귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El segundo Job. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-segundo-job.
J t 14 # L.
La comedia famosa
Del segundo Job.
Hablan en ella las personas siguientes.
Theodora.
Aurelio.
El emperador.
Adriano.
Plácido.
Paje.
Lirio.
Leoncio.
Pastores.
Silvia.
Martio niño.
Vasón.
Doristo, Danteo y Tirso, villanos.
Lisandro y Leonelo, corsarios.
Un mayoral.
Leónido.
Tocan un clarín y sale Theodora.
Entre la sospecha y miedo
que me causa una trompeta,
como vencida y sujeta
mover los pasos no puedo.
Al más oculto lugar
busco por poder huir,
sí,
Si bien me llega a rendir,
más que el temer el dudar
miedos de infelices bodas,
paso con medrosas plantas,
y son mis sospechas tantas,
que voy tropezando en todas.
Sale Aurelio.
Señora, señora mía,
¿qué miedos te causan pena?,
¿quién turba tu luz serena,
cuando, celadas al día,
no estás en palacio, y eres
sobrina del César?
Sí,
por esa causa temí;
será ejemplo a las mujeres
mi suerte infeliz.
Señora,
si callas tu mal bien dices,
porque hay desdichas felices
si las cuenta quien las llora.
Dame de tus penas parte
antes que en la dilación
desespere la ocasión
en que pueda remediarte;
que ya sabes lo que estoy
a su servicio obligado
por ser antiguo criado
de tu padre, y porque soy
noble, y sabré morir
en defensa de tu honor.
Bien conozco tu valor,
mas no has llegado a seguir
mi estrella, y si lo procuras,
aunque la ocasión se ofrece,
tú verás cómo oscurece
a las mayores venturas.
Ya tu historia comienza.
Como es historia de amor,
estrechándose el temor,
dio lugar a la vergüenza.
Adriano, deudo mío,
bizarro, pulido señor,
confiado en su valor
y en el César, nuestro tío,
puso en servirme el cuidado,
y aunque más partes tuviera,
sin duda le aborreciera
no más desconfiado.
Claudio amaba también.
Sus partes no te las digo,
que tú eres de ellas testigo,
y las juzgarás más bien.
No pudo ser tan secreto
su amor aunque hondo y puro
que no quebrantase el muro
del silencio y del respeto.
Atrevióse el vulgo vano
viendo lucido el favor,
que es sol del mundo el amor
y prueba a encubrirse en vano.
Buscó el medio más honesto
y pidióme por esposa
al César. ¡Suerte dichosa
a no mudarse tan presto!
Llegó también Adriano
con la misma pretensión,
y templando la pasión
el justo César Trajano
dijo que el que más trofeos
ganase en la guerra fuese
quien el premio mereciese
de sus amantes deseos.
Y como siempre el temor
duda el suceso más llano,
no sé si vuelve Adriano
o vencido, o vencedor.
Cuando los remedios son
tan llanos es falta grande
que el temor inútil mande
sin fuerzas a la razón.
Si aquí se ha de vecinar
el César segura estás,
pues retirada podrás
tu buena suerte advertir;
y cuando tan desgraciada
en tu amor honesto seas
que victorioso lo veas,
valor tengo, y tengo espada
para guardar tu persona
de otro mayor enemigo.
Tu sabio consejo sigo
porque valor le abona.
Señora, a mi cargo esté
A la litera ha venido, Adriano.
Sale el Emperador, y gentes.
Si ha venido,
honroso premio tendrá
ya por las últimas cartas
supe ganada Antioquía
que a la vuelta del oriente
marchó el campo de Babilonia.
Quieran los cielos piadosos,
que le nombren las historias
por vencido aunque le cueste
la reputación a Roma.
Sale Adriano, y gente.
Con catorce mil caballos
en orden marchando a tropas
pisé la Asiria, y Caldea
hasta las sangrientas ondas
del Éufrates porque en ellas
para eternizar memorias
de los vencedores partos
halló monumentos Roma
en sus peinadas orillas
cuando el sol con riendas rojas
va despeñando caballos,
y desperdiciando sombras.
Descubrimos sus banderas
que como al aire tremolan
dudaba el sol si eran nubes
de los celajes que bordan
mas como el valor de Italia
aunque ventajas conozca
siempre en lienzos de la fama
va dibujando historias.
Arremetí al enemigo
para que en las breves horas
de luz nos diese la asiria
ricas marciales victorias,
no esperé la infantería
quedando por discordias
de nuestro amor no marchaba
en ocasiones forzosas.
hace un vado el fresco río
y cuando el invierno asoma
cerrándole por las puntas
islas agradables forma
los partos siempre sagaces
esperándome en la boca
desbaratos de industria
las alas al viento roban.
En un alazán tostado,
ligero blasón de Europa,
tostado sin duda al fuego,
que por espumas arroja,
alcancé a los enemigos.
Y aunque era infinita copia,
tomaron muchos de veras
la retirada ingeniosa.
Pero en descubriendo al río
la frente que hoy se corona
de mil sangrientos laureles
si entonces de verdes ovas,
conocí el peligro oculto
y la muerte notoria
donde escapar con las vidas
pudieran las aves solas.
De vasta madera un puente
daba paso a la frondosa
ribera opuesta por donde
ordenadas a una tropa
las babilonias banderas
entre fingidas congojas
fueron pasando turbadas
para aguardar animosas,
viendo el curso fugitivo,
tocando bastardas trompas
corre a ponente, y mis caballos
venciendo del mar las focas
hicieron lo mismo a un tiempo
pareciéndoles que logran
la victoria en el alcance.
Mas fue soñada victoria;
como si de juncos leves
fuera la máquina tosca
del puente, abreviando pinos,
perdió la fingida pompa,
cayó voluntario al río
adonde armados se ahogan
la flor de España en caballos,
en hombres la flor de Roma.
Yo, que el primero de todos
iba siguiendo una tropa
de bárbaros capitanes,
sin que el cielo me socorra,
abrazado al más valiente,
que oculto en doradas conchas
de metal, se defendía
6.
le di sepulcro en las ondas,
y por merced de los dioses,
como los cisnes que cortan
los remansos del Caístro
donde al deleite se engolfan,
y tiñendo de blancas plumas
de acero láminas rojas.
Salí a la manchada arena
entre unas peñas que azotan
con manso cristal el río;
vi las diferencias todas
que vio la muerte en tragedias,
materia infeliz de historias;
porque emboscados los partos
cerraron la angosta boca
por donde seguí el alcance
para alcanzar mi deshonra;
no los enseñados perros
tan veloz el agua cortan
cuando el diestro cazador
hizo tiro entre las olas,
como los voraces partos
por mil despojos se arrojan
en mis turbados soldados
que en propia sangre se ahogan.
El que escapara del agua
dando envidia vergonzosa,
hallara muro de acero
que la salida le estorba;
perdiendo al fin esperanzas,
y hallando el remedio pocas,
con desesperadas quejas
volví, señor, a Antioquía,
donde con vergüenza justa
lloré las perdidas pompas,
para venir a contarlas,
si es bien que a mí me las oigas.
Dichosas nuevas oí,
si bien lastimosas fueron;
no los partos le vencieron,
Amor le venció por mí.
Si de tu amor te olvidaras
en medio de tantas veras,
ni mi valor ofendieras,
ni mi crédito empeñaras;
por tu lascivo interés
dejaste la infantería,
perdiendo en solo aquel día
lo que...
lo que.
lo que has de llorar después;
culpa es tuya, no fracaso
que la fortuna ordenó,
si Plácido se perdió
como tú en el mismo paso;
tuya es la culpa también,
mas probarás mi rigor.
Sale un paje.
Plácido acaba, señor,
de entrar en palacio.
¿Quién?
Plácido.
Vendrá vencido.
No lo permitan los cielos.
Ya me da su nombre celos.
Sale Plácido y soldados.
Gran señor.
Seas bien venido; levanta,
¿con qué fortuna das la vuelta?
Favorable,
sube a la Diosa mudable
y en mí, sin mudanza alguna,
venció a los partos tu nombre.
¿Qué dices?
Que fui, y vencí.
Harásme, Plácido, aquí
que por consuelo me asombre.
¡Ay, más dichosa mujer!
¡Ay, hombre más desdichado!
Cuéntame el próspero hado,
si es que llegaste a vencer.
Ya te había dicho Adriano
el desdichado suceso,
librado en su confianza,
propia acción de heroicos pechos
sujetos a la fortuna,
que por cristales sangrientos
tocó en bronces donde escriba
tan grande pérdida el tiempo.
Yo, que al ocaso del sol
iba de un bosque saliendo
con cuarenta mil infantes
en uso de Marte diestro,
pude con dudoso oído
escuchar el ronco estruendo
que, resonando en las selvas,
daba la victoria en ecos.
Nubes de sangriento polvo
la luz escasa cubrieron,
que como el sol se moría
colgaban tapices negros.
Cuando en un veloz caballo
vimos un romano huyendo,
que solo porque huía,
dudamos en conocerlo,
dejó el infeliz estado
del campo con tanto miedo
que mil palabras colgó
desde los labios al pecho.
Yo entonces tocando al arma
y adelantando dos tercios,
de españoles, y romanos,
llegué a los partos soberbios
tan presto que examinando
el no pensado remedio
creyeron que toda Italia
iba cargando sobre ellos
y abrieron bastante paso
y yo con dichoso acuerdo
recogí seis mil caballos
de propia sangre cubiertos
retiréme al bosque al punto,
sin que el descanso, y sueño
hallasen guardada entrada
en nuestros alojamientos.
Con cuatro mil cortadores
hice franco el bosque espeso
tanto que pudo la yerba,
descubrir el campo al cielo,
y apenas dormida el alba
de los brazos de su dueño,
salió bostezando luces
sobre mal formados leños
cuando una selva portátil
de fuertes trabados leños
sobre sus líquidas ondas
sintió el turbado elemento
eran planchadas capaces
donde los soldados nuestros
con caballos, y bagajes
iban pasando, y rompiendo.
No pasó ningún romano
que desde la planta al pecho
no fuese vertiendo puntas
de los enemigos hierros;
pero embocando la orilla
como desvanece el viento
las crespas olas de humo
que va arrojando el incendio,
así los veloces partos
dejando fingidos miedos
con seguras guardias,
iban callando, y huyendo
y marché como victorioso
con prisa, y alegre estruendo
picando en la retaguardia
de sus caballos ligeros.
Y antes que mediase Marzo
el rubio pastor de Admeto
descubrí de Babilonia
los edificios soberbios,
y como si me esperaran
entre carros opulentos,
entre palmas, y entre olivas
para triunfar de los tiempos
ansí a los armados muros
me arrimé, pero en viendo
a sus vencidos soldados,
di por acabado el hecho,
porque en abriendo las puertas
desbaratando, y hiriendo
di paso a la infantería.
Aquí pudiera el silencio
encarecer la victoria
que en el humano ingenio
faltan lenguas, faltan plumas,
faltan a la fama templos
basta que el profundo río
que da cristalinos besos
al muro, cuyas corrientes
regaron gentiles huertos,
los campos de Babilonia
los lavó con sangre, y huesos
para que eternas memorias
le den fruto al escarmiento.
dejé en la ciudad presidios,
truje a Italia trofeos
aumentos a tu corona,
y coronas a tu imperio.
Quien sabe servirme tanto
haga de mis brazos templo
donde su fama descanse.
Aunque aventure el respeto
quiero darle parabienes.
De las venturas, que espero
si con favores tan grandes
honras tan humildes hechos
darás alma a mi osadía
para atrevimientos nuevos.
Pide que seguro estás
de hallar entrada en mi pecho.
Señor, la imagen que adoro
es la luz por quien gobierna
la parte mejor del alma.
Perderé el entendimiento,
Con=
Con la vida, si es Theodora,
mas ella será, pues muero
de gracias, y amor.
¿Quién dices?
Theodora, señor.
No puedo
negarte lo que has pedido.
Mira que es en menosprecio
de tu sangre, y de mi honra.
Llega Theodora.
Cuando no fuera tan bueno
Plácido que te igualara,
y no fuera el justo premio
de mis servicios Theodora,
por dar a Roma un ejemplo
del castigo que mereces,
pues que tienes sentimiento,
te la doy por castigarte.
A dichoso tiempo llego
si importan mis parabienes.
Dale la mano en ellos
porque logres tu venida.
Pase tu fama del tiempo,
envidiándote Alexandro,
en claros monumentos.
Vos sois el premio, señora,
de mis trabajos.
Y el premio
sois vos de mi fe constante.
Trajano señor, ¡ah cielos!
¿Cómo en un pecho tan justo
tan gran injusticia advierto?
¿No soy tu sobrino yo
y puedo ser tu heredero?
¿Pues cómo ansí me fatigas?
También hiciera lo mesmo
siendo mi hijo.
¿Esta es ley?
Mas vengaréme si puedo
de tan lastimoso agravio.
Siempre fue el descanso el premio
de los marciales trabajos.
Vete a gozar de los premios
de tu dichosa afición.
En los palacios soberbios
se goza el descanso mal;
si me das licencia quiero
llevar mi querida esposa
al aldea dando al tiempo
sin el enfado de corte
lograr seguros deseos.
11.
Su gusto es mi voluntad.
Vase.
Su vida alarguen los cielos
como ha menester el mundo.
Esposa, vamos.
¡Oh, Aurelio!
a mi cargo está la paga
de tu seguro consejo.
Siempre el serviros es mi oficio.
Vanse.
Luces, no os pongáis tan presto,
que aún no se ha acabado el día;
mas pues seguiros pretendo,
esconded los rayos puros,
que aunque los encubra el velo,
seré segundo Faetón
por despeñarme con ellos.
Vanse, y salen Doristo, Danteo, y Tirso, villanos.
Vos matasteis la inocente
de mi hija.
¿Qué decís?
Que la matastes.
Mentís,
no quitando lo presente;
¿cómo la pude matar,
suegro, si ella se murió
de =
de parto?
Eso digo yo.
¿Pues qué tenéis que hablar?
Si no se hiciera preñada
de vos, nunca se muriera.
¡Oh, suegro, esa es borrachera!
La causa está averiguada
y os han mandado prender.
¿Y pues hanme de ahorcar?
Dícelo todo el lugar.
Pues verdad debe de ser;
pero no me ahorcarán
porque a mi mujer maté,
sino porque me casé.
Haciendo información están
cómo la matasteis vos.
Suegro, ¿pues no han de parir
las mujeres?
Sin morir,
porque es delito.
Por Dios.
Yo he de hacer que os acordéis
de mí.
Vase.
¿Queréisle ablandar?
Mas ¿cómo me he de acordar,
si me.
si me ahorcan.
No lloréis.
Si por mí ha de suceder,
como el juez no anda cumplido,
porque en muriendo el marido
no ahorcan a la mujer.
¡Desdichada de la madre
que me parió! que si vuelvo
la leche que mamé,
llevará el diablo a mi padre,
pues por su causa nací.
Si Dorisa me dijera
aquella noche primera,
"Tirso, no llegues a mí,
porque so muy delicada",
no tuviera que pleitear.
Tirso, ¿queréisos librar?
Sí.
Pues probad la coartada.
Daos a entender, Doristo,
pues sois letrado y barbero.
Heis de probar lo primero
que cuando vuesa mujer
aquí se hizo preñada
estabais ausente vos.
No estaba tal, juro a Dios,
valga el diablo la coartada
y a quien la parió también;
¿heis visto vos desposado
que jamás se haya ausentado
la primera noche?
Sale Danteo.
No hay quien.
Plácido, nuestro señor,
ha venido con su esposa.
La nueva ha sido dichosa,
tendré justicia y favor.
Salgámosle a recibir.
Ya los alcaldes salieron.
Chapadamente lo hicieron,
yo no he de poder salir,
que ando en pleito.
Ea, salgamos
a que nos honre y nos vea.
Más que al mayo lo desea
Doristo.
Acá nos quedamos
para informalle mejor,
(mas de mi mujer me espanto,
que, queriéndola yo tanto,
me quisiese ella peor,
pero ya yo he presumido,
lo que mujeres harán:
adrede se morirán
porque ahorquen al marido.
Salen Plácido, y Teodora, y músicos de villanos.
Venturosa suerte,
dichosa ocasión,
pues hoy nos alegran
los rayos del sol.
Plácido, y Teodora
maravillas dos
ella en hermosura
y él en el valor.
Por honrar su aldea
ambos dejan hoy
a Roma en tinieblas
pues su luz faltó.
Venturosa suerte, etc.
Doblado nos ha el contento
vuestra dichosa venida.
Como siento agradecidas,
daros favor es mi intento.
Cómo los campos están
y las labranzas.
Señor,
aunque están agora en flor,
ricas esperanzas dan;
en descansando podrás
verlos.
Desde Roma aquí
poco el cansancio sentí.
Pues a fe que te holgarás
de ver tus rústicos bienes
colmados en tu presencia.
Ya, si me das licencia.
Vanse.
Como mi dueño la tienes.
Dichosa la suerte mía,
pues sin merecerlo veo
juntos amor, y deseo,
pues se han logrado en un día.
Sale Adriano.
Denme su favor los cielos
hasta escuchar los agravios
que han reventado mis celos.
¿Sin licencia de mi esposo
te atreves a visitarme,
Adriano?
Has de escucharme
y verás que estoy celoso
con razón.
Nada te abona
supuesto que no soy mía.
Perderé la cortesía
que le debo a tu persona
si te vas.
No he de esperar
que una principal mujer
tarde llega a conceder
cuando se pone a escuchar.
¿Tiene más partes que yo
Plácido tu injusto esposo?
Tú hablas como celoso
si en ellas no te excedió
yo las juzgo por mejores
y ansí mi elección fue cuerda.
Harás que el respeto pierda
a tus injustos favores.
¡Viven los cielos, tirana
de un alma que no agradeces
que por cruel no mereces
nombre de ilustre romana!
¿qué importa que seas casada
para darme algún favor?
Como es castillo el honor
tiene la puerta cerrada
yo soy esposa, Adriano,
no pierdas en tu venida
mi honor.
Plácido a la puerta.
Si está divertida
el alma, que admite en vano
quimeras la fantasía,
pero no, que los sentidos
faltaran a estar dormidos
retratan la ofensa mía
entraré a matarlos, no,
que en caso que tanto importa
la primer vista es muy corta
desengañaréme yo
de mi sospecha celosa,
y quien mi furor supiere
sentirá lo que quisiere,
en la opinión de mi esposa.
camino sigo más llano.
Mira del modo que siento
tu bárbaro atrevimiento
que aspiro a un hecho romano,
y adviertes a donde estás,
y a propia matarme llegas
para que jamás tuvieras
causa.
Causa.
Causa de atreverse más.
Éntrase y dice dentro.
Ya está seguro mi honor.
Casta esposa me dio el cielo,
mas que el cuerdo desvelo
engendra honroso temor,
y en la ocasión la mujer
atrae riesgo de dudar
la que tiene he de estorbar,
porque dudar es caer.
Aderezadme un caballo.
¡Válgame el cielo!
Tu esposo
ha venido, y ya es forzoso
esconderme, y no esperallo.
Tiénelo.
Perderé de honrada el nombre,
que mal queda satisfecho
que yo le descubro el pecho
si sabe que encubro un hombre.
¡No ves que empeñas tu honor!
Sale Plácido.
Desempeñarle sabré.
Sin duda que ya se fue;
prestóme el cielo favor
para ver clara mi afrenta.
La capa le tiene asida, ¡oh
Theodora!
Pierda la vida
que no corre por tu cuenta;
y es más honroso partido
que le dé su desconcierto
ocasiones descubierto
que sospechas escondido,
y mi esposo ha de verte aquí
porque sepa lo que tienes,
que no es justo pues la tienes
que me dé la culpa a mí.
Aseguró mi temor,
mas quiero disimular.
¡Con quien me viene a afrentar!
Señora, poco favor
recibe de nuestra casa
Adriano, pues le tienes
¿sin darle silla?
Ya tienes,
para que, si anduve escasa
en el pequeño servicio
que yo le pude ofrecer,
tú lo sepas merecer.
16.
Es el servirle mi oficio;
traed sillas.
Más caseras
quisiera vuestra amistad,
pues sabes mi voluntad.
Yo creyera que no la tuvieras
ni que jamás te acordaras
de un hombre ya retirado.
Si hay voluntad, hay cuidado.
Aunque equívocas, son claras
sus razones, ya lo entiendo.
Sacan sillas.
Las sillas están aquí.
Mudanza en vuestro rostro vi,
lo que entiendo estoy temiendo.
Pues con vuestra licencia,
dejaros solos.
¿Por qué te vas ya?
Porque sé
que estaréis con mi presencia
más cortos, y los soldados
quieren la conversación
más libre.
Vase.
Tomó ocasión
de sus honestos cuidados,
como es hoy el primer día
que.
que entra en su casa, querrá
ponerla en orden.
Será
para más desorden mía,
medroso estoy, quiera el cielo
que no sospeche mi amor.
Turbado tiene el color,
Plácido su mal arrecela,
que es poderoso Adriano,
arrogante y atrevido.
Quisiera ya que has venido,
aunque es el negocio llano,
pedir que hicieras por mí
lo que suplicarte quiero.
A que me mandes espero,
que pienso tener en ti
un amigo muy seguro.
No te daré yo lugar;
solos hemos de quedar.
Su gusto en todo procuro;
dejadnos solos.
¿Conoces quién soy?
Bien te he conocido,
pues el valor que has tenido
públi.
publica la fama a voces.
Pues si conoces que soy,
¿cómo, Adriano, te atreves
a la amistad que me debes,
cuando ves que suyo estoy?
¿Sabes que es mi esposa? Pero
necio anduve, mal hablé,
pues tu intento publiqué
sin castigalle primero;
¡vive Dios, que a no hacer
con muerte tuya más clara
mi ofensa, que te matara!
Aún no deben de saber,
locos y desvanecidos,
tus atrevimientos vanos,
que se castigan villanos
cuando son descomedidos.
Mira qué has dicho.
Vanse a levantar empuñadas, y sale Leoncio.
Señor.
Haré lo que me has pedido.
A estos montes ha venido
cazando el Emperador.
Luego a servirle saldremos,
otro punto has de advertir.
En todo te he de servir.
Ya he llegado a ver extremos
juntos de paciencia y furia,
plega a Dios que pare en bien.
Vase.
Yo nací noble también
como el César, y la injuria
pienso vengar en tu vida,
porque no piensen que vengo,
los justos celos que tengo.
Satisfacción conocida
te diera de que es honrada,
(sin venida a mí fuera)
ofensa que te la diera
con la lengua, y no la espada,
que ya que el cielo te dio
una dama que he servido,
la he de quitar a un marido
que jamás la mereció.
Como en el plazo postrero
te doy licencia de hablar
bajamente por llegar
a la venganza que espero.
Van a meter mano y salen Licio y Leoncio.
Del César los cazadores
llegan al bosque.
Ya vamos,
para excusarnos quedamos,
y yo, y mi esposo.
Son favores,
que Júpiter estimara
merecerlos.
Aparte los dos.
Lirio, advierte
que hemos de dalle la muerte
a Adriano.
Que llegara el tiempo, estoy deseando.
En todo te he de servir.
Han hablado en secreto Leoncio y Adriano.
Pues Plácido ha de morir.
Quisiera saber el cuando.
Hoy ha de ser.
Pues hoy muera.
Mirad que espera Trajano.
Vamos pues.
Muera Adriano.
Leoncio, Plácido muera.
Vanse y salen dos Cazadores.
Como el planeta ardiente
partió el Emperador en un valiente
rayo Español que apenas
sintió la playa estampa en sus arenas.
Y a las escuadras juntas
siguieron el espín que armado a puntas
va penetrando cerros,
lanzando flechas, o mordiendo perros.
Mas ya bajan al valle,
y solo por aquí podrán cercalle.
Si en la caza porfía
tendrá el Emperador hoy buen día.
de vista se les pierde
no es avaro de cazas el bosque verde.
que mil ciervos veloces
están oyendo las confusas voces.
Allí suena el estruendo,
pues mal podrá escapar, sino es muriendo.
Vanse. Salen Adriano, y Plácido cada uno por su parte con flechas, escondiéndose para tirarse.
Ocasión venturosa
a mi enemigo he visto.
qué dichosa
es ya la suerte mía
parece que la muerte me la envía.
para que mi esperanza
hallase en mis agravios la venganza.
Si no me falta el tiro,
al de la muerte en el arco admiro.
Entranse dentro.
Cielos fuertes, y sabios,
Tachado: dirigió mi brazo a vengar agravios
Sale Adriano.
Prodigio soberano
entrambas flechas en el aire vano
topándose rompieron.
Sale Plácido.
Del mismo caso algunos escribieron
y apenas fue creído
el paso de los aires impedido
se rompieron las flechas,
cuando salieron a matar derechas.
No importa que mi suerte
ocasión buscará para su muerte
y será tan forzosa
que he de matallo en los brazos de su esposa
Vase.
Parece que los cielos
dieron al mundo vanidad en celos
qué vanidad, qué encanto
ha turbado la paz del hombre tanto.
quién hay que no se asombre
que dé por vanidad la muerte a un hombre?
si el mundo es quien me anima
y la vana opinión que tanto estima.
¡Oh clara inteligencia
causa primera, y suma providencia!
en lo humano y divino
de la verdad saber quiero el camino.
que si en ella me fundo,
tendré por vanidad el bien del mundo.
no consulto deidades
que no pienso que todas son verdades.
si son dioses fingidos,
por qué hemos de vivir agradecidos.
al mundo que gozamos,
y al que merece honor se le quitamos.
quién merecer pudiera
si hay causa, un solo Dios causa primera.
que las segundas cría,
este cielo, este sol, esta armonía
de acordes elementos.
al bien del hombre para siempre atentos.
no tienen dependencia,
de muchos dioses, sola una asistencia
de un poder, y una mano,
construya su discurso, cuán en vano
mueve la fantasía,
tantas quimeras.
Dentro.
Hacia el bosque gira
el ciervo fugitivo.
Vio el arco, y los pasos apercibo,
en.
En vano con pies veloces
ligero ciervo te ausentas
aunque volando te alientas
temiendo penas, y voces.
Aparece en el bosque un ciervo con un Cristo en la frente.
Si te esconde en las estrellas
el temor que te acobarda,
al celeste Can te aguardas
a atropellarte en ellas.
Pero ya suspende el bruto
el movimiento veloz,
sembré en su pecho mi voz
y dio a mi obediencia el fruto.
Ya la enramada cabeza
vuelve, y suspenso me mira,
mas ¿a qué valor no admira
su nueva naturaleza,
bañada en luces la frente,
rayos a la selva envía,
parece cuna del día,
mejor que el rosado oriente?
Otro prodigio mayor
que de mis pies temeroso
entre sus ganchos hermosos
siendo esfera el resplandor
dichosamente percibo:
una cruz hermosa, y bella
y crucificada en ella
la imagen de un hombre vivo.
Si es este aquel Dios que adora
tanto cristiano, él será,
pues en mí engendrando está
medroso respecto agora.
Si me buscas no me obligues
con el temor que me enseñas,
no expliques tu voz por señas,
Señor.
¿Por qué me persigues?
Dime quién eres, Señor,
y en qué perseguirte puedo,
si ves que el respecto, y miedo
me dan espanto, y amor
de suerte mostrando vas
deidad tan profunda, y clara,
que por Dios te confesara
la vez que dudara más.
Soy por quien tomó
cielo, y tierra, forma, y nombre,
soy el mismo Dios que al hombre
de polvo inútil formó.
Torpe anduve en informarme,
21.
que en ti más deidad te advierte
en obligarme a creerte
que lo que hiciste en criarme.
Padecí muerte de cruz
por el hombre en velo humano
donde mostré el soberano poder.
No me des más luz
de tu inefable poder
que basta si he de agradarte
saber para confesarte
pero no para saber;
haya distancia en los dos
pues como Dios me prefieres
qué mal sabré yo quién eres
mientras no me hicieres Dios,
y Dios no cabe en criaturas
porque supone criador.
Verá el hombre el resplandor
pero no la lumbre pura.
Sé que es infinito el ser
de Dios, sin duda lo admito,
mas es un ser infinito
que no se alcanza a saber,
y en lo que prueba mi fe
que dioses falsos creí
es.
es en que confieso en ti
lo más que en ellos dudé;
porque si para criar
al hombre fue menester
el infinito poder
de quien se supo formar,
y el que los dioses adoran,
falsas quimeras y encantos
su fama atribuye a tantos,
claramente siento agora,
si cada uno de por sí
no pudo al hombre formar,
que a ellos les hubo a faltar
el poder que veo en ti;
porque no puede ser Dios
quien no puede hacerlo todo;
y así a negar me acomodo
el poder partido en dos.
Altamente has conocido
quién soy a la luz primera,
y así pedirte quisiera,
A tus pies estoy rendido
con obediencia fiel,
pide, pues mi bien deseas,
Chris=
Que de mis soldados seas,
pues la bandera infiel
dejaste de dioses vanos.
Señor, a pedirme vienes,
pudiendo mandar, pues tienes
mi corazón en tus manos
bañado en tan dulce abismo;
tu cruz por bandera toma.
Pues ve al obispo de Roma
para que te dé el bautismo.
Eustacio te has de llamar,
pero vive cuidadoso,
porque el infierno envidioso,
del bien que presume estorbar,
te irá fabricando lazos
para que en ellos tropieces.
Cuando los ponga mil veces
tomaré puerto en tus brazos,
y dichosa la asechanza
del más furioso enemigo,
si obliga a vivir contigo
mi bien nacida esperanza.
Pues apercíbete a ser
segundo Job.
Desaparece.
El primero
ser en trabajos espero,
porque es gloria el padecer.
Nuevo espíritu hay en mí,
otro soy del que antes era,
gané en Dios, ¡quién tal creyera!
lo que en el mundo perdí.
Señor, si solo un instante
me dejáis tan consolado,
en siendo vuestro soldado
en la guerra militante,
¿qué gloria podrá igualar
a la mía? Vuestro soy,
mi Cristo, al bautismo voy,
y comience yo a probar
los trabajos y las penas
de aquel Job, tan vuestro amigo,
en esperanzas le sigo
colmadas a manos llenas;
sea yo copia natural
de Job, penas me saluden,
y tantas que aun ellas duden
cuál es el original.
Jornada 2ª
Salen Plácido, y Teodora.
Cómo es posible, Teodora,
que tú me tengas amor
cuando tu injusto rigor
las leyes de amar ignora.
Todo amor casto es perfecto,
pues mal le puedes tener
si me llegas a perder
la obediencia, y el respeto.
Amor a Dios parecido
nos enseña que ha de ser
regalada la mujer
y respetado el marido.
Tú con disgusto, imprudente,
cuando lo que pido es justo,
gobernada por tu gusto
repruebas de inobediente.
Del tuyo tengo sospecha
que tiene poco valor
porque el que sabe de amor
busca prisión más estrecha
no padece fuerza amor,
libre entre prisiones vive
pues de tu mano recibe
cadenas mi albedrío.
Si obedecerte es amar
y con tan casta afición
vive estrecho mi blasón
y darle al tuyo lugar;
tanto vanidades huyo
por confesarme inferior
que encubro a veces mi amor
porque resplandezca el tuyo.
Obedecerte deseo
tanto que si te importara
al mismo infierno bajara
como la esposa de Orfeo.
Aunque fábulas fingidas
no quiero que las imites,
cuando castamente admites
mis quejas encarecidas.
No al infierno, esposa mía,
pide que vayas mi amor
sino a la patria mejor
que sin los ojos del día
con limpia fe lo acrisolas
y eternidades lo animan
que no son de los que forman
las prendas del cuerpo solas
el alma suya deseo
imagen de Dios tan bella,
bajaré al abismo por ella,
mas como cristiano Orfeo
a solo un Dios la encamino
adonde están las almas bellas
pisando alfombras de estrellas
sobre el Cielo cristalino.
que las fingidas deidades
que Roma engañada adora
no tienen poder Theodora.
¿Qué dices?
Puras verdades
no te aconsejo Theodora
lo que yo no he de seguir
que primero he de morir
por la fe que el alma adora.
Dos hijos nos ha prestado
el Cielo que no es razón
que en tan ciega obstinación
sigan al pueblo engañado
dales la fe verdadera
pues que te precias de Madre
Bien sé que es amor de Padre
pero experiencias quisiera
de ese tu Dios, saber quiero
como nos trata a los dos,
que quien sigue a nuevo Dios
lo ha de examinar primero
No ves que la fe nos guía
Con obras me satisface
veamos ahora el que hace
que siendo buenas podría
seguir tu nueva opinión
Poco de esa luz alcanzas
mas vivo en esperanzas
de rendir tu razón.
Sale Aurelio.
Si no te falta paciencia.
¿Qué dices?
Señor perdona
si he llegado yo el primero
que las nuevas lastimosas
es necio quien las avisa.
Callando Aurelio provocas
mas el sentimiento mío.
Tu casa es segunda Troya
mas no la aplicaron fuego
manos de hombres ni veo antorchas
laurel de venganzas griegas
porque los cielos arrojan
desde su caliente esfera
unas llamas abrasadoras
que.
que en el vengador diluvio
pudieran contarse gotas.
Los soberbios chapiteles,
blasón de granito, y plomo,
y dan tapices al aire
de las cenizas que forman;
las medias naranjas de oro
que coronaban historias
de tus heroicos abuelos,
ya son humildes alfombras
adonde el fuego descansa
para seguir la victoria.
Hasta los hondos cimientos
que las colunas apoyan
se es esconde el fuego, esperando
que labre el tiempo otras obras.
¿Y mis hijos?
Fue ventura.
Arsenio, Lisandro, y Flora
los escaparon del fuego,
y ya quedan distancia poca
deste valle.
Pues ¿por qué?
Dilatóse en rubias ondas
el fuego con furia tanta,
que las descuidadas hojas
de las más ocultas selvas
antes de verle murieron,
desmayaron amarillas,
y casi arrugadas todas
sus mieses ya sazonadas;
como en la cizaña brotan
un monstruo cada espiga,
y cada grano una boca,
no hay vid, ni planta ninguna
que pueda ser provechosa
que no ha resuelto en fuego.
¿Perdióse mi hacienda?
Toda
la que los campos te ofrecen,
y temo que la congoja
de la desdicha presente
te prive el sentido.
Ahora
dudaste de mi valor
cuando el tesoro de Roma,
las riquezas de Cleopatra,
las demás fabulosas
de Creso, y Midas tuviera,
y tan abrasadas todas
que...
26.
que como en sucinto mapa
viera su máquina hermosa
abrasarse en fuego, apenas
vieran mi paciencia heroica
dar a tus cenizas quejas.
Vete en paz, y alegre toma
este precioso diamante,
advirtiendo que son obras
del que disfraza regalos
en tan encubiertas sombras.
Vese de Dios la paciencia
que en tus desdichas pregonas.
¿Qué dices de estos favores
de tu Dios?
Calla, Theodora,
que son enigmas ocultas
para ti. Señor, y agotan
en mis esperanzas el premio,
pues hacéis que me conozcan
por otro Job en el mundo;
pero lo que siento agora
es que mi esposa terrena
para creer vuestras obras,
bienes del mundo caducos,
y dirá que es mentira
mi.
mi verdad, pues me quitáis
las riquezas, por quien llora.
¿Qué consultas? ¿en qué piensas?
¿es bueno este Dios que adoras?
mira los bienes que esperas,
cómo por sufrir los logras;
¿no basta que loco vivas,
sin que a mí me vuelvas loca?
Venganzas son de los dioses,
que de blasfemias se enojan,
y te castigan por ellas.
Dios las tuyas te perdona,
porque ignorante las dices;
no desesperes, pues lloras,
que ya las lágrimas fueron,
aunque humildes y piadosas,
señal de arrepentimiento.
Sale Lirio, pastor.
Si te ha quedado memoria
para desdichas pasadas,
sirva de consuelo agora
a las que el cielo te envía.
Si son suyas, son dichosas.
Peste llegando, abraca
del
del aliento se inficiona;
pace en las hierbas veneno,
bebe en las aguas ponzoña;
los asombrados pastores
les dan, cuando más lo estorban,
una muerte en cada silbo,
silban porque los oigan;
no ha quedado ni un cordero
para quitar la victoria
a la Muerte, porque a llana
pace tu ganado; en rocas,
montes, hoy hambrientas cabras,
tropezando unas con otras,
y sin moverse blanquean,
y sin retozar se topan.
Todo es veneno en tus campos,
todo es miseria afrentosa,
para que vivan piedades
en los que envidias pregonan.
Pues, ¿hubo dicha mayor
ni suerte más venturosa
que merecer que se truequen
en verdades las lisonjas?
Toma, amigo, esta cadena,
porque no me quede cosa
que pueda causar envidia.
Mira, que das ahora
de suerte que has menester
que los tuyos te socorran.
Quien pudo darme la hacienda
me la ha quitado, por otra
más preciosa y más segura.
¿En qué piedras se transforman
tus sentidos?, ¿quién te engaña?,
¿de qué mano poderosa
te fías, cuando tan pobre
te deja por mi deshonra
ese Dios de quien te acuerdas?
Advierte que injurias tocan
a sus piadosos oídos
y pueden juntarse todas,
y convertirse en castigos.
Témele tú, pues le adoras,
cuando sin causa te agravia.
Sale Tirso.
¿Hanle contado la ruina
del fuego?
Sí, Tirso amigo.
¿De buena mano?
Notoria,
es por acá mi desgracia.
Dicen que tomó una zorra
un pastor, y yo lo creo
que (algunos hay que las toman
sin redes con calabazas)
tomada atóla a la cola
unos espartos ardiendo
y ardidos tomó, y soltóla.
La pobre como llevaba
las ancas tan calurosas
por esos trigos de Dios
se fue corriendo la posta,
pasólos como una yesca
y pasando por las chozas
de Melampo, y de Oriseo
¡fuego de Dios en la zorra!
las dejó como la palma
y hay una choza a la sombra
de un alcornoque, y llegando
con la buena de la cola
la abrasó hasta las hojas,
dentro había una lechona
con siete infantes (un vientre)
y como pidiera aromas
vanidades en su muerte
como el romano Cebolla
que dejó quemarse el brazo
se hizo a mis voces sorda
y quemóse la sin ventura
con priesa tan lastimosa
que se volvió chicharrones
en menos de un cuarto de hora.
¿Pues eso te causa pena?
Pues no ha de darme congoja
si una Troya de cochinos
dio venganzas a una zorra.
Esposa, voy por mis hijos
pues tuvo misericordia
el cielo que me los deja.
Y sin hacienda, y sin honra
porque ya es honra la hacienda
donde irás con la llorosa
carga de tus tristes hijos.
Donde el cielo me socorra
pues vivimos por su cuenta.
Buena hada tu persona
de la ley que vas siguiendo
Pues yo espero verte esposa
confesar la fe de Cristo.
Vase.
Será firme, bien es visto.
Las bellotas da el Mataxón
que como andaba tan gorda
daba pasos de tortuga.
Fortuna inconstante Diosa
que te ha hecho una Mujer
que tan sin causa la postras
en la pobreza en que Mueren
tantas ilustres Matronas.
Sale Adriano.
Ocasión préstame agora
los cabellos de tu frente.
Furiosa estoy, e impaciente.
Guárdete el Cielo Theodora.
Para que me ha de guardar
cuando me quita los bienes.
Así el remedio que tienes
le pudiera yo esperar.
¿Cómo?
Admitiendo mi ruego
Si la cochina tomaras,
mi consejo no esperaras
teniendo tan cerca el huego.
Basta que el rústico tema
del villano despierta
mi honor, y en él me animo
que el que aguarda se quema.
Espera un poco, no huyas
que no te quiero pedir
favores, sino suplir
las necesidades tuyas.
mi ruego tu pecho Admita
porque fortuna se asombre
viendo que te vuelve un hombre
lo que ella misma te quita
que como es tan envidiosa
aunque es su poder tirano
en viendo que hay otra mano
para tu bien poderosa
de afrentada, y de corrida
forzando tu inclinación
hará nueva ostentación
de otra hazaña más crecida
que aunque le causaba pena
quien=
Tu bien, su envidia es tan fuerte
que bien te hará por no verte
próspera de mano ajena;
y ansí es bien que se concluya
para poder recibir,
pues mi hacienda ha de servir
solo de cobrar la suya.
Vase.
Oye ilustres desengaños
cuando se deben creer,
porque pobre una mujer
suele vencer los engaños:
dices que hacienda me das
para obligar la fortuna,
sin ver que más importuna
procura quitarme más:
que quiere quitarme infiero
el casto honor que he guardado,
porque es sinrazón de hado
quitar la hacienda primero.
La mayor solicitud
es la pobreza en mujer,
con ella vendrá a caer,
si no hay sobra de virtud,
pues es su dañoso intento
que sin hacienda me derribes,
¿cómo quieres que se prive
de tan casto instrumento?
Mi honor quiere que destruya,
y aunque yo más lo defienda,
no ha de volverme mi hacienda
porque agradezca la tuya,
mi esposo no ha menester
lo que yo he de recibir,
que un noble no ha de vivir
con ganancias de mujer,
y pues él no ha de gozar
ser honrado su hacienda,
bástame a mí que él entienda
que yo no la sé buscar.
¡Que el fuego que estoy sintiendo
no es poderoso a ablandalla!
Mire si quiere abrasalla,
échala una zorra ardiendo.
Huye donde el sol ardiente
deja tostada la arena
que allí te diré mi pena,
31.
Aunque injuriosos me afrenten
arenas, plantas, y flores,
testigos de amantes necios,
verán que sigo desprecios
como si fueran favores.
Vase.
No hay galgo que tanto corra;
lástima el mozo me ha dado,
pues dice que va abrasado
huyendo de encontrar las zorras.
Vanse. Salen tres pastores, y Silvia.
¿Cómo puede ser corsario
de vuestros mares un hombre
agradable hasta en el nombre,
el viento, y el mar contrario
le obligaron a buscar
esta costa, que si fuera
corsario, ya esta ribera
tuviera que lamentar
largos días.
Su bajel,
cercado, nos dice a voces
que trae soldados feroces.
¿Con quién ha de ser cruel,
con cuatro chozas pajizas,
u ol.
u olvidados pescadores?
Aún no olvidas los temores,
al paso que le autorizas
le voy cobrando temor.
Ya se ha aplacado el rigor
del fiero mar proceloso.
Si quiere embarcarse luego,
plegue a Dios que al punto sea,
que hasta que en el mar le vea
no tendrá el alma sosiego;
suele ser el corazón
profeta, y me dice agüeros.
Él será algún desvarío.
Que ordena alguna traición.
Así tu amor me pagarás,
Silvia, el amor que me debes,
como a culpable te atreves
sin ocasión.
No le culparás
si diera al viento las velas.
¿Que tú le dejas partir?
Ya se viene a despedir.
Salen Lisandro, y Leonelo, corsarios.
Leon=
¿En qué priesa te desvelas
que bajel de Tiro alcanzas,
lleno de púrpura y oro?
En la mar busco tesoros
pero en la tierra venganzas.
Unos pobres pescadores
¿qué venganzas te han de dar?
Quiero en ellos castigar
los romanos vencedores;
que ya que cifro el poder
en las fuerzas de un navío,
y el atrevimiento mío
no puede en tierra vencer,
quiero a mi difunto hermano
vengar de cualquiera suerte.
¿Sabes quién le dio la muerte?
El capitán romano,
aquel Plácido que fue
rayo en la Asiria y Caldea;
porque hazaña tan fea
pagar tributo se ve
nuestra patria a los romanos,
y como en vano deseo,
de él la venganza, la empleo
en marítimos villanos.
No, en esta simple villana,
pues te ha parecido hermosa,
tendrás disculpa amorosa.
Será su defensa vana,
pues alientas mi deseo;
aunque es pequeña venganza,
teniendo, amigos, bonanza
el mar, y daros deseo,
de vuestro grato hospedaje
el premio que merecéis.
Del tranquilo margen
seguro en vuestro bajel,
¿no ves cómo ofendes
haciéndole tuyo?
Pues yo te sigo
para que pierda el temor.
Salen Plácido y Teodora, Tirso, y dos niños, vestidos todos pobremente.
Ya que mudamos estado,
hasta el nombre he de mudar,
Estacio me he de llamar,
que al fin iré disfrazado
con el nombre y la pobreza.
¿Quién te podrá conocer
cuando te llegas a ver
en tan humilde bajeza?
honrarte tu Dios procura.
Así agradarle deseo.
No he visto después que veo
más agradable hermosura.
Mira esa mujer que llega
disfrazada en viles paños
causa ya mayores daños
que en Troya la hermosa griega.
Señor, si hemos de pedir
limosna destos pescadores,
lleguemos.
¿Hay mayores rigores
de ese tu Dios que sufres?
Con paciencia llegar quiero,
quizá tendrán caridad.
Falta tienen en verdad
de darnos cornado.
¡Espero
que también la has de cobrar!
Cera de ella solo Cupido,
pues que tan dichoso he sido.
¿Pues ya llegas a olvidar?
Que hay ventaja conocida
a otra mayor afición
y de ella quiero ser ladrón.
Con medir lanzas o medidas.
A Plácido.
¡Llego ya!
Limosnas con tal flaqueza
os pido que aun la pobreza
dice que aterido estoy.
Pero que extraña suerte
que llego a considerar
que ayer me sobró que dar
y hoy me falta que pedir.
No hay que le dar, pobre honrado.
Atenazado esté
el pescadorcito.
A fe
que no tiene mal agrado
la moza, dígame hermana
son los dos hijos de un padre.
Parecerá abuela, o madre.
Harto del pedir se gana,
¡paciencia cielos!
Con ella,
los trabajos vencerás.
Buenos consuelos me dais,
cuando mi honra se atropella
no basta que por guardalle
te voy siguiendo, perdida!
Menos quejas, llegue, y pida
que allí hay gente de buen talle.
Señores por caridad
de gracia, limosna os pido
y creed que me ha vencido
la propia necesidad.
estos dos niños que veis
con su Madre os lo suplican.
Qué presto a pedir se aplican
Poca caridad tenéis
con los pobres.
Tú villano,
si riqueza no te sobre
como te precias de pobre
no es mejor que en este llano
nos ayudes a pescar
donde el Mar fruto nos dé?
A qué Amigos?
1º
34.
A tirar
la jábega.
Para qué?
Que de Roma habéis venido?
Sí Señor.
Y bien parece,
que vuestra humildad merece
todo favor.
Yo os lo pido;
y pues así me enseñáis
el semblante tan piadoso
que os pida será forzoso
el bien que ofreciendo estáis
tengo en Italia parientes
ricos, y a la vergüenza
de verme pobre comienza
a quitar inconvenientes
a llamarme peregrino
por el mundo al fin quisiera
pasar a Chipre, si hubiera
por la Tierra algún Camino
sino es que vuestra piedad
le ofrece en un bajel.
Lisand=
Yo os daré pasaje en él,
que fuera mucha crueldad,
pues voy el mismo viaje,
no daros lo que pedís.
A ser mi amparo venís,
ya nos da el cielo pasaje
para Egipto.
Menos fieros
ostenta ya sus rigores.
Salimos de pescadores
y damos en marineros.
El deseo no pudiera
buscar lance más seguro,
Leonilo, esconder procuro
con el amor la alegría.
¿Acabóse de embarcar
la gente?
¿Y piensas también
robar al marido?
¿Es bien
que haya quien pueda estorbar
mi gusto solo un instante?
Dejarle en tierra pretendo.
¿Con qué ocasión?
Ya me ofendo,
de tu respuesta ignorante,
fingiré alguna quimera
para poderle dejar.
¡Por Dios, que tiene la mar
buena cara, no quisiera
que se arrugara después!
¿Sabes de mi religión
la debida opinión?
Quisiera saber cuál es.
Yo soy Asirio, y adoro
dioses diversos de Roma.
¡Qué medio, Lisandro, toma!
Como con fiel decoro
sus preceptos observamos,
y el riesgo de pecar
miramos al embarcar
todos los que navegamos,
que niño ninguno vaya
sin que se bañe primero
Su padre.
Obediente espero
36.
el modo, pues en la playa
estamos del mar.
No, amigo,
no ha de ser salada el agua.
Qué engaños son los que fraguas.
De ese peñasco al abrigo
entre palmas, y laureles
un cristal travieso, y frío
humedece el valle llano.
Si son preceptos que sueles
guardar, llevaré al momento
mis dos hijos.
Con tu esposa,
será la prisa forzosa
pues que ya nos llama el viento,
me embarco mientras que vienes.
Sí que es pequeño el bajel
y hay más que embarcarse en él.
De todo el cuidado tienes,
voy con la prisa que pides.
Los dos nos embarcaremos
a la postre.
Con qué extremo,
- parece.
parece que me divides
pedazos del corazón;
sobresaltada, y medrosa
voy sin ti.
Ya vuelvo, esposa;
grandes tus misterios son,
Señor, pues porque pudiera
a mis hijos bautizar
antes de entrar en el mar,
me das de aquesta manera
la ocasión, gracias te doy,
tuyos los pretendo hacer,
que se pudieran perder
en el peligro en que voy.
Vase.
Llega el bajel a la orilla.
Amigos, el cielo os guarde.
Si ha de hacer mal, aún no es tarde.
Como al mar la frente humilla,
así le lleves seguro,
hasta que su patria pises.
Con engaños vence a Ulises.
Lisand=
En fin vengarme procuro
de Roma.
Ausencia cruel,
no acredites mis temores.
Es barca de pescadores,
a Dios.
Y vaya con él,
pedirle perdón podrás
a tu sospecha medrosa.
Soy mujer, y es fácil cosa
creer las sospechas mías
da más pena que el temor.
Fuerza es que sin él estés
pues embarcado le ves.
Ya con altivo rumor
levan áncoras pesadas,
y el pobre en tierra quedó.
Mirad si el alma temió
traiciones tan bien trazadas,
Cielos, la mujer le llevan.
y ya dan a trinquete al viento.
Salga engañado su intento,
jamás del puerto se muevan.
Ya las saladas espumas
corta el corsario bajel
y con intento cruel,
hace de las velas plumas.
¡Ay, lástima que a esta iguale
pobre mujer sin su esposo!
Ya con paso presuroso
turbado a la playa sale
Dentro: ¡Iza, iza! Sale Plácido.
¿Qué es del bajel, amigos?
Las velas y las voces son testigos
que va dejando el puerto.
Ya perdí la esperanza, ya soy muerto.
Los cielos sean conmigo, ¡oh si oirán!
¡Ah del bajel!, piloto, amigo,
vuelve a estas riberas.
De piedra tiene el alma que espera
lástima semejante.
Él perdió la mujer por ignorante.
Véase una nave con Teodora, Tirso y Lisandro.
Esposa de mi vida,
Si ya te partes del dolor vencida
vuelve los tiernos ojos
y huérfanos dejas estos despojos
que nos ha dado el cielo
que tan gran traición quepa en el suelo.
Querido esposo mío
recibe el alma que veloz te envío
entre quejas perdidas
ay dulces prendas por mi mal nacidas.
¿Adónde va mi madre?
A matar de dolor a vuestro padre.
Bárbaro corsario,
yo hice a Roma humilde tributario
al suelo en que nacistes
pues como al que te vence te atrevistes
vuelve a tierra villano
que este mar, este monte, y este llano
en término pequeño
verán tu vida convertida en sueño
o, antes que tome tierra
haciendo de los vientos fiera guerra
ese bajel ingrato
sin ver la tierra el mar, el cielo grato.
entre mortales lazos
te haga a vista del sol dos mil pedazos.
Donde el dolor me lleva
quien hay sin ruegos que a piedad se mueva
Señor.
Que desvarío.
No es mal principio de venganza el mío.
Así tus blancas velas
vayan seguras que de mí te duelas.
Permíteme que vaya
muerta siquiera a la vecina playa.
porque me de mi esposo
en sus brazos, sepulcro venturoso.
Mucho bien te prometes
calla bella mujer, iza trinquete.
Hijos, a Dios.
Cúbrese la nave.
Espere
no vaya sin mi padre.
A quien esto oyere
no ha de quedar en llanto desatado
el furor me ha vencido
y a la paciencia la cubrió el olvido
plega al cielo villano
mas donde voy sin Dios no soy cristiano
pues confiese la boca,
que es la mano de Dios la que me toca.
su Mano sola ha sido
quien por ver mi paciencia me ha herido
ya el Alma se arrepiente
que Job no llegó a ser tan impaciente.
pero pecados míos,
a quejarme de vos me dieron bríos.
polvo soy, no soy nada,
y si volverme a lo que fui os agrada
deshaced vuestra hechura
que no se perderá mi fe más pura.
que al Sol que nos visita
hoy habéis quedado como flor marchita
a quien pisó el arado
sin Consuelo, y sin Madre os han dejado.
Hijos del Alma mía
Eclipsóse la luz, turbóse el día
y el último Consuelo
librado en vuestra Madre os quita el cielo
Sentimiento Cobarde
el llanto deja sin consuelo y tarde
que si se Acaba el día,
estamos mal en esta playa fría.
Una pequeña Aldea,
quieren los Cielos que en mis penas vea
mas Divídela el río,
que aunque pequeño aumenta el dolor mío.
no hay barca en él, ni puente,
mas segura parece su Corriente.
pasar mis Hijos quiero,
Entre Mis brazos al menor primero.
que aunque el peso es Amable,
el agua puede ser incontrastable.
y haber peligro en ella,
Venid prenda inocente, hermosa, y bella.
y atropellad temores,
pues llegaron tan juntos los rigores.
de vuestra esquiva suerte,
¿Por qué me deja solo?
Vase.
No es la Muerte,
tan temerosa, y fiera,
Cerca mi bien está la otra ribera,
Llevaré a vuestro Hermano,
pues el agua nos da pasaje llano.
ya vuelvo prenda mía
que Dios por vuestro bien mis pasos guía.
¡Ay Padre!
Sale un león y llévase el Niño.
Plac=
Dentro.
Sale.
Éntrase, y vuelve a salir por la otra puerta.
Éntrase corriendo, y sale un oso con el otro niño en brazos, y éntrase por la otra puerta, y vuelve a salir Plácido.
¡Ay, hijo, acuda
con su favor el cielo a darte ayuda!
Bruto feroz, detente,
no mates tan sin culpa a un inocente,
porque a rastro lleva,
y qué experiencia de dolor más nueva.
Perdí el rastro, y la esperanza;
ya no hay paciencia que baste,
que se perdió ya mi hijo;
¿qué permitís que se alcancen,
cielos, los trabajos míos?
Mas ¡ay Dios, qué fiero lance!
Otra no menor tragedia
a la contrapuesta margen
del río un oso feroz
lleva la segunda parte
de mi alma, ¡ea, sentimientos!
¡Ya acabad de matarme,
que no puedo resistiros!
Pero acometéis cobardes
por no matar de una vez,
y como la causa es grande
y que de haceros eternos,
queréis pechos inmortales
en que viváis para siempre
porque el imperio no os falte;
mas no saldréis con la empresa,
porque soy hombre, y soy padre,
y basta para que muera
con tres pérdidas tan grandes.
Pero si soy cristiano
¿de qué me quejo cuando premios gano?
Si con divina ciencia
toma Dios la medida a mi paciencia.
Mas si me deja el dolor
memoria para acordarme,
¿cómo podrán los sentidos
no sentir desdichas tales?
Perdí la mitad del alma,
la que quedó en dos mitades
perdidas veo también,
será fuerza que acabe
41.
la vida, si no las busco,
mas ¿dónde podrán hallarse?
Árboles, ¿qué es de mis hijos?
respondedme, consoladme,
mantenéis entrañas duras,
y no hay piedad que os ablande.
¿A quién pidiré consuelo?
¡oh, gran Señor, perdonadme
que he pedido a las criaturas
lo que en vuestra mano cabe!
Ella sola es poderosa
para dar, para llevarse
lo que dio, y si ahora me envía
trabajos tan desiguales,
crisoles son en que afina
mi paciencia; sea, pues, dadme
sufrimientos, y vengan penas,
vengan ansias, vengan males,
pues de vuestra mano son
gloria las adversidades,
que si esto no conociera,
ya llegara a despeñarme
en abismos de impaciencia.
Vos sois dueño, vos sois Padre,
no es.
no es mía aquella mujer,
Vos sois el que la formasteis,
los hijos vuestras criaturas,
pues ¿por qué he de adelantarme
si pierdo lo que no es mío?
Secretos inescrutables
son vuestros, humilde estoy.
Vengan trabajos más grandes,
porque la fe me enseña
que hay otra patria de descansos llena,
y subirá a gozallos
quien tuviere paciencia en los trabajos.
Vase, y sale Leonelo, y Tirso.
¿Quién licencia te dio
para que a tierra salieras?
Si disculpa me pidieras,
famosa la diera yo;
la hermosura lo causó
de la isla adonde están
Theodora y el capitán.
Vuélvete a la mar, villano.
La tierra está más a mano,
donde los pies me valdrán,
que vosotros tenéis talle
como gente desalmada
de.
o arrojarme a un peñasco.
Síguele hasta alcanzalle,
Leoncio.
Válgame el valle,
aunque en ciervos me convierta.
Vase.
¿Por qué el furor te despierta
contra este simple villano?
Por darte un ejemplo llano
de lo que mi amor entraña,
tu hermosura me ha vencido
y si con dulce sosiego
templar mi amoroso fuego
daré el rigor al olvido.
Mas si el pecho endurecido
muestras a mi firme amor
ejecutaré el rigor
que en el villano has de ver
porque irritado el poder
da la venganza mayor.
Tanto siento el responderte
siendo ya tu intento fiero
que estimara que primero
me hubieras dado la muerte,
pobre me ves pero advierte
que estoy tan rica de honor,
que puedo darte valor
con las prendas que hay en mí,
porque tan noble nací,
como tú has sido traidor,
y tan subidos quilates
es mi honor que te desprecia,
que he de imitar a Lucrecia
primero que tú me mates.
Antes que el cuerpo desates
de mis amorosos lazos
daré a amor tantos plazos
que goce amantes deseos,
y busca destos trofeos
con el puñal o los brazos.
¿A quién pediré favor,
pues no le hallo en el suelo,
qué deidad gobierna el cielo
que tenga poder mayor?
Dios de mi esposo, Señor,
venme ahora a socorrer
y en ti prometo creer.
No hay Dios, si estoy enojado.
Fe tengo en el que he llamado.
Di que te venga a valer.
Desaparecen cada uno por su parte. Da fin la Segunda Jornada.
Salen El Emperador, y Adriano, y Leoncio.
A la postre
solo 1.
Tan poderoso
Lisandro es el cosario
que ha venido, valiente, y temerario
el mar de Italia oprime
sin que tu brazo, ni tu opinión estime
turbando tus riberas
con más bajeles que en las playas fieras
detenidos se armaron
cuando a Troya los griegos abrasaron.
Un Plácido temía
ofendía mi opinión, y monarquía.
Dicen que navegando
a Egipto se anegó.
Deja que llorando, al par
deje a Roma su muerte.
Por verse pobre, y en tan baja suerte
huyó de tu presencia.
Acción cobarde fue, poca prudencia
Amor se lo encamina
fiera madrastra Hesperia, y mi sobrina
y heredarme pudiera
no era mejor que a Roma se viniera
a mejorar su estado,
Gran capitán a Roma le ha faltado
porque su voz sagrada
declare quien podrá en esta jornada
gobernar sus banderas.
solo 2.
No te descubras, qué ventura esperas
si a el Dios ofendido
sin descubrirte, su favor le pido
Dios de Venus amante
con túnica vestido de diamante.
que a la guerra presides
si mi remedio en tu rigor no impides
tu voz publique agora,
que espada podrá ser la vencedora.
del Osario enemigo.
Será un romano tu mayor Amigo.
A quien espera la fama
con eterno Laurel.
Cómo se llama, varón tan soberano.
Llámase Estacio, búscalle Trajano.
¿Qué Estacio es este Amigos
por quien los cielos han de ser testigos
del honor que me espera?
Iré en su busca a la oriental ribera
Capitán prometido
que me recibas por soldado pido.
A buscalle, romanos
pues libran ya los cielos soberanos
en él nuestro sosiego.
¿Dónde le hemos de hallar que el nombre es griego
En romano hay tal nombre?
La diligencia vuestra duda asombre.
y por el ancho espacio,
del globo universal buscad a Estacio.
Vanse, y Sale Theodora de Villana y Tirso.
Mudado el nombre en Finea
para no ser conocida
paso sirviendo la vida
en esta pequeña Aldea
contenta en seguir la fe,
de mi Esposo porque el bajel
rompió después que el Cosario,
librástete, ya lo sé.
Libróme el Dios de mi Esposo
en cuya ley persevero.
Yo también servirle quiero
porque dicen que es piadoso.
Villano viven los Cielos
si a hablar a Finea te atreves
en mi presencia, que pruebes
la venganza de mis celos.
Si sabes que yo la adoro
¿cómo a disgustarme aspiras
tu bajo estado no miras
para guardarme el decoro?
¿qué nuevo valor te abona
qué discreción, ni qué talle
cuando ya te juzga el valle
por hijo de una leona?
de eso puedes blasonar
mira si atreverte puedes.
Villano en nada me excedes
para poderme ultrajar.
Si una leona me dio
grato sustento no es mengua
de honor para que tu lengua
presuma que me agravió
y si tan feroz te pones
al favor que darme pudo
Silvia este puñal desnudo
te dará satisfacciones.
Pues estando yo delante
el respeto me perdéis
Sale Alastorrelo.
rapaces qué es lo que hacéis
Yo castigo a un ignorante
el que viene a presumir
donde quien es no sabemos
deja villanos extremos
rapaz, pues no ha de servir
de más de estimarte en poco
pues no hay quien tu padre sea
que un oso te dio a esta aldea
mira si es invento loco
que vivas desvanecido,
y os estuviera mejor
servir al Emperador
en la guerra, haciendo,
en la paz premios tiene
de cobardes, las banderas
pasan por nuestras tierras
campo numeroso viene
bueno sois para soldado,
adonde podréis medrar.
En la guerra he de mudar
mis pensamientos honrados.
Si quieres mi compañía
juntos podremos seguir
una suerte.
Hasta morir,
será tu fortuna mía
que pues iguales estamos
en los padres que nos dan
nuestras fortunas darán
premio al valor con que vamos.
Padre, a Dios.
El cielo os guarde.
No quisiera que se fueran,
porque acordarme pudieran
de mis hijos.
No me aguarde
quien mis aumentos desea,
sin que vuelva a verme honrado.
El mundo es patria al soldado.
¿Pues así dejan la aldea?
Pensamientos soberanos
en nuestro pecho se juntan.
¿Si quién somos nos preguntan?
Dirás que somos hermanos.
Vanse.
Sale Plácido de pastor.
Ya diez vueltas ha dado
a imágenes de oro el sol dorado,
mientras humilde, y pobre
guardo ganado, porque el bien me sobre
de paciencia segura,
que es para el alma la mayor ventura.
Sale un Mayoral.
Mayo=
46.
Después, Estacio amigo,
que mi amor mereció que estés conmigo,
mi ganado se aumenta,
sin cuenta sube, porque está a tu cuenta.
Servirte no merezco,
mas lo que soy a tu servicio ofrezco.
Retira a la Cabaña
el ganado, que cubre la montaña
armados escuadrones,
y así podrás quitar las ocasiones
de insultos y de robos,
que son a veces los soldados lobos,
que roban el ganado.
A mi cargo, señor, está el cuidado.
Vase.
Después que Estacio gobierna
mi hacienda me llaman rico,
porque su vista la aumenta,
perlas se vuelve el rocío
del alba, no hay en los campos
después que a mi casa vino
invierno que lo parezca,
para robar los esquilmos;
todo es en él primaveras,
Mas.
mas a un tierno corderillo
lleva en la sangrienta boca
un lobo tirano, huyendo,
da un silbo, acude presto,
amigo, da vuelta al río,
que lleva un lobo a un cordero.
Sale Adriano.
La calor del rojo estío
en este valle a la sombra
quiero pasar, donde miro
marchando los escuadrones.
¡Ah, buen Estacio!, al camino
que se embosca, Estacio, Estacio.
Válgame el cielo, ¿qué he oído?,
un pastor llamaba a Estacio,
si es el que Marte previno,
¡ah, pastor!
¿Qué me mandáis?
¿A quién llamabas a gritos?
A Estacio.
Dime, ¿quién es?
Es un pastor de los míos.
¿Es valiente?
El mismo Marte
presumo que le ha temido;
lucha con un oso a brazos,
dejándole en sangre tinto,
por despojo destos valles,
el lobo teme los silbos
de Estacio, porque conoce
que está en su voz el cuchillo.
Y con estas partes todas
es obediente, es sufrido,
en los trabajos que pasa;
pero ya viene.
Bien dijo
Marte, si es este el Estacio
a quien ha temblado él mismo.
Sale Plácido.
Señor, ¿qué mandas?
Tú solo
has de ser obedecido;
Marte, el Dios de las Batallas,
dijo que sería caudillo
de Roma el valiente Estacio,
dichoso yo pues te he visto
para entregarte el bastón.
Cielos, ¿sueño lo que miro?,
¿aqueste no es Adriano?
Toma el bastón.
¿qué escuadrones han venido?
Doce legiones, y todos
soldados viejos.
Confío,
en Dios que hemos de vencer
a tan furioso enemigo
como publica la fama.
Toda mi vida es prodigios
posible es que haya en el mundo
dos hombres tan parecidos
¿es este Plácido cielos?
bien su venganza habéis visto
pues ya rindo a sus pies.
Turbado, aunque me admiro
pienso que soñado veo.
Mayoral yo soy tu amigo
y con la humildad que siempre.
No puede el romano oficio
darte honor tú lo has honrado
Salen Jasón, y Leonido.
¿Quién es de Roma el caudillo
y general de su gente?
Aquel es.
Llega atrevido
Señor, queréis alistar
a ser soldados, venimos.
En tierna edad comenzáis
¡ay memoria de mis hijos!
dejadme no me atormentéis
¡o cómo sois parecidos!
¿Sois hermanos?
Sí, señor.
Piadosamente me aflijo
desta edad fuera el mayor,
tiernas lágrimas vierto
no sé qué en sus rostros veo
la sangre en el pecho mío
me está enseñando piedades
y el corazón adivino
me está diciendo que tienen
o mi sangre, o mi bautismo.
al fin ¿queréis ser soldados?
Sí, señor.
Pues yo os recibo
acerca de mi persona
venid comeréis conmigo.
Venid, no merecen tal favor
Señor, soldados tan rotos.
En mirallos me deleito
¿Cómo os llamáis?
Yo Leonido.
¿Y vos?
Jasón es mi nombre.
Dadme los brazos que he visto
cierto retrato en vosotros
que tengo en el Alma escrito
ea abrazadme otra vez.
A obedeceros venimos.
Válgate Dios por Jasón
válgate Dios por Leonido.
Vanse y Salen Lisandro, y Leonido, Soldados Cosarios.
Si es verdad que mi fama se adelanta
desde la cuna en tornasoles bella
de donde mueve el sol su rubia planta
siguiendo el paso de la blanca estrella
hasta que traga la voraz garganta
del negro ocaso la rosada huella
haciendo que mi nombre el mundo asombre
como no gano donde llega el nombre
pues qué razón si la hay puede moverme
si amor no puede ser que al mar seguro
vengo solo a la proa a defenderme
sin ver que dejo mi valor escuro.
Abrevie la acción que Roma duerme
sin pánico temor del mal futuro
no he de volver al mar sin que derribe
templos, y laureles por quien Roma vive
Y a la ocasión en furiosas frentes
muestra el cabello que tu Mano espera
el Romano escuadrón soberbio en gentes
tocando al Arma agosta la ribera
con la planta feroz.
Menos valiente
le has de juzgar en la ocasión primera
al arma porque el sol antes que espire
hoy su infamia vea, y mi victoria admire
¿Qué gentes es esta que del bosque sale?
El despojo será de las aldeas
porq.
porque la priesa a tu esperanza iguale
mujeres son las más.
Éntranse y tocan cajas, y danse la batalla. Sale Adriano, y Lisandro.
Pues ya no creas
que con mi furia la clemencia vale,
inventor he de ser de hazañas feas,
mueran todos a hierro porque asombre
abrazo a la crueldad, a Roma al nombre.
Solo la muerte pudiera
castigar tu atrevimiento.
Éntranse peleando, y sale Alastorrelo pastor.
Abrasar a Roma intento
que entre cenizas me espera.
Sale Plácido.
Pésame de haberles dado
un consejo tan cruel,
amor es retrato fiel
que en el alma me han dejado,
nunca yo los enseñara
el camino de la guerra,
que tantas muertes encierra,
y a ellos va costando cara,
la osadía.
Este pastor
se está quejando.
¡Ay, rapaces!
No hagáis con la muerte paces
para aumentar mi dolor.
Ven acá, ¿de quién te quejas?
Quéjome de mi fortuna,
pues sin esperanza alguna
se lleva el viento mis quejas.
Dos muchachos son que apenas
se saben ceñir espada,
y en la riña más trabada
se han metido, pues ordenas
el campo a tu voluntad,
haz que se retiren luego,
el llanto me tiene ciego.
¿Son tus hijos?
En verdad, que como
a hijos los quiero
51.
que si no padece engaños,
la memoria habrá diez años
que siendo yo ganadero,
quité el uno de los dos
a una leona.
¡Ay, amigo!
Quitó un pastor, como digo,
a un oso.
¡Válgame Dios!
Son discursos muy prolijos;
aquéllos son, conocedlos.
Justo será: socorredlos,
soldados, que son mis hijos,
amigos, guardad su vida,
socorredlos.
Vase.
Esto es sueño;
si es el general su dueño,
dichosa fue mi venida.
Salen peleando los soldados del corsario, Aurelio, Plácido, y los muchachos.
Bárbaros, ¿cómo esperáis,
a quien ya por tres pelea?
Solo la muerte grangea
el que aguarda.
Vanse.
Lastimáis
los soldados de valor,
porque en ocasión tan fuertes
nos quitáis tan buena suerte.
Pregúntaselo a mi amor,
hijos de mi vida.
¿Quién
sois vos, señor?
Vuestro padre.
A ser tan noble mi madre,
junto nos tuviera el bien.
El alma me ha satisfecho
la oculta verdad que sigo.
Mi sangre es buen testigo
que está saltando en el pecho.
Vuestra vista me ha causado
placer, y melancolía,
¡ay, amada esposa mía!
Aurelio.
En trance tan apretado
olvidas tu obligación
en tan amoroso celo.
¿Qué importa si vuelve el cielo
por nuestra reputación?
¡Oh, docto
Aurelio!, mientras alcanza
la victoria nuestra gente,
como soldado valiente
de mayor confianza
guarda estas prendas perdidas
por varios casos, y halladas
cuando menos deseadas
y más del amor temidas;
mi intención es que las guardes
en el bosque hasta saber
qué Roma pudo vencer.
¿Para ser hijos cobardes
de un general, no es mejor
tener por padre un villano?
Mandaros está en mi mano,
como el usar del rigor;
como general os mando
que del orden no salgáis.
Pues, señor, ¿qué nos mandáis?
Que aunque se estén abrasando
estos campos, y en la muerte
nuevos peligros halléis,
que en ese bosque esperéis
mi buena o mi mala suerte.
Por padre y por general
que obedezcamos es bien.
Yo iré con ellos también,
que amor es muy liberal.
Pues se precian de soldados
yo sé que obedecerán.
En dos balanzas están
mis penas y mis cuidados.
Vanse.
Salen peleando Adriano y Lisandro.
Poco te importa el valor
cuando ya Marte me ofrece
la victoria con tu vida.
Vence callando, romano,
Si eres valiente.
Adriano
contigo irá a defender
la opinión de Roma acude
donde Marte está más fiero
que yo a este cosario quiero
la batalla porque dude
cuando a herirle comience
pues su fortuna se inclina
si es rayo que le fulmina
o si es hombre que le vence
vete donde es menester
tu espada.
El cielo te guarde.
Vase.
Sabrás cosario cobarde
que respecto has de tener
a las águilas de Roma.
Hago muy poco caudal
que soy águila oriental
que las de occidente doma.
¡Válgame el cielo, qué miro!
¿Es quimera fabulosa
este no robó a mi esposa?
mi próspera suerte admiro
mas cómo puede ser él
pero si Dios le ha guardado
para dejarme vengado
de su astucia cruel.
Bárbaro aquí pagarás
con tu muerte una sospecha.
Si al vencido le aprovecha
la humildad que viendo estás
rendido a tus pies estoy.
No admite duda el sentido.
De furor soy vencido
dejaré de ser quien soy
dando la muerte a un villano
que no se defiende ya.
Y la victoria le da
el mar que defiendo en vano
concede humilde perdón
si usar de clemencia sueles
a quien te da más bajeles
que dio el troyano Ilión.
Por imposibles caminas
que poco te han de valer,
¿no robaste una Mujer
en estas playas vecinas?
Cuyo esposo humilde, y pobre,
te llegó a pedir pasaje
para Egipto?
el hospedaje
para quien cruel desdore
a Busiris, y a Diomedes
fue, el que hizo al peregrino
mi Amoroso desatino
confieso (matarme puedes
si está a tu cargo el honor
de la Mujer que me pides
pero escucha porque olvides
contra mi vida el furor.
¿Dónde está?
Apenas al viento
tendí las templadas velas
cuando al doblar una punta
en una Isleta pequeña
que el Monte peloso enseña
y con su falda se junta
saqué la Mujer que dices
bella cuanto más turbada,
y entre mis brazos cansada
porque el suceso eternices
Con espíritu animoso
aunque el cuerpo envuelto en hielo
dijo penetrando el cielo,
Válgame el Dios de mi esposo,
y apenas con una voz
a el Dios de su esposo llama
cuando imitando su fama
partió con vuelo veloz
romper los aires la vi
cual suele impresión de fuego
y yo deslumbrado, y ciego
a mi bajel me volví,
mas no en virtud de mi aliento
sino de ajeno poder
esta es Señor, la Mujer
y este el dichoso portento.
fe subió a Dios gloriosa
y la mía es poderosa
de que he de hallar a mi esposa
pues el Cielo la aguarda
Doyte en albricias la vida,
que.
que por la traición me debes,
pero quiero que la lleves
al mismo peligro asida,
que si te apartas de mí
no faltará quien imite
tus obras, y te la quite
por lo que yo te la di.
Vase.
Pues yo la sabré estimar
con el favor que me hiciste,
mas porque tú me la diste
que por quererla guardar.
Vase.
Qué más triunfos, qué más gloria
pues venciendo al enemigo
vienen hallarse conmigo
la esperanza, y la victoria.
Salen Aurelio, Nisón y Leonido, y Alastorrelo.
Qué cruel es la obediencia
pues enseñando a sufrir
aun para haber de morir
no tiene un hombre licencia.
Presto cantará victoria
nuestro ejército, y saldremos
del bosque.
Bien merecemos
templo, laurel, y memoria.
Obedeciendo se alcanza.
Salen soldados corsarios.
Ocasión no faltará.
Buen secreto el bosque da.
Ni en fortuna hay mudanza
si vence Roma, ¿qué hacemos?
Morir matando.
Pues muera
esta mujer la primera
para que el orden guardemos,
de Lisandro.
Ya es crueldad
con los que no se defienden.
¡Estos hombres qué pretenden!
Encubríos, y callad,
porque estos son enemigos
y aun no nos han descubierto.
Del primero golpe acierto.
22.
Descubren a Theodora atada a un árbol.
Hago a los cielos testigos
que creo en el Dios que adora
mi esposo, y que doy la vida
por él.
Mi madre fingida, ¿no es ésta?
¿Ésta no es Theodora?
Por la piedad que mostró
cuando se llamó mi madre,
aunque le pese a mi padre,
he de defenderla yo.
Y yo también moriré
por libralla.
¿Dónde vais?
Aunque el paso me impidan,
la obediencia perderé.
Mirad que hay más en que pueda
ejecutarse el rigor.
De la piedad y el amor
a veces valor se hereda;
bárbaros, ¿cómo ignoráis,
La
56.
la piedad que en bríos y valor.
Sale Adriano.
Cesa el viento, velad,
si hay emboscadas.
Restáis,
restáis,
por testigos de este hecho,
pocos sois para jurar,
y si venís a estorbar,
camino hará en vuestro pecho
tanto acero pasador,
que entre sangrientas espumas
os cubran varas y plumas
para que os guarden mejor.
¿Dos bárbaros qué intentan?
¿piensan que nos han vencidos?
¿Por verlos tan atrevidos
a darles muerte se alientan?
No lo permitan los cielos.
Si duerme la fantasía,
¿no es ésta la prenda mía,
imagen de mis desvelos?
No es.
No es Teodora, sí que Amor
no adoró belleza igual.
Por hijos del general
es la obligación mayor
de guardaros.
Si supieras
quién es, aun más te admiraras
pues por sus vidas miraras
y cual madre los quisieras.
¿Que a defenderla se atrevan,
pasa raya el corazón
con celo?
Del escuadrón
ninguno la planta mueva,
que por los Dioses os juro
que aunque vencidos estáis
en los cielos no tengáis
templo, ni lugar seguro;
llegad, que si yo no llego
es que temo al Sol que veis
y por bárbaros podéis
sin que os acobarde el fuego
romper las prisiones luego,
para que os abrase aquí
su luz que ofendida vi,
porque yo no he de llegar
que os quiero ver castigar
antes que me abrase a mí.
Pues yo sin fingir amor
romperé tan fuertes lazos.
Para que me deis los brazos.
En mi ventura mayor
reprehendió tu valor
mi culpado pensamiento
y a por vana llevó el viento
mi castigada osadía
y entre Santos llegó el día
del justo arrepentimiento.
¡Ay!, ahora te estimo en más
por saber que te conoces.
Irá en las alegres voces
tu dicha aumentando vas.
Sale Plácido.
Fiel Aurelio, ¿dónde estás?
Porque mis prendas me des.
Ya serán las prendas tres,
Si es vuestra prenda Teodora.
No llegue el placer agora
para matarme después
no el placer tan junto llegue
que podrá después matar
que el placer no ha de llegar
sin que quien le busca ruegue.
Y es bien que mi dicha os niegue
el placer de haberos visto.
Apenas mi bien resisto
al que ocupa el corazón
duras las ausencias son
y a lágrimas las conquisto.
El César con mil caballos
marchando en tu retaguarda
viene a gozar la victoria
habiendo preso una escuadra
a el cosario que huía
para escaparse en el agua.
Yo le concedí la vida
conmigo la gente salga
y recibamos al César.
Ya llega.
Sale el Emperador y gente.
Para que famas
se dilaten tus victorias
en cuantos círculos bañas
con puntas de oro el planeta
que adora en templos Italia.
Plácido soy que los cielos
para servirte me guardan
después de tantas fortunas
porque una sola no basta
para los que a pobres llegan.
Qué bien el cielo restaura
mis perdidas alegrías
entre muertas esperanzas.
Dame los brazos que han sido
las colunas de la patria
adonde el romano imperio
como en su centro descansa.
Goce primero el favor
Teodora.
Hallaste en mi gracia
puerto, y por ella, a que agora,
Verán los hombres, levanta
prenda del mejor romano
que gozó jamás estatuas
en el Sacro Capitolio.
Ya se ha convertido el alma
en justo agradecimiento
tu hechura soy.
Sepa Italia
que desde hoy goza otro Dueño
los cielos quieren que parta
contigo el romano imperio,
sacros laureles te aguardan
en roma entrarás triunfando
del cosario que a tus plantas
irá en el carro vencido.
Tu esclavo soy, doyte gracias
por la merced de la vida.
Obediente pues me mandas
estoy a tu voluntad
no es bien que se queje el alma
de estos humanos favores
porque mi esposa cristiana
Aumente en Cristo la fe
siendo tan ricas ganancias
vuestra hacienda perdida
que yo en los templos, y plazas
diré después como sigo
la ley de Cristo aunque el alma
en el Martirio lo diga
por las abiertas entrañas.
Marcha la vuelta de roma.
Por nuevas tan deseadas
quiero por darles Albricias.
Si a mí con silvia me casas
quedarán todos contentos
pues dormirán en sus camas
seguros de que les quepa
lo que por tonto me agrada.
El César te la concede
que nuestro ejército salga
a gozar de los despojos
que suyos son pues los gana.
Aquí da fin el Poeta,
par
Y da fin en sus alabanzas
al Segundo Job, dejando
a la admiración cristiana
tan maravillosa vida
como la Iglesia nos canta.