La obra comienza con el regreso victorioso del conde Alarcos, que se reúne con su esposa Margarita después de la guerra. En ese encuentro, Margarita le cuenta con detalle que durante su ausencia dio a luz en secreto un hijo suyo, asistida por la Infanta, que se llevó al niño para criarlo. Alarcos, sin embargo, confiesa que teme a la Infanta porque esta lo ama y podría sentir celos de Margarita. Poco después, la Infanta intenta quebrar la confianza del conde asegurándole que Margarita lo engaña con el príncipe de Hungría y que incluso el niño no es suyo, sino del Príncipe. Aunque Alarcos se resiste al principio, la Infanta le prepara una falsa prueba: lo hace esconderse para presenciar una conversación manipulada entre Margarita y el Príncipe, en la que este parece ser esperado por la dama. Convencido de la infidelidad, Alarcos, fuera de sí, promete casarse con la Infanta si se confirma el engaño; cuando intenta vengarse, estalla una escena confusa en la que Margarita trata de explicarse, pero la intriga no se aclara del todo y el conflicto queda abierto.
La situación se agrava cuando el Rey decide casar a su hija, la Infanta, con el príncipe de Hungría, pero el propio Príncipe propone en cambio el matrimonio entre Alarcos y Margarita, que se celebra con aprobación real. La Infanta, enloquecida por los celos y la humillación, amenaza a Margarita con matar a su hijo si no acepta la boda, y al final, cuando ya no puede impedirla, ejecuta una venganza atroz: durante un banquete hace servir a Margarita lo que ella cree ser el corazón de su propio hijo, supuestamente sacrificado por orden suya. El horror de este acto desencadena una ruptura general. El Rey, irritado por la violencia posterior y persuadido por el relato de su hija, encierra durante largo tiempo tanto al conde como a Margarita, mientras la Infanta queda también apartada. Más de un año después, la Infanta acusa formalmente a Alarcos de haberla deshonrado con promesa de matrimonio incumplida; el Rey, obsesionado con el honor de su casa, ordena al conde una reparación monstruosa: debe matar a Margarita y después casarse en secreto con la Infanta, bajo amenaza de muerte para los tres. Alarcos, vencido por la presión regia aunque horrorizado, saca a su esposa de la corte con pretexto de destierro y, en un paraje solitario, le revela la orden. Margarita, desgarrada menos por la muerte que por saber que su marido ha prometido nuevas bodas, se despide de su hija pequeña, perdona a Alarcos y cita ante la justicia divina al Rey y a la Infanta. El conde termina estrangulándola entre remordimientos, mientras la niña presencia la escena y más tarde la contará.
Después del crimen, el príncipe de Hungría rescata a la hija del matrimonio y jura vengar la muerte de Margarita, pero fracasa al intentar enfrentarse al Rey y es encarcelado. Pasan los años: Alarcos vive casado con la Infanta, aunque la aborrece y ha perdido casi por completo el juicio; el Príncipe sigue preso, y la hija de Margarita crece oculta en ámbito rústico. Paralelamente, se descubre que el supuesto infanticidio fue una ficción: Hortensio, criado compasivo, había salvado al niño sustituyendo su corazón por el de un cordero, y también recogió a Margarita cuando el conde la dejó por muerta, logrando curarla y ocultarla en una cueva. Diez años más tarde, madre e hija se reconocen, y la hija mantiene contacto con el príncipe cautivo. La Infanta intenta entonces liberar al Príncipe para que mate a Alarcos, pero la trama desemboca en un encuentro final en el monte donde comparecen el Rey, Alarcos, Margarita viva, sus hijos y Hortensio. Este revela toda la verdad: el niño sobrevivió, Margarita no murió, y la Infanta había mentido movida por los celos. Ante la evidencia, la Infanta confiesa su culpa, afirma que sigue doncella porque Alarcos nunca consumó el matrimonio y renuncia al reino en favor del hijo legítimo de Alarcos y Margarita. El Rey acepta la reparación, el príncipe recupera su esperanza de reinar en Hungría con ayuda real, Alarcos recobra a su familia y el desenlace restablece, tras muchos años de violencia e injusticia, el orden doméstico y político.