귀속 대상:> 공개일: 2026년 8월 22일
작품 메타데이터
경고
오류나 누락이 있을 수 있습니다. 더 나은 버전이 있으면 문의해 주세요. 업데이트를 반영할 수 있도록 연락해 주세요.
특허
이 콘텐츠는 Cre귀속 대상:tive Commons CC BY-NC 4.0 라이선스로 제공됩니다. 재사용은 인용 표시 후 사용 가능; 상업적 사용은 허용되지 않습니다.
<귀속 대상: cl귀속 대상:ss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" t귀속 대상:rget="_bl귀속 대상:nk" rel="noopener noreferrer" 귀속 대상:ri귀속 대상:-l귀속 대상:bel="크리에이티브 커먼즈 CC BY-NC 4.0 라이선스에 대한 자세한 내용을 확인하세요.">추천 인용
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Diálogo al Santísimo Sacramento sobre la parábola de San Lucas: Homo quidam fecit coenam magnam. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/dialogo-al-santisimo-sacramento-sobre-la-parabola-de-san-lucas.
Diálogo sobre aquella parábola de San Lucas 14. Homo quidam fecit coenam magnam.
Personas.
Rey. Amor. Fe. Temor. Gracia. Un cortesano. Mundo. Carne. Honra. Celo. Hacienda. Marido de la carne. Marido de la soberbia. Marido de la hacienda. Un ciego. Su gomecillo. Un cojo. Un manco. Un tullido.
Salen Rey, Fe, Amor y Temor.
No puede el corazón del que bien quiere
en calma sosegar solo un momento,
y mientras sosegado él estuviere
mayor guerra promulga el pensamiento.
Pues por cuantas el alma le refiere
causas para su amado de contento,
tanto en ejecutallas disimula
y afligiéndose así más le estimula.
Varias olas de amor siento en mi pecho
que al fuego que está dentro más le enciende;
el espacio que ocupa es estrecho
para los altos fines que pretenden.
Un imposible está el corazón hecho
de dos contrarios que a su bien atienden,
y el triste corazón padece a solas,
fervientes llamas, bulliciosas olas.
¿A quién, sagrado amor, a quién perdona
vuestra divina flecha enarbolada?
También del rey apunta la corona
como la greña rústica erizada:
siendo rey me trajistes en persona
del seno eterno a aquella vil morada
donde
donde morando agora me enamoro
de las almas, que tengo por tesoro.
Quisiera dar a todos una muestra
de vuestra voluntad, y mi deseo,
quiero hoy abrir, cual rey, mi franca diestra,
y enseñarles los bienes que poseo.
La voluntad más libre, y más siniestra
hoy pretendo llevar en mi trofeo;
ofrezca cada cual aquí su envite,
que el resto quiero echar en un convite.
Fe pura, amor divino, y temor santo,
a vuestra voluntad el hecho encargo,
cuanto en este convite me adelanto,
tanto a la voluntad el freno alargo.
No os duela que resulte en mi quebranto,
tomad vosotros el negocio a cargo,
movedme cualquier piedra, así os lo mando,
que ellas se moverán, bien sé yo cuándo.
A vuestro querer me ajusto
y doy mi consentimiento,
pues razón me dé contento
lo que a vos os diere gusto.
Pues por cierto tengo, y sé
que en este convite santo,
en donde vos ponéis tanto,
no pone menos la fe.
y semejante convite
sin mí no tiene sazón,
porque su declaración
siempre a la fe se remite.
Aunque esta razón es llana,
es bueno advirtáis, Señor,
que habiendo fe sin amor,
es como comer sin gana.
A las obras me remito,
en donde claro veréis
que en el convite que hacéis
he de ser yo el apetito.
El nombre de amor me basta,
pues de fuego abrasador,
soy fuego, pues soy amor,
que el manjar del alma gasta.
Y no me canso jamás
mientras las almas enciendo,
antes siempre estoy pidiendo
que le den al alma más.
Necesario es el amor
que se consigue a la fe,
pero, Rey alto, yo sé
que no está ocioso el temor.
Porque el amor soberano
tal hambre suele causar
que habréis menester buscar
quien le pueda ir a la mano.
Y no será, Señor, justo
donde es tanta la importancia
no mirando a su ganancia
se dejen llevar del gusto.
Que sin exceder la ley
de fe santa y amor puro,
haré yo el paso seguro
a quien ver quisiere el Rey.
Pues no porque se avecina,
y se nos muestra amoroso,
es Rey menos poderoso
descubierto, y con cortina.
Haréisme los tres servicio
en su oficio cada cual,
que no puede salir mal
haciendo todos su oficio.
Porque los buenos criados
en el palacio del Rey
conforme a razón y ley
es bien estén ordenados.
Pues a la fe le señalas
el oficio de trinchante,
será también importante
haga el amor el maestresalas.
fe
Acepto de voluntad
con tal señor, que sea cena.
Con la fe la luz no es buena
pues se da con oscuridad.
Lo que con la luz se ve
de alguna razón da indicio,
y así no hará bien su oficio
la oscuridad de la fe.
Detente un poco, temor,
si es que mi daño pretendes,
porque si de amor entiendes
claridad quiere el amor.
La oscuridad tenebrosa
a ti quede reservada,
y no cuando es convidada
a ver su esposo la esposa.
Como la eterna afición
si al caro esposo no ve
que el crédito de la fe
solo causa admiración.
Imposible es la contienda
en quien entre sí se hermana,
el temor a ti se allana
con que su razón se entienda.
Yo tengo por acertado
estar encubierta acá,
prometiendo de que allá
estará el velo quitado.
Digo que la traza es buena,
y es quitada la porfía,
llamando a la noche día,
y a aqueste convite cena.
Quien en esta cena advierte
bien claro podrá inferir,
cuán bien se puede dormir
tras ella el sueño de muerte.
Y aunque el sentido condena
la verdad en que me fundo
de la tragedia del mundo
aquesta es la mejor escena.
Siempre es templado el cenar
a quien espera comer
que la cena no ha de ser
hasta venirse a hartar.
Si en el convite sagrado
se diera Dios sin medida,
no se esperara comida
en la mesa del estado.
Pues estáis ya concertados
es bien agora saber
quién, y cuántos han de ser
los que vendrán convidados.
Diga primero el temor.
A pocos señor me alargo
mejor es tome este cargo
si vos os parece, Amor,
que no sabré resolver
pregunta de tanto peso.
Bien podéis dejaros de eso,
Temor, que no hay que temer.
Paréceme acudan todas
las almas que tienen fe,
que a todas admitiré
si están vestidas de bodas.
Remítome a este juicio.
Yo de mi parte lo apruebo.
Yo acudiré a lo que debo
para cumplir con mi oficio.
¿Y qué ha de ser la comida?
Tú, Señor, mira, y advierte
que has de tragarte la muerte
porque comamos la vida.
En banquete singular
donde tantos han de ser,
es Dios lo que han de comer,
porque no pueda faltar.
Perdonadme si me alargo,
que pienso que me alargué.
No dirá aquesto la fe.
No, pues lo tomo a mi cargo.
Quien a la cena viniere
ha de ver un caso extraño,
pero advierta que es engaño
no creer más de lo que viere.
No se usará gran rigor
con el que hubiere faltado,
no por falta de cuidado,
mas por sobra de temor.
Muy manirroto seréis
con el convite que dais,
pues aunque ya en cuerpo estáis,
en carnes os quedaréis.
Si dais al mundo estas señas,
él será su excepción;
que en materia de afición,
dádivas quebrantan peñas.
Dirá el mundo que es barato
el convite, y vos avaro,
pues le publicáis que es caro
no dando en él más que un plato.
El que llegare primero
su cordero aquí hallará,
que a cada cual se dará
en un bocado un cordero.
Porque con estable ley,
para sanar su aflicción,
hace al hombre del Tusón
en este convite el Rey.
Plegue a Dios que no se atreva
alguno a más de lo justo,
y que llevado del gusto
haga más de lo que deba.
No son malos sus intentos,
pero fue traza de Dios
que un bocado ni dos
no sean menos que doscientos.
Alto, manos a la obra,
pues razón todo se deje
y el convite se apareje,
pues el aparejo sobra.
Dadnos licencia, Señor.
Vos, Amor, ya la tenéis,
pues de experiencia sabéis
que es graduado licenciado Amor.
Siendo por vos graduado
lo seré de aquí adelante,
que en mi oficio es importante
se entienda soy licenciado.
Yo reconozco el favor
como dado de tal mano,
pero vos, Rey soberano,
ya sabéis que soy doctor,
que el título no se pierde
por ser rey como sabéis,
205 [tachado] 206
pero en la cruz lo veréis
cuando estéis con borla verde.
Pedíanos más espacio
desta borla la excelencia,
agora dadnos licencia,
que nos vamos a Palacio.
Partid muy enhorabuena.
Con recelo partiré.
Hoy lo quitará la fe
en el convite que ordeno.
Entranse Fe, Amor y Temor, y quédase solo el Rey.
63
¡Por un mortal sujeto me sujeto
a un mar de angustias, de tristeza y penas!
¡Por soltar a un remero la cadena,
un golfo de cuidados me prometo!
Por sosegar un pecho estoy inquieto,
dura congoja al alma cerco pone,
y el pecho se dispone
a pagar a la dura muerte pecho;
para que satisfecho
quede en paz libre y suelto mi herrado,
y yo al remo de pasiones condenado.
Rey soy exento, libre y poderoso,
el hombre flaco, mísero y cautivo;
del valor de mi Padre soy archivo,
el hombre de saber menesteroso.
Mi herencia, el dulce pan, alto reposo;
hereda el hombre la inquietud consigo.
Mi gloria, va conmigo;
el hombre, sigue un duelo, y triste llanto.
Y misterio sacrosanto
como más puedo al hombre comunico,
libre le dejo, sabio, quieto, y rico.
Tuyos son, dulce amor, estos despojos,
tuya de estas empresas la victoria.
Siga pues el sentido, y la memoria
el alto fin do llegan mis deseos.
Y vos, sujetos ángeles, deteneos,
no deis mayor traspié en mayor caída,
a que veloz acuda a libertaros,
si dais priesa a bajaros,
aunque crezca el dolor, dure el trabajo,
el hombro al yugo, y la cerviz abajo.
Guisarme quiero para el gusto humano
con tal, que al hombre mi trabajo obligue,
siga el afecto la opinión que sigue,
responda a mi querer tarde, o temprano.
Para que viendo el hombre, que me parto,
y que visiblemente de él me aparto,
y de aquel pan le harto,
que entre todos los panes floreados
tiene gustos sagrados,
y el alma que lo come con pureza
anime allá de dentro en su corteza
do aqueste pan de hostia esclarecida
el privilegio tienen las Españas,
que entre las maravillas más extrañas
supe hacer en el cabo de mi vida.
Aqueste es el banquete, y la comida
que el Amor, y la fe, y el temor santo
han celebrado tanto,
y las almas ansiosas que la comen
no me espanto que tomen
hastío a los manjares de este suelo,
y afición más crecida a los del Cielo.
Escena 2. Acto 1. Sale Mundo, Carne, Hacienda, y Soberbia.
El Caos eterno su silencio rompa,
suene mi ronca voz en las cavernas,
suene en el orbe la tartárea trompa,
haced, oh hermanos, lástimas eternas.
Que un nuevo Rey, con nuevo ser, y pompa
convites hace, y bodas sempiternas,
con que a los hombres de tal suerte obliga,
que tendré a dicha hallar a quien me siga.
Hoy, de mi Reino la gran puerta cierra,
con ánimo atrevido, audaz, y ardiente.
Con blanda voz me saca de mi tierra
inmensa vecindad, inmensa gente.
Al mismo cielo quiero mover guerra.
De todo mi poder el gran torrente
del Antártico Polo, hasta Calisto
derramaré, por perseguir a Cristo.
De fuego tengo ya en mi pecho un horno,
por blanda cara, un hórrido semblante,
andaré de mi reino en el contorno
sembrando fuego ardiente, y penetrante.
La machina de Atlante traheré en torno,
quebraré las colunas de diamante,
y dentro del Averno irá mi furia
doblando llaga a llaga, injuria a injuria.
¡Tal sufre el Mundo, tal el Mundo pasa!
que un rey, a tal miseria acá llegado,
que a echarme venga de mi propia casa,
con privación de bienes, y de estado!
¡Cómo el fuego que arrojo no abrasa
cuanto dentro en mi globo está encerrado!
¡Infierno! alarma, acábese la tierra
con mano armada, y con sangrienta guerra.
Furioso está nuestro hermano.
es muy grande la ocasión.
mucho esfuerza la razón
ver un dolor inhumano.
¿Impórtale al Mundo tanto
tener un vasallo menos?
Essos consuelos son buenos,
la Codicia os dirá cuanto.
Para el gusto sensual
¡cuanto te importa el regalo!
Aqueste dudar no es malo
sino fuera por mi mal.
Basta, que ya os entiendo.
una razón me convence.
y a mi sufrimiento vence
que estéis vosotras riendo.
De furioso muestras dais.
y tanto lo estoy, y creo
que el suelo no está seguro,
sino porque en él estáis.
A reír movéis el labio,
pero no a darme favor.
Detente hermano, señor.
no puedo más, porque rabio.
Vénceme el presente ultraje,
pues vengo a ver por mis ojos
que por quitarme de enojos
me movéis a más coraje.
Haré que el mundo se asombre,
y que mi poder se entienda
pues en codiciar hacienda
no me ha de escapar hombre.
Los hombres más principales
todos de mi bando son,
todos siguen mi blasón
y están dentro mis reales.
Todos de mi son mandados,
mi poder no tiene ley
y por uno que da el Rey
puedo dar muchos ducados.
La riqueza, y el thesoro
son quien más la sangre apura
porque no hay sangre más pura
que aquella que engendra el oro.
Mirad, caro hermano mío,
si ahora podéis creer
si es bastante su poder
para contrastar el mío.
Si como lo decís vos
Carne, y Honra me ayudaran
las fuerzas no me faltaran
para hacerle guerra a Dios.
En forma, Mundo, me corro
que de mi ayuda dudéis.
siéntase.
Caro hermano, ya sabéis
cuán cierto os es mi socorro.
Siéntome, que estoy cansada,
que ha mucho que estoy en pie.
Razón es sentada esté
no muera de delicada.
Moriré si no me arrimo.
Con mí inclina su cabeza.
Bien dices, que la riqueza
de la carne es el arrimo.
Ay que enfadada me siento.
Regaladme, dulce hermano.
Llegad, tomadle la mano
que este será su contento.
Cuando más esté afligida,
no he menester más socorros
si al Mundo junto a mí veo
y mi mano tiene asida.
mientras él me da la mano
segura estoy no caeré.
Bueno es eso por mi fe,
requiebro de hermana a hermano.
Si yo estuviera de gusto,
diéramelo esa razón;
mas niégalo el corazón
movido de un dolor justo.
¿Y no puede estar en calma,
si dura la tempestad?
En mis manos me dejad
el remedio de vuestra alma.
Seguro podéis dejalle,
pues que rijo el gobernalle
del humano corazón,
y sé quien rige el timón
pende que la nao no encalle.
Es el hombre muy honrado
atiende mucho a su honor,
y aunque esté más convidado
si yo no endulzo el bocado
no puede tener sabor.
Del estómago a la boca
el manjar más escogido
con dificultad muy poca
vuelve, si habiendo comido
la honra el convite apoca.
A más de cuatro diré
que comulguen cada día
pero tal ardid tendré,
que al profesar de su fe,
haré profesen la mía.
Basta, no me digas más
que con esto estoy seguro.
Tengo en ti tan fuerte muro,
cual nunca tendré ya más.
Yo presento la batalla
de la fe, temor, y amor,
y con vuestro gran favor
me será vencerla, dalla.
No es menester que os incite
si estos ánimos tenéis,
a que de hecho arruinéis
las mesas deste convite.
La determinación ves,
pues el hecho así será.
porque ¿quién resistirá
contra la fuerza de tres?
¿Pensáis por ventura vos
que son más fuertes que Alcides,
que en sus batallas, y lides
no osó acometer a dos?
Yo me opongo contra Amor.
Yo con el temor saldré.
Yo pelearé con la fe.
Yo con su Rey, y Señor.
Queda solo el Mundo, y éntranse los demás.
Yo voy tras vosotros luego
caminad, que al punto voy.
¡O, cielos, y cómo estoy
de pura cólera ciego!
¿Quién puso tal invención?
¿Quién inventó tal guisado?
¿Dónde Dios está cifrado
para mi condenación?
Tuyas, Amor, tuyas son
estas trazas, ¿quién lo duda?
Para hacerme guerra cruda
al hombre es este reclamo
que mientras más yo le llamo,
menos sus intentos muda.
¡O cruel, fiero enemigo,
atrevido por mi daño,
inventor de un echo extraño
por mostrarte mi enemigo!
El Cielo será testigo
de tus falsarios intentos.
Yo minaré los cimientos
del edificio que emprendes,
a ver si por aquí enmiendes
la causa de mis tormentos.
En mi daño te conjuras,
turbador de mi sosiego
eres ardor, eres fuego
que mi sufrimiento apuras.
Inventa más desventuras
que a todas opongo el pecho.
Añade más a lo hecho,
mira en lo que te embarazas,
que al suelo vendrán tus trazas
para tu mayor despecho.
¿Que quieras por tus antojos
negar a todos que es pan
lo que publicando están
el gusto, tacto, y los ojos?
¿Que me lleves despojos
de mi poder mal llevados?
Falsamente conquistados,
pues claramente se ve
que son del Temor, y fe
los sentidos engañados.
De tu bárbara inclemencia
tomaré justa venganza
porque ya de verla alcanza
tu malicia a mi paciencia.
Pondréte pleito en Audiencia
de mi valor, y poder.
En donde vendrás a ver
si es bien que el mundo se incite
por inventar un convite
para que el hombre vaya a comer?
Ten por cierto aleve, insano
que no has de comer en paz
pues tengo de ser agraz
para el paladar humano.
Desharé tarde, o temprano
la fuerza de tus enredos.
Haré tus gustos acedos
aguarda, traidor, aguarda
tu poder no me acobarda,
no seas loco en poner miedos.
Acto 2. Escena 1.
Salen Fe, Amor, y Temor.
Extraño es el intento
que nuestro Rey emprende.
Amor del alto Cielo, Temor santo?
adonde yo hago asiento,
así mi fuerza prende,
divina, y alta fe, que no hay espanto
que valga, y pueda tanto,
que me impida mis hazañas.
Extraña es tu potencia
pues no halla resistencia
en las regiones propias y extrañas,
y su blasón primero
es un bravo león, vuelto en cordero.
Amor, ¿y cómo has hecho
que el Rey del cielo y tierra
tan difícil intento y arduo emprenda?
Rompíle el tierno pecho
con amorosa guerra
y púsele en el pecho una encomienda.
Extraña es la contienda
aunque no porfiada,
mas la encomienda puesta,
¿cuán caro que le cuesta?
Por eso es cruz la encomienda,
y para bien del hombre
la encomienda de Cristo tiene el nombre.
Él es salud y vida
de los encomendados,
y porque en ellos viva se sustente,
él se hace tal comida,
y llama convidados.
Espanto ha de poner a toda gente
el convite excelente.
Y mucho más el plato
que vuestro Rey ha hecho.
pues de su propio pecho
mostrando del Pelícano un retrato,
sustenta sus hijuelos.
Velo la tierra, admíranse los cielos.
¿Ese plato divino ha de ser
ha de ser el postrero,
o tiene otros manjares la comida?
Hay pan en él, hay vino,
y un sabroso cordero,
becerro, que de muerte nos da vida,
y un panal divino
de miel muy escogida.
Ninguno ha de ir ayuno,
mas lo que aquí he contado,
se encierra en un bocado,
que aunque es verdad, que el plato es uno,
contiene mil consuelos.
Está en la tierra, admíranse los cielos.
Pues el convite espera,
y somos mensajeros
para llamar los nobles convidados,
id Fe vos la primera,
y nosotros postreros,
y llamad los que os fueren señalados.
Compañeros amados,
yo soy en todo ciega
y erraré
y errare en el camino,
vaya el Amor divino,
pues sin errar a donde quiere llega.
Vos, Fe, caminad luego
que quien aquí ve más, es el más ciego.
Ventura nos dé el cielo,
que suele estar el paso
cerrado por razón de tres mujeres.
La soberbia recelo.
Yo el venenoso vaso
de la maldita carne, y sus placeres.
Pues si saberlo quisieres
recelo la codicia
que es llanto de los ojos
que lleva mil despojos
sin miedo de la ley, ni de justicia.
Llamemos, que ya es tarde,
y de la mejor de ellas, Dios me guarde.
Tem.
¿Ah de casa, buena gente?
¿respóndame quien me oyere?
¿quién vive?
¿Y quién muere?
¡Qué pregunta más prudente!
Respondan, que no me iré
sin despertar los sentidos,
mas ¿cómo que están dormidos
a las voces de la fe?
Llamad con la palma recio
para que despierte el alma.
Bien dices, porque la palma
despierta con su gran precio.
¿Ah de casa? si hay en ella
alguno, responda ya.
Ese alguno os dejará
en el mesón de la estrella.
Es tener en qué entender
detenernos a la puerta.
Cierto, que me tiene muerta
un rasguño de alfiler.
Responda de dentro la Carne, que es Flavia.
¡Qué de ligero se queja
la carne tan delicada
porque sola una picada
aun sosegar no la deja!
¡Levántate, buena pieza,
pues que tu perdición ves!
porque se quiebra los pies,
y a nosotros la cabeza.
Salga el dueño de la casa,
que no buscamos a vos.
Ya viene, gracias a Dios.
Y pues bien, ¿qué gente pasa?
Sale el marido de la Carne, que es Zelicio.
Pasa el tiempo, y sus placeres.
Y así se te pasarán
los regalos que te dan
las caricias de mujeres.
Son viciosas, halagüeñas,
son mortales basiliscos,
y son peligrosos riscos,
de donde tú te despeñas.
Son un agua cenagosa,
y junto con agua fuego,
do se lleva el hombre ciego
y muere, cual mariposa.
Por cierto un nuevo lenguaje
oyen de eso mis orejas.
Si las liviandades dejas
te daremos un mensaje.
Pedís una condición,
que es para mí nueva ley.
Sábete, que un nuevo Rey
pide nueva ordenación.
Y ya conoces, qué tal
es aquella real persona,
pues de cuán gran corazón
sea el Rey, y liberal
verás lo por el recado.
Diga, que recibiré
contento con su mandado.
Aquel rey tan liberal
que a todas cosas se extiende
de cuyos tres dedos pende
la machina universal.
Aquel que se llama solo
en su inmutable ser,
y no estrechó su poder
entre el uno, y el otro polo.
Este pues quiere mostrarte
su riqueza y su descanso
y ser ya cordero manso
el que antes fue fiero Marte.
Y para que ya te quite
toda sospecha, y temor
ordenó de hacer su Amor
un espléndido convite.
Es manjar el que convida
y de sustento tan fuerte
que mata a la misma muerte
y a los muertos les da vida.
A tal convite, Señor,
te convida el Rey del cielo
con qué amor, y con qué celo
mejor lo dirá el Amor.
El celo con que convida
a la mesa de los cielos,
diré mejor que son celos
de tu amor, y de tu vida.
Que a quien amoroso fuego
ha puesto en dura pendencia,
si no halla correspondencia
cómo puede hallar sosiego?
Y así no sosiega un punto
el Rey amante, y no amado
hasta que el de sí apartado
le ponga consigo junto.
¿Qué quieres tú que más haga
con su vasallo el Señor?
Dale amor pues, por ser amor,
que amor con amor se paga.
Este amor solo te pide
pues pagas débito censo,
y aquel que llaman inmenso
con tal medida se mide.
Esto el amor te amonesta
que va conforme a razón
la segunda condición
el Temor la manifiesta.
El villano torpe ingrato,
a lo que mucho se precia
lo desestima, y desprecia,
si se lo dan muy barato.
El Amor barato vende
porque es pródigo de hacienda,
mas quien no estima su tienda
lo que es amor no lo entiende.
La embajada, amigo, es esta
y los que aquí te la damos,
ya solamente esperamos
de tu boca la respuesta.
Quiero darla, y no querría
estar conmigo luchando.
Sale la Carne.
La fe, yo la guardaré
solamente a mi marido.
¿Y a Dios no has de guardar?
¡Oh, falsaria, sin consciencia!
¿Haos dado el Papa licencia
para mi fe examinar?
Yo, a mi marido gallardo
la fe le guardo, y la ley,
y no ha de querer el rey
lo que yo para él guardo.
Que aun la tórtola llorosa
con su esposo se acompaña,
y la fiera más extraña
busca la unión amorosa.
Que el marido es precio rico,
y búscanle hasta las aves.
Según lo que parlar sabes,
ellas te dieron el pico.
Vos, señor, estáis picado
aunque pico no tenéis,
y lenguas buscar podréis
pues que sois tan deslenguado.
Y lo que concluyo al fin
es, que al punto caminéis,
mancebo, si no queréis
llevar tras vos un chapín.
Y vos, mi marido fiel,
caminad a vuestra casa;
porque el tiempo breve pasa,
y mis regalos con él.
De gente no conocida,
no habéis de hacer ningún caso.
No aceleréis tanto el paso
que me aceleráis la vida.
Cierto, que está muy donoso.
Ya del todo se derrite.
¿No tiene en casa convite
que le pueda ser sabroso?
Para mi corazón duro,
y blando para tal gente.
Mire, que el gusto presente
siempre vence al juez severo.
Crió Dios del viejo Adán
la mujeril hermosura,
y por la costilla dura
ya blanda carne le dan.
Adornado con tal pieza
en todo el mundo se sabe,
que a ti la blandura cabe,
y a mí me dan la dureza.
Y pues yo dura, procuro
ablandarme para ti,
tu corazón para mí,
¿por qué le has de volver duro?
Mira tu larga cadena,
y que en breve la quebrantas.
A mis orejas encantas,
con tu canto de sirena.
Aquí me llaman, y allí
vuelvome acá, y acullá.
y al fin esto parará
en no apartarme de ti.
Si una costumbre porfía
el dejarla mucho cuesta.
Esperamos la respuesta,
y acabase el día.
Ya respondo, si es que puedo.
ya sale, mas ya no sale.
resuelvome, que más vale
vencer de una vez el miedo.
Diréis al Rey del alto firmamento
a cuya mesa he sido convidado
que quisiera cumplir su mandamiento:
mas, que lo estorva el ser recién casado.
Es forzoso cumplir con este intento.
y así, que me tendrá por excusado,
que excusas en negocio tan forzoso,
a ninguno podrán dejar quejoso.
Con esto acabo de rato
nos despides de tu casa?
que esto pasa!
y aun más pasa
en un corazón ingrato.
Qué grandes remoraciones,
que no mueve el admirar
alto, sus, a caminar
no os arroje yo a empellones.
Oh cuán malaventurado
aquél puede llamarse
pues de una vez atado
no puede desatarse
de aquélla que con blando lazo enlaza
en la primera caza
cual pajarillo preso
las alas va batiendo.
echar de sí aquel yugo, y grave peso.
séale al fin forzoso
llorar, gemir, temer y estar quejoso.
Oh cuán impertinente
aquél puede llamarse
que hace de sentimientos estafetas
o, con cruz en la frente
no cesa de espantarse
oyendo mil donaires, y chufetas.
tomad dos castañetas
y llevad lo en dos voces
si no queréis en una.
guardad vuestra fortuna,
que más quisiera agora pan y nueces.
que a vos será forzoso
llorar, gemir, temer, y estar quejoso.
A mí será forzoso
llorar tu desventura
enemiga cruel de tu deseo.
Yo quedaré penoso testigo
del hombre, y su locura
de quien lleva la carne tal trofeo.
Pues yo que aunque no veo
su mal, y daño siento
su gran desgracia lloro,
pues pierdes de tal tesoro.
Mas, pues no tienes hombre sentimiento
ni quieres conocerte,
yo lloraré tu vida, y tú, tu muerte.
Venid marido mío
que no quiero hacer suelta
de vos, pues del peligro estáis ya suelto.
¡Oh diabólico brío!
cual bala desenvuelta.
Y cual queda también el desenvuelto,
si él habla resoluto,
yo hablo resoluta.
Mire que soy extraña,
que la mayor hazaña
este mi fuerte brazo la ejecuta
sin mostrar cobardía
y a su son, mancebos, que ya es tarde.
¡Oh fiera inexorable!
De los cedros del Líbano carcoma,
y más que aquel terrible
Nerón, que convirtió
en ceniza a Roma
a quien su fuerza doma
en duro cautiverio.
De mil pasiones varias
le harás pagar parias,
pues el tributo infame de tu imperio
de su vituperio
y das por premio justo
presentes daños, del pasado gusto.
Vanse.
Antes que se entren Carne y su Marido canten esta letra.
Éntranse la Carne y su Marido, y los músicos tachadura y quedan con fe, Amor, y temor, todos.
tachaduras
Sale el Marido de hacienda, y Hacienda.
Por escuadrón armado ahora pasa
y con mayor violencia
da en tierra su potencia
de la que arroja el rayo apresurado.
Conquista el gran soldado
el oro sin temor de resistencia
y con el mismo pico
surca el pirata, y cerca el mar Euripo.
Filipo Macedonio
con oro sujetó los sus contrarios,
y mil sucesos varios
contrastó con el oro Marco Antonio.
Da el tiempo testimonio
que son los reyes de oro tributarios
porque con la abundancia
la hambre crece más, de más ganancia.
Y así no es maravilla
el que hace levantar al rey cabeza
o si haga una franqueza
que ha de costar bien caro a mi Castilla.
Cerrar quiero la cuenta
veré cuánto me falta de mi renta.
Vase.
Salen fe, Amor, y Temor.
Llamemos al segundo.
Pues responde tan mal el que es primero
que pues a todo el mundo
se apercibe el convite del cordero,
es bien que el mundo entienda
que no se cierra a nadie esta tienda.
¿Quién en esta casa mora?
Responda alguno, a la fe
pues es cierto, juraré
que aquí no duerme ahora.
Lleguemos a los umbrales
para que alguno nos sienta.
Para estar cabal la cuenta
solo os faltan dos reales.
Más que metidos que están
aquí en consejo de hacienda.
El amo de casa atienda
a las voces que le dan
¿Vive en esta casa alguno?
De contar acabe ya.
¿Qué es esto, quién anda allá
tan furioso, e importuno?
La fe llama, ya con quejas
ya con su amoroso ruido.
La moneda, y su ruido
me atapaba las orejas.
¿Tan baja cosa te lleva,
y te transporta el sentido?
Créanme, que no han sabido
qué cosa es moneda nueva.
No hay música según creo,
que tenga tales redobles
tras sí llevará los robles
mejor quel músico Orfeo.
Un gato como este tal
suena tan bien al oído
que le pueden dar partido
en la Capilla real.
Pero yo no le daré
partido, que al fin dinero
más vale tenerlo entero
por más que diga la fe.
Porque el bolsón es rendido
según que tengo experiencia
si con él en la pendencia
juegan a brazo partido.
Quien tal poquedad aprecia
señal es que vive loco.
Quien menosprecia lo poco
también lo mucho desprecia.
No tiene qué porfiar
créame señora hermosa
ques perfectísima cosa
la figura circular.
Y no le llame locura
pues el mundo agradecido
por astrólogo ha sabido
quién levanta esta figura.
En su Cruz de otra manera
nos dio desto Cristo luz.
Mis reales son de Cruz
que si no, no los tuviera.
Si quiero cosas como estas
es con muy buena intención.
Pues que llevo el bolsón,
llevo mil cruces a cuestas.
Pues amas tanta ganancia
dime, señor, ¿qué sería
si te diese en este día
riquezas en abundancia?
¿Qué sería preguntáis?
Sería todo muy ser.
Tomaríaos por mujer
si vos riquezas me dais.
Pues, dame luego la mano,
y recibe aquesta entrega.
Parcéisme un poco ciega,
no querría atarme en vano.
Porque no hay mayor azote,
ni plaga que mayor sea
que tomar la mujer fea
si no la hace hermosa el dote.
Una riqueza de gloria
te ofrece el rey soberano
que será puesta en tu mano
anillo de su memoria.
Y si su marido le toca,
verás que no está en tu mano
no venga a dar a su boca.
Es un convite el que digo
lleno de riqueza, y gusto
adonde el Rey alto, y justo
te ha llamado por amigo.
Y ha sido tan liberal
que da su sangre a beber,
y su carne da a comer
por darse en manjar real.
Y mira si poco mueve
el modo con que te llama
diciéndote que más ama
al que más sangre le bebe.
Es cosa bien desusada
esta que me estáis contando.
Sale La Hacienda.
De estar en casa esperando,
salgo ya desesperada.
Buen modo de proceder
es dejarme en casa sola.
Líbreme Dios de la ola
de enojo de una mujer.
220 tachado
Bien decís, que según es
la riqueza que me dan
los pies saltando me están.
Tenéis vos ligeros pies.
Sabéis la grande esperanza
que el año presente ha dado
y cuán caro habéis comprado
las yugadas de labranza.
La Hacienda estará perdida
no hay quien en ella entienda,
porque sin dueño la hacienda
es como un cuerpo sin vida.
En vano el buey se fatiga
si su dueño el fruto pierde,
y en vano la caña verde
sustenta preñada espiga.
Mejor espiga te ofrece,
y de más precioso grano
el rey alto, y soberano
que su voluntad merece.
Que las riquezas de acá
son riquezas infelices.
Tienen ya muchas raíces,
y nadie las arrancará.
Caminad, no estéis parado.
Id, pues tan de prisa estáis.
Pues, ¿qué respuesta me dais,
para el Rey que os ha llamado?
Será, señores míos, la respuesta,
la excusa que habéis visto tan forzosa,
y es que yo parto ahora a mi floresta
rogado de los ruegos de mi esposa.
Tengo allá mucha hacienda que me cuesta
mucho dinero, y fuera dura cosa
dejar el hombre un bien tan necesario
expuesto a voluntad del tiempo vario.
La respuesta ya está dada
en una palabra cierta.
Llamad en estotra puerta,
que no hay rancho en mi posada.
Vanse los dos.
¡Oh, cara por de fuera plateada,
que a los hombres te muestras entre sueños
haciéndoles de montes de oro dueños,
y al despertarse vuelve todo en nada!
En tierra sepultada,
a tu tesoro buscan sin sosiego
los viles y apocados corazones,
que vueltos en tizones
los vas llevando a aquel tartáreo fuego.
A buscar la riqueza
el hombre ciego el mar va navegando,
y la tierra surcando
con el arado corvo,
vence cualquier estorbo,
las injurias del tiempo atropellando,
y en vida allí se entierra
dejando el bien del cielo y de la tierra.
Tachado: 221
Escena 3. Sale el Marido de la Soberbia, y dicen de adentro que sale, guárdense de su revés que hiere.
Guárdense de su revés,
que sale allá fuera, vengo.
Sepan, señores, que vengo
templado a lo portugués.
No ha de haber ninguno, no,
que me eche el paso adelante,
y aun me pesa que este Atlante
sustente el cielo, y no yo.
Si a mi despótico imperio
el orbe se sujetara,
con él no me contentara
sin buscar otro hemisferio.
Los célebres capitanes
se arrodillan a mis pies:
la fama del cordobés
y el nombre de Magallanes.
La bandera de Nicandro,
de Lisímaco la gloria,
de Filipo la memoria,
los despojos de Alexandro.
Vase.
Salen Fe, Amor y Temor.
Mal lance habemos echado
en el segundo y primero.
vamos a echar el postrero
al último convidado.
Digan en casa al señor
que a todos su voz alcanza.
¿No hablarán con más crianza
y no con tanto rigor?
Mas cómo respondió luego
el soberbio amenazando.
Aun si le tocan burlando
salta como vivo fuego.
Por la honra hasta al profundo
me echaré de donde estoy.
¿Ellos no saben que soy
el estampido del mundo?
Desde el sacro Nilo al Ganges
suena mi fama su trompa,
y este fuerte brazo rompa
por los turquescos alfanges.
Ausente de la ocasión
bravo se muestra el soberbio
a quien el común proverbio
suele llamar fanfarrón.
¿Hacéis burlas de mis glorias,
que han puesto al mundo espanto?
pues oíd en breve canto
mis hazañosas victorias.
Cuando volvió en ceniza Phaetonte
el orbe con el carro furibundo,
en el hombro detuve el alto monte
A su pesar los dioses esta mano
besaron, la rodilla por el suelo.
Júpiter me dio el cetro soberano,
y ofrecióme su lira el Dios de Delo,
llegó también el cojo de Vulcano,
y alzó la boca y ojos hacia el cielo:
pero yo, como viese su persona,
plantéle en aquel gesto una mona.
Quién puede aventajarse a mi victoria?
quién reparar mi brazo si descarga
el golpe, que de sí deja memoria
en el más fino arnés, y dura adarga.
injuria me hace el cielo muy notoria
y en pagarme muy poco se me alarga;
pues consiente que el sol, y que la luna
más sublimes estén, que mi fortuna.
A todo el mundo despoja
de toda gloria, y poder.
mas, que sed debe tener
el que tanto rumbo arroja.
Mas que humilde ha de quedar,
y blando como una seda
por qué?
porque no le queda
más soberbia, que arrojar.
Has contado ya tus glorias.
ni aun he dicho la mitad
ni en toda la eternidad
se acabarán mis historias.
Mas que falta, que tenía
de acabar, para esperarle?
qué decís vos de mi talle?
cosa ninguna decía
que de ligero te quejas,
y cómo estás en los puntos!
los honrosos contrapuntos
suenan largo a mis orejas.
Ay honras hojas del viento,
de quien Cristo da querellas.
bebo los aires tras ellas,
y con ellas me sustento.
Tomarás otra bebida,
y otro sustento mejor
que te dará más sabor
con honra, provecho, y vida?
Mucho prometes, no sé
si esta honra ha de ser mucha.
en esto el Amor escucha,
y da crédito a la fe.
Aquel, cuyo excelso trono
sobre el cielo se levanta
y a quien Sanctus, Sanctus canta
su capilla en grave tono:
Ante cuyo imperio, y mando
las columnas poderosas
se sienten tan temerosas
que todas están temblando:
Este rey tan liberal
te ensalza a su mismo ser,
convidándote a comer
dando su cuerpo en manjar.
Y el que en el siglo pasado
se mostró tan riguroso:
viene a ser tan amoroso
que le comen de un bocado.
Siendo Dios de gloria lleno,
después que vino a Belén
es ya tan hombre de bien
que se lo comen de bueno.
¿Puedes tener mayor gloria
que es ser de mi convidado
a tan sabroso bocado
digno de eterna memoria?
Es esa honra sin medida.
El que te la da es inmenso.
Esta honra tiene un censo
y es que ha de ser conocida.
Y aqueste conocimiento
ha de engendrar reverencia.
Sale la Soberbia.
¡Por vida de mi conciencia
que está gracioso este cuento!
He estado un rato escuchando,
contemplando vuestro seso,
pues ¿no sois más bobo que eso
que os han de estar engañando?
Calla necia, tonta, y loca.
Harto mayor necio es él,
pues ve que el dedo con miel
se lo meten en la boca.
¿Dónde va si tiene seso
tras un gusto que le dan?
¿No sabe que le dirán
que va por goloso preso?
Déjese de golosinas,
que son sin honra y provecho,
y haga
y haga también lo que han hecho
mis vecinos y vecinas.
Mire que tiene el anzuelo
debajo de esa comida
y no es honra conocida
lo que encubre un blanco velo.
¿Qué piensa en esta ocasión?
Qué pienso. Tú lo dirás,
en las honras que me das,
y me quitas la razón.
No tiene qué estar dudando
que en la mano, mi señor,
un pajarillo es mejor
que el buitre que va volando.
¿El gran pueblo que ha comprado
no le ha de ser de más fruto
donde es señor absoluto,
de todos reverenciado?
¿Y no temer la pensión
de sujetarse a la fe?
Sujetarme, no lo haré
aunque fuese a la razón.
Pues lo primero, que el Rey
le pide es este concierto.
Antes quedaré aquí muerto
que sujetarme a la ley.
Pues el convite recusa,
despida los mensajeros.
Mar.
Bien compraría por dineros
para darles una excusa.
Quien a vasallos gobierna
quedarse bien le viene,
y sino diga que tiene
el pie pegado a la pierna.
Estoy agradecido al llamamiento
con que me llama el rey para su mesa,
mas, de no responder a vuestro intento
aunque el cuerpo se alegra, el alma pesa.
Tengo vasallos, rentas, y contento
para dejarlos daisme mucha priesa
y debo responder adonde llama
con su sonora trompa, gloria, y fama.
O miserable sentencia
infeliz y desdichada!
Necia sois y porfiada,
y acabáisme la paciencia
Apelo para otra sala
adonde de tu malicia
me puedan hacer justicia.
Id mucho de nora mala.
Tu sola nos has de echar?
Si, io sola os echaré.
Nada puede estar en pie
donde vienes a reinar.
O soberbia mortífera!
manjar de vientre hidrópico,
del que la fama tiene por oráculo
ensálzate pestífera
hasta llegar al Trópico
que es del horrendo Cáncro el habitáculo
que sin hacer obstáculo
tu torre babilónica
en confusión ridícula
bajará a la Canícula
que reina siempre en la región plutónica
donde con cantos flébiles
habrás de celebrar tus honras débiles.
comienza éste, y prosigue.
Alto pues a caminar
porque sabed que mejor
sin temor, ni fe, ni amor
sabemos acá pasar.
Marido amado pensáis
que si pasaremos contentos,
que no hay entretenimientos
en el barrio en donde estáis?
Por convite, denodada
os daré dos mil placeres
si io llamo las mujeres
que están junto a mi posada.
que no somos ni hemos sido
para dejarnos tan mesquinas
ola, salid mis vecinas
cada cual con su Marido.
Escena quarta.
sale
Sale Carne, y Hacienda con sus maridos, quedando los que estaban.
¿Fuese aquella gente ruin
que turbaba nuestras calles?
Por si pudiera topalles,
que se tomare el chapín.
Dime, ¿qué te pareció
de aquella fe por tu vida?
Por una gran relamida
al punto la juzgué yo.
Mi marido blandeaba
con toda su fortaleza.
¿Qué quieres, si la riqueza
por los labios destilaba?
Harto tuve yo que hacer
en apartar a mi esposo.
Íbame haciendo goloso
convidándome a comer.
Mas mirad con qué vocea
aquella que Dios mantenga
con su carátula luenga
lagañosa más que lía.
Ofrécianos su pan
por llevar la hacienda toda.
En esta presente boda
más barato nos le dan.
¡Mas qué de amigos que tiene
aquella fe novelera!
¿Qué queréis? Tiene panera
con que los suyos mantiene.
Di que todos los que comen
de este pan, comen a Dios.
Dejaldos ahora vos,
que con su pan se lo coman.
No sabemos ya quién son
los que su casa frecuentan.
Di que son los que revientan
de fingida devoción.
Que el estudiante te
devoto disimulado
la noche habiendo gastado
mirando si es sota o siete.
Que la vieja que comulga
siendo ya cosa muy cierta
que tiene boca de espuerta
allí la frunce y repulga.
Yo estaba una vez mirando
unas devotas señoras,
y vi que al revés las horas
fingían estar rezando.
Dije a una con simpleza:
Señora, saber deseo
si es aqueste el salmo, creo
que solo al revés se reza.
Respondióme: no señor,
mas aunque latino es,
tan bien rezo del revés
como al derecho, y mejor.
Si de aquesas cosas tratas,
quebraros has las orejas
con devociones de viejas
y suspiros de beatas.
Lo que importa que tratemos
y es conforme a nuestra ley
es que pues se huelga el rey
que nosotros nos holguemos.
Pues cada cual sin tardanza
muestre su talle gentil,
que aunque falte tamboril
no ha de faltar una danza.
Vanse saliendo todos una danza.
Salen Rey, Fe, Amor, y Temor
¿Qué dicen los convidados?
Señor, no quieren venir.
Dicen que están ocupados.
Mejor les fuera decir
que son unos malcriados.
Que enviando a convidallos
su mismo rey y señor
dejan de ir los vasallos,
falta es en ellos de amor,
y en mí exceso en amallos.
Mas, di lo que respondieron,
veamos, qué excusas darán.
Antes, señor, servirán
de enojarte las que dieron.
Al recaudo de tu alteza
el uno nos respondió
que cierta heredad compró
en que toda la riqueza
de solo un lance empleó.
Y que le importaba della
tomar luego posesión
porque perdiendo ocasión
aventuraba el perdella.
Y pieza tal sentiría
se le fuese de la mano,
porque ningún cortesano
tiene tan buena alquería.
Quedara con esto el necio
en mi corte más honrado
con ser de mi convidado.
Señor, eso no hace precio.
También se excusó el segundo
con decir que había comprado
cinco yuntas de ganado,
mejor que había en el mundo
para carreta y arado.
Y que los iba a pagar,
y probarlos juntamente.
Por cierto, negocio urgente
ir un caballero a arar.
En fin la excusa es donosa,
excusa bien de villano.
Otro dijo que la mano
había dado a su esposa,
y que era fiesta sin son,
teniéndola en casa tal,
por otra, aunque sea real,
perder tan buena ocasión.
Vasallos son esos tres
de codicia.
Sí, señor.
Vasallos son de valor
para su propio interés.
Un justo enojo en mi pecho
tratando está su castigo,
porque no es justo conmigo
se atreva nadie a tal hecho.
No mire tu majestad
a su pecho descortés.
Muy justo, gran señor, es
que paguen su liviandad,
y que aprendan con la pena
a temerte y respetarte.
Dejemos agora aparte
esos negocios de pena,
que ocasiones nos vendrán
donde en vez de mi regalo
lleven por su mal del palo,
pues no quisieron del pan.
Remediemos lo presente,
que este otro no perderá
su sazón; y pues está
hecho el gasto, y falta gente,
al convite no admitido
por aquestos mal criados,
llamad por mis convidados
a los que habiendo salido
por estas plazas y calles
y sus rincones buscando,
hallaredes mendigando
pobres; y de pobres tales,
al tullido, al cojo, al ciego,
al flaco, al menesteroso,
al pobre más andrajoso
traed al banquete luego.
Que pues los regalos hechos
y el ofrecerles mi mesa
tan poco se estima, y pasa
en los descorteses pechos
de mis criados ingratos,
quiero los lleven y gocen
estos pobres, que conocen
tan poco de buenos ratos.
Haremos, señor, al punto
lo que nos mandas los tres.
Nuestro gusto el tuyo es.
Amor, si después de junto
el número de la gente
que por las calles se hallaren,
las mesas no se llenaren
saldrás diligentemente
por los campos, y caminos
y cuantos hallares de estos
pobrecitos, mal dispuestos
del lugar, o peregrinos
a mi mesa los convida.
Haré señor lo que mandas
Id pues, que ya las viandas
y fiesta está apercibida.
No se nos pase la hora
de la cena.
Vamos, vamos.
Escena 2ª.
Salen un cojo, un manco, un tullido, y un ciego con su gomerzillo, y un mancebo.
¿En Génova crees que estamos
donde el mesmo diablo mora?
De morcilla, de mondongo
cuatro cuartos la tajada
fría, seca, y mal guisada,
¿y gruñes porque respongo?
Por vida de Don Tristán,
por vida de Girón, Padilla,
Méndez, Meléndez, Castilla,
Sotomayor, y Guzmán,
Velasco de Villa bona
que estás hecho un picarillo,
medio hombre, medio palo
retrato de un gran ladrón.
Dentro. dice uno de dentro.
Guárdese el muy picarón
no salga con un garrote.
Guárdese el que no le azote
la justicia por ladrón.
Si sales acá bellaco
a puño cerrado pienso
darte un golpe tan intenso
que te hunda hasta Meaco.
Miren el mondonguerillo
cómo se atreve, y blasona.
Bellaco, que traes la mona
colgada del cerviguillo.
Medio hombre, medio palo
calla pata de cabrón.
No he topado en bodegón
en mi vida hombre más malo.
¿Pasáis por maldad tan clara
que no le baste ser falso
sino que nos quiere dar
con las tripas en la cara?
Sale un Manco
¿Este es vino? ¿Zupia es esta?
¿Y a garrotazos? Mal gobierno.
antes de asentar el pie?
¿Está bien?
Más.
No podré.
Pues espera, atrás te ten.
Gomezillo, va de veras,
guárte de la empalizada,
apostar que una porrada
te haga andar aunque no quieras.
Espera un poco.
¿Qué dices,
antes que me pases, quiero
un oficial nariguero
por fiador de mis narices.
Buscarélo en tu capilla
que está llena de hombres buenos.
No son personas de menos
tu camisa y tu ropilla.
Vamos de aquí.
Espera un poco,
que me come en este lado.
De mal fuego seas quemado.
¿Qué dices de fuego loco?
Que quisiera ver arder
entre tus pies mil manojos,
que te hicieran los piojos
y la pereza perder.
Averígüese Caifás
con tu mala condición.
Averígüese Plutón
con la flema en que tú estás.
anda, hombre de reloj.
Déjame, cascabelajo.
anda figura de viejo
hecho de morcillas. (ciego) ox.
Mira como no has sabido
lo que te dijiste, espera,
dime, si morcilla fuera
no me hubieras ya comido?
como te comiste el pan,
y pedazo de jamón
que nos dio por la oración
la moza del sacristán?
No comí, que aquí está todo
pues daca dello ladrón
pasado este rebantón
pues pasemos.
Aquí hay lodo?
Aquí hay lodo a la rodilla.
pues como no topo nada?
va muy honda la calzada
ponme cerca de la orilla.
Ahí, y a Dios me encomiendo;
oyes de do te hablo?
sí
salta presto hacia mí.
salta el ciego, y da una caída, y ríe Gom.
Jesús, y estáste riendo!
daca presto un bocadillo
que estoy medio desmayado
el palo pues echa a un lado,
si quieres jamón, y traguillo.
Ea, que no te daré
muy bien te puedes llegar
primero el palo has de echar
si quieres que del pan te dé.
Toma.
Sale un tullido.
toma ahora tú.
Alguien dé una limosnilla
por la Virgen sin mancilla
y las llagas de Jesús.
Dadme un pedazo de pan
pues que no puedo ganallo
mirad, que a quien puede dallo
el cielo en pago le dan.
Sale un Galán paseándose.
Señor bueno, señor noble,
dadme una limosna buena
así os libre Dios de pena
y os dé contentos doble.
Hermano, Dios te haga bien,
que no tengo que te dar
Belcebú te venga a echar
a los infiernos, Amén.
De limosna el muy pelón,
y no mire si me acuito
tullido, cojo, o contrecho.
quién me hizo? qué doblón
para salir de la feria.
Oiré ¡qué bien me haga Dios!
(Ciego)
¿Es palomo el Ciego?
él es.
La oración de sant Antón
Él es, dejadle venir
holguémonos un rato.
¿Palomo a cómo?
Barato.
a dos las suelo decir.
¿Quién va? ¿qué gente, qué gente?
¡camaradas!
camaradas.
¿Quién son las barbas honradas?
es Hernando el mantiniente,
pierna de castañetilla.
¿Quién diablos os trajo aquí?
El que te acompaña a ti.
Saco a fuera mi blanquilla.
¿Ay cuerpo, ay cuerpo?
no más
de unas bodas supe ayer
que hoy el Rey había de hacer.
Bodas, vas.
¿qué ha sido la causa della?
Dizque el Rey enamorado
de una serranilla, ha dado
en desposarse con ella.
Y que es tan grande el contento
que tiene el Rey, que ha mandado
para aquel casamiento
hacer con gasto extremado.
Decidme, ¿cuándo es la boda?
Hoy.
¿Y en palacio?
Sí.
Pues ¿qué hacemos aquí?
que estará la gente toda
en palacio, donde habrá
alguna buena limosna.
Vamos, si habemos de ir.
Ya tardamos en partir,
que un poco lejos está.
Vanse.
Escena 3. Salen Fe, Amor y Temor, y los pobres todos.
Ya la gente estará al rey esperando,
aparejada su divina fiesta;
y pues el aguardar a mesa puesta
cansa al que espera, vamos procurando
abreviar; y la gente allá enviando
que hallaremos pobre y mal compuesta,
que pues el rey nos hizo junta desta,
presto se irá la mesa real llenando.
Parece que a esta parte suena gente,
y hacia nosotros que se acerca muestra
el ruido que traen.
Entran los pobres y prosigue el
Pues dejadlos
que lleguen acá fuera, y en llegando
les dad de vuestra parte, y de la otra
el recaudo del rey, y convidadlos.
Apenas hallo quien la bolsa tenga
para nos dar limosna, un cuarto abierta.
Yo no sé cómo el hombre se mantenga:
mal oficio es andar de puerta en puerta.
Dos días ha, por vida de Palomo,
que ni hallo oraciones ni pan como.
Lléguese la Fe.
Su merced sea bien venida.
¿Cómo se pasa la vida?
Por Dios, que bellacamente.
¿Cómo se ha de pasar
no teniendo qué comer?
Hambre debéis de tener.
Dios lo puede remediar.
Por vagamundos podría
azotar a vuestras panzas.
¿Y no tenéis esperanzas
de remedio?
Sí tendría
si nos quisieseis dar.
¿Qué?
Limosna, porque comamos.
Para darosla os buscamos.
Bien podéis ya comenzar
por este pobre tullido.
Yo también limosna pido,
que ha que no como mil horas.
Pues limosna a todos dais,
¿no dejáis sin ella a mí?
para todos traigo aquí
o diez mil años viváis.
pero decidme primero,
¿adónde íbades ahora?
a palacio, mi señora
que hay grande boda, y espero
que do hay tanto que comer,
buena ración nos darán.
un poco de caldo, y pan,
y algún hueso, que roer.
¿con huesos os contentáis?
yo, señora pulpa quiero
de buena vaca, y carnero,
si vos dármela mandáis.
si yo a la mesa os sentase
del Rey, ¿iríades conmigo?
señora, de mí lo digo
que holgaría me llevase.
por Dios, que traspondría
que fuese cosa de ver.
mas, ¿queréisnos burla hacer?
no quiero por vida mía.
Mirad vosotros primero
si queréis conmigo ir.
a fe que os he de seguir.
porque de hambre me muero.
Mas díganos su merced,
qué aquilotra el ir allá.
eso la fe os lo dirá,
yo, el misterio os contaré.
pero, sea en el camino,
que se nos va haciendo tarde,
y no es justo el Rey aguarde
con su banquete divino.
Palomo, ¿queréis venir?
pues, ¿no os tengo acompañar?
¿queréisme ahora dejar?
allá habemos todos de ir.
Vanse.
Escena 4. Sale la Gracia, y una criada,
que es Celo, con vestidos ricos para los
pobres, y después Fe, Amor, y Temor,
y todos los pobres.
Mi Dios, tu real alcázar, que contemplo
cuan fuerte inexpugnable,
y puerto de la fe firme, y seguro.
aquel palacio rico, y admirable
aquel divino templo,
donde se ofrece tu holocausto puro,
la Ciudad, que te tiene a ti por muro
mirando estoy tan llena de consuelo
cuanto ella está de bienes,
que aparejados tienes
a los que acá te sirven en el suelo,
¿qué de riquezas guardas?
a tu
a tu real, y soberana mesa!
tú mismo les convidas
al fin de este viaje peligroso,
y en él les aseguras tú las vidas
en tanto que la empresa
acaban de ganar del fuerte hermoso,
dándoles tu brazo poderoso.
Dándoles tal valor al brazo suyo
que atropellen la muerte
mas, el deseo de verte
que tú les das, porque también es suyo
en este mortal suelo
de quien por ser destierro el bien excluyo,
correrles hace con ligero vuelo.
Y porque los trabajos del camino
pesados no les sean,
un refresco les das cual de tu mano
con que no solamente se recrean
mas un vigor divino
cobran, que del camino soberano
que emprendieron, les hace el paso llano.
Y llegados al término dichoso,
les tienes regalada
comida, aparejada
y un soberano Néctar tan sabroso
que su eterna dulzura
al apetito llena codicioso,
siendo tú de este Néctar, fuente pura,
de estas riquezas de valor inmenso
y no apetecen cosa
que no se hallen en ti, cual la desean.
Suave melodía, vista hermosa,
olor de rico incienso
gustos con que los suyos se recrean
vestidos con que tanto se hermosean,
que excede siete veces en belleza
el mínimo del Cielo
al gran señor de Delo,
y en dar dones tan altos tu largueza,
y valor sin segundo
descubres, pues con tal bien, y riqueza
convidas al mendigo, y pobre mundo.
Quédese en su trono mirando hacia donde está el Santísimo Sacramento como en oración y entran los pobres con fe, amor, y temor.
El sabroso manjar, y fruta bella
de esta mesa, él mismo que os convida
hecho dulce manjar para dar vida
al hombre, que comió para perdella.
Comió el hombre otra fruta, mas aquella
fue mortal, venenosa, y desabrida,
esta restaura la salud perdida
que la salud, y vida está en comella.
el mismo Dios se da en esta comida,
y aunque el sentido guste pan, y vino
declarará sus efectos soberanos
que el poder, y grandeza está escondida
del mismo autor en el manjar divino
ate pues el sentido aquí sus manos.
A esta mesa celestial conviene
que lleguéis con recato, y reverencia
rindiendo la razón a la obediencia
de la fe del manjar que a Dios contiene.
Y pues que como a hijos os mantiene
le agradezcáis la paternal clemencia
con que os deja de pan la rica herencia
que frutos da de vida a quien la tiene.
La gracia agradeced tan señalada
y eternas gracias por mercedes tales
le dad, temiendo hacer por do perdellas.
A la mesa del Rey el convidado
ha de ir de amor del mesmo Dios vestido
que es librea de pecho agradecido
y quiere con amor Dios ser pagado.
Y pues Amor tan liberal ha andado
en dárseos por manjar, le es debido
amor, del beneficio recibido
si dársele pudiera en igualado.
En el margen superior derecho: 236 tachado y 237.
mas dad lo que podéis, y sea aqueste
el corazón, que corazones quiere
este, que de amadores es la prima.
Que tal comida, es bien que tanto os cueste,
y si posible mayor paga fuere
es devida a merced de tanta estima.
El amor, y respeto, que es debido
a tal Señor, de buena gana ofrezco,
y con humilde corazón le pido
me dé parte del bien que no merezco.
Yo suplico lo mesmo.
Yo rendido
a vosotros el bien os agradezco
que espero recibir.
Y yo corrido
cuanto puedo este bien os agradezco.
Entremos, que estará el Rey esperando.
Vamos.
Vamos pues entremos.
No me dejéis, ola, vamos.
Oh, hermanos, ya esperamos.
(Sale la Gracia al camino).
Tardado pienso que habemos.
No mucho, seáis bienvenidos
su bendición os dé Dios.
El mismo Señor a vos
haga favores cumplidos.
¿Viene esta gente a la fiesta?
Convidada viene ya.
¿Y viene dispuesta?
Está
como conviene dispuesta.
Solo les faltan vestidos.
El Rey me mandó saliese
con ellos y os recibiese,
seáis, amigos, bienvenidos.
El divino beneficio
que os hace el Rey mi señor
reconoced, y el amor
con que se os muestra propicio,
muestre el agradecimiento
en cuanto estimáis un don
que excede sin proporción
a vuestro merecimiento.
Y pues la hora ha venido
de comer, antes que entréis,
es necesario mudéis
ese grosero vestido.
Porque con vestido tal
a ninguno se consiente
que con nuestro Rey se siente
en su banquete real.
Desnudaos, porque se hace
tiempo de entrar a comer,
y estos habéis de poner
antes de entrar.
Que nos place.
Desnúdanse, y entretanto se canta este romance, quedándose la Gracia en su trono.
Vestióse de blanco velo
el que vino a darnos vida
para que de gracia y gloria
el hombre humano se vista.
Aquella primera causa
de todas nuestras desdichas,
la vestidura inocente
nos manchó con su malicia.
Mas la fuente clara y pura
nos lava las inmundicias
con la sangre derramada
en amorosa conquista.
Absuelve de las injurias,
vence el amor la justicia,
que el juez verdadero amante
los agravios presto olvida.
La piedad busca ganancia
entre las almas perdidas,
que allí va misericordia
adonde están las mancillas.
No conocieran los hombres
la paz sin haber rencillas;
ni sin la malicia humana,
la inmensa piedad divina.
no estimas mucho lo dulce
quien no ha gustado el acíbar,
ni precia la libertad
quien no la tuvo perdida.
Dándose Dios en rescate
al triste cautivo libra
por comida fue perdido,
y ganado por comida.
Conozca el hombre su gloria,
porque aquesta joya rica
la dan al agradecido,
y al ingrato se la quitan.
Conociendo el bien del alma
más su contrario lastima
porque siempre el escarmiento
en los ciegos causa vista.
Prosigue la Gracia desnudándose los pobres
Quitad cual sierpe el pellejo
de las costumbres de Adán,
que figuradas están
en este vestido viejo.
Estos rotos andrajuelos
efectos de aquel engaño
que hizo común el daño
causador de los duelos.
Las pasiones mal compuestas
y los viles apetitos,
los apetitos infinitos,
que traíades a cuestas.
Conque dirán almas bellas
traíades mal vestidas,
pobres, viles, y abatidas
siendo imagen de Dios ellas.
Quitad pues estos vestidos
juntamente echad con ellos
sacudid los nobles cuellos
del yugo en que están metidos.
Que corazones criados
para ser reyes no es bien
con las cadenas estén
de defectos enlazados.
Cual águila, o fénix rara
que al calor del sol, o fuego
las plumas desecha, y luego
con las nuevas se repara.
Las plumas viejas y vanas
de nuestro querer exento
que hacía mal quel viento
vuestras costumbres livianas.
Desechad con el calor
que los rayos de amor dan
porque otras os nacerán
con que volaréis mejor.
esos efectos de tierra
echad en tierra, y el vicio
pues que todo tierra ha sido
que os hacían mortal guerra.
Resuélvase en humo vano,
en ceniza, polvo, en nada
la ropa vieja apartada
pudra su tierra el gusano.
Las ropas viejas darán
lugar a estas, Señora.
Pues vestídselas agora,
que ellos solos no podrán.
Vista la fe al ciego.
Esta ropa os da la fe.
Santo Dios, ¿qué es lo que veo?
¿Sueño yo lo que deseo,
o es que la vista cobro?
Cobras la vista divina,
porque al banquete sagrado
conviene vayáis ilustrado
con esta luz cristalina.
pone una cadena al cuello del ciego
Sola descubre la fe
lo que encubre este manjar
porque una luz sabe dar
con que el más ciego, más ve,
y así sujetar devéis
lo oculto a su escuridad,
y en fe de captividad
este collar os pondréis.
Temor, vista al cojo.
El vestido del temor
tomad, porque vistiéndoos dél
¡Ay, que tengo sano el pie
y le siento sin dolor!
pone Zelo una cadena al cojo.
Cobrada vista conviene
que enderece a Dios sus pies
el hombre, pues que Dios es
por quien él en pie se tiene.
A su divino poder
se debe siempre respeto,
y su cadena sujeto
os debe siempre tener.
A quien tanto bien me da
rendiré el alma y la vida.
Viste la Gracia al manco.
Vestid la rica librea
de celestial caballero
que perdisteis por grosero
vistiéndoos la de la aldea.
Que este traje se os debía
a vos como cortesano.
Sana tengo ya la mano,
¡ay Dios, y qué alegre día!
Si compuesto el hombre está
en vista y pies, es razón
con las manos haga el son,
que dulzura a Dios le da.
Sus acciones compasando
con el celestial oído,
de suerte que su sonido
vaya la mano invitando.
La prenda rica de gloria
del oro divino es esta
que sobre los hombros puesta
tesoro es de la memoria.
Esta rica posesión
parte es de gloria, en el suelo
suspirando por el cielo,
a quien está, en su prisión.
Viste al Tullido
El amor, cuya hermosura
el cuerpo todo compone,
por componeros, os pone
esta rica vestidura.
Tomadla vos de mi mano,
y estimadla por ser mía.
¿Soy yo, el que enfermo tenía
el cuerpo, que tengo sano?
Todo lo sana el Amor,
que adonde quiera que está
llena de bienes, y da
a mano llena el favor.
Es amor el cumplimiento
desta mesa celestial,
y de su manjar real
es la salsa, o condimento.
Desta manera han de entrar
a comer los convidados
que quisieron ser llamados
con mi Señor a cenar.
A quien la salud me ha dado
llámole mi Salvador.
Pone una cadena al Tullido.
Su lazo rico de amor
tomad, con que estéis atado.
Y la amada libertad
que a la salud se consigue
el dulce lazo la ligue
de su amor, y Caridad.
Ya están vestidos, Señora,
quisiera dar dos mil saltos.
De placer,
tan lleno estoy de placer.
Yo quisiera agradecer
a mi Dios bienes tan altos.
Eternamente deseo
agradecer este bien.
Mil gracias a Dios se den,
por el bien en que me veo.
Esto interesa, y granjea
quien sirve a Señor tan bueno,
que de bienes queda lleno,
que eternamente posea.
no solo estos exteriores,
que deleitan los sentidos,
que otros tiene allá escondidos
para las almas mejores.
quitando los vicios de ellas,
que quien de los cuerpos vuestros
ha sanado los siniestros,
sanará también los de ellas.
y así de hoy más, quedaréis
en cuerpo, y alma curados,
si en los excesos pasados
de nuevo no recaéis.
Si hay danza se dirá antes de ella lo siguiente
espanto ha de poner a toda gente.
Hora será de que entremos
pues venimos todos ya
de fiesta, bueno será
una danza concertemos.
y al rey sirvamos en ella.
bueno será que lo hagamos
pues que a cuatro a cuatro estamos,
venga, ¿quién ha de tañella?
Si no hay danza, dirán lo siguiente, y daráse solución al diálogo
Si a los ciegos vista das,
y a mí me das de comer,
ya yo no puedo perder,
mas ganar sí, mucho más.
¿Qué mayor ganancia quiero
que en el convite sagrado
solamente en un bocado
me dan, a mi Dios entero?
Andrajuelos alto afuera,
afuera ropas manchadas,
que con aquestas sagradas
comienzo nueva carrera.
Vida nueva, ropa nueva,
ya no más, no más vilezas.
que a quien dan tales grandezas,
cualquier vileza reprueba.
¡Oh, cuán bien pagáis, mi Dios,
un solo deseo santo!
pues lo remuneráis tanto,
que os dais en retorno a vos!
Hora será ya que entremos,
si os parece a vos, señora.
entremos muy en buena hora,
y fin al diálogo demos.