La obra sitúa la acción en la India, en el reino del pagano Avenir, perseguidor de los cristianos. Temeroso de que su hijo Josafat conozca el sufrimiento del mundo y sea atraído por la fe cristiana anunciada por unos astrólogos, el rey lo cría encerrado en un palacio, apartado de toda visión dolorosa. Allí el príncipe recibe una educación refinada, pero ignora la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte. Gracias a la confidencia de Zardán, Josafat comprende la causa de su encierro y pide salir. Avenir accede, ordenando que todo se disponga como una fiesta y que se aparten de su vista las miserias humanas. En su primera salida, Josafat contempla con admiración la ciudad, sus oficios, sus tiendas, los libros y la belleza del mundo visible, y también conoce a Leucipe, princesa cautiva, cuya hermosura y nobleza le impresionan. Sin embargo, el plan del rey fracasa cuando el príncipe alcanza a ver a pobres, enfermos y ancianos desterrados para no turbarle: al oír de sus labios qué son la enfermedad, la vejez y la muerte, entra en una profunda crisis espiritual y empieza a buscar al Dios verdadero y el sentido último de la vida.
En paralelo, en el desierto vive el ermitaño cristiano Barlaán, que recibe por mandato divino la misión de acudir a Josafat. Disfrazado de mercader de piedras preciosas, llega al palacio y, mediante una alegoría sobre la piedra más valiosa, introduce al príncipe en la doctrina cristiana. Después le expone de forma extensa la historia sagrada, desde la creación hasta Cristo, la Iglesia y los sacramentos. Josafat acoge con fervor estas enseñanzas, reconoce la falsedad de los ídolos y pide el bautismo, que Barlaán le administra. La conversión del príncipe provoca el espanto de Zardán y la ira de Avenir, que intenta prender al anciano y deshacer lo sucedido. Como no consigue capturar a Barlaán, recurre al parecido físico del sabio pagano Nacor, a quien hace pasar por el ermitaño con la intención de humillar públicamente la fe cristiana en una disputa. Pero en el momento decisivo Nacor, movido por una fuerza superior, defiende brillantemente el cristianismo, deja sin respuesta a los sabios del rey y termina reconociendo la verdad de Cristo. Pese a la victoria doctrinal de Josafat, Avenir persiste todavía en su resistencia y busca otros medios para apartar a su hijo de la nueva fe.
En la última parte, el rey, aconsejado por el mago Teudas, intenta vencer a Josafat por la vía del deseo, sustituyendo a sus servidores por mujeres hermosas, entre ellas Leucipe. El príncipe vacila un instante ante la tentación y llega a considerar el matrimonio como salida legítima, pero un sueño o visión le muestra con claridad la gloria celestial y el castigo infernal, de modo que rechaza el engaño y reafirma su entrega a Cristo. El fracaso de Teudas y la constancia de Josafat conmueven al propio Avenir, que termina por ceder: divide el reino y entrega a su hijo una parte para que reine lejos de él. Con el tiempo, según refiere el desenlace, el padre acaba reconociendo al Dios verdadero, recibe el bautismo y, muerto Avenir, Josafat reúne de nuevo ambos reinos. Ya convertido en rey cristiano, impulsa la fe en sus tierras, derriba los cultos paganos y organiza la vida religiosa de su pueblo. No obstante, su verdadera aspiración sigue siendo la vida ascética aprendida de Barlaán. Por ello, al final abdica solemnemente en favor de Baraquías, se despoja de la púrpura y la corona, se viste con el sayal y el cilicio dejados por su maestro y parte al desierto en busca de una vida santa, cerrándose la obra con el triunfo de la conversión, el desprecio del mundo y la renuncia voluntaria al poder temporal.