El Heredero del cielo
Hijo del Labrador celestial y figura de Cristo; viene a reclamar la viña, denuncia la ingratitud de sus arrendadores y acaba muerto fuera de ella en la cruz.
Lope de Vega Carpio
요약 공개일: 2026년 6월 18일
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una viña fundada por el Labrador celestial, que se identifica con Dios, el Sacerdocio y el pueblo hebreo reciben en arriendo la ley resumida en el amor de Dios y del prójimo, probablemente en el marco bíblico de Israel y Jerusalén. Los arrendadores rechazan esos preceptos, introducen en la viña a la Idolatría y la entregan al desorden, mientras persiguen y matan a los profetas enviados para reclamar el fruto debido al dueño. Cuando llega el Heredero del cielo, figura de Cristo, también es expulsado de la viña y crucificado fuera de ella; entonces Dios castiga a Jerusalén y entrega la viña a la Iglesia de los gentiles, tema central de la obra sacramental.
La obra presenta al Labrador celestial, figura de Dios, que funda una viña hermosa y bien cercada, imagen de su pueblo y de su ley. Antes de partir, deja su cuidado en manos de dos guardianes que encarnan el amor de Dios y el amor del prójimo, resumidos como los dos preceptos fundamentales de la ley. Después llama al Sacerdocio y al pueblo hebreo, a quienes arrienda la viña y recuerda los beneficios que les ha otorgado: la liberación de Egipto, el paso del mar, el maná, las victorias y la entrega de ley y templo. Les exige fidelidad, obediencia y el pago del fruto debido. Al comienzo ambos parecen aceptar la encomienda, pero pronto el pueblo y el Sacerdocio muestran resistencia ante esos preceptos, expulsan de la viña al amor divino y al amor humano y deciden gobernarla según su propia voluntad.
Una vez expulsados los preceptos, la viña queda abierta al desorden moral y religioso. Entra en ella la Idolatría, recibida con entusiasmo como nueva señora del lugar, y con ella se sustituyen el culto verdadero y la obediencia por fiestas, sensualidad y adoración de falsos dioses, especialmente Astarté o Venus. La corrupción se agrava hasta el punto de permitirse que extraños, animales, herejías y simonías destruyan la viña, convertida ya en espacio de sacrilegio y abuso. Cuando llega el tiempo de recoger el fruto, el Labrador celestial envía a sus mensajeros para reclamar la renta: primero Isaías, luego Jeremías y después Juan Bautista, además de la memoria de otros profetas perseguidos. Todos son rechazados con violencia y martirizados por los arrendadores infieles, que no solo niegan el tributo sino que hacen de la viña un lugar de rebeldía contra su dueño.
Finalmente el Labrador decide enviar a su propio Hijo, el Heredero del cielo, identificado con Cristo, con la esperanza de que al menos a él lo respeten. El Heredero reprocha a la viña y a Jerusalén la muerte de los profetas, se presenta como dueño legítimo y pide conversión y reparación, pero el Sacerdocio y el pueblo, movidos por la envidia, traman matarlo fuera de la viña para quedarse con la herencia. Lo cargan con el madero, lo azotan y lo crucifican, mientras él perdona a sus verdugos y entrega su alma al Padre. Tras su muerte se producen señales cósmicas y el juicio divino se hace explícito: Jerusalén será castigada, el templo será destruido y la viña será quitada al pueblo hebreo para entregarse a la Iglesia de los gentiles. Esta nueva viña quedará defendida por mártires, confesores, vírgenes y doctores, y recibirá como tesoro el cuerpo del Heredero, con lo que la historia concluye en la sustitución de la antigua viña infiel por la Iglesia de la ley de gracia.
Hijo del Labrador celestial y figura de Cristo; viene a reclamar la viña, denuncia la ingratitud de sus arrendadores y acaba muerto fuera de ella en la cruz.
Figura de Dios y dueño absoluto de la viña; la funda, la arrienda al pueblo hebreo, envía profetas y finalmente transfiere la viña a la Iglesia tras el asesinato de su Hijo.
Uno de los principales arrendadores de la viña; participa en la expulsión de los preceptos, en la corrupción religiosa y en la persecución de los enviados del dueño.
Coarrendador de la viña junto con el Sacerdocio; aparece como colectivo dramático que rechaza la ley, sigue la idolatría y colabora en la muerte de profetas y del Heredero.
Dama alegórica que entra en la viña tras la expulsión del amor divino y del prójimo; simboliza el culto falso y preside la desviación religiosa del pueblo.
Guarda alegórico de la viña y uno de los dos preceptos fundamentales de la ley; es expulsado cuando los arrendadores rechazan la obediencia divina.
Segundo guarda alegórico de la viña y complemento del anterior; representa la caridad hacia los demás y su exclusión abre el camino a la violencia y al odio.
Profeta enviado a cobrar la renta de la viña; su muerte violenta confirma la rebeldía de los arrendadores contra Dios.
Profeta que llega después a denunciar la idolatría de Jerusalén y a pedir el pago debido; también es rechazado y muerto.
Último gran mensajero antes del Heredero, presentado como voz que clama en el desierto y precursor de Cristo; denuncia los pecados del pueblo y sufre martirio.
Figura colectiva que recibe la viña al final por decisión divina; acepta custodiarla con santos, mártires y doctores en la nueva ley de gracia.
Espacio central y alegórico de toda la acción; representa primero el pueblo y la ley de Dios, luego el ámbito corrompido por la idolatría y finalmente la heredad transferida a la Iglesia.
Marco principal de identificación histórica y simbólica de la viña infiel; allí se concentran la denuncia profética, la ingratitud del pueblo y el anuncio del castigo divino.
Lugar asociado al culto del pueblo hebreo y a su degradación, pues se recuerda que debía ser casa de oración y aparece ligado al desgarro del velo tras la muerte del Heredero.
Espacio del culto idolátrico introducido en la viña, donde se celebran fiestas y se sustituye la obediencia a Dios por la devoción a una falsa diosa.
Espacio vinculado sobre todo a Juan Bautista, presentado como voz que clama en él, y también a la memoria de la historia sagrada del pueblo.
Lugar decisivo del desenlace, pues allí es sacado y muerto el Heredero, en consonancia con la parábola evangélica evocada por el auto.
Espacio final del sacrificio del Heredero; concentra la pasión, la redención y la transformación simbólica del vino y el pan en clave eucarística.
La obra desarrolla cómo quienes recibieron la viña y tantos beneficios divinos no corresponden con obediencia ni con fruto, sino con rebeldía y violencia.
Los dos mandamientos fundamentales aparecen personificados y son expulsados de la viña, lo que desencadena la ruina moral y religiosa de la comunidad.
La entrada de Idolatría y el culto a Astarté o Venus muestran el abandono del Dios verdadero y la sustitución de la fe por prácticas sensuales y engañosas.
Los enviados del dueño, como Isaías, Jeremías y Juan Bautista, son maltratados y asesinados, prueba de la resistencia del pueblo a la corrección divina.
El Heredero del cielo llega como hijo legítimo de la viña, pero es expulsado y crucificado, en una clara representación sacramental de la pasión de Cristo.
Tras la muerte del Heredero, Dios anuncia castigo contra la ciudad y la destrucción del templo, como consecuencia de la obstinación del pueblo.
El desenlace presenta el paso de la antigua viña infiel a la Iglesia de los gentiles, que recibe la misión de custodiarla en la ley de gracia.
El texto relaciona la viña, el lagar, el vino y el cuerpo del Heredero con una lectura sacramental que culmina en el tesoro del cuerpo celestial entregado a la Iglesia.