierto, rechaza interiormente ese ofrecimiento, invoca al cielo, a la Virgen y a su futuro Esposo divino, y acaba desmayándose ante el peligro. Entonces interviene su Ángel de la guarda, que la despierta, le explica que el Mundo pretende arrastrarla a la infernal Babilonia de los vicios y le recuerda que su verdadero Esposo la espera en la Religión. Para fortalecerla, el Ángel contrapone a las pompas mundanas el amor sacrificial de Cristo y la anima a perseverar en el humilde traje de penitencia. El Mundo, frustrado al ver perdida la primera ocasión de vencerla, reconoce que el auxilio celestial la ha librado y jura perseguirla de nuevo con todos sus ardides.
En la segunda jornada, el Ángel guía a la Peregrina por el camino estrecho y áspero que conduce a la tierra santa, descrito como senda de espinas, vigilias, penitencia y virtud. Le va mostrando un paisaje espiritual poblado de hermitas donde habitan figuras alegóricas como la Paciencia, el Temor santo, el Amor divino, la Pobreza, la Obediencia, la Oración, la Castidad y otras virtudes que sostienen la vida retirada. La Peregrina conversa primero con la Pobreza, asociada de manera directa a san Francisco, y acepta vivir en su compañía, admirando en el santo el modelo de despojo, humildad y amor divino. Más adelante, tras quedarse dormida por el cansancio, se extravía momentáneamente y escucha voces engañosas que pretenden desviarla hacia la izquierda y hacerla retroceder. En ese trance la socorre la Castidad, que le revela que tales voces proceden de los vicios y ministros del Mundo —la Gula, el Deleite, el Ocio y la Lascivia—, le enseña que en este camino no cabe el sueño descuidado y le muestra, como premio final, la ciudad celestial a la que conduce la aspereza presente. La Castidad se define como pureza angélica y la pone además bajo el patrocinio de la Virgen y de santas protectoras; después regresa también el Ángel, ya reconciliado con la enmienda de la Peregrina, y juntos prosiguen hacia Jerusalén.
La tercera jornada se sitúa ya a las puertas de la Jerusalén santa, donde la Peregrina llega tras haber vencido asaltos, engaños y persecuciones. Allí la recibe la Obediencia, guardiana de la entrada y compañera inseparable de la Castidad y la Pobreza. La Obediencia le explica que el acto más heroico del alma esposa de Dios es sujetar su voluntad a otra superior dentro de la clausura religiosa, porque en esa renuncia halla seguridad, descanso y camino cierto de salvación. La Peregrina acepta esta disciplina y venera también a santa Teresa de Jesús como ejemplar de obediencia, mientras vuelven a reunirse con ella la Pobreza y la Castidad para acompañarla en su entrada definitiva. Las tres virtudes la instruyen sobre la nueva existencia que la espera en la clausura: vida de pureza, pobreza, oración y unión con el Esposo divino. En el desenlace, el Mundo irrumpe todavía con rabia, pero reconoce su impotencia al verla protegida por el Ángel y por las tres virtudes, y admite que la joven ha salido ya de su imperio. La obra concluye con la entrada victoriosa de la Peregrina en la Religión, entendida como principio de sus bodas espirituales con Cristo y triunfo definitivo sobre las seducciones del mundo.
Protagonista de la obra; joven alma devota que abandona el mundo y recorre un camino espiritual hasta entrar en la Religión, concebida como Jerusalén santa.
Principal antagonista alegórico; personificación de los placeres, honras y riquezas terrenas que intenta seducir, apartar y recuperar a la Peregrina.
Protector celestial de la Peregrina; la rescata del engaño, la instruye sobre el verdadero camino y la acompaña hasta las puertas de la vida religiosa.
Virtud personificada que recibe a la Peregrina en una de las ermitas del camino y le ofrece el modelo de san Francisco como ejemplo de despojo y humildad.
Virtud personificada que salva a la Peregrina de una nueva trampa del Mundo, le explica los peligros del camino y le muestra la recompensa final de la pureza.
Virtud personificada que custodia la entrada de Jerusalén santa y expone el sentido de la sumisión religiosa como culminación de la vocación de la Peregrina.
Figura celestial invocada como estrella y guía; su amparo se presenta como decisivo para sostener a la Peregrina en la romería espiritual.
Modelo de pobreza evocado en la segunda jornada; su figura anima la vocación penitente y humilde que la Peregrina desea seguir.
Presentada al final como ejemplo eminente de obediencia y como protectora de las almas que buscan a Dios dentro de la vida religiosa.
Espacio central de sentido y meta del viaje; representa el convento o la vida religiosa donde la Peregrina entra como esposa del Esposo divino.
Senda penitencial de espinas, vigilias y dificultades por la que avanza la Peregrina y en la que se libra la mayor parte del conflicto espiritual.
Marco general de la peregrinación, asociado al retiro, la prueba, la vigilancia y el desengaño respecto del mundo.
Conjunto de moradas alegóricas donde habitan la Pobreza, la Castidad, la Oración y otras figuras que instruyen y fortalecen a la Peregrina.
Lugar seductor que el Mundo ofrece al comienzo; se identifica después con Babilonia e infierno moral de los vicios y deleites engañosos.
Umbral dramático de la tercera jornada, donde la Obediencia recibe a la Peregrina y se consuma su paso del mundo a la clausura.
La acción gira en torno al abandono de riquezas, placeres, honras y apariencias para elegir una vida enteramente orientada a Dios.
La obra representa el proceso por el cual una joven decide entrar en la Religión y asumir la clausura como comienzo de sus bodas espirituales con Cristo.
Toda la peregrinación se construye como lucha entre ayudas celestiales y tentaciones del Mundo, con peligros, engaños, persecuciones y victorias interiores.
Pobreza, Castidad y Obediencia aparecen como pilares de la nueva vida de la protagonista y como condiciones de su entrada en la Jerusalén santa.
El Ángel de la guarda, la Virgen y varios santos sostienen a la Peregrina y muestran que la perseverancia depende del auxilio sobrenatural.
El Mundo ofrece grandezas vistosas, pero la obra insiste en que son pompas fingidas, engañosas y finalmente destructivas para el alma.
La Peregrina orienta toda su marcha hacia la unión con su verdadero Esposo, cuyo amor sacrificial se contrapone a la falsedad del Mundo.