La acción se sitúa principalmente en torno a Orán, plaza española del norte de África amenazada por un gran cerco musulmán. Al comienzo, la mora Arlaxa, movida por la curiosidad amorosa y por la fama bélica de don Fernando de Saavedra, encarga a su enamorado Alimuzel que le traiga vivo a ese célebre cristiano. Alimuzel acude ante los muros de Orán y reta públicamente a don Fernando a combate singular, declarando que actúa por mandato amoroso. Don Fernando desea salir para no desmentir su honra, pero el gobernador se lo prohíbe por razón de disciplina militar, pues su deber pertenece antes al rey y a la defensa de la plaza que a su fama personal. Pese a ello, don Fernando decide burlar la prohibición y bajar de noche del muro para acudir al desafío. En paralelo, se presentan la tensión del inminente asedio, el ofrecimiento valeroso de las mujeres de Orán para servir en la defensa y varias escenas de soldadesca en las que destaca Buitrago, figura cómica y fanfarrona. Cuando Alimuzel espera a su rival, interviene Nacor, jarife rival suyo en amores, que procura apartarlo del encuentro mediante consejos interesados, y al mismo tiempo se prepara el cruce de engaños, celos y empresas secretas que marcará el resto de la obra.
Don Fernando consigue salir de Orán, pero la noche y las circunstancias frustran el combate previsto: cae entre escuadrones moros y, para acomodarse a la ocasión, finge haberse entregado voluntariamente. Así llega al aduar de Arlaxa disfrazado en la práctica por la mentira de su nueva identidad y adopta el nombre de Juan Lozano, ocultando quién es en realidad. Arlaxa conversa con él sin reconocerlo y escucha de su boca nuevas alabanzas de don Fernando, lo que acrecienta su interés. Alimuzel y Nacor compiten entonces por conquistar el favor de la mora y por ser quienes le traigan preso al famoso español. Nacor, impulsado por su pasión, ofrece al mando cristiano vender el aduar de Arlaxa a cambio de obtenerla; aunque se sospecha de su traición, esa vía acaba facilitando una incursión nocturna. En ella los cristianos asaltan el campamento, Nacor muere y Arlaxa está a punto de ser llevada cautiva, pero don Fernando, todavía encubierto, la protege y combate incluso contra los suyos para impedir su captura. En medio de esta compleja situación aparece también una joven cristiana cautiva que se hace llamar Margarita. Herida y socorrida por Arlaxa, revela después una larga historia: es mujer, no soldado, criada en clausura, enamorada de oídas de don Fernando, salida de España disfrazada de hombre para buscarlo y llegada a África tras oír que podía haberse vuelto moro. Su relato deja ver que es hermana de un caballero llamado don Juan de Valderrama, aunque varios personajes tardan en comprenderlo por los disfraces, cautiverios y confusiones de la guerra.
En la tercera jornada confluyen las tramas amorosas y militares. El gran cerco se materializa con la llegada del rey Azán y multitud de fuerzas turcas y berberiscas contra Orán y Mazalquivir. Arlaxa y los suyos presencian la guerra, mientras Alimuzel y el falso Lozano se hallan entre los sitiadores. Don Juan de Valderrama, cautivo de los moros, cree reconocer en ellos a su hermana y al propio don Fernando, pero el disfraz moro de este último sigue enturbiando la evidencia. Cuando los ataques arrecian, don Fernando abandona toda apariencia ambigua y, movido por su fe y por su honor, se vuelve abiertamente contra los sitiadores: derriba a Alimuzel de la escala, combate con ferocidad sobre los muros y ayuda decisivamente a la defensa cristiana. La llegada del socorro español, unido al fracaso de los asaltos y a la retirada de Azán, decide la victoria. Restablecido el orden, don Fernando comparece ante sus superiores, reconoce su culpa por haber salido de Orán sin licencia y obtiene perdón gracias a sus servicios y a la mediación de don Francisco. Finalmente se deshacen los equívocos: don Fernando se identifica ante Arlaxa como el cristiano famoso que ella deseaba ver; entrega simbólicamente su persona a Alimuzel para que se cumpla la palabra dada, y propone una solución general de concordia. Margarita recupera a su hermano don Juan y es aceptada como esposa de don Fernando; Arlaxa, por su parte, cumple la promesa hecha a Alimuzel y le da la mano. La comedia concluye así uniendo reconciliación amorosa, restauración del honor y victoria militar cristiana, tras una trama construida sobre desafíos, disfraces, cautiverios y lealtades puestas a prueba.