La obra presenta primero a Tiberio, noble italiano de vida violenta, jugador, arrogante y dado a las mujeres, que traba amistad con otro hombre de temple semejante mientras refiere su pasado y su pasión por Rita, una joven de las cercanías de Casia. Aunque asegura haberla pedido honradamente a sus padres y haber obtenido su consentimiento, pronto se revela su carácter moralmente desordenado: persigue también a otra dama, Casandra, y se muestra dispuesto a imponer su voluntad por la fuerza. Paralelamente, Rita aparece como una joven inclinada a la vida religiosa, convencida de que Dios la llama al estado conventual; sin embargo, su padre le exige que obedezca y se case, alegando la legitimidad cristiana del matrimonio y el honor familiar. Rita se resiste con razones devotas y firmes, pero una inspiración sobrenatural le hace entender que la voluntad divina pasa, en ese momento, por la obediencia a sus padres. Acepta entonces a Tiberio como esposo, no por deseo propio, sino como sacrificio espiritual, mientras el demonio celebra interiormente la ocasión de probar y quebrantar su constancia.
Ya casada, Rita vive sometida a las iras de Tiberio, que pierde dinero en el juego, maltrata a su esposa, descuida a sus hijos y mantiene su conducta licenciosa. La protagonista soporta con paciencia heroica los insultos y golpes, administra la casa con trabajo y sobriedad y procura moderar a su marido con palabras humildes. El demonio, acompañado por una figura angélica que anuncia su derrota, reconoce que Rita convierte el matrimonio en campo de virtud y que ni la rudeza del esposo ni la muerte de sus padres logran apartarla de Dios. En ese mismo entramado se desarrolla la historia de Casandra: se descubre que Tiberio la había raptado en el pasado cuando ella iba a casarse con Alejandro, y que una bala la dejó por muerta en el monte. Casandra ha sobrevivido gracias al auxilio de un ermitaño y vive oculta hasta que Alejandro localiza a Tiberio para vengar la ofensa. En una emboscada en la montaña, con intervención maliciosa del demonio, Tiberio combate con Alejandro y recibe la muerte. Mientras expira, invoca a Rita y pide el auxilio de sus ruegos; al mismo tiempo, ella, movida por revelación celestial, intercede por el alma de su esposo. Después, cuando sus hijos quieren vengar la muerte del padre, Rita les enseña el perdón cristiano y llega incluso a ofrecer a Dios el sacrificio de esos afectos familiares si ello conviene a la salvación y al cumplimiento de la voluntad divina.
Viuda ya y libre del matrimonio, Rita intenta entrar en el convento agustino de Casia para cumplir su antigua vocación, pero las religiosas se lo niegan porque ha sido casada. Entonces la acción se orienta decididamente hacia lo milagroso: tras varias pruebas, engaños diabólicos y consuelos celestiales, Rita es conducida prodigiosamente al convento y admitida como monja, de modo que el imposible humano queda vencido por la providencia divina. Dentro de la vida religiosa persevera en una obediencia extrema, como muestra el riego continuado de un tronco seco por mandato de la prelada, y recibe gracias extraordinarias, entre ellas la herida de una espina en la frente, reflejo de la Pasión de Cristo, que le causa dolor y aislamiento. El demonio intenta todavía perturbarla con visiones y tentaciones, pero fracasa siempre. La fama de santidad de Rita crece en Casia y en toda Umbría: se le atribuyen curaciones, liberaciones y señales maravillosas, mientras Alejandro y Casandra alcanzan finalmente reconciliación y unión, favorecidos por el nuevo orden moral que la muerte de Tiberio ha hecho posible. En el desenlace, con el convento abierto al pueblo y entre testimonios de veneración, Rita muere santamente; su alma asciende gloriosamente, el demonio reconoce su derrota y la comedia consagra a la protagonista como santa vinculada al poder de hacer posible lo imposible.